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La Chica que Leía al Revés

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Academic year: 2022

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La Chica que Leía al Revés

Francisco A. Baldarena

textos.info

biblioteca digital abierta

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Texto núm. 6915

Título: La Chica que Leía al Revés Autor: Francisco A. Baldarena Etiquetas: cuento

Editor: Francisco A. Baldarena

Fecha de creación: 17 de septiembre de 2021 Fecha de modificación: 30 de julio de 2022

Edita textos.info

Maison Carrée c/ Ramal, 48

07730 Alayor - Menorca Islas Baleares

España

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La Chica que Leía al Revés

1

Aquella mañana en que la conocí tomé, como todos los días, el tren Mitre en Victoria, sentido Tigre-Retiro, y, como siempre también, a esa hora ya venía lleno; así que me apretujé entre la gente que ya venía apelotonada en la confluencia de las puertas y el pasillo. Por suerte, a la altura de La Lucila pude acomodarme de espalda contra las puertas que no abren.

Ella estaba en el primer asiento a mi derecha, leyendo un libro al revés, de abajo hacia arriba pero respetando el sentido de izquierda a derecha, lo que a mi parecer, si es que leía de verdad y no estaba simplemente haciéndose la excéntrica, hacía la lectura más complicada. Ésto lo noté porque ella marcaba la línea que iba leyendo con el índice de la mano izquierda; de lo contrario hubiese parecido que solo sostenía el libro para que lo leyera el que iba parado frente a ella. Yo en ese momento. Y lo hubiera hecho con gusto, pues siempre que veo a alguien leyendo un libro me pica la curiosidad por saber qué lee, si no fuese porque los anteojos de aumento los tenía en la mochila, pero apretujado como estaba ni intenté sacarlos porque se me iba a hacer demasiado trabajoso sino imposible.

Supuse varias cosas a su respecto, además de lo excéntrica, que leía de esa manera como ensayo para un nuevo récord que un día estaría impreso en el Guinnes quizás, o que lo hacía para llamar la atención, o porque era chiflada, o porque era rarita. Qué sé yo…

Un par de estaciones más adelante, vi un asiento vacío y me fui a sentar y mis pensamientos se concentraron en otras cosas.

2

Ya me había olvidado de la chica que leía al revés cuando, unas mañanas después del primer encuentro, ya dentro del tren fui empujado por la presión de los pasajeros que venían detrás de mí hasta ir a parar al lado de ella que, como la vez anterior, iba sentada, aunque ahora junto al pasillo, y seguía leyendo un libro al revés. Por suerte esta vez yo traía la

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mochila sobre el pecho, pero al buscar los anteojos vi que los había olvidado en casa. Entonces se me ocurrió dejar caer la SUBE de propósito y así poder leer el título y el autor del libro, ya que las letras son más grandes, lo que me costó un poco porque ahora al revés y de lado me quedaban a mí. Pero quién diría, la chica leía "En El Enjambre", de Han.

¡Qué apropiado!, me dije, echándole una mirada al vagón que tras la parada en Beccar y San Isidro, estaba a reventar de gente.

Desde ese segundo encuentro, no sé por qué, tomar el tren al mismo horario tomó un nuevo sentido para mí, ciertamente porque quería volver a ver a la chica que leía al revés. Está claro que ni todas las mañanas conseguía verla en el mismo vagón, pero allá por Belgrano, o algunas raras veces en Núñez, o incluso en Rivadavia, ya había espacio suficiente para recorrer el tren en su busca. Ni siempre la conseguía, pero cuando la veía me quedaba cerca, observándola hasta el final de la línea en Retiro.

Un par de veces hasta me animé a sentarme a su lado, donde disimuladamente la observaba de reojo. Pero un día, algo así como dos meses más tarde, vi que estaba leyendo "La Derrota del Pensamiento", de Finkielkraut, y ésto me hizo recorrer con la vista el vagón: la gran mayoría de los que iban leyendo alguna cosa, corroboraba lo que decía el título del libro, y los que no leían estaban con la vista prendida en los celulares, pero si pudiera ver lo que estaban viendo estoy más que seguro que estarían autoembruteciéndose con alguna porquería análoga al tipo de lectura que iba leyendo la gran mayoría, que lo que menos exigía era que se pensara, o por lo menos que se pensara mal. Entonces me animé a preguntarle a la chica por qué leía de ese modo.

Perdón, hace mucho tiempo, desde que leías "En El Enjambre", a decir verdad, que me llamó mucho la atención tu manera de leer (ella había cerrado el libro y me miraba sin decir nada); bueno, si no te importa me gustaría saber el porqué, es por pura curiosidad nada más, le aclaré.

Pensé que ella me diría "y a vos que te importa", pero no fue así.

Claro, cómo no, me dijo sonriendo, pasa que leo de acuerdo al mundo, este mundo que está de piernas para arriba o de cabeza para abajo, como prefieras, y de acuerdo a la sociedad, en donde se hace todo, o casi todo, al revés, y si no hace las cosas al revés las hace mal, o las consiente haciendo la vista gorda o mirando para otro lado. En definitiva, leo así a ver si le encuentro la vuelta a la cosa, a esta cosa loca que llamamos vivir, pero que en realidad es vivir mal, es sufrir y es desperdiciar la vida.

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Me quedé pensando por un momento en sus palabras, antes de preguntarle si estaba llegando cerca.

No, me respondió haciendo una mueca graciosa, pero cada vez somos más, aclaró enseguida.

Para todo esto, el tren ya había arribado a Retiro. Entonces nos bajamos, confundiéndonos entre la multitud de cientos de seres apurados por traspasar las máquinas validadoras, y no la vi más, hasta hoy.

3

A la mañana siguiente, tomé el tren como todos los días y esta vez tuve suerte: en Beccar bajó una señora, de manera que no busqué a la chica que leía al revés, sino que me senté. Entonces saqué de la mochila los anteojos y un libro que había comprado la tarde anterior en una librería de la calle Florida, porque yo también quería encontrarle la vuelta a la cosa, al mundo, a la sociedad, a la vida. Pero, al contrario de la chica que leía al revés, no lo puse cabeza abajo porque sabía que la lectura se me haría muy difícil. Además, no importa cómo se lee, si no qué se lee. Y empecé por el capo, Nietzsche, y el libro era el "Así habló Zaratustra".

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