Quien se apura en (leer) Patagonia, pierde el tiempo
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(2) ã 2020 Carolina Isabel Aliaga Reyes Se autoriza la reproducción total o parcial, con fines académicos, por cualquier medio o procedimiento, incluyendo la cita bibliográfica que acredita al trabajo y a su autora..
(3) Tabla de contenidos Índice de figuras .................................................................................................... 3 Resumen ............................................................................................................... 4 Capítulo I: Introducción ......................................................................................... 5 Planteamiento del problema ......................................................................................... 5 Geografía y literatura: una perspectiva interdisciplinaria .............................................................. 5 El rol de la literatura en los imaginarios geográficos de Patagonia-Aysén....................................... 7. Preguntas de investigación e Hipótesis ........................................................................ 10 Preguntas de investigación:...................................................................................................... 10 Hipótesis ............................................................................................................................... 10. Objetivos .................................................................................................................... 10 Objetivo general ..................................................................................................................... 10 Objetivos específicos .............................................................................................................. 10. Capítulo II: Escritura y lectura del espacio Patagonia-Aysén ................................. 11 Geografía literaria ...................................................................................................... 11 Perspectivas literarias.............................................................................................................. 14 Perspectivas espaciales............................................................................................................ 19. Imaginarios geográficos: escribiendo otro ................................................................... 25 Los imaginarios geográficos de Patagonia-Aysén ........................................................ 29 Imaginarios desde las colonizaciones de Patagonia-Aysén .......................................................... 30 Patagonia-Aysén desde la literatura .......................................................................................... 33. Capítulo III: Metodología ..................................................................................... 38 Capítulo IV: Aysenes, significaciones de un territorio múltiple ............................... 43 Otras fronteras .................................................................................................... 44. I. A. B.. II. A. B. C.. III. A. B. C.. Chile ¿nosotros u otros? .................................................................................................. 45 Argentina: al otro lado del alambre ................................................................................... 52. Memorias ........................................................................................................ 59 Memoria pionera: los y las que llegaron primero................................................................ 60 Memorias del progreso: encuentros de cacharritas leñeras y jeeps ...................................... 70 Memoria indígena: la otra memoria.................................................................................. 78. Territorios de particularidades ........................................................................ 85 En el archipiélago: con el Mar ......................................................................................... 85 En el campo: al lado del fogón con ovejeros y visiones ...................................................... 89 En la ciudad: otros lugares ............................................................................................... 96. Capítulo V: Aysenes, espacios-tiempos de encuentros ........................................... 102 I.. Memorias: encuentros de sentidos ..................................................................... 104 1.
(4) A. B.. II.. Encuentro invisibilizado: indígenas y colonos ................................................................. 105 Encuentro con la modernidad: colonización y neo-colonización ........................................ 108. Espacios horizontales ..................................................................................... 113. Capítulo VI: Conclusiones .................................................................................. 117 Capítulo VII: Anexos ......................................................................................... 119 Anexo 1: Lecturas textos literarios ............................................................................ 119. Capítulo VIII: Bibliografía ................................................................................. 120. 2.
(5) Índice de figuras Figura 1. Fotografía en Plaza del Pionero: Familia Chilota. ...........................................69 Figura 2. Fotografía en Plaza del Pionero: Ovejas. .........................................................69 Figura 3. Mapa sobre ubicación pueblo originario Tehuelche. .....................................107. 3.
(6) Resumen El objetivo de la presente investigación consiste en comprender las significaciones territoriales en Patagonia-Aysén a partir de la narrativa y poesía del siglo XX y XXI, que fueron producidas por autores que residieron o residen actualmente en la región. Para esto se utiliza un método arqueológico, que permite la reconstrucción del saber a través del análisis de los discursos. Por tanto, para llevar a cabo el objetivo, en primer lugar se realiza una lectura de aquellos textos narrativos y poéticos que sean del período y espacio en estudio. Para luego analizar el porqué de estos sentidos. Se reconocieron tres grupos de significaciones territoriales: Otras fronteras, Memorias y Territorios de particularidades. Estas responden a diferentes procesos espacio-temporales que se proyectan desde las diferentes memorias. Se concluye que Patagonia-Aysén es un espacio múltiple que da lugar y tiempo a múltiples encuentros, y a la vez, surge a partir de una serie de encuentros.. 4.
(7) Capítulo I: Introducción Planteamiento del problema Geografía y literatura: una perspectiva interdisciplinaria A finales del siglo XX se dieron dos giros importantes en diferentes disciplinas, incluyendo geografía y literatura. Uno de estos es el giro espacial, un fenómeno transdisciplinario en las humanidades. El término fue acuñado por Edward Soja en 1989, quién lo utilizó para explicar cómo el espacio fue adquiriendo más importancia por parte de académicos de ciencias sociales durante la década de los 60 y 70. Interés que se vio acentuado por la contribución que hizo Lefebvre, así como Deleuze y Guattari, y Foucault (Peraldo, 2016). Este fenómeno es un giro “al mundo mismo, hacia un entendimiento de nuestras vidas como situadas en orden social móvil y relaciones espaciales que, en una forma u otra, necesita ser mapeada” (Tally, 2013, p. 30, traducción propia). Por otra parte, en la década de 1970 ocurrió un giro cultural, que significó repensar la geografía (Claval, 2011). Este giro se destaca por, teóricamente, promover el pluralismo en la geografía humana, considerando conceptos desde otras disciplinas y enfocándose en múltiples dimensiones de diferencia, incluyendo género, raza y sexualidad. Además, los métodos cualitativos e interpretativos adquieren más relevancia (Barnett, 2009). De esta manera, a partir del giro cultural en geografía y el giro espacial en la teoría narrativa se ha propiciado la emergencia de una geografía literaria (Alexander, 2015 en Jones, 2018). A partir de estos giros es que la poesía y narrativa pueden ser comprendidas como una fuente de información. Pues, reflejan tendencias de la territorialidad, así como cambios importantes en la historia de las sociedades, en el plano de la realidad y en el de su representación (Lévy, 2006).. 5.
(8) Además, la literatura posee el rol de “proyectar un mundo” (Tally, 2013, p.56, traducción propia), y también puede considerarse como un medio para entender el mundo; toma información de la vida y la organiza de acuerdo a un propósito. Incluso, es posible ver la literatura como una cartografía, debido a que describe lugares y sitúa a los lectores en un tipo de espacio imaginario (Tally, 2013), a través de puntos de referencia entregados por el escritor, de manera tal que los lectores “se pueden orientar y entender el mundo en que viven” (Tally, 2013, p. 16, traducción propia). También se puede entender como una cartografía, en la que el escritor mapea su propia experiencia en cuanto a espacios encontrados o imaginados (Tally, 2013). Cabe destacar que éste encuentro, o entendimiento, se verá condicionado por la memoria, ya sea del autor cómo la del lector, pues un libro trama “lugares que <<hablan>> al poeta y al lector” (Lévy, 2006, p. 472). Por tanto, según planteamientos de Lefebvre (1974), es posible considerar que la literatura es un espacio de representación; toma y modifica elementos del mundo real para plantear otro mundo, pero a la vez está condicionado por las representaciones del espacio. Es decir, la lectura se verá definida por las trayectorias propias del escritor y lector. Las cuales anteriormente estaban desconectadas (Massey, 2005). Cabe destacar que la literatura tiene un rol significativo en la producción de imaginarios geográficos. Como menciona Mellado (2015), la literatura consta con una participación privilegiada en la producción de la dimensión imaginaria de una sociedad, es decir, en la producción de un “nosotros”. La relevancia de esta producción radica en que además de ser un reflejo de la dimensión material de la sociedad, también contribuye en darle una significación. También se debe tener en consideración que al definir un “nosotros” se define, al mismo tiempo, un “otro”. De acuerdo a Said (2002), cuando se escribe sobre “otro” se utilizan valores elegidos de manera arbitraria que finalmente establecen “suposiciones, asociaciones y ficciones” (Said, 2002, p. 87). De esta manera, al definir diferencias entre lo “nuestro” y lo “suyo”, se establecen fronteras geográficas, las cuales son seguidas por fronteras sociales, étnicas y culturales, pero que no son claras debido a que no se tiene información precisa de aquello que está “<<más allá>> de nuestro propio. 6.
(9) territorio” (Said, 2002, p. 87). Así, el espacio – propio o de otro – adquiere “un sentido emocional e incluso racional por una especie de proceso poético a través del cual las extensiones lejanas, vagas y anónimas se llenan de significaciones para nosotros, aquí” (Said, 2002, p 87). Con el fin de comprender las significaciones que posee un espacio, sin considerar el imaginario geográfico que se tiene de este otro espacio, es que la narrativa y poesía son una fuente para identificar las significaciones territoriales de quienes habitan el territorio en estudio. En especial de aquellos cuyas representaciones – imaginarios geográficos – se han formado principalmente desde afuera, como lo es el caso de Aysén (Hammerschmidt, 2016).. El rol de la literatura en los imaginarios geográficos de Patagonia-Aysén De acuerdo a Mellado (2015), Patagonia puede ser entendida como especificidad y pluralidad al mismo tiempo. Por una parte, sería una especificidad ya que remite a un espacio histórico social que refleja una región cultural, pero se destaca que su configuración excede los límites políticos de las naciones (Palermo, 1998 en Mellado, 2015). Independientemente de los límites que definen esta región, Patagonia ha sido siempre una zona flexible para diferentes imaginarios geográficos – primero el europeo y luego el criollo – formados a partir de narrativas de viaje (Livon-Grosman, 2003). Es decir, los imaginarios se han formado desde afuera. De esta manera, estos imaginarios geográficos han permitido legitimar ciertos procesos en el territorio. La colonización de Aysén, por parte de chilenos provenientes de otros lugares del país, se llevó a cabo debido a que el territorio fue metaforizado como un “desierto”, por lo que era posible tomar el control de éste (Soler, 2017). Igualmente su imagen de trapanada (Aleuy Rojas, 2009 en Amigo, 2017), algo lejano y desconocido, contribuyó a que Aysén se transformara en un objeto del discurso civilizatorio moderno, siendo así administrado y representado desde el centro (Soler, 2017).. 7.
(10) La distinción de centro/periferia ha llevado a entender éste territorio como una frontera, y específicamente una de tipo interna (Soler, 2017), es decir, una frontera que se encuentra “entre medio” - entre Puerto Montt y Punta Arenas-, principalmente durante la primera mitad del siglo XX (Núñez, Aliste & Bello, 2014 en Amigo, 2017). Así “Aysén ha sido construido al alero de un imaginario geográfico de tipo nacional que ha interpretado recurrentemente al área como fronteriza, marginal y sub-desarrollada” (Núñez, Aliste, Bello & Osorio, 2017, p. 10). Sin embargo, entre finales del siglo XX y lo que va del siglo XXI, el imaginario geográfico de Aysén se ha transformado. Fue una zona “fronteriza, marginal y sub-desarrollada” (Núñez, Aliste, Bello & Osorio, 2017, p. 10) con condiciones adversas para vivir debido a la cordillera, humedad y bosques imposibles de penetrar (Núñez, Aliste & Arenas, 2017). Pero recientemente ha adquirido el título de “Aysén, reserva de vida” (Núñez, Aliste, Bello, 2016). Este cambio comenzó una vez que la dictadura militar terminó en 1989, momento en que la zona sufrió una fuerte liberalización económica, lo que permitió la instalación de un mercado activo enfocado en productos turísticos y conservación de la naturaleza (Núñez, Aliste & Bello, 2014). Esto se debe a un discurso modernizador sustentable, pero que no es neutro, la naturaleza se privatiza (Núñez, Aliste, Bello, 2016). Detrás de éste discurso existe una “lógica de una capitalización de la naturaleza” (Núñez, Aliste & Bello, 2014, p. 5), en el que la valorización de la naturaleza es el “resultado de una producción social que se va consolidando como discurso del desarrollo y utopía capitalista” (Núñez, Aliste, Bello, 2016, p. 1). Incluso, con este cambio surge un nuevo propietario, el neo-colono, quien compra terrenos a antiguos colonos mediante sociedades o empresas, cuyo objetivo sería conservar. Debido a este nuevo agente urbano, junto a políticas de conservación ambiental y procesos especulativos, se ha generado un desplazamiento de la población. Por tanto, es posible hablar de una nueva forma de colonialismo que se logra por un discurso modernizador sustentable que busca conversar y proteger la naturaleza (Núñez, Aliste, Bello, 2016).. 8.
(11) Dado que Aysén ha sido representado de acuerdo a valores hegemónicos y por tanto procesos también se han decidido desde el centro, es que comprender las significaciones territoriales reflejadas en la poesía y narrativa de quienes habitan o han habitado este territorio adquiere relevancia. Por una parte, la poesía de Aysén es definida por Mansilla (2016) como una poesía territorializada, debido a que el territorio mismo es ‘infraestructura’ para construir mundos poéticos, reflejando subjetividades de acuerdo a su propio lugar y tiempo. Por tanto, la poesía tiene una función de documento, que otorga el dominio metafísico y simbólico de los territorios, y a la vez es una invención literaria en un sentido estricto, por lo que metaforiza la condición humana y configura la realidad (Mansilla, 2016). Por otra parte, de acuerdo a Mellado (2015) cada texto narrativo - novela - contribuye en la construcción de una imagen de Patagonia, es decir, de una composición no natural ni dada que forma parte de una trama de discursos donde se ponen en juegos imágenes del espacio que se reiteran y permanecen, pero que, en cada contexto, se resignifican y muestran diferentes tensiones entre lo dicho y lo no dicho, evidenciando siempre un recorte y una perspectiva irreductible a cualquier psicologismo (Mellado, 2015, p. 17-18). En síntesis, el problema radica en que a Aysén se le han atribuido ciertas significaciones de acuerdo a imaginarios geográficos formados desde el centro del país, el cual se ha modificado, pero siempre desde el exterior de este territorio. Por tanto, de acuerdo al marco planteado previamente, se propone estudiar las significaciones territoriales en Patagonia-Aysén a partir de la narrativa y poesía de la región de los siglos XX y XXI. Se busca identificar y analizar significaciones territoriales reflejadas en narrativas – novelas, cuentos, y otros – y en poesías de quienes residen o han residido en Aysén en el período ya mencionado. De esta manera, el interés está en contribuir a la comprensión de una geografía cultural, donde a partir de la interdisciplina es posible realizar estudios que permitan comprender el significado de un “nosotros” de una región que ha sido construida por “otros”. Así, la geografía literaria, a través de su entendimiento de las narrativas y poesías como fuentes de información, nos permite adentrarnos y comprender las significaciones territoriales de un espacio en particular. 9.
(12) Preguntas de investigación e Hipótesis Preguntas de investigación: -. ¿Cuáles son las principales significaciones territoriales en Patagonia-Aysén presentes en la narrativa y poesía del siglo XX y XXI?. -. ¿Cómo son las significaciones territoriales identificadas en la narrativa y poesía de Aysén del siglo XX y XXI?. -. ¿Cómo se explican las significaciones territoriales identificadas en la narrativa y poesía de Aysén del siglo XX y XXI?. Hipótesis En la narrativa y poesía de Aysén de los siglos XX y XXI, se identifican significaciones territoriales que responden a una trayectoria espacio-temporal en particular.. Objetivos Objetivo general Comprender las significaciones territoriales en Patagonia-Aysén a partir de la narrativa y poesía del siglo XX y XXI.. Objetivos específicos -. Identificar las principales significaciones territoriales de Aysén del siglo XX y XXI a partir de la narrativa y poesía de la región. -. Analizar las significaciones territoriales identificadas en el objetivo anterior. 10.
(13) Capítulo II: Escritura y lectura del espacio Patagonia-Aysén Geografía literaria La relación entre geografía y literatura se puede remontar hasta antiguas civilizaciones – griegos, romanos, hebreos – siendo luego considerada incluso por Humboldt, quien pensaba que la literatura es “una fuente de imaginación científica, de estimulación intelectual, capaz de despertar deseos, de influir en los gustos, de incitar a la acción” (Lévy, 2006, p. 462). De esta manera, la relación entre geografía y literatura ha cambiado a medida que las concepciones teóricas de ambas disciplinas también lo han hecho. Pero cabe destacar que la interdisciplinariedad no se ha traducido en una colaboración constante de conceptos y definiciones entre ambos campos. Por ejemplo, para 1987 en el Dictionary of Narratology, el espacio narrativo era definido como un contenedor o escenario en el que los personajes desarrollan sus acciones (Hones, 2011). Mientras que el espacio, desde la teoría de la geografía, para este tiempo tiene un concepción completamente diferente, un ejemplo es el planteamiento de Lefebvre en cuanto a la producción del espacio, donde el espacio es un producto social (Lefebvre, 1974). Actualmente, producto del “giro cultural” en geografía, y del “giro espacial” en literatura (Peraldo, 2016), se han desarrollado condiciones oportunas para la emergencia de una verdadera geografía literaria (Alexander, 2015 en Jones, 2018). Uno de los argumentos de ésta interdisciplinariedad es que la literatura sería una “recopilación abierta sobre las relaciones entre el hombre y la tierra” (Tissier, 1992 en Lévy, 2006, p. 476), por lo tanto refleja tendencias de la territorialidad, así como cambios importantes en la historia de las sociedades, en el plano de la realidad y en el de su representación (Lévy, 2006). Jones (2018) plantea que existen relaciones de poder que estructuran la vida a diferentes escalas, y reconocer la presencia de éstas es una manera 11.
(14) de evidenciar la relevancia del espacio en todas las experiencias vividas, y por lo tanto también son importantes todos los retratos de éstas. Por tanto, Jones (2018) plantea que toda literatura es “espacial”, la relación entre geografía y literatura no se limita a cierto tipo de textos, como se solía considerar; textos de viajes, migración, u otros. En cuanto a la ficción, Lévy (2006) argumenta sobre la distancia que existe entre la vida novelesca y la vida real, y cómo esta separación no debilita la importancia de la novela, pues ésta posee una función social: “el universo ficticio tiene valor de aspiración tanto para el escritor como para el lector: De este modo, la literatura de imaginación no describe el mundo tal y como es sino tal y como debería o podría ser” (p. 468). En cuanto a ésta supuesta diferencia entre vida novelesca y vida real, Jones (2018) considera que el espacio literario no está separado del espacio real, sino que estaría inherentemente dentro de éste. Además, es importante reconocer que el significado de cada texto, tanto literario como académico, es creado en una contexto social en particular, por lo que es inherentemente espacial (Hones, 2008 en Jones, 2018). Además, Jones (2018) destaca que se debe tener en consideración que los textos y espacios poseen una dimensión performativa, por ende éstos se comunican, modifican y co-crean: Cada articulación literaria en particular modifica el espacio que retrata para el autor como para otros que se comprometen con éste, y es sólo a través del reconocimiento de la naturaleza espacial de la lectura y escritura, que podemos entender cómo se crea el significado del texto. (Jones, 2018, p. 40, traducción propia). Otro argumento relevante para la geografía literaria consiste en el potencial que posee un libro para establecer una “marca simbólica” de un lugar, de tal manera que “trama lugares de memoria, lugares que <<hablan>> al poeta y al lector” (Lévy, 2006, p. 472). LivonGrossman (2003) considera que la representación de un paisaje siempre implica un recorte, es decir, una selección de elementos y la omisión de otros. Por lo tanto, es posible establecer que existe una serie de elementos relacionados a la memoria, entendiendo ésta como un olvido parcial que está orientado en una dirección (Todorov, 2013). Sin embargo, 12.
(15) existen dos perspectivas, por un lado está la memoria que habla al escritor – ¿en que dirección está la memoria evocada? – y por otra parte está la memoria del lector – ¿a dónde va su memoria cuando lee? –. Sobre este último se debe notar que el lector no es un receptor pasivo de la espacialidad que transmite el texto, sino que determina activamente los significados pasajeros y cambiantes que aquí se pueden encontrar (Tally, 2013). Siguiendo esta idea, Newby (1981, en Lévy, 2006) señala que la literatura posee un rol significativo en la “invención” de nuevos destinos turísticos, ya que es capaz de formar gustos en los lectores. Pero se debe tener en consideración que esta invención se crea a partir de una selección de elementos. Peraldo (2016) menciona que el proceso de escribir el espacio nunca es puramente estético, sino siempre ideológico o político. Sobre el autor literario “actúan fuerzas políticas, institucionales e ideológicas” (Said, 2002, p. 35), es decir, las obras literarias - y textos en general - se crean en un contexto en particular. Así, cuando se escribe sobre “otro” – un espacio fuera del “nuestro”; de ellos – hay un manejo arbitrario de valores que establecen “suposiciones, asociaciones y ficciones” (Said, 2002, p. 87). Por otra parte, pero en la misma línea, Mansilla (2016, en Hammerschmidt, 2016) propone que los territorios son geografías imaginarias, debido a que el material real de éstas se transforma en un símbolo y metáfora con la que el autor “se hace a sí mismo en el curso de su proferimiento, y gracias a este” (p. 176). Es posible definir que el rol de la literatura es “proyectar un mundo” (Tally, 2013, p. 56, traducción propia), pues se puede considerar como un medio para entender el mundo; toma información de la vida y la organiza de acuerdo a un propósito. Por lo tanto, a través de ésta es posible descifrar espacios que han sido producidos por las relaciones sociales humanas en determinado contexto histórico – continuando con la idea de producción del espacio de Lefebvre, e ideas de Jameson y Harvey – (Tally, 2013). Incluso, desde la geografía literaria, la literatura es una fuente primaria de información, mientras que la geografía, además de contribuir con teorías, también lo hace a través de lugares, espacios y fenómenos del mundo físico (Hones, 2008). En consecuencia, la geografía literaria. 13.
(16) implica una forma de leer en que la atención se centra en el espacio y espacialidad en los textos en estudio, pero también significa prestar atención al espacio cambiante o formaciones geográficas que afectan la producción literaria y cultural (Tally, 2013). Para desarrollar un apropiado campo interdisciplinario de geografía literaria, es primordial compartir vocabulario técnico y conceptos desde ambas disciplinas. Un concepto clave es el espacio, que desde la teoría narrativa por lo general se ha considerado como el escenario para los personajes. Frente a esta situación Hones (2011) considera que para el estudio de geografías narrativas, la teorización de Massey de la inherente multiplicidad del espacio y lugar es de suma relevancia para un trabajo interdisciplinario. Desde la teoría narrativa, la producción del espacio de la novela se puede articular de acuerdo a como la geografía de los textos depende del encuentro de varias trayectorias de autor/narrador/lector, además de considerar cómo cada proyección del lector homodiegético – del lector que se proyecta dentro del texto – acorta la distancia entre el mundo ficticio del texto y el mundo extradiegético de los lectores reales de la novela (Hones, 2011). Por lo tanto, adentrarse en teorías narrativas y teorías espaciales será clave para lograr un verdadero estudio interdisciplinario entre geografía y literatura.. Perspectivas literarias Yi Fu Tuan (1978, en Lévy, 2006) plantea que la literatura, de igual manera que la geografía, comprende un campo lo suficientemente extenso como para entender las artes y las ciencias al mismo tiempo. Además, la literatura posee una capacidad extraordinaria para transformar y transfigurar al hombre y el mundo (González y Chicangana-Bayona, 2013). Para comprender estos efectos, en primer lugar es necesario entender la literatura como narrativa de ficción: La ficción es diégesis (relato), igual que la historia, pero por sobre todo es poiesis (creación) y desde la Poética de Aristóteles, que la diferencia de la retórica, es el. 14.
(17) arte de la imaginación que instala lo verosímil (arte de la apariencia), lo que parece ser y no es, lo posible según la verosimilitud o la necesidad, donde el mundo inmanente se hace real (González y Chicangana-Bayona, 2013, p. 54). Aristóteles plantea que el arte de la imaginación funciona a través de la mimesis – imitación creadora – por lo que la poética, u otro género literario, posee tanto un sentido metafórico de ficción (diégesis) como un poder para revelar la realidad como acto – representación, creaciones otras – (González y Chicangana-Bayona, 2013). Lévy (2006) cree que “la literatura se revela como una apuesta cultural e ideológica, no sólo a escala individual, sino también colectiva” (p. 468), ya que la ficción busca presentar como debería o podría ser el mundo, así genera una impresión en los lectores sobre una nueva percepción de la realidad. Por lo tanto, la realidad que se presenta un texto literario no coincide con aquella realidad que prevalece en el mundo (Lévy, 2006), hay una ilusión en la supuesta reproducción factual (Yi Fu Tuan, 1978 en Lévy, 2006). Como plantea Lévy (2006) la literatura tiene “la capacidad de hacer explícito el universo del yo individual y de la intersubjetividad” (p. 467). En relación a la intersubjetividad que presenta la literatura, la memoria es un elemento clave para su compresión. Es necesario considerar la memoria como algo más que un filtro perceptivo, pues el escritor “es capaz de jugar con los cincos sentidos una geografía del espacio y de activar las sensaciones mediante el recuerdo” (Bailly, 1980 en Lévy, 2006, p. 471). Un punto a destacar es que este recuerdo, o memoria, se verá influenciado por el idioma, pues como menciona Todorov (2013) la memoria es “la expresión verbal de una experiencia subjetiva, que sea individual o colectiva” (p. 7), y las palabras son “formas específicas que se materializan, entre otros determinantes, por las posibilidades cognitivas disponibles en idiomas concretos” (Mansilla, 2013, p. 43). De acuerdo a Di Michele (2017) las memorias que mutan con el tiempo se componen de un idioma en particular, por lo que al traducir este lenguaje se puede sentir como algo externo, pues al recordar una anécdota aquello que se repite en uno es la experiencia, y no. 15.
(18) la historia de ésta. El concepto de langscape se refiere a una especie de mapa de lenguaje de la imaginación compuesto por el léxico de una nación, un vocabulario apropiado que incluye topónimos, nombres de familia y figuras históricas. Es decir, “langscape es un plano virtual que representa una región y cultura” (Di Michele, 2017, p. 126, traducción propia). De esta manera, “el paisaje de una región está inscrito en la literatura y la literatura está inscrita en el lenguaje; paisaje y lenguaje son coetáneos, coextensivos” (Di Michele, 2017, p. 125, traducción propia). Y el lenguaje, e idioma, influirá en cómo se elaboran las memorias. Así, las memorias del autor y del lector pueden evocar paisajes diferentes. Se puede comprender un texto literario, u otro, como algo que solamente emerge debido a la interacción de agentes que son mutuamente co-productores y relacionalmente intervenidos; escritores, lectores, textos, redes, y contextos (Hones, 2008). En cuanto a la función del autor, Mansilla (2015) cree que se puede entender como “un campo de transubjetividades que no terminan nunca de fluir y que podríamos imaginar, en principio al menos, como una trayectoria sin trayecto predefinido” (p. 44). Esto considerando la importancia de saber quien escribe, debido a su actitud y práctica de (re)conocimiento del otro, lo cual es de suma relevancia cuando éste (re)conocimiento se da donde existen “estructuras de dominación tensionadas por voces que se convocan a hablar en la voz de quien circunstancialmente oficia de escritor-autor-voz textual” (Mansilla, 2015, p. 44), en otras palabras, el autor se puede entender como la expresión de las voces subordinadas de una “comunidad histórica concreta” (Mansilla, 2015, p. 39). Esta condición se presenta en el estudio, pues el conocimiento de Aysén desde el siglo XIX se ha “invisibilizado y borrado en su historicidad radical” (Núñez, Aliste & Arenas, 2017, p. 26), por lo tanto la literatura ha debido “desarmar un encadenamiento de imaginarios ‘tradicionales’ muy arraigados en la identidad patagónica que no hacen justicia a las violencias de la historia” (Mansilla, 2013, p. 134). Situación que queda en manos de los autores literarios. Por lo tanto, los autores serían la primera fuente de significados (Osborne, 1996 en Hones, 2008).. 16.
(19) Respecto al lector, Hones (2008) plantea que su relevancia radica en que al leer se desencadena un evento de texto; una relación de escritura-lectura como un evento siempre emergente bajo un contexto. Un evento, de acuerdo a Ryan (2012) es entendido como “cambios de estado que afectan existencias individualizadas, las cuales en sí son cuerpos que ocupan espacio y a la vez están situados en el espacio” (párrafo 1, traducción propia). Por tanto, el lector no es un ente pasivo al momento de crear significados. González y Chicangana-Bayona (2013) destacan que “la lectura es la actividad que vuelve inteligible el proceso, y es en esa recuperación final donde cobra sentido este devenir replicado porque se vincula la trama con la figura productora de sentidos;” (p. 55-56). De esta manera, la interpretación de un texto literario se produce desde al menos dos geografías; la primera se refiere al encuentro inicial de lector-escritor-texto, y la segunda corresponde a la geografía de un situación social en particular en la cual la experiencia del lector - del evento de texto - es narrada a través de una conversación, conferencia, u otro. Por tanto, la interacción entre texto y lector puede ser comprendida entre dos entidades diferentes, pero a la vez se puede considerar como una interacción que involucra múltiples agentes que ya son mutuamente co-productivos y relacionalmente intervenidos. Cabe mencionar que la lectura realizada por un académico es diferente que a un lector del público general, pero ésta diferencia simplemente radica en un contexto diferenciado, sigue siendo el mismo tipo de práctica (Hones, 2008). Volviendo al texto literario, un concepto de suma relevancia entre geografía y literatura es el espacio narrativo. Si bien, geógrafos literarios argumentan que el espacio narrativo es una especie de dimensión contingente producida por la acción e interacción ficticia, además de surgir por los eventos de la historia-interna, de las técnicas narrativas y dinámicas texto-lector (Hones, 2008, 2010 en Hones, 2011), gran parte de la teoría narrativa considera que el espacio narrativo se puede entender como el ambiente ficticio dentro del cual los personajes se mueven y viven (Hones, 2011). Sin embargo, a pesar de discrepar con la teoría geográfica donde el espacio es más que un contenedor, comprender. 17.
(20) estos conceptos de la teoría narrativa pueden ser de gran aporte para la geografía literaria. El potencial de la geografía literaria está en superponer la teoría y metodología de ambas disciplinas, y desde esa posición desarrollar argumentos que disminuyan las diferencias de éstas (Hones, 2011). Ryan (2010, en Hones, 2011) explica los componentes del espacio narrativo, de acuerdo al Living Handbook of Narrative Theory; el espacio narrativo está dividido en cinco niveles jerárquicos. El primer nivel sería marcos espaciales, que se define como las locaciones específicas que crean las diferentes escenas de la acción narrativa, las cuales pasan a una posición – segundo nivel – que es definida como el ambiente socio-históricogeográfico general, dentro del cual la acción ocurre. Un tercer nivel es el espacio de la historia, el cual es importante para la trama considerando que es mapeado por las acciones y pensamientos de los personajes. Un cuarto nivel sería el mundo de la historia – mundo narrativo – que corresponde al espacio de la historia completada por la imaginación del lector, el cual está bajo un contexto cultural de conocimiento y experiencias del mundo real. Finalmente, el universo narrativo se define no solo como “el mundo, presentado como un texto” sino también por todos los mundos contrafactuales construidos por los personajes a través de sus creencias, deseos, miedos, especulaciones, pensamientos hipotéticos, sueños y fantasías. Esta identificación de “niveles” y “láminas” se basa en “nuestro sentido intuitivo del espacio como contenedor universal de cosas” (Ryan, 2010, en Hones, 2011, p. 687, traducción propia), este análisis podría sostener los aspectos espaciales de la producción y manipulación de varios tipos de narradores, así como la intersección de varios lectores imaginados y proyectados (Hones, 2011). Desde la teoría narrativa también cabe destacar que la producción del espacio de la novela se puede explicar por la distinción entra audiencia narrativa - el lector implícito que habita como observar dentro del mundo de la historia - y audiencia autorial - “lector imaginado a quien un autor dirige su texto” (Rabinowitz, 2010, p. 422) -, además por “el uso de múltiples focalizaciones y múltiples voces narrativas, y el uso estratégico de un mosaico. 18.
(21) de discursos directos, indirectos e indirectos libres” (Hones, 2011, p. 690, traducción propia). “Es decir, el espacio narrativo, de cierta manera, es siempre una co-producción que involucra un conjunto de voces y puntos de vista, así como un conjunto de lectores cuyas posiciones son proyectadas y reales” (Hones, 211, p. 692, traducción propia). Por lo tanto, es posible considerar que la literatura “es más que lenguaje, es el espacio de reconocimiento de todas las mutaciones sociales, concatenación singular, de objetos particulares, de atributos, que cifran al mundo” (González y Chicangana-Bayona, 2013, p. 56). Desde un punto de vista humanístico la literatura se considera una fuente de conocimiento ambiental, el paisaje se entiende a través de sus características físicas y, principalmente, “en términos de comportamiento, sensaciones, ideas, sentimientos, esperanzas y fe” (Lando, 1996, p. 10 en Hones, 2008, p. 1305, traducción propia).. Perspectivas espaciales Un texto, ya sea de ficción, académico u otro, se puede entender como algo que sólo emerge por la interacción de múltiples agentes. Y este algo que emerge siempre será nuevo – sin precedentes – y circunstancial – contingente – debido a que el contexto de “aquí y ahora” posee una alta complejidad producto de su multiplicad interna y extensiones espaciales e históricas (Hones, 2008). El espacio como la dimensión donde trayectorias narrativas e históricas sin cruzarse previamente, ahora se encuentran e interactúan (Massey, 2005 en Hones, 2008) es también aquella dimensión donde tiene lugar la escritura y lectura (Hones, 2008). En relación a estos planteamientos, Massey (2005) busca que el espacio se comprenda como una producción abierta en marcha, de manera que el espacio mismo sería un evento, y su rol sería “proveer la condición para la existencia de aquellas relaciones que generan tiempo” (Massey, 2005, p. 56, traducción propia).. 19.
(22) Para profundizar en lo expuesto, en primer lugar es necesario comprender el espacio como una producción – social –. Lefebvre (1974) plantea que “el espacio (social) es un producto (social)” (p. 86). Esto deriva en que el espacio sea utilizado como un instrumento, tanto del pensamiento como de la acción, es decir, al mismo tiempo que es un medio de producción también es un medio de control, y por lo tanto, es un medio para la dominación y el poder, pero que “escapa parcialmente, en tanto que tal, a los que sirve de él” (p. 86). Este planteamiento inicial de espacio como producto social tiene ciertas implicancias. La primera de ella, de acuerdo a Lefebvre (1974) es que “el espacio-naturaleza desaparece irreversiblemente” (p. 90). Con esto la naturaleza se vuelve un mito, incluso una utopía negativa debido a que se considera sólo como materia prima, sobre la cual las sociedades ejercen fuerzas productivas con el fin de definir su espacio. La segunda implicancia es que “cada sociedad (en consecuencia, cada modo de producción con las diversidades que engloba, las sociedades particulares donde se reconoce el concepto general) produce un espacio, su espacio” (Lefebvre, 1974, p. 90). Por ejemplo, la ciudad antigua contaba con una práctica espacial propia, ideó su propio espacio; espacio apropiado. Esto involucra comprender el espacio como tal, “en su génesis y en su forma, con su tiempo y sus tiempos específicos (los ritmos de la vida cotidiana), con sus centros y su policentrismo (el ágora, el templo, el estadio, etc)” (p. 91). Continuando con el planteamiento de Lefebvre (1974), el espacio social encierra y, de cierta manera, adjudica los lugares apropiados a: (1) relaciones sociales de reproducción, y (2) relaciones de producción. Las primeras hacen referencia a las relaciones biofisiológicas entre la organización familiar particular con los sexos, y edades. Las segundas se refieren, por ejemplo, a la división del trabajo, y la organización de ésta, y como consecuencia, a las funciones sociales con jerarquías. Tanto las relaciones de reproducción como las de producción no se pueden separar; “la división del trabajo repercute en la familia y la sostiene; inversamente, la organización familiar interfiere en la división del trabajo” (p. 91). Sin embargo, éstas se complejizan cuando se considera el advenimiento del capitalismo, frente a esto Lefebvre (1974) ahora plantea 3 niveles; (1). 20.
(23) reproducción biológica (familia); (2) reproducción de la fuerza de trabajo; (3) reproducción de las relaciones sociales. Ya sea considerando 2 o 3 niveles, el espacio social cuenta con particulares representaciones de la interferencia entre estas relaciones sociales. De esta forma se da paso a una tríada conceptual, definida por Lefebvre (1974): (1) La práctica espacial de una sociedad secreta su espacio; lo postula y lo supone en una interacción dialéctica; lo produce lenta y serenamente dominándolo y apropiándose de él. Desde el punto de vista analítico, la práctica espacial de una sociedad se descubre al descifrar su espacio. (p. 97). (2) Las representaciones del espacio, es decir, el espacio concebido, el espacio de los científicos, planificadores, (...), ingenieros sociales y hasta el de cierto tipo de artistas próximos a la cientificidad, todos los cuales identifican lo vivido y lo percibido con lo concebido. (...) Es el espacio dominante en cualquier sociedad (o modo de producción). (p. 97). (3) Los espacios de representación, es decir, el espacio vivido a través de las imágenes y los símbolos que lo acompañan, y de ahí, pues, el espacio de los “habitantes”, de los “usuarios”, pero también el de ciertos artistas y quizás de aquellos novelistas y filósofos que describen y sólo aspiran a describir. Se trata del espacio dominado, es decir, es pasivamente experimentado, que la imaginación desea modificar y tomar. Recubre el espacio físico utilizando simbólicamente sus objetos. (p. 98). Considerando que el espacio es un producto, Lefebvre (1974) plantea que el conocimiento que se tenga sobre éste reproducirá y explicará el proceso de producción involucrado. Por lo tanto la teoría reproduce el proceso que genera el espacio a través de la vinculación de diversos conceptos, y movilizándose desde el pasado, al presente y en sentido contrario. Esto significa que lo histórico y sus consecuencias – lo diacrónico –, es decir, aquello que sucede en cierto lugar y de esta manera lo modifica, se graba en el espacio. Por lo tanto el espacio es tanto ayer como hoy, el espacio es “dado como un todo inmediato, con sus vínculos y conexiones en actualidad.” (Lefebvre, 1974, p. 96).. 21.
(24) Siguiendo la idea de que el espacio es un producto – social – Massey (2005) plantea el espacio como una dimensión de una multiplicidad simultánea dinámica. Este argumento se puede comprender por tres proposiciones. La primera consiste en “reconocer el espacio como el producto de interrelaciones; constituido mediante interacciones, desde la inmensidad de lo global a lo íntimamente pequeño” (Massey, 2005, p. 9, traducción propia). Cabe destacar que entender el espacio de ésta forma de cierta manera coincide con la emergencia de una política, en los recientes años, que intenta comprometerse con un anti-esencialismo. Es decir, “las relaciones se comprenden como prácticas integradas”, las entidades/identidades no se consideran como si estuvieran ya constituidas. Existe un “entendimiento relacional del mundo” (Massey, 2005, p. 10, traducción propia). Por lo tanto, el espacio y las entidades/identidades con la espacialidad producto de sus relaciones, son co-constitutivas, el espacio no existe antes de éstas (Massey, 2005). En segundo lugar, la multiplicidad del espacio es en el sentido de una pluralidad contemporánea; una esfera de posibilidades donde diferentes trayectorias – “proceso de cambio en un fenómeno” (Massey, 2005,p. 12, traducción propia) – coexisten. Así, “sin espacio no hay multiplicidad, y sin multiplicidad no hay espacio” (Massey, 2005, p. 9, traducción propia). Esta proposición se relaciona con la primera, ya que el espacio al ser producto de interrelaciones, debe basarse en la pluralidad; multiplicidad y espacio son coconstitutivos. Por lo tanto, no es posible hablar de “la historia del mundo” considerando sólo una parte de éste, como ha sucedido; “el oeste”, y el hombre blanco heterosexual se han planteado de tal manera. La supuesta “historia universal” sólo ha abarcado las trayectorias de la complejidad de un grupo. De esta manera, “imaginación de la globalización como una fila histórica no reconoce la coexistencia simultánea de otras historias con características diferentes (lo cual no implica que estén desconectadas) y futuros que potencialmente también lo pueden ser” (Massey, 2005, p. 11, traducción propia). De este modo, en el reconocimiento de la espacialidad se debe admitir la existencia de una multiplicidad y heterogeneidad (Massey, 2005).. 22.
(25) El tercer planteamiento es que el espacio siempre está en construcción; está siempre en el proceso de hacerse, nunca termina. Por lo tanto, es posible imaginar el espacio “como una simultaneidad de historias-hasta-el-momento” (Massey, 2005, p. 9, traducción propia). Esta proposición, de cierta manera, se enfrenta a las narrativas de la modernidad dominantes – “los marcos de Progreso, de Desarrollo, de Modernización, la sucesión de modos de producción elaborados dentro del Marxismo” (Massey, 2005, p. 11, traducción propia) – ya que todas estas proponen escenarios futuros conocidos. Contrariamente a estas ideas, Laclau (1990 en Massey, 2005) propone que sólo es posible aceptar una noción de política, si se considera el futuro de forma abierta, ya que, de esta manera será posible que exista una base para una política que pueda hacer una diferencia. Se puede concluir, entonces que “para que el futuro sea abierto, el espacio también debe estar abierto” (Massey, 2005, p. 12, traducción propia), ya que, “el espacio no es una simultaneidad completada, en que todas las interconexiones se han establecido, y donde todo lugar está ya relacionado a otro” (Massey, 2005, p. 12, traducción propia). Como se plantea en las proposiciones anteriores el espacio es una multiplicidad discreta – “multiplicidad de duraciones” (Massey, 2005, p. 24, traducción propia) – y una producción abierta en proceso, y es ésta apertura la cual permite una multiplicidad genuina de trayectorias, lo cual a la vez da la posibilidad de potenciar otras voces. Reflexionar sobre las otras voces es de suma relevancia cuando se piensa en la historia, y la temporalidad, pues ambas tienen repercusiones en cómo se imagina lo espacial. Por otra parte, continuamente se ha reprimido el espacio a lo textual y conceptual, y éstos a la representación, de manera que las características derivadas de la representación se han atribuido al espacio mismo. Sin embargo, el espacio no es algo textualizado – una textualidad – al cual uno mira, más bien es reconocer “el lugar de uno dentro de un proceso emergente continuo y múltiple” (Massey, 2005, p. 54, traducción propia). Por otra parte, y para complementar lo expuesto, se debe destacar que cuando se habla de multiplicidad discreta, se hace referencia a “una en que los elementos de tal multiplicidad están insertos en temporalidad” (Massey, 2005, p. 55, traducción propia). Por lo tanto, es necesario tener. 23.
(26) en mente que el espacio y tiempo están co-implicados. Desde la perspectiva del espacio hay una temporalidad integral de una simultaneidad dinámica – diferentes trayectorias – mientras que desde el tiempo existe una producción necesaria de cambio a través de prácticas de interrelación (Massey, 2005). Como síntesis, y en relación a la geografía literaria, es importante resaltar que la literatura funciona como una cartografía; describe lugares y sitúa a los lectores en una especie de espacio imaginario. Esto, a través de puntos de referencia que entrega el escritor, los lectores “se pueden orientar y entender el mundo en que viven” (Tally, 2013, p. 16, traducción propia). Incluso, es posible que los lectores, a través de la literatura, puedan encontrar un “sentido del mundo en el que han vivido, viven actualmente, o vivirán en tiempos por venir” (Tally, 2013, p. 16, traducción propia). Mientras que para el escritor la literatura puede ser una manera de mapear su propia experiencia en cuanto a espacios encontrados o imaginados (Tally, 2013). Esto vuelve a lo planteado anteriormente en relación a la memoria; ¿A dónde va la memoria del autor? o ¿A dónde nos lleva? Por lo tanto, es posible considerar que la literatura es un espacio de representación – según definición de Lefebvre (1974); puesto que toma y modifica elementos del mundo real para presentar otro mundo, el cual dependerá de las trayectorias del escritor y lector. Las cuales, a su vez, están sujetas a las representaciones del espacio en las que se han desarrollado. Así, un texto es un evento que surge a partir de éstas trayectorias, que anteriormente estaban desconectadas (Massey, 2005).. 24.
(27) Imaginarios geográficos: escribiendo otro Said (2002) propone “que Oriente no es una realidad inerte” (p. 24), es decir, no está sólo allí. Siguiendo ésta idea se destaca que “los hombres hacen su propia historia” (Said, 2002, p. 19), aquello que son capaces de conocer es lo que han hecho. Por lo tanto, se vuelve necesario considerar que los lugares, las regiones y los sectores geográficos que conforman Oriente y Occidente, “en tanto que entidades geográficas y culturales – por no decir nada de las entidades históricas – son creación del hombre” (Said, 2002, p. 24). El conocimiento se traduce en alejarse de uno para acercarse, y alcanzar, aquello distante y extraño. El objeto de éste conocimiento sería entonces una realidad estable, “aunque se desarrolle, cambie o se transforme de la misma manera en que frecuentemente lo hacen las civilizaciones” (Said, 2002, p. 59). Por lo tanto, conocer ésta realidad es dominarla, negar autonomía porque “nosotros lo conocemos, y, en cierto sentido, existe tal y como nosotros lo conocemos” (Said, 2002, p. 59). Incluso, las estructuras dominantes contienen y representan lo oriental, de acuerdo a lo planteado por Said (2002). Además, como se mencionó anteriormente, cuando se hacen distinciones entre un otro y nosotros éstas siempre son a través de valores arbitrarios. Adicionalmente, la geografía e historia imaginarias colaboran a que este sentimiento de distancia y diferencia se intensifique (Said, 2002), por lo tanto éstos tienen un rol de suma importancia al momento de generar imaginarios de aquello que no está cerca espacial o temporalmente. Establecer distinciones entre lo “nuestro” y lo “suyo” – de otro – es compartimentar valores arbitrarios con el fin de diferenciar estos dos grupos. Esto significa establecer fronteras geográficas que son seguidas por fronteras sociales, étnicas y culturales, pero que no son claras, pues no se tiene información rigurosa de aquello que está “<<más allá>> de nuestro propio territorio” (Said, 2002, p. 87). Por lo tanto en este espacio fuera del “nuestro”, confluyen suposiciones, asociaciones, incluso ficciones. Pero aquello fuera de lo “nuestro” no se limita al espacio, también incluye el tiempo. Pues, en el caso del. 25.
(28) espacio, ya sea propio o de otro, adquiere “un sentido emocional e incluso racional por una especie de proceso poético a través del cual las extensiones lejanas, vagas y anónimas se llenan de significaciones para nosotros, aquí” (Said, 2002, p. 87). Mientras el tiempo, aquel de “<<hace mucho tiempo>> , <<al principio>> o <<al final de los tiempos>> es poético, creado” (Said, 2002, p. 88). Al estudiar un espacio en cierto tiempo se debe tener en consideración que el conocimiento que se tiene de éste no está libre de “cualidades imaginarias y casi ficticias que se siente cuando se trata de un tiempo muy diferente y distante del nuestro propio” (Said, 2002, p. 88). Sin embargo, Said (2002) comenta que con esto no se intenta pretender que todo aquello que se sabe, a través de estudios positivistas predominantes en Europa y Estados Unidos, sobre historia y geografía sea sólo imaginario. Pero sí se debe tener presente que éstos estudios no se traducen en un conocimiento absoluto, ni tampoco que aquello que los eruditos “conocen haya disipado efectivamente el conocimiento geográfico e histórico imaginario” (Said, 2002, p. 88). Así, Said (2002) propone que es posible considerar que éstos imaginarios son simplemente “algo más que se añade a lo que aparece como un conocimiento meramente positivo” (p. 88). Esta división entre entes, en el caso de Orientalismo de Said (2002), la división entre Occidente y Oriente tiene una serie de consecuencias debido a los imaginarios geográficos que se forman a partir de ésta distinción y las fronteras que dibuja. Desde una perspectiva filosófica, la clase de lenguaje, de pensamiento y de visión, que Said (2002) ha definido como orientalismo, “es una forma extrema de realismo” (p. 109), es decir, se busca definir, nombrar, indicar y fijar aquellos objetos, cualidades y regiones “orientales” mediante una palabra o frase. La cual asume cierta realidad o “simplemente es la realidad” (Said, 2002, p. 109). Desde la retórica, de acuerdo a Said (2002) el orientalismo se vuelve anatómico y enumerativo, por lo que es posible manejar sus partes. Desde una perspectiva psicológica, “el orientalismo es una forma de paranoia, un saber que es del mismo tipo que el saber histórico ordinario, por ejemplo.” (Said, 2002, p. 109). Esto último se debe a. 26.
(29) que cuando se debe tratar con algo diferente, la mente responde, por regla general, de manera conservadora y defensiva (Said, 2002). A pesar que Said (2002) basa su planteamiento en el orientalismo, sus premisas y reflexiones se pueden aplicar a otros casos. De acuerdo a Mellado (2015), en las formas de enunciar a la Patagonia desde la nación se reconoce una distinción entre un “adentro” y “afuera”, como oposiciones entre lo semejante y diferente, también entre un nosotros y ellos. Sin embargo, éstas oposiciones actúan como una dialéctica entre sí, de manera que por un lado estaría la región – pertenencia regional – y por otra parte se presenta el imaginario de la nación, de manera tal que “los vínculos entre la región y la nación se desarrollan en el marco de una dinámica social en constante construcción y reconstrucción; y expresan tanto relaciones históricas y materiales como universos de significaciones imaginarias” (Mellado, 2015, p. 12). En cuanto a estas significaciones, se debe tener en mente que cada colectivo construye su propio nosotros. Por lo tanto, para comprender el mundo social se debe considerar que existe un factor unificante que proporciona sentido y se entreteje con estructuras simbólicas de cada sociedad, y cada una construye su propio factor “real”, de manera que es algo relativo. La dimensión imaginaria de una sociedad – una dimensión producida – no solo refleja la dimensión material de ésta, sino que también participa en darle sentido, es decir, una significación (Mellado, 2015). En cuanto a éstas significaciones de cada sociedad, es relevante comprender el simbolismo que constituyen. Castoriadis (2011) plantea que los simbolismos no son construidos en completa libertad, pues éstos se toman de lo natural, y de lo histórico, “ a lo que ya estaba ahí” (p. 201). Además, estos simbolismos poseen un componente imaginario, algo inventado, ya sea en su totalidad, o sólo un “deslizamiento de sentido, en el que uno símbolos ya disponibles están investidos con otras significaciones que las suyas <<normales>> canónicas.” (Castoriadis, 2011, p. 204). Por consiguiente, toda sociedad busca definir y elaborar una imagen. 27.
(30) del mundo natural, del universo en que vive, intentando cada vez hacer de ella un conjunto significante, en el cual deben ciertamente encontrar su lugar los objetos y los seres naturales que importan para la vida de la colectividad, pero también esta misma colectividad, y finalmente cierto <<orden del mundo>>. (Castoriadis, 2011, p. 240). En consecuencia, la orientación de una sociedad se puede comprender a través de sus significaciones imaginarias, pues éstas “valoran y desvaloran, estructuran y jerarquizan un conjunto cruzado de objetos y de faltas correspondientes” (Castoriadis, 2011, p. 242243). Cabe destacar que en esta producción de la dimensión imaginaria de una sociedad la literatura participa de forma privilegiada (Mellado, 2015). Un elemento a destacar en la elaboración de los imaginarios geográficos es la memoria. Como ya se mencionó, Todorov (2013) la define como un olvido parcial orientado en una dirección, de manera que aquello inscrito en el presente no es el pasado como tal, sino – solamente y siempre – su representación. Además tiene la característica de no ser neutra, y por tanto tampoco lo es la narración de aquellos hechos que constituyen el pasado (Todorov, 2013). La memoria social – memoria colectiva, memoria pública, memoria histórica, memoria popular o memoria cultural – es inherentemente instrumental, es decir, tanto los individuos como los colectivos recuerdan el pasado con el fin de reforzar diversos propósitos y programas, utilizando la memoria como una herramienta (Fentress & Wickham, 1992; Le Goff, 1992; Trouillot, 1995 en Hoelscher & Alderman, 2004). Así, quienes representan las clases dominantes han adaptado la memoria de manera tal que sea un instrumento para gobernar, incluso frecuentemente “la memoria de la gente ordinaria es apropiada por las elites y presionada al servicio de conquista y dominación” (Hoelscher & Alderman, 2004, p. 349, traducción propia). Cabe destacar la confluencia entre memoria, lugar, invención y poder, que conforman lo que Said (1995 [1978], 2000 en Hoelscher & Alderman, 2004) ha llamado “geografías imaginarias”, es decir, la construcción de espacios geográficos que evidencian las “fantasías y preocupaciones de los agentes colonizadores” (Hoelscher & Alderman 2004, 28.
(31) p. 350, traducción propia), y no prestan atención a la realidad de los habitantes de aquella región geográfica (Hoelscher & Alderman, 2004). Considerando lo planteado por Lefebvre (1974), se podría considerar que este espacio corresponde a un espacio de representación. Hoelscher & Alderman (2004) mencionan investigaciones que muestran que aquellos grupos menos privilegiados – por ejemplo líderes anti-apartheid antes del colapso de la regla blanca en Sudáfrica – están utilizando la memoria como medio para desafiar su propia subordinación. Utilizando un caso más cercano a Aysén, Mansilla (2013) cree que la literatura desarma los imaginarios “tradicionales” muy arraigados, pero que aun así no logran hacer justicia al abuso de la historia, refiriéndose a Magallanes.. Los imaginarios geográficos de Patagonia-Aysén El imaginario de la Patagonia ha sufrido modificaciones con el paso del tiempo, y los motivos de éste también. Sin embargo ha prevalecido que la producción se ha hecho desde afuera; primero por las travesías europeas y luego desde los centros metropolitanos de Chile y Argentina (Hammerschmidt, 2016). De esta manera “la Patagonia, cualesquiera sean los límites del territorio al que se le adjudica ese nombre, ha sido desde su primera inscripción en las narrativas de viaje una zona maleable para el imaginario europeo primero y el criollo después” (Livon-Grosman, 2003, p. 9). La Patagonia, entonces, se ha formado por un conjunto de diferentes atribuciones que terminaron por inventarla desde afuera, incluyendo la historia de su poblamiento, y asignación de nombres (Hammerschmidt, 2016).. 29.
(32) Imaginarios desde las colonizaciones de Patagonia-Aysén En general, en Hispanoamérica se han realizado esfuerzos para adaptarse a un modelo europeo moderno (Livon-Grosman, 2003). En Chile, durante el S.XIX, el creciente interés del estado por consolidar la nación era obstaculizado por el escaso conocimiento sobre el territorio, de manera que no era posible organizar la república. Por lo que la mirada estatal sobre la frontera – Patagonia-Aysén – fue aumentando, al mismo tiempo que crecía la presión por parte de otros países que intentaban ejercer soberanía sobre el mismo territorio (Núñez, Zambra-Álvarez, Aliste, 2017). Esto se tradujo en que chilenos fueran presionados por el Estado nacional para vivir en la zona norte de la Patagonia argentina, lo cual resultó en “valles cordilleranos contiguos a la pampa argentina” (Núñez, Aliste & Arenas, 2017, p. 43). Así se fundó Futaleufú, Lago O’Higgins, y otros, que conformaron en la zona austral de Chile la “Patagonia de Aysén”. La imagen de este proceso era definida por la cordillera, humedad y bosques imposibles de penetrar (Núñez, Aliste & Arenas, 2017), por lo que la colonización adquirió un carácter épico. Pero, como el concepto Patagonia además se asumió como una pampa infinita, se creó otra interpretación de ésta; Patagonia estanciera y ovejera. “Esta Patagonia de colonos es aún una de las más arraigadas en el horizonte paisajístico de la nación chilena” (Núñez, Aliste & Arenas, 2017, p. 43). Cabe destacar que este proceso de colonización a fines del siglo XIX es, en consecuencia, una colonización del saber, y una de las herramientas de colonización fue la cartografía, desde donde se identifica un “vaciamiento” de éstas zonas menos exploradas del país. Esto significa que aquella área no definida, no sólo pierde su peso político, sino que además de ésta forma se invisibiliza la presencia de grupos indígenas, así como identidades locales (Núñez, Zambra-Álvarez, Aliste, 2017). Esto se debe a que “la política de homogeneización nacional implicaba el ocultamiento de ‘lo indígena’” (Núñez, ZambraÁlvarez, Aliste, 2017, p. 155). De esta forma, el proceso de modernización se convirtió en una lucha contra indígenas, no sólo por un discurso de progreso para un país, para. 30.
(33) acabar con la barbarie, sino que además representaba “el cumplimiento de un destino que contribuiría al bienestar de la humanidad” (Livon-Grosman, 2003, p. 24). En los primeros registros coloniales, Aysén es entendido como una “Trapanada” – “algo que se interna más adentro de la tierra” (Aleuy Rojas, 2009 en Amigo, 2017, p. 169) – es decir, algo lejano y desconocido. Era una especie de desierto en Chile, y por tanto, fue uno de los espacios vacíos que se transformaron en objeto del discurso civilizatorio de la modernidad, fueron administrados y representados desde el centro, incluso poblados mediante un proceso que sólo pudo ser observado, o interpelado reaccionariamente por quienes ya habitaban el territorio. Es decir, la metáfora de “desierto” para éstas periferias nacionales fue lo que permitió tomar el control de tales espacios (Soler, 2017). Esto se debe a que al hablar de periferia y centro, implícitamente se está haciendo una distinción entre un nosotros y otros, de manera similar a como Said (2002) plantea la distinción que se ha hecho entre Occidente y Oriente. Briones & Del Cairo (2015, en Soler, 2017) plantean que las prácticas de fronterización se pueden entender como “las diversas maneras en que colectivos sociales marcan un adentro y un afuera, que encuentra un correlato en la diferenciación nosotros/otros” (p. 121). Esta concepción de frontera se aplicó en Patagonia occidental, que es cubierta en gran medida por la región de Aysén actual, pero como una frontera interna (Soler, 2017). Es decir, en el transcurso de la primera mitad del siglo XX, ésta región fue conocida como “‘las tierras de entre medio’ apelativo que subraya la condición de margen en la que se encontraba como frontera interior, ‘entre medio’ de dos territorios integrados a la vida nacional: Puerto Montt y Punta Arenas” (Núñez, Aliste & Bello, 2014b en Amigo, 2017, p. 169). Sin embargo, en el imaginario geográfico más reciente, aquel que presenta Patagonia-Aysén como “reserva de vida” – valorización de lo verde –, la diferenciación se aplica en un sentido más amplio – en relación al mundo global – de manera que “la frontera discursiva de Patagonia-Aysén ya no solo se comprende en relación a la nación sino también a los centros mundiales de poder” (Núñez, Aliste & Bello, 2016, p. 4).. 31.
(34) En efecto, este período más reciente, de aquel imaginario en que Aysén es una “Reserva de vida”, comenzó con el término de la dictadura militar en 1989. Patagonia-Aysén adquiere una valorización en cuanto a la conservación y protección de la naturaleza, y por extensión, también un valor turístico. Esto se debe a una fuerte liberalización económica en la zona, que ha permitido que se instale un mercado activo enfocado a productos turísticos y conservación de la naturaleza (Núñez, Aliste & Bello, 2014). Es decir, en Patagonia-Aysén aquello que fue un bosque que dificultó la ocupación por parte de colonos-ganaderos, desde 1989 se transformó en un paisaje prístino y único, que debe ser conservado (Núñez, Aliste & Bello, 2014). De modo tal que aquello periférico y aislado ahora adquiere relevancia y se transforma en un nuevo escenario a partir de “la lógica de una capitalización de la naturaleza” (Núñez, Aliste & Bello, 2014, p. 5), ya que esta valorización es el “resultado de una producción social que se va consolidando como discurso del desarrollo y utopía capitalista” (Núñez, Aliste, Bello, 2016). La producción social de la naturaleza sustentable no es neutra, la naturaleza se encuentra movilizada, se privatiza (Núñez, Aliste, Bello, 2016). Esto ha significado una reestructuración de la propiedad de la tierra, fuertemente influenciada por la especulación (Núñez, Aliste & Bello, 2014), y marcada por un nuevo propietario: el neo-colono (Núñez, Aliste, Bello, 2016). La reestructuración se ha visto acompañada de políticas de conservación ambiental y procesos especulativos, lo que ha desencadenado un desplazamiento de aquellas poblaciones que han optado por vender sus tierras. Por su parte, el neo-colono compra terrenos de antiguos colonos a través de sociedades o empresas, con el fin de conservar. De esta manera, a través de un discurso modernizador sustentable que busca la conservación y protección de la naturaleza, se genera una nueva forma de colonialismo (Núñez, Aliste, Bello, 2016).. 32.
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