INTRODUCCIÓN
El proceso de construcción del Capitolio Nacional de Colombia, sede del Congreso de la República, ha sido, quizá, el más demorado en la historia de los edificios oficiales colombianos: desde 1847, hasta 1926.1 Como señala el urbanista Lawrence Vale (2008), una sede legislativa o cualquier otra edificación gubernamental pronto es identificada con el gobierno que la erigió.2 El Capitolio había sido promovido por los gobiernos liberales hasta el ascenso de la conservadora Regeneración (1878-99) a finales del siglo XIX. Sin embargo, paradógicamente, sería a un gobierno de la hegemonía conservadora de principios del siglo XX (1880-1930) al que le correspondería inaugurar el edificio el 7 de agosto de 1926, para la ceremonia de posesión de Miguel Abadía Méndez (1926-30), al recibir el cargo del saliente presidente Pedro Nel Ospina (1922-26).3
Un Congreso es teóricamente una institución formal que representa al pueblo. Sin embargo, hasta el día de hoy podemos percibir la clara diferencia entre dos sociedades colombianas, una que sigue unas reglas formalmente establecidas y otra que no. Como explica el historiador argentino José Luis Romero (2001), en los inicios de la sociedad colonizada hispanoamericana, habrían existido primero ciudades y sociedades ‘barrocas’, porque en ellas convivían marcadamente separadas una sociedad de privilegiados y otra de no privilegiados; una sociedad dual sin un sector intermedio como sí existía en la Europa continental un poco más desarrollada.4
A finales del siglo XVIII, según Romero, aparece en América una élite social fruto de la Ilustración que se sabía hija de éste continente, pero que a la vez pretendía no perder aquel distanciamiento frente a las castas que eran la parte baja de la sociedad. Movida esa élite por el amor o el apego a esa tierra suya,
1 CORRADINE Angulo, Alberto. Historia del Capitolio Nacional de Colombia. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, c.1998, 142 pp; NIÑO Murcia, Carlos, Arquitectura y estado: contexto y significado de las construcciones del Ministerio de Obras Públicas, Colombia, 1905-1960. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 1991, 355pp, pp. 41-48.
2 VALE, Lawrence J., Architecture, power, and national identity [Arquitectura, Poder e Identidad Nacional]. Londres; Nueva York : Routledge, 2008 [1ª ed. 1992], 386 pp.
3 ARIZMENDI Posada, Ignacio. Presidentes de Colombia, 1810-1990 . Bogotá: Planeta, 1989, 329 pp. 4 ROMERO, Jose Luis. Latinoamérica: las ciudades y las ideas. México : Siglo Veintiuno Editores, 2001, 398pp.
hizo del comercio y la agricultura los pilares de su economía, y para cuando las ideas políticas de la Ilustración llegaron de Europa y coincidieron con la posibilidad real de una economía americana, la independencia de las colonias europeas ya no tuvo reversa. Esto en un medio de pobreza generalizada propia de las colonias imperiales, donde la política económica impuesta se había fundamentado en la extracción de las materias primas.
En la actual Colombia, tras la declaración de independencia de 1810, que era más bien una proclamación de autonomía, se sucedieron durante ese siglo XIX, nueve guerras civiles, usualmente acompañadas por la promulgación de una nueva Constitución política acorde con la ideología del grupo vencedor.5 Surgiría entre la privilegiada élite social un espíritu romántico, bajo el cual primó la emulación de culturas foráneas cuyos modelos sociopolíticos parecían favorables de ser imitados para ‘no quedarse del tren de la Civilización’. Aparecerían lo que, Gilberto Loaiza y François-Xavier Guerra, entre otros, llaman prácticas asociativas modernas, dentro de las cuales se encuentra la masonería.6 Una asociación asequible sólo a la Ilustrada clase alta, donde se congregaban personas con ideales políticos análogos a los de la revolución independentista estadounidense (1775-83) y la Revolución Francesa (1789), pero que, a pesar de sus teóricos ideales democráticos, no podía escindirse de su contexto sociocultural que le marcaba esa separación frente a las clases bajas.
5 URIBE Vargas, Diego, Las Constituciones de Colombia. Perspectiva histórica y sociológica. 3 vols. Madrid: Instituto de Cooperación Iberoamericana, Ediciones Cultura Hispánica, 1985; URIBE Vargas, Diego, Evolución Política y Constitucional de Colombia. Madrid: Instituto de Derecho Comparado, Universidad Complutense de Madrid, 1996, 448pp; POMBO, Manuel Antonio y GUERRA, José Joaquín, Constituciones de Colombia, 5 vols. Bogotá: Banco Popular, 1986; “Constitución de 1821”, en el sitio-web de la Alcaldía de Bogotá, en
http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=13690, en febrero de 2013; “Constitución Política del Estado de Nueva Granada de 1832”, en el sitio-web de la Alcaldía de Bogotá, en
http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=13694, en febrero de 2013; “Constitución de la República de Nueva Granada de 1843”, en el sitio-web de la Alcaldía de Bogotá, en
http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=13695, en febrero de 2013; “Constitución de la República de Nueva Granada de 1853”, en el sitio-web de la Alcaldía de Bogotá, en
http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=13696, en febrero de 2013; “Constitución para la Confederación Granadina de 1858”, en el sitio-web de la Alcaldía de Bogotá, en
http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=13697, en febrero de 2013; “Constitución Política de los Estados Unidos de Colombia de 1863”, en el sitio-web de la Alcaldía de Bogotá, en
http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=13698, en febrero de 2013; “Constitución Política de Colombia de 1886”, en el sitio-web de la Alcaldía de Bogotá, en
http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=7153, en febrero de 2013; SEMANA [revista], “La guerra en el siglo XIX” en revista especial en conmemoración del bicentenario de la independencia, Colombia 200 años de identidad – 1810-2010. Tomo II. Para pensar a Colombia. Bogotá: Universidad Nacional, Revista Semana, 2010, pp. 34-36.
6 LOAIZA Cano, Gilberto. “El catolicismo confrontado: las sociabilidades masonas, protestantes y espiritistas en la segunda mitad del siglo XIX”, en Jaime BORJA y Pablo RODRÍGUEZ, Historia de la Vida Privada en Colombia. Tomo I. LAS FRONTERAS DIFUSAS DEL SIGLO XVI A 1880. Bogotá: Taurus, 2011, pp. 329-353.
El Capitolio Nacional de Colombia fue una obra impulsada por el gobierno liberal del general masón Tomás Cipriano de Mosquera, a través del ministro también masón Manuel Ancízar, y del arquitecto extranjero que se haría masón en suelo colombiano, Thomas Reed, por no mencionar a congresistas y demás ministros masones (ver anexo 1 ‘Congresistas Colombia 1819-1930’ y anexo 2 ‘Presidentes de Colombia, 1819-1930’). Esta confluencia de personajes masones fue la que me llamó la atención y me llevó a preguntarme por la relación de influencia que sobre el diseño del edificio hubiera podido tener la masonería neogranadina del siglo XIX. Es decir que, el objeto de mi trabajo es estudiar la relación entre la masonería neogranadina decimonónica y la construcción del Capitolio Nacional de Colombia (1847-1926).
Reconozco el carácter determinante, para bien o para mal, y en mayor o menor grado, de la religión católica en la conformación del espíritu del pueblo colombiano. Sin embargo, a pesar del decisivo impacto que habría tenido la elección y gobierno del general liberal y masón José Hilario López (1849-53) sobre las relaciones entre el liberalismo y la Iglesia católica, este acontecimiento no es abordado por mi estudio, tema que considero, merece un trabajo individual. Mi estudio lo separo por 15 cortos acápites, pero enmarcados en dos grandes capítulos: Contextualización Sociopolítica, y Arquitectura del Capitolio.
CONTEXTUALIZACIÓN SOCIOPOLÍTICA
1. Opinión pública relativa al Capitolio Nacional de Colombia.
En el año 2007 los colombianos eligieron las Siete Maravillas de Colombia, a través de una encuesta realizada por el periódico El Tiempo a más de mil personas en todo el país. El Capitolio Nacional, sede del Congreso de la República, aunque si figuraba, lo hacía muy por debajo de los primeros lugares que fueron ocupados por el Teatro Colón de Bogotá, Ciudad Perdida de Santa Marta, y los Hipogeos de Tierradentro. El Capitolio se ubicaba mucho más cerca, pero todavía por debajo, del actual edificio del Museo Nacional o de la misma Plaza de Bolívar, adyacente al Capitolio. A pesar de las evidentes deficiencias metodológicas de precisión, la encuesta da cuenta del escaso aprecio estético que los colombianos sentimos por el edificio del Capitolio Nacional.7 Un desprecio similar al que demostramos los ciudadanos hacia el entorno de ésta edificación, un barrio lleno de viejas casonas entre coloniales y republicanas, según lo muestra un artículo de éste mismo periódico del 2 de marzo de 1992.8
Según otra encuesta realizada en 2009, por el programa, de la Universidad de los Andes, Congreso Visible, y la organización no gubernamental Transparencia por Colombia, y publicada también por El Tiempo (15 y 16 de abril de 2009), los colombianos opinaron, si no negativamente, sí mostrando un profundo desconocimiento sobre el Congreso Nacional y sus funciones.9
7 “Las siete maravillas de Colombia”, en periódico El Tiempo, 4 de marzo de 2007. Bogotá: Casa Editorial El Tiempo, versión digital en el sitio-web de El Tiempo, en http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-2405462, consultada en enero de 2013
8 “Se Está Cayendo Vecindario del Capitolio”, en periódico El Tiempo, 5 de marzo de 1992. Bogotá, Casa Editorial El Tiempo, versión digital en el sitio-web de El Tiempo, en http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-53093, consultado en noviembre de 2012.
9 “Desinterés de la gente por el Congreso y sus funciones revela encuesta”, en periódico El Tiempo, 15 de abril de 2009. Bogotá, Casa Editorial El Tiempo, versión digital en el sitio-web de El Tiempo, en http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-4988390, consultado en enero de 2013; “Congreso de Colombia, un gran desconocido: encuesta”, en periódico El Tiempo, 16 de abril de 2009. Bogotá, Casa Editorial El Tiempo, versión digital en el sitio-web de El Tiempo, en http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-3401336, consultado en enero de 2013.
Esta encuesta mostró que sólo el 25% de los
ciudadanos sabe que el Congreso es bicameral, y sólo el 4% de los encuestados es consciente de la función de control político, que el poder legislativo (el Congreso) realiza sobre el poder ejecutivo (Presidente y sus ministros). Es decir, que la única actividad que se le reconoce como propia al Congreso es la expedición de leyes, tema sobre el cual la población quisiera estar mucho más informada, según la encuesta. Y es en ese sentido que se compara a Colombia, Chile, Argentina, Brasil y México, para mostrar cómo la accesibilidad a la información es mayor en otros
países que en Colombia. Esos otros, son países donde la información pública disponible incluye aspectos como relación de viajes, viáticos, remuneraciones y nómina de asesores por cada congresista y declaración de impedimentos. Aspectos que son desconocidos para los ciudadanos colombianos.10
Varios medios de comunicación escritos (el mismo El Tiempo, El Mundo, El Espectador, El Colombiano y Caracol) coinciden en reiterar la negativa imagen del
Congreso, hasta, inclusive, la reciente propuesta de revocarlo, de 2012.11 Pareciera que la edificación emulara la negativa percepción que de la entidad tenemos los colombianos pues la prensa abunda en las reseñas sobre el deterioro físico y descuido por el que ha pasado el edificio del Congreso.12
10 Imagen 1. Vendedores de periódicos en las escaleras de acceso al Capitolio. c. 1950. En BIENAL de Arquitectura (Bogotá, 2000). Cien Años de Arquitectura en Colombia / XVII Bienal de Arquitectura 2000 ; Recopilación de Textos Marcela Angel Samper. Bogotá: Sociedad Colombiana de Arquitectos, 2000, p. 39.
11 “Ya van 20 mil firmas para revocar el Congreso de la República”, en periódico El Espectador, 13 de julio de 2012, versión digital en el sitio-web de El Espectador, en http://www.elespectador.com/noticias/politica/articulo-359542-ya-van-20-mil-firmas-revocar-el-congreso-de-republica, consultado en febrero de 2013.; “El Congreso, el sistema judicial y los partidos, con la imagen más negativa en Colombia”, en portal-web de Caracol, 1 de julio de 2011, versión digital en http://www.caracol.com.co/noticias/actualidad/el-congreso-el-sistema-judicial-y-los-partidos-con-la-imagen-mas-negativa-en-colombia/20110701/nota/1498027.aspx, consultado en febrero de 2013.; “El Congreso vuelve a la impopularidad”, en periódico El Colombiano, por Isolda María H., sin fecha, pero archivo fechado el 02/05/2008, en el sitio-web de El Colombiano, consultado en febrero de 2013.; “El Congreso nunca será amado ni respetado”, en periódico El Espectador, por Juan David Morales Gaviria, el 28 de enero de 2013, versión digital en el sitio-web de El Espectador, en http://www.elmundo.com/portal/noticias/gobierno/el_congreso_nunca_sera_amado_ni_respetado.php, consultado en febrero de 2013.
12 “El Capitolio es un Tugurio”, en periódico El Tiempo, 29 de diciembre de 1991. Bogotá, Casa Editorial El Tiempo, versión digital en el sitio-web de El Tiempo, en http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-216402, consultado en diciembre de 2012.; “El Capitolio Tiene Goteras y Humedad”, en periódico El Tiempo, 11 de marzo de 1991. Bogotá, Casa Editorial El Tiempo, versión digital en el sitio-web de El Tiempo, en http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-39763, consultado en enero de 2013.; “Qué es lo que quieren decir las paredes del Capitolio...”, en periódico El Tiempo, 13 de marzo de 2007. Bogotá, Casa Editorial El Tiempo, versión digital en el sitio-web de El Tiempo, en http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-2414443, consultado en enero de 2013.
Imagen 1. Vendedores de periódicos en las escaleras de acceso al Capitolio, c. 1950.10
2. Capitolio Nacional: entre la representación democrática y la tradición elitista.
El profesor de urbanismo del MIT (Massachussets Institute of Technology), Lawrence Vale (1992), plantea la contradicción de una institución democrática como el Congreso, que a la vez que se pretende popular, elegido por el pueblo y para el pueblo, debe restringir el contacto con el público debido a los requerimientos actuales de seguridad.13
Como mostraré, así ha sido desde sus inicios. Tras la independencia política definitiva, el 7 de agosto de 1819, y la travesía nacional por el proyecto de la Gran Colombia (1821-1831), finalmente, al constituirse la república de la Nueva Granada como nación independiente (1831)14, los criollos debieron enfrentarse al reto de organizar la infraestructura necesaria para autogobernarse. Si bien el Congreso era un novedoso organismo existente desde 1821 para la república de la Gran Colombia, la Nueva Granada, como nación independiente, a través de su propio Congreso, aprobó en junio de 1834 una ley que autorizaba al ejecutivo a edificar una sede para ‘los altos poderes del Estado’, es decir, el ejecutivo, legislativo y judicial. Sin embargo, esta ley fue derogada cuatro años después (1838), argumentando la escacez financiera. Mientras tanto, el ente legislativo funcionó por años en diversos locales ajenos, usualmente fuera del marco de la Plaza Mayor, luego llamada ‘de la Constitución’ desde 1821 (nombre oficial, pero raramente utilizado).15 De modo que sería hasta marzo de 1846 que el Congreso retomaría la redacción del proyecto de ley.16
13 VALE, Lawrence J., Architecture, power, and national identity [Arquitectura, Poder e Identidad Nacional]. Londres; Nueva York : Routledge, 2008 [1ª ed. 1992], pp. 7, 8.
14 Ley Fundamental del Estado de la Nueva Granada, del 17 de noviembre de 1831, TIRADO Mejía, Alvaro. El estado y la política en el siglo XIX. Bogotá: El Áncora, 2007, p. 8, sin embargo, sólo desde el 29 de febrero de ese año bisiesto de 1832, será redactada la nueva constitución. Su vigencia comenzará el 1º de marzo de ese año (sitio-web de la Alcaldía de Bogotá, consultado en febrero de 2013).
15 Ver Imagen 2. Plano Bogotá, centro hacia 1880, p. 38. Los congresistas se reunieron por años en diversos locales, como las casas señaladas con los números173 y 179, en el Salón de Grados, en el Convento de Santo Domingo, entre otros. Ver CORRADINE Angulo, Alberto. Historia del Capitolio Nacional de Colombia. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, c.1998, pp. 33-34.
El Capitolio Nacional de Colombia (1847-1926) fue la obra de una élite, que imbuida por la corriente espiritual del momento, tenía un enorme aprecio por el refinamiento europeo, es decir, la cultura burguesa inglesa y francesa y, en menor medida, por la alemana. Como todo pueblo emancipado, la Nueva Granada se rehusaba a identificarse con la potencia colonizadora, en nuestro caso, España, la opresora madre patria tiránica. En este aspecto, otra será la historia cuando la Regeneración llegue al poder al finalizar el siglo XIX.17 Este movimiento político hará lo posible por rescatar el lazo con España, principalmente a través del idioma y la religión, y omitiendo en su versión de la historia nacional el ‘error’ del opositor período Radical.
Sobre el edificio del Capitolio Nacional se han referido varios autores, entre los que encontramos, sobre todo, cronistas, como Eduardo Posada (c.1919), quien al respecto dice:
“En 1847 hizo el general Mosquera derribar aquellos caserones [Posada se refiere a los vestigios del edificio de la Real Audiencia y de la anexa Cárcel Grande, deteriorados por los terremotos de 1826 y 182718], ya medio
arruinados, y empezó la obra del capitolio según los planos del arquitecto inglés Tomás Reed.19 El 20 de julio de aquel año colocó el general la primera piedra, la cual bendijo su hermano el arzobispo doctor Manuel José Mosquera. Y el año siguiente se fijó una inscripción en el ángulo sudoeste [de la plaza mayor, actual Plaza de Bolívar, nombre que adquirió la plaza desde ese 20 de julio de 1847, según Corradine20]”21
3. Masonería y escultismo.
Un rápido vistazo a la conformación del Congreso neogranadino de la época, permite verificar la notable presencia de masones en él.22 A ésta presencia debemos sumar el hecho común para la época, que los presidentes fueran
17 JIMÉNEZ H., Wilson Ferney. “El Papel Periódico y la configuración del proyecto de la Regeneración (1881-1888), en revista Historia Crítica, No. 47. Bogotá: Universidad de los Andes, mayo-agosto, 2012.
18 RESTREPO, José Manuel. Diario político y militar..., 1954, t. 1, pp. 364-365.
19 Posada asume que al ser Thomas Reed de habla inglesa, y quizá por haber estado ocupada la isla por el Imperio Británico en el pasado, Reed era consecuentemente, británico. Sin embargo Alberto Saldarriaga en su perfil biográfico de Reed, declara el origen de Reed, bien pudo haber nacido en la isla o en la misma Dinamarca. Ver SALDARRIAGA, Alberto, En busca de Thomas Reed. Perfil biográfico y profesional, Bogotá: Fundación para la Promoción de la Investigación y la Tecnología, 2002, p. 1.10-12
20 CORRADINE Angulo, Alberto. Historia del Capitolio Nacional de Colombia..., c.1998, p. 41. 21 POSADA, Eduardo. Apostillas a la Historia Colombiana. Bogotá: editorial Kelly, 1978, p. 388. 22 Ver anexo 1. Congresistas Colombia, 1819-1930
similarmente masones23 (Hoenigsberg cita 30 masones que han sido, aunque sea sólo temporalmente, presidentes de la república, lo cual es considerable si tenemos en cuenta que el total de presidencias en Colombia ha sido de casi 10024). Hay que recordar que el arquitecto danés Thomas Reed fue contratado a través del ministro plenipotenciario para Venezuela, Manuel Ancízar, masón desde su estadía en Cuba (1821-c.1838)25, por el gobierno del presidente masón Tomás Cipriano de Mosquera, iniciado en la logia Hermanos del Sur de Popayán en 182126. El constructor de la obra, inicialmente sólo de los cimientos, Juan Manuel Arrubla, también ya había ingresado a la masonería, en la isla de Jamaica, en la década de 182027. Por supuesto, el arquitecto Thomas Reed también se iniciaría como masón (31 octubre 1849)28 algún tiempo después de su llegada a la Nueva Granada a fines de 184629. Tan grande era entonces el prestigio de la masonería, que cualquier ciudadano con deseos de mejorar su condición socioeconómica, primero se iniciaba en una logia, antes de intentar posiciones o cargos relacionados con la administración pública.
La mejor analogía para entender la dimensión de la masonería es compararla con el escultismo, el movimiento internacional de ‘boy scouts’ o niños exploradores, surgido en 1907 en Inglaterra. Este movimiento hoy está presente en más de 150 países, con millones de miembros, sin distinción de su credo político, raza o religión, cuyos objetivos educativos son muy similares a los de la confraternidad masónica. Ambas se organizan en especie de clubes o logias, con sus respectivos Ritos (con mayúscula), grados, insignias, ritos de iniciación, símbolos y señales de reconocimiento y saludo. Ambas con un similar ideal filantrópico y fraternal, como lo ha señalado el historiador José Ignacio Cruz (1995).30 El escultismo, que surgió hacia 1907, como una manera
23 Ver anexo 2. Presidented Colombia, 1819-1930
24 HOENIGSBERG, Julio. Síntesis histórica de los masones que han sido presidentes de Colombia. Barranquilla: s.d., 1946, 25pp. [sin paginación]; ARIZMENDI Posada, Ignacio. Presidentes de Colombia, 1810-1990 . Bogotá: Planeta, 1989, 329 pp.
25 LOAIZA Cano, Gilberto. Manuel Ancízar y su época (1811-1882). Biografía de un político hispanoamericano del siglo
XIX. Medellín: EAFIT, 2004, pp. 37-39.
26 ARANGO Jaramillo, Mario. Masonería y Poder Político en Colombia. Bogotá: Hombre Nuevo Editores, 2011, p. 115. 27 ARANGO Jaramillo, Mario. Masonería..., 2011, p. 67.
28 CARNICELLI, Américo. Historia de la Masonería Colombiana vol I. Bogotá: Cooperativa Nacional Artes Gráficas, 1975, Vol I, p. 202.
29 SALDARRIAGA Roa, Alberto. En Busca de Thomas Reed. Perfiil biográfico y profesional. Bogotá: Fundación para la Promoción de la Investigación y la Tecnología, 2002, p. 1.30; CORRADINE, Historia del Capitolio..., c.1998, .pp. 13 y 36.
30 CRUZ, Ignacio. “Escultismo, masonería y antimasonería. Los casos de Francia y España”, enFERRER B. (coord),
de contrarrestar la delincuencia juvenil en la Inglaterra de principios del siglo XX, buscaba el desarrollo físico, espiritual y mental de los jóvenes para que llegaran a convertirse en ‘buenos ciudadanos’.
Por su parte, la masonería, o francmasonería, en su desarrollo moderno, había surgido basada en el gremio medieval de la construcción. En el Medioevo europeo, el conocimiento se mantenía escondido, como un patrimonio valioso y secreto, tradición que conservó la masonería en su forma moderna, tanto así que a los ‘no iniciados’ en la masonería se les llama ‘profanos’. Su organización, que provenía de las guildas o gremios de constructores, remontaba legendariamente sus orígenes míticos al Antiguo Egipto y la construcción del Templo del Rey Salomón, ambos de la era Antes de Cristo. Esta organización de constructores se mantuvo a través del mundo grecoromano y hasta la Europa medieval como ‘Logias’, término que representa tanto al grupo de masones reunidos en asamblea, como al edificio mismo, aunque a éste, específicamente se le llama Templo Masónico, con sus determinaciones arquitectónicas específicas, de orientación, iluminación y decoración.31
El carácter iniciático, que ambas asociaciones comparten, indica que sus miembros deben pasar por una serie de ritos y pruebas con relación a su posible aceptación o no en el grupo, y con relación a su jerarquización interna. Estos conocimientos particulares, en el caso del escultismo, a cada grado scout, se refieren a los nudos básicos, las técnicas básicas de primeros auxilios y juegos de acecho y seguimiento. Su organización en grados incluye varias ‘ramas’, según los conocimientos y habilidades adquiridos: rama lobatos, rama scouts, rama raiders, rama rovers, dentro del concepto de ‘manada’. Por su parte, análogamente, la masonería maneja unos conocimientos que le son propios a cada grado masónico, tales como los simbolismos, ya no ligados exclusivamente a la labor edilicia. Los grados masónicos son, básicamente, aprendiz, compañero y maestro, aunque existen varios además de éstos tres básicos. Una y otra usan símbolos y rituales, arreos y vestimentas particulares,
31 Visita personal al Templo Masónico de la Gran Logia de Colombia, el 26 de septiembre de 2012; MASONERÍA.
Gran Logia de Colombia (Cartagena). Barranquilla: Imprenta Americana, 1933, 38 pp.; STEVENS Curl, James. The Art & Architecture of Freemasonry [El Arte y la Arquitectura de la Masonería]. Nueva York: Overlook Press, 2002.
ninguna de las dos tiene restricciones de edad, y se llaman entre sí Hermanos. Ambas se organizan en federaciones, organizaciones y comités internacionales, que tienen a su cargo la coordinación de los grupos scout y de las logias masónicas, respectivamente, bajo su jurisdicción. Ambas manejan sus correspondientes medios de difusión, como revistas y publicaciones web. En la masonería, las más grandes organizaciones se denominan Grandes Orientes o Supremos Consejos, y a los masones les es particular el secreto o ‘discresión’ con que prefieren tratar los temas relacionados con la Orden, como llaman familiarmente a la asociación.
Básicamente lo que diferencia al escultismo y la masonería, son tres temas: 1. el secreto masónico, que es una tradición que se remonta al Medioevo europeo y que los aspirantes a iniciarse deben jurar protejer para ser aceptados; 2. el requerimiento al masón de creer en un ser supremo, llámese como se llame, sea Dios, Yaveh, Brahma, Maoma, o como lo prefieren denominar ellos, el Gran Arquitecto del Universo, G.A.D.U, pero el requisito indispensable es creer, sin dogmatismo y con tolerancia32 y 3. la restricción que gran parte de la masonería, sobre todo la de filiación inglesa, aún mantiene a la aceptación de mujeres en la Orden.33
Lamentablemente es muy confusa la información, que sobre la masonería se encuentra a través de internet. Allí, ésta es muy imprecisa, contradictoria, y sectarista, entre Grandes Orientes (cada uno autodenominándose el ‘legítimo’ y ‘más tradicional’), pero permanentemente encerrados en el secreto. 34
Cuando un autor de reconocida trayectoria como el historiador experto en la masonería, el sacerdote jesuita, José Antonio Ferrer Benimeli35, quien en el
32 Al escultismo también estuvo opuesta la Iglesia católica, tanto en Francia como en España, por razones muy similares a las que se argumentaba en contra de la masonería: la convivencia en igualdad de condiciones de distintas religiones, sin reconocer a una sola de ellas como ‘la verdadera’. Ver CRUZ, Ignacio. “Escultismo, masonería y antimasonería...
33 FERRER Benimeli, José Antonio. La Masonería... , 2005, pp. 69-71.
34 Es lo que se puede concluir de las varias comunicaciones telefónicas que con la Gran Logia de Colombia pude tener desde septiembre de 2012.. Afortunadamente, el masón, cuyo contacto me fue facilitado por la misma logia, fue un caso excepcional. Carlos Fernando Chica, profesor de derecho de la universidad Jorge Tadeo Lozano, quien algún tiempo después se retiró de la masonería. Caso similar de misterio es el que demostró el profesor de la Universidad Libre, Julio Roberto Galindo, masón activo, que argumentó que ‘hablar de la masonería, sería tan delicado como hablar de la familia’. Sin embargo, Galindo había colaborado con algunas declaraciones en un artículo que sobre la masonería hizo una importante revista de actualidad (Ver OCAMPO Madrid, Sergio, “El Poder de los Masones”, en revista DON JUAN. Versión digital en el sitio-web Don Juan.com, el 25 de febrero de 2013, en
http://archivo.revistadonjuan.com/articulos/art_masones.html).
35 El amplio conocimiento que de la masonería ha logrado recopilar Ferrer Benimeli (1934-), se demuestra por su abundante bibliografía sobre el tema (más de cincuenta libros y muchos más artículos), y el hecho de ser desde julio de
prólogo a su reciente libro La Masonería (2005) dice que, con éste libro, pretende ‘aportar, si no simpatía, sí, al menos, un mínimo de respeto y dignidad’, y, habla de ‘las masonerías en plural’36, es porque se refiere a los muchísimos Ritos o formas en que se presenta esta asociación. El sacerdote historiador explica:
“Se designa Rito a una rama particular de la masonería, de la misma forma que dentro de la Iglesia hay diversos Ritos, como el Maronita, Copto, Latino, etc. De esta forma, se podría definir el Rito como una presentación particular de la masonería cuyo carácter se distingue del de los otros Ritos por la forma. Entre los muchos Ritos que existen en masonería se pueden señalar el Rito Escocés Rectificado, el Rito Escocés Filosófico, el Rito de Emulación, el Rito de Perfección, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado [el predominante en Colombia], el Rito de Misraim, el Rito de York [también presente, puntualmente, en Colombia], el Rito Francés, el Rito Sueco, etc. Ragón [J. Marie Ragón, el historiador francés de la masonería del siglo XIX] ha recopilado hasta 52 Ritos diferentes. Sin embargo, el número de Ritos es mucho mayor, ya que solamente en el Diccionario Universal de la Francmasonería, de Daniel Ligou, hay recogidos nada menos que 145 Ritos masónicos.” 37
Así que la masonería era una asociación ‘discreta’ e ‘iniciática’, que para la naciente república colombiana era una novedad social cuando apareció. Según el historiador Gilberto Loaiza, ‘las prácticas asociativas del siglo XIX, fueron dispositivos culturales y políticos [... que sirvieron] como elementos de difusión de ideologías y como escuelas de formación de opinión.’38
“Una mutación se hizo evidente a medida que se imponían, durante el siglo XIX, lo que François Xavier Guerra y otros autores afines denominan ‘Sociabilidades modernas’; es decir formas de libre asociación de los individuos. Las asociaciones que permitían el contacto, así fuera muy
1984 el presidente del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española, adscrito a la Universidad de Zaragoza. En este centro se encuentra la información de los archivos de las logias españolas, confiscados por Franco durante su dictadura (1939-1975), particularmente entre 1940 y 1964 con el funcionamiento del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, que se encargó de reprimirlos. Ferrer B. es un sacerdote jesuita historiador, que mira a la masonería como un objeto de estudio científico. Además, su conocimiento se ve retroalimentado por su constante presencia en simposios y congresos, que sobre el tema de la masonería se realizan en Europa y América, permitiéndole estar al tanto de las nuevas investigaciones y sus autores.
36 FERRER Benimeli, José Antonio. La Masonería... 2005, p. 12. 37 FERRER Benimeli, José Antonio. La Masonería... 2005, p. 42.
38 LOAIZA Cano, Gilberto. “El catolicismo confrontado: las sociabilidades masonas, protestantes y espiritistas en la segunda mitad del siglo XIX”, en Jaime BORJA y Pablo RODRÍGUEZ, Historia de la Vida Privada en Colombia. Tomo I. LAS FRONTERAS DIFUSAS DEL SIGLO XVI A 1880. Bogotá: Taurus, 2011, p. 329.
circunstancial, de distintos origenes sociales y étnicos - especialmente, los clubes políticos cuyo nombre genérico era sociedades democráticas y que también se conocieron en Colombia como ‘sociedades radicales eleccionarias, ‘escuelas republicanas’, ‘sociedades de salud pública’, etcétera - ”.39
Esta era una ruptura fundamental con el orden establecido, una ruptura revolucionaria, con un orden que separaba a la sociedad en estamentos definidos y jerarquizados. El sacerdote jesuita, Ferrer Benimeli, explica las raíces medievales de la asociación:
“En la Antiguedad y en la Edad Media, normalmente lo que se aprendía se tenía escondido. Así se comprende porqué era tan difícil, si no imposible, pasar de una clase a otra, o incluso cambiar de oficio. Estas asociaciones o sociedades correspondían a grupos o categorías sociales, y unos y otras, por interés o por miedo, solían guardar celosamente sus secretos.”40
Más adelante, refiriéndose al origen de la masonería en los gremios de la construcción y al surgimiento de la masonería moderna, Ferrer B. añade:
“El paso de la masonería medieval de los constructores de catedrales (masonería operativa) [...] a la masoneria moderna (masonería especulativa) puede seguirse a través de una serie de documentos que permiten apreciar la transición. [... Ferrer menciona una logia escocesa y sus archivos]
Por otra parte, la aparición de las Academias de Arquitectura – en especial en Italia – quitó la razón de ser al sistema gremial de aprendizaje de la construcción, con todo lo que esto llevaba de ritual/transmisión de los secretos del oficio. [...]
De ahí que aquella organización profesional de los constructores de catedrales derivara hacia esa otra masonería, no ya operativa, sino especulativa, que tomó cuerpo a partir de 1717, y en especial con las Constituciones de Anderson de 1723. [Las Constituciones de Anderson son los estatutos oficiales de la masonería moderna, constituida desde la institucionalización de la Gran Logia Unida de Inglaterra, en 1717 en Londres.]
39 LOAIZA Cano, Gilberto. “El catolicismo confrontado..., 2011, p. 331.
El período de transición abarca fundamentalmente de 1660 a 1716, época de trastornos civiles que había concentrado en Inglaterra a la mayor parte de los masones operativos europeos a fin de reconstruir la ciudad de Londres, prácticamente destruida a raíz del incendio de 1666. [...] El año 1717 marca el fin de la transición y el nacimiento de la masonería contemporánea con una finalidad no operativa sino ética.”41
Sin embargo, ‘los masones en cuanto asociación, quedaron constituidos como una forma de sociabilidad no oficial, no estatista, es decir privada del conocimiento del Estado. [... y en consecuencia,] fue considerada ilícita, es decir, ilegal y, por lo tanto prohibida’42
Para ampliar el tema de las proscripciones de que ha sido víctima en numerosas oportunidades la masonería, por parte de varios Estados, entre ellos, el Vaticano, sede central de la Iglesia Católica, Ferrer B., dice:
“Además, el culto del secreto (que procedía de la necesidad de conservar cuidadosamente las fórmulas arquitectónicas de la Edad Media), sus ceremonias complicadas, su gusto por lo simbólico y litúrgico, la dotaba de un incentivo místico que ejercía un poderoso atractivo en una era aún profundamente religiosa, y que hizo que la afluencia de católicos y de eclesiásticos fuera masiva en las logias, tanto más cuanto que en ellas se respetaba la religión y en igual medida la fidelidad a los principios monárquicos y a las autoridades constituidas”43
Refiriéndose específicamente a las proscripciones papales que han pesado sobre la masonería desde 173844, el historiador jesuita dice:
“Roma, no fue la primera ni la única en condenar y prohibir la masonería en el siglo XVIII. En 1735 lo habían hecho los Estados Generales de Holanda; en 1736 el Consejo de la República y Cantón de Ginebra; en 1737 el Gobierno de Luis XV de Francia y el Príncipe Elector de Manheim, en el Palatinado; en 1738
41 FERRER Benimeli, José Antonio. La Masonería... 2005, pp. 29-31. 42 FERRER Benimeli, José Antonio. La Masonería... 2005, p. 55. 43 FERRER Benimeli, José Antonio. La Masonería... 2005, p. 38. 44 Ver anexo 3. Bulas Papales Antimasónicas, 1738-1903
los magistrados de la ciudad hanseática de Hamburgo y el rey Federico I de Suecia [...]”45
“Es claro, pues, que existían razones de Estado para condenar la masonería. Al fin y al cabo, los papas no hicieron sino seguir el ejemplo de otros gobiernos, molestos e intranquilos ante el ambiente de secreto y juramento con que se rodeaba la masonería. A los gobiernos de Europa – y en este punto estaban de acuerdo tanto los protestantes como los católicos y musulmanes – no les gustaba esa actitud de clandestinidad, que les impedía estar al corriente de lo que pudiera tratarse en sus reuniones. A la Santa Sede le ocurría lo mismo.”46
Y más adelante Ferrer aclara:
“las asambleas, del género que fueran, estaban prohibidas, si no habían sido expresamente autorizadas.[...]
En efecto, la prohibición de las asambleas no era exclusivamente para los masones. [...] la libertad de asociación y la libertad de reunión no existían en el derecho de la época.”47
El Antiguo Régimen estaba a la defensiva frente a toda organización que supusiera una amenaza a su hegemonía política y financiera. Por ello asociaciones como la masonería o la Compañía de Jesús fueron perseguidas. Los jesuitas eran un ejemplo de lo que hoy llamariamos empresarismo: eficiencia administrativa, visión y proyección global, enmarcados dentro del humanismo cristiano. La presión política que ejercían los monarcas europeos sobre el Papa, lo llevaron a disolver la Compañía en 1773. En el año de 1754 habían sido expulsados del Brasil, cinco años más tarde (1759) de Portugal, tres años después (1762) de Francia y en 1767 expulsados de España. Aunque la Compañía fue restaurada por el Papa en 1814, la persecución no acabaría. Colombia se sumaría en 1850 a una larga lista de países europeos que la habrían de expulsar durante el siglo XIX: Países Bajos (1818), Portugal (1834), España (1835), Suiza (1847), Alemania (1872), Imperio Austro-húngaro (1874) y Francia (1880).
45 FERRER Benimeli, José Antonio. La Masonería... 2005, p. 56. 46 FERRER Benimeli, José Antonio. La Masonería... 2005, p. 58. 47 FERRER Benimeli, José Antonio. La Masonería... 2005, p. 59.
4. Masonería y antimasonería.
Históricamente hablando, es tan relevante conocer la masonería, como la antimasonería. Como hemos visto con Ferrer, esta última se mostró tanto en su vertiente política, como en su vertiente religiosa, y la ‘consecuencia lógica – dice el historiador Ferrer – sería un antimasonismo popular que prácticamente llega hasta nuestros días’.48 Para explicar el fenómeno de la antimasonería, este autor refiere una de las raras definiciones que existen del término. Es la dada por el profesor Jacques Lemaire (1720-91), quien en su obra ‘Los orígenes franceses de la antimasonería’, de 1744-97, dice que este fenómeno ‘establece los fundamentos de la actitud o de la doctrina que tiende a limitar la influencia de la franc-masonería en la vida política, cultural o social de una nación en una época determinada; en su versión más radical ambiciona el undimiento puro y simple de la Orden masónica’.49 Como vemos, la antimasonería se remonta por lo menos al siglo XVIII, y se sabe que no sólo ha contado con convencidos personajes promotores, sino igualmente con sus respectivos medios de comunicación, desde entonces y hasta el presente.
Recordemos que el Papa Clemente XII, había proclamado la primera bula antimasónica el 23 de abril de 1738, y también las palabras de Ferrer al respecto: ‘Roma, no fue la primera ni la única en condenar y prohibir la masonería en el siglo XVIII’50. Si bien es cierto que la antimasonería política fue una constante durante el Antiguo Régimen europeo, la Iglesia también recurría a sus propios mecanismos de control y represión. ‘La antimasonería religiosa, o más bien religioso-eclesiástica, va a servirse en el siglo XVIII, y hasta su desaparición, en 1830, del Tribunal de la Inquisición’51. Más adelante, ya en el siglo XIX, la proscripción religiosa más contundente fue, quizá, la del Papa Pio IX, el 8 de diciembre de 1864, con su bula Cuanta Cura y el Syllabus, catálogo condenatorio de los ’80 errores de nuestro tiempo’ que acompañaba la encíclica, ambos de gran repercución en Colombia.52
48 FERRER Benimeli, José Antonio (coord). La Masonería Española entre Europa y América. Zaragoza: Gobierno de Aragón, 1995, Vol I, 409.
49 FERRER Benimeli, José Antonio (coord). La Masonería Española entre Europa y América... 1995, Vol I, 405. 50 FERRER Benimeli, José Antonio. La Masonería... 2005, p. 56.
51 FERRER Benimeli, José Antonio (coord). La Masonería Española entre Europa y América... 1995, Vol I, 406. 52 LOAIZA Cano, Gilberto. “El catolicismo confrontado... 2011, p. 352, cita 20.
Esto se daba en el contexto de la llamada ‘Cuestión Romana’ (1861-1929), que se entiende como el intento por parte del gobierno de Italia, en proceso de unificación, liderado parcialmente y por muy corto tiempo (marzo-julio de 1849) por el masón Giuseppe Mazzini. Sin embargo, la masonería tanto local como internacional fue vista por la Iglesia como la promotora de la política en contra del Vaticano. Este intento italiano de ‘anexionarse’ Roma, implicaba la consiguiente extinción del poder temporal de la Santa Sede. Este proceso terminará en 1929 con la firma del Pacto de Letrán entre el gobierno italiano y el Vaticano, que reconoce la soberanía de ambos Estados. Proceso que estaría estrechamente relacionado con las frecuentes proscripciones a la masonería que se intensificarían entonces.
Durante este período, Francia fue quien le garantizó la soberanía territorial al Estado del Vaticano, lo que permitió un acercamiento de ambos gobiernos. Esta estrecha relación fue la que facilitó la creación en 1893, en Roma, de la
Ligue internationale antimaçonnique, y que el 26 de septiembre de 1896, se realizara el Congreso Antimasónico de Trento, patrocinado a través de ésta. Al finalizar las cuatro sesiones del congreso, al año siguiente (1897), se publicarían las memorias del mismo en la ciudad francófona de Tournai, por una editorial igualmente francófona.53
Volviendo sobre lo que dice el historiador jesuita: ‘Es claro, pues, que existían razones de Estado para condenar la masonería. Al fin y al cabo, los papas no hicieron sino seguir el ejemplo de otros gobiernos, molestos e intranquilos ante el ambiente de secreto y juramento con que se rodeaba la masonería.’54
En el continente americano, la antimasonería se dió en sus dos vertientes. 1. Básicamente de orden político en los Estados Unidos, a través del partido Antimasónico en 1826, y 2. De orden religioso-clerical, que sería la que primó en Latinoamérica.55
53 FERRER Benimeli, José Antonio. La Masonería... 2005, pp. 94-103. 54 FERRER Benimeli, José Antonio. La Masonería... 2005, p. 58.
55 FERRER Benimeli, José Antonio. “La antimasonería en España y América Latina: intento de síntesis”, enFERRER B. (coord), La Masonería Española entre Europa y América, 2 vols. Zaragoza: Gobierno de Aragón, 1995, vol. I, p. 405.
5. Latinoamérica
En cuanto a la historia política latinoamericana, el historiador argentino Emilio Ocampo (2010), experto en la historia su país, argumentando la existencia de una evidente incidencia de la masonería en la historia latinoamericana, que, por supuesto, es de origen exterior a ella, dice al respecto:
“debido a que las historias nacionales fueron escritas en el siglo XIX, se privilegió una versión apologética de héroes nacionales, en busca del fortalecimiento de la identidad nacional, a costa de la veracidad histórica y de la participación extranjera. Esa es la versión que se convirtió en dogma oficial.”56
Es decir que las condiciones estarían dadas para que desde esa ‘versión oficial’, se evadiera el reconocimiento de una participación extranjera en los procesos de independencia latinoamericanos. Más adelante, para explicar el contexto global en que se dieron esos procesos, Ocampo caracteriza la política europea:
“Europa se dividía en dos facciones opuestas: el legitimismo, que defendía el derecho a gobernar de las monarquías hereditarias, y el republicanismo, que sostenía el principio de la soberanía popular. Entre ambas formas de gobierno existía la solución intermedia de la monarquía constitucional, que sólo existía en Inglaterra. La lucha entre estas dos ideologías definió la política europea durante décadas y también tuvo un impacto fundamental en la independencia de la América española. Y en esa contienda ideológica la masonería jugó un papel importante.
Recordemos – dice Ocampo – que la masonería no era una organización monolítica que respondía a un único líder, como la Iglesia Católica, sino una organización internacional descentralizada con múltiples sectas, ritos y hermandades que no siempre coincidían entre ellas y muchas veces se oponían abiertamente. [...] A partir de [su institucionalización en 1717, la masonería] se expandió rápidamente por el resto de Europa y también en Norte América, ganando adeptos en la aristocracia, la alta burguesía y los intelectuales”57
56 OCAMPO, Emilio. “La influencia extranjera en la formación de los Estados Nacionales en América Latina: El rol de la masonería en el proceso de la Independencia” en revista Espacio Regional, No. Vol. 2, No. 7, jul-dic 2010, Buenos Aires (Arg.): Univesrsidad de Buenos Aires, p. 69.
A continuación, veremos cual de éstas, fue la rama de la masonería que llegaría a Colombia.
6. Nueva Granada
Así fue como llegó la masonería al territorio colombiano, proscrita en la Europa del Antiguo Régimen, particularmente por la Iglesia Católica, institución que en la historia iberoamericana, tiene relevancia decisiva, y que incidirá en el desarrollo de la masonería colombiana.
Sobre la llegada a Colombia de las que podríamos denominar sociedades progresistas, análogas a las logias masónicas, ambas propias de la Ilustración, el masón Horacio Rodríguez (1983) dice:
“en las principales ciudades se fundaron cenáculos de hombres que amaban el estudio y eran verdaderas logias masónicas, desde luego irregulares. [...] ellas tuvieron nombres como ‘Sociedad de Amigos del País’ en Mompós y otras poblaciones y en Santa Fé de Bogotá ‘Tertulia Patriótica’ de don Antonio Nariño. En ellas comenzó a incubarse el movimiento revolucionario que estalló en 1810, y tan así lo entendió el gobierno español cuando atento a la preservación de sus colonias envió en 1812 un comunicado a sus administradores de Ultramar para que procedieran contra ‘los expresados franc-masones, arrestando sus personas y aprehendiéndoles los papeles que se les encontraren’”.58
Como menciona Ferrer (2009), las vías de penetración de la masonería al territorio iberoamericano fueron tres: Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Frecuentemente, a través del Caribe, y particularmente desde la isla de Jamaica, colonia inglesa.59
Por su parte, Ocampo (2010) caracterizaba la masonería europea así:
58 RODRÍGUEZ Plata, Horacio. “La masonería en Colombia”, en revista Correo de los Andes, No. 21 (May./Jun., 1983): Bogotá, p. 18.
59 FERRER Benimeli, José Antonio. “Vías de penetración de la masonería en el Caribe”, en Revista de Estudios
“A fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, cuando estallan los primeros movimientos emancipadores en América, la masonería verdaderamente política no era la inglesa sino la francesa, primero revolucionaria y luego bonapartista. Su influencia era grande y sus vínculos se extendían fuera de Francia e incluso llegaban a América. De hecho, los primeros movimientos revolucionarios en las colonias españolas y portuguesas – la de Nariño en Bogotá en 1794, la de Gual y España en Caracas en 1797 y la de Pernambuco en 1801 – fueron liderados por masones con fuertes vínculos con sus hermanos franceses.”60
El fallecido arqueólogo, etnógrafo e historiador, Luis Duque Gómez en el año de 1993, dedicó un artículo a Nariño y la masonería, según el cual:
“La masonería fue introducida en España por el duque Felipe de Wharton, Gran Maestro de la Gran Logia de Londres en 1722, nombrado ministro inglés ante el gobierno español, quien organizó el grupo en la ciudad de Madrid, en abril de 1728, con el nombre de ‘Matritense’. Posteriormente se fundaron células similares en Cádiz, Sevilla y otras ciudades españolas, logrando infiltrar las altas esferas oficiales de la monarquía. [...]
Al promediar la centuria del XVIII, España había perdido buena parte de las islas antillanas, que dominaron entonces Inglaterra, Francia y Holanda. Desde el año de 1739, se había establecido en Jamaica, cabecera de puente del comercio clandestino inglés en el Caribe y en la América española, una logia masónica, con sede en la ciudad de Kingston.”61
Por su parte, el historiador irlandés, James Stevens Curl (2002), gran conocedor del fenómeno masónico, dice al respecto, que
“tan temprano como 1710 se había fundado una logia en La Haya [Países Bajos], con muchos de los hermanos, hugonotes exiliados [protestantes calvinistas franceses, que debieron huir de Francia por las guerras de religión del siglo XVII], envueltos en la publicación y comercialización de libros.
6060 OCAMPO, Emilio. “La influencia extranjera... pp. 72-73.
61 DUQUE Gómez, Luis. “Nariño y la masonería: influencia de las Logias y las ideas de confraternidad en el Precursor”, en revista Credencial Historia, 1993 (diciembre), No. 48, archivo digital en el sitio-web de la Biblioteca Luis Ángel Arango, en http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/revistas/credencial/diciem1993/diciem2.htm, el 20 de abril de 2013.
Igualmente – según Stevens – los hugonotes estaban en Berlín y Londres y jugaban un papel importante en la vida intelectual. [...]
Por este mismo internacionalismo, la masonería suponía una amenaza al absolutismo y a la Iglesia Romana.”62
En este punto, Stevens hace una explicación de la política europea y el carácter republicanista de la masonería francesa:
“Así que hay tres ramas distintas en la masonería: la rama legitimista de los realistas estuardistas [la casa de Estuardo fue la reinante en Escocia hasta su deposición por Guillermo III de Orange, en 1689]; la rama moderada de los liberales Whig y su apego leal a la Casa de Hanover [la dinastía alemana reinante en Inglaterra entre 1714 y 1801]; y la rama republicanista que era la más radical y ciertamente la que tuvo un poderoso efecto en las logias de Francia y los Países Bajos. Incluso en los países del catolicismo romano, las logias fueron puntos de encuentro para aquellos de opinión progresista, interesados en la ciencia y los fenómenos naturales, y probablemente más involucrados en el mejoramiento de la humanidad a través de medios más racionales que la religión.”63
Entonces, resumiendo, encontramos alineados a Ocampo y Stevens, que a grandes rasgos coinciden en presentar la política europea del siglo XVIII dividida, básicamente entre el legitimismo monarquista y el republicanismo, éste, centrado particularmente en Francia. Posiciones que, según Stevens, se reflejaban en el mundo de las logias masónicas.
En contraposición, Ferrer B., seguido por Duque y Rodríguez, es de la opinión que fue la masonería inglesa la que logró su diseminación por el territorio americano, directa o indirectamente, trayendo consigo a Latinoamérica el ideal republicano. Sin embargo, opina el sacerdote jesuita, aceptando respecto a la Revolución Haitiana de 1791-1804, que ‘como la masonería que habían fundado los franceses [en Haití] era exclusivamente para hombres de raza
62 STEVENS Curl, James. The Art & Architecture of Freemasonry [El Arte y la Arquitectura de la Masonería]. Nueva York: Overlook Press, 2002, p. 115.
blanca, esto hizo que los propios colonos en su huída y exilio fueran los primeros propagadores de la masonería en las islas españolas.’64
Como Ferrer es de la tesis de la primacía de la masonería inglesa en gran parte de América, él explica cómo ésta se esparció, por Norteamérica, principalmente a través del ejército inglés, que como cuenta, incluía una logia ambulante en cada regimiento, además de los civiles que también tuvieron logias de dónde escoger, pues a diferencia de España, la masonería no tenía ninguna restricción en Inglaterra. En segundo lugar, a través del Caribe, principalmente desde Jamaica, dependiente de la Gran Logia Unida de Inglaterra, y puntualmente desde Cuba, tras la ocupación militar inglesa de la isla entre junio de 1762 y julio de 1763, donde a pesar del corto período de funcionamiento legal de las nuevas logias, la masonería tendría un gran arraigo, que ha perdurado hasta el día de hoy.65 Pero sobre todo, creo, a través del comercio internacional y el desmedido aprecio que los hispanoamericanos teníamos por los productos ingleses, tanto materiales, como espirituales.66
Ferrer (2009) menciona su tesis sobre la llegada de la masonería a Colombia:
“parece ser que la primera logia fundada en Cartagena (Nueva Granada), la Britannia nº 1, por la Gran Logia Provincial de Jamaica ya existía en 1808 cuando se constituyó en la misma ciudad la logia Las Tres Virtudes Teologales, también dependiente de Jamaica. Poco después, en 1820, se creó en Bogotá la logia Libertad de Colombia, que posteriormente cambiaría su nombre por el de Fraternidad Bogotana”67.
Es decir que la masonería llegada a Colombia, según Ferrer, sería subordinada a la inglesa. Lo cual, al parecer, se mantiene en la actualidad, aunque ya no con el carácter, de lo que podríamos llamar ‘un monopolio excluyente’.68 A pesar de una mayor apertura en cuanto a corrientes masónicas presentes en el país, el desinterés por parte de los historiadores es abrumador. Sobre la
64 FERRER Benimeli, José Antonio. “Vías de penetración... 2009 3, p. 10. 65 FERRER Benimeli, José Antonio. “Vías de penetración... 2009 3.
66 JARAMILLO Uribe, Jaime. El pensamiento colombiano en el siglo XIX. Bogotá: Universidad de los Andes, Icanh, Colciencias y Alfaomega, 2001, pp. 31-32.
67 FERRER Benimeli, José Antonio. “Vías de penetración... 2009 3, p. 4.
68 Conversación personal con el profesor de derecho de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, el masón Carlos Fernando Chica, sostenida en enero de 2013.
masonería colombiana, los compatriotas que han escrito la historia de la Orden han sido principalmente hermanos masones, como Américo Carnicelli (1901-1980), Julio Hoenigsberg (1898-c.1970), Horacio Rodríguez Plata (1915-87), o Mario Arango J. (1941-). Ninguno de ellos con formación profesional en historia, sin embargo por una u otra razón, dedicados a la investigación histórica. Ellos suelen hacer una versión apologética de la labor que la Orden hubiera tenido en la historia de la sociedad, son a veces exageradamente anecdóticos y básicamente se dedican al trabajo de transcripción documental. Son generalmente esfuerzos apreciados por los historiadores, pero que, ante todo, denotan el desinterés que por una asociación como la masonería sentimos los historiadores profesionales69. Como lo anota Arango (2011) refiriéndose a la Convención Constituyente de 1863:
“El desconocimiento del papel jugado por la masonería en la Convención Nacional de Rionegro, obviamente con la excepción de los pocos historiadores masones, es quizá el resultado de la poca o ninguna importancia que se le ha concedido a la masonería como factor de poder político, económico y social en la Colombia del siglo XIX.”70
7. Dramaturgia y sociedades progresistas en el nacimiento de la república. El caso de la logia Estrella del Tequendama.
Mientras la Nueva Granada estaba consolidando su autonomía con su Constitución política del 29 de febrero de 1832, en enero el gobierno de la provincia de Bogotá, por medio de su órgano oficial de comunicación, el
Constitucional de Cundinamarca, había sentado las bases de lo que podría denominarse un programa gubernamental con respecto al tema de la función de la dramaturgia sobre la formación del pueblo. Veremos más adelante, cómo la masonería estuvo intensamente relacionada con la promoción del teatro.
Como comenta la historiadora de la dramaturgia Marina Lamus (1991),
“algunos fundadores de la república estaban convencidos del resultado que se obtiene sobre la masa de los individuos con los espectáculos públicos. [Así,]
69 LOAIZA Cano, Gilberto. “La masonería y las facciones del liberalismo colombiano durante el siglo XIX. El caso de la masonería de la Costa Atlántica”, en revistaHistoria y Sociedad, No 13, Medellín, noviembre 2007, p. 67-69.
los beneficios primarios del teatro se irían reflejando, paulatinamente, en la sociedad granadina, pues una persona que asistiera con regularidad al teatro aprendería normas de urbanidad, de buen gusto, mejoraría el lenguaje y les daría al alma y al cuerpo una sana diversión; por tanto, se limarían asperezas y se moderarían las pasiones.”71
Tras aquellas primeras logias cartageneras, y la bogotana ‘Libertad de Colombia’–‘Fraternidad Bogotana’ de 1820, posteriormente sería fundada en Bogotá la logia ‘Los Corazones Sensibles’ No. 20 en 1824, que, según Carnicelli, recibió carta patente del Gran Oriente Nacional Colombiano, con sede en Caracas.72
Sin embargo, tras este inicial desarrollo de la masonería en la Nueva Granada, vendría la proscripción política, por parte del presidente masón, Simón Bolívar (1819-30) el 8 de noviembre de 1828, al descubrir que tras el atentado en su contra, del 25 de septiembre de ese año, se hallaba un grupo de masones, opuestos a sus posiciones dictatoriales que había demostrado en Perú, entre 1824 y 1827. Con el decreto de proscripción de toda sociedad secreta en el territorio colombiano, debieron cerrar las 28 logias masónicas existentes en Colombia (la Gran Colombia); 19 en Venezuela, 8 en Nueva Granada y 1 en Ecuador.73
Tras el fallecimiento de Bolívar el 17 de diciembre de 1830, el general también masón, Francisco de Paula Santander, regresa del destierro (1829-1832) y se posesiona en la presidencia el 7 de octubre de 1832. Santander se dedica a reorganizar la masonería neogranadina ‘nombrando en su gabinete a antiguos hermanos masones y ubicándolos en las gobernaciones importantes, como es el caso del coronel [José María] Vesga, nombrado gobernador de la provincia de Cartagena. Esto es lo que permitió la fundación, el 19 de junio de 1833, del
Supremo Consejo Neogranadino del Grado 33 del Rito Escocés Antiguo y
71 LAMUS Obregón, Marina. “La búsqueda de un teatro nacional (1830-1890)”, en revista Boletín Cultural y Bibliográfico
, No. 31, Vol. XXVIII, 1991, versión digital en el sitio-web BLAA, consultado el 3 de marzo de 2013. El artículo citado por Lamus es publicado en El Constitucional de Cundinamarca, enero de 1832, página 59.
72 CARNICELLI, Américo. Historia de la Masonería Colombiana vol I. Bogotá: Cooperativa Nacional Artes Gráficas, 1975.
73 CARNICELLI, Américo. La Masonería en la Independencia de América vol I. Bogotá: Cooperativa Nacional Artes Gráficas, 1970, pp. 218-219.
Aceptado.’74 Supeditadas a su autoridad se fundaron, en Colombia, entre esta fecha y 1886, 31 logias75, además de algunas en México, Costa Rica, Perú y las Antillas.76
Aquí es necesario aclarar que, a pesar del reconocido conocimiento que de la masonería tiene J. A. Ferrer, él omite este año como el de regreso de la masonería al territorio colombiano, considerando como tal el año de 184977. La llegada al país de la Compañía Dramática española ‘Fourier, Belaval y González’ en la década de 1840,78 cuyos miembros pertenecían, en su mayoría a la masonería, habría favorecido el resurgimiento de la Orden en el interior del país. De modo que, gracias al impulso de los artistas extranjeros, el 12 de enero de 1849 se funda la Logia ‘Estrella del Tequendama’ en Bogotá, contando entre sus fundadores a los cinco artistas españoles, tres comerciantes extranjeros, un ingeniero venezolano y dos granadinos, uno de ellos el ya mencionado Manuel Ancízar Basterra (1812-82). Ancízar era hijo de padres españoles, pero convencido republicano, y además – según Gilberto Loaiza –, quizá, el único masón neogranadino realmente convencido de sus principios masónicos de librepensador y liberal anti-clerical79. A ésta logia entraría más adelante, el 31 de octubre de 1849, el arquitecto Thomas Reed, llegado al país a finales de 1846 para encargarse del diseño del edificio que sería luego el Capitolio Nacional.80
Esta logia Estrella del Tequendama No. 3, luego No. 11, sería el epicentro de la masonería en el interior de la Nueva Granada, en notorio contraste con la Costa Atlántica. Allá en la costa, el ambiente cosmopolita del constante contacto con el mundo extranjero, a través de los puertos, y una cultura menos
74 ZAMBRANO Pantoja, Fabio. “Las sociabilidades modernas en la Nueva Granada, 1820-1848”, en revista Cahiers
des Amériques Latines [Cuadernos de América Latina], No. 10. París: Institut des Hautes Etudes de L'amérique Latine [Instituto de altos estudios de América Latina], 1990, p. 200; SUPREMO CONSEJO DEL GRADO 33 PARA COLOMBIA, página-web oficial de la institución, actualizada el 3 de diciembre de 2012, consultada en http://supremoconsejodelgrado33paracolombia.blogspot.com/, y en http://www.granlogiaescocista.org/supremo_consejo33.htm, ambas en enero de 2013.
75 LOAIZA Cano, Gilberto. “La masonería y las facciones del liberalismo... 2007, p. 75.
76 HOENIGSBERG, Julio. Influencia Revolcionaria de la Masonería en Europa y América. Bogotá: Editorial A.B.C, 1944, p. 182.
77 FERRER Benimeli, José Antonio. “La antimasonería en España y América Latina: intento de síntesis... 1995, p. 413. 78 La presencia de ésta Compañía la corrobora Cordovez M. en CORDOVEZ Moure, José María. Reminiscencias de
Santafé y Bogotá. Cali: FICA, 1997 (primera ed. Madrid, 1957), p. 30.
79 LOAIZA Cano, Gilberto. Manuel Ancízar y su época (1811-1882). Biografía de un político hispanoamericano del siglo
XIX. Medellín: EAFIT, 2004, p. 343.
80 CARNICELLI, Américo. La Masonería en la Independencia de América vol II. Bogotá: Cooperativa Nacional Artes Gráficas, 1970, pp. 307, 309; CARNICELLI, Américo. Historia de la Masonería Colombiana, vol I, p. 202; CORRADINE Angulo, Alberto. Historia del Capitolio..., c.1998, p. 37; SALDARRIAGA. En Busca de Thomas Reed. Perfiil biográfico..., 2002, p. 3.24.
formalista que en el interior, permitió una mejor y más fluida relación entre la masonería, el clero y la sociedad en general, a pesar de las siete bulas papales, vigentes hasta ese momento. Como lo ha señalado Loaiza (2007), dicha relación favorable se mantendrá hasta finales del siglo XIX, y se constituirá en el pilar para un liberalismo independiente, que es el que apoyará al cartagenero Rafael Núñez en su aspiración presidencial y su proyecto Regeneracionista, en una relación de mutua cooperación.81
Sobre las actividades usuales de la masonería del interior del país, Loaiza (2004) señala el testimonio de un masón hacia 1851:
“En las organizaciones masónicas se preparaban proyectos educativos, filantrópicos, artísticos. Recuerda Salvador Camacho Roldán que la logia Estrella del Tequendama [a la que había ingresado el 14 de febrero de 1850,82] recogía limosnas para los pobres [una actividad que, quizá, con igual o mayor ‘fervor piadoso’ realizaban las organizaciones seculares asociadas al catolicismo83]. En estos períodos de construcción de una nacionalidad, las
logias también cumplían una misión ilustradora, difusora de ideales de civilización y progreso y se confundían fácilmente con las estructuras de sociedades patrióticas, ateneos, liceos, círculos literarios.”84
Había, pues, un ambiente que era propicio para la creación de gran tipo de prácticas asociativas modernas, que a pesar de una vida efímera, dan cuenta del ambiente intelectual de la época, algunas con notable presencia de masones en ellas: Sociedad Filarmónica (1846), Sociedad de Dibujo y Pintura (1846), Sociedad Protectora de Teatro (1849) y Sociedad Lírica (1848, dedicada al estudio de la música religiosa y su ejecución en los templos católicos. En el campo político sucedía algo semejante con la liberal Sociedad Democrática de Artesanos (1846), su antagónica, la conservadora Sociedad Popular (1849), y otras sociedades afiliadas al catolicismo como la jesuita Sociedad Congregación (1838) o la Sociedad San Vicente de Paul (1857).85
81 LOAIZA Cano, Gilberto. “La masonería y las facciones del liberalismo colombiano durante el siglo XIX. El caso de la masonería de la Costa Atlántica”, en revistaHistoria y Sociedad, No 13, Medellín, noviembre 2007, pp. 65-89.
82 CARNICELLI, Américo. La Masonería en la Independencia de América vol II. , 1970, p. 310..
83 Sobre ese fervor piadoso ver LOAIZA Cano, Gilberto. “El catolicismo confrontado...”, el acápite ‘La sociabilidad católica: el triunfo de la caridad sobre la filantropía’, 2011, pp. 333-339.
84 LOAIZA Cano, Gilberto. Manuel Ancízar y su época... 2004, p. 148.
85 DUARTE, Jesús y RODRÍGUEZ, María V. “La Sociedad Filarmónica y la cultura musical en Santafé a mediados del siglo XIX”, en Boletín Cultural y Bibliográfico, Vol. 28 (XXVIII), No 31 (1991). Bogotá: Biblioteca Luis Ángel Arango, 1991, versión digital en el sitio-web BLAA, consultado el 3 de marzo de 2013; POSADA-CARBÓ, Eduardo, “New