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1.- DATOS INFORMATIVOS MATERIA : CRISTOLOGÍA CÓDIGO : 10935
CARRERA : Teología NIVEL : VI CRÉDITOS : 4 CRÉDITOS TEORÍA: 4 SEMESTRE : II 2008-2009
PROFESOR : David de la Torre A., SS.CC
GRADO ACADÉMICO: Diploma de estudios doctorales
BREVE INDICACIÓN DE LA LÍNEA DE ACTIVIDAD ACADÉMICA Teología Dogmática y sistemática
HORARIO DE ATENCIÓN: previa cita
CORREO ELECTRÓNICO: [email protected] TELÉFONO: 2-546-232
DESCRIPCIÓN DEL CURSO
Luego de un estudio de la “fenomenología de la fe en Jesucristo”, es decir, la manera cómo Él es “vivido” y “anunciado” concretamente en el hoy de las comunidades cristianas dispersas en el espacio (Las cristologías latinoamericanas de la liberación, el Jesús de la historia y el Cristo de la fe en la teología europea, las cristologías africanas de la inculturación, las cristologías del diálogo interreligioso), estudiaremos el alcance teológico de las definiciones cristológicas de los primeros Concilios Ecuménicos, para finalmente acercarnos a la persona de Jesús, tal como se nos presenta en el Nuevo Testamento, su vida, su destino, su palabra y su obra (el mesianismo de Jesús, su autoridad y sus milagros, Dios crucificado, el sentido de la resurrección y la encarnación)
PRESENTACION DEL CURSO
El Evangelio llegó a América hace más de 500 años. En los baúles de los conquistadores la cruz y la espada iban de la mano. A pesar de esta perversión, aquí, hoy, tan lejos de la tierra que vio nacer y crecer al Cristianismo, miles de hombres y mujeres creen que “el Señor” es ese hombre de Nazaret, crucificado a las afueras de Jerusalén y declaran que El ha resucitado.
El futuro de la fe cristiana en nuestra América Latina está ligado a la disponibilidad y a la capacidad que tendremos de leer, como “nuestra”, la historia de las otras comunidades cristianas dispersas en el tiempo y en el espacio. Gracias a la travesía por esta historia, podrá resonar en nuestras oídos, como una palabra dirigida a nosotros, la voz del Cristo según Mateo: "vayan pues, de todas las naciones hagan mis discípulos, bautizándolos en nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28,19)
Debemos ayudar a nuestros contemporáneos a recorrer un camino que les permita nombrar a Jesucristo, es decir a pasar de la simple enunciación de un personaje del pasado a la nominación presente de alguien que está vivo. Este acto de nominación siempre fue
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modelado internamente por las preocupaciones, los intereses y las esperanzas más profundas de cada tiempo cultural y de cada época histórica. Este constante trabajo de nominación exige de nosotros una fidelidad creativa a la tradición que hemos recibido de nuestros padres en la fe. Fidelidad creativa que no puede reducirse a ser una simple repetición del pasado, aunque ésta sea piadosa y erudita.
Es por ello que la Cristología es hoy, sin lugar a dudas, el campo de reflexión más importante y más estudiado en la Teología de este siglo que comienza. No es una casualidad que los documentos más polémicos de los últimos años elaborados por la Congregación para la Doctrina de la Fe sean justamente los que abordan el misterio de Cristo en su unicidad y en su divinidad.
Por todo esto, el curso de Cristología constituye un curso esencial en toda formación teológica. Un curso que exige muchas horas de trabajo personal y sobre todo de mucho tiempo pasado a los pies de Aquel que es “el Camino, la Verdad y la Vida” …
METODOLOGIA
ENSAYOS SEMANALES
Queremos seguir dando énfasis en este semestre al trabajo de escritura de un texto teológico. Cada estudiante entregará cada semana - a partir de un texto proporcionado por el Profesor - un ensayo propio en el que responderá sistemática y argumentativamente a una pregunta planteada por el profesor. La respuesta a esa pregunta debe hacerse en diálogo directo con el texto proporcionado en clase. Así privilegiaremos no la “información” sino la
“reflexión y el análisis” de las preguntas teológicas que se plantea el hombre de hoy cuando escucha el discurso cristológico de la Iglesia. Cada martes todos los estudiantes entregarán en una hoja A4 (dos caras) el resultado de su lectura, de su estudio y de sus reflexiones siguiendo el esquema de ensayo propuesto por el profesor.
CONTROLES DE LECTURA
El punto de partida de todo trabajo teológico es siempre la Escritura leída a lo largo de la historia. Es por ello que a lo largo del semestre estudiaremos y memorizaremos los momentos más significativos de la reflexión cristológica a lo largo de la historia. Este trabajo de inmersión en la tradición de la Iglesia será evaluado a través de dos controles de lectura.
ENSAYO PERSONAL
La capacidad de esbozar, a partir del pensamiento de un autor contemporáneo, algunas respuestas a una pregunta cristológica que “inquieta” intelectualmente al estudiante y la elaboración de una primera crítica sistemática será evaluada a través de un ensayo de 5-6 páginas que será elaborado a lo largo de todo el semestre. El ensayo tendrá como base un libro de reflexión cristológica de un autor cristológico contemporáneo propuesto por el profesor. Cada tres semanas los estudiantes deberán entregar un “informe” sobre el avance de su trabajo según el calendario previsto de antemano.
EXAMENES DE EVALUACION
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Dos exámenes (a la mitad y al final del semestre) servirán para evaluar la capacidad del estudiante a ir articulando lo aprendido en clase y sus propias lecturas en la elaboración de un pensamiento cristológico coherente con la Escritura y la Tradición de la Iglesia.
EVALUACION
1. Informes de lectura (10 ensayos x 1,5 puntos c/u) 15 puntos
2. Examen de medio semestre 5 puntos
3. Control de lectura de Nicea a Contantinopla III 5 puntos 4. Control de lectura TOMAS DE AQUINO.
Suma Teológica, IIIa, q. 1-26 5 puntos
5. Ensayo 10 puntos
6. Exámen Oral final 10 puntos
JESUCRISTO
EN LA HISTORIA DE LOS HOMBRES Y EN EL MISTERIO DE DIOS
INTRODUCCIÓN GENERAL
Jesucristo forma parte del "patrimonio cultural de la humanidad" y su lugar en la historia es considerable. Pero, si es aún un personaje "histórico" es porque hay gente que sigue creyendo en El, gente que anuncia que está vivo. Si no hubiera nadie para dar testimonio de El, su nombre se borraría del discurso contemporáneo, se hablaría de El únicamente como un elemento de cultura general. La Iglesia es por esta razón, al igual que ayer, el lugar propio de la tradición sobre Jesús y del encuentro con Cristo. El inicio pues de nuestro curso es el cristianismo actual en su pluralidad y su universalidad (I).
La verdad de la revelación de Dios en Jesucristo no sólo fue recibida por el pueblo que El reunió, sino que permanece “portada” por un pueblo. Es en el corazón de este testimonio, procurado por los cristianos, que la verdad de la identidad de Jesucristo hace autoridad y se hace reconocer en la fe. En la investigación actual no podemos descuidar la historia de su nominación. Dependemos de lo que antes de nosotros otros percibieron de Jesucristo, sobre todo nuestros primeros padres en la fe (II).
Si el inicio de la Cristología es la “fenomenología de la fe en Jesucristo” (K.Rahner), es decir, la manera cómo es “creído”, “vivido”, “anunciado” y “practicado” concretamente en las comunidades cristianas. Si sólo por el encuentro con los cristianos se viene a la fe en Jesucristo. Y si la historia de las "declaraciones" cristológicas de la comunidad cristiana es indisociable de la identidad de Cristo y de la de los cristianos no debemos olvidar que el contenido propio y definitivo de la Cristología es Jesús, su vida, su destino, su palabra y su obra (III).
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1. EL MOVIMIENTO CRISTOLOGICO HOY
Hoy como ayer, hay una pluralidad de cristologías. Es verdad que la reflexión cristológica que se realiza en cada continente, e incluso en cada país no puede ser reducida a un modelo único; y es verdad también, que la realidad es siempre más compleja que nuestras clasificaciones a menudo arbitrarias. Por razones metodológicas nos vemos obligados a hacer una clasificación general y una elección de los discursos cristológicos más representativos en el mundo de hoy. Más que una serie de tendencias alineadas unas detrás de otras vamos a establecer algunas líneas de fuerza de las cristologías contemporáneas que dan como un rostro “cristológico” propio a las diferentes áreas geográficas de nuestro planeta. Estas líneas de fuerza pueden resumirse así: pueblo, historia, culturas, religiones. Una puesta en perspectiva histórica y general abrirá la presentación de cada movimiento cristológico y una sistematización más especulativa de los problemas planteados por cada una de ellas concluirá cada presentación.
1.1 La irrupción de los pobres en la Cristología:
Las Cristologías latinoamericanas de la liberación (CL) a. El Pueblo Crucificado
b. Dimensión liberadora del “Jesús de la Historia”
c. La Resurrección de Jesús: la irrupción anticipada de la liberación definitiva d. El Reino: el proyecto de Dios en la historia
e. La situación histórica y el lugar social del Cristología: por una Cristología práctica Las CL se elaboraron dentro de una práctica de liberación de los oprimidos a partir de una doble toma de conciencia, en la cual el estudio de la Biblia desempeñó un papel esencial: la de la realidad dramática de su situación histórica y la de la presencia de Jesucristo en el centro de su lucha por la vida y por el pan. Los pobres, su pasión y su causa ocupan el centro de la reflexión. Es a partir de los pobres que el mensaje de Jesús aparece como Buena Noticia para hoy. El impulso teológico de las CL consiste en hacer oír el grito de los pobres en el logos de la cristología y hacer callar por ese grito y por el rostro de los sufrientes, la marea de pensamientos y la unanimidad bien acomodada de la argumentación sistemática. La Cristología, toda Cristología posee una dimensión política, nunca es neutra.
SOBRINO, Jon. Jesucristo en América Latina. Bilbao: Sal Terrae. 19953 SOBRINO, Jon. Jesucristo Liberador. Lectura histórica. Madrid: Trota. 1993.
SEGUNDO, Juan Luis. Historia perdida y recuperada de Jesús. Santander: Sal Terrae.1991.
BOFF, Leonardo. Jesucristo, el Liberador. Bibao: Sal Terrae.
1.2. La Cristología en las redes de la historia: la pregunta por el Jesús histórico a. Primera búsqueda del Jesús Histórico: de Reimarus al dictamen final de fracaso de
A. Schweitzer.
b. La posición de R. Bultmann, y la solución de E. Käseman
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c. La "vuelta" al “Jesús de la historia” en la teología europea de los años cincuenta y siguientes
d. La "Tercera Ola"
e. La cuestión de la historicidad como relación entre verdad e historia
La crítica histórica realiza una función teológica esencial: reintroduce a Jesús en el campo de la historia. Pero, la historia como tal no puede fundar la fe. Es necesario enterrar completamente la ilusión positivista que pretendía poder decirnos “a ciencia cierta” la verdad sobre el pasado: todo hecho es recogido por la memoria, ligado a otros por un trabajo de observación y de reflexión, es decir, indisociable de una interpretación que le da un sentido. La figura de Jesús de Nazaret puede pues, ser reconstruida únicamente a partir de testimonios en donde se realiza ya un fenómeno de recepción. Cuando el historiador rehace la historia no hace más que desplegar sobre su documentación una intriga nacida y motivada por su representación del mundo. La historiografía de hechos brutos, no interpretados, no existe.
PERROT, Charles. Jesús y la Historia. Madrid: Cristiandad. 1982.
GEFFRE, Claude. El Cristianismo ante el riesgo de la interpretación. Madrid: Cristiandad.
1984.
GRELOT, Pierre. Los Evangelios y la Historia. Barcelona: Herder. 1987.
LEON-DUFOUR, Xavier. Los Evangelios y la Historia de Jesús. Barcelona: Estela. 1966.
THEISSEN, Gerd. El Jesús histórico. Salamanca: Sígueme. 2000.
1.3. La Cristología y la cultura: las cristologías africanas de la inculturación a. Las vendas extranjeras que encarcelan a Cristo
b. Rostros de un Cristo africano c. El "Cristo antepasado"
d. La encarnación del Verbo y el "más allá de los modelos" (F. Kabasélé) e. Los problemas de la Inculturación: Encarnación, kenosis y resurrección
Ya no se trata de "injertar" el mensaje cristiano sobre la cultura africana sino de dejarle
“tomar carne” en la cultura africana evitando al mismo tiempo todo "arqueologismo". Pero, este mensaje es aún transmitido por representantes de otra cultura, la cual debe medir su riqueza y sus deficiencias, sus capacidades de apertura y los riesgos de encerramiento que ella impone al Evangelio. La Cristología debe siempre privilegiar críticamente la continuidad de palabras y de imágenes que hablan a una cultura para decir quien es Cristo. Claro esta que este trabajo debe hacerse con mucho tino a fin de señalar la ruptura, a fin de señalar en qué y cómo Cristo sobrepasa, derriba o da cumplimiento pleno a estas imágenes. Si es cierto que la Palabra de Dios es siempre condicionada por el medio que lo transmite, es igualmente cierto que ninguna cultura agota la riqueza del mensaje cristiano aunque cada una, en cada época, debe actualizarlo.
1.4. Las cristologías y las religiones asiáticas a. ¿ Hay un lugar para Cristo en Asia?
b. El "Cristo" desconocido del hinduismo según R. Panikar
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c. Una Cristología en el contexto de las religiones: A. Pieris d. La teología cristiana de las religiones: J. Dupuis
e. La única mediación salvífica universal de Jesucristo
De la práctica y de la teoría del diálogo interreligioso surgen hoy algunas preguntas fundamentales que es necesario enfrentar con honestidad intelectual y serenidad. Para la mentalidad contemporánea todas las religiones y todas las místicas se valen. Supeditar a Jesús de Nazaret el acceso de todo hombre a Dios es percibido como una señal de intolerancia. Incluso muchos cristianos, animados por la convicción de que la verdad sobre Dios es imperceptible, consideran que sostener la única mediación salvífica universal de Jesucristo es un impedimento principal para dialogar con las otras religiones y culturas.
Frente a esta concepción que hace de Jesús de Nazaret uno más de los múltiples rostros que el Logos habría tomado a lo largo de la historia para salvar a la humanidad debemos emprender una tarea especulativa importante: precisar el sentido de la fe de la Iglesia que declara que Jesús de Nazaret, hijo de María, y solamente El, es el Hijo y el Verbo del Padre.
PIERIS, Aloysius. El Rostro asiático de Cristo. Salamanca: Sígueme. 1991.
CONCLUSIÓN: DECIR HOY EL MISTERIO DE CRISTO EN DIALOGO CON OTROS
Al final de este primer capítulo podemos establecer un primer pliego de peticiones a tomar en cuenta a la hora de poner en marcha nuestro trabajo cristológico:
a. Es necesario oír con atención las nuevas cuestiones que vienen de otros horizontes culturales.
b. No hay que imitar lo que se hace en otra parte. Es necesario encontrar nuestra propia vía en el contexto histórico, social y cultural que es el nuestro, en diálogo permanente y crítico con lo que se hace en otra parte.
c. Es necesario dejarnos engendrar continuamente por una lectura siempre nueva de la Escritura.
d. No hay que perder nunca de vista la articulación entre la praxis histórica y la reflexión especulativa.
e. Nosotros también tenemos algo que decir en los debates actuales sobre la unicidad y la universalidad de la mediación salvadora de Jesucristo.
2. EL DESTINO DE JESUCRISTO EN LA HISTORIA DE LA IGLESIA
El Cristianismo no nació con nosotros. El Evangelio nos vino de otra parte. Es con 1500 años de historia que la fe en Jesucristo llegó a América. No podemos desconocer esta historia que es también nuestra. Nos es necesario pues, ir ahora del espacio al tiempo para
"hacer memoria" de esta historia. La identidad cristiana y la búsqueda de la nominación presente de Cristo en el contexto que es el nuestro pasa, hoy más que nunca, por la referencia obediente y crítica a lo que los cristianos dijeron de su Señor a lo largo de su historia común.
Además, no hay Cristología sin memoria de la cristología. El recuerdo de Jesús como Cristo y Señor se inscribe en el centro del Cristianismo. Lo que se dijo, y lo que no se dijo
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sobre Jesucristo dice algo sobre él. Se debe asumir el pasado de una manera auténtica si se quiere conquistar un futuro para la cristología (K. Rahner).
2.1. Jesús en la fe de los primeros discípulos: Génesis de la Fe en Jesucristo a. Antes de Pascua: El Origen de la Fe en Jesús, Cristo y Señor
i. Encuentro, compañonaje y convivencia
ii. Del lado de Jesús: el lenguaje de una existencia
iii. Del lado de los discípulos: la lectura del acontecimiento “Jesús”
iv. Conclusión
b. Después de Pascua: El Movimiento de la Cristología del NT i. El punto de partida: la resurrección de Jesús
ii. La lectura retrospectiva de la muerte y del ministerio de Jesús iii. Conclusión
Al inicio de la fe cristiana hay la palabra de los discípulos de Jesús de Nazaret que lo declaran Cristo y Señor en un discurso muy simple y que tiene forma de un relato (Hch 2, 14- 47). Esta proclamación (kerigma) parte del acontecimiento pascual (muerte y resurrección) del cual estos hombres fueron testigos; es pronunciada con la fuerza del Espíritu que la primera comunidad recibe el día de Pentecostés; es animada de la certtud que le Señor camina con ellos, les explica las escrituras y parte para ellos el pan(Lc 24). Lo que hemos recibido de las primeras comunidades cristianas pasa siempre por el prisma de los testimonios de los que creyeron en Jesús gracias a una lectura retrospectiva de su destino histórico con la ayuda de una reinterpretación de las escrituras judías. Esta reinterpretación fue hecha en el marco de la comunidad reunida el primer día de la semana para celebrar la cena del Señor Resucitado.
2.2. La constitución del discurso cristológico
a. El horizonte de la cristología de los tres primeros siglos
b. Del arianisme al concilio de Efeso (431): la cuestión trinitaria como telón de fondo de la cuestión cristológica
c. Los día siguientes del Concilio de Efeso: la unidad de Cristo d. El Concilio de Calcedonia (451): la dualidad de Cristo e. El final del tiempo patrístico y el tiempo medieval
La reflexión cristológica no comienza con los concilios. El II° s. verá aparecer la primera contestación seria del misterio de Jesucristo: la de su humanidad. Las primeras interrogaciones sobre la Trinidad fueron también cuestiones relativas a Cristo ya que es Jesús de Nazaret que la fe confiesa como Hijo de Dios, coeterno del Padre. La Cristología se constituyó en estrecha relación con la Soteriología, la cuestión era siempre: ¿Quién debe ser Cristo para que pueda ejercer la única mediación entre Dios y a los hombres? Si Jesús es el Hijo de Dios siendo verdaderamente hombre, la cuestión que se plantea es la de la unidad de su ser y la de la manera de entender su encarnación o su humanización (Efeso), pero una vez que la unidad de Cristo es puesta de manifiesto una nueva cuestión aparece: ¿si se acepta que el Verbo de Dios se hizo hombre, qué ocurre con esta naturaleza humana en la unión? ¿Es conservada en su realidad o absorbida por la divinidad? (Calcedonia)
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2.3. La definición cristológica del Concilio de Calcedonia
a. La fórmula calcedoniana: una síntesis recapitulativa de la enseñanza anterior sobre la identidad de Cristo
b. La fórmula calcedoniana: una fórmula dogmática c. La reflexión escolástica sobre el dogma cristológico
d. Los conceptos claves de la Cristología clásica: hipóstasis, persona, naturaleza, unión hipostática.
La definición de Calcedonia constituye el momento central de un proceso de elaboración cristológica que va del concilio de Efeso hasta los concilios de Constantinopla II (553) e III (681). El texto de la definición se estructura en función de la unidad del Cristo. Se trata de una sola y larga frase, encerrada entre dos cláusulas en quiasmo, la llamada a los Padres y la afirmación de la unidad cristológica. En medio de la frase, la fórmula de la unidad vuelve de nuevo una tercera vez, dividiendo el texto en dos partes. Calcedonia parte de esta unidad y repite a saciedad que se trata de Uno sólo y del mismo. Es al interior de esta unidad concreta que la fórmula coloca dos veces el momento lógico de la dualidad: en primer lugar exponiendo la doble consubstancialidad de Cristo a Dios y a los hombres, y colocando a continuación la dualidad de las naturalezas "sin confusión, sin cambio, sin división y sin separación".
2.4. Los límites y el alcance del lenguaje calcedoniano a. Las objeciones modernas y contemporáneas a Calcedonia b. La verdad del hombre mantenida
c. Justicia para Calcedonia: ¡una inculturación exitosa!
La definición de Calcedonia durante la historia adquirió una importancia tan desproporcionada que de punto de referencia dogmática reguladora paso a ser la única referencia de la cristología. Pero, cualquiera que sean sus límites (el olvido de la dimensión histórica propia a Jesús y el esquema representativo que trae consigo la expresión "en dos naturalezas"), es importante hacer justicia a aquello que la definición quiso salvaguardar: la humanidad de Jesucristo. Sin rechazar nada de la humanización personal de Dios en Jesús, el concilio mantiene que esta humanización no consiste en una asimilación pura y simple del hombre a Dios. Calcedonia no pretende decir la última palabra de la Cristología, el concilio hizo lo que los cristianos deben hacer siempre y en todo lugar: decir la identidad de Jesucristo en el lenguaje de su tiempo. No hay que perder de vista la perspectiva soteriológica de la Cristología: lo que debe decirse sobre Cristo debe decirse a partir de lo que El hace “por nosotros”. Es necesario tomar en serio la novedad que representa la humanidad de Cristo para el Verbo de Dios, por lo tanto para Dios mismo (Luther).
CONCLUSIÓN:
PERSPECTIVAS ABIERTAS POR UNA LECTURA HISTÓRICA Y TEOLÓGICA DE LAS DEFINICIONES CONCILIARES SOBRE LA IDENTIDAD DE JESUCRISTO.
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a. La lógica del desarrollo conciliar de Efeso a Constantinopla III exige que interpretemos los concilios los unos con relación a los otros. Es la totalidad del traba conciliar que debe tenerse en cuenta para honorar tanto el punto de vista de la unidad (uno sólo y mismo Cristo; una única "persona") como el punto de vista de la distinción (verdadero hombre y verdadero Dios,"dos naturalezas").
b. La cifra "dos" en la Cristología calcedoniana no significa ni adición, ni yuxtaposición, sino un "momento" necesario de la reflexión cristológica pues, de lo contrario, se comprendería la unión como confusión de lo humano y de lo divino.
c. La unión hipostática no debe ser entendida simplemente como la unión del Verbo de Dios con la naturaleza humana en general, pero en el sentido de que "Jesús es Dios en tanto que es este hombre" (W. Pannenberg)
Comprendida según estos principios, la fórmula de Calcedonia "una persona en dos naturalezas" es reguladora de toda cristología. Pero, la expresión "natura humana" debe oírse de una manera que tenga en cuenta lo que implica para nosotros, hoy, la participación en la humanidad:
- Naturaleza y devenir: si Cristo es "consubstancial" a nosotros según la humanidad, necesariamente conoció la experiencia de la temporalidad, de la historia y del devenir.
Somos invitados a pensar un devenir en el Verbo mismo de Dios. Es necesario seguir la reflexión de Constantinopla II que hablaba de "hipóstasis compuesta" y la reflexión de Lutero.
- La relación al otro: la naturaleza humana del Cristo se manifiesta necesariamente como una determinada manera de ser-en-relación-con-otro. Somos invitados a hablar de Cristo en términos de comunicación. Jesucristo es el hombre “para los demás”. No puede ser el Hijo de Dios sin compartir su carácter filial con otros.
Para ir más lejos tenemos entonces necesidad del Concilio de Calcedonia. Este acto de memoria ejerce en el presente de la comunidad cristiana un verdadero trabajo de diferenciación, en la ausencia del cual ésta no haría sino construir un Cristo a la imagen de sus gustos, sus intereses, y sus modas.
Algunas obras de la tradición patrística y medieval JUSTIN. Diálogo con Trifón.
IRENEO. Contra las Herejías.
TERTULIANO. La carne del Cristo.
GREGORIO NACIANCENO. Homilía sobre la Natividad.
GREGORIO NACIANCENO. La Pasión de Cristo.
CIRILO DE ALEJANDRÍA. ¿Por qué Cristo es Uno?
ATANASIO. La Encarnación del Verbo.
LEÓN MAGNO. Cartas Cristológicas.
MÁXIMO EL CONFESOR. Meditaciones sobre la Agonía de Jesús.
ANSELMO. La Encarnación del Verbo. ¿Por qué Dios se hizo hombre?
JUAN DAMASCENO. Homilías Cristológicas y Marianas.
TOMAS DE AQUINO. Suma Teológica, IIIa, q. 1-59.
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3. JESUCRISTO EN LA HISTORIA DE LOS HOMBRES Y EN EL MISTERIO DE DIOS
Como lo hemos visto, no hay "Jesús histórico" (re-conocible por nosotros) sin "confesión eclesial" pero, tampoco hay acto de fe eclesial sin el núcleo fundador, suficientemente certificado históricamente, de un "acontecimiento” Jesús. Sin ésta comunidad de discípulos que se reclaman de él, ya nadie hablaría hoy de Jesús de Nazaret, cuando en realidad millones de hombres y mujeres encuentran en El la inspiración necesaria para dar un sentido a su vida, y pretenden seguir su ejemplo hasta, si es necesario, a precio de su propia vida. Es necesario, por otro lado, darse cuenta de que en el tiempo de Jesús los romanos condenaron a cientos de judíos a la ejecución capital por la crucifixión, sin que se haga memoria hoy de ellos: ¿entonces por qué Jesús constituye la excepción? Tenemos ahora que estudiar la historia de Cristo, leer teológicamente el relato de su historia.
3.1. El Mesías de Nazaret: escándalo y locura a. El mesianismo y la apertura del futuro b. La subversión profética: la primacía del otro c. La vida no mesiánica del Nazareno
Jesús tomó sus distancias con relación al papel de Mesías, cuyo significado no controla.
Jesús no niega el hecho de que tenga una misión original, pero esta misión no concuerda con la visión del juez y "de la cólera que viene" tal como es predicada por Juan (Mt 3, 1-12). Al rechazar la oferta de ser instituido rey, Jesús rechaza la patología del mesianismo: desear lo que tiene el opresor. Devuelve al mesianismo su valor profético: la promesa de Dios al oprimido es que no haya ni opresor, ni proceso de exclusión. El Crucificado es la protesta concreta contra la patología mesiánica: querer evacuar la violencia por la violencia, querer convertir el poder por el poder. Jesús revela el Reino teniendo "piedad" de su pueblo, llamando a él a los miserables y los afligidos, anunciándoles la buena noticia de que el Reino les pertenece (Mt 9,35-38). Su praxis reavivó los entusiasmos mesiánicos del pueblo, El va -aparentemente- a decepcionarlos. (Mt 27, 20ss; Mc 15, 11ss).
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3.2. El Reino de Dios: ¡"La hora viene y ya está aquí!"
a. La predicación del "Reino de Dios": la urgencia escatológica b. El lenguaje de las parábolas
c. La autoridad de Jesús y los milagros: una pretensión inaudita de autoridad
La llegada del Reino está íntimamente relacionada a la persona misma de Jesús. El camino de Jesús es inseparable de un anuncio lleno de alegría: la proximidad del Reino de Dios. Ser "salvado" es estar lleno de la presencia de Dios. La palabra clave de esta presencia es: "levántate y anda" (Mt 9,.5; Mc 2,9; Lc 5,23; Jn 5, 8-1). He aquí que los que estaban irremediablemente caídos se levantan de nuevo. La Palabra de Jesús va dirigida al hombre entero, con todas sus facultades; penetra hasta el centro de sí mismo y lo pone en una situación donde es necesario decidirse personalmente. La predicación del Reino se encuentra ligada a la autoridad con la cual Jesús lo anuncia, y a la hora del Reino ya cumplida: "hoy se
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realiza a vuestros oídos este pasaje de la Escritura" (Lc 4,21). La cruz viene a poner en cuestión esta pretensión de autoridad. El abandono de los discípulos y su vuelta a Galilea narrados por los evangelios dan testimonio de que la muerte de Jesús ha sido, incluso para los que lo seguían, el fracaso de una inaudita pretensión. La fe es posible si puede superar el desmentido aportado por la cruz.
3.3. El Crucificado - Resucitado
3.3.1. ¿”Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?" "
a. Las causas de la muerte de Jesús
b. ¿Jesús abandonado por Dios?: ¿una pretensión de autoridad desmentida?
c. "El Dios Crucificado": La Cristología Política de J. Moltmann 3.3.2. ¡"No está aquí, ha resucitado!" "
a. El lenguaje de la Resurrección: una autoridad legitimada por Dios b. La historicidad de la Resurrección: La tesis de W. Pannenberg c. El sentido de la Resurrección
La Cruz nos obliga a pensar Dios como Aquel que puede vincularse a la muerte y a la historia. Debemos superar la aporía del pensamiento metafísico que, hasta la época moderna, consideraba que no se podía vincular a Dios con lo transitorio y lo efímero.
Después de la muerte de Jesús en la cruz, Dios no puede pensarse sin la vulnerabilidad. El indicativo del Dios crucificado en forma de esclavo no soporta el magisterio de un saber. Su palabra no puede decirse sino como "imperativo categórico de vida y acción" que pasa prioritariamente por la práctica de la justicia y la misericordia
Pero, si la cruz es el acontecimiento esencial de la vida de Jesús, la experiencia de la resurrección es la “causa” de la fe en él. En efecto, como ser “histórico”, Jesús de Nazaret ya habría caído en el olvido, ya que su mensaje fue contradicho por su muerte sobre la cruz.
La resurrección se convierte en el lugar de la confirmación divina de la legítima pretensión del Jesús pre-pascual. Pero la resurrección no elimina el calvario. Entre el Jesús de la historia y el Cristo Resucitado existe una continuidad en la discontinuidad. No es una casualidad si los relatos evangélicos son sobrios sobre la manera de existencia del Resucitado: no lo describen, sugieren que el Nazareno crucificado está vivo y que esta vida no es mensurable a la vida mortal, ellos precisan sobre todo que es una exigencia para el presente (Hch 1).
¿Es posible probar la historicidad de la Resurrección de Jesús? La Tumba Vacía no es una prueba de la Resurrección sino una señal.
3.4. "Les he transmitido en primer lugar lo que yo mismo he recibido"
a. El nacimiento de un cuerpo: la comunidad de los testigos b. Del kerigma al relato
c. Del testimonio oral al testimonio escrito: el origen de un nuevo corpus
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La resurrección debe ser dicha, anunciada, testimoniada por una comunidad. El kerigma (célula fundamental de la confesión de fe) necesita de un relato que lo aclare, que le dé
“carne”. Un trabajo de relectura de la historia se impone, trabajo que dará lugar a una escritura a través de la cual la comunidad cristiana se dice ella misma al mismo tiempo que dice la vida de su Señor. Desde entonces su manifestación es inseparable de la comunidad original que se constituye en el "hacer memoria" de su Señor. La Escritura forma así parte de este cuerpo de Cristo. Un nuevo cuerpo social surge y por eso un cuerpo de Escritura nuevo. Es por la mediación necesaria de los que vivieron con el Señor que podemos “tocar”
su realidad. Si no hubiera la Iglesia para transmitirnos el "libro" dando testimonio que allí está la revelación de Dios en su certificado fundador, no hubiera Escritura, sino una colección de documentos religiosos entre tanto otros.
3.5. "El Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros, y contemplamos su gloria"
a. La kenosis divina: Hans Urs von Balthasar
b. La encarnación y la historia del mundo: Karl Rahner
c. ¿Cur Deus Homo? ¿Dios se hubiera hecho hombre si el hombre no hubiera pecado?
H. U. von Balthasar concentra su atención sobre la kenosis total del Hijo de Dios que no teme comprometerse en el camino de la obediencia hasta la Cruz, lugar donde la densa oscuridad del pecado y de la muerte parece haber vencido la frágil luz del amor y la vida.
Es en este lugar en donde la distancia entre el Padre y el Hijo nos es revelada dramáticamente en la paradoja de una proximidad cada vez mayor. La cruz como “autodespojo” último del Hijo de Dios en su ser para el mundo y en su procedencia permanente de Dios revela la figura esencial de la gloria divina como amor. Cristo toma el lugar de los rechazados. Conoce y personifica lo que es propiamente incognoscible, la separación absoluta entre el pecador y el Dios santo. Pero, el drama cristológico que está en el centro de la dramática entre Dios y el hombre debe entenderse como la Revelación del "drama originario" (urdrama) en la eterna Trinidad. En la Trinidad inmanente y eterna, la unidad infinita entre el Padre y el Hijo es también la distancia infinita. La diferencia entre el Padre y el Hijo es el espacio divino, infinito que hace posible toda la creación, toda la libertad humana, y también que hace posible la distancia infinita soportada por Jesús en su pasión y su cruz.
Karl Rahner intenta aclarar en toda probidad intelectual la fe cristológica de la Iglesia siempre tentada por la mitología. Su "Cristología trascendental" significa dos cosas: por una parte, se trata de elucidar lo que hace posible que el Logos de Dios pueda convertirse en hombre; es solamente si la posibilidad de conciliar sin contradicción Dios y el hombre en el Hombre- Dios Jesucristo es reconocida como posibilidad del propio hombre, que el dogma cristológico de la Iglesia es preservado del error y del mito. Por otra parte, es necesario señalar que todo hombre es apertura fundamental a “Aquel que le aporta absolutamente la salvación”. El hombre, en su estado concreto, está a la escucha de una palabra de salvación.
Es únicamente por ello que el significado salvador del acontecimiento histórico Jesucristo puede ser entendido como cumplimiento supremo de la esperanza y de las aspiraciones humanas de todos los pueblos y en todas las épocas, e incluso como la única condición que permite al ser del hombre de devenir eso que él es desde siempre. La encarnación no es entonces un acontecimiento tardío, ni una corrección, es un acontecimiento único que realiza plenamente (a) la humanidad. La historia del mundo tiene una explicación
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cristológica. Fue creado por y para el Logos, desde el principio ha sido supeditado a la Encarnación.
3.6. "Hoy la salvación ha llegado a esta casa": presencia, espera y subversión a. La presencia de Cristo en la historia de los hombres: la violencia continua b. La presencia del Cristo en la naturaleza y el cosmos: el Cristo Cósmico c. La realización de la historia: El Cristo a-venir
¿Cómo hablar de la realización de la Promesa mesiánica en una historia en donde la violencia continúa? Enfrentados a la humillación permanente de los oprimidos en nuestra historia, los creyentes han postulado un final de la historia en el cual el poder de Dios restablecerá toda justicia inmovilizando a los opresores en un sufrimiento sin final. Jesús, el Crucificado, es ahí el Mesías guerrero vencedor. La paradoja del mesianismo de Jesús es así suprimida por la representación de su llegada en gloria aterradora para los opresores. Pero, esta visión omite dos cosas esenciales: la estructura no violenta del mesianismo de Jesús; y la necesidad de la lucha presente contra los opresores. El Reino debe empezar aquí abajo de lo contrario es una ilusión. La originalidad mesiánica de Jesús no es una invitación a la inacción histórica, a la aceptación del reino de la opresión: exige de nuestra parte que no recurramos al poder de Dios como garantía de las luchas humanas. Dios entrega a los hombres la responsabilidad de su historia denunciando la fatalidad supuesta de la ley del más fuerte. El retiro de Dios, significado por la no violencia de Jesús, conduce pues a hacer de los pobres los protagonistas de su historia, y no los sujetos pasivos de un líder. La esperanza cristiana impide el encerramiento de la sociedad en un fin inmanente que sería entonces idolátrico y totalitario.
¡El futuro está abierto!
APERTURA: ¿Y PARA UDS. QUIEN SOY?
LA CUESTIÓN TRANSVERSAL Y CRÍTICA DE LA CRISTOLOGIA
La pregunta del Señor dirigida a los discípulos en las tierras paganas de Cesárea de Filipo, " ¿y para ustedes, quién soy ?" y la búsqueda de una respuesta de parte de los creyentes atraviesan la historia del Cristianismo. Esta cuestión es enunciada en el Evangelio de múltiples maneras.
Hoy Mt 25 es uno de los textos medulares de la Cristología que exige de cada uno nosotros un esfuerzo especulativo en busca de su identidad y un compromiso práctico en favor de los "más pequeños" de la historia. El "Señor, cuando nosotros te hemos visto hambriento o sediento, extranjero o desnudo, enfermo o prisionero, y no te ayudamos?" nos obliga a pensar Dios, el hombre y la historia de una manera diferente de cómo lo hemos hecho hasta ahora. El relato de Mt 25 conduce a una "revelación" inaudita: una asombrosa conjunción entre la multitud anónima de los pobres y un “yo” enigmático: el del Hijo del hombre. El "yo" que dice: "tenía hambre, tenía sed…" ese “yo” del Hijo del hombre es identificado, de manera misteriosa, a todos los sujetos humanos sufrientes.
Esta reciprocidad que vincula Cristo y cada uno de los "más pequeños" cambia nuestra imagen de Dios, del hombre y de la historia. Para pensar de otra manera Dios, el
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hombre y la historia debemos partir de esta reciprocidad que vincula a Cristo con el anonimato "lógico" de los que en la trivialidad de cada día están al margen de la sociedad y de la historia. El que dice "yo" en la escena del Juicio universal es, en efecto, indisociable de Dios y de la humanidad. No cualquier dios, ni una humanidad cualquiera: el Dios de la Cruz y la humanidad sufriente. El final de la parábola nos dice en efecto que se trata de la identidad del Señor. Un no-conocimiento último, significado por la venida del Rey y el juicio al final del tiempo, es implicado en esta interrogación (cuando…) que nos envía al presente y a la acción histórica.
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LIBRO A LEER IMPERATIVAMENTE
1. RATZINGER, Joseph, Jesús de Nazaret. Buenos Aires: Planeta. 2007