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Cuentos Para Ser Humano - Luis M. Benavides

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Academic year: 2021

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CUENTOS PARA SER HUMANO

Cuentos, películas y canciones con valores

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Colección «GESTOS Y PALABRAS»

1. Gestos para la catequesis. Álvaro Ginel.

2. Narraciones para la catequesis. Herminio Otero. 3. Más allá de la Palabra. Álvaro Ginel.

4. Narrar la vida. Antonio Sánchez Romo.

5. Cómo hablar de Dios a los jóvenes. Jean-Marie Petitclerc. 6. Érase una vez. José Real Navarro.

7. Con ojos de mujer. Teodora Corral y Fidel Aizpurúa. 8. Textos para asomarse a la vida. Francisco Pérez. 9. Relatos y Narraciones 1. Bruno Ferrero.

10. Relatos y Narraciones 2. Bruno Ferrero. 11. Relatos y Narraciones 3. Bruno Ferrero. 12. El poder de las Palabras. José Real.

13. Para contar la Biblia. Marguerite Rosenstiehl y Hélène Zuber. 14. El buen samaritano. José Antonio Rueda.

15. Sencillos secretos. Luis Miguel Mata. 16. Palabras desde el corazón. José Real.

17. El canto del gallo. José Fernández del Cacho. 18. ¡Cuenta, cuenta…! Atanasio Serrano.

19. Juegos bíblicos. Jesús Sánchez Juárez. 20. El Juegohistorias. Riccardo Davico. 21. Historias de Navidad. Bruno Ferrero.

22. Cuentos de la Virgen. Jaime de Peñaranda Algar, S.J. 23. Los espejos de la Palabra/1. José Fernández del Cacho. 24. Al encuentro con los jóvenes de la calle. Paolo Gambini. 25. Los espejos de la Palabra/2. José Fernández del Cacho. 26. Los espejos de la Palabra/3. José Fernández del Cacho. 27. Muchas historias. Bruno Ferrero.

28. Pasión de vivir. José Fernández del Cacho e Isabel Álvarez Albarrán. 29. Él disipará vuestras dudas. Rafael de Andrés.

30. Sal de tu tierra. Cristina de Llano.

31. Por los caminos de Jesús. José Miguel Núñez. 32. Un encuentro sin ruido de fondo. Cristina de Llano.

33. Cuentos para la catequesis. Enrique Eguiarte Bendímez OAR. 34. La vida vista con humor. Quique.

35. Historias contadas. Atanasio Serrano.

36. Historias con Dios en la penumbra. José Arlegui Suescun. 37. Cuentos para ser humano. Luis M. Benavides.

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COLECCIÓN «GESTOS Y PALABRAS»

LUIS M. BENAVIDES

CUENTOS PARA SER HUMANO

Cuentos, películas y canciones con valores

Selección, compilación y adaptaciones

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Página web de EDITORIAL CCS: www.editorialccs.com

© Luis M. Benavides

© 2012. EDITORIAL CCS, Alcalá, 166 / 28028 MADRID

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

Diagramación editorial: Alberto Díez Diseño de portada: Olga R. Gambarte ISBN (pdf): 978-84-9023-702-1

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A mis queridos papás, Norma y Pablo, quienes supieron transmitirnos los valores a través del juego y los cuentos, pero sobre todo, con el cariño y el ejemplo.

Agradecimientos

A Dolores Marino, por su desinteresada colaboración y sus profundos aportes con las reflexiones. A Mariano Dezanzo, amante del buen cine, por su inestimable y permanente asesoramiento. A Alicia Vázquez, Patricia Aguirre y Guillermo Yuchenchen, Enrique Picard y Ezequiel Mazzaglia, músicos de alma, por su valioso aporte con las canciones. A «los Fernández», por su eficiente ayuda. A todos ellos, ¡muchas gracias!

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ÍNDICE

Prólogo

CUENTOS PARA SER HUMANO CON UNO MISMO

1. El joven, las estrellas y el mar 2. El cántaro rajado

3. ¿Está lleno el frasco? 4. El elefante encadenado 5. El hachero

6. La flor más bella 7. El libro del tesoro 8. Parábola del caballo 9. El reflejo de la vida

10. La anciana del molino amarillo

CUENTOS PARA SER HUMANO CON LOS DEMÁS

1. Un ciego con luz 2. La pared desnuda 3. El triple filtro

4. En el frente de batalla 5. Las tres pipas

6. Asamblea en la carpintería 7. Sigue tocando

8. El vuelo de los gansos 9. Lecciones de vida 10. La alegría de dar

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1. Reconstruir el mundo 2. El plantador de dátiles 3. Los tres carretilleros 4. Los dos lobos

5. El hombre y el capullo de mariposa 6. ¿El verdadero color?

7. El perro y el conejo 8. Sembrando al viento 9. Construyendo para otros 10. La pintura de la paz perfecta

CUENTOS PARA SER HUMANO CON DIOS

1. El bordado de Dios 2. Señales de humo 3. La escalera 4. Huellas en la arena 5. El monje y el gurú 6. El cielo y el infierno 7. Frutos y semillas 8. La silla vacía 9. Los tres árboles 10. La cuerda de Dios

PARA LLEVAR EN LA MOCHILA PARA SER HUMANO

I. 100 valores comentados

II. El arte de narrar cuentos

III. Lectura crítica e interpretación de películas

V. Índice temático de películas con valores

VI. Filmografía general con valores

VII. Guía para la interpretación de canciones VIII. Canciones con valores

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PRÓLOGO

Desde chico, los cuentos me cautivaron de tal manera, que nunca pude apartarme de ellos. Puedo decir, con justicia, que me robaron y siguen robando el corazón. No solo forman parte de mi vida, sino también de mi carrera profesional. Como educador, me han acompañado en el día a día, haciéndome disfrutar de mi vocación docente y me han ayudado enormemente en la difícil tarea de educar en valores.

Desde los primeros fogones de la humanidad, las narraciones y los cuentos se han constituido en uno de los vehículos privilegiados para el traspaso de la cultura entre generaciones; especialmente, para la transmisión de los valores que la comunidad quería conservar. Desde aquellas épocas primordiales hasta nuestros días, los cuentos nos han ayudado a formarnos y nos han acompañado en la tarea de hacernos cada vez más humanos.

En este trabajo, he procurado realizar una selección de aquellos cuentos que, personalmente, más me han conmovido y que –en mi experiencia con otros– también me han ayudado a movilizar a los demás, a generar el debate y la reflexión, a abrir caminos, a buscar y profundizar los valores que nos identifican como personas.

De entrada, quiero aclarar que ninguno de los cuentos seleccionados me pertenece. En el mejor de los casos, he tratado de hacer las adaptaciones que juzgué convenientes, para que lleguen a todo tipo de público. Muchos de los cuentos elegidos son de dominio público, circulan de boca en boca, me los han acercado amigos o los recibí por Internet. En muchos casos –por más que lo he intentado–, lamentablemente no he podido identificar a los autores. A esos autores desconocidos, mi tributo y gratitud; y a los conocidos, mi agradecimiento por permitirme incluir sus cuentos en esta recopilación. A todos ellos, mi profundo reconocimiento por el aporte que han realizado para seguir sosteniendo los valores que hemos heredado de nuestros antecesores.

Por supuesto que los cuentos recopilados tienen valor en sí mismos: están ahí para ser disfrutados; lo mismo sucede con las películas. Solo con fines didácticos, los he estructurado y organizado para sacarle mayor provecho en el trabajo grupal.

De esta manera, cada cuento lleva:

– Un apartado para la reflexión personal.

– Unas preguntas o actividades para compartir en grupo. – Los valores presentes en el cuento.

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Son solo orientaciones, que cada uno deberá adaptar y modificar de acuerdo a las circunstancias y, particularmente, a la situación de cada grupo.

Por último, me pareció conveniente ofrecerles, junto a una serie de apartados relacionados con aspectos didácticos o metodológicos, un listado de valores, explicados lo más sencillamente posible, de manera que todos podamos tener un poco más claro a qué nos referimos cuando hablamos de determinados valores.

Una última reflexión: la magia de los cuentos se completa y complementa con el buen cine. En cierta manera, las películas no son más que cuentos o historias narradas, combinando exquisitamente imágenes, textos y sonidos. El cine, como los cuentos, nos hace entrar en relación con personas, historias, situaciones, modos de vida, valores en práctica, conductas y decisiones… Nos hace compañero de otros, nos relaciona con los demás y con el mundo; es decir, nos humaniza. Por un lado, el cine puede constituirse en un medio fascinante para transmitir el perenne mensaje de la vida y describir sus extraordinarias maravillas; y por otro, el cine enseña y denuncia, conserva la memoria del pasado, se convierte en conciencia viva del presente e impulsa la búsqueda de un futuro mejor.

Los cuentos y el cine desencadenan una experiencia interior, única e irrepetible, que nos diferencia de cualquier otro ser que habita nuestro planeta. Es un vibrar diferente, que nos lleva al plano de la trascendencia, nos eleva y nos hace compartir un lenguaje común entre los seres humanos: el lenguaje del espíritu, a imagen y semejanza de Dios… ¡Que lo disfruten!

Luis

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CUENTOS PARA SER HUMANO

CON UNO MISMO

1. El joven, las estrellas y el mar 2. El cántaro rajado

3. ¿Está lleno el frasco? 4. El elefante encadenado 5. El hachero

6. La flor más bella 7. El libro del tesoro 8. Parábola del caballo 9. El reflejo de la vida

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EL JOVEN, LAS ESTRELLAS Y EL MAR

A

tanasio era un hombre entrado en años, inteligente, sabio, culto y con sensibilidad acerca de las cosas importantes de la vida. Solía ir a su cabaña en la playa, donde pasaba temporadas escribiendo y buscando inspiración para sus libros de filosofía.

Tenía la costumbre de caminar antes de comenzar su trabajo. Un amanecer, mientras paseaba junto al mar, observó a lo lejos una figura humana que se movía como un bailarín. Se sonrió al pensar en alguien bailando para saludar el día. Apresuró el paso, se acercó y vio que se trataba de un joven. Comprobó que no bailaba, sino que se agachaba para recoger algo y, suavemente, lanzarlo al mar.

A medida que se iba acercando, saludó: –¡Buen día, joven! ¿Qué está haciendo?

El joven hizo una pausa, se dio la vuelta y respondió: –Arrojo estrellas de mar al océano…

–¿Por qué arrojas estrellas de mar al océano? –dijo el sabio. El joven respondió:

–Hay sol y la marea está bajando, si no las arrojo al mar, morirán.

–Pero joven –replicó el sabio. ¿No se da cuenta de que hay cientos de kilómetros de playa y miles de estrellas de mar? ¡Nunca tendrá tiempo de salvarlas a todas! ¿Realmente piensa que su esfuerzo tiene sentido?

El joven lo escuchó respetuosamente, luego se agachó, recogió otra estrella de mar, la lanzó con fuerza por encima de las olas y exclamó:

–¡Para aquella… sí, tuvo sentido!

La respuesta desconcertó a Atanasio, no podía explicarse una conducta así. Se sintió molesto, no supo qué contestar y regresó a su cabaña a escribir. Esa tarde no tuvo

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inspiración para escribir y durante la noche no durmió bien; soñaba con el joven y las estrellas de mar por encima de las olas… Intentó ignorarlo, pero no pudo.

A la mañana siguiente, cuando el sol nuevamente lamía el mar y una suave bruma envolvía el ambiente, descubrió las siluetas de dos hombres, uno joven y otro viejo, que se veían juntas, a lo lejos, como si bailaran sobre la arena…

Atribuido a Arthur Barker

Para la reflexión personal

Hay veces en que pareciera que nuestra tarea, nuestro empeño, carece de sentido. Nos sentimos con ganas de abandonar nuestros proyectos, nuestros sueños. Sin embargo, el solo hecho de pensar que para alguien concreto, aunque sea solo uno, nuestro obrar tiene sentido, hace que nuestro esfuerzo esté pleno de significación y nos vuelve, gozosamente, más humanos.

Percibir que para alguno de tantos otros, nuestro actuar cobra un significado valioso, hace que el «manos a la obra» sea urgente y llevadero, casi inherente a nuestro hacer por otros, cada uno de esos que se cruzan en nuestro camino-costa.

A veces, estrella ayudada por otros; otras veces, joven idealista, esforzado y luchador; por momentos, adultos sabios, capaces de aprender de nuestros errores; pero siempre, corazones inquietos tratando de saber por dónde, quién y para qué… En movimiento… Con las manos y el corazón dispuestos, en el momento oportuno…

Para compartir en grupo

1) ¿Qué motivó al joven a realizar este esfuerzo?

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sentido? ¿Estamos seguro de ello o para alguien tienen sentido?

4) ¿Cuáles son las «estrellas» concretas que se cruzan hoy en nuestro camino?

5) Citar un ejemplo en donde actuamos como el joven y otro en donde actuamos como Atanasio.

VALORES EN JUEGO1

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EL CÁNTARO RAJADO

U

n repartidor de agua en la India tenía dos grandes cántaros, que colgaban en los extremos de un palo, que él sostenía sobre sus hombros. Uno de los cántaros tenía varias grietas, mientras que el otro estaba perfecto y siempre conservaba toda el agua al final de la gran caminata, desde el arroyo hasta la casa de su maestro. En cambio, el cántaro rajado llegaba tan solo con la mitad del agua en su interior.

Durante dos años, esto sucedió diariamente con el repartidor, entregando un cántaro y medio, llenos de agua, en la casa de su maestro. Desde luego, el cántaro perfecto estaba orgulloso de su irreprochable cumplimiento del fin con que fuera hecho. Pero, la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque solo podía cumplir con la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación. Después de dos años, el cántaro rajado le habló al repartidor, diciéndole:

–Estoy avergonzado de mí y quiero disculparme contigo.

–¿Por qué? ¿De qué estás avergonzado? –preguntó el repartidor.

–Porque debido a mis grietas solo puedes entregar parte de mi carga y obtienes la mitad del valor que deberías recibir –dijo el cántaro.

El repartidor de agua se sintió mal por el viejo cántaro rajado y le dijo compasivamente: –Cuando regresemos a la casa del maestro, quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del sendero.

En efecto, mientras subían la colina, el viejo cántaro se dio cuenta de las hermosas flores crecidas sobre su lado del camino, y esto lo alentó un poco. Pero al final del trayecto, él todavía se sentía mal por haber repartido solo la mitad de su capacidad, y nuevamente se disculpó al repartidor por sus defectos.

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camino, y cada mañana, mientras caminábamos de vuelta sobre el sendero, las regabas poco a poco. Durante dos años, he podido recoger estas hermosas flores para decorar el altar de mi maestro. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.

Autor desconocido

Para la reflexión personal

Aceptarse a uno mismo y aceptar a los otros como son y no cómo quisiéramos que fueran es la clave para crecer adecuadamente y convivir como personas. La verdadera honestidad empieza con uno mismo: reconocer nuestros errores y puntos débiles puede ayudarnos a aceptarnos mejor y a solicitar y dar ayuda, cuando sea necesario. Conocer acertadamente nuestras limitaciones y las de los demás puede ayudarnos a ver el lado positivo de las mismas y sacar provecho de cuestiones impensadas e inimaginables para nosotros.

Es cierto que nuestra misión, a veces, puede estar condicionada por lo que los otros creen que debemos hacer. Pero, no es menos cierto que los otros obran de acuerdo a las expectativas que tenemos sobre ellos, a la confianza que depositamos en sus proyectos y en su capacidad de cambio. Ninguno de los dos cántaros era el más importante ni el más adecuado, ni siquiera el más perfecto. Cada uno cumplía una misión única, que el otro no podía hacer.

En la vida cada uno de nosotros tiene sus propias grietas personales. Todos somos como vasijas agrietadas y con defectos; nadie es superior a los demás. Cada uno, desde su lugar, tiene una misión que cumplir. Debemos saber que siempre existe la posibilidad de poder aprovechar nuestros puntos débiles y los de los demás para lograr buenos resultados. El auténtico desafío es darnos un lugar único donde transformar nuestros defectos y los de los demás en virtudes, en arte, en belleza y donación.

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1) ¿Con cuál de los cántaros nos sentimos más identificados? ¿Qué sentimientos experimentamos? ¿Por qué?

2) ¿Qué representan nuestras grietas? ¿Quién o qué sería nuestro repartidor de agua? 3) ¿Con cuáles de nuestros/as compañeros/as podríamos actuar como el repartidor de

agua? ¿Qué podríamos hacer para ayudarlos con sus defectos?

4) Citar ejemplos en que los defectos de los demás pueden convertirse en cuestiones valiosas, en determinadas situaciones.

5) ¿Qué condiciones tendríamos que desarrollar para actuar como el repartidor? Realizar un mural en común.

VALORES EN JUEGO

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¿ESTÁ LLENO EL FRASCO?

T

eobaldo es un reconocido profesor de filosofía en la Universidad Nacional. Un día, delante de sus alumnos, sin decir palabra, sacó de abajo del escritorio un frasco grande de boca ancha. Lo colocó sobre la mesa, junto a una bandeja con piedras del tamaño de un puño, y preguntó:

–¿Cuántas piedras piensan que caben en el frasco?

Después de que los asistentes hicieran sus conjeturas, empezó a meter piedras hasta que llenó el frasco. Luego preguntó:

–¿Está lleno?

Todo el mundo lo miró y asintió. Entonces, sacó de abajo de la mesa un recipiente con guijarros. Metió parte de ellos en el frasco y lo agitó. Las piedrecillas penetraron por los espacios que dejaban las piedras grandes. El filósofo sonrió con ironía y repitió:

–¿Está lleno?

Esta vez, los oyentes dudaron: –Tal vez, no…

–¡Bien!

En ese momento, tomó una caja con arena y comenzó a volcarla en el frasco. La arena se filtraba entre los pequeños intersticios que dejaban las piedras y la grava, hasta colmar el envase.

–¿Está lleno? –preguntó de nuevo.

–¡Sí! –respondieron unánimemente los estudiantes.

A la sazón, Teobaldo, frente a la mirada sorprendida de sus alumnos, tomó una jarra de agua y vertió su contenido dentro del frasco y efectivamente, lo llenó.

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preguntó:

–Bueno, ¿qué hemos demostrado? Un alumno respondió:

–Que no importa lo llena que esté tu agenda, si lo intentas, siempre puedes hacer que quepan más cosas.

–¡¡¡No!!! –concluyó el filósofo–. ¡Quiero que se den cuenta de que este frasco representa la vida! Lo que esta lección nos enseña es que hay que colocar las piedras grandes e importantes primero; el resto encontrará su lugar…

Autor desconocido

Para la reflexión personal

¿Cuáles son las piedras grandes en nuestra vida? Son las cosas verdaderamente importantes, aquellas que aun perdiendo todo lo demás y solo estas quedaran, nuestra vida aún estaría llena, aún tendría sentido. Prestemos atención a las cosas que son cruciales; establezcamos nuestras prioridades; lo demás, se acomodará solo. Si gastamos todo nuestro tiempo y nuestra energía en cosas que no nos llenan, nunca tendremos lugar para las cosas realmente importantes.

En esta historia, todo se acomodó naturalmente. En la vida, no siempre podemos o queremos elegir con criterios tan claros. Acomodar, ajustar, modificar, volver a sacar, reubicar… ¿no serán procedimientos necesarios en este rompecabezas que es vivir? Cada una de las partes tiene su lugar en un momento determinado, formando parte de una circunstancia concreta. Nunca nuestro frasco estará totalmente lleno, siempre habrá ocasión de desechar para volver a construir, de hacer lugar para algo o alguien más y creo que esa es, en parte, nuestra tarea de ser humanos.

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1) En el frasco de la vida, ¿qué representan las piedras, los guijarros, la arena, el agua? Realizar una lista propia.

2) ¿Qué parte ocupa en la vida de cada uno de nosotros cada material de esa lista? 3) ¿Qué criterios o valores tomamos para darle a cada cosa su lugar? ¿Importancia,

utilidad, urgencia, tiempo? ¿Puede haber otros criterios?

4) ¿Qué quisiéramos que ocupe preferentemente todo nuestro frasco-vida? ¿Qué haríamos para lograrlo?

5) En este momento de nuestras vidas, ¿es preciso reubicar o sacar algo, para dar lugar a lo verdaderamente importante? ¿Cómo lo haríamos?

VALORES EN JUEGO

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EL ELEFANTE ENCADENADO

C

uando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí, como a otros –después me enteré–, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal. Una vez acabada su actuación y hasta volver a actuar en el escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Se trataba de un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra.

Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio era evidente: ¿qué lo mantenía, entonces?, ¿por qué no huía?

Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice, entonces, la pregunta obvia:

–Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?

No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca. Solo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí –por suerte para mí– que alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: el elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo liberarse. La estaca era ciertamente muy fuerte para

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y al que le seguía…

Hasta que un día, un terrible día en su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree –pobre– que no puede.

Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás… jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez… Y así, terminó encadenado para siempre.

Jorge Bucay3

Para la reflexión personal

Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante de circo: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. ¡Y me animo a arriesgar más! A veces, vamos arrastrando cadenas y la estaca está allí, suelta; ni siquiera está anclada en algún sitio. Vivimos creyendo que «no podemos», simplemente porque alguna vez, cuando éramos chicos, probamos y no pudimos.

Lo terrible y triste de la historia es el resignarse, esa sensación de oscura frustración del no se puede, del no podré jamás. Esa mediocridad del ni siquiera reconocer las estacas, renunciando a luchar eternamente contra ellas.

De vez en cuando sentimos los grilletes, hacemos sonar las cadenas o miramos de reojo la estaca y confirmamos el estigma: no puedo y nunca podré. Esto es lo que pasa, vivimos condicionados por el recuerdo de que alguna vez no pudimos. Hemos crecido portando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y nunca más lo volvimos a intentar.

Nuestra única manera de saber es intentar de nuevo, poniendo en el intento todas nuestras fuerzas, todo nuestro corazón. Es tiempo de probar, de desterrar estacas propias y ajenas. Es tiempo de no soportar la sentencia a cadena perpetua. ¡Es tiempo de acción y de manos a la obra…!

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Para compartir en grupo

1) ¿Cuáles son las grandes cadenas que nos atan en nuestra vida? 2) ¿Quién o qué nos encadena? ¿A qué le tememos?

3) ¿Cuál fue el momento terrible de nuestra historia en el que dejamos de empujar y pelear?

4) ¿Qué cosas o quiénes pueden ayudarnos a liberarnos de nuestras cadenas? 5) ¿Qué nos impide hoy volver a probar para romperlas?

VALORES EN JUEGO

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EL HACHERO

R

amón estaba necesitando trabajo y se ofreció en un aserradero, como hachero. El sueldo era razonable y estimó que, trabajando duro, podría hacer una importante diferencia.

El primer día, se presentó al capataz, quien le dio un hacha nueva y le asignó una zona en el monte. Entusiasmado y muy dispuesto para el trabajo, salió a talar al bosque. En un solo día cortó dieciocho árboles.

–¡Te felicito! –le dijo el capataz–, ¡sigue así!

Animado por las palabras del capataz, Ramón decidió mejorar su propio desempeño. Esa noche, se acostó bien temprano.

A la mañana siguiente, se levantó con los demás hacheros y se dirigió al bosque. A pesar de todo el empeño que puso durante el día, no consiguió cortar más que quince árboles. –No debo estar dedicándome lo suficiente –pensó.

Al otro día, se despertó al alba y partió, antes que nadie, hacia su sector en el bosque. Por más que se esforzó y trabajó con energía, apenas si llegó a completar los diez árboles…

–Necesito disponer de más tiempo, si quiero cumplir mis objetivos. Entonces, Ramón decidió acostarse con la puesta del sol.

Sin embargo, ese día, a pesar de dedicarle más tiempo y esfuerzo, no llegó ni a la mitad de árboles derribados el día anterior.

El último día, cansado y agobiado, estuvo toda la tarde tratando de voltear su segundo árbol…

Ramón, desmoralizado y agotado, se acercó al capataz para contarle lo que le estaba pasando y para jurarle y perjurarle que se esforzaba al límite de desfallecer.

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–¿Cuándo afilaste tu hacha por última vez?

–¿Afilar? No tuve tiempo de afilar, estuve muy ocupado cortando árboles…

Jorge Bucay4

Para la reflexión personal

¡Qué importante es en la vida poder detenernos para analizar lo que nos está pasando! Hay momentos en que resulta imprescindible hacer un alto en el camino, para resituarnos, buscar rumbo, tomar perspectiva y recargar nuestras fuerzas. Es muy importante conocernos a fondo para detectar los momentos en que debemos hacer un alto y afilar el hacha de nuestras vidas.

¿Cuántas veces nos enredamos en la ansiedad de llegar al fin, sin plantearnos objetivos, metas ni medios claros? La embriaguez del éxito en la tarea hace que no tengamos tiempo de reflexión, en medio de la acción. ¿Cuánta gente fracasa por no hacer un alto en el camino para analizar y mejorar sus puntos flacos? Tal vez los que triunfan no son los que carecen de defectos, sino más bien los que se animan a reconocerlos para poder trabajarlos.

El detenerse, el paso a paso, el plan o la hoja de ruta no es una pérdida, es más bien tiempo ganado para la concreción real y acabada de nuestros sueños y proyectos. Tal vez estamos tan ocupados en querer llegar a destino, que nos olvidamos de mirar y disfrutar del paisaje.

Para compartir en grupo

1) ¿Cuál es el hacha de tu vida que no estás afilando?

2) ¿Qué tiempo de reflexión dedico a pensar en mis sueños y proyectos?

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Enumerarlas.

4) ¿El análisis durante ese tiempo está dirigido: hacia mí, los demás, la tarea concreta? 5) ¿Qué caminos alternativos se nos ocurren? Tomar ejemplos concretos y, según ellos,

reflexionar las preguntas.

VALORES EN JUEGO

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LA FLOR MÁS BELLA

S

e cuenta que allá por el año 250 a. C., en la China antigua, el príncipe de la región norte del país estaba a punto de ser coronado emperador, pero de acuerdo con la tradición, antes, debía casarse. Sabiendo esto, él decidió hacer un concurso entre las doncellas de la corte para elegir quién sería digna de su trono.

Una anciana, que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe. Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo, le preguntó:

–¿Hija mía, qué vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura.

–No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar, por algunos momentos, cerca del príncipe. ¡Eso, me hará feliz! –respondió la hija.

La noche siguiente, la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas de la corte, ataviadas con las ropas más finas y las joyas más bellas.

Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío:

–Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella, dentro de seis meses, será escogida para ser mi esposa y futura emperatriz de China.

El tiempo fue pasando y la dulce joven cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla. Pasaron tres meses y la flor no germinaba. Mientras tanto, todas las demás jóvenes del reino no paraban de hablar y mostrar las hermosas plantas y flores que habían crecido en sus macetas. La joven intentó todos los métodos que conocía, pero nada había nacido. Día tras día, veía más lejos su sueño, pero su amor era tan profundo, que siguió regando la flor hasta el último día.

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Consciente de su esfuerzo y dedicación, la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio, en la fecha y hora acordadas, aunque solo fuera para estar cerca del príncipe por unos momentos.

De pie, con la cabeza baja y muy avergonzada, con su maceta vacía entre sus manos temblorosas, observaba cómo todas las otras pretendientas traían una flor, una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores. Todas las doncellas hablaban de sus plantas y al ver a la muchacha, con su cuenco vacío, estallaron en risas y burlas. En ese momento, el alboroto fue interrumpido por la entrada del príncipe. Todos hicieron su respectiva reverencia mientras él comenzó a pasearse, observando a cada una de las jóvenes con mucho cuidado y prestando mucha atención a todas las plantas.

Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe anunció ceremoniosamente: –¡Aquella bella joven, con su vasija vacía, será mi futura esposa!

Atónitos, todos esperaban la explicación de aquella acción. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada.

Entonces, con calma, el príncipe explicó:

–Ella fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran infértiles. Todas trataron de engañarme plantando otras plantas; pero ella tuvo el valor de presentarse y mostrar su maceta vacía, siendo sincera, leal y valiente, cualidades que debe tener la emperatriz de mi reino.

Autor desconocido

Para la reflexión personal

Los valores de la joven son recurrentes en todas sus acciones porque creo que le son tan propios, están tan incorporados a su ser, que no puede despojarse de ellos en cada toma de decisiones. Cualidades inherentes que, como un largo brazo, tocan e iluminan todas nuestras acciones y decisiones, llenas de virtud.

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en el cuidado de su semilla y la valentía en mostrar lo obtenido, hicieron lo que finalmente la conducirían a su amor. Son todas acciones y virtudes que en los tiempos que corren parecen fuera de juego.

Vivimos en tiempos de hipocresía, donde lo importante parece ser el aparentar, mostrar los logros y resultados, quedar bien frente a los demás a cualquier precio. La «viveza» se ha convertido en un pseudovalor, encubriendo la mentira, el engaño, la falta de honestidad. Hemos confundido el significado de la palabra éxito. Si hemos terminado el día sin traicionar nuestras creencias y sentimientos; sin dejar de ser quien somos, para quedar bien u obtener resultados; sin claudicar nuestros valores; en definitiva, siendo leales a nosotros mismos, ese ha sido un día de éxito. Si para vencer estuviera en juego tu honestidad, pierde, y serás siempre un ganador.

Para compartir en grupo

1) ¿Qué virtudes reconocemos en la joven? ¿Y en cada uno de nosotros?

2) Enumera tres situaciones, cercanas a tu vida, en que hayas notado que la gente actuó como las jóvenes deshonestas. ¿Cuáles fueron las consecuencias?

3) Enumera tres situaciones, cercanas a tu vida, en que hayas notado que la gente actuó como la joven honesta. ¿Cuáles fueron las consecuencias?

4) ¿Tiene sentido en la vida ser siempre honestos? ¿Qué diferencia hay entre mentir y no decir toda la verdad?

5) La honestidad, para ser un auténtico valor, ¿de qué otros valores tendría que ir acompañada?

VALORES EN JUEGO

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7

EL LIBRO DEL TESORO

E

n un pequeño poblado de Persia, durante el reinado del gran Sha, Selchuk, vivía una viuda con su único hijo, Uruk. Eran muy pobres.

Un día, cuando Uruk cumplió dieciocho años, la madre, intuyendo quizá la proximidad de su muerte, llamó a su hijo y le aconsejó:

–Nos ha costado mucho vivir, porque somos pobres; pero te confío una gran riqueza: este libro. ¡Me lo dio mi padre que, a su vez, lo heredó de sus antepasados! ¡Contiene las instrucciones precisas para llegar hasta un gran tesoro! Yo no he tenido tiempo ni fuerzas para leerlo, apenas, en mis ratos libres, pude enseñarte a leer. ¡Sigue sus instrucciones y serás muy rico!

Al poco tiempo, la viuda murió. Superado el dolor por la muerte de su madre, Uruk comenzó a leer aquel voluminoso libro antiguo y tan valioso.

El libro se iniciaba con una curiosa advertencia: «Si quieres llegar al tesoro, lee este libro página a página. Si vas inmediatamente a la última página, el libro se desvanecerá, como por arte de magia, y nunca lograrás nada». A continuación se describían las riquezas acumuladas en un país lejano, y bien custodiadas, en una caverna.

Pasadas las primeras páginas, el texto se interrumpía y continuaba en árabe. Uruk, no queriendo correr el riesgo de que si lo daba a traducir, alguien se enterara de la existencia del tesoro y se lo arrebatara, se puso a estudiar árabe, hasta que estuvo en condiciones de leerlo perfectamente.

Al cabo de unos cuantos capítulos más, el libro seguía en chino y, no mucho después, en otras lenguas, que el joven aprendió con tesón y paciencia. Simultáneamente, para poder vivir, aprovechaba sus conocimientos de aquellas lenguas y empezó a ser conocido en la capital del reino como uno de los mejores intérpretes. De esa forma, su vida se hizo menos precaria.

Después de páginas y páginas en diferentes lenguas, el libro daba instrucciones de cómo administrar el tesoro cuando lo consiguiera. Así, Uruk estudió economía, contabilidad, e

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incluso aprendió a distinguir metales nobles y piedras preciosas. Se instruyó en la habilidad de hacer negocios, la compraventa de bienes muebles e inmuebles. El libro lo fue guiando hasta transformarlo en un eximio administrador. Su fama de políglota experto en economía llegó hasta la corte del Sha, quien dio la orden de que lo incluyeran entre sus consejeros.

Uruk, siempre con la idea de no divulgar su secreto, estudiaba más y más, siguiendo paso a paso las instrucciones del libro. Se ilustró sobre los secretos de la física, de la arquitectura y el urbanismo. Simultáneamente, fue aprendiendo –gracias al libro– las condiciones humanas de un buen gobernante y administrador: la humildad, la justicia, la búsqueda del bien común; especialmente, la obligación de atender a los más desamparados del reino.

Su fama de sabio fue creciendo proporcionalmente a la lectura del libro. El Sha, apreciando su valía y la amplitud de su cultura, pero sobre todo, su actitud recta y su corazón generoso, lo nombró primer ministro de su corte.

Precisamente, el día que se casaba con la hija del soberano persa, Uruk llegó a la última página del libro. Con cierto nerviosismo, tomó el borde de la última página: ¡por fin iba a conocer la revelación definitiva!, ¡iba a descubrir el secreto guardado durante tantos años!

Volvió lentamente la hoja y… ¡Estalló en una gran carcajada de alegría y gratitud! La última página era una lámina de metal, perfectamente pulida, que hacía de espejo: Uruk vio su rostro, con rasgos de hombre maduro, consciente y sabio, destinado a hacer un gran bien a su pueblo. ¡Todo ello, gracias al libro que le había dado su madre!

Autor desconocido5

Para la reflexión personal

El reflejo de lo que somos, en el momento justo, hace que descubramos la grandeza del tesoro. Pararnos frente a nosotros, sin vanidad, nos permite crecer en sabiduría, conocimiento y virtud. Hace que nos miremos sin regodearnos de lo que vemos, para no perder la perspectiva del otro y de todo lo que nos enriquece. Tal vez por eso el libro, al descubrir la última página, se desvanecía porque no era el momento de mirar.

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El tesoro por desvelar fue mutando en la medida en que él se fue recreando. Carcajadas de alegría y gratitud llegaron al corazón al descubrir el verdadero tesoro: el dilema y la construcción del conocimiento de uno mismo, el camino de la autorrealización y el desarrollo del propio proyecto de vida, único y original. En la vida no podemos elegir las cosas que nos pasan; pero sí podemos elegir qué hacemos con las cosas que nos pasan. Dios tiene un sueño de amor para cada uno de nosotros, preparado desde toda la eternidad. Nuestra tarea en la vida es apropiarnos de ese sueño y llevar adelante la vocación para la que fuimos creados. No hay sacrificio ni esfuerzo que se compare con la dicha de hacer lo que nos gusta y plenifica; es decir, concretar aquello a lo que fuimos llamados como seres humanos, junto a los demás y procurando siempre el bien común, realizando nuestro proyecto de vida.

Para compartir en grupo

1) ¿Qué cosas consideramos esenciales en la vida para alcanzar la felicidad? Es decir, ¿qué cuestiones consideramos centrales en la constitución de nuestro propio tesoro?

2) ¿Qué tesoro para nuestra vida nos hubiera gustado encontrar en la última página? 3) ¿Qué actitudes y valores nos parecen esenciales para alcanzar el tesoro buscado? 4) ¿Qué alternativas hubieras pensado y concretado para llegar a ese tesoro?

5) ¿A quién/es tenemos que agradecer por pensar en estas cuestiones? Hagamos una lista, animémonos y digámoselo.

VALORES EN JUEGO

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8

PARÁBOLA DEL CABALLO

U

n campesino poseía algunos caballos que utilizaba en los trabajos de su pequeña hacienda. Un día, su capataz le trajo la noticia de que uno de los animales había caído en un viejo pozo abandonado.

El campesino fue rápidamente hasta el lugar del accidente y evaluó la situación, asegurándose de que el caballo no se hubiera lastimado. El pozo era profundo y sería extremadamente difícil, por no decir imposible, sacar de allí al animal. Las dificultades, el tiempo y el precio en salarios necesarios para rescatarlo del pozo le hicieron pensar que no valía la pena intentarlo, por lo que decidió sacrificar al caballo. Ordenó entonces a sus peones que lanzaran tierra dentro del pozo hasta cubrir al animal.

Pero, cuando comenzaron la tarea, los peones se dieron cuenta de que, a medida que la tierra caía sobre el lomo del caballo, este se sacudía y la tierra se iba acumulando en el fondo del pozo. De esta manera, el animal iba ascendiendo lentamente. Entonces, los peones siguieron paleando tierra, hasta que el caballo consiguió salir, por sus propios medios…

Autor desconocido

Para la reflexión personal

Esta historia nos muestra cómo siempre hay gente, aun bien intencionada, que no cree en nuestras capacidades o no llega a vislumbrar nuestras posibilidades reales de cambio. De modo que si estamos «allá abajo», sintiéndonos poco valorados y vemos cómo los demás lanzan sobre nosotros paladas de incomprensión y falta de apoyo, ¡no aceptemos

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esa tierra! Sacudámosla y subamos sobre ella. Cuanto más nos tiren, más iremos subiendo, hasta ocupar el lugar que nos merecemos. Cuando uno cambia, los demás cambian.

Hay momentos en la vida en que debemos confiar más en nuestras intuiciones y en nuestras propias fuerzas para salir adelante, no desesperándonos por no encontrar la salida. A veces, el camino hacia la salida se encuentra más cerca de lo que imaginamos y la ayuda nos viene de donde menos la esperamos. Así, esfuerzos mancomunados, solidarios y eficaces pueden cambiar la historia y creo que en más de un personaje.

Lo esencial es procurar una actitud de confianza en nuestras posibilidades, sabiendo que Dios nunca nos abandona. Muchas veces las cosas son más difíciles de pensar que de pasar. A cada día le basta su aflicción. Por ello, es importante preocuparse por lo que está hoy a nuestro alcance. El pasado ya no nos pertenece, el futuro es incierto e inmanejable. Lo único que está a nuestro alcance es el presente; sobre él tenemos que poner nuestra dedicación y empeño de mejora.

Para compartir en grupo

1) ¿Tenemos derecho para decidir sobre la vida o la muerte de otro ser, sobre sus posibilidades, sus sueños y proyectos?

2) ¿La agonía y el sufrimiento de los demás tienen sentido?

3) En la toma de decisiones frente a una dificultad: ¿cuándo actuamos como campesino?, ¿como peón?, ¿como caballo?, ¿como pozo?, ¿como tierra? Caracterizar el actuar de cada elemento.

4) ¿En qué casos nos sentimos más cómodos?

5) ¿En cuál de esos roles te gustaría ubicarte con más frecuencia?

VALORES EN JUEGO

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9

EL REFLEJO DE LA VIDA

H

abía una vez un anciano que pasaba los días sentado junto al pozo, en la entrada del pueblo. Un día, un joven se le acercó y le preguntó:

–Yo nunca he venido por estos lugares… ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad? El anciano le respondió con otra pregunta:

–¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de la que vienes?

–Egoístas y malvados, por eso me he sentido contento de haber salido de allá.

–¡Así son los habitantes de esta ciudad! –le respondió el anciano. Y el joven, decidió seguir su camino.

Un poco después, otro joven se acercó al anciano y le hizo la misma pregunta: –Voy caminando hacia este lugar. ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad?

El anciano, de nuevo, le contestó con la misma pregunta: –¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde provienes?

–Eran buenos, generosos, hospitalarios, honestos y trabajadores –replicó el joven–. Tenía tantos amigos que me ha costado mucho separarme de ellos.

–¡También los habitantes de esta ciudad son así! –respondió el anciano. Entonces, el joven decidió quedarse un tiempo en el pueblo.

Un pastor, que había llevado a sus animales a tomar agua al pozo, y que había escuchado la conversación, en cuanto el joven se alejó, le dijo al anciano:

–¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta hecha por dos personas?

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amigos en su ciudad, encontrará también aquí amigos leales y fieles. Porque las personas son lo que encuentran en sí mismas. ¡Encuentran siempre lo que esperan encontrar!

Autor desconocido

Para la reflexión personal

Generalmente, en la vida uno va recogiendo lo que siembra. Las relaciones sociales, los compañeros laborales, los amigos, la gente con la que uno se rodea, son un reflejo de nuestra propia forma de ser y encarar la vida. Las personas encontramos lo que anhelamos encontrar. Solemos proyectar nuestros gustos, nuestros deseos, nuestras propias expectativas en los demás.

Mostramos lo que encontramos en nosotros y descubrimos lo que podemos encontrar. Bucear en cada uno es difícil porque esta búsqueda puede ser ardua, no se agota nunca. Al mismo tiempo, aceptar que los demás también están en búsqueda, a veces en circunstancias y tiempos diferentes a los nuestros, implica tomar los riesgos de caminos diferentes, no por ello, peores o mejores que los nuestros y que, en algún recodo, pueden volver a encontrarse.

Tal vez sea tiempo de decisión y esfuerzo y ese universo, que cada uno lleva en el corazón, nos conducirá a encontrarnos con rincones inéditos de nosotros mismos, pero que, a su vez, serán nuevas puertas para encontrarnos con los demás.

Para compartir en grupo

1) ¿Con cuáles de los personajes nos identificamos más? ¿Por qué? 2) ¿Estás de acuerdo con la última respuesta? ¿Por qué?

3) ¿Qué condiciones son necesarias para que los demás valoren y crean en nuestros cambios?

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4) ¿Qué distinción podemos hacer entre un juicio y un prejuicio?

5) ¿Qué actitudes nuestras, positivas y negativas, se repiten en las observaciones que nos hace la gente que nos rodea y nos quiere? Analizándolas con detenimiento, ¿cuáles tendría que modificar y por qué?

VALORES EN JUEGO

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LA ANCIANA DEL MOLINO AMARILLO

E

l sol se despedía del Imperio Tré. El vasallo caminaba junto a la anciana del molino amarillo. Iban conversando sobre la vida.

–¿Qué cosa es lo que más te gusta de la vida, anciana?

La viejecilla del molino amarillo se entretenía en lanzar los ojos hacia el ocaso. –Los atardeceres –respondió.

El vasallo preguntó, confundido:

–¿No te gustan más los amaneceres? Mira que no he visto cosa más hermosa que el nacimiento del sol allá, detrás de las verdes colinas de Tré.

Y reafirmándose, exclamó:

–¿Sabes? Yo prefiero los amaneceres.

La anciana dejó sobre el piso la canastilla de espigas que sus arrugadas manos llevaban. Dirigiéndose hacia el vasallo, con tono de voz dulce y conciliador, dijo:

–Los amaneceres son bellos, sí. Pero las puestas de sol me dicen más. Son momentos en los que me gusta reflexionar y pensar mucho. Son momentos que me dicen cosas de mí misma.

–¿Cosas? ¿De ti misma…? –inquirió el vasallo. No sabía a qué se refería la viejecilla con aquella frase.

Antes de cerrar la puerta del molino amarillo, la anciana añadió: –¡Claro! ¡La vida es como un amanecer para los jóvenes como tú! Para los ancianos, como yo, es un bello atardecer. Lo que al inicio es precioso, al final llega a ser plenamente hermoso. ¡Por eso, prefiero los atardeceres…! ¡Mira!

La anciana apuntó con su mano hacia el horizonte. El sol se ocultó y un cálido color rosado se extendió por todo el cielo del Imperio Tré.

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El vasallo guardó silencio. ¡Quedó absorto ante tanta belleza…!

Autor desconocido

Para la reflexión personal

Los momentos y las situaciones personales son únicos e irrepetibles. El disfrutar del valor y de la belleza de cada uno de esos momentos, constituyen la sabiduría y el arte del buen vivir. El respeto y la aceptación serena del ciclo de la vida, sin tratar de retener ni quemar etapas, hace que vivamos con plenitud y felicidad cada etapa que nos regala la vida. Desconocemos cuándo partiremos de esta vida, pero si queremos vivir en plenitud, es preciso que podamos apropiarnos de cada momento, con la intensidad necesaria para disfrutarlo como si fuera el último. Tendríamos que estar siempre al día con todo y con todos; sin guardarnos rencores, arrepentimientos ni cuestiones sin resolver; estando siempre listos para partir.

Poder descubrir finalmente nuestro horizonte, contemplar la belleza que deja el color de lo vivido, hace que no nos alejemos de lo que nos pasa hoy. A veces, guardar silencio y quedar absortos hace que escuchemos y aprendamos de quienes saborearon muchos amaneceres y atardeceres.

La vida es un instante que pasa y no vuelve. Comienza con un fresco amanecer; y como un atardecer sereno se nos va. De nosotros depende que el sol de nuestra vida, cuando se despida del cielo llamado «historia», adorne con hermosos colores su despedida. Colores que sean los recuerdos bonitos que guarden de nosotros las personas que vivieron a nuestro lado.

Para compartir en grupo

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3) Si fuéramos el vasallo (en el final del cuento), ¿qué le responderíamos a la anciana del molino amarillo? ¿Qué actitud tomaríamos? ¿Por qué?

4) ¿Es posible aprovechar la experiencia de otros? ¿Cómo?

5) ¿Qué nos gustaría que hicieran las personas que nos aman, después de nuestra partida de esta vida? ¿Cómo nos gustaría que siguieran viviendo?

VALORES EN JUEGO

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CUENTOS PARA SER HUMANO

CON LOS DEMÁS

1. Un ciego con luz 2. La pared desnuda 3. El triple filtro

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5. Las tres pipas

6. Asamblea en la carpintería 7. Sigue tocando

8. El vuelo de los gansos 9. Lecciones de vida 10. La alegría de dar

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1

UN CIEGO CON LUZ

G

uno era ciego de nacimiento. Había nacido en la antigua Fez, en el Reino de Marruecos, hace cientos de años.

Guno conocía palmo a palmo las calles de su ciudad: cada esquina, cada rincón, cada escalón, cada hueco en el empedrado eran reconocidos por su largo bastón de ciego y transitaba con seguridad entre los vericuetos de las callejuelas estrechas e intrincadas. Era reconocido por su gran bondad y sabiduría. Todos lo querían y recurrían a él en busca de consejos. Lo único que llamaba poderosamente la atención a sus vecinos era el hecho de que acostumbraba a transitar, hasta altas horas de la noche, con una lámpara de aceite encendida en su mano izquierda. Nadie se atrevía, para no incomodarlo, a preguntarle el motivo de tal actitud.

La ciudad se tornaba muy, muy oscura en noches sin luna, como aquella… Finalmente, un amigo se acercó hasta Guno y le preguntó con curiosidad: –¿Qué haces, Guno, con una lámpara en la mano, si tú no ves…?

–Es que yo no llevo la lámpara para ver mi camino, pues conozco la oscuridad de estas calles de memoria; llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí…

Autor desconocido

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Solo podremos mostrar el camino a otros, si con humildad reconocemos que nuestro camino estuvo lleno de imperfecciones, desvíos y pérdidas de rumbo. Podemos indicar, mostrar, sugerir, pero nunca obligar al otro a seguir nuestro camino. Cada uno tiene su camino en la vida, único e irrepetible.

A veces, podremos caminar juntos; otras, nuestros caminos se separarán hasta que la vida los vuelva a encontrar; a otros, no los veremos nunca más. En fin, encuentros, desencuentros, caminar a ciegas, caminar guiados por otros, caminar, seguir en camino. Reconocer la propia oscuridad y apropiarse de ella para transformarla en sabiduría. Reconocer la propia luz y donarla a los que quieran tomarla.

Nuestros caminos están llenos de estos esfuerzos, todos para nuestro bien y el de los demás. Estrategias que llevan a enriquecernos y conocernos mejor a través del encuentro con otros; experiencias primordiales en nuestra condición de peregrinos.

Para compartir en grupo

1) ¿En qué situación especial de nuestra vida nos sentimos como Guno?

2) ¿En qué situación de nuestra vida nos sentimos guiados por otro, de quien no esperábamos ayuda, como el caso del ciego Guno?

3) ¿Cuáles son nuestras virtudes que ofician de lámparas para los demás? 4) ¿Qué nos sugiere la frase: «Lo esencial es invisible a los ojos»?

5) Enumerar una lista de situaciones donde es posible «estar ciegos, a pesar de ver». Realizar un mural en común.

VALORES EN JUEGO

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2

LA PARED DESNUDA

E

sta es una historia que sucedió en un hospital. Dos hombres, ambos enfermos de gravedad, compartían el mismo cuarto.

A Arturo se le permitía sentarse durante una hora en la tarde, para drenar el líquido de sus pulmones. Su cama estaba al lado de la única ventana de la habitación. Siempre estaba de buen humor y agradecía a Dios por la vida que poseía.

Anselmo, en cambio, era envidioso y de corazón enroscado, con actitud constante de amargado. Por su enfermedad, tenía que permanecer todo el tiempo boca arriba.

Los dos charlaban durante horas. Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, dónde habían estado de vacaciones… Y cada tarde, cuando Arturo podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana:

–Anselmo, ¡hay unos chicos jugando a la pelota…! ¡Hoy vino una pareja de enamorados…! ¡La plaza está llena de palomas que se divierten con los niños…!

Y así, Arturo iba poblando las tardes de Anselmo con los detalles de todo lo que sucedía en el mundo exterior; trayendo, con sus relatos, los colores y perfumes de la plaza.

Anselmo, si bien disfrutaba los relatos de Arturo, en el fondo de su corazón, se sentía un desdichado. Estaba enojado con Dios, porque a él siempre le tocaba la peor parte. Envidiaba a Arturo por todo lo que podía ver y disfrutar desde la ventana.

Pasaron días y semanas. Una mañana, la enfermera, al entrar para el aseo matutino, se encontró con el cuerpo sin vida de Arturo. Había muerto tranquilamente, mientras dormía. Se fue en paz, sin molestar, como había vivido. Con mucha tristeza, avisó para que trasladaran el cuerpo.

Inmediatamente, Anselmo exigió que lo trasladaran cerca de la única ventana. Tanto insistió que las enfermeras acordaron pasarlo a la mañana siguiente. Esa noche, no pudo dormir por los nervios.

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Al otro día, unos enfermeros lo cambiaron a la cama de la ventana y lo dejaron solo. Lentamente y con dificultad, como quien toma posesión de algo, Anselmo se irguió sobre el codo. ¡Al fin le daban lo que merecía! Se esforzó para girarse y despacio mirar por la ventana al lado de la cama…

¡Con sorpresa, con horror, con estupor descubrió que, delante de él, a un par de metros de distancia, había una pared triste, gris y fría!

Autor desconocido

Para la reflexión personal

Nadie de nosotros puede anticipar lo que nos deparará el futuro ni qué será de nuestras vidas. Lo cierto es que una actitud positiva, generosa, optimista y confiada puede hacer la diferencia entre una vida amargada o no.

Una personalidad optimista se forja, en primer lugar, de una actitud: la de decidir cómo afronta nuestro espíritu las cosas que nos suceden y rodean. Quien se deja afectar por las cosas malas, elige sufrir. Quien decide que su paz es mayor que las cosas externas, entonces se acerca más a la alegría. El optimismo es el valor que nos ayuda a enfrentarnos a las dificultades con buen ánimo y perseverancia, confiando siempre en la providencia de Dios y en su ternura paternal.

Sensaciones inherentes a las personas que tienen la capacidad y el don de hacer felices, transformando un poquito la realidad que les toca vivir, el día a día, con el simple y difícil fin de la alegría. Regocijo de llevar un mundo distinto para complacer y alivianar la cruz ajena. Sencillamente, donación de interioridades para el bien del otro… de algunos otros… de muchos otros…

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2) ¿Cómo hacer concretamente para cambiar lo que no nos gusta?

3) Anselmo y Arturo se encontraban prácticamente en una situación similar, ¿qué los diferenciaba?

4) ¿Qué sentimientos habrá tenido Anselmo al mirar por la ventana y descubrir la pared?

5) ¿En nuestras vidas y en la sociedad actual es posible el optimismo? ¿En qué condiciones?

VALORES EN JUEGO

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3

EL TRIPLE FILTRO

E

n la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por su sabiduría y por el gran respeto que profesaba a todos. Un día, un conocido se encontró con el gran filósofo y le dijo:

–¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?

–Espera un minuto –replicó Sócrates–. Antes de decirme nada, quisiera que pasaras un pequeño examen. Yo lo llamo el examen del triple filtro.

–¿¡Triple filtro!?

–Correcto –continuó Sócrates–. Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir. Es por eso que lo llamo el examen del triple filtro. El primer filtro es la verdad: ¿estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?

–No –dijo el hombre–, realmente solo escuché sobre eso y…

–Bien –interrumpió Sócrates–. Entonces, realmente: ¿no sabes si es cierto o no? Ahora, permíteme aplicar el segundo filtro: el de la bondad: ¿es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?

– No, por el contrario…

–Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto… Pero, podría querer escucharlo porque queda un filtro, el filtro de la utilidad: ¿me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?

– No, la verdad es que no.

–Bien –concluyó Sócrates–, si lo que deseas decirme no es cierto ni bueno e incluso no es útil, ¿para qué querría saberlo?

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Para la reflexión personal

Muchas veces, en la vida recibimos o hacemos comentarios sobre los demás. Nos movemos en función de trascendidos, chismes o simplemente por suposiciones, sin confirmar nuestras sospechas o la veracidad de nuestras fuentes. ¡Cuánto mal se hace y transmite por dejarnos llevar por prejuicios!

Si queremos ser consideradas personas íntegras, de una sola pieza, es necesario que aprendamos a utilizar este triple filtro cada vez que recibamos y hagamos comentarios sobre alguno de nuestros amigos cercanos y queridos, sobre nuestros vecinos, sobre nuestros compañeros de trabajo o estudio; en resumidas cuentas, sobre los demás. La sinceridad, en sí misma, no es un valor absoluto, si no está acompañada por la caridad y la búsqueda del bien común. El compromiso con la verdad abre el camino al perdón y a la reconciliación.

Pensar y usar el triple filtro cada vez que voy a hablar de algo o alguien podría ser un propósito muy valioso para mi desarrollo interpersonal. Ante los comentarios que podemos recibir o hacer, tenemos el deber de verificar si realmente son ciertos; esto nos ayudará a acercarnos a la verdad de las cosas, sin embarullarlas de torpeza. Tenemos que comprobar si son útiles, para no perder el tiempo en pensar tonterías y así, recurrir a aquello que nos ennoblece y engrandece. Tenemos que estar seguros de que sea bueno transmitirlos, es decir, que aporten a la mejora y el crecimiento de los otros; porque la bondad es uno de los regalos más maravillosos que hacemos y nos hacemos para ser cada día más humanos.

Para compartir en grupo

1) ¿Cuándo concretamente usaste el triple filtro? ¿Cuándo no? 2) ¿En qué orden lo pondrías y por qué?

3) Enumera cinco situaciones, cercanas a tu ámbito, en que por no utilizar el triple filtro, se haya dañado o difamado a alguien en particular.

4) ¿Qué diferencia existe entre un prejuicio y un juicio? ¿Entre la crítica y la crítica constructiva?

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5) ¿Qué actitudes tendríamos que tomar para que no nos afecten los comentarios y chismes de los demás?

VALORES EN JUEGO

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4

EN EL FRENTE DE BATALLA

E

n una de las numerosas trincheras cavadas durante la Primera Guerra Mundial, ubicada en la frontera caliente entre Francia y Alemania, un soldado expresó a su teniente:

–¡Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor! ¡Solicito permiso para ir a buscarlo, señor!

–¡Permiso denegado! –replicó el oficial–. ¡No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente haya muerto!

El soldado, haciendo caso omiso de la prohibición, salió y una hora más tarde regresó gravemente herido, transportando el cadáver de su amigo.

El oficial estaba furioso:

–¡Ya le dije yo que había muerto! Dígame: ¿merecía la pena ir allá y poner en juego su vida para traer un cadáver?

Y el soldado, jadeando, a punto de desmayarse, con lágrimas en los ojos, respondió: –¡Claro que sí, señor! Cuando lo encontré, todavía estaba vivo y pudo susurrarme al oído: «¡Estaba seguro de que vendrías!».

Autor desconocido

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Pocas cosas hay tan valiosas en la vida como la gracia de contar con un puñado pequeño de amigos fieles e incondicionales. Los verdaderos amigos están siempre, a pesar de nuestros defectos, nuestro carácter, nuestras historias, nuestras idas y vueltas. La amistad exige entrega generosa, sinceridad, paciencia y lealtad. Los auténticos amigos se quedan a nuestro lado cuando los demás se han marchado.

Dentro del círculo amplio de nuestras relaciones, nosotros elegimos personalmente a nuestros amigos; en realidad, la elección es mutua. A partir de ese momento, decidimos construir una historia en común, que se irá cimentando recíprocamente. Sentirse a gusto con una persona, conversar y compartir sentimientos es el principio; con el correr del tiempo, la amistad va desarrollándose en profundidad y extensión, mediante el trato, el conocimiento y afecto mutuos. Los amigos llegan a conocerse tan profundamente, que con solo mirarse, intuyen sus necesidades, pensamientos y sentimientos.

La verdadera amistad siempre procura el bien del otro; incluso, cuando sea necesario marcarle sus errores o desaciertos, a partir de la corrección mutua; procurando en todo momento hacer crecer al otro, en sus proyectos de mejora y en la permanente búsqueda del bien común. Decididamente, la amistad constituye un valor tan propiamente humano, que nunca deberíamos dejar de construirla y sostenerla.

Para compartir en grupo

1) ¿Qué significa la auténtica amistad? ¿Qué valores y elementos la constituyen? 2) ¿Qué cosas atentan contra la amistad?

3) ¿Por quiénes actuarías como el soldado?

4) ¿Qué es lo que internamente actúa en nosotros, como el teniente, impidiéndonos jugarnosla por quienes amamos?

5) ¿Hemos necesitado alguna vez ser salvados? ¿De qué cosas?

VALORES EN JUEGO

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5

LAS TRES PIPAS

U

na vez, un miembro de la tribu se presentó furioso ante su jefe para informarle de que estaba decidido a tomar venganza de un enemigo que lo había ofendido gravemente. Le espetó al jefe:

–¡Quiero ir inmediatamente y matarlo sin piedad! El anciano jefe lo escuchó atentamente. Luego, le propuso:

–¡Ve y haz lo que tienes pensado! Pero antes de hacerlo, llena tu pipa con tabaco y fúmala con calma al pie del árbol sagrado del pueblo.

El hombre cargó su pipa y fue a sentarse bajo la copa del gran árbol. Tardó una hora en terminar la pipa. Luego, sacudió las cenizas y decidió volver a hablar con el jefe:

–¡Lo he pensado mejor! ¡Creo que resulta excesivo matar a mi enemigo, pero sí le daré una paliza memorable, para que nunca se olvide de su ofensa!

Nuevamente, el anciano lo escuchó y aprobó su decisión, pero le ordenó que ya que había cambiado de parecer, llenara otra vez la pipa y fuera a fumarla al mismo lugar. El hombre cumplió su encargo y gastó otra hora meditando.

Después, regresó a donde estaba el cacique y le dijo:

–¡Considero desmedido castigar físicamente a mi enemigo, pero iré a echarle en cara su mala acción y le haré pasar vergüenza delante de todos!

Como siempre, fue escuchado con bondad por el anciano, quien volvió a ordenarle que repitiera su meditación como lo había hecho las veces anteriores.

El hombre, medio molesto, pero ya mucho más sereno, se dirigió al árbol centenario y allí sentado fue convirtiendo en humo, su tabaco y su bronca.

Cuando terminó, volvió al jefe y le dijo:

Referencias

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