Teoría del valor en Valenzuela Feijóo: Una representación walrasiana de Marx

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MPRA

Munich Personal RePEc Archive

Value theory in Valenzuela Feij´

oo: A

Walrasian representation of Marx

Julio Goicoechea

Universidad Aut´

onoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa

7 January 2019

Online at

https://mpra.ub.uni-muenchen.de/92387/

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Teoría del valor en Valenzuela Feijóo: Una representación walrasiana de Marx Julio Goicoechea1 Resumen

Se examina el marco conceptual a partir del cual José Valenzuela Feijóo despliega una teoría del valor. La forma simple del valor en Marx cede su lugar a pares de mercancías que a pesar de ser ordinarias, funciona cada cual como dinero. El equilibrio económico general es usado como instrumento para sustituir a la forma total o desarrollo del valor. La unidad de cuenta, después de ser reducida a un numerario, es eliminada. Previamete, en un acercamiento aislado a Bortkiewicz, valores y precios quedan segmentados en dos sistemas, cada cual autocontenido. La versión no dogmática que de Marx asegura proveer se revela enraizada en preceptos walrasianos. En la presentación de estos preceptos, hace uso de terminología marxista. Aparentando un antagonismo con Walras, lo descalifica severamente. La abundante utilización de expresiones algebraicas a las que recurre Valenzuela Feijóo, se mantiene al mínimo indispensable.

Palabras clave: teoría del valor, numerario, equilibrio económico general, Walras, Marx. Clasificación JEL: D50 Equilibrio general y Desequilibrio. Generalidades

Value theory in Valenzuela Feijóo: A Walrasian representation of Marx

Abstract

This paper examines the conceptual framework upon which José Valenzuela Feijóo unfolds a theory of value. The elementary form of value gives way to pairs of commodities which in spite of being ordinary, each is to function as money. The general economic equilibrium becomes a means to replace the total or expanded value form. The unit of account, after being reduced to a numeraire, is eliminated. Previously, in an isolated approach to Bortkiewicz, values and prices are to become, each, a self-contained system. The non-dogmatic version of Marx which he claims to provide is shown to be rooted in Walrasian precepts. To expose these precepts, he makes use of Marxian terminology. In an apparent antagonism with Walras, he disqualifies him harshly. The considerable resort to algebraic expressions by Valenzuela Feijóo is kept at a strict minimum.

Keywords: value theory, numeraire, general economic equilibrium, Walras, Marx. Classification: JEL: D50 General equilibrium and Disequilibrium. General

1 Departamento de Economía. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa. 09340

Ciudad de México. Correspondencia: julio@xanum.uam.mx. Agradezco los comentarios y sugerencias de Roberto Gutiérrez López y de Ignacio Llamas Huitrón.

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2 1. Introducción

El presente artículo examina las bases analíticas a partir de las cuales José Valenzuela Feijóo busca sustituir a Marx utilizando planteamientos de León Walras. En este procedimiento, el uso de términos característicos del marxismo se convierte en un recurso meramente formal. Para poner de manifiesto el referido proceder, se examina su más renombrado trabajo: Teoría general de las economías de mercado.2 En esta obra, se sintetizan los elementos clave de su

corpus analítico. De manera colateral, se retoman publicaciones previas en las que ya aflora dicha proclividad. Derivado de lo anterior, ha sido necesario explicitar algunos fundamentos clave de la teoría del valor en Walras. De este modo, este artículo conlleva un elemento didáctico, al tiempo que se destacan elementos antagónicos al propio Marx.

Inicialmente, se muestra cómo la forma simple del valor es sustituida por relaciones recíprocas en una réplica de Walras. Posteriormente, dichas relaciones se confirman como proporciones arbitrarias, carentes de contenido alguno. Más tarde, el equilibrio económico general es colocado en lugar de la forma total o desarrollo del valor. Por lo que toca a valor y precio, cada uno queda segmentado en un sistema autónomo. En ambos sistemas operan explícitos actos de trueque, una vez que elimina toda mercancía que pudiera aflorar como unidad de cuenta. Previo a las conclusiones se confirma el proceder de Valenzuela Feijóo, quien arguye falta de congruencia en Marx. Con este cargo, pareciera justificar el intento de sustituir a Marx, recurriendo sin decirlo, a postulados de Walras.

2. Un intercambio walrasiano

La manera distintiva en que cada corriente económica expresa el valor y por ende el acto de cambio, constituye su basamento analítico. Como se sabe, la forma más elemental de cambio entre dos mercancías es el trueque. Esto supone que ambas mercancías son ordinarias. Por ende, ninguna es mercancía dinero. En Marx, este intercambio se denomina forma simple, concreta o fortuita de valor. Usando terminología que evoca a Marx,3 Valenzuela Feijóo aborda el valor:

2 Originalmente publicado en Caracas (2012). Dos años más tarde, se imprime en México con el

mismo título seccionado en dos tomos bajo el sello UNAM (2014a y 2014b). Con mismo formato y previa modificación de título, se encuentra disponible en el acervo de LOM Ediciones, Santiago de Chile (2014c y 2014d).

3 “Nos podemos apoyar en Marx, quien distingue: a) forma simple o fortuita del valor;” (Valenzuela

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3 “4.1. La forma simple o fortuita

Esta forma va asociada al estadio más embrionario del intercambio mercantil. En ella, se relacionan solo dos tipos o variedades de mercancía. Por ejemplo, 𝑀1 y 𝑀2.

Suponiendo que se intercambian en una proporción 𝑞12, podemos escribir:

(4) 𝑀1 = 𝑞12𝑀2

El subíndice que acompaña al coeficiente 𝑞 nos indica la cantidad de bienes del tipo 2 que se intercambian por un bien del tipo uno. Por lo mismo, tenemos que 1 𝑞⁄ 12= 𝑞21

nos está indicando la relación inversa: la cantidad de bienes del tipo uno que hay que ceder a cambio de una unidad del bien de tipo dos. Para el caso, podemos hablar de precio relativo o real (entre una y otra mercancía), el cual, si se satisfacen ciertas condiciones, será igual al valor de cambio entre la mercancía uno y la dos. Es decir, igual al cuociente entre los respectivos valores unitarios.” (Valenzuela Feijóo, 2014a, p. 292). 4

En concordancia con sus afirmaciones, este autor omite añadir un necesario complemento:

(4) 𝑏𝑖𝑠 𝑀2 = 𝑞21𝑀1.

Frente a cada par de mercancías ordinarias, Valenzuela Feijóo consigna dos valores de cambio; es decir, 𝑞12 y 𝑞21. Asimismo, sostiene que en ambas mercancías comunes y corrientes, existe un doble precio relativo, mismo que denomina real. Dicho precio relativo o real aparece en la propia cita como sinónimo de valor de cambio.

A primera vista, este argumento constituye una aportación del propio Valenzuela Feijóo al análisis del valor en Marx. Esto se deduce en tanto omite citar a este último y tampoco proporciona fuente alguna de sus aseveraciones. Sin embargo, el origen de las mismas es conocido. Sin decirlo, Valenzuela Feijóo está parafraseando a un conocido exponente de la teoría económica:

“Si (A) fuese la avena y (B) el trigo, y un agente propusiera cambiar 5 hectolitros de trigo contra 10 de avena, el precio propuesto por el agente del trigo en términos de avena sería 2 y el de avena en términos de trigo 1 2⁄ . De la misma forma que existe siempre en un intercambio, como ya hemos dicho, una doble compra y una doble venta, habrá siempre también un doble precio.” (Walras, 1987, p. 185).

A mayor abundamiento:

4 En esta cita, este autor mezcla indistintamente los bienes (o valores de uso), con mercancías. Por

ende, confunde la parte con el todo: “Los dos factores de la mercancía: valor de uso y valor (sustancia y magnitud de valor)” (Marx, 1959, p. 3; cursivas en el original, J.G.).

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“En cuanto a los valores, se miden por sí mismos, puesto que las proporciones entre ellos provienen directamente de las proporciones inversas entre las cantidades de mercancías intercambiadas.” (Walras, 1987, p. 322).

En palabras de Valenzuela Feijóo:

“Es decir, tenemos que v.g. 𝑞12= 1 𝑞⁄ 21, lo cual es muy obvio: si la mercancía 1 se cambia por dos unidades de la mercancía 2 (o sea, 𝑞12= 2), es muy claro que la mercancía 2 se intercambia por media unidad de la mercancía 1 (o sea, 𝑞21= 1 2⁄ ).”

(Valenzuela Feijóo, 2014a, p. 296).

Antes de continuar mostrando coincidencias con Walras, la significancia de este último no se puede exagerar. Según Schumpeter, “en lo que se refiere a teoría pura, Walras es, en mi opinión, el más importante de todos los economistas.” (1975, p. 68). Además, debe ser considerado y estudiado dada su contribución vital a planteamientos contemporáneos de problemas centrales de la teoría económica (Leontieff, 1955, p. 249). Adicionalmente, grandes aportaciones originales al núcleo de la teoría microeconómica neoclásica provienen de Walras (Walker, 1987). Las referidas aportaciones constituyen parte de esta estructura teórica, constituyendo el punto de arranque para el desarrollo alcanzado en el siglo XX, de acuerdo al propio Walker.

Las similaridades afloran de inmediato. Walras, esta vez replicado por Valenzuela Feijóo, sostiene una reciprocidad en el intercambio. Es decir, la proporción de cambio de una mercancía viene a ser el recíproco de la segunda. Simultáneamente, el recíproco de la segunda, constituye la proporción de cambio de la primera. En ambos autores salta a la vista un razonamiento circular.5

Por otra parte, a pesar de que el trueque es la forma más simple de cambio, Walras encuentra relaciones de precio, por ejemplo entre avena y trigo. Para este último autor, la proporción de cambio del trigo en términos de avena es el precio del primero. Lo recíproco aplica para la avena. Por ende, cada mercancía ordinaria, no obstante ser común y corriente, ostenta funciones inherentes al dinero. En consecuencia, cualquier mercancía deberá ser

5 Valenzuela Feijóo se aleja de sus preceptos metodológicos: “Una disciplina que aspire a satisfacer

los cánones científicos debe asegurar como mínimo: i) el rigor lógico de sus enunciados; ii) la posibilidad de efectuar verificaciones empíricas y que éstas sean aprobatorias de los enunciados del caso.” (2008, p. 129).

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capaz de expresar el precio de las demás. En cada par de mercancías ordinarias, tanto Valenzuela Feijóo como Walras consignan un doble precio.

Para evidenciar que en toda proporción de cambio ante cada par de mercancías ordinarias la otra es dinero, en la cita inicial Valenzuela Feijóo se ha referido al precio específicamente como precio real o relativo. En palabras de Walras:

Por tanto: los precios o las proporciones entre valores de cambio,(c) son iguales a las

proporciones inversas de las cantidades intercambiadas.

Los precios [[de (A) en términos de (B) y de (B) en términos de (A)]], son recíprocos entre sí.”

_________

(c) ‘d’échange’ aparece por primera vez en la 2.a edición. (Walras, 1987, p. 185; corchetes

dobles y cursivas en el original. Por otra parte, la llamada (c) obedece al cotejo de ediciones que consigna W. Jaffé, traductor; J.G.).

En consecuencia, valor de cambio y precio devienen términos intercambiables para Walras, lo cual es reiterado por Valenzuela Feijóo. Ahora bien, cuando se manejan mercancías comunes y corrientes, cualquier referencia a precios pareciera un despropósito. A menos, claro está, que se asuma que toda mercancía ordinaria es directamente cambiable.6

En Marx, la expresión de valor en su forma precio conlleva la existencia ineludible de una mercancía ordinaria y, por contraparitida, de otra no ordinaria, i.e., la mercancía dinero:

“La expresión simple y relativa del valor de una mercancía, por ejemplo el lienzo, en aquella otra mercancía que funciona ya como mercancía dinero, v. gr. en oro, es la

forma precio. Por tanto, la forma precio del lienzo será:

20 𝑣𝑎𝑟𝑎𝑠 𝑙𝑖𝑒𝑛𝑧𝑜 = 2 𝑜𝑛𝑧𝑎𝑠 𝑜𝑟𝑜,

o bien, suponiendo que las 2 onzas oro, traducidas al lenguaje monetario, se denominen 2 libras esterlinas,

20 𝑣𝑎𝑟𝑎𝑠 𝑙𝑖𝑒𝑛𝑧𝑜 = 2 𝑙𝑖𝑏𝑟𝑎𝑠 𝑒𝑠𝑡𝑒𝑟𝑙𝑖𝑛𝑎𝑠. "

(Marx, 1959: 36; cursivas en el original, J.G.).

6 En realidad, se busca hacerle creer a todo vendedor que encontrará comprador al ocurrir al mercado,

y viceversa. Por ende, “Júzguese, pues, cuán listos son estos socialistas pequeñoburgueses que aspiran a eternizar la producción de mercancías pretendiendo abolir la ‘contradicción entre dinero y mercancías’, y por tanto el propio dinero, que sólo puede existir dentro de esa contradicción. Es algo así como si se pretendiese abolir al papa dejando subsistente la religión católica.” (Marx, 1959, p. 50, nota 4; cursivas en el original, J.G.).

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Un autor contemporáneo advierte sobre modelos de producción mercantil que si bien se presentan como simples trueques, ostentan funciones propias del dinero:

“Esta teoría [de Marx] constituye una dura crítica a las teorías monetarias que postulan una economía de ‘trueque’ que precede a la introducción del dinero. Las economías de trueque en estas teorías en realidad son modelos totalmente desarrollados de producción mercantil y, por lo tanto, implícitamente tienen ya todos los determinantes de la forma dinero del valor.” (Foley, 1989, p. 28-29; corchetes añadidos, J.G.). Además, Foley reconoce que las formas del valor en Marx refutan a los referidos modelos.

Por lo que toca a referencias autorales al analizar la forma simple del valor, Valenzuela Feijóo incurre en un fallo doble. Cuando parafrasea a Walras, rehusa citarlo. Ahora bien, cuando manifiesta que se ha apoyando en Marx, Valenzuela Feijóo replica el esquema walrasiano.

Es ilustrativo que al surgir endebleces lógicas en Walras, lejos de evidenciarlas, Valenzuela Feijóo se concrete a parafrasearlo. Con ello, omite el ejercicio de la crítica. El posible cuestionamiento a la ortodoxia económica permanece ausente. Parece que Valenzuela Feijóo estuviera decidido a reemplazar sotto voce a Marx por Walras. Esto último, al menos en la forma más elemental de expresión económica: el intercambio de un par de mercancías, ambas ordinarias.

3. El valor: una magnitud elusiva

En Valenzuela Feijóo, la cantidad de valor termina por no ser conocida:

“Supongamos, para abreviar, que el intercambio ha tenido lugar. Aquí, en vez de decir ‘mi valor es igual a 𝑥 horas de trabajo social’ (empleando, por ende, la medida intrínseca del valor), se dice ‘mi valor es equivalente al valor de 𝑦 unidades de esa otra mercancía’. Con lo cual, tenemos que: i) el valor se mide en términos indirectos y ii)

su magnitud efectiva termina por no ser conocida; solo se conocen equivalencias.344

Opera, en consecuencia, algo así como un ‘oscurecimiento’ del valor. Este va quedando en la trastienda, funcionando como un sustrato ‘invisible’.

______________

344 Cuando digo que el quebrado (𝑥) es igual al quebrado (𝑦), nada digo sobre los términos

involucrados en el numerador y el denominador. Solo puedo afirmar que su cuociente es similar. Por ejemplo, 𝑥/𝑦 = 1 2⁄ = 2/4 = 3/6 = 4/8 = ….., etc., me abre posibilidades prácticamente infinitas.” (Valenzuela Feijóo, 2014a, p. 294; paréntesis en el original, J.G.).

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Aquí, al intentar explicar los determinantes de las horas de trabajo recurriendo a una relación de cambio, aparecen una serie de aseveraciones con ausencia de nitidez. Inicialmente, el símbolo 𝑥 se presenta asociado al tiempo de trabajo social: “mi valor es igual a 𝑥 horas de trabajo social”. Inmediatamente después, se establece una ecuación entre el referido valor y el valor otra mercancía en términos de 𝑦 unidades: ‘mi valor es equivalente al valor de 𝑦

unidades de esa otra mercancía’. De esta manera, el símbolo 𝑥 adquiere un doble propósito: inicialmente, se usa para expresar lo que sería la medida intrínseca del valor, donde no usa “quebrados”. Adicionalmente, dicho símbolo se utiliza para indicar una relación de cambio; en este último sí recurre a fracciones.

Siguiendo con la cita previa, el símbolo 𝑥 deja de ser equivalente de 𝑦. En pie de nota, el autor ha mudado de parecer. Ahora, 𝑦 vale la mitad de 𝑥, i.e. 𝑥/𝑦 = 1 2⁄ .7 Es decir, “𝑥/𝑦 = 1 2⁄ = 2/4 = 3/6 = 4/8 = .., etc.” Esta serie de identidades son reductibles a 𝑥 𝑦⁄ = 1/2 . Con una de las cuatro fracciones numéricas de la expresión 𝑥/𝑦 ≡ 0.5 ≡ 0.5 ≡ 0.5 ≡ 0.5, sería suficiente. Las posibilidades que Valenzuela Feijóo percibe como prácticamente infinitas se reducen a una redundancia monótona.

Más allá de las confusiones previas, cuando el autor se plantea responder a cuánto asciende específicamente la cantidad de trabajo social, declara que esta magnitud efectiva, por caso 𝑥

horas, termina por no ser conocida.8 Si la magnitud del valor termina por no conocerse, no existe prueba de que dicho contenido sea tiempo de trabajo social o cualquier otra entelequia. Lo anterior, en virtud de que el monto permanece explícitamente indeterminado. Con ello, las referidas proporciones de cambio, llámense valor -o incluso precio, carecen de regulación alguna. Los valores aludidos se reducirían a magnitudes arbitrarias. En palabras de Walras:

“¿Qué son 𝑣𝑎 , 𝑣𝑏, 𝑣𝑐, 𝑣𝑑… ? No son otra cosa que términos indeterminados, arbitrarios que solo tienen sentido en su recíproca relación proporcional.” (Walras, 1977, p. 178).9 Posteriormente, aclara en gerundio a qué se refieren dichas siglas:

“Siendo 𝑣𝑎 , 𝑣𝑏, 𝑣𝑐, 𝑣𝑑… los valores de cambio de las mercancías (𝐴), (𝐵), (𝐶), (𝐷) …

respectivamente.” (Walras, 1987, p. 305).

7 En edición previa de su opus magnum, 𝑥 sí aparece como equivalente de y: “𝑥 = 𝑦 = 1 2⁄ =

2/4 = 3/6 = 4/8 = ….., etc.” (Valenzuela Feijóo, 2012, p. 216, nota 19).

8 El desconocimiento de una magnitud pondría en tela de juicio todo elemento de efectividad. 9 De la traducción al inglés: “They are really nothing but indeterminate, arbitrary terms that have

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Previo al reemplazo del valor de Marx recurriendo a supuestos walrasianos, Valenzuela Feijóo ha encontrado similitud entre la substitución a efectuar y la perspectiva neoclásica:

“…se plantea otra curiosa similitud con la perspectiva neoclásica. Para esta, aquí con mucha claridad, es el juego de los precios relativos el que opera como regulador central de los procesos económicos. La diferencia entre los paradigmas, en este contexto, sólo residiría en la explicación de los factores subyacentes determinantes de los precios. En el caso de los neoclásicos estarían las preferencias subjetivas (o ‘utilidades’); en el caso del marxismo, así entendido, estaría el trabajo medio incorporado en las mercancías. En suma, ‘utilidad’ versus ‘trabajo’.” (Valenzuela Feijóo, 2006, p. 92).10

Previamente, se ha mostrado que precio y valor son términos intercambiables para ambos autores. Así mismo, se ha puesto de manifiesto que los factores subyacentes de los precios relativos carecen de determinación al ser elusiva su magnitud. Lo anterior, trátese del trabajo mismo, el cual no se puede conocer según Valenzuela Feijóo, así como de la arbitrariedad que encierra el valor, de acuerdo a Walras. Bajo estas limitaciones, los llamados factores subyacentes quedan imposibilitados de convertirse en determinantes. Por ende, los precios relativos carecen de sustrato. Pareciera que efectivamente los precios relativos no precisan de determinación alguna. De acuerdo a Valenzuela Feijóo, es el juego de los referidos precios lo que con abundante claridad opera como regulador central del proceso económico.

4. Incorporando el equilibrio económico general

De acuerdo a Walras, el original reza como sigue:

“145. El teorema del equilibrio general del mercado podría enunciarse en los siguientes términos:

En estado de equilibrio del mercado, los 𝑚(𝑚 − 1) precios que regulan el intercambio de todos los pares de las 𝑚 mercancías son determinados implícitamente por los m-1 precios que regulan el intercambio de 𝑚 − 1

cualesquiera de esas mercancías por la 𝑚 −ésima.

Por tanto, en estado de equilibrio general, puede definirse completamente la situación del mercado enumerando los valores de todas las mercancías en términos del valor de una de ellas.” (Walras, 1987, p. 319; cursivas en el original, J.G.).

En Valenzuela Feijóo, Walras es sometido a una paráfrasis:

10 Esta cita forma parte del capítulo II: La ley del valor como ley básica (pp. 75-108). El referido

capítulo aparece reproducido años más tarde preservando el mismo título en su opus magnum (2014b, pp. 31-61). Al repetir el mismo texto, se confirma una ausencia de nuevos desarrollos al paso del tiempo.

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“(6) 𝑀1 = 𝑞12𝑀2 = 𝑞13𝑀3 = 𝑞14𝑀4 = ⋯ = 𝑞1𝑛𝑀𝑛

Tal es la forma desarrollada del valor, la (sic) válida para una mercancía particular, en este caso 𝑀1. Como vemos, en esta forma, 𝑀1 expresa su valor en cada una de las

(𝑛 − 1) restantes tipos de mercancías. Si suponemos que esta ampliación o serie de equivalencias es igualmente válida para cada uno de los (𝑛) tipos de mercancías con que funciona el sistema, tendríamos la presencia de 𝑛(𝑛 − 1) formas simples del valor. De modo análogo, tenemos que para cada tipo de mercancía existirán (𝑛 − 1) formas equivalentes. Por ende, en todo el sistema habrán 𝑛(𝑛 − 1) formas equivalentes.” (Valenzuela Feijóo, 2014a: 295).

Dentro de las formas del valor en Marx, Valenzuela Feijóo ha elegido a la forma total o desarrollo del valor para sustituirla por el equilibrio general walrasiano. Para lograr su propósito, efectúa las siguientes modificaciones:

i) La 𝑚-ésima mercancía en Walras reaparece como “cada uno de los (𝑛) tipos de mercancía;”

ii) los 𝑚(𝑚 − 1) precios que regulan el intercambio en Walras, sustituyen su nombre en una ocasión por: a) 𝑛(𝑛 − 1) “formas simples del valor”, y en otro momento por: b) “en todo el sistema habrán 𝑛(𝑛 − 1) formas equivalentes;” y

iii) los (𝑚 − 1) precios que regulan implícitamente el intercambio en Walras, conducen a que “para cada tipo de mercancía existirán (𝑛 − 1) formas equivalentes.”

Valenzuela Feijóo procede de manera singular. Por una parte, ha recurrido a Walras vía el equilibrio económico general, en un intento por asimilarlo a Marx. Esto no obsta para que, por otra, lo censure:

“Para el primer propósito [‘embellecer-glorificar el funcionamiento global del sistema’], el modelo del equilibrio general walrasiano, es sin dudas el artefacto favorito de la ideología dominante.” (Valenzuela Feijóo, 1996, p. 63; corchetes añadidos, J.G.). En la literatura, las menciones sobre el referido equilibrio son por demás elocuentes. Por ejemplo, “puede considerarse como la Carta Magna de la teoría económica”, según Schumpeter (1971, p. 232). De acuerdo a Friedman (1955, p. 901), también en el ámbito de las consideraciones, constituye la principal aportación de Walras. Para Shackle (1966, p. 8), el modelo de equilibrio general fue la construcción más satisfactoria en términos intelectuales, además de ser la más incluyente, eficiente, incisiva y bella que la economía jamás haya producido. Según Samuelson (1962, p. 4), solamente existe un concepto de

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equilibrio general, y añade que fue Walras quien tuvo la lucidez, así como la suerte de encontrarlo. Sin negar que constituye un logro intelectual espléndido, Shubik (1970, p. 415), muestra reservas, en tanto dicho esquema cubre solo una instancia restrictiva y simple, en el mejor de los casos.

Valenzuela Feijóo enfrentaría dificultades para criticar a Walras. Cuando admite que los

Elementos de Walras han estado en sus manos, advierte que no abordará a fondo a este autor, adelantando excusas: i) disponibilidad de espacio; ii) aridez de la exposición técnica, y iii) considerable complejidad matemática:

“Aquí no vamos a entrar en una exposición crítica sistemática y detallada del enfoque neolásico, del walrasiano en particular. En unas pocas líneas, mal se podría cumplir semejante tarea. Además, una exposición técnica del modelo de equilibrio general - Walras(57)…..suele ser bastante árida y casi siempre, matemáticamente muy compleja” _______

(57) Leon Walras. Elementos de economía política pura. Alianza edit., Madrid, 1987.”

(Valenzuela Feijóo, 1996, p. 57).

De hecho, el uso sistémático y detallado del enfoque walrasiano por parte de Valenzuela Feijóo queda reservada para intentar sustituirlo por Marx. Al rehusar a exponerlo de manera crítica y sistemática, le permite concitar la idea de que Walras es ajeno al esquema que el propio Valenzuela Feijóo utiliza. En otra parte, reitera una resuelta oposición a este esquema. Para esto último, recurre a Keynes, al tiempo que emite cargos adicionales contra el equilibrio general walrasiano:

“Sabido es que Keynes siempre consideró a la teoría del equilibrio general walrasiano como un completo non-sense (sic), como algo estéril y que encorsetaba o impedía las posibilidades de captar la realidad económica en términos sustantivos y relevantes.” (Valenzuela Feijóo, 2014b, p. 617, nota 624).

En los hechos, Valenzuela Feijóo discrepa de Keynes. Rehabilita el referido equilibrio como sustrato sustantivo y relevante para sustituir a la forma total o desarrollo del valor. En otra parte, eleva el tono contra los preceptos de Walras, al tiempo que rememora el llamado que le hicieran sus mentores:

“En breve, se nos incitaba a romper con la alienación cultural (vg. la ‘estupidez’ -Keynes dixit- del equilibrio general walrasiano) y a descubrir las realidades más profundas de la región.” (Valenzuela Feijóo, 2016a, p. 63).11

11 La alusión al juicio de Keynes proviene de una comunicación escrita enviada a Hicks (véase

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11

Por lo que a región se refiere, alude “a nuestra América Latina.” (Valenzuela Feijóo, 2016a, p. 63).12

5. Un mercado con dos sistemas: de valor y de precio

El equilibrio general walrasiano con el que Valenzuela Feijóo busca enmendar a Marx, es objeto de modificaciones ulteriores. En adelante, valor y precio habrán de constituir, cada cual, un sistema separado:

“Valor de cambio y precios. Sistema de valor y sistema de precios.” (Valenzuela Feijóo, 2014a, p. 343).

Por contraste, en un inicio se ha referido indistintamente a valor y a precio.13 Esto no obsta

para que ahora cambie de opinión, al tiempo que mantiene ambos elementos estrictamente separados.

Al practicar en adelante una dicotomía entre valor y precio, pareciera que Valenzuela Feijóo va a seguir a Bortkiewicz (1952), pionero en esta labor. Mientras que el fundador de dicha segmentación utiliza la palabra cálculo de valor por una parte, y cálculo de precio por la otra, Valenzuela Feijóo la sustituye por sistema, si bien reproduciendo la independencia entre ambos cuerpos.14 Sin embargo, aquí concluye la incursión que en Bortkiewicz hace. Explícitamente se abstiene de abordar a lo largo de toda su obra el debate iniciado por el propio Bortkiewicz, referido a la transformación de valores en precios. No obstante reconocer la relevancia de esta controversia al menos en cuanto a extensión, Valenzuela Feijóo declina pronunciarse. Como justificación, plantea que el referido tema escapa los límites

Walras y todas aquellas ubicadas en la misma línea, son poco más que disparates (nonsense). Si Valenzuela Feijóo opera en la misma línea que Walras, el cargo que le hace a este último se le puede revertir.

12 Aquí parece que el apremio de los referidos mentores operó en sentido opuesto. 13 Esto ha quedado de manifiesto en el parágrafo 2, supra.

14 Como antecedente, en Valenzuela Feijóo (1999a, p. 46-47; 1999b, pp. 104-106), valor y precio se

presentan como dos sistemas por separado. Al acompañarse de otros autores, la referida dicotomía deviene, además de sistema, “La dimensión de valor” (García Zamora et al. 1999, pp. 228-233), y “La dimensión de los precios o monetaria” (García Zamora et al. 1999, pp. 233-235). Un elemento común en estos esfuerzos iniciales es que ambos sistemas la forma matricial está ausente. Valenzuela Feijóo no siempre es riguroso. En ocasiones (2016c), no especifica cuál de los dos sistemas utiliza. En una publicación reciente (2018), usa solamente su sistema de valores.

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autoestablecidos.15 Hasta la difusión de Borkiewicz que hace Sweezy (1942) en el ámbito

anglosajón, el trabajo del primero había pasado desapercibido.16 El referido problema ha sido

utilizado como ariete contra Marx por parte de economistas pertenecientes a las más diversas persuasiones.17

A continuación se examina la más reciente caracterización formal que Valenzuela Feijóo hace del valor y del precio, como sistemas paralelos.

5.1.Sistema de valor

Recurriendo a un esquema matricial, Valenzuela Feijóo presenta inicialmente definiciones referidas a su sistema de valor:

“En cuanto al valor unitario, decimos que es el tiempo de trabajo socialmente necesario que exige, en promedio, la producción de una mercancía dada.” Valenzuela Feijóo (2014a, p. 343; cursivas en el original, J.G.).

Previamente ha afirmado que el tiempo de trabajo contenido es una magnitud que termina por no ser conocida. A continuación, presenta el valor de cambio como un cociente del tiempo de trabajo social y necesario para cada par de mercancías:

"(1) 𝑉𝐶𝑖𝑗 = 𝑊𝑈𝑖 𝑊𝑈𝑗 𝑉𝐶 = valor de cambio.

𝑊𝑈 = valor unitario.

15 “Las relaciones entre el sistema de valor y el sistema de precios han dado lugar a una muy larga

discusión. El problema, que se suele conocer como el ‘problema de transformación de los valores en precios’, no siempre se discute en términos conceptualmente adecuados. Por lo mismo, conviene ensayar algunas aclaraciones preliminares que nos parecen imprescindibles. Valga también aclarar: en este texto no entraremos a discutir el mecanismo concreto de la transformación: ello, escapa a los límites de este trabajo.” (Valenzuela Feijóo, 2014a, pp. 375-376). Sin embargo, el mecanismo concreto de transformación conlleva, de raíz, un planteamiento conceptual.

16 Originalmente se publica de manera fraccionada en alemán al inicio del siglo pasado. Véase

Bortkiewicz (1952).

17 La muy larga discusión a la que alude Valenzuela Feijóo se plasma en copiosa literatura. Además,

comprende autores tan disímbolos como Robinson (1974), Pasinetti (1977), Foley (1989) y Burns (2017), además de Samuelson (1971) y Baumol (1974), por caso.

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En (1) tenemos que 𝑉𝐶𝑖𝑗 nos señala el valor de cambio que opera entre la mercancía

(𝑖) y la mercancía (𝑗), es decir, el cociente entre el valor unitario de (𝑖) y el valor unitario de (𝑗).” Valenzuela Feijóo (2014a, p. 343).18

En breve, el valor de cambio es igual al cociente de los valores unitarios, videlicet tiempos de trabajo socialmente necesarios en cada par de mercancías. Generalizando, los valores de cambio serían proporcionales a estos últimos. En el original walrasiano, en vez de tiempo de trabajo aparece la palabra rareté:

Los precios corrientes o de equilibrio son iguales al cociente de las raretés. En otras palabras:

Los valores de cambio son proporcionales a las raretés.” (Walras, 1987, p. 249;

cursivas en el original, J.G.).

Como previamente indicó Valenzuela Feijóo, el valor de cambio consignado en la expresión (1) es una proporción recíproca del valor de cambio 𝑉𝐶𝑗𝑖. Considerando un número de 𝑛 mercancías, dichas proporciones son susceptibles de representación en forma de matriz: “Sentado lo anterior, pasamos a definir el sistema de valor (=SW). En términos matriciales tendríamos:

El sistema de valor, por lo tanto, lo entendemos como el conjunto de valores de cambio que podemos encontrar en la economía.” (Valenzuela Feijóo 2014a, pp. 343-344; cursivas en el original, J.G.).

En esta fase y de acuerdo al esquema previo, la existencia de 𝑛 mercancías supone un total de 𝑛 · 𝑛 valores de cambio. Dentro de este conglomerado, existen 𝑛 expresiones que corresponden al valor de cambio de cada mercancía consigo misma, i.e.,

18 En otra parte de la misma obra, el propio cociente de la expresión (1) mueve a confusión, siendo

consignado bajo distinta nomenclatura. Por ejemplo: ” 𝑊𝐶𝑖𝑗 = 𝑊𝑈𝑖 𝑊𝑈𝑗.” (Valenzuela Feijóo, 2014b, p. 123). VC11 VC12 VC13 VC1n VC21 VC22 VC23 VC2n : : : : VCn1 VCn2 VCn3 VCnn [SW]nn= (2)

(15)

14

𝑉𝐶11, 𝑉𝐶22… 𝑉𝐶𝑛𝑛.19 De aquí se desprende que habrá 𝑛 mercancías cuyo valor de cambio es

la unidad.20 Con esto, Valenzuela Feijóo se contradice a sí mismo al sostener que los valores de cambio en su esquema de análisis invariablemente aluden a dos tipos diferentes de mercancías:

“En cuanto al valor de cambio, lo pasamos a entender como la relación que se establece entre los valores unitarios de tal o cual par de mercanías. O sea, el valor de cambio siempre es una relación entre dos diferentes tipos de mercancías (o, eventualmente, entre diversos grupos de mercancías).” (Valenzuela Feijóo, 2014a, p. 343).

Además del primer grupo de n valores de cambio iguales a la unidad, existe un segundo grupo. Este último radica en que cada una de las 𝑛 mercancías se remite a todas las demás, estando conformado por (𝑛 · 𝑛) − 𝑛 mercancías:21

Una vez que presenta la matriz supra, Valenzuela Feijóo lleva a cabo una exclusión singular. El autor elimina las 𝑛 proporciones referidas a sí mismas. La razón esgrimida es por demás peculiar:

“A simple vista, tendríamos (𝑛 ∙ 𝑛) elementos integrantes en el sistema de valor. Pero si bien pensamos, podemos darnos cuenta que hay diversos valores de cambio que no representan ninguna información importante. Por ejemplo, todos los elementos de la diagonal de la matriz son, por definición, iguales a uno. Amén de que la relación de cambio de una mercancía consigo misma no es algo que sea precisamente interesante (sic). Asimismo, podemos ver que:

(3) 𝑉𝐶𝑖𝑗 = 1 𝑉𝐶𝑗𝑖

(Valenzuela Feijóo, 2014a, p. 344).

Cuando Valenzuela Feijóo descubre la existencia de 𝑛 mercancías en tanto se remiten a sí mismas para expresar su valor, tiene frente a sí a la mercancía numerario de Walras.

19 En el presente sistema de valor en Valenzuela Feijóo, dicha unidad o mercancía numerario se forma

cuando un valor de cambio se remite a sí mismo. Es decir, 𝑉𝐶𝑖𝑖 = 𝑊𝑈𝑖𝑖

𝑊𝑈𝑖𝑖 , siendo 𝑉𝐶 = valor de cambio;

𝑊𝑈 = valor unitario. Por ende, (𝑖 = 1, 2,3 … . 𝑛); es decir, 𝑉𝐶𝑖𝑖 = 1.

20 Por caso, 𝑉𝐶 11= 𝑊𝑈1 𝑊𝑈1. 21 Es decir 𝑉𝐶 𝑖𝑗= 1 𝑉𝐶𝑗𝑖.

(16)

15

Sin percatarse de la función de dicha diagonal constituida por valores unitarios para este último autor, Valenzuela Feijóo desecha al conjunto de 𝑛 elementos de la diagonal de la matriz (𝑛 · 𝑛). Solo se percata de la cifra, pasando por alto lo que ésta representa para el esquema walasiano que viene manejando. Atendiendo a su lógica, los elementos de la diagonal carecen de información importante alguna. Por contraste, para Walras las 𝑛 mercancías iguales a la unidad son básicas. Cada una de ellas, si bien una a la vez, habrá de constituir el numerario. Esto es lo que permite a Walras remitirse a una sola mercancía para expresar en ésta, el valor de todas las demás. Estas últimas constituyen las 𝑛 − 1 mercancías:

“Suponiendo los valores de (A), (B), (C), (D)…expresados en términos del valor de (A), se obtiene la serie de precios:

𝑝𝑎,𝑎= 1, 𝑝𝑏,𝑎 = 𝜇 𝑝𝑐,𝑎= 𝜋 𝑝𝑑.𝑎 = 𝜌 …

Si en lugar de expresarse los valores en términos del valor de (A), los expresásemos en términos del valor de (B), obtendríamos la serie de precios:

𝑝𝑎,𝑏 = 1 𝜇, 𝑝𝑏,𝑏 = 𝜇 𝜇 , 𝑝𝑐,𝑏 = 𝜋 𝜇 , 𝑝𝑑,𝑏= 𝜌 𝜇…

Por tanto: Para cambiar de un numerario a otro, es suficiente dividir los precios expresados en términos del primer numerario por el precio del nuevo patrón en términos del antiguo numerario.” (Walras, 1987, p. 319; cursivas en el original, J.G.). En otras palabras, cualquiera de las 𝑛 mercancías podría fungir como numerario. Por ende, si una de las 𝑛 mercancías está fungiendo como numerario, en Walras las 𝑛 − 1 restantes estarían utilizando a la 𝑛 − ésima para indicar su valor:

“Por tanto, en estado de equilibrio general, puede definirse completamente la situación del mercado enumerando los valores de todas las mercancías en términos del valor de una de ellas. Esta última mercancía se llama numerario [o mercancía patrón] y una unidad de la misma se llama patrón [étalon].” (Walras, 1987, p. 319; cursivas y corchetes en el original, J.G.).

Una vez que Valenzuela Feijóo ha eliminado todas las mercancías en su función de unidad de cuenta, termina con (𝑛 ∙ 𝑛) − 𝑛 relaciones de cambio. De esta manera, se retrotrae explícitamente a un trueque generalizado.

Al quedar imposibilitado motu proprio para trascender los confines de un cambio directo, Valenzuela Feijóo está replicando a Samuel Bailey. En palabras de Marx:

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16

“El valor de una mercancía, del lienzo, por ejemplo, se expresa ahora en otros elementos innumerables del mundo de las mercancías.26

__________

26 Por eso se habla del valor del lienzo en levitas, cuando su valor se representa en estas prendas,

de su valor en trigo, cuando se representa en trigo, etc. Estas expresiones indican que es su valor el que toma cuerpo en los valores de uso levita, trigo, etc.

‘El valor de toda mercancía expresa su proporción en el cambio; por eso podemos referirnos a él como a su.…valor en trigo o en paño, según la mercancía con que lo comparemos; y por eso existen mil valores diversos, tantos como mercancías, valores todos ellos que tienen, por consiguiente, tanto de reales como de imaginarios.’ (‘A Critical Dissertation on the Nature, Measure and Causes of Value: chiefly in reference to the writings of Mr. Ricardo and his followers.’ By the Author of ‘Essays on the Formation etc. of Opinions’ Londres, 1825, p. 39). S. Bailey, autor de esta obra anónima, que en su tiempo levantó una gran polvareda en Inglaterra, cree haber descubierto todas las determinaciones conceptuales del valor con apuntar a las diversas y abigarradas expresiones relativas del valor de una misma mercancía.” (Marx, 1959, p. 29-30).

Posteriormente, Valenzuela Feijóo instrumenta una segunda fase de eliminaciones. Esta vez, toca el turno a la mitad de los valores de cambio entre mercancías diferentes:

“Es decir, si conocemos el valor de cambio entre la mercancía (𝑖) y la mercancía (𝑗), automáticamente podemos saber el valor de cambio que va en sentido inverso. De este modo, podemos ver que en el sistema de valor, debemos conocer no (𝑛)2 valores de

cambio sino que nos bastará conocer (𝑛 − 1)(𝑛/2) valores de cambio relevantes.” (Valenzuela Feijóo, 2014a, p. 344).

La forma de resolver el sistema de ecuaciones implícito en su planteamiento es por demás original. Debido a esta nueva fase de anulaciones, resultan [(𝑛 ∙ 𝑛) − 𝑛]/2 valores de cambio. El formato de esta última expresión sigue paso a paso el razonamiento aquí expuesto por Valenzuela Feijóo, si bien la expresión algebraica consignada en la cita supra, es una transformación de ésta.22 El hecho de que pretenda reducir a la mitad el contingente de

trueques a los que llega, solo confirma la circularidad lógica con que opera. Es decir, omite indicar cuál de las dos mitades de valores de cambio habrá que conservar y cuál otra se obliga a descartar.

22 La equivalencia explicita entre: (𝑛 − 1) (𝑛

2) y (𝑛∙𝑛)−𝑛

2 , se establece por medio de la siguiente simplificación algebraica: (𝑛∙𝑛)−𝑛 2 = 𝑛2−𝑛 2 = (𝑛−1)𝑛 2 = (𝑛 − 1) ( 𝑛 2).

(18)

17

5.2.Sistema de precios

Una vez expuesto lo que Valenzuela Feijóo denomina sistema de valores, toca el turno al sistema de precios. En un inicio, explica dónde toman realidad lo que él denomina precios monetarios, los cuales son componentes de este esquema:

“Dada la unidad con que se mide el volumen del producto tal o cual (kilos, docenas, litros, etcétera), se nos informa del precio monetario respectivo. Es decir, se nos señala cuántas unidades monetarias debemos desembolsar para adquirir tal o cual producto. Estos, son los precios monetarios. Por ellos, entendemos la relación de intercambio que se establece entre el bien respectivo y la unidad monetaria.” (Valenzuela Feijóo, 2014a, p. 344; cursivas en el original).

En realidad, el volumen alude a la cantidad de espacio que ocupa todo objeto.23 Sin embargo, Valenzuela Feijóo no se está refiriendo a objetos en el espacio. Informa que está aludiendo a bienes; es decir, está hablando de valores de uso.24 Aclara que los referidos bienes van a ser cambiados en el mercado, y se muestra dispuesto a tomar nota sobre los términos establecidos en dicho cambio mercantil. Por ende, Valenzuela Feijóo está hablando no de objetos en general, tampoco de valores de uso simple y llanamente. En realidad, pero omitiendo decirlo, se está refiriendo a objetos útiles susceptibles de ser cambiados, i.e., mercancías.

Para Marx, las mercancías están constituidas por valor de uso y por valor. En tanto valores de uso o bienes, solo cobran realidad en el consumo, donde aflora su naturaleza en tanto objetos útiles.25 A este respecto, dicho consumo puede ser de dos tipos. O bien es susceptible de usarse como medio de vida, en el consumo final, o se utiliza como medio de producción.26 Es el valor, en tanto elemento social, el que cobra realidad previamente, al realizarse en el acto de cambio. En otras palabras, al referirse a la relación de “intercambio”, así como a las

23 La extensión del referido cuerpo conlleva largo, ancho y altura. En el sistema métrico decimal, la

unidad de medida volumétrica es el metro cúbico.

24 Asimismo, en la última cita aparecen también bajo el nombre de productos.

25 “El valor de uso sólo tiene valor para el uso, y se realiza sólo en el proceso del consumo.” (Marx,

2008, p. 9).

26 “Este consumo productivo se distingue del consumo individual en que éste devora los productos

como medios de vida del ser viviente, mientras que aquél los absorbe como medios de vida del trabajo, de la fuerza de trabajo del individuo, puesta en acción.” (Marx, 1959, p. 136; cursivas en el original, J.G.).

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18

unidades monetarias involucradas, Valenzuela Feijóo necesariamente está hablando del mercado y por ende del valor de las mercancías. Asimismo, está aludiendo a un ámbito público en que se llevan a cabo las referidas transacciones. De esta manera, en rigor no se está refiriendo al objeto material que satisface necesidades humanas en el ámbito privado. Éste, en tanto valor de uso, tiene como función servir de soporte material del valor en dicha transacción mercantil.27

Valenzuela Feijóo no está buscando aquí medir valores de uso como tales. En la cita previa, se ha planteando a sí mismo tomar información sobre los “precios monetarios” con respecto a las mercancías que tiene intención de comprar en el propio mercado.28 Constreñido al volumen o cantidad de espacio que ocupa un producto, como parece sugerirlo, se vuelve imposible medir, sea un objeto útil o la riqueza material de una sociedad.

En la cita de Valenzuela Feijóo, la proporción de cambio se da entre el volumen del producto y la unidad monetaria. En el esquema walrasiano, esta última es la mercancía numerario. A continuación surge una nueva versión de precios relativos, como cociente de dos precios monetarios:

“Avancemos ahora al caso de los precios relativos (a veces, denominados precios reales). Por ellos podemos entender la relación (proporción) que se da entre dos precios monetarios. Si por ejemplo, el precio monetario natural de la mercancía (a) es de $80

y el de la mercancía (b) es de $20, el precio relativo de (a) en términos de (b) será 4 = 80 20⁄ .” (Valenzuela Feijóo, 2014a, p. 345; cursivas en el original).

Aquí, la expresión de valor en dinero, han sido reducida a una proporción. Ejemplificando las implicaciones de la propuesta que hace Valenzuela Feijóo, supóngase que se dispone de tres mercancías: 1 tonelada de carbón = US $50; ½ tonelada de miel = US $2,500, y 2 toneladas de naranja = US $1,600.29 De acuerdo al esquema de precios previo, a partir de

estas tres expresiones en el mercado, el referido autor construye un total de nueve

27 “Como valores de uso, las mercancías representan, ante todo, cualidades distintas; como valores de

cambio, sólo se distinguen por la cantidad: no encierran, por tanto, ni un átomo de valor de uso.” (Marx, 1959, p. 5).

28 Si el precio es el nombre en dinero de toda mercancía, parecería redundante hablar de precios

monetarios. La sola posibilidad de un precio que no conlleve una relación con el dinero es un contrasentido, al menos en Marx. Además, es bien sabido que la mercancía dinero ostenta el monopolio para expresar el valor de las mercancías ordinarias.

29 Se asume que las tres mercancías son exclusivamente artículos de consumo final, para ceñirse a los

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19

proporciones. De éstas, tres serán los cocientes de cada mercancía consigo misma. Los seis cocientes restantes están constituidos por todas las fracciones recíprocas posibles, i.e., entre las tres diferentes mercancías. Con este procedimiento, el autor asegura transitar de los llamados precios monetarios a una construcción sui generis que ha denominado precios relativos o reales. En resumen, Valenzuela Feijóo parte de un mercado donde funciona el dinero, para retrotraerse a una colección de trueques. En esta última, cada mercancía se remite a todas las demás, incluyendo la referencia consigo misma:

“Por cierto, según cuál sea la diversidad de mercancías que produce el sistema, tendremos una cantidad mayor o menor de precios reales (relativos). Al conjunto de estos precios relativos lo llamamos sistema de precios.

Para los precios relativos podemos escribir:

𝑃𝑅𝑖𝑗 =𝑃𝑃𝑛𝑖 𝑃𝑃𝑛𝑗 𝑃𝑅 = precio [real] relativo.

𝑃𝑃𝑛 = precio natural o de equilibrio.”

Valenzuela Feijóo, 2014a, p. 345 (cursivas en el original y corchetes añadidos J.G.). Cabe preguntarse cuál es la función de los “precios reales (relativos)” en Valenzuela Feijóo. Estos últimos constituyen el vehículo para eliminar los precios registrados en el mercado. A partir de 𝑛 expresiones de valor para 𝑛 mercancías, resultan 𝑛2 proporciones recíprocas de cambio en el supuesto mercado. En cuanto a definiciones:

“3) Precio de equilibrio o natural (=Pe). Es el precio de mercado cuando coincide con el precio de oferta. No se trata de un nuevo tipo de precio sino del mismo precio de mercado, en tanto satisface ciertos requisitos: el de coindicir con el precio de oferta. O sea, si Pm=Ps, entonces Pm=Pe. Como escribiera Smith, ‘el precio de mercado de una mercadería cualquiera está continuamente fluctuando, por decirlo así, alrededor del precio natural […] el precio natural viene a ser el precio central, alrededor del cual gravitan continuamente los precios de todas las merancías’152.

_____

152 A. Smith, La Riqueza de las Naciones, p. 56 y 58. Ed. FCE, México, 1981.”

(Valenzuela Feijóo, 2014b, p. 120; cursivas y corchetes en el original, J.G.).30

30 Valenzuela Feijóo se abstiene de utilizar el término precio de producción de Marx, e incluso el de

David Ricardo, o el término utilizado por los fisiócratas: “Esto que nosotros llamamos precio de producción es, en realidad, lo mismo que A. Smith llama natural price [Ricardo price of production,

cost of production] y los fisiócratas prix nécessaire, -sin que ninguno de ellos, A. Smith, Ricardo ni los fisiócratas, desarrolle la diferencia existente entre el precio de producción y el valor-, porque este precio es, a la larga, lo que condiciona la oferta, la reproducción de las mercancías de toda esfera

(21)

20 Adicionalmente,

“5) Precio real o relativo (=Pr). Es la relación de intercambio que se establece entre la mercancía i y la mercancía j. Por lo mismo, es igual al cuociente entre los precios monetarios de ambas mercancías. Como se ve, el precio real siempre implica cotejar dos tipos de mercancías.” (Valenzuela Feijóo, 2014b, pp. 120-121; cursivas en el original, J.G.).

En realidad, el autor no está cotejando dos tipos de mercancías. Tampoco está confrontando una mercancía con otra. Lo que declara estar haciendo es obtener una proporción resultante de los precios registrados en el mercado, i.e. naturales o de equilibrio, de cada par de mercancías. A partir de dichos cocientes, produce un “tercer precio”, que denomina real o relativo. En otras palabras, este último en rigor sería un “precio de precios”. Además, para abonar a la confusión, utiliza dos símbolos diferentes para este último, dependiendo de la cita consultada.31

Los precios naturales de Smith son alterados por Valenzuela Feijóo. Se reducen a simples proporciones, en tanto cada mercancía es deprivada de: i) base material, así como de: ii) expresión monetaria, i.e. precio. Todo este manejo queda formalmente sintetizado en lo que el autor denomina “sistema de precios”:

“En cuanto al sistema de precios, si hay 𝑛 mercancías, tendríamos que él está integrado por (𝑛)2 elementos, en que cada elemento es un precio relativo. O sea, a semejanza del sistema de valor, tenemos una matriz de orden n por n.

especial de producción.” (Marx, 1965, p. 200; corchetes y cursivas en el orginal, J.G.). Una explicación del por qué Valenzuela Feijóo se constriñe a Smith, pasando por alto al resto de economistas clásicos, radica en la similaridad entre este último y Walras. En ambos, el producto neto es una función de los elementos que lo integran. Por ejemplo, en Smith: “´Salario, beneficio y renta son las tres fuentes originarias de toda clase de renta de todo valor de cambio.´” (Marx, 1964, p. 324,

cursivas en el original, J.G.). En Walras, “el precio de venta de los productos es igual al coste de los servicios productivos (sic) utilizados en su fabricación” (1987, p. 403, cursivas en el original, J.G.), i.e. aludiendo a los provenientes de la tierra, el trabajo y el capital. En Marx, por el contrario, es a partir del referido producto neto que se remunera a los elementos que lo integran.

31 El llamado precio relativo aparece indistintamente como 𝑃𝑅, o bien 𝑃𝑟; el precio natural o de

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21 (Valenzuela Feijóo, 2014a, p. 345).

Una vez exhibidas de manera prominente las proporciones de trueque como forma primigenia de cambio de acuerdo a sus supuestos, el autor lleva a cabo una eliminación. Hace imposible el que cualquier mercancía pueda operar como numerario, i.e. como mercancía patrón; esta vez en su sistema de precios:

“Lo que hemos señalado para el sistema de valor se aplica tal cual para el sistema de precios. La diagonal tiene todos sus elementos iguales a uno pues estamos comparando el precio de un bien consigo mismo [no representando ninguna información importante]. De igual manera, tenemos que el precio relativo 𝑃𝑅𝑖𝑗 es igual a su inverso, el precio 𝑃𝑅𝑗𝑖. Al final de cuentas, nos basta conocer solamente (𝑛 − 1) n/2 precios relativos.” (Valenzuela Feijóo, 2014a, p. 345; corchetes añadidos, J.G.).

Tal como previamente eliminó toda posibilidad de unidad de cuenta en su esquema de valor, Valenzuela Feijóo reincide en la eliminación de todos los elementos de la diagonal de su matriz iguales a la unidad. Aquí, viene a colación el significado de los cocientes de la referida diagonal unitaria que ha suprimido. Es decir, los constituidos como:

𝑃𝑅𝑖𝑖 =𝑃𝑃𝑛𝑖 𝑃𝑃𝑛𝑖

En esta expresón, se está indicando: i) el precio natural o de equilibrio de una mercancía, por caso el carbón, con: ii) el precio natural o de equilibrio del propio carbón, por ejemplo. Por ende, al prescindir de toda mercancía numerario como posible unidad de cuenta para expresar el precio del resto de mercancías ordinarias, se retrotrae a 𝑛 · 𝑛 expresiones de trueque. Además, no se comprende que con el cociente resultante y prescindiendo del numerario, pueda expresar valor alguno. Al mismo tiempo, asegura haber obtenido: iii) el precio real o relativo de la mercancía en cuestión. Lo anterior no obsta para que se refiera a dinero y precio basado en unidades monetarias.32

32 “El punto a remarcar es: todas las mercancías ‘expresan’ su valor en términos de tales o cuales

cantidades de unidades monetarias. Con lo cual, ya estamos en presencia de la forma precio, o sea,

PR11 PR12 PR13 PR1n PR21 PR22 PR23 PR2n : : : : PRn1 PRn2 PRn3 PRnn [SP]nn= (4)

(23)

22

Al final de la cita previa referida al sistema de precios, Valenzuela Feijóo ha confirmado la circularidad recíproca de cada uno de los trueques que previamente presentó en su sistema de valor. Toda vez que en sus expresiones el segundo miembro es el inverso del primero, considera que puede desechar alguno de los dos.33 Por ende, no alcanza a especificar si en la expresión

𝑃𝑅𝑖𝑗 =

1 𝑃𝑅𝑗𝑖

habrá de eliminar 𝑃𝑅𝑗𝑖, o alternativamente 𝑃𝑅𝑖𝑗.

Es pertinente preguntarse qué ha realizado Valenzuela Feijóo en su sistema de precios. En síntesis, efectúa un retroceso por partida doble. Primero, elimina el numerario walrasiano en tanto unidad de cuenta de las mercancías, para convertirlo en 𝑛·𝑛 proporciones. Por otra parte, se mantiene en la indeterminación al no especificar cuál de la supuesta mitad de expresiones que se dispone a descartar. Previamente, los llamados precios reales o relativos devienen en un recurso para dejar ocultos los precios registrados durante determinado periodo en el mercado, i.e. los precios naturales. Para estos últimos, se remite a Smith. De esta manera, en su sistema de precios, han quedado encubiertos los precios, replicando nuevamente un conjunto de proporciones.

5.3. Un equilibrio general sin numerario

Valenzuela Feijóo ha construido un sistema de trueques simples, por partida doble. Es decir, uno corresponde al sistema de valor, y el otro al sistema de precios. Ahora bien, en cada uno de sus sistemas, ante 𝑛 mercancías, se encuentra con 𝑛 · 𝑛 posibles proporciones de cambio. Posteriormente, elimina 𝑛 expresiones referidas a cada mercancía consigo misma. Con ello, se contrae a (𝑛 · 𝑛) − 𝑛 expresiones de valor y, en su caso, de precios. Por lo anterior, obliga a que cada poseedor de mercancías tenga que enfrentar a todo el resto de poseedores de otras mercancías, en la expectativa de encontrar al que posea aquella por la cual habrá de cambiar la suya.34 Por ende, retrocede a simples expresiones de trueque.

de la relación de intercambio que se establece entre el dinero y tal o cual mercancía.” (Valenzuela Feijóo, 2014a, p. 317-318; cursivas en el original, J.G.)

33Con ello, está replicando la ambigüedad que adelantó en el sistema de valores.

34 Además, estaría asumiendo que la contraparte en el mercado cuenta con la cantidad adecuada para

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23

Adicionalmente, como tiene presente que para él toda expresión de valor es una proporción recíproca, decide que se puede reducir el número de expresiones a [(𝑛 · 𝑛) − 𝑛]/2. Con esto, queda la indeterminación sobre cuál de las dos mitades se propone eliminar.

En las adaptaciones que de Walras hace buscando adecuarlo a Marx, olvida al propio equilibrio económico general. Este esquema indica que cada mercancía se puede convertir en equivalente de todas las demás. Con ello, Walras reduce a 𝑛 − 1 el número de expresiones de valor, o de precio. Por lo anterior, se vuelve redundante la partición por la mitad de las propias expresiones enumeradas por Valenzuela Feijóo en cada uno de sus sistemas. Además, es improcedente dentro del esquema walrasiano desechar el que cada mercancía se remita a sí misma. Es precisamente esta relación la que haría posible constituir el numerario. Todo parece indicar que hay una serie de especificades de Walras que escapan a Valenzuela Feijóo. De esta manera, en este último afloran planteamientos poco afortunados, tanto en términos lógicos como empíricos.

6. Valor: reconstrucciones, asociaciones y disociaciones

De tiempo atrás, Valenzuela Feijóo se ha planteado la posibilidad de intervenir en el neoclasicismo, en lo que él denomina versión friedmaniana. Si bien reconoce endebleces teóricas, le extiende un logro fundamental, poseyendo la capacidad de lograr el efecto buscado:

“El neoclasicismo friedmaniano. Prácticamente, en la mayoría de los casos es dominante e incluso eficaz. Teóricamente (al nivel que aquí nos interesa) parece muy débil.” (Valenzuela Feijóo, 1990, p. 60; cursivas en el original, J.G.).

Juzgar a una corriente económica por su eficacia sugiere que se puede medir por su capacidad para conseguir objetivos, independientemente de cuáles sean. Si bien no los explicita, previamente encuentra que esta corriente contiene elementos implícitos pendientes de elucidar. El propósito es subsanar debilidades que en el plano teórico detecta en la versión aludida:

“El modelo ´liberal-autoritario’ (liberal, o mejor dicho ‘darwiniano´, en lo económico; autoritario, en lo político: un aspecto, exigiendo el otro) se apoya en la idelogía del neoclasicismo friedmaniano. Este enfoque, en el plano instrumental, logra algunas veces cierto refinamiento. En un plano teórico y de conjunto, su esterilidad parece evidente. Pero ¿implica esto que opera sin una interpretación o visión de conjunto que le sea propia? De ninguna manera. Tendríamos, entonces, que rescatar y reconstruir el

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esquema global implícito. Hacerlo ‘desde afuera’ resulta un tanto incómodo. Hacerlo ‘desde adentro’ parece más lógico pero esto choca con las barreras antes mencionadas. Tal vez en el futuro algún friedmaniano intente cruzar el Rubicón. Por ahora, parecen más preocupados en las políticas instrumentales que en otra cosa.” (Valenzuela Feijóo, 1990, pp. 58-59).

Aquí se está adentrando en cuestiones de reconstrucción teórica, su ámbito de operación, respondiendo a insuficiencas que asegura existen. Advierte que la mencionada versión de neoclacisismo muestra una esterilidad evidente si se atiende a la apariencia. Acto seguido reconoce que dicha versión de ninguna manera opera sin una interpretación o visión de conjunto propias. La tarea por acometer ha quedado estipulada. No tiene reservas en incluirse entre los que por llamado propio habrán de efectuar estos trabajos.

La labor a la que convoca Valenzuela Feijóo radica en reconstruir y recuperar el supuesto esquema global presente en el neoclasicismo friedmaniano, pues considera que ha permanecido implícito. Tanto la detección de endeblez como el propósito de enmienda, constituyen un hito. Las insuficiencias teóricas del neoclasicismo friedmaniano que ha diagnosticado, demandan ser subsanadas.35

Así mismo, hace un llamado abierto para que sea un miembro de dicha escuela quien acometa esta labor. A la postre ha sido el propio Valenzuela Feijóo quien, a pesar de encontrarlo embarazoso, ha decidido cruzar el efluvio sin dar marcha atrás. Sin embargo, en la búsqueda de explicitar esquemas globales ha dejado de lado a Friedman y se ha concentrado en Walras, a quien utiliza intentando sustituir a Marx.36

35 La orientación neoclásica que se instrumentó en los años 70 del siglo pasado, se materializa en el

referido neoclasicismo friedmaniano, particularmente en Chile, durante la dictadura encabezada por A. Pinochet (1973-1990). En la literatura económica, la referida corriente se conoce con el nombre de monetarismo. En torno a la eficacia, Milton Friedman acuño la frase “Milagro de Chile”, aludiendo precisamente a la efectividad lograda. Las referidas políticas privilegiaron la reducción del gasto público y del circulante, abatimiento de barreras arancelarias, privatización de empresas públicas y fomento a la entrada foránea de capital. Los economistas que implementaron estas políticas en diversas partes del Cono Sur son conocidos como Chicago Boys (Becker, 1997).

36 Después de haber abordado la necesidad de una teorización friedmaniana, emite juicios

derogatorios que apuntan al fundador de dicha vertiente: “En nuestro tiempo, gente como Friedman no supera la más vulgar apologética.” (Valenzuela Feijóo, 1991, p. 17). Parece difícil encontrar congruencia en los planteamientos antedichos por el mismo autor. Al tiempo de convocar a la reconstrucción de un esquema global para el neoclasicismo friedmaniano, asegura que el arquitecto de dichos cimientos practica una burda apologética.

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25

Es oportuno mencionar el proceder de Marx, quien examina las formas del valor a partir de sus manifestaciones más elementales. Es decir, inicia con la forma simple o trueque, evolucionando hasta arribar a la forma dinero. El propio Marx considera que constituye un logro sin precedentes, en tanto el dinero surge en un proceso, a partir del cambio entre dos mercancías ordinarias.37 Valenzuela Feijóo procede en sentido opuesto. Parte de la expresión de valor en dinero que tienen las mercancías para involucionar retrotrayéndose a un trueque generalizado, encontrando una plétora de proporciones recíprocas. De esta manera, arriba a dos sistemas carentes, cada cual, de mercancía numerario.

En el propósito de refrendar su giro walrasiano, Valenzuela Feijóo empieza por reconocer que mantiene diferencias con Marx. Sin embargo, evitando explicitarlas, recurre a la indeterminación:

“Conviene advertir: en Marx, no siempre se entiende el valor de cambio en los términos que acabamos de definir. Muchas veces podemos encontrar formulaciones literarias que apuntan a una noción algo diferente.” (Valenzuela Feijóo, 2014a, p. 343). No es de extrañar que se abstenga de explicitar a qué se refiere con una noción “algo diferente” entre el valor de cambio en Marx y la estructura alterna que está proponiendo. Por una parte, reconoce que existen diferencias con este último. Por otra, dichas diferencias permanecen sin especificar. Al mismo tiempo, omite reconocer el caracter walrasiano de las formulaciones sobre las cuales opera.

De manera indirecta, Valenzuela Feijóo emite juicio sobre el método de Walras. Los logros alcanzados al haber sustituido a Marx por el propio Walras mientras que son múltiples, parecieran limitarse al plano de la terminología:

“Pero se trata de introducir una terminología más precisa, que no sea fluctuante y que, a la vez, sea congruente, en sí misma y con el conjunto del sistema teórico que se viene manejando.” (Valenzuela Feijóo, 2014a, p. 343; cursivas en el original, J.G.).

En manos de este autor, la adecuación terminológica deviene un instrumento para encubrir la sustitución de Marx por Walras. Si Valenzuela Feijóo considera que el sistema que maneja

37 “Ahora bien, es menester que consigamos nosotros lo que la economía burguesa no ha intentado

siquiera: poner en claro la génesis de la forma dinero, para lo cual tendremos que investigar, remontándonos desde esta forma fascinadora hasta sus manifestaciones más sencillas y humildes, el desarrollo de la expresión de valor que se encierra en la relación de valor de las mercancías. Con ello, veremos, al mismo tiempo, cómo el enigma del dinero se esfuma.” (Marx, 1959, p. 15).

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es congruente en sí mismo, se puede inferir que la congruencia es inherente al esquema walrasiano. De facto, estaría alabando la firmeza de este último en el lenguaje, el cual no permitiría fluctuaciones o, dicho de otro modo, vacilaciones. En la sustitución que opera, aparenta no tener relación con Walras. Incluso, busca disociarse lanzando invectivas no ayunas de ironía contra la propia vertiente walrasiana de la economía neoclásica, pretendiendo abjurar de ésta:

“Existe un muy extendido prejuicio: para entender el funcionamiento de los mercados hay que recurrir al enfoque neoclásico y dejar completamente de lado el enfoque de la economía política.

Por lo visto se confunde aquí lo que es el afán apologético con la correcta inteligencia (sic) del objeto de estudio. En la perspectiva neoclásica, especialmente en su vertiente walrasiana (hoy claramente dominante), encontramos, junto a una visión cada vez más sofisticada, un alejamiento cada vez mayor de las efectivas realidades a explicar (esto no en el sentido bueno: el de una abstracción que penetra en lo más esencial del fenómeno; sino en sentido ‘malo’: abstracciones que deforman el objeto y que se concentran en rasgos irrelevantes o inexistentes).” (Valenzuela Feijóo, 2014a, p. 20).38 Más allá de la tipología de corte maniqueo con que Valenzuela Feijóo intenta enjuiciar al mundo de las abstracciones, la censura que le endereza a Walras y a la vertiente neoclásica que este último representa, pareciera tornarse contra sí mismo:

“Contemporáneamente, la noción de economía vulgar que maneja Marx se suele corresponder con la doctrina que maneja la escuela neoclásica.” (Valenzuela Feijóo, 2014a, p. 417, pie de nota 509).

Si la doctrina que maneja la economía neoclásica es vulgar, y Valenzuela Feijóo recurre a ésta, especialmente en su vertiente walrasiana para expresar el valor, se estará pasando factura con dicho calificativo. Por añadidura, explicita el alcance y trascendencia del esquema neoclásico, dentro del cual ha incluido al walrasiano, al cual él mismo se ha adherido:

“Vulgar, aclaremos, significa una teorización de lo aparente y no equivale, necesariamente, a falta de sofisticación. De hecho, esta puede llegar a ser muy alta pero ello no le elimina el rasgo precitado.” (Valenzuela Feijóo, 2014a, p. 417).

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