Memorias de Adriano

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Memorias de Adriano

NÚCLEO DE LA NOVELA

En esta selección de textos ordenados según los diversos planos semiológicos de la obra, se hace referencia al número de página en que se tocan los temas en la edición de Gallimard, collection folio (1988). La traducción es mía. No siempre ha resultado fácil catalogar un texto dentro del esquema de los planos semiológicos; pero ello no es demasiado importante cuando lo que se ha intentado es ofrecer una antología ordenada de los textos más interesantes desde el punto de vista del contenido.

Cultura

Culto de Mitra: V,63

Arduo ascetismo, exigente de tensión de la voluntad; obsesión de la muerte, de la sangre.

Eleusis: XV,161-2

Estos grandes ritos no hacen más que simbolizar los acontecimientos de la vida humana, pero el símbolo va más allá del acto, explica cada uno de nuestros gestos en términos de mecánica eterna. Le enseñanza recibida en Eleusis debe mantenerse en secreto: tiene por otra parte tantas menos probabilidades de ser divulgada en cuanto que es por naturaleza inefable. Formulada, no conseguiría más que las evidencias más banales; en ello está precisamente su profundidad. Los más elevados grados que me fueron como consecuencia conferidos en el curso de las conversaciones privadas con el hierofante no añadieron casi nada al choc inicial sentido igualmente por el más ignorante de los peregrinos que participa en las abluciones rituales y bebe de la fuente. Yo escuché las disonancias resolverse en un acorde; por un momento me apoyé en otra esfera, contemplé de lejos, pero también de muy cerca, esta procesión humana y divina en la que ocupaba mi lugar, este mundo en el que todavía existe el dolor, pero ya no el error. La suerte humana, este vago trazado en el cual el ojo menos experto reconoce tantos fallos, brillaba como los designios del cielo.

Religión egipcia: XX,212

Ungida ritualmente de miel y de esencia de rosa, la bestia inerte fue depositada en el fondo de una cuba llena de agua del Nilo; la criatura ahogada se asimilaba al Osiris llevado por la corriente del río; los años terrestres del pájaro se sumaban a los míos; la pequeña alma solar se unía al Genio del hombre para el cual se la sacrificaba; este Genio invisible podía en adelante aparecérseme y servirme bajo esta forma.

Ética: XII,117

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Historia: Adriano:

Consejo del príncipe: XIII,136

La élite de los funcionarios que yo comencé a formar me corteja. El consejo del príncipe: gracias a los que lo componen me he podido ausentar de Roma durante años, y no volver a ella más que de paso. Estaba en comunicación con él mediante los correos más rápidos; en caso de peligro, mediante las señales de los semáforos. Ellos a su vez han formado otros auxiliares útiles. Su competencia es obra mía; su actividad bien regulada me ha permitido emplearme en otros lugares. Ello me permitirá ausentarme en la muerte sin demasiada inquietud. De los veinte años de ejercicio del poder, he pasado doce sin domicilio fijo. Contribuciones voluntarias al emperador: XIII,131-2

He renunciado a las contribuciones voluntarias hechas por las ciudades al emperador, que no son más que un robo disfrazado.

Deudas al Estado: XIII,132

La anulación completa de las deudas de los particulares al Estado era una medida más arriesgada, pero necesaria para hacer tabula rasa tras diez años de economía de guerra.

Itálica: XX,208

Compré en el taller de un escultor todo un lote de Venus, de Dianas y de Hermes para Itálica, mi villa natal, que me proponía modernizar y adornar.

Cristianos: Se distinguen por una abundancia de sectas. XX,208 Decadencia ética y filosófica de Roma: XXIII,240-1

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dinero y de honores, propagaba por todas partes chistes a mi costa. Las treinta legiones que yo comandaba eran, si se le creía, mis únicos argumentos válidos en las justas filosóficas con las que yo tenía la vanidad de complacerme, y en las que él tenía el cuidado de dejar la última palabra al emperador. Ello era tacharme a la vez de presunción y de estupidez; era sobre todo enorgullecerse de una extraña cobardía. Pero los pedantes se irritan siempre de que se conozca tan bien como ellos su limitado oficio; todo servía de pretexto para sus comentarios malignos: yo había dictaminado la inclusión en los programas de las escuelas de las obras demasiado ignoradas de Hesíodo y de Enio; estos espíritus rutinarios me dieron pronto ganas de destronar a Homero, y al límpido Virgilio, que, sin embargo, yo citaba sin cesar. No había nada que hacer con esas gentes. XXIII,240-1

Domiciano: exilió a Epicteto. XV,158 Guerra de Judea:

Grupos zelotes atacaron a las guarniciones romanas aisladas y masacraron a nuestros soldados con refinamientos de furor que recordaron los peores momentos de la revuelta judía bajo Trajano; Jerusalén al fin cayó por completo en manos de los insurgentes y los nuevos barrios de Aelia Capitolina ardieron como una antorcha. Los primeros destacamentos de la Vigésimo-segunda Legión Dejotariana, enviada desde Egipto a toda prisa bajo las órdenes del legado de Siria Publio Marcelo, fueron derrotados por bandas diez veces superiores en número. La revuelta se había convertido en guerra, y en una guerra inevitable.

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ignorar durante largo tiempo la complicidad de las otras grandes ciudades; éstas, convertidas en las últimas fortalezas del enemigo, fueron más tarde atacadas y reconquistadas a su vez calle por calle y ruina por ruina. Durante estos tiempos de prueba, mi puesto estaba en el campo, y en Judea. Tenía depositada en mis dos lugartenientes la más entera confianza; por ello convenía todavía más que fuera allá para compartir la responsabilidad de las decisiones que, fueran cuales fuesen, se preveían atroces. Al final del segundo año de campaña, hice amargamente mis preparativos de viaje; Euphorion empaquetó una vez más mi equipo de higiene, un poco gastado por el uso, realizado antaño por un artesano de Esmirna, la caja de libros y mapas, la estatuilla de marfil del Genio Imperial y su lámpara de plata; desembarqué en Sidón al principio del otoño. XXV,255-6

Al principio del tercer año de campaña, el ejército sitió la ciudadela de Bethar, nido de águilas donde Simón y sus partisanos resistieron durante cerca de un año las lentas torturas del hambre, de la sed y de la desesperación, y donde el Hijo de la Estrella vio perecer uno a uno a sus fieles sin aceptar rendirse. Nuestro ejército sufría casi tanto como los rebeldes: éstos, al retirarse, habían quemado los vergeles, devastado los campos, degollado el ganado, infectado los pozos echando en ellos los muertos; estos métodos salvajes eran horribles, aplicados a esta tierra naturalmente árida, ya roída hasta el hueso por largos siglos de locuras y furores. El verano fue cálido y malsano; la fiebre y la disentería diezmaron nuestras tropas; una disciplina admirable continuaba reinando en estas legiones forzadas a la vez a la inacción y a la vigilancia; el ejército acosado y enfermo era sostenido por una especie de rabia silenciosa que se traspasó a mí. Mi cuerpo no soportaba ya tan bien como antaño las fatigas de una campaña, los días tórridos, las noches asfixiantes o heladas, el viento duro y el polvo chirriante; llegué a dejar en mi escudilla el tocino y las lentejas cocidas del rancho; me quedaba con hambre. Arrastraba una tos mala desde bastante antes del verano; yo no era el único. En mi correspondencia con el Senado, suprimía la fórmula que figura obligatoriamente en el encabezamiento de los documentos oficiales: El emperador y el ejército están bien. El emperador y el ejército, al contrario, estaban peligrosamente cansados. Por la noche, después de la última conversación con Severo, la última audiencia de los tránsfugas, el último correo de Roma, el último mensaje de Publio Marcelo, encargado de limpiar los alrededores de Jerusalén, o de Rufo, ocupado en reorganizar Gaza, Euphorio medía parsimoniosamente el agua de mi baño en una cuba de tela alquitranada; yo me acostaba sobre mi lecho; intentaba pensar.

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flexibilidad y el deseo de agradar, las diferencias irreconciliables, el punto en el que dos pensamientos de especies opuestas no se encuentran sino para combatirse. Nuestros territorios se extendían sobre centenares de leguas, millares de estadios, más allá del seco horizonte de las colinas, pero la roca de Betar constituía nuestra frontera: podíamos aniquilar los macizos muros de esta ciudadela en la que Simón consumaba frenéticamente su suicidio; no podíamos impedir a esta raza decirnos que no. XXV,257-60

Por la noche, reuní a mis fuerzas para escuchar el informe de Rufo: la guerra tocaba a su fin; Akiba, quien, desde el principio de las hostilidades, aparentemente se había retirado de los asuntos públicos, se consagró a la enseñanza del Derecho rabínico en la pequeña ciudad de Usfa, en Galilea; esta aula se había convertido en el centro de la resistencia zelote; mensajes secretos eran cifrados y transmitidos a los partisanos de Simón por manos nonagenarias; fue preciso reenviar a la fuerza a sus hogares a los estudiantes fanatizados que rodeaban a este anciano. Después de largas vacilaciones, Rufo se decidió a hacer prohibir como sedicioso el estudio de la Lengua judía; algunos días después, Akiba, que había contravenido este decreto, fue detenido y ejecutado. Otros nueve doctores de la ley, el alma del partido zelote, perecieron con él. Yo había aprobado todas estas medidas con un signo de la cabeza. Akiba y sus fieles murieron persuadidos hasta el final de ser los únicos inocentes, los únicos justos; ningún de ellos soñó aceptar su parte de responsabilidad en las desgracias que abrumaban a su pueblo. Se les envidiaría, si se pudiese envidiar a los ciegos. No niego a estos diez energúmenos el título de héroes; en cualquier caso, no eran sabios.

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nosotros los instrumentos de la cólera divina. La larga serie de delirios y malentendidos continuaba.

Una inscripción colocada sobre el emplazamiento de Jerusalén prohibió a los judíos, bajo pena de muerte, instalarse de nuevo en ese montón de escombros; reproducía palabra por palabra la frase inscrita antaño en el portal del templo, y que prohibía la entrada a los incircuncisos. Un día al año, el nueve del mes de Ab, los judíos tienen el derecho de venir a llorar ante un muro en ruinas. Los más piadosos rehusaron abandonar su tierra natal; se establecieron lo mejor que pudieron en las regiones menos devastadas por la guerra; los más fanáticos emigraron al territorio parto; otros fueron a Antioquía, a Alejandría, a Pérgamo; los más finos se presentaron en Roma, donde prosperaron. Judea fue tachada del mapa, y, obedeciendo a mi orden, tomó el nombre de Palestina. Durante estos cuatro años de guerra, cincuenta fortalezas, y más de novecientas ciudades y pueblos fueron saqueados y aniquilados; el enemigo perdió cerca de seiscientos mil hombres; los combates, las fiebres endémicas, las epidemias nos quitaron cerca de noventa mil. La reconstrucción del país sucedió inmediatamente a los trabajos de la guerra; Aelia Capitolina fue reconstruida, a una escala más modesta; es preciso recomenzar siempre. XXVI,267-9

Poblamientos: XXIII,234

Habían afluido los veteranos a Andrinópolis, atraídos por donaciones de tierras y reducciones de impuestos. El mismo plan se debía aplica a Antinoé. Yo había acordado hacía tiempo por todas partes exenciones análogas a los médicos y a los profesores, con la esperanza de favorecer el mantenimiento y desarrollo de una clase media seria y sabia.

Regiones del Imperio: XIV,153-4

Galia próspera, España opulenta, me retuvieron menos tiempo que Bretaña. En la Galia narbonesa reencontré a Grecia, que ha llevado hasta allá sus escuelas de elocuencia y sus pórticos bajo un cielo puro.

Ideología1

Abstinencia de carne: I,18-9

Ostentación de ascetismo que nos distancia de los demás. Ambición de poder: X,99

Quería el poder, sobre todo para ser yo mismo antes de morir.

1Muy a menudo no están claros los límites entre lo que es la ideología del personaje Adriano

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Amor:

El único juego que perturba el alma; juego misterioso que va del amor de un cuerpo al amor de una persona; extraña obsesión que hace que esta misma carne de la que nos preocupamos tan poco cuando compone nuestro propio cuerpo pueda inspirarnos una tal pasión simplemente porque está animada por una individualidad diferente de la nuestra; la primera aproximación hace al no iniciado el efecto de un rito aterrador; la emoción nace en el contacto; un ser pasa de estar en la periferia de nuestro universo a constituir su centro, se nos hace más indispensable que nosotros mismos; invasión de la carne por el espíritu. I,20-3

El amor impide al amante comer, dormir, pensar, e incluso amar, en tanto que ciertos ritos no se han consumado. X,100

Esta calma tan propicia a los trabajos y a las disciplinas del espíritu me parece uno de los más bellos efectos del amor. XVI,179 Autoridad absoluta: X,102

La mayoría de las personas que han ejercido una autoridad absoluta buscan desesperadamente en su lecho de muerte un continuador dócil, empleado con los mismos métodos, e incluso con los mismos errores.

Autoridad (su ejercicio): XIII,128-9

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Cultura griega:

Lleva detrás tesoros de experiencia, la de los hombres y la del Estado. Todo lo que cada uno de nosotros puede intentar hacer para perjudicar a sus semejantes o para servirlos ha sido hecho por un griego, al menos una vez. Nuestros vicios y virtudes tienen modelos griegos. III,45

La única cultura que se haya separado un día de lo monstruoso, de lo informe, de lo inmóvil, que haya inventado una definición del método, una teoría de la política y de la belleza. IX,88

Despertar: I,26

Volver de muy lejos al estrecho reducto de humanidad que es el yo. Diferenciación sexual: VII,75

Un hombre que lee, o que piensa, o que calcula, pertenece a la especie, y no a su sexo.

Disciplinas griegas: XXIII,241-2

Todo lo que en nosotros es humano, ordenado y lúcido procede de ellas. La seriedad un poco pesada de Roma, su sentido de la continuidad, su gusto por lo concreto, fueron necesarias para transformar en realidad lo que en Grecia continuaba siendo una admirable visión espiritual, un bello aliento del alma.

Elección: su carácter permanente en la vida: XIV,151

Cada hombre tiene siempre que elegir sin cesar, a lo largo de su breve vida, entre la esperanza infatigable y la sabia ausencia de esperanza, entre las delicias del caos y las de la estabilidad, entre el Titán y el Olímpico. Tiene que elegir entre ellos, o conseguir un día armonizarlos entre sí.

Enemigo: un excelente profesor de prudencia. XXVII,275 Enfermedad:

No se ha comprendido nada de ella mientras no se ha reconocido su extraña semejanza con la guerra y el amor: sus compromisos, sus astucias, sus exigencias, esta amalgama extraña y única producida por la mezcla de un temperamento y de un mal. XXVI,269

La solicitud de mis amigos equivale a una vigilancia constante: todo enfermo es un prisionero. XXIX,300

Esclavitud: XIII,129

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Ética: XXVII,280

La edad no me ha parecido nunca una excusa para la malignidad humana; vería más bien en ella una circunstancia agravante.

Evaluación de la existencia humana: 3 medios (mellados): II,30-2 -Los libros: mienten, incluso los más sinceros:

-Los poetas nos transportan a un mundo más bello, más ardiente o más suave que el real.

-Los filósofos hacen experimentar a la realidad las transformaciones que el fuego o la maza hacen experimentar a un cuerpo: nada del ser original subsiste. -Los historiadores proponen del pasado sistemas demasiado completos y series de causas y efectos demasiado exactas y claras para ser verdaderos.

-Los cuentistas exhiben en el mostrador pequeños trozos de carne apreciadas por las moscas.

-La observación directa de los hombres: método todavía menos completo, limitado por lo general a las bajas constataciones con las que se sacia la malevolencia humana; casi todo lo que sabemos del otro es de segunda mano; si un hombre se confiesa, defiende su causa.

-La observación de uno mismo, individuo junto al cual se está obligado a vivir hasta el final. En el fondo, el conocimiento de uno mismo es oscuro: uno emplea la inteligencia en ver de lejos y desde más arriba su propia vida, que así se convierte en la vida de otro; tiende a ver su vida parcialmente modificada por la imagen que el público tiene de ella.

Conclusión: a la mayoría de los hombres les gusta resumir su vida en una fórmula, a menudo presuntuosa, a menudo una queja, casi siempre una recriminación; su memoria fabrica complacientemente una existencia explicable y clara. A menudo, la propia vida es lo que no ha sido.

Fanatismo: XXV,254

En todo combate entre el fanatismo y el sentido común, rara vez triunfa este último.

Felicidad: XVI,180

Toda felicidad es una obra maestra: el menor error la falsea, la menor duda la altera, la menor torpeza la afea, la menor tontería la embrutece.

Fortuna (riqueza): I,24.

Sus inconvenientes: se puede creer que se seduce cuando en realidad se impone.

Fracaso: XXVIII,289

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Gramática: III,43-4

Con su mezcla de regla lógica y de uso arbitrario, propone al espíritu del joven una muestra de lo que le ofrecerán más tarde las ciencias de la conducta humana, el Derecho o la Moral, todos los sistemas en los que el hombre ha codificado su experiencia instintiva. Griego: III,45

Flexibilidad de cuerpo muy en forma.

Riqueza de vocabulario: cada palabra atestigua el contacto directo y variado de las realidades.

Casi todo lo que mejor han dicho los hombres lo han dicho en Griego. Guerras: IX,84

Mi puesto en las fronteras me mostró una cara de la victoria que no figura en la Columna Trajana. Mi retorno a la administración me permitió acumular contra el partido militar un informe todavía más decisivo que todas las pruebas amasadas en los ejércitos. Los cuadros de las legiones y la guardia pretoriana entera están exclusivamente formados por elementos italianos: las guerras lejanas drenaban las reservas de un país ya pobre en hombres. Los que no morían estaban tan perdidos como los otros para la patria propiamente dicha, porque se les establecía forzosamente sobre las tierras recién conquistadas. Incluso en las provincias, el sistema de reclutamiento causó en esta época revueltas serias. Un viaje a España me atestiguó el desorden introducido por la guerra en todos los sectores de la economía: acabé de convencerme de lo bien fundamentado de las protestas de los hombres de negocios de Roma. No era tan ingenuo como para pensar que era cuestión de evitar todas las guerras; pero yo no quería más que las defensivas; soñaba con un ejército encargado de mantener el orden sobre las fronteras, tal vez rectificadas, pero seguras. Todo nuevo incremento del vasto organismo imperial me parecía una excrecencia enfermiza, un cáncer, o el edema de una hidropesía por el que acabaríamos muriendo.

Identidad: X,100

A los cuarenta años yo no existía todavía más que para mis propios ojos y para los de mis amigos, que debían a menudo dudar de mí como yo dudaba de mí mismo.

Insomnio: I,27-8

Obstinación maniática de nuestra inteligencia en manufacturar pensamientos, secuencias de razonamientos, silogismos y definiciones propias; rechazo a abdicar en favor de la divina estupidez de los ojos cerrados o de la sabia locura de los sueños.

Judaísmo: XXV,253-4

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Juventud: III,47

Época poco pulida de la existencia, período opaco e informe, fugitivo y frágil.

Leyes: XIII,127-8

Creo poco en ellas. Si son demasiado duras, son rechazadas, y con razón. Si son demasiado complicadas, el ingenio humano encuentra fácilmente maneras de deslizarse entre las mallas de esta nasa frágil que se arrastra. El respeto de las leyes antiguas corresponde a lo que hay de más profundo en la piedad humana; sirve también de almohada a la inercia de los jueces. Las más viejas participan de este salvajismo que intentan corregir; incluso las más venerables son el producto de la fuerza. La mayoría de las leyes penales no alcanzan, tal vez por fortuna, más que a una pequeña parte de los culpables; nuestras leyes civiles no serán nunca suficientemente flexibles para adaptarse a la inmensa y fluida variedad de los hechos. Cambian menos rápidamente que las costumbres: peligrosas cuando se retrasan en relación a éstas, lo son todavía más cuando intentan precederlas. Y, sin embargo, de este montón de innovaciones peligrosas y de rutinas caducas, emergen de vez en cuando, como en Medicina, algunas fórmulas útiles. Los filósofos griegos nos enseñaron a conocer un poco mejor la naturaleza humana; nuestros mejores juristas trabajan desde hace algunas generaciones en la dirección del sentido común. Las reformas parciales son las únicas duraderas. Es mala toda ley transgredida demasiado a menudo: corresponde al legislador abrogarla o cambiarla, por miedo a que el desprecio en el que esta torpe ordenanza ha caído se extienda a otras leyes más justas. Me propuse como objetivo una prudente ausencia de leyes superfluas, un grupito firmemente promulgado de decisiones sabias. Parecía haber llegado el momento de volver a evaluar todas las prescripciones antiguas en interés de la humanidad.

Libertades deseables: III,53-4

De vacaciones, de momentos libres. Quien no sabe provocarlos no sabe vivir.

De alternancia: las emociones, las ideas, los trabajos deben ser susceptibles de poderse interrumpir y ser retomados después. Así no nos tiranizan.

Libertad de aquiescencia: amar el estado en que se está: las obligaciones pierden su carácter amargo, o incluso indigno, si se acepta verlas como un ejercicio útil, intentando disfrutarlas.

Maduración: XXVII,278

Nada es más lento que el verdadero nacimiento de un hombre. Medicina: Ciencia demasiado próxima a nosotros para no ser incierta. III,46 Mesura: Sus palabras mesuradas no eran nunca más que respuestas. X,95 Miedos o impaciencias: IX,83

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Muerte:

Defensas contra ella. XXII,226-7 Dos líneas:

1.Presentarla como mal inevitable, recordar que ni la belleza, ni la juventud, ni el amor escapan a la putrefacción; probar que la vida y su cortejo de males son todavía más horribles que la misma muerte, y que más vale morir que envejecer. Estas verdades nos inclinan a la resignación, justifican la desesperanza.

2.No se trata de resignarse a la muerte, sino de negarla: sólo cuenta el alma; se presenta arrogantemente como un hecho la inmortalidad de esta vaga entidad que jamás hemos visto funcionar en ausencia del cuerpo, antes de tomarse el trabajo de probar su existencia. Si la sonrisa, la mirada, la voz, estas realidades imponderables, se aniquilan, ¿por qué no el alma? Ésta no me parece más inmaterial que el calor del cuerpo. Nos deshacemos de los despojos de los que el alma ya se ha ausentado; sin embargo, son la única cosa que queda, la única prueba de que ese ser vivo haya existido. Se quiere hacer creer que la inmortalidad de la raza palía cada muerte humana; me importa poco que generaciones de bitinios se sucedan hasta el fin de los tiempos. Se habla de gloria, bella palabra que infla el corazón, pero se esfuerzan en establecer entre ella y la inmortalidad una confusión falsa, como si el rastro de un ser fuese lo mismo que su presencia. Me indigna la rabia que tiene el hombre por desdeñar los hechos en provecho de las hipótesis, de no reconocer los sueños como sueños.

Otro mundo cuyos tormentos se parecen a los del nuestro, pero cuyas nebulosas alegrías no valen como las nuestras. XXVII,272 La obsesión por la muerte no ha dejado de imponerse a mi espíritu más

que cuando los primeros síntomas de la enfermedad han venido a distraerme; he vuelto a comenzar a interesarme por esta vida que me dejaba. XXIX,299

Parentesco: XXVII,281

Los lazos de sangre son bien débiles, se diga lo que se diga, cuando no son reforzados por ningún afecto; ello se manifiesta en la gente normal, en los más nimios asuntos relacionados con la herencia. Paternidad: Su carácter superfluo: XXVII,273

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sangre como se establece la verdadera continuidad humana: César es el heredero directo de Alejandro, y no lo es el frágil niño nacido en una princesa persa en una ciudadela de Asia; y Epaminondas, muriendo sin posteridad, se enorgullecía con pleno derecho de tener por hijas a sus victorias. La mayoría de los hombres que cuentan en la Historia tienen ramas mediocres, o peores que eso; parecen agotar en ellos los recursos de una raza.

Patria: III,43

El verdadero lugar de nacimiento es el lugar en que uno se da por primera vez un vistazo inteligente a sí mismo. Para Adriano, las primeras patrias son los libros.

Persona humana:

Los más opacos hombres no carecen de luces. Hay pocos de los cuales no se pueda aprender alguna cosa. Nuestro gran error es intentar obtener de cada uno en particular las virtudes que no tiene, y descuidar las virtudes que posee. III,51

La mayoría de los hombres son poco sólidos en el bien, pero no lo son más en el mal. III,51

Espero poco de la condición humana: los períodos de felicidad, los progresos parciales, los esfuerzos para recomenzar y continuar me parecen prodigios que compensan la casi inmensa masa de males, de fracasos, de incuria y de error. XXX,313-4

Placer: Todo placer disfrutado con gusto me parecía casto. XII,121 Poesía:

Quizá el descubrimiento del amor no es más delicioso que el de la Poesía, que transforma. III,44

Homero: generosa comodidad. III,44 Hesíodo: humilde parsimonia. III,44 Horacio: metal pulido. III,44

Lucrecio: sabia amargura. III,44

Lugares comunes: nos aprisionan. El poeta no triunfa de las rutinas y no impone a las palabras su pensamiento sino gracias a esfuerzos prolongados y asiduos. XXIII,236

Ovidio: blandura de carne. III,44

Poesía complicada y oscura: obliga al pensamiento a la gimnasia más difícil. III,44

Poetas más recientes: trazan vías completamente nuevas. III,44 Poetas más antiguos: ayudan a encontrar pistas perdidas. III,44 Política: XI,111

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Precursores: Tener razón demasiado pronto es un error. X,97 Progreso de las ideas: XXV,263

La suavización de las costumbres, el progreso de las ideas en el curso del último siglo son obra de una ínfima minoría de espíritus selectos; la masa permanece ignorante, feroz cuando puede, en todo caso egoísta y limitada, y podemos apostar fuertemente a que permanecerá siempre así.

Pronósticos: X,93

Yo preveía bastante exactamente el porvenir, cosa posible, después de todo, cuando se está informado sobre una buena cantidad de elementos del presente.

Prostitución: I,24-5

Arte como el masaje o la peluquería, formas demasiado maquinales del placer; disgusto por que una criatura crea poder satisfacer mi deseo, preverlo, adaptarse mecánicamente a lo que supone mi elección.

Protagonismo: IX,83

Mi persona pasaba a un segundo plano, precisamente porque mi punto de vista comenzaba a contar.

Religión: Judíos: III,45

Sectarios, tan obsesionados por su dios que han descuidado lo humano. Retórica: III,44

Siendo sucesivamente Jerjes y Temístocles, Octavio y Marco Antonio, uno se embriaga, se siente Proteo; aprende a entrar alternativamente en el pensamiento de cada hombre, a comprender que cada uno decide, vive según sus propias leyes.

Retorno: XII,121

Placer exquisito el retomar el contacto tras largas ausencias, el volver a juzgar, y el volver a ser juzgado.

Seductor: I,23-4

Su personalidad: la preparación de trampas, la rutina limitada a perpetuas aproximaciones exige una indiferencia. El seductor pierde el placer de ver al amor cambiar, envejecer.

Soledad: un lujo. I,27 Sueño:

Abandono consciente a la inconsciencia; el más perfecto es un anexo del amor. I,25-6

Encuentro con la Nada. I,28

Sueño del amado: fuga, descanso respecto a la propia persona. I,28 Suicidio:

Los deseos de muerte son una muralla contra la misma muerte: la perpetua posibilidad de suicidio me ayudaba a soportar menos impacientemente la existencia. XXIX,298

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Testamentos: X,102

Ancianos obstinados en morir intestados: tratan menos de guardar hasta el final su tesoro que de no establecerse demasiado pronto en el estado póstumo de quien no tiene ya decisiones que tomar, sorpresas que provocar, amenazas o promesas que hacer a los vivos. Vejez:

Derrota aceptada. I,12-3

Yo toda mi vida había tenido buenas relaciones con mi cuerpo; había contado implícitamente con su docilidad, con su fuerza. Esta estrecha alianza comenzó a disolverse; mi cuerpo cesó de formar una unidad con mi voluntad, con mi espíritu, con eso que es preciso que llame, torpemente, mi alma; el compañero inteligente de antaño no era más que un esclavo que rezonga al hacer sus tareas. XXVI,264

La edad en que cada lugar hermoso recuerda a otro más bello, en la que cada delicia se agrava con el recuerdo de las delicias pasadas. XXVII,272

La posibilidad de arrojar la máscara en todas las ocasiones es una de las raras ventajas que le encuentro al envejecimiento. XXVII,275 Viaje: Ruptura perpetua de todas las costumbres, sacudida incesante dada a

todos los prejuicios. XIII,137 Virtud: VIII,82

La más alta forma de virtud, la única que yo todavía soporto, es la firme determinación de ser útil.

Visión de los demás: XXVII,277

Mi opinión sobre él se modificaba sin cesar, lo que no ocurre apenas más que con los seres muy cercanos; nos contentamos con juzgar a los demás con menos precisión, y de una vez por todas.

Personajes Adriano:

Acciones:

Bigamia: XXX,304

Los casos de bigamia se multiplican en las colonias militares; he hecho todo lo que he podido para persuadir a los veteranos de no abusar de las nuevas leyes que les permiten el matrimonio, y de esposar prudentemente a las mujeres de una en una.

Brutalidad judicial (lucha contra): XXX,305

La lucha contra la brutalidad judicial continúa: he tenido que amonestar al gobernador de Cilicia que era de la opinión de hacer morir en el suplicio a los ladrones de ganado de su provincia, como si la simple muerte no fuera suficiente para castigar a un hombre y desembarazarse de él.

Código comercial de Palmira: XXX,304

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Condenas a trabajos forzados (prohibición): XXX,305

El Estado y las municipalidades abusaban de las condenas a trabajos forzados con objeto de procurarse una mano de obra barata; he prohibido esta práctica, tanto con los esclavos como con los hombres libres; pero importa velar para que este sistema detestable no se restablezca bajo otros nombres.

Correo público: XXVIII,284

Establecí el correo público, con sus relevos de caballos y de coches sobre inmensos territorios.

Cristianismo: XXIII,238-40

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voluntariamente limitada por sus orejeras. Me cansé rápidamente de los argumentos capciosos de Quadratus y de esas briznas de Filosofía torpemente tomadas de los escritos de los sabios. Chabrias, siempre preocupado del culto que se debía ofrecer a los dioses, se inquietaba por el progreso de las sectas de este género entre el populacho de las grandes ciudades; temía por nuestras viejas religiones, que no imponen al hombre el yugo de ningún dogma, se prestan a interpretaciones tan variadas como la misma naturaleza, y dejan a los corazones austeros inventarse, si quieren, una moral más alta, sin constreñir a las masas con preceptos demasiado estrictos para no engendrar enseguida la presión ni la hipocresía. Arrio compartía estos puntos de vista. Me pasé toda una velada discutiendo con él el mandamiento de amar al prójimo como a sí mismo; es demasiado contrario a la naturaleza humana para ser sinceramente obedecida por el vulgo, que no amará jamás más que a sí mismo, y no conviene en absoluto al sabio, que no se ama a sí mismo de un modo particular.

Derechos (restablecimiento): XXX,305

En Asia Menor, los derechos de los herederos de los Seléucidas han sido vergonzosamente conculcados por nuestros tribunales civiles, siempre mal dispuestos hacia los antiguos príncipes; he reparado esta larga injusticia. Ejército: XIII,133-5

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gritos de guerra nacionales, y órdenes dadas en sus lenguas; sancioné las uniones de los veteranos con las mujeres bárbaras y legitimé a sus hijos. Me esforcé así en dulcificar la brutalidad de la vida de los campos, en tratar a hombres simples como a hombres. Con el riesgo de hacerlos menos móviles, los quise arraigados en el rincón de tierra que se encargaban de defender; no dudé en regionalizar el ejército. Esperaba restablecer a escala imperial el equivalente de las milicias de la República inicial, en la que cada hombre defendía su campo y su granja. Trabajé sobre todo en desarrollar la eficacia técnica de las legiones; pensaba usar los centros militares como una palanca de civilización, como una cuña suficientemente sólida para entrar poco a poco allí donde los instrumentos más delicados de la vida civil se habrían mellado. El ejército se convirtió en un elemento de unión entre la población del bosque, de la estepa y de las marismas, y el habitante refinado de las ciudades; en escuela primaria para los bárbaros, escuela de resistencia y de responsabilidad para el griego letrado o para el joven caballero habituado a las comodidades de Roma. Yo conocía personalmente el lado penoso de esta vida, y también sus facilidades, sus subterfugios. Anulé los privilegios: prohibí la excesiva frecuencia de los permisos concedidos a los oficiales; hice desembarazar los campamentos de sus salas de banquetes, de sus pabellones de placer y de sus costosos jardines. Estas construcciones inútiles se convirtieron en enfermerías, en asilos para veteranos. Reclutábamos a nuestros soldados a una edad demasiado tierna, y los guardábamos hasta una edad demasiado avanzada, lo que era a la vez poco económico, y cruel. Cambié todo esto. La Disciplina Augusta debe participar en la humanidad del siglo. Eleusis: XV,161

Me hice iniciar en Eleusis. En cierto sentido, la visita a Osroes había producido un quiebro en mi vida. En lugar de volver a Roma, había decidido consagrar algunos años a las provincias griegas y orientales del Imperio: Atenas se convertía cada vez más en mi patria, mi centro. Intentaba complacer a los griegos, y también helenizarme lo más posible, pero esta iniciación, motivada en parte por consideraciones políticas, fue sin embargo una experiencia religiosa incomparable.

Embarazo: límites extremos. XXX,304

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Esclavitud: XIII,131

He velado para que el esclavo no fuese más esa mercancía anónima que se vende sin tener en cuenta los lazos de familia que se ha creado, ese objeto despreciable cuyo testimonio no es registrado por el juez sino después de haber sido sometido a tortura, en lugar de aceptarlo bajo juramento. Prohibí que se le obligase a oficios deshonrosos o peligrosos, que se le vendiese a dueños de casas de prostitución o a escuelas de gladiadores. Que sólo ejerzan esas profesiones aquéllos a quienes les gusten; así serán ejercidas mejor. En las granjas, cuyos capataces abusan de su fuerza, he reemplazado en la medida de lo posible los esclavos por colonos libres. Nuestras colecciones de anécdotas están llenas de historias de gourmets que arrojan a sus domésticos a las morenas, pero los crímenes escandalosos y fácilmente penalizables son poca cosa comparados con los millares de monstruosidades banales, diariamente perpetradas por gentes de bien de corazón seco a quienes nadie intenta inquietar. Hubo protestas cuando desterré de Roma a una patricia rica y considerada que maltrataba a sus antiguos esclavos: el menor ingrato que descuida a sus parientes enfermos choca más a la conciencia pública, pero yo veo poca diferencia entre estas dos formas de inhumanidad. XIII,129-30

Escuelas públicas de Gramática: Apertura. XXX,304 Ética: XIII,12

Yo subordinaría conscientemente todos mis actos al espíritu del tiempo: Humanitas, Felicitas, Libertas. Griegos y judíos: XI,110-1

Eternos incompatibles. Intenté demostrar a los griegos que no eran siempre los más listos, a los judíos que no eran en absoluto los más puros. Las canciones satíricas con los que los helenos de baja especie herían a sus adversarios no eran menos estúpidas que las grotescas imprecaciones de las juderías. Estas razas que vivían puerta con puerta desde hacía siglos no habían tenido nunca la curiosidad de conocerse, ni la decencia de aceptarse. Los pleiteadores me presentaban montones de basura de falsos testimonios: los cadáveres apuñalados que me presentaban como cuerpos del delito eran a menudo los de enfermos muertos en su lecho y robados a los embalsamadores.

Hombres de negocios: XIII,132-3

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hombres. He utilizado sus habilidades; he luchado con todas mis fuerzas contra las trabas. El apoyo proporcionado a los armadores ha decuplicado los intercambios con las naciones extranjeras; he conseguido así suplementar con pocos gastos la costosa flota imperial: en lo que concierne a las importaciones de Oriente y de África, Italia es una isla, y depende de los comerciantes de trigo para su subsistencia desde que no se provee ella misma de él; el único medio de afrontar los peligros de esta situación es tratar a los hombres de negocios indispensables como a funcionarios vigilados estrechamente.

Interés de la comunidad: XIII,132

La mayoría de nuestros ricos hacen enormes donaciones al Estado, a las instituciones públicas, al príncipe. Muchos obran así por interés, algunos por virtud, casi todos finalmente sacan provecho de ello. Pero yo quisiera ver adoptar a su generosidad formas diferentes a las de la ostentación en la limosna, quisiera enseñarles a aumentar sabiamente sus bienes en interés de la comunidad, no como sólo lo han hecho hasta ahora, para enriquecer a sus hijos. Con este espíritu yo mismo he afrontado la gestión del Imperio; nadie tiene derecho a tratar la tierra como el avaro su pote de oro.

Intermediarios: XIII,133

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Moneda: XIII,132

Nuestra moneda se ha devaluado peligrosamente desde hace un siglo; es sin embargo sobre la tasa de nuestras monedas de oro donde se evalúa la eternidad de Roma: nos corresponde devolverles su valor y su peso sólidamente medidos en cosas.

Mujer: XIII,131

He acordado incrementar la libertad de la mujer para administrar su fortuna, testar o heredar. He insistido en que ninguna hija sea casada sin su consentimiento: esta violación legal es tan repugnante como cualquier otra. Muro de Gran Bretaña: XIV,152

La erección de un muro cortando la isla (Bretaña) por su parte más estrecha sirvió para proteger las regiones fértiles y cuidadas del sur contra los ataques de las tribus del norte.

Panteón: XXVIII,289

Uno de los años más solares de mi vida [fue] la época que marca la erección del Panteón.

Panteón de Atenas: XXX,304-5

En Atenas se erige un Panteón, siguiendo el ejemplo de Roma. He compuesto la inscripción que se colocará en sus muros. Enumero en ella, a título de ejemplo y de compromiso para el porvenir, los servicios prestados por mí a las ciudades griegas y a los pueblos bárbaros; los servicios prestados a Roma se suponen. Religión:

Luché con todas mis fuerzas para favorecer el sentimiento de lo divino en el hombre, pero sin sacrificarle lo humano. XVI,181

Todas las divinidades me aparecían fundidas en un Todo, manifestaciones iguales de una misma fuerza. Se me impuso la construcción de un Panteón. XVII,183 Sacrificios de niños: XXX,305

Los sacrificios de niños se cometen todavía en ciertos puntos del antiguo Cartago: es preciso saber prohibir a los sacerdotes de Baal la alegría de atizar sus hogueras.

Tierras: su cultivo: XIII,132

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Tierras: Barbecho: XIII,132

He puesto fin al escándalo de las tierras dejadas en barbecho por grandes propietarios poco preocupados por el bien público: todo campo no cultivado durante cinco años pertenecerá en adelante al agricultor que se encarga de sacar provecho de él. Más o menos lo mismo ocurre con las explotaciones mineras.

Pensamiento:

Se convirtió en mi filosofía la idea heraclitiana del cambio y del retorno. El mundo tal vez no tenga ningún sentido. XXIII,237

Nuestro Estado ha sabido construirse una regla de sucesión imperial: la adopción; reconozco en ello la sabiduría romana. XXVII,273

Psicología:

Animales: Preferidos a los hombres: un caballo obedece a su amo como el cuerpo a su cerebro. I,14-5

Actitud hacia la comida: I,16-8

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Si todos los platos que se suceden en nuestros banquetes fueran presentados por separado, comidos en ayunas, estarían bien; pero presentados revueltos, forman en el paladar y en el estómago una confusión detestable en la que los olores, los sabores, las sustancias pierden su valor propio y su maravillosa identidad.

Grecia lo hacía mejor: su vino resinado, su pan claveteado de sésamo, sus pescados hechos a la brasa al borde del mar, ennegrecidos desigualmente por el fuego y sazonados en un lugar u otro por algún grano de arena, contentaban simplemente el apetito sin rodear de demasiadas complicaciones la más simple de nuestras alegrías.

He probado, en algún antro de Egina o de Phalera, alimentos tan frescos que permanecían divinamente limpios, a pesar de los dedos sucios del chico de la taberna; tan módicos, pero tan suficientes, que parecían contener en la forma más resumida posible alguna esencia de inmortalidad. La carne cocida al atardecer de los días de caza tenía también esta cualidad casi sacramental, nos conducía más lejos, a los orígenes salvajes de las razas. El vino nos inicia en los misterios volcánicos del suelo, en las riquezas minerales escondidas: una copa de Samos bebida a mediodía, a pleno sol, o, al contrario, absorbida una noche de invierno en un estado de fatiga que permite sentir inmediatamente en la cavidad del diafragma su paso caliente, su segura y ardorosa dispersión a lo largo de nuestras arterias, es una sensación casi sagrada, a menudo demasiado fuerte para una cabeza humana; ya no la encuentro tan pura saliendo de las bodegas numeradas de Roma, y la pedantería de los grandes entendidos de vinos me impacienta. Más piadosamente todavía, el agua bebida en la palma de la mano o a morro de la fuente hace correr en nosotros la sal más secreta de la tierra y la lluvia del cielo.

Divinidad: Aceptación del carácter divino que le atribuían: Estos sabios se esforzaban en reencontrar a su dios más allá del océano de las formas, en reducirlo a esta cualidad única, intangible, incorpórea, a la cual ha renunciado el día en el que quiso ser el universo. Yo me imaginaba secundando su esfuerzo para informar y ordenar un mundo. XV,159

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El rey, representante de dios: Si Júpiter es el cerebro del mundo, el hombre encargado de organizar y moderar los negocios humanos puede razonablemente considerarse como una parte de este cerebro que lo preside todo. La humanidad, con razón o sin ella, ha concebido casi siempre a su dios en términos de Providencia; mis funciones me obligaban a ser para una parte del género humano esta providencia encarnada. XV,160

Como en tiempo de mi felicidad, me creen dios; continúan concediéndome ese título incluso en el mismo momento en que ofrecen sacrificios para el restablecimiento de la Salud Augústea. Ya te he dicho por qué razones esta creencia tan bienhechora no me parece insensata. Una vieja ciega llegó a pie desde Panonia. Había emprendido este viaje agotador para pedirme que tocase con el dedo sus pupilas apagadas. Recobró la vista bajo mis manos, como su fervor esperaba de antemano; su fe en el emperador-dios explica este milagro. Se han producido otros prodigios: enfermos que dicen haberme visto en sus sueños, como los peregrinos de Epidauro ven en sueños a Esculapio; pretenden haberse despertado curados, o a menos aliviados. No sonrío por el contraste entre mis poderes de taumaturgo y mi enfermedad; acepto estos nuevos privilegios con gravedad. Esta vieja ciega caminando hacia el emperador desde el fondo de una provincia bárbara se ha convertido para mí (...) en el emblema de las poblaciones del Imperio a las que he regido y servido. Su inmensa confianza me paga veinte años de trabajos que no me han disgustado (...). Un judío de Alejandría me atribuye poderes más que humanos; he acogido sin sarcasmos esta descripción del príncipe que se vio ir y venir sobre todas las rutas de la tierra, hundiéndose entre los tesoros de las minas, despertando las fuerzas generatrices del suelo, estableciendo por todas partes la prosperidad y la paz; esta descripción del iniciado que ha reconstruido los lugares sagrados de todas las razas, del experto en artes mágicas, del vidente que colocó a un niño en el cielo. Habré sido comprendido mejor por este judío entusiasta que por muchos senadores y procónsules. XXX,305-6

Furia ocasional: XXIV,251

Este acto poco ponderado me satisfizo como el gesto de un hombre que se rasca hasta sangrar.

Ideal de persona: V,65

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Intolerancia ocasional: XXIV,249

Furores secretos, impaciencias salvajes me poseían en presencia de las menores tonterías, de las bajezas más banales, un rechazo del que yo mismo no estaba exento. Personalidad cambiante: V,65-6

Personajes diversos reinaban en él por turnos, ninguno de ellos durante mucho tiempo, pero el tirano caído retomaba rápidamente su poder: albergaba así el oficial meticuloso, fanático de disciplina, pero que compartía alegremente con sus hombres las privaciones de la guerra; el melancólico soñador de dioses; el amante dispuesto a todo por un momento de vértigo; el joven lugarteniente altanero que se retira a su tienda, estudia sus mapas a la luz de una lámpara, y no esconde a sus amigos su desprecio por la manera como marcha el mundo; el hombre de Estado futuro. Pero también el innoble complaciente, que, para no desagradar, aceptaba embriagarse en la mesa imperial; el jovencito cortando desde arriba todas las cuestiones con una seguridad ridícula; el hablador frívolo, capaz de perder un amigo por un chiste; el soldado cumpliendo con una precisión maquinal sus bajos trabajos de gladiador. Y también el personaje vacante, anónimo, sin lugar en la Historia, pero tan individuo como todos los demás, simple juguete de las cosas, ni más ni menos que un cuerpo, acostado sobre su litera de campaña, distraído por un olor, ocupado por una respiración, vagamente atento a algún eterno ruido de abeja.

Renuncia: Nada, para mí, era más peligrosamente fácil que la renuncia. XV,159

Sexualidad: XIX,206

La belleza un poco fría de una mujer me habría seducido, si yo no hubiera decidido simplificar mi vida reduciéndola a lo que yo consideraba esencial.

Aelius Afer Hadrianus, padre de Adriano: III,41

Hombre abrumado de virtudes: administrador sin gloria, a quien el gobierno de África no le enriqueció.

En Itálica, municipio de la familia, se agotaba regulando los conflictos locales.

Ausencia de ambiciones y de alegría.

Dedicación maniática a las pequeñas cosas a las que se limitaba. Escepticismo en relación a los demás

Muerte cuando Adriano tenía doce años. Madre de Adriano: III,41-2

Matrona irreprochable. Austera viudedad.

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Suave balanceo de caderas propio de las bailarinas de Gades.

No volvió a ver a Adriano desde el día en que éste, llamado por su tutor, marchó a Roma.

Marullinus, abuelo de Adriano: III,39-41 Creencia en la astrología.

Quiromántico.

Pronostica a Adriano la dignidad imperial.

Ausencia de ternura, casi de comunicación verbal con el nieto (misma relación que con los animales y las piedras).

Antepasados establecidos en España desde la época de los Escipiones. Rango senatorial (3º de la familia).

Ignorancia del Griego, uso del Latín con bronco acento español que transmitió a Adriano.

Conocimientos semi-científicos, semi-aldeanos. No usaba sandalias si sombrero.

Vestimenta similar a la de los mendigos. Trajano: XII,123

El mejor emperador que Roma conoció después de la vejez de Augusto, el más asiduo a su trabajo, el más honesto, el menos injusto.

Psicología

Parecer desdeñar las alegrías de los otros es insultarlos. XII,119 Estaba demasiado vacilante como para parecer poco seguro. XV,156

Estaba demasiado seguro de la superioridad de nuestras fuerzas como para que me estorbase un estúpido amor propio. XV,157

Si hacía pocas promesas, era porque esperaba cumplirlas. XV,157

Yo había picado en la austeridad, la renuncia, la negación, como se hace casi siempre a los veinte años. XV,158

Punto de Vista Narratario:

Marc. I,11

El hijo del emperador Antonino. III,51; XXIII,240

Te aconsejo que renuncies a las contribuciones voluntarias hechas por las ciudades al emperador, que no son más que un robo disfrazado. XIII,132

Confío en ti para que esta situación continúe tras mi muerte. XV,157 El desarrollo futuro del Museo de Alejandría será de tu incumbencia.

XXIV,246

Tú conoces a Celer. XXV,257

Fronton, este magistrado con futuro que será sin duda uno de los buenos servidores de tu reinado. XXX,307

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durante el sacrificio (...); miré con tierna diversión tu actitud de niño de cinco años (...); ayudé a tu padre a elegirte los mejores maestros. Te he visto leer apasionadamente los escritos de los filósofos, vestirte de lana áspera, acostarte en el suelo, someter tu cuerpo un poco frágil a todas las mortificaciones de los estoicos. Hay exceso en todo ello, pero el exceso a los diecisiete años es una virtud (...). Siento lo que tu firmeza tan bien aprendida esconde de dulzura, tal vez de debilidad; adivino en ti la presencia de un genio que no es forzosamente el de un hombre de Estado (...). Hice lo necesario para que fueras adoptado por Antonino (...). Creo dar a los hombres la única oportunidad que tendrán de realizar el sueño de Platón, de ver reinar sobre ellos a un filósofo de corazón puro. No has aceptado los honores sino con repugnancia; tu rango te obliga a vivir en un palacio; Tibur, ese lugar en el que reúno hasta el colmo todo lo que la vida tiene de dulzura te inquieta por tu joven virtud; te veo errar gravemente por las avenidas entrelazadas de rosas; te miro, con una sonrisa, aficionarte a los bellos objetos de carne colocados a tu paso, dudar tiernamente entre Verónica y Teodora, y rápidamente renunciar a las dos en favor de la austeridad, ese puro fantasma. No me has escondido tu desdén melancólico por esos esplendores que duran poco, por esta corte que se dispersará tras mi muerte. No me quieres apenas; tu afecto filial se dirige más bien hacia Antonino; tu olfateas en mí una sabiduría contraria a la que te enseñan tus maestros, y en mi abandono a los sentidos un método de vida opuesto a la severidad de la tuya, y que, sin embargo, es paralelo a ella. No importa: no es indispensable que me comprendas. Hay más de una sabiduría, y todas son necesarias para el mundo; no es malo que se alternen. XXVIII,288-90

Lugar de narración: XIII,139.

Y hoy, en las terrazas de la Vila [Adriana].

Tiempo de narración: T: año 887 de la era romana. XXV,263

Sociedad

Escuelas: III,43

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Mujeres: XIII,130-1

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CARNET DE NOTAS (de Marguerite Yourcenar)

Emisión (proceso de composición de la obra)

Este libro fue concebido, y después escrito, total o parcialmente, bajo diversas formas, entre 1924 y 1929, cuando yo tenía entre 20 y 25 años.

Recomencé los trabajos en 1934; largas investigaciones; una quincena de páginas escritas que creí definitivas; proyecto retomado y abandonado muchas veces ente 1934 y 1937.

En 1937 escribí la visita al médico, y el pasaje sobre la renuncia a los ejercicios corporales. Estos fragmentos subsisten, modificados, en la versión presente.

Ceso de trabajar en este libro entre 1937 y 1939.

En 1939 dejé el manuscrito en Europa, con la mayor parte de las notas. Abandoné el proyecto entre 1939 y 1948. Pensaba en él a veces, pero desilusionada, casi con indiferencia, como en un imposible. Y sentí algo de vergüenza por haber intentado alguna vez semejante cosa.

En 1947 quemé las notas tomadas en Yale. Parecía que eran completamente inútiles.

En 1948 me apareció entre unos papeles que me enviaron de Suiza un fragmento del manuscrito perdido. Desde este momento, ya no tuve otra intención que la de reescribir este libro costase lo que costase.

Hace no mucho, yo había pensado sobre todo en el letrado, el viajero, el poeta, el amante; nada de ello se borraba, pero por primera vez veía dibujarse con una nitidez extrema, entre todas estas figuras, la más oficial a la vez que la más secreta, la del emperador.

Me he complacido en hacer y rehacer este retrato de un hombre casi sabio. De madrugada, trabajé [en la obra] entre New York y Chicago, encerrada en mi coche-cama, y todo el día siguiente, en el restaurante de una estación de Chicago, en la que esperaba a un tren bloqueado por una tormenta de nieve. Después, de nuevo, hasta el alba, sola en el vagón de observación del expreso de Santa Fe, rodeada por las grupas negras de las montañas de Colorado. Los pasajes sobre la alimentación, el amor, el sueño y el conocimiento del hombre fueron escritos de una tirada. Apenas recuerdo un día más ardiente, ni noches más lúcidas.

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Emisor (Autor)

Me hundí en la desesperación de un escritor que no escribe.

Era precisa tal vez esta solución de continuidad, esta fractura, esta noche del alma que tantos de nosotros experimentamos en esta época, y a menudo de manera mucho más trágica y más definitiva que yo, para obligarme a intentar colmar, no solamente la distancia que me separaba de Adriano, sino sobre todo la que me separaba de mí misma.

Utilidad de todo lo que se hace para uno mismo, sin idea de aprovecharlo. Una de las mejores maneras de recrear el pensamiento de un hombre es reconstituir su biblioteca.

Una vida humana se compone de tres líneas sinuosas, que sin cesar se acercan y se separan: lo que un hombre ha creído ser, lo que ha querido ser, y lo que ha sido.

Intención del autor

Rehacer el interior de lo que los arqueólogos del siglo XIX hicieron con el exterior. Se escribe para atacar o para defender un sistema del mundo.

Contexto

Cabeza de Antínoo Mondragón, en el Louvre.

Perfil del Antínoo del Museo Arqueológico de Florencia.

En un grabado de Piranese en que figura la Villa Adriana se ve la capilla de Canope, de la que se sacó en el siglo XVII el Antínoo de estilo egipcio que se ve hoy en día en el Vaticano.

El nombre de Adriano figura en un ensayo sobre el mito de Grecia, redactado por mí en 1943, y publicado en las Letras francesas de Buenos Aires.

En 1945, la imagen de Antínoo ahogado, arrastrada de alguna manera por esta corriente de olvido, sale a la superficie en un ensayo todavía inédito, Cántico del alma libre.

Dion Casio y la Historia de Augusto son las dos principales fuentes de la vida de Adriano.

La clarividencia que atribuí a Adriano no era más que una forma de valorar el elemento casi fáustico del personaje, tal como queda iluminado, por ejemplo, en los Cantos sibilinos, en los escritos de Aelio Aristide, o en el retrato de Adriano envejecido trazado por Frontón.

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Situación

El emperador hizo reconstruir la tumba de Epaminondas e inscribió en ella un poema. Epaminondas fue sepultado entre dos amigos jóvenes muertos a su lado.

Shelley definió a Antínoo así: Eager and impassionated tenderness, sullen effeminacy (Ansiosa y apasionada ternura, hosco afeminamiento), cuando los críticos de Arte y los historiadores del siglo XIX no sabían sino extenderse en declamaciones virtuosas, o idealizar de un modo completamente falso o completamente vago.

Abundan los retratos de Antínoo. Es un ejemplo único en la Antigüedad de supervivencia y de multiplicación en piedra de un rostro que no fue ni el de un hombre de Estado ni el de un filósofo, sino que simplemente fue amado.

Entre ellos, los dos más bellos son los menos conocidos:

Uno es un bajorrelieve signado por Antoniano de Aphrodisias, reencontrado hace unos cincuenta años en el terreno de un instituto agronómico, los Fundi Rustici, en cuya sala del consejo de administración está colocado hoy [Nota de 1958: el bajorrelieve de Antoniano ha sido adquirido por un banquero romano. Lo guarda en su propiedad a dos pasos de Roma].

La segunda de estas obras maestras es la ilustre sardónica que lleva el nombre de Gema Marlborough, porque perteneció a esta colección hoy dispersa. El gran coleccionista Giorgio Sangiorgi la reintegró a Roma.

RSS2

Por la idealización o la difamación por encima de todo, por el detalle burdamente exagerado o prudentemente omitido, se descalifica casi todo biógrafo: el hombre construido reemplaza al hombre comprendido.

2Relación Situación-Signo, es decir, entre la Realidad y la Ficción. Se engloba en esta

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NOTA

Historia

En lo que concierne a los monumentos de Antinoé, recordamos que las ruinas de la ciudad fundada por Adriano en honor de su favorito estaban todavía en pie al principio del siglo XIX, cuando Jomard dibujó las planchas de la grandiosa Descripción de Egipto, comenzada por orden de Napoleón, que contiene emocionantes imágenes de este conjunto de ruinas hoy destruidas. Hacia la mitad del siglo XIX, un industrial egipcio transformó en cal estos vestigios, y los empleó en la construcción de fábricas de azúcar de las cercanías.

Conocemos la existencia de una ruta establecida por Adriano entre Antinoé y el Mar Rojo por una inscripción antigua encontrada en el lugar (Ins. Gr. ad Res. Rom. Pert. I, 1142), pero el trazado exacto de su recorrido parece que no se ha descubierto nunca hasta hoy.

RSS

Adriano: Un papiro coleccionado en el yacimiento de Antinoé o en el de Oxyrhynchus, y publicado entre 1901 y nuestros días, nos ha proporcionado una lista muy completa de las divisiones administrativas y religiosas de la ciudad, evidentemente establecidas por el mismo Adriano, que testimonian una fuerte influencia del ritual eléusico sobre el espíritu de su autor.

El viaje de Atenas: no es seguro que el joven Adriano lo hiciera.

Iniciación mitraica: el episodio es inventado. Este culto estaba en esta época en boga en el ejército; es posible, pero en absoluto probado que el joven oficial Adriano tuviera la fantasía de hacerse iniciar en él.

Encuentro de Adriano con el gimnosofista: no es histórico; pero la Historia registra episodios del mismo género.

Antínoo: todos los detalles concernientes a él son exactos, excepto una o dos alusiones a su vida privada, de la que no sabemos nada.

Antínoo: el esbozo de su medio familiar no es histórico, pero tiene en cuenta las condiciones sociales que prevalecían en esa época en Bitinia.

Taurobolo al que se somete Antínoo en Palmira: es episodio inventado pero también posible, como la iniciación mitraica de Adriano. Meles Agripa, Castoras y Turbo son personajes reales; su participación en los ritos de iniciación es completamente inventada. Se ha seguido la tradición según la cual el baño de sangre haya formado parte de los ritos de Mitra y de la diosa siria.

Iseo, el sofista: fue uno de los maestros del joven Adriano.

Galus es real, pero su ruina final sólo se ha puesto para subrayar uno de los rasgos más a menudo mencionados del carácter de Adriano: el rencor.

Marullinus: El personaje es histórico. pero su característica principal, sus dotes adivinatorias, se toma de un tío, y no de un abuelo de Adriano. Las circunstancias de su muerte son imaginarias.

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Estratón de Sardes, poeta erótico cuya obra nos es conocida por la Antología palatina, vivía probablemente en tiempo de Adriano; nada prueba, ni impide, que el emperador lo encontrase en el curso de uno de sus viajes a Asia Menor. Chabrias, Celer y Diotimo son mencionados muchas veces por Marco Aurelio, que sólo indica de ellos su fidelidad apasionada hacia Adriano: Chabrias representa el círculo de filósofos platónicos o estoicos que rodeaban al emperador; Celer el elemento militar.

Iollas: este médico es un personaje real del que la historia sólo proporciona el nombre.

El liberto Onésimo existió, pero no sabemos si desempeñó para Adriano el papel de mediador.

Crescenso fue secretario de Serviano, pero la Historia no nos dice si traicionó a su amo.

El comerciante Opramoas es real, pero nada prueba que acompañase a Adriano a la región del Éufrates.

La mujer de Arrio es un personaje histórico, pero no sabemos si era, como aquí lo dice Adriano, una mujer fina y orgullosa.

Comparsas como el esclavo Euphorion, los actores Olympos y Batilo, el médico Leotíquide, el joven tribuno británico y el guía Asar, son completamente inventados.

Las dos brujas, la de la isla de Bretaña y la de Canope, personajes ficticios, resumen el mundo de los echadores de buenaventura y de practicantes de ciencias ocultas de los que se rodeaba voluntariamente Adriano.

Visita de Lucio a Alejandría en 130: es deducida de un texto a menudo contestado: la Carta de Adriano a Serviano, aunque el pasaje que concierne a Lucio no obliga de ninguna manera a tal interpretación.

Incidentes de la noche en Canope: son inventados

Asociación de la ejecución de Apolodoro al complot de Serviano: no es sino una hipótesis, tal vez defendible.

Sobre ciertos puntos controvertidos, las causas de la retirada de Suetonio, el origen libre o servil de Antínoo, la participación activa de Adriano en la guerra de Palestina, las fechas de la apoteosis de Sabino y del entierro de Aelio César en el castillo de Sant'Angelo, ha sido preciso elegir entre las hipótesis de los historiadores; se han hecho esfuerzos para no decidirse más que por buenas razones. En otros casos, la adopción de Adriano por Trajano, muerte de Antínoo, se ha intentado dejar planear sobre el relato una incertidumbre que, antes de ser la de la Historia, sin duda fue la de la misma vida.

Villa Adriana: los nombres de sus diferentes partes, enumeradas por Adriano en la obra, todavía se usan hoy en día.

Existió una ruta establecida por Adriano entre Antinoé y el Mar Rojo, pero no conocemos su exacto recorrido, por lo que la cifra de las distancias proporcionada por Adriano en esta obra no es sino una aproximación

Contexto

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Historia del sacrificio de Antínoo: es tradicional (Dion, LXIX,11; Espartiano, XIV,7).

Detalle de las operaciones de brujería: está inspirado en las recetas de los papiros mágicos de Egipto.

Episodio del niño caído de un balcón en el curso de una fiesta, colocado aquí durante la escala de Adriano en Philae, está sacado de un informe de los Papiros de Oxyrhynchus, y ocurrió en realidad más de cuarenta años después del viaje de Adriano a Egipto.

El nombre de Areté proviene de un poema auténtico de Adriano, pero aquí se le aplica arbitrariamente a un intendente de la Villa.

El nombre del correo Menécrates está sacado de la Carta del rey Fermes al emperador Adriano, texto completamente legendario, que la Historia propiamente dicha no podría utilizar, pero que, sin embargo, ha podido tomar prestado este detalle de otros documentos hoy perdidos.

Los nombres de Benedicto y Teodoto, pálidos fantasmas amorosos que atraviesan las Meditaciones de Marco Aurelio, han sido traspuestos por razones estilísticas en Verónica y Teodora.

Los nombres griegos y latinos grabados en la base del coloso de Memnon, en Tebas, están en su mayor parte tomados de LETRONIO, Colección de Inscripciones griegas y latinas de Egipto, 1848.

El arqueólogo francés Albert GAYET trabajó con ardor, pero, según parece, con poco método, sobre el yacimiento saqueado de Antinoé, y las informaciones contenidas en sus artículos publicados por él entre 1896 y 1914 siguen siendo muy útiles. Los papiros coleccionados en el yacimiento de Antinoé y en el de Oxyrhynchus, y publicados entre 1901 y nuestros días, no han aportado ningún nuevo detalle sobre la arquitectura de la ciudad adriánica o el culto del favorito, pero uno de ellos nos ha proporcionado una lista muy completa de las divisiones administrativas y religiosas de la ciudad, evidentemente establecidas por el mismo Adriano, y que testimonian una fuerte influencia del ritual eléusico sobre el espíritu de su autor.

Una frase de la descripción de Antinoé, que se presta aquí al mismo emperador, está tomada de la relación del Sieur Lucas. viajero francés que visitó Antinoé a principios del siglo XVIII.

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históricas del Diccionario de SUIDAS han proporcionado dos hechos poco conocidos: la Consolación dirigida a Adriano por Noumenios, y las músicas fúnebres compuestas por Mesomedes con ocasión de la muerte de Antínoo.

Los nombres de las diferentes partes de la Villa Adriana, enumeradas por Adriano en la obra, que todavía se usan hoy en día, provienen de indicaciones de Espartiano confirmadas y completadas por las excavaciones hechas en el lugar hasta ahora. Nuestro conocimiento de los estados antiguos de esta bella ruina entre Adriano y nosotros proviene de toda una serie de documentos escritos, o grabados, escalonada desde el Renacimiento, los más valiosos de los cuales tal vez sean el Informe dirigido por el arquitecto Ligorio al Cardenal de Este en 1538, las admirables planchas consagradas a esta ruina por PIRANESE hacia 1781, y, en un detalle, los dibujos del Ciudadano PONCE (Arabescos antiguos de los baños de Livia y de la Villa Adriana, Paris, 1789), que conservan la imagen de estucos hoy destruidos. Los trabajos de Gaston BOISSIER, en sus Paseos Arqueológicos, 1880, y de Pierre GUSMAN, La Villa Imperial de Tibur, 1904, son todavía esenciales; más cercana a nosotros, la obra de R.PARIBENI, La Villa del Emperador Adriano, 1930. En Memorias de Adriano, una alusión a mosaicos sobre los muros de la villa ha sorprendido a ciertos lectores: son los de las exedras y nichos de los ninfeos, frecuentes en las villas de Campania del siglo I, y que plausiblemente adornaron también los pabellones del palacio de Tibur, o aquéllas que, según numerosos testimonios, revestían los soportes de las bóvedas (sabemos por Piranese que los mosaicos de las bóvedas de Canope eran blancos), o incluso emblemas, cuadros de mosaicos que se solían incrustar en las paredes de las salas. Para estos detalles, consultar, además de GUSMAN, ya citado, el artículo de P.GAUCKLER en DAREMBERG Y SAGLIO, Dictionnaire des Antiquités Grecques et Romaines, III,2, Musivum Opus. El breve artículo de M.J. de JOHNSON, Antinoe and Its Papyri, en el Journ. of Egyp. Arch., I, 1914, proporciona un buen resumen de la topografía de la villa de Adriano.

Se ha utilizado un cierto número de obras auténticas del mismo Adriano: correspondencia administrativa, fragmentos de discursos o de informes oficiales, conservados generalmente en inscripciones; decisiones legales transmitidas por jurisconsultos; poemas mencionados por los autores de la época, como el célebre Animula vagula blandula, o reencontrados en los monumentos en los que figuraban como inscripciones votivas. Son de discutible autenticidad las tres cartas de Adriano que conciernen a su vida personal (Carta a Matidie, Carta a Serviano, Carta dirigida por el emperador agonizante a Antonino), que se encontrarán respectivamente en la colección de cartas compilada por el gramático DOSITEO, en la Vita Saturnini de VOPISCUS, y en GRENFELL AND HUNT, Fayum Towns and their Papyri, 1900). A pesar de ello, llevan intensamente el sello del hombre al que se le atribuyen; y ciertas indicaciones proporcionadas por ellas han sido utilizadas en este libro.

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en historiadores de su reinado, pero también en ciertos pasajes de Padres de la Iglesia, condenadores, pero a veces más humanos, y que expresan opiniones más variadas de lo que se podría creer. Fragmentos de la Carta de Arrio al emperador Adriano con ocasión del Periplo del Mar Negro, que contienen alusiones al mismo tema, han sido incorporadas a esta obra, cuyo autor se alinea con la opinión de los eruditos que creen, en su conjunto, que este texto es auténtico. El Panegírico de Roma, del sofista Aelio ARISTIDE, obra netamente adriánica, ha proporcionado algunas líneas al esbozo de Estado ideal trazado aquí por el emperador. Algunos detalles históricos mezclados en el Talmud a un inmenso material legendario vienen a añadirse para la guerra de Palestina al relato de la Historia eclesiástica de EUSEBIO. La mención del exilio de Favorinus proviene de un fragmento de este último en un manuscrito de la biblioteca vaticana. El atroz episodio del secretario al que se deja tuerto se ha sacado de un tratado de Galeno, que fue médico de Marco Aurelio; la imagen de Adriano agonizante se inspira en el trágico retrato hecho por Frontón del emperador envejecido.

Para el detalle de hechos no registrados por los historiadores antiguos se ha acudido otras veces a monumentos con figuras y a inscripciones: provienen de bajorrelieves de la Columna Trajana ciertos datos sobre el salvajismo de las guerras dacias y sármatas (prisioneros quemados vivos, consejeros del rey Decébalo envenenándose el día de la capitulación); una gran parte de la imaginería de los viajes está tomada de las monedas del reinado; los poemas de Julia Balbilla grabados sobre la pierna del coloso de Memnon han servido de punto de partida para el relato de la visita a Tebas; la precisión de la fecha del día de nacimiento de Antínoo se debe a la inscripción del Colegio de artesanos y de esclavos de Lavinium; las pocas frases dadas como inscripciones sobre la tumba del favorito están tomadas del gran texto jeroglífico del obelisco de Pincio, que relata sus funerales y describe las ceremonias de su culto. Para la historia de los honores divinos rendidos a Antínoo, para su caracterización física y psicológica, el testimonio de inscripciones, monumentos con representaciones y monedas, sobrepasa mucho el de la historia escrita.

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Los trabajos más profundos sobre el reinado y la personalidad de Adriano siguen siendo los de la escuela alemana. En Lengua inglesa, la obra de Arnold TOYNBEE contiene aquí y allá alusiones al reinado de Adriano; han servido de semillas para ciertos pasajes de las Memorias de Adriano en los cuales el emperador define él mismo sus puntos de vista políticos; ver en particular su "Roman Empire and Modern Europe", en la Dublin Review (1945). Ver también el importante capítulo consagrado a las reformas sociales y financieras de Adriano en M.ROSTOVTZEFF, Social and Economic History of the Roman Empire (1926); y, para el detalle de los hechos, los estudios de R.H.LACEY, The Equestrian Officials of Trajan and Hadrian: Their Career, with Some Notes on Hadrian's Reforms (1917); de Paul ALEXANDER, Letters and Speeches of the Emperor Hadrian (1938); de W.D. GRAY, A Study of the Life of Hadrian Prior to his Accession (1919); de F.PRINGSHEIM, "The Legal Policy and Reforms of Hadrian", en el Journal of Roman Studies, XXIV, 1934. Para la estancia de Adriano en las islas británicas y la erección del muro sobre la frontera de Escocia, consultar la obra clásica de J.C.BRUCE, The Handbook to the Roman Wall, edición revisada por COLLINGWOOD en 1933, y del mismo COLLINGWOOD en colaboración con J.N.L.MYRES, Roman Britain and the English Settlements, 1937. Para la numismática del reinado, ver H.MATTINGLY y E.A.SYDENHAM, The Roman Imperial Coinage (1926).

Sobre la personalidad de Adriano y sus guerras, ver R.PARIBENI, Optimus Princeps, 1927; R.P.LONGDEN, "Nerva and Trajan", en Cambridge Ancient History, XI, 1936; M.DURRY, "Le Règne de Trajan d'après les Monnaies", Rev.His.,LVII, 1932. Sobre Aelio César, A.S.L.FARQUHARSON, "On the names of Aelius Caesar", Classical Quarterly, II, 1908, y J.CARCOPINO, L'Hérédité dinastique chez les Antonins, 1950, cuyas hipótesis han sido descartadas en favor de una interpretación más literal de los textos.

Sobre el entorno griego de Adriano, P.GRAINDOR, Un Milliardaire Antique, Hérode Atticus et sa famille, 1930; A.BOULANGER, Aelius Aristide et la Sophistique dans la Province d'Asie au IIe siècle de notre ère, en las publicaciones de la

Bibliothèque des Écoles Françaises d'Athènes et de Rome, 1923; G.MARTELLOTTI, Mesomede, Publicaciones de la Scuola di Filologia Classica, Roma, 1929; H.C.PUECH, Numénius d'Apamée, en las Mélanges Bidez, 1934.

Sobre la guerra judía, W.D.GRAY, "The Founding of Aelia Capitolina and the Chronology of the Jewish War under Hadrian", American Journal of Semitic Language and Literature, 1923; A.L.SACHAR, A History of the Jews, 1950; y S.LIEBERMAN, Greek in Jewish Palestine, 1942.Los descubrimientos arqueológicos realizados en Israel durante estos últimos años y concernientes a la revuelta de Bar Kochba han enriquecido en ciertos detalles nuestro conocimiento de la guerra de Palestina; la mayoría de ellos, acontecidos después de 1951, no han podido ser utilizados en el curso de la presente obra.

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