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LOS DEBERES DEL SER HUMANO PARA CONSIGO MISMO, LA FAMILIA Y EL PRÓJIMO
La masonería no es una institución anquilosada en su pasado y busca, por el contrario, una constante actualización sin perder de vista su origen y sus fundamentos.
Es así, como señala en su Nota N° GM 0288-2009, que ahora tiene la preocupación de buscar crear una nueva conciencia y establecer los elementos esenciales de los deberes del ser humano, tanto en la Orden como en la sociedad profana.
El presente trazado se ha trabajado dentro del primer tema cuyo título es “Los deberes del ser humano para consigo mismo, la familia y el prójimo”.
EL DERECHO Y EL DEBER
Para poder encarar un análisis y llegar a establecer cuáles serían los elementos esenciales de los deberes del ser humano, es tarea imprescindible analizar la controversia existente entre el derecho y el deber.
El derecho, considera que al representar a la posibilidad legal o moral de hacer algo, su creación y origen es anterior al deber, ya que le otorga al ser humano un infinito abanico de posibilidades dentro de lo que las normas jurídicas y morales le permitían.
A su vez, el deber, que denota básica y fundamentalmente obligación, considera que ningún ser humano podría tener derecho a hacer o no hacer algo, si previamente no tuviera obligaciones que le abran esas posibilidades. En consecuencia, si el deber no existiera antes que el derecho, éste no podría existir.
La posición del derecho sustenta entre sus argumentos que para los diferentes derechos existen decálogos, que se les conoce de diferentes otras maneras, “Declaración Universal de los Derechos”, “Carta Universal de los Derechos”, pero básicamente es el mismo, porque cualquiera sea su nombre, se trata de una lista a veces pormenorizada, a veces muy general, de los diferentes derechos a los que justamente tiene derecho el ser humano.
Analizando la controversia anterior, podemos finalmente considerar que para el ser humano no podría existir ningún derecho si previamente, aquel, no tuviera obligaciones que cumplir, es decir si no tuviera deberes que le den al ser humano la posibilidad de tener derechos.
Es evidente que el uno depende recíprocamente del otro. De que serviría tener muchos o pocos deberes, si no pudiera tenerse a su vez derechos, y, por el contrario, no podrían existir derechos a los que puedan acceder los seres humanos, si previamente no tuvieran obligaciones que cumplir para poder exigir sus derechos. Como consideración final podemos determinar que el deber ha tenido origen previo al derecho y luego, al existir ambos, se hicieron mutuamente interdependientes.
No obstante, los defensores del derecho seguirán exigiendo que se le reconozcan privilegios por encima de cualquier otro aspecto de la vida del ser humano, como se ha venido haciendo hasta el presente. Además de que seguirán en su política de crear más decálogos sobre derechos, para seguir respaldando sus exigencias, sin asumir las responsabilidades que tiene el ser humano por los deberes que debe cumplir.
Surge, en consecuencia, el interrogante de si será necesario o por lo menos justificará crear uno o varios decálogos de deberes del ser humano, cuando el fundamento, cimiento y base única de cualquier deber, se encuentra en el comportamiento, la conducta y el modo de vida del ser humano.
No podemos olvidar que los derechos nacen en función de los deberes que tienen los demás para respetar esos mis derechos, el hombre no tiene primero derechos que exigir, primero tiene deberes que cumplir los que a su vez, generan los derechos de los demás.
EL SER HUMANO
Prácticamente en lo que conocemos como el mundo moderno, se ha perdido o por lo menos se ha desvirtuado, la noción cabal de lo que es el ser humano como unidad básica y fundamental de la humanidad.
No puede existir humanidad si no existe el ser humano. Puede parecer una verdad de Perogrullo, pero en todas las declaraciones, estudios, foros, reuniones, se habla de la humanidad y no se habla del hombre (como ser humano). Al referirnos al hombre incorporamos, obviamente, a la mujer, ambos son el fundamento como uno sólo de lo que es la humanidad.
Ese enfoque sobre la humanidad como una generalidad, contradictoriamente ha deshumanizado el concepto del ser humano.
LA MASONERIA Y EL SER HUMANO
Por eso, es imprescindible retornar al origen de la formación de la masonería que se encuentra basada en el ser humano.
La masonería no quiere ni necesita un ser humano cualquiera: quiere y necesita un ser humano que se exprese y refleje en los demás y que viva cumpliendo los altos principios de la masonería.
Se necesita un ser humano solidario y complementario; esto empieza en la familia, continua en la escuela y se extiende a la sociedad
Para entender cuales son los deberes que un ser humano debe cumplir, no es necesario alejarse mucho en el análisis, porque la respuesta la encontramos o en los Antiguos Linderos “Landmarks”, en los principios, reglas, constituciones y reglamentos de la masonería.
La Masonería admite en su seno a hombres libres y de buenas costumbres. Qué es ser hombre libre.
Entendemos que esa libertad se refiere a la responsabilidad que cada masón tiene para afirmar su personalidad, su vida y sus quehaceres, dentro de mínimos parámetros que limitan su libre albedrío.
Qué es ser hombre de buenas costumbres.
Debemos entender que el hombre de buenas costumbres, es aquel que vive y desarrolla sus actividades, dentro de límites en su conducta que valoran el respeto a sí mismos, a su familia y consiguientemente a la sociedad.
Las buenas costumbres se encuentran dentro de las normas de conducta que emergente de su libertad, asumen para ser hombres virtuosos. No olvidemos que el hombre virtuoso lo es a cada momento y en cualquier circunstancia. Los arreos o estar en una tenida de taller, no hace a nadie virtuoso por su sola presencia. Es la conducta de cada día la que hace al hombre de buenas costumbres y en esa conducta debemos reconocer a quien es hermano masón o solamente se trata de una figuración.
La Masonería trabaja para el perfeccionamiento moral e intelectual del ser humano
El masón debe tener una conducta moral en todos los aspectos de su vida, y debe ser ejemplo para los demás seres humanos en el mundo profano donde el masón se desenvuelve.
Justamente es trabajo de la masonería buscar el perfeccionamiento moral de los masones, exigiendo la conducta apropiada en toda circunstancia de la vida del masón y no solamente dentro de las paredes del templo. Aquel masón que no cumpla con la conducta moral exigida, debe estar sujeto a la sanción correspondiente, de otra manera, estaríamos desvirtuando el cumplimiento de los mínimos deberes exigibles, cayendo en una complicidad inaceptable.
¿Por qué es necesario el perfeccionamiento intelectual del ser humano en general y del masón en particular?
Porque la ignorancia conlleva dentro de sí el desconocimiento de las conductas mínimas de comportamiento que dañan a la estructura misma de la base de la sociedad que es la familia. Mientras más desarrollado está el conocimiento, también más desarrollado está el sentido de pertenencia, de cuidado y de respeto, que va íntimamente unido al perfeccionamiento moral.
De qué nos serviría tener seres humanos con mucho conocimiento, si no tienen una conducta moral de sustento. Serían como esas estatuas de grandes hombres que sólo son piedra labrada pero sin alma ni contenido.
La Masonería recomienda a sus miembros la difusión de sus ideales mediante el ejemplo, la palabra y los escritos, bajo la reserva del secreto masónico.
El masón al ser iniciado no solamente adquiere su condición de tal, adquiere la responsabilidad de ser, actuar y vivir dentro de los altos principios de la masonería. Y de que serviría tener masones que no trascienden en su familia y la sociedad con el ejemplo de la conducta y moral del masón.
Respetándose la reserva del secreto masónico, indiscutible y necesaria, el masón debe con su ejemplo delinear las conductas y el cumplimiento de los deberes para con los demás, exigiendo, porque su propia forma de vida así lo respalda, que los demás cumplan esos deberes.
Al iniciarse el masón, debe tener la suficiente conciencia de que no está ingresando a un club de amigos, sino, lo está haciendo a una forma de vida dentro de la moralidad y el respeto a los demás y la ineludible obligación de constituirse en ejemplo para los demás seres humanos en el mundo profano.
Todo lo anterior, nos lleva a considerar el tema mismo que me han encomendado. LOS DEBERES DEL SER HUMANO PARA CONSIGO MISMO, LA FAMILIA Y EL PRÓJIMO
Si no existe ser humano, no existe la familia y ésta es la base y núcleo fundamental de la sociedad.
El ser humano tiene deberes para consigo mismo, entre ellos, llevar una vida dentro de conductas irreprochables, donde no exista la hipocresía, ni la mentira, ni la falsedad.
Uno de los primeros deberes del ser humano es ser íntegro y veraz. De qué sirve un ser humano tolerante y caritativo, si lleva una vida falsa y de mentira, aquello es sólo un ropaje hipócrita de engaño a los demás.
El primer deber del ser humano es para consigo mismo.
Esto nos lleva como lógica consecuencia, que el otro deber fundamental del ser humano es para con su prójimo. Va a ser natural y sencillo que el ser humano que se respeta a sí mismo, va a respetar y considerar a su prójimo.
Para llegar finalmente, a lo importante y valioso, que es la familia.
La familia, como se dijo anteriormente, es la base y núcleo fundamental de la sociedad. Pensando imaginariamente en una pirámide, si el fundamento y cimiento de ésta es el ser humano y si éste es integro, moral y se respeta, permite conformar con cada una de esas sus virtudes, las piedras suficientes y necesarias para sustentar a la cúpula de esa pirámide, que es la familia.
La argamasa de unión de las piedras de la pirámide, se encuentra en el ejemplo, la conducta y el respeto, que se va compactando cada vez más, a su vez, con la conducta, moral y el ejemplo que van asumiendo los otros miembros de la familia. Si la fuerza del ser humano construye una sólida pirámide que es la familia, consiguientemente esa familia va a conformar parte de otra pirámide que forma la sociedad, donde cada uno de sus miembros, instituciones, gobiernos, gobernados, van a poder cumplir y hacer cumplir los deberes que nacen y se sustentan en el ser humano.
Finalmente, con una sociedad sólida, se puede enfrentar fácilmente el cumplimiento de los deberes del ser humano para con el mundo, el medio ambiente y la naturaleza.
El ser humano es el cimiento de la humanidad, por eso la masonería asume una valiosa responsabilidad, al buscar que ese ser humano sea y se sienta libre, tenga buenas costumbres, se perfeccione moral e intelectualmente y sea importante ejemplo para la construcción de familias sólidas y de sociedades justas.
Fernando Rodriguez Mendoza R:.L:.S:. Ismael Montes
Armonía Universal N° 11 31 de agosto de 2009