DOSSIER DE PRENSA
Así es
AMANCIO ORTEGA,
el hombre que creó ZARA
Covadonga O’Shea
Lo que me contó de su vida y de su empresa
¿Un genio empresarial? ¿Un visionario? ¿Un trabajador infatigable y apasionado?
Todo esto y mucho más parece ser Amancio Ortega, el hombre que creó el imperio Zara y que por primera vez habla en un libro acerca de su vida y de su empresa.
Covadonga O’Shea, periodista y presidenta del Instituto Superior de Empresa y Moda (ISEM), conoce a Ortega desde el año 1990, cuando visitó por primera vez las instalaciones de Inditex en Arteixo. Horas de conversación con el propio Amancio y las personas cercanas a él la han convertido en testigo directo del recorrido de esta empresa, del motor que se esconde detrás de la misma, de cómo viven sus empleados, de los talleres, de cómo se ha forjado la riqueza personal de su fundador, de los proyectos de futuro, de la sencillez de un triunfador…
Una obra para descubrir a un personaje que, a pesar de haberse convertido en referencia de las escuelas de negocios del mundo entero y de haber revolucionado el mundo de la moda, sigue pensando que «la autocomplacencia es lo peor si
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quieres conseguir hacer algo importante. El optimismo ciego es negativo y, para triunfar, hay que poner una organización boca abajo cada día».
LO QUE CONTÓ AMANCIO ORTEGA A COVADONGA O’SHEA
Pocos son los testigos que quedan, pero los papeles dan testimonio de que Amancio Ortega nació en un pequeño pueblo de León, Busdongo de Arbás, en la vertiente sur del puerto de Pajares; una zona fronteriza entre León y el principado de Asturias. Amancio nació el 28 de marzo de 1936, meses antes de la guerra civil; que es “gemelo” (nacieron el mismo día) del escritor peruano Mario Vargas Llosa. Lo que Amancio me ha contado con verdadero orgullo y admiración por lo bien que realizaba su trabajo es que su padre “era ferroviario, nativo de Valladolid. Cuando yo nací estaba destinado en este pequeño pueblo como montador de enclavamientos, que suponía vigilar el buen estado de las agujas y vías, algo que ejercía con verdadera exactitud”.
Una tarde al salir de la escuela fui con mi madre a una tienda a comprar comida.
Yo era el pequeño de mis hermanos y a ella le gustaba venir a recogerme para llevarme a casa, y muchas veces la acompañaba dando un paseo mientras hacía sus recados. La tienda en la que entramos era uno de aquellos ultramarinos de la época, con un mostrador alto, tan alto, que yo no veía a quien hablaba con mi madre, pero le escuché algo que, pese al tiempo transcurrido, jamás he olvidado:
“Señora Josefa, lo siento mucho, pero ya no le puedo fiar más dinero”. Aquello me dejó destrozado. Yo tenía apenas doce años.
La expresión de este hombre vuelve a ser la de siempre cuando recuerda a su madre, doña Josefa. Se emociona con un cariño inmenso. Aflora a su mirada el recuerdo de aquella mujer que murió a los noventa y cuatro años: “Flori, mi mujer, le atendió hasta sus últimos días.¡No dejó de ir a verla ni un solo día! Recuerdo que una vez la llevé conmigo a Marbella, en mi avión, y me miraba con esa admiración que sólo una madre puede expresar: “¿Puede ser éste mi Choliño?”, se
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preguntaba. Ella me llamaba así y hoy mis sobrinos me llaman tío Cholo. Mi padre, sin embargo, era más serio. Un hombre de una pieza que murió a los noventa. Y la que me quiere como si yo fuera un extraterrestre es mi hermana Pepita”.
Al hablar de mi trayectoria se repite mil veces que me puse a trabajar a los trece años. Es verdad, pero no se añade que, como no podía hacerlo todo, no estudié lo suficiente. Ahora lo echo en falta. Para lanzarme a trabajar con esa edad tuve que renunciar a muchas cosas. Todo es tan sencillo como eso. Mi universidad es mi profesión. Yo quería ser un empresario diferente, cambiar socialmente el mundo.
Y lo que puedo decir mirando hacia atrás es que conseguí lo que me propuse porque la materia prima del gallego es extraordinaria. Todos se comprometieron con mi empresa más de lo normal».
Desde que empecé a trabajar tenía una idea que me obsesionaba: ¿por qué no puedo inventar algo diferente a todo lo que hay en el mercado? Decidí seguir aquel impulso y puse en marcha GOA, con mi hermano Antonio. Abrimos una cuenta corriente con 2.500 pesetas; mi cuñada, que sabía de costura, y mi primera mujer, Rosalía, hacían las famosas batas boatiné, que entonces estaban tan de moda.
Puedo asegurar que en lo fundamental no he cambiado. Yo pienso lo mismo ahora que entonces. Lo importante es marcarse metas en la vida y poner toda tu alma en cumplirlas. Tengo el convencimiento absoluto de que todos venimos al mundo para cumplir una misión. Aquí ninguno estamos por casualidad. En el Camino (de Santiago) es cuando echo la vista atrás y veo todo lo que ha pasado en estos años, como un sueño imposible. Hay una razón de ser importante en todo lo que ha ocurrido. Hoy costaría mucho poner en marcha esta compañía, y eso me hace feliz y al mismo tiempo me abruma.
Yo disfruto con las cosas más pequeñas. Soy feliz con los mil incidentes de cada jornada. Voy al gimnasio cada mañana, me gusta charlar, escuchar a la gente,
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conocer nuevas personas, pasear y, por supuesto, trabajar, que es con lo que más disfruto. Tengo la suerte de que no me caliento con las cosas. Sé que todo tiene su momento y su porqué.
¿Cómo no voy a emocionarme con tantos miles de detalles que se viven cada día a mi alrededor? Por ejemplo, me enteré que Luis, que es director del almacén, tuvo un infarto en pleno trabajo. Llamaron a una ambulancia para llevarlo al hospital y de pronto él pidió un móvil para decirle a su segundo de a bordo que tenía que cubrir rápidamente su puesto y hacerse cargo del trabajo. Así es mi gente».
Pero yo vi hace años con mucha claridad que, a nivel mundial, el consumidor actual quiere otro tipo de moda. Ahora, por ejemplo, acabamos de abrir tienda en Croacia con un éxito increíble. Nuestra ropa le vuelve loca a la mujer de cualquier condición, precisamente porque resulta asequible. Nuestra ropa no es extrema — lo extremo se vende menos— y la mujer ha encontrado en ella una ropa más equilibrada. Una gran mayoría no está dispuesta a gastar mucho en vestirse.
Conozco incluso gente con dinero y es la que menos gasta en ropa de marca.
Cuando las clientas se acostumbran a una buena relación calidad-precio, no sólo en nuestras tiendas sino en otras del mismo nivel, se encuentran muy a gusto consigo mismas. Son personas que dan valor al dinero y lo quieren emplear en otras cosas.
A Ortega siempre le han gustado las ideas más simples, así como clarificar de forma directa y rápida los problemas y las decisiones a tomar. No es hombre de grandes discursos técnicos —¿Esto para qué vale?, suele preguntar—, sino alguien muy pragmático, cualidad que, sin duda, es otro acierto en su historial.
Lo mío, desde que empecé, ha sido una dedicación plena al trabajo, junto a la máxima exigencia. Yo nunca me quedaba contento con lo que hacía y siempre he tratado de inculcar esto mismo a todos los que me rodean. La autocomplacencia es lo peor si quieres conseguir hacer algo importante. En esta compañía nunca nos hemos confiado, ni en aquellos años en los que dábamos los primeros pasos,
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ni ahora que tenemos tiendas por todo el mundo. El optimismo ciego es negativo.
Hay que tener siempre un afán de superación y una constante capacidad crítica.
Amancio es un hombre de costumbres. Así describe una de sus preferencias cada día, desde hace años: «Mi recorrido preferido es dar una vuelta por la zona de diseño. Desde siempre me ha gustado sentarme entre los más creativos y escuchar lo que proponen, la mayoría de ellos muy jóvenes, que pasan tiempo recorriendo el mundo y viendo en los medios todas las tendencias, no sólo de ropa sino de estilo de vida. Me enseña mucho escucharles y, si me piden mi opinión, se la doy, pero ellos son buenos profesionales y saben muy bien lo que hacen».
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LA AUTORA
Covadonga O’Shea, licenciada en Ciencias de la Información y en Filosofía y Letras (sección de Humanidades Modernas) por la Universidad de Navarra, fue directora de la revista Telva desde 1970 a 1997. Desde el año 2000 preside el Instituto Superior de Empresa y Moda (ISEM Fashion Business School), que ha creado para impartir el Master en Gestión de Empresas de Moda, así como cursos dirigidos a formar profesionales especializados en gestión de marcas, logística y distribución, Visual Merchandising y otras áreas del mundo de la moda.
Presidenta de la Fundación TecnoModa −organismo sin ánimo de lucro destinado a impulsar la formación del sector de la industria de la moda y textil−, es miembro del Consejo Asesor del Museo del Traje.
Ha colaborado en diversos medios −ABC, El País, El Mundo y El Correo Español, entre otros− y es autora de la semblanza de Doña Sofía en la obra Álbum de la Reina de España, así como de los libros El valor de los valores, La armonía vital, La herencia de un santo: el legado de Juan Pablo II, La brújula de la vida, Un viaje a Tierra Santa y En busca de los valores −los dos últimos aparecidos con éxito en esta editorial. También publicó una recopilación de entrevistas a destacadas personalidades, y es coautora de los catálogos España de moda y Victorio&Lucchino, 25 años de moda.
Ha pronunciado conferencias en España, Estados Unidos y diversos países de Europa sobre muy distintos temas: la mujer y la familia, la juventud, la prensa especializada, la moda y los valores, entre otros.
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FICHA TÉCNICA
Título: ASÍ ES AMANCIO ORTEGA, EL HOMBRE QUE CREÓ ZARA Subtítulo: Lo que me contó de su vida y de su empresa
Autora: Covadonga O’Shea
Colección: Biografías y Memorias Precio: 22 euros
Páginas: 310
Fecha de publicación: 21 de octubre de 2008