Carlos Vicua
Prolesor de la l'imeisidad de Chile.
Una
figura
procer:
Don
Emilio Vaisse
ivL hombre
joven
se esfuerza jjor enten der el universo. Advirtiendo en l constan cias indudables, leatribuye
arbitrariamen teleyes
eternas.Primero las
imagina,
luego,
observandomejor,
lascorrige
y las enmienda. Por fincree haberlas establecido y formulado de
finitivamente,
e intentagobernar
jjor ellassu
propio espritu.
Cuando ya cree haber formulado las le yes universales eternas cesa de
investigar,
yse conforma a sus
jjrojjias anteojeras
men tales, a losjuicios
generales
que l mismohizo o que construyeron sus mayores.
Adquiere
as unainteligencia
esttica ycontemjjlativa,
que lo mantiene en la ilusin de haber entendido el universo, y, por ineludible consecuencia, tambin el mun
do ms reducido en que vive y se mueve.
Ya
puede,
porfin,
vivirtranquilo,
jjor-cjue ha
reemplazado
en su mente el porve nir catico por elpasado
de sujjrojjio esp
ritu, es decir, por sus nocionesaprendidas,
jjor sus
jDrejuicios
heredados y jjor sus recuerdos ms
arraigados.
Ya no slo
jjuede
vivirtranquilo,
sino, lo que es msimjjortante,
mcjrirtranquilo,
sin el remordimiento de
dejar
a sus continuadores los
enigmas
queinquietaron
susaos mozos y conturbaron la actividad ins
tintiva de su mente
juvenil.
En realidad, tanto la ambicin adolescen te como la conformidad senil
creyndose
ingenuamente
de radio infinito, no alcanzan sino un horizonte muy limitado, un
infinitsimo de
segundo grado
delenigma
universal.Y para hallar
alguna
claridad dentro deese msero radio, debe el hombre, sensata mente, renunciar a saber la verdadera ver
dad,
la inextricable verdad concreta de losseres y de los cambios del cielo y de la tie
rra, y construir abstracciones, atrevidas y
limitadas, que le
permitan
formularleyes
aproximadas
de los fenmenos, no slo cleluniverso infinito, sino tambin de este m
sero mundo
planetario,
infinitamentejje-queo,
en que vivimos.Esta abstraccin
aproximada,
limitada y arbitraria es, en realidad, todo lo que sabe mos o creemos saber para elgobierno
denuestro
espritu,
y si la estrechamosriguro
samente, como debe hacerlo unjuez
ine xorable,llegamos
a establecer cjue, aun eneste dominio, cjue creemos tanseguro, de la abstraccim
legtima,
nohay
sino una solaley
verdaderamente constante, madre y ori gen de todas las dems que formula nues troesjjritu
ambicioso, paraexplicar
loshe chos y los seres del mundo que nos rodea.Esa
ley
nica, que alcanza a todos los se res concretos y concuerda con todos suscambios o
fenmenos,
es laley
de la inercia activa del universo real.
La materia, lo que llamamos
materia,
esto es la realidad
objetiva,
exterior alesp
ritu, cuyaproximidad
nos modifica a nosotros mismos y se nos
impone
con una evidencia ms fuerte cjue el
Cogito
de Des cartes est movindose constantemente,cambiando, modificndose, chocando eter namente, por un
impulso
jjrojjio
cjue no cesajams,
nijams
retrocede, y que todolo altera y modifica, hasta nuestra
propia
existencia ntima.Esta actividad eterna es una inercia acti va: la
quietud,
el rcjioso, la inercia absoluta, la materia muerta, no existe. Es una me ra
apariencia,
otra abstraccim arbitraria de la mente.La materia no es continua ni sjlida: es
siemjjre
discontinua y radiante. Laspart
culas que nos parecen slidas, en realidadestn
siemjjre
degradndose,
en actividadeterna, actividad cjue llamamos
energa,
y cjue es la misma materia, considerada en uno de susaspectos,
j)or otra abstraccinesjjontnea
de nuestroesjjritu
simplifica-dor.En el
esjjacio
infinito, laspartculas
ac tivas, jjor supropia
inercia,
chocan y proseguramen-GU ANALES de la Universidad de Chile
te tambin otros cjue son inaccesibles jjara
nosotros, con una Irecuencia y concurren
cia tambin infinitas, cjue hacen necesaria mente catico el universo, y catico tam bin, en menor
grado,
nuestrojjequeo
mundoplanetario.
Porque
el caos essolamente laimposibili
dad ele entender verdaderamente la com
plejidad
de los fenmenos, tales como ellosrealmente son, sin el artificio de la abstrac cim, cjue nos da un conocimiento
fragmen
tario y acomodaticio.
Si ello es as, el universo es cactico; si to
do lo cjue sabemos de ese caos infinito son
partculas
mnimas de lasajjarienrias
que elesjjritu
capta, es evidente que el hombre concreto y efmero cjue las advierte, es menos que una sombra
fugitiva
en el deve nir universal sinjjrincipio
ni fin, en unade cuyas
encrucijadas
nos hemos afrontadofortuitamente jjor una coincidencia que no
tiene
ninguna
probabilidad
derejjetrse.
Por ello el hombre individual y concreto,jjartcula
infinitesimal deenerga
o de materia activa, llamada necesariamente a la
degradacin
atmica, debe ser humilde:viene clel caos clel
jjasado
y volver maana al mismo caos
ciego,
que se congrega y sedisgrega,
indefinidamente.As es
objetivamente.
Pero el hombre de carne y hueso, el ser
subjetivo
que se siente vivo, jjensante, sensible, lleno de
pasin
y de ansias, no se resigna.
La
jjrojda ley
fundamental ele la inercia le advierte que todos los sistemasenergti
cos, estticos o dinmicos, tienden a conser var su individualidadjjrojjia,
resistiendo alas
perturbaciones
interiores o exteriores, esto es alchoque
ele otras unidades de materia activa, ele otras series
energticas.
Se formula as, fuera de todacomjjroba-cin exjjeimental, la
primera
Ley
de Fi losofaPrimera,
de evidencia inmediata,jjorque es slo la
general
i/aciem ele unaexjjeriencia
cotidiana y familiar.Cierto el hombre de esta verdad funda mental, ele la tendencia ele los sistemas
energticos
a conservarse indefinidamente, ha credoesjjontneamcnle
cjue l tambinjjerdura.
Primero, ante la evidene ia ele la muerte natural, supuso la otra
vida,
la eternidad, eljjaraso
y el infierno, donde seprolongan
las almas. Rectificndose ms
tarde,
acejDt
que si no
jjerdura
comoindividuo,
sobre vive comoconglomerado
social, familia,
tri bu,horda,
patria,
Humanidad.Esta creencia en la subsistencia indefini
da, ya cjue no eterna, de la asociacin hu mana, en
reemplazo
de la creenciaprimi
tiva en la vida eterna individual, es la dife-reneia mental ms
jirofunda
cjue sejjaia al hombre tradicional ele mentesupersticiosa,
del hombre moderno, deinteligencia posi
tiva,gobernada
jjor concejjtos demostra bles.El avance de la
positividad
es lento en elindividuo y en la
esjjecie.
Penetrajjrimero
en las
cemcejjciones
mssimjjles
y1 ms ge nerales,conquista
enseguida
las nociones fsicas,qumicas
ybiolgicas,
[jara enseorearse al fin en las
propias
nocionesreligio
sas y morales. Laplena positividad
se alcanza cuando el hombre mira con
ojo igual
mente sereno la formacin de los astros
y1 nebulosas y las reacciones de su
jjrojoia
conciencia.
Este r'dtimo jjaso es jjenoso. El hombre
vacila antes ele decidirse a abandcjnar la mano de Dios, que cree cjue lo ha creado, formado, educado y
dirigido,
y quesigue
j)roteginclolo
yvigilndolo,
jjara conde narlo o jjara salvarlo. Le jjarece que, roto este contacto tiltimo con la divinidad, estjierdido,
y ser irremisiblemente condena do o, lo que es peor,aniquilado.
Es tan tremendo este ltimo jjaso que muchos hombres que ya lo dieron ntima mente en el fondo de su
conciencia,
siguen
manteniendo ante los suyos,
hipcritamen
te, las convicciones
teolgicas
cjue ya repu diaron en su alma.La
grandeza
moral de las almasjjrceres
se manifiesta en esta
franqueza
heroica de negarpblicamente
hasta lasombra clel antiguo
Dios queprofesaron
sus mayores.El drama
angustioso
de muchos es estadoble vicia del
esjjritu:
la palabra, el gesto, elsilencio,
ia actividad y el rito, inclinados ante lasujjersticin teolgica
repudiada
por la conciencia.
Tal
fue,
a mijuicio,
el drama alucinan te de clon Emilio Vaise.Nacido en
Castres,
en la dicesis de Al-bi, el 31 de diciembre de IStitl, estaba jjre-destinado por la asfixiajjrojjia
de la vida jirovincana yfamiliar,
a ser un buenca-tedico,
ajjostedico,
romano.Segn
l mismo lorecordaba,
slo escalio
durante lasprimeras
veinticuatro horas de su vida a esla fatalidadcronolgica
ygeogrfica,
porque solamente esas veinti cuatro horas vivi> fuera de laIglesia,
Igle-Una itgi ka prcici r: Don Emilio Yasse
sia.
Elay
sofismas cjue son verdaderos esclelos interiores.
Su tierra haba sido de
herejes.
All se desarrollaron desdeantiguo
losalbigenses
legendarios.
Esos
herejes
se llamaban a s mismos ca taros opuros,
porquepreconizaban
la sencillez de la vida y clel alma, v la
rigidez
moral
intransigente.
Venan de tierras eslavas, de la Dalmacia continental. De alljiene-traron en Italia y se asentaron en Lombar-ela mucho antes de las Cruzadas. A fines del
siglo
X estaban ya en la Pennsula y jjoco
desjjus
se instalaban en el castillo eleMonteforte, cerca de Turn, entre 1030 y 1035. El
arzobisjjo
ele Milnlogr
quemar vivo a sujete,
Girare! de Monteforte; jjero suhereja
sigui
jjrojjagndose,
sedesparra
m jjor el Sur de Francia y se extendie'j, ya a mediados clel
siglo
XI, jjor Tolosa,Albi,
Limoges,
Poitiers, Orleans y otras comarcasfrancesas, y
lleg
hastaLieja
y Arras.Como no solamente atacaban
dogmas
tericos, sino tambin los derechos y prerrogativas
de la Santa Sede, y estaban protegidos
jjorgrandes
seores clel Medioda,los condes de Tolosa, de Foix, de Barn y el vizconde de Bzires, fue necesario ex
terminarlos. Se
organizej
contra ellos unacruzada que comandaron Pedro de Castel-nau, Milon, Arnaud Amalric, el abate de
Citeaux, y el clebre y1 execrable Simn
de Montfort.
Asesinado Castelnau en 120S, estallaron,
en
rejjresalia,
las violencias, asaltos, matanzas y saqueos. El
Pajja
Inocencio III Iri/odar en <1215 el condado de Tolosa al in
saciable Simn de Montfort y fund jiara avudarlo en su empresa la Orden ele los Dominicos y el Santo Oficio ele la
Inquisi-cic'in.
Simn de Montfort
pereci
en 1218, sitiando su nueva
capital;
jjero sus sucesores,cruzados e
inquisidores,
acabaron la cruzada y
extirjjaron
lahereja,
acabando paraello con la vida de los
herejes.
Desde entontes la Dicesis de Albi, n
cleo antao
pertinaz
de lahereja,
es ca tlica,ajiostlica,
romana; jjero fermenta hastahoy
da, en el fondo de las almas sobrevivientes, la
hereja
rebelde,
que alljjarece revivir como una cosa eterna. Cuando clon Emilio Va'isse naci por esos
pagos, seis
siglos
ms tarde, an entre sus sombras y rumores sobrevivan elespritu
rebelde v hertico,
encajjsulado
en el fer vor cristiano de lasmujeres
ysolapado
y burln en los labios de ios hombres. El ni o hubo de ciecer en ese ambientedoble,
21
eatedico levente por ele fuera, volteriano
y
heieje
en el fondo de losesju'rilus.
Poco antes de lHUiO, prematuramente, envejecido,
cansado de batallar con los demsy
consigo
mismo, se haba retirado aSor-/e, a veintitrs kilmetros de Castres, el c lebre Padre Lacordaire.
Enrique
Domingo
Lacordaire era una ce lebridad en el mundo catlico. Nacido en 1802, su oratoriafogosa
y atrevida lo habahecho famoso al
salir
de los treinta aos. A los veintideis era yaabogado
yejerca
conbrillo en el foro ele Pars. Pero tres aos ms tarde, metido en el Seminario de San
Suljjicio,
se ordene') de sacerdote ysigui
las aguas turbulentas del abate Lamennais, ciue llenaba jjor entonces todas las ondassonoras de la Francia con la elocuencia es tremecida de su
jjolmina
religiosa.
La mennaispretenda
reintegrar
la Francia y el mundo al sene) de laIglesia,
jjara felici dad en la tierra y mayorgloria
de Dios, y arrastre') en su cruzadafulgurante
a los mejores
espritus
ele sujjoca.
Pero era mspapista
que elPajja,
y la Santa Sede, cautelosa y fra en su
ajjostolado
y en supol
tica, conden la conducta de Lamennais.
Lamennais y Lacordaire, su
discpulo
amado, se sometieron; jjero Lamennais nosoporte')
laflaqueza
de Roma, y se subleve'). Sali ele laIglesia
y fue unhereje
ms en la serie infinita ele los cjueopinan
con sujjrojjia
cabeza,orgullosa
y segura.\o fue sclo el
orgullo
lo que decidi aLamennais. El era creyente, fervoroso cre yente, batallador y
ajjostdico,
y vea a laIglesia
tibia y claudicante, llena de conce sionesjjob'tieas,
vencida de antemano porla efervescencia social, cjue miraba en la icbelda revolucionaria la nica solucie'm
a la
tragedia
clel ])i oletariado. El estado yla
Iglesia
eran jiaia l un mismo cueipo,y la libertad del
espritu,
el nico caminode la libeilad y de la reforma.
Lacordaire estuvo a su lado en sus
mavo-res tribulaciones; Jjcrej no lo
aeomjja)
en la rebelda ni en lahereja.
Se somelic') hu milde v1 definitivamente a la Santa Sedey abandone') al maestro dominado jior Sa lem. Entre el eslaclo y la
Iglesia,
jjreirii
laIglesia.
Libertad,repblica,
democracia,s; jjero en el tegazo de la Santa Madre
Iglesia.
Era revolucionario, jjercj humilde, y jjara servirmejor
a su Santa Madre se hi zo dominico en IKM).El gran libertario de jjocos aos antes lonu') el hbito blanco del fundador ele la
Inquisic
ic'm, y secmjie)
en reconciliar a99
siempre
elsiglo
a los mandatos de laIgle
sia.Para realizar
mejor
esta obra se retira Soreze,
pueblecito
de 1.286 habitantes, en dondehay
desde muyantiguo
una clebre abada debenedictinos,
adirigir
uncolegio
jjara
jvenes,
y all muric en noviembre de 1861.Cuando clon Emilio naci era el Padre Lacordaire la celebridad de la comarca,
res-jjetado
como un sabio y venerado como un santo, y elloexjjlica
que la familia Vaisse, a jjesar de los veintitrs kilmetros quese-jjaran Castres de Soreze,
jjidiera
a ese san to que fuese lquien incoiporai
a a laIgle
sia Catlica al recin nacido, por el sacramento clel bautismo.
Los que no creemos en
brujos
ni en mis terios no debemosimaginar
que el dramaeterno de la rebelda y de la obediencia,
que haba llevado a la
tragedia
al abate Lamennais y haba consumido antes detiemjjo
al hermoso Padre Lacordaire, se trasmitiera con el agua clel bautismo aljje-queo
Emilio Vaisse; pero es un hecho que l debi crecer en ese mundo frvido de fey de rebelda, de
hereja
y de sumisic'm, deteologa
dogmtica
y deopiniones
persona lesdivergentes,
en que las almas verdadera mentejjrekeres
acaban por tomar una jjo sicindefinida,
arrostrando las excomuniones. El dilema es ineludible: o la paz her bvora y lastimera del rebao dcil, o la vi da
spera
y bravia de laoveja
descarriada.Pero los nios no
eligen.
Nuestros mayores
piensan
y anhelan por nosotros. Desde antes de nacer nos hacen frailes, militares,abogados,
mdicos, bandidejs opiratas.
Lospobres viejos
tienen su ideal, acariciado ntimamente, que ellos creen, candorosamen te sabio y lleno de
exjjeriencia
segura.Don Emilio tena un hermano mayor, mucho mayor, ya hombre cuando l naci,
que por ello nunca fue su
amigo.
Sujjadre
era yaviejo: campesino
acejmodado y cul to, francsrepublicano
devieja
cejia,aspi
raba a la unidad nacional. Era tan francsque nunca
quiso
hablarpatois
delante de suhijo.
Pero las madres sonporiaelas.
Ellas no discuten losdogmas
de aIglesia,
jiero iesist.cn las directivas del marido. Ella
s, ella hablaba solamente
patois
con eljjc-cjueo
Emilio, que tuvo desde susprimeros
balbuceos un alma ardiente de meridional, de
languecloeien
vido de sensaciones,de afectos, de libertad, y ansias de saber infinitas.
;Dnde educarlo? El Padre Lacordaire haba muerto. Su
jiequeo colegio
deSorc-Anales de la Universidad de Chile
ze era una sombra. En Albi haba una
ar-quidicesis
y un seminario famoso. Era lomejor,
y allfue,
todava muy tierno, ha cia los once aos, el nio Emilio Vaisse,pensando
la madre que de all saldra aba te,creyendo
eljjadre
que tal vez resultara, por reaccim, unrejjublicano
debatalla,
la una y el otro confiadosen las brillantesdis-jjosiciones
clel futuro seminarista.En
aquella poca,
deangustias
y de desastre, de crisis
religiosa
y de crisisjjoltiea,
por el Seminariojjasaban
casitodos,
nobles,
togados
ypequeos burgueses.
Slo eljjueblo
mismo, lospobres
de verdad, nojjodan llegar
al Seminario. Esos, en Francia, salan ele sus casas a
trabajar
libremen te, a rodar el mundo, a los catorce aos, apenas con lectura, escritura, y las cuatroojjeraciones.
El francs delpueblo
es ama rrete y elhijo
en la casa, si notrabaja
es una carga, y sitrabaja,
un estorbo.Que
ruede el mundo y sehaga
obrero!La familia de don Emilio no era de pro letarios, sino ele gente acomodada y culta,
y por ello, en vez de salir jjor los caminos de Francia, entr por los caminos clel Se or, ms seguros, jjero ms cerrados.
En el Seminario conoci de
lejos
a leanJaurs,
dos aos mayor que l. Era hermoso,
distinguido
y fue famoso en el Semina rio de Albi antes decumplir
los veinte aos. All vesta sotana, como un abate asctico,todava creyente, jjero ya al borde de la crisis tremenda en cjue el hombre abando
na decididamente la mano de Dios, lo con fina al
jjasado,
y renuncia a la vida eternapara
jjaladear
ansiosamente la jjresente,efmera pero sustantiva y verdadera. No alcanzaron a ser
amigos,
porque en loscolegios,
como en los caminos de losgrandes,
los cursosy lospatios
sejjaran a los nios jjor fronterasinfranqueables.
Pero don Emilio noolvid nunca aJean Jaurs:
se
qued
delejos contemjjlndolo
durante
sufulgurante
carrerajjoltiea,
tronchada brutalmente en 1914 por la mano de un asesino clerical.Diez aos estuvo el adolescente Emilio Vaisse en el Seminario de
Albi,
metido enuna solana negra, atiborrndose ele latn, ele
griego,
de cnones, deteologa,
de esco lstica y deliturgia, jjrejjarndose
para servir a laIglesia
admajorera
Deiglo-riam. . .
Hacia 1880 ya no haba nada ms que
aprender
en el Seminario de Albi: ya sa ba nis que sus maestros, aunque era toda va unjoven
imberbe. Era docto yaspiraba
Una figi'ra prcjcer: Don Emilio Vaisse 23
escritor de raza y hubiera sido elocuente si
hablara
mejor
francs.Albi es la
provincia:
elviejo
Languedoc.
Allj)erdura
elpatois imperioso,
lapro-nunciacim chillona, las consonantes inau
ditas, que se
empean
en resonar todava cuando ya hacesiglos
que se apagaron ymurieron en la Isla de Francia.
;Qu
hacer?Xo estaba cannicamente maduro para el sacerdocio, y en Albi
perda
sutiemjjo
y se
agostaba
su alma.Consigui
su madreque le diesen una beca en el Seminario de
Pars.
Ese
largcj viaje,
de ms de setecientos kilmetros, eljjrimero
de su vida, no le ense nada. De un seminario a otro unono
viaja: simplemente
se traslada, como unbulto, como un archivo que cambia de
anaquel.
El mismo encierro, las mismassotanas y los nuevos
comjjaeros,
ms distantees y hermticos, aislados en su
lengua
mocha, nasal y
argtica,
casiininteligible.
En las clases, brillante, sabio, erudito,seguro, casi
dogmtico;
en lospatios,
cohibido por la versatilidad burlona de los
jja-risienses, de resjjuestas cortantes, acribilla
das de tremendos calembours.
Apenas
si tenaamigos,
jjero se consola ba estudiando hebreo yaprendiendo
histo-toria y literatura. Cinco aos ms tarde, nosupo cmo, se orden de
jjadre
lazarista,entr en la famosa "Misin" de San Vicen
te de Paul, y fue literalmente embalado jja
ra Sudamrica.
Haba nacido y vivido en Francia toda
su vida y1 no la conoca. Por las calles de
Pars casi no haba andado, y
jams
se haba mezclado en la
vorgine
de su vidajj-jjlica.
De las luchas
jjolticas,
de la vida social,de lejs acontecimientos literarios o estticos,
slo le haba
llegado
el eco,amortiguado
por la silenciosa y tremenda
disciplina
del claustro. Era francs porque llevaba laFrancia adentro, en el alma, en la
lengua,
en el
pasado
histrico y en los anhelos, entodo ese sedimento
imjjaljjable
ypesado
que nos
dejan
los libros, las conversaciones, las caricias, las sensaciones reales y las voces infinitas que nos asaltan
siemjjre
mientras somo
jvenes,
despiertos
o dormidos,y aun
sepultados
en el claustro.Con esa Francia indeleble dentro clel al
ma abandon su tierra, cruz el Atlntico en un velero
desesperado,
dobl el Cabode Hornos, y
despus
de tres meses de unviaje
sofocante y vaco, sin puertos ni tempestades,
lleg
a Chile, molido, anonadado,jtu
anclo cjuejamis
en su vida volveia anavegar, cjue no se atara
jams
nuevamente a la cadena de
galeotes
de lanavcgacie'jn
a la vela, buena solamente jjara
jjiratas
y ladrones.Cay
enSantiago
en uncolegio
de frailesesjjaoles, desgreados
y envidiosos,igno
rantes y duros.
Tena veinticinco aos. Era esbelto, her
moso, rubio, lleno de
simpata
penetrantey ele entusiasmo helnico. Lo asediaban las
confesadas insinuantes, lo consultaban so
bre sus ms ntimos anhelos, le llevaban go
losinas y le
prestaban
libros. Losespaoles
gruan.
Loesjjiaban,
leimponan
jjeniten-cias humillantes yllegaron
anegarle
elacceso a la biblioteca clel
colegio.
La santa
disciplina
era para l una tira na cotidiana. Parapoder
comprar librosa su gusto tena cjue recibir a escondidas
ddivas de dinero ele sus confesadas ms asiduas, (ion ellas
llegaban
hasta las nove dades literarias mspolmicas.
Pero sus li brosjropios,
esos que sejjrocuraba
contantas cuitas, tambin eran materia de in
quisicin
en su celda y de censurasdiscijjli-narias. La asfixia clel
colegio
lo estaba llevando a la tumba. No tena
siquiera
aquin quejarse,
jorque sus salidas eran es casas, y no conoca mucha gente. Nojjoda
tampoco escribir libremente a sus
amigos.
Deba mostrar sus cartas a sus
superiores
yno reciba
correspondencia alguna
de fuera que no lellegase
abierta.Percj l saba latn, latn
perfecto,
matizado, elocuente, penetrante, un latn de gus
tador y ele erudito, cjue iba mucho ms all
de lo cjue
])odan sosjjechar
susverdugos
esjjaoles.
Loaprovech)
jjara escribir alPajja.
AI
Pajja jioela
esta ibir sin jasar por lacensura ele los
superiores:
mande') una larga carta al Ponlliee jiara contarlesu amar gura.
Lec'in XIII era
inteligentsimo
y estabarodeado de cardenales
inteligentes.
Entendieron la carta del lazarista desterrado y lo autorizaron para
secularizar,
jara pasar alsiglo,
jjara vivir humanamente, en la tremenda miseria ele los hombres libres, verda
deramente libres.
Pero la
Iglesia
tiene sudisciplina,
susapariene
ias y susrigores.
Nopoda
secularizar sino
despus
de un ao de mortificaciones, de obediencia
ciega
y de silencio. Y ese ao durej debapasarlo
fuera de Chile.Tal fue el motivo de su
viaje
al Per yde su encierro en el Seminario ele
Trujillo
21 Anales de la Universidad de Chile
Era novicio
all,
metido en una sotanacorta, Vctor Raril
Haya
de la Torre, y hu bo de recibir sus enseanzas. No sedebe,
sin
embargo
a donEmilio,
a su influenciaele maestro, la doctrina insurrecta y dema
ggica
delaprismo
peruano. Don Emilio fue desde muyjoven
un filsofojjositivista,
jjara
quien
lajerarqua
social es unaley
necesaria,
ineludible,
yjams jas
jjor sumente que la indiada obscura, reducida al
mero instinto por la
larga
servidumbre, de bieraimponer
suley.
Haya
de la Torre ydon Emilio convivieron y
simpatizaron,
jjero no se
compenetraron
y al sejjararse nodejaron
el uno en el otro ms huella que la quedejan
las sombras de las aves que cru zan los cielos por encima de laslagunas.
Secularizado al
fin,
regrese')
a Chile. Ob tuvo, por falta de oponentes, una parroquia
rural cordillerana, en las vecindades ele Bolivia,poblada
de indiosaymars.
Los desiertos abrumadores de Toconao y deSan Pedro de Atacama lo vieron durante aos cruzar a lomo de mua, o sobre las
ancas de
algn
caballejo
famlico, las lar gasleguas
arenosas,leyendo
sobre la montura,
bajo
un solimplacable,
para ir a administrar a los indios los jocos sacramentos que ellos mismos crean merecer,
bautismo,
penitencia
y matrimonio. Tras eselargo
silencio,
sinamigos
y sinlazos,
lleg
un da aSantiago,
como capelln de las
monjitas
de San Vicentede Paul. Debe haber exclamado como Florado: hoc erat in votis. Laquietud
del claustro,la pureza, humildad y
abnegacin
de lasmonjitas,
y el recuerdo santificante de San Vicente de Paul, lopenetraban
de dulzura,amortiguaban
su viveza meridional, serenaban sus rencores y
doblegaban
su rebelda y suhereja.
Porque
en el fondo de su alma, pensando
siempre
con cabezapropia,
era, natural mente,hereje,
por lo menos imopectore.
Ninguna
influencia,
ninguna
armona espiritual
fuejams
para don Emilio msbenfica, ms sedante, que esa convivencia
con las hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul, cjue
parecan
prolongar
sobre su frente
inquieta
1.a miradaullrate-rrena de
aquel
vare'm humilde, de santidadincomparable.
De esa
larga
meditacim, annima y fecunda,
lo arranc el Doctor Fernndez Pea,
propagandista
dinmico clel mundilloradical,
tal vez con el secreto deseo de escandalizar a los
hipcritas
trascendentalesque
regan
laRepiiblica.
Fernndez Peaera
descredo,
de filosofapedestre,
ajjasio-nado y
ciego;
jero de generoso ardor so cial. Don Emilio lo haba deslumhrado.Volaba muy alto, saba latn y
griego,
literatura e historia,
teologa
ygeologa,
y eracapaz de abarcar tocio el infinito torbellino de la mente humana.
Adems era cura,
capelln
demonjas,
yseguramente un aleo inmarcesible en su
fuero interno.
Qu
magnfico
escancalopara el beatero
hipcrita
queagobiaba
ala
Repblica!
Lo
empuj
a lapelea.
Leconsigui
latribuna revolucionaria
(entonces!)
de la Universidad.SojjI
la noticia jjor todos losrincones, y don Emilio,
joven,
fino,elegan
te, desenvuelto, en unespaol
sonoro y correctsimo, disert
largamente
sobre los or genes de la tierra, dela
vida y clelhombre,
tratando de poner de acuerdo a los sabios laicos con la Biblia, en detrimento de la Biblia.El escndalo fue inaudito. La Curia se
moviliz. El Mercurio, vido de circulacin
y ele avisos, lo arrastr a sus columnas pecu
niarias, el
Arzobispado
lo convoc para (tic dieseexjjlicaciones.
. . la excomuninmayor zumbaba sobre su cabeza.
Don Emilio tuvo un gesto de audacia
genial:
llev su manuscrito a laCuria,
enrollado como un cauto, atado con una
cinta rosa, y lo
entreg
a susjueces
virtuales, desafindolos a que hallasen en todo
su texto una sola
jjrojjosicin
hertica: sila encontraban, estaba
disjjuesto
a retrac tarsejjblicamente.
. .Qu
iban a encontrarla! . . . deca aosms tarde. Si no eran capaces de entenderlo
y ni
siquiera
de leerlo. . .Algunos
das despus
le devolvieron en silencio su manuscrito intacto, atado con la misma cinta
rosa. . .
Pero nunca lo tragaron. No se atrevan
con l, pero
presentan
que no era del reba o de lasovejas
herbvoras, de la grey hu milde y sumisa, que calla en la tierra y canta en el cielo. . . Era
mejor ignorarlo,
comosi no existiese. . .
Y as vivic'j treinta aos, enseando,
pla
ticando, escribiendo, derramando silencio samente, como un manantial
inagotable,
la inauditariqueza
de suesjjritu.
Nunca lo domin nuestra
hipocresa
vascongada;
nunca se someti a lacomjjonen-da criolla, nunca tuvo miedo de jjensar
ni de
hablar,
como nuestrospatrie
ios tras cendentales, nuncareneg
de susgraneles
amores, la Francia, la Verdad y1 la Amistad.
Era elsuyo un
pensamiento positivo
y luUna figura procer: Don Emilio Yassi
Jesucristo;
pero no se haca ilusinalguna
sobre el
origen
del mundo ni sobre el destino del hombre y, seguramente, en lo nti mo de su conciencia, haba
reemjdazado
aDios jjor la Humanidad, tnica verdadera jjrovciencia y madre amorosa y
abnegada
de los hombres efmeros cjue cruzamos este
minuto
fugitivo
que nosliga
aljasado
jjor lagratitud
y alporvenir
por la esperanza.Recibimos del
jasado
la sabidura v laexperiencia
v trasmitimos alporvenir,
acrecentadas, esa misma
experiencia
bienhechora y esa misma sabidui a vivificante. Los
tjtie las ai i ceienian son los hombres de alma
piecr
yejemjjlar,
dignos
ele nuestiav enerac icn.
A clon Emilio, como a Lacordaire, lo li
mite') la
tliscijjlina
ele laIglesia,
y jjor ellosu drama fue ms hondo, ms
desgarrador
y ms hermoso, y su enseanza ms fecundajjara los cjue tuvimos la dicha ele beber el
manantial ele su
jjalabra
lraterna.El Olivar, d7 ele diciembre de 1'JtiO.
0NIVERS1DAD
DE CKi,