Pérez Gianguzzo. Cuaderno La entrevista psicoanalítica

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Texto completo

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UNIVERSIDAD NACIONAL DE ROSARIO

FACULTAD DE PSICOLOGÍA

CÁTEDRA

LINGÜÍSTICA y DISCURSIVIDAD SOCIAL

Serie: Estudios del Lenguaje

Cuaderno: La entrevista psicoanalítica.

Subjetividad e interlocución - 2014

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1 La entrevista psicoanalítica. Subjetividad e interlocución

Carla Pérez Gianguzzo

…en presencia de un psicoanalista, estas personas hablarán, en un principio, de la misma forma en que le hablarían a cualquiera. Sin embargo, la forma de escuchar de aquel, una “escucha” en el sentido pleno del término, logra por sí sola que su discurso se modifique y asuma un nuevo sentido a sus propios oídos. El psicoanalista no da la razón ni la niega; sin juzgar, escucha. Las palabras que los pacientes utilizan son sus palabras habituales; sin embargo, la manera de escuchar encierra un llamado a la verdad que los compele a profundizar su propia actitud fundamental frente al paso que están dando y que muestra ser completamente diferente a todo contacto con psicólogos, educadores o médicos.

Françoise Dolto

Introducción

El objetivo del presente cuaderno es introducir al estudiante de la asignatura

Lingüística y Discursividad social (Facultad de Psicología, UNR) a una serie de conceptualizaciones acerca de la entrevista psicoanalítica, abordadas en el marco de la Teoría de la Enunciación, de Émile Benveniste.1

Para comenzar, es necesario situar al psicoanálisis como una disciplina fundada por Sigmund Freud, cuyos comienzos pueden marcarse en el año 1900. Freud, médico neurólogo austríaco, (en sus inicios junto a Josef Breuer) comienza a construir el edificio teórico del psicoanálisis al encontrarse con enfermas histéricas, a quienes la medicina no conseguía curar (en tanto si bien en ellas algunos órganos se encontraban afectados, no se observaba una etiología orgánica de la enfermedad, y por ende los tratamientos médicos no producían efectos). Freud, a partir de un amplio trabajo con histéricas, descubre que sus síntomas desaparecían cuando éstas lograban contar recuerdos y revivir determinadas escenas de su historia. Así nace el psicoanálisis, a la vez método de investigación y de tratamiento de la neurosis y de los procesos anímicos inconcientes.2

Conforme a la teoría psicoanalítica, la neurosis (la histeria es un tipo particular de neurosis) es explicada como “una afección psicógena cuyos síntomas son la

1

Benveniste, E. (2004) Problemas de lingüística general, Volumen I y II [1954]. Buenos Aires: Siglo XXI.

2

En este cuaderno utilizaremos los términos conciente e inconciente, en lugar de consciente e

inconsciente, siguiendo los criterios de escritura y traducción propuestos por la editorial Amorrortu,

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2 expresión simbólica de un conflicto psíquico”.3

Freud sostiene que ésta se produce a partir de la represión, que funciona como un poder censurador excluyendo del devenir conciente a las aspiraciones que resultan desagradables. Así, estas mociones pulsionales reprimidas permanecen inconcientes; sin embargo, siguen teniendo efectos sobre la vida del sujeto formando, a través de rodeos al modo de condensaciones y desplazamientos,4 síntomas neuróticos. Ahora bien, Freud crea un método para desmontar estos síntomas: hacer conciente lo inconciente, lo cual se consigue a medida que el paciente logra relatar la historia de sus síntomas, y así, con las intervenciones del analista, se encuentran las asociaciones que han permitido su formación. De este modo el psicoanálisis, a diferencia de la psicología, no se limita a hacer desaparecer transitoriamente los síntomas, sino que opera en el orden de la causa de los mismos, de la causa de la neurosis.

Así, en el curso de sus investigaciones, Freud construye un modo de tratamiento de la neurosis a través de la palabra, en tanto logra la cura a partir de intervenciones (verbales, lingüísticas) que realiza sobre aquello que sus pacientes dicen. El creador del psicoanálisis explica que a través de lo que se dice, a través de la palabra, el inconciente puede ser reconocido. De hecho, en 1881, una de sus pacientes --a laque llamó Ana O-- denominó a aquello que años después Freud llamó psicoanálisis, “cura por la palabra” (talking cure).5 Para que un análisis funcione, lo que un analista le pide a su paciente es simplemente que hable. Tal como refiere Benveniste en “Observaciones sobre la función del lenguaje en el descubrimiento freudiano”,

el psicoanálisis parece distinguirse de toda otra disciplina. Principalmente en esto: el analista opera sobre lo que el sujeto le dice. Lo considera en los discursos de éste, lo examina en su comportamiento locutorio, “fabulador”, y a través de estos discursos se configura lentamente para él otro discurso que le tocará explicitar, el del complejo sepultado en el inconsciente. De sacar a la luz tal complejo depende el éxito de la cura, lo cual atestigua a su vez que

3

Laplanche, J., Pontalis, J. (1996) Diccionario de Psicoanálisis [1967]. México: Paidós, p. 236.

4

Freud conceptualiza la condensación y el desplazamiento como los modos de funcionamiento del inconciente. El desplazamiento consiste en el desprendimiento de la intensidad de una representación, para pasar a otras representaciones originalmente poco intensas, ligadas a la primera por una cadena asociativa. Por su parte, la condensación se produce cuando una representación única logra representar por sí sola varias cadenas asociativas, es decir, cuando en una representación (que accede a la conciencia) se reúnen varios elementos de contenidos inconcientes. Estos procesos son registrables en las formaciones del inconciente: sueños, chistes, olvidos, lapsus, síntomas. (Laplanche, J., Pontalis, J. (1996) Diccionario

de Psicoanálisis [1967]. México: Paidós)

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la inducción era correcta. Así del paciente al analista y del analista al paciente, el proceso entero es operado por mediación del lenguaje.6

Ahora bien, a los fines de este cuaderno, es preciso señalar que la noción de

entrevista se encuentra en los desarrollos de Freud cuando teoriza acerca de los encuentros entre analista y paciente, previos a la iniciación del tratamiento. En “Sobre la iniciación del tratamiento”,7

el autor plantea que antes de comenzar un tratamiento es necesario un período de prueba, en el que el analista determina, a partir de una serie de entrevistas con el consultante, si éste va a devenir en su paciente y si se dará curso a una terapia psicoanalítica con él o no.

Tal como mencionamos anteriormente, estas entrevistas poseen características particulares y se constituyen sobre determinadas reglas. Expondremos, entonces, en el siguiente apartado algunas de dichas características. Seguidamente, expondremos los conceptos centrales necesarios de la teoría de la enunciación para, finalmente, llevar a cabo un abordaje de la entrevista psicoanalítica centrado en la subjetividad y la interlocución.

Una caracterización de la entrevista psicoanalítica

Freud sostiene que dada la gran diversidad de las disposiciones psíquicas con las que los analistas se encuentran, la variabilidad de los procesos anímicos y la enorme cantidad de factores intervinientes, no es posible llevar a cabo una mecanización de la técnica8 del psicoanálisis. Sin embargo, hay ciertas regulaciones que hacen a la especificidad del trabajo de un analista. Una de ellas es la que propone tomarse un tiempo provisional con cada paciente en forma de entrevistas preliminares a un tratamiento, para adquirir cierto conocimiento del caso, decidir si es apto para un psicoanálisis, y si el analista está en disponibilidad para tomar a ese paciente en tratamiento o no. En este sentido, el análisis a comenzar se constituirá como un contrato entre paciente y analista, que reside en las decisiones de ambos de llevar a cabo y continuar la situación analítica.

Ricardo Horacio Etchegoyen (psicoanalista argentino), en su texto Los fundamentos de la técnica psicoanalítica, teoriza la entrevista psicoanalítica y plantea

6

Benveniste, E. (2004). Observaciones sobre la función del lenguaje en el descubrimiento freudiano [1968] en Problemas de Lingüística General I. Buenos Aires: Siglo XXI, pp. 75, 76.

7

Freud, S. (2004) Sobre la iniciación del tratamiento (Nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis, I) [1913] en Sigmund Freud Obras completas, Vol. XII (Trad. J. L. Etcheverry) Buenos Aires: Amorrortu.

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4 que ésta se sostiene sobre una norma básica: facilitar al entrevistado la libre expresión de sus procesos psíquicos, lo que no se logra a partir de una serie esquemática de preguntas y respuestas, ni de un interrogatorio. Por ello, la entrevista psicoanalítica no sigue un esquema estipulado ni un programa determinado. A esto también se refiere Freud cuando escribe:

No interesa para nada con qué material se empiece –la biografía, el historial clínico o los recuerdos de infancia del paciente–, con tal que se deje al paciente mismo hacer su relato y escoger el punto de partida. Uno le dice, pues: “Antes que yo pueda decirle algo, es preciso que haya averiguado mucho sobre usted; cuénteme, por favor, lo que sepa de usted mismo”.9

Así, la regla analítica fundamental es la asociación libre: ésta consiste en que el analizado debe comunicar todo lo que se le ocurra, sin rechazo de nada ni objeciones críticas. El analista entonces debe familiarizar al paciente con esta regla, diciéndole que a lo largo de su relato, en lugar de desestimar cualquier ocurrencia que acuda sin tener (en apariencia) ninguna relación con lo que está diciendo, la comunique. Se trata, entonces, de que diga toda idea o pensamiento que sobrevenga a su conciencia. Esta es la regla que rige para el analizante.

Del lado del analista vale una regla complementaria: deberá prestar a todo lo que escucha la misma atención parejamente flotante. Así lo plantea Freud:

Como se ve, el precepto de fijarse en todo por igual es el correspondiente necesario de lo que se exige al analizado, a saber: que refiera todo cuanto se le ocurra, sin crítica ni selección previas. Si el médico se comporta de otro modo, aniquila en buena parte la ganancia que brinda la obediencia del paciente a esta “regla fundamental del psicoanálisis”. La regla para el médico se puede formular así: “Uno debe alejar cualquier injerencia conciente sobre su capacidad de fijarse, y abandonarse por entero a sus ‘memorias inconcientes’”; o, expresado esto en términos puramente técnicos: “Uno debe escuchar y no hacer caso de si se fija en algo”.10

Freud justifica esta técnica señalando que apenas el analista presta atención a un aspecto particular del discurso del paciente empieza a escoger el material, obedeciendo así a sus propias inclinaciones, lo que falseará la percepción de lo que aquel dice. Indica entonces que debe exigirse de parte del analista una frialdad de sentimiento y una no censura propia ante lo que el enfermo le dice. Esto es lo que permitirá el discernimiento de lo inconciente escondido. Referimos ya que Freud plantea que el analista debe escuchar desde su inconciente: ello implica que para poder escuchar e interpretar, el analista debe

9

Idem, p. 135.

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Freud, S. (2004) Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico [1912] en Sigmund Freud

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5 despejarse de sus prejuicios, creencias, intereses, gustos, censuras y pensamientos propios, que forman parte de su conciencia. Porque analizar no es educar, ni guiar ni dar consejos. De esta manera, respecto del analista formula: “debe volver hacia el inconciente emisor del enfermo su propio inconciente como órgano receptor, acomodarse al analizado como el auricular del teléfono se acomoda al micrófono”.11

Para poder llevar esto a cabo, y que el análisis no se contamine de influjos sugestivos ni de ambiciones pedagógicas, el analista debe –además de formarse en psicoanálisis– analizarse y supervisar.

En un psicoanálisis entonces, a diferencia de otras terapias psicológicas, la propia individualidad del analista debe quedar por fuera. A esto Freud se refiere con

abstinencia y neutralidad del analista. Se trata de que el analista no sea transparente para el analizado sino que solo muestre, al modo de un espejo, lo que le es mostrado.

En este punto resulta significativo abordar la entrevista psicoanalítica a la luz de los conceptos teóricos de E. Benveniste. Pero antes debemos exponer algunos de ellos.

Algunos conceptos centrales de la teoría de la enunciación

La teoría de la enunciación (Benveniste, 1954) sostiene que el lenguaje, propio de la naturaleza del hombre, es lo que le permite constituirse como sujeto. Así, plantea: “Es en y por el lenguaje como el hombre se constituye como sujeto; porque el solo lenguaje funda en realidad, en su realidad que es la del ser, el concepto de ´ego´”.12

Siguiendo a Benveniste, la lengua es solo posibilidad de lengua hasta que el hombre se apropia de ella y habla. Ese acto de apropiación y de puesta en funcionamiento de la lengua por un acto individual de utilización es la enunciación. Así, después de la enunciación, es decir de ese acto en el que adviene el sujeto, designándose como yo, la lengua se efectúa en una instancia de discurso. Asimismo, Benveniste plantea que toda enunciación implica necesariamente una interlocución, en tanto el locutor se apropia de la lengua designándose como yo e instala al mismo tiempo a un .

La conciencia de sí no es posible más que si se experimenta por contraste. No empleo yo sino dirigiéndome a alguien, que será en mi alocución un . Es esta condición de diálogo la que es constitutiva de la persona, pues implica en reciprocidad que me torne en la alocución de aquel que por su lado se designa por yo. (…) El lenguaje no es posible sino porque cada locutor se pone como sujeto

y remite a sí mismo como yo en su discurso. En virtud de ello, yo plantea otra

11

Idem, p. 115.

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persona, la que, exterior y todo a “mí”, se vuelve mi eco al que designo y que me dice .13

Esta relación dialógica entre el yo y tú tiene ciertas características: el yo y el tú no son simétricos, en tanto el yo engendra y trasciende al tú, son complementarios y reversibles. Para Benveniste, entonces, es en esta relación de definición mutua de las dos personas que constituyen la enunciación, donde radica el fundamento lingüístico de la subjetividad:

Como forma de discurso, la enunciación plantea dos “figuras” igualmente necesarias, fuente la una, la otra meta de la enunciación. Es la estructura del

diálogo. Dos figuras en posición de interlocutores son alternativamente protagonistas de la enunciación. Este marco es dado necesariamente con la definición de la enunciación.14

En relación a esto, Benveniste sostiene que una de las categorías fundamentales del discurso es la categoría de persona, la cual se constituye sobre la base de ciertas oposiciones. Así, se diferencian el yo (el que habla, primera persona), el (al que se dirige, segunda persona) y el él (el que está ausente de la esfera de la interlocución, tercera persona o no-persona). Ahora bien, yo y tú, es decir la primera y segunda persona, se oponen a la tercera como miembros de la correlación de personalidad, en tanto yo y tú poseen la marca de persona, mientras que él está privado de ella. Así, la tercera persona representa un invariante no-personal. Ahora bien, yo y se oponen como elementos de la correlación de subjetividad. Entonces yo es definido como la “persona subjetiva”, siendo el la “persona no-subjetiva”, oponiéndose estas dos “personas” a la “no-persona”, él.

En este marco, Benveniste plantea que la enunciación, como acto de apropiación de la lengua y de constitución de la subjetividad, es posible gracias a que la lengua ofrece un “aparato formal de la enunciación”. Dicho aparato está constituido por un conjunto de formas vacías, desprovistas de toda referencia material, que se vuelven “llenas” cuando un locutor las asume en la instancia discursiva. Es este aparato de formas vacías, conformado por pronombres personales, deícticos, índices de ostensión y formas temporales de los verbos, el que permite que un sujeto se constituya en la enunciación al apropiarse de la forma yo, y en el mismo acto se instaure un sistema de referencias interno con el eje yo/ahora/aquí:

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Idem, p. 181.

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Benveniste, E. El aparato formal de la enunciación [1970] en Problemas de Lingüística General II.

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Cuando el individuo se lo apropia, el lenguaje se convierte en instancias de discurso, caracterizadas por ese sistema de referencias internas cuya clave es yo, y que define el individuo por la construcción lingüística particular de que se sirve cuando se enuncia como locutor.15

Asimismo, esta deixis espacial y temporal, es decir la organización del tiempo y el espacio en el discurso a partir de un aquí (el lugar del yo) y ahora (el tiempo del yo, presente lingüístico), es lo que permitirá al sujeto, instaurado en el discurso a partir del yo, construir simbólicamente su realidad. Porque, según Benveniste, “hablar” es enunciar, y enunciar es simbolizar. Respecto de la simbolización, el autor plantea:

(…) el lenguaje representa la forma más alta de una facultad que es inherente la condición humana, la facultad de simbolizar.

Entendemos por esto, muy ampliamente, la facultad de representar lo real por un “signo” y de comprender el “signo” como representante de lo real; así, de establecer una relación de “significación” entre una cosa y algo otro.

(…)

La existencia de tal sistema de símbolos nos descubre uno de los datos esenciales, acaso el más profundo, de la condición humana: no hay relación natural, inmediata y directa entre el hombre y el mundo, un entre el hombre y el hombre. Hace falta un intermediario, este aparato simbólico, que ha hecho posibles el pensamiento y el lenguaje.16

En concordancia con esto, puede asumirse que el hombre accede al mundo sólo a través del lenguaje, de modo que sólo accede a representaciones (simbólicas) del mismo. Así, el lenguaje, orden de mediación entre el sujeto y el mundo, es donde éstos se representan, es decir, se vuelven a presentar.17

Siguiendo estos planteos, “hablar” implica la constitución de un sujeto, entidad de naturaleza lingüística que no puede distinguirse de la instancia discursiva, y a la vez la producción de una representación simbólica en la que el mundo queda configurado.

Un abordaje de la entrevista psicoanalítica conforme a la teoría de la enunciación

Planteadas algunas características de la entrevista psicoanalítica y presentados ciertos conceptos centrales de la teoría de la enunciación, analizaremos dos tópicos de esta teoría en el marco de la entrevista: la interlocución y la subjetividad.

Caracterizada la relación discursiva entre analista y analizante, o entre analizante y analista, ¿se trataría de una relación dialógica entre un yo y un tú, al modo en el que lo

15

Benveniste, E. La naturaleza de los pronombres [1956] en Problemas de Lingüística General I. Buenos Aires: Siglo XXI, p. 175.

16

Benveniste, E. Ojeada al desenvolvimiento de la lingüística [1963] en Problemas de Lingüística

General I. Buenos Aires: Siglo XXI, pp. 27, 31.

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8 teoriza Benveniste? Si bien se trata de dos seres humanos que hablan, podemos plantear que no habría instancia de diálogo en la entrevista psicoanalítica. Si lo hubiera ésta se trataría de dos yoes hablando, funcionando respectivamente como yo y tú, al modo de dos semejantes, en función de los distintos momentos en los que los que cada uno de los participantes tomara la palabra. Ahora bien, en la entrevista psicoanalítica, si bien participan dos individuos y se necesitan de estas dos piezas para que la misma funcione, hay un solo yo en juego: el del paciente. En la entrevista psicoanalítica se trata de que el yo del analista quede por fuera, suspendido, de modo tal que no obstaculice el proceso psicoanalítico. A esto nos referimos cuando anteriormente planteamos que el analista debe abstenerse y ser neutral en relación a involucrar en la entrevista con el analizado sus propias creencias, opiniones, prejuicios.

En relación a esto, Jaques Lacan plantea que la posición del analista supone una función, lo que implica un vaciamiento de sus características propias e individualidades.

Desde esta función, en el marco de las entrevistas psicoanalíticas, se trata de que el analista dirija la cura. Pero dirigir la cura no implica dirigir al paciente. Lacan se refiere a esta cuestión planteando la diferencia entre la palabra vacía y la palabra plena. Sostiene que la palabra vacía es la que se vehiculiza en una dimensión imaginaria, entre un yo y un otro que son semejantes y que sostienen una relación simétrica. El autor plantea que el analista cae en un error si se sitúa en la posición del otro semejante (otro con minúscula)18 a la hora de escuchar al analizante, en tanto de ese modo sólo favorecerá una dialéctica de palabra vacía, que implica una dimensión de la palabra en tanto engaño y que obstaculizará cualquier movimiento subjetivo por parte de éste. De lo que se trata en cambio, en el marco de una entrevista psicoanalítica, es de que quien ocupe la función de analista se ubique en una posición que implique una falta, un vacío (vacío de pensamientos, prejuicios, creencias y deseos propios), que motorice el proceso de análisis y logre así promover una dialéctica de palabra plena, que apunte a la verdad del sujeto. Porque es en la palabra plena donde el inconciente hace su aparición, y es a ese surgimiento hacia donde se dirige el psicoanálisis, en tanto es allí donde se encuentra la verdad del deseo del sujeto.

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9 En este sentido es que se plantea que la interlocución en la entrevista psicoanalítica no implica una relación dialógica entre un yo y un tú reversibles y complementarios, producido entre paciente y analista. Si lo implicara, es decir, si en ese intercambio discursivo se escuchara esa interlocución, se trataría entonces de una entrevista psicoterapéutica. En la psicoterapia, a diferencia del psicoanálisis, la entrevista implica una relación entre paciente y psicólogo de intercambio discursivo y subjetivo, en tanto el terapeuta interviene desde su conciencia, sin despojarse de sus prejuicios, ideales y opiniones. La interlocución aquí si se registra en su dimensión de diálogo entre un yo y un tú reversibles y complementarios.

Se propone entonces la lectura en la entrevista psicoanalítica de una dimensión de la interlocución sostenida entre el yo del paciente que habla y el tú al que se dirige, que si bien se presenta en la entrevista soportado por la figura del analista –gracias a los conceptos de repetición y transferencia19 propuestos por Freud– puede plantearse que se trata en realidad de una sustitución. Freud sostiene que el paciente transfiere sobre el analista mociones pulsionales y fantasmáticas, que provienen de su historia y de relaciones que éste ha establecido con personas significativas. Así, si bien el paciente se dirige al analista al momento de hablar, muchas veces se trata de otro tú al que se orienta con eso que dice y en el cómo lo dice. Es este nivel de interlocución el que debemos identificar a la hora de analizar enunciativamente una entrevista psicoanalítica, es decir, poder determinar a qué tú se dirige el yo del paciente en los distintos momentos en los que habla, aunque en efecto parezca hablarle al analista.

Así, en la entrevista se escuchan múltiples interlocuciones, mas no como relaciones dialógicas complementarias, en tanto el psicoanalista no se ubica como tú reversible al yo, sino que –posicionado en su función de analista– se despoja de su yo,

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Respecto de la transferencia, Freud aclara: “Todo ser humano, por efecto conjunto de sus disposiciones innatas y de los influjos que recibe de infancia, adquiere una especificidad determinada para el ejercicio de su vida amorosa, o sea, para las condiciones de amor que establecerá y las pulsiones que satisfará, así como para las metas que habrá de fijarse. Esto da por resultado, digamos así, un clisé (o también varios) que se repite –es reimpreso- de manera regular en la trayectoria de la vida (…). Es entonces del todo normal e inteligible que la investidura libidinal aprontada en la expectativa de alguien que está parcialmente insatisfecho se vuelva hacia el médico. De acuerdo con nuestras premisas, esa investidura se atendrá a modelos, se anudará a uno de los clisés preexistentes en la persona en cuestión o, como también podemos decirlo, insertará al médico en una de las <<series>> psíquicas que el paciente ha formado hasta ese momento”. Freud, S. (2004) Sobre la dinámica de la transferencia [1912] en Sigmund Freud Obras

completas, Vol. XII. (Trad. J. L. Etcheverry). Buenos Aires: Amorrortu, pp. 97,98.

Los desarrollos que lleva a cabo el psicoanálisis sobre la repetición y la transferencia son sumamente vastos, y el detenernos en ellos excedería el propósito de este cuaderno. Para ampliar, remitirse a Freud, S. (2004) Sobre la dinámica de la transferencia [1912], Recordar, repetir y reelaborar (Nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis, II) [1914], Puntualizaciones sobre el amor de transferencia Nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis, III) [1915 (1914)] en Sigmund Freud Obras completas, Vol.

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10 quedando en juego únicamente el del paciente. Circula entonces sólo el yo del analizante y los diferentes tú a los que éste se dirige, que si bien se proyectan sobre la figura del analista, no es del tú de éste de quien se trata en la entrevista psicoanalítica.

Nos detenemos ahora en el tópico de la subjetividad. Hicimos referencia más arriba a la concepción, sostenida por Benveniste, de sujeto que se constituye en y por el lenguaje, que se funda en la instancia discursiva misma. Ahora bien, es con esta entidad con la que trabaja un analista en una entrevista psicoanalítica, en relación a su escucha y a sus intervenciones. Aquello que interesa en un análisis, sobre lo que se opera, es sobre esas entidades discursivas que se construyen simbólicamente en ese encuadre, no sobre la realidad empírica del paciente. Lo que un analista escucha en una entrevista es, tal como ha planteado, cómo constituye el yo que está hablando en esa instancia de apropiación de la lengua, a qué tú se está dirigiendo, es decir, las distintas interlocuciones que se producen en esa instancia discursiva, cómo establece la no-persona, cómo organiza el tiempo y el espacio en esa construcción simbólica que hace del mundo, es decir, cómo nombra y simboliza su sí mismo, a los otros y a su realidad. Por supuesto, hay diferencias respecto de cómo la enunciación lingüística y el psicoanálisis conciben al sujeto, en tanto el psicoanálisis plantea la existencia de motivaciones inconcientes como base de constitución del sujeto, mientras que los desarrollos de Benveniste se sostienen sobre la base de la lógica de la lengua:

Todo el psicoanálisis se funda en una teoría del símbolo. Ahora, el lenguaje no es más que simbolismo. Pero las diferencias entre los dos simbolismos ilustran y resumen todas las que indicamos sucesivamente. Los análisis profundos que Freud hizo del simbolismo del inconsciente iluminan también las vías diferentes por las que se realiza el simbolismo del lenguaje. (…) Con respecto a este simbolismo que se realiza en signos infinitamente diversos, combinados en sistemas formales tan numerosos y distintos como lenguas hay, el simbolismo del inconsciente descubierto por Freud ofrece caracteres absolutamente específicos y diferentes. (…) a diferencia del signo lingüístico, estos significantes múltiples y este significado único están constantemente vinculados por una relación de “motivación”. Se observará finalmente que la “sintaxis” que encadena estos símbolos inconscientes no obedece a ninguna exigencia lógica, o más bien no conoce sino una sola dimensión, la de la sucesión que, como Freud vio, significa asimismo causalidad.20

Sin embargo, más allá de estas diferencias, comprender el concepto de subjetividad erigido por Benveniste es esencial a la hora de abordar el modo de constitución subjetiva que realiza en su discurso aquel que lleva a cabo una consulta a un psicoanalista.

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11 Citamos en este punto un segmento de una primera entrevista psicoanalítica llevada a cabo entre Luis Hornstein, un psicoanalista argentino que en el momento de la entrevista estaba trabajando en Venezuela, y un paciente al que, para los fines de publicación, denominó Marcelo:

Marcelo: Tengo mil problemas. Todos los problemas del mundo. Un día estoy bien, al otro día estoy mal. El doctor... me habló de usted el otro día. Él pensó que era depresivo. Yo he pasado por épocas depresivas, he visto otros doctores, tuve tratamientos con pastillas. Yo siento que no estoy bien. Tengo cien mil problemas. Soy un caso muy complicado.

Analista: ¿Por qué no empezamos por alguno de los cien mil problemas? Marcelo: (se ríe) hace un año y pico estuve mal. Siempre he sido depresivo por culpa de mis padres. La depresión es el problema principal. Yo estaba en tratamiento con un médico. Me dio Meleril. En una época se agravó mucho, tenía un pensamiento repetitivo, me dieron Tryptanol en dosis pequeñas. Mi mamá tomó Tryptanol toda su vida. Un día sentí que las pastillas no me hacían efecto y fui donde una psicopedagoga o algo así, una psicoanalista junguiana. Fue hasta diciembre que fui. Sentí que era algo muy superficial para todos mis traumas y mis confusiones. Todo eso. Para hablar con ella hablaba con cualquier amigo.

Tengo problemas existenciales en cuanto a todo: trabajo, situación, estudio, cuerpo, relaciones. Es todo problemático. Todo. (con profundo desánimo). Un día vi un programa de televisión… hicieron un diagnóstico de un maníaco-depresivo. Yo siento que soy un maníaco-depresivo. Un día feliz, todo perfecto; al día siguiente no me quiero mover, no quiero saber nada de Caracas ni del mundo. ¡Es todo tan complicado! No sé qué es la depresión. Mi mamá es muy proteccionista, soy único hijo, tengo 27 años. Mi mamá es muy traumatizada. Mi papá es el peor hombre del mundo. Algo así como el Complejo de Edipo. Con ella he pasado depresiones. Yo siento que ella me hace creer que yo tengo una depresión. Yo no sé si la tengo o no la tengo. Si yo hablo tres palabras ella siente que se le va la mitad de la vida.

No tengo amigos, nadie me quiere, no puedo vivir entre la gente, nadie me llama. No se me ocurre adonde ir. El otro día me pasó algo muy interesante. Salí con una muchacha y empecé a preocuparme si me dejaban entrar al lugar donde la llevé. Ahí empiezan los nervios. Yo sé que tengo que salir con una persona. No me puedo desligar de mi mamá. Yo trato de buscar los por qué.

Relaciones afectivas con mujeres no tengo. Hace un año que no tengo relaciones sexuales, me cuesta muchísimo. Tuve una novia con la que estuvimos juntos cuatro años y cuando terminé me dio la depresión. De allí que vino todo. ¡Se supone!

Analista: ¿Se supone? ¿Quién supone?

Marcelo: Pensé en mi mamá. Ella me dijo: ¡“Vamos al médico!” Exactamente hace un año. Yo me siento muy hebreo pero no creo en Dios. Mi mamá reza dos horas por día. A mi me parece absurdo. Ella se refugió en la religión. Mi papá no es nada religioso. Nunca ha tenido cinco palabras conmigo. Lo único que quiere es que yo sea el que él no pudo ser: Un hombre lleno de millones, con su fábrica. Cuando yo estaba con mi novia, ella no podía venir a mi casa. Toda la relación estaba distorsionada. Yo me voy a mudar. Por fin me mudé. Cuando me mudé tuve el rompimiento con mi novia a las dos semanas.21

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Hornstein, L. (comp.) (2004) Marcelo: del espejismo al proyecto, en Proyecto Terapéutico. De Piera

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12 Si abordamos este segmento de primera entrevista psicoanalítica desde la teoría de la enunciación, podemos vislumbrar varias cuestiones. Por un lado, el modo de constitución discursivo del yo: “Tengo cien mil problemas. Soy un caso muy

complicado”, “Yo siento que soy un maníaco-depresivo”. Expresiones que muestran un modo de construcción de su ego fundado en un caso. Él es un caso, y esto aparece fijado en su discurso. Por otro lado, puede advertirse cómo en su enunciado no aparece una distinción clara entre la primera y tercera persona, en este caso, la madre. Marcelo dice: “Con ella he pasado depresiones. Yo siento que ella me hace creer que yo tengo una depresión. Yo no sé si la tengo o no la tengo”. En un momento dice, refiriéndose al surgimiento de su depresión en función de la separación con su novia, “¡Se supone!”,

verbo impersonal (tercera persona gramatical). Ahí el analista interroga acerca de cuál es el sujeto de esa suposición. Por lo que interroga el analista es por quién está hablando ahí, si esto que el paciente dice tiene que ver con un pensamiento propio o no. Y nuevamente aparece la confusión entre el yo de Marcelo y su madre, en tanto él responde: “Pensé en mi mamá. Ella me dijo: ¡´Vamos al médico!´”.

Aquello que leemos en un nivel enunciativo, en tanto lo que leemos es cómo el locutor constituye su subjetividad en el lenguaje, nos permite hacer una lectura clínica- psicoanalítica del sujeto que consulta. En este caso puede inferirse, en función de las dificultades discursivas para hablar desde un yo diferenciado del él, que algo de lo que le acontece a este sujeto se relaciona con sus dificultades para separarse del otro, principalmente de su madre. Respecto de esto, Marcos Bernard, psicoanalista que participa de la publicación de este caso y de la discusión acerca del mismo, sostiene:

Sus opiniones se superponen a las de su madre, dando la imagen de un discurso realizado a través de dos voces que se complementan. Transitan por senderos diferentes, o se contradicen.

En otras ocasiones parece encontrarse en la situación de alguien que actúa con una conciencia brumosa, en la que diversas voces –incluso la suya- lo nombran y determinan. A veces se encuentra reaccionando frente a esta situación como si recuperara el dominio de un yo soberano, que de todos modos no consigue conservar durante mucho tiempo. (…) Podríamos pensar los problemas de Marcelo como los de alguien a quien no le han sido provistos bordes, ni bordes de su cuerpo. (…) Esta carencia relativa de bordes determina un funcionamiento dificultoso de su yo, ya que por momentos no puede distinguir entre su pensamiento y el de quienes lo rodean, habitualmente sus padres.22

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14 Referencias Bibliográficas

Benveniste, E. (2004). Observaciones sobre la función del lenguaje en el descubrimiento freudiano [1968] en Problemas de Lingüística General I. Buenos Aires: Siglo XXI.

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