Al encuentro del Jesús de la misericordia

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Al encuentro del Jesús de la misericordia

Repensar la propia vida desde el evangelio (8)

B

ARTIMEO

,

EL DISCÍPULO DE

J

ERICÓ

M

ARCOS

10,

46-53

“¡Ánimo, levántate! Te llama”

Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo, Bartimeo, un ciego mendicante, estaba sentado junto al camino. Y habiendo escuchado que pasaba Jesús Nazareno, se puso a gritar: “hijo de David, Jesús, ten misericordia de mí”. Muchos le reprochaban para que se callara. Pero, él gritaba más fuerte: “hijo de David, te misericordia de mí”. Jesús se detuvo y dijo: “Llamadle”. Llaman al ciego, diciéndole: “ánimo, levántate! te llama. Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino ante Jesús. Jesús dirigiéndose a él, le dijo: “¿qué quieres que te haga?”. El ciego le dijo: “Rabbuní, que vea”. Jesús le dijo: “vete, tu fe te ha salvado”. Y al instante recobró la vista y le seguía por el camino.

Evangelio de Marcos 10, 46-52.

Introducción

El encuentro de Bartimeo con Jesús tiene lugar “junto al camino”, en las afueras de una ciudad llamada Jericó. Esta población dista unos treinta kilómetros de Jerusalén. Es la ciudad de Zaqueo (cf. Lc 19, 1-10) y del buen samaritano “prójimo” (cf. Lc 10, 25-27). En las periferias de Jericó asistimos al último milagro de curación de Jesús del evangelio de Marcos. El pasaje nos narra un milagro muy particular. Su estructura más profunda es una historia de vocación, un grito de misericordia. En Marcos, ninguno de los que buscan una curación de Jesús son descritos con tanta precisión, solamente lo son las personas que son llamadas por él (cf. 1, 16-20; 2, 14). De este modo, en el indigente de las afueras de Jericó, Jesús encuentra un nuevo y auténtico discípulo. También el joven rico, interesado en la vida eterna, salió al encuentro de Jesús “en el camino” (cf. 10, 17-22) pero porque “tenía muchos bienes”, no se animó a seguirlo y “se marchó triste” (10, 22). Bartimeo, en cambio, un hombre ciego y mendicante, una vez que recupera la vista se pone en camino tras Jesús.

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Frecuentemente somos como Bartimeo sentados a la vera del camino, mendigando, en espera de algo o alguien que llene de significado nuestra vida. Entonces, podemos escuchar la invitación de Jesús “llamadle” referido a cada uno de nosotros. Finalmente podemos sentirnos con fuerza para levantarnos. Jesús como a Bartimeo fija su mirada sobre nosotros, penetra e interpela nuestra vida, nuestro de vivir. Porque Bartimeo es la figura del

discípulo que ha experimentado la misericordia de Jesús de Nazaret, la fuerza que le cambia de postura y le señala el camino a transitar. En su persona el evangelista nos enseña cómo acceder a esa experiencia y cómo orar para encontrarse con Jesús.

El relato evangélico manifiesa que el evangelista confía en nosotros que saldremos de nuestra ceguera. Nos anuncia a Jesús que escucha el grito del indigente y va más allá de su petición, de lo que él espera. Lo trata como sus discípulos y lo mueve al seguimiento. Encontrar, reconocer nuestro lugar, nuestro modo de seguir e unirnos a Jesús es un milagro que acontece en la confianza presistente y activa en su misericordia. Marcos nos invita acompañar a Bartimeo en su experiencia, sentarnos a su lado y conocer su mundo.

Las líneas que siguen quieren ayudarte a entrar en esa complicidad con el discípulo de Jericó, probar el brinco der ser atentido por Jesús y acudir a su llamada, a su encuentro.

El acceso a la misericordia

Después de la descripción de la situación de Bartimeo, el evangelista se dedica, casi exclusivamente, a narrarnos cómo el ciego consigue encontrarse con Jesús (vv. 47-51). Así, el mendigo atraviesa por un proceso, no libre de dificultades, hasta llegar junto a Jesús, el hijo de David. Pasa de estar sentado a la vera del camino (v. 46b) al seguimiento de Jesús por el camino (v. 52c) perdiéndose entre los acompañantes y seguidores.

El punto de partida es determinante y es la referencia que él tenía sobre Jesús: “oyendo que pasaba Jesús Nazareno”; entonces, hace lo que pude; encuentra obstáculos pero continua; Jesús reacciona; aparecen unos mediadores; se encuentra cara a cada con Jesús y se convierte en discípulo.

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La presentación de Bartimeo es muy precisa: La narración indica el nombre propio completo y su ‘ocuapción’, como si se tratara de cualquiera de nosotros: “Bartimeo, hijo de Timeo, un ciego mendicante” que estaba en su ‘puesto de trabajo’, “junto al camino”. En este lugar podía pedir limosna a los peregrinos que subían a Jerusalén. En aquella época una persona privada de la vista no podía hacer otra cosa que mendigar, una vida de total dependencia.

Bartimeo era ciego pero no era sordo; y el evangelista nos da a entender que nuestro amigo había escuchado hablar de Jesús. ¿Qué le habrían contado sobre el maestro para que ahora ,“oyendo que era Jesús Nazareno”, exprese a voz en grito su deseo más profundo?

Bartimeo no está dispuesto a perder su oportunidad de encontrarse con Jesús, no permite desvanerse su esperanza de volver a ver.

Hace lo que puede

El ciego mendicante hace lo está a su alcance, grita el nombre de Jesús y lo llama a tener misericordia de él. Este grito y su experiencia han hecho de Bartimeo un maestro

de oración en la espiritualidad cristiana. Sus palabras se han convertido, a lo largo de los siglos, en la llamada ‘oración de Jesús’ mediante la práctica de los monjes del desierto. La oración consiste en pronunciar el grito de Bartimeo: “Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí” y hacer bajar la súplica de la boca al corazón y acompasar el movimiento sanguíneo del corazón con la repetición de la petición, un clamor confiado a la compasión del Señor.

Bartimeo supera los obstáculos

El grito del mendigo molesta el aparente caminar tranquilo del grupo. Por eso algunos de los acompañantes de Jesús intentan reprimirlo, hacerlo callar, reducirlo al silencio... Ocurrió algo semejante con los niños en Mc 10, 13 donde los seguidores de Jesús intentaron impedir el acceso de los niños al maestro, es decir, querían impedir el encuentro entre Jesús y los pequeños. En los dos casos, Jesús no tolera este comportamiento y destruye el muro que levantan sus seguidores, aparentemente para protegerlo y garantizar la ‘paz’ del seguimiento.

Cuando se sigue a Jesús el andar no siempre es tranquilo, los acontecimientos imprevisibles siempre son posibles. Seguir a Jesús es un misterio de sabiduría lleno de sorpresas. Una de ellas es justamente constatar la perseverancia y la fuerza de los sufrientes que esperan encontrarse con Jesús.

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Ante el obstáculo experimentado, Bartimeo dobla el esfuerzo, expresando de modo emblemático las aspiraciones de todos los que esperan ser escuchados: “grita cada vez más fuerte” hasta tal punto que logra la atención de Jesús, “hijo de David, ten compasión de mí”. Vence el obstáculo con la súplica, sin dejarse intimidar, insiste, persiste... En los Evangelios, no encontramos ningún discípulo que no haya encontrado dificultades en su camino de fe, de seguimiento.

Jesús reacciona

Ante la insistencia del ciego mendicante y el comportamiento prepotente de los seguidores, el evangelista cuenta que “entonces, Jesús se detuvo”. Jesús ha escuchado el grito, ha escuchado su nombre, ha escuchado la súplica de la misericordia y manda llamarlo. Así el grito del mendigo detiene el caminar de Jesús y de la muchedumbre y provoca dos cambios: los obstaculizadores se vuelven mediadores y su grito obtiene una respuesta: el mandato a ser llamado.

Aparecen los mediadores

Los que buscaban reducir al silencio el grito del pobre, ahora son ‘obligados’ a comunicar la llamada. Es el mismo Jesús quien les ordena llamarlo. En un mismo versículo (v. 46) se repite tres veces el verbo llamar. Los mediadores han recibido la orden de ‘llamar’ a Bartimeo. Pero, ellos transmiten la invitación animándole a tener confianza, a fiarse y a ponerse de pie, a cambiar de postura: “ánimo, levántate, te llama! La intervención de Jesús ha transformado el reproche de la muchedumbre en apoyo y mediación.

Bartimeo reacciona

Bartimeo, como los discípulos de la primera hora, deja todo lo que tenía, mejor dicho, lo único que poseía: el manto. ¿Para qué le serviría el manto? Para protegerse del frío, para cubrirse cuando duerme, en definitiva era su casa. ¿No lo hacen así los mendigos de nuestras ciudades? Además, podría ser que lo usara para recoger los dones, las limosnas que le dan, es decir, sería su ‘red’ para pescar como Pedro, Juan, Santiago, Andrés... El gesto de Bartimeo expresa su ruptura con su trajectoria personal, con lo que hasta ahora era su

vida. La llamada suena tan hondo y fuerte en su corazón que se pone de pie, no como de costumbre, sino de un modo particular, “dando un brinco / dando un salto” como un pececillo en el agua (cf. Tb 6, 2) o como lo hace el Bautista en el seno de su madre ante la visita inesperada del Mesías (cf. Lc 1, 41). Este detalle levanta la

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pregunta ¿cuántos años tendría Bartimeo? Es él quien se acerca, se va junto a Jesús, dispuesto a encontrarlo.

Bartimeo se encuentra con Jesús

Jesús, una vez cara a cara con Bartimeo, la primera cosa que hace es hablarle, se interesa por él, le pregunta: “¿qué quieres que haga por ti?”. En el Evangelio de Marcos, un poco antes, hizo la misma pregunta a dos de los primeros discípulos, a los hijos del Zebedeo: Juan y Santiago (cf. 10, 36) y ellos solicitaron los primeros puestos, las plazas más selectas en el futuro Reino. En cambio, Bartimeo pide: “que recobre la vista”. Se pasa de la pretensión ambiciosa del poder a la súplica de salir de la ceguera. Antes que un médico, Bartimeo reconoce a Jesús como “rabbuni”, “maestro mío”, de este mismo modo en la mañana de Pascua, María Magdalena se dirigió a Jesús (cf. Jn 20, 16). El maestro no realiza ningún gesto de curación, le dice simplemente: “vete, tu fe te ha salvado”. Esta es la concreción de la misericordia por la que ha gritado Bartimeo, no solamente ha recuperado la vista, ha sido salvado en la confianza, su grito ha sido respondido y, sobradamente...

Bartimeo sigue a Jesús

Como efecto de este encuentro, del diálogo con Jesús, el mendigo de Jericó vió su camino, su lugar entre los seguidores, lo comprende y lo acoge: “lo siguió por el camino”. Marcos nos deja claro que creer en Jesús, ser salvado significa seguirlo. Así, Bartimeo, el mendigo de Jericó se convierte en paradigma, un modelo ejemplar para todo seguidor. Es un discípulo gracias a su grito por la misericordia en la vera del camino....

Algunos interrogantes que puedan guiar la oración y el ejercicio interior

Pedir al Señor que me dé la fuerza para superar los obstáculos que aparecen en mi camino de encuentro con él.

Reflexionar en qué momentos y/o situaciones obstaculizo y en cuáles otras circunstancias comunico la compasión de Jesús.

Agradecer por aquellas personas que buscan abrirme paso a la misericordia de Jesús.

Practicar la oración del ciego mendigo como medio para gustar la misericordia de Jesús.

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Wilma Mancuello, MIC

Imágenes tomadas de:

1. https://mensajealosamigos.wordpress.com/2015/06/18/bocadillos-espirituales-para-vivir-el-tiempo-ordinario-viernes-de-la-11-a-semana-ciclo-b/ 2. http://www.imagenesyfotosde.com/2015/07/imagenes-tristes-parte-7.html 3. http://www.entrayveras.org/actualidad.php?id_actualidad=12998&id_seccion=8 4. http://www.africa-expert.com/ethiopia/economy/ 5. http://www.dolores-mission.org/news/2015/11/did-you-know-11/shh-kid/ 6. http://www.escolapios.us/temas-formacion.php?id=36 7. https://arteydisenoparacristo.wordpress.com/2015/03/ 8. http://frati-treviso.blogspot.it/2015/04/vocazione-seguire-gesu-dopo-che-si-e.html

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