Cros, El sujeto cultural. Sociocrítica y Psicoanáli

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Texto completo

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Edmond

Cros

El sujeto cultural

sociocrítica y psicoanálisis

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EL SUJETO CULTURAL s O C I O C R ~ T I C ~ Y PSICOANÁLISIS

Segunda edición. corregida y aumentada: Mano de 2003

0 Edmond Cros

B Fondo Editorial Universidad EAFIT Carrera 49 # 7 Sur 50. Medellin. http//www.eafit.edu.co/fando ISBN: 958-8173-34-5

Dirección editorial: Letic12 Beroa1

Corrección finai:

Augusto Escobar M

Diseño y diagramación: Mina Gjrldo X

liustración de Cariitula: Ingrid Moog. E& 2002 Editado en Medellfn, Colombia, Sur América.

Índice

El sujeto cultural: de Émile Benveniste

...

a

a Jacques Lacan

11

2

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:

El sujeto cultural

y

el

star-syslem

...

31

d

B

!

.S

El sujeto cultural colonial: la no representabilidad

3

2

8

del otro

...

39

4

Sobre las representaciones históricas del sujeto

cultural: la emergencia de la figura del

%> . . . . ,,

cristiano vlejo

...

57

El sujeto cultural

o

el ideal del yo como instancia

reguladora: el cuento del

Abencerraje

...

(siglo

XVi)

81

j

B

9

La puesta en escena del sujeto cultural: estudio

...

semiótico

de un retrato de Mateo Alemán

91

1

(4)

Para una nueva definición del "ideologema"

...

109

El texto literario: "memoria viva"

...

y morfogénesis

129

Materialismo y discurso literario: por una poética

...

...

materialista.

...

139

El Cartero deNeruda; de la novela de Skármeta

a la película.

...

149

Edipo y el sujeto cultural en

La historia oficial

de Luis Puenzo

...

161

Análisis sociocrítico de

Elllano en llamas de

Juan Rulfo

...

175

-fl-

El

texto culfural. Teoria

y

aplicacio~es..

cke-~hage~-p~Rfurs.

...

1

8

7

...

Por una aproximación al texto cultural

189

. .

En el margen de la escritura, el sueño: a propósito

de

i3i.idiana de Luis B uñuel.

...

19

1

Myeres alborde de un ataque de nervios

d e

Pedro Almodóvar.

... 207

De Piero della Francesca a

Los olvidados de Luis

...

Buñuel

2

19

Descanso en La Huida

a

Eg~ipo,,un

lienzo del lego

cartujo Fray Juan Sánchez Cotán ...

229

El impacto del sujeto cultural en la novela

española actual (1975-2000)

...

(5)
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El sujeto cultural:

de Émile Benveniste a Jacques Lacan

La cultura puede ser definida -entre tantas posibles definicio- nes- como el espacio ideológico cuya función objetiva consiste en enraizar una colectividad en la conciencia de su propia identidad. Es específica y ésta es su característica fundamental. La cultura. en efecto, sólo existe en la medida en que se diferencia de las otras y sus límites vienen señalados por un sistema de indicios de diferenciación. cua- lesquiera que sean las divisiones y la tipología adoptadas (culturas nacionales, regionales, de clase, etc.). La cultura funciona como una memoria colectiva que sirve de referencia y, por consiguiente. es vi- vida oficialmente como guardiana de continuidad y garante de la fi-

delidad que el sujeto colectivo debe observar para con la imagen de sí mismo que de este modo recibe. La historia la presenta, sin embar- go, como el producto de tensiones políticas y de contradicciones ideo- lógicas sin límites estables, modificadas incesantemente por nuevas tensiones sociales o históricas que desembocan en remodelados fun- damentales o en abjuraciones.

Como representación de algo que sería una esencia, la cultura es el campo donde lo ideológico se manifiesta con mayor eficacia, tanto más cuanto que se incorpora

a

la problemática de la identificación, donde la subjetividad es conminada a sumergirse en el seno de la misma representación colectiva que la aliena.

La cultura no es una idea abstracta. Como lo recordaba Louis Althusser al referirse a la ideología, la cultura no posee existencia ideal, sólo existe a través de sus manifestaciones concretas, es decir:

1

-

el lenguaje y las diversas prácticas discursivas,

(7)

.U SUJETO cTZ7ZW4L DE .&LEE R E W W S T E A JACQOTS W D W

3 - una particular manera de reproducirse en 10s sujetos, conser-

Del advenimiento del sujeto

vando, sin embargo, idénticas formas en cada cultura.

El sujeto puede haber asimilado e interiorizado en mayor o me- nor grado su propia cultura pero no puede ejercer sobre ella, a nivel individual, ningún tipo de acción. En efecto, la cultura es un bien simbólico colectivo que existe precisamente porque es compartido colectivamente. Las divergencias que en este plano separan a un in- dividuo de otro corresponden únicamente a variaciones de gradua- ción en la apropiación de dicho bien, o, más exactamente, a una ma- yor o menor adecuación del individuo e los modelos de comporta- miento y a los esquemas de pensamiento que le son propuestos. Esas divergencias reproducen sin duda, aunque con mayor o menor exac- titud, las diferencias de clase, pero yo no enfoco la cuestión desde un punto de vista que tome en consideración la tipología de las culturas de clase. Con el fin de no ocultar su naturaleza fundamentalmente ideológica, yo concibo el sujeto cultural como una instancia que inte- gra a todos los individuos de la misma colectividad: en efecto, su función objetiva es integrar a todos los individuos e n un mismo con- junto al tiempo que los remite a sus respectivas posiciones de clase. en la medida en que, como ya he dicho, cada una de esas clases sociales s e apropia de ese bien colectivo de diversas maneras.

La cultura e s una realidad primera. Se le podría aplicar la fórmu- la utilizada por Althusser referente a la ideología y afirmar que ella me interpela como sujeto, fórmula que equivale, de hecho, a plantear la cuestión del advenimiento del sujeto y de su alienación por un ya aqwídeológico. inscrito tanto en las prácticas sociales e institucionales como en el lenguaje.

Cuando hablo de sujeto culturad designo pues al mismo tiempo: 1 - una instancia de discurso ocupada por Yo,

2

-

la emergencia y el funcionamiento de una subjetividad, 3 - un sujeto colectivo,

4

-

un proceso de sumisión ideológica.

En lo tocante a los modos de intervención de las prácticas socia- les e institucionales en esta alienación, lo que sobre ello dice Althusser coincide con lo que escribe P. Bourdieu en t e senspratipe: lo ideoló- gico me convoca como sujeto y a1 hacerlo me fuerza a emerger con esta forma (Althusser); la adecuación del habitusse refiere asimismo al conocimiento -con-nascere (P. Bourdieu)-. Voy a intentar demos- trar que el sujeto cultural es el agente de esta alienación, centrándo- me especialmente en la manera como dicho sujeto cultural opera en y por el discurso.

Asentaré mi análisis sobre dos hipótesis correlativas:

1- Lenguaje y cultura son dos nociones co-extensivas, por lo me- nos si por lenguaje nos referimos a todos los sistemas significantes de una sociedad determinada contemplada en un momento preciso de su evolución histórica (lengua+prácticas semióticas diversas y múltiples).

2- Por el lenguaje es como el hombre se constituye como sujeto, para retomar una sugerencia de Émile Benveniste que comentare- mos más adelante:

Para que el habla garantice la comunicación, es preciso que sea habilitada por el lenguaje, del que es únicamente la actualiza- ción. En efecto, en el lenguaje es donde debemos buscar la condición de esta aptitud, que reside, a mi parecer, en una propiedad del lenguaje poco visible tras la evidencia que la di- simula y que no podemos caracterizar por el momento más que someramente. En ellenguaje ypor ellenguaje e s como e l hom- bre se constituye en sujeto porque sólo el lenguaje fundamen- ta en realidad. en su realidad que es la del ser, el concepto de "ego" [...l. Ahora bien, yo considero que esta subjetividad, en- focada desde la fenomenologia o desde la psicología, como se quiera, no es más que la emergencia en el ser de una pro- piedad fundamental del lenguaje. Es "ego" quien dice "ego". Ahí es donde se halla el h d a m e n t o de la 'L;ubjetiw¿Yad"que

(8)

EL sumo C m m . ' s o c r o c ~ ~ z ~ Y ~sirnmkcrsis

flexionar sobre ello, se verá que no hay mas testimonio objeti- vo de la identidad del sujeto que el que éste da sobre sí mismo al hablar.'

Aunque me adhiero a la tesis sostenida en este pasaje referente a la existencia de una estructuración linguistica constituida por las re- laciones que se establecen entre las personas en el discurso y a la función morfogenética básica de esta estructuración, quisiera seña- lar nuestras diferentes e irreductibles interpretaciones del concepto de sujeto. Cuando Benveniste confronta la lengua y el discurso con- trapone una estructura socializada a unas "configuraciones del habla [que] son únicas cada vez" y obedecen a unas finalidades individua- les responsables de su dinamismo:

Ahora bien, la lengua es una estructura socializada que el ha- bla somete con finalidades individuales e intersubjetivas, aña- diéndole así un disefio nuevo y estrictamente personal. La len- gua es un sistema que todos comparten; el discurso es a la vez portador de un mensaje e instrumento de acción. En este sen- tido. las configuraciones del habla son únicas cada vez, aun- que se realicen en y por medio del lenguaje. En el sujeto se da, pues, antinomia entre el discurso y la lengua.2

Las fórmulas que él utiliza implican, por otra parte, que la lengua sea una realidad primera anterior a la palabra [...el habla es la actua- fización de la lengua ... la subjetividad es la emergencia en el ser de una propiedad fundamental del l e n y a j e

...

1

El empleo de lengua y fenguajeaparentemente como sinónimos acentúa todavía más la con- fusión. [Tengo que precisar que por mi parte cuando escribo más ade- lante que el niño tiene acceso al lenguaje me refiero a su aptitud psicofisiológica para expresarse verbalmente; en los demás casos lla- mo lenguaje al conjunto de las semióticas distintas de las "macrose- mióticas naturales" que son las lenguas nacionales y regionales.]

'

É. Benveniste. "De la subjectivité dans le langage", Journal depsychologie.

juil1.-sept. 1958, PUF. vuelto a publicar en ProbIemes deliBguisiquegéBérale. págs.259-260 (En adelante el subrayado y las traducciones son mías).

'

"Remarques sur la fonction du langage dans la découverte freudienne" en

ProbJemes 1966, pág.78.

La postura de Benveniste excluye el campo de investigaciones privilegiado por la sociocrítica que está avalada por las nociones de sujeto transindividual y de no-consciente. Yo designo como discurso a la especificidad discursiva de un sujeto transindividual, lo cual me lleva a definir como interdiscursividad el conjunto de las prácticas adquiridas -esencialmente en un contexto de interlocución- por un sujeto que, como todos los sujetos, ha atravesado y sigue atravesan- do varios y &versos sujetos transindividuales; esta interdiscursividad, así definida, constituye su competencia, noción que para mi atañe pues al habla y no a la lengua. En efecto, la lengua sólo existe en los diccionarios y en los libros de gramática, corresponde con una reali- dad segunda reconstituida y, más exactamente, transformada en au- téntica esencia por los lingüistas a pesar de la postura expresada por Ferdinand de Saussure que en el pasaje siguiente justifica mi propia afirmación:

Si pudiéramos abarcar la totalidad de las imágenes verbales almacenadas en todos los individuos tocaríamos el enlace so- cial que constituye la lengua. Es un tesoro depositado por la práctica del habla en los sujetos que pertenecen a una misma comunidad, un sistema gramatical que existe en los cerebros de un conjunto de individuos pues la lengua no es completa en ninguno de los casos. sólo existe en la masa.=

Es evidente que aquí Saussure sólo contempla una lengua que utilizarían unos múltiples conjuntos o comunidades de individuos cuyas "imágenes verbales", yuxtapuestas las unas con las otras, aña- diéndose las unas a las otras (la totalidad de las imágenes verbales), -en el caso que sea posible abarcarlas en una misma visión- sacarían a luz los contornos de esta masa, de este mosaico que constituye la lengua, la cual sólo queda completa en esta imagen virtual hecha con múltiples adiciones. Por otra parte, también para él la competencia del sujeto, específica a cada una de estas comunidades, es un pro- ducto de la experiencia ("tesoro depositado por la práctica del habla").

Pero regresemos a Benveniste a partir de lo que acabo de decir referente al proceso de adquisición de las competencias discursivas.

'

Cours de llnguisripe générale París. Payot, 1964

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Éste describe de manera magistral la función estructuradora funda- mental de la instancia de enunciación. El signo yo es para él un pun- to de referencia con arreglo al cual se organiza una red semiótica constituida por el funcionamiento de los pronombres, los deícticos y la expresión de la temporalidad; si, en efecto, como lo dice él, el pre- sente se refiere al tiempo en que uno está o el tiempo en que se proyecta. esto significa que indica el tiempo en que él habla. El len- guaje propone, escribe Benveniste,

un conjunto de signos "vacíos", no referenciales respecto de la realidad. siempre disponibles, y que se "llenan" en cuanto un locutor los asume en cada instancia de su disc~rso.~

Es sabido que, para él, tales signos

vacíos. a la espera de reactivación, corresponden a "indicadores" que pertenecen a clases diferentes (pronombres, adverbios, locuciones adverbiales, forma verbal del presente de indicati- V O ) . ~

Yo es una forma vacía en espera de ser investida para convertir- se en instancia de discurso. Instalándose en el centro de dicha red el locutor se declara como sujeto, de donde la conclusión siguiente:

Si se toma la pena de reflexionar sobre ello, se verá que no hay más testimonio objetivo de la identidad del sujeto que el que éste da sobre sí mismo al hablac6

Dicho de otra forma, esta red significa hasta antes de que me inserte en ella. habla en mi lugar, como si fuera yo quien hablara, antes de que tome yo la palabra. Cuando el sujeto se instala en esta estructura. lasformashabfanporéf. Esta idea de la subjetividad como producto del discurso (y no de la lengua) implica ya. en consecuencia, una difracción entre el sujeto que habla y el sujeto hablado.

Benveniste, "La nature des pronoms", For Roman Jakobson, Mouron & Co. La , Haye. 1956. vuelto a publicar en Prob/eiBes. , 1966. pág.254.

Ibid. p.253.

Véase supra. pág.13. nota 1.

A partir de esta constatación-la existencia deuna red de formas vacías que preexiste a la emergencia de la subjetividad- discrepo de Benveniste en lo siguiente:

1- Dicha red no es el producto "de una propiedad fundamental de la lengua" sino de las modalidades de. adquisición de la facultad dis- cursiva: es ego aquel a quien s e ha ense5ado a decir egoy no senci- llamente aquel que dice ego. La facultad discursiva como facultad psicofisiológica se debe distinguir de aquello que se ha de considerar como la reproducción de un discurso transmitido por la práctica y la experiencia. Los mecanismos de interiorización del discurso funcio- nan como un espejo: digo yo porque a mí me hablan de tú. Esta es- tructura vacía que es la instancia de enunciación y que me está pro- poniendo la interlocución me interpela literalmente como a un suje- to.

2- Este punto de referencia en torno a1 cual se organiza dicha red, el Yo, es una máscara, un señuelo, un "lugar-teniente" ya que detrás de esta ilusoria subjetividad se oculta el sujeto cultural.

Debemos examinar ahora este punto de emergencia a partir de las teorías de Jacques Lacan, para quien la sustitución del significante fálico por el significante Nombre de Padre le permite al niño emerger como sujeto accediendo a la práctica discursiva ("a la práctica de la lengua", dice Lacan), lo cual equivale a decir que el sujeto que emerge está dividido por el orden mismo del "lenguaje", en la medida en que un símbolo (nombre del padre) designa metafóricamente el objeto primordial del deseo, ya inconsciente (deseo incestuoso). Es en la medida en que no sabe lo que dice, es decir, en la medida en que "es hablado", que el sujeto está escindido.

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El niño. en efecto, no sabe ya lo que dice en lo que enuncia. Otra manera de evocar que el niíio accede al lenguaje no sa- biendo lo que dice. El lenguaje aparece, pues, como la activi- dad subjetiva por medio de la cual se dice algo distinto de lo que se cree decir en lo que se dice.7

En los dos casos lo que es prohlemático y que debemos cuestio- nar es aquello que se oculta detrás del yo: si el sujeto auténtico se ha desvanecido para siempre en el mismo momento en que aparecía (Lacan). ¿a quién pertenece la voz que se oye en el seno de la red discursiva organizada por la instancia de enunciación?

Para Joel Dor ese "algo distinto" se instituye "fundamentalmente como el inconsciente. fuera del alcance del sujeto que habla por estar constitutivamente separado de él". Sin embargo, ese "algo distinto" no se puede reducir al inconsciente. Ya evoqué varias veces la natu- raleza y la función que desempeñan las concreciones sociodiscursivas producidas por los diferentes sujetos transindividuales en forma del

no-consciente, aplicando esta noción goldmaniana al registro de las expresiones lingüísticas. El sujeto transcribe en ellas las particulari- dades de su inserción socioeconómica y sociocultural así como la evo- lución de los valores que marcan su horizonte cultural, sin que la transcripción de estos elementos provoque en el sujeto que habla ni una toma de conciencia ni un proceso de represión. Al hablarlas, el sujeto dice siempre más de lo que quiere decir y de lo que cree decir. Introducidas en forma de microsemióticas intratextuales, esas carac- terísticas discursivas -producto de las particularidades de las estruc- turas sociales- ensanchan los límites de la visibilidad social de los textos.' Éstos, originariamente productos discursivos, son almacena- dos en la memoria de una comunidad perdiendo e n ella la inmediatez de su sentido; más tarde serán reactivados por la instancia discursiva que corresponde al sujeto del no-consciente. El sujeto del no-cons- ciente es hablado entonces en el discurso tanto como el sujeto del deseo, aunque cada uno de ellos elija para expresarse un camino di- ferente. Cuando el yo asume los enunciados del sujeto del no-cons-

'

Dor. 1985, pág.132, Cros. 1980 y 1990.

ciente, no pasa de ser un lugar-teniente del ellos; o, en el mejor de los casos, del se, lo que equivale a decir que el sujeto del deseo está doblemente amordazado. Lo está en efecto, e n este caso, por una instancia que rige una red de valores sociales y de paradigmas éticos agazapada tras los señuelos de la subjetividad.

La emergencia del sujeto en y por la performancia discursiva engendra un sistema plurisistémico en el seno del cual deseo exami- nar el papel que desempeña el s@to cultural, del cual es el sujeto del no-consciente un constituyente primordial.

1-

Su

alienación

El orden significante, responsable de la división del sujeto, lo es también de su alienación. Ello se debe a una propiedad especifica de cualquier práctica semiótica que genera una escisión entre la reali- dad y aquello que la representa. El signo convoca a la realidad y la realidad se desvanece en el signo en heneficio de su representación

a través de la palabra, que es ya una presencia constituida de ausencia, la propia esencia se n ~ m b r a . ~

Lo mismo le ocurre al sujeto, que sólo figura en su propio discur- so al precio de una escisión entre lo que sería la autenticidad de su ser y el símholo que lo representa, ya que el sujeto que emerge se inscribe en el discurso con la forma de un lugar-temente: el sujeto aparece siempre representado en el lenguaje en detrimento de su verdad; esta representación implica el desvanecimiento del sujeto del inconsciente o sujeto del deseo, la imposibilidad que éste tiene de expresar él mismo la autenticidad de su deseo, enmascarada por el lenguaje: "Lo que ahí había dispuesto a hablar L..] desaparece al no ser más que un ~ignificante".'~

El sujeto no habla, es hablado en su discurso sin que él lo sepa; permanece oculto en el decurso del habla del sujeto hablante: "1

Lacan, "Fonction et champ de la parole et du langage en psychanalyse". 1953,

en Écnts 1966, pág.276.

(11)

sujeto, pues. no se le habla. Ello habla de él y en ello es donde se le aprehende"."

Cuando el sujeto es tachado, nace así al lenguaje y por el lengua- je y es inmediatamente atrapado en una red de signos organizadas según líneas de sentido y trazados ideológicos que constituye lo que se suele designar con el nombre de cultura, que es regida a su vez por la instancia a la cual yo llamo sujeto cultura1 La verdad del sqeto está perdida para siempre. oculta por los diferentes discursos que contribuyen a borrarla y a desvanecerla. Entre todos esos discursos, el sujeto cultural es probablemente el que lo amordaza con mayor eficacia. ya que la cuestión que se plantea es saber quién habla en el sujeto hablante y cómo esas diferentes palabras se dan a oir en él. Ya he abordado este problema al referirme a ese algo distinto que se dice más allá o más acá de lo que se cree decir. Veamos cómo se presenta en todo acto de discurso, examinando rápidamente las hue- llas del proceso de enunciación en el enunciado y las distintas formas que puede adoptar la presencia del enunciador. El sujeto hablante se pone en escena en la enunciación en forma de Yo, apropiándose asi de las formas vacías, pero la descripción que propone Benveniste permite comprender mejor cómo la verdad de su ser se desvanece en lo preconstruido del lenguaje y se borra tras un lugar-teniente que lo enmascara. Sin embargo, esta verdad sólo puede emerger -antes de perderse inmediatamente- en esa articulación del lenguaje que cons- tituye la enunciación:

En todo discurso, la presencia del inconsciente [...] ha de bus- carse en la enunciación, o. lo que es lo mismo, en el decirque Jacques Lacan opone a lo dicho (enunciado) donde la verdad, para hacerse oír, no puede más que medio-decirse.lz

El sujeto puede. sin embargo, encontrarsepresent15cadobajo otras formas que atestiguan la mayor o menor distancia que éste adopta con respecto a sus enunciados.(nosotros, tú, ellos, se...), es decir, con respecto a su propia subjetividad, la cual, en casos extremos, puede desaparecer de la puesta en escena. Encontramos esos casos extre-

"

Écri~s. pág. 835

'

Écn¿s pág.834.

mos en los empleos de las formas impersonales quecaracterizan las ' repeticiones explícitas de la doxa, los tópicos, los clichés, los ideo- logemas, todos los cuales representan el estrato más visible de la instancia regida por el sujeto cultural. En todos esos casos, el enun- ciador puede ser una infinidad de sujetos o ninguno -lo cual viene a ser lo mismo-, una no-persona, "una invariante no-personal y nada más que eso".'3

El Yoha cedido su sitio al ellos. que en el lenguaje popular remite a las fuerzas dominantes -lejanas, luego irrepresentables-, a los au- sentes, empleando la definición de los gramáticos árabes que recuer- da Benveniste, a esa no-persona que posee "como marca la ausencia de lo que califica específicamente al <<yo>, y al «tú»", es decir, la au- sencia de cualquier índice de subjetividad, la ausencia de cualquier marca de enunciación.

El sujeto cultural, que se expresa esencialmente en e l enunciado, s e distingue radicalmente, precisamente p o r eso, del sujeto del de- seo que sólo puede darse a OI? en la enunciación.

Esos casos extremos sólo son, sin embargo, indicadores de un proceso más general en el que el sujeto que habla por medio del Yose ilusiona tomando a su cargo o pareciendo que toma a su cargo un ya aquíideológico. Tras la máscara de la subjetividad se ve entonces operar al discurso del sujeto cultural. Ahora bien, ese sujeto cultural, de naturaleza doxológica, legisla, dicta pautas de conducta, designa paradigmas, recuerda verdades basadas en la experiencia o en la fe. De este modo desarrolla una estrategia discursiva radicalpara la eli- minación del sujeto del deseo.

2-

El

sujeto cultural, un espacio proyectado de

identificación

La noción de sujeto cultural implica un proceso de identificación, en la medida en que se fundamenta en un modo específico de rela- ciones entre el sujeto y los otros. En efecto, en el sujeto cultural Yose confunde con los otros, el Yoes la máscara de todoslos otros.

' l E. Benveniste, "Structures des relations de personnes dans le verbe", Bulletin

de la Société de Linguistique, XLIII. 1946. en Pmblemes 1966. pág.231.

(12)

XL sumo nnrow: s~croc~fiic4 i .~srcc~v&rs~s

Sin embargo, es mejor dejar de lado, al menos a! principio, todas las marcas externas de la identificación (imitaciones, roles sociales, mimetismo...). El sujeto cultural se construye en el espacio psíquico de un Único individuo. lo cual no quiere decir que deban dejarse de lado fenómenos colectivos que, en el marco de prácticas institucio- nales, modelizan uniformemente a los participantes. La noción de sujeto cultural forma parte. ante todo, de la problemática de la apro- piación del lenguaje en sus relaciones con la formación de la subjeti- vidad, por una parte. y con procesos de socialización, por otra. El sujeto no se identifica con el modelo cultural, al contrario, es ese modelo cultural lo que le hace emerger como sujeto. El agente de la identificación es la cultura, no el sujeto. Al sujeto no le queda más salida que identificarse cada vez más con los diferentes lugz-tementes que lo presentifican en su discurso.

Se puede reconocer en mi manera de plantear el problema el esquema explicativo al que recurre Lacan para explicar la emergen- cia de la subjetividad. En efecto, la hipótesis que yo propongo es que el s@to cukuraly el Ego emergen al mismo tiempo.

Me basaré en las observaciones de Benveniste a propósito de la dialéctica del Yo y del tri. donde él sitúa el fundamento lingüístico de la subjetividad:

El lenguaje sólo es posible porque cada locutor se sitúa como sujeto refiriéndose a sí mismo como yoen su discurso. Por ello, yo sitúa a otra persona, a aquella que, por exterior que sea a "ego". se vuelve mi eco al que le digo tú y me dice tú [...l.

Polaridad por lo demás muy singular en sí y que presenta un tipo de oposición cuyo equivalente no se encuentra en ningún otro ámbito fuera del lenguaje. Esta polaridad no significa ni igualdad ni simetría: "ego" conserva siempre una posición de transcendencia con respecto a tó; con todo, ninguno de los dos términos se concibe sin el otro; ambos son complementarios, pero según una oposición "interiorfexterior", al mismo tiempo son irreversibles [...l. Así desaparecen las antiguas antinomias del "ego" y del "otro". del individuo y de la sociedad. Dualidad que sería ilegítimo y erróneo reducir a un solo término origi- nal, tanto si dicho término fuera el "ego" que debería estar instalado en su propia conciencia abrirse a la del "próji-

mo", como si, al contrario, fuera la sociedad-la que preexistiera al individuo y de la que éste se hubiera desembarazado sólo a medida que adquiría conciencia de sí mismo...'*

Y el mismo lingüista escribía ya en 1956 en "Remarques sur la fonction du langage dans la découverte freudienne":

Por el solo hecho de la alocución, quien habla de sí mismo ins- tala a/ otro en sí.~precjsamentepor eso s e capta, Se C O B ~ O B ~ ~ ,

s e instituye tal como aspka a

En otro plano, sin embargo, a partir de la reversibilidad y de la especularidad del Yo y del Túsacadas a la luz por Benveniste, tene- mos que volver una vez más a Jacques Lacan y especialmente a lo que dice sobre el narcisismo y la fase del espejo.

Para Lacan, la identificación imaginaria es lo que determina la estructura del Ego. Éste no puede ser asimilado a un sujeto del cono- cimiento considerado en función de nociones como percepción o con- ciencia; el Ego es únicamente el producto de la captación imaginaria que caracteriza al narcisismo; efectivamente, en la fase del espejo el Ego se forma a partir de la imagen del otro, es una concentración de imágenes expedidas por el otro. Mostraré una clara ilustración de ello en la puesta en escena del Ego que constituye el retrato de Mateo Alemán estructurado por las representaciones narcisistas en un pla- no de fondo de paranoia (v. iflira, cap.6).

La imagen del niño en el espejo y la imagen de4 otro constituyen una sola instancia, el Yo idea/. El niño ve su imagen completa en el espejo, cuando hasta ese momento se ha sentido como un cuerpo fragmentado y no ha alcanzado todavía el control de su cuerpo. Esta premaduración es la causa de su alienación imaginaria por la imagen ideal de sí mismo que prepara su posterior identificación con el se- mejante, con la imagen del otro. que encarna el control del cuerpo

y

la realización de su propio deseo:

"

'De la subjectivité dans le langage", Aydiologie, juill. -sept.1958. PUF. vuelto a publicar en Probldme s..., 1966, pág.260.

(13)

El sujeto localiza y reconoce originariamente el deseo por me- diación no sólo de su propia imagen sino también de la imagen del cuerpo de su semejante...'"

Esta rivalidad especular, vivida como una situación de enfrenta- miento. suscita "la más íntima agresividad" y desemboca en el deseo de la desaparición del otro:

lo que el sujeto percibe en esta imagen alterada de su cuerpo es el paradigma de todas las formas del parecido que van a dejar en el mundo de los objetos un tinte de hostilidad, proyec- tando en él el avatar de la imagen narcisista, la cual, debido al efecto jubiloso de su encuentro en el espejo, s e convferte a/

enfrentarse con e l semejaBte en el vertedero de la más &tina agresividad"

En el capítulo 4, donde analizo un texto de Antonio de Nebrija (España, 1492). se verá cómo en situaciones históricas generadoras de angustia. los fantasmas del miedo son responsables de la altera- ción que el escritor provoca en el espacio simbólico de la identidad colectiva al deconstruir el tópico de la t r a h t i o imperiicancelando la representación del "turco", y renegando así, en parte, de su heren- cia cultural.

Sólo el ideal del Yo puede regular las relaciones entre el egoy el ego ideal Ahora bien. este ideal del Ib está formado por la interio- rización de los rasgos simbólicos inscritos en la cultura, es decir, por la integración de la instancia que yo llamo sujeto cultural Es, pues, este s+to cultural el que opera como mediador entre el ego y el semejante:

los deseos del nifio pasan primero por el otro especular. Es ahí donde son aprobados o reprobados, aceptados o rechazados, y es por ese medio como el niño aprende el orden simbólico y accede a su fundamento, que es la ley.18

''

LeSém~na& libro 1, 1966, pág.169.

" 'Subversion du sujet et dialectique du désir dans I'inconscient freudien". en Écnts op.cit.. pág.809; el subrayado es mío.

''

LeSém~nalie, libro 1, 1966. pág.202.

En la novela del Abencerraje (v. inka, cap.5). san los valores ca- ballerescos los que se encarnan tanto en Abindarráez como en Ro- dríguez de Narváez; estos valores constituyen la estructura de me- diación donde vienen a identificarse una con otra las representacio- nes respectivas de los dos hermanos enemigos. También Mateo Ale- mán se pone en escena con los rasgos de un ideal del Yo (el centinela y la serpiente como símbolos de la prudencia, el paradigma de la elocuencia, el ejemplo del hombre de acción, la vocación didáctica

...

v.

iBfr

cap.6).

El sujeto cultural y el Ego constituyen pues dos instancias de un mismo espacio psíquico: el primero se implanta en lugar del oójeto, es decir, en un vacío que es el espacio de la representación incons- ciente previa a la existencia de otro que estaba a la espera de este e x t e r i ~ r . ' ~

El sujeto cultural es el sefiuelo del otro. Mientras que en el len- guaje, el Yo, lugar-teniente del sujeto del deseo, llena las formas va- cías de la red de la enunciación, en la formación del Ego, el sujeto cultural. como lugar-teniente del otro, viene a moldearse en la repre- sentación inconsciente y ya aqui'de otro.

El Ego toma forma pues a partir de la imagen del objeto, que Lacan concibe, como acabamos de ver, como una representación in- consciente, previa del otro, lo cual nos lleva a recordar la dialéctica de la identificación de sí mismo con otro y del otro con ese sí mismo, tal como aparece en el esquema L de la dialéctica intersubjetiva que Lacan articula con la fase del espejo.''

'"obre la noción de objeto, cf. Nasio J.-D.,1992, págs.149-152, y especialmente: "Me explico: pongamos por ejemplo por escena de una madre evocando ante su hijo un lejano ascendente familiar. Sin que el hijo se dé cuenta. un sencillo

detalle del relato ligado al personaje evocado vendrá a inscribirse en su inconsciente. Es decir. que un detalle sin importancia aparente -aislado ahora y completamente desligado de la figura del antepasado- ha venido a encajarse en el molde de una representación inconsciente ya ahí. Preguntémonos entonces: en esta secuencia ¿dónde locaiizaríamos el objeto? El objeto no es

la madre que habla, ni el personaje familiar recordado ni, incluso, el detalle

inconscientemente percibido, sino la representación, que confirma la existencia inconsciente del otro. de lo que nosotros llamamos "objeto".

(14)

S = el sujeto "que no sabe lo que dice y por la mejor de las razo- ~ -

nes, porque no sabe quién es". Así que no puede verse en el lugar donde está:

El sujeto se ve en o y por esa razón tiene un ego. Puede creer que ese ego es

Como ha accedido a su identidad a partir de una imagen vivida como la imagen de otro antes de ser asumida como la suya, a cambio percibe al otro. y de manera correlativa con la forma de su propia imagen:

Esta forma del otro tiene una enorme relación con su ego, se le puede superponer y la escribimos 0 : ~ 2

O = representa a los verdaderos sujetos, a los Otrosauténticos. nunca alcanzados puesto que son ex-sistentes, es decir situados fue- ra del circuito de comunicación (ex-sisterelpor el muro del lenguaje que separa precisamente O de S:

Nos dirigimos de hecho a 01, a 0 2 , que son lo que no conoce- mos, verdaderos otros, verdaderos sujetos. Están al otro lado del muro del lenguaje, ahí donde en principio yo no los alcanzo nunca. Fundamentalmente, es a ellos a quienes me dirijo cada

''

''D'une question préliminaue .i tour trairement possible de la pnjchose". 1958,

.

en Écrits, op.cit., pág.549.

"

"Le moi dans la théorie de Freud et dans la technique de la psychanalyse".

Sémna~ie, 1.11. 1954-1955. Paris. Suil. 1978, pág.285.

vez que pronuncio una verdadera palabra, peío encuentro siem- pre a o'por la reflexión. Me dirijo siempre a los verdaderos sujetos y tengo que contentarme con sombras. Elsujeto está separado de los Otros por e l mundo deiiengua~e?~

El lector encontrará más adelante, a propósito del sujeto cultural colonial, una ilustración de estos procesos de alienación por el ien- guaje que imposibilitan la representación del otro.

Instancia mediadora en cuanto a señuelo del Otro, entre el Ego y

el semejante, el sujeto cultural participa en el sistema que amordaza al sujeto del deseo. A éste hay que rebuscarlo en la enunciación; al contrario, el sujeto cultural sólo se manifiesta y habla en el enuncia- do.

En el marco de un sistema plurisistémico, el sujeto cultural fun- ciona como una instancia intrapsiquica que posiblemente coincide con la del sujeto no-consciente, sin reducirse a ella sin embargo. En los próximos capítulos se verá cómo opera y cómo se manifiesta en la producción cultural.

Ahora bien, se me podría preguntar en qué discrepa la noción de sujeto cultural de otras nociones que, a primera vista, pueden apare- cer similares, tales como las del sujeto ideológico o de sujeto transin- dividual. En realidad, el sujeto cultural atraviesa estas dos nociones, coincide parcialmente, se sobrepone en parte con ellas, sin reducir- se, sin embargo, a ellas.

La noción del sujeto cultural precisa las modalidades de funcio- namiento de un sujeto ideológico, su emergencia, su historia, su na- turaleza. Su definición como sistema semiótica-ideológico permite entender y valorar sus impactos en la morfogénesis de los productos culturales

y

la importancia de su intervención en el origen socioideo- lógico de las formas. Por otra parte esta noción remite a un espacio de enunciación organizado, como lo tengo dicho, en torno a un plurisis- tema constituido por e l sujeto cultural estrictamente dicho y el sujeto "del deseo"; plurisistema al cual llamo, sin embargo, sujeto cultural. en la medida en que el sujeto "del deseo' se ha desvanecido supues- tamente para siempre e n el mismo momento e n que estaba para reali-

za Ibid, págs.285-286. El subrayado es mio.

(15)

zarse. De manera que el mismo término (sujeto cultural) remite al sistema que domina el plurisistema y al mismo plurisistema.

Mientras que el sujeto transindividual es unidimensional, el su- jeto cultural se refiere a un espacio complejo, heterogéneo, conflicti- vo; a una totalidad dentro de la cual los elementos dominantes alter- nan los ~110s con los Otros, en cuyo seno resultan constantemente redistribuidos los trazados semiótica-ideológicos de una serie de su- jetos transindividuales cuyas cantidad e importancia varían con arre- glo a los i~idividuos. Para ver con mayor nitidez su complejidad y su heterogeneidad. conviene situar dicho espacio dentro de la estructu- ra explicativa básica del materialismo histórico que articula la infra- estructura y la superestructura. Esta última evoluciona con arreglo a su propio ritmo y a la continuidad de su historia, lo cual genera un proceso acumulativo de los productos, y, por consecuencia, de aque- llo que constituye los estratos que se han amontonado sucesivamen- te e n el espacio del sujeto cultural. Las nuevas capas depositadas en este espacio de la memoria colectiva no destruyen las anteriores, sino que vienen a deconstruirse en ellas. y de esta deconstrucción brotan las rectificaciones que afectan los contornos y el funcionamiento del sistema. Hago hincapié en esta perspectiva para dar a entender de paso que esta tal noción apunta a abarcar una totalidad histórica, rechazando por lo mismo cualquier dicotomía que opondría o yuxta- pondría los dos niveles: la noción de sujeto cultural pretende rendir cuenta de lo socioeconómico transcrito dentrode lo cultural. El nivel socioeconómico no se contempla en las circunstancias que rodean, proceden o parecen explicar al sujeto cultural, sino dentrodel mismo objeto de estudio que dicho sujeto constituye.

El sujeto cultural resulta con más o menos graves alteraciones cuando se reproduce en el espacio intrasíquico de un individuo en donde no cesa de construirse y rectificarse a lo largo de la existencia de este mismo sujeto. Brota en cuanto se realizan las condiciones sicofisiológicas de su advenimiento, o sea, con el acceso al mundo simbólico y en la fase del espejo, se alimenta asimilando sucesiva- mente elementos semiótico-ideológicos variados, heterogéneos y con- tradictorios que le van proponiendo las diferentes comunidades (su- jetos transindividuales), prácticas e instituciones por las cuales cru-

za.

EL StiI2T0 C L Z m DE&£ B B W ~ V ~ S T E A IACQUES IAOIiV

El interés de la noción de sujeto cultural permite abarcar simul- táneamente las dos dimensiones: la individual y la colectiva del suje- to. Precisemos que el sujeto cultural como tal es una abstracción a la cual sólo podríamos conferir una realidad concreta si pudiéramos englobar en una misma visión intelectual la totalidad de todas las realizaciones que ha producido en las instancias intrasíquicas de un mismo sujeto transindividual y hasta de todos los individuos del mis- mo conjunto. Esto, sin embargo, no quita que como sistema se orga- nice, en cada caso, en torno a un elemento dominante que seguirá siéndolo, potencialmente, hasta que intervenga una alteración signi- ficativa de la infraestructura o, más exactamente, hasta que ésta se haya reproducido en el campo discursivo o, en general, en el campo cultural. Este elemento dominante es supuestamente más fácil de captar y reconstituir en la medida en que los "efectos-signos" de su impacto en el objeto cultural son más inmediatos, más visibles, más numerosos. La experiencia me lleva a pensar que estos "efectos-sig- nos" no nos llegan nunca de forma autónoma y pura que digamos. sino que se entretejen con otros trazados semióticos, lo cual permite una reconstitución más compleja. En el contexto de dicho mecanis- mo se debe abordar la problemática del texto cultural (véase más abajo, págs.161 y sgs.), la cual implica que algunas construcciones semióticas saturan o hayan saturado el campo cultural de manera más o menos confusa y a largo plazo. Sacando a la luz unos trazados soterrados debajo de unos depósitos más recientes de la memoria colectiva, el análisis de los textos culturales rinde cuenta de la pre- sencia de unas sedimentaciones ancianas cuyos impactos siguen vi- gentes pero de manera fugaz y apenas perceptible.

(16)

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Cours deknguistipegénérale,

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El

sujeto cultural

y

el

srar-sysrem

El

star-system

empieza a funcionar. como se sabe, durante la dé-

cada de los sesenta a consecuencia de la doble incidencia del desa- rrollo de la televisión y de la notable prosperidad de la industria cine- matográfica. Tanto la inflación de los costos de producción como la concurrencia de los productos (más de dos mil películas al año) ame- nazan la rentabilidad de las inversiones y suscitan la inquietud de los productores quienes, para poner remedio a este estado de hecho, se esfuerzan por desarrollar el culto fetichista de las estrellas. El actor- ídolo es en lo sucesivo el mejor garante del éxito y de la correlativa rentabilidad de una película. En los carteles, su nombre expulsa al del realizador; la película en la que tiene el papel principal se con- vierte en supelícula y la gente va a ver una película de Jean Gabin o una película de Marilyn Monroe.

Esta desaparición del personaje en provecho del intérprete, es decir, de un mediador en contacto directo con la leyes del mercado, realiza plenamente la figura triangular que permitía a Lucien Gold- mann traducir en términos marxistas la problemática de la media- ción propuesta por René Girard. El valor de cambio metonímicamente inscrito por el nombre de la estrella sustituye a cierto tipo de auten- ticidad que estaría aquí representado por el personaje de la ficción cinematográfica y que puede asimilarse a un valor de uso. Pero ante su público, la estrella sustituye asimismo a su propio señor, el reali- zador, entre cuyas manos no ha sido más que un objeto durante el rodaje. M. L'Herbier señala con toda razón sobre este punto que el actor de cine. contrariamente al actor de teatro,

(17)

de una película. A las incertidumbres inflexibles de las tomas de vista (encuadre, sincronización técnica, inversión de secuen- cias, trabajo discontinuo, expresividad dirigida por el objetivo, etc.) se añaden la autoridad hegemónica del realizador, señor de todo, y de las vicisitudes obnubilantes del montaje, del mixa- ge, del doblaje -operaciones clandestinas realizadas sin el in- térprete y que lo despojan si es necesario de los últimos atribu- tos de la libertad L..] El intérprete de películas, privado de todo contacto con la multitud, ya no está en las salas, en ellas apa- rece sólo una ausencia.'

Dicho de otro modo, el actor de cine es un

objeto, despfazabfe,

transportabfe

entre las manos del realizador.

Este actor-ídoio es también percibido más allá de su función pro- fesional: todas las revistas especializadas se apoderan de su vida pri- vada y transforman a este "fantasma de la pantalla" en ciudadano ordinario y excepcional a la vez. Excepcional, porque en él y en torno a él se acumulan todos los parámetros de la felicidad y se materiali- zan todos los sueños propuestos incansablemente a una sociedad de consumo; ordinario. porque esos mitos deben aparecer como accesi- bles a todos. Al interesarse por tal o cual ídolo la prensa especializada vende, de hecho, esperanza, seguridad o suefios. La estrella sigue siendo únicamente un mediador cosificado cuya función objetiva con- siste en permitir que las masas se integren en el sistema socioeco- nómico.

Tanto a nivel de su vida profesional como de su vida privada la estrella tiene, pues, objetivamente una función esencialmente ins- trumental y el

star-system

se funda, como la publicidad, en un culto del objeto llevado hasta el paroxismo. También difunde símbolos, y su función objetiva, a este nivel, consiste en actualizar, como la pu- blicidad, los ideologemas que determinan el campo cultural.

Las implicaciones estrictamente económicas constituyen sin duda el factor que pone en marcha el

star-system,

pero éste no ha podido desarrollarse al parecer más que en la medida en que ha encontrado

junto al actor-objeto, producto él mismo de las exigepcias específicas del sistema modelizante del cine, un punto de aplicación particular- mente bien adaptado a sus finalidades objetivas. Esto es lo que expli- ca que el

star-system

no haya podido contaminar de manera signifi- cativa el campo de la representación teatral, donde se impone un actor-sujeto investido de una gran responsabilidad de creación artís- tica.

La usurpación de la calidad de autor de película por el actor es- trella en detrimento del realizador tal como aparece en la presenta- ción comercial de la producción cinematográfica no data, sin embar- go, de la época del

star-system.

Citaré, entre otros posibles ejemplos. la publicidad que presenta y acompafia la vida cultural en Monterrey (México) en 1936.

En la prensa de Monterrey, en 1936, aparecen dos discursos pu- blicitarios: el primero se repite cada tarde en la última página de EJ

So/.

que es el gran diario popular de la ciudad. Este discurso es de

una extrema indigencia; consiste en poner a continuación del título de la película un complemento agente:

"La marca de/ o d i o ~ r e l

po- pular vaquero Bob Steele". Este esquema puede ser considerado como una forma de referencia reproducida por el 90% del volumen total publicitario. Este primer discurso es significativo debido a las oculta- ciones que implica, en la medida en que el referente implícito de ese

por.

al remitirnos esencialmente al plano de la imagen percibida

(in-

terpretadoporr..).

hace bascular la no existencia el acto cultural que

toda producción cinematográfica representa, y define el espectáculo propuesto como un simple juego visual. Al contrario, en este vacío es donde se construye y se expresa el segundo; en efecto, sorprende el constatar que. cuando se trata de representaciones teatrales, la pu- blicidad específica restablece los vínculos normalmente establecidos entre el objeto por consumir y los códigos referenciales de la cultura. tomando en cuenta todas las etapas de la producción, ya se trate del nombre del autor ("comedia del escritor francés"), de los responsa- bles de la puesta en escena, de la parte musical y del decorado, o reproduciendo la imagen que el público tiene de sí mismo:

"Extasis,

(18)

visto por menores. señoritas o personas que no sean de amplísimo criterio ... ; para distinguidas damitas y jóvenes de la localidad...''. En el espejo que, como reflejo de roles sociales, este discurso propone a su público, se proyecta y se concentra toda una trama de valores: inteligencia. mente abierta, distinción, buen gusto ("exquisito argu- mento"). Remite asimismo a todo un campo de conocimientos pre- vios que vuelve a crear un universo de referencia ("Un espectáculo fulgurante con la magnificencia de Folies-Bergere, el chic del Casino de París y la alegría del Moulin Rouge") y transmite un segundo nivel de discurso, inaccesible para quien no conoce las claves (inserción de títulos y de frases enteras en lengua extranjera, principalmente en inglés: "Ed Gardner presents on the stage ... a pageant of lovely. ..").

Así es también como en "Yerma, la discutida obra del teatro español" o en "Estreno de la magistral obra del joven poeta español...", el de- terminante fa (o el) funciona esencialmente. en los dos casos, como elemento de presuposición. En suma, es un discurso alimentado por mitos (malinchisrno, mitos procedentes de focos culturales naciona- les y extranjeros: cf.

"...

que actualmente están aplaudiendo los me- tropolitanos

...

con su maravilloso espectáculo de París, Viena y Nueva York

..."

) y que repite estereotipos probablemente todavía no acepta- dos por el primer público. Este segundo discurso se refiere, ante todo, a representaciones teatrales; también aparece, sin embargo, en la publicidad de algunos cines como el Rodr19uez el Zaragoza y el Anahuacen particular, lo cual corresponde a una definición indirecta de sus públicos respectivos.

En el curso de la presentación que precede sólo he descrito en realidad las características negativas del primer discurso; he ahí en efecto todo lo que éste no es; y todo lo que este primer discurso no es, corresponde significativamente a todo lo que no es el primer público. Referencias. presuposiciones, mitos, estereotipos, remiten en efecto a la existencia de un código que implica. para que aquél pueda fun- cionar correctamente. que cada uno de los receptores/emisores ten- ga un rol activo en su ensayo a nivel de la conciencia individual y en su reproducción a nivel de la conciencia colectiva. El vacío semiológico '

oculto por el relator po,: en la forma de referencia antes citada, es el signo más claro de la no participación de los individuos a quienes se

dirige el primer discurso publicitario en este código, que reproduce, de hecho, más o menos distinta y directamente los contornos de lo que llamamos tradicionalmente la cultura.'

Al actor-objeto le corresponde pues. en cierto modo, un público pasivo. pero sería inexacto oponer en este punto un sujeto cultural definido por un público activo a otro al que le correspondería un pú- blico pasivo. Se trata más exactamente de dos estados susceptibles de coexistir, por lo demás, en una misma conciencia de un mismo sujeto cultural. Es el conjunto constituido por las dos prácticas y por su mutua relación lo que instituye la instancia donde se regula la competencia del sujeto cultural. En realidad, la oposición de la que he partido es más compleja: los intérpretes transitan la mayoría de las veces de un campo al otro y prestan su colaboración sucesiva- mente al teatro, al cine o a la televisión; semejante intercambiabilidad interfiere en la percepción que podemos tener de ello, lo cual, por lo demás. no altera sin embargo los estatus respectivos de las diferen- tes funciones que ocupan y sólo traduce la capacidad de acomoda- ción de los actores. Sin embargo, esta misma interferencia no es más que un efecto de la tendencia a interpenetrarse y a deconstruirse el uno e n el otro que presentan ambos campos. El problema no se plan- tea en términos de niveles culturales, sino más bien en función de la mayor o menor capacidad de recibir los impactos respectivos de uno u otro campo y de las fluctuaciones de dicha capacidad en un mismo individuo en un tiempo dado. En el marco de este conjunto es donde yo propongo que se examinen ciertos aspectos del star-system, en particular la cosificación de la que es objeto ese personaje ausente que es el-actor-de-pefícufa, cosificación tanto mayor cuanto más acu- sado es su aspecto fantasmal.

(19)

como consecuencia del desarrollo de la lógica estructural, las obliga- ciones inherentes al estatuto del actor-de-peIícufa-objeto, las cuales le condenan a no ser más que una ausencia o un fantasma. Esta puesta en escena es el contrapeso indispensable de su estatuto de personaje fantasmal y constituye el más poderoso vector de los procesos de identificación. El espectador sobrepasa la identificación con el perso- naje y redobla esta primera identificación con una segunda que le hace entrever Su propio destino calcado del modelo de su ídolo. Pero el ídolo s i p e siendo. sin embargo. el ídolo. es decir inaccesible. Esta tensión entre la identificación y la inaccesibilidad convierte el

star-

system

en un producto ideológico modelo; por una parte, en la medi-

da en que al darle al sujeto la impresión de que puede identificarse con su ídolo y con sus condiciones de vida, le oculta las condiciones objetivas de su inserción socioeconómica, y por otra. en la medida en que, como para seguir siendo ídolo, el ídolo debe, necesariamente, ser inaccesible. mantiene al sujeto en su estatuto y contribuye a sig- nificarle su posición. Evocaremos en este punto la diferencia que es- tablece T. Herbert entre la forma empírica y la forma especulativa de la ideología cuando precisa que en la primera, la posición de los agen- tes en el proceso de producción "se halla travestida en otras cadenas significantes que tienen a la vez por efecto el significar esta posición

L...] y disimularles esta p~sición".~

Los factores de emergencia de estos fenómenos no son, sin em- bargo, reductibles a las condiciones socioeconómicas únicamente. Nos hallamos una vez más confrontados a la lógica de la auto-represen- tación del sujeto cultural, la cual se ha estructurado desde sus oríge- nes en torno a cierta concepción de lo sagrado. El

star-system

pro- yecta la caricatura del sujeto cultural, un sujeto cultural que, ilumi- nado desde este ángulo, desarrolla hasta sus últimas consecuencias sus virtualidades ideológicas.

El sujeto cultural es, en efecto, como ya hemos dicho, un avatar del sujeto ideológico. Es este sujeto el que

seauto-representa en todo

acto de representación.

Aquellos o aquellas a quienes la colectividad

delega para representar, esto es, para exorcizar su destino, acceden

Hérberc, 1968.

-36-

por esta función a un estatuto que los distingue radicalmente de aque- llos mismos con quienes tienen por misión identificarse y que los convierte ya en réprobos -como e n la edad clásica-, ya en ídolos -como en nuestras sociedades modernas-. Conviene, sin embargo. reflexionar sobre la significación de ese estatuto de ídolo que les es atribuido. Separadas de todo contexto socioeconómico y de cualquier verdadero contacto con la realidad, incluso cuando son objeto de in- vestigaciones periodísticas, consideradas como personas "fuera de lo común", por encima de las normas, las estrellas son, en cierto modo, esencializadas y por lo mismo cosificadas en forma de objetos inal- terables e intocables.

Hemos visto, gracias al ejemplo de Monterrey, que la línea de demarcación pasa entre el cine y el teatro: en el cine, al

actor-objeto

le corresponde un público que no toma parte activa en el acto cultu- ral y que no hace más que consumir lo que buenamente se le propone como espectáculo. Y en este caso concreto, la dicotomía de función es radical y el paralelismo asombroso: a un actor fantasmal le corres- ponde un público que a su vez, de alguna manera, está ausente.

Ac-

tor ypúbiico no existen

af

mismo tiempo.

Habría que resumir aquí a grandes rasgos y de manera forzosa- mente muy esquemática las principales etapas de una evolución. En el origen de lo que será luego representación, un acto ritual donde comulgan con el mismo fervor el que mira y el que actúa o, también, en otro dominio, las prácticas originales y auténticas del folklore car- navalesco. El carnaval no se representa, se vive como una fusión en lo colectivo. La máscara misma es el vector de esta fusión: borra el rostro y gracias a ella el individuo se esconde tras una función mítica o social. Al igual que en los ritos sagrados primitivos, el individuo se confunde con el conjunto social. Tanto en un caso como en el otro, se trata de una

concefebracjón

en un nlismo espacio y en un mismo tiempo.

(20)

EL sumo c u ~ m : SOCZOCRRI~ Y PSZCOANAUSZS

co~ceiebraciones son de hecho auto-representaciones y por ello se estructuran en espejo. Podemos comprender que este espejo se vuel- va un espacio de tensiones que solicita, por consiguiente, represen- taciones del Poder a partir del momento en que interviene la figura de la Ley y donde. correlativamente, surge el sujeto cultural. Estas

concelebraciones implican pues, porque se estructuran en espejos, una escisión, condenada a acentuarse, a volverse candilejas, escena- rio. pantalla. barrera

...,

a partir del momento e n que interviene la figura de la Ley y surge. correlativamente, el sujeto cultural.

Desde sus orígenes, la escisión del sujeto cultural contiene el ger- men de las obligaciones estructurales de toda representación, desde el carnaval espectáculo hasta la perversión radical que de ella ofrece el star-sptem.

Así pues, tanto en lo concerniente al actor-de-película-objefo,

como a la tensión que estructura la auto-representación del sujeto cultural (proceso de jdentjficac/ón

<-

vs

->

diferencjacióB rad!ca//,

el star-system puede aparecer como la reactivación y la perversión de las obligaciones específicas del sistema modelizante cuestionado (la especificidad de la representación cinematográfica) por efecto de la dinámica de la evolución de las estructuras socioeconómicas.

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El sujeto colonial:

no representabilidad del otro

En su carta a Luis Santángel, con fecha 15 de febrero de 1493, Cristóbal Colón describe de la siguiente manera el paisaje de la isla de La Española:

(21)

son muy temerosos a maravilla. C...] Verdad es que, después que aseguran y pierden este miedo, ellos son tanto sin engaño y tan liberales de lo que tienen, que no lo creríaIn1 sino el que lo viese.

L.1

me quedan de la parte del Poniente dos provinsias que io no he andado, la una de las cuales llaman Auan, donde nasen la gente con cola. L...] En todas estas islas me parece que todos los ombres sean contentos con una mujer, y a su maioral o Rey dan fasta veinte. Las mugeres me parece que trabaxan más que los ombres. Ni he podido entender si tienen bienes propios. que me parecio ver que aquello que uno tenía todos hazían parte. en especial de las cosas comederas. En estas is- las fasta aquí no he hallado ombres mostrudos, como muchos pensavan, mas antes es toda gente de muy lindo acatamiento [...l. Así que mostruos no he hallado no noticia, salvo de una isla que es Carib. C...] que es poblada de una iente que tienen en todas las islas por muy ferozes, los cuales comen carne umana. L..] Son ferozes entre estos otros pueblos que son en demasiado grado covardes, mas yo no los tengo en nada más que a los otros. Estos son aquellos que tratan con las mugeres de Matinino C...] en la cual no ay hombre ninguno. Ellas no usan exercicio femenil, salvo arcos y flechas [...] y se arman y cobigan con launes de ararnbre, de que tienen mucho.'

Para expresar el asombro que siente ante el paisaje, Colón recu- rre a unos modelos discursivos que le permiten dar cuenta de una tierra y unos objetos desconocidos a partir de todo aquello que su destinatario conoce. La "alteridad" s e moldea e n un primer momento e n lo semejante. Se trata, además, de lo que podría llamarse una similitud mítica. En efecto, aquí todo remite a lo paradisíaco: la acu- mulación de los superlativos, las características de esta tierra (fertili- dad, belleza. diversidad), sus productos (frutos, plantas, miel), la ar- monía que reina entre sus elementos (el agua, los bosques, las mon- tañas, el cielo), la suspensión aparente del tiempo (en pleno mes de noviembre el follaje de los árboles está tan verde como lo está e n mayo e n España; algunos de los árboles tienen frutos, otros están e n

'

Carta a Santángel (14931 en Crlstobal Colón. Bxtos y documentos completos.

P&go ynoras de Consuelo mrela, Alianza Universal. 1984. págs. 219-222.

EL SUJETO C I Z Z X M COLOhE.: LA NO REPRESGWABILIDAL DEL OTRO

flor, otros e n una etapa distinta de la producción)! Los habitantes, ' numerosos, son a s u vez bellos, pacíficos, generosos y cándidos. suti- les. Lejos de ser idólatras, están dispuestos todos a convertirse. Sus costumbres corresponden más o menos a las costumbres de los espa- ñoles: "En todas estas islas me parece que los hombres se contentan con una sola mujer". En fin, detalle significativo, no parece haber propiedad privada: "...me ha parecido que todos compartían lo que cada uno poseía. e n particular el alimento".

No obstante. e n este primer discurso van insinuándose las hue- llas de un discurso contradictorio. Lo diferente se desborda, al pare- cer, de lo semejante. El modelo discursivo no resulta apto para ex- presarlo todo y deja e n sus orillas fragmentos de discurso, objetos. valores irreductibles; quizá porque ante todo esta realidad se presen- ta como la realización concreta de un mito. La palabra maracila, tér- mino recurrente. alcanza aquí todo su sentido: Colón describe un mun- do e n el que las estaciones se confunden, y este signo de lo extraño da a lo desemejante s u estatuto de desemejante. Para enunciarlo, el narrador recurre a una expresión que podría considerarse absurda. sin sentido: "Hay palmeras de seis u ocho especies que son sorpren- dentes por s u be& deformidad..". Covarrubias nos recuerda, e n efec- to, que deformidad, palabra que se aplica a todo lo que es despropor- cionado, y por ello mismo carente de una bella apariencia, puede ser sinónimo de fealdad

Por muy conjurado que aparezca, gracias a la presencia del adje- tivo beUo, el sema de lo deforme y, de un modo general e n la primera parte del texto, los semas del exceso, de la sobre abundancia, de lo maravilloso, convocan

a

las figuras de lo monstruoso, las cuales, ade- más, no tardan e n aparecer entre los intersticios del discurso de la realidad reconstruida: "dos provincias que io no he andado, la una de las cuales llaman Avan adonde nasen la gente con cola L...] En estas islas fasta aquí no he hallado ombres mostrudos L..] Así que mostruos no he hallado ni noticia, salvo de una isla que es Carib L...] poblada de una iente que tienen e n todas las islas por muy ferozes. los cuales comen carne umana".

(22)

reservadas en el Viejo Mundo a las mujeres y sustituyen a los hom- bres.

En la evocación edénica del paisaje de la Española asoma. pues. un discurso mítico que tiende a poblar las tierras desconocidas de monstruos, conforme a una tendencia bien conocida. Quien habita otro mundo no puede ser mi semejante. Como lo escribe excelente- mente Roberto Lionetti, "la anomalía en cuanto subversión del orden clasificador encuentra su terreno de predilección más allá de los már- genes geográficos, en unas tierras misteriosas transformadas en le- janos horizontes oníricos en los que todo es p ~ s i b l e " . ~

De modo que estos fragmentos de discurso evidencian un poten- cial de re-inversión del discurso edénico en su contrario; si éste se actualiza. particularmente al principio del texto, puede en cualquier momento pervertirse o subvertirse por la actualización de su contra- rio, conforme a una ley fundamental de funcionamiento de las es- tructuras discursivas.

Me gustaría atenerme aquí Únicamente a la descripción del in- dio, para tratar de mostrar cómo estas pocas huellas, aunque neutra- lizadas por la adjetivación (bella ddjformidaad/o por la negación /Bo

be

haflado ombresmostrudos/, van a organizarse. más lejos, e n un sis- tema significativo en el que intervienen a la vez los semas de lo mons- truoso y de la inversión sexual para producir una figura que se inser- ta. además. en una continuidad folklórica y pinta al indio con los ras- gos de un hombre que amamanta a su progenie. En su estudio sobre

Le lait dupere, R. Lionetti relaciona este tema con ciertos textos pu- blicados entre finales del siglo XVi y el siglo XVIII. Así, a finales del siglo XVI, Renward Cysat, en su Relación verdadera sobre

las

islas y el reino del Japón descubiertosrecientemte ysobre las Indias des- conocidasanteriormente, habla de "la existencia de una población de Brasil en la que los hombres estaban provistos de senos tan grandes e hinchados de leche que eran suficientes para amamantar y criar a sus hijos"; el naturalista polaco Jonston escribe sobre el mismo tema en Thaumatograpbia naturalis (1632): "Los que recorren el Nuevo Mundo cuentan que casi todos los hombres disponen de una gran

R. Lionerti; Le fair dupere, pág.139

EL SUJETO CLn7iWA¿ COLOMRC.' ¿A NO REPRSLWMILIDAO CEL OTRD

cantidad de leche". Estas fábulas siguen divulg~ndose en el último cuarto del siglo XVIII en el libro investigciones filosóficas sobre los americanos(1768-1769). del holandés Corneille de Pauw, lo cual mo- tiva los comentarios sarcásticos de un jesuita mexicano, Francisco Saverio Clavigero:

¡Qué bellos materiales para una Thaumatografía! En verdad yo no sé qué admirar más: la temeridad y lo impúdico de estos viajeros que expanden tales fábulas, o la muy grande estupi- dez de los que las adoptan [...] Y aquel que lea otras contradic- ciones y tonterías semejantes publicadas en Europa desde hace algunos años, ¿no se dará cuenta de que los viajeros, historia- dores, naturalistas y filósofos europeos han establecido en América el almacén de sus fábulas y sus habladurías y que para amenizar su obra con la novedad maravillosa de sus su- puestas observaciones, atribuyen a todos los americanos lo que ha sido observado en algunos individuos o, aún más, en ningu- no?

Esta representación lingüística se conecta con algunas figuras de la iconografía de los Grandes viajespublicados en Francfourt por Boy entre 1590 y 1634, y que Bernadette Bucher analiza de manera atrac- tiva en La sauvage aux sainspendants. Esta iconografía puebla el Nuevo Mundo de figuras míticas heredadas de la tradición medieval, como los hombres sin cabeza cuya cara está dibujada en el pecho y que se hallan e n un mapa de la Guayana, o como los paisajes y los animales fantásticos 'que son reapariciones de las maravillas medie- vales retocadas por una imaginación b a r r ~ c a " . ~ B. Bucher destaca un motivo 'que reaparece con mayor frecuencia que los otros, a saber, un tipo de mujeres

L..]

que, frente al canon de las proporciones res- pectivas en la imagen de las otras indias, presentan un pecho falto de gracia con los senos colgantes, a veces asociado al aspecto de juven- tud robusta de las otras indias, a veces al contrario, a las viejas horri- bles y demacradas

...".'

Relacionada con esta representación s e en-

Claviero, Sroria Antica del Messico, vol 11, T. IV; págs. 169 y siguientes. B. Bucher, fa sauvage auxseúlspeBdanrs pág.23.

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