La Economía del algodón en Sinaloa: 1925-1976

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Revista de Historia

E

scripta

Gustavo Aguilar Aguilar, 2018

La Economía del algodón en Sinaloa:

1925-1976

México, Universidad Autónoma de

Sinaloa

ISBN

978-607-737-257-8

Ana Isabel Grijalva Díaz1

Recepción: 10 de junio de 2019

Aceptación: 18 de agosto de 2019

1 Centro de Estudios Históricos de Región y Frontera, El Colegio de Sonora. Correo electrónico: agrijalva@

colson.edu.mx

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ESCRIPTA. Revista de Historia, Vol.1, Núm. 2, julio-diciembre 2019. ISSN: 2594-2891

Gustavo Aguilar Aguilar escribió el libro La Economía del algodón en Sinaloa: 1925-1976, como resultado de una larga persistencia sobre el tema que data desde el año de 2011 aproximadamente. Los esfuerzos vertidos en una numerología cuan-tificable de la superficie cosechada, del volumen de producción, las pacas produ -cidas y exportadas, así como el precio mundial de algodón fueron el pretexto para acercarse a la Sinaloa que quería y pretendía pintar los campos de blanco.

El estudio está centrado en la importancia del algodón para la economía del cen-tro-norte del estado. Fueron Culiacán, Navolato, Guasave, Sinaloa de Leyva, Aho -me, El Fuerte y Guamúchil las regiones agrícolas dedicadas al cultivo de la fibra blanca. En la década de 1920 se inició con el proceso de siembra de manera dispar en estas zonas con una superficie no mayor a las siete mil hectáreas entre todas las zonas antes mencionadas. Pero a partir de 1950, cuando el algodón se convierte en un cultivo estratégico para el país, especialmente en Sinaloa, con características distintas que incluía la semilla mejorada, sistemas de riego, cultivos con tecnología agrícolas y amparados en todo momento, en los precios del mercado mundial y las rigurosidades de las calidades de Gossypium hirsutum, la superficie fue superior a las cincuenta mil hectáreas.

El algodón, pone de manifiesto el autor, es más importante que cualquier otro cultivo en la década de 1950. Era lo novedoso del auge económico que estaba mo-tivando a los agricultores y al propio gobernador del estado, Pablo Macías Valen-zuela, quien puso énfasis al señalar: “el cultivo se cuadruplicó de un año para otro con todos los implementos técnicos aplicados al cultivo”. El gobernador, entusias-mado por los resultados económicos que arrojaría ese año agrícola el algodonero, manifestó que precisaría en las fechas convenientes de siembra para alcanzar altos rendimientos y evitar, con todos los métodos posibles, la aparición de plagas como el pulgón, el gusano cortador, el picudo, el gusano bellotero para no poner en ries-go las siembras.

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Reseña

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primera en 1934 denominada Despepitadora Nacional de Algodón, Sociedad Civil Particular. En la naciente ciudad de Culiacán se concentraban los organismos de productores agrícolas, la banca y las uniones de créditos. Estas empresas de servi-cios dieron paso a la formación de la Unión de Crédito Industrial S.A.,cuyo princi-pal objetivo era la de instalar una planta despepitadora para dar servicio al nutrido grupo de importantes agricultores agremiados a la Confederación de Asociaciones Agrícolas del Estado de Sinaloa. Lo destacable de esta despepitadora, además de la elaboración y comercialización de pacas de algodón, sería la extracción de aceites comestibles de semillas del algodón y ajonjolí, la pignoración del producto con el Banco de Sinaloa.

No obstante, la auguriosa economía algodonera presentó altibajos que pronto repercutieron en las industrias despepitadoras locales. La Unión de Crédito Indus-trial, poseedora de dicha despepitadora presentó problemas de liquidez y después de varios intentos por salvarla de la quiebra, fue vendida por la CAADES a la

Socie-dad Industrial Algodonera del Fuerte, cuyos socios de apellido Torres pronto la hi -cieron crecer y florecer.

Lo mismo sucedió con la despepitadora denominada Compañía Algodonera del Pacífico. Después de figurar como la segunda en importancia en la región, fue com -prada por la Anderson Clayton & Company. No es de extrañarse que la Anderson Clayton realizara dichas operaciones, es decir, que adquiriera acciones de despepi -tadoras débiles económicamente o de baja producción. Lo que buscaba la Clayton en las regiones algodoneras era eliminar todo competencia que causara resquemor con el precio internacional del algodón. Se denotaba, según los periódicos de la época, que la Clayton pagaba el kilo de algodón por debajo de precio establecido en el mercado de Nueva York. La Clayton marcaba cánones de calidad más riguro-sos en las fibra para pagar el más bajo precio. Sobre todo en la blancura, limpieza, resistencia, largo y humedad.

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semilla de algodón, sería entonces, la mayor complejidad productiva para los em-presarios sinaloenses.

La familia Torres figuró entre las grandes impulsoras de la industria despepita -dora en el estado de Sinaloa por su capital invertido, entabló serias competencias con otros empresarios norteños de la talla de los Longoria, dueños de Industrias Unidas del Pacífico y de Empresas Longoria con importante presencia en Tamau -lipas, Mexicali, Sinaloa y Sonora.

En este sentido, la relevancia de las despepitadoras sinaloenses era que pudie-ron enfrenar a la competencia por la fabricación y comercialización de pacas de algodón estableciendo siete agroindustrias entre 1934 y 1949. El énfasis en la ca-pacidad de industrias despepitadoras instaladas en Sinaloa, refiere el autor, es que estas operaciones se gestaron justo antes del auge algodonero de la costa del pa-cífico. Las fuentes utilizadas por el autor aluden a Sonora, o más bien agrupan Si -naloa y Sonora en un solo cuerpo productivo hacia el año de 1949. No cabe duda que Sonora producía algodón para satisfacer la industria local, pero no tenía la ca-pacidad productiva de Sinaloa en 1949, los índices de producción se manifestaron después de 1951. Lo que señala el autor y pretende colocar en relieve es que Si-naloa ya presentaba un auge algodonero previo a la sistematización del cultivo, al mejoramiento de semilla y sobre todo, al control de las plagas del gusano bellotero y del picudo.

Sin embargo, el algodón no sería el cultivo de preferencia de los agricultores si-naloenses. El maíz, la caña de azúcar y el garbanzo estarían por encima de la pre-ferencia de la fibra blanca. Lo que ayudó o colaboró para que esto sucediera fue -ron los sistemas de irrigación, la construcción de canales y las ampliaciones de las fronteras agrícolas de cada una de las regiones productivas. Es por demás señalar o resaltar que desde sus inicios, el valle del Río Fuerte destacó por las primeras obras de irrigación que datan desde el porfiriato. Los cultivos de caña de azúcar, maíz, frijol y algunos frutales se cultivaban antes que el algodón. Este llegaría hasta la década de 1930. Otro de los valles más importantes del Sinaloa, es sin duda, el va-lle de Culiacán. Se transformó en el centro productor de legumbres de exportación, especialmente de tomate. No obstante, la caña de azúcar superaba el millón de to-neladas anuales, cuyo mercado era interno.

Otro tema relevante del libro, La Economía del Algodón en Sinaloa 1925-1976, son las fuentes de financiamiento de la producción algodonera. No es para nada extraño que al autor pretenda hacer hincapié en las instituciones de crédito, en las fuentes de habilitación o avío y de créditos refaccionarios provenientes de la ban -ca privada, la ban-ca de desarrollo y de las uniones de crédito a las que pone espe-cial atención.

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cul-Reseña

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desde su creación en 1940. El crédito para la habilitación al algodón ocupó el ter -cer lugar seguido por la caña de azúcar y el garbanzo cuyos cultivos seguían en la preferencia de los agricultores.

Lo que subraya Aguilar es que el algodonero tenía varias fuentes de financia -mientos, las cuales no se reflejaban en grandes volúmenes en la banca privada por -que lo acaparaban las despepitadoras. A estas agroindustrias les era altamente re-dituable porque el crédito lo otorgaba con base en el volumen de producción en kilogramos o toneladas de algodón a un precio por debajo del estipulado en el mer-cado mundial. Es decir, para las industrias despepitadoras era garantía la recupera-ción del crédito con la cosecha de algodón en hueso. En ciertas ocasiones, los cré -ditos se concertaban en volúmenes de pacas.

En cambio, la banca de fomento representada por El Banco Nacional de Crédito Agrícola y el Banco Nacional de Crédito Ejidal no tuvieron representatividad por la competencia del financiamiento al algodón en Sinaloa. En contra parte, el finan -ciamiento estuvo a cargo de la banca privada, del cual el algodón percibió la quinta parte del crédito agrícola.

La explotación del algodón y su importancia en la economía Mexicana es un apartado que muestra el significativo valor de las aportaciones a la economía na -cional. Tanto el cultivo como la industrialización de la fibra blanca estaban ubica -dos en el norte de México. Según el autor, con base en información aportada por Cerutti (2013), el algodón, aportó casi el 30 por ciento de la producción agrícola nacional entre 1950 y 1955, años de la cúspide productiva a nivel nacional, justo cuando el norte cubría casi el 100 por ciento del cultivo.

El norte estaba pintado de blanco con casi un millón de hectáreas sembradas y una producción de más de dos millones de pacas, durante los años del auge algo-donero o del rey del algodón entre 1950-1958 aproximadamente. Después de esos años, poco a poco empezó a declinar la superficie de cultivo. Razones que ha ex -presado Aboites (2018), Rivas (2013) y Walsh y Quintero (2013) relacionadas con el picudo del algodonero y la caída del precio en el mercado mundial.

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llones de dólares; en 1962-63, de las cincuenta mil hectáreas se obtuvieron más de 160 mil pacas con un valor de casi 19, millones de dólares. El resultado se debió a la tecnología aplicada para mejorar tiempos de siembra y cosecha y evitar plagas. Todavía en la década de 1970, el algodón seguía teniendo un trato preferencial por los agricultores, seguido por la caña de azúcar.

El libro está divido en dos etapas, 1925-1950 y 1950-1976. Dos periodos que marcan la diferencia a la siembra de algodonero con semillas importadas; y una se -gunda etapa, con semillas mejorada producto del paquete tecnológico y acompa-ñada de sistemas de irrigación. Es decir, la década de 1950 marcó la pauta y el par-teaguas en México con una gran variedad de semillas mejoradas. La primera etapa que va de 1925 a 1950 tuvo mayor desarrollo en términos cualitativos, aunque se sembró el diez por ciento (siete mil hectáreas) de lo que sembró entre 1950 y 1976, por el impacto directo en las regiones algodoneras. Esto se debió a la apertura e ins-talación de nuevos sistemas de producción agrícola. Las despepitadoras, la organi-zación empresarial y el desarrollo de otros eslabones productivos.

La segunda etapa, que va de 1950-1951 a 1976-1977, figuró con mayor crecimiento e

impacto económico en términos cuantitativos. Se llegaron a sembrar entre 50 y 70 mil

hectáreas con una producción de más 150 mil pacas. No obstante, esta infraestructura pro

-ductiva era más competitiva que se había desarrollado con tecnología agrícola de punta para esos años. Culiacán, Los Mochis, Guamúchil, Guasave y El Fuerte, demandaban im

-portantes montos en crédito de habilitación; pero lo más im-portantes, fue la operación de

más de una veintena de plantas despepitadoras. El autor denominó a esta segunda etapa

como de consolidación, auge y declive. A finales de la década de 1970, sería imposible la

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