PROGRAMA No. 243
NUMEROS
Capítulo 8
Continuando nuestro estudio en el libro de Números, llegamos hoy al capítulo 8. En este capítulo tenemos las lámparas del candelero y el lavacro para los Levitas. Este capítulo continúa describiendo la purificación que es necesaria, como preparación para la marcha a través del desierto. Tenían que estar limpios, porque iban a seguir a Dios y servirle. Al principio parece que todo esto acerca del candelero no pertenece aquí. Uno esperaría encontrar este capítulo en el libro de Exodo, donde aparecen las instrucciones para el tabernáculo. Pero, sin más, entremos en el estudio de este capítulo. Consideremos primero, la luz del candelero. Leamos los primeros cuatro versículos de este capítulo 8 de Números:
Números 8:1-4 ". . . así hizo el candelero."
Este candelero era uno de los artículos más hermosos en todo el mobiliario del tabernáculo. Era hecho de oro labrado a martillo, la obra de un artesano que lo había formado en forma de ramas de almendro, con una gran flor de almendro en el extremo superior de cada brazo, que servía para sostener las lámparas. Creemos que la luz de estas lámparas, revelaba y realzaba la belleza del candelero.
Este es uno de los cuadros más perfectos de Cristo que hallamos en el tabernáculo. Las lámparas, encima representan al Espíritu Santo, quien revela la hermosura de Cristo. El candelero habla de Cristo y Cristo apoya el ministerio del Espíritu Santo. Jesucristo envió al Espíritu Santo al mundo y es el Espíritu de Dios quien ahora toma las cosas de Cristo y nos las revela.
Acabamos de estudiar el capítulo donde vimos lo que los príncipes trajeron como ofrendas a Dios, y ahora consideraremos en el resto de este capítulo, la purificación de los levitas. Esto nos enseña que todo lo que hagamos debe ser hecho a la luz de la cruz. Todo debe ser hecho a la luz de la Palabra de Dios.
Al principio de la Iglesia, había cuatro marcas distintivas de la Iglesia visible. Las hemos llamado, las impresiones digitales espirituales de la Iglesia visible. Y aquí están: En Hechos, capítulo 2, versículo 42, leemos: "Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en
la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones" (Hechos 2:42). La
Iglesia tiene que caminar a la luz de esto. La Iglesia tiene que recibir sus instrucciones de la Palabra de Dios, y no de algún libro de conducta eclesiástica o algo por el estilo.
Ahora, notemos esto. El candelero era fuente de luz. Y el Señor Jesucristo es la luz del mundo. El se revela así en la Palabra de Dios. Todo debe ser hecho a la luz de Su presencia. Y, mi amigo oyente, usted no le encontrará revelado en ningún otro lugar, sino sólo en la Palabra de Dios. Aquí es donde se puede aprender de El.
Comenzando ahora con el versículo 5, y extendiéndonos al fin del capítulo, tenemos esta sección que trata de la purificación de los levitas. La luz del candelero y el lavacro eran para el beneficio de los levitas.
Los levitas tenían que venir al lavacro para su purificación. Ya habían venido al altar de bronce, el cual habla de la cruz de Cristo. Y esto nos habla de cómo Dios mantiene limpios a Sus siervos. Los versículos 5 y 6 de este capítulo 8 de Números dice:
Números 8:5,6 ". . . y haz expiación por ellos."
Amigo oyente, si Dios le va a usar, tendrá que limpiarle primero. El tiene Su propio método de limpiarle. Veamos, ahora, como Dios limpió a los levitas. Leamos los versículos 7 y 8:
Números 8:7,8 ". . .y tomarás otro novillo para expiación."
Los levitas tenían que ser limpiados para el servicio. Debían rociarse con el agua de la expiación. Esto se hacía en el lavacro. En segundo lugar, afeitaban todo su cuerpo . En tercer lugar, lavaban sus vestidos para hacerse limpios. En cuarto lugar, ofrecían una ofrenda por el pecado.
Ahora, ¿recuerda usted lo que Dios había dicho en cuanto a Leví? Leví era hijo de Jacob y cuando Jacob le bendijo, le dijo, como lo leemos allá en Génesis capítulo 49, versículos 5 al 7; le dijo Jacob: "Simeón y Leví son hermanos; armas de iniquidad sus armas,
en su consejo no entre mi alma, ni mi espíritu se junte en su compañía . Porque en su furor mataron hombres, y en su temeridad desjarretaron toros. Maldito su furor, que fue fiero; y su ira, que fue dura. Yo los apartaré en Jacob, y los esparciré en Israel" (Génesis 49:5-7).
Necesitaban pues, ser limpiados.
El Apóstol Juan, en su primera carta, capítulo 1, verso 7 dice: "Pero si andamos en luz,
como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado" (I Juan 1:7). Es que, la luz y el lavacro van juntos aquí. Cuando
usted camina en la luz, ve que hay imperfecciones en su vida. Entonces va usted al lavacro para lavarse y quitarlas. Eso es lo que ocurre cuando confesamos nuestros pecados. Ahora, fíjese usted, que hay cuatro pasos que se dan aquí para la purificación:
1. "Rocía sobre ellos el agua de la expiación." Usted recordará que cuando Cristo lavó los pies de los discípulos, Simón Pedro no quería aceptarlo. El Señor Jesús le dijo entonces, según lo leemos en Juan 13:8: "Si no te lavare, no tendrás parte conmigo" (Juan 13:8). Eso significa que no tendría comunión con El, que no tendría parte con El. Juan lo explica en su Epístola diciendo: "Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos
con otros." Sí, pero cuando yo ando en la luz, veo manchas. Veo las cosas que son malas en
mi vida. ¿Qué debemos hacer entonces? ". . . y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia
de todo pecado." Sigue limpiándonos de pecado. Eso es, cuando confesamos nuestros
pecados. El Apóstol Juan, en su primera carta, capítulo 1, versículos 7 y 9 dice: "Si
confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (I Juan 1:7-9).
Esto es algo muy importante, amigo oyente. Esto es para los creyentes. Si usted quiere servir a Dios, tiene que confesar sus pecados. El lavacro es el lugar para el creyente, para el santo de Dios. El altar de bronce representa la cruz, el lugar donde llega el pecador a Dios.
2. Bueno, el segundo paso que se da aquí para la purificación es: "Haz pasar la navaja sobre todo su cuerpo." Y el escritor a los Hebreos, en el capítulo 4 de su carta, versículo 12 dice: "Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos
filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón" (Hebreos 4:12). La Palabra de Dios, amigo
oyente, puede penetrar hasta lo más íntimo de su vida y encontrar allí las cosas malas que usted ni aún sabía que existían o que eran malas. Esta es la razón por la cual Juan dice en su primera carta, capítulo 1, versículo 7: ". . . mas si andamos en luz, como él está en luz,
tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado." Necesitamos pasar aquella navaja afilada sobre nosotros. ¿O es que usted cree
que no hay una mancha en usted? Pues, entonces, saque la navaja y comience a usar la Palabra de Dios. La Biblia es una luz, pero también es una navaja cortante.
3. Ahora, el tercer paso que se da aquí para la purificación, dice: "Y lavarán sus vestidos." Un vestido habla de los hábitos de la vida. Debemos lavar nuestros vestidos. Tenemos ciertos hábitos que debemos quitarnos de encima. Y en realidad, muchos de nuestros hábitos pueden arruinar nuestro testimonio para el Señor. Es pues, necesario, lavarlos.
4. Finalmente, el cuarto paso es: "Tomarás otro novillo para expiación." Se necesitaba un becerro para el holocausto y para la ofrenda de alimento, y otro novillo para la ofrenda por el pecado. Estas ofrendas, como ya lo hemos visto, nos hablan de Cristo. El holocausto nos habla de quién es. Y la ofrenda de alimento nos habla de su perfección impecable. La ofrenda de paz nos habla del hecho, de que Jesucristo hizo la paz entre nosotros y Dios, mediante la sangre vertida en la cruz. La ofrenda por el pecado nos habla de lo que El ya ha hecho por nosotros. En otras palabras, todo este proceso de limpieza y purificación; todo esto se hace a la luz de la persona y la obra de Cristo. El hizo todo esto por nosotros. Lo hizo para que le sirviéramos. Continuemos ahora leyendo los versículos 9 hasta el 11, de este capítulo 8 de Números:
Números 8:9-11 ". . . servirán en el ministerio de Jehová."
Ahora, queremos que comprenda esto muy bien: Usted puede cantar un solo, predicar un sermón, enseñar una clase de la Escuela Dominical, ser oficial de la Iglesia; pero, todo esto no le vale para nada ante Dios, hasta cuando usted ande en la luz de la Palabra de Dios. Necesita mirarse a la luz de la Palabra de Dios. Usted sabrá así, sus fallas y fracasos y entonces debe confesar todos sus pecados a Dios, sabiendo que le perdonará y le limpiará . Usted, así dará buen uso a aquella navaja cortante. Cortará hasta lo más profundo de su vida y quitará todo lo que ofende a Dios. Necesita cuidar de sus hábitos si quiere ser usado por Dios. Es triste que muchos hombres han dejado que un sólo habito malo arruine su testimonio. La verdad es que todo lo que somos y tenemos, tiene que apoyarse en la persona y la obra de Jesucristo. Es muy necesario reconocer esto.
Vemos luego que todo esto tenía que hacerse según instrucciones muy explícitas para los levitas que iban a servir al Señor. No creemos que sea necesario entrar en todos estos detalles, de modo que, leeremos solamente los versículos 14 y luego el 19 de esta sección. El versículo 14 dice:
Números 8:14 ". . . y serán míos los levitas."
Luego, el versículo 19 dice:
Números 8:19 ". . . al acercarse los hijos de Israel al santuario."
Recuerde que ya hemos mencionado que nuestro Señor en Su oración sacerdotal dijo en cuanto a los creyentes allá en Juan 17:6: ". . . tuyos eran, y me los diste" (Juan 17:6). El
Señor Jesucristo pagó un precio y nos redimió para Dios con Su propia sangre. Ahora, el Padre nos ha entregado una vez más, como regalo al Señor Jesucristo. Pertenecemos al El.
Nuestro servicio para El no se apoya pues en reglamentos ni leyes. Esta no es la manera de servir al Señor Jesús. Le servimos porque le amamos. Nos gozamos de una nueva relación con El. Hemos sido unidos a El, somos parte de El. Nos ha traído a un lugar alto y ahora queremos agradarle. ¡Cuán maravilloso es esto! Avancemos ahora hasta el final del capítulo, y leamos los versículos 24 al 26:
Números 8:24-26 ". . . con los levitas en cuanto a su ministerio."
A los levitas solo les era permitido servir en el tabernáculo, una vez que hubiesen cumplido los 25 años. En nuestro estudio del capítulo cuatro, nos enteramos de que los levitas no podían entrar en el servicio sacerdotal, sino hasta cuando cumplieran los 30 años. Los sacerdotes servían desde los 30 hasta los 50 años. Los levitas que servían alrededor del tabernáculo, levantándolo, bajándolo o haciendo cualquier otro tipo de servicio, tenían que trabajar desde los 25 hasta los 50 años. Allá en el capítulo 1 de Números versículo 3, vimos que cuando el censo fue tomado de todos los que podían salir a la guerra, los que fueron contados eran sólo los que tenían 20 años para arriba.
Ahora, esto hace surgir la pregunta en cuanto a la edad de la responsabilidad. Al pasar al capítulo 14, versículo 29 de este libro de Números, leemos:
Números 14:29 “. . . los cuales han murmurado contra mí."
que tenía 19 años podía entrar en la tierra prometida. Pero el muchacho que tenía 20 años y que había murmurado, tendría que morir en el desierto.
Nos gustaría sugerir, que la edad de responsabilidad es bastante más elevada de lo que muchos de nosotros creemos que sea. Creemos que quizá un niñito sea responsable de sus acciones, pero yo no lo creemos así. Es verdad que un pequeñito puede aceptar al Señor como su Salvador personal, y por cierto, son muchos los que lo han hecho. Pero la edad de responsabilidad tiene que ser más elevada que esta tierna edad de la niñez. Creemos que en realidad, la edad de responsabilidad es diferente para diferentes personas. Dios ciertamente la hizo diferente para las diferentes formas de servicio. Un hombre podría ser soldado por ejemplo, a los 20 años; un levita podría servir en el tabernáculo a los 25 años; un sacerdote por su parte, comenzaba su servicio sacerdotal a los 30 años. Lo importante, amigo oyente, es que debemos instruir a los niños y niñas y animarlos a aceptar al Señor, como su Salvador personal, a una edad temprana. ¡Lo importante es que nuestros hijos, nuestros niños, confíen en Jesucristo, como su Salvador personal. Y así, amigo oyente, concluimos nuestro estudio de este capítulo 8 de Números.
Y aquí tendremos que detenernos por esta ocasión, porque nuestro tiempo ya se ha agotado. En nuestro próximo programa, Dios mediante, entraremos en nuestro estudio del capítulo 9 y en este capítulo, consideraremos la celebración de la Pascua y la nube que cubría el tabernáculo. Es la segunda división mayor de este libro de Números, que hemos intitulado: en marcha, adelante. Y veremos que la pascua es celebrada por todo el pueblo de Israel, en la marcha a través del desierto, pero que surgió un problema. Le invitamos, pues, a acompañarnos durante nuestro recorrido por el capítulo 9 de Números en nuestro próximo programa. Será pues, hasta entonces, quiera el Señor bendecirle ricamente.