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Desoille Robert - El Sueño Despierto En Psicoterapia.pdf

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ROBERT DESOILLE

___

EL

SUEÑO DESPIERTO

EN

PSICOTERAPIA

ENSAYO SOBRE LA FUNCIÓN REGULADORA

DEL INCONSCIENTE COLECTIVO

____

Serie

ROBERT DESOILLE TRADUCIDO Libros gratuitos digitales

Colección

TRAS LA SENDA DEL AUTOR TRADUCCIONES OLVIDADAS

EDICIONES

TORRE DE LOS PERDIGONES - SU EMINENCIA SEVILLA

2013

-EDICIÓN NO COMERCIAL-

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EL SUEÑO DESPIERTO

EN

PSICOTERAPIA

ENSAYO SOBRE LA FUNCIÓN REGULADORA

DEL INCONSCIENTE COLECTIVO

Por

ROBERT DESOILLE

<<No es fácil de adquirir unas convicciones, y éstas a las cuales se llega sin dificultad se muestran la mayoría de las veces sin valor y sin resistencia>>.

Sigmund Freud (Introduction à la Psycha-

nalyse, p. 266 [Introducción al psicoanálisis,

Alianza Editorial, p. 277]).

Serie

ROBERT DESOILLE TRADUCIDO Libros gratuitos digitales

Colección

TRAS LA SENDA DEL AUTOR TRADUCCIONES OLVIDADAS

EDICIONES

TORRE DE LOS PERDIGONES - SU EMINENCIA SEVILLA

2013

-EDICIÓN NO COMERCIAL-

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Autor:

Robert Desoille

Título original:

LE RÊVE ÉVEILLÉ EN PSYCHOTHÉRAPIE Essai sur la fonction de régulation de

l’inconsciente collectif

Editorial:

PRESSES UNIVERSITAIRES DE FRANCE

108, Boulevard Saint-Germain, Paris

Copyright

by Presses Universitaires de France 1945.

__

Traducido por: Miguel Álvarez Trigo

Serie

ROBERT DESOILLE TRADUCIDO Libros gratuitos digitales

Colección

TRAS LA SENDA DEL AUTOR TRADUCCIONES OLVIDADAS EDICIONES

Torre de los Perdigones - Su Eminencia SEVILLA

2013

-EDICIÓN NO COMERCIAL-___

[

<<Si… ha llegado a encontrarme

es que tiene el deseo de un perfeccionamiento.>>

-P. 18-19 de la obra-

]

Traducción sin ningún interés de índole económico; en pasos a incorporarla a los comunes bienes culturales del idioma hispánico.

Sevilla 8 de mayo de 2013 _____

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ANEXO Nota del que traduce:

El autor nos indica en la página 1 y 11, y más claramente en la 143, que este libro tiene vinculaciones con su primera obra Exploración de la afectividad subconsciente por el

método del sueño despierto. Como en ella explicó detalladamente el modo de provocar el sueño despierto aquí se limita a hacerlo sucintamente. Si al lector no le queda claro este

específico dato le recomiendo leerlo en dicha primera obra; Desoille da por hecho, implícitamente, en la p. 143, que quien lee su segunda obra conoce la primera.

Ambos libros, traducidos sin ningún interés de carácter económico, podrán localizarse a través de los usuales catálogos digitales gratuitos.

Los sentimientos que me llevan por estos derroteros considero que están bien descritos en la nota introductoria que incorporé en la anterior traducción; por ello, a modo de

asumida enseña, aquí también la muestro, es ésta:

Brevísimo apunte en cuanto a los orígenes de esta traducción.

Ahondar en la sensación de ingravidez, aquella que en sueños o en parecidas situaciones alguna que otra vez la he experimentado, ha sido el motivo principal que me ha llevado a conocer la obra de este original psicoterapeuta; no me ha defraudado, al contrario, me ha abierto insospechadas puertas.

Lo que me sorprende es que su Obra no esté traducida al habla hispana. Deben de haberse reunido circunstancias adversas, históricas o de cualquier otra índole para tan lamentable olvido. Lo único traducido es su obra póstuma, dos libros, El caso María Clotilde, y Lecciones sobre ensueño dirigido en psicoterapia. Estos dos escritos son muy

buenos para un acercamiento a su método y a la personalidad de este investigador. Después de haberlos leído, mi tendencia a desfacer entuertos me ha hecho localizar aquellos no traducidos. He sugerido la publicación a varias editoriales pero ha sido un fallido intento. Así que debatiéndome entre el afán de colmar mi necesidad de leerlos y también el de rebelarme ante esta laguna cultural he decidido, apoyándome en que también tengo un carácter cuidadoso y perseverante, asumir la labor de traer a nuestro común idioma lo publicado por este originalísimo y atípico investigador.

Necesito indicar, ya que a mí me ha conmovido grandemente, que toda la actividad investigadora desarrollada por Desoille la hizo desde la gratuidad; él no cobraba a sus pacientes ni a los terapeutas que llegaban para aprender su técnica; su profesión de ingeniero industrial era la fuente de sus ingresos; aunque se ve claramente que su verdadera pasión estaba en la investigación psicológica y terapéutica.

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Datos técnicos en cuanto a esta traducción

Esta traducción consta de doble paginación, la propia a pie de página (283 páginas-folio) y la intercalada en el texto, entre paréntesis y en negrita (388 págs.), que indica estrictamente donde comienza cada página del libro original en francés; éste corresponde a la 1ª edición francesa editada en París en el año 1945. Se facilita de esta manera la posible labor de contrastación. El índice, al final del libro, tiene en cuenta ambas numeraciones. He realizado una ligera variación en esta versión que considero hace más cómoda la lectura del libro, y es que las notas que hay a pie de página las completo en la misma página en que comienza; en el libro original, según el tamaño de la nota, aparece distribuida por sucesivas páginas.

La obra la he intentado traducir lo más literalmente posible y tratando de respetar su ritmo expositivo mientras no dificulte el entendimiento de su contenido.

Considero que es versión suficientemente fidedigna.

En los párrafos entre corchetes, [ ], -a veces en letra pequeñita- introduzco términos que en el texto original se dan por sobrentendidos y también introduzco anotaciones que considero necesarias en cuanto a la propia traducción.

Los cinco libros publicados en francés por Robert Desoille se encuentran disponibles en la Biblioteca de la Facultad de Psicología de la Universidad de Sevilla, España.

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A la memoria de mi mujer Lucie Desoille

quien fue, en una búsqueda proseguida juntos, mi colaboradora y mi inspiradora incomparable

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(Página, 1) INTRODUCCIÓN

Cuando he publicado Exploración de la afectividad subconsciente por el método del

sueño despierto, me había propuesto simplemente presentar una técnica e indicar las

aplicaciones que se podía hacer con ella pero sin entrar en los detalles.

Pensaba que tenía que interesar especialmente a los médicos y a los psicoanalistas y esto es lo que bien parece haberse producido en el extranjero (1). En cambio, en Francia, mi libro parece haber primero atraído la atención de los filósofos. Por eso, cuando he sido animado por los médicos a hacer yo mismo la aplicación de esta técnica para determinados casos de neurosis, no he dudado en hacerlo pensando que, en nuestro país, el psicoanalista es mucho más un facultativo que ejerce su profesión que un investigador; así pues si se desea serle útil, no basta con indicarle algunos principios generales, es necesario entrar en todos los detalles de la técnica, aplicada ésta al problema que le interesa: la curación de los trastornos psíquicos.

Este es el objetivo de esta obra la cual está dividida en tres partes. La primera pone de manifiesto una condición para la curación que, si dicha condición no puede ser satisfecha por el paciente, el resultado es el fracaso. La segunda es la descripción o informe de una serie de sesiones hechas con cinco sujetos [(el autor recurre usualmente a esta genérica expresión sinónimo de: individuo, persona, paciente)]. La lectura completa de esta segunda parte no es indispensable

para quien no desee iniciarse en los detalles de la técnica del sueño despierto dirigido. Aconsejo pues, para una primera lectura, limitarse a leer, por ejemplo, los informes de algunas de las sesiones de Alice. La tercera parte de este libro, a la lectura de la cual el lector podrá pasar seguidamente, es una

____ (1) El Dr. Guillerey, de Lausana [(Suiza)], en particular, ha elaborado una nueva técnica inspirándose, al principio, en mis primeros trabajos. La guerra me ha impedido seguir sus investigaciones personales; no he podido, lamentándolo mucho, tener en cuenta, en este libro, los resultados que tiene obtenidos y que sé son muy interesantes.

(P. 2) exposición crítica del proceso de la cura y una visión de conjunto sobre los

mecanismos de nuestras representaciones en función de nuestro estado afectivo.

La presentación de los casos que he tenido que tratar me ha llevado a exponer determinados puntos de vistas personales. En efecto, no se puede justificar el empleo de ciertos procedimientos más que en función de la representación que nos hacemos de la psique y de los mecanismos de los fenómenos psicológicos. En una ciencia tan nueva como

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la psicología, tales enfoques no pueden ser más que muy efímeros y sobre todo hay que pedirles que nos sugieran nuevas experiencias y no, ya, que nos entreguen una exacta cuenta de los fenómenos que observamos.

Siendo esto verdad para todas las teorías actuales, el lector comprenderá que tenga pocas preocupaciones a encontrarme en contradicción con algunas corrientes de ideas, por muy extendidas como puedan éstas encontrarse.

De este modo, sin mayor motivo, he tomado de escuelas muy diversas aquellas de sus explicaciones las cuales me parecen que mejor dan cuenta de lo que tengo observado y, para los hechos que parecen haber escapado hasta ahora a la mayoría de los psicólogos, propondré mis puntos de vistas personales sin darles otro valor más que el de hipótesis de

trabajo.

He conservado de la técnica de E. Caslant [(en Exploración de..., da más detalles sobre este autor)] lo

que de esencial valor ella tiene: las sugerencias de la ascensión, o del descenso, de las cuales él ha sido el primero en observar los efectos tan notables.

Me he visto obligado a utilizar expresiones de la terminología de diversos autores. Estos términos son actualmente de un uso lo suficientemente corriente como para que, manteniéndoles su significado habitual, ninguna confusión resulte de ello.

Para la interpretación de los hechos, he adoptado los enfoques teóricos del psicoanálisis, muy especialmente las nociones de inconsciente colectivo y la de arquetipo de C. G. Jung que, en razón de su importancia, las recuerdo aquí al mismo tiempo que la definición del

inconsciente personal (1).

<<El inconsciente personal sería la totalidad de estos procesos psíquicos, en sí mismos susceptibles de entrar en la conciencia, los cuales incluso en ella están a veces introducidos, pero que su incompa-

____ (1) essais de Psychologie analylitique, traducido por Yves Le Lay, Librairie Stock, Paris, 1931, p. 140 y 141

(P. 3) tibilidad con los imperativos sociales les impide la entrada para mantenerlos

artificialmente por debajo del umbral (de la conciencia)...>>

<<Al contrario del inconsciente personal, que es en cierto modo una capa o estrato relativamente superficial por debajo del umbral de la conciencia, el inconsciente colectivo, en las condiciones normales, de ningún modo es susceptible de entrar en la conciencia; no hay técnica analítica que pueda hacer revivir el recuerdo, ya que no está ni rechazado, ni olvidado. Propiamente, este inconsciente no existe, ya que no es otra cosa más que una posibilidad, esta posibilidad que heredamos desde los tiempo más lejanos en ciertas formas de imágenes mnemónicas, o, por hablar desde el punto de vista anatómico, que nos es transmitida en la estructura de nuestro cerebro (1). No hay representaciones innatas, sino posibilidades innatas de representación, que definitivamente delimitan a la más audaz fantasía que pueda tener las categorías de la actividad fantasiosa, por así decirlo, o tipos de ideas a priori, cuya existencia sin embargo es imposible de demostrar sin la experiencia>>.

La experiencia de la que habla C. G. Jung, sólo está descrita de manera fragmentaria por este autor que no indica ninguna técnica especial para rehacerla. La técnica del sueño despierto dirigido ha sido elaborada independientemente de las ideas de C. G. Jung cuyos trabajos no los he conocido sino mucho tiempo después del principio de mis investigaciones. Pero las interpretaciones que da C. G. Jung de las manifestaciones del inconsciente también están confirmadas por mis propias experiencias, así que me resultaba casi imposible no interpretarlas, yo mismo, según las opiniones de este eminente psicólogo.

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En fin empleo el término de sublimación, de una manera más completa al sentido que tiene éste en psicoanálisis, por la noción de adquisición psicológica. El término que traduciría mejor mi pensamiento sería el de hominización [(humanización)] empleado por

Édouard Le Roy [Filósofo y matemático francés (1870-1954)] o el de individuación empleado por C.

G. Jung, pero dichos términos no implican la idea de sublimación tal como la concebía Freud. El lector tendrá a bien acordarse que debe entender la palabra sublimación en el sentido más amplio de sublimación-humanización.

Además he empleado el término Sí-mismo en un sentido más restringido

____ (1) Como se verá en esta obra, estoy tentado de atribuir al inconsciente colectivo una mayor realidad a la que C. G. Jung no recurre.

(P. 4) del que C. G. Jung le atribuye a éste. El Sí-mismo en esta obra, designa un estado

límite: un máximo de humanización, hacia el cual tiende la conciencia.

La técnica empleada aparecerá en la relación detallada de las sesiones de <<sueños despiertos>> realizadas por algunos sujetos bajo mi dirección.

Esta técnica consiste esencialmente en colocar al sujeto en un estado de relajación muscular lo más completamente posible, después en mantenerlo en un estado psíquico que es exactamente el del período de pre-adormecimiento durante el cual el juicio no está aún completamente obnubilado, pero dónde la disociación de la imaginación y del espíritu crítico es tal que, el espíritu crítico no controlando prácticamente ya a aquélla, puede ésta jugar libremente. Se puede entonces penetrar en el inconsciente colectivo por la simple sugerencia de subir o descender. El lector, con conocimiento de los conceptos de C. G. Jung, comprenderá en seguida el significado profundo de esta sugerencia: ella no es más que el empleo o aplicación de, lo que este autor ha llamado, un arquetipo y que él lo define del siguiente modo (1): <<los arquetipos son unos sistemas disponibles, imágenes y emociones a la vez. Son heredados con la estructura cerebral, mucho más, ellos son el aspecto psíquico. Forman, por una parte, el más potente prejuicio instintivo y, por otra, ellos son los auxiliares más eficaces que se pueda imaginar para las adaptaciones instintivas>>.

Partiendo de las ideas de C. G. Jung, podemos mejor comprender que la imagen de la ascensión o la del descenso constituyen un arquetipo extremadamente poderoso. Este autor explica, en efecto, la formación de los arquetipos por la repetición de situaciones típicas como lo son los fenómenos periódicos de la naturaleza. No es la imagen del fenómeno físico que está fijada en el inconsciente por esta repetición, sino las fantasías provocadas por la emoción que acompaña a este fenómeno. Ahora bien, de todos los fenómenos naturales, la sucesión del día a la noche es la más frecuente. La salida y la ascensión del sol ahuyentan los terrores nocturnos, aportan el bienestar físico y moral y nos disponen al optimismo. La caída del día y la aparición de las tinieblas nos disponen a la tristeza y a la depresión. Estos sentimientos están perfectamente expresados en las láminas <<El Día>> y <<El Crepúsculo>> que ilustran la obra Exploración de la afectividad sub-

____ (1) Loc. cité.; p. 85.

(P. 5) consciente por el método del sueño despierto. Comprendemos entonces fácilmente

que la sugerencia <<de subir>>, haciendo actuar una muy potente imagen inconsciente, provoca la aparición de todas las formas de sentimientos y emociones vinculadas a esta

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imagen.

Las visiones del sueño despierto son exactamente lo que Jung ha llamado las <<auto-percepciones simbólicas de la libido (1)>>.

Como tales, El lector quizá esté tentado de considerarlas como manifestaciones de una pura y simple introversión.

Si esta introversión se producía espontánea e involuntariamente, sería ciertamente mórbida. Pero es un acto voluntario y, además, orientado. Los resultados muestran que el sujeto modifica su comportamiento, en la vida normal, en el sentido de una mejora. Eso solo da cuenta y justifica el empleo del procedimiento.

Además, esto no invalida en nada la interpretación psicoanalítica; es el criterio global a llevar en el método el que puede modificarse.

Resulta del valor terapéutico de este procedimiento que he tratado de efectuar en las experiencias descritas en la presente obra.

Haciendo, con C. G. Jung, la distinción entre el inconsciente personal y el inconsciente colectivo, tengo que indicar que sería falso establecer una rígida distinción entre estos dos aspectos del inconsciente. En el transcurso de su evolución afectiva, la energía psíquica (la libido) de un individuo no puede fijarse más que según un número limitado de posibilidades que, por definición, pertenecen al inconsciente colectivo de tal modo que lo que pertenecía ayer al inconsciente colectivo pasa a ser, hoy, del inconsciente personal.

Si se me permite emplear una imagen, el inconsciente personal es un poco como el líquido encerrado en una membrana porosa sumergida, ésta, en otro líquido que representaría al inconsciente colectivo. Los intercambios osmóticos entre los dos líquidos son posibles, pero la existencia de la membrana nos permite distinguirlos. Durante el sueño despierto, la energía psíquica pondrá en juego las fantasías de la libre imaginación y el simbolismo de las imágenes nos informará en seguida sobre

____ (1) C. G. Jung, Métamorphoses et symboles de la libido, Éditions Montaigne, Paris, p. 169.

(P. 6) las diversas tendencias del sujeto. El sueño despierto nos entregará, al principio,

todas las fantasías del inconsciente personal; después, -si no hay fijación neurótica- nos adentraremos poco a poco en el inconsciente colectivo del que podremos explorar las profundidades. Si, por el contrario, el sujeto es neurótico, nos toparemos con un complejo, expresión del modo infantil según en el qué su libido esté fijada, y experimentaremos cierta dificultad a franquear la barrera (la membrana porosa de nuestro ejemplo) para explorar las disposiciones afectivas del sujeto -es decir, su inconsciente colectivo-, permanecidas en estado de simples posibilidades.

Esta dificultad puede esquivarse, como lo veremos, por un procedimiento que recuerda al del psicoanálisis clásico. Pero mientras que en la técnica de la anamnesis [(traída a la memoria)] se limita a seguir las regresiones de la libido, en el sueño despierto, se lleva al sujeto, haciéndolo descender, a retroceder más allá de las actitudes infantiles, a las cuales se le supone fijado, se podría decir que se llega hasta el nivel de la <<mentalidad primitiva>>. Al mismo tiempo, se alcanza el inconsciente colectivo y resulta posible hacer la exploración de éste.

Este procedimiento de la regresión al máximo posible, sin ser indispensable con un sujeto normal, parece acelerar la evolución afectiva que resulta de la exploración del inconsciente colectivo.

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comenzando por el informe detallado de un fracaso.

Le pido considerar que, en la investigación científica, el éxito no hace más que confirmarnos la exactitud de nuestros puntos vistas, pero no nos enseña nada. El fracaso, obligándonos a plantear otras hipótesis, a hacer nuevas tentativas hasta que una experiencia inédita salga bien, es siempre fecundo. Además, ¿no es simple honestidad mostrar, a través de un ejemplo vivido, los límites de aplicación de una técnica o de una teoría?

La experiencia hecha con Alexandre será para mí la ocasión de discutir varias cuestiones importantes y de exponer con mayor claridad los elementos de una teoría extraída de los hechos, teoría de la que veremos luego la confirmación por los casos donde la curación ha sido obtenida.

En la descripción de las experiencias que vaya a leer, continúo el informe de las sesiones con análisis muy concisos; dichos informes no tienen en absoluto la pretensión de agotar el significado de los sím-

(P. 7) bolos encontrados; tienen simplemente por objetivo indicar, en líneas generales, la

naturaleza de los conflictos de los cuales padecen los enfermos. Excepto indicación contraria, estas interpretaciones no han sido dadas a los enfermos por razones que expondré detenidamente en la tercera parte de esta obra.

En fin, debo aún prevenir al lector que la preocupación que me ha guiado en la elección de los ejemplos descritos en este libro, ha sido mucho más dar una idea clara de la técnica propuesta, mostrándole las dificultades encontradas y los medios empleados para provocar el sueño despierto, que demostrarle la eficacia terapéutica. Ésta no puede ser establecida, en la mente del lector, más que por la experiencia que él mismo tendrá al comparar el resultado con el de otros métodos.

Mi experiencia es la de un investigador y no la de un profesional que solamente ejerce. Si se me permite una comparación, he hecho un trabajo análogo al del químico que estudia las propiedades farmacológicas de un nuevo producto, siguiendo los efectos sobre algunos enfermos y que luego lo confía a los médicos.

A título de indicación, añado que, sobre nueve enfermos tratados, o en curso de tratamiento, durante la guerra, cuatro han sido completamente curados, dos muy profundamente mejorados. De esta enumeración naturalmente están excluidos los sujetos venidos a verme a título de médicos o filósofos para iniciarse en la técnica del sueño despierto.

Los filósofos podrán también sorprenderse de que no haya sacado de estas experiencias toda la enseñanza que conllevan ellas desde el punto de vista de la ontología. La filosofía del sueño despierto dirigido queda por hacer. Es un trabajo considerable que me ha parecido prematuro de emprender antes de que este mundo apenas entrevisto como es la psique humana no haya sido ya completamente explorado.

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(P. 9) LIBRO I

EL GUARDIÁN DEL UMBRAL

[(Estos dos títulos es lo único que contiene esta página. -N. del que t.-)]

(P. 10) [Página en blanco]

(P. 11) Capítulo Primero LA EXPERIENCIA

Describo en lo que sigue una experiencia cuyo relato está destinado:

1º A precisar la exposición, ya hecha en otra parte [(en Exploración de la…)], de la técnica que

tengo en perfecto uso. Nada he modificado de esta técnica en la experiencia descrita aquí; 2º Para mostrar cuanto de esta técnica, que debe completar a las corrientemente utilizadas en psicoanálisis, permanece, sin embargo, de limitada aplicación.

El sujeto Alexandre, incluso debo decir el enfermo, es un hombre de treinta y siete años. Ha sido psicoanalizado, una primera vez, durante dos años hasta la muerte de su psicoanalista que sobrevino al cabo de este período; después, una segunda vez, otra vez durante dos años, por el profesor del primer médico, psicoanalista con la ciencia y habilidad a la que nuestro enfermo rinde de buen grado homenaje.

Alexandre me fue enviado por un amigo común. No ocultaré la inquietud que experimenté al enterarme de que después de cuatro años de tratamiento, aun reconociendo que su estado había sido realmente mejorado, no se consideraba como totalmente curado. Su actitud me hizo temer una psicosis en sus principios; le expresé mis dudas en cuanto a la naturaleza exclusivamente psicógena de sus trastornos e hice todas las reservas sobre los resultados que podía esperar de una cura puramente psicológica. Además, le rogué someterse al examen de un amigo médico, lo que prometió de hacer. Después, como parecía apremiado por someterse a una experiencia y ésta no pudiendo en nada serle nociva, comenzamos inmediatamente.

(P. 12) Antes de dar la relación completa de esta primera sesión, debo terminar de

presentar a Alexandre.

Alexandre me dice estar graduado de tres grandes Escuelas y además hablar y escribir cuatro idiomas con fluidez. Tranquilo -al menos en apariencia-, culto, es de un trato agradable.

Según sus declaraciones, Alexandre ha nacido de un padre netamente muy neurótico y de una madre que indudablemente lo es también. Muy pronto, su padre lo atormenta,

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persuadido de que su hijo se masturba, lo que no es. Estas son escenas repetidas constantemente. El padre ata las manos del niño, después le pone una camisa de fuerza. Cuando el niño acaba, para escaparse de esta persecución, por confesar -contrariamente a la verdad- que se masturba, es un interrogatorio sin final para conocer las circunstancias de esta falta en los menores detalles. Alexandre llegado a la edad adulta huye de su país y viene a París para terminar sus estudios. Retorna luego al lado de los suyos, ejerce su profesión durante seis años, después, renunciando a su carrera, vuelve a París con el deseo de entregarse a estudios filosóficos. Es entonces cuando es psicoanalizado hasta el momento de la guerra.

Alexandre se queja todavía de una impotencia a todo esfuerzo prolongado, sobre todo en el ámbito de la creación personal. Además especialmente está cansado al despertar.

He pedido a Alexandre redactar la relación de cada una de sus sesiones. Esto por varias razones:

1º Para obligarlo a realizar algo; Alexandre es en efecto un abúlico;

2º Para que reviva los estados afectivos que tiene ya vividos a lo largo de sus sesiones a fin de transformarlos en nuevos hábitos que sustituyan a las antiguas costumbres de carácter negativo;

3º Para detectar los posibles rechazos. Ocurre, en efecto, que un sujeto olvida completamente de informar tal punto importante de su sesión lo que prueba que una determinada actitud afectiva no ha sido asimilada o que tal complejo es aún insuficientemente consciente;

4º Aun tan completas como puedan ser las respuestas de un sujeto a lo largo de una sesión, la idea que uno puede hacerse de sus estados afectivos es insuficiente y es de gran valor compararla con el recuerdo que el propio sujeto guarda de la experiencia.

Pregunto además al sujeto lo que más lo ha afectado o impresionado en el

(P. 13) transcurso de su sesión después de que me haya aportado la relación. Muy a

menudo es totalmente distinto de lo que ha podido a mí afectarme y esta comparación es muy valiosa como lo mostraré más adelante.

No doy otra directriz para la redacción de estas relaciones más que el consejo de hacerlas lo más completas posible. La mayoría de los sujetos describen mis propias intervenciones realizadas durante la sesión. Alexandre, por el contrario, no hizo ninguna mención de mis intervenciones. En cambio, durante la conversación, me la atribuye equivocadamente. Como su memoria es muy fiel hay aquí, indudablemente, la indicación de una transferencia negativa bajo la forma de una hostilidad atenuada, pero en gran parte consciente gracias a la experiencia y a la comprensión que Alexandre tiene del psicoanálisis.

Primera sesión (24 de febrero de 19…)

Después de la preparación que consiste en ayudar al sujeto a ponerse en estado de relajación, sugiero a Alexandre una llave y le pido describírmela.

<<Me imagino una llave. Es corriente, de hierro, un poco oxidada. Es una llave de habitación de apartamento y se tiene ante mí en un espacio semioscuro, que siento estar cerrado. Apercibiéndome del sitio, veo que me encuentro encerrado en una habitación vacía. La llave que veo ante mí se adaptaría a la cerradura de la puerta de esta habitación; una cerradura oxidada y más bien difícil de abrir>>.

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<<Soy esta sala. Sus paredes limitan mi cuerpo. Ella contiene mis angustias, mis preocupaciones y mis misterios. ¿Sería, esta llave, el medio que me permitirá salir adelante? Me pongo a ello pero tengo el presentimiento de que esto será difícil, esta puerta jamás ha sido abierta>>.

Sugiero a Alexandre buscar una escalera.

<<Saldré no obstante de otra manera: una escalera de caracol me permite acceder a la azotea que se encuentra encima del techo. Salgo y dejo tras de mí la cerrada habitación, como el insecto que metamorfoseándose deja tras él su caparazón de larva>>.

Se constata que la sugerencia aceptada de la escalera es un medio simbólico que ayuda al sujeto a liberarse y a rechazar la imagen negativa que tiene de sí mismo.

Habría que recomendar, muy encarecidamente, utilizar la imagen como símbolo para el trabajo de desplazamiento de la energía afectiva

(P. 14) (de la libido) que es la base de la cura psicoanalítica.

<<Un sol resplandeciente baña esta terraza. Un semicírculo de colinas onduladas limita el horizonte y, delante, se extiende el mar brillante donde se refleja, en un centelleo deslumbrante, el sol que me calienta. Una sensación de alegría y de felicidad me invade>>.

No dejo a Alexandre en este paisaje ya que es necesario que el esfuerzo de subir comience; le pido pues franquear rápidamente el espacio en posición horizontal como si volara, buscar un macizo montañoso y escoger la montaña más alta para escalarla.

<<Pronto dejo este paisaje por uno de montaña. Varios macizos se alinean ante mí; su roca negra contrasta con el blanco de la nieve acumulada en los barrancos. Me acerco al más elevado y más escarpado de ellos y comienzo su ascensión>>.

Como tiene dificultad, pregunto a Alexandre de que manera va vestido y lo hago cambiar de vestimenta explicándole que este acto es simbólico para su alejamiento de los objetos de los que la imagen inconsciente lo obsesiona aún [(un desprenderse de lo que va en él, en forma de vestimenta, como rémora)].

<<Voy vestido con la ropa de alpinista y llevo pesados zapatos de clavos que me cansan y que estorban considerablemente mis movimientos. Pero me pongo cómodo: cambio esta ropa por otra más ligera y mis zapatos de clavos los intercambio por alpargatas. La ascensión es difícil. Es necesario para trepar agarrarse a las abruptas asperezas de las rocas. Jadeo y a cada instante quiero abandonar. Pero continúo en un esfuerzo sobrehumano y con la voluntad de olvidar mis fatigas, de no fijar mi atención sobre el esfuerzo de mis músculos, sino sobre el objetivo a alcanzar>>.

<<Llego por fin a la cumbre que me parece como una cima incandescente, aureolada de una luz de un amarillo deslumbrante. Un mar de nubes se extiende a mis pies. Agotado, me tumbo para recuperar mis fuerzas. Poco a poco el ajetreo se alivia en mí; siento volverme más fuerte>>.

<<Abandono ahora este espacio elevado para volver a descender a la planicie>>.

Aquí el sujeto cae (1). Propongo a Alexandre subir de nuevo sugiriéndole la imagen de una pista en espiral.

____ (1) Recuerdo que el retorno brusco a las imágenes de la vida normal corresponde a menudo con una sensación de caída. Es siempre un brusco cambio de estado de conciencia, que obliga a recuperar el esfuerzo que corresponde a la sugerencia de subir para reencontrar el estado de conciencia sublimado. En una primera sesión como esta, la diferencia es apenas perceptible, pero ella indica sin embargo la dificultad que tiene el sujeto a mantener su atención fijada hacia un estado afectivo nuevo.

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(P. 15) <<Rehago este mismo camino sobre una pista en espiral. Al principio me veo

subir; soy más bien espectador que actor. Acciono mis miembros igual que el manipulador de marionetas acciona los de sus muñecos. También la subida me parece fácil, pero inmediatamente que quiero identificarme con el hombre que sube, la imagen se nubla, se enturbia; no llego a vivirla. Avanzo con dificultad>>.

Propongo una cuerda como soporte material destinado a permitir a Alexandre elevarse más arriba.

<<escojo ahora como medio de ascensión la cuerda. Estoy en ropa deportiva. Mis calzón es negro pero lo intercambio inmediatamente por un calzón blanco>>.

Realizado, eso, a mi instancia: el color negro está casi siempre asociado a un grupo de sentimientos por lo menos pesimistas.

<<Poco a poco, subo hasta una elevada plataforma que se encuentra inmersa en una lechosa nube blanca. Allí, me siento lejos de la tierra, dominando el mundo, el espacio abierto ante mí>>.

A menudo es adecuado, para ayudar al sujeto, completar la imagen que tiene pidiéndole que imagine a una persona que él conoce. Propongo a Alexandre imaginar que me acerco

bajando desde lo alto, esto para evitar, en la medida de lo posible, las asociaciones de ideas

desagradables. En el caso particular de esta primera sesión, Alexandre va a realizar inmediatamente una transferencia sobre mí.

<<De repente, veo a Desoille descender del cielo; tiene la apariencia de un arcángel, volando con la cabeza más baja que los pies, su túnica flotando al viento. Se posa al lado mío. No quiero su presencia; experimento malestar, siento un peligro. Me esfuerzo sin embargo por hacer que esta presencia se vuelva amistosa y en eso triunfo, pero, ahí donde tenía anteriormente el sentimiento de estar dominado, tengo por el contrario, ahora, el deseo de dominarlo, y es la condición indispensable para que su presencia no me moleste>>.

<<El plano donde me encuentro comienza a vivir para mí. Veo una tienda suntuosa; es la tienda de un jefe sarraceno, jefe de tribu que se propone ir a llevar más lejos la guerra y su dominación>>.

(P. 16) El hecho de que he tomado el lugar del padre y de que Alexandre haya

transferido hacia mí una parte de su animosidad contra él, trae al sujeto al nivel de su afectividad habitual: ha caído y ve una tienda. Le pregunto dónde se encuentra, él me responde: <<Me imagino con gran placer unos países maravillosos cuando fantaseo solo>>. Le pregunto por lo que allí hace. <<En ellos juego un hermoso papel>> es su respuesta y lo completa con lo que sigue:

<<Aún avanzo por este plano y ahí a ratos me veo [(me siento)] Aquiles, Sócrates y un

profeta de Israel. Muy joven, deseaba la fuerza, la belleza y la valentía de Aquiles. Más tarde, cuando el mundo del espíritu se hubo abierto para mí, ambicionaba la ciencia y la sabiduría de Sócrates y ahora querría ser el profeta que vive en el desierto, que se nutre de raíces y que no comunica más que con Dios. Estos hombres fueron mis sucesivos ideales>>.

Hago observar a Alexandre que el profeta como también Aquiles son para él unos símbolos de dominación, unas <<sobre-compensaciones>> a su sentimiento de inferioridad y que él en su imaginación huye en vez de realizar o fundamentarse. Alexandre lo reconoce y lo invito a recuperar el plano que había alcanzado un momento antes de cuando me ha visto venir desde lo alto. Para eso le propongo imaginar un plano inclinado a lo largo del cual, en montando, se deslizará muy rápido. De paso señalo que jamás empleo esta imagen

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para hacer <<subir>> a un sujeto, cuando se produce una caída brusca de éste como es el caso aquí, pero que es muy eficaz para reencontrar una imagen alcanzada después de una subida difícil.

<<De nuevo, con Desoille sobre la plataforma, veo uno rayo luminoso descender del cielo>>.

Pido a Alexandre dejar que llegue, en la visión que él tiene, una imagen simbólica cualquiera.

<<Este rayo porta un cofre que está reforzado con hierros y clavos. Está ahora ante mí y lo abro sin dificultad con la llave que se encuentra en la cerradura. Está lleno de pedrería. Hundo ahí mis manos, las piedras fluyen entre mis dedos, su esplendor me nubla, pero ningún deseo de posesión de ellas se agrega a mí. Su belleza está en sí; Ellas, toda esta pedrería, son esta maravillosa multiplicidad que debe existir fuera de nosotros y sólo virtualmente en nosotros>>.

Pido a Alexandre hacer una elección entre esas piedras. Esta elección será necesariamente simbólica de las más sublimadas de sus tendencias como lo expresa en lo que sigue.

(P. 17) <<Una piedra no obstante, que integre en una luz única el brillo y la belleza de

todas las otras, el brillante, fija mi mirada y mi elección. Su penetrante luz, severa y suave a la vez, es la Verdad. Ella es en lo absoluto lo que las otras son en lo particular. Esta luz, la amo. Mis ojos aquí se pierden. Ella es inmensa y sin embargo tan pequeña: un punto>>.

Ruego a Alexandre imaginar que la luz del diamante forma un haz dirigiéndose hacia el cenit. Tengo la intención de tomar este haz luminoso como medio de ascensión.

<<En el punto en donde se desarrolla plenamente el haz de luz que sube, una paloma blanca lo precede. Ella es como la misma emanación. Mi mirada se desliza sobre este rayo que sube hacia el cielo y, en esta perspectiva así abierta, veo en una atmósfera de luz blanca y difusa, a Dios. Dios rodeado de sus santos, Dios y sus elegidos. Me invade una desesperación, ya que mi propia mirada que me lleva, no puede avanzar más, aunque no he perdido a Dios de vista. Una esfera invisible, hecha de impenetrable cristal, lo rodea y no deja entrar más que a éstos cuyo corazón es tan puro como este cristal. Sin embargo el mío está impuro. Lo siento latir, protestar y convulsionarse en mi pecho, como un maldito a la vista de la cruz. Ya que mi corazón odia. Odia ante todo a Dios. Extraña contradicción, ya que hace un rato, cuando contemplaba a estas piedras escurrirse entre mis dedos, a ellas les dejaba la vida, la libertad -no las hacía mías- por este mismo sentimiento que considero que debe de existir en Dios con respecto a los hombres>>.

<<Bajo los ojos, ventanas de mi conciencia, a fin de que Dios no pueda percibir su negrura. Mi alma está podrida, mi olor es fétido. Es necesario huir>>.

<<Pero existe una tabla de salvación sobre este mar sombrío dónde quiero abismarme. Es la Oración>>.

<<Intento orar. Orar, es expandirse, es salir de sí mismo, es confundirse con lo que nos rodea, es amar. Pero permanezco crispado, anquilosado. La imagen de Dios, hacia quien me dirijo, huye. No puedo amar, no puedo rogar, quedo solo conmigo mismo. Sin embargo quiero quedar en la esperanza de que habrá un día en que no estaré ya solo>>.

No he intervenido mientras decía todo esto, ahora hago observar a Alexandre que la imagen que tiene de Dios es en realidad la de su padre. La idea no se le había ocurrido, pero inmediatamente me comprende. Dejo a Alexandre sobre esta nota de espe-

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(P. 18) ranza y le pido para descender de imaginar un prado soleado.

<<Con todo, poco a poco la calma se hace en mí; ante mí, un mar tranquilo y luminoso se confunde hasta el infinito con el horizonte…>>>

<<Desciendo ahora de la cima en que me encuentro. Una primera etapa es una pradera encuadrada por altas montañas. Las flores crecen aquí. Estoy feliz de la suerte de la contrición. La pradera está plagada de flores amarillas, rojas, azules, y ella ondula suavemente entre las montañas. El aire fresco curva la hierba y las flores. Lo aspiro a pleno pulmón. Es el aire de la libertad>>.

<<Aún desciendo más; por fin me encuentro en la habitación de donde he partido. Tengo la sensación de regresar de un largo viaje. Siento mi alma purificada, bronceada por la luz de las elevadas cimas>>.

<<Abro los ojos. Miro la habitación que hace un rato solamente la imaginaba. Durante algunos instantes, los objetos que me rodean danzan ante mí y me parecen irreales. Falta algo a mi visión. Suavemente el recuerdo del pasado se añade al presente y vuelvo a entrar en lo normal>>.

Después de esta sesión, Alexandre se muestra muy satisfecho y me pide que renuncie provisionalmente a todo examen médico. Acepto y fijo el intervalo de nuestras próximas sesiones en una decena de días. Ruego a Alexandre que escriba sus sesiones y que vuelva a pensar y revivir las impresiones que han podido serle agradables.

Detenemos aquí esta primera sesión que puede servirnos de ejemplo para resaltar la diferencia entre la interpretación psicoanalítica de un sueño ordinario y la del sueño despierto.

Alexandre, cuando le invito a completar su imagen, ve un cofre cerrado; lo abre y constata que contiene piedras preciosas. Es un tesoro. Símbolo típico del <<carácter anal>>.

Si nos atuviéramos a esta simple interpretación, constataríamos una verdad: el carácter de Alexandre es, en efecto, del tipo <<anal>>; lo sabe y nos lo ha dicho. Pero, en un sueño no dirigido [(en el sueño común)], la imagen no evolucionaría de la misma manera.

En ese momento, intervengo de nuevo y pido a Alexandre de escoger una de las piedras. Esta elección va a tener una importancia curativa que muestra toda la diferencia entre un sueño normal, expresión pura y simple de una tendencia afectiva fijada, y el sueño dirigido dónde, gracias a mi intervención, otra tendencia va a poder manifestarse: si Alexandre ha llegado a encontrarme

(P. 19) es que tiene el deseo de un perfeccionamiento. Este deseo se expresará en su

elección fijándose en un diamante. Cuando pregunto a Alexandre porqué ha elegido el diamante, responde que es a causa de su pureza y por la luz que refleja. Luz, símbolo de libido, pero también de verdad, de serena fuerza.

Aquí, conviene recordar un principio fundamental establecido por S. Freud: el contenido real de un símbolo es siempre mucho más extenso que el contenido aparente. Me disculpo de recordar esta verdad a los psicoanalistas, pero a menudo constato que -confundidos por la rutina de un oficio- están tentados de olvidarlo. Tesoro, símbolo de riqueza, de instinto de posesión y de la capacidad de adquirir. Sería un error detenerse [nada más] en eso.

El diamante, para Alexandre, por lo que se conoce, pasa a ser el símbolo de un superyó tal como él lo querría [para sí]. Encuentro la prueba durante la sesión siguiente, en el singular poder mágico que adquiere este diamante, poder del que hablaré al respecto en la segunda sesión.

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ANÁLISIS DE LA PRIMERA SESIÓN

Desde el principio, Alexandre se siente encerrado y, él mismo, interpreta el símbolo de la habitación cerrada: <<Soy esta sala… ella contiene mis angustias, mis preocupaciones y mis misterios>>. Sin embargo no experimenta ninguna inquietud y se muestra pesimista cuando añade que: <<salir de aquí (exteriorizarse)… será difícil, no habiendo sido esta puerta jamás abierta>>. No le desagrada estar encerrado.

Alexandre se clasifica pues en seguida, por su primera imagen, entre los <<introvertidos>> que quieren su introversión.

La imagen que sigue del mar es demasiado fugaz, es así que nos impide interpretarla a no ser que se realicen asociaciones libres de ideas al sujeto; pero más adelante nos mostrará que la alegría que manifiesta Alexandre es la del <<retorno a la madre>>.

La ascensión de la montaña resulta penosa y bastante difícil; está inmediatamente seguida de una caída. Este inicio de la primera sesión es mucho menos penoso con sujetos normales.

La sugerencia de verme venir desde lo alto hace que aparezca en él, inmediatamente, un complejo de inferioridad inmediatamente <<sobre-compensado>> por la necesidad de dominarme, <<condición indispensable para que mi presencia

(P. 20) no le moleste>>; la transferencia es visible desde el primer contacto.

Pero estos sentimientos, absolutamente incompatibles con un verdadero esfuerzo de liberación, hacen <<volver a caer>> inmediatamente a Alexandre cuyas tendencias neuróticas van inmediatamente a manifestarse. Aquiles, Sócrates y el profeta de Israel son tantos símbolos de una necesidad de dominar que no ha podido satisfacerse más que en imaginaciones mórbidamente mantenidas.

Las imágenes siguientes son mejores, al menos en apariencia. Ellas simbolizan un deseo de sublimación extrañamente mezclado con el odio hacia el padre y con el de un sentimiento de culpabilidad intenso.

Alexandre ve con una lucidez inquietante, y la naturaleza de su conflicto, y el medio de solucionarlo: <<es salir de uno mismo, es confundirse con lo que nos rodea, es amar>>.

Al mismo tiempo reconoce su impotencia de una manera desgarradora.

Segunda sesión (5 de marzo de 19...)

Alexandre se logra, habiendo hecho el informe de su primera experiencia. Le pregunto por aquello que más lo ha impresionado a lo largo de su sesión de sueño despierto: es el cofre de pedrerías. Se puede vincular este símbolo a la imagen de Aquiles y del profeta así como a la del padre. Veremos que éstas son las primeras que tienen más importancia. No me demoro con Alexandre en hacer el análisis de la imagen del padre de quien no tengo gran cosa que enseñar sobre este tema y es demasiado pronto para abordar el estudio de los otros símbolos.

Hablamos y le pregunto sobre una persona que yo creía de sus amigos; me dice -por el contrario- de su antipatía respecto a él. Esto va a distorsionar el principio de nuestra segunda sesión, pero me permitirá repetir una experiencia sobre la cual insistiré ulteriormente: quiero hablar de nuevo del empleo del símbolo como tal, a lo largo de las sesiones.

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<<Comienzo la sesión con una sorda y latente irritación, de la que no logro deshacerme; la Bestia está a punto de estallar en mí, a pesar de mis esfuerzos de relajación>>.

Sugiero a Alexandre un fresco estanque de agua.

<<Imagino un estanque de agua, rodeado de flores, en medio del cual hay un chorro. El agua de este chorro danza en el aire, después vuelve a caer sobre sí mismo esparciéndose en mil gotas sobre la superficie tranquila del estanque. Lleno de este agua el hueco de mi

(P. 21) mano y refresco mi frente y mis sienes. El frescor me alivia parcialmente y siento

poco a poco decaer mi irritación>>.

Como Alexandre ha comprendido bien el mecanismo de la <<subida>>, le dejo escoger a él mismo su imagen de partida.

En todo lo que sigue me limito a interrogar a Alexandre para conocer sus impresiones y poder seguirlo. Le animo simplemente a mantener su esfuerzo de ascensión.

<<Sigo ahora una avenida que sube por una cuesta soleada. Hago crujir la arena amarilla bajo mi rítmico impulso; mi mirada evita las flores amarilla y rojo oscuro de la que la avenida está bordeada de ellas; este amarillo se me clava como un alfiler, el rojo me provoca como un sarcasmo. El sol me ciega, el sudor me corre por el rostro. A lo último de la avenida, un bosque, oasis de mis esfuerzos, se me aparece como una umbría franja; pero que, franqueada esta parada, no ofrece para mi descanso más que árboles grises y desnudos, sin sombra>>.

<<Pronto, dejo este bosque, dónde la atmósfera es triste, trepando a lo largo de un palo que uno de estos desconsolados árboles prolonga. Llegado a la plataforma terminal, continúo la ascensión por una escalera de hierro, una simple escalera de servicio, ya que me juzgo indigno de una escalera de un material más precioso. Quizá porque no me siento suficientemente puro>>.

<<Esta escalera paréceme ser sin final. Subo en zigzag, de modo que a cada nivel rebasado, la tarea a cumplir permanece entera y el esfuerzo realizado parece haber sido vano. Finalmente me decido por una escalera de cristal, luego de platino, que sube recta ante mí. Sus imágenes sin embargo siguen siendo indecisas y móviles como un reflejo en el agua. Por fin una escalera de mármol me conduce a una terraza que se encuentra delante de un castillo que evoca, en mis recuerdos, por su majestad, el de Versalles. En este castillo actualmente no vive nadie, pero reina aquí sin embargo como una presencia que en realidad es el centro de mi vida: el espíritu de Luis XIV está presente aquí por todas partes>>.

<<Aquí accedo a una hora en que los salones están llenos de cortesanos vestidos a la moda del siglo XVII. Los miro agitarse, gesticular, chismorrear, pero me es imposible ser uno de los suyos, permanezco fuera de ellos, tanto si los considero como a fantoches que viven por automatismo, no poseyendo más alma que la que le ofrece ese insustancial juego de apariencias, como si me mezclara con ellos, siento la cólera subir en mí por la bajeza de sus sentimientos y

(P. 22) la vanidad de sus ambiciones. En medio de ellos, seré esta piedra que, llevada por el

cauce fangoso, se sentirá perder poco a poco, con el contacto de los otros, su filo, su originalidad y su materia primitiva. Devendré en pulido y uniforme; otros gustan eso, yo, lo odio. ¡Y es que mi vida estará entonces en el odio!>>.

Intervengo aquí para proponer a Alexandre el siguiente ideal: querer a los hombres tales como ellos son, servirlos tales como son ellos, sin añoranza, incluso sin esperar su reconocimiento. Alexandre reconoce que es en eso, en efecto, el objetivo de todo esfuerzo

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espiritual.

<<Y sin embargo, ¡cómo querría vivir con ellos por encima del amor y el odio, estaría sobre un plano donde sólo el Amor Universal existe, y éste sin contrapartida!>>

<<En la terraza, donde he salido, juego con el agua del estanque. Esta agua, en mi palma, es la opuesta del agua vista al principio, no se adapta a mi mano en una vestimenta de amor. Ella permanece orgullosa y hostil, como el mercurio, del que tiene el brillo y el poder de la escisiparidad y regeneración. De una gota redonda y perfecta, bajo el menor choque mil otras brotan, tan redondas y tan perfectas como la gota-madre. Esta agua también refresca, pero resbala fría y hostil entre mis dedos. Es el disfrute sin el amor>>.

Propongo a Alexandre volver a coger el diamante de la sesión anterior, hacer que resurja en éste el haz de luz que viene de arriba y por último deslizarse a lo largo de este rayo para subir.

<<Dejo este juego que me fascina para seguir, en su subida, el rayo de mi brillante. Subo por el éter a grandes alturas con las alas que me dan mis brazos que notan el aire como de agua. Por delante de mí huye un rayo de luz que lo precede en su ascensión, una paloma blanca. Subo hacia el infinito con el sentimiento de que, tal como un móvil se mueve sobre la hipérbole, jamás podré alcanzar mi asíntota, que es Dios, ya que el infinito, es decir, lo imposible, es inherente a nuestros deseos y lo finito, es decir, lo posible, se evade de los profundos anhelos. Me encuentro en el mismo error del libro: gustar del continente en vez del contenido. Amarse en lugar de amar a Dios que, siendo aspiración ideal está accesible en el amor, inaccesible en el odio. Ahora bien el amor es la Idea y el odio es la Bestia. Y la bestia todavía no está muerta en mí>>.

<<De repente la imagen de X…, que había sido la causa de la irritación del principio de la sesión, surge ante mí. Veo su sonrisa,

(P. 23) demoníaca y equívoca, que me fascina y me asusta a la vez. Lo fijo con la mirada.

Lo despojo de su máscara; transparenta la bestia de las siete cabezas>>.

Para desembarazar a Alexandre de estas sensaciones, le digo de imaginar mí presencia cerca de él y de dirigir la luz de su diamante hacia X…, esta simple sugerencia será suficiente.

<<Lo tomo bajo el fuego de mi diamante. Se funde y se extiende en un charco espeso y pegajoso; subsiste una cabeza horrible, que me mira con una horrenda mueca, ríe sarcásticamente, después se evapora en humo>>.

<<Mi ascensión se prosigue ahora por una especie de chimenea que me conduce a través de un techo de nubes al objetivo último de mi viaje. Por fin lo consigo, me subo en el borde del agujero sin volver la cabeza, por miedo al vértigo y a la atracción del vacío, luego miro a mi alrededor>>.

<<Un paisaje desolado, que habría sido un paisaje de nieve, si no me sintiera en verano, al abrigo del frío, se presenta ante mí. Aunque estando solo, siento una presencia, una mirada que me observa. Es ésta la de un anciano con una barba monumental y blanca. Es severo y su mirar me hace desear la huida ya que despierta en mí un sentimiento de culpabilidad>>.

En su informe, Alexandre no ha insistido sobre esta visión de Dios (del padre) que es sin embargo la figura central de su ensueño, puesto que ya lo hemos encontrado desde la primera sesión, y reaparecerá en el transcurso de las sesiones siguientes. Ya no menciona mi imagen en su ensueño. Para completar el relato de esta sesión, he aquí la copia de las notas tomadas [por mí] en el mismo momento:

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Dios está ante él. Tiene los brazos un poco abiertos y lo mira. Esta imagen da a Alexandre una sensación de justicia. Alexandre puede, esta vez, entrar en contacto con Dios. Digo a Alexandre de envolverse en la luz de ese lugar y de acercarse a Dios pidiéndole que le muestre lo que debe conocer.

Alexandre piensa que no está totalmente puro y eso le impide tomar contacto con Dios. Digo a Alexandre que esa falta de pureza no tiene importancia ya que para lograr más pureza necesariamente hay que dar un primer paso. Sugiero a Alexandre que, su imagen, la presente a Dios.

Alexandre se siente más fuerte, más apto, pero le repele ver a Dios actuar ya que perdería así su prestigio.

(P. 24) En este paraíso, se encuentran las gentes que son buenas: una imagen de mujer,

bella, rubia, con los ojos azules, aparece con una actitud acogedora y afable llevando a Alexandre a lo que él llama, en ese momento, los Campos Elíseos.

<<Deseoso de olvidar su presencia, me pongo a avanzar por este paisaje cuando detrás de unas ruinas blancas, se me aparecen jardines y prados encantados, bañados de sol, con las superficies onduladas y sembrados de flores. A la sombra protectora de árboles gigantes, veo unos estanques llenos de nenúfares, cuyas redondas hojas se extienden sobre la superficie del agua como manchas de aceite. Oigo una música divina, y sé que soy el único en percibirla; ningún ruido perturba el aire que es puro como la luz>>.

<<En estas praderas sobrenaturales, veo ahora las flores, las cuales son innumerables, transformarse en sílfides etéreas y fantasmales. Vestidas con largas camisas blancas que les llegan hasta el suelo, parecen subir de la hierba, como la niebla de la mañana en el valle. Sus largas trenzas de oro descienden sobre sus castos pechos>>.

<<Se balancean con el viento como las flores, de las cuales tienen ellas la inocencia y la despreocupación. Viven en el presente. Su mirada es clara, serena, como aquel lago de montaña que no está alimentado más que por el agua pura de los glaciares. Ellas existen al margen del tiempo como en el sueño>>.

<<Tienen la belleza de la flor, sin ser la flor; tienen el perfume de estas flores, sin tener de eso el soporte; son la música que produce la lira, sin ser la propia lira: ellas son, en el amor, lo amable>>.

<<Mi mirada las recoge, abarcándolas, en una acción de gesto único semejante a éste que hace la mano para cerrar los pétalos de una rosa>>.

<<Está aquí ahora, esta flor única, al lado mío. En este jardín vibrante de luz, ella es toda la luz. Despojada de su blanca camisa, está desnuda bajo el único abrigo de sus largos cabellos de oro>>.

<<En este momento, ella está para mí, está en mí, la siento vivir y sufrir por mí y llevar el peso de mis esperanzas. Es el símbolo de mi alma, ella es toda mi vida. Cada objeto que miro, ella, de su belleza, lo colorea, a cada uno de mis gestos y de mis actos, le da el perfume de su gracia>>.

(P. 25) <<Desoille marcha a mi lado. Su presencia, a pesar de mi impasibilidad aparente,

me pone inquieto; él no puede comprender, no puede ver lo que veo y como lo veo. Y si él lo viera, lo mataría, o lo que es peor, lo haría suyo>>.

Aquí incluso mi intervención, no solamente no está mencionada como de costumbre, sino, que además, las imágenes sugeridas, y lo que ellas implican de olvido de sí mismo, de indulgencia hacia los demás, están olvidadas.

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He aquí la copia de las notas tomadas de ese momento:

Hago evocar a Alexandre la imagen de mi mujer, después la mía -lo que es más difícil- y finalmente lo que en la persona de X… esté en armonía con los sentimientos de justicia y bondad que impone la visión del momento. Alexandre piensa que X… es demasiado satánico para aparecer en su visión. Le pido tener un pensamiento amistoso para X… y, para eso, de enviar con su diamante un haz de luz sobre X… hacia la parte baja de su cuerpo.

Pido después a Alexandre retomar la imagen de Dios.

<<Me alejo pues con este reflejo y yerro a través de los jardines; pero soy infaliblemente llevado hacia el anciano con mirada de Dios. Contra él, siento mi débil brazo levantarse ya que experimento odio, y sin embargo estoy totalmente avergonzado ya que soy frágil, un niño, ante él>>.

<<Pero ¿levantar el brazo contra Dios, no es hacer morir a la mujer que está mi lado? Puesto que ella ¿no es en mí el reflejo del sol? ¿No estaría condenado, entonces, a pasearme sin alma por la vida, a tener ojos y no ver, oídos y no oír? No, me es necesario resolver esta contradicción, mi brazo, no quiero ya ejercerlo más que para llamar la atención, quiero crecer, quiero devenir a hombre, quiero ascender por los grados de la experiencia>>.

Propongo a Alexandre de subir más alto con la joven mujer que anteriormente lo ha acogido.

<<Subo pues, me elevo. Estoy en la cresta escarpada y aguda de esta colina donde el equilibrio es difícil. La mujer participando de mi silencio me sigue. Finalmente llego a una árida meseta donde la Esperanza y la Alegría no tienen templo. El horizonte está encapotado, aquí la atmósfera está cargada. ¿Y la mujer que me seguía? Está muy allí, pero si bien con vida, está muerta para esta tierra: es religiosa, y veo en sus ojos, donde no puede

(P. 26) incluso ya brillar la alegría de la esperanza, la lágrima del renunciamiento>>.

Vuelvo a traerle a Alexandre la imagen de lo que él ha llamado los Campos Elíseos. <<No quiero permanecer un instante más sobre esta pretendida altura. De un salto, me encuentro en los jardines que había estado antes y mi plegaria es la siguiente:

Quiero como estas flores de la pradera, sacar de la tierra toda mi sustancia y como ellas, con el rostro vuelto hacia lo alto, extraer del Cielo mi luz>>.

<<Quiero sacar mi alma de su cerrado jardín y fecundarla a través del espíritu de Dios>>.

Alexandre me dice sentirse descansado. Cuando ha abierto los ojos, le he pedido que vuelva a cerrarlos, que vuelva a verse, como hace un momento, en su imagen de los Campos Elíseos, y ahí revivir sus sensaciones [experimentadas durante la sesión] para después inmediatamente volver a bajar y entonces abrir los ojos. Le explico que este ejercicio tiene por objetivo enseñarle, evocándolas, a revivir sus sensaciones de tranquilidad para así adquirir poco a poco este hábito.

En el transcurso de esta sesión, he empleado, como tal, uno de los símbolos proporcionados por Alexandre, el del diamante, imagen de serena fuerza.

Cuando en efecto pido a Alexandre de ahuyentar la imagen de X… dirigiendo sobre ella la luz de su diamante, X… se disuelve y la irritación que su aparición ha provocado desaparece al igual que su figura.

¿Qué ha pasado?

Hay que tener presente que no podemos, en el mismo instante, estar a la vez sereno y angustiado. Es de necesidad que uno de los dos sentimientos destierre al otro. El diamante,

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imagen de serena potencia, ahuyenta la imagen de X… y la angustia que le está asociada. X… es una imagen del padre, y también de otra cosa, sobre la que volveré más adelante.

El diamante es la expresión de una actitud afectiva de la que Alexandre conserva la posibilidad. El sueño despierto tiene por objetivo, precisamente, evidenciar esta posibilidad y de avivar la tendencia.

Y si Alexandre no estuviera tan seriamente neurótico, guardaría preciosamente la imagen de este diamante, y, entre nuestras sesiones, la evocaría, por sí mismo, en los momentos difíciles para desembarazar a su <<superyó>> de su carácter excesivamente

(P. 27) constringente. X… y las otras asociadas imágenes, la del padre entre otras cosas,

son la ganga, la materia inútil de este diamante que Alexandre debe desgastar o desprender para reconstruir una conciencia moral más humana y mejor adaptada a las realidades sociales.

Si fuera suficiente con sentir en sí la verdad para ponerla en práctica, una única sesión de sueño despierto sería suficiente para desterrar la neurosis. En realidad, si queremos corregir un automatismo muscular distorsionado por malos hábitos, habrá que disponer, a menudo, de más tiempo que el que se utilizaría para adquirir de inmediato un automatismo correcto. Y lo mismo sucede con las actitudes infantiles del neurótico. Veremos cómo este trabajo de reeducación se realiza lenta, pero sistemáticamente.

ANÁLISIS DE LA SEGUNDA SESIÓN

El lado esquizoide del carácter de Alexandre aparece también en esta frase típica: <<En medio de ellos, seré esta piedra, que llevada por el cauce fangoso, se sentirá perder poco a poco, con el contacto de los otros, su filo, su originalidad y su materia primitiva. Devendré en pulido y uniforme; otros gustan eso, yo, lo odio>>. No se puede mejor expresar esta impotencia a adaptarse excepto en el hecho de haber renunciado Alexandre a una carrera que él dice haber comenzado brillantemente. Es siempre perfectamente consciente de esta dificultad ya que añade inmediatamente: <<¡cómo querría vivir con ellos por encima del amor y el odio!>>. Y enseguida notamos que no comete el error de creer que se puede vivir <<por encima del amor y el odio>>, lo que sería desear una clase de olímpica indiferencia posible solamente a aquel que se sentiría efectivamente superior a todo su entorno. Alexandre añade, en efecto: <<sobre un plano donde sólo el Amor universal existe, y éste sin contrapartida>>.

Vemos después aparecer la imagen mitológica de la Bestia que es inmediatamente asociada al recuerdo de X… en quien es proyectada con aparición de angustia. Dejo de lado, por el momento, esta imagen muy importante cuyo estudio reanudaré en el análisis de la transferencia que Alexandre hizo sobre mí. Pero es preciso señalar que, surgiendo inmediatamente después del reconocimiento de su impotencia, ella es necesariamente simbólica del motivo de esta impotencia.

Sigue una escena que Alexandre no tiene descrita, a lo largo de

(P. 28) la cual aparece la imago paternal bajo la forma de un Dios con barba blanca. Esta

imagen inmediatamente es desterrada por la imago de la madre que Alexandre posee plenamente, pero no por mucho tiempo, ya que la imago paternal reaparece bajo mis rasgos y la angustia se le perfila cuando piensa que haría mío, si yo lo viera, lo que él ve, es decir apoderarme de lo que él posee, yo, el Padre. La situación edípica está particularmente bien

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expresada en todo este pasaje.

Sin embargo la subida conduce a Alexandre a la renuncia de la madre; la sensación es penosa, por eso acorto esta escena, y Alexandre termina su sesión con un toque tranquilizador.

Tercera sesión (12 de marzo de 19...)

Durante esta sesión, Alexandre expresa una sensualidad contra la cual parece luchar para alcanzar una pureza, habría que pensar, ilusoria. ¿Qué no le deja a usted vivir normalmente, me preguntará él? Para evitar todo error de interpretación, es necesario que presente a Alexandre un poco más. Durante las conversaciones que tengo con él, antes, o después de la sesión, Alexandre me hace confidencias al mismo tiempo que críticas del psicoanálisis. <<Estoy alcanzado de donjuanismo, me dice él; se me explica que eso viene de un apego homosexual a mi padre. Yo no siento nada parecido. Odio a mi padre>>. Le objeto que la ambivalencia habitual de nuestros sentimientos explica esta contradicción más aparente que real y que también puede haber aquí una fijación a la madre.

Alexandre también me ha confiado que él ha amado a una mujer, pero que la pureza de su amor por ella le impidió poseerla. No puede conciliar la idea de la posesión carnal con la imagen que él se hace de un amor perfecto por una mujer.

Este conflicto aparece en la tercera sesión; comenzará a resolverse en la quinta, pero sin que pueda llegar a una solución definitiva.

En realidad, esta búsqueda del amor ideal es una fuga, y sólo haciéndole vivir verdaderos sentimientos de amor es como ayudaré a Alexandre a salir de su donjuanismo. La pureza hacia la cual cree dirigirse se revelará en realidad como un conjunto de sentimientos bien diferentes de lo que puede inmediatamente imaginar.

(P. 29) Es necesario que viva esta experiencia y se la dejo hacer según su propio ritmo

limitándome a guiarlo en el descubrimiento de sus propias posibilidades. He aquí el informe de la tercera sesión.

Sugiero a Alexandre un bastón.

<<Estoy en mi habitación, que encuentro hoy un poco más iluminada que anteriormente>>.

<<Un bastón se ofrece a mi vista. Es de junco, como aquellos que la moda nos hacía llevar, hace alrededor de quince años, y se tiene en el espacio ante mí. Un recuerdo viene a unirse a este bastón. Un día, en la avenida de la Ópera, en un escaparate donde cientos de bastones de junco más o menos semejantes estaban expuestos, con la mirada, he hecho elección de uno ellos y he entrado en la tienda a interesarme por su precio. He tenido el pesar de encontrar que era el más caro, inaccesible a mi bolsillo; sin embargo he tenido la satisfacción de demostrarme que mi ojo sabía escoger, sabía apreciar la calidad del producto y, como corolario inmediato, que estaba hecho para las bellas cosas>>.

<<¿Porqué este recuerdo ha vuelto a presentárseme, y retorna tan a menudo, cuándo veo un bastón de junco? ¿No habría debido más bien pensar, ante la vista de este bastón, en el apoyo que es susceptible de darme en las horas de cansancio, en la posibilidad que obtengo con él de defenderme y tener el enemigo a distancia, o antes incluso no habría debido rememorar los golpes que recibía de mi padre de un similar bastón de junco, pero un poco más delgado, cuya imagen se ha superpuesto un instante, al principio, a la imagen primitiva?>>.

Referencias

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