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Se Sabe Algo. José Luis Ortiz Nuevo

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Academic year: 2021

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José Luis Ortiz Nuevo

¿Se sabe algo?

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¿Se sabe algo?

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¿Se sabe algo?

VIAJE AL CONOCIMIENTO DEL ARTE FLAMENCO SEGÚN LOS

TESTIMONIOS DE LA PRENSA SEVILLANA DEL XIX

DESDE COMIENZOS DEL SIGLO HASTA EL AÑO EN QUE

MURIÓ SILVERIO FRANCONETTI (1812-1889)

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• Alfonso Carmona González. Universidad de Murcia.

Ha sido Director de su Aula de Flamenco.

• Agustín González Gallego. Universidad de Barcelona.

Ha sido Decano de la Facultad de Filosofía y Director “Els Juliols”.

• Rafael Infante Macías. Rector de la Universidad de Sevilla

Director de su Cátedra de Flamencología.

• José Luis Navarro García. Universidad de Sevilla.

Premio Nacional de Flamencología.

• Eulalia Pablo Lozano. Universidad de Sevilla.

Directora del Programa de Doctorado “Estudios Avanzados de Flamenco”.

• Juan Manuel Suárez Japón. Universidad Pablo de Olavide de Sevilla.

Rector Magnífico de la Universidad Internacional de Andalucía.

Reservados todos los derechos. Ni la totalidad ni parte de este libro puede

re-producirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico,

incluyendo fotocopia, grabación magnética o cualquier almacenamiento de

in-formación y sistema de recuperación, sin el permiso previo por escrito de Libros

con Duende, S. L.

© José Luis Ortiz Nuevo

© Diseño de portada y maquetación: Rocío Navarro Pablo

© de la edición, Libros con Duende, S. L.

Plaza de la Fuensanta, nº 7, 4º B, 41020 Sevilla

www.librosconduende.es

CIF. B-91974204

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Prólogos y dedicatoria

... 7

I.- INTRODUCCIÓN ... 21

II.- PÓRTICO ... 25

- Escenas Trianeras ... 27

III.- ESPACIOS DE ARTE ... 43

- Reunión General de Danzas ... 45

- Hicieron Epoca ... 93

- Ver l’ahí el Teatro ... 131

IV.- EL PUNTO DE LAS COSAS ... 199

CLÁSICOS y FLAMENCOS ... 201

- Guitarras suenan ... 201

- Esas grandes voces ... 239

- Cornetín por Soleá ... 275

ESPEJO DE JOLGORIOS ... 285

- Reuniones públicas ... 285

- El calor de la juerga ... 347

- Mi gustar flamenco ... 375

V.- MALDICIÓN EN LA CUNA ... 401

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José Blas Vega El libro que nos ha tocado comentar, en estas acertadas Jornadas sobre Biblio-grafía Flamenca, responde a la siguiente ficha bibliográfica: José Luis Ortiz Nuevo: ¿Se sabe algo? Viaje al conocimiento del Arte Flamenco según los testimonios de la prensa sevillana del XIX. Desde comienzos del siglo hasta el año en que murió Silverio Franconetti (1812-1889). Sevilla, Ediciones El Carro de la Nieve, 1990 21x15 cms. 406 páginas.

Antes de entrar en el detalle y análisis de su contenido, y en la importancia que éste pueda tener para su valoración dentro de la bibliografía flamenca, queremos dejar claramente señalado, que para nuestra opinión estamos ante uno de los libros más fundamentales de la investigación flamenca, y sobre todo del conocimiento del arte flamenco en general. Este libro, según nuestra expe-riencia bibliográfica, que no es poca1, viene a ocupar un sitio especial dentro de

aquellos libros, que con más o menos acierto, han ido marcando en distintas épocas metas, resúmenes o aportaciones, que han servido de base y orientación para numerosas teorías y trabajos. Por su notoria influencia conviene recordar algunos de estos libros, a pesar de que estén en el ánimo y conocimiento de casi todos y que en parte son materia de estudio de estas Jornadas. Son por ejemplo Las Escenas Andaluzas (1847) de Serafín Estébanez Calderón, La Colección de can-tes flamencos (1881), de Demófilo, Arte y artistas flamencos (1935), de Fernando el de Triana, Flamencología (1955) de Anselmo González Climent, Mundo y Formas del Cante Flamenco (1963) de Ricardo Molina y Antonio Mairena, mi Vida y cante de Don Antonio Chacón (1986) y el Diccionario Enciclopédico Ilustrado del Flamenco (1988), como recopilación y resumen, en definitiva valoración global de ima-gen, tanto en lo cultural como histórico o práctico, de lo que ha supuesto el arte flamenco a través de la Flamencología histórica.

1. En lo que se relaciona con el tema flamenco colaboramos en la 1ª Bibliografía flamenca (1965) y fuimos coautores con Anselmo González Climent de la Segunda Bibliografía

Flamenca (1966) y de la Tercera (inédita). Publicamos los primeros Apuntes crítico-informativos para una bibliografía del flamenco en 1970 recogidos en el libro Temas flamencos

(1973) que complementamos en la ponencia “Los estudios sobre el flamenco: De Estébanez Calderón a Fernando el de Triana” publicado en las Actas de la Conferencia

Internacional Dos siglos de Flamenco (1988) y con las conferencias: Visión histórica y metodología de la investigación flamenca (1987) y Líneas de investigación en el flamenco (1991).

También preparamos la selección bibliográfica de los libros y folletos que figuran en el

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¿Se sabe algo? es un título con intención irónica, que su autor subtitula como Viaje al flamenco a través de la prensa sevillana, indicando así la condición de este libro, en un planteamiento que podemos decir casi insólito en los estudios flamencos: la documentación a través de la noticia o relato periodístico, prác-tica que no es habitual frente a métodos tradicionalistas e interpretaciones subjetivas. Para el autor su objetivo es “mostrar una serie extraordinaria de informaciones clave que aportan pruebas, argumentos convincentes de suma veracidad, capaces de proclamar certezas nuevas y desmentir creencias falsas, ensanchando horizontes al conocimiento”. Para ello ha consultado los fondos de las Hemerotecas Municipales de Sevilla y Madrid, correspondientes al si-glo XIX, en un total de 106 diarios, revistas y publicaciones periódicas, todas editadas en Sevilla. Los resultados no pueden ser más sorprendentes. Miles de testimonios de lo que se escribió y se dijo a propósito del flamenco, y todo ello con su fecha y sitio exacto. Aquí no hay duda. La realidad es la elocuencia, por lo que el autor se limita a ordenar y clasificar los materiales comentando incidencias y señalando hechos. Y aunque no cabe la metodología comparativa y contrastada, por el hecho de ser limitado el territorio geográfico solamente a Sevilla, es tal la importancia de esta ciudad en el origen y génesis, que sus situaciones y aconteceres pueden aplicarse a consideraciones generales y casi definitivas. Pero la lección del trabajo, del gran trabajo realizado, y esto es lo que queremos significar, nos lleva a valorar el uso de la hemerografía como fuente documental del flamenco. Práctica que afortunadamente ha empezado a dar resultados positivos, como podemos comprobar en algunas publicaciones recientes2. Notablemente la calidad de la producción bibliográfica ha ido

supe-rándose década a década.

También hay que señalar el hecho diferencial de lo que suponen los datos pe-riodísticos, independientemente de su aplicación, en relación con las dudosas elaboraciones de textos que han venido utilizándose/copiándose más o me-nos descarada/acertadamente para formar monografías o tratados generales. Podemos señalar obras voluminosas que no han aportado ningún documento inédito, eso sin entrar en la capacidad interpretativa de la autoría. En el caso de Ortiz Nuevo, su amplia labor literaria3 viene además avalada por una intensa y

larga vivencia flamenca, lo que se aprecia frente al trabajo ocasional.

2. Gerhard Steingress: “La aparición del cante flamenco en el teatro jerezano del siglo XIX”. En Actas de la conferencia Internacional Dos siglos de flamenco. Jerez, Fundación An-daluza de Flamenco, 1989; Antonio Sevillano Miralles: Almería por tarantas. Cafés

can-tantes y artistas de la tierra. Almería I.E.A. 1996; Eugenio Cobo: El flamenco en los escritores de la Restauración (1876-1890). Comellá de LLobregat, Fundación Gresol, 1997.

3. Pepe de la Matrona. Recuerdos de un cantaor sevillano. Madrid, Demófilo, 1975; Las mil

y una historias de Pericón de Cádiz. Madrid, Demófilo, 1975; Tío Gregorio Borrico de Jerez.

Jerez, 1984; De las danzas y andanzas de Enrique el Cojo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984;

Pensamiento político en el cante flamenco. Sevilla, Ediciones Andaluzas Unidas, 1985; Tía Anica la Periñaca. Madrid, Hiperión, 1987; Setenta y siete seguiriyas de muerte. Madrid,

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Entramos ahora de lleno en el contenido del libro, siguiendo el mismo orden de capítulos y apartados establecidos por su autor.

* ESCENAS TRIANERAS. Es un breve pórtico de carácter preflamenco, entre-sacado de una serie de conversaciones en el malecón trianero, publicadas en el periódico El Tío Tremenda (1812-1813), y que sirve de recuerdo y homenaje a las Escenas Andaluzas de Serafín Estébanez Calderón “El Solitario”, donde se constata la presencia en el lenguaje de expresiones flamencas aplicadas a participantes, estilos y ambiente: “armada la tanga”, “un jaleílIo probe”, donde alternaban las canciones y coplas patrióticas con otras más cultas y populares, como seguidillas corraleras, “solearon un fandango rasgueao”, El Ole y La Caña, con datos de interés para la cronología y genealogía de este último estilo. Aunque en el siguiente capítulo se da ya un salto hacia 1850, siendo en torno a esa época donde realmente empieza el libro, Ortiz Nuevo ha iniciado con estas Escenas un camino de posibilidades para completar es deseo de saber lo que pasó en la primera mitad del siglo XIX, y que él posiblemente no haya podido acometer por limitarse sólo a publicaciones sevillanas. El costumbrismo an-daluz, abundantísimo en la prensa romántica, se puede también documentar a través de Diarios y relatos de viajeros por España, trabajo que esperábamos hubiera podido completar el escritor Luis Lavaur.

* REUNIÓN GENERAL DE DANZAS. Este capítulo se desarrolla entre 1850 y 1870, en torno a las Academias y Salones de Bailes, siguiendo principalmente las gacetillas del diario El Porvenir que “proporcionará riquísima documenta-ción, verdaderamente extraordinaria para el conocimiento de las actividades que tuvieron lugar y tiempo en estas academias. Fuente principal para averi-guar con cierta precisión pasajes ignorados, ocultos en la historia del flamen-co”.

Nos parece la parte más interesante de todo el libro por la significación de lo que encierra esa época, clave en la formación y definición del flamenco, por ser también una de las menos conocidas. Se clarifica perfectamente lo que supuso la amplia convivencia de fórmulas musicales distintas, tanto de procedencia culta como folclórica con las de elaboración artística y personal, y en unos es-cenarios que van desde el teatro a la taberna pasando por las academias, hasta desembocar con personalidad propia en los cafés cantantes. De este mestizaje netamente andaluz, surgió el flamenco, cuyo proceso de evolución e imposi-ción se sigue a través del acontecimiento diario que reflejaba la prensa.

Frente a la creencia general, de la supremacía del cante sobre el baile, queda de-mostrado todo lo contrario. En un principio fue el baile. De ahí la importancia que en la década 1850-1860 tuvieron las academias como centros de formación y exhibición de danzas, donde prevalecía fundamentalmente la escuela bolera. En esos salones, donde también se daban bailes de máscaras y de sociedad, se

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empezó a permitir ver los ensayos de los alumnos mediante el pago de un con-sumo (con vistas al turismo), ampliándose el repertorio con otros bailes (Vito, Jaleos, Panaderos, Tangos de Negros, Seguidillas gitanas, Rondeña, Zapatea-do, Malagueñas...) acompañados de cante y guitarra que “sobre toZapatea-do, ejecutan gitanas y cantadores de los de más fama”.

Siguiendo todo este movimiento coreográfico, apreciamos la intensa conviven-cia de bailes boleros con otras tendenconviven-cias populares, en un intercambio que influiría en formas flamencas4. Entre 1860 y 1870 los “ensayos” se convierten

en “conciertos”. El baile se equipara con el cante, y el nombre de los flamencos desplaza al de las boleras. Enrique Prado, Sartorius, El Cuervo, Juraco, Loren-te, El Quiqui, El Cuervo Sanluqueño, Virilo, Currito, Juan el Malagueño, José Lorenzo, Peana y José Perea, entre otros, vienen a enriquecer la nómina can-taora. “De ser el cante, cantos, canciones andaluzas o a lo gitano... música de acompañar al servicio de danzas, se había pasado a una situación radicalmente distinta” y donde comenzaba la imposición del cante, y a esto contribuyó de-cisivamente el gran Silverio Franconetti, que aparece anunciado, por primera vez el 25 de marzo de 1865, en la gacetilla del Salón Recreo:

En la noche de hoy habrá un extraordinario ensayo de bailes nacionales o de pa-lillos, contando para ello con ocho buenas parejas, asistiendo además el afamado cantaor Silverio recién llegado de Cádiz y José Ordóñez conocido por Juraco, y también varias gitanas para los jaleos5.

También en la gacetilla de los salones aparece en 1860 la palabra flamenco, aplicada a cantadoras, lo que lleva a Ortiz Nuevo a hacer una reflexión, y apor-tar nuevos datos sobre el concepto del término flamenco. Y otra oportuna re-flexión: la leyenda de la época hermética, que “a eso se reduce: idílica leyenda de orden religioso, enteramente bíblica, como Adán y Eva antes de salir del paraíso”. También otra leyenda que se derrumba es la del elemento gitano, precisándose cuál fue su participación e interpretación, aclarándose que jamás a estos espectáculos se les consideró gitanos, siempre aparecen como bailes del país, bailes de palillos, bailes y cantes andaluces o bailes y cantes flamencos. Inicialmente los gitanos, sobre todo gitanas, aparecen como parejas de baile, para jalear, tocar palmas, algo que posiblemente la mujer andaluza no era ca-paz de hacer profesionalmente. O sea, una aparición tímida y anónima en am-bientes andaluces, incorporándose a un sistema comercial para poner nota de color (pág.54).

4. El tema de estas relaciones coreográficas ya lo tratamos en la ponencia La Escuela Bolera

y el Flamenco, publicado en el libro Encuentro Internacional de la Escuela Bolera. Madrid,

Ministerio de Cultura, 1992, y parte también en la revista La Caña Nº 12 (otoño 1995) dedicado al baile.

5. Para más detalles sobre la vida y el cante de Silverio véase José Blas Vega: Silverio, Rey de

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* HICIERON ÉPOCA. Refleja todo el movimiento artístico que desde 1853 a 1889 aconteció en los llamados cafés cantantes, siguiendo la moda impuesta en París, Barcelona o Madrid, de cafés con espectáculo mediante el consumo. A veces estos locales eran teatros ocasionales o academias o salones de baile, que de hecho respondían casi al mismo esquema de lo que fue el café cantante flamenco, y así ya los tratamos en el libro de Los Cafés Cantantes de Sevilla6.

Con la documentación recogida se reafirma mucho más el concepto falseado de la imagen idealizada que se tenía de los cafés cantantes flamencos, en donde se cultivó todo tipo de disciplinas artísticas, considerando prácticamente que solo tuvieron una dedicación primordial a partir de los años 80. El reflejo que da la prensa es más bien frívolo, intrascendente y comercial, faltándonos el conocimiento profundo del acontecer artístico que se hacía en el Burrero o en el Silverio, pero eso, como casi siempre, no interesaba. Se echa en falta al crítico de turno.

* VER L’AHÍ: EL TEATRO. Por aquí desfila en abundante y riquísimo material informativo, cómo el teatro en Sevilla fue otro pretexto escénico para intercalar; sobre todo en piezas costumbristas, canciones y bailes andaluces, junto a todo el movimiento coreográfico de la escuela bolera.

El teatro lógicamente tenía más valoración profesional, y era el estimulante que servía de base para el aprovisionamiento de elementos coreográficos en los salones y similares, con los que mantuvo un paralelismo. Desde el siglo XVIII, coplas, canciones y sobre todo bailes (desde un entendimiento prefla-menco) mantuvieron una presencia escénica que llegaría a los cafés cantantes. El cante, procedente de una línea íntima, se impuso a través de grandes pro-fesionales como Silverio, Juan Breva, Enrique el Mellizo, Chacón..., llegando también a una nueva conquista escénica, la de la Ópera Flamenca como conjunto característico. De hecho el flamenco, aunque fuera como complemento de otras actividades, nunca desapareció de la escena teatral. Si ya hicimos una defensa de la Ópera Flamenca7, también estamos aquí de acuerdo con José Luis Ortiz

Nuevo:

“De ahí que sea urgente revisar viejas ideas de la presencia del flamenco en el teatro, contemplando además el campo de relaciones, influencias, desarrollo artístico, técnico y generacional que ello significa, a la vera de otras músicas y disciplinas estéticas, lindando apenas sin fronteras con la ópera y la zarzuela y el ballet y los más diversos géneros escénicos, creciendo por tanto como una criatura perfectamente profesional desde sus pasos remotos, y no por la peyorativa excusa de prostituirse o de venderse aminorando exigencias de pureza, sino llana y sencillamente

6. José Blas Vega: Los Cafés Cantantes de Sevilla. Madrid, Editorial Cinterco, 1987. 7. José Blas Vega: Vida y cante de Don Antonio Chacón. Ayuntamiento de Córdoba, 1986.

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por el ejercicio pleno de unas aptitudes artísticas capaces no sólo de libe-rar angustias o proporcionar enormes alegrías a sus protagonistas, sino también de acarrearles otras satisfacciones porque sus cualidades eran del agrado de otras gentes, dispuestas asimismo a pagar por contemplar de cerca lo que consideraban bello, hermoso baile bello, hondo, divertido y auténtico.

Aún más: No es que este camino profesional supusiera degradación irre-parable sino justo todo lo contrario. Es decir: el teatro y luego el café cantante no deforman, antes bien contribuyen al mayor esplendor de un arte...”

* CLÁSICOS Y FLAMENCOS. Viene a reforzar en sus tres apartados, lo que la interrelación cultural escénica supuso para la valoración estética y técnica del flamenco, señalando el arraigo que éste tenía a nivel popular.

1. Guitarras suenan. Cuando apenas conocemos guitarristas flamencos, se nos testimonia a numerosos guitarristas clásicos, que en sus conciertos ofrecen, en-tre varias músicas, los llamados aires nacionales, o temas andaluces, propios del flamenco, algunos con marcada incidencia creativa, como los del famoso Julián Arcas (1832-1882).

2. Esas grandes voces. Demuestra por insólito que parezca, que “no fue un fenó-meno aislado” el que tenores, triples, barítonos o bajos, tanto nacionales como extranjeros, incluían con frecuencia en sus conciertos canciones andaluzas, can-tos nacionales y flamenco, apareciendo en estas mezclas líricas, el polo, mala-gueñas, tangos, peteneras... Los cantantes vieron así una forma de agradar al público que pedía y aplaudía estos temas populares.

3. Cornetín por soleá. Si los sonidos y formas flamencas empezaban a incorporar-se en óperas y zarzuelas, también sirvieron de repertorio y composición para bandas de música e instrumentistas solistas, como el caso del famoso Vila, que ya en 1866 sorprendía en sus conciertos de cornetín con la vibrante soleá y la barroca malagueña.

* ESPEJO DE JOLGORIOS. Reúne también en tres apartados lo que es la prác-tica, el ritual y las motivaciones sociales donde el flamenco tuvo una constante presencia, principalmente como motivo de expansión y disfrute.

1. Reuniones públicas. Recoge una muestra de espacio abierto, donde se mani-fiesta la visión costumbrista de la diversión popular a través de ferias, rome-rías, veladas y fiestas, con referencias folclóricas y flamencas. Todo dentro de un andalucismo natural y auténtico.

2. El calor de la juerga. Es un seguimiento de cómo el flamenco desde su naci-miento tuvo además un comportanaci-miento íntimo, y aun en su amplia acepción

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de juerga también saltó a la prensa, compartida por todos los estamentos de la sociedad, incluidos la realeza y los políticos.

3. Mi gustar flamenco. Es el tópico hecho realidad, lo extranjero, lo turístico promoviendo el flamenco. Recuérdese en tiempos más modernos los tablaos flamencos, y podremos pensar que los extranjeros, buscando la nota de color (gitanos) y la fascinación de los bailes nacionales, es la justificación del sentido comercial del espectáculo. “Asistirán muchas gitanas y no pocos ingleses. Lo cual hará que el espectáculo tenga toda la animación conveniente” decía el pe-riódico El Porvenir en 1862. En este apartado cabe un estudio socio-económico, que se completaría con la visión y experiencia de los extranjeros a través de sus impresiones de viaje. La prensa también reflejaba la atención y el éxito que el flamenco despertaba en el extranjero, sobre todo en París con motivo de las Exposiciones Universales.

* MALDICIÓN EN LA CUNA (o con él llegó el escándalo). Es la última parte del libro, y es una extensa crónica negra del flamenco. El aspecto negativo sacado a la luz pública a través de todas las conexiones y ambientes que de alguna manera rozan lo flamenco: golfería, borracheras, peleas, prostitución, puñala-das, juego, y hasta alguna muerte violenta como la del cantaor Manuel Reyes El Canario. Todo pretexto era válido para combatir al flamenco, en contrastado desequilibrio con un renacimiento artístico o cultural.

Esa lacra permanente, nos guste o no, sigue condicionando los valores positi-vos. Y ahí va una muestra que llega hasta este mismo libro. Leí este libro en 1988 como miembro del jurado que había de fallar el I Premio de Investigación convocado por la entonces Fundación Andaluza de Flamenco. La mala clasifi-cación que obtuvo, fue principalmente motivada por varios componentes del jurado, que consideraron que era lamentable y contraproducente, sacar a relu-cir esta nefasta imagen.

En resumen, este libro viene a desmitificar numerosos tópicos y a derivar ab-surdas teorías mantenidas, ofreciendo la facultad de esclarecer puntos dudosos y ampliar nuevos conceptos. Todos sus datos vienen también a enriquecer la historia del flamenco, tanto por sus aportaciones

biográficas como por

com-pletar ciclos históricos, y por matizar más la vida y formación de los

estilos, llamándonos la atención como ejemplo el caso de los jaleos. Se

abre así para los investigadores la posibilidad de ampliar y descubrir

nuevos caminos para llegar a una más completa y auténtica Historia del

Flamenco, algo que está todavía por hacer y que nos damos cuenta de

ello al leer este libro.

Lo que si hemos echado en falta son unos índices que faciliten la labor de bús-queda, agrupamiento y consulta. Lo que esperamos para una próxima edición,

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En definitiva con ¿Se sabe algo?, José Luis Ortiz Nuevo ha hecho una gran labor por la cultura flamenca, y a partir de él, podemos decir sin temor que sabemos algo, mucho más, bastante más.

8. José Luis Ortiz Nuevo: A su paso por Sevilla. Noticias del Flamenco en Serva, desde sus

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Ahora que él ya no está, clareando el verano de 2013, de tantas inseguri-dades, vuelve a la luz —en este caso digital— el ¿Se sabe algo? nacido de 1990. Un cuarto de siglo casi y más de cuando se estuvo haciendo, allá por los ochenta próximos pasados. Y en sus principios, fue una insinuación, una sugerencia suya, de José Blas Vega.

Como es natural uno no suele apuntar —al producirse— esos momentos que —andando el tiempo— determinarán pasos capitales de su vida. Por eso no recuerdo con exactitud ni el día ni la hora de la conversación madre, pero sí las entrañas de lo que me dijo Pepe una mañana en su librería del Prado, calculo yo que sería a lo primero del ochenta y tres, meses antes de termi-nar mi trabajo de concejal en el Ayuntamiento de Sevilla.

—Si tienes ocasión podrías llegarte a la Hemeroteca y mirar prensa antigua a ver si encuentras rastros de Silverio…

Eso me dijo. Eso recuerdo que me dijo. Eso con las mismas o distintas pala-bras, pero eso. Y en verdad que su orientación se convirtió en mandato que yo me impuse con gozo y disciplina grandes:

Pueden ser entonces las 10 de la mañana de un día de junio de 1983; sí, hace hogaño cuarenta de aquello, ojú qué vértigo. El filón de la mina que me dispongo a excavar, está en el Parque de María Luisa, junto al Teatro Lope de Vega, y es una casita como de guarda, oficialmente llamada Pabellón de la Madrina, construida para la Exposición Iberoamericana de 1929.

Alfonso Braojos, director del centro, y el señor Márquez, conocedor del fondo, me sirven como guías y me ponen en comunicación con EL PORVENIR y con LA ANDALUCÍA…

¡Qué enorme sensación de gusto! ¡Qué delirio de tantas informaciones ol-vidadas! ¡Qué contento descubrir lo que desmiente o lo que afirma! ¡Qué grande alegría de saber lo antes oculto!

Y así un día y otro y cientos… desde el 83 alante; más que lector ávido de vetustas novedades, sumergido me hallaba en inmenso piélago de páginas y

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páginas de las que iba extrayendo, con sumo alborozo, datos, documenta-ción, certezas y argumentos, tan ricos en cantidad como certeros, contun-dentes.

Aquello fue un apasionamiento consciente, consentido y disfrutado. Una fuente sin réditos monetarios pero que saciaba con abundancia mi sed de conocer y desvelar sombras y proponer dudas.

No siendo rico, obvio es que, de mientras, tenía otras ocupaciones retri-buidas y verlahí que una de ellas me llevó de nuevo a Madrid —de donde yo venía— a lo primero del 86. Aprovechando —como en Sevilla— los claros que el curro remunerado me permitía, alcancé a revisar, en la Hemeroteca Municipal de Conde Duque, los abundantes fondos de prensa sevillana del XIX que allí se guardan.

De este modo se pudo concluir el primer rastreo, que había principiado cuatro años atrás gracias a un comentario de José Blas Vega, lo reitero agradecido.

Vino luego la tarea de seleccionar, ordenar y comentar los materiales. Y se hizo el libro. Ahí quedó y ahí queda. Cuando se publicó, con trascendencia o sin ella, ofreció un perfil distinto, novedoso, con respecto a la flamencología del momento: proporcionaba fecha y nombre a las historias y las colocó en el tiempo.

Si lo volviera a hacer ahora seguramente sería distinto, más en la línea del Tremendo Asombro, que recién se acaba de editar en esta misma casa. De momento la nueva entrega de ¿Se sabe algo? es una reedición cabal de la publicada en 1990, debidamente corregida, y aumentada en estas tres in-troducciones que acompañan al texto originario.

Al releerlo ahora -dos veces, de principio a fin- para las correcciones, me doy cuenta de la bisoñez que yo aún tenía cuando lo redacté. Incluso me pude creer el rey del mambo por lo que alcanzaba, sin reparar en que mu-cho más desconocía. Así considero que hay comentarios demasiado parcos y otros excesivos, y también hay párrafos que ahora me empalagan, dis-cúlpenlos. No contradigo los pensamientos pero sí las formas. Eso sucede cuando mis palabras suenan incluso más antiguas que las de los propios pe-riódicos que cito.

En todo caso la información documental permanece clara y es la clave de la vigencia del libro, su utilidad siempre a la afición que indaga y quiere saber

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y cerciorarse de las cosas, de cómo fueron las cosas. Ese valor no se lo quita nadie, ni siquiera yo que soy su pare.

Por ello le caben tantas lecturas y es —en lo que certifica— inapelable texto de consulta. Entiéndase así también como un conjunto de fichas suscepti-bles de ser manejadas a voluntad de investigadores y curiosos, no solo del flamenco, sino de las otras disciplinas estéticas que se contemplan en los documentos, por el tiempo dado, desde el comienzo del siglo XIX hasta el año en que murió Silverio Franconetti.

José Luis Ortiz Nuevo

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Han pasado ya 23 años de la publicación de ¿Se sabe algo? Viaje al conocimiento del Arte Flamenco en la prensa sevillana del XIX. Mucho ha llovido desde entonces y mucho ha cambiado todo en el campo de los estudios sobre el Flamenco. De que ello haya sido así tiene la culpa un hombre y un nombre. Un hombre que se llama José Luis Ortiz Nuevo. Él publicó en 1990 un libro que marcó un antes y un después en la historia de la Flamencología. Un libro que abrió los ojos de muchos, de mí mismo, a un mundo hasta entonces desconocido. Ese período histórico en el que el arte andaluz se empezó a llamar flamenco.

¿Se sabe algo? fue un libro que puso fin a un acercamiento a la historia del fla-menco sin duda más romántico, pero también menos riguroso. Fascinante, pero incierto. Atrás quedaba la llamada “tradición oral” y el relato popular. Se ponían en cuarentena muchos datos que eran en realidad hijos de la fantasía. Datos sin un fundamento histórico cabal. Datos que podían ser o no ser verda-deros. Datos que, en cualquier caso, era necesario autentificar.

Con ¿Se sabe algo? se inició la investigación científica. La investigación basada en documentos y testimonios escritos. La investigación a base de datos reales. Datos fidedignos. Datos históricos.

¿Se sabe algo? fue un texto que traía a la luz cuanto apareció en los periódi-cos sevillanos, desde comienzos del XIX hasta 1889, año en que murió Silve-rio Franconetti. Un libro que sacó del olvido decenas y decenas nombres y aconteceres que dormían el sueño de los injustamente condenados al polvo del tiempo transcurrido.

Hoy, que algo se va sabiendo de cómo nació y se gestó la criatura que llama-mos Flamenco, ¿Se sabe algo? es un documento imprescindible en la biblioteca de todo el que sienta interés por conocer los pormenores históricos de ese arte, a la vez tan popular y tan culto.

José Luis Navarro Sevilla, junio de 2013.

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El sábado 4 deberá ejecutarse en el Teatro Principal el beneficio del Sr.

Ojeda Manti. Las piezas que para esta función ha escogido deben en nues-tro concepto merecer el aprecio del público, que tantas y tantas pruebas de entusiasmo ha dado al artista andaluz, aplaudido unánimemente en los teatros extranjeros, y que ahora viene a presentar en el nuestro las muestras de sus talentos artísticos. De esperar es que los sevillanos, que deben envanecerse de contar entre el número de sus paisanos al Sr. Oje-da, se apresurarán a gozar por última vez de los encantos que el artista sabe proporcionar con sus delicados cantos y sus graciosas e inimitables canciones andaluzas1

, pagando así los desvelos que ha empleado por llenar cumplidamente los deseos del público.

(EL CORREO DE SEVILLA, 1 de marzo de 1843) ***

El niño prodigioso Jesús Monesterio tocó el violín noches pasadas en el real palacio, y sabemos que su Majestad y su augusta hermana quedaron muy complacidas con la rara habilidad de un niño, que cuenta sólo seis años. También ha tocado algunas noches en el palacio del regente del reino, donde con un violín que le regaló la Sra. Duquesa, ha ejecutado el niño Monesterio varias piezas difíciles aún para los profesores, marchas y aires nacionales.

(EL CORREO DE SEVILLA, 20 de marzo de 1843) ***

CIRCO REAL DE M. GAETANO CINISELLI, caballero de la orden de S.M. Victor Manuel; situado en la puerta de Triana.

Función extraordinaria hoy sábado a las ocho y media de la noche a bene-ficio del Asilo de Mendicidad de S. Fernando.- El Bolero Andaluz, bailado por dos yeguas inglesas con castañuelas en los pies.

(EL PORVENIR, 24 de mayo de 1862) ***

ÁLBUM GITANO.- En el almacén de música de Bergali, Sierpes 103, se ha recibido la tercera edición de dicha obra, que contiene:

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- Soleares.

- Seguidillas del Tibirlín. - Peteneras.

- Malagueñas.

(EL PORVENIR, 6 de mayo de 1879) ***

ANÉCDOTA.- Cuéntase que el afamado cantador El Fillo fue en compa-ñía de su compadre, a la Feria de Mairena, pasando todo el primer día de paseo y de broma.

Llegada la noche y teniendo ganas de dormir, buscaron posada y les fue imposible encontrarla.

Cansados de andar dijo de pronto El Fillo:

- Compadre, venga Vd. conmigo; vamos a pasar una noche de prínci-pes.

-¿Dónde?

- Ya lo verá Vd. y me dará las gracias.

Sin hablar más recorrieron varias calles, salieron del pueblo y llegando a un olivar subió el cantador moronero2 a un árbol, se sentó como pudo y dijo:

- Compadre, suba Vd. y cierre la puerta. Ea, buenas noches3.. (EL PORVENIR, 5 de mayo de 1883)

***

Anteanoche se estrenó en el teatro Cervantes la preciosa zarzuela de Ja-vier de Burgos con música de Chueca titulada Caramelo.

La obra, que es un plagio de El Tío Caniyitas, no carece de gracia e inte-rés.

La música es alegre y ligera, como que casi toda ella está motivada sobre aires y cantares andaluces.

El terceto entre la flamenca, el gitano y el señorito es precioso.

La ejecución fue bastante esmerada, presentándose la obra con gran pro-piedad.

La señorita Martínez lució sus gracias y dotes artísticas, y más que nada sus condiciones para el género flamenco, vistiendo precioso traje de tore-ro.

(EL BALUARTE, 25 de diciembre de 1887)

(25)

23

acto de D. Miguel Echegaray que lleva por título “Manzanilla y

dinami-ta” cuyos artistas oportunos e ingeniosos promovieron la hilaridad del público.

La notable cantaora Mercedes “La Zarneta” cantó en medio de la obra preciosos cantos populares que le valieron una entusiasta ovación.

(EL ESPAÑOL, 3 de enero de 1888) ***

Los tribunales de Cádiz van a tener que dilucidar una cuestión diferen-cial entre el “cante jondo”, el “cante andaluz” y el “cante flamenco”. El dueño del café-teatro del Correo se quejó al gobernador de que la em-presa que había contratado ese local, ha dado varias funciones de cante “flamenco” siendo así que este espectáculo quedaba excluido por el con-trato.

La empresa dice que no es cante “flamenco” lo que ha habido, sino cante andaluz.4

El gobernador se ha manifestado incompetente para resolver tan ardua cuestión, indicando a los interesados que más bien corresponde el exa-men de este caso a los tribunales.

(EL PROGRESO, 18 de abril de 1888)

Sirva la precedente antología de noticias antiguas y curiosas, aparecidas en pe-riódicos sevillanos del siglo XIX, como muestra o sugerente anticipo de lo fun-damental que este libro contiene: Testimonios a millares de lo que se escribió y se dijo entonces5 a propósito del Flamenco. Exactamente lo publicado entre 1812 y 1889, el año en que murió Silverio.

La profundidad, cuantía y limitaciones que el venero tiene en cuanto al tiempo de fluencia y naturaleza de sus aguas, viene marcada por el carácter le las fuen-tes, que se reproducen.

No cabe pensar por tanto que ésta sea, ni mucho menos, una historia general del Arte Flamenco, referida al período que definen sus límites.

Su objetivo es mostrar una serie extraordinaria de informaciones clave que aportan pruebas, argumentos convincentes de suma veracidad, capaces de proclamar certezas nuevas y desmentir creencias falsas, ensanchando horizon-tes al conocimiento.

(26)

24

terio.

Eso es todo. Generosamente abundante de papeles.

José Luis Ortiz Nuevo. Sevilla 1990

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(28)
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2

Hoy se está abusando de la libertad de imprenta; y este no es el espíritu

del que la concede. Libertá de escrebir solamente asuntos útiles que ilus-tren al Gobierno, o que arrempujen el patriotismo, ya lo entiendo; pero libertá de escrebir coplas indecentes, sátiras y esverguenzas personales, caluñas y dufonaas, esa no es libertá, sino delito y muy grande. Qua-lesquiera que emprimiese aunque fuera una seguirilla, había de quear responsable a Dios y al Rey de sus vicios y virtues.

EL TÍO TREMENDA1

Deliberadamente el nombre de este capítulo inicial recuerda y sirve de

homenaje a las célebres Escenas Andaluzas que escribiera Estébanez

Calderón

2

.

Mas ¿qué son estas Escenas Trianeras? Sencillamente parte de un

viejísi-mo periódico sevillano llamado EL TÍO TREMENDA O LOS CRÍTICOS

DEL MALECÓN, y cuyo contenido presentaba una serie de

conversa-ciones, a la vera del agua, en el malecón trianero, en las que intervenían

varios personajes populares como el propio Tremenda, el más ilustrado,

y otros dichos Castaña, Epidemia, Podrío, Cascarón, gentes del pueblo

hablando en un andaluz exageradamente vulgar, fielmente transcrito a

los papeles.

Respondía la publicación a una filosofía más que conservadora,

reaccio-naria, amiga del absolutismo real así como del poder omnímodo de la

iglesia, defensora de leyes y privilegios del antiguo régimen que por tan

distintos procedimientos y ambiciones habían derrocado las Cortes de

Cádiz y Napoleón Bonaparte.

Bien, y todo eso --se preguntarán ustedes-- ¿qué tiene que ver con

nues-tro asunto? Mucho desde luego, en tres capítulos o escenas del

perió-dico, que quisiera, en primer lugar, invitarles a leer, para que podamos

comentarlas luego tras su conocimiento.

(30)

2

EL TÍO TREMENDA O LOS CRÍTICOS DEL MALECÓN

Pase por elogio al Exmo. Duque de Ciudad-Rodrigo aunque no se verificó su venida a esta capital, según esperábamos

Núm. 20

Castaña. Ya nos habíamos consentío en que usté no venía esta tarde. Tremenda. La jambre que tiene uno por noticias me ha obligao a salir y dexar la cama.

Epidemia. ¡La cama! Pos qué? Ha estao usté malo?

Tremenda. No he tenío mas enfermeá que jacer el día noche; por haber jecho antes la noche día.

Castaña. Con que eso quiere icir, que anoche hubo jarandilla.

Tremenda. Fue la noche toleana; en mi vía me he divertío más. Verán us-tees corno se enrreó la fiesta impensaamente. A la prima noche me metí, corno acostumbro, en casa, y Nicolasilla me ixo al entrar; Paire, misté que le vamos a echá una fiesta al Señor que ha venío. Me agraó la idea, y le respondí, al momento. Corre y llama a tu prima Jimona, y tráete de camino a la Charrasca, que son dos cantaoras de rumbo: y yo le avisaré a Faramalla que se traiga la guitarrilla, y ya está armaa la tanga. Con efeuto, la muchacha salió y se taxo a sus amigas, y yo jice lo mesmo. Mi mujer Norica que tiene rumbo y gracia para estos casos, mandó por dos botijillas del duro, y otra del dulcecillo para las muchachas; media arroba de vizcochos, y un par de ocenas de virnagas. A las diez poco antes; se comenzó el ensayo de lo que habíamos de jacer, y de lo que se había de cantar a las puertas del Excelentísimo Señor duque de Ciudad Rodrigo, a quien se endilgaba esta fiesta y too el obsequio. Hubo su competencia y sus dúas sobre la elección de los versos y sobre la tonaa que habían de echar las cantaoras, porque Faramalla icía; que aquí pegaba un romance: Norica que no: las muchachas que coplas al estilo de la zambomba: yo los escuchaba a tos, jasta que ya jartos de isputar y sin saber lo que les convenía escoger, les ixe: Queréis acertallo? Pues mirar: jacer una mesco-lanza de too: seguidillas, coplas, guitarra, zambomba: too, esto se llama varieaes, y tiene acetación amanta: en diciendo varieaes ya se sabe que quiere icir güeno y malo, corno lo vemos por los papeles públicos. Yo me eterminaba a componelle a su Excelencia alguna cosilla, un par de sone-tos o una oda; pero esto tiene un atranquijo mu grande.

Quite usté allá eso, me interrumpió mi hija. Esas cosas no pegan; porque ni se puen cantar ni nos corresponden a nosotros. Me convenció la mu-chacha. Y le ixe, pues aelante: yo vos daré coplas y seguirillas toas las que poáis cantar y no perdamos tiempo. Salimos y nos plantamos en las puertas de su Excelencia, y comenzó la gresca de esta forma.

(31)

2

Se rompió la función con un alegro de zambomba y castañuelas, a cuyo

armonioso estrépito cantaron las muchachas a tres las siguientes coplas: y jarreamos toos con el estrivillo jasta esgañitarnos.

A vuestras puertas llegamos con indecible alegría

y os damos la enhorabuena de vuestra feliz venida: Seas bien venido generoso inglés, defensor de España terror del francés. Ínterin dexas sugeto al más bárbaro enemigo, vienes a acordar los planes de nuestro feliz destino: Seas bien venido noble Wellingtón; valiente aliado del pueblo español. Los decantados guerreros que triunfan en Austerlitz, en Agueda y Guadiana huyen vencidos por ti; publique tus glorias voladora fama, y aumente clarines para tus hazañas.

Luego que se cantaron estas tres coplas, que soltamos como ziñuelos, paa que se dispertase la gente: reparé que andaban unos bultos por la venta-na; y le ixe a Faramalla; muchacho, templa bien esa vigüela, y que canten ahora las chiquillas una cosita seria; porque yo barrunto que ya hay sol en el peral. Con efeuto, arregló el tono Faramalla, y las dos muchachas a dúo, gorgearon como dos cisnes a estilo de boleras, por la clave de cesol-faú las siguientes seguirillas, que no había más que oír en el mundo.

Al carro de los triunfos del Lord Wellingtón, te hemos de ver atado vil Napoleón:

Ya llegó el tiempo del triste desenlace de tus enredos.

Gloria al Héroe Britano que nos ayuda,

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30

de tan vil chusma: Perpetuos himnos

al Lord siempre triunfante jamás vencido.

No se descuidaba Norica en el cumplimiento de su obligación. Ínterin cantaban las muchachas, les presenta a los que no jacíamos mas que oír, la hermana bota, paa que la besásemos con la vista fixa en el cielo; pero cuando se concluyó el duo, les suministró del otro género más dulce; y entró a turnar la otra pareja, esto es mi muchacha y su primo Faramalla. Vayan dos coplitas de seguirillas, dixo Norica, que yo vos las cantaré: va-mos a ellas, respondieron los nombraos: y metiendo mano a los palillos, anque mejor era icir los palillos en la mano, se plantaron de jarras en mitá de la corriente. Caballeros, me queé asombrao no solo de verlos brincar, sino de oír a Norica; sobre que en quarenta años, en güena hora lo iga, y salvo sea el lugar, que estamos casaos, no la he visto jacer otro tanto! Pero con otra cercunstancia, que cuando me arrimé al oío paa icirle la letra, me endiñó una gofetaa, y me ixo: quítate tú allá, pañurdo: qué? necesito yo de intrípiti pa dos ocenas de seguirillas? Ahora lo verás; y ayuándose con las palmas les cantó estas corraleras4.

Aunque es mi vena anciana te felicita;

y hace este corto obsequio a tu venía:

primita el cielo vivas; ilustre Duque, un siglo entero. Felices resultados tengan tus planes; unidos a ti todos los generales: te voy a pedir por este, por el otro, por aquellos y...

Aquí le dio tal golpe de toz que se ajogaba. Lo ves tú, Norica, le ixe yo? Ves como te engañó el corazón? Ni la letra, ni la música, ha valío un demonio. Que dirá qualequiera que te haya escuchao? Misté que moo de estrivillo! Por aquellos y... Calla, jumento, me respondió: qué sabes tú lo que vale aquel y...? Mira: yo supongo en ese estrivillo el nombre de nuestros generales, y cuando ixe y... Ya, ya caigo, le ixe yo: caíste ya? Me alegro, replicó ella. Se dió otro turno al xerezano, y al pajarete, en que remojamos los vizcochillos; y mientras los demás echaron mano a las virnagas dirigí a la ventana esta décima:

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31

Al más sabio General Al destructor de Masena; Al que el orgullo refrena De Junot en Portugal; A nuestro aliado inmortal, Terror, azote y castigo Del más bárbaro enemigo Se dirige esta función,

Quién es? El Lord Wellingtón, Duque de Ciudad - Rodrigo,

Solearon un fandango rasgueado con palillos y zambomba y nos golvimos a casa, a tumbarnos jasta ahora.

EL TÍO TREMENDA

Núm. 26 y 3 QUARTILLOS

Como ayer, además de los platos ordinarios con que alimentamos nuestra curiosidad política, hubo tantos extraordinarios, que casi no nos alcanzó el día para leer; también nuestros críticos tuvieron su Junta extraordina-ria hoy por la mañana: lo que supe por una rara casualidad, y me apresu-ro a noticiar al público:

Tremenda. Se largó ya la mosca, compadre? Podrío. Quién se lo ha dicho a usté, Maestro?

Tremenda. Yo mesmo. Me allegué a su casa de usté paa convialle a la fiesta que ispusimos de repente en osequio del Sr. Duque y del Sr. Cas-taños; y su hija de usté la Chispa me respondió, paa fiesta está su mercé¡ Asómese usté a esa sala, Maestro. Con efeuto me asomé, y me jallé a usté convertío en cuero.

Podrío. Maestro; pues maldecío más que un ocho entró en mi cuerpo; pero me hubo de coger en mala hora, y toíto se subió a la chimenea. Yo me iba jacia casa, cuando me topé con Tomasillo el Gancho, y me ixo: compadre, en celebriá del día entre usté, y probará un anisaillo que han traío las muchachas de Castilleja. Compadre, ya igo, maldecío más que un ocho me tiré; pero entre quatro me llevaron a mi casa.

Castaña. Eso va en la isposición en que se coge el cuerpo de la criatura. Hay veces que se tira un hombre una azumbre, y naa; y otras ocasiones con un buche, a tierra.

Podrío. Con que vamos al asunto. Ustees se divirtieron?

Cascarón. Tal qual. Fue un jaleillo probe; porque como fue un repente, no hubo tiempo paa otra cosa. Entre nosotros mesmos se jizo el gasto. Podrío. No fueron las cantaoras de la otra noche?

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Tremenda. No señor. No fueron más mujeres que mi Norica y mi mu-chacha; pero me hubiera alegrao que usté hubiera oío cantar a nuestro compae Castaña.

Podrío. Calle usté ¡Conque también cantó su mercé! Castaña. Toma¡ Pos qué, soy yo algún pelo de puerco?

Podrío. No lo igo yo por tanto; sino que como usté ya no está en edá de esa broma, velo ahí usté.

Castaña. Quien tuvo retuvo; y paa una cañilla, en toavía me acuerdo. Y por fin, toito se debió ispensar, porque ayer anduvimos locos con la venía de esos Señores ecelentísimos.

Podrío. Maldita sea el alma del vino mal bebío! Que me perdiera yo ese güen rato! Vamos a elante: infórmeme usté de lo que se jizo.

Tremenda. Que se había de jacer? Cantar ca uno lo que púo de repente, y de la moa que supo. Se cantó la caña, la picaresca o el ole; la canción de España de la guerra; acomoándole otra letra al intento; y por fin se entre-tuvo el rato.

Podrío. Y no más que eso?

Epidemia. Pos que quería usté más? Habíamos de haber cantao algunas arias, o algunos villancicos que se riyera la gente?

Podrío. Y por qué se habían de reír?

Tremenda. Porque eso no nos pegaba a nosotros. Caa uno se ha de arre-glar a sus facultaes. Si unos probes como nosotros, nos hubiéramos metío en un berengenal de Arias, Rondós, Recitaos, y otras yerbas asina, ni po-dríamos esempeñarlo, ni la gente creería que era osequio de nuestra mes-ma cosecha. Naa de eso. Caa uno se ha de explicar como puea, paa que se le agraesca su güena intinción. Los mesmos Señores habían de haber dicho, esa fiesta no es de la tertulia crítica, sino de algunos hipróquitas que vienen aquí a lucir con ropa ajena. Po si es verdá!

Podrío. No tengo que responder, Maestro; pero vamos: díganme ustees lo que se cantó.

Tremenda. Aquí estamos toos: que caa uno vaya repitiendo lo que cantó anoche.

Castaña. Yo fui el más atrevío, como el más viejo: y por el son de la caña dulce, le espeté este elogio al Señor Duque.

Si la Córcega abortó

un monstruo que nos aflige; también produjo Inglaterra un héroe que lo castigue. Caña dulce; vil Napoleón,

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33

ya te apretará los tacos

el insine Wellingtón... ay. ay. ay.

Ahora siguió el Ole con acompañamiento de palmas.

Ese coloso soberbio que pensó al mundo abatir al lao del Lord Wellingtón quea tamañito así.

Podrío. Güeno está eso. Vivan los viejos honraos¡

Epidemia. Luego seguí yo por el mesmo estilo con otra coplita de caña y ole al Sr. Castaños: porque: vamos no pueen andar separaos ambos elogios.

Si creyeron los franceses que habían de dominarnos; ya pueden desengañarse de que fue el sueño de un gato: cañita dulce: viva muchos años, hasta aniquilar la Francia

nuestro General Castaños...ay! llai! llai!

OLE

No temo a Napoleón ni a todos sus Mariscales, mientras exista un Castaños con los demás Generales.

Tremenda. Asina que acabaron los compadres, entró mi mujer a dúo con la chiquilla, y cantaron un par de coplas con unos bemoles y sustenios:

vaya, que se chupaba uno los deos. Sobre que la güena de Norica me tiene escandalizao! Ella mesma compuso la letra, acomoándola a esa can-ción patriótica de España de la guerra: y luego al estrivillo entrabamos toos con unos gritos! pero sin perder el compás. Me acuerdo que la letra fue esta.

Sevilla en tu venida se ha cubierto de honor pues por ti aguarda España salir de esta opresión. Con acierto conduzcas al león español

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de ese corso feroz.

Estribillo

Alegraos, alegraos españoles, pues el Lord Wellingtón va a destrozar las huestes del vil Napoleón.

Danos, amor, un medio, ya que eres tan sagaz, de que se quede y parta nuestro buen general. La victoria le llama con corona marcial; mas la leal Sevilla no le quiere soltar.

Estribillo

Respirad, respirad españoles, pues nuestro general

el inmortal Castaños nos va ya a libertar.

Podrío. Y usté Maestro, no jizo na?

Tremenda. Ay compadre! Estuve muy malo. No sabe usté con cuánto tra-bajo asistí a la fiesta. Solamente esos Sres. Excmos. me hubieran jecho salir de casa.

EL TÍO TREMENDA O LOS CRÍTICOS DEL MALECÓN

Núm. 31

Castaña. Qué lástima que no le hubiéramos echao la fiesta a nuestro Ge-neral el Señor Castaños!

Tremenda. No sabe usté que por fin salimos?

Castaña. Calle usté, compadre! Se convenció por fin mi comadre?

Tremenda. Asina que usté se fue, le ixe yo: Norica, es posible que no he-mos de salir a celebrar a su Excelencia. Ella me respondió: Lorenzo, quie-res que te mormuren otra vez, como lo jicieron con la fiesta del señor D. Wellington? Mira, mujer, le argüí yo, esas mormuraciones de un par de tontos me las echo yo por la palomilla. Han reparao en que la caña y el ole no eran osequio competente; y en eso mesmo que arreparan consiste nuestro mayor mérito, porque toitas las cosas de este mundo han de ser proporcionaas a los sujetos que las jacen. Si nosotros saliéramos con al-guna jorquesta de serieá y de alto rumbo, era una cosa que se espegaba, y que no nos competía a nosotros. Celebremos nosotros a nuestra moa a los señores, y en verdá y por cierto que será siempre un osequio

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pro-35

porcionao a nuestras facultaes. Quieres un exemplo con que les pegues

un tapabocas a toítos esos majaeros que mormuren? Pues mira. El Padre Isla, hombre tan sabio como graciosísimo, jizo el elogio del Señor Don Fernando VI, cuando se juró en Navarra; y al lao de unos versos mu fa-mosos, y de unos pensamientos mu finos, encajó unas cuantas seguirillas por este estilo:

Veinticinco limones sobre una mesa

Viva el Rey D. Fernando y la Portuguesa.

Alentado del alma, Quiéreme mucho,

Que es el Rey D. Fernando Como un carbunclo.

Ves esas seguirillas que parecen un jato de isparate? Pues no son sino un ecelente elogio al Señor Rey; pero arvierte esta iferencia. Los versos elegantes y los iscursos de rumbo los puso el Padre en boca de gente sa-bijonda: pasó su mercé a contar, que jasta los muchachos cuando iban por aceite a la tienda, y las zagalas cuando iban con sus cántaros a la fuente, elogiaban por el camino a S.M. cantando coplas; ¡pero qué coplas! Las que te he referío. Unas coplas como de muchachos, y como de mozuelas que van por aceite y por agua. Si hubieran dío cantando décimas y sone-tos, y arias y villancicos, ¿no sería eso un disparate? Mas güena está aque-lla seguiriaque-lla en boca del muchacho, que cuanto serio hay en el mundo; y tan propia de aquellos probes fue aquella alabanza como nuestra caña y nuestro ole entre nosotros. La convencí, compadre, y me respondió: pues vamos a la fiesta; ¿pero sabes lo que he pensao? que le echemos un vítor a su Eminencia. Me agraó la idea: me juí allá entro, compuse el vítor, y salimos a llevarlo a casa de su Señoría. Lo llevamos en triunfo, y caa uno iba ifrazao, lo mesmo que una máscara. Yo le puse a esta máscara el título de el terror de los Gabachos; porque verá usté, compadre: caa uno de los que fueron iba representando el papel de un indino francés, y yo iba etrás con el vítor colgao al pescuezo: ellos aparentaban como que juían de mí, y yo jacía como que los perseguía a ellos, y los obligaba a juir.

Epidemia. Conque quántos iban ustees?

Tremenda. Ibamos... yo les pintaré a ustees el asunto lo mesmo que pasó. Primeramente iba el Galgo jaciendo el papel de Pepillo el rey de copas. Su vestío riículo, con un chapeo de vinagrero, una bota de pellejo, llena del de Valdepeñas, colgando del pescuezo, y otro con aguardiente colgando por la espalda, y las dos en forma de unas alforjas. En la que llevaba atrás le pegué un cartel con este terceto:

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Juyamos al Pirineo No paremos en diez años, Que nos persigue Castaños.

A su lao iba mi sobrino el Sordo arremeando al General Abbé, también riículo, y como asustao: llevaba mesmamente en la espalda otro cartapa-cio con otro terceto que icía asina:

Pepe: quisiera ir contigo Paa evitar mi ruina; Pero no me deja Mina.

Detrás de estos iba otra pareja, que la jizo mi vecino el Arropiero y su hijo Frasco: arremeaban al indino arrastrando unos grandes talegos, como si fueran de meros; y caa uno su correspondiente terceto pegao a los lomos. El del ladronazo Soult decía de este moo:

¡Va que me quitan el fruto De mi insaciable ambición Castaños y Wellington!

El del maldecío Suchet decía lo siguiente:

Dejadme con mil demonios, Maldecíos Valencianos,

Que me voy con mis hermanos.

Norica y mi muchacha formaban otra pareja, remeando a dos maamas, por sí y a nombre de las emás que andan en la comparsa del Mariscal; y caa una llevaba una copla clavaa en la gorra de crespón. Las coplas eran estas:

Tristemente voy pagando, En premio de mis locuras, Las duras y las maduras.

La otra era asina:

¡Cierto que habemos echado (Como lo dicen las gorras) Un buen viaje de borras!

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3

pelucón rizao a las mil maravillas; mi sombrero gacho, que no había más

que ver: por fin lo más ecente que se púo. En un óvalo de cartón, forrao en papel de oro y mu recortao, que lo recortó Norica: (porque ya saben ustees que tiene abiliá paa bordar, que paece que pinta las cosas). Pues en este óvalo iba escrito el vítor. Lo llevaba yo colgao de unas cintas de sea por el pescuezo, y me cogía desde la barba jasta las ruillas. Atrás llevaba también mi terceto, que era este:

Al vencedor de Dupont Rendiréis vuestra cerviz. Decantaos de Austerliz.

El vítor contenía, poco más o menos, esta octava, si mal no me ecuerdo:

Castaños: (dijo la afligida España) Del pérfido enemigo solo exenta La provincia feliz que el Betis baña, Tuya es la gloria de vengar mi afrenta; A ti es dado triunfar en la campaña: Intrépido adalid ya se presenta, Y vence y rompe los infames grillos Que ahora nos quitan los demás caudillos.

Colgamos la tarjeta en la puerta de la casa del Señor; se cantaron algunas coplitas, que no repito porque se acaba la tarde, y nos volvimos a nuestra choza, más contentos que unas pascuas.

Castaña. Paa ser de repente, no se puo jacer mejor.

Y bien, ¿qué le parecieron las patrióticas juergas del Tío Tremenda con la

familia y los compinches? Por la mía parte ahí van los comentarios:

1.- Según la escritura utilizada el texto dice: dos cantaoras de rumbo, y

también dice: seguirillas. Sin embargo es evidente que tales coplas son

seguidillas, y las cantaoras, por los datos que proporciona, poca

pin-ta tienen de flamencas. Lo imporpin-tante es conspin-tapin-tar la presencia, en el

lenguaje andaluz del momento, de tales palabras como cosa corriente,

expresiones cotidianas del pueblo analfabeto, previas a su

flamenquiza-ción.

Si parece razonable el pensar que redactó estos textos una persona culta

remedando el habla ordinaria de la calle, obvio resulta el deducir que

las voces señaladas fueran aprehendidas por su autor directamente del

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3

vulgo, de uso por lo tanto anterior al tiempo de formalización de lo

fla-menco.

2.- En la segunda de las escenas reproducidas gira la fiesta alrededor de

dos sustanciales formas del acervo popular de entonces La Caña y El

Ole. En torno de La Caña cabe destacar, de una parte, cómo su concepto

puede registrarse, en cita documentada, veinte años antes de que lo

hi-ciera Arcadio Larrea

6

y más de treinta aún con respecto a la descripción

original de El Solitario

7

.

Y, de otra, cuestión incluso de mayor trascendencia, pues si en

ningu-no de los supuestos citados podemos contar con la trascripción musical

de la copla, en el caso de las cantadas en la juerga del Tío Tremenda, si

aparecen, ¿inexplicablemente?, esos ¡ay! característicos de la caña

con-temporánea.

En cuanto al Ole

8

advertir como precisa acompañamiento de palmas

pro-picias al punto de la danza, y se le asocia además a la picardía: se cantó

la caña, la picaresca o el ole. Y comprobar, así mismo, la bien medida

cuadratura de las composiciones propias para entrar en ritmo de baile.

3.- El autor del panfleto cavernario, establece en sus criterios la

meridia-na diferencia que existe entre los cantos del pueblo: seguirilla, caña, ole;

y las composiciones llamadas cultas: sonetos, odas, pues esas cosas no

pegan; porque ni se puen cantar ni nos corresponde a nosotros.

Y, a la vez, distingue entre estas coplas del folclore común y las

circuns-tanciales canciones patrióticas.

4.- Por estas crónicas sabemos también como, en este tiempo, a

comien-zos del siglo XIX, se usaban otros conceptos que, en sus frases, decían,

por ejemplo:

- Gorgearon como dos cisnes a estilo de boleras.

- Y ayuándose con las palmas les cantó estas corraleras.

- Solearon un fandango rasgueao con palillos y zambomba.

- Pero sin perder el compás.

- Fue un jaleillo probe; porque como fue de repente no hubo tiempo para

otra cosa

9

.

5.- Con estos y otros muchos más testimonios poéticos habidos, bien es

cierto que puede lograrse corpus documental suficiente para hacer un

(41)

3

estudio de coplas patrióticas, como demandaba Demófilo en su

colec-ción de cantares

10

.

6.- Obsérvense especialmente los tercetos del último artículo, también

llamadas coplas, y se verá, como en algunos casos, son modelos

perfec-tos, de fondo y forma, para soleares de idéntica medida. Verbi gracia:

Tristemente voy pagando En premio de mis locuras Las duras y las maduras.

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NOTAS

l. El Tío Tremenda. Sevilla 1812/13. En muy buen estado se conservan dos volúmenes en octavo, en la Hemeroteca Municipal de Madrid.

2. Escenas andaluzas, bizarrías de la tierra, alardes de toros, rasgos populares, cuadros de costumbres y artículos varios, que de tal y cual materia, ahora y en-tonces, aquí y acullá y por diverso son y compás, aunque siempre por lo español y castizo, ha dado a la estampa “El Solitario”, nuevamente ahora reducidas a un cuerpo y compilación enriquecida con mucho de lo nuevo y de inédito por el cuidado y esmero de algún aficionado. Edición adornada con 125 dibujos de D. F. Lameyer. Madrid, 1847.

3. Tal como ocurre en esta frase, se ha respetado siempre la redacción original de las palabras según fueron publicadas habiéndose actualizado únicamente la acentuación.

4. Ver l’ahí, en 1812 ya se bailaban “corraleras”.

5. Al comenzar el año de 1812, los reveses de los ejércitos franceses en Extremadura y los escasos adelantos en la alta Cataluña, se compensaban con los éxitos de Suchet en Levante. Pero la guerra de Rusia, como la de Austria de 1809, obligó a Napoleón a debilitar sus fuerzas de la Península. En junio, Wellington toma la ofensiva y emprende un movimiento sobre Burgos desde la frontera lusitana. Cerca de Salamanca, en el lugar llama-do de los Arapiles, se entabló una gran batalla, cuyo resultallama-do fue, como es sabido, la derrota de los franceses.

Cuando en Sevilla se tuvo noticia de la victoria, cuentan las crónicas que el pueblo fue incapaz de reprimir la alegría. Soult comenzó a disponer la evacuación de Sevilla y, sólo unas horas después de levantado el sitio de Cádiz (24 de agosto), las águilas francesas abandonaban la ciudad del Be-tis, tras treinta y un meses de ocupación.

El regocijo de Sevilla al verse liberada fue inmenso. Sus habitantes celebra-ron la marcha de los franceses con luminarias, repiques, música, solemnes rosarios, etc. De la repercusión del acontecimiento en los vecinos da idea el gran número de composiciones en verso y prosa en que los sevillanos derrocharon su ingenio e ironía, con sátiras de sucesos y personajes de la ocupación:

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41

“Vivan los sevillanos,

porque han sabido derrotar a los franceses con heroísmo...

Vivan los sevillanos y el general Cruz y mueran los franceses y el mariscal Soult”.

José Manuel Cuenca Toribio. HISTORIA DE SEVILLA V. DEL ANTIGUO AL NUEVO REGIMEN. Universidad de Sevilla. Colección de Bolsillo. 2ª Ed. Sevilla. 1979. Págs. 39 y 40.

6. “Cronología documentada de los Cantes Flamencos” en Arcadio

La-rrea.

EL FLAMENCO EN SU RAÍZ

. Editora Nacional. Madrid. 1974.

Pág. 251.

7. “Los cantadores andaluces que por ley general lo son la gente de a ca-ballo y del camino, dan la primera palma a los que sobresalen en la

Caña

, porque viéndose obligados a apurar el canto, como ellos dicen, o es pre-ciso que tengan mucho pecho o facultades, o que pronto den al traste y se desluzcan”. El Solitatío, Ob. cit. Escena:

Un baile en Triana

. Edición con-sultada:

DOS ESCENAS FLAMENCAS

. Virgilio Márquez Editor. Córdo-ba, 1984. Pág. 17.

8. “Con el Jaleo y el ole

las muchachas de hoy en día se lo dicen a los hombres”.

Antonio Machado y Álvarez.

Demófilo. De soledades (Escritos Flamencos,

1879)

. Ediciones Demófilo. Córdoba, 1982. Pág. 39. Tanto uno como otro son cante y baile, de género festivo, que se citan como antecedentes de la soleá.

9. Así se le llamaba cuando la fiesta no contaba con la presencia de artistas profesionales.

l0. “Hay multitud de romances y canciones e himnos patrióticos conme-morativos, como es esta seguidilla, de la desgraciada muerte de los íncli-tos liberales Riego y Torrijos (Doblaron las campanas/ E San Juan e Dios/ Como mataron a Torrijo er baliente/ ¡Miren qué doló!)...

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por completo. “Antonio Machado y Álvarez Demófilo.

Colección de Cantes

Flamencos

recogidos y anotados por. Edición consultada: Ediciones De-mófilo. Madrid, 1975, págs. 117 y 118.

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Escuelas de Bailes.- Varios establecimientos de este género existen en

Sevilla, pero los principales son dos, uno situado en la calle Trajano y el otro en la de Tarifa. Los dos son bastante espaciosos y en ellos se dan con frecuencia bailes del país con todos sus accesorios característicos y a los cuales concurren muchos extranjeros deseosos de conocer unas cos-tumbres que van desapareciendo a impulsos de la moderna civilización. Guía de Sevilla de 18651

Cuando la guía de la ciudad publica esta información en torno de las Escuelas de Baile que en Sevilla existen, una de ellas cuenta, por lo menos, veinte años de edad. Lo atestigua el diario EL PORVENIR en su edición de 14 de julio de 1850, al señalar: La academia de Don Miguel Barrera, situada en la calle Tarifa, es uno de los establecimientos coreográficos de más nombradía que tiene la ca-pital. Harto han dicho los periódicos, de cinco años a esta parte, celebrando las funciones que se han dado en esta academia.

1850

De este lustro inaugural no se tienen, por ahora, más noticias. En la primavera de 1850, exactamente el día 8 de abril, EL PORVENIR recoge, en su sección publicitaria, un anuncio del centro que dirige Don Manuel Barrera en la calle Pasión2, junto al Anfiteatro. Será el primero3 de una larga serie, ampliada en ga-cetillas, que proporciona riquísima documentación, verdaderamente extraor-dinaria, para el conocimiento de las actividades que tuvieron lugar y tiempo en estas academias. Fuente principal para averiguar con cierta precisión pasajes ignorados, ocultos, en la historia del flamenco.

Y, desde un principio, el manantial surte revelaciones preciosas. Así, por ejem-plo, las dos notas que siguen, publicadas los días. 14 y 16 de abril:

Baile.- Anoche hubo ensayos públicos en la acreditada academia que di-rige D. Miguel Barrera calle Tarifa Núm. 1, al que asistieron las mejores discípulas de dicho director y aficionadas de esta ciudad. Además de los bailes nacionales, se bailaron por varias parejas, los panaderos, el Vito y jaleo de Cádiz, cantado y tocado a la guitarra.

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Bailes.- En la acreditada academia situada calle de Pasión junto a el Anfi-teatro, hay hoy martes ensayo público de bailes nacionales, al que asisti-rán las mejores boleras de esta ciudad, bailándose los panaderos y el vito, jaleos de Cádiz cantado y tocado a la guitarra, dando principio a las 9 de la noche, bailándose además el tango de los negros.

El director de dicha academia ha dispuesto dar baile en los tres días de feria, para cuyo efecto ha ensayado muchos y variados bailes nuevos por varias parejas, vistiéndose tanto las señoras como los caballeros, con los trajes que requiera cada baile, estando el salón iluminado, los que darán principio a las 9 de la noche4.

Huellas de prácticas habituales, repetidas por el año entero, a modo de convocato-rias para la diversión y el aprendizaje. Un mundo viejo de folclores que se acade-miza y somete a las reglas de la creación. O la realidad configurando el deseo de danzas populares, vivas. Para que continúe la fiesta y se ensanche el horizonte, ya sea con las seguidillas o con los rigodones:

Bailes.- En la acreditada academia situada calle de Pasión junto al Anfi-teatro empiezan los ensayos públicos de bailes nacionales desde el sába-do próximo, al que asisten las mejores boleras y discípulas del director, bailándose además de los bailes nacionales los de jaleos conocidos por el Vito, los Panaderos, seguidillas gitanas acompañadas de cante y guitarra, y los bailes de sociedad empezarán desde el primer domingo de noviem-bre. El director de dicha academia da lecciones tanto de bailes nacionales como de sociedad en su casa y en casas particulares, haciéndolo también presente a los directores o directoras de los colegios de educación de esta ciudad.

Los que se suscriban para los bailes de los sábados pagarán 10 rs. al mes, y para los domingos 12 rs. La entrada para ambos será de 4 rs. Dándose principio los sábados a las 9 de la noche5.

Tal es la clara evidencia de estos ámbitos que, coetáneamente a la publicación de las famosas Escenas Andaluzas de Estébanez Calderón,6 requerían riguroso aprendizaje de danzas, llamadas entonces nacionales o del país y también di-chas del jaleo; lo que demuestra, en tan temprana hora, la existencia de una re-flexión teórica suficiente y arraigada en torno de lo natural de la tierra, propicia a la vez para el divertimento, los gozos y el comercio, en camino de prácticas de un trabajo profesional, a la vera de la afición que lo disfruta.

Y aún más señales. De primer orden la preeminencia sustancial de los bailes. En ese momento se destaca que cantes y toques son, exactamente, para acompa-ñar. Ver l’ahí, el 9 de noviembre, en Pasión: Bailándose los Panaderos, el Vito,

Referencias

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