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Valoración sobre la participación de lo doméstico en torno al parto

Creencias y prácticas populares en Almanza y Cebanico (Sahagún, León) durante la primera mitad del siglo XX

Elena Andina Díaz

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Valoración sobre la participación de lo doméstico en torno al parto

Creencias y prácticas populares en Almanza y Cebanico (Sahagún, León) durante la primera mitad

del siglo XX

Elena Andina Díaz

TESIS DOCTORAL Alicante, noviembre de 2015

 

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Departamento de Enfermería, Facultad de Ciencias de la Salud

Valoración sobre la participación de lo doméstico en torno al parto

Creencias y prácticas populares en Almanza y Cebanico (Sahagún, León) durante la primera mitad del siglo XX

Elena Andina Díaz

Tesis presentada para aspirar al grado de

DOCTORA POR LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE Programa de Doctorado Enfermería y Cultura de los

Cuidados

Dirigida por:

Doctor José Siles González

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Índice de contenidos

0. Prólogo ... 1

0.1. Agradecimientos ... 5

1. Introducción ... 6

1.1. Justificación ... 6

1.2. Hipótesis y objetivos ... 13

1.3. Contextualización ... 14

1.4. Situación geográfica y social ... 19

1.4.1. Almanza y Cebanico ... 22

1.5. Situación sanitaria ... 26

1.5.1. Almanza ... 29

1.5.2. Villaverde de Arcayos ... 32

1.5.3. La Vega de Almanza ... 34

1.5.4. Algunas dificultades en el desempeño de la labor asistencial ... 36

2. Antecedentes y estado de la cuestión ... 39

3. Paradigma, marco teórico-metodológico, modelo, fuentes y cuestiones éticas ... 43

4. Resultados y discusión ... 50

4.1. Elemento funcional ... 51

4.1.1. Personajes pertenecientes al ámbito doméstico ... 52

4.1.1.1. Las parteras ... 52

4.1.1.2. Las allegadas ... 57

4.1.1.3. El rol biológico ... 59

4.1.1.4. El altruismo ... 63

4.1.1.5. La formación ... 65

4.1.1.6. El estatus alcanzado en su comunidad ... 68

4.1.1.7. Los acompañantes ... 70

4.1.2. Personajes pertenecientes al ámbito profesional ... 73

4.1.2.1. Cuándo eran reclamados ... 76

4.1.2.2. Su posición social ... 78

4.1.3. Sobre las relaciones que establecieron entre ellos y el final de sus actuaciones ... 80

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4.2. Marco funcional ... 83

4.2.1. El hogar ... 83

4.2.2. El hospital ... 87

4.3. Unidad funcional ... 91

4.3.1. Preconcepción ... 92

4.3.2. Concepción ... 96

4.3.2.1. Controles en el estado físico y mental ... 96

4.3.2.1.1. Creencias protectoras del embarazo ...99

4.3.2.1.2. Los antojos ...101

4.3.2.1.3. Cómo vaticinar el sexo de la criatura ...104

4.3.3. Parto ... 110

4.3.3.1. Procedimientos básicos durante la dilatación y el expulsivo ... 112

4.3.3.1.1. Reflexiones al respecto ...116

4.3.3.2. Prácticas mágico/religiosas ... 120

4.3.3.3. Abordaje del dolor ... 122

4.3.3.4. Alumbramiento ... 125

4.3.3.5. Algunas adversidades ... 130

4.3.4. Postparto y puerperio ... 135

4.3.4.1. Cuidados al recién nacido ... 135

4.3.4.2. Cuidados a la madre ... 139

4.3.4.3. Alimentación de la criatura ... 141

4.3.4.3.1. Lactancia materna ...141

4.3.4.3.2. Lactancia artificial ...147

4.3.4.3.3. Llevar el niño a tetas ...150

4.3.4.4. Alimentación de la parturienta ... 151

4.3.4.5. Costumbres relativas a la cuarentena ... 156

4.3.4.5.1. Reposo y visitas ...156

4.3.4.5.2. Aislamiento social ...159

4.3.4.6. Participación del padre ... 163

4.3.4.7. El mal de ojo ... 165

4.3.5. Otras atenciones sobre la salud ... 167

5. Limitaciones ... 169

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6. Conclusiones ... 171

7. Bibliografía ... 176

7.1. Fuentes primarias ... 190

7.1.1. Documentos escritos de la época estudiada ... 190

7.1.2. Personas entrevistadas ... 192

8. Anexos ... 194

8.1. Anexo uno: Mapas aclaratorios ... 194

8.2. Anexo dos: Población de la comarca de Sahagún, evolución de 1940 a 2013 ... 196

8.3. Anexo tres: Programa de Fiestas de Almanza, año 1948 ... 197

8.4. Anexo cuatro: Regla de la Cofradía de Almanza, 1869 ... 199

8.5. Anexo cinco: Fotografías de época, Almanza, mediados del siglo XX ... 200

8.6. Anexo seis: Algunos recursos sanitarios cercanos, en Cistierna ... 206

8.7. Anexo siete: Guión de entrevistas (familiares de parteras y parturientas) ... 209

8.8. Anexo ocho: Consentimiento informado para participantes de la investigación ... 211

8.9. Anexo nueve: Participantes de la investigación ... 213

8.10. Anexo diez: Algunas de las parteras ... 226

8.11. Anexo once: Imágenes religiosas ... 232

8.12. Anexo doce: Sacaleches de la época ... 233

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0. Prólogo

Soy madre de dos niñas, una de cuatro años y otra de dos. Los cuidados que tuve durante mis embarazos, siguiendo los criterios médicos actuales, nada tienen que ver con los que tuvo mi madre, allá por los años setenta, o un tiempo más atrás, en las décadas de los cuarenta y cincuenta, con los de mis abuelas, estas últimas en un entorno rural.

Recuerdo como mi abuela materna vivía con sorpresa y cierto escepticismo todas y cada una de las atenciones que yo le contaba que recibía por parte de los sanitarios. Comparaba, con emotividad, mis experiencias con las suyas, carentes de asistencia de cualquier tipo.

Mi padre, muy aficionado a la historia y a la etnografía, siempre me incitaba: “pregúntale, que te cuente, que son cosas de enfermería”. Y entonces me sentaba a su lado y le decía que me narrara.

De todas las historias, de las que más me acuerdo son de las relativas a sus partos, por su especial dureza: en su casa, deambulando durante días de una estancia a otra con el fin de sobrellevar lo mejor posible los dolores, en unas condiciones higiénico-sanitarias casi primitivas, y acompañada tan solo de la Señora Elisa, como cariñosamente llamaban en el pueblo a esta partera. La eligió entre las cuatro o cinco mujeres que había en el entorno local entendidas en eso de “arreglar” porque era la más limpia, decía. Los procedimientos estaban basados en la experiencia y en conocimientos de medicina popular, revestidos en ocasiones de ropaje mágico-religioso: el uniforme era “un mandil, limpio, que cambió” para la ocasión; la asepsia seguida, agua y jabón para las manos, y orujo para el material; y algunas de las prácticas fueron poner “una botella de agua caliente dentro de la cama para mantener caliente los pies”, o colocarle una cataplasma compuesta por ruda,

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para el dolor, y rezar. Tras el alumbramiento no se aseaba a las parturientas, “se ponían malas”, y se las metía directamente en la cama, “incluso con medias de lana, manto, mandil y zapatillas”; era habitual el “olor a podrido” en la habitación durante días. Por eso, cuando mi abuela le pidió a la partera que la lavara antes de acostarla, queriendo seguir el consejo que le había dado una amiga maestra que vivía en Madrid, se lo pensó dos veces, y aunque finalmente accedió, lo hizo con cierto reparo, “bajo vuestra responsabilidad”. Sus vivencias finalizaban con una frase harto explicativa: “antes las mujeres éramos peor que las vacas, porque cuando las vacas se ponían de parto llamábamos al veterinario, y para nosotras nada”. Una afirmación un tanto exagerada, pero que denotaba la cruda realidad: la ausencia de atención facultativa y la posición desafortunada de la mujer en la sociedad de entonces.

Algo dentro de mi se preguntaba cómo la maternidad y sus cuidados habían experimentado un giro tan radical en tan pocos años. El lugar en el que había dado a luz mi ascendiente se había transformado, para mi época, en un paritorio en el hospital; la pureza y el folclorismo impreso en los actos de los años cuarenta se habían vestido ahora con medicalizaciones y tecnificaciones; y el protagonismo que había jugado tanto ella como la partera en esos momentos se habían desdibujado, y habían dado paso a una pasividad encubierta para la embarazada, y a una anulación del rol de la gestora con el consiguiente empoderamiento del sanitario. Qué había sido de esos cuidados populares, y de la figura de esas féminas tradicionales de las que yo, además siendo enfermera, había oido hablar solo a través de ella, no por los libros de historia.

Movida por esas inquietudes, y alentada por mi padre, hace aproximadamente una década realicé varias investigaciones en las que traté de rescatar algunas de las creencias y prácticas ancestrales presentes en el embarazo, parto y puerperio en la primera mitad del siglo XX en un territorio que me resultaba cercano. El marco geográfico fue la subcomarca leonesa del Bierzo Alto (León), cuya capital es Bembibre. En ella nací, pasé mi niñez y adolescencia, y siempre me he sentido muy vinculada a ella, y si bien en esos momentos no residía allí, retornaba con frecuencia por permanecer ahí mi familia materna. Uno de los trabajos fue presentado como tesina para obtener el título de Bachelor of Nursing, “Un siglo en las creencias y prácticas populares acerca de la gestación y alumbramiento en el Bierzo Alto (León)” (Andina Díaz, 2002) y otro, para el Diploma de Estudios Avanzados tras los estudios de Doctorado “La historia de Petra Fernández, practicanta y partera en El Bierzo (León) a mediados del siglo XX”. Parte de ellos quedaron recogidos en varios

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artículos publicados a la sazón, en revistas varias (Andina Díaz, 2003a, Andina Díaz, 2003b; Andina Díaz, 2006; Andina Díaz y Siles González, 2015).

Los avatares de la vida me han llevado de nuevo a esa provincia, y desde hace cuantro años resido en Almanza, pueblo enclavado en la ribera del Cea. Fue entonces cuando, por las circunstancias personales en las que me encontraba me planteé centrarme en la tesis doctoral que ahora presento, y qué mejor manera de hacerlo que con la misma temática de los cuidados en el nacimiento.

Bembibre y Almanza son dos villas leonesas, la primera al oeste y la segunda al este, con un pasado histórico ciertamente rico, pero muy distintas en otros aspectos, como también son diferentes las comarcas a las que pertenecen: el paisaje y el paisanaje, las costumbres y el folclore. Porque la provincia de León, que es la séptima de España por su extensión (15.580 km cuadrados), es también una de las que presenta mayor variedad en sus regiones. Esa fue precisamente una de las razones que suscitó en mí el deseo de afrontar este trabajo, constatar si esa diversidad etnográfica entre las dos comarcas se reflejaba también en la forma de abordar el nacimiento de las personas cuando se producía en el marco del propio hogar familiar y sin la atención de personal sanitario hasta bien mediado el siglo pasado.

Las pesquisas se centrarían ahora en rescatar y analizar el cómo y el por qué de los cuidados prestados por las parteras populares desde 1940 a 1970, en Almanza y Cebanico (ayuntamiento lindante con el que resido ahora), todo ello a través de los testimonios de esas féminas aficionadas, o en su defecto, de los familiares y personas que entonces fueron asistidas por ellas.

Posteriormente, los datos se cotejarían con los obtenidos en anteriores investigaciones de la comarca berciana; algo que se ha materializado, pero no de manera exclusiva como se planteó inicialmente. La justificación para tal ampliación fue que en el transcurso de la investigación se encontraron interesantes escritos etnográficos, históricos y sanitarios llevados a cabo en diversos puntos dentro y fuera de la península, y se valoró enriquecedor finalmente realizar, además de la comparativa con el área del Bierzo, un examen más generalista.

Pero, independientemente de los resultados y de los análisis posteriores, la contribución principal de esta tesis doctoral ha sido, a mi juicio, el de rescatar del olvido y rendir homenaje a algunas de las muchas mujeres que ayudaron a dar a luz a tantas y tantas otras durante los años centrales del siglo XX, en un ambiente rural lleno de adversidades, y

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que han permanecido ocultas a la historiografía tradicional. Estas féminas, cargadas de coraje, decisión e inteligencia, pero sin conocimientos científicos ni medios materiales adecuados, se prestaban para ayudar a sus vecinas en un momento tan decisivo como es el alumbramiento de un nuevo ser, y en una época en la que el contexto social, político, económico y sanitario no era precisamente fácil. Entendemos que los sanitarios no podemos reprochar o criticar sus actuaciones y errores, antes bien debemos tratar de comprenderlos, analizarlos y reconocerlos, teniendo en cuenta que a pesar de sus limitaciones y lagunas, realizaron una labor fundamental en aquellos años.

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0.1. Agradecimientos

Gracias rendidas, en primer lugar, a mi director de tesis, Prof. Dr. D. José Siles, por aceptar y confiar en mi idea, y también por brindarme durante estos duros y largos años de búsqueda y estudio su apoyo, su conocimiento y sus valiosos consejos.

A Jesús, mi marido, por su paciencia y ayuda incondicional, ya que sin su comprensión y aliento no estaría hoy aquí. A mis hijas, Martina, Flavia, por soportar tantas ausencias en el tiempo que les debo y en sus juegos. A mi padre, Jovino, por ser promotor de estas ideas investigadoras, guía y asesor. A mi madre, Ascensión, por ofrecerme siempre su mirada optimista. A mi abuela Sión, por acercarme a una realidad social olvidada sobre la maternidad que ella vivió en las décadas centrales del siglo XX. A mi hermana y cuñado, Choni, Migue, por sus sabias sugerencias académicas, y por infundirme energía para seguir adelante y poder concluir.

Y además, sobre todo y ante todo, a todas y cada una de las personas que han contribuido con sus aportaciones a que este trabajo sea finalmente una realidad. Por el tiempo que me dedicaron y por sus valiosos testimonios: los de las parturientas mostrándome cómo vivieron un acontecimiento tan íntimo y personal como es el parto; y los de los hijos y familiares de las parteras y allegadas haciendo memoria de los momentos y conversaciones tenidas con sus madres y ascendientes. A todas las que aparecen en el listado, y también las que pueden habérseme olvidado, pero que de una u otra manera me ofrecieron información enriquecedora.

GRACIAS A TODOS.

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1. Introducción

1.1. Justificación

A principios del siglo XX la población española se encontraba en una situación de desatención y precariedad en lo que a prestaciones sanitarias se refería, al depender esta asistencia de las instituciones privadas, a las que tenían acceso un porcentaje reducido de ciudadanos, y de la beneficencia, que estaba destinada básicamente a gente sin recursos (Sevilla, 2006). Con el fin de incrementar la protección social comenzaron a implantarse los seguros sociales. El primero de ellos fue el Seguro Obligatorio de Retiro Obrero1, a cargo del recién creado Instituto Nacional de Previsión (INP) de 1908, que daba cobertura sanitaria en caso de enfermedad común. Le siguió el Seguro Obligatorio de Maternidad, que garantizaba la asistencia en el embarazo y parto2, fijando los primeros convenios con las organizaciones profesionales de médicos, farmacéuticos y matronas. Pero no fue hasta casi mediados de ese siglo, en 1942, cuando, gracias al establecimiento del primer Seguro

                                                                                                               

1 Real Decreto de 11 de marzo de 1919, también conocido como Régimen de Intensificación de Retiro Obrero.

2 Rea Decreto de 22 de marzo de 1929, Reglamento General de 29 de enero de 1930, Real Decreto de 6 de marzo de 1931, sancionado como Ley el 9 de septiembre de 1931.

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Obligatorio de Enfermedad (SOE)3, que proporcionaba respaldo sanitario en caso de enfermedad y maternidad a los trabajadores económicamente más débiles con rentas que no excedieran de unos límites fijados, cuando el mapa sanitario empezó a consolidarse sustancialmente.

Fue precisamente en esos años cuarenta cuando se sustituyó la ya caduca Ley General de Beneficencia de 18494 por una nueva Ley de Bases de la Sanidad Nacional5, en la que se disponía la organización sanitaria a nivel central, provincial y local, y se habló por primera vez de la incumbencia del Estado en el ejercicio de la función pública de la sanidad6. Los niveles de asistencia pasaron de dos a tres: la Sanidad privada; la Sanidad Nacional que se ocupaba de la Salud pública y mental (por medio de las Administraciones del Estado, Diputaciones y Ayuntamientos) y de la Beneficencia (para la población sin recursos); y el recién estrenado Seguro de Enfermedad, que había sido creado como un sistema complementario para dar atención al grupo de trabajadores asegurados y sus familias, y que con el paso de los años iría ampliando cada vez más el número de afiliados, así como las prestaciones e infraestructuras. Del 28% de población protegida por el mismo en 1946, se pasaría al 50% a comienzos de 1960, y al 63% en los setenta (Sevilla, 2006).

Esta Ley de Bases de la Sanidad Nacional establecería, en la Base decimocuarta, entre otras, las funciones de “maternología, higiene prenatal y asistencia médica maternal, así como puericultura de la primera y segunda infancia”.

Ya en los años sesenta, con la entrada en vigor de la Ley de Bases de la Seguridad Social7 se suprimieron los esquemas clásicos de previsión y seguros sociales y se instrumentó el desarrollo de la Seguridad Social. Se creó el Régimen General para los trabajadores por cuenta ajena, y los Regímenes Especiales para determinados colectivos, entre ellos agricultores y trabajadores de la minería, que progresivamente tendrían los mismos derechos que el resto. Esta nueva Seguridad Social, que se había nutrido en sus principios y criterios organizativos del SOE, se consolidaría como el sistema hegemónico

                                                                                                               

3 Ley del Seguro Obligatorio de Enfermedad de 14 de diciembre de 1942. Estaba a cargo del INP como asegurador único, y se financiaba a través de las cuotas de empresas y trabajadores.

4 Ley de 20 de junio de 1849, publicada en la Gaceta de Madrid (precedente del actual Boletín Oficial del Estado) el 24 de junio del mismo año.

5 Del 25 de noviembre de 1944, publicada en el Boletín Oficial del Estado el 26 de noviembre.

6 En Título Preliminar, Base Única, se detallaba que “incumbe al Estado el ejercicio de la función pública de Sanidad”.

7 Ley del 28 de diciembre de 1963, publicada en el Boletín Oficial del Estado el día 30 del mismo mes y que entró en vigor en 1967.

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de asistencia sanitaria, gracias al cual a finales de la década de 1970 el 80% de los españoles tenían derecho a la atención en la salud.

En el ámbito maternal e infantil, tema del que nos ocuparemos en esta tesis, el objetivo de las esferas de poder, ya desde comienzos de siglo XX fue extender la cobertura a los niños y a las madres, con el fin de reducir las tasas de mortalidad infantil y maternal existentes, situadas en torno al 15% entre 1900 a 19258. Un asunto considerado como un problema social relacionado con la situación socioeconómica y sanitaria de la España preindustrial de entonces: crisis de subsistencia, analfabetismo, salubridad, y atraso en el desarrollo de medidas higiénico-sanitarias entre otros (Campos Luque, 1999, p. 30). Las autoridades de la Restauración, las de la II República y más tarde el Régimen franquista iniciaron y promovieron un movimiento higienista consistente en campañas educativas y sanitarias, con la creación de centros específicos. Se publicaron estudios demográficos, sanitarios y recopilatorios de tipo folclorista críticos con las pautas tradicionales en relación al nacimiento y crianza. Desde la iniciativa benéfica privada y municipal se construyeron, a partir de finales del siglo XIX, consultorios para lactantes y Gota de leche9; en los años treinta, desde la Dirección General de Sanidad, y con el soporte de la Escuela Nacional de Puericultura: Centros Primarios de Higiene Rural, Secundarios o Terciaros; Centros de Alimentación, Maternidades, Dispensarios de Maternología y otros centros del mismo estilo al amparo de la Obra Nacional de Auxilio Social a partir de 1937;

y Servicios de Divulgación y de Asistencia Sanitario-Social, Dispensarios de Puericultura o Centros Rurales de Higiene gracias a la Sección Femenina de FET y JONS, en el medio rural; y finalmente, al amparo de la Ley sobre Sanidad Maternal e Infantil de 1941:

Dispensarios de Maternología y Puericultura, Escuelas de Puericultura y Hospitales Infantiles. Así mismo se promovieron campañas educativas dirigidas a mujeres a través de Escuelas de Maternología y la Escuela Nacional de Puericultura, además de libros con el propósito de sensibilizar y modificar conductas higiénico-sanitarias (Rodríguez Ocaña, 1998; Rodríguez Ocaña y Perdiguero, 2006).

                                                                                                               

8 Esas cifras podían ser incluso del 20%-25%, pues hasta 1924 los fallecidos antes de las 24 horas se consideraban abortos y no estaban contabilizados en este grupo, tal como establecían los artículos 30 y 745 del Código Civil: “Para los efectos civiles solo se reputará nacido el feto que tuviese figura humana y viviere 24 horas enteramente desprendido del seno materno (…) los muertos al nacer y antes de las 24 horas de vida son criaturas abortivas”.

9 Surgieron a finales del siglo XIX para remediar los problemas de desnutrición y alta mortalidad infantil en las familias cuyas madres no podían dar de mamar a sus hijos, o con otros problemas. La idea de las “Gotas de leche” procedía de Francia.

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En la década de los cuarenta, la nueva Ley de Bases de Sanidad Nacional continuaría con esa labor reestructurando lo establecido en el Seguro de Maternidad y la Ley de Sanidad Infantil y Maternal del 12 de Julio de 1941, creando los Servicios Centrales de Higiene Infantil, dependientes de la Dirección General de Sanidad. Los cometidos de Puericultura y Maternología se prestaban a través de los Dispensarios Terciarios, Secundarios y Primarios, los Centros Maternales y Pediátricos de Urgencia, las Clínicas de Lactantes y los Hospitales Infantiles; la formación, en las Escuelas de Puericultura; estaban también los Servicios Administrativos; de Personal; Campañas contra grandes causas de mortalidad infantil; Propaganda; y otros Servicios Exteriores: como la Beneficencia General, Provincial y Municipal, el Consejo Superior de Protección de Menores y Juntas Provinciales, la Obra de Auxilio Social, actividades sanitarias de la Sección Femenina de FET y de las JONS, el intercambio con el extranjero y las organizaciones de asistencia creadas por el SOE (Bernabeu Mestre y Gascón Pérez, 1999, p. 71, 72; Bravo Sánchez del Peral, 1950).

En el medio rural los médicos, practicantes y matronas de la Asistencia Pública Domiciliaria que habían ejercido como funcionarios locales de los ayuntamientos, pasaron en 1948 a pertenecer automáticamente al SOE10, contando así con una doble condición: de personal funcionario y estatutario, y por tanto de ocuparse de sus afiliados; además de la beneficencia; del personal funcionario, perteneciente a mutuas concertadas; y del resto de la población no asegurada que lo requería, de forma privada, mediante el sistema de igualas, pago en dinero o especies, y que constituía el grueso de los habitantes del campo.

Y es que los jornaleros no recibieron asistencia sanitaria hasta 1962, los agricultores propietarios, parcial hasta 1969, de 1969 a 1975, prestaciones a nivel hospitalario y asistencia en maternidad, y a partir de entonces iguales derechos que el resto de afiliados (Domínguez Alcón, Rodríguez y De Miguel, 1983, p. 158-160; García Pérez, 2010). Por ello, hasta bien entrados los años sesenta estos no vieron ampliada la población que debían atender.

Entre las tareas que tenían asignadas los facultativos se incluían los cuidados en el momento del parto normal y pequeñas distocias. Las matronas se ocuparían igualmente de los partos y sobrepartos normales y no distócicos, con vigilancia del médico; y los

                                                                                                               

10 Por una Orden Ministerial del 26 de enero de 1948.

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practicantes (y posteriormente ATS11) lo harían de la misma manera, bajo orden facultativa, y siempre que no ejerciera legalmente en la misma localidad una comadrona titulada.

La falta de medios materiales y humanos para dar respuesta a las demandas de la población, el elevado número de nacimientos que se producían y las condiciones infrahumanas en las que actuaban fueron algunas de las denuncias de estos colectivos. Al respecto, un médico leonés consiguió que el Ministerio de Trabajo reconociera la distocia social como causa de ingreso hospitalario para atender adecuadamente un alumbramiento12 (Fernández Arienza, 1994, p. 134); de hecho el 61% de los internamientos registrados entre 1947 y 1949 fueron realizados bajo este epígrafe (Rodríguez Ocaña et al., 2006).

A esta lista de quejas las matronas añadían otras como la escasa retribución económica y reconocimiento recibido, o la subordinación respecto a los médicos para el desempeño de su labor, incluso a la hora de cobrar los honorarios, por ejemplo.

Independientemente de quién atendiera el parto eran los médicos los encargados de realizar los registros del mismo; por tanto, un olvido o demora retrasaba el cobro de su servicio (Linares Abad, Moral Gutiérrez y Álvarez Nieto, 2008). Y es que habían sufrido una pérdida de competencias en poco tiempo, y si bien hasta 1945 eran las encargadas de ocuparse del alumbramiento de las afiliadas del SOE a nivel domiciliario13, a partir de 1948 esta atención pasaba a estar en manos de los facultativos, y ellas desarrollarían una asistencia auxiliar de este14. Con las matronas de la Sanidad Local ocurrió algo similar, y aunque en sus orígenes asistían los partos normales, proporcionando la certificación correspondiente y asegurando la inscripción del recién nacido en el Registro Civil en caso de realizar esta atención solas15; a partir de 1953, según el Reglamento del Personal

                                                                                                               

11 En el Decreto del 4 de diciembre de 1953 se unificaron los estudios de practicantes, matronas y enfermeras en los de Ayudante Técnico Sanitario (ATS), aunque en los Colegios Profesionales se siguió diferenciando a estos en función del sexo hasta 1977.

12 El médico en cuestión era Lino Geijo Menéndez.

13 Así constaba que “las matronas están autorizadas por su título para asistir los partos y sobrepartos normales”, según la Orden del 26 de noviembre de 1945 (Boletín Oficial del Estado de 5 de diciembre) que aprueba el Reglamento y Estatutos provisionales del Consejo General de Auxiliares Sanitarios y de Colegios Provinciales, así como los Estatutos del Consejo de Previsión y Socorros Mutuos. Los practicantes podrán hacerlo “en poblaciones menores de 10.000 almas, siempre que no ejerzan legalmente en la misma localidad matronas tituladas”.

14 Según recogía el Reglamento de Servicios Sanitarios del Seguro Obligatorio de Enfermedad, Instituto Nacional de Previsión,1948.

15 Decreto de 14 de junio de 1935 por el que se constituye el Cuerpo de Practicantes de la Asistencia Pública Domiciliaria (APD) y Matronas Titulares Municipales. Para conocer las funciones se puede consultar la obra de Bernabeu Mestre et al. (1999) titulada Historia de la Enfermería de Salud Pública en España.

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Sanitario Local16, sería el médico el encargado de la asistencia a partos normales y distócicos, y el que se ocupara de “verificar, en defecto del médico del registro civil o médico forense, la comprobación subsidiaria del hecho del parto”. Mientras, las matronas pasarían a desempeñar una labor de “auxiliar al médico (…) en todo cuando se refiere a la asistencia obstétrico-ginecológica de las mujeres incluidas en el Padrón de Beneficencia Municipal”, y además verían reducido el número de plazas a ocupar, pues en los partidos médicos cuya población no excediera de 1.500 habitantes se extinguiría la plaza de matrona17 (Villarino Samalea, 1997). En Decretos posteriores18, seguirían actuando “bajo la dirección o indicación de un médico (…) en los partos y puerperios normales”.

Otra de las protestas de las matronas en esas décadas fue el intrusismo de mujeres sin título, pero que contaban con cierta habilidad y pericia, y que seguían ayudando en los nacimientos que se producían en las pequeñas localidades, siendo en ocasiones apoyadas incluso por los propios médicos. Y es que, a los gestores oficiales se añadía, desde el sector popular, el grupo de estas parteras aficionadas que de manera desinteresada venían realizando la tarea de asistir los alumbramientos de sus vecinas desde tiempos ancestrales.

Una labor que perduró en muchas zonas hasta que se generalizó la asistencia institucionalizada del parto.

En las décadas de 1950 y 1960 se construyeron muchos hospitales y maternidades públicas como vimos gracias al aumento de asegurados y el consiguiente desarrollo económico, lo que facilitó que los sanitarios locales derivaran cada vez con mayor frecuencia la atención de las parturientas a estos centros al encontrarse amparados en la normativa existente. Así, por por ejemplo, el Reglamento de Servicios Sanitarios del Seguro Obligatorio de Enfermedad de 1948 fomentaba el internamiento hospitalario de las parturientas aseguradas, al contar con ocho días de ingreso gratuito en los partos sin complicaciones; y el Reglamento del Personal Sanitario Local de 195319, recogía que la asistencia a partos normales se prestaría siempre que fuera posible en las maternidades y centros hospitalarios. Todo ello hasta que ya en los años setenta prácticamente todas las mujeres dejarían de dar a luz en sus casas para hacerlo en los paritorios de los hospitales públicos.

                                                                                                               

16 Por Decreto-Ley del 27 de noviembre de 1953, publicado en el Boletín Oficial del Estado el 9 de abril de 1954.

17 Y de la misma manera, en poblaciones inferiores a 750 habitantes, se extinguiría la de los practicantes.

18 Como el Decreto del 17 de diciembre de 1960 sobre el ejercicio profesional de ATS, Practicantes, Matronas y Enfermeras.

19 Decreto del 27 de noviembre de 1953, publicado en el BOE el 9 de abril de 1954.

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Concluimos afirmando que en el periodo comprendido entre 1940 y 1970 la atención a la salud dejó de ser un privilegio de pocos para convertirse en un bien extendido a todos, un tiempo marcado por reformas sustanciales hacia una asistencia profesional; así mismo aconteció en la esfera maternal, tema central de nuestra tesis. Las zonas rurales tardaron más en contar con estas prestaciones, y consecuentemente, los cuidados a las mujeres en el momento del parto desde el ámbito doméstico continuaron en el tiempo hasta prácticamente la década de los setenta, con la institucionalización generalizada del parto.

Nuestro interés se centrará precisamente en profundizar en esa evolución.

El territorio objeto de estudio serán los ayuntamientos de Almanza y Cebanico, pertenecientes a la comarca de Sahagún, al este de la provincia de León (Anexo uno).

Hemos elegido dicha comunidad dado que la autora principal reside ahí desde hace años, y por su ocupación y por circunstancias personales facilitaba la relación y contacto con los nativos y residentes para obtener información.

 

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1.2. Hipótesis y objetivos

La hipótesis planteada en esta tesis es la siguiente: “aunque la asistencia en el momento del parto pasó a estar en manos de los profesionales sanitarios a partir de 1942 – Seguro Obligatorio de Enfermedad-, sin embargo, en esta zona rural la mayor parte de esa atención siguió prestándose desde el ámbito doméstico, y por personas no profesionales hasta bien entrada la década de 1970”.

El objetivo general es:

- Describir y analizar cómo incidió la implantación progresiva de la Seguridad Social en la asistencia al parto en el espacio rural, en los ayuntamientos de Almanza y Cebanico, pertenecientes a la comarca de Sahagún, en la provincia de León, durante el periodo comprendido entre 1940 y 1970.

Los objetivos específicos planteados son los siguientes:

- Describir y explicar las actuaciones y funciones de las personas que se encargaban de atender a las parturientas y prestar los primeros cuidados al recién nacido en los diferentes pueblos de estos ayuntamientos (elemento funcional).

- Analizar el ideario, las formas de entender la salud (conocimientos) y los procedimientos técnicos (técnicas) empleados por los distintos agentes cuidadores (unidad funcional), así como los lugares en los que desarrollaban su labor (marco funcional).

 

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1.3. Contextualización

Las competencias sanitarias de la provincia de León estaban repartidas a comienzos de 1940 entre la Jefatura Provincial de Sanidad (con el Instituto de Higiene y el Patronato Antituberculoso), la Beneficencia Provincial (con la Maternidad, Inclusa y Laboratorio existente en el viejo Hospicio del Jardín de San Francisco, la Residencia de Huérfanos, los consultorios públicos y el Colegio de Sordomudos de Astorga –los enfermos mentales que eran atendidos en sanatorios de Palencia y Valladolid-), la Beneficencia Municipal de León (con la Casa de Socorro, la Gota de Leche, el Laboratorio y el Asilo de San Mamés), La Cruz Roja (con su dispensario), la Beneficencia Diocesana (con el Hospital San Antonio Abad), y el recién estrenado Seguro de Enfermedad, que había comenzado su actividad en septiembre de 1944.

La implantación real de este último supuso bastantes dificultades para el personal sanitario pues, además de las carencias y falta de infraestructuras que padecía toda la población especialmente en las zonas rurales en los años de posguerra, se unían las referidas a otros problemas que dificultaban el ejercicio de su función, como por ejemplo la falta de gasolina para realizar desplazamientos en coche, de cebada para alimentar los caballos, de jabón y alcohol que garantizase unas medidas de higiene mínimas en la asistencia, irregularidades en el cobro de haberes, al no tener constancia ni de la cuantía a recibir ni del número de afiliados a atender, limitación a la hora de recetar o carencia de personal auxiliar para administrar inyectables, hacer curas, etc.

Dado que la incorporación de afiliados al SOE fue lenta durante esa primera década de los cuarenta, y giraba básicamente en torno a la protección económica, la asistencia se prestaba fundamentalmente en centros ambulatorios: uno de Medicina General, el de la calle Juan Madrazo, para a los beneficiarios de la ciudad; y otro de Especialidades, el de la calle García I, para León y parte de la provincia. No obstante muchos médicos continuaban pasando consulta en sus domicilios particulares durante un tiempo. La atención hospitalaria estaba concertada con varios sanatorios privados: el Sanatorio de Jacinto Sáez

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Sánchez, el del Dr. Emilio Hurtado Llamas, el del Dr. Carlos Aparicio Guisasola, el del Dr. Joaquín López Otazú, el del Dr. Vicente Serrano, el del Dr. Néstor Alonso García y el Sanatorio Miranda. En cuanto al resto de la provincia, en Ponferrada contaban con el Hospital de La Reina, que atendía a los asegurados de la Minero Siderúrgica de Ponferrada, enfermos de beneficencia y particulares; el Hospital de Accidentes de Trabajo de la Minero Siderúrgica y la Residencia Sanitaria del SOE, con su ambulatorio. En La Bañeza el ambulatorio del Seguro de Enfermedad, y en Astorga convenio con varios sanatorios particulares. La provincia contaba por aquel entonces con 544.799 habitantes y 460 médicos.

En las décadas de 1950 y sobre todo de 1960 se produjeron avances importantes debido al incremento del número de afiliados. El INP construyó en 1956 la Maternidad Nacional20, que cerró sus puertas en 1968 cuando se inauguró la Residencia Virgen Blanca21. Así mismo se incrementó el número de sanatorios concertados en León22 y Astorga. En 1968, la Diputación Provincial puso a funcionar el Hospital General de León23, aprovechando las instalaciones del antiguo Hospital San Antonio Abad. En 1961 se inauguró el Sanatorio Nacional Monte San Isidro24, a cargo del Patronato Nacional Antituberculoso y de las Enfermedades de Torax; y en 1965 el Hospital Psiquiátrico Santa Isabel, construido por la Obra Social y Cultural de la Caja de Ahorros de León25. En la esfera privada, el Obispado fundó la Obra Hospitalaria de Nuestra Señora de Regla26; y se

                                                                                                               

20 Situada en la carretera de Asturias, era conocida como Maternidad vieja. Tenía sótano y dos plantas, y estaba dotada de modernos medios diagnósticos y terapéuticos, incluyendo un servicio de pediatría para recién nacidos. Estuvo gestionada, entre otras congregaciones, por las Hijas de la Caridad, una comunidad internacional fundada por Vicente de Paul y Luisa Marillac.

21 Ubicada entre las carreteras de Asturias y León-Collanzo o de Matallana. Tenía inicialmente once plantas y 272 camas, susceptibles de ampliar en 80 más. El coste total de la obra superó entonces los 124 millones de pesetas.

22 El de Juan Pérez Martínez y José Eguiagaray Pallarés, así como la Obra Sindical 18 de Julio.

23 La Obra Hospitalaria Nuestra Señora de Regla vendió, en 1966, el edificio del Hospital San Antonio Abad (situado en las inmediaciones de la Residencia Virgen Blanca, Altos de Nava) a la Diputación Provincial. Y esta fundó el Hospital de León dos años más tarde (1968). Esta información se puede consultar en la página web oficial del Hospital de León: http://www.saludcastillayleon.es/CHLeon/es/resena-historica/hospital-leon.

24 Estaba en la carretera de Asturias (kilómetro 331) y la dotación de personal sanitario estaba integrada por un director-médico, el Dr. Mateo Santos de Cossío, tres médicos becarios y nueve enfermeras. Inició su actividad con 100 enfermos, pero dos años más tarde se amplía su capacidad a 250 camas.

25 Situado en el Alto del Portillo (en la carretera de Valladolid), estuvo sostenido desde su inauguración por la antigua Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León, hasta que, en 1993, se transformó en una Obra Social en colaboración con la Consejería de Salud y Bienestar Social de la Junta de Castilla y León, para su integración en la Red Autonómica de Hospitales.

26 A lo largo de la historia ha tenido distintas denominaciones y ubicaciones. Desde el año 1966 el Hospital Nuestra Señora de Regla (antiguo Hospital de San Antonio Abad) está situado en la calle Cardenal Landázuri número dos. Para conocer más: http://www.hos-regla.org/2014/hospital/historia.

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contaba además con la Clínica San Francisco27, ligada en sus orígenes a la Unión Médico Previsora y el Centro Sanitario y de Rehabilitación San Juan de Dios28. Por lo que se refiere a otras comarcas, en El Bierzo se edificó en esos años la Residencia Camino de Santiago de Ponferrada y una Casa de Socorro29. En cuanto a la asistencia ambulatoria de la capital, se construyó el Ambulatorio Hermanos Larrucea30, y en poblaciones más distantes de la capital como Villablino, Valencia de Don Juan o Cistierna se crearon consultas de varias especialidades, todas ellas dependientes del Instituto Nacional de Previsión. La asistencia de Maternología y Puericultura de los Servicios Centrales de Higiene Infantil corría a cargo del Centro Terciario de León, y de los Centros Secundarios31 de Astorga, Villafranca del Bierzo, Cistierna, Valencia de Don Juan32, Ponferrada y La Bañeza que, dependiendo del lugar, contaban con Servicios Prenatales, Infantiles, de Inmunología, Rayos X, Otorrinolaringología, Oftalmología u Odontología, así como visitas domiciliarias pre y postnatales (Bravo Sánchez del Peral, 1950; Ministerio de la Gobernación de España, 1961).

Así pues el mapa sanitario vio ampliados sus recursos materiales y humanos, a pesar de que la población no había variado en número sustancialmente con respecto a los años cuarenta (548.318 habitantes). A principios de los setenta había 657 facultativos registrados en el Colegio de Médicos, de los que 250 residían en la capital. A finales de la misma década: 850 médicos, 1.083 ATS, 25 centros hospitalarios, ocho ambulatorios, cinco consultorios, dos casas de socorro, 18 centros geriátricos, 23 centros extrahospitalarios, tres centros secundarios de higiene, 36 centros de higiene rural, cuatro centros subcomarcales y un dispensario (Fernández Arienza, 1994)33.

                                                                                                               

27 La Clínica San Francisco estaba ligada en su fundación a la Unión Médico Previsora, siendo constituida en su día por un grupo de médicos leoneses. Entró en funcionamiento en 1969, en el Barrio de San Claudio. Más en: http://www.clinicasanfrancisco.net/clinica-san-francisco/historia-de-la-clinica-san-francisco.

28 El Hospital San Juan de Dios surgió en 1968, si bien la fecha de inicio del proyecto fue en 1947, cuando las hermanas Antonia y Ángela Hevia Choussadat recibieron de su padre el encargo de hacer una donación de parte de sus bienes a la Orden para el establecimiento en la ciudad de un centro hospitalario. Se puede ampliar información en: http://www.hospitalsanjuandedios.es/historia.

29 En los años 1968 y 1965 respectivamente. La Residencia se ubicaba en la Carretera Madrid-La Coruña a la entrada de Ponferrada, y estuvo en funcionamiento hasta 1994 en que se inauguró el nuevo Hospital Comarcal del Bierzo. Tenía siete plantas.

30 Inaugurado en el año 1955, constaba de ocho plantas con consultas de Medicina General y todo tipo de consultas de Especialidades. Estaba situado en el Paseo de la Condesa.

31 Estos centros, denominados Servicios de Higiene Infantil, se crearon a partir de 1932. Por cada 1.000 habitantes había un Centro Primario de Higiene Rural, por más de 100.000 habitantes uno Secundario, y los Terciarios correspondían a los Institutos de Higiene de la capital de provincia.

32 En 1950 se hace mención al centro, pero en 1960 no aparece registrada actividad alguna.

33 Sobre las prestaciones en salud en la provincia leonesa uno de los libros que contiene información más detallada sobre la materia es Fernández Arienza (1994); asimismo se puede consultar Martín (2001). Por otra

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En las poblaciones más alejadas de la capital y en las zonas rurales la asistencia maternal corría a cargo, al igual que sucedía a nivel nacional, de los médicos, matronas, practicantes y posteriormente ATS, que atendían las demandas de un colectivo de mujeres cada vez mayor, con los recursos muy limitados que había entonces. Estos profesionales sanitarios convivían y compartían labores, de manera solapada, con las parteras oficiosas de siempre, hasta que se generalizó la atención al parto hospitalario en los años setenta.

Esa coexistencia no fue siempre fácil ni armoniosa, tal como refleja la serie de denuncias interpuestas por matronas de diversas poblaciones de la provincia contra aficionadas. A modo de ejemplo citamos en el siguiente párrafo algunas, de las que hemos omitido nombres, así como localidades que pudieran identificarlas, por ser esta información que pudiera afectar a la seguridad, averiguación de los delitos, honor e intimidad de las personas referenciadas (Ley 6/1991, de 19 de abril, de Archivos y del Patrimonio Documental de Castilla y León). Toda la información se ha consultado en el Archivo Histórico Provincial de León, Jefatura Provincial de Sanidad Local, Cajas 6994, 6995 y 6996, correspondientes al periodo entre 1954-1960.

En 1955, la matrona titular de una localidad cercana a la zona objeto de nuestro estudio, se dirigía a través del Colegio de Auxiliares Sanitarios de León al Jefe Provincial de Sanidad pidiendo se sancionase a una vecina por ejercer de partera34. De igual manera la comadrona municipal de otra población de la provincia acusaba, en marzo de ese mismo año, ante el Inspector Provincial de Sanidad de León a una ciudadana35 por igual causa; y tras ser corroborados los hechos por el Subdelegado de Medicina en dicha población, días más tarde36 la mujer era multada con 100 pesetas37. Esa misma pena le fue impuesta a una                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                

parte, si queremos concretar en la comarca del Bierzo debemos remitirmos a Orduña Prieto (2005) o Alonso Santos (1984).

34 Según aparecía en la carta con fecha 29 de enero de 1955, la Presidenta del Colegio se dirigía así al Jefe Provincial de Sanidad: “Habiendo sido denunciada a este Colegio Dª (…), vecina de (…) por ejercer la profesión de matrona sin tener título (…) rogamos (…) sancionarla para escarcimiento. Debemos significar a V.I. que los últimos partos asistidos por esta Sra. ha sido a Dª (…), esposa del vecino de (…), Dº (…). Dios guarde a V.I. muchos años”.

35 Carta con fecha 11 de marzo de 1955: “denunciando a la vecina de esta ciudad Dª (…), que sin título ni autorización alguna está ejerciendo clandestinamente el oficio de partera, a pesar de haber sido amonestada por V.Sª. con anterioridad (…) ante la insistencia de esta señora no me queda más remedio que ponerlo en conocimiento de V.Sª., rogándole muy encarecidamente tome las medidas pertinentes para cortar este abuso (…) a pesar de las distintas veces que la he llamado la atención no ha hecho caso alguno y con toda desfachatez sigue actuando”.

36 Con fecha 16 de marzo de 1955: “contestando (…) honor de informar (…) efectivamente, es cierto que esta mujer que se dice, se dedicó a la asistencia a los partos, pero desde hace mucho tiempo advertida perfectamente había dejado de hacerlo, hasta hace unos días que tengo noticias de que ha asistido dos, habiendo sido llamada por el que suscribe y advertida de la responsabilidad que contraiga, negando los hechos que me consta son ciertos. Y como según manifestaciones de la matrona denunciante (…) creo debía

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señora en otro pueblo de los alrededores en junio de 195538. Tres años más tarde, en 1958, constaban las interpuestas en otros dos municipios de León39,40. En 1959, se solicitaba la colaboración del médico de otra localidad de la región en una nueva denuncia, para que corroborara los hechos narrados por el practicante41. Y en un nuevo expediente se multaba asimismo a otra con 500 pesetas por asistencia de partos y aplicación de inyectables42.

La intromisión en las competencias de los sanitarios provinciales, como vemos en las anteriores denuncias y en otros casos que sin llegar a denunciar sabemos que se producían, era algo que traspasaba la esfera del parto. Así, algunos practicantes se quejaban igualmente de sufrir estas injerencias por parte de habitantes de las localidades donde ejercían43, incluso por parte de médicos u otros colegas de profesión44.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               

imponerse a esta mujer una pequeña sanción dados sus escasos medios económicos para amonestarla de nuevo, aunque este ha sido realizado ya por el que suscribe. Dios guarde a V.Sª. muchos años”.

37 Con fecha 18 de marzo de 1955, el Gobernador Civil escribía: “Habiéndose denunciado por la matrona (…) y comprobado por el Subdelegado de Medicina (…) 100 pesetas en 10 días, y conminarla para que en el caso de reincidencia, aparte de la sanción que este gobierno estime conveniente, se pasará el tanto e culpa a los tribunales. Lo que comunico a esa Alcaldía para su conocimiento”. El 19 de abril de 1955 constaba un papel de pagos del Estado, correspondiente a la multa de 100 pesetas, impuesta por el Excmo Sr. Gobernador Civil a Dª (…) por intrusismo en la profesión de matrona.

38 El 13 de junio de 1955 aparece una multa de 100 pesetas por intromisión en (…).

39 Con fecha 24 de marzo de 1958: “multa de 100 pesetas a la vecina Dª (…) por intrusismo en (…) funciones de practicante y matrona”.

40 El 26 de septiembre de 1958, el Jefe Provincial de Salud se dirigía al alcalde de la localidad para informarle que “Dª (…), comadrona del ayuntamiento de (…), denuncia a (…) por ejercer funciones propias de la comadrona, habiendo asistido concretamente el día 10 a (…)”. En esa misiva informaba que “debe esa alcaldía comunicarle que se abstenga totalmente de dichas prácticas, pues de comprobarse nuevas intrusiones se le sancionará debidamente aparte de las responsabilidades en que pudiera incurrir”.

41 Con fecha 28 de marzo de 1959, aparece una carta del Jefe Provincial de Sanidad, dirigida al médico titular de (…) en la que dice: “adjunto se remite escrito que presenta en esta jefatura del practicante titular de ese ayuntamiento denunciando a la vecina del mismo (…) por dedicarse a la asistencia a partos, así como la aplicación de inyecciones a fin de que con devolución del mismo, informe a esta jefatura sobre dichos extremos”.

42 Fecha 17 de marzo de 1959, carta dirigida al alcalde del ayuntamiento de (…): “Habiéndose dirigido a la Jefatura Provincial de Sanidad el Presidente del Colegio Oficial de Auxiliares Sanitarios, comunicando que la vecina de ese ayuntamiento, (…), residente en (…), viene dedicándose a la asistencia a partos, aplicación de inyecciones, etc, sin título profesional alguno para ello y habiéndose comprobado por el Jefe Local de Sanidad la certeza de los hechos, este Gobernador, a propuesta de la Jefatura Provincial de Sanidad, ha acordado imponer (…) 500 pesetas, la cual deberá hacer efectiva en papel de pagos al Estado en el plazo de 10 días (…) transcurrido dicho plazo sin haberlo verificado se procederá a su cobro por la vía del apremio (...) lo que comunico a la alcaldía para su conocimiento y traslado a la interesada en forma reglamentaria”.

43 Citamos también para ello una queja con fecha 21 de julio de 1955 por “intrusismo en (…), (…) y (…)”, y en diciembre (día 22), se recibe la denuncia a un vecino de (…) “por ejercicio ilegal de practicante (…) y que intentó agredir a la practicanta de la localidad, (…)”.

44 Casualmente, en la zona objeto de nuestro estudio constatamos la denuncia de un practicante de (…), que denunció al médico titular por administrar inyecciones, y la de otro practicante de otra localidad del área (…), que mostraba su disconformidad pues el médico titular en lugar de derivarle los pacientes a él como practicante titular, lo hacía al practicante libre. El detalle de los hechos se puede consultar en el apartado de 1.5. Situación sanitaria.

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1.4. Situación geográfica y social

La comarca Cea-Campos está situada en el borde oriental de la provincia de León (Comunidad Autónoma de Castilla y León), limitando al norte con la Montaña de Riaño, al oeste con la comarca Esla-Campos, y al sur y al este con las provincias de Valladolid y Palencia respectivamente. Comprendía en el tiempo al que se refiere este estudio un total 24 ayuntamientos45, entre ellos los de Almanza y Cebanico sobre los que versa este trabajo; si bien actualmente han quedado reducidos a 1846. Tiene una superficie aproximada de 900 kilómetros cuadrados y una población de 8.723 habitantes47. La capital de la comarca es Sahagún, cabeza también del partido judicial del mismo nombre.

Se trata de una comarca extendida en sentido rectangular norte-sur, donde la parte septentrional tiene relieve y vegetación montuosa, mientras que la zona meridional, un poco más ancha que aquella, es llana o suavemente ondulada y casi deforestada. La distancia entre los extremos norte y sur se acerca a los 60 kilómetros, y la anchura mayor ronda los 30. En cuanto a la orografía, la cota más elevada, el vértice geodésico de Valdituero, en el municipio de Almanza, alcanza los 1.102 metros sobre el nivel del mar;

por contra, Grajal del Campos, capital del municipio más sureño, está a 799 metros. Un paisaje donde la altitud decrece paulatinamente según se avanza en dirección sur, siguiendo el fluir de las aguas del Cea y Valderaduey.

El Cea, eje fluvial de la comarca, nace en las faldas de la montaña de Riaño (León), discurriendo e irrigando a su paso el amplio valle donde se asientan las localidades de Cebanico, Almanza, Villaverde de Arcayos, Cea y Sahagún, cuyas vegas eran aprovechadas, y lo son actualmente, para sembrar productos de huerta (patatas, judías,                                                                                                                

45 Almanza, Bercianos del Real Camino, El Burgo Ranero, Calzada del Coto, Canalejas, Castrotierra de Valmadrigal, Cea, Cebanico, Escobar de Campos, Galleguillos de Campos, Gordaliza del Pino, Grajal de Campos, Joara, Joarilla de las Matas, Saelices del Río, Sahagún, Santa María del Monte de Cea, Vallecillo, Vega de Almanza, Villamartín de Don Sancho, Villamol, Villaselán, Villaverde de Arcayos y Vizanzo de Valderaduey (Brel Cachón, García de Celis y Maya Frades, 1988).

46 Tras las divisiones y concentraciones administrativas habidas desde entonces han desaparecido los ayuntamientos de Canalejas, Galleguillos de Campos, Joara, Saelices del Río, Vega de Almanza y Villaverde de Arcayos.

47 Población de hecho, año 2013, Instituto Nacional de Estadística (www.ine.es).

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etc.). Vierte sus aguas al Esla, que a su vez las entrega al Duero más abajo de la capital zamorana. En cuanto al río Valderaduey, nace en el término de Renedo de Valderatuey (León), si bien su recorrido comarcal es más corto, atravesando parte del municipio de Sahagún y Grajal de Campos, antes de abandonar la provincia leonesa para afluir al Duero en Zamora.

En relación directa con la orografía y los cursos fluviales, están el clima, la vegetación natural (riqueza forestal) y la agricultura, base principal de la economía comarcal, al tratarse de un territorio cuyas gentes vivieron tradicionalmente del sector primario. Aunque la distancia entre los límites septentrional y meridional no va más allá, como ya dijimos, de 60 kilómetros, sin embargo la climatología acusa claramente esta diferencia, pues a medida que nos alejamos de la montaña en dirección a la Meseta, las temperaturas se suavizan sensiblemente, pasando de una media anual de alrededor de ocho grados al norte de Almanza, a unos diez grados en la zona de Sahagún. Al mismo tiempo se produce un descenso apreciable de las precipitaciones, que bajan de 700-900 mm. a 400-500 mm.; descenso todavía más acusado cuando nos referimos al índice de nivosidad.

Consecuencia directa de lo anterior, y de la clase y variedad de terrenos, ha sido y es el aprovechamiento de estos para el cultivo. Así, los municipios septentrionales48 tuvieron desde siempre una economía más orientada hacia lo forestal49 y pecuario50, conjugado con una agricultura destinada en buena parte al autoconsumo. A medida que nos dirigimos al sur los terrenos de cereal (trigo, centeno, cebada y avena) iban ganando espacio hasta convertirse casi en exclusivos en Tierra de Campos. Conviene hacer mención en este punto a la trasformación operada a partir de la década de los sesenta, en que debido a la progresiva mecanización de las labores agrícolas por una parte, a la política de Concentración Parcelaria por otra, y al masivo éxodo rural hacia las ciudades y centros fabriles, se produjo también una reordenación de los espacios de labradío51 y ganaderos52.

En cuanto al factor humano y su distribución espacial, la entidad poblacional más importante es Sahagún, una villa jacobea cargada de historia y con un patrimonio                                                                                                                

48 Almanza y Cebanico.

49 Es una zona con grandes mancha de robledal, y más recientemente de pino.

50 Destacaba el pastoreo de ovino y caprino. Otras especies ganaderas también presentes, según los Mapas Nacionales de Abastecimientos del año 1950, eran el bovino, el equino y el porcino.

51 Así, se ha incrementado la superficie dedicada a leguminosas de grano, productos forrajeros y remolacha azucarera, mientras que las viñas han disminuido un 30% su superficie.

52 Ha desaparecido prácticamante la ganadería doméstica tradicional, mientras que en los nuevos ganaderos se aprecia la preocupación por adquirir mejores razas e incorporar los piensos compuestos en la dieta alimentaria, con el fin de incrementar la producción destinada al mercado.

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monumental ciertamente valioso. Asentada estratégicamente entre los ríos Cea y Valderaduey, ha sido desde siempre cruce de caminos y población destacada por su vida comercial y cultural. Por aquí pasan, o desde aquí parten la muy transitada Nacional 120 (ahora complementada por la autovía Camino de Santiago), que conduce a León, capital de la provincia (56 kilómetros), y a Burgos (124 kilómetros); la carretera a Arriondas (Asturias), que comunica con el norte de la península; o las que se dirigen a Valencia de Don Juan (León), Mayorga (Valladolid) y Villada (también de Valladolid) (Bailly-Baillière y Riera, 1954).

Volviendo a su relevancia comercial, Sahagún ha sido históricamente gracias a su peso agrícola como cabecera de una extensa área, un burgo de encuentro para vendedores, agricultores y ganaderos, como lo atestiguan los grandes mercados que tenían lugar los días 28 de cada mes. Eran tiempos aquellos en que esta capital de partido contaba con todos los servicios entonces deseables53, fiel reflejo de su vitalidad (Bailly-Baillière y Riera, 1954); sin embargo, a partir de 1960, igual que ocurriera con otras zonas rurales de la península, la falta de modernización en las explotaciones agrícolas y ganaderas, la ausencia de industria, o las deficientes infraestructuras en el sector servicios y de comunicaciones, originaron, como ya se dijo, una fuerte emigración de sus gentes, con la consecuente decadencia económica y demográfica (Bajo de Castro, 1984). De los 28.170 habitantes que contaba la comarca en 1940, se pasó a 17.178 habitantes54 en la década de 1970.

                                                                                                               

53 Suministro de electricidad, Escuelas Nacionales, colegios y comunidades religiosas, médicos, dentistas, veterinarios, farmacias, funerarias, Correos, teléfonos y telégrafos, matadero municipal, plaza de toros, cárcel, ferrocarril, estaciones de gasolina, agencia ejecutiva, cámara de la propiedad urbana, registro de la propiedad, juzgados, abogados, procuradores, notarios, representantes del Seguro Obrero, recaudadores de contribuciones, sociedades, peritos agrícolas, bancos y cajas de ahorros, agentes comerciales y de transporte, jefatura local de FET y de las JONS, salas de baile, bares, casas de comidas, posadas, fábrica de alcoholes, de aserrar, de gaseosas o de harina, bodegas de vino, albañiles, almacenes de aguardiente, alparagaterías, armerías, automóviles, bicicletas, botas y pellejos, cacharrerías, carbonerías, carnicerías, carpinterías, cererías, cinematógrafos, comercios de periódicos, comestibles, cordelerías, cristalerías, droguerías, estancos, ferreterías, fotografías, herradores, herrerías, hojalaterías, imprentas, jugueterías, lana, lecherías, loza, máquinas agrícolas, materiales de construcción, mecánicos, mercerías, modistas, muebles, panaderías, paradas de sementales, paqueterías, pastelerías, peluquerías, perfumerías, pescaderías, pieles, pintores, platerías, relojerías, sastrerías, tejas y ladrillos, tocinerías, tejidos o vaquerías.

54 Esa es la población de hecho en los años 1940 y 1970, según los datos del Instituto Nacional de Estadística. La lista de ayuntamientos incluidos se han confeccionado a partir de la información obtenida en el Anuario Bailly-Baillière y Riera (1954), y Brel Cachón et al. (1988). Para mayor detalle, consultar el Anexo dos, sobre la evolución de la población de Sahagún, de 1940 a 2013.

Referencias

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