Antonio Gómez Robledo, Sócrates y el socratismo

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Texto completo

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RESENAS BIBLIOGRAFICAS

Socrates

y

el socratismo,

por

An-tonio Gomez Robledo. Publicaciones

de

Didnoia,

Centro de Estudios

Filo-s6ficos; Fondo de Cultura

Econo-mica, Mexico, 1966.

te ofrecer otro retrato de Socrates, una nueva imagen amorosamente trazada de aquel ser querido y admirado, sobre el cual ya muchos otros aplicaron su plu-rna. Para ello reunio no solo los rasgos esenciales ofrecidos por las fuentes pri-marias, sino tambien los detalles, con-Uno de nuestros talentos mas seria- tornos y precisiones aportados por co-mente dedicados a la reflexion filos6fica menta dores y filologos, Sin duda, es un y mejor preparados para ella, sobre todo retrato no tanto de los rasgos psico-fisi-en

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que se refiere al pensamiento grie- cos y de los hechos, sino tarnbien de las go, ha escrito un hermoso libro sobre ideas y actitudes. Considerense a este la persona y personalidad de Socrates, respecto las sentidas palabras del prin-sobre su actitud etico-politico-religiosa, cipio del capitulo IV: " .. _todo aquel en muchos aspectos incomprensible, y que, cautivado por la personalidad de sobre sus profundas, innovadoras y su- Socrates, sintio alguna vez la necesidad blimes ensefianzas. Es en verdad un de expresar

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que sobre el sentia, no libro hermoso, no solo por la forma y puede sustraerse a la necesidad de con-el estilo, sino por la presencia de in- signar honestamente, hasta el fin, cual timas emociones y noble entusiasmo, que es su parecer, por la poca 0 mucha

in-el autor experimenta y manifiesta hacia formacion que hay a podido allegarse; la belleza interior de Socrates -escon- y cuando mas no pudiere, declarar su dida por la relativa de£ormidad exte- emocion ante documentos tan sublimes rior-, la cual engendraba irresistible como la Apologia platonica, con la sen-atraccion aun en los mas altos exponen- cillez y el derecho de cualquier espec-tes griegos de apostura corporal, como tador ante la obra maestra en el arte Alcibiades. En algunas lineas del pro- 0 en la filosofia" (p, 92).

logo el Dr. Antonio Gomez Robledo nos La consideracion anterior nos neva a recuerda la juvenil y poderosa atrac- inquirir un poco sobre la naturaleza de cion que sintio por las maravillosas ideas. la obra. A mi no me parece ociosa la del feo Sileno, presentadas en los dia- pregunta, porque alguien podria espe-logos platonicos y leidas por eI en aque- rar de este estudio una cosa que no es lIas inolvidables ediciones vasconcelia- ni promete ser. Se trata, a mi juicio, nas, entonces divulgadoras {micas del de una descripci6n y contemplaci6n de mensaje conjunto, y con frecuencia in- rasgos y hechos, de actitudes e ideas, divisible, de Socrates y Platen. como dije, que constituyen la imagen Considero muy importante sefialar el cabal del maestro por antonomasia del aspecto de

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personal en el objeto des- filosofar y de la reflexion y biisqueda crito y en el sujeto que describe, tanto filos6ficas. No es propcsito central de porque el autor

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hace al caracterizar la obra la exposicion y discusi6n de las los motivos y la estructura de su tra- ideas 0 los principios filos6ficos, al

me-bajo, como porque ahi se encuentra la nos metodicos, de Socrates, ni su posi-explicacion de posibles limitaciones 0 ble profundizacion sistematica.

Tampo-ausencias en el tratamiento, metodo y en- co se plantea a fondo y directamente foque de los temas contenidos. Segun el decisivo problema de la distincion sus palabras, el autor desea simplemen- entre

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socratico y

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platonico, por

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RESE1'l'AS BIBLIOGRAFICAS

mas que se hagan precisiones necesa-rias en diversos momentos. Quiza re-sultaria exacto caracterizar la presen-cia y funci6n de las ideas 0 doctrinas socraticas en esta obra como marco 0

punto de reJerencia, necesario sin duda por la intima uni6n entre doctrina y vida, uni6n que en S6crates, como en Jesus, segun dice el autor, tuvo la suprema confirmaci6n de la entrega y sacrificio de la primera por la segunda. Pero, haciendo a un lado nuestras considera-ciones, veamos mas bien c6mo el autor mismo nos explica el estado de la cues-ti6n y funda en razones su proceder: "Sin dificultad -dice- habra nota do ellector, en todo el curso de este ensayo, como hemos hecho caso omiso, 0 poco menos, de aquello sobre 10 que otros auto res suelen disertar tan prolijamente, que es la Hamada 'doctrina' 0 'filo-sofia' de Socrates. No tenemos incon-veniente, por supuesto, en admitir, sobre la base del testimonio de Arist6teles, corroborado por todos los dialogos pla-t6nicos, que S6crates pudo haber sido, si se quiere, el descubridor de los con-ceptos universales, y no porque 10 hu-biese declarado asi el mismo, sino por el simple hecho de obligar indefectible-mente a su interlocutor a remontarse a .esta generalidad conceptual en la discu-si6n de cualquier asunto. Pero con todo su inmenso rendimiento en la historia de la filosofia, no hay alli una doctrina filos6fica propiamente dicha (del mis-mo mis-modo que la 16gica no es aun la filosofia, sino apenas su '6rgano' 0

ins-trumento), y si la hubiere, seria la {mica que con certeza podriamos ads-cribir a S6crates" (p, 80). Y termina declarando esto: "Quitemonos de la ca-beza, de una vez por todas, la idea de que por ello desmerezca en algo la dignidad de S6crates y su papel en la his-toria. S6crates vale, una vez mas, por su personalidad y por sus aetos, antes que por la emisi6n de estos 0 aquellos

philosophemata; ... " (p. 81).

Desde este mismo punto de vista debe enfocarse, creo yo, la segunda parte del

titulo del libro: el socratismo, En mas de una ocasi6n, pero explicitamente en el capitulo final, el autor aclara que este tema es tratado muy sumariamente, pues el estudio completo de las influencias socraticas abarcaria la historia entera del pensamiento occidental. En efecto, bas-ta observar que el ultimo capitulo, de-dicado expresamente al tema, compren-de s610 9 paginas compren-de las 204 en que se desarrolla el libro. Es facil, pues, ver que aun por este lado no se trata de una exposici6n historico-doctrinal, y que el capitulo aludido s610 tiene por misi6n cumplir la promesa del titulo. Sin el, la ohra debe ria llamarse, a mi parecer, mas 0 menos asi: Socrates. Accion, en-seiianza y cjemplo. Y aun con el, pare-ceriame mas adecuado al contenido ge-neral de la obra un titulo sin la segunda parte.

Otro tema con aspecto doctrinal que se trata en varios puntos de la obra, pero tamhien, a mi parecer, como marco de referencia, es el relativo al racionalis-mo de S6crates. Sin embargo, si con-sidero muy importante destacar la va-liosa precisi6n de G6mez Robledo en el sentido de que tal racionalismo, en cuanto se 10 pretende como posici6n ra-dical y caracteristica, definitoria de su pensamiento, es mas bien aparente ; y

para comprobaci6n de ello el autor se-fiala en varios pasajes los actos y las palabras de S6cr_ates opuestas a esa ac-titud. Leamos la s61ida argumentaci6n sobre el punto capital, el concepto+de "raz6n" en S6crates: ... "Lo ultimo que queremos poner en claro, como preludio a 10 que en el siguiente capitulo dire-mos sobre el supuesto y tan debatido racionalismo de S6crates, es que por ser el conocimiento -por 10 menos el conocimiento moral- un verdadero fru-to vital del espiritu humano, no puede decirse que en eI intervenga la pura razon especulativa, en el sentido en que este termino se entiende tanto en Kant 'como en Arist6teles. De este-ultimo pre-cisamente proviene la imputaci6n que 'desde entonces se le ha hecho a

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Socra-RESE1il'AS BIBLIOGRAFICAS

tes, de que la virtud se identifica con la razon, y de que no puede obrarse el mal sino por ignorancia. Pero los me-jores interpretes modernos nos hacen parar mientes en que la 'razon' de que hablaba Socrates no era la facultad de aprehension pura y descarnada del ob-jeto, sino la phronesis, este termino in-traducible que designa conjuntamente la percepcion intelectual y la vivencia amorosa. Quien, en efecto, sienta y amc el bien asi, 'con toda.su alma', como dira Platen, no puede obrar el mal" (pagi-na 87).

La obra que se resefia aqui, pues, es mas filologico-historica que filologico-filos6fica. Y hay que afiadir con todo derecho, filologico-critica. Por una par-te, - en e£ecto, tiene las caracteristicas de un solido trabajo basado prirnaria-mente en las fuentes, sin ninguna duda en la lengua original (otros estudios del autor y sus traducciones de Aristdte-les

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confirman ) , y secundariamente en una enorme literatura, cuya ampli-tud habria podido verse con facilidad, si la edicion hubiera sido provista de un indice de autores. Naturalmente no podrian faltar las obras fundamentales al respecto de Taylor, Maier, Pi at, Zel-ler, Magalhaes-Vilhena, Tovar, Mondol-fo, Gigon, etc., asi como los valiosisimos comentarios de Burnet a los dialogos "socraticos" de Platen. Por otra parte, el conocimiento y profundizacion de las fuentes justifican al autor en varios mo-mentos no solo para separarse de in-terpretaciones tradicionales, sino para refutar puntas de vista recibidos desde anti guo y sustituirlos por otros mas ve-rosimiles. En esto puede considerarse presente el recio espiritu critico de la filologia moderna -la cual, es cierto, en casos va demasiado lejos, como

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sefiala nuestro autor precisamente acer-ca de un ilustre fllologo moderno, Olof Gigon, quien considera to do

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referente a Socrates como pura poesia.

Sin embargo, a proposito de la solid a estructura filologica, que confiere tanta verdad 0 verosimilitud, en forma y

fon-do, a la reconstruccicn del pasafon-do, debo expresar sincera y atentamente que mi impresion general, al concluir la lectura del libro, es que los autores que sirvie-ron de inspiracion u ofrecieron la pauta para la configuracion de la obra estan demasiado presentes -0 sea que

el

autor

recurre a su testimonio con tanta fre-cuencia para mayor apoyo de sus propios puntos de vista. Personalmente me habrfa agradado mas ver al autor moverse con menos apoyos, digamos externos, y manejar mas, directa y pro-fundamente, los internos, para

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cual talento, maestria y preparacion en ma-nera alguna faIt an a don Antonio- Go-mez Robledo.

Mas pasemos a considerar la obra misma.

EI primer capitulo podria lIamarse tamhien : Sobre la existencia misma de Socrates y la autenticidad de sus ac-ciones y ensefianzas. El estudio de las fuentes socraticas me parece bien redon-deado, y reducido justamente a los au-tores esenciales. Considero atractivo e interesante para

el

lector asomarlo a los vaivenes experimentados a traves de la historia por la estimacion y valia atri-buida ora a uno ora a otro de los inter-pretes, como la mejor y hasta la iinica fuente para el conocimiento del verda-dero Socrates. Frente a los resultados actuales de la critica al respecto coin-cido gustosamente con la equilibrada po-sicion del autor, que justiprecia las apor-taciones posibles de cada uno, maxima par ejemplo en Platen, y minima en Arist6fanes.

En el segundo capitulo Gomez Robledo traza maravillado una vision esplendida de la Atenas de Pericles, destacando la culminacion gloriosa de la cultura y la sa-biduria, pero sin olvidar las sombras de los horrores de la Guerra del Pelopo-neso, de la "barbarie" -de los griegos mismos--, la injusticia y la tirania. Es muy cierto que la permanencia cons-tante de Socrates en Atenas, su amor por ella y su actuacion siempre conforme con sus necesidades, sucesos y leyes,

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ex-RESERAS BIBLIOGRAFICAS

plican por que es necesario exponer la circunstancia social, politica, geogriifica, intelectual, etc., en que transcurrio su vida. Sin embargo, si creo, como

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ad-mite el autor mismo, que hay algunas -digresiones que habria sido mejor omi-tir. Por el contrario, me parece acertada

y justa la rehabilitacion, al menos par-cial, de la Sofistica, no solo por el acto en si de reconocer rneritos 0 valores

donde los haya, sino por la precision del posible aspecto "sofistico" en Socrates. Los capitulos III y V son los centrales y esenciales de la obra. Se podria glosar elcontenido como: V ida, pasion y muer-te, implicando sin duda una respetuosa comparacion,

Acerca de la vida de Socrates, Gomez Robledo expone tres aspectos: el pri-mero, la sencillez y normalidad de su forma de vida, razon por la cual quiza se sabe tan poco de ella; se exceptiia naturalmente su extraordinaria actua-cion en varias hatallas, asi como en otras tareas publicae. El segundo, la proiun-damente sentida y magnificamente dicha etopeya de Socrates, puesta por Platen en labios de Alcibiades, destacando den-tro de la imagen del Sileno el contraste entre la insondable belleza interior y

13. desproporcion corporal. El tercero, la autentica labor y la verdadera aporta-cion filosofica de Socrates, que no per-tenecen al campo teoretico, sino al prac-tico: aqui explica el autor como Socrates, basado en el axioma -llamemoslo asi-del saber asi-del no saber, nunca pretendio ser autor de ninguna idea ni sentar ningiin principio filos6fico, sino que so-lamente ejercia el arte de -Ia mayeutica, es decir, solo enseiiaba a filosofar, se ocupaba principalmente de la forrnacion de filosofos y del nacimiento de la filo-sofia. Lo expuesto en ese parrafo da pie al autor para justificar que su obra no sea una exposicion de la "doctrina" o "filoso£ia" de Socrates, un traha jo abstracto 0 teorico, pues

fundamental-mente no tuvo ni una ni otra, por mas que su tarea hubiera tenido que partir de supuestos doctrinales implicitos.

Acerca del proceso contra Socrates

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unico donde quiza podria encon-trarse algo de "pasion" (sufrimiento)-Gomez Robledo describe en primer lugar las circunstancias y hechos que

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posibi-litaron y analiza los puntos esenciales del aspecto juridico. En seguida es-tudia las fuentes, es decir, las Apolo-gias de Jenofonte y la Apologia plato-nica, repasando el contenido de las dos primeras, sefialando el valor que les cabe como fuentes, y atribuyendo el mas alto valor, absolutamente. a la obra extraor-dinaria de Platen, cuyo contenido sera la base fundamental de

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que expon-ga en los parrafos centrales de ese capitulo (IV). Elprimero de estos des-linda historica y doctrinalmente las "dos" acusaciones ("dos grupos de acu-sadores") de que habla Socrates en su defensa, poniendo en relacion dichos acusadores ausentes y en general anoni-mos -excepto Arist6fanes en las

Nu-bes- con los presentes: Anito, Melito y Licon. EI segundo parrafo aborda la dificilisima y quiza insoluble cuestion de la naturaleza del daimon socratico frente a losdaimones griegos en general, demostrando con bases solidas que no se trata de un ente concreto, sino de una voz interior 0 serial divina, cuya

ultima precision 0 interpretacion

(feno-menos patologicos, conciencia moral, pro-videncia divina ) no puede darse satis-factoriamente. El tercer parrafo presenta el caracter esencial de la vida entera de Socrates: su mision divina; Gomez Ro-bledo contrasta aqui la relativa debili-dad de la defensa de Socrates sobre otros puntos con la fuerza y decision en este. "Donde, en cambio -dice-, es Socra-tes de una elocuencia convincente, es cuando se presenta sencillamente a SI mismo su conducta como hombre y como ciudadano, y la razon de ser del genero de vida que ha abrazado" (p. 125). Con fundamento en la explicacion mis-rna de Socrates -sin arrogancia, pero con entereza- de por que el OracuJo de Del£os

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considero el mas sabio de los hombres, y tomando en cuenta

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que

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RESESl'AS BIBLIOGRAFICAS

signified para el "el mas divino de los preceptos delficos, el 'conocete a ti mis-mo' ", sefiala el autor como Socrates ma-nifesto frente a todo y frente a todos, que cuanto hacia,

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hacia por obedecer a Dios, a cuyo mandato atenderia siem-pre por sobre cualquier otra orden hu-mana que se opusiera a aquel, desafian-do la misma muerte. lY cual es esa mision ? EI cuidado del alma, el fomen-tar la virtud, el hacer reinar la justicia. EIultimo de estos parrafos "doctrinales" se ocupa en seiialar el caracter funda-mentalmente apolineo del espiritu de S6-crates, sin negar, frente a todos los que exageran su oposicion a

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dionisiaco (Nietzsche) , como persisten elementos os-curos de gran trascendencia, como, por ejemplo, el acatamiento de la voz de su demonio interior. Y el capitulo termina con

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que el autor llama la catdstro]e,

es decir, la doble votacion contraria a Socrates, la de la culpabilidad y la de la clase de pena : la muerte.

Acerca de la muerte de Socrates, Go-mez Robledo desarrolla dos momentos: uno, el intervalo entre la imposicion de la sentencia y la aplicacion de la pena (que por razones religiosas no fue eje-cutada de inmediato ) , a cuyos ultimos dias se refiere el Crit6n; otro, las horas postreras y muerte, que relata elFed6n.

Siguiendo fundamentalmente el primer dialogo, el autor discute el problema que se le plantea a Socrates con los consejos y aun admoniciones de sus amigos para que recurra a la fuga y evite de ese modo el cumplimiento sobre si de una senten-cia injusta. Expone luego la serena, in-timamente convencida y teoricamente fundada respuesta de Socrates, seiialando las bases etico-juridicas de su posicion y las concepciones actuales al respecto. Por

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que toea al segundo momento, el contenido doctrinal delFed6n vuelve a traer, una vez mas, seriamente el pro-blema de la distincion entre

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socra-tico y

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platonico, pues, como dice Go-mez Robledo exponiendo el punto de vista de Leon Robin, "es bien diferente el Socrates de este dialogo, que diserta

largamente sobre el ser y el devenir y

tantas cosas mas, del Socrates de la

Apo-logia, cuya unica profesion de saber es el no saber" (p, 148). Dejando abierta la posibilidad de que Socrates haya sos-tenido, al menos como convicciones in-timas, las ideas que Platen pone en sus labios, Gomez Robledo reexpone sustan-cialmente las disquisiciones socraticas

50-bre la inmortalidad del alma, sobre no temer a la muerte ni considerarla como un mal, y repasa con emocion los ulti-mos hechos y circunstancias de la vida de Socrates.

La comparacion establecida en el pe-miltimo capitulo debe considerarse, a mi modo de ver, como

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mas natural -ade-mas de conveniente y necesario, par la unidad de

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humano, en tal aspecto-para quien conozca, aun sumariamente, las vidas de ambos modelos de la huma-nidad. Sin embargo, los "prenotandos" del autor parecen oportunos para quie-nes toda comparacion carece de senti-do. EI capitulo tiene primeramente un breve recorrido historico a traves de la Patristica, la Edad Media y la Ilustra-cion, donde se seiialan sobre todo las opiniones encontradas de quienes acep-tan 0 rechazan el parangon y las

osci-laciones entre quienes

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hacen en favor de Socrates 0 de Jesus. Despues se

con-sideran tres puntos claves para la com-paracion : misi6n, enseiuuiza (moral) y

muerte. Es indudable que Gomez Ro-bledo conoce a fondo, como muy pocos, a ambos maestros. Por

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tanto, la pre-cision que hace de las semejanzas y diferencias en dichos puntos es, a rni modo de ver, esencialmente inobjetable. Ademas, creo haber advertido con cIa-ridad que la condicion de cristiano del autor no ha influido indebidamente en sus apreciaciones, por mas que sefiale, como catolico creyente, la verdad dogma-tica de la divinidad de Cristo. Quien conozca en esencia -y sin prejuicios-las enseiianzas evangelicas de Jesus y las doctrinas platonicas de Socrates no podra menos de suscribir el juicio de Gomez Ro-bledo sobre las diferencias, es decir, la

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RESE~AS BIBLIOGRAFICAS

mayor sublimidad, perieccion, plenitud

y

acabamiento de

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hecho y ensefiado por Jesus. Habra sin duda detalles y mati-ces en que se pueda disentir, pero el juicio basi co no cambiara. Acerca de la apreciacion de la muerte de Socrates si quiero hacer el reparo siguiente: tengo la impresion de que se ha desvanecido bastante el dramatismo y la tension que en algunos hechos y ciertas palabras se dejan traslucir, as! como

el

sentido in-terno de la injusticia radical cometida contra Socrates, cosa esta de la que el siempre tuvo conciencia y la que sobre-llevo "estoica" y ejemplarmente -0 es

quiza que el extremo indecible de los horrores y afrentas cometidas contra Jesus producen aquella perspectiva.

Lo dicho sobre este libro de nuestro filosofo Antonio Gomez Robledo, ahora dedicado con tanto fruto al pensamiento griego -prueba son sus cursos recientes en El Colegio Nacional-, es solo una resefia sornera de los valores que en-cierra en forma y fondo, Y no considero en manera alguna desacierto el que haya compuesto una obra concretamente ob-jetiva, proporcionalmente filologica, his-torica y filos6fica, dirigida mas al cora-zon y a la voluntad de espiritus deseosos de saber, pues otro tipo de obras, mas para el especialista, abundan en lenguas accesibles a este, siendo en espafiol muy escasa una literatura semejante.

BERt"ABE NAVARRO

B.

Aristoteles. Darstellung und

Inter-pretation seines Denkens,

por

Inge-mar DUring. Heidelberg,

Carl

Win-ter Universitatsverlag,

1966.

Sobre muy pocos filosofos, quiza sobre ninguno, se han presentado a traves de la historia los graves problemas de fon-do y de forma que han surgifon-do en torno a Aristoteles. En general se dice y ad-mite que los grandes pensadores

contie-nen elementos 0semillas para tendencias

y doctrinas encontradas, opuestas -por ejemplo, sobre todo un Kant, un Descar-tes, un Leibniz, un Hegel, etc.- (quiza la gran excepcion seria Platon) ; pero el caso de Aristoteles reviste caracteres singularisimos. Es posible que la clave de todo el problema este en las circum-tancias formales 0 externas. Si dejamos

aparte a los presocraticos -cuya difi-cultad principal es la fragmentariedad y la insuficiencia de puntos de parti-da-, no existe legado de un filosofo 0

,pensador, cuyo conocimiento e interpre-tacion haya producido, especialmente en nuestro tiempo, tantos dolores 'de cabeza a filosofos y filologos. Todo estudiante ha oido

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que se narra sobre los suce-sos

y.

peripecias, en general mas bien fantasticos, verificados en la trasmision de los escritos aristotelicos, Y tambien cualquier estudioso sabe acerca de la estructura 0 composicion de las

llama-das "obras" de Aristoteles: los diversos estratos 0 capas, las diferentes epocas,

los distintos enfoques 0 intereses, las

va-rias influencias, los diversos estilos y redacciones, etc. Pasando al problema del fondo, son bien conocidas las diver-gentes interpretaciones no solo sobre puntos fundamentales de su doctrina, sino sobre el sentido y orientacion mis-mos de su pensamiento. Pero, ademas, aquello que aparece normalmente con-sider ando las doctrinas por decirlo asi en forma estatica, sobresale de manera notable atendiendo al caracter evolutivo de toda accion y de todo producto en el tiempo: de aqui el gran tema de la evolucion en

el

pensamiento aristotelico, puesto en el tapete de la discusi6n so-bre todo por Jaeger al principio del siglo. La procedencia, asimismo, plante a dificultades especiales: en efecto, preci-sar completamente las relaciones de Aristoteles con Plat6n parece ser una tarea infinita, pues las obras no ofrecen datos profundos suficientes y la geniali-dad diversa de ambos obstaculiza la cIa-ridad -el problema paralelo entre

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