LAS COMUNIDADES
DE MONTES EN ALAVA
JESUS M.a GARAYO URRUELA
1. INTRODUCCION
El acceso y disfrutea bienesy de- rechos de aprovechamiento agro- pecuario-forestales comunales viene posibilitado y condicionadopor la ve- cindad,lo que se canalizaa través de la integraciónresidencial en el seno de un pueblo en cuanto conforma una comunidad social con unaiden- tidad político-administrativa.
Las comunidades de montes se configuran como fórmulas comuna- les de organizacióndela propiedad y los aprovechamientos integradas por dos o más entes locales,biencon personalidad jurídica (municipio, junta administrativa, concejo ...) o sin ella (pueblo o lugar, barrio, cofra- día,caserío,etc.).Pueblosy vecinos se beneficiany aprovechan de unos recursos silvopastorales cuyo domi- nio corresponde en comunidad a una titularidad plural formada por la concurrencia de varios pueblos o nú- cleos de población.
Las comunidadesde montes han constituido históricamente el ele- mento estructurante de cuestiones y conflictos en torno a la titularidaddel uso y disfrute de los aprovechamien- tos agropecuario-forestales de suelo y de vuelo, cuestiones y conflictos que,sibien no desaparecieron,en- contraron el marco de referencia adecuado para su amigable resolu- ción,haciendo posiblela explotación de unos recursos que, de otro modo, hubieran sido fuente continuade de- savenencias y que,de no suceder así,hubieran hecho peligraruna ra- cional e idónea utilizacióny disfrute delos mismos.
La permanenciaen común bajo la fórmula de la comunidad de montes de los bienes con contenidos agro- pecuario-forestales ha servido para sacar mayor partido económico de sus producciones,especialmentede las pastorales,ha sido un elemento que ha frenado la fragmentaciónju- rídica dentro de montes y sierras, que constituyen una unidad ecoló- gica,productiva y medioambiental,y en ciertomodo,por ello,se hanman- tenido los eleme ntos potenciales para una gestióny aprovechamiento
de los mismosunificados o,al me- nos,coordinados.
Las Comunidades de Montes tie- nen notable peso en los patrimonios concejiles de los entes locales ala- veses, lo que,en parte,está unidoa la supervivenciade estructuras terri- toriales vecinales que poseen una personalidad diferenciada y un patri- monio propio distintos y separados al del respectivo municipio en el que estánintegrados.
Los 417 núcleos de poblaciónac- tualmenteexistentes en Alava forman 324 juntas administrativas y perte- necen a 51 municipios.La formación de buena parte de estos núcleos y entidades de población data o arran- ca de la época altomedievale, inclu- so anterior. La porción de terreno alavés ocupado por parte de cada uno de estos núcleos de población es el resultado del asentamiento en el mismo de un primitivogrupo social dedicado históricamente a explotar de forma estable los recursos del mismo. Los condicionantes físicos del terreno y el dinamismo socio- económicode cada núcleo de pobla- ción han influido en la extensión de los mismos.
Con unos límites fluctuantes que no empezaron a tomar contornos precisos y estables hasta la Baja Edad Media,surgiendo,incluso,pro- blemas de límites en la etapa Mo- derna,los habitantes de un núcleo, en la búsqueda de recursos foresta- les y pastoriles ,confluyeron con otras colindantes en la explotación de un mismo territorio,compartién- dolocon ellas.En estesentido,el45% delos núcleos de poblaciónde Alava poseen patrimonios territoriales en comunidad con otras entidades lo- calese,incluso, se da el caso de nú- cleos de poblaciónsinpersonalidad jurídica como el caserío de La En- contrada,residuodeuna antiguafe- rrería,que participabacomo un co- munero más en la propiedad,admi- nistración y explotación del patrimo- nio en común, en este caso, de la Comunidaddela Sierrade Badaya.
En elproceso histórico,lasformas comunalesdetenencia y aprovecha- mientodela tierrahan experimenta-
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Mapa de Alava con sus principales sierras y cadenas montañosas, en las que se localizan el mayor número de Comunidades de Montes existentes en la misma.
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do un intenso retroceso, siendosus- tituidaspor una progresiva privatiza- ción primero de las tierrasde calidad agronómica altas, después de me- diana,etc.,hasta comprender todo el territoriocon vocación agrícola e, in- cluso, silvo-pastoril. Las comunida- des de montes se han visto inmersas en este proceso pero la intensidad del mismo ha sidobastanteínferior al del conjunto delas formas comuna- les de propiedady aprovechamien- tos agrarios al ocupar terrenos po- bres de pendiente acusada y a gran altitud,colindantes del valle,comar- ca, provincia,región,etc., siendosu dedicación productiva la pastoril y la forestal.
Las partes altas de las principales sierras y alineaciones montañosas dela Provinciade Alava,como Sierra Salvada, Arcena, Arkamo, Guibijo, Badaya,Toloño,Cantabria, Codes, Montes de Vitoria,Encia e Iturrieta, Altzania,Urquilla y Elguea,Gorbea, etc., están en su mayor parte ocu- padas hoy en día por comunidades de montes.Las hectáreas de monte de la Provincia de Alava,que están afectadas por un uso y aprovecha- miento agropecuario-forestal man- comunado o proindiviso y poseen como titulares dominicalesa pueblos y/o ayuntamientos , totalizan alrede- dor de un sexto de la superficie fo- restal provincial, aproximadamente
unas 30.000 hectáreas,y abarcan a una cuarta parte de los montes ca- talogados.
En fin,las comunidades de montes representan una forma de organiza- ción del aprovechamiento de los re- cursos naturales,sin cuyo concurso resulta difícil conocer de forma com- pleta el cuadro institucional alavés, asícomo desarrollar una gestión co- rrecta de los recursos forestales ala- veses.
La vecindaden el pueblo,llave de acceso a los bienesy aprovechamientos comunales.Rebaño de ovejas en Olae- ta (Aramaiona).
Foto:Gerardo López de Guereñu.
2. ORIGEN Y CLASES DE COMUNIDADES DE MONTES
La concurrenc iade entes locales alavesesenla proindivisióndelapro- vechamiento y propiedad de recur- sos silvopastoriles se ha producidoa través de diferentes procesoshistó- ricos.Estos distintos procesos his- tóricosde acceso ala comunidadde bienes, sin que suponga alteracio- nes esencialesenlos rasgosjurídi- cos de laproindivisión,provocó,sin embargo,la apariciónde diferencias organizativas y lingüísticas, lo que ha dado lugarauna riqueza de for- mas en la explotación delosrecursos forestales bajo la fórmula de la co- munidad de montes.
El origen de parte de las comuni- dades de montesalavesesestuvo re- lacionado con una economía fun- damentalmente pastoril,que arranca de siglosatrás.Desde tiempos pre- históricos, los ganaderos,integrados en distintas organizaciones sociales primero gentiliciasy,posteriormente, territoriales,confluyeron en elapro- vechamiento y posesión de montes y sierras. El uso ininterrumpido dio lugar a que los entes sociales,here- derosdelos grupos socialesprimiti- vos,fueron adquiriendouna seriede derechos sobre los patrimon iosterri- toriales compartidos que cristaliza- ron en una comunidadde dominio y aprovechamientotras una evolución gradual y pacífica o después de con- flictos resueltos por la vía jurídica (convenios, sentencias judiciales, etc.).
En los terrenos de estas comuni- dades de montes, son bastante nor- males los enterramientos funerarios prehistóricos y antiguos.Asimismo, desde las épocas en que se tienen noticias histór icas documentadas, los enteslocales comuneroshan es- tado constituidoscomo unidadesso- cialmente diferenciadasy físicamen- te deslindadas .En estegrupo,sein- cluyen comunidades de montecomo las de las Sierrasde Guibijo,Badaya e Izquiz alto y bajo,estas últimasde- saparecidas, la Parzonería General de Guipúzcoa yAlavaenAlzania,alza y Urbíaylas otras de Encia-Iturrieta.
Otro grupo de comunidades de montes tuvo su orígenen losméto- dos de repo bl ación del te rrito rio puestos en marcha con la Recon- quista y posteriororganizaciónde los territor ios ocupados anteriorme nte por los árabes. La reorgani~ación delterritorioy delos asentamientos de población ,acometidaa partirde tales hechos, estuvo basada en la creación de villas y hermandades, surgidasen ocasiones sobre estruc-
turas territoriales ya vigentes como losvalles.
El proceso de creación de villas, radicado en estrategias políticas concretas, bien monárquicas o se- ñoriales , respon di ó consecuente- mente a objetivosclaramentedefini- dos en relacióna la distribuc ióndela población en el territorio,a la dina- mización económicay socialdel en- torno,asícomo a la ordenación/su- bordinación políticasdel medio rural circundante.Las aldeas de un valle que jurídicamenteeran iguales y so- lamente divergían en contenidos funcionales, entre los siglos XII al
XIV, estuvieron sometidos a proce- sos dejerarquizació n subo rdinación, concediendoa una de ella la carta de villay convirtiéndola en cabeza ca- pitalidadde parte o de todas ellas.En unos casos,la conces iónde villazgo vino a refrendar y consolidar el di- namismo económico y social de al- deas, que ya destacaba n sobre el resto.En otros,prevaleciero n otros elementos como localizacionesgeo- gráficas privilegiadas, potenciación de actividades económicas (indus- triales, comerciales, etc.), situación de frontera,protección de la vidade personas,etc.
La concesióndel fuerodevilla su- puso la aplicación de unestatus ju- rídico a una entidad local. cuya po-
Los mojonesactú an como indicador es de loslimites de lo s pueblos. Mojóndelos Montes de Vitoriaen su div isoria con el Condado de Treviño.
Foto: MikelArrazola.
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Junta dela Comunidadde la Sierrade Badaiaen la Casa de Asqueguique se reúne anualmente el13 de Junio.
Foto:Mikel Arrazola.
el Valle o son limítrofesentre sí,pu- diendo pertenecer o no al mismo va- lle o ayuntamiento.El origen de estas comunidades ha venido dado por el uso y posesióncontinuadassintener relevancia en ello la adscripción de los pueblos comuneros a un deter- minado ente local superior,sea valle, hermandad,villa,etc.En esta clase de comunidades se encuadran las Comunidades de Altube, la de la Sie- rra de Arcamo,la de la Consierra de Arcena,la de Yarto,la de Itesasi,la de Ilarra,la de Quilchano,la de Oca- ramendi,la de Ugarana,etc.
El concepto de propiedad, tal como se entiende actualmente, al- canzó su plena conformación y ex- tensión en el sigloXIX. Las comu- nidades que disponen de títulos fe- hacientes que acrediten sus dere- chos dominicales,son escasas. La mayor parte de las comunidades de montes han adquirido el derecho de propiedada partirde una demostra- da posesión secular e ininterrumpi- da. La posesión es un elemento que, en una y otra forma,está presente en los distintos tipos enunciados para las comunidadesde montes.La or- ganización delterritorio ha incidido en la confirmacióndocumental delos derechos posesorios (carta fuero) y en la composición y ámbito de los pueblos beneficiarios (valles).
Las diferenciasy matices compro- bablesen las comunidadesde mon- tes no se agotan en lo hasta aquí dicho,sinoque,además,las comu- nidades de montes de la parte ala- vesa,confinantebiencon Guipúzcoa o biencon Navarra,presentanunas formas específicas de organización y denominación lingüística. En las sierras de Alzania,Olza,Urbía y En- cía,las comunidadesde montes to- man la forma de Parzonerías mien- tras que, en las sierras de Codes y Loquiz, son conocidas por Face- rías.En este sentido,además de la Parzonería General de Guipúzcoay
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blación se pretendía fomentar me- diantela asignación de los recursos necesarios para el desenvolvimiento óptico de las bases de riqueza eco- nómica. En este sentido,elrey be- nefició a las villas con la concesión en plena propiedad de patrimonio te- rritorialesdestinadosa cubrirlas ne- cesidades forestales y ganaderas demandadas por la población asen- tada en las mismas.La concesiónde este tipo de bienes a una villa con- formada plurinuclearmente,a la villa ya los pueblos rurales de su jurisdic- ción,diolugar a la formación de co- munidades de montes,llamadas en este caso comunidadesde villa y sie- rra.A este tipo de comunidades co- rreponden la Comunidad de la Anti- gua Villa y Tierra de Laguardiaen Sierra Cantabria, el monte Sotos y Vargas, propiedad de Salvatierra y de Alangua,Arrizala,Eguileor y Opa- cua,pueblos anejos a la misma,y los Montes Altos de los Ayuntamientos de Villarreal y Vitoria,entreotros.
Los territorios rurales,nointegra- dos en el perímetro ocupado por una villa,tras concesión real como recompensa a la colaboración pres- tada en las acciones militaresde la Reconquista,pasaron a depender en buena parte dela nobleza bajola fi- guradel señorío.Estas concesiones reales no implicaron necesariamente una ruptura con laimperante orga- nizacióndel territorio,manteniéndo- se en muchos casos el valle como estructura territorial de encuadra- miento político-institucional.
De este modo, los diferentes pue- blos del valle, como secularmente había venido sucediendo, pudieron seguir aprovechándose conjunta- mente delos recursos silvopastora- les de las montañas y sierrasde su entorno próximo. La secular pose- sión se tradujo en propiedad,cons- tituyéndoseuna comunidad de mon- tes, cuyos titularesbeneficiarioseran cada uno de los pueblos histórica- mente integrantes del Valle.A este tipode comunidades pertenecen las propiedades forestales delValle de Laminoria en la sierra del mismo nombre,las dos delos vallesde Zuya y Cigoitiaen el Gorbea,la de Valde- rejo,etc.
Desde el punto de vistadel origen, un nuevo tipo de comunidades de montes viene constituido por aqué- llas constituidas por pueblos,colin- dantes entre si o situadosalpiéde una determinada montaña o sierra, pero en vertientes contrapuestas , que coincidieron en el aprovecha- mientoy posesióndela misma. Estos pueblos,en ocasiones,han formado parte de una sub-unidaddentro dela unidadde conjunto configuradapor
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Alava,enclavadaen la sierrade AI- zania,Olza,Urbiay la ParzoneriaGe- neral de Encia en la SierraEncia-Itu- rrieta,caben ser mencionadaslasfa- cerías de Gastiain con los pueblos alaveses de Alda, Ullibarri Arana y Contrasta en la Sierra de Loquiz y la faceríadel pueblonavarro deZúñiga con Santa Cruz de Campezo en la Sierrade Codes,sierraen la que,así mismo,estálocalizada la«cornune- ría»o comunidadde montes de Her- nán Ruiz integrado por Bernedo (Alava) y la población Meano y Ma- rañón,pueblos navarros.
3. ETAPAS HISTORICASDELAS COMUNIDADES DE MONTES
Las comunidades alavesas de montes,dentro de la dinámica y la evolución históricaespecífica a cada una de ellas,han recorrido o se en- cuentran en un estadio determinado de un proceso histórico,cuyos ras- gos generalesson ya conocidos,al menos,enparte.
Laetapamás antiguacorrespon- dióa una situación,en la quela co- munidadde montesregulaba su fun- cionamientoy la explotación del pa- trimonio silvopastoril por medio de un derechonoescrito,basadoen la costumbre y trasmitido de genera- ción en generación. El uso y explo- tacióndelosrecursos silvopastoriles estuvo marcado porunalibertad ab- solutaytotal entoda clasede apro- vechamientos.
Algunas comunidades alavesasde montes,tal comose desprende de la documentación histórica disponible sobre la misma, que, en su mayor parte,es bastantemoderna,habían perdido o modificado lasnotas pri- migenias apuntadas para la Edad Media.Así,en la época bajomedie- val y por lo que respecta a la estruc- turaorganizativa de las comunidades demontes,sesitua la vertebración institucional de las Parzonerías lla- madasgrandes (Parzonería general de Guipúzcoa,Alavay Parzoneríage- neral de Encia) al dotarse de ele- mentos organizativos que,a través delacreaciónde laJunta de Parzo- nería y de unas reglas mínimas de funcionamiento,dierona las mismas una personalidad propiay diferencia- da desus miembrosparzoneros.
Además, por documentación de los siglosXV,XVIYXVII, puede com- probarse cómo algunas comunida- des de montesadquirieronunaver- tebración institucional y procedieron a aprobar unas Ordenanzasde Mon- tes a modo de recopilación escrita del derecho consuetudinario valida- do enla prácticatanto porlo que se
refiere al contenido y atribucionesde los cargos personales y elementos organizativos colectivos,como a la regulaciónde determinadosaprove- chamientos.
La regulación productiva preten- díahacer frente aaprovechamientos abusivos,tratando con ello de pre- servar la reproducción natural de re- cursos imprescindibles (madera, agua, grana) para la población de- rechohabiente o,simplemente,para garantizarel disfrute igualitariode los mismos.Elincumplimiento delare- gulaciónestablecida secastigabaen base a las penas establecidasen la ordenanza conforme a un procedi- miento verbal instruido por los car- gos y entes dela Comunidadde Mon- tes que gozaba de competenciasen materia dejurisdicción en elámbito territorialcomprendido por la propie- dad de la misma.
Comunidades de montes, que aprobaron sus respectivasordenan- zas de montes en elsigloXV,fueron las siguientes:Consierrade Arcena (1509), Comunidadde San Andrés (1529), Basaude (1545), Comu- nidad de Lauría (1546), Altube (1550), Arbina (1552), Izkiz bajo (1553, 1584), Ramuza (1568), Quilcha no (1575), Badaya (1579), etc. Al sigloXVII corres- ponde lasordenanzasde montesde las comunidades de la Sierrade Gui- bija (1601), Izkizalto (1612) y mo- dificacionesde las ya aprobadas an- teriormente como sucedió entre otras con las comunidades de Ba- daya (1626)y Basaude (1660). Del
XVIII datan las ordenanzas de las Comunidades de Arboro (1706), Abernaboa (17 18), Maduraita (1728), San Bern ab é (1732), Lauribaso (1744), Erepia (1758), Jaundel (1760), Ubarana (1788), etc., así como revisiones de otras aprobadasen siglos anteriores,cir- cunstanciaque afectó,por ejemplo, a la Consierra de Arcena(1785).
La vertebración institucional, la aprobación de las Ordenanzas de Montes, la regulación organizativo- productivacontenidaen lasmismas, etcétera,supuso laintroducción de una seriede aspectos quesirvieron paramejorarel funcionamientoy ga- rantizar una explotaciónracionaliza- da de los recursos silvopastorilesde aquellas Comunidades de Montes que procedieronarealizar talesno- vedades.Los cambios introducidos, sinembargo,no alteraronuna liber- tad vecinalen elaprovechamiento,si se quiere ya no absoluta sino relativa para determinados usos producti- vos,y,enúltimo término,se produ- jeron sin variaciónsustancialdetra- diciones y costumbres seculares ni
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cortapisaalguna enla autonom íade funcionamiento por las que se de- senvol vie ro n las Comu nidadesde Montes y sus respectivasJuntas.En cualquier caso, se debe tener en cuenta que los cambios apuntados se dieron solamente en determina- das Comunidades de Montes que pueden considerarse casos repre- sentativos y escogidos de los mis- mos pero no representan un número cuantitativamente importante de las mismas.
La segunda mitad del sigloXVIII
se correspo ndeconuna nuevaetapa histórica marcada por los primeros pasos en latransformacióndelaor- ganización consuetudinaria de las comunidades de mont es. La con- fluencia de factores tanto internos (prácticasvecinales abusivasycon- trol de los aprovechamientos fores- tales pormedio de las Juntasde Co- munidades con vistas a beneficiarse directamente dela expansión expe- rimentada por la demanda de pro- ductos modu rables) como externos (intervención del Estado y, en el caso de Alava,porser Territorio foral, dela DiputaciónProvincial,con el fin de preservarintereses deámbitona- cional como eraelsum inistrodema- dera destinada ala construcc iónna- val)desembocóenuna crisisdelsis- tema consuetud inario y estructura institucional vecinal de las comuni- dades de montes, presentando como rasgo más interesante unsis- temaintensivo tantoenplantaciones comoencortas forestales.
Con elReglamentoparaelcuidado yconservación demontesytontsies, aprobado en las Juntas Generales de la Provinciacelebradas el 11de julio de 1784yconfirmadopor Real Provisión de 12 de noviembre de
1793,que, enelcaso deAJava,vino a ser la aplicación a su territorio de las orde nanzasgeneralesde Montes de 7 de diciemb rede 1748,se im- plantó la fiscalización técnico-admi- nistrativadelas cortas de arbo ladoy la absorción de atribucio nes en ma- teria penal por parte delDiputadoGe- neral en cuanto Juez y Sub-dele- gado de Montes de Alava,lo que su- puso la base legal para la abolición delalibertad vecinalde corta,la re- baja de atribuciones en las compe- tencias jurisdiccionales de órganos personalesycolectivos y,en defini- tiva, una vía de urgerencia de po- deresexternosenlavida organizati- vayproduc tivadelas Comun idades deMont es.
Lainstauración ydesarrollode la Revolución burguesa a lo largo del sig loXIXco nll evó una profunda transformac ión política y socioeco- nómica, a la que hubieron lógica- mentequeadaptarse las Comunida- des alavesasde monteensu entra- mado organizativo, product ivo yju- rídico,abriéndos euna nueva etapa histórica todavía sinculminar en to- dos susaspectos.
LaRevolución liberal burguesa re- presentó la consolidación y culmi- nación delas tenden ciasapuntadas para la etapa anterioren lo que res- pecta al contenidoyatribuc ionesde los órganos personalesycolectivos delas Comunidadesde Montesyala estructura organizativa de las mis- mas.LaDiputación de Alavaasumió elcontrol,lainspección técnico-eco - nómicayla guarderíadelas produc- cion es silvopasto rilesdelosmontes.
Loscargostradicionales delas Jun- tasde las Comunidades de Montes (montaneros, Alg uac iles Merin os, Jueces Conservadores, etc.) per-
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Saca deleñas fogueralesen Garbea.Foto:MlkelArrazola.
El pastoreo es eluso producti vopredominantede comunidadesde montes en sierras como la de Badaia.Foto:G.Lz.de Guereñu.
dieron sus atribuciones jurisdiccio- nales y.en elcaso de no ser supri- midos,pasarona estarocupadospor alcaldesdemunicipio oregidores de pueblos. Los usos vecinales, parti- cularmente los relativos a los apro- vechamientosforestales, fueronpro- gresivamenteabolidos por manifes- tarseincompatibles, dada la relación existente entre poblacióny recursos, conla conservacióndel arbolado.
Elmodelo de propiedadterritorial promovidoporla Revoluciónburgue- sa, cuya característica más funda- mental consistió en la plenacapaci- dad dispositivasobrela totalidaddel bienposeídopor parte de un titular individual, estaba reñido con todas aquellasprácticas consuetudinarias y modelos de apropiacióndel terri- torio,en los que subyacian la amor- tización,la pluralidaden la titularidad y la divisióneneldominiosobre los productos obtenidos de la explota- ciónagraria,rasgos todos ellosreu- nidospor las comunidades de mon- tes.
Respectoalpatrimoniode pueblos y municipios,elEstadoliberal defen- diódiferentesestrategias pero todas ellasorientadasala consecucióndel objetivocentralde su reforma agra- ria: la propiedad libre, plena e indi- vidualdela tierra.Lamedida política porexcelenciaenesta materiafuela desamortización,peroalládonde re- sultódifícilsuaplicación,elEstado y demásinstituciones públicassupra- locales seconformaron condisolver la proindivisióndominical.
Al margen de la legislacióndesa- mortizadora aprobada en Cortes,la Administración dictó una serie de normas administrativasderango in-
feriorporlas que ordenóla venta de los bienes propios yla partición de los bienes comunales pertenecien- tes a comunidades deciudadytierra, villay tierra,o,simplemente,de tierra porla fórmuladecomún acuerdo.La ventadelos bienesde propiosde es- tasinstitucioneslocales,alas quese tachó de organismosanticonstituCio- nales,vino regulada por la RealOrden de 31 de mayo de1837 yla partición de las propiedades proindivisas de las mismas estaba ordenada por la Real Orden de 22 de diciemb rede 1840.
Con el argumento de que la co- munidad era fuente de conflictos y motivode abandono productivo, los entes públicossupralocalesorienta- ron su actuacióna la promociónde la divisiónde los aprovechamientos, con lo cual la comunidadperdiócon- tenido y vida, y,en lo posible,a la división de la propiedad del suelo convistas a conseguirque cada pue- blo o muncipiodispusiesecomo úni- co dueño de una superficie forestal separaday distinta.El lema ..una pro- piedad, para una persona»o "una propiedad , un propietario», recogi- dos porelCódigoCivil francés,setra- ducíapor lo que respecta a la pro- piedad forestal concejil en: ..monte paracada puebloomunicipio».
Las medidas de ámbito general comentadas fueron confirmadas y adaptadas a las especificidades lo- calesde cada Provinciapor susres- pecti vas Dip utacio nes . Así, en el caso de la Provincia de Alava, las Juntas Generales, en las sesiones del mes denoviembre de1859,apro- baron la supresión de Parzonerlas, Comunidades y demás corporacio-
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nes encargadas dela administración de los montes así como la agiliza- ciónen la conclusión, impulso y pro- moción de los expedientes tramita- dos por divisióndelarbolado de co- munidades de montes.
La primeramedida no resultó ope- rativapero la segunda dio pie aun procesolargo, que se prolongó hasta finales del XIX, y de notable impor- tanciaya que,porlomenos, unas se- senta comunidadesde montes,algo asícomo un terciodelas existentes, entre las que se encontraban la Par- zonería General de Encía (1859), Armuru (1860), Lauribaso (1861), Parzonería de Iturr ieta (1861), Bengobasoa (1862), Ancobaso (1862), Sierra Salvada alta (1862), Lam in oría (1863), Madu raita (1868), Izkin alto (1870), Basau- de (1890), San Bernabé (1894), Altube (1896), etc., dividieron entre sus propietarioscomuneros el arbo- lado aprovechado hasta entonces de forma proindivisa.
La Revoluc ió n burguesa com- prendeunpaquetedemedidas agra- rias que no se agotanenlas trans- formaciones en el ámbito jurídico sinoque abarcaron también los as- pectos técni co-económi co s de la producciónagraria.La reforma agra- ria burguesa,portanto,no consiste solamenteen la consagracióndel ré·
gimenindividualdela propiedadsino que tambiénencerró undeterminado mod elo econó m ico basad o en el mercado,yuna seriede nuevossis- temasytécnicasde producciónque intervienen a modo de soporte y ve- hículo del esquema general liberal de cambioagrario.
La introducción y penetración de las relacionesdemercado en la es- feradelasrelacionesdemercadore- presentó la crisis delascostum bres y normativas vecinales de aprove- chamiento de productos forestales pero nollevó pareja la aplicaciónde los principiosy técnicasproductivas de las ciencias forestales. Intentos de someter las talas a reglasdaso- cr áticas,laregeneraciónforestalme- dianteacotados,la experimentación con diferentes coníferas y, en fin, propuestasde actuación orientadas ala compatibilizaciónderendimi ento económico y conservación forestal son conocidasparala segunda mitad del sigloXIX. Desde esta perspecti- va, puedehacersemención delPro- yecto de Administración,Régimen
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Inspección delosMontes dela Par- zoneríade Encia, vigent e en el pe- ríodo1848-1859,segúnelcualelar- boladoquedaba divididoendiezpor- cionesy las talas se concentrabande formarotativa en uno de ellospor el tiempo de un decenio,o la política
forestalemprend ida por los sesenta del sigloXIXdestinado a reforzar el proceso naturalde colonización del pino silvestre de terrenos anterior- mente poblados por el hayedo en la Sierrade Arcena. Todas ellas son,sin embargo, intervenciones limitadas en eltiempoo elespacioabarcando, pudiéndose interpretar como tími- das y puntuales medidas de trans- formación técnico-económicasdela producción forestal de las Comuni- dades de Montes.
De cualquiermodo,en la historia forestal, el sigloXIXse corresponde con una etapa de intensa desfores- tación.Las comunidades de montes alavesassevieron también inmersas enese proceso con intervención de parecidas o iguales causas: el pas- toreo excesivo, particularmente de cabras,losincendios,las cortas sin sujeción a regla desonómicaalguna ejecutadas porparte de los pueblos, acuciados por las deudas contraí- das con motivo de guerras,las pla- gas forestales,etc.
Laintroducción de lasrelaciones de mercado y de las transformacio- nestécnico-económicas en los sis- temas ytécnicas de aprovechamien- toforrajero del monte se produjeron a un ritmoy con intensidad menores alarbolado. Por algún dato comola constituciónde una asociaciónentre los ganaderos disfrutantes de los pastosde SierraSalvadaaltaen 1846 con vistas alamejora dela razava- cuna,de cuyaandadura nada se co- noce,puede apuntarseque huboin- tentos aislados de mejora pastoril.
La gestión de los pastos se mantuvo dentro de un modelo tradicional de aprovechamientotanto encuanto a condiciones de acceso (ganado li- brede cuotasy con totalmovilidad geográfica) como en cuanto a téc- nicas de aprovechamiento (pasto- reo extensivo forzadamente deam- bulante por una decreciente y baja fertilidaddelas praderas naturales).
Enestecontextode máximoapro- vechamiento del pastizal sin preo- cupaciónalgunaporlareproducción del mismo ypor la preservaciónde su calidad yvalor nutritivos, alque hayque sumar la comisióndefrau- des y abusos enelaprovechamiento, la segunda mitad del sigloXIXy pri- mer terciode xxcoincidieron en las comunidades de montes con los conflictosentre pastores de ganado lanar con los devacuno.La necesi- dad demantenerunequilibrioentre los pastos estivalesde montañay el censo ganade ro y elcriterio de dar prioridad alganado mayor o «gana- do devilla»se concretaron en una se- rie de medidas como límites en el número de cabezas con derecho a
pastos,acotados, recargos por so- brepasar los límites establecidos, cuotasde pasturación,etc.
Medidascomo el establecimiento de topes alganado con derecho a pastosgratuitos,la imposiciónde re- cargos y elestablecimientode canon depasturación,inicialmente,aplica- das al ganado ovino acabaron por extenderse también al ganado rna- yor.Así,la ParzoneríaGeneralde En- cia,que había limitado el númerode cabezas de ganado ovinocon dere- cho a pastos en 1855 yles habíaim- puestoun recargo de pasturaciónen 1894, aplicó tales medidasalganado mayorpor las ordenanzas de 1928 en basea los cualestodo ganado, mayor y menor, estuvo sometido a limitaciones en el número de cabe- zas exentas y en el pago de cuotas depasturación.
La declaraciónde utilidad pública y consiguiente inclusión de buena parte de las comunidades alavesas de monte en el CatálogoProvincialde Montes de Utilidad Pública (1900) conllevópara ellasla excepción de la desamortización yla asignación de un estatus jurídico especial que le preservaba de posiblesactuaciones abusivas, así como consagraba la inspección técnico-facultativa sobre lasmismaspor elEstado,asumidas en el caso concretode Alavaporla DiputaciónForalde Alava.
Losnúcleosde población integra- dos en una unidad de ámbito mini- comarcalo comarcal (villas y tierra, hermandades,etc.),por una seriede factores políticos , hacendísticos, sociológicos,etc.,en un proceso ini- ciado en elXVIy proseguido en los siglossiguientes,se desgajaron del ente-matriz,adquiriendo untérmino propio con su correspondiente juris- dicción ordinaria y con una perso- nalidad político-administrativa dife- renciada.
Esteproceso de desmembración experimentadopor los entes mini-co- marcales, incluso comarcales,de re- presentación y organización políti- co-administrativa, que representa- ban vallesyvillas, se llevaa cabo por lo generalsinproceder al reparto de los bienes proindivisosde uso sitvo- pastoril,creando una situaciónde va- cío y desfaseinstitucional alquedar suprimidos los canalesorganizativos que encuadrabanalas diferentesen- tidades congozantespor la desinte- graciónterritorialdela entidad terri- torial titularde los mismos. Esta si- tuación afectó, por ejemplo, a los pueblos riojanos de Cripán,Lancie- go,Elvillar,Moredade Alava,Oyón, Yécora,Baños de Ebro ,Elc ieg o, Leza, Navaridad, Samaniego, La- guardia y Lapuebla de la Barca,
miembrosde la AntiguaVillay Tierra de Laguardiarespecto a la Sierrade Cantabriay,enigual caso,se encon- traron los municipioscantábricosde Amurrio,Ayala, Lezama y Oquendo y la Juntade Ordunte,que integra- banla Antigua Hermandad de Ayala respecto a laSierra Salvada o Zal- duondo,componente dela desapa- recida Hermandad de Asparrena, respecto a las participaciones de éstaen las Parzoneríasde Guipúzcoa y Alavay en la Generalde Encia.
La salida a los problemas surgi- dos por este motivo ha consistido en la constituciónde una Junta y en la redacción de Ordenanzas de Montes reguladorastanto del funcionamien- to de aquéllas como delos aprove- chamientossilvopastoriles,lo que ha sidopuestoen práctica porla Antigua Hermandad de Ayala en 1932 y por la Antigua Comunidadde Villa y Tie- rra en 1957 tras el fallido intento de 1894.
La siguienteetapa,enla que,ac- tualmente, están inmersas las co- munidadesde montes.está marcada por un cambio de tendencia en la gestiónproductiva de las mismas.El giro señalado, que ha supuesto la culminaciónde actuaciones previas de carácterlimitado y puntual,acae- cidos con anterioridad a los años treinta de este siglo,empezó a ser perceptibledesde los años cincuen- ta y,claramente,a partirde los se- senta. Asimismo,las transformacio- nes jurídicas, introdu cid as en el sigloXIXen elrégimen de propiedad proindivisa,plantearonuna seriede problemas que se manifestarán en toda su dimensión a lo largo del sigloxx y,más particularmente,des- delos años cincuenta.
La expansióny desarrolloeconó- mico experimentados por la econo- míaalavesaa partirdelos añoscin- cuenta ysesenta,tuvo su traducción en las zonas ruralesenla pérdidade poblacióny mano de obraagrícolas, enlaintensificación de los procesos de cambioagrario,mereciendoaquí una mención especialla mecaniza- ciónagrariayla definitiva integración delcampo alavésen elsistema ca- pitalistade producción y modos ur- banos de vida.El descensodela car- ga productivasobre el monteha de- rivado en undesarrollo espontáneo de la vegetación arbustiva, produ- ciéndoseuna evolución naturalhacia su poblamiento forestal. Los pue- blos,con el objeto de obtener recur- sos con los que financiar las obras necesarias para dotarse de los mí- nimos equipamientoscolectivos,han optado por una política de foresta- ción yexplotación intensivas,orien- tación productiva que,en ocasiones,
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no concuerda con la orientaciónele- gidaporlabradores residentesen los mismoso enlos colindantes,entran- do en contradiccióncon determina- das prácticas agrícolas y ganaderas y surgiendo diferentes expectativas productivas, cuyo adecuado plantea- mientodiscurreforzosamente por la ordenaciónforestal.
La partición del arbolado excluyó dela propiedady explotaciónproin- divisasalaprovechamientode mayor valoreconómico.Esta exclusión su- puso una disolución de los conteni- dos comunitarios, cuyos primeros efectos comenzaron a notarse en la gestión administrativadelas Comu- nidadesde Montes,manifestándose en un descenso de losrecursos eco- nómicos manejados porlas mismas y traduciéndose finalmente en una red ucci ón de la vida comunitaria (reducciones, contactos periód i- cos)de las Juntas de Comunidades de Montes.
Las divisiones del arbolado aun- que, inicialmente,simplificaronla ad- ministración de las comunidadesde montes,a medioy,sobretodo,largo plazo,complicaron la gestión de las mismas por los conflictos de usos surgidospor la divisiónenla titulari- dad de los aprovechamientos.En los documentos,se hizoconstar que la división afectaba al arbolado, per- maneciendo en común los aprove- chamientosdelsuelo.Aldividirse las masas arboladasexistentesperono regularse las condiciones de su fu- turo crecimientoen los terrenos cal- vos de las porciones de terreno asig- nadas, estas divisiones,cuando se ha tratado de proceder alfomento fo- restal por la víaderegeneración na- tural o por la de repoblación,hanpro- vocadola apariciónde conflictosse- gún las diferentes expectativas de uso que,sobre los mismos, soste- nían los agentes interesados en la ganaderíao enla silvicultura.
La salida entrevista para estas cuestiones ha sido la división del suelo con elobjeto de refundir enun espacio único la diversidadde titu- laridadesjurídicas existentes y, por tanto, adjudicar a cada pueblo co- munero un trozo de monte para su exclusivapropiedad.De este modo, se completaba el proceso iniciado por la divisióndel arbolado que,sien- do un paso parcial, trató de resolver la problemática másimportante plan- teada alas Comunidadesde Montes como las dela SierraCantabria,Sie- rra Salvada,Sierrade Encia-Iturrieta han debatidoelasuntosin llegar por
ahora atomar decisión alguna. Sin embargo,en tornoa partir de los se- senta, la divisióndelsuelotuvo cierta aplicación en las comunidades de monte de la Montaña Alavesa,bien porla materialización prácticade los acuerdos de particióntomados afi- nalesdelXIX,caso dela comunidad demontes deIzkiz bajo,quelo ha- bía hecho en 1889, o bien por di- solución entonces acordada, cir- cunstanciaque,por ejemplo,afectó a la comunidadde Bengobasoa,en la que habíanparticipado histórica- mente Antoñana,Oteo y Silbando.
Quizá,el aspecto más relevante a lavez que indicador delcambiode tendenciaapuntadoen las comuni- dades de montesa partirdelos años cincuenta es la política de recupe- raciónforestalporellas emprendida con el asesoramiento técnico del Serviciode Montes de la Diputación Foral.Las plantacionesde especies forestalesde crecimientorápidocon vistasala colonizaciónforestal de te- rrenos desarboladosse realizaronen terrenosa comunidades de montes conanterioridada1950, pudiéndose citar,entre otras,las repoblaciones de las sierras de Garbea (1923, 1930, 1931), Cantabria (1925), AI- tube (1929), Apota-Ubarrundia (1929), Sierra de Elguea (Ozaeta bajo,Elorduizábal, 1932) pero va a ser entornoa esos años cuando la reforestación de terrenosde comu- nidades de montes adquirió conti- nuidad, ritmoyvolumen, llevándose a cabo repoblac iones en Garbea (1952-53, 1968-69, 1975), Toloño (1947-51, 1980), Altube (1955), Sierra de Laminaría (1958), Sierra de Elguea (1959, 1962, 1964-65, 1975), Sierrade Encia (1967-68).
La apuntada evolución histórica con sus diferentes etapas, yen par- ticularlaúltima, debe ser considera- da como el resultado de la observa- ción de hechos importantes por su significado pero no necesariamente por su extensión cuantitativa. Las etapas consideradas han servido paramarcartendenciasyprocesos, queno se agotan enla etapadere- ferencia sino que pueden haberse dado antes ydespués dela misma:
todavía hoy en día pueden encon- trarse comunidades de montes que no disponende elementosinstitucio- nales u organizativo alguno, o co- munidades,que no hanintroducido novedadalgunaenel modelo tradi- cional proindiviso de propiedad y uso,o comunidades que no están catalogadas,etc.