POLITICA DE LA CIENCIA*
MARIO MIRANDA PACHECO**
02.1.7.0 INTRODUCCION
En el desarrollo de este trabajo se han tomado en cuenta diversos aspectos de la ciencia, la t´ecnica y la producci´on, relacionados con la educaci´on moderna; asimismo, se ha planteado la complementariedad de estos componentes del desarrollo social y se ha mencionado su integraci´on en el sistema del saber contempor´aneo para hacer especial referencia a la investigaci´on cient´ıfica y a la planeaci´on educativa, analizadas como instrumentos operacionales y actividades de magnitud social que permiten conservar, perfeccionar y distribuir el saber te´orico y pr´actico en el funcionamiento de las sociedades modernas desarrolladas y atrasadas. Las p´aginas que anteceden, servir´an de base para esbozar criterios esquem´aticos sobre la direcci´on que se imprime a la ciencia y a la tecnolog´ıa en la ´epoca actual, caracterizada como una etapa de tr´ansito hacia nuevas formas de vida que comienzan a surgir de los cambios que genera la revoluci´on tecnocient´ıfica.
La ´epoca actual es diferente de aquella en que se consideraba el trabajo cient´ıfico como la obra de un genio individual, unas veces patrocinado por opulentos mecenas que pon´ıan su riqueza al servicio de la sociedad auxiliando a escritores, cient´ıficos y artistas, otras veces sostenido por un orden de valores personales cercanos a una fe mesi´anica. Los genios individuales de la ciencia, alejados de todo ego´ısmo, h´eroes obstinados en su lucha contra las resistencias del poder pol´ıtico o religioso, y convertidos en expresiones concientes de las necesidades de su tiempo, han forjado una imagen imperecedera en la memoria de la humanidad. Hoy d´ıa ha desaparecido el mecenazgo y el hero´ısmo al que nos referimos ha cambiado de sentido; en su lugar ha surgido la participaci´on despersonalizada del Estado para impulsar la creaci´on cient´ıfica y su desarrollo aplicado en diferentes niveles y a escalas jam´as conocidas. El Estado juega este nuevo papel desarrollando lo que se ha convenido en llamar la “pol´ıtica cient´ıfica”.
Se piensa, de manera parcial y poco acertada, que la pol´ıtica cient´ıfica consiste s´olo en fijar asignaciones presupuestales, establecer marcos legales apropiados para la investigaci´on y crear organismos especializados que se responsabilicen del desarrollo y promoci´on de la ciencia. Esta concepci´on no define en toda su exten-si´on la riqueza de objetivos y la diversidad de problemas que implica el empleo ´optimo de la ciencia y la tecnolog´ıa como factores del desarrollo global de la sociedad que, como tal, incluye el desarrollo mismo de los conocimientos te´oricos y pr´acticos.
En el texto que sigue, se plantean aspectos y cuestiones emergentes de los v´ınculos cada vez m´as estrechos que se dan entre la ciencia, la pol´ıtica y la tecnolog´ıa. Aunque las relaciones entre ellos no son nuevas, actualmente se las estudia con mayor atenci´on, dada la importancia que tiene el entrelazamiento de la direcci´on pol´ıtica del Estado 59 con el desarrollo de las ciencias y tecnolog´ıas que se han incorporado, definitivamente, como fuer zas directamente productivas.
*Fragmento de la secci´on 02.1.7 del libro Sociedad, Ciencia, T´ecnica y Educaci´on Superior, texto de orientaci´on en problemas
econ´omico-sociales de la educaci´on superior, elaborado por el Dr. Mario Miranda Pacheco y que publicar´a ANUIES como parte del material did´actico en el Programa de Formaci´on de Profesores de Educaci´on Superior. Esta transcripci´on, adem´as de respetar la seriaci´on de las subsecciones del original mimeografiado y la numeraci´on de las referencias bibliogr´aficas, se hace con autorizaci´on del autor. (N. de R.)
02.1.7.1 NUEVO FONDO DE LA POLITICA ESTATAL
Las relaciones de la pol´ıtica con la ciencia, en las perspectivas presentes y futuras de la sociedad, ampl´ıan las posibilidades de que sean analizadas en mejor forma, desde el momento en que no hay Estado organizado que no se preocupe de la planeaci´on educativa y de la investigaci´on cient´ıfica, consideradas como actividades complejas y b´asicas de una pol´ıtica para la ciencia y que pueden realizarse s´olo sobre una base de decisiones pol´ıticas. Junto a las tareas de conservar la integridad territorial, proteger su poblaci´on, defender sus recursos naturales y hacer efectiva su soberan´ıa, los Estados modernos -capitalistas o socialistas- coinciden en estimular y dirigir el desarrollo y la aplicaci´on de la ciencia formando recursos humanos aptos para que utilicen conocimientos cient´ıficos, empleen m´etodos t´ecnicos y manipulen equipos de alto rendimiento; de este modo, los estados contempor´aneos se esfuerzan en dotar de un sentido racional a sus proyectos hist´oricos. Tales tareas que ha emprendido el poder estatal no podr´ıan desarrollarse si no se contara con conocimientos cient´ıficos de la naturaleza y de la sociedad, aunque se los aplique -en muchos casos- equivocadamente.
Desde este punto de vista, la pol´ıtica de la ciencia ha dejado de ser una mera plataforma de garant´ıas para la libertad acad´emica. Su objetivo traduce el v´ınculo de la ciencia y la tecnolog´ıa con pol´ıticas bien definidas para transformar las estructuras de los sectores productivos esenciales: la agricultura, la industria, los energ´eticos, el transporte y las comunicaciones, de tal modo que la pol´ıtica de la ciencia juega un papel principal en todo plan de desarrollo global de la sociedad.
Este nuevo fondo que tiene la pol´ıtica estatal contempor´anea es un signo caracter´ıstico que ha surgido despu´es de la Segunda Guerra Mundial; a partir de ese periodo la pol´ıtica de investigaci´on y desarrollo cient´ıfico se ha convertido en parte constitutiva de la sociedad nacional de cada Estado. Su car´acter esencial exige que se la lleve a cabo poniendo en acci´on organismos e instituciones pol´ıticas y sociales creadas para cumplir objetivos nacionales, puesto que el empleo de ciencias y tecnolog´ıas propias o extranjeras puede cambiar las relaciones de dependencia, equilibrio o dominaci´on en que se encuentre un pa´ıs determinado.
La actividad cient´ıfica que se desarrolla en la actualidad implica toda una pol´ıtica que requiere de nuevos mecanismos sociales, imprescindibles en la totalidad de los pa´ıses del mundo, sean cuales fueren sus carac-ter´ısticas f´ısicas, sus tradiciones culturales, sus niveles de desarrollo o sus sistemas econ´omico-sociales. Sobre esta base, la UNESCO ha definido la pol´ıtica cient´ıfica como “la suma de medidas legislativas y educativas tomadas para aumentar, organizar y utilizar el potencial nacional cient´ıfico y tecnol´ogico con el objeto de alcanzar los objetivos de desarrollo global del pa´ıs y de mejorar su posici´on en el mundo”.
El car´acter concreto de esta pol´ıtica est´a determinado por las necesidades del presente para proyectar solu-ciones eficaces a los problemas econ´omicos, sociales, ideol´ogicos, militares o de otra ´ındole, en las perspectivas de conseguir cambios intencionales y planificados. Esta empresa que por su extensi´on y profundidad exce-de las capacidaexce-des y limitaciones exce-de los individuos, est´a en manos del Estado. Es una situaci´on hist´orica a que han llegado las sociedades modernas y que tiende a prolongarse indefinidamente, por mucho que la participaci´on privada, en los pa´ıses capitalistas, tenga alguna significaci´on, puesto que dicha participaci´on requerir´a necesariamente el marco legal y social que establece el poder pol´ıtico.
Por ello es que en toda pol´ıtica de la ciencia pueden distinguirse dos objetivos primordiales: 1) desarrollo a largo plazo del potencial cient´ıfico y tecnol´ogico,(163) que comprende la totalidad de recursos organizados con que cuenta un pa´ıs y que puede disponerlos soberanamente para el descubrimiento, la invenci´on y la innovaci´on y para el estudio de problemas nacionales que demanden el uso de la ciencia y sus aplicaciones tecnol´ogicas; 2) el empleo efectivo de este potencial para satisfacer las necesidades del desarrollo. Estos objetivos, por su propia naturaleza, adem´as de exceder las posibilidades de toda persona individualmente considerada y de cualquier empresa por muy grande que sea, genera un nuevo fondo de la pol´ıtica estatal en un mundo dividido que, dentro de cada sistema, lucha por un dominio creciente de la naturaleza y por el desarrollo incesante de nuevas formas productivas.
02.1.7.2 DILEMA ENTRE CIENCIA Y POLITICA
La tendencia actual de los estados modernos, forjados en la ´epoca del industrialismo, se manifiesta en la creaci´on de condiciones que permitan formular una pol´ıtica para la ciencia.(162) Todos ellos, sean burgueses o socialistas, hegem´onicos o dependientes, desarrollados o atrasados, coinciden en que la ciencia requiere medidas coherentes, eficaces y precisas que favorezcan su desarrollo. Por otra parte, los mismos estados consideran que la ciencia es un factor decisivo para sus proyecciones pol´ıticas, de tal modo que la relaci´on entre pol´ıtica y ciencia podr´ıa revertirse en el sentido de que tambi´en existe una ciencia para la pol´ıtica. Dado el condicionamiento rec´ıproco de una y otra, el planteamiento de sus relaciones toma el sentido de un dilema: ¿pol´ıtica para la ciencia o ciencia para la pol´ıtica? En esta secci´on se plantear´an aspectos relativos a los dos elementos de esta contradicci´on que se supera a s´ı misma desde el momento en que se pone en pr´actica una “pol´ıtica cient´ıfica”, acorde con la capacidad espec´ıfica de cada Estado.
La pol´ıtica cient´ıfica(161) abarca dos aspectos fundamentales: por una parte, la denominada pol´ıtica “para la ciencia”, concepto con que nos referimos al conjunto de medidas econ´omicas, institucionales, legislativas que se requieren para impulsar la investigaci´on cient´ıfica, proporcionarle los medios m´as efectivos y aumentar su productividad; por otra parte, est´a la pol´ıtica “de la ciencia” que, en el fondo, est´a constituida por las medidas que se adoptan para poner la ciencia al servicio del progreso general de los conocimientos humanos vinculados al bienestar econ´omico, social y espiritual de la comunidad. En rigor, no son dos pol´ıticas separadas, sino dos aspectos que se complementan entre s´ı y que revelan a todas luces las prioridades de una pol´ıtica para la ciencia.(168)
La pol´ıtica para la ciencia se identifica con objetivos propios de la misma ciencia que, adem´as de constituir un poderoso instrumento del progreso material, es la expresi´on m´as alta de la autonom´ıa intelectual de una sociedad, porque sus m´etodos, y sus resultados, influyen sobre todos los campos de la actividad humana, contribuyendo a crear una mentalidad abierta, cr´ıtica y desprejuiciada que es esencial en todo proceso de cambio.
Las bases fundamentales de la pol´ıtica de la ciencia residen en los medios y fines que concibe el Estado para contribuir a la investigaci´on cient´ıfica y a las aplicaciones que pueden hacerse de ella. El denominador com´un de esta pol´ıtica ha sido esbozado en muy diversas declaraciones oficiales.
Tales declaraciones, que en la actualidad se han repetido y multiplicado en todos los foros y ocasiones, reflejan un punto de vista generalizado en el sentido de que el poder pol´ıtico trata a la ciencia como un medio. Pueden citarse ejemplos demasiado comunes de la pol´ıtica econ´omica y social de nuestro tiempo para confirmar esta evidencia: desde las campa˜nas usuales de medicina preventiva hasta el establecimiento de proyectos industriales; desde la innovaci´on de los sistemas de transporte y medios de comunicaci´on hasta el combate ecol´ogico; desde la preparaci´on material e ideol´ogica de los ej´ercitos hasta las t´ecnicas de control de la natalidad; desde el manejo de la informaci´on y la propaganda hasta el establecimiento de reactores nucleares; en fin, todo cuanto puede hacer el Estado moderno descansa en las posibilidades que tiene el poder pol´ıtico para utilizar la ciencia como un medio de alta eficacia en la consecuci´on de sus diversos fines. Las posibilidades del Estado en la realizaci´on de ciertos proyectos dependen de la capacidad que tiene para conectar sus decisiones pol´ıticas con la investigaci´on cient´ıfica y sus aplicaciones pr´acticas.
02.1.7.3 PRODUCCION DE LA CIENCIA
Las relaciones de la ciencia con la pol´ıtica, en correspondencia con el desarrollo y las transformaciones internas del sistema capitalista, han cambiado notablemente. En la ´epoca de auge del liberalismo econ´omico y pol´ıtico,(123) la ciencia ped´ıa y recib´ıa del Estado una protecci´on bastante limitada. Los cient´ıficos del siglo XIX, vinculados no tan profundamente al proceso educativo, a los sistemas nacionales econ´omicos y al Estado productor, demandaban de ´este la provisi´on de elementos necesarios para la investigaci´on, pero, al mismo tiempo, exig´ıan que el Estado evitara toda intervenci´on en el desenvolvimiento de sus funciones espec´ıficas; es decir, pretend´ıan que el Estado fuera el proveedor de una infraestructura y evitara intervenir en decisiones que afectasen asuntos espec´ıficamente cient´ıficos. Este fue el periodo que los historiadores de la ciencia denominan la ´epoca del laissez faire de la ciencia.
En la actualidad, las relaciones de la ciencia con la pol´ıtica se plantean a otro nivel. El cient´ıfico ha dejado de ser un investigador independiente que se gu´ıe por sus intereses personales en la b´usqueda de la verdad y se ha convertido en un efectivo trabajador incorporado a conjuntos de distinta magnitud tanto de car´acter privado como estatal. Las empresas y los Estados se disputan la adscripci´on del trabajador cient´ıfico para incorporarlo en sus respectivas organizaciones. El trabajo del cient´ıfico, intr´ınsecamente, es poco diferente del trabajo ejecutado por un obrero o un empleado; para decirlo brevemente, el trabajador cient´ıfico es un hombre que vende su capacidad, su experiencia, su iniciativa e imaginaci´on creadora, de la misma manera que el trabajador o el empleado venden su fuerza de trabajo. Este aspecto no implica necesariamente una “comercializaci´on” de la ciencia, sino que representa la inserci´on de la ciencia en el proceso productivo, hecho que le otorga significaciones demasiado precisas y diferentes de las que ten´ıa en el pasado.
Considerada como un producto(173) la ciencia necesita de fuerzas productivas propias; es decir, necesita trabajadores cient´ıficos y medios de producci´on suficientes, tanto materiales como intelectuales y organiza-tivos. Entre el trabajador cient´ıfico y el propietario de los medios de producci´on (Estado o empresa privada que poseen laboratorios, bibliotecas, instrumental, equipo, centros de informaci´on, etc.), surgen relaciones espec´ıficas de producci´on cient´ıfica. De la relaci´on que se da entre la compra de trabajo del cient´ıfico y el valor social de su productividad, surge una diferencia que beneficia al empleador. Este nuevo factor, apli-cado al proceso de producci´on material, o a la mayor eficacia de los servicios, convierte a la ciencia en una fuerza productiva directa. Tal es la situaci´on de las ciencias naturales y sociales, cuyos descubrimientos y conocimientos producidos se emplean masivamente dentro de la “gran ciencia” o ciencia industrializada.
Si bien la producci´on de la ciencia necesita de fuerzas productivas y de suficientes medios de producci´on, como producto diferente de las mercanc´ıas comunes, en sus aplicaciones busca el cambio t´ecnico que se logra con grandes inversiones en la investigaci´on y el desarrollo experimental, para realizar la innovaci´on buscada. La innovaci´on cient´ıfica y tecnol´ogica tienen diferente sentido en los dos sistemas econ´omico-sociales; as´ı, en el sistema capitalista est´a presente la tendencia a explotar comercialmente los conocimientos obtenidos buscando nuevos mercados, reduciendo los costos o introduciendo bienes de alta competitividad, en tanto que en el sistema socialista se introducen, en forma planificada, las innovaciones de la ciencia y la tecnolog´ıa para rebajar costos sociales, mejorar las condiciones de trabajo y ampliar la tasa de crecimiento.
La subordinaci´on de la ciencia a las leyes de la producci´on (122) tiene implicaciones diferentes en uno y otro sistema econ´omico-social. As´ı, por ejemplo, la ciencia en la sociedad capitalista ha ingresado al mercado como un nuevo tipo de mercanc´ıa, con su valor de uso y valor de cambio. Un proyecto de investigaci´on puede ser rentable o no, seg´un los beneficios o perjuicios que ocasione al inversionista. Si el caso es negativo, la empresa privada abandona la investigaci´on o la traspasa al Estado que la financia a costa de los contribuyentes.
En los pa´ıses socialistas la situaci´on es diferente, desde el momento en que no hay propiedad privada sobre ning´un tipo de medios de producci´on. Esta situaci´on elimina los criterios de competencia y rentabilidad y, en tal caso, la investigaci´on cient´ıfica, al igual que los otros sectores de la producci´on, no escapa a los controles estatales y a la planificaci´on.
Tanto una circunstancia como la otra nos muestran el estado de la ciencia institucionalizada(28) (ver secci´on 02.1.1.5).*En el sistema capitalista, el marco legal que establece el Estado favorece su car´acter econ´omico o pol´ıtico; en el socialismo, la ciencia es inseparable del sistema pol´ıtico donde juega un papel combinado de medio y fin para su construcci´on.
02.1.7.4 INTEGRACION DE LA CIENCIA EN LA POLITICA
La incorporaci´on de la ciencia como una fuerza productiva directa hace que las relaciones de la ciencia con la pol´ıtica sean cada vez m´as estrechas. Esta realidad, en algunos casos, determina la subordinaci´on de la ciencia a las necesidades del Estado y, en otros, la integraci´on de la misma a las decisiones pol´ıticas. Parecer´ıa que la distinci´on de uno y otro caso nos llevar´ıa a sutilezas innecesarias, pero la cuesti´on implica diferencias que merecen comentario.
Hay subordinaci´on de la ciencia en el momento en que ella, adem´as de estar condicionada por concepciones ideol´ogicas predominantes y depender de la infraestructura material que le provee el Estado, o del marco legal e institucional que le proporciona, se torna receptiva, inerme y manipulable para adecuarse a las decisiones pol´ıticas. En este caso, evidentemente, la ciencia corre el gran riesgo de cambiar la naturaleza de sus funciones y de confundirse con las formulaciones tecnocr´aticas de la estructura del poder pol´ıtico que, en ´
ultima instancia, refleja de manera ostensible los intereses de una clase o de una alianza de clases que tienen posiciones hegem´onicas.
La integraci´on de la ciencia en la pol´ıtica significa otra cosa. El valor de la ciencia, en este caso, es diferente, puesto que ella brinda la ayuda necesaria para que las decisiones pol´ıticas no se sustenten ´unicamente en factores subjetivos, en caprichos o veleidades de los sectores gobernantes. La objetividad, la precisi´on y la racionalidad de los conocimientos cient´ıficos contribuyen a una comprensi´on adecuada de la realidad y crean posibilidades concretas en el campo de las decisiones.
En nuestro tiempo es absolutamente normal que los altos niveles de direcci´on pol´ıtica del Estado cuenten con asesores, consejeros, negociadores y emisarios que, al desempe˜nar una funci´on pol´ıtica, deben poner en juego su capacidad cient´ıfica y su responsabilidad en la toma de decisiones. Este hecho es com´un en los pa´ıses m´as diversos y opuestos en el juego de sus intereses y proyectos. Tanto las dos superpotencias y las grandes potencias del mundo, como los pa´ıses m´as dependientes, han incorporado la funci´on del cient´ıfico a las tareas del pol´ıtico. Los problemas de la defensa, de la agricultura, de la industria, del transporte y las comunicaciones, de la destrucci´on o conservaci´on del medio ambiente, de la salud y bienestar de la sociedad, entre muchos, implican la injerencia directa y creciente del Estado, que utiliza, para resolverlos, ciencias y tecnolog´ıas, cient´ıficos y expertos, de diferentes tipos y niveles.
El entrelazamiento de la pol´ıtica con la ciencia, ¿significa que la ciencia se politiza y que la pol´ıtica deviene m´as cient´ıfica? La relaci´on dial´ectica(181) que existe entre ellas elimina la ambig¨uedad de esta cuesti´on. As´ı como el Estado trata a la ciencia como un medio para la realizaci´on de sus fines, a su vez, la ciencia trata al poder pol´ıtico como el instrumento de su progreso. En la medida en que las condiciones pol´ıticas son favorables, en esa medida el desarrollo del trabajo cient´ıfico puede ser normal y sostenido; en cambio, cuando las condiciones pol´ıticas se deterioran y aparecen imposiciones ideol´ogicas o militares, la evoluci´on de la ciencia -en su sentido universal- se hace m´as dif´ıcil y los obst´aculos que se le presentan alteran los ritmos de su desarrollo y cambian sus proyecciones sobre la sociedad.
La pr´actica ha demostrado que la politizaci´on de la ciencia se opera en situaciones muy concretas, espe-cialmente en la toma de decisiones, llegando a casos ins´olitos en que, por una determinaci´on gubernativa, puede ponerse entre par´entesis, y hasta rechazarse, principios y leyes cient´ıficas; pero, por mucho que el poder pol´ıtico niegue validez a una teor´ıa cient´ıfica, no impide que dicha teor´ıa sea cient´ıfica; es decir, no la invalida.
La cuesti´on es distinta cuando el poder pol´ıtico toma decisiones tanto en la forma en que debe llevarse la investigaci´on cient´ıfica, como en los objetivos que debe cumplir y las aplicaciones que pueden hacerse de las teor´ıas y leyes cient´ıficas. La historia de la ciencia en la ´epoca del fascismo europeo, especialmente en la Alemania nazi, nos da muestras muy significativas de lo que el poder pol´ıtico decidi´o acerca de la igualdad biol´ogica y racial de los seres humanos, de la teor´ıa de la relatividad y el bloqueo de la informaci´on cient´ıfica. En estos casos, las decisiones pol´ıticas no afectan la naturaleza intr´ınseca de la ciencia, sino las modalidades de la investigaci´on, la aplicaci´on de sus resultados y las concepciones que pueden derivarse de sus descubrimientos.
La toma de decisiones pol´ıticas sobre asuntos pr´acticos de la ciencia no tiene fronteras definidas con la toma de decisiones cient´ıficas acerca de problemas pol´ıticos concretos. La situaci´on se presenta con mayor especificidad en disciplinas cient´ıficas que, por su naturaleza, tienen implicaciones pol´ıticas, o en pol´ıticas cuya aplicaci´on supone conocimientos cient´ıficos. Este es el caso de la econom´ıa, de la ciencia pol´ıtica, la sociolog´ıa, la ling¨u´ıstica, para citar algunas. Toda reforma econ´omica o social (decisi´on pol´ıtica) demanda un conocimiento de las leyes que rigen la actividad econ´omica de los hombres, del mismo modo que una reforma en el uso del alfabeto exige un conocimiento cient´ıfico de las leyes del desarrollo social y del lenguaje; a su vez, las transformaciones que pueden operarse en la realidad (decisiones cient´ıficas) requieren condiciones apropiadas que debe crear la pol´ıtica, como ocurre, para citar s´olo dos ejemplos, en las transformaciones de la ecolog´ıa o en el control de la natalidad. Estas correspondencias entre la ciencia y la pol´ıtica no tienen car´acter mecanicista(132) ni son simetr´ıas automatizadas, sino que se implican unas a otras en diferentes grados de intensidad, profundidad y extensi´on.
02.1.7.5 CIENCIA, TECNOLOGIA Y DECISIONES POLITICAS
Las inversiones que demandan tanto la investigaci´on cient´ıfica como las nuevas aplicaciones tecnol´ogicas son infinitas en su magnitud y, pr´acticamente, no tienen tasa ni medida. El aumento de su escala, a partir de la Segunda Guerra Mundial, ha colocado -parad´ojicamente- el desarrollo tecno-cient´ıfico en un nivel de dependencia frente al poder del Estado. Mientras los logros cient´ıficos y tecnol´ogicos destacan su insoslayable importancia en la industria, la agricultura, la defensa y la seguridad nacional, la fabricaci´on de alimentos, los transportes, los medios de informaci´on y comunicaci´on y en los espectaculares cambios ecol´ogicos(17) la ciencia y la tecnolog´ıa dependen cada vez m´as de las decisiones pol´ıticas.
Esta evidencia se confirma en uno y otro sistema econ´omico- social y se reproduce, en sus proporciones correspondientes, en los pa´ıses que todav´ıa no han alcanzado niveles avanzados del desarrollo global, pero que destinan fondos especiales para la investigaci´on y desarrollo y crean organismos sostenidos por el esfuerzo de la naci´on.
Desde un punto de vista hist´orico, el desarrollo de las ciencias ha dependido de la t´ecnica y de la tecnolog´ıa, como lo hemos se˜nalado en la secci´on 02.1.1.1, pero esta relaci´on no ha sido permanente y en la medida en que han ocurrido cambios econ´omicos, sociales y pol´ıticos en la ´epoca moderna, la ciencia ha ido tomando posiciones avanzadas frente al desarrollo tecnol´ogico, y hoy d´ıa es una verdad demostrada que las nuevas industrias basadas en la ciencia le han dado una preeminencia notable. En forma abreviada, puede afirmarse que ciencia y tecnolog´ıa son distintos sistemas de conocimientos, dotados de autonom´ıa relativa y con una interacci´on creciente y permanente (ver secci´on 02.1.3.6).
Desde otro punto de vista se constata que la ciencia est´a abierta a diversos canales de informaci´on mediante un sistema mundial de publicaciones accesibles a especialistas e investigadores. Esto quiere decir que la ciencia ha vencido muchas barreras y se la difunde de una manera bastante amplia. Por su parte la tecnolog´ıa no tiene esta facilidad para generalizarse, mucho m´as en las econom´ıas de mercado debido a los secretos industriales, a las patentes y a los derechos de propiedad, ante todo,debido a que la tecnolog´ıa debe aprenderse aplic´andola, es decir, haciendo y produciendo las cosas que requiere una sociedad.
Estas consideraciones ayudan a comprender que la tecnolog´ıa est´a incorporada a la experiencia(80) y que por tanto plantea el dif´ıcil problema de su transferencia. Es en este punto donde las decisiones pol´ıticas tienen una importancia determinante, en especial para aquellos pa´ıses de poco desarrollo que est´an en proceso de industrializaci´on. Todos ellos, atendiendo sus necesidades, cuentan con una pol´ıtica m´as o menos expl´ıcita que favorece o impide, que rechaza o acepta, que condiciona o libera, la transferencia tecnol´ogica. Entre estos extremos se da una serie de combinaciones que se sit´uan en el t´ermino medio y, de este modo, se elaboran criterios que expresan decisiones pol´ıticas; as´ı, por ejemplo, se sostiene que los pa´ıses en desarrollo deben aceptar tecnolog´ıas modernas y no obsoletas, o que deben incorporar a su econom´ıa aquellas que sirvan a su liberaci´on y que no refuercen la dependencia, o aquellas otras “tecnolog´ıas intermedias” que incorporen grandes contingentes de mano de obra y no limiten el mercado de trabajo, y as´ı sucesivamente. Todos estos criterios entra˜nan decisiones pol´ıticas de gran magnitud con que se afecta el desarrollo global de la sociedad.
En casos excepcionales se practica una pol´ıtica de autarqu´ıa tecnol´ogica (en cierto modo lo hizo China, al proclamar la necesidad de sostener la econom´ıa de ese pa´ıs “con sus propios esfuerzos”). En el fondo, lograr una tecnolog´ıa aut´octona y disponer de la autarqu´ıa tecnol´ogica,(7) entendiendo por autarqu´ıa la capacidad de ser autosuficiente, es una pol´ıtica que conduce al fracaso. Las exigencias del progreso demandan, para todos los pa´ıses en desarrollo, una estrategia que contemple la asimilaci´on de los adelantos cient´ıficos y tecnol´ogicos de otros pa´ıses en funci´on de los intereses nacionales que preserven la plena validez de la independencia y la soberan´ıa nacional.
La pol´ıtica de la ciencia tiene mucho que ver con el desarrollo cient´ıfico y la asimilaci´on tecnol´ogica. En el fondo ning´un pa´ıs actual est´a fuera de sus implicaciones. No llama la atenci´on, en lo m´ınimo, que pa´ıses avanzados compren y asimilen tecnolog´ıas de otros; este aspecto es particularmente cr´ıtico para los pa´ıses en desarrollo porque, hist´oricamente, est´an obligados a hacerlo.
En los pa´ıses de poco desarrollo el incremento de la ciencia y la tecnolog´ıa tienen peculiaridades que merecen comentarios. En una gran mayor´ıa de ellos la investigaci´on cient´ıfica se polariza en las universidades y, de manera tambi´en parad´ojica, estas instituciones, invocando la intangibilidad de su autonom´ıa, dedican gran parte de sus esfuerzos a la investigaci´on fundamental, principalmente en el campo de las ciencias puras, y a tecnolog´ıas avanzadas que, frecuentemente, no tienen una relaci´on directa con los problemas b´asicos de la econom´ıa nacional. Armonizar y dar viabilidad a las prioridades en uno y otro campo es algo que est´a estrechamente ligado a las decisiones que conlleva la pol´ıtica de la ciencia y que constituye un nuevo rasgo de la pol´ıtica estatal (ver secci´on 02.1.7.1).
Una pol´ıtica cient´ıfica bien delineada establece enlaces efectivos entre la investigaci´on cient´ıfica y la pro-ducci´on basada en tecnolog´ıas de alto rendimiento. Esta es una preocupaci´on constante en los pa´ıses de desarrollo capitalista y en los pa´ıses socialistas. Unos y otros la han enfrentado con criterios distintos, no obstante que en sus resultados terminales les ha conducido a obtener efectos parecidos.
Los pa´ıses perif´ericos, dependientes y subdesarrollados, est´an emplazados a crear las condiciones que les per-mitan establecer esos v´ınculos entre el desarrollo universal de la ciencia y las aplicaciones tecnol´ogicas que requiere su desarrollo global e independiente. En tal sentido, la planeaci´on educativa que incorpore la investi-gaci´on cient´ıfica como parte fundamental en la innovaci´on de la educaci´on superior, contribuir´a eficientemente a definir una atinada pol´ıtica de la ciencia orientada a superar las leyes transitorias de la dependencia.
REFERENCIAS
(Las referencias bibliogr´aficas han sido elaboradas en funci´on del significado que toman los t´erminos subra-yados y se las incluye a manera de “lecturas recomendadas” (para desarrollar trabajos de investigaci´on.)
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LEPF, ENRIQUE. “Universidad y dependencia tecnol´ogica”, M´exico: UNAM, Deslinde, No. 73, Cuadernos de Cultura Pol´ıtica Universitaria (enero), 1976, pp. 13-20.
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CHUECA GOITIA, FERNANDO. Breve historia del urbanismo. Madrid: Ed. Alianza, 1974 (3a. ed.), pp. 216-241.
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