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Desde la Puerta del Sol

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Academic year: 2021

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Desde la Puerta del Sol

La Puerta del Sol madrileña, en la que se encuentra el punto kilométrico 0 de España, creemos es un buen enclave para formalizar un juicio de lo que pasa en el país, lo que podemos alargar a Hispanoamérica y al resto del mundo. Con esa idea nos hemos situado junto el oso y el madroño, desde donde saludar a nuestros amigos

oy celebramos la festividad de Santiago Apóstol, «Santo adalid Patrón de las Espa-ñas», como reza su himno, en este Año Santo Compostelano. Y hoy llegarán a pos-trarse ante él los peregrinos que han desafiado, en este año, al «maldito bicho» y que hoy rendirán camino en la Plaza del Obradoiro y ante la imagen y el sepulcro del Apóstol.

«Si en la vida tienes que elegir entre dos caminos, elige el más difícil; y si los dos son igual de difíciles, elige el más bello». Esta frase se le atribuye a José Antonio Primo de Rivera. El Camino de Santiago, el Camino por excelencia que ha sido declarado por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad demostrando así su evidente proyección

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internacional, el Camino con mayúscula es a veces difícil, pero es siempre bello.

Difícil y bello en las escarpaduras que descienden del Pirineo aragonés; en la Navarra que fue llamada la «Esparta de Cristo»; en la ribera Riojana; en la ancha Castilla cantada por Pemán, «la Castilla sin árboles ni flores, / que ante el cielo infinito / ras-ga su vestidura de verdes / y enseña al sol su entraña de granito», en donde «esta llanura callada, / esta llanura de-sierta / parece que le habla al alma / como las canciones esas / que se pien-san, sin decirse, / y sin cantarse, se sueñan»; en el Bierzo leonés y en la Galicia dos ríos e as fontes, os regatos pequenos, as arboredas, os paxariños piadores, as campaniñas timbradoiras e os pinares que move o vento, de la sin par Rosalía de Castro. Difícil a ve-ces, bello siempre.

Así lo entendió el profesor de la Universidad de La Coruña Xosé Leira, que diseñó, dirigió y llevó a cabo durante quince años contando como coordinadora con la también profe-sora Rosa Méndez y que hoy pretendemos que, de alguna manera, este breve artículo sirva de recuerdo y homenaje a su persona, después de que falleciera hace algo más de año y medio habiéndose frustrado su ilusión de recorrer también este Año Santo la Ruta Jacobea, primero después de un intervalo de once, aunque, seguramente, lo estará haci-endo sobre la Vía Láctea. La Xunta de Galicia reconoció este proyecto en 1995 como «De Interés para la Promoción del

Cami-no de Santiago».

El objetivo de Aulas no Camiño era profundizar en el estudio de la reali-dad gallega, española y europea que atraviesan los caminos de San-tiago, por medio del análisis de áre-as tan diversáre-as como la antropolo-gía, la historia, la literatura, el patri-monio y el análisis sociológico. Y así, pretendiendo «llegar al espacio co-mún europeo», durante los años que ha funcionado, Aulas no camino se desarrolló en países como Portugal,

Francia, Italia, Alemania, Bélgica, Luxemburgo y Polonia, entre otros.

En este proyecto participaban cada año entre 20 y 25 alumnos de la Facultad de Huma-nidades de la Universidad de La Coruña y alguna vez de la de Enfermería y Podología, que recorrieron, repitiendo alguno más de una vez, los diferentes Caminos, andando por las mañanas, cubriendo la etapa correspondiente para llegar a la hora del almuerzo a la población final de esa etapa, donde eran recibidos por las autoridades municipales, con las que se intercambiaban libros de temática jacobea y otros recuerdos para, por la

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tar-de, asistir a una conferencia, charla o coloquio, impartida por algún especialista, sobre algún tema relacionado con el Camino o con los lugares por los que atravesaba, tales como el Derecho de protección a los peregrinos a lo largo de la Historia,

los cruceiros, la literatura y la cultura, la arquitectura y el arte, la pobla-ción y la evolupobla-ción de la familia, la gastronomía, etc.

Inicialmente, se pernoctaba en los albergues de las poblaciones final de etapa para, al día siguiente, realizar un nuevo trayecto desarrollando el programa establecido, hasta llegar a la meta: Santiago de Compostela y asistir a la Misa del Peregrino en la Catedral. Posteriormente, se realizaba el Camino a Fisterra y Muxía. Los diferentes trayectos existentes en el territorio gallego (Camino Francés, Inglés, Portugués, del Norte, Vía de la Plata, Ru

pie, mientras que aquellos otros comenzados en dife-rentes países europeos, por

evidentes razones de tiempo y distancias, se realizaban en el autobús que habría de acompañarlos todo el viaje.

La experiencia fue sumamente enriquecedo-ra, en todos los sentidos, para aquellos pro-fesores y alumnos y el recuerdo perdura vivo entre quienes participamos. La Universidad de La Coruña editó diferentes libros que recogen esta experiencia, junto con los textos de las conferencias pronunciadas.

Altar Mayor nº 61, Julio-Agosto 1999

o podemos dejar marchar el mes de la fiesta del Apóstol sin intentar encontrarnos con el hecho que representa el impulso de peregrinar ante su tumba en Compos-tela.

¿Por qué las gentes emprendían en tiempos antiguos un largo caminar exponiéndose a todo tipo de fatigas, a infinidad de adversidades, a la posibilidad de dejar la vida en el intento, abandonando, quizá, la familia, los negocios, el bienestar? ¿Por qué gentes de todos los países de Europa surcaron caminos viejos, abrieron caminos nuevos, trazaron rutas que salvaban montañas, vadeaban ríos, se extendían por parajes desérticos o tie-rras fértiles? Es un hecho que ha quedado inscrito en la Historia, que motivó la trans-misión de cultura de unos lugares a otros, que propició conocer tierras distintas a las del propio lugar de nacimiento, que dio oportunidad a que se comunicaran ideas, a la difusi-ón de formas de vida...

N

Aulas do Camiño, Gerardo Hernández Rodríguez El Camino, Emilio Álvarez Frías 6 ideas en España, Benedicto XVI Otro peregrino más, José Ramón López Crestar

El Camino dio a Europa la libertad, Luis Suárez Fernández Santiago Apóstol Patrón de España... y de su Caballería, Santiago Santos Sánchez

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¿Qué motivos impulsaron a los peregrinos a caminar a Compostela? Seguramente se po-dría hacer un interminable inventario de los móviles que les animaron; pero cualquiera de ellos quedaría huero sin que junto a la justificación apuntada estuviera la auténtica vivencia del peregrino.

Vacío resulta desde nuestra instalación afirmar que el peregrino caminaba leguas y le-guas, famélico en la mayoría de los casos, para cumplir una promesa, o una palabra em-peñada, o para agradecer al Apóstol un favor recibido, o a pedirle por una necesidad, o simplemente para darle gracias por el sencillo y a la vez complicado motivo de haber descubierto el camino de Dios.

Hoy no es fácil situarse en la mente y en la vida de aquel peregrino antiguo cuando sólo atendemos los dictados de la razón, de los egoísmos, del placer, del tener, del desear; es difícil comprender que un hombre, una mujer, emprendiera el camino de lo desco-nocido, hacia una meta perdida en la lejanía casi ignorada, sólo y nada más que para pos-trarse ante una tumba en la que se aseguraba se encontraban los restos del hijo de Zebe-deo.

¿Qué es el Camino de Santiago? El Camino de Santiago es algo más que la andadura de cientos de kilómetros para culminar un deseo. El Camino de Santiago es un sendero de meditación, una trocha que recorrer en la interio-ridad, un atajo para acercarse a Dios en un tiem-po en el que cuesta trabajo andar las distancias de la espiritualidad cuando las distancias de lo físico están tan cerca, una travesía necesaria para cruzar del mundo de lo superficial a la trascen-dencia, un cruce en el que hay que pararse para elegir la auténtica ruta, un mojón que nos permita despertar, un vado que salvar para dar con la nueva huella que nos lleve a comprender dónde está la Verdad y la Vida.

¿Cuál es la Historia del Camino? Resultaría pro-lijo y a la vez innecesario en este momento inten-tar hablar de Carlomagno, del Codex Calixtinum, de los santos que dejaron su impronta constru-yendo puentes, levantando hospitales, de los ca-balleros que custodiaban los caminos, de los sal-teadores que impedían en no pocas ocasiones que el peregrino culminara su propósito. Baste decir que los cientos de miles de personas, de millones de peregrinos, que durante siglos han caminado a Compostela han creado un cauce para el encuentro del hombre consigo mismo y con el Ser Supremo creador del cosmos y que rige las leyes de la naturaleza; es suficiente tener conciencia de que las energías dejadas por todos esos peregrinos en las sendas, en los cruceros, en las piedras, en los muros de ermitas e iglesias, en los hospital-les y albergues, se transmiten al nuevo peregrino y le ayudan a caminar por dentro y por fuera hacia la perfección que sólo es completa en el fin.

El Camino está abierto para poderle hacer en cualquier tiempo, cualquier año. No nos dejemos fascinar ahora por ser 1999 Año Santo Compostelano, y ser el último del milenio. El Camino le podemos recorrer en cualquier momento, cada día.

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Ayuda mucho enfrentarse con la dureza de la andadura, con la acritud de las lluvias, con la incomodidad del viento, con el rigor de soles inclementes, con la incomodidad de los suelos sembrados de guijarros, con la hermosura o la dureza del paisaje, con las cuestas intermi-nables que ahogan la respiración, con el alborozo que, al fin, se experimenta al alcanzar la meta perseguida.

Pero el Camino lo podemos hacer en cualquier lugar, en cualquier instante: enfrentándonos con los placebos que nos dominan, con los egoísmos que anidan en nosotros, con las ambiciones que no conseguimos dominar, con el materialismo que nos asalta de continuo, con la avidez de tener y poseer que se nos despierta cada segundo, con la envidia que no pocas veces nos embate, con la ruin-dad en la que en ocasiones caemos, con el egocentrismo del que somos incapaces de liberarnos, con el desdén que irrefrenablemente podemos sentir respecto a nuestros semejantes...

Hagamos el Camino de Santiago. En cualquier tiempo; es una experiencia irrepetible. Pero si ello no es posible, hagamos nuestro propio camino interior. Nos ayudará a vivir.

* * *

Evidentemente, para iniciar el Camino con la esperanza de llegar a Compostela tras larga andadura y no pocos sinsabores, con tiempo sobrado para la meditación mientras trans-curren los kilómetros, la oración en cada capilla del camino y el hermanamiento con los peregrinos a los que adelantemos o nos adelanten después de

intercambiar el clásico «buen Camino», conviene prepararse teniendo en cuenta la época en la que lo vamos a realizar. En el peregrino que nos acompaña hoy aparecen todas las piezas que han de formar parte de la indumentaria así como los atri-butos que han de acompañarnos. No vamos a ser tan precavi-dos como recoge una canción germana que encontraron los estudiosos Robert Plötz y Klaus Herbers, que dice: «¡El que

quiera ser desdichado, / que se anime y sea mi compañero / por los Caminos de Santiago! / Que lleve dos pares de zapatos / y una escudilla con una cantimplora. / Que lleve un sombrero de

ala ancha / y también una buena capa / guarnecida de cuero. / Tanto si llueve como si nieva o sopla el viento / para que el aire no se la lleve. / Que no falte el fardel y el bordón / y que ...». Una exageración. Quizá para aquellos tiempos lejanos en que

los peregrinos de tierras de dentro de Europa emprendían el Camino sin saber ni dónde iban ni si llegarían, fuera preciso armarse con toda esa indumentaria tan clásica. Ahora la cosa es mucho más sencilla. Pero dado que nosotros no somos capaces de salir de casa sin el botijo, para hacer el Camino sí que le vamos a sustituir en esta ocasión por la clásica calabaza en la que llevar esa agua que necesitaremos para combatir los soles o las ven-toleras de las que se quejan los germanos.

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Altar Mayor nº 139, Enero-Febrero 2011 1. El hombre está siempre en camino

n lo más íntimo de su ser, el hombre está siempre en camino, está en busca de la verdad. Vengo como peregrino en este Año Santo Compostelano y traigo en el corazón el mismo amor a Cristo que movía al Apóstol Pablo a emprender sus via-jes, ansiando llegar también a España (cfr. Rm 15,22-29). Deseo unirme así a esa larga hilera de hombres y mujeres que, a lo largo

de los siglos, han llegado a Compostela des-de todos los rincones des-de la Península y des-de Europa, e incluso del mundo entero, para po-nerse a los pies de Santiago y dejarse trans-formar por el testimonio de su fe. Ellos, con la huella de sus pasos y llenos de esperanza, fueron creando una vía de cultura, de ora-ción, de misericordia y conversión, que se ha plasmado en iglesias y hospitales, en albergues, puentes y monasterios. De esta manera, España y Europa fueron desarro-llando una fisonomía espiritual marcada de modo indeleble por el Evangelio.

Ceremonia de bienvenida. Aeropuerto de Santiago. 6 de noviembre de 2010

2. Grandes santos de España

Siento una profunda alegría al estar de nuevo en España, que ha dado al mundo una plé-yade de grandes santos, fundadores y poetas, como Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Francisco Javier, entre otros muchos; la que en el siglo XX ha suscitado nuevas instituciones, grupos y comunidades de vida cristiana y de acción apostólica y, en los últimos decenios, camina en concordia y unidad, en libertad y paz, mirando al fu-turo con esperanza y responsabilidad. Movida por su rico patrimonio de valores humanos y espirituales, busca asimismo superarse en medio de las dificultades y ofrecer su soli-daridad a la comunidad internacional.

Ceremonia de bienvenida. Aeropuerto de Santiago. 6 de noviembre de 2010

3. Un mensaje para los jóvenes

A nosotros, nos toca hoy seguir el ejemplo de los apóstoles, conociendo al Señor cada día más y dando un testimonio claro y valiente de su Evangelio. No hay mayor tesoro que podamos ofrecer a nuestros contemporáneos.

Para los discípulos que quieren seguir e imitar a Cristo, el servir a los hermanos ya no es una mera opción, sino parte esencial de su ser. Un servicio que no se mide por los cri-terios mundanos de lo inmediato, lo material y vistoso, sino porque hace presente el amor de Dios a todos los hombres y en todas sus dimensiones, y da testimonio de Él, incluso con los gestos más sencillos. Al proponer este nuevo modo de relacionarse en la

comuni-E

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dad, basado en la lógica del amor y del servicio. Y quisiera que este mensaje llegara sobre todo a los jóvenes: precisamente a vosotros, este contenido esencial del Evangelio os indica la vía para que, renunciando a un modo de pensar egoísta, de cortos alcances, como tantas veces os proponen, y asumiendo el de Jesús, podáis realizaros plenamente y ser semilla de esperanza.

Santa Misa. Plaza del Obradoiro, 6 de noviembre de 2010

4. Sólo Dios basta

Desde aquí, como mensajero del Evangelio que Pedro y Santiago rubricaron con su sangre, deseo volver la mirada a la Europa que peregrinó a Compostela. ¿Cuáles son sus grandes necesidades, temores y esperanzas? ¿Cuál es la aportación específica y funda-mental de la Iglesia a esa Europa, que ha recorrido en el último medio siglo un camino hacia nuevas configuraciones y proyectos? Su aportación se centra en una realidad tan sencilla y decisiva como ésta: que Dios existe y que es Él quien nos ha dado la vida. Solo Él es absoluto, amor fiel e indeclinable, meta

infinita que se trasluce detrás de todos los bienes, verdades y bellezas admirables de este mundo; admirables pero insuficientes para el corazón del hombre. Bien compren-dió esto Santa Teresa de Jesús cuando escri-bió: «Sólo Dios basta».

Santa Misa. Plaza del Obradoiro, 6 de noviembre de 2010

5. Europa ha de abrirse a Dios

Europa ha de abrirse a Dios, salir a su encu-entro sin miedo, trabajar con su gracia por

aquella dignidad del hombre que habían descubierto las mejores tradiciones: además de la bíblica, fundamental en este orden, también las de época clásica, medieval y moderna, de las que nacieron las grandes crea-ciones filosóficas y literarias, culturales y sociales de Europa.

La Europa de la ciencia y de las tecnologías, la Europa de la civilización y de la cultura, tiene que ser a la vez la Europa abierta a la trascendencia y a la fraternidad con otros continentes, al Dios vivo y verdadero desde el hombre vivo y verdadero. Esto es lo que la Iglesia desea aportar a Europa: velar por Dios y velar por el hombre, desde la com-prensión que de ambos se nos ofrece en Jesucristo.

Santa Misa. Plaza del Obradoiro, 6 de noviembre de 2010

6. La Cruz, estrella orientadora

A Cristo que podemos hallar en los caminos hasta llegar a Compostela, pues en ellos hay una cruz que acoge y orienta en las encrucijadas. Esa cruz, supremo signo del amor llevado hasta el extremo, y por eso don y perdón al mismo tiempo, debe ser nuestra estrella orientadora en la noche del tiempo. Cruz y amor, cruz y luz han sido sinónimos en nuestra historia, porque Cristo se dejó clavar en ella para darnos el supremo testimo-nio de su amor, para invitarnos al perdón y la reconciliación, para enseñarnos a vencer el mal con el bien. No dejéis de aprender las lecciones de ese Cristo de las encrucijadas de los caminos y de la vida, en el que nos sale al encuentro Dios como amigo, padre y guía. ¡Oh Cruz bendita, brilla siempre en tierras de Europa!

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Santa Misa. Plaza del Obradoiro, 6 de noviembre de 2010

Altar Mayor nº 62 y 63, Septiembre-Octubre y Noviembre-Diciembre de 1999

Decimoquinta etapa del camino de Santiago, iniciado en Roncesvalles

adrugón, que queda poco y, sin desayunar, a quemar la última etapa. Coincido con una familia vizcaína, de Guecho, que viene haciendo el Camino, a tramos, desde hace cinco años, y hoy esperan terminarlo. La madre está francamente mal, con los pies dolientes y problemas intestinales, pero dispuesta a aguantar todo por llegar hasta Santiago. Un último bosque de eucaliptus, tramos llanos. En Lavacolla me espera Juan-Antonio, médico amigo, que ha venido a verme desde Ribeira. Da su visto bueno a mi situación sanitaria, a pesar de las llagas y picaduras, me invita a desayunar, y se va. Los últimos trechos se hacen duros y feos. El Monte del Gozo, desencanta: las prometidas torres apenas se ven, al fondo del laberinto urbano. Sé que José-Luis e Isabel vendrán a Santiago hoy, y les llamo para citarnos: en la plaza de la Quintana, junto a la placa que conme-mora la salida del batallón de Literarios, en la guerra de la Independencia. Muchas cosas evoca para mí esa lápida: a los Literarios, estudiantes compostelanos que se apresuraron a luchar contra el invasor, al SEU, que quiso conmemorarles con una lápida, hoy desapare-cida, a mi tatarabuelo Pedro, que fue uno de los que formaron en aquel batallón. Bajando del Monte, una señora francesa, conductora de una furgoneta, se me ofrece para acercarme hasta la ciudad. Aunque agra-decido, declino su invitación, naturalmente. Quiero entrar a pie, como hasta aquí he venido. La entrada a Santiago tiene un punto de frustración: paso de un puente sobre la autopista, calles vul-gares, casas ordinarias, edificios industriales. No estaría de más que el Ayuntamiento adecentara este último tramo. Agradezco que unos cohetes y una banda de gaitas me acompañen en el trayecto de entrada. No me festejan a mí, sino a San Roque, peregrino como yo, y llagado, que ha sido su día. Es feliz coincidencia. La vieja Compostela, al fin: el callejón de las Animas, la vía Sacra, Azabachería, Platerías, la Quintana, ¡El Obradoiro! Una hilera interminable aguarda turno para pasar por la Puerta Santa y abrazar la imagen del Apóstol. Otra sarta espera poner sus dedos en el parteluz y golpear su cabeza contra el Santo dos croques. Veo pasear a una familia de moritos, probablemente marroquíes, ellas con chilaba. ¿Qué pensarán de esta multitud que los tolera, como no tolerarían ellos a un cristiano en La Meca? A distancia de unos pocos metros, pero separados por el gentío, veo al abogado brasileño con el que hablé en el Cebreiro: ¡He pensado en lo del diamante, y tienes razón!, me grita. No hay palabra ociosa. Entro en la catedral, atestada, por el Pórtico de la Gloria. Hay de todo: los más rezan, no pocos hacen cola para

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confesarse, pero también algunos se comportan sin el deseable respeto, y nadie les dice nada. Claro que, en la Edad Media, cuando los peregrinos dormían en las naves y el botafumeiro servía para disipar su hedor, quizá no fueran mejor las cosas. ¿Debería alguien poner orden? Yo, cansado, oiré Misa por la tarde. Le mando, a buena distancia, un abrazo a Santiago, y salgo a escape, que en estas circunstancias no es fácil concen-trarse. A la salida, vuelvo a fijarme en el Pórtico. Está Santiago. Y está el Señor triunfante, sereno, en majestad. Pero junto a él figuran unos ángeles que muestran los instrumentos de la pasión: el camino de la Gloria.

Catedrático y miembro de número de la Real Academia de la Historia Altar Mayor nº 160, Julio-Agosto 2014

n torno al año 829, el obispo de Iria Flavia comunicó la noticia de que se había descubierto la tumba de Jacobo. Como el lugar había sido detectado por medio de una estrella, se le denominó Campus Stellae, de donde sale nuestro moderno Compostela.

Para toda la cristiandad occidental se trataba de un acontecimiento de hondas reper-cusiones.

Hasta el siglo XI, la presencia jacobea afectará casi exclusivamente a los monarcas españoles. Un sobrino del abad Miró, que pertenecía a la estirpe de los condes de Bar-celona, viajó por toda España a fin de mover, en las primeras décadas de este siglo, el espíritu de colaboración entre los reinos, impulsando además la entrada de los benedic-tinos reformados franceses que obedecía el modelo de Cluny. La paz garantizaba el trato al adversario y también el respeto a religiosos, eclesiásticos, campesinos, mujeres y niños. Este cambio en la mentalidad iba a ejercer una gran influencia en el papel que se iba a asignar a las peregrinaciones.

La peregrinación era algo más que la visita a un lugar sagrado. De acuerdo con el Antiguo Testamento, debía considerarse como una alliyah, un ascenso. Se sube, desde una vida de pecado a un punto en que es posible la purificación que conlleva el perdón. En la raíz profunda de la costumbre jacobea encontramos aquello que los siglos medievales llama-ron la gran perdonanza. Pues todos los pecados podían obtener en Compostela el per-dón, lo cual significaba el retorno a una vida nueva. Nadie puede darse por definiti-vamente perdido. Con este radical optimismo ético, Santiago ponía fin a una herencia grecolatina que liga al hombre indeclinablemente a su destino, y le otorga la libertad. Así nació el camino francés, ya que todos los europeos que emprendían la peregrinación debían atravesar Francia. Además de motivos religiosos entraban en el viaje los econó-micos. En los puntos principales del Camino surgieron barrios de artesanos y de comer-ciantes a los que genéricamente se daba el calificativo de francos. Pero la franquicia no es otra cosa que el signo de la libertad, de modo que el hábito jacobeo se identificaba también con la supresión paulatina de la servidumbre. La población española que se dedicaba a estas nuevas profesiones, se instaló también en los burgos de francos y fue consiguiendo estructuras jurídicas y administrativas que se condensan en cartas o fueros.

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Ésta es la causa de que las primeras y más importantes organizaciones de municipios aparezcan relacionadas con el camino francés. Desde él se extendieron después a todos los reinos. No hay que olvidar que España se adelanta a otras naciones de Europa en este terreno; aquí nacieron las primeras Asambleas del tercer Estado, que seguimos llamando Cortes.

En los siglos XII y XIII la peregrinación, vía de sacrificio, hizo nacer en Europa una nueva conciencia relacionada con la aplicación de la justicia. No puede negarse la posibilidad del arrepentimiento y renovación. Por otra parte, la pena impuesta puede ser, aparte de castigo, vía de recuperación del delincuente.

En muchas ciudades de Europa se utilizó la peregrinación como sustitutoria de la pena de muerte. Todavía hoy, en lugares remotos, hallamos iglesias dedicadas a Santiago el Apóstol, que nos recuerdan esta condi-ción. Compostela ha sabido crear bene-volencia y cultura. El Camino francés fue también trayecto para los poetas, que iban recogiendo sobre la marcha mu-chos de los temas que después desarro-llarían. Frente al culto al caballo y a la espada, las normas jacobeas enseñaban las nuevas consignas de la paz y de la tregua de Dios.

Muchos viajeros llegaban a Galicia en barco y esta vía marítima beneficiaba de modo especial a los ingleses. Por esta vía llegó, a principios del siglo XIII, el conde de Leicester Simón de Monfort, que tuvo la oportunidad de ver cómo funcionaban las Cor-tes con el tercer estamento. Fue él, precisamente, quien, en 1258, introdujo en Inglaterra la Cámara de los Comunes.

Vicepresidente de la Hermandad de Veteranos Inmemorial del Rey

l 20 de julio de 1846 se designó al Apóstol Santiago patrón del Arma de Caballería, cuya proclamación fue posteriormente ratificada el 20 de julio de 1892.

Y para honrar a la Caballería en el día de su Patrón, qué mejor que recordar una de sus gestas más heroicas, cuyo centenario estamos celebrando en estas fechas, que ponen de manifiesto su aguerrido amor a España y su espiritu de compañerismo que les obliga a no dejar abandonados a sus compañeros.

El Regimiento de Caballería Alcántara fue creado por el rey Felipe IV en 1656 y, desde su fundación ha participado en innumerables conflictos bélicos, pero su prestigio le viene dado por su comportamiento en el llamado desastre de Annual.

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Agotados todos los recursos de la defensa se ordenada la evacuación, la guarnición de Igueriben comienza el día 21 su retirada hacia Annual. De los cerca de 300 hombres de Igueriben, solo sobreviven 33.

La situación en Annual era insostenible, las líneas de abastecimiento cortadas, la muni-ción escasa y enormes dificultades para conseguir la aguada, la tropa se mantenía a la espera de refuerzos.

Al conocer los detalles de la caída de Igueriben, el desaliento y la decepción hacen presa en la tropa.

El día 22 se ordena la eva-cuación con la orden de reu-nirse posteriormente en Dar Drius. La retirada se transfor-ma en una caótica huida. Se ordena al Regimiento Al-cántara cubrir la retirada, los 700 jinetes realizan innúmera-bles cargas con el fin de pro-teger a sus compañeros que, en su alocada huida eran ame-trallados desde las alturas cir-cundantes. A la vista de lo que estaba sucediendo, el Tenien-te Coronel Fernando Primo de Rivera y Orbaneja, jefe acci-dental del Regimiento, y sien-do consciente de la inferioridad en la que se encontraban, arengó a sus subordinasien-dos diciéndoles que «había llegado la ocasión de sacrificarse por la Patria». Envío pequeños grupos para alejar las posiciones enemigas, evitando el enfrentamiento directo y así per-mitir el avance y acompañamiento de los supervivientes de Annual hasta llegar a Ben Tieb, donde dejaron a los heridos.

El día 23 fue el día más duro para la unidad. El Regimiento tuvo que dirigirse a dar pro-tección a las distintas columnas que estaban desplegadas por la zona. Los 700 jinetes se dividieron por secciones para dar una amplia cobertura y participar en todas las retiradas que se produjeran hasta llegar a Dar Drius.

Una de las primeras columnas en ser atacada fue la de Cheif, del Regimiento Melilla nº 59. En su ayuda acudió el Teniente Coronel Primo de Rivera que salió con los Escua-drones al galope haciendo varias cargas, llegando al cuerpo a cuerpo. A pesar de las muchas bajas producidas llegaron a Dar Drius.

Pocos minutos después salió una Sección a proteger el repliegue de varias posiciones que estaban siendo hostigadas con abundante fuego de fusilería.

En el rio Igan se quedaron atascados algunos vehículos que fueron tiroteados por lo que se ordenó proteger el camino de este convoy después de las cargas que ya se habían realizado. Cuando llegaron al rio vieron como los vehículos (la mayoría ambulancias) habían sido destrozados y sus conductores asesinados. Tras conocer el destino de sus compañeros, protagonizaron una nueva carga.

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Cuando regresaban a Dar Drius, vieron como la ciudad estaba ardiendo y una nueva operación les fue encomendada.

Esta nueva misión era dar protección a la última columna de supervivientes en su marcha a Monte Arruit, que se vio seriamente

comprometida cuando los rifeños to-maron posiciones al otro lado del rio Igan, desde donde atacaban a la co-lumna que se retiraba. Ante esta situa-ción recibieron la orden de cruzar el rio y acabar con los rebeldes. Sabían que era una misión imposible pero, y a pesar con contar con una fuerza sen-siblemente inferior a los enemigos, el Alcántara cabalgó contra ellos, sabi-endo que posiblemente morirían en el empeño, pero no fue motivo que les importara.

Se calcula que, después de estos combates, murieron cerca del 80%

de los miembros del Alcántara y un 12% fue capturado.

Estos hechos de heroicidad y valor les han hecho acreedores de la Cruz Laureada de San Fernando, en su categoría de colectiva.

El teniente coronel Primo de Rivera y Orbaneja murió en la defensa de Monte Arruit el 6 de agosto de 1921, como consecuencia de la herida producida por un casco de granada de la artillería enemiga que le hirió en un brazo que tuvieron que apuntar sin anestesia por carecer de la misma. Se le concedió la Cruz Laureada de San Fernando por su heroica actuación en el desastre de Annual.

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