EL INFIERNO Y EL SECRETO

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EL INFIERNO Y EL SECRETO

Es la terrible visión del infierno que abre el Secreto de Fátima. A través de ella, Nuestra Señora nos conduce, desde el inicio, al esencial, la única cosa que cuenta, nuestra eternidad. Esa primera parte del Secreto es de la mayor importancia. Mucho más aún que el anuncio de hambrunas, guerras y persecuciones, esta recordación fuerte y aflictiva del infierno eterno que nos amenaza es uno de los puntos más esenciales del Mensaje de Nuestra Señora. Es una de las verdades fundamentales de la Fe católica, que la Virgen María de Fátima desea recordar a nuestro siglo apóstata, naturalista y materialista, ciegamente limitado por sus horizontes terrenos.

LA VISIÓN HORRIBLE Y MUY REAL

Escuchemos una vez más al relato terrible y realístico que Sor Lucía cuenta para nosotros en sus memorias:1

«Al decir estas últimas palabras, abrió de nuevo las manos como en los meses pasados. El reflejo [de luz] parecía penetrar la tierra y vimos como un mar de fuego.

«Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas [los condenados], como si fuesen brasas

transparentes y negras o bronceadas, con forma humana que fluctuaban en el incendio, llevadas de las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo cayendo por todos lados, semejantes al caer de las pavesas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación, que horrorizaban y hacían estremecer de terror. (Debe haber sido a la vista de esto cuando di aquel ‘¡Ay!’, que dicen haberme oído.)

«Los demonios se distinguían [de las almas de los condenados] por formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros carbones en brasa.

«Esa visión fue durante un momento, y gracias a nuestra Buena Madre del Cielo, que antes nos había prevenido con la promesa de llevarnos al Cielo en la primera aparición. De no haber sido así, creo que hubiésemos muerto de miedo y terror».

Aquí está. ¡Es asustador! Antes de todo, la Santísima Virgen María quiere que consideremos la característica más seria de nuestra corta vida, que tendrá como resultado nuestra ida al Cielo o al infierno por toda la eternidad. Es en los cortos años de nuestra vida mortal que se decide irrevocablemente nuestro destino final…

“Venid, benditos de mi Padre…2

Si, por gracia, vayamos al Cielo como miembros de pleno derecho de la familia de Dios, transformados, divinizados, y felices en Su Gloria, tendremos la felicidad eterna, en un éxtasis indescriptible. La Fe ya nos permite tener una idea de esa felicidad que se promete a nosotros. En el Cielo, nos gustará para siempre la contemplación, llena de alegría, de las bellezas y glorias de la Inmaculada Virgen María, de Su cariño maternal y de Su sonrisa.

1

Tercera Memoria de Sor Lucía, pág. 103, Cuarta Memoria de Sor Lucía, págs. 161-165.

2

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Esta es nuestra Fe católica, la felicidad divina que es reservada a los electos.

“Apartaos de mí, malditos: ¡id al fuego eterno!...3

Pero si, libremente, por nuestra causa, merecemos el castigo eterno, ¡qué contraste aflictivo eso

representa! Es una eternidad de desgracia asustadora que nos será abierta. Allá sólo se encuentra el tormento del terrible “dolor de los condenados”, y el fuego de la cólera del «Dios celoso», despreciado en Su Amor Infinito. El infierno es la maldición eterna del Rostro encolerizado de Dios tres veces Santo, y el «fuego abrasador, que ha de devorar a los enemigos de Dios»4 que fueron rechazados por Él para siempre y lanzados en el abismo. El «dolor de los sentidos» atormenta los condenados, y añade a los otros sufrimientos horribles las torturas de un fuego sensible y misterioso, sin duda diferente de lo que conocemos aquí en la tierra, pero no obstante real y muy terrible. El infierno consiste de fuego espiritual y físico, tanto exterior como interior. Tortura el alma y el cuerpo con sufrimientos atroces por todo el ser, a todo el momento, sin descanso y para siempre. No hay

esperanza de que alguna vez termine. El alma humana que fue condenada es eternalmente maldecida, expulsada para lejos de Dios, privada para siempre de Su Presencia, privada de toda la paz, de toda la alegría, y está siempre en el más negro de los desesperos…

Este resumen nos lleva a concentrar nuestra atención, de manera muy eficaz y incomparable, y al mismo tiempo muy sobrio, en la descripción de Sor Lucía. Si aceptamos completamente su visión del infierno

exactamente como ella la describió, ella grabará profundamente en nuestras almas el miedo del infierno, que es tan sano y tan católico.

Los teólogos modernistas consiguieron persuadir mucha gente, en nuestro tiempo, a que no diesen importancia al dogma y realidad del infierno, sobre que depende el restante de nuestra religión.

UNA VISIÓN AUTENTICA Y TOTALMENTE VERDADERA

En el contexto actual de apostasía creciente, la visión del infierno dada a los tres pastorcitos de Fátima adquiere un aspecto profético. Nuestra Señora, recordando la existencia y la atrocidad de los tormentos del infierno, quería fortificarnos contra esa ceguera. Es la ceguera más terrible que hay, porque quien persiste en vano en ignorar el infierno, será directamente llevado al abismo infernal. Y notemos bien que, en el fin de la horrible visión, Nuestra Señora no dijo a los tres pastorcitos: “Visteis un símbolo, una imagen de la

condenación eterna, que es diferente, porque es de una orden puramente espiritual”. No, Ella simplemente les dijo: «Habéis visto el infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores».

Cuando Nuestro Señor nos dijo muchas veces en Su Evangelio, que el infierno es «el fuego de gehena»5, el «fuego eterno»6 «el fuego del infierno donde el gusano que les roe, nunca muere, ni el fuego jamás se

apaga»,7«fuera a las tinieblas» «el horno del fuego: allí será el llanto y el crujir de dientes»8, es el Verbo de Dios, el Criador, Que nos habla, la Sabiduría Eterna por Quien todo fue hecho y a través de Quien todo subsiste.

Si Él, poniendo aparte fórmulas vagas y abstractas, quiere deliberadamente hablarnos en un lenguaje tan

3

Ibid, cap. 25, versículo 41.

4

Hebreos, cap. 10, versículo 27.

5

San Mateo, cap. 18, versículo 9.

6

Ibid, cap. 18, versículo 8.

7

San Marcos, cap. 9, versículo 47.

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concreto, es porque Él es sumamente verdadero. Estas realidades horribles fueron hechas por Él, precisamente porque nos ayudan a comprender en la tierra el misterio del infierno para la eternidad.

Dios no nos dejó en la ignorancia sobre la naturaleza del infierno, antes, al contrario, en Su inmensa Bondad quiso que ciertas criaturas Suyas conociesen para nosotros toda la verdad sobre él.

A saber, la existencia de fuego devorador, de atmosferas pútridas, de pestilencia asquerosa, de hedores nauseabundos. Crió así bestias feroces, monstruosas o repugnantes, para causarnos un miedo instintivo. El Criador nos dio este horror para servirnos de ejemplo y de aviso.

Por lo tanto, parece claro que las imágenes del infierno que Jesús, en Su Evangelio, y Su Santa Madre, en Fátima, nos quisieron dar, lejos de ser aproximaciones distantes de vagos ecos de la realidad, son, al

contrario, su expresión más exacta. Podemos decir verdaderamente: «¡Aquello es el infierno! ¡Es por lo menos eso»!

«Jacinta se impresionaba muchísimo con algunas de las cosas reveladas en el Secreto. Ciertamente, así era. Al tener la visión del infierno, se horrorizó de tal manera, que todas las penitencias y mortificaciones le parecían pocas para salvar de allí a algunas almas… Algunas personas, incluso piadosas, no quieren hablar a los niños pequeños sobre el infierno, para no asustarlos; sin embargo Dios no dudó en mostrarlo a tres y una de ellas contando apenas seis años; y El bien sabía que había de horrorizarse hasta el punto de, casi me atrevería a decir, morirse de susto».9

LA REVELACION DEL

INMACULADO CORAZON DE MARÍA,

ÚLTIMO REFUGIO DE LAS ALMAS

“Esta visión, escribe Lucía, fue durante un momento… De no haber sido así, creo que hubiésemos muerto de susto y pavor. Asustados y como para pedir socorro, levantamos los ojos a Nuestra Señora que nos dijo con bondad y tristeza: Visteis el infierno a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón”.

Son éstas las palabras que Nuestra Señora nos quiso dejar. Por estas palabras, quiere que aprendamos una lección muy importante con la visión del infierno. Palabras dulces de consuelo, llenas de una esperanza cálida, por las cuales la Virgen de Fátima nos abre de par en par el camino a Su

Inmaculado Corazón.

Quien nunca sintió un miedo profundo y verdadero del infierno infinito, especialmente y en primer lugar para sí mismo, nunca conseguirá penetrar el significado auténtico y las consecuencias del Secreto. No fue por acaso que comenzó con la visión del infierno.

¡Dios nunca nos revela el peligro en que estamos de nuestra condenación eterna sin abrirnos inmediatamente los brazos de Su Misericordia, y sin indicarnos un camino de salvación al mismo tiempo accesible y muy atrayente! Al espectáculo de los demonios infernales se sigue la “bienaventurada visión de la paz” de la Virgen María, Madre de Misericordia, Reina y Puerta del Cielo. «La visión del infierno», escribió el Padre Alonso, «tiene por objetivo inspirar los pequeños videntes, a recorrer a la protección del Inmaculado

9

Tercera Memoria de Sor Lucía, pág. 104.

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Corazón de María y a Su poderosa intercesión para la salvación de los pecadores.10

LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA, «MADRE DE MISERICORDIA»

Ante el mal absoluto que nos amenaza, Dios propone el único remedio que nos puede proteger: El Inmaculado Corazón de Su Madre, Refugio de los pecadores. Sor Lucía explicó al Padre Fuentes, subrayándole los medios de nuestra salvación: «Y luego, la devoción al Corazón Inmaculado de María, Santísima Madre, poniéndonosla como sede de la clemencia, de la bondad y el perdón; y como puerta segura para entrar al

cielo».11 En este aspecto, estamos dentro de la más pura tradición católica que, de tiempos inmemoriales, venera a la Santísima Virgen María como «Madre de Misericordia y del perdón», «Patrona de los casos más

desesperados», y último recurso después de los más grandes pecados, así como en las tentaciones más terribles. «Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón». Esta última frase fue pronunciada por la segunda vez por Nuestra Señora el 13 de julio; ya la había dicho el 13 de junio, antes de manifestar Su Corazón a los pastorcitos. He aquí “el secreto del Secreto”, la parte más esencial e importante del Mensaje de Fátima.

Así, la revelación de Fátima viene para completar la de Paray-le-Monial, y la devoción al Inmaculado Corazón de María viene a unirse a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, ordenada tres siglos antes. En efecto, y con toda certidumbre, estas dos devociones, tal como la de los Sagrados Corazones de Jesús y María, son inseparables, y ni siquiera podría proceder una sin la otra. Es el gran plan de Nuestro Padre Celeste para «los últimos siglos de la historia»: el reinado y el triunfo universal de Sus dos Corazones unidos.

A partir de este momento, la devoción al Inmaculado Corazón de María es el camino seguro a la salvación. A los pastorcitos que, el 13 de junio de 1917, le pidieron que los llevasen al Cielo, Nuestra Señora respondió soberanamente:

«Sí; a Jacinta y a Francisco los llevaré pronto.» Lucía sola quedará. «Jesús quiere servirse de ti, Lucía, para darme a conocer y amar… Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios». Por lo tanto Nuestra Señora Misma prometió llevar al Cielo los tres niños que Ella privilegió.

Y por medio de una misericordia sorprendente, la promesa maravillosa es inmediatamente abierta a todos. Porque Nuestra Señora continúa:

«Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón; a quien la abrace, prometo la salvación, y serán queridas de Dios estas almas como flores puestas por mí para adornar su trono».

¡Qué palabras espantosas! Se nos ofrece una facilidad increíble para salvarnos: basta que adoptemos la predilección del Corazón de Jesús por la Virgen Inmaculada, y que se nos probemos, cumpliendo Sus simples pedidos.

DEVOCIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA,

UN APELO EXALTANTE A LA SANTIDAD

El último recurso de los más grandes pecadores, que están al umbral de la perdición, es la devoción al Inmaculado Corazón de María. El Mensaje de Fátima nos dice también que es el camino más seguro y más

10

Fatima et le Coeur Immaculé de Marie, pág. 36.

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rápido a la santidad.

«Durante la aparición del 13 de julio, Nuestra Señora nos dijo en el Secreto que Dios quería establecer en el mundo la devoción a Su Inmaculado Corazón y que, para impedir la guerra futura, Ella vendría a pedir la Consagración de Rusia a Su Inmaculado Corazón, así como la Comunión reparadora de los Primeros Sábados».

En otra carta, Sor Lucía nos cuenta las confidencias de Nuestro Señor. «Deseo con ansia la propagación del culto y devoción al Inmaculado Corazón de María, porque Él es el imán que atrae a Mí las almas; el foco que irradia sobre la Tierra los rayos de Mi luz y de Mi amor; la fuente perene que brota sobre la Tierra el agua viva de Mi misericordia».12

Ésta es toda la esencia del Secreto, y fue también la inspiración más profunda en las vidas de nuestros tres videntes. Sus almas se macaron tan profundamente por el gran Secreto de Nuestra Señora, que la historia de sus vidas es el mejor comentario que se le puede hacer.

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