LA ACTITUD GANADORA

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 TM  TM P u b l i c a c i o n e s P u b l i c a c i o n e s K e n n e t h K e n n e t h C o p e l a n d C o p e l a n d

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 A menos que se indique lo contrario, las citas bíblicas fueron tomadas de la Versión Reina Valera 1960.

Las citas marcadas con las siglas RVR95 fueron tomadas de la Versión Reina Valera 1995®, © por la Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Usado

con permiso.

La Actitud Triunfadora

The Winning Attitude

PDF ISBN 978-0-88114-332-4 30-8033S Traducido y editado por KCM Guatemala.

© 1981 Eagle Mountain International Church Inc. aka Kenneth Copeland Ministries

© 1996 Kenneth Copeland

Traducción autorizada de la edición en inglés. Esta traducción es

publicada y vendida de acuerdo con el permiso de Kenneth Copeland. Propietario de todos los derechos para publicar y vender este material. Derechos reservados de acuerdo con leyes internacionales. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida o transmitida en ninguna forma o por ningún medio electrónico o mecánico, de fotocopia, grabación, por ningún sistema de almacenamiento y

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Para obtener más información acerca de Ministerios Kenneth

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La actitud triunfadora

Es posible que haya escuchado lo siguiente: "Lo importante no es si gana o pierde, sino como se desempeñe en el juego".

¿Realmente cree eso? ¡Yo no!

En la Biblia se nos enseña que la humanidad fue creada para ser triunfadora. Por ejemplo, en Génesis 1:26-30 leemos que el ser humano fue puesto en el mundo para gobernarlo. Dios le dio el dominio, a fin de que señoreara en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la Tierra y en todo animal que se arrastra sobre ella. De hecho, la humanidad no supo qué significaba perder hasta que fue separada de Dios, a causa de su desobediencia en el huerto de Edén. En ese momento, la humanidad fracasó y fue forzada a aceptar la derrota en su vida. De esa manera, se rebajó a una posición subordinada, posición para la cual no fue creada.

Es una historia triste. No obstante, si usted ha nacido de nuevo, le tengo una buena noticia: ¡su historia tiene un final feliz! Por su fe en Jesucristo, usted ha sido transformado

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por completo; por tanto, se ha convertido ¡en un triunfador!

Tal vez esté pensando: “No me siento como un ganador, sino como un perdedor; y prueba de ello son todos mis fracasos”. Si ése es su caso, no se preocupe, sólo necesita adoptar una nueva actitud, la cual puede obtener a través de la Palabra.

En Efesios 4:23, el apóstol Pablo exhortó a la Iglesia para que renovara la actitud de su mente; y eso debe hacer usted. Transforme su mente con la Palabra de Dios —base su mentalidad en el hecho de que Jesús ya venció al mundo—. Comience a visualizarse como ¡un triunfador en Él!

Recuerdo las palabras del famoso general del ejército de los Estados Unidos, George Patton. Él era un gran comandante, sus estrategias provenían de la revelación que Dios le daba. Por tanto, él sabía muy bien lo importante que era adoptar una actitud triunfadora. Una vez, le expresó a su tropa: «Algunos de ustedes han venido con la mentalidad de morir por su patria, ¡pero ésa no es la manera de ganar una guerra! La forma de triunfar es ¡logrando que sus enemigos mueran por la de ellos!». Él tenía la mentalidad de un ganador, y sabía que morir en la batalla no era la forma de ser un vencedor. Él poseía una actitud triunfadora.

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¿Sabe algo? Usted cuenta con una mejor razón

para adoptar una actitud triunfadora. ¡Dios

mismo le ha garantizado su éxito! Permítame explicarle: imagínese que está a punto de emprender una gran tarea, y Dios le dice

audiblemente: Yo personalmente me encargaré de

que tu trabajo sea un éxito. ¿No le daría eso la

suficiente confianza? Incluso si usted enfrentara situaciones difíciles, no se preocuparía; pues contaría con la Palabra, la cual afirma que su éxito está garantizado. Eso le ayudaría a adquirir una actitud triunfadora, ¿verdad?

Bueno, entonces déjeme decirle que tendrá éxito porque Dios ya se lo prometió. Él estableció en Su Palabra que usted es ¡más que vencedor! En Él, usted ya tiene la victoria sobre cualquier problema que el mundo traiga a su vida. En la Palabra leemos:

Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus

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mandamientos. Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

—1 Juan 5:1–5

¡Qué explícito es Dios en esta porción de Su Palabra! Por lo general, el Señor no da explicaciones tan minuciosas de lo que se encuentra escrito en ésta. Su plan es que aceptemos la Biblia por fe, que acudamos a Él y que le permitamos al Espíritu Santo que la revele a nuestro corazón. De esa manera, el diablo no tendrá revelación de la Palabra.

Dios quiso que la Biblia fuera escrita como un libro en clave. En Proverbios leemos que Dios ha ocultado la sabiduría divina para revelársela a Su pueblo. Pero en 1 Juan 5:1-5, Dios profundiza más, e incluso nos pregunta: «¿Quién es el que

vence al mundo?». En otras palabras, el Señor nos

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confusión al respecto. Nos está declarando:  Así es como veo las cosas, cualquiera que haya nacido de Mí, vence al mundo; y ¿quién es el que vence al mundo? Todo el que cree que Jesús es el Mesías y el Hijo del Dios viviente.

La afirmación anterior también puede leerse de esta manera: “Sólo los que creen que Jesús es el Cristo, lograrán vencer al mundo”. Sin importar qué tan inteligente, fuerte o rico llegara a ser usted, nunca podría convertirse en un verdadero triunfador ni podría vencer al mundo si no tuviera a Jesús como su Señor.

Eso significa que este mundo jamás podrá ser derrotado por ningún gobierno, sistema político o monetario. ¡El dinero nunca  podrá vencer al mundo! Cuando en la Biblia se refiere a "este mundo", alude al imperio de las tinieblas, al dios de este siglo, al espíritu perverso: Satanás, el cual gobierna este mundo. Sin Jesucristo como su Señor, no existe ninguna persona ni sistema que de alguna forma, manera o estilo pueda vencer al mundo. ¡Es imposible!

Sin embargo, si usted ha nacido de Él, entonces tiene la perfecta y absoluta autoridad que le fue otorgada por Dios y comprada con la sangre de Cristo, a fin de vencer sobre cualquier

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área de este mundo —todo lo que venga en contra suya—.

No importa qué tan derrotado se sienta, ni

cuántas veces haya fracasado; si cree que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente; entonces se ha comprometido a vencer al mundo. Ya se le otorgó el poder para lograrlo. Usted es ahora más que vencedor (Romanos 8:37). Si cree en la Palabra de Dios, debe enfrentar cualquier

obstáculo, exclamando: ¡Alabado sea Dios, soy un

triunfador! Ésa debería ser su actitud; ahora bien,

¿le garantizará esa actitud que no habrá problemas? ¡No! Simplemente significa que al atravesar por éstos, la victoria es suya.

 Jesús dijo: «Estas cosas os he hablado para que

en mí  tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción;  pero confiad,  yo he vencido al mundo»  (Juan

16:33). En otras palabras, Jesús está afirmando:

El mundo te atacará en todas las áreas de tu vida,  pero no te preocupes, yo ya lo vencí .

Cuando Jesús aseguró que ya había derrotado al mundo, no se refería sólo al 99 por ciento de éste, sino ¡a todo el mundo! No importa qué tipo de problemas le ocasione éste, acérquese a Jesús y tendrá garantizada la victoria, pues Él triunfó sobre todas las tribulaciones.

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Debemos destacar algo más del versículo

mencionado, Jesús declaró: «…para que en mí

tengáis paz…». Él nos está instruyendo a que

seamos uno con Él y con el Padre. Además, nos está mostrando que nuestras batallas terrenales, no tienen por qué causarnos confusión; pues Él nos garantizó la victoria. Por tanto, si confiamos en Jesús, podemos tener paz aun en medio de los problemas.

Cuando el Señor declaró estas palabras, se estaba dirigiendo a Sus discípulos. Ellos habían estado con Él día y noche durante tres años; y aun

así, no entendían lo que significaba estar en Él

así como usted y yo lo comprendemos ahora. El Espíritu Santo aún no había venido a morar en ellos, y sin Él es imposible entender lo espiritual. Es necesario que el Espíritu Santo nos ayude a entender las verdades bíblicas; incluso, las más sencillas como el nuevo nacimiento.

 Analícelo, estas personas ni siquiera sabían lo que significaba nacer de nuevo. Jesús habló con Nicodemo al respecto, y éste pensó que se refería a regresar al vientre materno. Entonces el Señor le expresó: Yo hablo de cosas celestiales, y tú ni siquiera entiendes las terrenales (Juan 3:1–12).

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de realizar en el Calvario. Ninguno sabía que a través de Su muerte y de Su resurrección, Él se convertiría en el primogénito de muchos. Al hacer esto, Cristo iniciaría una raza de ganadores nacidos de nuevo, llenos del mismísimo y poderoso Espíritu de Dios. Hasta que el Espíritu Santo vino, en el día de Pentecostés, ellos pudieron entender lo que Jesús había afirmado. Inmediatamente, Pedro se levantó y predicó con denuedo la Palabra por revelación del Espíritu Santo. ¿Puede ver la transformación que el Espíritu Santo produjo en la vida de Pedro?

¡Alabado sea Dios! Tenemos  al Espíritu

Santo para que nos revele los secretos de las palabras de Jesús. Ahora leamos en Juan 17 la oración que realizó el Señor por Sus discípulos,  justo antes de ir a la Cruz. Esta oración es muy importante para nosotros, ¿por qué? Leamos el versículo 20: «Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la  palabra de ellos». Todos los cristianos recibimos a

 Jesús como Señor por la palabra de alguno o algunos de estos discípulos, de una manera directa o indirecta. Eso significa que Jesús intercedió por usted y por mí; así que prestemos atención a lo que pidió:

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«Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo,  para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos... No ruego que los quites del mundo, sino que los  guardes del mal» (Juan 17:13,15). Esto significa

que debemos vivir por encima de la maldad del mundo, lo cual se relaciona con lo que expresó antes: «…En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo»  (Juan 16:33).

Definitivamente, Él quiere que dominemos al mal, a las pruebas y a las tribulaciones del mundo, aunque de forma constante estemos rodeados por ellas. Pero ¿cómo lo lograremos?

La respuesta la encontramos en Juan 17:17:

«Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad».

En el español moderno, Jesús diría: Sepáralos

con Tu Palabra. La Palabra de Dios lo apartará a

usted del mundo, ésta es su espada; por tanto, úsela como su arma para pelear una batalla que ya ganó.

Si usted aún no está convencido de que es un ganador, lea la declaración de Jesús: «Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el

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¿Comprendió? Jesús declaró que todos seríamos uno. El apóstol Pablo dijo exactamente

lo mismo en 1 Corintios 6:17: «Pero el que se une

al Señor, un espíritu es con él».

Medite en ello, usted es uno con el Todopoderoso. ¿Acaso es Él un perdedor? ¡Por supuesto que no! Él es el más grande vencedor de todos los tiempos; por lo tanto, ¡usted también lo es! Es necesario que su actitud concuerde con la del Señor. Deposite en su corazón los sentimientos más profundos de Dios; de esa manera, conseguirá que su voluntad y sus actitudes sean como las de Él.

Pero ¿cómo podría lograrlo? A través de escuchar Su Palabra y actuar conforme a ésta. Ese es un mayor llamado y una mejor forma de vida que simplemente someterse a Dios.

¿Es posible eso? ¡Sí! En la Palabra leemos que fuimos predestinados para ser conformados a Su imagen: somos un espíritu con Él, tenemos la mente de Cristo y somos hueso de Sus huesos. ¡Gracias a Dios! Estamos unidos a Jesús en espíritu, alma y cuerpo por medio de Su Espíritu Santo y de Su Palabra. Somos total y

completamente uno  con Él, así que por un

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¿Existe algo en su vida que el Señor no pueda arreglar? ¡Por supuesto que no!

¿Alguna vez ha encontrado a Dios durmiendo? ¡No! En Salmos 121:4 se afirma que Él nunca duerme.

¿Alguna vez le ha presentado un problema a  Jesús que Él no haya podido solucionar? ¡No!

¿Alguna vez le ha escuchado decir: “Bueno, pensé que había vencido al mundo, pero por lo visto no lo hice”? No, Jesús nunca diría eso.

Somos uno con Él, y si ésa es la actitud de Dios, alabado sea el Señor, entonces esa debería ser nuestra actitud, pues somos más que vencedores en Cristo.

Si yo dijera: “Todas las cosas son posibles para Dios”, todos se alegrarían y estarían de acuerdo conmigo. Ahora bien la misma Biblia, el

mismo Jesús y el mismo Dios declaran: «…al que

cree todo le es posible»  (Marcos 9:23, RVR95).Si

cree la primera declaración, también debe aceptar la segunda.

Usted y yo debemos cambiar nuestra perspectiva, pues somos uno con Él; por tanto, nuestra actitud debe ser como la de Dios. Si somos uno con Él en espíritu, mente y cuerpo; entonces también deberíamos serlo en actitud.

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¿Cuál es la actitud de Jesús? Un buen ejemplo es la oración del Padre nuestro, pues se encuentra

llena de confesiones de fe: «…Padre nuestro que

estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así

también en la Tierra» (Mateo 6:9–10). Ésta es una

declaración de fe, y muestra la actitud triunfadora de Jesús. Cuando Él la pronunció estaba frente a personas que lo querían crucificar. Sin embargo, no dijo: “Padre, si es tu voluntad…”. Como

quien titubea, sino que declaró: «¡Hágase tu

voluntad, como en el cielo, así también en la Tierra!». ¿Acaso en el cielo hay enfermedad,

pobreza y sufrimiento? ¡No! Entonces no debería haber nada de ello aquí en la Tierra. ¿Pudo notar cuál fue la actitud de Jesús? Dios no tiene enfermedades en el cielo, así que ¡tampoco quiere que existan acá en la Tierra!

Nosotros debemos adoptar Su misma actitud, pues Jesús es el triunfador eterno. ¡Él siempre es un ganador! Dios le puede decir qué sucederá los próximos seis mil años, ¿por qué? Porque esos eventos futuros, ya sean dentro de seis mil o seis millones de años, no sucederán sólo por casualidad. Éstos ya han sido establecidos. ¿Dónde? En la mente del Señor. Su fe se basa en

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Su propia habilidad. Él es un ser de fe, y le puede decir a usted lo que acontecerá en el futuro porque ¡sucederá a Su manera! Dios le puede dar Su sabiduría porque todo ocurrirá conforme a lo que Él decida.

¿Cómo puede hacerlo Él? A través de Su fe. Él no se encuentra a la expectativa de fallar, ni se prepara para el fracaso. Satanás intervendrá y tratará de destruirlo todo, pero a Dios no le preocupa: Él sabe que todo saldrá bien. Entréguele todas sus preocupaciones al Señor, y no actúe conforme a lo que siente o ve. Usted es un ser de fe, así que puede prever cómo terminarán las cosas: usted obtendrá la victoria. ¡Alabado sea Dios!

La Iglesia —el Cuerpo de Cristo— ha vivido por debajo de sus privilegios espirituales, de la misma manera que Israel lo ha hecho en relación a sus privilegios políticos. Esa nación tendría que ser cabeza y no cola; no debería pedirle prestado a ninguna nación en la Tierra, sino que todas las demás deberían estar en deuda con ese país, pues así lo estableció Dios. Y de esa misma manera ha vivido el Cuerpo de Cristo.

 A través de los siglos, Dios ha ejercido Su fe a favor nuestro, pues estuvo dispuesto a trabajar

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por más de 2,000 años para que Su plan funcionara de manera adecuada. Durante todo el tiempo que el mundo estuvo en tinieblas, Dios aún creía —continuó firme en Su fe— no sólo en Él mismo, sino también en usted y en mí:

Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente…

— Efesios 4:14–16

Es importante destacar que en estos versículos el Señor no dijo que Él mantendría unido al Cuerpo de Cristo; sino que éste se uniría, o

compactaría, por todas las coyunturas que se

ayudan mutuamente. Él debió creer que usted y

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Cuerpo. Fracasamos una y otra vez, pero Dios continuó creyendo y uniéndonos, y nunca pronunció palabras de fracaso. Aunque ha habido teólogos que han afirmado: “¡La Iglesia se está

hundiendo!”; Dios siempre ha declarado: Mi casa

estará siempre llena, y las puertas del infierno no  prevalecerán contra ella! No ha sido el Señor, sino

la religión la que no ha tenido éxito. ¿Puede notar la actitud de Dios?

Lea de nuevo el versículo 16, y verá cuán importante es para el Cuerpo de Cristo que usted desarrolle una actitud triunfadora: «…todas las

coyunturas…se ayudan mutuamente…». El Cuerpo

de Cristo depende de la parte o medida que aporte cada coyuntura. La cantidad que usted provea, el poder que aporte, afecta el plan de Dios. Con lo que sea que contribuya —nada, poco o mucho— afectará al Cuerpo entero de Cristo.

También ahí leemos: «…según la actividad

 propia de cada miembro, recibe su crecimiento para

ir edificándose en amor». Una vez más, observe la

importancia que usted tiene como individuo. Dios no edificará el Cuerpo, lo harán sus miembros: nos edificaremos los unos a los otros.  Algunas personas están esperando el regreso de  Jesús para que la Iglesia se levante sin mancha ni

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arruga en la resurrección. Sin embargo, el Cuerpo de Cristo se está levantando ahora, y en la Palabra se nos declara que Él se presentará a Sí mismo una Iglesia gloriosa, sin mancha y sin arruga. Esto sucederá mientras se edifica en amor, se desarrolla en Él y Su cuerpo se purifica con el levantamiento de la Palabra.

Usted no puede darse el lujo de pensar como un perdedor. Tiene que cambiar su actitud, todo el Cuerpo de Cristo cuenta con usted. Habrá momentos en que se encontrará en problemas y le parecerá que el fracaso es inevitable, pero siga el ejemplo de su Padre, y recuerde que usted ganará. Durante la época del Oscurantismo, no había personas que nacieran de nuevo, y aunque Dios les había dado Su Palabra escrita, la habían tomado y enterrado en los monasterios; la gran mayoría no tenía acceso a la Biblia. Todo parecía indicar que el plan de Dios estaba fracasando, pero no se rindió, Él continuó creyendo.

Hubo suficiente fe en la actitud triunfadora de Dios para inspirar a un sacerdote católico llamado Martín Lutero. Cuando él empezó a investigar la Palabra, encontró esta frase: «El justo

 por la fe vivirá»  (Romanos 1:17). Tuvo un

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versículo, y la Palabra generó suficiente poder para iniciar un avivamiento que ¡aún continúa!

Dios tenía una actitud ganadora, ¡se rehusó a ser un perdedor! En la actualidad, el evangelio se predica en todas las naciones de la Tierra.

Usted es uno con el Señor en el espíritu, posee la mente de Cristo, es hueso de Sus huesos; así que ¡debería tener Su misma actitud! Él lo ve como un vencedor, entonces usted también debe mirarse como tal.

Una vez, el Señor me mostró una visión, en ésta había un hombre sosteniendo un gran banano. El hombre empezó a pelarlo y, mientras lo hacía, me di cuenta de que en lugar del fruto, aparecía un hombrecito tras la cáscara: era yo. El Señor me expresó lo siguiente: Hijo, ésa es tu actitud con respecto a ti mismo; y eso era

cierto. Yo aparentaba ser grande delante del mundo, pero por dentro me sentía muy pequeño. Él me indicó que debía cambiar mi actitud por completo.

 A través de Su Palabra, Dios empezó a

mostrarme lo que significa estar en Cristo y que

Él more en mí. Me percaté de que un creyente nacido de nuevo es una criatura sin límites: ¡una fuente ilimitada de la vida de Dios! Usted

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necesita reconocer quién es realmente; por tanto, permítale a Dios que de manera sobrenatural cambie su forma de actuar; y deje que Él se revele en su vida y le ayude a adoptar una actitud triunfadora —la que vence al mundo— ¡en Jesucristo!

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Oración para recibir salvación y el

bautismo del Espíritu Santo

Padre celestial, vengo a Ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» (Hechos 2:21). Jesús, yo te invoco y te  pido que vengas a mi corazón y seas el Señor de mi vida de acuerdo con Romanos 10:9–10: «Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación». Yo confieso ahora que Jesús es el Señor, y creo en mi corazón que Dios le resucitó de entre los muertos.

 ¡Ahora he nacido de nuevo! ¡Soy cristiano, hijo del Dios todopoderoso! ¡Soy salvo! Señor, Tú también afirmas en Tu Palabra: «Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más  vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo

a los que se lo pidan?» (Lucas 11:13). Entonces te  pido que me llenes con Tu Espíritu. Santo Espíritu,

engrandécete dentro de mí a medida que alabo a Dios.  Estoy plenamente convencido de que hablaré en otras lenguas, según Tú me concedas expresar (Hechos 2:4).  En el nombre de Jesús, ¡amén! 

En este momento, comience a alabar a Dios por llenarte con el Espíritu Santo. Pronuncia esas palabras y sílabas que recibes, no hables en tu

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idioma, sino en el lenguaje que el Espíritu Santo te da. Debes usar tu propia voz, ya que Dios no te forzará a hablar. No te preocupes por cómo suena, pues ¡es una lengua celestial!

Continúa con la bendición que Dios te ha dado, y ora en el espíritu cada día.

 Ahora, eres un creyente renacido y lleno del Espíritu Santo. ¡Tú nunca serás el mismo!

Busca una iglesia donde se predique la Palabra de Dios valientemente, y obedece esa Palabra. Forma parte de la familia cristiana que te amará y cuidará, así como tú ames y cuides de ellos.

Necesitamos estar conectados unos con otros, lo cual aumenta nuestra fuerza en Dios, y es el plan del Señor para nosotros.

Vuélvete un hacedor de la Palabra. Tú serás bendecido al ponerla en práctica (lee Santiago 1:22–25).

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 Acerca del autor 

Kenneth Copeland es cofundador y presidente de los Ministerios Kenneth Copeland en Fort Worth, Texas, y es autor de varios libros cuales incluyen LA BENDICIÍON del Señor enriquece y no añade tristeza con ella  y Honor: viviendo en honestidad, verdad e integridad.

Desde el 1967, Kenneth ha sido ministro del evangelio de Jesucristo y maestro de la Palabra de Dios. Él es también el cantante en álbumes premiados y algunos nominados para el Grammy como,Only the Redeemed, In His Presence, He Is Jehovah,  Just a Closer Walk, y su álbum recientemente lanzado Big Band Gospel . También es coprotagonista, haciendo el papel de Wichita Slim, en los videos infantiles, Te Gunslinger, Covenant Rider 

 y la película de largo metraje Te reasure of Eagle Mountain,  y también en el papel de Daniel Lyon en los videos de la

Comandante Kellie y los Superniños TM, Armor of Light y Judgment:

Te rial of Commander Kellie . Kenneth también coprotagoniza como padrino hispano en la película del 2009 Te Rally.

Con la ayuda de oficinas en los Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Australia, Sudáfrica, Ucrania y Singapur, Kenneth está cumpliendo su visión de predicar con valentía la Palabra de Dios no adulterada desde el tope del mundo hasta el valle más profundo, y todo alrededor. Su ministerio llega a millones de personas en el mundo a través de programas de televisión semanales, revistas, mensajes en audio y videos de enseñanza, convenciones y campañas, y a través de la red mundial del internet.

Adquiere más información acerca de los Ministerios Kenneth Copeland. Visita nuestra página web es.kcm.org

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Cuando el SEÑOR le indicó a Kenneth y Gloria Copeland que iniciaran la revista La Voz de Victoria del Creyente...

Les dijo: Ésta es su semilla. Envíensela a todo el que responda a su

ministerio, y ¡jamás permitan que alguien pague por su suscripción! 

Por más de 40 años, ha sido un gozo para los Ministerios Kenneth Copeland llevarles las buenas nuevas a los creyentes. Los lectores disfrutan las enseñanzas de ministros que escriben acerca de vidas en comunión con Dios, y testimonios de creyentes que experimentan la victoria en su vida diaria a través de la Palabra. Hoy, la revista LVVC  es enviada mensualmente por correo, llevando ánimo y

bendición a los creyentes de todo el mundo. Incluso muchos de ellos la utilizan como una herramienta para ministrar, se la obsequian a otras personas que

¡desean conocer a Jesús y crecer en su fe!

Solicite hoy una suscripción GRATUITA para recibir  la revista La Voz de Victoria del Creyente! 

Visita es.kcm.org/LVVC para enviar tus datos, o escríbanos a: Kenneth Copeland Ministries, Fort Worth, TX 76192-0001. También puede suscribirse llamándonos al

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¡Estamos aquí para ti!

 Tu crecimiento en la PALABRA de Dios y tu victoria en Jesús son el centro mismo de nuestro corazón. Y en cada área en que Dios nos ha equipado, te ayudaremos a enfrentar las circunstancias que estás atravesando para que puedas ser el victorioso campeón que Él planeó que tú sea.

La misión de los Ministerios Kenneth Copeland, es que todos nosotros

crezcamos y avancemos juntos. Nuestra oración es que tú recibas el beneficio completo de todo lo que el SEÑOR nos ha dado para compartirle.

Dondequiera que te encuentres, puedes mirar el programa La Voz de

Victoria del Creyente  por televisión (revisa tu programación local) y por la

Internet visitando es.kcm.org.

Nuestro sitio web: es.kcm.org, te brinda acceso a todos los recursos que hemos desarrollado para tu victoria. Y, puedes hallar información para

comunicarte con nuestras oficinas internacionales en África, Asia, Australia, Canadá, Europa, Ucrania, y con nuestras oficinas centrales en Estados

Unidos de América.

Cada oficina cuenta con un personal dedicado, preparado para servirte y para orar por ti. Puedes comunicarte con una oficina a nivel mundial más cercana a ti para recibir asistencia, y puedes llamarnos para pedir oración a nuestro número en Estados Unidos, 1-817-852-6000, de lunes a viernes de 9:30 am a 5:00 pm (Hora central).

 Te animamos a que te comunique con nosotros a menudo y ¡nos permitas formar parte de tu andar de fe de cada día!

¡Jesús es el SEÑOR!

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