El Psicoanálisis de Freud y los Problemas Morales

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JOAQUÍN !Rl \RTE S. I. [ 16J .Africano s,e está haciendo s,entir aún ,en la estadística

interio-rista más audaz y ,estrafalaria. De todas formas, Jas V1entaj.as 11eportadas de la sicología por partie de la pedagogía, la di11ec-ción de la.3 almas, la siquiatría, etc., son evidient,es.

Hay, por fin, una antropología con alardes de ontología, conocida comunmente como existencialismo, que invoca al Santo, y que si no ha nacido, qui·ere vivir al menos bajo su signo. Su campo de estudio es la sujetividad -no ,el sujetivismo-, y su _grito: busquemos de una V1ez la naturaleza y el sentido del ser ahondando en el ser del hombre, es decir, descubriendo los sc-cr,etos de la ontología a través del s,er más a mano. Analiza, de cp¡nsigui,ent,e, ,en sus actividades íntimas ,el ser del hombre, los -elementos que le defirnen, y surg,en como ta1es, extraídos de la instrospiección de la int,eriori:dad humana, vagos rumo11es d·e contingencia, de amenaza y de ins.eguridad. En los análisis de esta .antropología de la profundidad, ,el pob11e mortal humano no \lle sino iel dramatismo de una ,existencia, casi absurda, que ·se .mueve como la hoja trémula en ,el árbol, y que se ve lanzada a

una c~nera ciega, sin más precisión de líneas ni zonas claras dentro de ella, que sus dos ,extremidad,es, una y otra iluminada.~ por la nada o 1a nihilidad.

Ello dertament:e sabre a agustinismo en los análisis de la in-terioridad y ,en las inquietu'aes anímicas de que hace derroche. Sólo que ,el S::mto, 1en alas de un.a filosofía salvadora, sabía des-pegar del fondo dramático que 1en ooasioil!es le estr,emecía, lo que no todos los 1exist1enéia1istas pueden clecir. En todo caso, e1 .Santo una V1ez más v1vie en este pensamiento, y viVle por

mterio-risí'a y por su hondo sentido humano.

No es pooo, según 11evamos visto, lo que San Agustín ha puesto ,en las l.Jetras y ciencia de 1a intimidad. Y no es también poco lo que por sólo esto debe la cultura occidental al cristia-nismo .. D,e él dimana el hallazgo del mundo interior, y o.:el ~estudio del mismo brota una floración mental rica ,en int,erés y convenido.

Se confirm~ una vez más que la civilización, ann ,en lo que .desconooe

? qu1erie desconocer, está viviendo <le los jugos vitales

que 1e ha ido preparando 1a religión cristiana. La dignificación, del trabajo, la humanización de la esclavitud, la el,evación de la muj,er, con el cultivo de la interioridad y otros muchos b~enes e~piritual.Jes a 1este tenor, deben entrar en la cuenta de lo que disfruta hoy la cultura merced a sus múltip1es y fecundos con-tactos con la .F,e.

JOAQUIN lRIARTE, S. l.

Pro/esor de Historia de la Filosofía en /as Facultades Filosóficas d,e Oña ( Burgos) y Sa,n, Cug,at d,el Vallés

( Barc,elonia).

El Psicoanálisis de Freud y los

Problemas Morales (~)

Sabido es que en el campo p•dcoanalítico se ha iniciado en los últimos deoenios una corriente espíritu.alista prometedora de

preciosos resultados en la terapéutica de las neurosis y trans!or-nos psiconeuróticos y que ha de t~rminar por dep~rar

.el

:psico-análisis clásico de la escuela fr.eudiana de sus ongmanas 1mpu-:nezas, aprovech\ando los inrn,egab1es elementos de v3:lor que contiene, pero completándolos con ot~os valor,es. esenc1a.1es del psiquismo humano, ent,eramente olvidados o ignorados por FREUD. Basta recordar aquí los nomb11es de DAIN, URBAN, CARUSO FRANKL NIEDERMEYER y otros impulsories de esa co-rr~ent,e. 'y aunque' es verdad que algunos psicoanalistas católicos hacen ,esfuierzos para incorporar el psicoanálisis en el cuadro dogmático-moral del c~tolicismo, hay que , reconocer que no todos logran su cometido ; se muestran aun exa~eradanrentie aterrados al fundador y les cuesta desprenderse de ideas y len-guaj:e inadmisibles. Ta1es c11eemos que son, salvando siempr,e sus iexcelienties intenciones, por ejemplo 1':fADAME S:HOISY, el _sa-oerdotie MARC ÜRAISON, y en la práctica profes1000.l del psico-análisis muchos de siegundo orden, cuyos fracasos se deben tal vez sob:re todo a esbe fanatismo freudiano que les obliga a mo-viersie fuera de la órbita de la v,erdad. . . ..

El presente artículo no va a referirse al psicoanálisis re-presentado por estos depuradores del mismo. Sól<? vam~s a :r1eferimo3 al psicoanálisis de FREUD y de su escuela 2deológ!oa;' y ,~sto desde iel punto de ~ista

moNri

soiamootie,

?

s1 se qmere, dogmático-moral, tal precisamente como lo co;ns1deró el. Papa Pío XII en su notable Discurso del 1 5 de abnl de I 9 S 3 a los participantes ,en el V Congreso Católico de Psico~erapia y Psico-logía clínica, en Roma. Y aun podria~os añadir que 1

e_s.tie ar-tículo no va a ser más que un comentario, aunque no oenido, al

:rr.encionado discurso. ., ~

· Es frecuente considerar el psicoa..."iálisis en. un J1;ple s~~iao o plooo: el terapéutico, el psic,alógic,o y ,el meta,fisico.

Inicial-(") Conferencia pronUlllciada en el Instituto Filosófico de Balmesiana el

7 de ¡mayo de 1954.

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'168 ALFREDO MONDRÍA, S. J·

mente fué sólo un método terapéutico para curar las neurosis_; pero este método impulsado por un ~ombre profun~lame~t·e psi-cólogo· su natural tendencia a 1estudiar todo lo psicológico y.ª priecisa~ el influjo anímico en lo somático, le llevó a descubrir es1Je método de gran valor psicológico para poner de reli~v_e -el gran influjo que ejierce en la conducta del hombrie la a~ectiv1dad y iel dinamismo inconsciente. De esta suert·e FREUD vm.o a s,er el cr,eador de la 11amada Psicología proftmda; y tanto en el ,campo d,e 1a Psicotempia oomo 1en 1el de la Psi.colog~, más, rr_ucho más ,en ésta qll!e en aquella, FREUD ha t,enido a~1ertos y verdaderas intuiciones de valor univ,ersalmente rieconoc1do. So-lamente 1en ,el campo filo,,ófico 1es donde FRE{!D. fracasó

.rotun-da.ment,e. Ilusionado por sus mismos descubnm1entos terap~u-ticos y psicológicos, impregnados has~a la médula, del n:iatena-fümo rieinante de la época, p11etend1ó FREUD construir toda una Filosofía y dar una ,explicación psicoanalítica. del uniV1erso, explicación que haoe sonrieír a toda persona sena. El mayor fayor que Be :t,e puede hacer, es olvidar esa cadena de inve~cio-nies a priori y en contradicción pliena con la Etnología e . Histo-ria de las Religiones. Cuantas veoes FREUD se metí'.1 a hacer metafísica se },e podía haber recordado iel l'efrán latmo : « Ne sutor ultr~ crepídam », más gráfioo áún ,en castdlano: «¡Zapa-tero, a tus zapatos 1 »

Conste no obstan1Je que los grandes aóertos de FREUD en el campo de la Psicología, están ya incorporados en la Psic~l~gía tradicional, y ,estan 1ej1erdenclo un influjo innegable y benief1c1oso en las nuevas cí,encias de la Caracterología y aun ,e¡n la Peda-gogía y ciencias educativas de excepcional importancia para la vida humana.

Sin embargo, ,el psicoanálisis freudiano, aun desde el dó1:>le punto de vista terapéutico y psicológico, lo mismo en sus prin-cipios qUJe 1en su práctica, suscita ver?aderos problemas ~og-mático-mora1es, que son 1os que aqm pretendemos exa~m8:.r hreviemente. Nuestra p11eterrsión no es agotarlos todos, rn1 s1-qu1era en los que vamos a tocar, 11egar hasta ~l fon.do d~ los mismos. Queremos hacer solarnent•e unas se~c11las ref1.ex1on~ que oriientlen a nuestros lectores en ,esta materia, ya que el ps1-coaaiálisis pal'eoe se 1está poniendo como die moda en 11:mestra patria, y de su práctica no están expluídos, ni mucho menos, pe-ligros muy serios para el espíritu y para la conducta de los

hombres. , ,

Para ,ello, antes de exponer los que podríamos llamar proble-mas parcial.es de la moral psicoanalítica, hemos· de resohr,er el prob1ema fundamental y primario, que po~emos llal:ill;,r :g,en~r~ y ~otalitario por _referi¡ysie a ,la 1esencia mISma del ps1coanJálts1s y a 1Ja entraña misma del metodo.

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I

El primer prob1ema, indudablemente el más importante, que se ofrece al considerar el psicoanálisis en general y el de FREUD en particular, fren1Je a la doctrina y moral católica, es ,el de la concei.pción misma del hombre que tenga el psicoanalista. Se compl1ende sin ninguna dificultad que ha de ser de excepcional importancia para él y para el p~icoanálisis y para los pacientes, que ,el médico t•enga una concepción del hombre y de la persorna humana y su psiquismo normal, que sea realista, obj1etiva, to-taiitaria y que responda adecuadamente a la realidad ontológica del s,er-hombl'e. De lo contrario d psicoanalista errara muen.as veoes, andará ruecesariamente a tientas, se moverá en el terreno de interprietacio11es y arbitrariedades sti'bj,etivas, cometerá mu-chos desaóertos no siempre ,ex·entos de notab1es peligros para ,el cHen t,e.

El panorama del psicoanáiisis cambia totalmente según sea la conoepción antropolígica que tenga el profesional; si tiene dd hombre una cpnoepción materialista, evolucionista y deter-minista, como la tenía FREUD, hombrie 1en ,esto de su época, las consecuencias no podrán ser sino funestas para la vida humana, como la ,experí,encia lo ha demo,.5trado y lo sigue demostrando todavía. Al contrario, si su conoepción del hombre es espiritua-lista, con atención al psiquismo superior del hombre aotado de una volun6ad libre y de vierdadera autonomía 1en el gobienno

ae

sus instintos y de sus actos, conforme con La doctrina dogmá-tica de la Iglesia. y con la sana Filosofía tradicional en sus puntos esenciales, entonoes es cuando el psicoanálisis podrá prometerse folioes riesultados.

Por eso iel Papa en el mencionado discurso lo primero que exige del psicoterapeuta católico es que riespene la UNIDAD

y la TOTALIDAD ESTRUCTURADA y JERARQUIZADA de la persona humana, cuyo centro es ,el alma espiritual e irunortal, que ,es la que lleva el timón de la nave humana;· y que de nin-guna manera se r1eduzca al hombre a un conjunto de instintos b2jos que tiranizan su actividad y lo rebajan al nivel de los seres infrarraciona1es.

Si sie Üerne una concepción materialista del hombr,e, · los hechos psíquicos neoes:ariamente se interpretarán según ella; 1 habrá lógica ,en 1el raciocinio, pero es.a lógica ,estará en pugna cOln la r,ealidad ontológica. Algo pariecido suoedería, situándose el

psicoanalista ,en el error contrario que tuviese ,al hombl'e por puro espíritu, por una especie de ángel y illO como compuesto

material y 1espiritual a la vez, en el que IIlo se pueden desanender tas pulsiones automáticas de· los instintos gobematda:s por

el

alma. Y esto será tanto más verdadero, cuanto que en mnguna

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otra materia tiene tanta cabida y tanta importancia la interpre-tación de los hechos, como ,en el campo psicoanalítico, donde· lo fenomenológico escapa tantas veces a toda medida y ponde-ración.

Si ,el piscoanálisis no se funda en una conoepción recta del hombre su construcción fallará en su misma base, será edificio sin fundamento real y sólido. Entonces la nepresi6n de los bajos. instintos especialmente del s,exu.'.J,l, será neoesariamente algo

vio-lento, algo brutal, algo in!l/.ltural. Tomando así las cosas, por cierta necesidad deberá concluirse, como establee·~ FREUD, que las neurosis tienen su orig,en en esa repr11~sión. Ento:1e·:s la subli-mación del instinto, no será más que un disfraz, una máscara hipócrita con que se deja actuar al instinto sexual cambiando su obj•eto, aunque este objet? sea lo 1:1~s nob1e y s_ag_rado gue . se qui,era. Entonces será_ lógico y ad~is1b1e no _reprimir los 11~stm-tos, anular la repriesión de Los mismos, deJarl,?s a~tuar hbre-inente, suprimiendo. así las causas de las neu~osis. Sm ~mbargo la verdad será, precisamente por s,er esa doctnna contrarn al ser del hombre y a su realidad ontológica ,estructurada, que con ese desienfreno se producirán ( ¡ se h3.n producido de hecho ! ) . más neurosis y perturbaciones psíquicas y mayories transtornos psíquico-mora1es, por la vio:ema riep11esión de los dinamismos s-r;periories del alma.

Ahora bi,en, ,el defecto básico de FREUD ,es éste. FREUD era materialista, evolucionista, determinista. FREUD era ateo y para él la ley moral no era algo objetivo, inmutab1'e, ·eterno, sin'.J algo purament,e subjetivo, creación purament,e humana. ¿ Qué mara-villa, pue:,, que de ta es premisas teórico-prácticas se sigan conse-cuencias desastrosas para la moral cató:ica y natural ?

FREUD no estudia TODO ,el hombre, sino que se ciñe exclusi-v<'mente a los instintos; y a fuerza de estudiar eso, reduce al hombre a un :amasijo de instintos, ,entre los que lo llena todo ,el

instinto siexual, creando •esa ~specie de « pansexualismo », ,en el que insist,e demasiadas veces, aunque haya pretendido librarse de las críticas que se l,e hideron en ,este sentido.

FREUD aplica el transformismo de Darwin al psiquismo huma-no. Lo primitivo e:3 el ELLO, el inconsciente dinámico, los ins-tintos o impulsos biológicos y vitaLes, recibidos al nacer como lot,e h,erieditario: El ELLO en su contacto con. el mundo exterior produc,e el YO consciente. La voluntad personal ,amt,e el dualismo provocado por los influjos externos de caráct,er social, .ético y religioso, contrarios a las apetencias del ELLO, se decide a some-ters,e a aquellas normas ,ext,ern.as. El YO por consigui,ente, ,es una parte die( E LI. O, modificada por ]a acción del mundo exterior; es un .estr;dio uUerior d,e su evolución. Pero hay un conjunto de normas sieveras de educación y moral, que prooedentes del exte-rior y pasando a través del YO, llegan a instala:rsie en el

incons-./

EL PSICOANÁLISIS DE FREUD Y LOS PROBLEMAS MORALES 171

dente, independizándose por completo de la part,e consciente. se forma emonoes el SUPER-YO, que no hay que conoebir a la manera de un agiet1te colocado entre el conscient,,~ y el incons-dente para ej,ercer la CENSURA, ~ino como un conjunto de ic1eas-afiectos, de emociones y sentim~entos que pueden ser causa de inhibicione.;; de otros grupos de ideas, de donde vienen las neurosis y otras perturbaciones psiconeuróticas. El SUPER-YO, en la mente de FREUD, ,e.;; al fin como el «yo» de otro identifi-có.do al YO propio; ,el ideal de conducta que no.3 formamos y actúa en nosotros inconsdentiement,e.

FREUD, por lo tanto, no.;; ofreoe una visión del hombrie fran-camente ctegradant,e y pesimista, un aspecto ,ent,erament,e parcial y caricaturesco, 1en iel .,que aoentúa 1os rasgos de la animalidad, olvidando en cambio por compl,eto lo más grande que d hombre posee, lo que ,el hombre es.

Nos plaoe citar aquí, tomándolo de GEMELLI, el p11ecioso tes-timonio de BONAVENTURA, judío como FREUD, psicoanalista como él, profundo psicólogo, muerto no ha mucho ante los muros de Jerusalén por los Ara.hes, ,el cual, como conclusión de un libro sobre psicoanálisis, 1escribie lo siguiente :

«Nosotros, como psicólogo,s y psiquiatras, no debemos ensalzar más ,de lo debido ni tampoco r.ebajar la naturaleza humana, si ,ella se

des-taca tanto sobr,e la de los brutos animales que crea un mundo ¡nuevo, ei mundo de la moralidad. Es v,erd.ad que tenemos los instintos f.erooes y

voluptuosos de la fiera; pero sabemos también dominarlos y, cuando ,conviene sacrificarlos ,en ara::; del deber y de la justicia ; sabemos sustituir a ~os impulsos de las pasio:nes los más grandes ideales, como motiV1os y !domo fines de ITl'llestra conducta. Estia capacidad de dorniiruio y

de r,enuncia, que no es la represión irnco:n1Sciente ni tampoco la subli-mación d,e los psicoanalistas ( freudiarws), siino la subordinación cons-,dentJe ,e ¡nt,encio:nal de nuestros actos a la soberanía de la Ley moral,

tiene también sus raioes en nuestra natura1ezia; ésta, cultivada, , educa-da, elevada puede al fin brillar con viva luz que ilumina. a nosotros y

nuestros semejantes los caminos de vida. El hombre que crea el

dere-·<,:ho, ,el arte, la ciencia, la filoso'ÍÍla y 1a técnica; el hombre que tiene el

,entendimiento para conooer, La voluntad para obr:ar; el hombre que en su inqui,eto camino es impul.sado por u111a cOIIltinua ansia de perfecciona-mi,ento, no puede s.er únicamente ,el juguere de ciegas fuerzias impu1si-vas, sino debe tener también en sí mismo .La ,eniergía creadora de los más altos valores espirituales » .

Palabras tan grav,es escritas por un judío, no católico, pero que habla ,el 1,enguaje de la verdad y de la Ley 111Jatural, corns.-tituyien una crítica s,eria de la base doctrinal del psicoanálisis fr.eudiano y señalan los nuevos derroteros del moderno psicoa;n.á-:lisis. Todo católico las puede subscribir y sobre todo deben subs-,cribirlas todos los psicoanalistas y psicólogos.

Pasemos ya a los prob1emas parcial,es de orden moral que ,suscita el piscoanálisis de FREUD.

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II

Abordemos ant•e todo ,el del determinismo del inconscie.nte

-dinámico, que es tal ~ez iel más serio de todos.

FREUD supone constant,emente que el dinamismo del incons-· ci,1:,ntie ,es determinado, tiránico, incompatible oOlll la v,erda<lera libertad y ,el gobierno .autónomo die 1a voluntad humana. Esta.

es una verdadera esclava de los instintos. Su liberación se va procurando, supuesto que lo que algunos fr,eudianos llaman li-bertad ,es una conquista del «YO>>. P,ero ,esa liberación no Uega nunca; iel instinto biien en su forma primitiva bien en su forma. disfrazada, domina si,empre, tiraniza la voluntad, triunfa. P9r-que es v,erdad P9r-que el «YO» puede liberarse de )as pulsiones in-conscientes (y ,eso y sólo ,eso es la libertad freudiana), pero aL fin la voluntad nunca tiene la facultad de autod,eterminació.n, la. facultad del sí y del no ,en las mismas circunstancias. Y adviér-tase que este determinismo, s,egún FREUD, se manifiesta especial-ment,e tiránico y arrollador e,1 el instinto s,exual, tan prepo:nde-rant,e en la vida humana, que ha 11,egado a atribuírsele con harto fundamento una especie de «pansexualismo >> determinista.

P,ero ,esta doctrina ,está ,en pugna con los hechos. Ni los ins-tintos, aun los más fuertes, son normalmentie y ·de ordinario, de-terminantes; ni el insti:n.to sexual tiene esa fuerza destructora de· nuestra autonomía. «Lo que oonstituyie, como dice el Papa Pro XII, el hombre es princip:ilmente el alma, forma sustancial de su naturaleza. De ell.a dimana en último término toda la vida humana; ,en ella radican todo, los dinamismos psíquicos con .su propia ,estructura y su 1ey orgánica; a ,ella ,es a ..quien la natura1eza encarga el gobiierno de todas las energías, hasta. tanto que ,ellas no hayan adquirido aún su última determinación. De este dato ontológico y psíquico se deduce que sería apartars,3 de la rf:alidad que11er confiar, en teoría o en práctica, la función· detierminante del todo ,a un factor particular, por ejemplo, .a uno de los dinamismos psíquicos dementa~es, y entregar así ,el timón a una potencia secundaria. Estos dinamismos pueden ,estar «,en>> el alma, «on >> ,el hombre; sin ,~mbargo ellos no son tni ,el alma· ni el hombre. Son e11ergías, .tal vez de una intensidad considera-

-Me, pero la natura~,eza ha confiado su di11ección al puesto c~::-itral, al alma e~;piritua1, dotada de intdigenci.a y de voluntad, capaz, normalment,e, de $Obe-rnar e:,tas ,en'3rgías. El que estos dinamis-mos ejerzan su presión sobre una actividad no signif:ca necesaria-mente que ellos la fuercen. Se negaría una r,ealidad ontológica. y psíquica discutiendo al alma su puesto central». Esta es la voz• de la sana filosofía, la voz del dogma católico, 1.a voz de la moral,. ya que, si no se supone la libertad, falta la misma base de toda, .. moralidad.

[ 23 ) EL PSICOANÁLISIS DE FREU O Y LOS PROBLEMAS MORALES

No ha faltado entre los católicos, precisamente un sacerdote médico (MARC ÜRAISON), quien exoesivamente complaóente con el freudismo, ha p11eoendido ponerlo de acuerdo en este punto con la doctrina católica ·sobre la libertad humana. P,ero ,el 1.1e-curso ·empleado ,es muy débil y absolutament,e insuficiente. Ad-mit,e teqricamentie y en principio la libertad, pero una lihertad que habitualmente, al meno_s en materia sexu~l~ fracasaría ei:i la práctica. La voluntad pr1es1onada por las pnisiones de los ms-tintos ~servaría una lib-ertad intierna de puro consentimiento,. pero no de ;ejecución; el hombr-e se vería forzado al hecho, pero, quedándole la facultad _de decir internamente «no >> al hec~o

ne-oesario. Es decir, teno.ría una libertad puramente nomiinal. y tieórica, pero habitualmente fracasada; una libertad hasta d~r~o punto irracional; impotente moralmente para evitar lo proh1b1-do, y responsable si da ,el «sí>> a lo que moralmente no pu~e evitar. Una libiertad que no sería ·efectiva sino en muy raras "si-tuaciones ; la voluntad, según -esto, sería algo así como un rey. constitucional pero sin gobierno efectivo ; una libertad para la que el pecado material sería fr.ecuentísimo e inevitabLe, mien-tras que -el pecado formal sería rarísimo. «La autonomía ~e la libre voluntad se sustituye con la heteronomia del dinamismo instintivo>>. Pero «iel Creador no ha formado así al hombrie >> ; y «'el pecado original no le ha quitado la posibilidad (moral) y. la obligación de gobemars,e a sí mismo por medio del alma>>.

Es verdad que ;el prooeso biológico de los instintos puede 11e-g.ar a :un punto en que su consumación o resultado fin.al quede _ya fuera del campo die la libertad e1ectiva del alma y en este s,entido sea un . proceso det,enninado y que s~ , i~P?~ga al «YO >> . Pero no nos llamemos a ,engaño. La actuac1on 1mcial de ese proceso o está normalmente en nuestro poder evitando librement,e los estí-rrulos que lo pornen en marcha, o el reprimirlo, si su nacimiento ha tenido lugar por un acto espontáneo. Además, cuando y.a ese proceso ,está en marcha y aun en fase más o menos adelant:'.3'da, generalmente también ,está bajo el influjo de la volunta~ libre,. el continuado1 o iel cortarlo. Sólo cuando las causas detiermmam:oo.s del mecanismo ,están ya todas puestas, es cuando el desenlacie final será irremediab1e. Entonces ,es cuando podría verificarse lo

aue MARC ÜRAISON dioe, y qUJcl a la voluntad libre no le quedase ya otro medio que ,el decir «no» al efecto pro~ucido. Pero ¿ q11;é valor moral tendría e.se «no>> ,en orden a ,eludir la responsal:Hh-dad, habiendo prieoedido varios actos libres con pr~visión del he-cho moralment,e prohibido ? Más bien la conclusión ,empeora: aunque el efiecto malo no se siguiese, 1a responsa?ilidad del_ mis-mo ya se habría incurrido ,en virtud de los actos hbres ant,eno~.

Es ,evident,e que pueden darse casos a.nor,n:ales en que e~ 1:ns-tinto tiranioe la voluntad. P,ero estos serán s1empr,e excepció.n y s,e ha de tiener sumo cuidado en no a;dmitir esta ,exoepción hasta

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que no se pruebe sólidamente. Y la excepción se dará cuando lo anormal carga no pI1ecisamente sobre el instinto (hiperestesia,, desviación o inV1ersión), sino sobre las mismas fuerzas psíqui-cas. Decir instinto <u.znormal » no ,es decir «necesidad» ni falta de libertad y responsabilidad ,en el hombre. Los 11ecursos del alma lib:rie son inmensos y poderosos. «No se pr,etenderá qUJe las perturbaciones psíquicas y las enfermedades que impiden el funcionamiento normal del psiquismo sean la nota habitual. El combaue moral para permanecer sobre el recto camino no _prueba la imposibilidad de seguirlo y no autoriza a 11etroceder ».

Queremos añadir una observación a esa doctrina de MARC ÜRAISON, observación que para un psicoanalista de tendencias frieudia.nas tiene su valor. Si en material sexual le faltara al hcmb11e de ordinario la libertad die ejecución, quedándole sólo la de intJerno cons,entimiento, el hombre moralmente obligado a no prestar su consentimiento a lo que por otra parte se le impone como nece,ario y agradab1e, se encontraría constantiementJe en una situación conflictual, trágica y angustiosa. Tener que pecar materialmentJe, t•ener que experimentar necesariam~nte la delec-tación venérea y 1esto como norma general; verse a;nte una acti-vidad inevitable, ante unos efectos de orden moral necesarios, y tener quie dar su «no,> constantemente, sería causa de conflictos internos psíquicos, de enormes torturas, de grandes transtornos anímicos. ¿ No habría aquí una fuente de neurosis mucho mayor que la pneuendida por FREUD de las r,epresiones?

Otro punto 1en 1el que .,,e dan la mano ,el psicoanálisis y, el exi~ 1Jtncialis.mo para llegar a idéntica conclusión, ,es 1el de la étic.a

«p,ersonalista » en c,ontrap.osición a la ética tradicional.

Concluyamos, pues, este punto dejando bien asentado que es ley del psiquismo humano la autonomía de la voluntad propia, la existJencia de la libertad; die consiguiente, que todo psicoaná-lisis o psicología que no admita t,eóricamenue ,esa libertad de autodietJerminación 1en el hombre, que no la respet·e y sirva en la práctica, que no tienda a haoerla tri~!}far de los instintos y de cuantos obstáculos se le opongan pnestando siempre su ayuda a la persona humana para que use bien de su libertad, es -moral-rr.mte deficüente y está en pugna coin algo esencial de

La

con-ducta humana. Y 3i no ,ólo no la ayuda, sino que más bie!Ill tiende a destruirla, ,esclavizándolia a lo·s instintos y desengañán-dola die la lucha por iel ideal, .,erá instrumento positivo funesto de irresponsabilidad e inmoralidad.

Otro punto ,en el que se dan la mano la psicología clÍJnica, psicoamalítica y el existJendalismo heterodoxo, es el de la llama-da ética «personalista » en contraposición a la ética tradicional;

así como oponen la psicología clínica a la metafísica, como si aqu1ella fuese realista y estudiase al hombre concreto y esta en cá.robio idie.alista que tierue por obj,eto al hombre abstracto inexis-.

EL PSICOANÁLISIS DE. FREUO y LOS PROBLEMAS MORALES

tt.nte; así quieren oponer con lógica consecuencia la ética per-sonalista, del concreto, diel ser exist,ente, del individuo, a la ética tradicional que sería del abstracto, del ser inexistent,e, del hombre

'fJS1tncial, pero no del existenci(J.l. Con lo cual las normas de la, mor~l natural serían ,i~aplicab1es al individ~o y cada individuo habna de t,ener una etlca personal y exclus1vament,e saya; una rr..oral «ad usum Delphi.ni ». Las normas morales de la vida real se apartarían de las de la moral natural y cristiana. La ética tr"'dicional daría normas orientadoras, sin duda, pero no obliga-torias para el hombre rieal; es decir, que habría µna ética pura-mente subjetiva, no objetiva y univ,ersal para todos los hombre.s existentes.

El error latent,e en estas afirmaciones es de carácter meta-físico y sobradamente infantil ,e insubsistentJe. Se basa en un

tquívoco: como si 1ei homb11e abstracto, objeto de la psicología y ética tradicionales, fuese una

f

icció.n, una creación irreal del sa;bio, algo puramente ideal, desligado enteramente de la reali-dad obfetiva, un fantasma creado a espaldas de la realireali-dad; como s1 ,el psicólogo tradici01I1al y ,el moralista clásico diesen normas y leyes para los homb11es iruexistentes; como si el mora-lista cuando habla del homb11e real (ya que nunca se re1iere sino a éste), estuviese hablando de duendes y tantasmas irreales.

La verdad ,es que quien estudi,e la constitución del hombre rieal debe 1en efecto tomar como objeto al hombre «existencial»

tal cual 1es, tal como lo han hecho sus disposiciornes naturales, las influencias del .ambiente, la ,educación, su evolución personal, sus ,experiencias íntimas y tocios los acontecimientos exteriores (pues todo esto tiene una repercusión efectiva en él). Sólo existe es~e hombr.e concndo. Y, sin ,embargo, la estructura de este «Yo»

personal obied,ece hasta ,en el menor detal1e a las l,eyes ontológicas

y mdrafísfoas de la naturaLeza humana ... Son ellas las que han formado y las que, por consiguient1e, deben gobernarla y

juz-garla».

La razón de 1ello es que d hombre «,1xistcncial » se identifica en su íntima estructura con el homby,e «,esencial». La estructura eS1encial del hombr1e no desapareoe cuando se le añaden las notas individua1es, ella no se transforma ,en otra rnatura1eza humana. Pero pnecisamente la l,ey fundamental, de la que s,e trataba hace poco, descansa en sus enunciados principales sobre la estructura eS1encial del homb11e concr,eto v real».

No olvidemos que una ky 'universal moral, comprende en su exuensión, todos los casos particulanes con todas sus condiciones y circun5tancias exclusivamente propias y que sólo se dan esta viez. La razón es, porque en cualesquiera circunstancias variables y variadas siempre se da la misma nat.uraleza humana; varia, es óerto, 11especto a sus cualidades accidentales, pero no varía ni en los individuos, ni en el tiempo, ni en el espacio, respecto a

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ALFREDO MONDRÍA, S. 1, [ 26 ]'

lo.:i dementas esenciales constitutivos de La natura1eza humana y

respecto de las esencial,es r,elaciornes que dimanan de su misma esencia. Ahora bien, las normas gienerales y absolutas de La mo-ral descansan sobre los ,e:ementos esencia1es y sus ,esencia1es rela.-cio1J1Jes; y por lo mismo va1en y deben urgirse donde quiera s,e dé y pPecisamente porque se da la esencia humana, sean las que fue11en las condiciones particula11es en que se encuentre el hom -bre concreto.

Esta verdad apa11ece inmediatamente clara en los postulados, «¡negativos» de la moral, en los que se exige la omisión _de cier-tos accier-tos, que son íntrins1ecamente malos. P,ero vale también para

los postulados <,positivos», que imperan actos exigidos absoluta-mente por Dios, por •exigirlos o la misma natura,1eza humana o la voluntad po3itiva de Dios. Respecto a todas estas normas ab-solutas generales nada se deja a la ddiheración del hombre, sino que se 1exige la obediencia y iel cumplimiento de la 1ey. Luego, es. imposible que 1en estas normas se dé ni la llamada «ética .pers.o-nalista », ni tampoco La llamada « ética de situación» ( 1).

Hemos hecho ant1es referencia al «pansexualismo de FREUD· y su escuela, es decir al dinamismo sexual omnip11esente en el

psiquismo humano no sólo en la edad adulta, sino en La misma edad infatntil diesdre el nacimiento del n.iño, que en sentir de FREUD ya tiiene sentido sexual y ,•ivencias seuaxles para el nuevo ser. Quien Lee a FREUCD y sus interpr,etacioneis de los hechos in-f.am.ti1es queda asombrado del poder imaginativo e inv,entivo de ese homh11e para quien La sexualidad era la vida en acción. Este ha sido ,el punto más atacado en el plano de los hechoi1s y .en ,el

terneno e.;trictamente dentífico por muchos de sus colaboradores. y discípulos, como BREUER, ADLER, NUNBERG, etc., hasta nuestros días. P1ero ,este ha sido también el punto en que FREUD

insistió s1empre con más pertinacia, si biien para ponerse al re-paro de los ataques, tuvo. buen cuidado de am_pliar cada vez más. el sentido de la palabra «libido» hasta atribuir1e significados

qu,e nada tiernen que ver con el dinamismo sexual. Pero a pesar de ,esta at,enuación, diríase que en su sentir íntimoi y en las ,exprie-siones us.adas por él durante toda su vida, el dinamismo siexuaI constituiría una parte integrante del psicoanálisis y que sin él su psicoanálisis no tendría razón de ser. La gra:n autoridad del fun-dador del psicoanálisis, y el enorme influio que necesariament,e ha debido temer en sus seguidores, han sido la causa de que sus construccion1es sobre la sexualidad infantil no s,e hayan

aban-donado hasta nuestros días, si bien hoy son ya muchos los que

(1) Véase el Discurso del Papa Pío XII al Congr. Intemac. de

Juvientuc1es fomeninas católicas, del 20 de mayo .dJe 1952 y iel Comenta-rio del P. F. Hürth en la revista Perio.dica de re morali et canonicff

1952, p. 239, núim. 14 y 15.

EL PSICOANÁLISIS DE FREUD Y LOS PROBLEMAS MORALES 17T

cl:::man ,en nomb11e de la óencia que se abandone aquel cúmulo-de int,erp11etaciones arbitrarias y aquel lenguaje _simbólico Y mítico con que se ,exp11esa;n. Esperamos que esta liberación no tardará en ser una 11ealidad, pues la ciencia no haría sino ganar, siguiendo un camino real, objetivo, rigurosamente científico, que es ,el único que le coniviene, el único que seguramente puede ccnducirnos a la verdad.

No obstante lo dicho, es un hecho que el instinto sexual 1desde

la ado}e-,oencia y en toda La vida del hombre es enormemente dinámico y que, aunque no es 1el más poderoso de los instintos -1e hace V1entaja ,el arrollador instinto de conservación- su foerza es grandísima. Por eso y por el influjo del niismo FREUD se plantean en torno a él dos probl,emas morales particulannec1te delicados, p11ecisamente por tratarse de esta materia : el de la. llamada «iniciación s,exual )) tanto ,en ,el campo educativo y as,.

cético, como en el terapéutico cuando se trata de curar neuro5iS, de orig,en sexual; y ,el de la exploración del inconsciente diná-mico y la llamada «transf,er,e.ncia )) psicoanalítica ,en la curación de esas mismas neurosis. Resumamos con la mayor brevedad la doctrina de la Ig1esia y de la moral a ,est,e respecto.

Es evidente por sí mismo y la experiencia lo comprueba, que la <dnici.ació,n s.exual >), como método universal y colectivo de· educación preventiva, ,e3tá preñado de peligros m-;na1es, si se atiende a las consecuencias del pecado original, a la debilidad de la voluntad en La p.iñez y juventud, a su insaciab1e espíritu de; curiosidad no compensado por un psiquismo ya estructurado y fir)Tile ,en sus conviccioll'es. Los dectos no pueden .~er sino desas-trosos y fata1es. La misma iniciación «ind·vidual » sistemática.-mente practicada desde la niñez y sin la neoesaria discreción, está expuesta a resultados contraproduoentes. Es mucho lo que se ha ,escrito ,en ,esta mat,eria y entre escritores, aun católicos, se han tomado posiciones extrem.as -la de la iniciación pronta .Y total y la del si1encio absoluto- cuyo examen y el del estud10· de las dificult~des inhemntes a cada método, nos hace ver que la verdad 31é halla ,en ,el término medio, que es precisam~nt,e el ca--mino que no3 señala la Ig'.1esia con su magist,erio seguro. El método de la Ig1e.,ia no se apoya, como algunos calumnian, en la plena ignorancia de lo 3,exual y _en el silencio de tod<;1 inicia-ción, sino ,en que ,es'l iniciación sea mdividual y no colectiva; sea. oportuna y progresiva a :rrnedida que vaya sintiéndose la necesidad o com~eniench para el bien del niño y del a_do1e3cente; sea ~:u-dente y 11ena de delicadeza y respeto, hacia el alma del mno, procurando no turbar .,u paz, sino más bien afianzar su v?lun--tad de pureza y superación; la den aquellos que tienen gracia de· estado para penetrar e insinuarse en el santuario del ~lma del niño con amor y respeto, como so:i los pad11es y los drnectores, espirituales ungidos por la gracia del s;werdocio. Los puntos.

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'l 78 ALFREDO MO"lDRÍA, S. J. [ 28]

esenciales de esta iniciación podemos r,educirlo,s a estos : 1 º Ante todo r,eforzar el «Yo» con la doctrina cristiana del dominio d,e sí mismo y con la formación religiosa y vida sobrenatural (gra-,cia, sacramentosJ oración, idea1es superior,es; devoci6t1 a La Inma-culada, etc.\ y 2 º en cuanto al conocimiento de lo s,exual, se haga individualment•e, sosegadamente, objetivamente, enseñándole lo que pr1ecisa saber para saber r,egirse a sí mismo rectamente y

Sáber tratar con los demás sin claudicar.

Si s,e tiene ,en cuenta esta doctrina, ya se adivina lo. que d·-:;berá decirse sobre la iniciación sexual corno método t·erapéutico en la ,cura psicoanalítica de las neurosis siexua1es o sexopatías. El

psi-coainálisis freudiano ante s,emejant,es neurosis preconiza ,el método de una iniciación sexual total y sin r,eservas, como si el solo co-nocimi,ento de todo lo sexual tuviese la virtud mágica. de supri-mir Las causas de dichas neurosis sin incurrir ,en peligros de .orden .moral. El Papa en ,el mentado di,curso no niega que este método pueda t,elller algún valor curativo_; pero lo que sí, niega, es su valor tLJ,nivcrs,at y que tal método no •envuelva ciertos peligros mo-r,a,1es. $i a iesie método se l,e atribuye un valor univ,ersal, como lo háoe La ,escuela fr:eudiana, 3e comet,e un error de « sobrev.alori-.zaclórn » y «sobr.e,estim,ación » del factor «s,1b;0r » y del elemento

<,conocimi.:mto », dándo1e mayor fuerza de La que tiene. Hay que tenrer 1en cuenta otros valores, otros factores a v,eoes más peligro-sos que la misma ignorancia, como son el pecado original con la impronta que deja en La natural1eza humana, la .tiranía de la con -·Cupiscencia, La debilidad innata die la voluntad, abandonada a sus

fu,erzas, ieLementos que, si no se ponen en ju·~go otros factores su-periories, priesagian el fracaso de dicha iniciación. El método

in-.directo, tradicionalmente empleado por la Iglesia y por otros

mé-dicos y psiooooterapeutas con tendencia a reforzar el «YO»,

a aumentar el sentido de responsabilidad e incrementar Jas fuer-zas mora1es y sobrenratura1es, es también útil y muchas veces más que suficiente, sin ,estar expuesto a los peligros de la inicia-ción sexual total; puede curar eficazmente, sin expon,ers"~ a que · curando una neuro3is s,e abra la puerta para que sob11evengan kego otras nuevas, y tal V1ez peor,es, por el aflojamiento de los nesort:es morales del hombre que siemprie son de incalculable poder.

Bastaría lo dicho para ver que en ,el método psicoanalítiao -clásico y en la evocación al campo de la conciencia del

incons-dent,e dinámico sexual, indispensable en sentir de FREUD para curar 1esas neurosis sexuales, s,e contienen otros peligros de orden ·moral; peligros que no siendo tal método n.ecesario para la

cura-ción de los iilleuróticos sexualies, ,con facilidad se arrostrar"án teme-rariament,e. Porque es cierto sin género de duda que él método p_sicoanalítico ni es único ni tiene valor univ.ers:1.l. Las perturba-.clones sexua1es pueden curarse también sin esa evocación de los

EL PSICOANÁLISIS DE FREUD Y LOS PROBLEMAS MORALES

ccmp1ejos y traumas psíquico-s,exuaLes al campo de la conciencia. El tratamiento indirecto ,es muchas V1eces de mayor eficacia; y es. en todo c:3-.so P;~f11;rible por. La aus~ncia de esos peligros, ~ nv ser que el ps1co~ah~1s los conJur,e eficazmente. Siempre sera verda-dero que la d1gn1dad humana y sob:ne todo cristiana, del hombre templo vivo del Espíritu Santo, protesta contra esa evocación ; dehe r,echazar con cierta indignación un procedimiento que ex-pone a ta1es peligros r,eal,es, sobre todo . no estando probada ni mucho menos la nieoesidad de esa exploración profunda, y sin límites, exigida por ,el psicoanálisis de FREUD. A.ñwase a esto, el riesgo moral que tanto el paciente como el psicoanalista corren con el procedimiento clave del psicoia...,álisis llamado «transfer.erz

-cia ». El método analítico no puede ·emp~earse con eficacia sin la plena confianza del ·enformo con su médico; sólo dentro de este ambiente pueden desapareoer todas las r,esistcncias de aquél para la plena ,evocación de los complejos. Cuando esos complejos se b.;san en vivencias sexuales, su reviviscencia patética y no mera-mente histórica, sino en cierto modo reactuada y sentida de nue-vo, ha de cambiar de objeto, aunque 3,ea transitoriamente; los afectos primitivos se transfier,en a la persona m;sma del médico para desencadenarlos del término primitivo y entonces ¿ quién no vie que la int,egridad del médico ha de ser invencible a toda prueba, lo cual no siempre s-erá fácil;, y que en d paci,ente puede nacer un nuevo conflicto afectivo-..,iexual con consecuencias mora-le,; con ,el mismo médico ? Conocemos casos ,en que esto segundo

ha

3uoedido y 1es prievisible que oueda suceder ,en otras ocasiones.

Si pasamos de la .mat,eria sieiual al campo del secreto y ,de su

obligatoriedad moral de guardar:o, a,egún los principios de la ética natural va se ve que también ,esta pbligación pueda descui-dars,e 1en la práctica del psicoanálisis. Puede darse ,el caso que el

paóent,e fuie.:e un sacerdote, y aun alguna otra persona, deposita-rios de un secreto sacramental de confesión y que un conflicto

psíquico r,e}acionado con él haya dado origen a una neurosis. Ya se ve que tanto en ,este caso como en cualqu:i,er otro .. el sigilo de confesión es absolutamente inviolable y el analista debería en absoluto abstenerse de toda interv,ención que pudiera comprome-ter esa inviolabilidad. Algo parecido, podría ocurrir en otros casos respecto del s.ecreto prof.esio1uzl y del ,estrictamente confidencial,

cuya obligatoriedad, además die la que pudiera tener como secreto natural, nace de un V1erdadero contrato o cuasicontrato. ¿ Quién

dirá seriamente que la obligación de estricta justicia, vinculada a la guarda de este s,ecreto, no s,e extiende al caso ,en que ,el suj·eto obligado se someta al psicoanálisis ? Y eso tiiene aún mayor fuerza teniiendo en cuenta que el método psicoa:nalítico no es

neceso.rio para la curadón. Finalment<e en cualqui,er otro caso en

que intervenga la obligación de un s,ecreto merament,e natural, de cuya revelación al médico pueda seguirse un perjuicio notable a

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•180 ALFRED'.) MONDRÍA, S. J. [30]

ternera persona, es claro que tampoco s.ería lícito obtener esa, ~evelación por ,el prooedimiento psicoanalítico, máxime atendido

que ,el buen fin del psicoanálisis puede obtenerse por otros

proce-dimientos que no comprometan iel secreto. Tenemos, pues, que ,en

lo.; tres casos de secreto sacramental, profosional o confidencial, y,

natural, deb,e ,el psicoanálisis 11espetar los derechos morales del S1ecreto. Más aún, el médico debe respetar cualquier s,ec:rieto del

cli{'núe y 1no puiede penetrar en él sin su consentimiento. Y .nótese

que no bastaría decir que por el mero hecho de confiarse ,el

dien-te al analista ya Le dá implícitament,e su consentimiento, pues ,eso

sólo será v;erdad cuando él sepa bkn que el tratamiento tiene esúe :riesultado de evocar 1os secretos íntimos del alma, lo cual no siempre suoederá. Nada digamos, si ,en vez del psicoanálisis,

se aplica, para mayor rapidez, el narco.análisis, como se hace

J?U-·. chas veces, durant1e el cual, atenuados los resortes de control libre

,del «YO», más fácilmentJe puede haber una coacción o

s,emicoac-. ción respecto de 1a manifestación de un secr,eto. Todo esto

ma-nifiesta lo delicado del probLema y con cuánta facilidad los valo-r,es moraLes pueden preterirse o violarse. Y no se diga para justificar esas pr,et,ericiornes, que graves autores admiten como

lícita la comunicación de un secrieto, aun prof,esional, .a tin varón

prudente y t1enaz en guardar los secretos ; ni que confiar :un

'$e-oeto al médico, obligado él mi:,mo al secreto profesional,

equi-valdría a tno .sacarlo de la esfiera propia del secreto. El Papa :en d

discurso citado, sabiendo que ese principio de los moralistas es vterdadero 1en la forma que ,ellos lo· defienden, llamaba la at,ención wb11e la prudencia y cautie1a con que debe haoerse uso del mismo. Esa comunicación sólo la permiten los autor,es cuando exist,e µna

,especiie de necesidad o grandísima con\neniencia en comunicar d

sec:rieto, dre modo que sin la comunicación no pueda lograrse :el

bien deseado. Lo cual raras \neoes se dará, supuesto que, como

hiémos dicho, el psicoanálisis no es método neces,ario para la

cu-ración.

Omitiendo otros problemas morales que podrían plantears•e,

pas1emos finalmente, a aquellos en que ,el psicoanálisis m.vade el

campo del psiquismo humano trascendentoJ ,en sus r,eLaciO'nes

ínti-mas y di11ectas con Dios. Sin apartarnos del pensamiento del Papa en el tantas veces citado discurso, hemos de reforirnos ,espe-cialment1e a tnes puntos de ,est,e psiquismo trascendente: al de su exist1encia .misma ,en 1el sentido de ·un dinamismo inconsciente y su significado; al sentimiento de culpabilidad; y al del pecado material.

Y en primer término habliemos dre La ,existencia y significado

'de ese dinamismo inconscbente ht;1,.cia Dios. «La iirrnestigación

científica -dice el Papa refiriéndo.3,e en ,estJo a JUNG y sus

secua,-·ces- atrae la atJención hacia un dinamismo que, radicado en las

·profundidades drel psiquismo, empujaría al hombre hacia ,el

infi-EL PSICOANÁLISIS DE FREUD y LOS PROBLEMAS MORALES

n~to,. 9ue lo supera, no_ haciéndoselo conooer sino por una gra-vitac10n ascendente denvada directamente del sustrato ontológico (1es decir, de la esencia íntima del ser). Se ve ·en ese dinamismo una foerza indrependi,ent,e, la más fundamental y la más ,elemental

d:~l~ alma, ur_i jmpulso af,~ctivo que con?uoe inmediatamente a lo

divmo, lo mismo qu~ la Lor que ,espontarneamente se abre a la luz

d'.el sol, o como el mño, que respira inconscientemente apenas

na-cido». Lét naturaleza y características de est,e sentimiento

rdi-gioso ,está todavía ,en ,estudio y necesita aún de más precisión.

Pero ,el hec~o se ~a ya por seguro. El Papa_ invita a los

psicólo-gos a ,estudios mas profundos sobr,e ,este dmamismo seguro de

que la doctrina católica nada ha de temer de él. Más bien saldría berneficiada 1en el sentido de que, demostrada científicamente su

,existencia como cierta y universal, contaríamos por lo mismo con

un nuevo argumento dentífico demostrativo de la exist,encia de Dios como término de la felicidad del homb11e al que éste tendería esencialmente; tendríamos ,entonces una nueva prueba, como dice el Papa, para demostrar que el hombre es es,encialmente no sólo «e.ns ab ,alio », como lo demuestra su contingencia; sino también «iens ,ad aUum »; tendríamos científicamente demostrada la

ver-dad de aquel dicho del gran p ,icóiogo S. AGUSTIN, puesto en

la

portada die sus famosas C.onfesion,es: « Y con todo quiere alabarte

el hombr,e, partícula de tu creación. Tú l,e muev,es, haóendo que

le ddeiúe el alabart,e, porque nos creaste para Ti y nuestro

c.or.a-zón está inq.ui,eto mi,entras no d1scanse en Ti».

P1ero respecto de ,este sentimiento religioso debre evitarse un

erro1 de int1erpr1etación, error ,en el que oae JUNG y sus discípulos.

Era ya de pr,ev;er quie la int,erpretación dada por la p ,icología

mat,eriafüta, sería muy distinta de la de los psicólogos ,espiritua,..

listas; que ~ería esiencialmente diverso ,el significado que le diese

el psicólogo que 1en lo religioso antla como a tientas y sin .te:ner

c!ar,é,. idea die la religión; y la que l,e atribuy1esre ,el que se apoya

en la vida rieligiosa sob:rie una bas,e sólida y dogmática. Y eso

es lo que ten realidad ha suoedido. Los primeros en efecto reducen

la 11eligión a ese sentimiento cieg,o y vago. Sería, _según ,ellos, la

objetivación dre lo merament,e subj,etivo, es decir, de lo que ese

dinamismo 1exige y enea para su satisfacción. La insatisfacción ·r:eal de la vida buscaría una satisfacción soñada, sentimental,

compensadora.

Sin embargo, 1a realidad 1es muy 'otra; la religión no es

cr·ea-ción nuestra u obj1etivacr·ea-ción de un Dios i1rnexistente, sino que

Dios, existente antJes que nosotros y Creador nuestro, es quien nos impone la :rieligión, como algo esencial nuestro, como algo

I1Jeoesario para nuestro biien y f,elicidad. «Si se declara que ese

dinamismo se rencuentra en el origen de todas las religiones, y

que él significa el elemento común a todas ellas. sabemos, por

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182 ALFREDO MONDRÍA, S, J.

sino por una revelación de fuera a dentro), sabemos que las J.1eli-gione.s y tel conocimi•ento natural y sobr,{;natur.al de D:io,s y de su culto, no proceden del inconsciente o del subconscieint·e, ni de ur. impulso afectivo, sino del conocimiento claro y cierto d,e Dios por medio de su rev.elación n,1iu11al y positiva. «Esta es la _doc-trina dogmática de la Ig1esia, tal como s,e nos revela en el libro de la Sabiduría y en la Carta de San Pablo a los Romanos y como se declara y define en el Conciiio Vaticano y ,en ¡la famosa encíclica «Pascendi dominici greg:s », en que S. PIO X condenó el llamado Modernismo teológico inmarnentista.

Trasoendent,e es también cuanto se refie11e a la noción y ¡n¡atu-ra1eza del pecado y de La culpa mor.al. Los freudianos, y 1en gene-ral todos los psicoanajstas, nos hablan con frecue!lcia del

se.nti-mle.nto die culp:i. Para FREUD ,ese sentimiento arranca de la afoc-tividad infantil y conCJ1etamente del famoso «complejo de¡ Edipo )) ; ,el s,entimi,ento de culpa s·e insta,aría en el inconsciieinte infantil como una consecuencia del parricidio afectivo cometido con ,el padre y el incesto perpetrado con la madre. Y ese s•enti-mi,ento sería la causa de un estado afectivo angustioso perturba-dor del psiquismo normal.

Es ciierto que los psicote:·:ip,eutas s,e encuentran en su despa-cho, con harta frecuencia, enformo~; afectados de ese s•2ntimie11to de culpabilidad, el cual a veoe:, puede llegar a ser torturador del alma. Pero eso no Les da der,echo para considerar todo , senti-miento de culpa como morbóso y como un estado afectivo irra-cional. Por ,eso lo primero qUJe hay que evitar aquí es la confusió¡:n tan foecuent1e •en la litie·ra.ura p.,icoanaiÍtica, entre d llamado «sentimiento d:e culpabild.ad )) y ,el «pecado l> propiament·c dicho. Podrá dame un sentimi1et1to de culpabilidad irracional y patoló-gico, sin fundamento sólido, sin que se dé el pecado real. Pero no si,empne es así. Y el anialista que tratase sin distinción a sus enfiermos, come~ería un grave y fuL1esto error.

El sentimiento de culpabUdad fr,eudiano naoe de la infrac-ción de las oensuras iL1consóentes del «Super-yo» por parte de las tendencias también inconscientes él,el « Ello >l. De ahí naoe nn malestar, una angustia, una ins,eguridad, qu,e aunque jg1110-rando su origen, 1el individuo lo tom.a como una falta real o imaginaria. E:; una reacción afectiva y sólo tiene apaóencias de un juicio de valor. En cambio, el sentimiento de «culpa moral» supone violación consdente del deber, rebelión contra la ma-jestad divina, contra el Creador. Es un juicio de valor; y t enten-dido en s,entido cristiano es «pecado l> que rompe la amistad con Dios y nos hace pecadores, necesitados de redenciótt.

El Papa reconoce como un hecho no raro, la existencia de un sentimiento de culpabilidad irracional, y hasta patológico. P.ero también puede darse una conciencia de cülpa real que no ha sido borrada. Ni la psicología, ni la ética pos·een un criterio infalible

EL PSICOÁNÁLISIS DE FREUD y LOS PROBLEMAS MORALES

para diso~r_nirlas,. porque el proceso de conciencia que eng,endra la culpabuidad tiene una estructura demasiado personal y de-~él;sia.do delicada. Pero en todo caso es bien seguro que la culpa-bilidad real no se curará por ningún prooedimiento puramente psic?lógico. _Aunque iel psicoterapweta la n1egue, tal vez de buena fe, 1ella persiste. Aunque el s·entimiento de culpabilidad sea a}e-jado por intervención médica, por autosugiestión o por persuasión. de otro, la falt:3- que<l,a y la psicoterapia se engañaría y engañaría a lo~ demás s1, para borrar el sentimiento de culpabilidad, pr.e-t1end1:era que la falta no existe ya. Porque «el medio de ,eliminar la falta no depende d~ algo puramente psicológico; consiste> como todo ·Cristiano .lo sabe, en la contrición perfecta ,y la . abso-lución sacramental del saoerdote. Aquí la fuente del mal, la falta

misma es 1a que se extirpa, aunque el remordimi,enio tal vez

.continúe atormienltJ.náo ». Por eso el psiquiatra ,en semejant,es casos debieria remitir el cHent,e a Dios y al saoerdote que üene poder para perdonar el pecado en nombr,e de Dios.

. Puede ~arse el caso de que ,el psiquiatra advierta que su

.c1~ente realiza actos que son objetivament>e prohibidos y graves moralment1e, pero que los realice de buena fe, es decir, con , cons-ciencia subjetiva de que son buenos o por lo menos :no malos ,ni

grav1es. Entonces nos hallamos ante 1el hecho de u:n pecado ma-terial, pero que no constituy,e verdadero pecádo formal ante Dios. De ahí que el médico pudiera sentirse inclinado, si las co¡n-venencias de la p~icotierapia. lo piden, a aprobar positivamenúe esos actos, como s1 fuesen buenos, y aun tal v•ez a aconsejarlos> cr,eyéndos1e autorizado a ello por la ausencia de pecado formal en iel chent,e.

Tal conducta sin ,embargo sería reprobable moralmente YI en maniera alguna s1ería lícito s·eguirla, como se desprende de .la

natural!eza de las mismas cosas. «El respeto a D~ots y a su 1. san-tidad dehe reflejarse siempre ,en los actos conscientes del hom-bre», como dioe hermosamente el Papa. Ahora bien, «cuando esto~ actos sie apartan del modelo divino, aun sin culpa subjetiva del mte11esado, ellos, sin ,embargo, están en contradicción con su último fin. He aquí por qué aquello que se llama «pecado

mate-rial>) es una cosa que no deb:e existir y constituye, por lo mismo, en 1~l orde?, moral, una rea.lid_ad que no deja de tener impor-tancia. l>. Dios, aunque no sancionará aquella falta, por no haber culpabilidad subjetiva; pero no puede aprobar ni tener por bueno objetivamente aquello que ·El prohibie y es discorífonne con ·él recto orden, con el modelo divino.

El 1enten<limiento del hombre no es infalible en sas. juicios, ni por lo tan.to, lo es 1a conciencia en sus dictámenes prácticos. De ahí que es imposible que al hombre le exija Dios s~empre> que el acto ,ob¡.etivamente sea conforme con 1a

Ley

moral, pues eso el hombre no lo podría realizar y nadie está obligado a un

(10)

ALFREDO MONDRÍA, S. J. [34J

. imposible. Por ,esta razón, Dios lo quie por encima de esta obje-tividad moral le exije siempr,e y en forma primaria y preva.Lente es, su necta voluntad i.ntenza, su recta intención, su buena f,e,'.

y en este sentido dioe S. PABLO que, «todo lo que se ,hace sin . esta buiena fie, ,es pecado ». Pero de ahí no se puede inferir que· esto basta al hombJ.1e de saJJ¡o; que Dios es indifer,enle a la con-. formidad o discrepancia del acto mismo oon la ley moral. Dios

exije también que el mismo acto en sí sea bueno moralment,e; la

ley moral se refi,ei,e al mismo acto,

no

solo a la intención· del

agientie. Por eso el hombr,e tiene obligación de conocer esa )ey moral objetiva; por eso el homb11e puede pecar descuidando ese conocimiento. Dios no m'ira so1amente a la conciencia del hom-bre, _sino también a sus actos y al orden recto ob¡,etivo.

Por eso decía el Papa que el pecado material es una cosa que no debe ,existir y constituyie en el orden moral una realidad que :no deja de teruer importancia. Por eso la psicoterapia ante d pe-cado material «no pu,ed,e permanecer neutral». Puede «tal.eran)

lo que die momento ,es inevitab1e. Pero debe saber que D:i,os no

puede justificar esta ,acción». Lo que Dios prohibe al hombre es cosa .mata; luego el hombrie, aunque accidentalmente la pueda tener ,erróillleamente por buena de buena fie, este ,error del hom-bre no lo puede tener Dios, aunque, sí, acepta su buena voluntad.

Pero todavía menos puede el psiquiatra aconse¡ar

tranquila-ment,e al enfermo que oometa el pecado material; s·ería un con-sejo erróneo e inmoral, aun en el caso en que se estimase ,la ac.dón nieoesaria para ,el i,eposo psíquico del enformo, y conv,e-nient,e para la cura.

Antes de acabar vamos a contestar a un:a pregunta : ¿ Es po-sible un psicoanálisis católico? Paréoenos ,evidentemente que sí. El Papa 1en todo su discurso no tiene la menor insinuación que autorioe a pensar 1o contrario; más bien supone constantemente esa posibilidad y sus exhortaciones van dirigidas a purificar el psicoanálisis de toda mancha moral y de todo peligro de ella .. En efecto, cuanto el psicoanálisis ti,ene de hechos y v.erdades com-probadas, la Iglesia lo admite de muy buen grado. Una verdad

no puede contradecir a otra V1erdad. Dé.;:;e a los hechos su

.ver-dadera int,erp:tietación, o provi.;:;ionalment1e al menos, una

Ín1'er-pretación quie rno esté en contradicción con otras V1erdades avieri-gulad:a:; y ciertas; estúd~ese ,esmeradamente la psioología del hom-bre normal sin aplicarle al homb11e sano lo anormal del enfermo; eXJamilllense los hechos con entera obietividad y rigor de:ntifico

y no con prejuicios materialistas; dense por bi,en asentadas las

verdades fundamenta~es de la fo y die 1:a razón refe:tien1'es al alma y al libre albedrío inuerp11etando los hechos en consonancia con estas verdades ; póngase en luga.r de la :tiepresión freud½i,na, la represión enseñada por J,esucristo y S. PABLO llena de ideal y;

de amor, que siea, a la vez que represión de los 'instintos

.,peca-35] EL PSICOANÁLISIS DE FREUD Y LOS PROBLEMAS MORALES

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minosos, sublimación y elievaci6n. del mÍISmo a la es:6era superior;! ~ ~e ver,á. ,entonces c?mo ,~s. 1;>os1ble y muy posib1e un psicoaaiá-hs1s catohco y un ps1coanahsis del que cabría esperar excelentes ~sultados para la conducta del hombre. Si hasta ahora no lo ha s1do, ,es p~rgue iel pad11e d~ 1~ criatura ]o inficionó con ese como pecado ongmal del mat,enahsmo y ateísmo de d t · ·

· 1· · , d , . , e erm1msmo e

ure 1g10n; e s,exuaüdad y _otr~s maiies consentidos. Pero esas taras no pertenecen a 1a ciencia ob¡,etiva, sino al sujetivismo ~alsano de los auto:ties. El psicoanálisis, como tal, es de suyo in-· d1fo11e;1ue ; será de hecho ~o que . sea el técnico que lo maneje;. va~d~a 1o que valga el psicoanalista ; y en orden a lo moral

,yi

rehg1_oso, tendrá de hecho_ el valor que le dé quien lo maneja. En oerto mod<? pued,~ diecu~e que no hay un psicoanálisis bueno

Y:

9tro ~alo, smo psicoanalistas buenos y malos, tanto en

sen-t1~0 técn~c? como en sentido moral. Bi,en podemos comparar el psicoanálisis a un v:iolín; si ha y artista gue sepa infundirte el alma VJerdadera Y, arranca~},~ las notas más elevadas del espíritu

hurr.~~· se t,~ndra una mus1ca restauradora de la verdadera paz y equihbra~ora _de las energías anímicas; de él nacerá la ver-d8JdJera s1;1bl1mac1ón del ,espíritu. Pero si el artista falla en la in-t,~rpr,etac1ón ~e lo_s hiec~os, si sólo adende a los instintos

infe-no11es. de la bestia 01eJándo1es 'dominar sin percatarse de los S\Up~no:ries del ángd, entonces de ese violín saldrán notas de sen-~alldad y perturbación, y 1~n VJez de llevar la paz al alma será

?ªusa de mayo11es perturbaoones; en vez de curar neurosis será líllStrumento eficaz para crearlas y mayo:ries todavía.

ALFREDO MONDRIA, S.

J.

Prof. en la Facultad de Teología (Colegio Máximo d,e S. Feo. de Bor;a).

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