UNIVERSIDAD PANAMERICANA
FACULTAD DE FILOSOFÍA
“EICHMANN, EL MAL Y LA ACCIÓN POLÍTICA: UNA LECTURA DESDE HANNAH ARENDT”
T E S I S P R O F E S I O N A L
Q U E P R E S E N T ARAFAEL CRESPO SANTOYO
P A R A O B T E N E R E L T Í T U L O D E :
L I C E N C I A D O E N F I L O S O F Í A DIRECTORA DE LA TESIS:
MTRA. MARÍA JOSÉ GARCÍA CASTILLEJOS
CIUDAD DE MÉXICO. 2019
A mi familia, pues fueron un gran apoyo. Y a Enrique, mi abuelo, la persona que siempre estuvo allí.
Índice
Introducción ... 7
Eichmann y el juicio en Israel ... 13
1.1. Antecedentes históricos ... 13
1.2 Objeciones al juicio ... 28
Burocratización: la banalidad del mal ... 32
2.1. La acción política según Arendt ... 32
2.1.2. Acción y pluralidad ... 36
2.1.3 Natalidad e irreversibilidad ... 45
2.2 La fabricación (work) según Arendt ... 51
2.3 El poder y la violencia... 60
2.4 La relación entre violencia y fabricación... 65
Conocer, pensar y juzgar ... 73
3.1. Conocer, fabricar y violentar ... 73
3.1.1 Conocer y pensar ... 77
3.2. Pensar: la filosofía y la política ... 81
3.3. Juicio y acción política ... 89
Conclusiones ... 95
Bibliografía ... 103
Introducción
La siguiente tesis tiene como objetivo general analizar la condición antropológica y criminal de Eichmann contenida en Eichmann en Jerusalén, con base en las actividades de la vida activa y contemplativa de Arendt, comprendidas en algunos pasajes de La condición humana y La vida del espíritu. Las actividades de la vida activa son la labor, la fabricación y acción; las actividades de la vida contemplativa son el pensar, el juicio y la voluntad.
Tras su captura en 1960, Adolf Eichmann, oficial nazi, fue transportado a Israel. Fue aquí donde el juicio, en el que se decidió su suerte, se llevó a cabo. A Arendt se le adjudicó una supuesta defensa de Eichmann, tal como hizo Michael A Musmanno, quien publicó en el periódico New York Times una crítica del reportaje de Arendt. Allí escribe a modo de sorpresa e incredulidad lo impactante que fue el reportaje de Arendt, porque parece sentir compasión por Eichmann.
Además, critica que su visión obliga a creer que Eichmann no fue un nazi de corazón
1, lo cual es inadmisible. En esta línea, hubo gran polémica alrededor del reportaje de Arendt. Se argumentó que, siguiendo la estructura de Arendt, un hombre incapaz de pensar podría ser absuelto de sus crímenes, aunque la evidencia lo muestre culpable. Esto es así porque no se puede criminalizar a alguien que no sabía lo que hacía. Presento este trabajo de investigación como una oposición a la idea de que se justifica un crimen, cuando se trata de una orden. La tesis de la presente investigación es que la culpabilidad de Eichmann no es eximida a partir de la incapacidad de pensar o reflexionar que, según Arendt, presentaba. Esto es así porque pensar es una actividad voluntaria y su ausencia no se justifica a partir del entorno en el que vive el sujeto. Pretendo mostrar que esta concepción
1 Cfr. Musmanno, M. A. (19 de Mayo de 1963). Man with an unspotted conscience. New York Times, pág. BR1.
del pensar en Arendt es errónea, puesto que ella lo entiende como una reflexión o crítica ante un acontecimiento o situación en el entorno. Es así como este trabajo pretende ilustrar cómo los mismos conceptos y términos arendtianos son suficientes para negar un perdón a Eichmann y para culpabilizarlo enteramente por sus acciones.
La tesis se dividirá en tres partes diferentes, donde la primera
refiere a un breve recorrido histórico y antropológico de la figura de
Eichmann. Para lograr esto, utilicé principalmente el texto Eichmann en
Jerusalén, puesto que me permitió adentrarme en el tema y el personaje
de Eichmann desde una visión arendtiana. Presento la condición del
oficial alemán dentro del Tercer Reich: su trabajo, su posición militar y
su pensamiento sobre sí mismo y el régimen durante el proceso
jurídico sostenido en su contra en Israel. El objetivo es comprender la
figura de Eichmann no sólo en su condición de criminal y prófugo,
sino también en su condición ambiental, es decir, el entorno donde se
desarrolló, la Alemania nazi. Así podré hacer un análisis antropológico
e histórico del personaje. Sólo de este modo se puede analizar
correctamente la condición de Eichmann, así como la naturaleza de sus
crímenes. La tesis que este primer capítulo busca dilucidar es que la
condición antropológica de Eichmann no es suficiente para justificar el
mal que cometió en contra de las comunidades perseguidas por los
alemanes. No fue una condición especial la que lo orilló a tal, puesto
que no fue muy diferente a la del resto de los seres humanos de su
tiempo, pues, de hecho, se le reconoció como un buen ciudadano y un
hombre ejemplar. Eichmann fue un hombre que se desenvolvió en su
época con una normalidad completa. No fue un monstruo despiadado
que disfrutaba de su trabajo porque consistía en facilitar el asesinato en
masa de miles de personas. Esto es lo que preocupaba enormemente a
Arendt, puesto que una condición sana o normal podía tener un
desenlace barbárico. Si la condición de Eichmann no es necesaria para
atribuirle maldad, como pretende aclarar el primer capítulo de esta
tesis, debe haber otra u otras condiciones que no hayan obstruido su
capacidad de hacer el mal. Es así como el segundo capítulo de esta tesis
toma su papel dentro del cuerpo del trabajo.
El segundo capítulo de este trabajo tiene como objetivo el análisis de la vida activa que Arendt detalla en La condición humana, texto en el que describe el espacio público, la labor, la fabricación y la acción. La tesis del capítulo segundo consiste en demostrar que Eichmann no actuó políticamente, sino mecánica y obedientemente, es decir, fue un fabricante. La fabricación, para Arendt tiene una finalidad productiva, es decir, tiene un objetivo concreto que busca satisfacer del mejor modo posible. Eichmann fue un técnico del transporte cuya meta fue la transportación de seres humanos a los campos de exterminio. Por tanto, pretendo analizar si la acción política –tal como la entiende Arendt– fue puesta en práctica por Eichmann y, en caso de no ser así, determinar qué actividad realizaba. Las tres facultades de la vida activa son labor (labor), fabricación (work) y acción política (action).
Como se explica dentro del trabajo, estas actividades no son excluyentes entre sí ni mutuamente dependientes. La acción política es la de mayor grado, pero sólo en el sentido de que es la máxima expresión de la actividad del hombre. Esto es así porque requiere de una pluralidad de hombres, es decir, de un cuerpo social que permita el desarrollo de una acción política verdadera. La acción, entendida como discurso, manifiesta una reunión de todos los puntos de vista sobre un tema en común. Esta facultad permite a los hombres discurrir sobre la forma de proceder ante una situación que compete a todos, para que se pueda solventar la acción política, por ejemplo, una propuesta en una asamblea. Como mostraré en el capítulo correspondiente, Eichmann no cumple con estos requisitos.
Finalmente, en el tercer capítulo, describo cómo Arendt se
percata de que la vida activa no es la única participante en la toma de
decisiones, puesto que no es sólo en el plano activo en el que se toma la
decisión. La vida contemplativa subscribe tres facultades muy
importantes en la vida del hombre: el pensamiento, la voluntad y el
juicio. De estas tres, no trato la voluntad, puesto que me concentro en
la investigación sobre la acción política, contenida en La condición
humana, y en Thinking and Moral Considerations, en lugar de profundizar
en La vida del espíritu, obra en la que Arendt explora la voluntad.
Asimismo, me baso en una reconstrucción del argumento sobre el juicio a partir del ensayo Thinking and Moral Considerations, integrado en Responsibility and Judgment. Es a partir de este escrito que reconstruyo la concepción final de juicio en la tesis. No obstante, La vida del espíritu fue otro texto al que recurrí en algunas ocasiones, puesto que, en principio, ésta sería la obra en la que Arendt compondría su postura sobre la vita contemplativa
2. El objetivo de este último tercer capítulo es analizar si compete hablar de pensamiento y juicio como actividades ejecutadas por Eichmann. La tesis de este último capítulo puede resumirse del modo siguiente: Eichmann no hace uso del pensamiento ni del juicio voluntariamente. Pretendo explicar cómo las facultades de ambas vidas (activa y contemplativa) comparten una característica esencial. Todas, al ser actividades, pueden dejar de ejercerse en cualquier momento. Es totalmente optativo. La responsabilidad de Eichmann como oficial de alto rango en un régimen tan poderoso como lo fue Alemania exigía una continua reflexividad. Para cumplir con el objetivo, primero realizo una comparación entre pensar y conocer, puesto que, según Arendt, tienen diferentes significados. El conocimiento tiene un objetivo particular y que el sujeto busca; dicho de otra manera, es productivo y tiene un fin concreto, tal como la fabricación. El pensamiento, por otro lado, no tiene un resultado tangible y externo, puesto que su método insta al sujeto a una reflexión constante y, en cierto modo, perpetua de sus condiciones, acciones, ideas, etc. El objetivo del pensamiento es el repensar una idea varias veces, con el propósito de colocarse frente al problema desde distintos puntos. Finalmente, se explica qué es el juicio y de qué modo puede hablarse de él como una dimensión del pensamiento. El juicio es la facultad que le permite al sujeto discernir entre el bien y el mal, es decir, se juzga un particular, una situación en específico.
2 En lo referente a la facultad de juzgar, debido a la falta de una teoría sobre ésta debido a que la muerte prematura de Arendt impidió que escribiera la última parte del libro, su postura final sobre el juzgar debe obtenerse a partir de otras obras suyas, aunque esto podría acusarse de especulación injusta.
Si bien es un análisis de un personaje particular de la historia, a saber, Eichmann, es una situación que varias veces se ha filtrado en la polémica contemporánea. Temas sumamente relevantes surgen del presente análisis filosófico, por ejemplo, la objeción de conciencia, que es un debate constante en las fuerzas armadas, porque argumenta a favor de la desobediencia directa, en caso de que las tropas determinen que una orden emitida por un superior está errada. La capacidad de pensamiento de las tropas ya no se ve cuestionada hoy en día y, de hecho, es loable cuando, por algún motivo noble, un soldado decide desobedecer las órdenes. Si bien esta discusión pudo no haberse desprendido como tal de la discusión en torno a Eichmann, sí pienso que éste juega un papel importante en el regreso a la discusión sobre la reflexión y la crítica. El totalitarismo nazi, además, fue un suceso de gran importancia en el siglo XX. Fue una sociedad de masas que siguieron el pensamiento pautado por un solo dirigente: Hitler. Es importante darse cuenta de que cometer un mal no es propio sólo de los “malvados”. La gente normal o común y corriente está siempre ante el riesgo de sucumbir ante un pensamiento o un juicio ajeno que los impulse a cometer malas acciones, como Eichmann. Esto, a diferencia de lo que se le suele criticar a Arendt, no es razón suficiente para eliminar la culpa de los criminales, porque dejar que otro piense por uno mismo es una decisión propia. Todos los males que uno cometa después de hacer un juramento de lealtad no se vuelven un bien por dicho juramento. El mal seguirá siendo un mal, ya sea que se cometa concienzuda u obedientemente.
La relación entre pensamiento, juicio, acción y mal es un tema vigente por éstas y muchas otras razones. Muchas veces los que ven desde fuera el problema dicen que no es culpable y, en muchas otras ocasiones, los afectados aseguran que el criminal es el demonio personificado. Es la misma situación que enfrentó Arendt, al ser ella la espectadora, y los israelitas que enjuiciaron a Eichmann, las víctimas.
Salirse de uno mismo para conseguir la solución de un problema es
muy complicado, si no imposible. Por ello la discusión sobre un
espacio público y una actividad política sana es importante. Si se
continúa por los pasos que Arendt dejó ligeramente marcados, se
puede concluir que todo problema social puede ser solucionado a
través de la actividad política, la crítica y el juicio. La pluralidad de
hombres es algo que no puede ignorarse, puesto que es así como vive
el ser humano. Explorar la dimensión política y social es fundamental
para poder explicar las propiedades antropológicas e históricas del
hombre. Y, así como todo individuo tiene la posibilidad constante de
convertirse en un Eichmann, la pluralidad tiene la posibilidad
constante de caer en un nuevo totalitarismo.
Eichmann y el juicio en Israel
1.1. Antecedentes históricos
Lo primero que debe tratarse en esta investigación es el panorama político que vivió Adolf Eichmann cuando fue oficial de las Schutzstaffel
1alemanas durante el Tercer Reich. Alrededor de su nombre hubo muchísima polémica: después de ser capturado en Argentina por el Mossad, agencia de inteligencia israelita, en 1960. Fue transportado a Israel para que su juicio se llevara a cabo en territorio judío, es decir, con las reglas y perspectivas convenientes al pueblo que acusaba a Eichmann. Inmediatamente, la noticia se esparció a través del mundo: uno de los responsables del genocidio judío durante la Segunda Guerra Mundial había sido encontrado y capturado. El juicio, además, no se celebraría en Argentina, donde el antiguo oficial vivía desde hacía varios años, sino en Israel. Reporteros de todo el mundo se entusiasmaron con cubrir el juicio más importante del momento.
Hannah Arendt no fue la excepción y fue enviada, por parte de la revista The New Yorker, a presenciar el juicio de Eichmann.
Justo tras el final de la Segunda Guerra Mundial, durante los famosos Juicios de Nuremberg, en los que se procesaron y sentenciaron a varios miembros distinguidos del mando nazi, surgieron acusaciones en contra de Eichmann. Sin embargo, se desconocía su paradero, pues, tras la caída del régimen nazi, fue capturado y preso en un campo de concentración destinado a los miembros de las SS. Eichmann decidió escapar del campo de concentración. Su identidad nunca fue descubierta. Se ocultó, bajo el nombre de Otto Heninger en un bosque cercano a Hamburgo durante cuatro años, trabajando como leñador. Finalmente, logró contactar a la ODESSA
2, organismo que le ayudó a llegar a Italia. Finalmente, un fraile franciscano le consiguió papeles que le dieron su nueva
1 También conocidas como las SS.
2 ODESSA, por sus siglas en alemán. En español, Organización de Antiguos Miembros de las SS.
identidad: Ricardo Klement. En 1950 partió con rumbo a Argentina, donde su esposa y sus hijos se le unieron dos años más tarde. Allí vivió Eichmann una vida miserable, tanto económica como socialmente.
A causa de la monotonía, su vida se volvió detestable. Eichmann comenzó a sentir la urgencia de abandonar el anonimato. Esto fue producto de la insatisfacción que sentía, aunado a sus condiciones laborales y económicas. Así que, cuando se enteró de que algunos judíos hicieron preguntas en los alrededores de su domicilio, no intentó ni hizo nada por evitar su captura, la cual tuvo lugar el 11 de mayo de 1960. Después de unos días, llegó el avión que lo transportaría a él y sus captores a Israel. El supuesto rechazo al anonimato por parte de Eichmann, que se evidenció cuando optó por no huir en Argentina, levantó muchas preguntas, por ejemplo, ¿qué lo motivó a no entregarse por cuenta propia? Él respondió que “los tribunales alemanes todavía carecían de la «objetividad» precisa para juzgar a gente como él”
3. Eichmann no pensaba que sus actos durante la guerra fueran tan atroces como se comentaba en el mundo. Esa objetividad de la que carecían los tribunales alemanes se debía a la vergüenza del pueblo alemán ante lo acontecido en la guerra.
Eichmann creía que no podrían juzgarlo como era debido porque debían componer el daño a como diera lugar. Esto significaría la culpabilidad de Eichmann.
Aun así, el juicio en Israel levantó un gran número de críticas en contra de las autoridades, porque no se creía que un cuerpo jurídico judío fuera capaz de objetividad legal. Parecía imposible que un tribunal judío pudiera juzgar a un hombre en las condiciones jurídicas de Eichmann: asesino de judíos y facilitador del mayor genocidio hasta la fecha. No obstante, se intentó reducir la crítica global. Se permitió que un abogado extranjero intercediera a favor del acusado. Por tanto, Eichmann escogió al doctor Robert Servatius, un abogado penalista
3 Arendt, H. (2016). Eichmann en Jerusalén. (C. Ribalta, Trad.) México: Penguin Random House, pág. 354.
alemán que defendió a varios oficiales durante los Juicios de Nuremberg.
Una de las sorpresas que más conviene resaltar es que Alemania no reclamó su derecho a juzgar a Eichmann. Arendt escribe que “el pueblo alemán se mostró indiferente, sin que, al parecer, le importara que el país estuviera infestado de asesinos de masas, ya que ninguno de ellos cometería nuevos asesinatos por su propia iniciativa; sin embargo, si la opinión mundial, […] se empeñaba en que tales personas fueran castigadas, los alemanes estaban dispuestos a complacerla, hasta cierto punto”
4. Esta es la vergüenza del pueblo alemán que he comentado anteriormente. Esta es la razón por la que Eichmann no se entregó a las autoridades, pues Alemania estaba dispuesta a complacer al mundo y, evidentemente, encontrándolo culpable era el modo de hacerlo. Alemania no intentó repatriar a Eichmann para juzgarlo en territorio alemán, bajo las reglas con las que Eichmann actuó durante el Tercer Reich. De modo que Eichmann, en cierto sentido, fue abandonado por su propio pueblo a su suerte en Israel. De cualquier modo, sería difícil imaginar qué clase de discusiones o inconformidades hubiera levantado una petición alemana de extradición, ya que la opinión mayoritaria de los judíos apuntaba a que sólo se podía juzgar justamente a Eichmann dentro de los tribunales israelitas. Puede verse que la opinión pública acerca del juicio tenía los matices y argumentos más variados, tanto en contra como a favor del juicio.
La primera postura que tomó la defensa refirió a la validez de considerar como delito al actuar de Eichmann. Se basó en que, ya que el acusado actuó dentro del marco jurídico y legal de la Alemania nazi, toda toma de decisiones o de actuar se hizo dentro de una realidad diferente a aquella en la que se comprendía el juicio. En pocas palabras, los judíos no acusaban a Eichmann de haber cometido delitos, sino de haber llevado a cabo actos de Estado y, por tanto, sólo su propio Estado tenía el derecho a juzgarlo. Sin embargo, el hecho de
4 Ibíd., pág. 33.
que Alemania no mostrara interés por su extradición provocó que el eco de esta reclamación fuera fugaz. No quedó otro proceder más que continuar con el juicio. Lo importante a discutir aquí no es este marco jurídico, sino la motivación o las razones por las que Eichmann hizo lo que hizo. Ni cómo lo hizo ni bajo qué paradigma lo hizo ni cuándo lo hizo son tan importantes como el porqué de sus acciones, el objetivo de su proceso mental. De tal modo, es importante recalcar cómo Eichmann se percibía a sí mismo. Él reclamó la acusación de asesinato hecha en su contra, tachándola de injusta, puesto que, como él mismo dijo y Arendt recogió en su reportaje
5, jamás dio muerte a ninguna persona, fuera judía o no, ni ordenó la ejecución de nadie. Eichmann formuló un segundo punto clave en su argumentación, la cual buscaba demostrar que la acusación en su contra estaba mal formulada:
Según la acusación, Eichmann no solo había actuado consciente y voluntariamente, lo cual él no negó, sino impulsado por motivos innobles, y con pleno conocimiento de la naturaleza criminal de sus actos. En cuanto a los motivos innobles, Eichmann tenía la plena certeza de que él no era lo que se llama un innerer Schweinehund, es decir, un canalla en lo más profundo de su corazón; y en cuanto al problema de conciencia, Eichmann recordaba perfectamente que hubiera llevado un peso en ella en el caso de que no hubiese cumplido las órdenes recibidas, las órdenes de enviar a la muerte a millones de hombres, mujeres y niños con la mayor diligencia y meticulosidad.6
No es de sorprender que la reacción surgida entre el público y los jueces haya sido caracterizada por una extraordinaria incredulidad.
Los análisis y exámenes psicológicos que expertos realizaron mostraron “el hecho indiscutible de que Eichmann no constituía un caso de enajenación en el sentido jurídico, ni tampoco de insania
5 Cfr. Ibíd., pág. 41.
6 Ibíd., pág. 45-46.
moral”
7. Aquí es donde alcanza uno a percibir la delicada situación y el objetivo de este trabajo de investigación. El intento por desacreditar a Eichmann y a enseñarlo ante el mundo como un monstruo sin escrúpulos comenzó a desmoronarse
8. Eichmann experimentó esta calificación de monstruo y, en cierto modo, ante los ojos de muchos, esto era suficiente para condenarlo inmediatamente. No obstante, nadie le creyó, incluyendo el caso omiso que prestó Servatius, quien estaba poco interesado en los dilemas de conciencia de su defendido. A pesar de que su fachada monstruosa estaba resquebrajándose, todo mundo sufría aún gran dificultad al imaginar a un hombre capaz de hacer lo que Eichmann hizo, sin sufrir algún tipo de incapacidad mental o moral. Era común en ese entonces, y lo sigue siendo, que aquél que es acusado de ser un criminal se le representa como una monstruosidad. No es una persona normal, porque sólo alguien irregular o desviado de algún modo podría obrar como lo ha hecho.
Simplemente no se había presentado una imagen de este tipo ante un cuerpo jurídico.
Para rechazar la monstruosidad que se le achacaba, Eichmann mismo mencionó, al ser interrogado sobre sus visitas a los campos: “y esto fue demasiado para mí, una mujer a la que le estaban rompiendo los brazos; entonces mis rodillas flaquearon, y salí corriendo de allí”
9. Eichmann nunca presenció ningún tipo de asesinato, ya fuera por gas o a disparos.
7 Ibíd., pág. 46. Unas líneas más abajo en el texto, Arendt escribe que el mismo Eichmann “nunca tuvo nada en contra de los judíos, sino que, al contrario, le asistían muchas «razones de carácter privado» para no odiarlos”.
8 “A pesar de los esfuerzos del fiscal, cualquiera podía darse cuenta de que aquel hombre no era un «monstruo»”. Ibíd., pág. 85.
9 Ibíd., pág. 131. El campo que Eichmann visitó fue aquel ubicado en Minsk, en Rusia, aunque, según él, las mismas barbaridades ocurrían en Lwów. Arendt menciona unas líneas más adelante que Eichmann aseguró haber hablado con el comandante de Lwów sobre la terrible condición del campo, asegurando que los mismos soldados alemanes terminarían por enloquecer, debido a los maltratos que ejercían sobre los judíos.
Él sólo supo lo suficiente para enterarse “del modo en que la máquina de destrucción funcionaba; para saber que había dos métodos para matar, el gaseamiento y el disparo de armas de fuego; que el segundo método lo empleaban los Einsatzgruppen10, y que el primero se utilizaba en los campos de exterminio, ya en cámaras, ya mediante camiones. […] Pero como sea que Eichmann no se dedicó a matar, sino a transportar, quedaba abierta la cuestión, por lo menos desde un punto de vista formal, legal, de si sabía o no el significado de lo que hacía. Y también estaba la cuestión de determinar si se hallaba en situación de apreciar la enormidad de sus actos, de saber si era jurídicamente responsable, prescindiendo del hecho de que estuviera o no, médicamente hablando, en su sano juicio.11
Se alzó un nuevo muro durante el proceso jurídico de Eichmann: ¿era acaso posible que no haya sido capaz de visualizar los alcances de sus órdenes? De ser así, la defensa del acusado habría sido muy sencilla: se trata de un soldado que siguió órdenes sin pensarlas. Eichmann mismo repudia la idea de los asesinatos a sangre fría y hasta parece sentir asco de la violencia innecesaria. Sí, quizás los alemanes tenían confinadas a las personas en campos de concentración, pero eso no significaba que el abuso y el maltrato estuvieran permitidos. Eichmann y su juicio se alzaban como un caso sin precedentes en el marco jurídico. Sin embargo, la forma en la que uno se expresa o habla es importante. Por tanto, Hannah Arendt hace mención de su sorpresa con respecto al lenguaje y modo de expresión del que Eichmann hace uso, al momento de ser interrogado o cuestionado.
Pero la cuestión es que su lenguaje llegó a ser burocrático porque Eichmann era verdaderamente incapaz de expresar una sola frase que no fuera una frase hecha. […] Cuanto más se le escuchaba, más evidente era que su incapacidad para hablar iba estrechamente unida a su incapacidad para pensar, particularmente, para pensar desde el punto de vista de otra persona. No era posible establecer
10 Conjunto de tropas, provenientes de las SS y de otras dependencias de la policía del régimen nazi, especializadas en la ejecución de personas, priorizando judíos y gitanos.
11 Ibíd., págs. 133-134.
comunicación con él, no porque mintiera, sino porque estaba rodeado por la más segura de las protecciones contra las palabras y la presencia de otros, y por ende contra la realidad como tal.12
Eichmann siguió apoyando su argumento sobre una realidad distinta.
El mundo nazi en el que vivió alguna vez se encontró en perfecta armonía con él, por lo que estaba seguro de que no mentía. Eichmann estaba completamente seguro de que fue su deber actuar tal y como lo había hecho. Esto lo llevó a confesar que “la experiencia me enseña que, si se es leal a un juramento, algún día hay que cargar con las consecuencias”
13. El acusado sabía que el nuevo orden, ese cuerpo jurídico que ahora lo juzgaba, consideraba sus actos como deleznables y criminales, a pesar de que, en otro tiempo, el antiguo orden nazi los aplaudía y condecoraba.
La vida de Eichmann
14terminó llevándolo a pertenecer a las SS, es decir, a seguir órdenes de superiores sin cuestionarlas, puesto que así funcionaba tanto en el régimen nazi como en cualquier otra organización militar. Eichmann comenzó su carrera en el mando nazi archivando información, pero pronto se habría de convertirse en el oficial alemán especialista en asuntos judíos. Eichmann descubrió, de pronto, que tenía dos grandes cualidades: negociar y organizar. Este episodio tuvo lugar en Austria, donde entabló relaciones con los dirigentes judíos, quienes terminaron aferrándose a la idea de que emigrar era la mejor opción. El declive de los judíos comenzó en el otoño de 1935
15, debido a la promulgación de las Leyes de Nuremberg, la cuales privaron a los judíos de sus derechos políticos, es decir, se depuso su estado de ciudadano, a pesar de continuar sometidos al Estado alemán. Además, los matrimonios mixtos entre judíos y
12 Ibíd., págs. 78-79.
13 Ibíd., pág. 86.
14 Cfr. Ibíd., págs.. 47-59.
15 Esto a pesar de que, desde 1933 (cuando el partido nacionalsocialista consiguió subir al poder), ya eran considerados como ciudadano de menor categoría.
alemanes fueron prohibidos. Era sólo cuestión de tiempo antes de que la migración masiva comenzara a suceder.
Hannah Arendt determinó que también los judíos jugaron un rol muy importante en su propio exterminio en masa. Por ejemplo, cuando las migraciones forzosas comenzaron, aquellas en las que Eichmann fue reconocido como especialista en asuntos judíos, sólo fue posible reunir, ubicar y trasladar a los millones de judíos gracias a su cooperación. Fueron los mismos judíos los que comenzaron el proceso inicial de selección, evidentemente escogiendo judíos ricos o bien conocidos. Pronto “condujo a una situación en la que la mayoría formado por los judíos no seleccionados se encontrara inevitablemente enfrentada con dos enemigos: las autoridades nazis y las autoridades judías”
16.
En 1939, al inicio de la guerra, Eichmann se encontraba en Berlín estancado en su quehacer. Las tropas alemanas y demás recursos ya no estaban destinados a la migración forzosa de la que Eichmann estaba a cargo, sino al conflicto bélico. Fue en este momento en el que los actos criminales pronunciados en contra de Eichmann tuvieron su lugar, pues, como Arendt dice, fue al comienzo de la guerra “cuando el régimen nazi se hizo abiertamente totalitario y abiertamente criminal”
17.
Eichmann fue asignado como encargado de la Subsección IV-B de la RSHA
18, encargada de lidiar con asuntos hostiles al Estado, específicamente judíos y otras sectas religiosas. Eichmann se enfrentó con un problema: “por una parte, la «emigración forzosa» era la fórmula oficial para la solución de la cuestión judía, y, por otra parte, la emigración había dejado de ser posible”
19. Eichmann siguió tres planes diferentes: 1) Plan Nisko, en el que intentó trasladar a los judíos a un gran territorio cerca de Rusia, con la esperanza de ser gobernador algún día; 2) Plan Madagascar, el cual tenía como objetivo el traslado
16 Ibíd., pág. 94.
17 Ibíd., pág. 103.
18 Oficina Principal de Seguridad del Reich.
19 Ibíd., pág. 109.
de los judíos a la isla en África, donde pudieran tener su comunidad; 3) Plan Theresienstadt, el cual buscaba desalojar una población checa que lleva el mismo nombre, para hacer sitio a los judíos. Los dos primeros planes fallaron, debido especialmente a la falta de tiempo y recursos. El último funcionó como una fachada ante el mundo: el único campo de concentración en el que se permitió la entrada a representantes de la Cruz Roja Internacional. Por tanto, la única solución con respecto al problema judío fue la “concentración y deportación de los judíos a lugares desde los cuales estos pudieran ser transportados con facilidad a los centros de exterminio”
20.
La etapa final del asunto judío acaeció: matar. Eichmann, de pronto, fue útil nuevamente para el Tercer Reich. Las deportaciones seguían la misma regla que la migración masiva, para lo que Eichmann era ya un reconocido experto. Reinhard Heydrich mandó invitaciones a varios oficiales del régimen, con el fin de citarlos a una reunión, conocida después como Conferencia de Wannsee, en 1942. Eichmann asistió a tal reunión. Fue en ese momento que se comunicó la Solución Final, el plan definitivo para la aniquilación de la población judía.
Entre los involucrados, Eichmann fue uno de los individuos de posición más baja, tanto social como militar. Se mencionó que el comandante Rudolf Höss, a cargo del campo de exterminio Auschwitz, recibió la orden de Eichmann para iniciar el proceso de gasear a los judíos. Israel presentó evidencia en contra de Eichmann, con respecto a su papel en las cámaras de gas. La defensa, sin embargo, logró demostrar que los «detalles» que trataban Eichmann y Höss eran referentes a la capacidad de matanza del campo de exterminio, no con respecto al empleo del gas, y que la orden de asesinar a las víctimas provino directamente de Heinrich Himmler en 1941.
En el juicio se discutió la posibilidad de que Eichmann hubiese hecho lo que hizo, debido al inminente peligro que corría su integridad, en caso de haberse rehusado. También se preguntó el cuerpo jurídico si las acciones de Eichmann podían verse afectadas por
20 Ibíd., pág. 122.
algún atenuante importante. No obstante, se negaron ambas posibilidades y se acordó que el acusado pudo haber abandonado su puesto y responsabilidades en cualquier momento de su administración, pero no lo hizo. Eichmann, por su parte, “reconoció que hubiera podido apartarse del cumplimiento de su función, tal como otros habían hecho. Pero siempre consideró que tal actitud era
«inadmisible», e incluso en los días del juicio no la juzgaba «digna de admiración»”
21.
¿Qué sucedió con la conciencia de Eichmann? ¿Acaso no le pesaban los millones de muertos inocentes? Claro que le pesaba, como bien menciona Arendt, pero sólo funcionó así por un breve tiempo, hasta que funcionó “en sentido contrario”
22. Eichmann, a pesar de conocer las atrocidades que se llevaban a cabo en el Este, reprimió los gritos de su conciencia. Era inevitable que terminara por acostumbrarse, si se puede decir así, a las matanzas. Eichmann argumentó que aquello hecho durante el régimen nazi fue legal durante más de una década. La conciencia de Eichmann estaba tranquila, puesto que “hablaba con voz respetable, con la voz de la respetable sociedad que le rodeaba”
23. Nunca nadie le recriminó alguno de sus actos y esto fue razón suficiente para pensar que su obrar fue el correcto. No fue sólo un caso aislado, sino el síntoma de una nación entera. La conciencia que funciona como es debido “se había perdido en Alemania, y esto fue así hasta el punto de que los alemanes apenas recordaban lo que era la conciencia, y en que habían dejado de darse cuenta de que «el nuevo conjunto de valores alemanes» carecía de valor en el resto del mundo”
24. ¿Cómo se puedo eliminar o, mejor dicho, reconfigurar la conciencia del pueblo alemán?
Las razones más palpables son la diseminación del terror y la violenta propaganda que incluyó desde discursos hasta lemas o frases de incentivación al nazismo. La conciencia de Eichmann, por ejemplo,
21 Ibíd., pág. 136.
22 Ibíd., pág. 141.
23 Ibíd., pág. 186.
24 Ibíd., pág. 153.
tuvo uno de sus golpes de cambio durante la Conferencia de Wannsee.
Cuando se encontró ante algunos de los elementos más distinguidos de la élite burocrática, cuya emoción por sobresalir en la ejecución de la Solución Final era genuina, sintió que la pesadez de conciencia se desvanecía. Eichmann dijo: “«…sentí algo parecido a lo que debió sentir Poncio Pilatos, ya que me sentí libre de toda culpa». ¿Quién era él para juzgar?
25¿Quién era él para poder tener sus propias opiniones en aquel asunto?”
26Es claro que no esperaba una gran recepción del plan por parte de los judíos, “pero sí esperaba de ellos más que la simple obediencia, esperaba su activa colaboración y la recibió, en grado verdaderamente extraordinario”
27. La cooperación judía sobrepasó aquella que hubo antes de la guerra, durante la migración forzosa. Esta vez “los representantes del pueblo judío formaban listas de individuos de su pueblo, con expresión de los bienes que poseían; obtenían dinero de los deportados a fin de pagar los gastos de su deportación y exterminio”
28. Los judíos seleccionados como aquellos que sobrevivirían fueron, nuevamente, escogidos de entre los ricos y los que alguna vez fueran funcionarios. ¿Por qué actuó el consejo judío de tal forma? Lo más probable es que los judíos al frente del consejo no hayan encontrado una opción diferente que fuera viable. Por el contrario, agradecieron la posibilidad de salvar a algunos cuantos. El consejo judío “no tuvo poder propio, eran autoridades sin poder”
29, por lo que no pudieron de ningún modo cambiar la política contra los judíos, pero sí aminorar el
25 En cursivas en el original.
26 Ibíd., pág. 168.
27 Ibíd., pág. 172.
28 Ibíd., pág. 174. Se creó un Consejo Judío que se encargaría de administrar y facilitar la deportación judía. Este Consejo tenía total libertad en la toma de decisiones, acatando solamente el nombramiento del presidente, el cual era escogido por los alemanes para facilitar el control. Eichmann terminó por reconocer que “los nazis consideraban que esta colaboración constituía la piedra angular de su política con respecto de los judíos” (Ibíd., pág. 183).
29 Rabinovici, Eichmann’s Jews, 2011, 203. La traducción es mía, así como las siguientes que haya en el trabajo.
daño, aunque fuera sólo un poco. Las autoridades judías no tenían forma de saber qué sucedía en los campos de exterminio, por ejemplo, los judíos en la ciudad de Viena carecían de cualquier medio de comunicación con el exterior. Aun así, “los primeros rumores de una exterminación sistemática llegaron a los judíos vieneses al final de 1942”
30.
Para los fines de la presente investigación, considero que el argumento defensivo con mayor presencia durante el juicio y mayor resonancia para la posteridad fue aquel en el que Eichmann afirmaba haber cumplido su deber, considerado dentro del marco jurídico, histórico y social de la Alemania nazi. El nazismo gozaba de una rígida e ineludible estructura jerárquica militar, en la que la obediencia absoluta era elemento indispensable. La nueva percepción de la ley en Alemania era la orden directa de Hitler, el Führer. Su palabra fue la ley y ésta, no otra, se estableció como el marco jurídico absoluto del Tercer Reich. Por tanto, Eichmann “cumplía con su deber, no sólo obedecía órdenes, sino que también obedecía la ley”
31. Aseguró también haber estado siempre comprometido con la idea kantiana del deber y la moral. Arendt confronta esta afirmación diciendo que la filosofía moral de Kant, al estar vinculada con la capacidad de juzgar, repele automáticamente todo acto de obediencia ciega. Eichmann comprendía, hasta cierto punto, la primera formulación del imperativo categórico. Pretendía lograr con su actuar una gran armonía con las leyes, es decir, que el principio de su voluntad pudiera ser la base de esas leyes o del deber.
Después, explicó que desde el momento en que recibió el encargo de llevar a la práctica la Solución Final, había dejado de vivir en consonancia con los principios kantianos, que se había dado cuenta de ello, y que se había consolado pensando que había dejado de ser
«dueño de sus propios actos» y que él no podía «cambiar nada». […]
[No obstante] no se había limitado a prescindir de la fórmula kantiana por haber dejado de ser aplicable, sino que la había modificado de manera que dijera: compórtate como si el principio de
30 Ibíd., pág. 152.
31 Arendt, Eichmann en Jerusalén, 2016, pág. 198. En cursivas en el original.
tus actos fuese el mismo que el de los actos del legislador o el de la ley común.32
Ese principio, como apunta Arendt, era la voluntad misma de Hitler, el único legislador en el régimen. Sólo así fue posible apagar los gritos que su conciencia pegaba. Durante su tarea de encargado de transportar a los judíos a su muerte, no se enfrentó con problemas.
Quizás cabe mencionar conflictos que llego a tener, pero no fue relacionado con la cooperación de los judíos, sino con otro departamento nazi con alguna tarea que interfería con la suya
33.
Es curioso, pero razonable, pensar que la crisis de conciencia que sí azotó a Eichmann no fue el mandar a millones de judíos a su muerte, sino el no hacerlo. A finales de la guerra, cuando la derrota era indiscutible, Himmler ordenó detener el exterminio y las deportaciones judías. Himmler consideró que ese gesto tardío de bondad sería apreciado por las naciones vencedoras, quizás influyendo favorablemente en su inevitable juicio. No obstante, la orden no fue dada por el Führer, quien, de hecho, siempre se pronunció a favor de la Solución Final. La conciencia de Eichmann se sacudió a causa de la orden de Himmler, porque “toda orden que en su letra o espíritu contradijera una palabra pronunciada por Hitler era, por definición, ilegal”
34. Las órdenes que Himmler había difundido eran actos criminales, por lo que Eichmann sintió una profunda indignación. Este sentimiento se profundizó aún más cuando, al volver a Berlín, descubrió que todo mundo buscaba la manera de conseguir documentación falsa. No obstante, poco tiempo después, “el propio Eichmann comenzó a ir de un lado para otro, bajo nombre supuesto, pero, entonces, Hitler ya había muerto, la «ley común» había dejado de existir, y Eichmann, tal como dijo, había quedado liberado de su juramento”
35.
32 Ibíd., pág. 200.
33 Cfr. Ibíd., págs. 205-213.
34 Ibíd., pág. 217.
35 Ibíd., pág. 218.
El juicio en Israel se centró más que nada en los crímenes acontecidos al este de Alemania, es decir, Polonia, los Estados Bálticos y el territorio ruso ocupado. Se eligió esta zona porque los campos de exterminio ubicados en el territorio fueron el destino más mortífero de la deportación judía. Las sesiones fueron largas y pesadas. Siendo Eichmann el encargado del transporte de víctimas, es de esperarse que se desearan imputar los cargos definitivos. Muchos testigos colocaban a Eichmann en lugares donde nunca había estado y no había suficiente evidencia para incriminar al acusado, aunque no se descartó la posibilidad de que fuera destruida por los nazis
36. Aun así, la sentencia final terminó por incluir todos los territorios controlados por Alemania dentro de la red de control de Eichmann, excepto el Este.
Hannah Arendt explica que fueron cuatro
37los puntos más controvertidos del juicio 1) ¿Cuál fue la participación de Eichmann en las matanzas masivas llevadas a cabo en el Este? Se terminó por conceder que la relación del acusado con esta fase de la Solución Final fue de mero intermediario en la transmisión de documentos. Si bien Eichmann conocía la situación del Este, no hubo manera de ligarlo a una participación más estrecha. 2) La deportación de los judíos de los guetos de Polonia a los campos de exterminio. Hubo una mayor cantidad de evidencia que apoyaba la acusación, sin embargo, también hubo documentos oficiales que aseguraron que la labor de movilización de judíos recaía más en las SS y en la policía que en la RSHA. Como dice Arendt: “Como no sea que aceptemos la ridícula afirmación de la acusación, en el sentido de que Eichmann era hombre capaz de inspirar a Himmler las órdenes dadas por este, el simple hecho de que Eichmann enviara expediciones de judíos a Auschwitz no puede demostrar en modo alguno que todos los judíos que allí llegaban eran enviados por Eichmann”
38. 3) La responsabilidad de
36 Cfr. Ibíd., pág. 320.
37 Ibíd., págs. 309-315.
38 Ibíd., págs. 311-312. Arendt menciona que a Eichmann se le aplicó el principio in dubio contra reum, que significa en la duda contra el acusado. Esto quiere decir que se genera la duda de si el acusado realmente cometió el crimen y, a pesar de la
Eichmann con respecto a lo que acontecía en los campos. Eichmann se encargaba sólo de los judíos transportados, quienes, en principio, eran condenados a muerte y él lo sabía. Sin embargo, carecía de la autoridad para determinar quiénes morían y quiénes no, pues “Eichmann, tal como en vano intentó explicar en Jerusalén, nunca perteneció a las altas esferas del partido; jamás le habían informado de otra cosa que no fuera de aquello que necesitaba saber para cumplir una tarea específica y limitada”
39. En este caso, su tarea no incluía la selección antes de las cámaras de gas. 4) ¿Cuál era la responsabilidad de Eichmann con relación a la condición de vida en los guetos del Este? Nuevamente, no se pudo comprobar ningún tipo de relación entre su trabajo y la responsabilidad mencionada. El cuerpo jurídico israelita se concentró en argumentar a favor de todos estos puntos, no siempre con el mejor de los éxitos.
La sentencia argumentaba que Heydrich había sido investido de la autoridad central en todo lo referente a la Solución Final, sin limitaciones de carácter territorial; en consecuencia, Eichmann, que era su principal representante en este terreno, tenía tanta responsabilidad como el propio Heydrich. Lo anterior es totalmente cierto en cuanto concierne a los planes generales de la Solución Final”40.
No obstante, argumenta Arendt, las acusaciones hechas en contra de Eichmann respecto de sus crímenes en el Este no son correctas.
Durante la Conferencia de Wannsee no se tocó el tema, porque el destino de los judíos ubicados en esos territorios, especialmente Polonia, ya había quedado establecido bajo la pena de muerte desde 1939, ordenado directamente por el Führer. Tampoco se le pudo
ausencia de pruebas incriminatorias totales, se le adjudica la tutoría total del crimen.
39 Ibíd., pág. 125.
40 Ibíd., pág. 315.
relacionar directamente con lo acontecido durante la Kristallnacht
41o la Noche de los Cristales Rotos.
1.2 Objeciones al juicio
El juicio puede quedar resumido en el hecho de que todos sabían que Eichmann sería condenado a muerte y él no era una excepción. Él mismo declaró: «Ya sé que me espera la pena de muerte»”
42y Arendt, en otra sección, escribió “En Israel, como en casi todos los países del mundo, todos los acusados son inocentes mientras no se demuestre lo contrario. Pero en el caso de Eichmann, lo anterior era una evidente ficción jurídica”
43. El proceso jurídico que se hizo para el acusado fue una formalidad, un intento por desentrañar la verdad o por justificar el ahorcamiento de Eichmann.
Esto, en conjunto con su rapto en Argentina y demás irregularidades, levantó una gran cantidad de objeciones en torno al juicio. Las hubo de tres tipos diferentes
44. El primer tipo estuvo fuertemente ligado con uno de los argumentos de la defensa. El acusado fue juzgado por un cuerpo jurídico integrado por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, es decir, un marco legal enteramente diferente a aquel en el que Eichmann desarrolló los crímenes. El segundo tipo atacaba a las irregularidades del juicio en Israel, desde el rapto hasta cuestionar la competencia del jurado. La
41 La Noche de los Cristales Rotos tuvo lugar la noche del 9 de noviembre de 1938.
Es considerado como el acontecimiento que demostró que el antisemitismo promulgado por los nazis no disminuiría. “El pogromo fue ordenado por el Partido [nazi] y llevado a cabo por unidades de las SA, tropas de las SS y las Juventudes Hitlerianas. Cuarenta y dos sinagogas y casas de oración en Viena fueron incendiadas, pero el pogromo no se limitó a sitios de adoración: 1950 departamentos en el primero, segundo y cuarto distrito fueron vaciados de judíos y miembros de la comunidad judía fueron golpeados y arrestados” (Rabinovici, Eichmann’s Jews, 2011, 58).
42 Arendt, Eichmann en Jerusalén, pág. 354.
43 Ibíd., pág. 305.
44 Cfr. Ibíd., págs. 370-371.
tercera y más importante desarrollaba que Eichmann cometió crímenes contra la humanidad antes que crímenes contra los judíos, es decir, el juicio le competía a un cuerpo jurídico internacional. Arendt discute que el problema, al resolver tanto el caso de Eichmann como los Juicios de Nuremberg, es que no había existido un crimen como el genocidio.
“Si un delito desconocido hasta el momento, tal como el genocidio, hace súbitamente su aparición, la justicia exige que sea juzgado de acuerdo con una ley nueva”
45. Asimismo, el concepto de crimen contra la humanidad era completamente nuevo. Un crimen de esta índole puede ser definido como un acto inhumano que se realiza en aras de conseguir la victoria en una guerra.
Eichmann, no obstante, no estaba comprendido dentro del grupo de criminales de guerra nazis que actuaron sin limitación territorial, debido a la “naturaleza de su trabajo, es decir, la detención y deportación de todos los judíos, por lo que él y sus hombres se veían obligados a viajar por todo el continente”
46. La crítica acaecida ante el juicio con respecto a este punto fue que se le imputaron crímenes en cuanto a su papel en la Solución Final, pero no en cuanto a que sus crímenes fueron contra la humanidad entera.
El verdadero problema por resolver es: ¿qué clase de criminal fue Eichmann? No fue un monstruo o un hombre mentalmente enfermo, sino una persona común y corriente, tan normal como cualquier otro.
Sin embargo, es justamente eso lo más preocupante, pues la normalidad de Eichmann la tiene el resto de las personas, como si todos pudieran ser susceptibles de cometer los actos criminales más reprochables. Si bien la destrucción de evidencia que cometió el régimen durante sus últimos momentos es la única prueba de un remordimiento de conciencia, no era suficiente, puesto que sólo
45 Ibíd., págs. 371. Arendt escribe que cuando Alemania afirmó que deseaba quedar judenrein (sin judíos) y “que la totalidad del pueblo judío desapareciera de la faz de la tierra, con lo que un nuevo crimen, un crimen contra la humanidad ―en el sentido de crimen «contra la condición humana» o contra la naturaleza de la humanidad―, hizo su aparición en la historia” (Ibíd., pág. 391).
46 Ibíd., págs. 377.
demostraba lo que Eichmann y toda Alemania sabía: aquellos actos meritorios y condecorados estaban por convertirse en crímenes. Esto fue así porque las leyes y el marco jurídico y social de los vencedores no contemplaban el asesinato masivo como un acto loable. “Debido a que Eichmann había intervenido, cumpliendo una función central, en una empresa cuya finalidad era la de eliminar para siempre a ciertas
«razas» de la faz de la tierra, tenía que ser eliminado”
47. Arendt no pretendió en ningún momento justificar la defensa ni los actos de Adolf Eichmann, a pesar de que muchos sí lo pensaron de este modo.
Arendt asegura unas líneas después que, aunque toda la población alemana hubiera hecho lo mismo que él, la responsabilidad no desaparecería.
Y del mismo modo que tú apoyaste y cumplimentaste una política de unos hombres que no deseaban compartir la tierra con el pueblo judío ni con ciertos otros pueblos de diversa nación ―como si tú y tus superiores tuvierais el derecho de decidir quién puede y quién no puede habitar el mundo―, nosotros consideramos que nadie, es decir, ningún miembro de la raza humana, puede desear compartir la tierra contigo. Esta es la razón, la única razón, por la que has de ser ahorcado.48
Alemania fue declarada oficialmente derrotada el 8 de mayo de 1945.
La vida de Eichmann sufrió un violentísimo cambio ese día. No sólo Hitler, sino sus superiores e independencias a las que debía su obediencia dejaron de existir. Las órdenes se terminaron y ya no recibió más instrucciones del alto mando nazi. Eichmann se presenta ante el mundo como el resultado de la incapacidad de tomar decisiones, como queda claro con el rompimiento de su juramento ante el nacionalsocialismo. Un nuevo tipo de criminal que hace su aparición en la destructiva máquina burocrática que fue el Tercer Reich. Si bien estos delitos “fueron cometidos, y únicamente podían ser cometidos, bajo el imperio de un ordenamiento jurídico criminal y por un Estado
47 Ibíd., pág. 404.
48 Ibíd., pág. 406
criminal”
49, lo realmente espeluznante es que esta realidad vil y venenosa haya podido infectar a un hombre perfectamente normal.
¿Cómo sucedió esta transformación del actuar normal del hombre?
Queda ahora revisar qué condición era aquella que el acusado tuvo y, además, buscar cómo surgió esta banalidad del mal que envolvió todos los terribles crímenes que cometió.
49 Ibíd., pág. 382.
Burocratización: la banalidad del mal
2.1. La acción política según Arendt
La intención del capítulo siguiente es una profundización en los términos labor, acción y fabricación de Arendt, con el objetivo de compararlos con el caso de Eichmann y la relación de la terminología con los crímenes que llevó a cabo durante la Segunda Guerra Mundial.
De tal modo que pueda demostrar que Eichmann no actuó políticamente, sino mecánica y obedientemente, es decir, fue un fabricante.
Hannah Arendt describe en La condición humana su visión acerca de la vita activa y la diferencia con la vita contemplativa. La primera de estas dos vitae comprende las tres actividades que Arendt considera fundamentales para el hombre, a saber, la labor, la fabricación o trabajo y la acción. Cada una de estas actividades fundamentales de la vita activa desarrolla una de las condiciones que, según ella, recaen sobre el hombre por el mero hecho de vivir. Por otro lado, se puede determinar que la vita contemplativa se refiere, como el nombre lo dice, a la contemplación o experiencia de lo eterno, es decir, el único modo de ser verdaderamente libre, según interpreta Arendt a partir de la filosofía de Platón. Al menos esto es así cuando Arendt discurre sobre cómo suele colocarse, al menos en la filosofía clásica, en un grado superior
1al de la vita activa, puesto que se encarga de aquello considerado eterno e inmutable. La vita activa, por otro lado, al tratar sobre las actividades del hombre, se desarrolla y sólo puede ser considerada dentro de un mundo contingente, es decir, los productos o resultados de esta vita, a diferencia de los frutos de la contemplación, son terrenales. Arendt busca concentrar su esfuerzo filosófico en la exploración de la vita activa que, “comprensiva de todas las actividades
1“En la filosofía clásica, el pensamiento encabezaba la jerarquía de las actividades humanas, porque apuntaba a la contemplación, entendida como la observación pasiva de los objetos divinos, los cuales poseían un significado y esplendor inherentes” (Yarbrough & Stern, 1981, pág. 327).
humanas y definida desde el punto de vista de la absoluta quietud contemplativa, se halla más próxima a la askholia («inquietud») griega, con la que Aristóteles designaba toda actividad, que al bios politikos [vida política] griego”
2. Esta vida política, entendida desde Arendt, se refiere al conjunto de actividades que un hombre desarrolla en el entorno político de la polis.
Las actividades mundanas y perecederas son vistas por la tradición griega con cierto desprecio a causa de su inquietud, de su actividad. Se ha discutido la posición de la vita activa con una connotación negativa, porque las cosas producidas o provenientes de la actividad del hombre no podrían superar nunca la perfección con la que trabaja el cosmos y el orden natural. La vita contemplativa, en pocas palabras, es la contemplación entendida en el sentido de pensamiento casi metafísico. Es la búsqueda del sentido mismo del cosmos, pero no a partir de la materia, que es la parte del mundo más afín al hombre, sino desde la pura razón, a veces hasta el punto de despreciar el mundo. Sólo desde la contemplación, es decir, desde la quietud humana, es posible adquirir o aprehender la eternidad, belleza y verdad del cosmos.
La inferioridad aparente de la vita activa se debe, precisamente, a que trata sólo los asuntos que conciernen a los hombres y, en el caso de la labor, a los animales. Por esto Arendt escribe que es “vida humana hasta donde se halla activamente comprometida en hacer algo, está siempre enraizada en un mundo de hombres y de cosas realizadas por éstos, que nunca deja ni trasciende por completo”
3. No es difícil comprender el motivo por el que la tradición la ha colocado por debajo de la vita contemplativa, porque ésta se encarga de aquello que se considera superior al mismo hombre. La contemplación trata la quietud y permanencia, mientras que la vita activa aquello que es inquieto y contingente. No sorprende en absoluto que el término vita activa haya sido relegado a un puesto poco importante del desarrollo
2 Arendt, H. (2016). La condición humana. (R. Gil Novales, Trad.) México: Paidós, pág. 28.
3 Ibíd., pág. 37.
humano. ¿Por qué motivo habría de preocupar a los hombres lo que sucede con ellos mismos cuando la contemplación de lo divino es más impresionante y más noble? La vita activa es tan irregular y tan difícil de anticipar, que teorizar sobre los objetos de la contemplación parece una tarea cuya persecución y estudio es más deseable.
Los esfuerzos filosóficos se dirigieron al desentrañamiento de las fuerzas divinas y la quietud del cosmos, porque se presentaban con un grado de superioridad muy elevado. El pensamiento es lo que nos distingue del resto de la Creación, sea animal o vegetal. Ya desde Aristóteles existe una clara distinción entre lo humano y lo no humano, especialmente en cuanto a sus facultades:
Conque, como antes se ha dicho, el hombre de experiencia es considerado más sabio que los que poseen sensación del tipo que sea, y el hombre de arte más que los hombres de experiencia, y el director de la obra más que el obrero manual, y las ciencias teoréticas más que las productivas.4
El pensamiento, dado que permite al hombre hablar y teorizar acerca de asuntos superiores, es la facultad que más lo aproxima a la divinidad. La actividad entendida como producto humano es contingente, es decir, no perdura. Lo que no es capaz de perdurar es inferior a lo que siempre permanece y el pensamiento es la herramienta que permite al hombre adentrarse en cuestiones de gran altura.
Aunque no es así en La condición humana, Arendt se decide a incluir al pensamiento en su profundización de la vita activa, lo que coloca a esta visión en evidente contradicción con la tradición
5, porque ésta suele
4 Aristóteles. (1994). Metafísica, Libro I, Capítulo I, 981b, 25-35. (T. C. Martínez, Trad.) España: Gredos.
5 Tomás de Aquino, por ejemplo, en la Suma teológica, dice explícitamente que la vida dedicada a la contemplación es mucho mejor. Presenta algunos argumentos para sustentarlo, por ejemplo, “la vida contemplativa conviene al hombre por razón de lo que hay de más excelente en él, es decir, por el entendimiento y sus objetos propios, las cosas inteligibles, mientras que la vida activa se ocupa de las cosas externas”, “la vida contemplativa es más amada por sí misma, mientras que la activa se ordena a otra cosa”, o bien “la vida contemplativa se acomoda a lo más
ubicarlo dentro de la vita contemplativa. Es esta conjunción del pensamiento y los asuntos humanos lo que me permitirá dilucidar la culpabilidad de Eichmann.
Lo que me interesó de la vita activa era que la noción contraria de completa quietud de la vita contemplativa resultaba tan abrumadora que, en comparación con esta calma, desaparecían las demás diferencias entre las distintas actividades de la vita activa. Comparado con esta quietud, ya no importaba si laboraba y se araba el campo, o se trabajaba y producían objetos de uso, o se actuaba en común con otros en determinadas empresas. […] ¿qué hacemos cuando no hacemos nada sino pensar? ¿Dónde estamos cuando, normalmente rodeados por nuestros semejantes, no estamos con nadie más que con nosotros mismos?6
A pesar de que la discusión acerca del pensamiento se hará con mayor extensión y profundidad en el siguiente capítulo de esta investigación, es importante mencionar que Arendt confiesa que su interés por la vita contemplativa despierta tras escribir sobre la vita activa. Sin embargo, con el fin de mantener un orden en la exposición, continuaré con el contenido de La condición humana. Arendt escribe, en contra de esta jerarquía tradicional que ambas vitae comparten el supuesto de que la misma preocupación ha de prevalecer en las actividades del hombre, pues se necesita de un principio comprensivo. También asegura que su
“empleo de la expresión vita activa presupone que el interés que sostiene todas estas actividades no es el mismo y que no es superior ni inferior al interés fundamental de la vita contemplativa”
7. La intención de Arendt es rectificar el papel de la vida activa en el desarrollo humano. Si bien su intención en La condición humana no es refutar o
esencial del hombre, es decir, al entendimiento, mientras que en la activa intervienen también las potencias inferiores, que nos son comunes con los animales” (Summa theologica, II – II. C. 182 a. 2).
6 Arendt, H. (2002). La vida del espíritu. (C. Corral, & F. Birulés, Trads.) España:
Paidós, pág. 34.
7 La condición humana, pág. 30.
destruir la contemplación, sí pretende reivindicar la vida activa como figura esencial dentro del desarrollo político del ser humano.
2.1.2. Acción y pluralidad
Arendt divide la vita activa, como mencioné antes, en tres actividades del hombre: labor, fabricación y acción. Éstas son fundamentales, porque “cada una corresponde a una de las condiciones básicas bajo las que se ha dado al hombre la vida en la tierra”
8. Arendt busca desarrollar un orden jerárquico de estas tres actividades, enfatizando la importancia que tienen en el desarrollo de la vida humana. Son fundamentales porque no es posible eludirlas. Sin embargo, debido a su carácter desigual, cada una de esas actividades contribuye de distinto modo al desarrollo del potencial humano. Arendt insiste en que una vida dedicada exclusivamente a la labor no es una vida humana completa, puesto que es el primer escalón en este ordenamiento. El término labor se refiere simplemente a todas esas tareas o prácticas que procuran la subsistencia física en el mundo.
Arendt escribe que la labor “es la actividad correspondiente al proceso biológico del cuerpo humano, cuyo espontáneo crecimiento, metabolismo y decadencia final están ligados a las necesidades vitales producidas y alimentadas por la labor en el proceso de la vida. La condición humana de la labor es la misma vida”
9. Cuando un hombre labora se procura aquellos bienes perecederos que le permitirán permanecer con vida. El laborar obliga al hombre a ser repetitivo: uno tiene hambre en el momento y la sacia, pero volverá a tenerla dentro de unas horas y deberá saciarla hasta el último día de su vida. Este repetido quehacer es compartido con el resto de las especies del planeta, pues ellas a su vez buscan la conservación de la vida. Existe,
8 Ibíd., pág. 21.
9 Ibíd., pág. 21.
sin embargo, la posibilidad de una labor mucho más especializada o humanizada, cuando se relaciona directamente con el trabajo, pero esta diferenciación entre el hombre y los animales la haré después.
Primero me concentraré en la acción. La importancia de la acción no es la misma que la del trabajo o de la labor, puesto que se ubica en la cúpula de la jerarquía. Sólo a partir de la acción, el hombre presenta al mundo su verdadera identidad. Esto sucede porque el agente que actúa se revela a sí mismo ante los demás, es decir, el resto de los integrantes de la comunidad puede ver el quién de la acción, pues
“sólo cuando la acción está unida a un quién realmente tiene sentido”
10. Por eso es que la acción sólo puede ejecutarse en su grado de totalidad dentro de la esfera pública (la esfera de los asuntos humanos), pues, en caso de darse en la esfera privada, se convertiría en sólo una actividad productiva. “La acción, a diferencia de la fabricación, nunca es posible en aislamiento; estar aislado es lo mismo que carecer de la capacidad de actuar”
11La acción es una actividad del hombre, pero, a diferencia de las otras dos, debe realizarse en un espacio público, porque tiene su principio en la pluralidad humana, que, según Arendt
12, ésta es la condición que tiene la acción humana.
Esto es así porque no hay un individuo que sea exactamente igual a otro que viva, haya vivido o vivirá, es decir, es único. Este espacio público no consiste solamente en la multitud de seres humanos.
La acción tiene un gran peso en el pensamiento político de Arendt, porque es sólo a través de su ejecución que el hombre se presenta a sí mismo ante el mundo y los demás integrantes de la comunidad. Es el último peldaño en la escalera de las actividades humanas, por lo que, al actuar, uno procura para sí mismo lo que es genuinamente humano. Por ejemplo, cuando uno usa el transporte público y no hay nadie que preste atención, ya sea porque están ensimismados en sus teléfonos, dormidos o distraídos, no se puede hablar de un espacio público como tal. En una situación de este tipo
10 Ibíd., pág. 479.
11 Ibíd., pág. 211.
12 Cfr. Ibíd., pág. 22.
parecería más bien que uno se encuentra en soledad. El espacio público no es sólo la presencia indiferente de otras personas. Para que se pueda hablar de un espacio público, los individuos deben identificarse con los demás, en el sentido de concientizar la presencia de los otros y de buscar algún tipo de conexión con ellos. Existen discrepancias en las opiniones de la gente, pero sólo cuando se confronta uno con los demás es posible descifrar la opinión propia. Si el espacio público pudiera formarse con sólo un hombre, no habría modo de contrastar el pensamiento, por lo que las ideas personales serían las únicas en existencia, es decir, privadas. El espacio público requiere del contraste de varios puntos de vista. Arendt utiliza una metáfora que involucra una mesa
13para explicar el espacio público, que es “el espacio donde nos encontramos repentinamente separados por algo que tenemos en común, algo que por su misma condición nos atrae a todos desde diferentes direcciones. Es porque nos sentamos en la misma mesa que nos sentamos en diferentes lados de ella”
14. El espacio público sólo es posible en tanto que hay asuntos comunes a todos los hombres, de manera que uno pueda hallar oposición o contraste entre los demás. La forma en que los hombres van a actuar en conjunto es a través de la comunicación. Las personas, como observa Arendt, tienen el lenguaje para superar los puntos de vista distintos que tiene cada uno y que son producto de nuestra condición humana.
La acción es la actividad más humana de las tres, porque, dice Arendt, el hombre puede, por ejemplo, laborar o no laborar y, aunque sea un parásito injusto, sigue siendo un ser humano. Aun cuando no se puede uno desprender de la labor por completo, ya que existen labores inevitables, como lo es el comer o el beber, sí puede haber un desprendimiento de otras, como el buscar la propia comida. Este es el caso de los esclavos
15, por ejemplo. Los hombres que se rodean de esclavos lo hacen con el objetivo de liberarse de la tarea repetitiva que involucra la labor. Si el esclavo es el que labora, el amo puede
13 Cfr. Ibíd., pág. 62.
14 Higgins, 2010, pág. 288.
15 Cfr. La condición humana, pág. 100 y 201.