MISTERIO EN EL CONGRESO DE LA NACIÓN

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MISTERIO EN EL CONGRESO DE LA NACIÓN

Francisca Bogani Vassolo 10 años Puerto Madryn, provincia de Chubut

Capítulo 1: La visita guiada

Tengo que llamar a mi amiga para pedirle la tarea de la escuela, porque ayer falté debido a que fue el cumple de mi hermanito. Marco el número, lo primero que escucho es la voz de Margarita.

–¿Hola? ¿Lucía?

–Sí, hola Marga, ¿Cómo andas? Te llamo para pedirte la tarea de la escuela. ¡Seguro que mandaron para mañana tres hojas completas de Matemática y dos de Ciencias Naturales! ¿Adiviné?

–Mmmmm, yo no estaría tan segura. Ayer la seño de Ciencias Sociales nos dijo que… ¡vamos a hacer una visita guiada al Congreso!

–¿En serio? ¡Buenísimo!¿Cuando?

–Ay, sabes que no me acuerdo. Ahora averiguo y te mando mensajito. –¡Dale! ¡Nos vemos!

–¡Chau!

Tu TuTuTuTuTu …

Corto. Estoy re contenta. Le pido a mi mamá la cámara de fotos para llevarme. Me da una que era del abuelo y me dice que tenga mucho cuidado porque ahí están las fotos del casamiento. Armo la mochilita para llevarme, repaso mentalmente la lista de cosas que cargo. Botellita de agua, cámara de fotos, un buzo, mi cuaderno de notas y una lapicera. Respecto a la cámara de fotos… no creo que se pueda sacar fotos en el Congreso, pero siempre es bueno tenerla por las dudas, en una de esas…

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En eso estoy cuando recibo un mensaje de Marga: “En el Congreso, hoy, a las diez en punto”.

No me molesto en leerlo dos veces. ¿Qué estoy esperando? ¡Ya son las nueve y media! Le pido a mamá si me puede llevar, y me dice que sí. Tardamos unos veinte minutos en llegar al Palacio, por lo cual me sobra tiempo para mirarlo desde afuera.

Al entrar, distingo a unos guardias que están merodeando por ahí. La verdad es que, como yo y casi todo el resto del grado ya lo conocíamos, mucho no miro.

Lo primero que veo cuando se abren las puertas es una carta tirada en el piso. –Cuando salgamos, la agarro –me digo.

La carta dice:

“M: Hay que quedarnos acá hasta que los chicos de la escuela salgan. De otro modo, sería peligroso.”

Capítulo 2: El edificio

Las puertas se abren. Un murmullo de voces recorre el salón. Un guía nos saluda. Comienza explicando la historia del Congreso: cuándo se comenzó a construir, cuándo se terminó, el primer presidente del Congreso, y por último, cómo se hace una ley. A continuación nos guía hasta el Salón Azul. Allí, de una cúpula de sesenta y cinco metros que llama la atención de todo el grado cuelga una magnífica araña de bronce con más o menos cinco metros de altura y 2,50 metros de diámetro. El guía nos dice que pesa 2.054 kilos, ¡sesenta y cuatro veces mi peso! Cuando estamos saliendo aprovecho para sacar algunas fotos y ni bien llegamos a la vereda me acuerdo:¡la carta! Le pido a la seño Clau si puedo buscar una gomita de pelo que se me había caído y voy directamente hacia donde había visto la carta. Pero esta vez, en lugar de la carta… ¡hay unas pestañas postizas! Las guardo en el bolsillito de la mochi y vuelvo, diciendo que no había encontrado la gomita pero que no importaba, que tenía más en casa. Antes de salir, escucho que un señor de pelo negro le dice a una chica pelirroja:

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Capítulo 3: La chica de pelo rojizo

Tirada en la cama pienso y repienso de quien podrían ser esas misteriosas pestañas postizas, hasta que se me ocurre que podría escribir todo en el cuaderno de notas que había llevado al congreso.

Cuaderno de notas. 23 de Julio: encontré carta tirada en el hall de entrada del Congreso, una hora más tarde la carta ya no estaba, en su lugar, había tres pestañas postizas color negro.

Para despejarme un poco, decido salir un rato con la bici a la Plaza San Martín y de paso comprar alguna gaseosa para el almuerzo. Paso por Florida cuando me llama la atención una chica de pelo marrón rojizo que pasa caminando (casi corriendo) por la vereda de enfrente. Paro, simulando que estoy cansada y veo que en su rostro, algo es diferente; hasta que me doy cuenta: ¡le faltan las pestañas! Le saco una foto y la guardo en el celular.

Capítulo 4: El cuadro

Hoy almuerzo con mi mamá y mi papá, porque mi hermano está en la casa de un amigo. Estoy masticando mi segundo pedazo de carne cuando pregunto:

–¿Por casualidad alguien conoce a una chica pelirroja de pestañas muy grandes?

–Ahhh, ¿Marina Martínez? Es la secretaria de mi dentista, Darío, pero no creo que hables de ella. ¿Por?

De repente, una lamparita se me prende en la cabeza. –No, no, por nada –digo, y salgo corriendo.

Salgo de casa, tomo un taxi y voy al Congreso.

Cuando llego, me escondo atrás de un arbusto. Corro peligro de que me vean, pero vale la pena intentarlo. De repente veo al mismo hombre de pelo negro que había visto antes, entrar al Congreso. “Es ahora o nunca”, pienso, y me cuelo detrás de él.

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Lo sigo por pasillos angostos. Mientras camino pegada a la pared, imagino las cosas que puede llegar a estar tramando ese señor. Entonces, me sobresalto: el señor dobla a la izquierda, agarra un cuadro, lo mete en su bolso y sale corriendo.

“Tengo que hacer algo”, me digo. Vuelvo a la puerta por donde había entrado. Afuera, Marina, la secretaria, está esperando al de pelo negro. El señor saca el cuadro del bolso, se lo da a Marina y ella sale corriendo.

Capítulo 5: El desenlace ¡iiiiiiuuuu! ¡iiiuuuu! ¡iiiiuuuu!

Acabo de llamar a la policía, ya se escucha el ruido de la sirena. Veo que estacionan a una cuadra, a la derecha. Se bajan tres policías y preguntan qué pasó. Les cuento todo y me dicen que vuelva a mi casa. Preguntan por mis papás y les digo que están en casa, en Retiro. Me piden mi número de teléfono y me repiten que vuelva a casa, que ellos me van a llamar cuando terminen. Les hago caso y vuelvo. Cuando abro la puerta me doy cuenta de que hice mal en salir sin decir nada. Mis papás están desesperados. Me dicen que cómo se me ocurre salir a la calle sin decir nada, que se re preocuparon cuando vieron que me subía a un taxi y desaparecía, etc. De repente me salva el sonido del teléfono. Miro la pantalla, y es un número desconocido; igual atiendo. Del otro lado, se escucha una voz grave y ronca, enseguida la reconozco, ¡Es el policía! Me dice que vaya directamente a la comisaría, para aclarar unas cositas.

–Vení con tus padres–me indica por teléfono.

Mis papás me miran como pidiendo explicaciones. Les tengo que contar todo. Nos subimos al auto y nos vamos a la comisaría. Un comisario nos saluda e inicia la conversación:

–Bueno, primero necesito que alguien me cuente todo.

Yo digo que puedo explicarlo y comienzo a relatar desde que comenzamos la visita al Congreso con la escuela hasta que vi que el señor de pelo negro le entregaba el cuadro a Marina. Cuando termino, habla el comisario:

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–Al parecer, todo coincide. Estamos investigando este caso desde hace una semana, sabemos que el señor se llama Darío y tiene un cómplice desconocido. Alguien hizo una denuncia anónima y nos informó que iba a haber un robo en el Congreso. Por eso, los guardias que viste a la entrada. Lo demás, lo descubriste vos.

Después del reto, mis papás quedaron maravillados de cómo me manejé para hacer todo.

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