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Ignacio Bolívar Urrutia, patriarca
de las ciencias naturales en España
y fundador de la revista Ciencia en México*
Miguel Ángel Puig-Samper Mulero
Instituto de Historia, CSIC. Madrid
Sr. Presidente, Sres. académicos, Sres. y Sras.:
En primer lugar quiero agradecerles su amabilidad en aceptarme como miem-bro correspondiente de su importante corporación científica, con el apoyo de colegas y amigos tan queridos como José Alfredo Uribe, Rosaura Ruiz, Clara Lida y Gerardo Sánchez. Es para mí un honor colaborar con una de las institu-ciones más prestigiosas de México, país con el que me siento muy unido aní-micamente por mis amigos, al que admiro por la fuerza de su cultura y en el que desarrollaron su labor algunos científicos españoles de manera brillante, como la pléyade de científicos exiliados encabezada por Ignacio Bolívar Urru-tia. A él quiero dedicar este discurso por su papel en el desarrollo de la ciencia española y como agradecimiento a México por su solidaridad con los científi-cos españoles en un momento terrible de nuestra historia.
La primera impresión, casi cinematográfica, al comenzar la búsqueda de documentos sobre nuestro naturalista, fue topar con las fichas de inmigra-ción realizadas a su llegada a México. La primera tarjeta de identificainmigra-ción como “asilado político”, hecha en Veracruz al pisar suelo mexicano el 26 de julio de 1939, muestra de frente y de perfil a un hombre muy mayor, con un semblante marcadamente triste, que la propia tarjeta describe como un hom-bre de 1,68 m, blanco, canoso, de nariz recta, ojos azules, catedrático jubilado, que hablaba francés, griego y latín, católico, que viajaba con familiares y espo-sa, con una persona como referencia relevante: el profesor Isaac Ochotorena, del Instituto de Biología de México. La segunda ficha, hecha por el Servicio de Migración de la Secretaría de Gobernación en México, D.F. el 21 de noviembre de 1939, muestra al mismo profesor Bolívar con un rostro algo más tranquilo, definido nuevamente como asilado político, pero con dos novedades. Ya apa-rece el que sería su domicilio mexicano en la plaza Río de Janeiro 56 y su nuevo mentor es Alfonso Reyes.
163 ¿Quién era realmente este anciano profesor que se había atrevido a cruzar el océano Atlántico buscando un futuro para su familia y una muerte digna, lejos de la barbarie instalada en España y a punto de extenderse por toda Europa?
La primera respuesta nos la da él mismo en una carta autobiográfica titulada Recuerdos de mi vida, que envía el 29 de abril de 1941 a su amigo José Cuatrecasas, instalado en su exilio colombiano como botánico tropicalista1,
respondiendo a un requerimiento de este a Cándido Bolívar, uno de los hijos del maestro que siguió sus huellas en el campo de la ciencia y fue fundamental en su vida. Ignacio Bolívar Urrutia había nacido en Madrid el 9 de noviembre de 18502 y, como él mismo nos relata, su afición a las ciencias naturales pudo
venir de su admiración por los libros de viajes, que le transportaban a otros lugares mágicos y le hacían revivir la historia de Robinson Crusoe en su retiro solitario. Después de rememorar estos sueños infantiles se lamentaba de haber llegado a México a una edad tan avanzada que le impedía disfrutar de su exu-berante Naturaleza.
El recuerdo de Ignacio Bolívar de esta apasionada llamada de la Natu-raleza, que se inició en excursiones con sus compañeros de escuela por los al-rededores de Madrid en busca de plantas, minerales e insectos, lo conservó toda la vida y es descrito en su carta autobiográfica de una manera fascinante, que nos recuerda a algunos pasajes de Humboldt o Darwin en sus contempla-ciones extasiadas del mundo natural:
“Un hecho insignificante vino, siendo aún niño, a favorecer y orientar mi atención hacia los insectos, y fue el haber encontrado en casa un insecto muy extraño traído sin duda con la ropa de lavar, pues en aquella época el la-vado se hacía en el río por la escasez de agua en la Corte. Era, como más tarde supe, una larva de Empusa, mántido estrafalario que por sus movimientos y actitudes parecía imitar a una personita. Su cabeza terminada por una mitra cónica dirigía sus miradas a uno otro lado, y sus dos patas anteriores replega-das como los brazos de un monje en oración, se lanzaban como movireplega-das por un resorte contra las moscas que se ponían a su alcance, fallando rara vez el golpe, y después mantenían su presa, como cogida por unas manos, al alcance de su boca que la iba devorando, manifestando con los graciosos movimientos de su cabeza la satisfacción que experimentaba. ¡Que espectáculo tan maravi-llo so!, y no es extraño que quedara grabado en mi memoria con tanta claridad que aún en estos momentos me parece estar presenciándolo.”
1 “Carta de Ignacio Bolívar a José Cuatrecasas, México, D.F., 29 de abril de 1941”,
Archi-vo del Real Jardín Botánico de Madrid (ARJB). Fondo José Cuatrecasas.
Corresponden-cia científica, caja 4, exp. Div. XV, 2, 1, 14. Quiero agradecer a José Mª López Sánchez su
ayuda en la obtención de esta valiosa documentación.
2 Según la partida de bautismo de la iglesia de San Martín de Madrid se le llamó Ignacio
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Al llegar a la edad de elegir carrera universitaria optó por la de Ciencias Naturales, que tuvo que simultanear con el estudio de Derecho ante el temor paterno de que no pudiera vivir de esa extraña carrera que le llevaba por los campos recogiendo criaturas inservibles. Tras cursar el Bachillerato en el Insti-tuto de Noviciado de Madrid y en el de Valladolid, en el que obtuvo su título de Bachiller en Artes en 1866, comenzó la carrera de Derecho sin mucho entu-siasmo, pero logró licenciarse en estos estudios en 1871,3 fecha en la que casi
acababa los estudios de Ciencias Naturales en Madrid, con la excepción de la Geografía, que aprobaría el año siguiente en Valencia. Puede que la convulsa época que le tocó vivir como estudiante le marcara para siempre, como a mu-chos de estos “hijos del 68” educados en medio de la Revolución de Septiem-bre, la Primera República Española y la Restauración, con acontecimientos culturales tan notables como la fundación de la Institución Libre de Enseñanza por Francisco Giner de los Ríos.
Del expediente académico de Bolívar se deduce que era evidente su preferencia por la zoología, en la que destacó desde estos tiempos de estudian-te y que le llevó a realizar una estudian-tesis doctoral en 1873 sobre “Apunestudian-tes para la clasificación de los ortópteros y su distribución geográfica en la Península”.4
Todavía como estudiante participó en la fundación de la Sociedad Espa-ñola de Historia Natural en 1871, creada según el propio Bolívar a imitación de la recién constituida Sociedad Mexicana de Historia Natural, que ya publicaba su famoso periódico La Naturaleza, con la intención de tener una sociedad que contara con un medio de expresión para dar a conocer las novedades científi-cas en Historia Natural. La nueva Sociedad se reunió en el Instituto Industrial, más tarde en la Academia de Medicina y finalmente en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, publicando sus Anales. El premio Nobel Santiago Ramón y Cajal dio aquí a conocer algunos de sus primeros descubrimientos histológi-cos sobre el sistema nervioso de los vertebrados, y sus discípulos más impor-tantes, Pío del Río-Hortega, Isaac Costero, etc., también dejaron su huella en esta Sociedad de naturalistas que sigue sus trabajos en la actualidad, y en la que Bolívar publicó su Sinopsis de los ortópteros de España y destacó como uno de los autores más prolíficos.5
En el mismo año de 1871 Ignacio Bolívar participó en otra institución de vida más efímera, el Ateneo Propagador de las Ciencias Naturales, patrocinada por varios científicos de la Sociedad Española de Historia Natural. El Ateneo llevaba a cabo una gran actividad excursionista ligada a la recolección de pro-ductos naturales y tenía la intención de formar una gran biblioteca de ciencias
3 AHN, Madrid, Universidades, 3705, Exp. 4. Derecho, 1866-1871. 4Ibid., 5342, Exp. 21. Facultad de Ciencias, 1866-1873.
5 Ignacio Bolívar, “La Sociedad Española de Historia Natural”, Revista de la Sociedad
Mexicana de Historia Natural, Vol. I, nº 2, junio, 1940, pp. 87-95; Alberto Gomis Blanco,
165 naturales.6 Durante el primer año Bolívar prestó su domicilio particular para
las reuniones del Ateneo y dio a conocer algunos de sus trabajos sobre ortópte-ros y su distribución, objeto poco después de su tesis doctoral.7 Asimismo dio
a conocer en el Ateneo sus Apuntes acerca de la recolección y conservación de los insectos, una interesante obra que ocupó gran parte de la tercera memoria de esta institución que ya cesaba en sus actividades.8
En 1875, Ignacio Bolívar consigue una plaza de ayudante de Zoología en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid9 y escribe al sabio profesor de la
Universidad de Jena Ernst Haeckel afirmando que todos los conceptos que exponía en la Historia Natural de la Creación coincidían con sus propias convic-ciones adquiridas en el estudio de la Historia Natural y le solicitaba su Morfo-logía General.10 Un año después ofrecía al científico alemán la primera parte de
su Sinopsis de los ortópteros de España y en una carta posterior, Bolívar dejaba traslucir su posición a favor del evolucionismo. 11
En 1877, todavía sin cumplir los veintisiete años, Ignacio Bolívar conse-guía por oposición la cátedra de Entomología de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid, que ocuparía hasta 1920, lo que además signi-ficaba la entrada en la Junta de profesores del Museo de Ciencias Naturales, aportando una nueva visión evolucionista.12
De esta época data su primer matrimonio, con Pilar Pieltaín, fallecida prematuramente y con la que tuvo tres hijos: Pilar, Ignacio y José.13 En lo
referen-te a su papel inicial en la cáreferen-tedra y el Museo, el propio Bolívar indica cómo
6 Ángel de Diego y Capdevila, Resumen de los trabajos en que se ha ocupado el Ateneo
Propa-gador de las Ciencias Naturales durante el año académico de 1872 a 1873, Madrid, Imp. Manuel Minuesa, 1873.
7 Ángel de Diego y Capdevila, Resumen de los trabajos en que se ha ocupado el Ateneo
Propa-gador de las Ciencias Naturales durante el año académico de 1873 a 1874, Madrid, Imp. Gregorio Juste, 1874.
8 Ángel de Diego y Capdevila, Resumen de los trabajos en que se ha ocupado el Ateneo Pro-pagador de las Ciencias Naturales durante el año académico de 1874 a 1875, Madrid, Imp. Gregorio Juste, 1875, pp. 37-124.
9 José del Cañizo, “Don Ignacio Bolívar y Urrutia (1850-1944)”, Boletín de Patología Vegetal
y Entomología Agrícola, XIII, Madrid, 1944, pp. 477-482.
10 Archivo de la Ernst Haeckel Haus, Universität Jena, Brief Id. 6678. 11Ibid., 6679 y 6680.
12 Alberto Gomis Blanco, “Bolívar Urrutia, Ignacio”, Diccionario Biográfico Español,
Madrid, Real Academia de la Historia, tomo 8, 2010, pp. 686-691. Expediente de Ignacio Bolívar y Urrutia. Archivo General de la Administración, Sección de Educación y Ciencia, Leg. 196-27, Caja 15.399.
13 M. Cazurro y J. Arias, Ignacio Bolívar y las ciencias naturales en España, Madrid, Imp.
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intentó desde el primer momento ligar la enseñanza práctica de sus alumnos, incluyendo las excursiones y la formación de colecciones destinadas al Museo.14
La figura de Ignacio Bolívar caminando por la sierra de Guadarrama se hizo habitual,15 ataviado de manera sencilla y con su red de entomólogo en la
mano. Bolívar parecía seguir la misma estela excursionista de Francisco Giner de los Ríos, siempre preocupado por el conocimiento de la naturaleza en esta sierra cercana a Madrid. Antonio Machado, admirador contemplativo de esta sierra pero nada deportista, dedicaba unos años más tarde un párrafo a Igna-cio Bolívar en su Juan de Mairena asombrado por ese “insigne Bolívar, cazando saltamontes a sus setenta años, con general asombro de las águilas, los buitres y los alcotanes de la cordillera carpetovetónica”.16
De este mundo del excursionismo Bolívar pasó al de las expediciones africanas, la primera vez con motivo de su asistencia al congreso organizado en Argelia en 1881 por la Association Française pour l’Avancement des Sciences, que le llevó días después a explorar la región de Orán y de la Argelia meridio-nal hasta los límites del desierto. Se inició así una época de viajes al norte de África, Oriente y Guinea, que culminó con la creación primero de una Comi-sión para la Recepción y Estudio de Colecciones de África Occidental en 190117
y de otra Comisión de Estudios del Noroeste de África en 1905.18
Además, Bolívar editó en aquellos tiempos algunas obras generales con la idea de cambiar la mentalidad de la antigua Historia Natural por la nueva Biología, con obras como los Elementos de Historia Natural (1890 y 1895), y en 1900 los Nuevos Elementos de Historia Natural con Calderón, autor de la pri-mera tesis doctoral con contenido evolucionista en España.19
Por aquella época, exactamente en 1895, llegó una real orden que trasla-daba al Museo de Ciencias Naturales desde el Palacio destinado a la Real Aca-demia de Bellas Artes de San Fernando y al antiguo Real Gabinete de Historia Natural, situado en la calle Alcalá de Madrid, a los bajos del edificio de la Bi-blioteca Nacional en el Paseo de Recoletos. Para Bolívar fue una decisión fatal que llevó casi a la muerte al Museo, tanto por la pérdida de gran parte de los
14 “Carta de Ignacio Bolívar a José Cuatrecasas, México, D.F., 29 de abril de 1941”, ARJB.
Fondo José Cuatrecasas. Correspondencia científica, caja 4, exp. Div. XV, 2, 1, 14.
15 Así lo recuerda Ismael del Pan en su trabajo “Don Ignacio Bolívar. Recuerdo del
maes-tro”, Memorias de la Real Sociedad Española de Historia Natural, Tomo extraordinario LXXV Aniversario, 1946, pp. 65-75.
16 Santos Casado de Otaola, Quiroga, Calderón, Bolívar. La ciencia en el campo. Naturaleza y
regeneracionismo, Madrid, Nívola, 2001, p. 87.
17 La Comisión estaba formada por Ignacio Bolívar como presidente, Blas Lázaro,
Salva-dor Calderón y Manuel Martínez de la Escalera. Archivo del Museo Nacional de
Cien-cias Naturales de Madrid (AMNCN), CN0284/001/001
18 AMNCN, CN284/006
19 Salvador Calderón y Arana, “Es o no el hombre animal”, Facsímil, transcripción y
167 profesores, como porque obligó a derivar parte de las colecciones al antiguo Museo de Antropología. En 1900 recibió Bolívar el encargo del ministro de Instrucción Pública de reformar la Facultad de Ciencias y el Museo. El proyec-to reformista de Bolívar fue aprobado por unanimidad y la Facultad quedó dividida en cuatro secciones: Ciencias Exactas, Físicas, Químicas y Naturales, se modificó el plan de estudios de la licenciatura con una orientación más prác-tica y experimental, se crearon plazas de profesores auxiliares y alumnos inter-nos y se dio un cierto papel al Museo de Ciencias en la enseñanza superior de las ciencias naturales.20
La situación volvió a cambiar con la creación en 1907 de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), que decidió la fundación de un Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales en 1910, que englobaba a todas estas instituciones.21 Precisamente en este año se produjo el
traslado, gracias al trabajo de Bolívar, del Museo Nacional de Ciencias Natura-les al Palacio de la Industria y de las Artes en los altos del Hipódromo de Ma-drid, donde actualmente sigue su vida científica, una situación que marcaba una nueva era en la vida del Museo y equiparaba -según su propio director- España a otros países europeos, cuyos museos venía visitando desde 1905, y que denotaba la nueva floración del Estado y del nuevo nivel cultural del país. El propio Bolívar había representado a España en los actos de homenaje a Darwin celebrados en Cambridge en junio de 1909.22
Ignacio Bolívar pensaba entonces que había convertido el Museo en un centro de cultura e investigación, donde se alternaba la divulgación científica en sus salones, aún con colecciones deficientes,23 con los cursos prácticos de
20 Luis Alfredo Baratas Díaz y Joaquín Fernández Pérez, “La enseñanza universitaria de
las ciencias naturales durante la Restauración y su reforma en los primeros años del si-glo XX”, Llull, vol. 15, 1992, pp. 7-34. Libros de Actas del Consejo de Instrucción Pública. 1872-1904, Libro 655, está en el Archivo General de la Administración (AGA), Alcalá de Henares, Sección de Educación.
21 Luis E. Otero Carvajal y José Mª López Sánchez, La lucha por la modernidad. Las ciencias
naturales y la Junta para Ampliación de Estudios, Madrid, CSIC-Residencia de Estudiantes, 2012; Francisco Pelayo López, “Las Ciencias Naturales en la JAE: el Real Jardín Botánico y el Museo Nacional de Ciencias Naturales”, en Miguel Ángel Puig-Samper (ed.), Tiem-pos de Investigación. JAE-CSIC, cien años de ciencia en España, Madrid, CSIC, 2007, pp. 115-119.
22 El nombramiento de Ignacio Bolívar y Urrutia como representante de España en el
Centenario de Darwin que se celebraría en Cambridge aparece en la Gaceta de Instruc-ción Pública y Bellas Artes, Año XXI, Madrid 30 de junio de 1909, nº 949, Sección de Infor -mación, Universidades.
23 Esta situación parece que cambió con la contratación por Ignacio Bolívar de los
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investigación,24 y en la Estación Alpina de la Sierra de Guadarrama. Como
comentaba en su ingreso en la Real Academia de Ciencias en 1915, hubo además un empeño en la investigación original en los laboratorios, así como la publicación de resultados en los Trabajos del Museo patrocinados por la Junta para Ampliación de Estudios con la intención de formar la Flora y la Fauna de la Península Ibérica.25
En el ámbito de los estudios marinos, impulsados por Bolívar desde 1886 con su apoyo en la fundación de la Estación Biológica de Santander y más tarde del Laboratorio Biológico-Marino de Baleares (1908), el Museo perdió el control al crearse el nuevo Instituto Español de Oceanografía por Odón de Buen en 1914, lo que ocasionó fuertes fricciones entre maestro y discípulo, que luego coincidirían en el exilio mexicano.26
Durante estos años Bolívar siguió con sus actividades como catedrático en la Universidad Central hasta 1920, fecha de su jubilación y de su nombra-miento como Presidente Honorario de la Sociedad Española de Historia Natu-ral,27 en tanto que continuó su labor como director del Museo Nacional de
Ciencias Naturales por expreso deseo de Santiago Ramón y Cajal. Además al año siguiente se le encargó la dirección añadida del Real Jardín Botánico de Madrid, que duraría hasta 1930, con la misión de reformar la estructura de esta antigua institución científica, en la que fundó nuevos laboratorios y creó la sección de Flora Tropical, que más tarde ocuparía su amigo José Cuatrecasas.28
La sección de Entomología del Museo fue dirigida desde 1922 por su hijo Cán-dido Bolívar, ya formado como un zoólogo experimentado, y creó con él tres años más tarde la revista de entomología Eos, que dirigió desde su fundación. Asimismo mantuvo una activa correspondencia e intercambio con otros natu-ralistas y con instituciones extranjeras, entre las que cabe citar al Museo de Historia Natural de la Ciudad de México a través del profesor y director de estudios biológicos Alfonso L. Herrera, de quien tenemos constancia de varios canjes de ejemplares de historia natural en 1925, así como un intento
24 Susana Pinar y Francisco J. Ayala, “Antonio de Zulueta y los orígenes de la Genética
en España”, en Milagros Candela (Ed.), Los orígenes de la genética en España, Madrid, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, 2003, pp. 165-201.
25 Ignacio Bolívar Urrutia, Discurso leído ante la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y
Naturales en su recepción pública por el Ilmo. Sr. D….., el día 20 de julio de 1915, Madrid, Imp. Renacimiento, 1915.
26 Santos Casado, “Ignacio Bolívar y la modernización de la historia natural en la
Junta”, Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, II Época, diciembre de 2006, nº 63-64,
pp. 189-205.
27 Alberto Gomis Blanco, “Recuerdo de D. Ignacio Bolívar y Urrutia en el Centenario
(sic) (Cincuentenario) de su fallecimiento, Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural, Actas, tomo 92, 1997, pp. 23-27
28 Antonio González Bueno, “Datos biográficos y bibliográficos del profesor José Cuatre
169 de intercambio de animales vivos solicitado desde México para el Parque Zoo-lógico de Chapultepec.29
En 1928 la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales le concedió la medalla Echegaray,30 siendo considerado Ignacio Bolívar príncipe
de las ciencias naturales españolas. En el mismo año Bolívar fue homenajeado por los miembros de la Sociedad Española de Historia Natural con un tomo especial de memorias científicas y una medalla acuñada especialmente para él, tal como anunciaba el periódico madrileño La Voz, que poco después apoyaba vehementemente la candidatura de Bolívar para el puesto vacante en la Real Academia Española.31 El 13 de febrero se reunió la Real Academia y fue
elegi-do Ignacio Bolívar por sus grandes méritos como naturalista, miembro además de numerosas instituciones académicas de todo el mundo y se esperaba de él la renovación del Diccionario en los términos científicos que debían nutrir la obra de referencia del uso del castellano.32
En el Acta de la Real Academia Española de 18 de enero de 1931 se da cuenta de la “constitución de la Academia en el salón de actos públicos para dar posesión de su plaza de número al académico electo el Ilmo. Sr. D. Ignacio Bolívar”.33 En su discurso sobre El lenguaje de la Historia Natural Bolívar dedicó
algunas palabras a la nomenclatura de las ciencias naturales empleada en los diccionarios generales del idioma.34
Tres años más tarde, con motivo de la muerte de Santiago Ramón y Cajal, Ignacio Bolívar fue designado nuevo presidente de la Junta para Am-pliación de Estudios e Investigaciones Científicas, cargo en el que vivió todas las vicisitudes de la vida universitaria y científica de la II República.35
Un hito en la historia de la zoología española del siglo XX, que en cierta manera fue un homenaje a Ignacio Bolívar, fue la celebración en Madrid del 6 al 12 de septiembre de 1935 del VI Congreso Internacional de Entomología, inaugurado bajo la presidencia del Jefe del Estado Niceto Alcalá Zamora y en el que se discutió sobre entomología general, agrícola, ecología y biogeografía,
29 AMNCN, CN0303/003, CN0277/013 y CN0277/034.
30La Voz, Madrid, 29 de mayo de 1928, p. 3. Un perfil muy positivo de su figura con unas
interesantes fotografías, publicado con motivo de este acontecimiento, apareció en La Esfera, el 9 de junio de 1928, pp. 11-13.
31La Voz, Madrid, 4 de enero de 1930, p. 3; La Voz, Madrid, 7 de enero de 1930, p. 3;
La Voz, Madrid, 15 de enero de 1930, p. 4; La Voz, Madrid, 12 de febrero de 1930, p. 1 y La Voz, Madrid, 14 de febrero de 1930, p. 4.
32 Expediente de Ignacio Bolívar en la Real Academia Española. Archivo de la Real
Aca-demia Española (RAE), leg. 31, exp. 4.
33 Acta de la Real Academia Española de 18 de enero de 1931. Archivo de la RAE. 34Discursos leídos ante la Real Academia Española en la recepción pública de D. Ignacio Bolívar
y Urrutia el día 18 de enero de 1931. Madrid, RAE, 1931, 45 pp.
35 Eduardo González Calleja y Álvaro Ribagorda (Eds.), La Universidad Central durante la
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entomología médica y veterinaria, así como de entomología forestal.36 Tal
como refleja el periódico El Sol, Ignacio Bolívar inauguró el Congreso interna-cional en el auditorio de la Residencia de Estudiantes. El discurso fue una ala-banza a los precursores de la entomología española y a la organización del Museo de Ciencias Naturales, que desde 1907 se había desligado de la sujeción universitaria para dedicarse a tiempo completo a la difusión cultural de las ciencias naturales37 y a la investigación de la naturaleza española como una
empresa patriótica, una opción que le había costado a Bolívar no pocas discu-siones con otros colegas del mundo de la Universidad.38 Parece que el
Congre-so fue un éxito, con asistencia de más de 400 delegados en sus diversas secciones.39 El resultado de los trabajos de este Congreso Internacional,
previs-to en una publicación, quedó interrumpido por el estallido de la Guerra Civil como consecuencia del golpe militar del 18 de julio de 1936 contra el gobierno legítimo de la República. Las actas del Congreso serían editadas en 1940 por una Comisión que tuvo la desvergüenza de publicarlas eliminando cualquier rastro del que había sido su presidente y las ponencias del propio Ignacio Bo-lívar, su hijo Cándido, Juan Gil Collado, Dionisio Peláez y Federico Bonet.40
36 Presidía el Congreso el propio Ignacio Bolívar, eran vicepresidentes Miguel Benlloch,
José Mª Dusmet y Manuel Martínez de la Escalera, los vocales fueron Federico Bonet, José del Cañizo, Gonzalo Ceballos, Juan Gil Collado, Fernando Martínez de la Escalera y Antonio de Zulueta, en tanto que la secretaría estaba en manos de Cándido Bolívar Pieltaín. Véase el Apéndice de Alberto Gomis en M. Cazurro y J. Arias, Ignacio Bolívar y las ciencias naturales en España, Madrid, ed. facs., Madrid, CSIC, 1988, pp. 194-195.
37 Para darse una idea de la transformación que había sufrido el Museo bajo la dirección
de Bolívar puede verse el artículo de A. Prats, “La infancia en la mansión de las maravi-llas. En la instalación del Museo de Ciencias naturales se están realizando importantes reformas”, El Sol, 5 de marzo de 1935, p. 8.
38 “El VI Congreso Internacional de Entomología. Ayer celebró su sesión inaugural, con
asistencia del Presidente de la República”, El Sol, Madrid, 7 de septiembre de 1935, p. 4. Véase también “El VI Congreso Internacional de Entomología. España, paraíso de los na-turalistas, por el profesor Ignacio Bolívar”, El Sol, Madrid, 6 de septiembre de 1935, p. 1.
39 “Bajo la presidencia del presidente de la República celebra la sesión de apertura el
Congreso de Entomología”, Heraldo de Madrid, 6 de septiembre de 1935, p. 2; “El VI Congreso Internacional de Entomología”, Heraldo de Madrid, 7 de septiembre de 1935, p. 5; “En la Residencia de Estudiantes. Esta mañana se ha inaugurado el VI Congreso Internacional de Entomología”, La Voz, 6 de septiembre de 1935, p. 3.
40 Dicha Comisión censora de los trabajos de los naturalistas considerados contrarios al
nuevo Régimen estaba formada José Mª Dusmet, Eduardo Zarco y Serapio Martínez. Véase Alberto Gomis, “Mimbres para otro cesto. De la Sección de Entomología del Mu-seo Nacional de Ciencias Naturales al Instituto Español de Entomología”, Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural, Sec. Biol., 108, 2014, pp. 37-47. Dusmet se atre-vió en su Discurso leído en el acto de recepción de…la Real Academia de Ciencias Exactas, Fí-sicas y Naturales (Madrid, 1944) a hacer unas fichas de los principales entomólogos
españoles, en la que señaló a Ignacio Bolívar como “fuera de España” y antiguo
171 Bolívar se quejó al Secretario del Comité de los Congresos Internacionales de Entomología, por la censura que se había hecho en la publicación de las Actas del Congreso de Madrid, un delito de “falsedad en documento público inter-nacional”, cometido en primer lugar por su discípulo Dusmet. Un delito califi-cado de infamia por el botánico José Cuatrecasas.41 Un colega de este Congreso,
el profesor Uvarov, recordaría a Ignacio Bolívar años más tarde en la revista Nature como el hombre clave de su organización, con una energía sorprenden-te, lleno de nobleza y encanto, y con unas virtudes científicas que le habían llevado a ser reconocido por las Sociedades Entomológicas de Londres, Bélgica y Praga, la Sociedad Zoológica de Londres como uno de los 25 miembros ex-tranjeros y doctor honoris causa por la Universidad de Pittsburgh.42
Al iniciarse la Guerra Civil española Ignacio Bolívar fue confirmado como director del Museo Nacional de Ciencias Naturales, poco después agru-pado con el Jardín Botánico y el Museo Antropológico en un nuevo Instituto Nacional de Ciencias Naturales.43 Por sus propias palabras sabemos que
Bolí-var rescató algunas colecciones privadas antes de salir a Francia para recupe-rar su salud, dejando la presidencia de la Junta para Ampliación de Estudios en manos de Manuel Márquez, el futuro presidente del Ateneo Ramón y Cajal de México, y la dirección del Museo a Antonio de Zulueta:
“Fatigado por la labor excesiva de los últimos años hube de solicitar a fines del mes arriba expresado, autorización de la superioridad para buscar descanso al lado de parte de mi familia residente en Francia desde largos años. Allí sufrí la lesión a la vista que me ha impedido desde entonces toda clase de lectura. Ello no obstante volví a España en Septiembre de 1937 para cumpli-mentar los deseos de la Junta para Ampliación de Estudios que a la sazón ra-dicaba en Valencia, de establecer un laboratorio en el que se pudiese continuar los trabajos del Museo, quedando encargado de su realización una vez encon-trado el edificio conveniente, el señor Royo quien desempeñó su misión con el celo e inteligencia en él habituales.”44
cuenta que él mismo fue responsable de su desaparición en las actas. De Cándido Bolí-var, al que también censuró, se atrevió a decir que hubiera sido un gran entomólogo si no se hubiera desviado hacia la política en los días más horribles que Madrid recuerda,
sin duda por su colaboración con Azaña como Secretario General de la Casa Oficial del
Presidente de la República (Gaceta de Madrid, nº 133, 12 de mayo de 1936, p. 1395). De Gil Collado un ligero recuerdo, le había dedicado un género, y al final una leve alusión a su
dedicación en el combate del paludismo, y Peláez y Bonet, desaparecidos.
41 “Carta de Ignacio Bolívar a José Cuatrecasas, fechada en México D.F., el 8 de marzo de
1941” y “Carta de José Cuatrecasas a Ignacio Bolívar, fechada en Bogotá el 29 de marzo
de 1941”, ARJB. Fondo José Cuatrecasas. Correspondencia científica, caja 4, exp. Div.
XV, 2, 1, 14.
42 B. P. Uvarov, “Don Ignacio Bolívar y Urrutia”, Nature, July 21, 1945, vol. 156, pp. 74-75. 43Gaceta de Madrid, 27-VIII-1936 y 2-IX-1936.
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En un informe elaborado por Luis Santullano sobre la situación del Ins-tituto de Ciencias Naturales en los primeros años de la Guerra Civil, en un dosier para la revista Tierra Firme titulado “Un año de labor cultural de la República Española (julio 1936-julio 1937)”, indicaba cómo el personal de los diferentes centros había tenido que poner a salvo de los bombardeos sus colecciones científicas e instrumentos de trabajo, ya que habían caído algunos obuses sobre el propio Museo de Ciencias Naturales. Añadía que la revista Eos había publicado su tomo XII entre 1936 y 1937 y el Boletín de la Sociedad Españo-la de Historia Natural también había cumplido sus objetivos de publicación. Santullano comentaba también cómo algunos de los científicos habían trasla-dado sus actividades a Valencia manteniendo sus trabajos de investigación geológica, zoológica y botánica, en tanto que otros seguían en Madrid al cui-dado de sus cultivos y laboratorios.45
Ya en plena guerra, Ignacio Bolívar se significaba al firmar en 1938, unos días después de ser reintegrado al servicio activo en la Universidad,46 un
manifiesto de apoyo al presidente Negrín, encabezado por el filólogo Tomás Navarro Tomás, el médico Juan Madinaveitia, él mismo y Antonio Machado, en el que entre otras cosas se decía:
“…nosotros, hombres de ciencia, escritores y artistas, queremos reiterar pública y solemnemente nuestra adhesión al Gobierno de la República espa-ñola, nuestro decidido propósito de ayudarles a defender, hasta la victoria total, la independencia y la libertad de España.
Nos dirigimos a los intelectuales de la España aherrojada por el fascis-mo, para que, conscientes de su deber y de los destinos de nuestro pueblo, señalados por la historia, ayuden desde su campo a la victoria de la República, que será la liberación y el resurgimiento de nuestro país.
Nos dirigimos, asimismo, a los intelectuales de todos los países para que laboren tenazmente a favor del pueblo español que combate no sólo en su propia defensa, sino también por la libertad y la cultura universales.”47
Poco después, el 19 de mayo de 1938, el ilegal gobierno franquista de-cretaba el cese de actividades de la Junta para Ampliación de Estudios, pero la Junta mantuvo sus actividades en Valencia, apoyada por el legítimo gobierno republicano y posteriormente se trasladó a Barcelona. Además se mantuvo la actividad en Madrid gracias al nombramiento en octubre de ese mismo año del doctor Luis Calandre, entonces director del Hospital de Carabineros
45 Luis Santullano, “Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas”.
En Salvador Bernabéu Albert y Consuelo Naranjo Orovio (eds.), Edición facsimilar de Tierra Firme, Madrid, SECC, CSIC y Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 2008,
8 vols., Año II, nº 3-4, 1936, pp. 591-595.
46La Vanguardia, 27 de febrero de 1938, p. 5.
47 “La intelectualidad española expresa su adhesión al gobierno de la República”, Frente
Rojo, Barcelona, Año I, nº 343, 1 de marzo de 1938, pp. 7 y 10; “Un manifiesto de los
173 instalado en la Residencia de Estudiantes, como Subdelegado de la JAE en la capital, lo que finalmente le costaría la cárcel y el exilio interior.48
En Valencia, Bolívar participó también en la Casa de la Cultura de ma-nera activa, incluyendo la publicación en el tercer número de la revista Madrid. Cuadernos de la Casa de la Cultura de un artículo sobre el Instituto Nacional de Ciencias Naturales, donde repasa la historia del Museo de Ciencias Naturales y del Jardín Botánico desde la época de la Ilustración española hasta llegar a la que protagonizó con los traslados del Museo y la nueva organización científi-ca, expositiva y administrativa, así como la incorporación a la Junta para Am-pliación de Estudios que dotó al Museo de salas de exposición, con nuevas formas de exposición en grupos naturales, biblioteca, laboratorios modernos, material y nuevo personal, en tanto que el Jardín se dotaba de nuevos inverna-deros, laboratorios, herbarios y se creaba una nueva Sección de Flora Tropical para estudiar las antiguas colecciones procedentes de las expediciones científi-cas al Nuevo Mundo.49 La revista estaba dirigida por Enrique Díez-Canedo,
quien poco antes había dirigido también la revista Tierra Firme, el órgano de difusión del americanismo en la etapa republicana,50 y solo pudo contar con
tres números pero con colaboraciones de personalidades destacadas de la cul-tura y la ciencia como Antonio Machado, Tomás Navarro Tomás, León Felipe, José Cuatrecasas, José Bergamín, Enrique Rioja, José Moreno Villa, etc. La di-rección del tercer número de Madrid, por la ausencia de Enrique Díez-Canedo ya camino de México, estuvo a cargo de María Zambrano, que había participa-do en Valencia en la redacción de Hora de España, otra revista cultural de gran relieve también con mucha presencia de Antonio Machado. Zambrano ensalzó la actividad de la Casa de la Cultura en tiempos tan difíciles y sobre todo de la propia revista Madrid como testimonio del “temple moral de nuestros
intelec-48 Cristina Calandre Hoenigsfeld, “El doctor Luis Calandre Ibáñez y la Residencia de
Estudiantes”, en Miguel Ángel Puig-Samper (ed.), Tiempos de Investigación. JAE-CSIC, cien años de ciencia en España, Madrid, CSIC, 2007, pp. 211-219.
49 Ignacio Bolívar, “El Instituto Nacional de Ciencias Naturales”, Madrid. Cuadernos de
la Casa de la Cultura, Valencia, nº 3, pp. 319-340. En una carta, escrita desde la localidad
vasco-francesa de Sare, a José Cuatrecasas se disculpaba Bolívar de los posibles errores en su artículo: “Respecto a la historia del Museo que ha publicado la Revista Madrid, ha de tenerse en cuenta que la escribí de memoria, dictándola a mi mujer, mi hija, cuando ya estaba imposibilitado de poder leer y por tanto de consultar ningún libro que por otra parte tampoco poseía. Las citas de fecha, han sido corregidas después por el amigo Rioja y pueden admitirse salvo la errata de la 1ª página que atribuye a la obra de Colmeiro un siglo de adelanto. Como U. verá, esa historia solo es un programa a desarrollar como yo lo haría si tuviera tiempo y medios para ello.”. “Carta de Ignacio Bolívar a José Cuatrecasas, Sare (Bass. Pyr.), Francia, 26 de julio de 1938”, ARJB. Fondo
José Cuatrecasas. Correspondencia científica, caja 4, exp. Div. XV, 2, 1, 14.
50 Salvador Bernabéu Albert y Consuelo Naranjo Orovio, Estudio introductorio de la
174
tuales” que habían sido capaces de dar frutos en el campo científico, literario y poético a pesar de la guerra. Sobre el artículo de Bolívar en la revista comentaba:
“El trabajo de don Ignacio Bolívar, figura venerable de nuestro mundo científico, sobre el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, recoge la historia de la institución y muestra su valor y significación en un momento triste para la cultura española, cuando algunas de las salas que enumera, algunas de las valiosas colecciones fueron tocadas por la destrucción invasora, pero nos apor-ta el testimonio de una atención científica alerapor-ta, vigilante y ejemplar a quien los años y las circunstancias adversas no destruyen su constancia.”51
El título de la revista de la Casa de la Cultura era sin duda un homenaje a Madrid y su defensa de la legalidad republicana. La edición facsimilar de la revista Madrid inicia sus páginas con un bello escrito de Antonio Machado fe-chado el 29 de julio de 1937, publicado en español, francés, inglés y ruso, ala-bando a los buenos españoles y su capacidad de resistencia defendiendo la causa popular frente al enemigo, lo que implicaba la defensa de todos los pue-blos y el porvenir del mundo.52 En la misma edición se relata cómo hubo un
agradecimiento general del mundo intelectual por la evacuación de esta elite artística, literaria y científica de Madrid en un momento muy delicado por el avance de la guerra y los bombardeos sobre la capital.53
Como indicaba Emilio G. Nadal en Tierra Firme, la Casa de la Cultura – luego llamada Casa de los Sabios- había nacido como una hija de la guerra para “poner a salvo de los peligros del asedio (a Madrid) a los artistas, escrito-res y hombescrito-res de ciencia” que repescrito-resentaban “un tesoro inestimable para la cultura y el prestigio del país”.54 Incluso se ha llegado a decir que la actividad
de algunos naturalistas en los laboratorios de la Junta fue superior a la que ya se daba en Madrid.
El 30 de octubre de 1937 el gobierno de la República dio la orden de traslado a Barcelona, con lo cual la Junta de Profesores del Museo pasó tam-bién a la Ciudad Condal.55 Poco más tarde Ignacio Bolívar pasaba a Francia con
51 María Zambrano, “Notas. Madrid. Cuadernos de la Casa de la Cultura”, Hora de
Espa-ña, Barcelona, XX, agosto de 1938, pp. 55-56.
52 Antonio Machado, “Madrid”, Madrid. Cuadernos de la Casa de la Cultura, Glashütten im
Taunus, Verlag Detlev Auvermann Nendeln-Liechtenstein, Kraus Reprint, 1974, pp. 5-6.
53 El primer manifiesto de agradecimiento estaba firmado por personalidades como An
-tonio Machado, Pío del Río-Hortega, Enrique Moles, Isidro Sánchez Covisa, An-tonio Madinaveitia, José Mª Sacristán, José Moreno Villa, Miguel Prados Such y Arturo Dupe-rier. Véase Robert Marrast, Introducción a la edición facsimilar de Madrid. Cuadernos de la Casa de la Cultura, Glashütten im Taunus, Verlag Detlev Auvermann Nendeln-Liech -tenstein, Kraus Reprint, 1974, p. 8.
54 Emilio G. Nadal, “La Casa de la Cultura”, Edición facsimilar de Tierra Firme, Madrid,
SECC, CSIC y Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 2008, Año II, nº 3-4, 1936,
pp. 601-603.
55 Alberto Gomis, “Ignacio Bolívar, segundo presidente de la JAE”, en Miguel Ángel
Ma-175 su familia, excepto Cándido que permanecería en un primer momento junto a Azaña como secretario de la Presidencia del Gobierno de la República. Sabe-mos por la correspondencia con Cuatrecasas que primero estuvieron en el pueblo vasco-navarro de Sare y en enero de 1939 se instalaron en un pequeño pisito que compartían quince personas entre familiares, amigos y colegas en la localidad de Vernet-les-Bains, donde se había instalado un campo para heri-dos56 y en la que había también algunos alojamientos para militares
republica-nos. Entre las personas que les acompañaban se encontraba Enriqueta Ortega, maestra y naturalista barcelonesa, doctorada en Farmacia en Madrid como residente en la Residencia de Señoritas, que luego sería su ayudante en la es-tancia mexicana, profesora en el Instituto Luis Vives y llegaría a ser profesora en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas de México.57 Bolívar expresaba
su inquietud por la situación familiar y la posible marcha hacia América en un supuesto plan de espera de su colegas Navarro Tomás, Santullano, Rioja y Royo. El lamento de Ignacio Bolívar era dramático:
“En cuanto a mí, inútil ya para todo trabajo científico por el estado de mi vista, ¿cómo habría de emprender un viaje de esa naturaleza y cómo reali-zarlo siendo tantos los que necesitaríamos llevar con nosotros?”58
Pocos días más tarde Bolívar mantenía su correspondencia con Cuatre-casas estudiando la posibilidad de que este crease un Museo de Historia Natu-ral en Colombia en el que encontrar acomodo para sí mismo, Enrique Rioja y Cándido Bolívar, buscando también una plaza en el Ministerio de Industria
drid, CSIC, 2007, pp. 69-75.
56 Marie Claude Rafaneau-Boj, Odyssée pour la liberté. Les camps de prisonniers espagnols
1939-1945, Denoël, 1993. En ese momento, enero-febrero de 1939, había en los campos de concentración franceses unos 250.000 españoles, que fueron descendiendo hasta unos 4.000 en 1942, según las cifras que ofrecen Geneviève Dreyfus-Armand, El exilio de los republicanos españoles en Francia. De la Guerra Civil a la muerte de Franco, Barcelona, Editorial Crítica, 2000, p. 59; Alicia Alted Vigil, La voz de los vencidos. El exilio republicano de 1939, Madrid, Aguilar, 205, p. 70; Javier Rubio, “Política francesa de acogida. Los
campos de internamiento”, en Josefina Cuesta y Benito Bermejo (coords.), Emigración y exilio. Españoles en Francia, 1936-1946, Madrid, Eudema, 1996, p. 102.
57 Pilar Domínguez-Prats, “De la Universidad al exilio. La trayectoria de Enriqueta
Or-tega”, en Josefina Cuesta, Mª Luz de Prado Herrera y Francisco J. Rodríguez (dirs.),
¿Mujeres sabias?Mujeres universitarias en España y América Latina, Limoges, Presses Uni-versitaires de Limoges, 2015, pp. 243-261; Consuelo Flecha García, “Profesoras en la Universidad. El tránsito de las pioneras en España”, Arenal, 17-2, julio-diciembre de 2010, p. 291. El expediente de Enriqueta Ortega Feliú en AHN, Universidades, 5965, Exp. 22. Hay también una entrevista a Enriqueta Ortega realizada por Concepción Ruiz Funes en Barcelona, 22 de abril de 1979, en el Centro Documental de la Memoria
Histó-rica, Salamanca, PHO/10/30. Expediente de Enriqueta Ortega en la Junta de Auxilios a
los Republicanos Españoles (JARE), Archivo Ministerio de Asuntos Exteriores, Madrid, M-146.
58 “Carta de Ignacio Bolívar a José Cuatrecasas, Vernet les Bains, 8 de febrero de 1939”,
176
para José Royo, es decir el núcleo de sus colegas naturalistas, aunque tampoco olvidaba a otros dos que acababan de llegar a Francia, Federico Bonet y Dioni-sio Peláez. Bolívar comunicaba también a Cuatrecasas que mantenía las posi-bilidades de que el grupo fuera a México en caso de fallar las gestiones con el gobierno de Colombia, a través del ofrecimiento que en su día recibió Rioja de su colega Ochotorena, director del Instituto Biológico, para crear un Laborato-rio de Biología Marina,59 algo que se confirma en una nota colocada por
Ignacio Bolívar a una carta de Cándido en la que comenta su traslado temporal a Toulouse, donde se reuniría con Rioja y Royo.60
Efectivamente Cándido Bolívar se reunió en Toulouse con sus dos cole-gas, junto a otros exiliados como Odón de Buen y Faustino Miranda,61 y
trans-mitieron a Cuatrecasas la voluntad de Rioja de ir a México con Ochoterena, en tanto que Royo marcharía a Colombia y él mismo esperaría acontecimientos de Colombia y de México, atendiendo a las posibilidades de viajar de sus padres:
“Me queda a mí un punto que me preocupa muchísimo, que es el referen-te a mis Padres, que como V. comprende no pueden volver a España y a los que no querría dejar en Francia, por temor a lo que pueda pasar en Europa. No sé por otra parte si sería materialmente posible el llevarles – dada su avanzada edad y de si la altitud de México ciudad les sería perjudicial para su salud. En el caso de que ellos estuvieran dispuestos a trasladarse a América habría aún la dificultad del pago del pasaje. Pero se les ha ocurrido a Rioja y Royo que mi Padre podría decirse que va a ocuparse de algún cargo, alguna dirección de un centro o algo así, y ver si es posible obtener el pago del pasaje. Voy a escribir también a Méxi-co, para ver si puede hacerse algo en este sentido. Si V. quiere darme su opinión respecto a llevarme a mis Padres se lo agradeceré mucho. ¿Cree V. que las mo-lestias del viaje son muy grandes o resulta por el contrario descansado? ¿Es po-sible utilizar la clase turista, o aun la tercera si fuese necesario?”62
José Cuatrecasas se muestra en esta correspondencia como el valedor de toda esta colonia de científicos exiliados desde París, donde se encontraba preparando su salida a Colombia63. Su posición de apoyo al exilio republicano
59 “Carta de Ignacio Bolívar a José Cuatrecasas, Vernet les Bains, 14 de febrero de 1939”,
ARJB. Fondo José Cuatrecasas. Correspondencia científica, caja 4, exp. Div. XV, 2, 1, 14.
60 “Carta de Cándido Bolívar a José Cuatrecasas, Vernet les Bains, 23 de febrero de 1939”.
Incluye una pequeña nota de Ignacio Bolívar, ARJB. Fondo José Cuatrecasas.
Corres-pondencia científica, caja 4, exp. Div. XV, 2, 1, 14.
61 “Carta de José Royo a José Cuatrecasas, Toulouse, 4 de febrero de 1939”. ARJB. Fondo
José Cuatrecasas. Correspondencia científica, caja 4, exp. Div. XV, 2, 1, 153.
62 “Carta de Cándido Bolívar a José Cuatrecasas, Toulouse, 28 de febrero de 1939”, ARJB.
Fondo José Cuatrecasas. Correspondencia científica, caja 4, exp. Div. XV, 2, 1, 14.
63 Consuelo Naranjo Orovio, “Los caminos de la JAE en América Latina: redes y lazos al
servicio de los exiliados republicanos”, Revista de Indias, 2007, vol. LXVII, nº 239, pp.
283-306; Francisco Javier Dosil Mancilla, “La JAE peregrina”, Revista de Indias, 2007,
vol. LXVII, nº 239, pp. 307-332; Consuelo Naranjo Orovio, Mª Dolores Luque y Miguel
177 la mantendría también desde sus puestos en Estados Unidos, a partir de la década de 195064.
En otra carta, enviada ya desde Bogotá el 24 de abril de 1939 a la resi-dencia de la familia Bolívar en Vernet les Bains, Cuatrecasas se muestra con-tentísimo por su propio viaje y por la posibilidad real de llevar contratado a Cándido Bolívar como entomólogo de la Estación Agrícola experimental de Palmira, cercana a Cali y donde Ignacio Bolívar podría residir tranquilamen-te65. La respuesta de Cándido Bolívar fue ambigua, ya que por una parte se
mostraba dispuesto a ir a Colombia, siempre que se asegurase el futuro de sus padres, si es que podían soportar tan largo viaje, pero también anunciaba que seguía a la espera de contestar la oferta mexicana de integrarse en el Departa-mento de Salubridad de México. Es también muy entrañable su interés por buscar una colocación a Enriqueta Ortega, que estaba con ellos en Vernet, y por la situación de su antiguo ayudante Dionisio Peláez66, al que quería
resca-tar y llevar con él a Palmira, entonces encerrado en un campo de concentración en Perpignan.67
Finalmente llegó la decisión de Cándido de marchar con su familia a México, donde ya le exigían una respuesta para integrarse en el Departamento de Salubridad, sintiendo no ir a Colombia donde se encontraban parte de sus amigos. Pide, por tanto, disculpas al ministro Gartner por no aceptar la oferta colombiana, que además había llegado tarde68, según comenta también
Cua-trecasas al contestar disgustado por haber perdido la oportunidad de llevarse a la familia Bolívar a Colombia, aunque todavía mantenía una oferta para En-riqueta Ortega69.
La constancia de la llegada a México de la familia Bolívar la encontra-mos en una carta de Ignacio a Royo y Cuatrecasas, fechada en la ciudad de México el 25 de septiembre de 193970 y en la que se muestra contento, comenta
Universidad de Puerto Rico, 1916-1939, Madrid, CSIC-Universidad de Puerto Rico, 2002.
64 Antonio González Bueno, “Nos asedian con el silencio. Reflexiones y actuaciones de
José Cuatrecasas Arumi (1903-1996) en torno a la República Española desde su exilio norteamericano”, Arbor, CLXXXV, nº 735, 2009, pp. 139-153.
65 “Carta de José Cuatrecasas a Cándido Bolívar, Bogotá, 24 de abril de 1939”, ARJB.
Fondo José Cuatrecasas. Correspondencia científica, caja 4, exp. Div. XV, 2, 1, 14.
66 Anita Hoffmann, “In Memoriam Dionisio Peláez Fernández (1915-1998), Folia Entomol.
Mex., 1999, 105, pp. 1-8.
67 “Carta de Cándido Bolívar a José Cuatrecasas, Vernet les Bains, 8 de mayo de 1939”,
ARJB. Fondo José Cuatrecasas. Correspondencia científica, caja 4, exp. Div. XV, 2, 1, 14.
68 “Carta de Cándido Bolívar a José Cuatrecasas, Vernet les Bains, 3 de junio de 1939”,
ARJB. Fondo José Cuatrecasas. Correspondencia científica, caja 4, exp. Div. XV, 2, 1, 14.
69 “Carta de José Cuatrecasas a Ignacio Bolívar, Bogotá, 2 de julio de 1939”, ARJB. Fondo
José Cuatrecasas. Correspondencia científica, caja 4, exp. Div. XV, 2, 1, 14.
70 “Carta de Ignacio Bolívar a J. Royo y José Cuatrecasas, Méjico, 25 de septiembre de
1939”, ARJB. Fondo José Cuatrecasas. Correspondencia científica, caja 4, exp. Div. XV, 2,
178
el viaje a Chiapas de Cándido Bolívar y da algunos datos de la entrada en su nueva patria:
“Sirva esta primera carta para enviarles un cordial saludo a Vds. y a sus apreciadas familias desde esta ciudad de Méjico en donde estamos desde el 10 de Agosto y para darles noticias de la existencia de la que irían ya dudando. Salimos de Amberes en el Westernland el 8 de julio y pasando por Nueva York; llegamos a Veracruz el 26 del mismo mes deteniéndonos allí dos días y doce en Orizaba llegando como les digo el 10 a México, donde ya nos esperaba Cándi-do que solo se detuvo cuatro días en Orizaba; a la estación acudieron también para recibirnos Rioja y una representación del Instituto de Biología con su di-rector a la cabeza y desde entonces estamos alojados en la casa Rio Janeiro número 56 de la plaza del mismo nombre.”
Sobre la casa comentaba “De salud todos estamos bien; en la inmensa casa en que vivimos hemos encontrado alojamiento en departamentos separa-dos la familia de Cándido, la de Pilar con el nuevo matrimonio de Daniel y Pilar Villalba y nosotros.” La casa de la plaza Río de Janeiro en la colonia Roma, también conocida como Casa de las Brujas por su peculiar arquitectura porfirista y por alguna leyenda como la de la bruja-curandera La Pachita, se convirtió en un lugar emblemático y de reunión del exilio español en la ciudad de México, junto a otros inmuebles como el Ermita al comienzo de la avenida Revolución.71
La realidad de cómo se habían producido los hechos, tras las dudas fa-miliares y las diversas invitaciones a París y Colombia, la he comentado en al-guna otra parte pero es necesario repetirla. En enero de 1939 enviaban al presidente Cárdenas un mensaje de agradecimiento los primeros invitados de La Casa de España. El 12 de marzo de 1939 se designó al prestigioso escritor y diplomático mexicano Alfonso Reyes como presidente del patronato de La Casa de España en México, un acontecimiento que favoreció aún más la recepción de los exiliados españoles y la actividad de la nueva institución y su continuadora, a partir de 1940, El Colegio de México72. Reyes había vivido su exilio particular
en Madrid, de 1914 a 1924, y como otros intelectuales latinoamericanos se ha-bía incorporado a las labores de instituciones como el Centro de Estudios His-tóricos, el Ateneo o la Residencia de Estudiantes, por lo que su sensibilidad hacia el mundo cultural español en el exilio no podía ser más acusada.
En este contexto se produjo la invitación, el 19 de abril de 1939, a Cán-dido Bolívar por parte de Daniel Cosío Villegas para que se incorporara al
71 Dolores Plá y Álvaro Vázquez, El exilio español en la ciudad de México. El legado cultural,
Madrid, Ayuntamiento de Madrid, 2010, p. 26. Antonio Bolívar Goyanes, hijo de Cándio y nieto de Ignacio, recuerda: “Al abuelo lo iba a ver gente que le acompañaba en alguna de las bancas de la Plaza, donde le gustaba sentarse; sus nietos mexicanos (mi hermano Simón y yo) jugamos mucho allí, vigilados por mis hermanas.” (Comunicación personal).
72 Clara E. Lida, La Casa de España en México, México, Centro de Estudios Históricos de El
179 Departamento de Salubridad Pública de México, con objeto de que participara en la investigación de las enfermedades transmitidas por insectos, especial-mente para trabajar en la lucha contra el paludismo y la oncocercosis, con un salario de 550 pesos mensuales y el ofrecimiento de obtener varios pasajes73. La
invitación a Cándido Bolívar tuvo como respuesta la petición, el 24 de abril, de un traslado familiar completo, que incluía a su padre Ignacio Bolívar, hasta entonces director del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, presi-dente de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas y maestro de toda una generación de naturalistas, así como a su discípulo Dioni-sio Peláez, para el que además solicitaba un puesto de ayudante en el Departa-mento de Salubridad Pública de México. La contestación, que llevaba la firma de Alfonso Reyes y estaba fechada en
México el 16 de mayo, fue afirmativa y Cándido Bolívar dio la acepta-ción definitiva telegráficamente el 5 de junio74. El 26 de julio de ese mismo año
de 1939 desembarcaba toda la familia Bolívar del vapor Monterrey en el puerto de Veracruz, una circunstancia que como veremos favoreció notablemente la reunión de los exiliados científicos españoles75. Previamente habían
consegui-do las hojas de identificación de la Legación de los Estaconsegui-dos Uniconsegui-dos Mexicanos en Francia, gracias a los buenos oficios de Narciso Bassols, que estaba pendien-te desde mayo de la situación de la familia Bolívar, lo que les permitía salir de Francia rumbo a México76.
Ignacio Bolívar fue nombrado Miembro Honorario de La Casa de Espa-ña con la expresa labor de hacer una memoria sobre el estado de los estudios de las ciencias naturales en España, por encargo del Patronato de dicha insti-tución comunicado por Alfonso Reyes77. Poco después, el 19 de enero de 1940,
73 Archivo de El Colegio de México, Caja 3, exp. 12, “Bolívar Pieltaiín, Cándido”.
Agra-dezco a Clara Lida su ayuda en la localización de este expediente y a María del Rayo González del Archivo Institucional del Colmex por haberme facilitado los expedientes de Ignacio y Cándido Bolívar.
74 En carta de Alfonso Reyes a Eduardo Villaseñor, Subsecretario de Hacienda, fechada en
México el 6 de junio de 1939, le indica que libre a su Delegación fiscal en París 1650 dóla -res para el viaje de Cándido Bolívar y su familia y 275 dóla-res para el pasaje de Dionisio Peláez. Archivo de El Colegio de México, Caja 3, exp. 12, “Bolívar Pieltaín, Cándido”.
75 Santos Casado y Alberto Gomis, “Cándido Bolívar (1897-1976). Avance para una
bio-grafía pendiente”, Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, vol. II, núm.31, pág. 60.
76 La Hoja de identificación de Ignacio Bolívar Urrutia está fechada en París el 19 de junio
de 1939, lleva el número R-1602 y está firmada por Narciso Bassols. Aparece reproducida
en el Apéndice de M. Cazurro y J. Arias, Ignacio Bolívar y las ciencias naturales en España, Madrid, Imp. Clásica Española, 1921, p. 186 (ed. facs. con introducción y apéndice de Al-berto Gomis, Madrid, CSIC, 1988). Sobre la actuación de Bassols y la diplomacia mexicana en relación a los refugiados españoles, véase José A. Matesanz, Las raíces del exilio. México ante la guerra civil española, 1936-1939, México, El Colegio de México-UNAM, 1999.
77 “Carta de Alfonso Reyes a Ignacio Bolívar, fechada en México, D.F., el 14 de octubre
de 1939”. Cuatro días más tarde contestaba afirmativamente Ignacio Bolívar a Alfonso
180
Bolívar era nombrado Socio honorario de la Sociedad Mexicana de Historia Natural y en julio doctor honoris causa de la Universidad Nacional78.
Su hijo Cándido Bolívar Pieltaín era considerado Miembro Especial de la misma institución, aunque recibiese su remuneración del Departamento de Salubridad Pública. La Casa de España puso en contacto a los intelectuales y científicos refugiados con otras instituciones en las que muchos impartieron conferencias y encontraron trabajo. Asimismo, La Casa de España había comi-sionado en 1938 a José Giral, Jaime Pi Suñer y Rosendo Carrasco Formiguera para ayudar en la organización del Departamento de Investigación de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional, que poco después fue incorporando a personalidades como Cándido Bolívar, Federico Bonet, Enriqueta Ortega, Bibiano Ossorio Tafall, etc. y creaba sus Anales como medio de expresión. Ignacio Bolívar manifestó su admiración por la Escuela y sus nuevos éxitos, recordando con melancolía lo dejado atrás:
“Gran satisfacción me ha producido mi visita al Instituto Politécnico Nacional y especialmente a su Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, no sin un dejo de tristeza por ver en plena actividad y labor una institución de espíri-tu semejante a las que funcionaban en España, bajo los auspicios de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas que se encuentran hoy abandonados por ausencia forzada de quienes la organizaron… el ver rea-lizada en México la idea que nosotros no hemos podido aún llevar a la prácti-ca, me ha sido sumamente grata.”79
En la misma carta de llegada que citamos anteriormente, Ignacio Bolí-var se muestra, a pesar de su avanzada edad, como el organizador científico de siempre, con proyectos nuevos de carácter colectivo dirigidos a la comunidad científica hispanoamericana, quizá ya pensando en la nueva revista Ciencia y la creación de alguna nueva sociedad científica:
“Yo soy el único que nada hace hasta ahora al menos, pero sueño con hacer algo que redunde a favor de la Ciencia y de estas naciones que nos aco-gen con aco-generosidad y no hago nada, me queda tiempo para discurrir e imagi-nar lo que podíamos hacer estando como estamos tan distanciados bien contra nuestra voluntad y he pensado que podríamos unir nuestros esfuerzos para fomentar el desarrollo de las ciencias físico químicas y naturales en toda la América latina, donde sin duda hay muchos aficionados, donde puede decirse
la historia de las ciencias naturales en el mundo iberoamericano, tarea en la contó con la ayuda de Enriqueta Ortega. Archivo de El Colegio de México, Caja 3, exp. 11, “Bolívar, Ignacio”.
78 “Carta de Enrique Beltrán, Secretario Perpetuo de la Sociedad Mexicana de Historia
Natural, a Alfonso Reyes, fechada en México D.F. el 17 de enero de 1940.” Archivo de El Colegio de México, Caja 3, exp. 11, “Bolívar, Ignacio”.
79 María Luisa Sevilla y Guillermo Carvajal Sandoval, “Naturalistas”, en Antonio
181 que estas ciencias están en estado latente como en España cuando se creó la Soc. Española”. 80
Precisamente cuatro científicos ligados estrechamente a La Casa de Es-paña en México serían los encargados de fundar y llevar la redacción de la re-vista que reunió al exilio científico español, Ciencia. Revista hispano-americana de Ciencias puras y aplicadas81, aunque hay indicios de que Francisco Giral y
Enri-que Rioja habían pensado ya en la creación de una revista científica en su viaje a México desde Francia a bordo del Flandre82 e incluso el segundo se planteaba
a poco de llegar a México la creación de una Colección Biológica Mexicana con los naturalistas exiliados, en un proyecto parecido al que habían dejado en España83 y que aparece en la correspondencia de Cándido Bolívar y Daniel
Cosío en 1940 como una de las posibles actividades del naturalista84.
El 1 de marzo de 1940 aparecía el primer número de esta revista publi-cada por la editorial Atlante, bajo la dirección de Ignacio Bolívar Urrutia y con tres redactores principales, Cándido Bolívar Pieltaín, Isaac Costero y Francisco Giral. En el primer consejo de redacción de Ciencia aparecían científicos de diversas disciplinas, aunque con una fuerte presencia de médicos y biólogos, con lugares de exilio variados, pero con un peso notable de los residentes en México, entre los que podemos citar a José Giral, Gonzalo R. Lafora, Antonio Madinaveitia, Manuel Márquez, José Andrés Oteyza, José Puche, Enrique Rio-ja Lo-Bianco, etc. Podemos destacar además la presencia de José Cuatrecasas, José Royo y Gómez y Antonio Trías, residentes en Colombia; Pedro Domingo en Cuba; Bernardo Giner de los Ríos y Juan Gómez Menor en la República Dominicana; Rafael Lorente de No y José F. Nonídez, en Estados Unidos; Ar-turo Duperier y Pío del Río-Hortega en Inglaterra; Enrique Moles y Manuel Martínez Risco en Francia; Ángel Cabrera en Argentina; Miguel Prados Such en Canadá; Augusto Pi Suñer, Amós Salvador y José Sánchez Covisa en Vene-zuela, así como numerosos profesionales latinoamericanos que quisieron apo-yar con su presencia la obra científica de los exiliados españoles. Se ha insistido
80 “Carta de Ignacio Bolívar a J. Royo y José Cuatrecasas, Méjico, 25 de septiembre de 1939”,
ARJB. Fondo José Cuatrecasas. Correspondencia científica, caja 4, exp. Div. XV, 2, 1, 14.
81 Miguel Ángel Puig-Samper, “La revista Ciencia y las primeras actividades de los
cien-tíficos españoles en el exilio”, en Agustín Sánchez Andrés y Silvia Figueroa Zamudio
(coords.) De Madrid a México. El exilio español y su impacto sobre el pensamiento, la ciencia y el sistema educativo mexicano, Morelia, Comunidad de Madrid / Universidad Michoacana
de San Nicolás de Hidalgo, 2001, págs. 95-125.
82 Jorge Quetzal Argueta Prado, La revista Ciencia, 1940-1975. Contribuciones a la ciencia
mexicana del siglo XX, Morelia, México, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hi-dalgo y Academia Mexicana de Ciencias, 2010, pp. 103-106.
83 Santos Casado, “Naturalistas en el exilio. ¿Nueva España en el Nuevo Mundo?”, en
Los refugiados españoles y la cultura mexicana, Residencia de Estudiantes/El Colegio de
México, México, 1999, pp. 481-499.
84 “Carta de Cándido Bolívar Pieltaín a Daniel Cosío, fechado en México el 15 de mayo
182
en esta dimensión de colaboración entre la ciencia española en el exilio, la lati-noamericana, la europea y norteamericana en la idea inicial de la creación de la nueva revista.85
Los objetivos de la nueva publicación aparecen definidos en la “Presen-tación” que de ella hacía su director Ignacio Bolívar, quien firmaba todavía como director del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid en este pequeño editorial fechado el 15 de febrero de 1940:
“La revista Ciencia, que hoy aparece en el estadio de la prensa científica, tiene por finalidad primordial difundir el conocimiento de las Ciencias físi-co-naturales y exactas y sus múltiples aplicaciones, por considerarlas como una de las principales bases de la cultura pública, para lo que procurará, por todos los medios a su alcance, aumentar el interés hacia su estudio en los paí-ses hispano-americanos.
De una manera general tratará de tener al lector al corriente de los pro-gresos que aquéllas realicen en todos los órdenes, tanto en su aspecto pura-mente científico como en sus aplicaciones a la Medicina, a la Agricultura y a la Industria, y, en especial, dará a conocer los nuevos métodos que mejoren los usuales para la obtención de productos y puedan ser base de nuevas industrias o aplicaciones de utilización práctica e inmediata.
Contribuirá también a elevar el nivel de la cultura pública, en cuanto a lo relacionado con las Ciencias físico-naturales, exponiendo, en lenguaje para todos comprensible, el estado de los problemas de general interés que toda persona ilustrada debe conocer.
Los que cultivan estas Ciencias en alguna de sus ramas, han de encontrar en la revista un auxiliar inestimable, que les mantendrá al corriente de los ade-lantos diariamente registrados en ellas, pues es notorio que para realizar una investigación fecunda, resulta indispensable haber agotado el conocimiento de la bibliografía a ella referente, conocimiento bien difícil de obtener si no se dis-pone de una biblioteca al día lo que, desgraciadamente, ni aun en los mismos establecimientos oficiales suele lograrse, por faltar en ellos, con frecuencia, las publicaciones periódicas que resumen el movimiento científico que, siendo muy numerosas, requieren cuantiosos fondos para su consecución.
Es evidente que las Ciencias, hoy aún más que en tiempos pasados, no pueden progresar sin el concurso de cuantos a ellas se dedican. Como en la colmena, cada uno aporta el producto de su labor para contribuir a la obra común que dará por resultado la riqueza del conjunto.”
85 Rafael Aleixandre, Juan A. Micó y Amparo Soler, “La contribución científica del exilio
a través de la revista Ciencia” en Joseph Lluis Barona (Comp.), Ciencia, salud pública y exilio (España 1875-1939), Valencia, Seminari d’Estudis sobre la Ciencia, 2003, págs. 71-97. También comenta la actividad de los naturalistas en la revista Ciencia y en la Sociedad Mexicana de Historia Natural, Alberto Gomis, “Los naturalistas españoles exiliados en
México”, en Gerardo Sánchez Díaz y Porfirio García de León (coords.), Los científicos del
183 En cuanto a su posible impacto en el mundo científico español, Francis-co Giral Francis-comenta que del primer número de la revista se enviaron 500 ejempla-res a España y se recibieron peticiones de suscripciones, pero las autoridades franquistas prohibieron inmediatamente su distribución, por lo que al intentar enviar el tercer número la Administración mexicana de correos les comunicó el oficio de su correspondiente en España que denegaba la entrega de ejempla-res. El propio Giral interpretaba así esta circunstancia:
“...el hecho de ver reunidos tantos nombres de la ciencia española exi-liada trabajando y publicando desde México en colaboración con una selecta y numerosa lista de científicos hispanoamericanos parece que fue resentido por las autoridades tiránicas franquistas como una agresión peor que los ataques militares.”86
En los primeros momentos Ignacio Bolívar solicitó ayuda a Indalecio Prieto para que la JARE ayudase al despegue de la nueva revista Ciencia, que servía de unión a los propios científicos españoles en el exilio y sus colegas en América Latina, para demostrar al mundo que la ciencia española no había desaparecido ni se había sometido al designio de los dictadores en palabras de Bolívar.
Parece que la ayuda se mantuvo hasta 1944 y que no fue exclusiva, ya que la JARE también ayudó a la publicación de otras publicaciones como la del Ateneo Ramón y Cajal, que agrupaba a los médicos exiliados en México.87 En
la fundación de la nueva revista científica del exilio español hay que destacar la fuerte personalidad de su principal promotor, Ignacio Bolívar Urrutia. Las palabras de sus colaboradores en la revista Ciencia, con motivo del cumpleaños del maestro, resumen brevemente el perfil personal del fundador de la revista:
“El día 9 de noviembre cumple noventa años nuestro Director, don Ig-nacio Bolívar Urrutia. Sus amigos los científicos e investigadores americanos, sus compañeros y discípulos que antes trabajaron en España y ahora mantie-nen vivo en América el progreso de las Ciencias Naturales, hubieran deseado con entusiasmo hacer de ese aniversario un motivo de respetuoso homenaje para el sabio entomólogo español, a cuyo nombre se asocian desde hace seis décadas, los mejores avances realizados por los estudios científico-naturales en España.
Pero con su ejemplar y reconocida modestia, don Ignacio Bolívar acon-sejó que no se llevara a cabo ese homenaje, (...)
La triste situación del mundo en guerra ha quebrado la bella continui-dad del progreso científico y la cordialicontinui-dad entre las naciones. Muchos de los
86 Francisco Giral, Ciencia española en el exilio (1939-1989). El exilio de los científicos españo
-les, Barcelona, Anthropos, p. 42.
87 José Luis Barona y María Fernanda Mancebo, José Puche Álvarez (1896-1979). Historia
de un compromiso. Estudio biográfico y científico de un republicano español, Valencia,
Genera-litat Valenciana, 1989; Luis Alfredo Baratas Díaz, “Los científicos y las organizaciones de
ayuda a los refugiados”, en Los refugiados españoles y la cultura mexicana, Residencia de