PROGRAMA No. 1014
HEBREOS
Capítulo 11:35 - 40
Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro recorrido por la epístola a los Hebreos. Y opinamos que hemos llegado ahora, a un punto culminante del capítulo 11 de esta epístola, porque hemos podido apreciar una fe que ha sido utilizada en la vida de hombres y mujeres de todas las edades, bajo todas las circunstancias, y bajo todas las condiciones, y hemos podido ver las maravillosas historias sagradas, las guerras y las batallas. Y en el versículo 35, podemos apreciar la amplitud de la fe. Amigo oyente, esto ha entrado a cada una de las áreas de la vida.
El versículo 35, comienza diciendo: Las mujeres recibieron sus muertos mediante
resurrección. Usted puede recordar a la viuda de Sarepta, donde se alojó el profeta Elías. El versículo 35, en su totalidad, dice entonces:
35
Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. (Heb. 11:35)
Es decir que, aquí se está hablando en cuanto a los mártires. Escuche lo que dice ahora, el versículo 36: Script Ready / / AR Recorded / / SM Edited / / Checked / / Corrected / / Mastered / /
36
Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. (Heb. 11:36)
Ahora, el escritor de esta epístola está hablando en cuanto a otros que están en contraste con aquellos de los cuales había estado hablando antes; y estos otros – dice – experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Luego en los versículos 37 y 38, agrega:
37
Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; 38de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. (Heb. 11:37-38)
Ahora, aquí tenemos otro grupo de gente. Éstos no ganaron grandes victorias en el campo de batalla. Ellos no se movieron triunfantes en la amplia plataforma de la vida. No entraron en la arena de la vida grandes audiencias y realizaron grandes hazañas para Dios. Éstos son los “otros”. Tuvieron pruebas, fueron vituperados, azotados, y estuvieron en prisiones y en cárceles. Fueron apedreados, aserrados. Y se nos dice que así es como murió Isaías. Por supuesto que todo lo que tenemos en cuanto a eso es una tradición, nada más. Pero el historiador Jerónimo indica muy insistentemente que así es como murió Isaías, aserrado. Esa es una muerte cruel, horrible. Ellos, pues, fueron puestos a prueba, muertos a filo de espada.
Ahora, quisiéramos que usted note el contraste que existe aquí. En el versículo 34, se habla en cuanto a victorias que fueron ganadas; cómo ellos subyugaron a los reinos, de cómo hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon las bocas de los leones, apagaron fuegos impetuosos,
evitaron filo de espada. Éstos, escaparon del filo de la espada; pero, éstos otros que se mencionan aquí, fueron muertos a filo de espada. Ahora, ¿cómo explica uno eso? Un grupo por la fe escapó del filo de la espada. ¿Qué podemos decir en cuanto al otro grupo? Ellos no escaparon del filo de la espada. Ellos fueron muertos con la espada. Así es que, tenemos aquí a un grupo completamente diferente. Y, ¿cómo va uno a explicar esto?
Bueno, lo que tenemos ante nosotros debemos decir que es un tema bastante difícil, y lo podemos llamar: “¿Por qué sufre el justo?” Sabemos que es muy fácil responder a esto si uno está gozando de buena salud y decir simplemente: “Bueno, Dios los está probando”. Vamos a ver eso en el próximo capítulo. Pero, aquí tenemos que toda esta gente pasó a través de esto por la fe. Ellos no estaban mirando a esto como si estuvieran pasando por una prueba o algo por el estilo. Ellos lo soportaron porque lo hicieron por fe. Ellos confiaron en Dios cuando el día era tenebroso, cuando la noche era larga, cuando el sufrimiento era tremendo, cuando no había en ninguna manera libertad para ellos.
Otros . . . Fueron . . . muertos a filo de espada. Estamos hablando de otros hoy. Es hermoso poder levantarse y citar un versículo de las Escrituras, como el Salmo 34, versículo 7 donde dice: El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen y los defiende. Luego, el versículo 19 dice: Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová.
Eso es algo maravilloso, amigo oyente. Y Dios hace eso. Pero, ¿qué podemos decir en cuanto a los otros? ¿Aquellos que no pudieron escapar del filo de la espada? ¿Qué podemos decir de aquellos que sufrieron? Esteban pudo mirar a los líderes religiosos de su día y decirles: ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? (Hechos 7:52a) La vida del profeta nunca fue fácil, y Esteban mismo fue el primer mártir de la era cristiana. Y él continuó diciendo: Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores. (Hechos 7:52b) Eso fue lo que les dijo Esteban antes de que ellos le apedrearan y le dieran muerte.
Cuando el Señor Jesucristo llamó a Saulo de Tarso, a ese inteligente joven fariseo, dijo de él:
Yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. (Hechos 9:16)
Y el Señor Jesucristo hablando muy claramente dice en Juan 16:33: En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
Cuando Pablo y Bernabé salieron en su viaje misionero, dice allá en el libro de los Hechos, capítulo 14, versículo 22: fueron confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.
Amigo oyente, hay muchas personas que demuestran su fe ganando batallas, demuestran su fe cuando son librados del peligro, y luego hay otros, gran multitud de ellos, que sufren por la fe. A través de la larga historia de la Iglesiaha habido por ejemplo: los Waldenses, los Albigenses, los Hugonotes, y muchos otros. Ya hemos mencionado a una fiel creyente que sufría mucho, que era imposible que alguien la tocara, y que fue bautizada en su propio hogar porque no podía salir de él. Esta mujer padeció mucho y luego pasó a la presencia del Señor. Y hay muchos hoy que están en sus lechos de dolor, sufriendo grandes angustias y dolores, escuchando aún este programa. Quizá miles de personas en estas condiciones.
Es muy lindo poder leer en cuanto a salir al escenario de la vida y lograr una gran victoria. Es maravilloso poder informar que uno ha recibido sanidad. Pero, ¿qué en cuanto a aquellos que están sufriendo en su lecho de dolor, amigo oyente? ¿Qué podemos decir en cuanto a aquel creyente en un lugar apartado por allá y muchos de ellos sufriendo por amor al Señor Jesucristo? Hay muchos, ya sean misioneros, o ministros, pastores, creyentes, que están sufriendo hoy, por amor al Señor Jesucristo. Y, ¿qué podemos decir en cuanto a esto, amigo oyente? Quisiéramos
compartir con usted algo que aprendimos recientemente y que nos ilustra esto. El Apóstol Pedro, en su primera epístola, capítulo 4, versículos 12 y 13, dice: Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría.
Y el Apóstol Pablo, escribiendo su epístola a los Colosenses dice en el capítulo 1, versículo 24: Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo. . . Al leer esto, uno se hace la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que quiere decir Pablo con lo que falta de las aflicciones de Cristo? ¿Acaso no fue la muerte de Cristo y Su resurrección por nosotros algo completo, perfecto? Por cierto que lo fue, amigo oyente. Pero hubo ciertos sufrimientos que no eran sufrimientos redentores, sufrimientos que Él tuvo en su vida aquí en la tierra. El sufrimiento de redención tuvo lugar en la cruz. Ninguno de nosotros puede agregar nada a eso. Pero usted y yo, amigo oyente, nosotros, vamos a tomar una posición por Él, y pensamos que debemos pagar un precio. Algunos de nosotros debemos sufrir un poquito.
Muchos de nuestros oyentes han conocido de la enfermedad del cáncer que el autor de estos estudios bíblicos, el Dr. J. Vernon McGee, tuvo que padecer durante su vida. Debido a su ministerio radial él tuvo la oportunidad de visitar muchos lugares y había prometido dar toda la gloria al Señor si él era sanado conforme el deseo de su corazón. Conocedores de esta enfermedad, muchos de los oyentes del programa A Través de la Biblia, le enviaron cartas personales afirmando que ellos también padecían de esta enfermedad que para ellos parecía incurable. Por supuesto, que se hizo oración insistente por la sanidad de estos enfermos, pues ellos pidieron hacerlo. Sin embargo, de repente se recibió noticias de un ser querido que había fallecido debido a esa enfermedad. Más tarde, otra señora escribió diciendo que su esposo falleció debido al cáncer y que en vida, sufrió mucho.
Así es que, uno comienza a mirar esto desde otro punto de vista. Dios, amigo oyente, no siempre lo sana a uno. Piense solamente en los miles que se encuentran en el día de hoy en los hospitales. Piense en los miles que están en esos lechos de dolor. Amigo oyente, estamos pensando en los demás ahora. Y, ¿usted sabe lo que el Señor hace a veces? Él nos da otra enfermedad y usted puede decir: ¿está usted acusando al Señor por eso? Por cierto que sí, amigo oyente. Él dice: “Y yo te voy a dar otra espina en la carne, para que cierres tu boca; tú estás hablando demasiado, tú estás jactándote de que Yo he actuado a favor tuyo y así ha sido. Pero quiero que sepas una cosa, que no he actuado así en la vida de los demás. Después de todo, eso es un signo de que ellos son grandes santos, ellos son los que en realidad están sufriendo, ellos son los que conocen lo que la verdadera fe es. Tú no conoces lo que es la fe y lo que es en realidad, confiar en Mi en un momento como este”.
Y, amigo oyente, a veces Él nos hace ir a parar a nuestro lecho de dolor y nunca sufrimos como sufrimos entonces. Y a veces, no es solo una enfermedad, sino que podemos sufrir dos o tres. Llegamos a pensar entonces, que el Señor está en contra nuestra. Y el Señor, muchas veces nos habla de forma muy directa y particular y nos llama la atención en pasajes de las Escrituras, como este capítulo 11 de la epístola a los Hebreos, por ejemplo. Y cuando pensamos que estamos sufriendo mucho, llegamos entonces a leer estas palabras que dicen: Otros. . . fueron. . . puestos a prueba, muertos a filo de espada. Otros sufrieron y lo hicieron por la fe, amigo oyente.
Ya sea que usted pueda caminar y dar su testimonio e incluso decir cómo Dios le ha sanado, y donde quiera que usted vaya, puede decir el éxito que ha tenido en sus negocios, permítanos recordarle que en el día de hoy, hay multitud de santos de Dios que están sufriendo. Ellos están pagando precios tremendos. ¿Sabe usted como lo están haciendo? Lo están haciendo por la fe, y ellos tienen mucha más fe que la que nosotros tenemos. Creemos que ellos son santos elegidos y mucho mejores que lo que usted y yo podemos ser.
Por cierto que nos sentimos muy conmovidos por las cartas que recibimos y podemos leer en cuanto a algún creyente maravilloso que se encuentra por allá en un lugar muy apartado, al cual solo puede llegarse a caballo y luego, uno tiene que bajarse y caminar otro trecho para poder llegar al lugar donde está. Se encuentra en ese lugar por Dios hoy, y está sufriendo, amigo oyente. Aquí tenemos una gran cantidad de gente, y ellos son simplemente llamados otros. Otros. No queremos que usted se olvide de los otros hoy. Éstos, están viviendo por fe, y muriendo por fe también. Cuando mueren, entonces, finaliza ese sufrimiento para muchos de ellos. Y al entrar a la presencia del Señor, ya no morirán jamás. Eso nos gusta mucho. Eso tiene un significado nuevo para nosotros y esperamos que también tenga un significado nuevo y especial para usted. Continuando ahora este capítulo 11 de la epístola a los Hebreos, leamos los versículos 38 y 39:
38
de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. 39Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido;. (Heb. 11:38-39)
Ahora, ¿cuál fue la promesa que no recibieron? Dios hizo muchas promesas y muchos de ellos recibieron las promesas que Él hizo. Pero esta promesa es que Dios los resucitaría y que se establecería un reino sobre la tierra. Ellos no han recibido aún esa promesa, porque Dios aún está separando a un pueblo para Su propio nombre, como dice aquí en la epístola a los Hebreos, capítulo 2, y versículo 10: . . habiendo de llevar muchos hijos a la gloria. Aquí se nos da la razón para esto. Y todos éstos, aunquealcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido. Y el versículo 40, dice:
40
proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros. (Heb. 11:40)
Dios estaba pensando en nosotros. ¿No demuestra así Su gracia, amigo oyente? Para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros. Dios está llamando pacientemente un pueblo de este mundo para Su nombre, y esa es la Iglesia. Y hasta cuando la Iglesia llegue a ser completa, Él va a continuar llamando, porque creemos que en el día de hoy, Él está llamando a muchos que salgan de este mundo en el cual vivimos, y eso es lo que tenemos aquí.
Aquí tenemos al mundo y la obra de la fe. Permítanos decir lo siguiente, amigo oyente, y esperamos no ser malentendidos. Quisiéramos dirigirnos expresamente a los jóvenes. Hay muchos jóvenes que nos escuchan en nuestros programas, y que también nos escriben; y quisiéramos dirigir unas palabras directamente a ellos. Lo que queremos decir es algo delicado y no queremos ser malentendidos porque ese no es nuestro propósito. Pero, no nos gusta escuchar el testimonio de algún joven que ha sido salvo apenas por una semana, o por un mes, o tres meses. Ahora, alguien nos va a decir: “Pero, usted lee cartas de personas así”. Sí, amigo oyente, lo hacemos y nos regocijamos con ellos.
Pero, amigo oyente, lo que queremos decirle a los jóvenes, es que es bueno tener un testimonio durante una vida. Hace algún tiempo recibimos una carta de una persona que hablaba de un hombre que había recibido al Señor Jesucristo como su Salvador personal hace como 30 años, y él tuvo un testimonio maravilloso, y en su entierro se habló de la fe que este hombre tenía. Hay jóvenes que dicen que han salido de cierta actividad en la cual muchos han aceptado a Cristo y dicen: “¿No es eso maravilloso?” Y por supuesto que lo es, amigo oyente. Pero, será más maravilloso todavía, si dentro de tres o cuatro años, o quizá 30 años, todavía usted puede decir que estas personas vivieron y murieron por la fe. Queremos concluir este capítulo pensando en esto ahora, porque pensamos que es algo muy importante.
Hay personas que opinan que la fe es algo que no se ha probado; que la fe es algo de lo cual uno no puede estar bien seguro, que en realidad no tiene una buena base. Amigo oyente, aquí
tenemos una gran compañía de testigos, y muchos de ellos viven largas vidas. Viven por la fe. Han descubierto que sí obra. El autor de estos estudios bíblicos, el Dr. J. Vernon McGee, contaba que cuando era invitado a predicar, no presentaba mensajes apologéticos. Cuando a él se le pedía que hablara y tratara de presentar un mensaje que probara, que demostrara que la Biblia es la Palabra de Dios, él contestaba que no le gustaba presentar esa clase de mensajes.
Sencillamente, presentaba un mensaje de la Biblia, permitiendo que el Espíritu Santo hiciera eso. Cuando era invitado a hablar a los jóvenes, no trataba de probar que la Biblia es la Palabra de Dios. Sencillamente predicaba la Palabra de Dios a los jóvenes, y luego podía notar que muchas de esas vidas jóvenes habían sido ayudadas, habían recibido nuevas fuerzas por medio de la Palabra de Dios. Y esto es lo que él testificaba. Así que, no es necesario probar que la Biblia es la Palabra de Dios. No es necesario que alguien nos diga cuán maravillosa es la fe. No es necesario que alguien le diga si la fe obra o no, porque no sólo pensamos que la fe obra, sabemos positivamente que la fe obra. Conocemos muy bien que así es. Y, ¿sabe amigo oyente, cómo es que lo sabemos? Lo sabemos, porque lo hemos experimentado ya por mucho tiempo, y sabemos que obra.
Cuando el hombre construyó el aeroplano y lo hizo volar, había quienes decían que no podían creerlo, que no podían creer lo que sus ojos veían. Bueno, hay personas hoy, que son así de ciegos espiritualmente. Estas personas dicen: “Yo quiero que ustedes me prueben esto”. Amigo oyente, si usted es una persona honrada y quiere dejar o abandonar el pecado en su vida, y volverse al Señor Jesucristo y confiar en Él como su Salvador personal, quisiéramos conversar con usted de aquí a tres años. Pensamos que entonces, nadie necesitará probarle nada a usted. Usted sabrá que obra. Y hay multitud de personas alrededor nuestro en este instante que pueden decir un “amén” a lo que acabamos de decir. Usted sabe que Dios obra. Es algo real, genuino, verdadero. ¿Por qué no sale usted del mundo de la fantasía y entra a un mundo de realidad y encuentra por sí mismo lo que Jesucristo puede hacer por usted?
Bien, amigo oyente, vamos a detenernos aquí por hoy. Retornaremos, Dios mediante, en nuestro próximo programa en la continuación de este estudio de la epístola a los Hebreos. Daremos consideración al capítulo 12, y esperamos que usted lea este capítulo para estar preparado y sacar así, el mayor provecho posible. Será pues, hasta nuestro próximo programa, es nuestra oración que Dios le bendiga muy ricamente!