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Protocolos de intervención en hombres victimarios de violencia de pareja

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Protocolos De Intervención En Hombres Victimarios De Violencia De Pareja

Intervention protocols Men Perpetrators of Violence Intimate Partner

Buitrago, T., Cortés, D & Herrera, C

Resumen

La violencia doméstica se define como un acto delictivo (golpes, humillaciones, abuso sexual, insultos, homicidios) que ejerce un agresor contra su pareja, el cual deja consecuencias negativas en la víctima y deteriora directamente su salud, ya sea de forma física, psicológica o sexual, por ello se produce un desgaste significativo en su bienestar (Echeburúa, Corral, Amor, Sarasua y Zubizarreta, 2009; Loinaz, Ortiz, Sánchez, & Ferragut, 2011; Matud, 2004, citado en Fernández-Montalvo & Echeburúa, 2008). Es por esto que, a través de la revisión teórica realizada sobre los protocolos de intervención a nivel mundial, los resultados revelan que la empatía, las distorsiones cognitivas, los celos y la dominancia del hombre hacía la mujer son los temas fundamentales que se exponen en los programas, también se encontró que los protocolos más exitosos se desarrollaron en la modalidad terapéutica mixta (Terapia Grupal y Terapia Individual), que tuvieron una duración aproximada de 20 a 24 sesiones y se realizó bajo el enfoque Cognitivo-Conductual.

Palabras clave:

Programas de intervención, Hombres, Victimarios de violencia doméstica.

Summary

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consequences in the victims and directly degenerate their physical, psychological or sexual healthy and also tearing significantly their welfare. through the theoretical review developed to the intervention protocols at a global scale, the results showed that the empathy, the cognitive distortions, jealousy and the man dominance against the woman; are the fundamental issues developed in the programs; Also was found that the more successful protocols were developed in the mixed therapeutically modality , ( group therapy, individual therapy), with an approximate duration of 20 to 24 sessions and were developed under the cognitive – behavioral focusing.

Keywords:

Intervention Programs, Men, Perpetrators of domestic violence.

Introducción

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asesinatos de mujeres que se producen en el mundo son efectuados por su compañero sentimental.

Según cifras internacionales de los Centros para el Control y la Prevención de

Enfermedades, se afirma que el 35% de las mujeres en los EE.UU. han experimentado cierta forma de violencia física o intento de violación grave (Negro et al., 2011, citado en Reidy, Berke, Gentile, & Zeichner, 2014), a su vez, los porcentajes de violencia contra la mujer obtenidos hasta la fecha son alarmantes, aproximadamente el 12% de mujeres han vivenciado violencia por parte de sus parejas en España (Ministerio de Trabajo e Instituto de la Mujer, 2000, citado en Fernández-Montalvo, Echeburúa, & Amor, 2005).

Según las cifras presentadas por el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, indican que durante el año 2012 las mujeres colombianas sufrieron los siguientes tipos de violencia: Violencia por parte de pareja o ex pareja 47.620; Violencia Sexual 18.100 casos, lo que indica que cada día 50 mujeres fueron víctimas de violencia sexual en el país; Feminicidios 276 mujeres fueron asesinadas; lo cual evidenció un aumento del 103% de las mujeres víctimas de homicidio en comparación con el año 2011 (Revista Semana, Noviembre de 2013).

Para el primer semestre del 2013, se evidenció que en nuestro país cerca de 15.640 mujeres fueron víctimas de violencia intrafamiliar y otras 5.545 denunciaron haber sido abusadas sexualmente; así mismo, se registraron 514 homicidios en donde las víctimas fueron mujeres. El departamento del país que mayor índice de muertes del género femenino presentó fue el Valle del Cauca, seguido de Antioquia y Bogotá, según fuente del Instituto de Medicina Legal (2013).

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casos por cada 100.000 habitantes, se estableció que el hombre es el principal agresor;

actualmente, por cada hombre que denuncia ser víctima de violencia por su pareja, seis mujeres lo hacen. Adicionalmente, las tasas de violencia registradas revelan que por cada 100.000 habitantes este tipo de violencia suele ser prevalente en el grupo de edad de 25-29 años con 10.867 casos (22.25%), seguido del grupo de 20-24 años con 10.322 casos (21.13%). Los departamentos en donde se registraron mayores casos de violencia domésticas fueron Bogotá (10.144), Antioquia (5.992), Cundinamarca (4.779), Valle del Cauca (3.845) y Santander (2.626) (Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, Grupo Centro de Referencia

Nacional sobre Violencia, 2015).

De acuerdo con lo mencionado, se evidencia que las mujeres son las principales víctimas de violencia doméstica en nuestro país, siendo común el desarrollo de investigaciones y

programas de intervención en el tema, por esta razón se considera importante investigar acerca de los programas de intervención con agresores, generalmente población masculina,orientados a mitigar el daño causado en las víctimas; en este sentido,se sugiere trabajar el tema desde la perspectiva del hombre como victimario en las parejas heterosexuales, con el fin de conocer las generalidades acerca de los factores influyentes en la violencia doméstica.

A continuación se presentan las generalidades y factores influyentes de la violencia de pareja desde la perspectiva de los victimarios, para ello, se mencionarán las características más relevantes como lo son: la conceptualización de violencia y sus tipos, la definición de victimario y sus características predominantes; y para finalizar, se hace el respectivo abordaje de los

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Marco Teórico

Definición De Violencia Y Tipos De Violencia

Con el trascurso de los años, la violencia en pareja ha mostrado un incremento progresivo a nivel mundial siendo considerada una problemática de salud pública y social de gran

importancia ya que sus efectos dejan un gran número de víctimas al año y en el peor de los casos muertes. Para entender esta problemática, es importante aclarar que la violencia contra la mujer, es todo acto que ejerce un agresor y que ocasiona consecuencias negativas y afecta directamente la salud, ya sea de forma física, psicológica, sexual y produce un deterioro significativo en su bienestar (Echeburúa, Corral, Amor, Sarasua y Zubizarreta, 2009; Loinaz, Ortiz, Sánchez y Ferragut, 2011; Matud, 2004, citado en Fernández-Montalvo y Echeburúa, 2008).

Los tipos de violencia más efectuados por hombre y mujeres son la violencia sexual, física, psicológica y emocional, sin embargo, son los varones quienes son denunciados y

procesados en mayor medida por este delito, aspecto que es coherente con las cifras presentadas, indicando que son las mujeres quienes resultan más afectadas por este tipo de violencia (Loinaz, Ortiz, Sánchez y Ferragut, 2011).

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Qué Es Ser Victimario

Una vez aclarado el término de Violencia, se procede a definir el concepto de victimario, refiriendo que este alude aaquella persona que somete e infringe un daño perjudicial a otro individuo que afecta en gran medida la salud física, psicológica o sexual de su víctima y produce un deterioro significativo en su bienestar (Pastor, 2012).

Características De Los Victimarios

Teniendo en cuenta la diversidad de características presentes en los agresores, se identifican a partir de la literatura algunos de los factores más predominantes: hombres de niveles

socioeconómicos bajos, que ya han sido víctima o testigo de la violencia durante la infancia, que tienen una historia violenta (en general o exclusivamente con la pareja), que presentan consumo abusivo de alcohol o drogas, que padecen trastornos psicopatológicos importantes, que conllevan a procesamientos cognitivos distorsionados y que tienen déficit en las redes de apoyo social (Menéndez et al., 2013, citado en García, Godoy, Llor, y Ruíz, 2014).

A continuación, se hace mención a las principales características en los agresores de violencia en pareja según las siguientes categorías:

Nivel Cognitivo, se ha encontrado que, los hombres tienen dificultades para ser flexibles cognitivamente; por ello, se les dificulta la toma de decisiones, y se evidencia un incremento en la frustración, facilitando una reacción negativa ante las situaciones conflictivas con su pareja (Montas y Herrera, 2011). Se ha descubierto que junto a algunos trastornos mentales, las

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equivocadas acerca de los roles sexuales, inferioridad de la mujer y la legitimación de la

violencia como forma válida de resolución de conflictos, además de la minimización del daño o la negación de la violencia ejercida (Echeburúa y Amor, 2010) (Cantos, Neidig y O’Leary, 1993; Dutton, 1986, citados en Lila y Gracia, 2012), el déficit de habilidades en la comunicación y la baja autoestima (Echeburúa, Amor y Corral, 2009).

Según Hamberger y Hastings, (1988, 1991); Huss y Langhinrichsen-Rohling, (2000, citado en Fernández-Montalvo y Echeburúa, 2008), los trastornos mentales y las alteraciones psicológicas

más predominantes en la población de agresores, son el trastorno antisocial de la personalidad, el trastorno límite y el trastorno narcisista; por su parte, Fernández-Montalvo y Echeburúa, (2008) encontraron que el trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad (57.8%), el trastorno dependiente de la personalidad (34.2%) y el trastorno paranoide (25%) son los de mayor

prevalencia en los agresores que fueron recluidos en un contexto carcelario por violencia contra su pareja (Castro, López-Castedo,&Sueiro, 2009; Bartolomé, García, Ruiz yGodoy, 2015).

A nivel Conductual, se identificó falta de control sobre la ira; dificultades paraexpresar emociones; tendencia a emplear estrategias inadecuadas de afrontamiento para eludir la

responsabilidad de las conductas violentas como justificación del acto realizado y dificultades en las habilidades para solucionar problemas (Echeburúa y Amor, 2010; Echeburúa, Amor y Corral, 2009).

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que sus bajos niveles han sido identificados como un importante antecedente y facilitador de dicha conducta, mientras que su funcionamiento normal se contempla como un factor protector que inhibe la agresión y motiva al altruismo. En relación con la autoestima, se halla que una autoestima baja es asociada con una mayor frecuencia y gravedad de las conductas violentas (Loinaz y Echeburúa, 2012).

Personalidad y Situaciones Predisponentes, Nóblega Mayorga (2012), mencionan que

algunos factores predisponentes para que un hombre se convierta en agresor son la baja tolerancia a la frustración, la dificultad para resolver problemas y el déficit de habilidades comunicativas; por otro lado, Kaufman y Jasinski, (1998, citados en Nóblega Mayorga, 2012); Fernández- Montalvo y Echeburúa (1997a) y Fernández-Montalvo, Echeburúa y Amor, (2005), añaden otros factores predisponentes y de personalidad de la conducta agresiva los cuales son: los celos, la irritabilidad, la impulsividad y la inestabilidad emocional como características psicológicas de los agresores y refieren que las variables emocionales afectadas que se hacen evidentes en la conducta violenta son el apego, la empatía y la autoestima.

Por otra parte,Eckhardt, Samper y Murphy (2008)afirman a partir de su investigación que es poco probable que los hombres violentos puedan llegar a diferenciarse de los no violentos teniendo en cuenta como base la ira. En este estudio, se realizó un pretratamiento con 190

victimarios de violencia de pareja, el criterio de inclusión fue ser hombres reclutados

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Luego de un exhaustivo análisis del estudio mencionado, se revelaron los resultados los cuales se dividieron en tres grupos: la primero alta ira expresiva con un total de 56, el segundo moderada ira inexpresiva con un total de 13, y la tercera baja ira con un total de 118. Aquellos agresores que perpetraron más la violencia, informaron que a lo largo de su infancia

experimentaron y fueron testigos de abusos, éstos sujetos puntuaron más alto en las medidas de psicopatología y reportaron problemas de sustancias psicoactivas. Aunque la mayoría de victimarios no presentan trastornos relacionados con la ira (Eckhardt, Samper y Murphy 2008).

A nivel Cultural y Social, Gleason (1997, citado en Boira, y Jodrá, 2010), afirma que los factores culturales y de desigualdad de género son importantes para entender el comportamiento violento y cómo se desarrollarán componentes de dominación en la pareja. Otro factor que se encontró, es el consumo de sustancias, un estudio registró que el 46% de consumidores de SPA, eran hombres que habían tenido comportamientos violentos con sus parejas (Bennett y Lawson, 1994; O’Leary, 1993; Tolman y Bennett, 1990; Convit, Jaeger, Lin, Meisner y Volavka, 1988;

Hotaling y Sugarman, 1986, citados en Boira y Jodrá, 2010). Así mismo, Easton, Mandel, Babuscio, Rounsaville y Carroll (2007) revisaron estudios longitudinales en los que se sugería que el consumo de alcohol podría facilitar los episodios de agresión física, respecto a los celos y es así como, algunos autores han considerado este aspecto como un elemento fundamental en la violencia de pareja (Boira y Jodrá, 2010).

Una de las características principales del agresor, es monitorear de forma permanente el poder que tiene sobre diversas áreas de la persona y con ello, identificar todo tipo de

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agradable ante los demás, pero en la intimidad, cumplen con la descripción de agresión y de abuso anteriormente mencionada. Por otro lado, a la hora de entablar relaciones sociales en sus diferentes áreas de ajuste vital como con la pareja, la familia, el trabajo o la academia, se desempeñan como líderes en donde ejercen algún tipo de poder (Pastor, 2012).

Tipología, existen diversas clasificaciones para hombres agresores, sin embargo, aquí

presentaremos las más representativas. Una de ellas corresponde a los hombres que ante una discusión con su pareja se muestran con una baja frecuencia cardiaca y manifiestan bastante agresividad y rechazo hacia la víctima, la conducta agresiva es planificada y no genera sentimientos de culpa hacia el hecho violento ocurrido. Otro tipo de maltratador es aquel que presenta un aumento significativo de frecuencia cardiaca a la hora de discutir con su pareja y se le dificulta controlar sus impulsos, presentando altos índices de ira (Amor, Echeburúa & Loinaz, 2009).

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Psicosocial, el tercero la Historia Asalto Conyugal, y por último los Factores de Ofensa (Bartolomé, García, Ruiz y Godoy, 2015).

Teniendo en cuenta lo anterior, este procedimiento llevado a cabo correspondió a un estudio de tipo descriptivo, relacional, transversal y los criterios de inclusión para la selección de la muestra fueron estar en una condena por violencia de pareja y la participación voluntaria en el estudio, y como criterio de exclusión, la incapacidad para participar en una entrevista de

diagnóstico (Bartolomé, García, Ruiz, y Godoy, 2015).

En cuanto a los resultados obtenidos, se identificaron tres perfiles de agresores según el riesgo de reincidencia de acuerdo con la clasificación, los agresores de alto riesgo coinciden con el tipo de disfóricos / límite, los de riesgo medio con el tipo antisocial y el grupo de menor riesgo con los agresores limitados al ámbito familiarizado; en todo lo mencionado anteriormentese encontró una relación importante entre el trastorno de la personalidad, las características del agresor ya sean psicopatológicas, y el riesgo de la reincidencia, actitudes que favorecen, las estrategias de resolución de conflictos para evaluar su riesgo de reincidencia, y el diseño de la intervención psicosocial, con el fin de mejorar la adhesión y la eficacia del tratamiento

(Bartolomé, García, Ruiz y Godoy, 2015).

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Por último, Holtzworth-Munroe y Stuart (1994, citado en Fernández-Montalvo y Echeburúa, 2008) y Cunha & Abrunhosa, (2013), plantearon tres tipos principales de hombres maltratadores, a) los exclusivamente familiares; b) los afectados por el trastorno límite, con un estado de ánimo histriónico; y c) los violentos en general, que se comportan de forma antisocial en cualquier contexto, se estima que este tipo de agresores constituye el 25% o más de la muestra de victimarios y tienden a ejercer una violencia más generalizada; por ende, se encuentra que estos sujetos tienen un patrón de conductas delictivas mayor y es más probable que se vean afectados con mayor probabilidad por trastornos mentales.

Programas De Intervención Psicológica Con Victimarios

A continuación se presentarán una serie de programas de intervención que se utilizan con hombres victimarios de violencia doméstica, es de gran importancia resaltar la disponibilidad de los mismos, ya que son indispensables para evaluar y valorar la problemática planteada; sin embargo, es fundamental poner a prueba estas herramientas, con el fin de que se ajusten a las necesidades del contexto; pues cada población, ciudad y país tiene sus propias características, bien sean sociales, culturales, políticas y demás (Loinaz, I., Echeburua, E., Ortiz, M. y Amor, P. 2012).

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víctimas actuales, la prevención de la violencia a posibles víctimas futuras teniendo en cuenta que este tipo de agresión es reincidente en nuevas parejas y la evitación de la propagación de la violencia en sus hijos. También, es importante resaltar que se busca cortar la cadena de

transmisión intergeneracionaly el aprendizaje observacional por parte de los hijos para imitar estos comportamientos en edades futuras (Echeburúa, Corral, Fernández-Montalvo y Amor, 2004; Sarasua y Zubizarreta, 2000, citados en Echeburúa et al., 2009).

Otro análisis detallado de estudios que han evaluado los programas de intervención, comprende una metodología de revisión de la literatura existente y la realización de

meta-análisis, el cual hace referencia a la evaluación de manera agrupada de los resultados estadísticos obtenidos en diferentes estudios clínicos sobre una misma problemática. Se estudiaron dos tipos de intervenciones aplicadas en agresores, las intervenciones feministas y las

cognitivo-conductuales, las cuales se revisaron teniendo como base técnicas de meta-análisis, un total de 12 estudios (Morales, Muñoz, Trujillo, Hurtado, Cárcamo y Torres, 2011).

Leyton (2005), encontró dos estudios en donde los autores llegaron a la conclusión, que estas intervenciones (feministas y las cognitivo-conductual) tienen un moderado efecto

beneficioso en la reducción de la reincidencia, además se revisaron los efectos tanto de las intervenciones basadas en el género como las cognitivo-conductuales, y concluyeron que las intervenciones de género fueron aproximadamente tres veces más eficaces en la reducción de la reincidencia y por ende los niveles de violencia física; sin embargo, se presentan formas de maltrato más sutiles como el psicológico y el emocional en donde no se percibe reducción alguna (Davis, Taylor (1999), Babcock y La Taillade (2000); Feldman y Ridley (1995) Morales,

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Teniendo en cuenta lo anterior, las intervenciones de género hacen referencia a que la violencia de los agresores hacia su pareja en un contexto intrafamiliar se relaciona con un sistema de creencias sociales con una inflexibilidad en relación al rol delhombre y la mujer, basándose en una búsqueda de dominio y control ejercida, con el pasar del tiempo se va estableciendo una dinámica de abuso al interior de la pareja, por ende, ésta es una de las manifestaciones de la violencia basada en el género y además de la violencia intrafamiliar; en cuanto al proceso de intervención que se maneja en éste tipo de programas, tienen como finalidad abatir los fundamentos socioculturales, interviniendo en distintas áreas como la emocional, conductual, interpersonal, cognitiva, entre otras (Morales et al., 2011).

En otro estudio Boira, López, Tomás y Gaspar (2013), realizaron un programa con enfoque cognitivo-conductual en donde fueron diseñados tres grupos de la población de los agresores; dos de estos estaba en formato grupal (Terapia Grupal Abierta y Terapia Grupal Estructurada) y uno en formato individual (Terapia Individual) en donde se trabajaron los siguientes bloques temáticos: 1) Asunción de la responsabilidad; en donde se encontraban los mecanismos de defensa, la identificación y expresión de las emociones, y la empatía con la víctima, 2) Control de las emociones, en donde estaban presentes las distorsiones cognitivas, creencias irracionales, ansiedad, celos, ira y resentimiento, 3) Entrenamiento en habilidades; se compuso de las habilidades para relacionarse y comunicarse, la solución de problemas y la educación sexual, y por último, 4) Cierre, en donde se encontraban el estilo de vida positivo y la prevención de recaídas (Boira, López, Tomás & Gaspar, 2013).

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ellos, el 65.12% finalizó su relación de pareja, el porcentaje de la muestra restante manifestó que su relación ya no era conflictiva, lo que se evidenció con que el 94% de los participantes no tenían nuevas denuncias policiales en los 18 meses posteriores al tratamiento lo cual fue un resultado satisfactorio (Boira et al., 2013).

Así mismo, en otro estudio Echeburúa y Amor (2010), aplicaron un programa de tratamiento cognitivo-conductual que constó de 20 sesiones en un formato individual que tenía periodicidad semanal; el programa contaba de tres fases: a) Aspectos motivacionales, en donde se trabajaron aspectos de motivación empatía; b) Síntomas psicopatológicos, que estaba

compuesto por la ira descontrolada, ideas distorsionadas sobre los roles sexuales, la violencia como forma de solución de problemas, ansiedad y estrés, déficit en el autoestima, celos patológicos, consumo abusivo del alcohol, déficit de asertividad y comunicación, déficit en resolución de problemas y déficit en las relaciones sexuales; y la última fase, c) Prevención de recaídas en donde se estipularon la identificación de situaciones de riesgo y las estrategias de afrontamiento adecuadas.

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psicopatológicos (ansiedad, depresión, ira e inadaptación a la vida cotidiana) (Echeburúa y Amor, 2010).

Para continuar, mencionaremos a López (2004), quien plantea que los tratamiento deben buscar que el agresor entienda y tome conciencia de que cuando maltrata a su pareja, lo que está logrando es degradarse así mismo, y a su vez reconozca que lo más beneficioso para los dos es eliminar estas conductas agresivas. Para ello se propone iniciar con 15 o 20 sesiones por 4 meses, 1 por semana, dentro de estas sesiones se abordan “los estereotipos de la superioridad masculina, roles sexuales, control de los impulsos, los celos… (p.36)”. El objetivo del tratamiento, según el

Boletín Criminológico, (1999, citado en López, E. 2004), debe estar enfocado en controlar la violencia, logrando (si es posible) la reconciliación conyugal, y plantea que el tratamiento “no se

puede centrar en la detención de la agresión física con alguna técnica de control de la ira (p. 36)”. Pues reconoce que lo que genera mayor dificultad en esta problemática es el maltrato

psicológico, el cual se puede prolongar aun cuando se disminuya o desaparezca la violencia física.

Las perspectivas actuales, centran la aplicación del tratamiento individual en el modelo cognitivo-conductual, dentro del tratamiento se van intercalando sesiones grupales de hombres violentos, que deben estar dirigidas por terapeutas y contar con la compañía de un

ex-maltratador, con el fin de que este último cumpla la función de modelo, y con ello se logre “neutralizar los mecanismos habituales de negación, minimización y atribución causal externa de

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Cabe resaltar que el proceso terapéutico debe ir acompañado de un tratamiento

psicofarmacológico que ayude a controlar la conducta violenta, según requiera el caso, bien sea para individuos “especialmente impulsivos o con trastornos del estado de ánimo” (López, 2004).

Además de lo mencionado anteriormente, se han realizado a lo largo de los años una revisión exhaustiva sobre los programas de tratamiento que se han llevado a cabo en diferentes países, teniendo en cuenta su evolución, tratamiento, entre otros aspectos que han aportado a estos programas; Unos de los países con más índices en desarrollar este tipo de programas ha sido EE.UU, seguido de Canadá, Reino Unido y Australia, uno de los primeros programas en desarollarse y uno de los más utilizados es “The DULUTH Currículum”, considerado como un programa psicoeducativo que se apoya en el modelo de control y poder como eje fundamental de la violencia de género. Los contenidos del programa parten de las aportaciones de más de 200 mujeres maltratadas, tras la participación en 30 sesiones educativas, diseñaron la rueda de control y poder (Ruiz, Negredo, Ruiz, García, Herrero, García y Pérez, 2010).

La rueda de control y poder representa todos aquellos comportamientos abusivos primarios experimentados por las mujeres que convivían con maltratadores, enseñando que la violencia es parte de un patrón de comportamiento y no una serie de incidentes aislados de abuso, de frustración o de sensaciones dolorosas. Los testimonios de estas las mujeres expresan que el maltratador no es tan consecuente como se piensa, sino que actúa de forma constante en su relación. De esta forma el hombre no es considerado como una persona con falta de habilidad para hacer frente a la tensión, sino que su verdadero propósito es el de dominar y ejercer control sobre las actuaciones, los pensamientos y las emociones de su cónyuge (Ruiz et al., 2010).

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autoritarias y destructivas, para establecer formas alternativas de comportamiento que estarían relacionadas con la negociación y sinceridad, en donde el individuo tenga respeto, apoyo, confianza, honestidad, responsabilidad, respeto sexual, la educación responsable de los hijos, entre otros. Este modelo resalta la importancia de la intervención en el contexto comunitario así como la participación de todas las Instituciones implicadas en la violencia doméstica (Ruiz et al., 2010).

Otro de los programas identificados, estuvo basado en el enfoque Conductual de Pareja, en este se analizaron 2 grupos, uno control y otro experimental, cada uno con 303 hombres (grupo control: hombres sin problemas de alcohol; grupo experimental: hombres con problemas de alcohol), a los cuales se les aplicaron de 20 a 22 sesiones, 1 por semana, a lo largo de 5 a 6 meses. Durante las primeras 10 sesiones se trabajó con cada pareja en solitario, y en las

siguientes 10 a 12 sesiones se desarrolló un formato grupal con varias parejas simultáneamente (Fernández,López, & Arteaga, 2011). Este estudio se realizó con el fin de confirmar la relación existente entre la violencia intrafamiliar y los problemas asociados con el abuso del alcohol por parte del agresor, y como al contribuir mediante el tratamiento a disminuir los índices de consumo de alcohol, se podrá a su vez mejorar la relación de pareja y disminuir las conductas agresivas.

De igual manera, se ubicó el programa de intervención para agresores, compuesto por cuatro fases, la primera de evaluación pre-tratamiento con entrevistas incluidas y los

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y aprender antes de iniciar con el análisis de las conductas violentas, en la segunda parte se profundizara en aquellas conductas violentas haciendo especial énfasis en la violencia física, sexual y psicológica, finalizando con una Psicoeducación acerca de las diferencias de género y prevención en recaídas (Ruiz et al., 2010).

En lo que concierne a la duración del programa, este oscilo entre 6 meses y un año teniendo en cuenta el perfil de los participantes y su misma evolución, su nivel de riesgo de reincidencia en la conducta violenta y el tiempo estipulado de la condena de cada beneficiario,de la misma manera el intervalo del número de sesiones varía entre 25, para un programa básico y 50 para un programa de mayor intensidad, se realiza una sesión a la semana de dos horas y media de duración aproximadamente, también el terapeuta tendrá en cuenta las características de los participantes, su evolución y riesgo presentado, tras la evolución correspondiente decidirá si es más apropiado un trabajo individual o grupal, así mismo si el formato es de tipo grupal se complementará con sesiones individuales si es necesario, el número máximo es de 12 participantes por grupo (Ruiz et al., 2010).

Por otro lado, se encontró que en otro estudio Echauri, Fernández-Montalvo, Martínez & Azkarate (2013), identificaron que era importante investigar acerca de los factores

sociodemográficos y las diferencias existentes entre una muestra de ciudadanos españoles y otra de inmigrantes que habían sido agresores de violencia de pareja, debido a la percepción que el origen sociocultural de los sujetos influía en la perpetración y abuso de la violencia doméstica, además de ello, los autores del estudio consideraron relevante hacer esta investigación debido al gran incremento de inmigrantes que hacen parte de programas de intervención en esta

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Se realizó un estudio en donde la muestra estuvo compuesta por 300 hombres (150

ciudadanos españoles y 150 inmigrantes) en donde se utilizó un diseño prospectivo ex post facto. Las sesiones de evaluación y tratamiento se llevaron a cabo de manera individual y estuvieron a cargo de psicólogos clínicos que tenían una experiencia no mínima de 7 años en el trabajo con hombres victimarios de violencia de pareja. El programa de intervención aplicado se basó en el modelo cognitivo-conductual y estuvo compuesto por 20 sesiones individuales de una hora, su objetivo fue la modificación de los déficits cognitivos y conductuales que estaban relacionados con la violencia de pareja en los agresores; sin embargo, el programa se adaptó a las

características específicas de cada sujeto.

En la primera parte de intervención se trabajó sobre aspectos de motivación (aceptación de la responsabilidad del delito y motivación por la terapia), en la segunda se trabajó sobre los síntomas psicopatológicos asociados a los hombres violentos (déficit en la formación de empatía y habilidades, manejo de la ira, modificación de distorsiones cognitivas relacionadas con el acto delictivo), y por último, se trabajó sobre la prevención de recaídas (identificación de situaciones y comportamientos de alto riesgo) (Echauri, Fernández-Montalvo, Martínez & Azkarate, 2013).

El programa anterior, tuvo tres niveles de cambio terapéutico: el Éxito, la Mejora y el Fracaso; en los resultados del estudio se encontró que la tasa de Éxito de toda la muestra fue del 34. 6% y la tasa de Mejora fue del 51.3%, lo que indica que en el 85.9% de los casos el

tratamiento fue eficaz, reduciendo tanto física como psicológicamente los comportamientos violentos de los participantes. Por otra parte, el 14.1% de la muestra presentó algún episodio de violencia después del tratamiento y por ello se representan en Fracasos Terapéuticos. Al finalizar no se observaron diferencias significativas entre los participantes (ciudadanos españoles e

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de los 12 meses de seguimiento la tasa de Éxito y Mejora en conjunto sumó el 87% y la tasa de Fracasos fue del 13%, igualmente no se observaron diferencias entre los ciudadanos y los inmigrantes (Echauri, et al., 2013).

En otra investigación, se alude al programa “Hombres por una Vida sin Violencia” del Servicio Nacional de la Mujer (Sernam) en Chile (Medina, Parada, & Medina, 2014), el cual se enfoca en una reeducación especializada hacia los victimarios, actualmente funciona en seis regiones del país. El programa se desarrolla en 34 sesiones, distribuidas de la siguiente manera:

“a) 1 de ingreso; b) 18 que apuntan a eliminar la violencia física, sexual, amenazas y

la intimidación; c) 1 Corte evaluativo; d) 12 de segundo nivel que apuntan a eliminar la violencia psicológica y a adquirir habilidades relacionadas con una nueva masculinidad; e) 1 Segundo corte evaluativo y f) Egreso con un año de seguimiento.” Finalmente, se encuentra el programa “The EMERGE Model”el cual es calificado como el primer programa educativo para maltratadores en Estados Unidos. Su formato está

estructurado en 48 semanas, 8 de orientación individual y 40 de trabajo grupal. Entre sus objetivos destacan la definición de violencia de género, los efectos de la violencia de género sobre la mujer, el abuso psicológico, económico y sexual, los efectos del maltrato sobre los hijos y las diferencias entre una comunicación abusiva y una comunicación respetuosa hacia la pareja. Pretende ampliar la visión de la relación abusiva entre el maltratador y la víctima, centrándose no solo en el abuso físico, sino en otras formas de abuso emocional, sexual y psicológico (Ruiz et al., 2010).

Conclusiones

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modo, las muestras halladas de los estudios se conformaron por grupos entre 12 a 606 hombres; una de las características predominantes de la muestra fue que tenían medida de detención y por ende, los programas se desarrollaban en centros penitenciarios, también se evidenció que uno de los criterios de inclusión más comunes en los estudios fue el de padecer de alguna psicopatología y ser mayores de edad.

Entre las temáticas trabajadas en los programas de intervención se hallaron la Empatía con la Víctima, las Distorsiones Cognitivas, la Ira, los Celos Patológicos, la Dominancia ejercida por el agresor hacia su Víctima, el Déficit de Comunicación Asertiva, el Déficit de Control de Impulsos y la Violencia Psicológica, las cuales permitieron concluir de manera satisfactoria los programas que se estudiaron.

Por otro lado, se encontraron distintas modalidades terapéuticas, entre ellas están la Intervención Individual, Intervención Grupal, Intervención Mixta (Grupal e Individual) e Intervención en Pareja, la que mostró mayor eficacia fue la Intervención Mixta, esta modalidad permite que el agresor identifique sus pensamientos y conductas problemáticas al tener contacto con otros miembros del grupo al sentirse reflejado en ellos y a su vez se encuentran con una atención de mejor calidad en donde sea más personalizada. El número de sesiones de los

programas identificados oscilaban entre 15 y 50 sesiones, sin embargo se encontró que entre 20 y 24 sesiones se logran mayor eficacia.

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sujeto reconozca los signos cognitivos, físicos y emocionales, que preceden a su comportamiento violento y los pensamientos irracionales que los mantienen” (Johnson, 2007; Russell, 2002,

citados en Loinaz & Echeburúa, 2010, p.4).

Para finalizar, es importante señalar que el objetivo de los programas o protocolos de intervención debe ser el de garantizar la máxima seguridad de las víctimas, lograr que los

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