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MANUAL DE ESTILO. Programa Editorial del Gobierno de la República. México, 2016

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MANUAL DE ESTILO

Programa Editorial del Gobierno de la República

México, 2016

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Índice

I. El original

Algunos conceptos básicos El autor

El texto: consejos para su elaboración El destinatario

Lenguaje respetuoso de los derechos humanos Requisitos básicos

Las fuentes

Material de consulta

Organización interna de una obra Textos introductorios

Desarrollo: los capítulos de la obra Conclusión o epílogo

Citas y transcripciones Notas y bibliografía

Notas Bibliografía

Recursos electrónicos

Otros sistemas bibliográficos Índices

Características del párrafo

Características del documento: cómo entregar el original Características técnicas

Jerarquías tipográficas Material gráfico

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II. Revisión

Indicaciones generales

Pequeñas dosis de ortografía y gramática Acentuación

Preposiciones Puntuación

Errores y dudas frecuentes

Cuestión de estilo: normas ortográficas y editoriales Mayúsculas o altas

Minúsculas o bajas

Cursivas, versalitas y negritas Abreviaturas, siglas y acrónimos Expresión de cifras y numerales

III. Lectura de pruebas

¿Qué es una revisión ortotipográfica?

Tipos de pruebas

Galeras o primeras planas Segundas planas

Contraprueba Pruebas finas

Apéndice. Designaciones oficiales y abreviadas de las secretarías de Estado y sus subsecretarías, órganos, organismos y empresas de participación estatal

Glosario Bibliografía

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I. El original

El original o manuscrito es el contenido de un libro por publicar; es el trabajo final e íntegro del autor, por lo que debe incluir todos los elementos, desde textos preliminares —como el prefacio, el prólogo o la introducción—, pasando por tablas, gráficas e ilustraciones, hasta índices, notas y bibliografía o fuentes consultadas, según el caso.

Pero antes de describir en qué consiste cada una de las partes que conforman un libro, conviene recordar algunos conceptos vinculados con la creación de un manuscrito.

Algunos conceptos básicos

El autor

El Diccionario de la lengua española de la Real Academia define la voz autor, en su tercera acepción, como la “persona que ha producido alguna obra científica, literaria o artística”. Como toda definición de carácter general, ésta deja de lado un buen número de variantes relacionadas con la autoría de un texto.

El caso más común es aquel en que una persona concibe y da a la luz una obra de su invención, sea ésta del género que sea. También puede ocurrir que varias personas escriban en conjunto un solo texto, compartiendo el crédito de su autoría; asimismo, cabe la posibilidad de que varios autores desarrollen sendos capítulos de un mismo libro, con la colaboración de un editor o compilador que coordine el proceso de creación y editorial.

Pero también, tanto en el ámbito privado como en el sector público, ocurre a menudo que la elaboración de los libros, especialmente cuando éstos presentan como autor a una institución, es encomendada a personas que, si bien dominan el tema de la obra, carecen de experiencia como autores. En esos casos es muy común —y hasta natural— que los escritores noveles se sientan intimidados por la

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página en blanco. Y aunque difícilmente podrá encontrarse un medio para conjurar ese temor, sí puede asegurarse que éste no es en modo alguno privativo de quien se enfrenta por primera vez a la confección de un texto. En mayor o menor medida, todo escritor debe encarar y superar sus miedos antes de sentarse a escribir.

El texto: consejos para su elaboración

Aunque no existe un método único ni una técnica infalible para construir un texto, sí hay algunos recursos que facilitan la labor. El primero de ellos es la elaboración de un esquema, lo más completo posible, donde se viertan todos los temas, subtemas e ideas sueltas relacionados con la obra. Es comprensible que éstos vengan a la mente del autor en desorden; la tarea posterior, una vez reunidas las ideas, es organizarlas yendo de lo general a lo particular. Ésta es la etapa en que pueden comenzar a asignarse jerarquías a los elementos, los cuales más tarde se traducirán en capítulos, subtítulos, secciones, subsecciones, etcétera.

Cabe aclarar que en ocasiones, si la investigación está en curso o si algún tema requiere un desarrollo posterior por parte del autor, el esquema se verá enriquecido conforme avance el proceso de redacción. Asimismo, si bien se recomienda que el esquema sea lo más completo posible, no necesariamente se verterá todo su contenido en el índice de la obra; a reserva de describir éste más adelante, vale aclarar que un índice sólo recoge dos niveles por debajo del capítulo, de modo que las secciones inferiores no se consignan en él.

Una vez elaborado el esquema del documento, conviene asignar una extensión estimada a cada una de sus secciones; ello será de gran ayuda cuando la obra quede terminada, pues desde un inicio se ajustará a las características del medio en que se publique.

Por lo que toca al desarrollo del contenido, si bien por lo común los autores suelen obedecer la estructura del esquema, esto no es obligatorio. José Martínez de Sousa, una autoridad en materia de estilo editorial, aconseja comenzar a redactar lo que resulte más claro o más sencillo para quien escribe; habiendo un esquema, el orden en que se lleva a cabo la escritura será una elección personal.

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De igual modo, especialmente en el caso de los escritores noveles, se aconseja emplear oraciones cortas, en las que sólo se desarrolle una idea completa, y párrafos que no rebasen las 10 o 12 líneas.

Si la publicación tiene carácter institucional, se recomienda emplear siempre el modo impersonal (pronombre se con verbo en singular; indica que debe entenderse un sujeto tácito o no explícito de persona de naturaleza genérica: “se recomienda”, “se ha demostrado”, “se necesitará”, etcétera).

Para expresar acciones realizadas y resultados, así como hechos históricos, han de usarse verbos en pasado; para la enunciación de expectativas, proyecciones y objetivos, se recomienda el uso de verbos en futuro, y en presente, para acciones en curso. La alternancia innecesaria de tiempos verbales, además de ser poco elegante, puede confundir al lector.

También es aconsejable que el texto tenga autonomía, es decir, que el lector pueda comprender su contenido valiéndose de la información proporcionada en el documento. Si acaso fuera necesario aludir a otro texto o artículo relacionado, conviene introducir un resumen que haga comprensible la alusión sin necesidad de que el lector acuda a la fuente citada.

Aunado a lo anterior, es recomendable —sobre todo tratándose de textos estadísticos, científicos, sujetos a una actualización permanente— evitar el uso de expresiones que indiquen tiempo o lugar y dependan del contexto en que se emiten para ser interpretadas. Así, por ejemplo, en vez de decir “Este año, el país vecino…”, debería escribirse “En 2016, Estados Unidos…”

Por último, una de las estrategias más útiles e indispensables del proceso de escritura consiste en relegar el texto durante un tiempo breve una vez que esté concluido. Transcurrido ese lapso, es sumamente recomendable que el escritor relea el documento, con el fin de pulirlo y dotarlo de la mayor claridad posible.

El destinatario

Así como conviene conocer las características físicas y el tema de la obra que se pretende redactar, es preciso saber de antemano a qué público se dirige el texto:

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no es lo mismo escribir para un público infantil que para un grupo de académicos, empresarios, ciudadanos, jóvenes, etcétera.

En consecuencia, aspectos como el estilo, el léxico, la organización del material, el tono, el tratamiento y las figuras retóricas que se elijan deberán adecuarse a los lectores potenciales, so riesgo de que la obra no cumpla el objetivo con que fue concebida o que la recepción del mensaje se vea afectada por una interpretación equivocada o deficiente. En todo caso, sin importar el lector de que se trate, siempre se debe buscar la claridad y la sencillez sobre una artificiosa o compleja elegancia.

Lenguaje respetuoso de los derechos humanos

El uso del lenguaje refleja el modo en que una sociedad interpreta el mundo.

Como sucede con otros idiomas, el español históricamente ha conservado y reproducido formas que afianzan la desigualdad social entre las personas, pues discrimina a grupos étnicos, personas con orientación sexual distinta de la heterosexual, adultos mayores, migrantes, grupos religiosos, personas con discapacidad y otros grupos que a menudo son estigmatizados. De ahí que resulte importante erradicar términos peyorativos y cambiar el uso del lenguaje.

Los cambios léxicos que introduzca y promueva una iniciativa del Estado como el Programa Editorial del Gobierno de la República deben marcar una pauta para el uso del lenguaje incluyente. Las siguientes son recomendaciones básicas para redactar textos respetuosos de los derechos humanos en el marco de la Administración Pública Federal.

En español, la feminización de las palabras está determinada por el consenso de la comunidad de hablantes; así, cada vez es más frecuente escuchar los títulos y las profesiones en femenino o masculino, de acuerdo con el género de la persona a la que hacen referencia. Ese trato debe preferirse siempre. Ejemplos: la médica García; Laura, la asesora del presidente.

A continuación se enlista una serie de usos peyorativos del lenguaje que deben evitarse.

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Uso peyorativo Alternativa

Minorías étnicas Los indígenas

Las comunidades indígenas Los pueblos indígenas

Los afeminados Personas con preferencia sexual distinta de la

heterosexual

Las vestidas Personas travestis

Personas transgénero Los enfermos de sida

Los sidosos

Personas que viven con VIH/sida

Los viejitos Los ancianos

Personas adultas mayores

Los mojados Los braceros

Personas migrantes

Sectas religiosas Grupos religiosos

Los discapacitados Minusválidos

Personas con discapacidad

Cuadro 1. Lenguaje respetuoso de los derechos humanos

Requisitos básicos

Las fuentes

Si bien es cierto que agotar un tema de investigación puede resultar imposible, pues siempre habrá nuevas publicaciones, datos y enfoques, también lo es que el autor de una obra —especialmente si en ella se exponen datos o si es producto de un estudio acucioso y prolongado— está obligado a consultar el mayor número de fuentes disponibles. Aunque no siempre es posible, lo más deseable es que el acopio de información se lleve a cabo antes de emprender el proceso de escritura, a fin de que el escritor sea capaz de relacionar los datos pertinentes con las distintas partes de su trabajo.

En cuanto a las fuentes, éstas se clasifican en dos grupos. Las directas, primarias u originarias son documentos originales que contienen información de primera mano; por ejemplo, libros, artículos, informes técnicos o científicos, documentos históricos, etcétera. En cambio, las fuentes indirectas, secundarias o derivadas son textos en los que interviene la acción o la interpretación de una tercera persona; por ejemplo, una traducción, una compilación, las recopilaciones,

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los resúmenes y las obras de referencia, como diccionarios y enciclopedias.

Huelga decir que en una investigación seria debe prevalecer la consulta de las fuentes primarias.

Material de consulta

La herramienta principal de todo escritor es el lenguaje. Si un escritor, al ser también hablante, domina su lengua, puede pensarse que no requiere más ayuda que la pluma o el teclado para componer un texto. Esto no es del todo cierto. Cabe recordar que el lenguaje escrito no es igual que la lengua oral: mientras la segunda echa mano de elementos como la entonación, la expresión corporal y el volumen de la voz, el primero debe limitarse al uso de la palabra para expresar cualquier idea. Así, tanto la precisión como la claridad adquieren gran importancia para quien escribe un texto.

Uno de los recursos indispensables de todo autor, sea éste novel o no, es el diccionario. El más básico de todos es el de la lengua; el más recomendable es el que la Real Academia, en asociación con las academias de los demás países de habla hispana, publica cada década y que puede consultarse en línea de manera gratuita.

No menos útiles son los diccionarios de sinónimos y antónimos, que auxilian al escritor cuando desea evitar la repetición de un término o dotar su texto de cierta variedad y riqueza léxica. Por su parte, los diccionarios de uso proporcionan ejemplos de las formas en que una voz se emplea, con lo que muchas veces disipan dudas relacionadas con el uso correcto (o al menos común) de la lengua.

En cuanto a las dudas, asimismo, hay diccionarios que orientan al lector sobre el uso de determinada voz y su adecuación con la gramática y la ortografía vigentes.

(El Diccionario panhispánico de dudas, publicado por la Asociación de Academias de la Lengua y la Real Academia, es sumamente recomendable, además de que puede consultarse en línea sin costo alguno.)

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Otros diccionarios útiles son los ideológicos, enciclopédicos, biográficos y especializados. Su elección dependerá de las necesidades y las preferencias de cada autor.1

Organización interna de una obra

Pese a la gran diversidad de temas que pueden abordar, las obras, por lo general, presentan una organización tradicional. Así, en primer término se describe a grandes rasgos el objetivo del texto y se explica en qué consiste cada una de sus partes; a continuación se desarrolla el contenido propiamente dicho; por último, se ofrecen las conclusiones a que se llegó al término de la investigación, lo cual debe recoger lo que se expuso a lo largo del texto.

Textos introductorios

Los términos presentación, prefacio, palabras preliminares, introducción y otros semejantes están íntimamente relacionados por su significado y por la función que desempeñan. Todos ellos anteceden al desarrollo de la obra propiamente dicho y se encargan de introducir al lector en el tema que se abordará. La elección de uno u otro dependerá del objetivo que se persiga al incluirlo: dar a conocer a un autor, reconocer la trayectoria de algún personaje, proporcionar herramientas que ayuden al lector a comprender mejor un texto, etcétera.

Para José Martínez de Sousa,

en la página impar siguiente a la última ocupada con texto, comienzan los textos de presentación de la obra, que pueden consistir en una presentación (escrita por persona distinta del autor), un prólogo (escrito por el autor o por persona ajena), una advertencia o nota previa (escrita por el editor o por el director literario).2

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1 Aunque en la elaboración de su trabajo el autor recurra a diccionarios y otras obras de consulta, por lo general se recomienda no citarlas en la bibliografía: se espera que en una investigación se empleen fuentes menos “básicas” y más especializadas.

2 José Martínez de Sousa, Manual de estilo de la lengua española (MELE 3), 3ª ed., revisada y ampliada, Gijón,Trea, 2007, p. 215.

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Según el editor Roberto Zavala, autor de El libro y sus orillas. Tipografía, originales, redacción, corrección de estilo y de pruebas, la finalidad de la presentación es ofrecer una suerte de reseña de la obra, cuyos aciertos señala y elogia, y una somera semblanza del autor. Tanto el prólogo como el prefacio, el preámbulo, el proemio y el introito comparten, también al decir de Zavala, la característica de preceder, de introducir. La función de tales textos es mostrar las cualidades del autor o de su obra; en general, su tono es elogioso, o al menos exegético, por lo que normalmente su escritura es tarea que recae en manos ajenas al autor (aunque éste, sin contravenir ningún reglamento, puede signar el prólogo de su escrito).

Por lo que toca a la introducción, éste es un texto más bien extenso;

proporciona al lector elementos necesarios para desentrañar el contenido de la obra y, de ser necesario, lo sitúa en el contexto en que se escribió. Puede decirse, en suma, que facilita la lectura y asegura una mejor comprensión del contenido.

En el apartado dedicado a la escritura de tesis académicas —cuya estructura es muy semejante a la de cualquier obra de investigación—, Carmen Galindo, Magdalena Galindo y Armando Torres-Michúa, autores de un útil Manual de redacción e investigación dirigido a estudiantes y profesionistas, describen la introducción, prólogo o prefacio de forma clara y sucinta; vale citarlos aquí, pues sus ideas pueden resultar de utilidad para resumir y reforzar las ideas de esta sección:

Es un capítulo que cumple la función de presentar la obra al lector, mediante una descripción general; puede incluir entonces el propósito del estudio, las tesis que habrán de desarrollarse, la metodología empleada, las recomendaciones para el manejo de la obra, los comentarios de carácter general a las investigaciones de otros autores que han precedido el trabajo que se presenta, las dificultades encontradas al realizar el estudio. Al final de la introducción suelen incluirse los reconocimientos a las personas o instituciones que hayan cooperado en la elaboración de la obra. (También se denomina prólogo a un ensayo que precede a una obra escrita y que se ocupa de presentarla y valorarla.)3

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3 Carmen Galindo, Magdalena Galindo y Armando Torres-Michúa, Manual de redacción e investigación, México, Grijalbo, 1997, p. 151.

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Desarrollo: los capítulos de la obra

Por lo general, las obras suelen dividir su parte central o desarrollo en capítulos.

En ellos se aborda un aspecto del tema de la obra, por lo que cada capítulo goza de cierta autonomía sin dejar de estar vinculado con los demás. Por esa razón, y a reserva de abordar el tema más adelante,4 las referencias bibliográficas que se consignen en nota a pie de página deberán colocarse completas la primera vez que aparezcan en cada capítulo.

En obras muy extensas o que requieran hacer una diferenciación temática, los capítulos se agrupan en partes;5 el título de éstas ha de disponerse en una página non, sin ningún otro texto y dejando la página siguiente, par, en blanco (página falsa).

Por su parte, los capítulos se subdividen en apartados o incisos. Estas divisiones resultan tanto más necesarias cuanto más extenso es el capítulo; por lo general, su jerarquía y la relación que guardan entre sí se traducen en un tratamiento tipográfico distinto (véase el apartado “Jerarquías tipográficas”, en el presente manual). Sin embargo, también puede emplearse una clasificación numérica (la cual resulta particularmente útil cuando el texto tiene muchas subdivisiones y numerosas referencias cruzadas): 1,2, 2.1, 2.2, 2.2.1, 2.2.2, 3…

Conclusión o epílogo

Aunque estos dos términos tienen significados ligeramente distintos,6 ambos sirven para hacer una recapitulación de lo que se expuso en el desarrollo de la obra. No debe ser éste un texto muy extenso ni dedicar demasiado espacio a resumir el tema del libro. Tampoco conviene que el autor reserve para los finales

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4 Véase el apartado “Notas y bibliografía”, en esta misma sección.

5 José Martínez de Sousa plantea la división interna de la obra en dos grandes niveles:

macroestructura textual, compuesta por tomos, libros, partes y secciones, y microestructura textual:

capítulos, subcapítulos, párrafos, apartados, subapartados y subsubapartados. Cf. José Martínez de Sousa, op. cit., pp. 209-211.

6 El Diccionario de la lengua española de la Real Academia define conclusión como la “idea a la que se llega después de considerar una serie de datos o circunstancias” y como “fin y terminación de algo” (segunda y tercera acepciones). Por su parte, la palabra epílogo queda definida como

“recapitulación de lo dicho en un discurso o en otra composición literaria” y “última parte de una obra, en la que se refieren hechos posteriores a los recogidos en ella o reflexiones relacionadas con su tema central”. Cabe decir que, en la etimología de conclusión, se lee: “Del lat. conclusĭo, - ōnis, y éste trad. del gr. ἐπίλογος epílogos”, lo que explica el uso a veces indistinto de ambos términos en la práctica.

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de la obra sus ideas más valiosas. Para elaborar la conclusión o epílogo, los autores del citado Manual de redacción e investigación sugieren “releer cada uno de los capítulos y señalar las tesis principales, así como la argumentación y las pruebas centrales que confirman nuestras apreciaciones”.7

Citas y transcripciones

Si se considera que en todo trabajo, sea éste del tipo que sea, se desarrollan las ideas de su autor, se entenderá que éste no debería echar mano de ideas ajenas salvo para reforzar sus propios argumentos o establecer un contraste con ellos.

Asimismo, es preciso que la cita reproducida sea pertinente, que su extensión esté justificada por el interés y la relevancia del fragmento en el marco de la investigación, y que su autor sea autoridad en el tema.8

Huelga decir que, en aras del respeto al derecho de autor, la autoría de la cita debe ser oportunamente aclarada, y que en toda circunstancia ha de indicarse la ubicación del fragmento citado.

Ahora bien, de acuerdo con la forma de presentar el texto transcrito, las citas pueden ser de dos tipos:

a) indirectas: son aquellas que presentan la idea de un autor sin emplear sus mismas palabras. Por lo general se introducen tras un verbo transitivo, como su complemento directo; en virtud de que no reproducen de modo textual las palabras del autor citado, no requieren comillas ni ninguna otra distinción textual:

En El libro y sus orillas, Roberto Zavala afirma que es válido usar el gerundio con pronombres enclíticos.

b) directas: reproducen de modo exacto las palabras de un autor, las cuales pueden presentarse de dos modos, dependiendo de su extensión: de una a cinco líneas, la cita debe disponerse entre comillas, en redondas, como parte del texto general. Si, por el contrario, rebasa las cinco líneas, se

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7 Carmen Galindo, Magdalena Galindo y Armando Torres-Michúa, op. cit, p. 153.

8 Cf. José Martínez de Sousa, op. cit., p. 71.

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compondrá a bando, esto es, en redondas, en un cuerpo de texto uno o dos puntos menor que el resto de la obra, en párrafo justificado y sangrado en todas sus líneas por la izquierda. Se debe dejar, asimismo, un blanco antes de la transcripción y otro después. Al igual que el párrafo ordinario, los párrafos del bando llevan sangría en su primera línea, a excepción de aquel que encabeza la cita:

Otro uso correcto y muy frecuente del gerundio es el que no remite a ningún verbo, caso en el que […] adquiere carácter de participio activo del sujeto: El oficiante arrancando el corazón a la víctima; Un espermatozoide fecundando el óvulo; El batallón Olimpia masacrando al pueblo. Este empleo se lee a menudo en pies de grabado, donde el gerundio describe la acción justamente en el momento en que se produce. […]

La Academia aprueba también el empleo de los gerundios ardiendo e hirviendo aplicados a un sustantivo, haciendo las veces de adjetivos… [Roberto Zavala, El libro y sus orillas. Tipografía, originales, redacción, corrección de estilo y de pruebas, México, Fondo de Cultura Económica, 2012, p. 213].

En las transcripciones no es menester utilizar comillas para delimitar la cita; ésta queda claramente acotada gracias a la reducción del tamaño del texto y a que éste se sangra por la izquierda. Tampoco habrá de componerse la cita en cursivas ni mucho menos en negritas.

Respecto de las intervenciones del autor en el fragmento transcrito, éstas suelen introducirse entre corchetes. Las más frecuentes son puntos de elisión, que indican la supresión de una o más palabras del texto original;

sin embargo, también pueden introducirse correcciones, comentarios, aclaraciones y leves modificaciones a fin de ajustar la cita al texto en que se inserta.

Por último, la autoría del fragmento citado puede quedar indicada en el cuerpo de la transcripción, entre corchetes, como en el ejemplo, o bien puede establecerse en una nota al pie. En cualquier caso, es preciso verificar que todas las referencias de este tipo presenten el mismo formato.

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Notas y bibliografía

Notas

De acuerdo con lo que dicte la particularidad de cada proyecto, las notas pueden ir a pie de página, al final de cada capítulo o al final de la obra. Existen dos tipos de notas: las explicativas o aclaratorias y las bibliográficas o referentes. Las primeras (por lo regular a pie de página) sirven para ampliar, comentar, disgregar o acotar datos que puedan ser de utilidad a lo que se dice en el cuerpo del texto, pero que pueden llegar a interrumpir la idea que se desarrolla. En las segundas se consigna la fuente de la que se citaron datos precisos, conceptos o pasajes enteros; por su contenido, es más común remitir estas notas al final del capítulo o de la obra. Vale decir, asimismo, que ambos tipos de notas pueden usarse de forma alternada o combinada.

Mientras las notas aclaratorias no requieren un formato único, pues en general su aparición es decisión del autor, las notas bibliográficas representan un campo más complejo, ya que hay diversos modelos para elaborarlas. El sistema de uso más frecuente en español es el llamado hispánico. En éste se consigna el autor de la publicación empezando por su nombre de pila,9 el título y el subtítulo de la obra, el pie de imprenta (es decir, la ciudad, la editorial y el año de la edición), y la colección, si la hay, entre paréntesis.10 Algunos otros elementos son el nombre del traductor, editor y demás colaboradores, el número de edición, el número de tomos y/o volúmenes y el número de páginas del texto.

He aquí un par de ejemplos de notas bibliográficas:

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9 Cabe aclarar que la autoría puede ser individual (un solo autor), colectiva (dos o más autores), corporativa (una persona jurídica; puede ser una institución, entidad, sociedad, organismo, entre otros) o anónima. Cuando hay más de tres autores, sólo se coloca el nombre completo del primero de ellos, seguido de la locución latina et al. (et alii, y otros; hay que evitar la práctica común, pero no por ello menos errónea, de colocar un punto después de la conjunción et, pues no es abreviatura). Cuando la obra es anónima, la referencia comienza con el título de la obra; en ningún caso ha de emplearse la palabra anónimo (o su abreviatura: anón.), y tampoco se recomienda usar la abreviatura AA.VV. o VV.AA. (varios autores), pues en ambos casos se corre el riesgo de asociar por un hecho circunstancial (el desconocimiento del autor o la autoría colectiva) obras disímiles y dificultar su pronta localización.

10 Las colecciones deben escribirse en redondas y con mayúscula inicial en cada una de las palabras que conforman su nombre, a excepción de preposiciones, artículos y conjunciones. A menos que forme parte del nombre, no es necesario consignar la palabra colección (ni su abreviatura) en la ficha bibliográfica.

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1 Robert Bringhurst, Los elementos del estilo tipográfico, 2ª ed., Márgara Averbach y Cristóbal Henestrosa (trads.), México, Fondo de Cultura Económica, 2014 (Libros sobre Libros), 445 pp.

2 Pete Hamill, Por qué importa Sinatra, 2ª ed., Jorge Hernández Campos (trad.), Margarita López (ed.), México, Pértiga/Universidad Nacional Autónoma de México, 2012 (Ensayo, 19), 440 pp.

Los artículos de publicaciones periódicas y los capítulos de libros colectivos se citan de modo similar. A continuación, algunas muestras:

1 Rafael Vargas, “Los privilegios de la tinta”, en La Gaceta del Fondo de Cultura Económica, núms. 539-540, México, Fondo de Cultura Económica, noviembre-diciembre de 2015, pp. 12- 13.11

2 Marco Antonio Campos, “Pequeña guía idiomática para ser cronista de futbol”, en La Jornada Semanal, suplemento cultural de La Jornada, núm. 1073, 27 de septiembre de 2015, p.

10.

3 Magda Díaz y Morales, “Carmen: el discurso erótico del romanticismo”, en Serafín González y Vivian von der Walden (eds.), Palabra crítica. Estudios en homenaje a José Amezcua, México, Universidad Autónoma Metropolitana/Fondo de Cultura Económica, 1997 (Vida y Pensamiento de México), pp. 331-338.

A excepción de artículos, preposiciones y conjunciones, cada una de las palabras que conforman el título de una publicación periódica debe escribirse con mayúscula inicial: El Sol de México, La Palabra y el Hombre, El Nacional, Nueva Revista de Filología Hispánica, The Wall Street Journal, etcétera.

Cuando en un mismo capítulo se cita dos o más veces, de modo no consecutivo, la misma obra de un autor, a partir de la segunda se empleará la abreviatura op.

cit. (opere citato, obra citada) en vez del título y seguida de la página citada:

1 Pete Hamill, op. cit., p. 45.

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11 Algunas publicaciones periódicas contienen otros datos que conviene registrar; generalmente se ordenan del mayor al menor. Éstos son los más comunes (en el orden que deben figurar en la referencia): época, año, volumen, tomo y número. El ya citado Manual de estilo de la lengua española de Martínez de Sousa ofrece una revisión muy completa de los elementos de la ficha bibliográfica; el lector puede acudir a él si desea ahondar en el tema.

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Si en la obra se hace referencia a varias obras del mismo autor, además de la locución op. cit. se consignará la primera frase (o las primeras tres palabras con sentido) del título de la obra citada:

1 Pete Hamill, Por qué importa…, op. cit., p. 49.

Si hay dos o más referencias consecutivas a distintas páginas de la misma obra, en la segunda nota se colocará la abreviatura ibid. (ibidem, “allí mismo”, “en el mismo lugar”:

1 Pete Hamill, Por qué importa…, op. cit., p. 49.

2 Ibid., pp. 40 y 42.

También puede ocurrir que las citas consecutivas sean a la misma página de la misma obra; en esos casos, la abreviatura correcta para las notas (a partir de la segunda) será id. (idem, “el mismo”, “lo mismo”):

1 Pete Hamill, Por qué importa…, op. cit., p. 49.

2 Id.

3 Ibid., pp. 46 y ss.

Como puede verse en el ejemplo, id. e ibid. pueden alternarse de ser necesario;

es importante, empero, verificar, una vez terminada toda obra, su uso correcto: en virtud de que la escritura no suele ser un proceso lineal, sino que, por el contrario, un nuevo dato, una rectificación o una relectura significan la adición o eliminación de notas, no es poco frecuente que las referencias consecutivas dejen de serlo.

En este sentido podría ser útil colocar siempre las referencias completas y dejar para el final su sistematización por medio de las abreviaturas que se han descrito aquí.

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Bibliografía

La bibliografía, por su parte, es una suerte de catálogo que comprende las fuentes consultadas a lo largo de la obra. De preferencia, las fichas que aparecen en la bibliografía deben corresponder a obras a las que se haya hecho referencia o se hayan citado en el texto.

Las reglas que se han descrito aquí para la elaboración de las notas bibliográficas son válidas también para la bibliografía, con la salvedad de que el nombre del autor debe invertirse, de modo que comience por el apellido paterno.

Tomando en cuenta éste, las fichas se ordenan alfabéticamente al final de la obra;

por regla general se disponen en párrafo francés. En ocasiones, especialmente cuando la investigación demandó la consulta de un número igual o mayor de referencias hemerográficas (diarios, revistas) que bibliográficas, la bibliografía se divide en apartados, según el tipo de fuente; lo mismo vale para los recursos en línea.

Hay numerosos manuales, en línea, en librerías y en bibliotecas, que abordan con gran solvencia las dificultades que se presentan al elaborar bibliografías (alfabetización, reglas y excepciones; ediciones especiales, facsimilares, críticas, paleográficas, etcétera). Al final de esta sección se consignan varias fuentes que pueden resultar útiles para el lector no avezado. Así, a continuación se ofrecen sólo unos cuantos ejemplos de fichas:

Con un autor:

McCormack, Thomas, La novela, el novelista y su editor, Juana Inés Dehesa (trad.), México, Fondo de Cultura Económica, 2010 (Libros sobre Libros).

Con dos o más autores:

Clark de Lara, Belem, y Ana Laura Zavala (introducción y rescate), La construcción del modernismo (Antología), México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2002 (Biblioteca del Estudiante Universitario, 137).

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Ross, Stanley R., et al., ¿Ha muerto la Revolución Mexicana? Causas, desarrollo y crisis, 2 t., México, Secretaría de Educación Pública, 1972 (SepSetentas, 21).12

Con autor institucional:

Organisation for Economic Cooperation and Development, Education at a Glance 2015: OECD

Indicators, OECD Publishing, 2015.

México, Secretaría de Comunicaciones y Transportes, Faros de México. Los guías de ultramar,

SCT/Programa Editorial del Gobierno de la República, 2015.

Nótese que en la segunda ficha la instancia a quien se atribuye la autoría de la obra es una dependencia gubernamental y no un organismo; en esos casos, se aconseja iniciar la ficha con el nombre del país o entidad federativa a que la dependencia pertenezca. Esta medida adquiere gran utilidad al ordenar la bibliografía, pues publicaciones semejantes estarán agrupadas por el país del que provienen.

Recursos electrónicos

Cada vez resulta más frecuente recurrir a internet para buscar información, consultar versiones digitales de publicaciones impresas, bases de datos, artículos, libros, páginas electrónicas, etcétera. Sin embargo, al tratarse de documentos, su registro no resulta muy distinto del empleado en las notas y la bibliografía. En términos generales, éstos son dos modelos de ficha de publicaciones electrónicas:

Autor (nombre y apellido), “Título del artículo citado”, en Título de la publicación que lo contiene [en línea], volumen, tomo, número (y otros datos similares), País, Fecha, Páginas, disponible en <páginaelectrónica o url>, consultado el (fecha).

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12 Aunque a menudo se omite, la coma que sigue al nombre de pila del primer autor es muy necesaria: permite distinguir a primera vista un autor del siguiente; de otro modo, de acuerdo con las reglas vigentes para el uso de la coma, el inicio de la ficha puede interpretarse como una enumeración cuyos elementos sean los apellidos del primer autor, su nombre de pila y el nombre de pila del coautor que aparece a continuación (cuyo nombre no debe invertirse).

En caso de que haya tres o más autores, se colocará una coma seguida del nombre de pila del segundo autor: Ross, Stanley L., Luis Cabrera y Howard F. Cline. Nótese que antes de la y la coma deja de ser necesaria. Cabe aclarar que el nombre de los autores que siguen al primero no debe invertirse: éstos no precisan ser ordenados alfabéticamente.

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Autor (nombre y apellido), Título. Subtítulo [en línea], número de edición, colaboradores, pie de imprenta, disponible en <páginaelectrónica o url>, consultado el (fecha).

Otros sistemas bibliográficos

Si bien el sistema de notas que se acaba de describir está muy arraigado en la cultura de habla española, hay otros sistemas cuyo uso es cada vez más frecuente, en especial en los textos de corte científico. Por razones de espacio, a continuación sólo se enumerarán los sistemas más importantes, seguidos de una ficha bibliográfica elaborada con sus respectivos criterios. Al final de esta sección, el lector interesado podrá encontrar las direcciones electrónicas de diversos sitios que ofrecen orientaciones más precisas.

APA

En su Publication Manual of the American Psychological Association, la Asociación Estadounidense de Psicología (American Psychological Association, APA) ha establecido una serie de criterios con el fin de dotar de uniformidad los documentos y artículos que diversos autores presentan para su publicación en revistas de la asociación.

Una de las características más distintivas de este sistema es la ausencia de notas bibliográficas; cuando se hace referencia a una obra, se incluye en el texto, entre paréntesis, el apellido paterno del autor seguido del año de la publicación y de la página citada:

“Es del todo correcto emplear el gerundio con pronombres enclíticos” (Zavala, 2012, p. 212).

Por su parte, la ficha ha de construirse con este modelo:

Zavala Ruiz, Roberto. (2012). El libro y sus orillas. Tipografía, originales, redacción, corrección de estilo y de pruebas. México: Fondo de Cultura Económica.

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Harvard

Muy semejante al sistema APA, el estilo Harvard, desarrollado en la universidad homónima a mediados del siglo pasado, también suele utilizarse en el ámbito académico, especialmente en física y ciencias sociales. Se caracteriza por emplear, a continuación de la referencia dentro del texto y entre paréntesis, algunos elementos de la ficha bibliográfica: apellido del autor, año de la publicación y páginas citadas:

“Es del todo correcto emplear el gerundio con pronombres enclíticos” (Zavala, 2012: 212).

En cuanto a las fichas bibliográficas, se consignan completas al final, de acuerdo con el siguiente modelo:

Zavala Ruiz, Roberto (2012) El libro y sus orillas. Tipografía, originales, redacción, corrección de estilo y de pruebas. México: Fondo de Cultura Económica.

Chicago

Otro sistema bibliográfico es el llamado Chicago, desarrollado por la Chicago University Press en su Manual de estilo, un texto que contiene lineamientos relacionados con la gramática, la ortografía y la tipografía en lengua inglesa. Este documento, cuya primera edición vio la luz en 1906, se publica en papel y de forma electrónica.13

El estilo Chicago admite el uso de dos sistemas de citas. El primero, utilizado sobre todo en humanidades, echa mano de las notas bibliográficas a pie de página, las cuales se elaboran con un criterio semejante al que se describió en la sección titulada “Notas”:

1 Roberto Zavala, El libro y sus orillas. Tipografía, originales, redacción, corrección de estilo y de pruebas (México: Fondo de Cultura Económica, 2012), 212.

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13 En 2013, la Universidad de Deusto, en España, además de verter el manual al español, ofreció una adaptación de su contenido a las necesidades de los lectores hispanohablantes;

basada en la edición en inglés de 2010, la publicación se plantea como una herramienta útil para el trabajo editorial en un entorno digital.

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El segundo sistema es conocido como autor-fecha; se emplea con preferencia en ciencias sociales, exactas y naturales. Al igual que en los estilos Harvard y APA, en este sistema las referencias, compuestas por el apellido paterno del autor y el año de la publicación, se insertan dentro del texto, entre paréntesis. Las fichas bibliográficas completas se reúnen al final del texto, de acuerdo con el siguiente modelo:

Zavala, Roberto. El libro y sus orillas. Tipografía, originales, redacción, corrección de estilo y de pruebas. México: Fondo de Cultura Económica, 2012.

Muchas universidades y editoriales ofrecen guías para el correcto uso de los estilos bibliográficos citados; en su mayoría pueden consultarse de forma gratuita en internet.14

Índices

Especialmente tratándose de investigaciones, los índices constituyen una herramienta imprescindible para el lector. Los hay de varios tipos. El temático o analítico consigna los temas desarrollados a lo largo del texto, junto con las páginas correspondientes; la consulta de este índice evita al lector perder tiempo buscando información y le permite saber, de un vistazo, si la obra en cuestión le resulta útil. Por su parte, el índice de nombres u onomástico registra los nombres (de personas, autores, obras) mencionados en el texto y la página en que

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14 En su sitio electrónico, la Universidad Nacional Autónoma de México pone a disposición de todo público una guía para usar el estilo APA: <www.dgbiblio.unam.mx/index.php/guias-y-consejos- de-busqueda/como-citar>; en cuanto al Manual de estilo de Chicago-Deusto, éste se ofrece, resumido y sin costo, en la página electrónica de la Universidad de Deusto: <www.deusto- publicaciones.es/deusto/pdfs/otraspub/otraspub07.pdf>; por su parte, la página electrónica de la Universidad Autónoma Metropolitana contiene una guía para el uso del estilo Harvard:

<www.bidi.uam.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=65:citar-recursos-normas- harvard&catid=38:como-citar-recursos&Itemid=65>. Por último, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales ofrece a los visitantes de su página un resumen comparativo de los tres sistemas: <www.flacso.edu.mx/biblioiberoamericana/MATAUX/Estilos_bibliograficos.pdf>.

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aparecen. Ambos tipos de índices presentan en orden alfabético las entradas que los componen y se colocan en las páginas finales de la obra.

Algo menos comunes son, por último, los índices de primeros versos, elementales en los libros de poesía, y los índices de figuras, fotografías, gráficas, cuadros y demás material gráfico.

Por lo que toca al índice del contenido de la obra, donde se enumeran las partes principales de ésta, conviene citar la siguiente precisión de Martínez de Sousa:

La situación del índice de contenido es discutida, pero pueden tenerse en cuenta estas normas: 1) en obras técnicas y científicas, el índice de contenido debe ir en los principios del libro; 2) en los principios del libro, normalmente el índice de contenido se coloca inmediatamente después de la página de derechos [o legal] (es decir, antes de la presentación, el prólogo o texto que haga sus veces), pero en algunos casos los autores suelen desplazarlo hasta el final de los principios del libro; 3) en obras literarias o semejantes, el índice debe ir al final.15

Sin embargo de esta aclaración, muchas veces las editoriales, las universidades y diversos organismos tienen un criterio acerca de la colocación del índice; en cualquier caso, si éste ha de ir al final y la obra es extensa, se sugiere incluir, en sus principios, un sumario, esto es, un recuento de las partes principales de la obra (por lo general, comprende capítulos, partes, libros y demás elementos similares).

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15 José Martínez de Sousa, op. cit., pp. 214-215.

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Figuras 1 y 2. Ejemplos de índice general.

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Figura 3. Índice analítico.

Fuente: Roberto Zavala, El libro y sus orillas. Tipografía, originales, redacción, corrección de estilo y de pruebas, México, Fondo de Cultura Económica, 2012.

Figura 4. Índice onomástico.

Fuente: José Juan Tablada, Obras VIII. Por tierras de Bolívar, edición de Serge I. Zaïtzeff, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2009 (Nueva Biblioteca Mexicana, 168).

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Características del párrafo

La Real Academia define el párrafo como “fragmento de un texto en prosa constituido por un conjunto de líneas seguidas y caracterizado por el punto y aparte al final de la última”. Aunque la extensión de este fragmento es variable, se recomienda, según se dijo páginas atrás, que no rebase las 10 o 12 líneas y que contenga una idea completa.

Por lo que toca al aspecto tipográfico, hay varios tipos de párrafo. El más común en el ámbito hispánico es el ordinario, esto es, aquel cuyas líneas se justifican por ambos lados y cuya línea inicial lleva sangría (a menos que la preceda un título).

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Al igual que el párrafo ordinario, el llamado párrafo moderno o alemán presenta todas sus líneas justificadas, pero no lleva ninguna sangría. En ocasiones, para conjurar la confusión entre punto y seguido y punto y aparte que la sangría evita, se intercala un blanco entre párrafos. Pese a que este estilo está muy extendido, no es muy recomendable su uso: en primer lugar, tiende a alargar innecesariamente el espacio que ocupa el texto; en segundo lugar, su apariencia no resulta agradable:

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Empleado sobre todo en bibliografías y diálogos de obras dramáticas, el párrafo francés se caracteriza por estar justificado y tener todas sus líneas sangradas, a excepción de la primera:

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El llamado párrafo en bandera es aquel dispuesto de tal manera que uno de sus lados (puede ser el derecho o el izquierdo) no está justificado; tiene un uso limitado en libros y revistas. Al elegir esta formación es preciso evitar que en el extremo no justificado de la línea queden artículos, conjunciones o monosílabos;

asimismo, por lo general se recomienda no emplear la división silábica:

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Características del documento: cómo entregar el original

Si bien los autores, por lo general, no suelen trabajar con programas especializados para editar textos, tienen las herramientas necesarias para generar un original limpio y con características técnicas adecuadas a fin de no retrasar el proceso editorial ni duplicar tareas.

Características técnicas

Sin importar que el texto será objeto de una serie de transformaciones una vez que el autor lo entregue a la editorial, resulta sumamente útil que presente una sola fuente tipográfica (Times New Roman y Arial figuran entre las más legibles, y ambas se cuentan en el catálogo gratuito de que dispone Word), con un solo tamaño (11 o 12 puntos; se exceptúan las citas textuales y las notas al pie, que deberán estar en 9 o 10 puntos). La disposición del documento deberá ser vertical, y sus márgenes derecho e izquierdo habrán de medir tres centímetros, mientras que los inferiores y superiores serán de 2.5 centímetros. Para señalar el fin de un capítulo y el inicio de otro se deberá insertar un salto de página; todas las páginas deberán estar foliadas, lo mismo que las notas, los cuadros, las gráficas y demás elementos gráficos.

Asimismo, una vez que dé por terminada la escritura de su texto, el autor, valiéndose de la herramienta de búsqueda, habrá de localizar los dobles espacios entre palabras y eliminarlos. Por regla general, habrán de suprimirse también los blancos entre párrafos. De igual modo, conviene evitar el uso del tabulador para centrar o sangrar líneas, así como los efectos de caracteres (sombreado, ahuecado, subrayado) que ofrece Word.

La versión final de la obra habrá de entregarse en formato electrónico (un archivo de Word con las características descritas) e impresa, cuidando que ambos documentos sean exactamente iguales.

Jerarquías tipográficas

El texto que el autor entregue deberá organizarse de la siguiente forma:

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1. Capítulos: Su título deberá estar centrado al inicio de la página, en versales redondas del mismo tamaño que el texto. No deberá contener la palabra capítulo; en su lugar se colocará, en números romanos, el que le corresponda en orden, seguido de un punto.

2. Subtítulo 1: Se escribirán en versal/versalitas redondas, centrados, con dos blancos antes y uno después; pueden llevar un número arábigo para indicar el orden que les corresponde.

3. Subtítulo 2: Se escribirán en negritas, altas y bajas, alineados por la izquierda, con dos espacios antes y uno después.

4. Subtítulo 3: Se escribirán en cursivas, altas y bajas, alineados por la izquierda, con dos espacios antes y uno después.

5. Subtítulo 4: Se escribirán en cursivas, altas y bajas, alineados por la izquierda, con un espacio antes y ninguno después.

6. Subtítulo 5: Se escribirán en cursivas, altas y bajas, alineados por la izquierda. Llevarán un espacio antes; el texto que titulan se dispondrá en la misma línea, separado por un punto y aparte.

Según se explicó antes, en el índice general del documento sólo habrán de consignarse las primeras tres jerarquías.

Material gráfico

Sea o no abundante, el material gráfico que acompaña cualquier obra deberá entregarse por separado, en un archivo generado en el programa electrónico con el que se haya trabajado cada elemento. El título de cada uno de estos archivos habrá de contener el número que corresponda a su ubicación y el tipo de documento de que se trate (por ejemplo: “Gráfica 8”, “Lámina 2”, “Tabla 5”, etcétera). Por su parte, en el documento deberá ser muy clara la situación del material gráfico; para ello, el autor puede, si lo desea, insertar en el documento de Word una imagen reducida del archivo correspondiente.

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II. Revisión

Indicaciones generales16

La revisión del texto es muy importante en el proceso de edición. Su objetivo es localizar los errores que demeritan la calidad del escrito y corregirlos sin alterar el sentido de la obra. Implica sobre todo detectar y enmendar repeticiones, gerundios, circunloquios, imprecisiones o ambigüedades léxicas, extranjerismos, cacofonías y otros problemas similares que impidan la cabal comprensión del texto.

También puede llevarse a cabo la supervisión de un texto al realizar un cotejo, ya sea para comparar la última versión de una obra con el manuscrito original, o porque se recibe una traducción que es necesario compulsar con su versión original. En ambos casos, se debe verificar que el texto final exprese de forma adecuada las ideas del autor, así como su estilo. Es necesario prestar atención a posibles saltos respecto del original, cuidar que los datos concuerden y que las palabras utilizadas manifiesten lo que el autor quiso expresar.

Para realizar una revisión apropiada, el lector deberá elaborar un censo de las partes de la obra, de los términos difíciles de uniformar (si se trata de una traducción) y de las ideas centrales que se proponen. También es recomendable utilizar una plantilla de normalizaciones para detectar problemas ortográficos y de acentuación; verificar el uso de cursivas, negritas, mayúsculas, minúsculas, abreviaturas, siglas, citas; revisar la progresión de enumeraciones, paginación, cuadros, esquemas, notas, entre otros aspectos.

Asimismo, quien revise el texto deberá tener buena ortografía y sintaxis. Es necesario que observe casos de ortografía dudosa; que la sintaxis sea adecuada, así como la concordancia de género, número y tiempo; que el texto esté completo;

que los signos de puntuación estén perfectamente utilizados; que todo signo doble

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16 En los apartados siguientes se ofrecen sólo algunas recomendaciones y reglas de escritura.

Para tener mayor información al respecto, consulte la bibliografía sugerida.

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(comillas, paréntesis, signos de admiración e interrogación, entre otros) abra y cierre; que todas las ideas se vinculen con el tema principal del texto; que haya correspondencia entre llamadas y notas, entre texto y notas, y entre las notas y la bibliografía; por último, y ante todo, respetar el estilo del autor.

Respecto de las traducciones, hay distintas precisiones en función del idioma con el que se trabaje, pues cada lengua presenta sus particularidades; en general, se debe evitar el abuso de formas poco comunes en español.

Otras recomendaciones:17

• Se debe evitar el abuso de la voz pasiva.

• Evitar el uso de gerundios en títulos y subtítulos, lo que en el idioma inglés es muy común. En el francés el gerundio se utiliza para calificar un nombre, uso que debe descartarse en español por ser incorrecto.

• La palabra inglesa billions debe traducirse como “miles de millones”.

• Se debe evitar el abuso de extranjerismos.

• En el idioma francés hay una tendencia a iniciar las oraciones con participio;

en español hay que evitar que esa construcción se repita innecesariamente.

• En francés suele escribirse con mayúscula sólo la primera letra de la primera palabra del nombre de una institución; en español todas las iniciales serán mayúsculas y el nombre deberá escribirse en redondas.

• Cuando un topónimo tenga una forma consagrada por la tradición española se preferirá ésta sobre el nombre extranjero.

• Debe respetarse la ortografía de los nombres propios extranjeros.

Pequeñas dosis de ortografía y gramática

Acentuación

Hay tres reglas básicas de acentuación:

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17 Prontuario de normas editoriales y tipográficas, México, Fondo de Cultura Económica, 1999- 2000, pp. 34-48.

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1) Se acentúan las palabras agudas de más de una sílaba si terminan en n, s o vocal.

2) Se acentúan las palabras graves si terminan en consonante que no sea n ni s.

3) Las palabras esdrújulas y sobreesdrújulas se acentúan sin excepción.

Casos especiales: voces o palabras biacentuales

Hay ciertas palabras que registran más de un acento prosódico, dependiendo de la variante lexicográfica del idioma y, por tanto, admiten dos pronunciaciones y dos grafías distintas. Las Academias de la Lengua Española consignan 250. En esos casos, se optará por la forma que corresponda al uso más extendido en México y, lo más importante, a lo largo de un documento se empleará esa misma forma.

A continuación se mencionan algunas palabras con acentuaciones diferentes:18

Academias Forma utilizada en el español de México

amoníaco amoniaco

austríaco austriaco

cardíaco cardiaco

fútbol futbol

icono ícono

maníaco maniaco

paradisíaco paradisiaco

período periodo

policíaco policiaco

Cuadro 2. Voces biacentuales.

Acentuación gráfica de extranjerismos

Por regla general, se preferirá el uso de palabras en español; sin embargo, en el caso obligado de adopción de extranjerismos, se deberá observar su correcta escritura y acentuación. Para los nombres propios de ciudades o personas, se

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18 Cf. Ortografía de la lengua española, Madrid, Real Academia Española, Asociación de Academias de la Lengua Española y Espasa, 2010, pp. 209-212.

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respetará la escritura en la lengua original, salvo en aquéllos ya adoptados por el español; por ejemplo: Nicolás Copérnico, Carlos Darwin, Nueva York, París.

Acentuación de sólo y pronombres demostrativos

Se optará por la forma acentuada del adverbio sólo para evitar confusiones. Lo mismo sucederá con las formas pronominales de los demostrativos: ésa, ése, ésta, éste, aquél, aquélla y sus respectivos plurales. Cabe mencionar que esto, eso y aquello no se acentúan gráficamente en ningún caso.19

Infinitivo y participio pasivo

No deben acentuarse las formas del infinitivo ni del participio pasivo de los verbos con grupo vocálico -uir:

Infinitivo Participio

argüir argüido

atribuir atribuido

disminuir disminuido

rehuir rehuido

Cuadro 3. Infinitivos y participios con el grupo –uir.

Sustantivos

No se acentúan los sustantivos que presentan el grupo vocálico -ui en la penúltima sílaba. Ejemplos: altruismo, casuista

Otros casos

• Todos los adverbios terminados en -mente llevarán el mismo acento del adjetivo del cual se derivan.

común comúnmente cínico cínicamente único únicamente

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19!Cf. ibid., p. 269.!

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• Las mayúsculas también se acentúan. Ejemplos: Álvaro, Óscar.

Palabras que pueden causar confusiones

Además del acento prosódico y el ortográfico, hay otro acento, llamado diacrítico, que sirve para distinguir entre dos palabras que suenan igual pero pertenecen a categorías gramaticales diferentes. He aquí una lista de ellas:

No llevan acento mi, adjetivo posesivo

tu, adjetivo posesivo el, artículo determinado si, conjunción condicional se, pronombre reflexivo

te, pronombre reflexivo mas, cuando significa pero

aun, cuando significa hasta o incluso solo, adjetivo (tiene género y número)

Llevan acento mí, pronombre personal

tú, pronombre personal él, pronombre personal sí, adverbio de afirmación

sé, primera persona del verbo saber

té, sustantivo común más, adverbio de cantidad aún, cuando significa todavía sólo, adverbio (puede sustituirse por únicamente)

Hay palabras que nunca llevan tilde, aunque es común verlas acentuadas en muchos escritos. Conviene memorizar esta lista para evitar cometer esas faltas de ortografía:

Referencias

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