ECOTURISMO
NATURALEZA Y DESARROLLO SOSTENIBLE
por el Arq. HÉCTOR CEBALLOS LASCURÁIN, Director General,
Programa Internacional de Consultoría en Ecoturismo Consejero Especial en Ecoturismo de la UICN
(Unión Mundial para la Naturaleza), Consejero de The Ecotourism Society
Con el patrocinio de la
FUNDACION MIGUEL ALEMAN, A.C.
EDITORIAL DIANA, S.A.
MEXICO, D.F.
ECOTURISMO
NATURALEZA Y DESARROLLO SOSTENIBLE
por el Arq. HÉCTOR CEBALLOS LASCURÁIN,Director General,
Programa Internacional de Consultoría en Ecoturismo Consejero Especial en Ecoturismo de la UICN
(Unión Mundial para la Naturaleza), Consejero de The Ecotourism Society
CONTENIDO ========= ACERCA DEL AUTOR
AGRADECIMIENTOS
PRESENTACION, por el Lic. Miguel Alemán Velasco
1. INTRODUCCION: IMPORTANCIA DEL TURISMO A NIVEL MUNDIAL 2. CONCEPTOS BASICOS DEL ECOTURISMO, ALCANCES Y DESARROLLO EN EL
MUNDO
3. EL ECOTURISMO Y EL DESARROLLO SUSTENTABLE
4. EL POTENCIAL DEL ECOTURISMO EN MEXICO
5. LA SITUACION ACTUAL DEL ECOTURISMO EN MEXICO 6. LINEAMIENTOS ESTRATEGICOS PARA LA PLANEACION DEL ECOTURISMO 7. ESTABLECIMIENTO DE MECANISMOS DE CONCERTACION INTERSECTORIAL 8. COMO INVOLUCRAR A LAS POBLACIONES LOCALES EN EL PROCESO
ECOTURISTICO
9. ELABORACION DE INVENTARIOS DE ATRACTIVOS ECOTURISTICOS
10. MINIMIZACION DE IMPACTOS AMBIENTALES Y CULTURALES NEGATIVOS 11. CAPACIDAD DE CARGA DE DESTINOS ECOTURISTICOS
12. PLANEACION FISICA Y DISEÑO ARQUITECTONICO DE EDIFICIOS E INSTALACIONES PARA EL ECOTURISMO
13. LA CAPACITACION EN EL CAMPO DEL ECOTURISMO 14. LINEAMIENTOS PARA QUE EL ECOTURISMO CONTRIBUYA A LA EDUCACION
AMBIENTAL Y A LA CONCIENTIZACION ECOLOGICA
15. ESTABLECIMIENTO DE MECANISMOS DE AUTOFINANCIAMIENTO PARA LA CONSERVACION
16. PROMOCION Y MERCADOTECNIA DEL ECOTURISMO
17. IDENTIFICACION DE CIRCUITOS Y REGIONES DE ALTO SIGNIFICADO
ECOTURISTICO EN MEXICO
BIBLIOGRAFIA ANEXO 1: CUESTIONARIO SOBRE ECOTURISMO
1. INTRODUCCION: IMPORTANCIA DEL TURISMO A NIVEL MUNDIAL
Al acercarse el fin de este milenio, el turismo se ha convertido ya en la industria más importante del mundo, representando anualmente una actividad de US$ 3.5 billones, según el Consejo Mundial para los Viajes y el Turismo (WTTC, 1996). La industria de los viajes y el turismo emplea actualmente a unos 212 millones de personas (uno de cada 9 empleados en todo el mundo). Se pronostica que el volumen de la actividad turística se duplicará para el año 2005. La Organización Mundial del Turismo estima que el turismo internacional creció en más de un 57 % durante la década de los ochentas y se calcula que durante la presente década de los noventas crezca otro 50 % más. Aún en países altamente desarrollados como los EU, el viaje y el turismo generan una cantidad de divisas mayor que la exportación de automóviles, de bienes agrícolas o de productos químicos.
La Organización Mundial del Turismo (OMT) calcula que en 1995 hubo aproximadamente 567 millones de turistas internacionales (contra sólo 25 millones en 1950) y que los ingresos por concepto de turismo internacional crecieron ese año en un 7.2 % hasta alcanzar la cifra de US$ 372,000 millones. Se espera que para el año 2000 haya 661 millones de turistas internacionales (OMT, 1996). Además, es interesante mencionar que en algunos países el turismo doméstico es hasta 9 ó 10 veces mayor que el turismo internacional.
La región de las Américas registró un importante crecimiento de llegadas de turistas internacionales en 1995: 4.4 %. Por otra parte, los ingresos por turismo internacional en todo este hemisferio sólo crecieron un 0.2 % sobre el nivel de 1994.
Francia fue el destino más visitado en todo el mundo en 1995, con 60.6 millones de llegadas internacionales. Por vez primera, España desbanca en ese mismo año a los Estados Unidos como segundo destino turístico mundial (45.1 contra 44.7 millones de llegadas). México, el único país de América Latina y el Caribe en ocupar alguno de los primeros veinte lugares a nivel mundial, obtuvo el octavo puesto en 1995 con 19.9 millones de llegadas internacionales Este mismo puesto ocupaba en 1990 (OMT, 1996).
En cuanto a ingresos por turismo internacional, en 1995 EU el primer lugar con 58,370 millones de dólares, muy por arriba del segundo lugar, Francia, que tuvo 27,322 millones de dólares. México ocupa el 16º puesto en este rubro, con 6,070 millones de dólares en 1995, lo cual implica una disminución del 3.93 % en relación a 1994 (comparado con el incremento del 7.20 % a nivel mundial). Más grave aún, durante los últimos cinco años se
aprecia un gran rezago en cuanto a competitividad mundial, pues en 1990 ocupaba el décimo lugar. No obstante, México sigue siendo el único país de América Latina y el Caribe en estar en la lista de los primeros veinte en cuanto a ingresos por turismo internacional.
Todo parece indicar que el segmento del turismo que está experimentando el mayor dinamismo en su crecimiento es el turismo basado en la naturaleza (que incluye al ecoturismo). En el Capítulo 2 se proporcionan mayores detalles sobre este tema.
Es tan sólo en años muy recientes que el ecoturismo empieza a emerger como una opción factible tanto para conservar los patrimonios natural y cultural de diversos países y regiones como para fomentar el desarrollo sostenible.
Mientras surgen el ecoturismo y otras formas especializadas de turismo, en forma simultánea se presenta en los últimos años una decadencia en cuanto a ciertas manifestaciones de turismo masivo, sobre todo el llamado de "sol y playa". Este modelo, que había emergido al término de la II Guerra Mundial, tuvo su auge a nivel mundial desde la década de los cincuentas hasta bien entrados los noventas. Hay indicios de que el modelo turístico masivo de "sol y playa" se está ya agotando en el mundo entero. Ello se debe a varios factores: el excesivo y muchas veces descontrolado desarrollo de infraestructura física turística que ha ocurrido en muchas playas alrededor del mundo (movido por motivos especulativos), que acabó degradando el entorno natural y cultural de muchos sitios otrora atractivos; la contaminación ambiental de mar y playas, al no reglamentarse en forma adecuada el desalojo de residuos; el temor de contraer cáncer cutáneo (sobre todo entre la raza blanca) por exposición prolongada al sol, provocado por la disminución de la capa de ozono; el interés creciente del público por la ecología y también la consternación por la degradación ambiental del planeta; y el también creciente interés público por conocer de primera mano paisajes, fauna y culturas "exóticas", lo cual los impulsa a realizar viajes de conocimiento y exploración, más que sedentarias visitas a playas.
El gran reto - y riesgo - que se presenta en este momento es no volver a caer en los errores del pasado, que convirtieron a muchos sitios de playa virgen y pintorescos puertos y aldeas del litoral en el insípido y degradado paisaje (natural y cultural) que es hoy. Sería lamentable que ahora se dirigiese la mirada al interior de muchos países con la misma mentalidad del negocio rápido y fácil que significa la imposición de patrones de un turismo barato, artificial y vulgar. El turismo, en este fin de siglo y a nivel mundial, tiene que convertirse en un fenómeno de desarrollo sostenible que ayude a preservar justamente los
valores, tanto naturales como culturales, que constituyen la base del atractivo turístico y a ofrecer nuevas opciones socioeconómicas a las poblaciones locales, sobre todo en ciertas áreas rurales deprimidas.
En varios países europeos (sobre todo, en Alemania) los gobiernos están imponiendo la obligación de que las agencias operadoras tengan un limpio comportamiento verde, so pena de perder sus licencias, y ello implica que utilicen hoteles que tengan un elevado respeto por el entorno.
Muchas veces el daño ecológico que se causa en el medio natural es reversible. Sin embargo, la pérdida de sustancia e identidad culturales son normalmente irreparables, algo que ni los más abundantes recursos financieros o técnicos pueden recuperar. En varios países europeos (sobre todo España, Italia y Grecia y de manera muy especial en el litoral mediterráneo de dichas naciones), las pérdidas culturales provocadas por el turismo (especialmente durante los últimos treinta años) han sido terribles. Decenas de pueblos y aldeas, particularmente de pescadores, han sufrido el embate inmisericorde de un turismo masivo y ramplón que los han
convertido en sitios vulgares, desprovistos de todo atractivo natural y tradicional. Sin embargo, este desarrollo desenfrenado está ya empezando a pagar las cuentas vencidas. Son cada vez más los turistas que ya no desean visitar estos sitios, otrora llenos de belleza y pintoresquismo, y hoy convertidos en muestras anodinas de la desbocada sociedad de consumo. La disminución del turismo en muchas de las playas del Mediterráneo se debe a esta degradación cultural, que ha sido vertiginosa y avasalladora. Nuestro país hará bien en tomar nota de este fenómeno a fin de impedir consecuencias similares, que ya empiezan a manifestarse en ciertos destinos de playa superdesarrollados.
Las áreas naturales y especialmente los parques nacionales y otras áreas protegidas, con sus paisajes, flora y fauna silvestres - aunado a aquellos rasgos culturales que puedan estar allí presentes - constituyen atracciones notables para los habitantes de los países respectivos y para los turistas de todo el mundo. El turismo bien manejado y controlado puede aportar numerosos beneficios socioeconómicos a un país o una localidad, en términos de generación de divisas extranjeras, creación de empleos locales, estímulo a las economías nacional y local, así como propiciar la paz y el entendimiento entre naciones e incrementar la conciencia y la educación ambientales.
Pero para ello es preciso contar con estructuras administrativas apropiadas, así como lineamientos adecuados de planeación, diseño y construcción de equipamiento turístico, a fin de que el turismo
beneficie y no degrade al entorno natural. Además, la 'capacidad de carga' necesita definirse en relación a los objetivos de manejo de cada área y habrán de diseñarse estructuras administrativas y físicas apropiadas que mantengan el número (y la modalidad de visitación) de los turistas dentro de dicha capacidad de carga. Los desarrollos turísticos inapropiados pueden causar grave degradación en las áreas naturales de importancia ecológica y producir efectos difícilmente previsibles en las tierras o aguas circundantes. Deberá, por tanto, encontrarse un balance entre el disfrute del turista y los requerimientos de la conservación. Alrededor del mundo los conflictos surgidos entre las áreas naturales, incluyendo las protegidas, y las necesidades humanas involucran cada vez más al fenómeno turístico. El reto estriba en cómo asegurar que las comunidades locales obtengan una parte apropiada de los beneficios del turismo, a la vez conservando su patrimonio natural y cultural.
Si permitimos (como en muchos lugares lamentablemente ya está ocurriendo) que el turismo masivo descontrolado continúe arrasando a áreas de alto significado natural y cultural (algunas de ellas legalmente protegidas, otras no), vendrá un daño irreversible sobre dichas áreas, que constituyen los repositorios de la diversidad biológica y cultural del planeta, así como fuentes importantes de ingreso y bienestar para todas las naciones. Es, por ello, de interés planetario el impulsar la relación simbiótica entre turismo y áreas de alto valor natural y cultural.
2. EL ECOTURISMO: CONCEPTOS BASICOS, ALCANCES Y DESARROLLO EN EL MUNDO
Es evidente que a fin de evitar o al menos minimizar los efectos adversos y de aprovechar al máximo los beneficios potenciales, se requiere de un enfoque más efectivo y ambientalmente responsable del turismo en áreas naturales a nivel mundial. Este nuevo enfoque se conoce ya universalmente como 'turismo ecológico' o 'ecoturismo'. El término 'ecoturismo', así como su definición preliminar, fueron acuñados en 1983 por el Arq. Héctor Ceballos Lascuráin.
La UICN (La Unión Mundial para la Naturaleza) define al ecoturismo como "aquella modalidad turística ambientalmente responsable consistente en viajar o visitar áreas naturales relativamente sin disturbar con el fin de disfrutar, apreciar y estudiar los atractivos naturales (paisaje, flora y fauna silvestres) de dichas áreas, así como cualquier manifestación cultural (del presente y del pasado) que puedan encontrarse ahí, a través de un proceso que promueve la conservación, tiene bajo impacto ambiental y cultural
y propicia un involucramiento activo y socioeconómicante benéfico de las poblaciones locales" (Ceballos-Lascuráin, 1993b).
Lo anterior significa que la definición del ecoturismo comprende un componente normativo. Sólo a través del establecimiento de lineamientos estrictos y de su cumplimiento se podrá garantizar que el ecoturismo no se convierta en un agente dañino para el patrimonio natural o cultural de un país o región. Es por ello que el ecoturismo es una modalidad del turismo sostenible, que a su vez se inserta dentro del marco general de desarrollo sostenible. Este último ha sido definido como un patrón de transformaciones estructurales de índole socioeconómica que optimiza los beneficios sociales y económicos del presente, sin poner en riesgo el potencial para obtener beneficios similares en el futuro. Por tanto, el turismo sostenible es todo aquel turismo (ya sea basado en recursos naturales o no) que contribuye al desarrollo sostenible. Al concluir nuestro milenio, es evidente que toda actividad turística debe integrarse al gran rubro de turismo sostenible. Pero eso no significa que todo el turismo deba convertirse en ecoturismo. Habrá gente que quiera seguir viajando para visitar las grandes ciudades y los parques de atracciones, divertirse en los centros de playa y en los casinos y centros nocturnos o ir de compras a los grandes centros comerciales. Pero todas estas modalides turísticas deberán convertirse en procesos de desarrollo sostenible.
En 1989 se estimó que un total de US $ 25,000 millones fueron transferidos por la actividad turística en general de los países del norte hacia los del sur. De esta cifra es evidente que la mayor parte corresponde a viajes de negocios y de turismo "convencional", pero lo que es indudable es que el porcentaje correspondiente al ecoturismo está creciendo de manera notable cada año (Kutay, 1989).
El turismo basado en la naturaleza, incluyendo el ecoturismo, se encuentra en efervescencia a nivel mundial. Diversas estimaciones indican que el crecimiento del turismo de la naturaleza a nivel mundial es actualmente de entre 10 y 15 % anual (cálculo conservador) y de hasta 30 % (cálculo optimista), y que en 1996 los ingresos producidos por el turismo de la naturaleza serán del orden de US$ 260,000 millones (Vickland, 1989; Kallen, 1990; Giannecchini, 1992). Tan sólo en Estados Unidos se calcula que hay actualmente 65 millones de personas aficionadas a la observación de aves y que de éstas, más de 24 millones realizan al menos un viaje a partir de su lugar de residencia para observar aves (Miller, 1995; Gray, 1996).
En 1985, según un estudio llevado a cabo por el US Fish and Wildlife Service de los EU, un total de 167.5 millones de ciudadanos estadunidenses con edad de 6 años o más participaron en
algún tipo de recreación asociada con la naturaleza, incluyendo actividades tanto consumidoras (caza y pesca) como no consumidoras (US Fish and Wildlife Service, 1988). Estas últimas superaron en número ampliamente a las actividades consumidoras: 161 millones de personas, contra 50.6 millones de pescadores deportivos y 18.5 millones de cazadores deportivos. Los gastos no consumidores de norteamericanos (con edad mínima de 16 años) fueron de US $14,000 millones, de los cuales US$ 4,400 millones estuvieron relacionados con viajes. 29.5 millones de estadunidenses de 16 años o más hicieron viajes con el propósito fundamental de observar, fotografiar y alimentar a la fauna silvestre. Como la categoría aislada más importante, la observación de aves proveyó solaz fuera de su sitio de residencia a más de 24.0 millones de personas. Los 29.5 millones de viajeros de la naturaleza llevaron a cabo 274 millones de viajes, incluyendo a 1,130,000 de ciudadanos de los EU que visitaron en 1985 al menos un país extranjero con fines ecoturísticos, habiendo permanecido un total de más de 8 millones de días en el extranjero. Si consideramos un gasto promedio de US $100 por día, esto significa un gasto superior a US $ 800 millones para todos los países extranjeros visitados por turistas de la naturaleza norteamericanos en 1985. Lamentablemente, el estudio de referencia no da mayores indicaciones en relación a cuáles son los países extranjeros que más visitan estos turistas naturalistas estadunidenses. México, por su ubicación geográfica tan próxima a los EU, debería ocupar la más alta posición como destino ecoturístico extranjero preferido de los norteamericanos. Sin embargo, parece ser que no es así, debido en gran medida a que se ha hecho hasta ahora muy poco para promover la imagen ecoturística de México a nivel internacional.
Es evidente que, de no recibir una cuidadosa orientación profesional, este crecimiento acelerado puede provocar serias consecuencias negativas, algunas de ellas con efectos terminales.
3. EL ECOTURISMO COMO INSTRUMENTO DE CONSERVACION Y MECANISMO DE DESARROLLO SUSTENTABLE
Recientemente, el concepto de ecoturismo ha emergido como una opción viable tanto para conservar el patrimonio natural y cultural, como para promover un desarrollo sostenible. Por tal motivo, muchas organizaciones interesadas en la conservación de la naturaleza, incluyendo UICN, WWF, The Nature Conservancy y Conservation International, se encuentran activamente involucradas en la difusión y promoción de este tipo de turismo ambientalmente responsable vinculado con áreas naturales, el cual requiere de un enfoque multidisciplinario, una cuidadosa planeación - física y administrativa - y pautas y reglamentos que garanticen una operación sostenible.
Es impoortante señalar que el ecoturismo habrá de enfocarse como un componente lógico del ecodesarrollo, y sólo a través de un involucramiento intersectorial podrá verdaderamente alcanzar sus objetivos. Gobiernos, empresa privada, comunidades locales y organizaciones no gubernamentales (ONGs), todos tienen papeles importantes que jugar. Es evidente que los diferentes países del mundo deberán establecer planes nacionales de turismo, mismos que habrán de incluir estrategias y pautas ecoturísticas bien definidas. Recientemente han sido creados en diferentes países consejos nacionales de ecoturismo (CNEs), integrados por representantes de todos los sectores involucrados en el proceso ecoturístico, con resultados iniciales promisorios. Ya que el nuestro es un planeta que constantemente se encoje (debido a los servicios y facilidades modernos de viaje, así como a tratados económicos y comerciales), las estrategias ecoturísticas deben también partir de un enfoque regional. Los diferentes países podrán conjuntar esfuerzos a fin de ofrecer atractivos paquetes integrados dentro del creciente mercado mundial de servicios ecoturísticos.
Sin embargo, antes de pretender que el ecoturismo alcance su pleno potencial y a fin de evitar los escollos, se requiere del establecimiento de principios bien fundamentadas y lineamientos claros para un involucramiento activo apropiado de carácter intersectorial, en el que participen autoridades públicas, comunidades locales, administradores de parques y otras áreas protegidas, ONGs y la empresa privada. Se requiere asimismo de investigaciones a fondo, tanto de carácter regional como a nivel de sitio específico, sobre los impactos ambientales y socioeconómicos del ecoturismo, el desarrollo de estrategias a nivel nacional y regional, la definición de itinerarios y circuitos ecoturísticos, así como el establecimiento, monitoreo y evaluación de proyectos piloto hábilmente seleccionados.
No hay duda de que existe el peligro de que negociantes y promotores sin escrúpulos, fingiendo ser "empresarios ecoturísticos", obtengan permisos oficiales para desarrollar actividades que son dañinas al entorno natural y/o cultural. Las autoridades gubernamentales y las ONGs deben mantenerse alertas a fin de detectar estas iniciativas y detenerlas a tiempo.
Un aspecto que deberá enfatizarse es que, si el ecoturismo se restringe sólo a las áreas legalmente protegidas, demasiadas presiones podrán llegar a ser ejercidas sobre éstas. Asimismo, promover el ecoturismo en áreas naturales que no se encuentran legalmente protegidas puede propiciar que las comunidades locales, por propio interés (y no sujetas a presiones legalistas externas), conserven sus áreas y recursos naturales circundantes.
Es indudable que en todos los países del mundo (sobre todo en aquéllos en que el turismo juega un papel vital en su desarrollo socioeconómico, como el nuestro), una alta prioridad gubernamental debe ser la consecución del vínculo más productivo posible entre el turismo - incluyendo el ecoturismo - y la conservación de la naturaleza y los recursos naturales (así como patrimonio cultural asociado), mediante un enfoque de desarrollo sostenible.
Para ello, se requiere de una cuidadosa planeación a fin de evitar los potenciales efectos negativos del turismo de la naturaleza, en especial la tendencia de la gente local a visualizar las áreas protegidas como áreas establecidas para el beneficio de extranjeros más que para ellos mismos. Asimismo, si los tomadores de decisiones en las altas esferas gubernamentales llegan a creer que los parques nacionales existen fundamentalmente para obtener recursos económicos, y las expectativas en ese sentido por algún motivo no se cumplen, hay el riesgo de que se empiecen a buscar otros usos más rentables para esas tierras. También existe el peligro de que los gobiernos intenten obtener el máximo de ingresos económicos de las áreas legalmente protegidas mediante un desarrollo físico inapropiado. Los grandes hoteles, las carreteras de alto impacto ambiental y los campos de golf que son desarrollados para atraer a más visitantes pueden disminuir los valores naturales de un parque nacional y finalmente convertirlo en una área cuyo objetivo principal es el turismo masivo en lugar de la conservación y el uso sostenido de sus recursos (lo cual ya está ocurriendo en varios parques nacionales de EU). Es por ello que las autoridades encargadas del manejo de los parques nacionales y otras áreas protegidas deben trabajar estrechamente con las autoridades de turismo, buscando el equilibrio adecuado en la actividad turística.
Ya son varios los países en vías de desarrollo (Kenia, Costa Rica, Ecuador) que en la actualidad tienen una política explícita consistente en que la fauna silvestre rinda más beneficios económicos a través del ecoturismo que de la cacería, por ejemplo. Un estudio realizado en Kenia por Western (1984) hace varias estimaciones del potencial económico de diversas opciones para el uso de la tierra en el Parque Nacional de Amboseli. Esta región árida ofrece pocas alternativas además de la ganadería y la explotación de su fauna silvestre a través del turismo. En 1972, de acuerdo con este estudio, la opción ecoturística generó 166 veces más ingresos que la actividad ganadera. Haciendo proyecciones, se estimó que el ecoturismo podía generar alrededor de US $ 8 millones anuales (contra tan sólo $450,000 si todo el parque se abocara a la ganadería y al pastoralismo). El asignar un valor económico a las especies de fauna silvestre (conservándolas vivas en su medio natural) puede ayudar a su conservación. Un análisis del valor de los leones en Amboseli mostró que éste era de US $ 27,000 anuales por león (como
atractivo ecoturístico). En otro estudio clásico realizado por Thresher (1981), se estimó que un león macho puede atraer divisas extranjeras por US $ 515,000 durante toda su vida (como atracción turística) comparado con tan sólo US $ 8,500 si el león se usara como recurso de la caza deportiva y entre US $ 960 y $ 1,325 si se usara para fines comerciales. Dicho autor estimó que más de 2,000 empleos se generaron en 1980 en Amboseli por la actividad ecoturística. Estimó también el valor de la manada de elefantes de Amboseli en US $ 610,000 por año. Es obvio que estos animales tienen un mayor valor vivos (como atracción turística) que muertos. El valor comparativo de cacería sería menos del 10 % de esta cifra. Más aún, los ingresos netos del parque (debidos básicamente al turismo) se estiman en US $ 40 por Ha por año, comparado con US $0.80 por Ha por año si se dedicara a la agricultura intensiva.
El proceso ocurrido en diversas reservas privadas de fauna en Sudáfrica es asimismo interesante. A principios de este siglo muchas propiedades rurales privadas (algunas de ellas de gran extensión) eran dedicadas a la ganadería vacuna. Algunos años después se eliminaron las vacas, se reintrodujo la fauna silvestre y se impulso el turismo cinegético (cacería de trofeos de grandes mamíferos, sobre todo los "Big Five": león, leopardo, elefante, rinoceronte y búfalo). En los últimos años se ha pasado de la cacería al ecoturismo, habiéndose percatado los propietarios que la fauna silvestre viva deja más utilidades que los ejemplares tomados como trofeo. Por ejemplo, en los tiempos en que Sabi Sabi - una de las más grandes e imprortantes reservas privadas de fauna - era una hacienda ganadera, tan sólo se podía tener tres manadas de ganado vacuno, empleándose entre 15 y 20 personas. Ahora, gracias al ecoturismo, se tienen 220 empleados (de los cuales 160 son miembros de comunidades negras aledañas) y su sueldo es en promedio tres veces más alto que el sueldo de un peón de hacienda. Lamentablemente este tipo de estudios económicos comparativos no han sido aún realizados a fondo en México, lo cual evidentemente daría argumentos muy sólidos para la conservación de los ecosistemas. En el Capítulo 4 describiremos la poca información disponible para México relativa a la interacción ecoturismo- desarrollo socioeconómico.
A fin de responder adecuadamente a las demandas socioeconómicas de los parques nacionales y otras áreas protegidas, Miller (1980) enfatiza la necesidad de que los parques cuenten con sociólogos y economistas - quizá hubiera que agregar a licenciados en administración de empresas - entre su personal. El sociólogo del parque (especializado en recreación) sería así responsable de las investigaciones relacionadas con los usuarios del parque, así como con las poblaciones locales próximas al parque, y de la manera de involucrar a éstas en las actividades de manejo (incluyendo el
proceso ecoturístico) de dicha área protegida. Por otra parte, el economista del parque se responsabilizaría de la signación y uso de los recursos del parque, buscando nuevas fórmulas para incrementar sus ingresos y su nivel de autofinanciamiento.
4. EL POTENCIAL DEL ECOTURISMO EN MEXICO
México es un país que posee un enorme patrimonio tanto natural como cultural, el cual debe ser conservado para sus generaciones posteriores y que a la vez puede constituirse, a través de su aprovechamiento racional y sostenido, en un importante factor de desarrollo socioeconómico a los niveles local, regional y nacional. Por otra parte, México tiene una gran tradición turística y, en general, una buena infraestructura turística y de comunicaciones.
Tradicionalmente el turismo ha tenido una gran importancia dentro de la economía del país y en los últimos treinta años esta actividad se ha mantenido dentro de los dos o tres primeros lugares en el renglón de generación de divisas, teniendo además la característica de producir una distribución de la riqueza más equitativa a nivel de la población local (lo cual usualmente no ocurre en otras industrias como, por ejemplo, en la industria petrolera).
Durante 1994 visitaron México un total de 83.1 millones de personas, que generaron una derrama de US$ 6,317 millones, cifra superior en 2.4 % respecto al año anterior. El número de turistas internacionales registró un incremento del 3.5 % en el mismo período, pasando de 16.5 a 17.1 millones (SECTUR, 1995). En 1995 dicha cifra subió a 19.9 millones, con lo que México, el único país de América Latina y el Caribe en ocupar alguno de los primeros veinte lugares a nivel mundial, obtuvo el octavo puesto en llegadas internacionales. Este mismo puesto ocupaba en 1990 (OMT, 1996).
Sin embargo, en cuanto a ingresos turísticos debidos al turismo internacional, en 1995 México ocupó tan sólo el 16º puesto en este rubro, con US$ 6,070 millones, lo cual implica una disminución del 3.93 % en relación a 1994 (comparado con el incremento del 7.20 % a nivel mundial). Más grave aún, durante los últimos cinco años se aprecia un gran rezago en cuanto a competitividad mundial, pues en 1990 ocupaba el décimo lugar (OMT, 1996). Estas cifras nos indican que el turista internacional está gastando comparativamente poco en México y que nuestro país se está ganando la reputación de ser un destino turístico barato, fenómeno que habría que revertir.
No obstante, la cifra de US$ 6,070 millones constituye, después de las ventas del petróleo, manufacturas y maquiladoras, el más alto renglón de ingresos de la balanza comercial mexicana y hace del turismo una importante industria de exportación. Durante el último quinquenio, la tasa media de aumento de las corrientes receptivas fue de casi 4 %, cifra superior a la del conjunto de la economía nacional. Durante este período, las actividades turísticas absorbieron la décima parte de la inversión extranjera total y su contribución al producto interno bruto fue del 3.2 % en 1994. Además, aproximadamente 2 millones de personas se encuentran ocupadas, directa o indirectamente, en actividades turísticas, o sea, casi el 9 % del total de la población ocupada. México ocupa un lugar destacado en el escenario mundial. Según datos de la OMT, nuestro país ocupa el séptimo puesto por la cantidad de cuartos de hotel. En 1994 el porcentaje de ocupación de cuartos hoteleros a nivel nacional fue de 50.4 %. Ese año se registró un total de 22.1 millones de turistas hospedados en hoteles, de los cuales 16.9 millones fueron nacionales y 5.2 millones extranjeros.
En 1994 la balanza turística (turismo receptivo menos turismo egresivo) fue positiva para México, habiendo alcanzado la cifra de US$ 2,243 millones. Ese año tocaron puerto en nuestro país 1,993 cruceros, transportando alrededor de 2 millones de personas. Los museos, zonas arqueológicas y monumentos históricos administrados por el Instituto Nacional de Antropología (INAH) fueron visitados por 14 millones de personas.
Es interesante señalar que la Ley Federal de Turismo, expedida en diciembre de 1993, desregula y descentraliza muchas decisiones y actividades. La responsabilidad de su cuidado se ubica hoy en las entidades federativas y otorga a la Secretaría de Turismo una función eminentemente promotora y coordinadora. Por otra parte, se cuenta ya con una nueva legislación en diversas materias que inciden, de una u otra manera, en la actividad turística. Entre ellas se incluyen las leyes de inversión extranjera, de puertos, de navegación, de protección al consumidor, de caminos, puentes y autotransporte federal, de metrología y de normalización. Para el ecoturismo, es particularmente relevante la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente.
Recientemente, se han otorgado facilidades al transporte aéreo y carretero, lo que se ha traducido en incrementos en las frecuencias de vuelos, nacionales e internacionales, incluyendo los de fletamento y en un impulso adicional al turismo por carretera. Asimismo, el parque vehicular turístico se ha mejorado al incorporar al servicio más de 8,000 unidades nuevas. Durante estos últimos años se registró la construcción anual de 10,000 cuartos de hotel y del llamado tiempo compartido. Al mismo tiempo, la banca pública ha otorgado más de 3,000 millones de
dólares a proyectos turísticos, donde sobresale la labor del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (FONATUR) y BANCOMEXT (SECTUR, 1995).
Es bien sabido que los atractivos turísticos de México son múltiples y muy variados: un clima en general benigno en la mayor parte de su extensión territorial; hermosas playas en ambos litorales con adecuada infraestructura hotelera para el turista que busca esparcimiento tradicional; pueblos y ciudades de gran belleza; un riquísimo patrimonio arqueológico que atrae visitantes de todos los rincones del planeta; arte virreinal prodigioso; manifestaciones de cultura vernácula y popular de gran diversidad y colorido; una gastronomía de fama mundial; y un pueblo que en lo general se caracteriza por su tradicional hospitalidad y bonhomía. Como si todo lo anterior no bastara, México posee además una serie de atractivos naturales - paisaje, flora y fauna silvestres - que son de una excepcional riqueza. En gran medida, esta gran diversidad biológica se debe a:
1) la muy estratégica ubicación geográfica de nuestro país, el único en el mundo donde confluyen dos grandes regiones biogeográficas: la neártica y la neotropical y 2) la compleja fisiografía de México, producto de un
convulsionado pasado geológico.
Ello ha producido que en la República Mexicana exista una riqueza y una diversidad de especies de plantas y animales muy superior a la que se encuentran en todo el resto de Norte América al norte del Río Bravo, a pesar de que nuestra superficie territorial es once veces menor. En estudios recientes de diversidad biológica, se ha identificado a México entre los seis países que poseen lo que se ha dado en llamar megadiversidad biológica y que por tanto son claves para conservar su patrimonio natural (Mittermeier, 1988; Toledo, 1988).
Los siguientes ejemplos ilustran la riqueza natural de México:
- Existen alrededor de 30,000 especies de plantas superiores en el país (incluyendo más de 6000 endémicas -es decir, especies que no se encuentran en ningún otro país), comparado con 18,000 en los EU, 12,000 en toda Europa, 20,000 en la ex-Unión Soviética y 26,000 en China.
- México ocupa el segundo lugar en número de vertebrados terrestres, después de Brasil, en toda la región neotropical y tiene el número y porcentaje de especies
endémicas más altos de todo el hemisferio occidental (756, o sea el 32% del total americano).
- El número de especies de mamíferos que se encuentra en México, 439, es el mayor de todos los países neotropicales (Brasil, con un territorio cuatro veces mayor, ocupa el segundo lugar con 394).
- En cuanto a aves silvestres, México cuenta con 1,040 especies, mientras que la cifra combinada para EU y Canadá es de 750. De las 1,040 especies mexicanas, 125 son endémicas, y aproximadamente 400 de ellas no ocurren al norte de nuestra frontera con EU.
- La herpetofauna (reptiles y anfibios) de México es la más rica del mundo: 957 especies (incluyendo 526 endémicas, un asombroso 55 %).
- En nuestro país se encuentran 2,500 especies de mariposas, contra sólo 700 en EU y Canadá juntos.
- En superficie total cubierta por vegetación tropical, México aún ocupa el séptimo lugar en el mundo y cuarto en el hemisferio occidental (después de Brasil, Perú y Colombia).
Para visitar la mayor parte de los atractivos turísticos de México se brindan múltiples facilidades: una amplia infraestructura de comunicaciones y transportes, hoteles, agencias de viaje y operadores turísticos (a nivel nacional e internacional), promoción y publicidad. Quien quiera visitar en México sus playas, sus principales zonas arqueológicas y sus más importantes ciudades encontrará un amplio abanico de opciones.
Sin embargo, hay un tipo de turismo que aún es incipiente en México, a pesar del potencial enorme de nuestro país. Nos referimos al ecoturismo, del cual ya hemos brindado su definición en la sección anterior. Debido a su enorme riqueza de atractivos ecoturísticos y a su estratégica ubicación geopolítica, México podría convertirse en el destino de ecoturismo más importante del mundo. Pero ello requiere de una serie de acciones, concertaciones y lineamientos, que constituyen la materia del presente documento.
La Secretaría de Turismo ha insistido recientemente en que uno de sus objetivos básicos es la diversificación de nuestra oferta global turística, para lo cual habrá de tomarse en cuenta, entre otras cosas, "las grandes oportunidades para disfrutar de la naturaleza" (SECTUR, 1995).
Una ventaja del ecoturismo que habría que remarcar es que no es estacional. A diferencia de varias modalidades de turismo masivo (que se caracterizan por su marcada estacionalidad, coincidiendo las más de las veces con los períodos vacacionales), el ecoturismo puede ejercitarse durante prácticamente todas las épocas del año, lo cual es altamente conveniente para la industria turística, ya que puede contribuir a atenuar las temporadas bajas del turismo masivo tradicional.
Sin embargo, es importante señalar que no se pretende que toda la actividad turística en México sea ecoturística: habrá gente que fundamentalmente seguirá viajando por nuestro país para simplemente disfrutar de nuestra exquisita comida y música tradicionales, o utilizar las múltiples instalaciones de playa existentes, o ir de compras. Deberá, pues, propiciarse un modelo que dé cabida armoniosa a diversos tipos de turismo, pero con el condicionante de que todas las modalidades turísticas dean
sostenibles, es decir, de bajo impacto, a fin de no exceder las
capacidades de carga de los ecosistemas naturales y culturales de las diferentes regiones de México, y que a la vez ofrezca opciones viables de desarrollo socioeconómico a los habitantes locales. Habrá que desterrar la falacia de que el ecoturismo es un turismo pobre, que sólo practican mochileros que piden "aventón" y usan únicamente sus propias tiendas de campaña. A nivel mundial está ocurriendo una efervescencia de ecoturistas internacionales, quienes desean viajar a los sitios más remotos del planeta, con tal de tener una experiencia de convivencia con una naturaleza aún no perturbada. Muchos de estos ecoturistas internacionales poseen altos niveles económicos y culturales y están demandando infraestructura y servicios especializados de alta calidad, aunque de carácter rústico.
5. LA SITUACION ACTUAL DEL ECOTURISMO EN MEXICO
En la mayor parte de los países menos desarrollados económicamente (con algunas honrosas excepciones) el ecoturismo se encuentra aún en su infancia. Los operadores de viajes basados en la naturaleza y algunas ONGs conservacionistas se afanan por encontrar nuevos itinerarios y destinos ecoturísticos que puedan ser atrayentes y redituables. Hay evidencia en el sentido de que, en general, los ecoturistas permanecen en los países de destino un mayor tiempo que el promedio de otros turistas.
Existen varias limitaciones que actualmente impiden un mayor desarrollo del ecoturismo en los países llamados del tercer mundo (incluyendo a los latinoamericanos y, por supuesto, a México). Una de ellas ha sido la falta de un esquema de integración que permita la planeación y el desarrollo adecuado del ecoturismo y el
no conceder a este tema una alta prioridad en los planes nacionales de gobierno. Otra limitante ha sido la falta de una estrategia adecuada de promoción y mercadeo turístico en general (y ecoturístico en lo particular), tanto a nivel doméstico como internacional. Algunos representantes de la iniciativa privada argumentan que sus gobiernos fallan al no reconocer la importancia del ecoturismo y en consecuencia no invierten suficiente esfuerzo y recursos para la investigación y promoción en este campo.
Otro serio problema que enfrentamos es la falta de mecanismos adecuados para la protección de ecosistemas naturales importantes, sobre todo los cubiertos de bosques. Al no concedérsele un presupuesto gubernamental adecuado a este rubro y al no existir muchas opciones para otras fuentes de financiamiento que permitan una efectiva conservación ecológica, es evidente que se pone en grave peligro al principal recurso ecoturístico de nuestro país. Es indudable que la viabilidad a largo plazo del ecoturismo depende de que se puedan salvar a perpetuidad áreas críticas del recurso natural vital. Muchos sitios que hubieran sido adecuados para la actividad ecoturística en nuestro país han sido irremediablemente arruinados por la deforestación, caza furtiva o excesiva, pesca por dinamita, cultivo de narcóticos, explotación minera o petrolera sin las debidas consideraciones ecológicas y turismo masivo sin control.
Otra seria limitación es la falta de una adecuada infraestructura física ecoturística en México, que sea de bajo impacto ambiental y que armonice con el entorno ecológico. Por último, aún existe una falta generalizada de programas adecuados de capacitación y educación ecoturística en México. Una honrosa excepción la constituye la Universidad de Quintana Roo, que recientemente ha desarrollado una estructura curricular para la enseñanza y capacitación en los campos del turismo sustentable y el ecoturismo a diversos niveles: cursos básicos de capacitación para campesinos, pescadores y lancheros; carrera técnica corta; diplomado; licenciatura; y maestría (Ceballos Lascuráin, 1996b). Para que el ecoturismo sea una realidad en nuestro país, tiene que gestarse una cultura ecoturística a nivel nacional, que abarque tanto el aspecto de oferta de servicios como de demanda de los mismos. No será suficiente que cada vez un número mayor de ecoturistas extranjeros visite nuestro país. El mexicano deberá también empezar a practicar actividades ecoturísticas y exigir servicios adecuados para ello.
Como hemos comentado anteriormente, la mayor parte del ecoturismo a nivel mundial (y México no es ninguna excepción) se practica en aquellas áreas que tienen algun estatus oficial de protección. Si esto es cierto en la actualidad, lo será aún más en el futuro, ya que el impacto devastador de las presiones humanas sobre el medio
ambiente está disminuyendo las cada vez más escasas áreas sin disturbar y destruyendo los bosques (sobre todo los tropicales) de todo el mundo a un ritmo alarmante. Si el desarrollo ecoturístico continúa con su tendencia creciente, entonces las áreas sin disturbar que posean características ecológicas sobresalientes estarán cada año en mayor demanda. Es decir, a medida que a nivel mundial el número de ecoturistas (la demanda) aumenta, el número y tamaño de áreas naturales sin disturbar (la oferta) disminuye. En una economía de mercado, esto significa que las áreas naturales conservadas en buen estado pueden ir adquiriendo una plusvalía significativa si se orientan adecuadamente hacia el ecoturismo. Esta situación es bastante distinta a la que encontramos en el turismo masivo convencional, donde los turistas que disfrutan de ambientes más artificiales o sintéticos no deben de preocuparse que en le futuro haya menos piscinas, grandes hoteles de recreo, casinos, discoteques, parques recreativos y centros comerciales (muy por el contrario, cada vez hay una mayor oferta de estos servicios en todo el mundo). De allí la importancia de incrementar en nuestro país el número y tamaño de áreas naturales adecuadamente protegidas y de establecer mejores sistemas de manejo y control en las existentes.
Las áreas protegidas de México juegan un papel vital en el desarrollo del ecoturismo en nuestro país, ya que en ellas es donde se conservan mejor los diversos ecosistemas naturales de la nación, así como, en muchos casos, nuestros más valiosos y atractivos sitios arqueológicos.
A través de la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección del Ambiente ha sido creado oficialmente el Sistema Nacional de Areas Naturales Protegidas (SINAP), cuyo propósito es armonizar los imperativos ecológicos con el desarollo económico y social de México, conforme a patrones de sustentabilidad. El SINAP es un instrumento que permite ordenar y clasificar las áreas naturales protegidas del país de tal forma que se cumplan los propósitos de conservar la biodiversidad, mediante la protección de ecosistemas representativos, al mismo tiempo que se lleven a cabo actividades, debidamente normadas, de recreación e investigación y de las comunidades asentadas. Mediante el SINAP, la Ley establece la normatividad para regular, restringir o prohibir las actividades humanas en un conjunto de tierras y aguas habitadas por especies vegetales y animales consideradas nativas, amenazadas o en peligro de extinción. Además, se determina la protección de aquellas especies que tienen importancia nacional, que necesitan regeneración o que requieren conservación especial. A partir de 1995 el SINAP queda adscrito sectorialmente a la Secretaría de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca (SEMARNAP), a cargo del Instituto Nacional de Ecología (INE). Antes de esta fecha las áreas protegidas quedaban bajo la
jurisdicción de dos instituciones diferentes: la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) y la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH), lo cual generó todo tipo de confusiones y redundancias administrativas.
El SINAP cuenta hasta ahora con 89 áreas protegidas clasificadas en seis categorías de manejo, de acuerdo con su extensión, el tipo de protección que reciben y el bien que se protege. Dichas categorías son: reserva de la biósfera (RB), reserva especial de la biósfera (REB), parque nacional (PN), parque marino nacional (PMN), área de protección de recursos naturales, área de protección de flora y fauna silvestres y acuáticas (APPP) y monumento natural (MN). (SEMARNAP, 1996). Las 89 áreas integrantes del SINAP cuentan con una superficie total de 10,706,069 ha. (poco más del 5 % del territorio nacional). De ellas, 18 son Reservas de la Biósfera, con un total de 7,552,877 ha; 13 Reservas Especiales de la Biósfera, con 491,336 ha; 44 Parques Nacionales, con 688,103 ha; 3 Parques Marinos Nacionales, con 393,118 ha; 8 Areas de Protección de Flora y Fauna Silvestres y Acuáticas, con 1,567,612 ha; y 3 Monumentos Naturales con 13,023 ha.
Es interesante señalar que hasta 1988, existían 64 áreas naturales protegidas que conformaban una superficie de 4,817,313 ha. Es decir, entre 1988 y 1996 se han decretado 25 nuevas áreas, con lo cual se ha más que duplicado el área total protegida (SEMARNAP, 1996).
Las cifras anteriores pueden parecer altas, pero la propia SEMARNAP reconoce que son en realidad desproporcionadamente pequeñas y poco representativas de la diversidad biológica y ecológica de México. Incluso, en comparación con otros países en desarrollo, la proporción de áreas protegidas en México resulta precaria, ya que Costa Rica destina el 25 % de su territorio a la conservación, Guatemala el 30 % y Chile el 12 % (SEMARNAP, 1996). La limitada extensión de muchas de nuestras áreas naturales protegidas impide garantizar la supervivencia de poblaciones de muchas especies fundamentales, por razones de alcance, recursos disponibles y erodabilidad genética. Por ejemplo, del total de superficie be bosques tropicales caducifolios en México, sólo el 1 % está protegido, mientras que el restante 99 % carece de cualquier tipo de protección. Para los bosques de coníferas y encinos las cifras respectivs son las mismas. En el caso del bosque tropical perennifolio la situación es casi igual de alarmante, siendo las cifras correspondientes el 8 % y el 92 %. Por tanto, es preciso aumentar la superficie bajo protección, ya que existe una gran heterogeneidad ambiental y un gran número de especies con distribuciones sumamente restringidas que están en peligro de desaparecer.
Además, hay que reconocer que muchas de las áreas protegidas decretadas son "de papel", es decir, no tienen suficiente presupuesto ni personal ni esquemas adecuados de manejo que garanticen su conservación y mantenimiento a largo plazo. En general, se aprecia una grave deficiencia presupuestal para la administración de dichas áreas. Asimismo, el personal asignado a las áreas es insuficiente y en la actualidad sólo hay diez reservas con directores y una plantilla básica. El INE ha calculado recientemente que las necesidades de las áreas protegidas a nivel nacional están satisfechas tan sólo en la siguiente proporción para los siguientes rubros: personal mínimo de operación, en un 36 %; inversión mínima de conservación, 20 %; existencia de planes de manejo para cada área, 18 %; inversión en infraestructura, 19 %; proyectos de investigación, 28 %; proyectos de desarrollo social, 19 %; proyectos de desarrollo sustentable, 15 % (INE, 1995).
Es evidente que si no se toman medidas drásticas en el corto plazo, el SINAP quedará en la práctica desintegrado e inoperante, por lo que nuestro país se encuentra en un grave riesgo de perder su riquísimo patrimonio natural. Deberá concedérsele una mayor prioridad política y práctica al ecoturismo, ya que éste fenómeno puede contribuir en mucho a evitar el progresivo deterioro de nuestras áreas protegidas. El ecoturismo deberá de convertirse en un mecanismo efectivo de autofinanciamiento para la conservación en México.
En relación al tema de áreas protegidas, es importante mencionar la Convención del Patrimonio Mundial. Esta convención internacional, a la que se han adherido 127 países, fue adoptada por la Conferencia General de la Unesco en 1972. Su misión consiste principalmente en definir ese llamado "patrimonio mundial", tanto cultural como natural, es decir, confeccionar la lista de monumentos y lugares cuyo interés se considera como excepcional y su valor como universal, de manera que su protección interesa a la humanidad por entero. El objetivo de la Convención es promover la cooperación entre todas las naciones y los seres humanos de manera de contribuir eficazmente a dicha protección. Es evidente que los Sitios de Patrimonio Mundial constituyen atractivos ecoturísticos del más alto nivel en todo el mundo, pero también implican la mayor responsabilidad en cuanto a su conservación y adecuada visitación. En el caso de México, los siguientes han sido declarados Sitios de Patrimonio Mundial: centro histórico de la Ciudad de México y zona arqueológica de Xochimilco; ciudad prehispánica de Teotihuacán; centro histórico de la Ciudad de Puebla; centro histórico de la Ciudad de Oaxaca y zona arqueológica de Monte Albán; Palenque; Chichén Itzá; centro histórico de la ciudad de Guanajuato y minas adyacentes; y Reserva de la Biósfera de Sian Ka'an. xxx
En todas las áreas naturales protegidas de México sólo se permite el aprovechamiento consumidor de los recursos naturales para beneficio de las comunidades locales, las que se comprometen a limitarse a ciertas zonas y a observar los lineamientos ecológicos necesarios para propiciar la conservación de los ecosistemas. Mediante esto se busca fomentar una relación armoniosa entre entorno natural, crecimiento económico y desarrollo social de las comunidades.
SEMARNAP realiza en colaboración con las comunidades locales, las instituciones de investigación, los grupos ecologistas y el sector empresarial, actividades de reforestación, de reintroducción de especies vegetales y animales que han desaparecido del lugar, en las diferentes zonas naturales del sistema, así como la impartición de cursos de educación ambiental, labores de vigilancia, mantenimiento, administración y prestación de servicios turísticos.
Todo lo anterior nos indica que existen múltiples opciones para el manejo de nuestras áreas protegidas, con una gran diversidad de posibilidades combinatorias en cuanto a responsabilidad. Es evidente que esta temática tiene una gran incidencia sobre el desarrollo del ecoturismo en México. En todo caso, es fundamental y urgente una adecuada coordinación interinstitucional, sobre todo entre SECTUR, SEMARNAP e INAH, a fin de lograr un desarrollo sano y equilibrado del ecoturismo, así como con otras dependencias gubernamentales con injerencia en el tema, tanto del sector federal (como la Secretaría de Marina y la Secretaría de Educación Pública) como estatal, e instituciones de educación superior y ONGs.
Es sólo a partir de fechas muy recientes que el gobierno mexicano empieza a mostrar interés en el tema del ecoturismo. Es alentador mencionar que recientemente se han presentado varias instancias de colaboración interinstitucional entre SEMARNAP y SECTUR, sobre todo en El Vizcaíno (en relación al fenómeno de observación de ballenas).
Es interesante también señalar que en 1992 se creó la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, por acuerdo del Presidente de la República, con la finalidad de coordinar acciones y estudios relacionados con el conocimiento y la preservación de las especies biológicas y la conservación de los ecosistemas naturales del país.
En 1994, la Secretaría de Turismo elaboró la Estrategia Nacional de Ecoturismo, a fin de sentar las bases y directrices principales que permitan que el proceso ecoturístico se convierta en un verdadero mecanismo de conservación y de desarrollo sustentable (Ceballos Lascuráin, 1994).
El Plan Nacional de Desarrollo 1995-2000 establece que "en el desarrollo regional, la generación de empleos y la captación de divisas, la actividad turística es la opción más rápida y viable de desarrollo para algunas regiones del país, por lo que la estrategia a seguir, dispondrá lo necesario para contar con una instancia mixta de promoción a la que concurran el gobierno y el sector privado, a fin de atraer a un mayor número de visitantes de mayor nivel de gasto durante todo el año, con especial énfasis en un desarrollo de la actividad que le dé sustentabilidad y revalore la importancia de los recursos ecológicos y culturales que hasta hoy están limitadamente aprovechados en el sector turismo".
Con fundamento en lo anterior, en julio de 1995 se sentaron unas bases de colaboración entre las siguientes instituciones del sector público: SEMARNAP, SECTUR, INE, Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), Nacional Financiera, FONATUR, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, INAH e Instituto Nacional Indigenista (INI), con el fin de conjuntar sus acciones, esfuerzos y recursos para desarrollar programas tendientes a lograr objetivos y metas vinculados con la conservación y el desarrollo armónico del turismo en México. Aún es prematuro juzgar la efectividad de este convenio de colaboración, pero es de desearse que se convierta en un instrumento eficaz que promueva una interacción simbiótica entre el turismo y la conservación del patrimonio ntural y cultural de México.
Por todo lo anterior, es urgentísimo que el ecoturismo tenga un desarrollo más efectivo en nuestro país. Lamentablemente, debemos reconocer que México se está rezagando en el campo del ecoturismo a nivel mundial. Otros países latinoamericanos y del Caribe, como Costa Rica, Panamá, Venezuela, Ecuador y Belice están tomando pasos decisivos a fin de que el ecoturismo se convierta en un verdadero mecanismo de conservación de su patrimonio natural y cultural, así como en un instrumento de desarrollo sostenible, sobre todo entre sus poblaciones rurales. México en su conjunto posee un mayor valor agregado en cuanto a atractivos naturales y culturales que cualquiera de los países arriba mencionados. El recurso básico lo poseemos, tan sólo hace falta una toma de conciencia más generalizada, una acción coordinada y mecanismos efectivos de concertación que involucren adecuadamente a todos los sectores participantes.
De lograrse estos objetivos, México podría convertirse en uno de los primeros destinos ecoturísticos del mundo, con lo cual se estaría contribuyendo a conservar a largo plazo su rico patrimonio ecológico y cultural y elevar el nivel de vida de su población, sobre todo en el ámbito rural. El presente libro pretende, con toda modestia, aportar al logro de estos objetivos.
Hay que reconocer que la competencia en el campo del ecoturismo se hace cada vez más reñida a nivel mundial y por tanto deberemos alcanzar niveles de excelencia si realmente pretendemos ser contendientes en el mercado planetario.
Otro problema que enfrentamos es la gran escasez de información estadística sobre el turismo basado en la naturaleza en México. Las Estadísticas Básicas de la Actividad Turística que recaba año con año la Secretaría de Turismo no incluyen dato alguno sobre visitantes a áreas protegidas u otras áreas de interés ecoturístico. Tampoco se realizan en forma sistemática entrevistas o encuestas por muestreo. En conocimiento del autor, la única ocasión en que se llevó a cabo una investigación sobre estadísticas de ecoturismo en México, fue a raíz del estudio llevado a cabo en 1988 por el World Wildlife Fund de Estados Unidos (WWF-US) en cinco países de América Latina y el Caribe: Belice, Costa Rica, Dominica, Ecuador y México. Las investigaciones de campo en México contaron con la efectiva colaboración de SECTUR (Ceballos-Lascuráin, 1988; Boo (ed.), 1990). En dicha oportunidad se levantó un total de 1,175 entrevistas (en dos parques nacionales - Izta-Popo y Cañón del Sumidero - además del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México), en base al llenado de un cuestionario muy detallado (mismo que constituye el Anexo 1). Es indispensable que sigan aplicándose este tipo de encuestas y muestreos en forma periódica y sistemática.
A continuación, destacaremos las conclusiones más relevantes de la parte correspondiente a México de este estudio de WWF-US, (las cuales siguen, en general, teniendo validez):
México es, de los cinco países analizados, con mucho el más conocido como destino turístico internacional, y el que tiene la mejor y más amplia infraestructura turística tradicional. Sin embargo, es menos conocido como destino ecoturístico que Costa Rica y Ecuador (este último país debido en gran medida a sus Islas Galápagos). La gran mayoría de su turismo no está orientado hacia la naturaleza (como en el caso de Costa Rica), a pesar de la enorme biodiversidad y riqueza de paisajes existentes en México, aunque sí es importante el flujo turístico hacia las zonas arqueológicas mexicanas. El estudio correspondiente a México decía textualmente: "Esto podría indicar que existe un gran potencial en México para expandir su actividad turística, al menos de las siguientes dos maneras: 1) impulsar directamente una nueva modalidad turística: el ecoturismo, en base a la promoción de atractivos naturales tan notables como la ballena gris en Baja California, la mariposa monarca, los flamencos en Yucatán, las selvas tropicales del sureste del país, con su enorme diversidad biológica, sobre todo de aves (y su rico complemento de patrimonio arqueológico y de cultura vernácula), sus imponentes barrancas,
etc.; 2) inducir a los turistas 'convencionales' a extender su estadía en México, añadiendo un componente ecoturístico a su viaje. Una combinación de ambas estrategias podría ser la más adecuada" (Ceballos-Lascuráin, 1988).
Analizándose los cuestionarios dirigidos a los turistas extranjeros en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, se detectó que el 42 % de ellos consideraron que las áreas protegidas del país fueron la "principal razón" o un "motivo importante" en su decisión de visitar México (contra 65 % en el caso de Ecuador y 41 % para Costa Rica). Sin embargo, entre las razones para seleccionar a México como destino turístico de los viajeros entrevistados en el Aeropuerto, la "historia natural" ocupó un bajo rango (séptimo lugar, por debajo de otras razones como "playas, sol y diversión", "negocios y convenciones", "paseos", "arqueología", "visitas a amigos y familiares" e "historia y cultura"). El 55 % de los viajeros extranjeros entrevistados en el Aeropuerto de México visitaron al menos una área protegida (sobre todo áreas con componentes arqueológicos como Teotihuacán, Chichén Itzá, Tulum y Uxmal, así como el Bosque de Chapultepec). Las encuestas en los aeropuertos principales de los cinco países objeto del estudio del WWF-US confirmaron que los turistas orientados hacia la Naturaleza gastan más dinero que los demás turistas: US$ 2,588 como promedio para los cinco países de los turistas que citaron los atractivos naturales como la "principal razón" de su visita, contra sólo US$ 1,531 para los que citaron a dichos atractivos como "no importantes". A nivel también de los cinco países, los cuestionarios de aeropuerto esbozaron el siguiente perfil del viajero extranjero con interés en la Naturaleza:
Edad promedio: 43.9
Sexo: masculino (51 %), femenino (49 %)
Primer visita al país en cuestión: 73 % (en contraste con 51 % para turistas no interesados en el ecoturismo, lo cual indica que el ecoturista es un nuevo tipo de visitante a estos países)
Forma de viajar: solo (21 %); en familia (36 %); con amigos y colegas (23 %); en tour organizado (20 %)
Actividades principales: observación de aves (58 %); observación de fauna silvestre en general (55 %); paseos en bote (42 %); botánica (31 %); excursionismo/ trekking (28 %); culturas locales (25 %); caminatas por la selva (23 %); montañismo (22 %)
Nivel de satisfacción de su viaje: muy satisfecho (67 %); satisfecho (21 %); no muy satisfecho (4 %); decepcionado (0 %)
De lo anterior se deduce, entre otras cosas, la enorme vocación por el turismo ornitológico (observadores de aves) en los cinco países estudiados (incluyendo obviamente a México).
En relación a los turistas (tanto nacionales como extranjeros) entrevistados en los parques nacionales de los 5 países, al preguntárseles qué aspectos podían ser mejorados en los parques, la mayoría mencionó los siguientes: información técnica, libros y folletos-guías, material promocional de los parques, mapas adecuados, transportación más adecuada y señalizaciones de carácter ecológico en las áreas protegidas. Aparentemente, el hecho de que existen malos caminos de acceso en varios parques no es un factor negativo o inhibidor para los ecoturistas que los visitaron. Esto nos ratifica que el ecoturista no es tan exigente respecto a ciertos aspectos de infraestructura física o servicios turísticos tradicionales ("es parte de la experiencia o de la aventura" o "estamos escapando de las excesivas comodidades de nuestro mundo moderno cotidiano"), pero que sí desea obtener más conocimientos e información sobre las áreas naturales que visita, demandando por ello una mayor cantidad de material interpretativo y educativo. Esto implica un análisis más depurado de ciertos aspectos educativos y económicos por parte de las autoridades de los parques nacionales.
Es importante señalar que, desde el punto de vista educativo, un parque sin material interpretativo ni señalizaciones adecuadas está fallando en su importante labor de educar y concientizar ecológicamente a los visitantes, tanto nacionales como extranjeros. Desde el punto de vista económico, la mejoría en los servicios interpretativos (incluyendo material informativo) podría significar la venta o alquiler de éstos, lo cual implicaría una fuente adicional de ingresos para los parques, que tendería a su autofinanciamiento y a propiciar una derrama económica a nivel local.
En el caso específico de México, es muy claro que las restricciones presupuestales crónicas en sus parques nacionales y otras áreas naturales protegidas han impedido que éstos tengan un adecuado manejo e infraestructura turística apropiada. En términos generales no se cobran cuotas de entrada en las áreas naturales protegidas en México y las concesiones a particulares son sumamente limitadas (y cuando existen, las rentas que se cobran, por ejemplo, en el albergue Tlamacas del Parque Nacional Izta-Popo, son demasiado bajas). Pero quizá la raíz del problema yace en el sistema de presupuestación actualmente en vigor en las áreas legalmente protegidas. El poco ingreso que tienen los parques (de las aisladas concesiones y, en algunos casos, de tarifas de estacionamiento), por ley tiene que enterarse a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la cual cada año asigna una cantidad (siempre muy limitada) del presupuesto federal a
SEMARNAP para operar el Sistema Nacional de Areas Protegidas (la mayor parte de esos fondos siendo destinada a cubrir la nómina del reducido personal asignado a las áreas protegidas), sin tomar en cuenta el número de visitantes e ingreso económico por concepto del turismo que tuvo cada parque durante el año precedente. Esto obviamente inhibe cualquier iniciativa que pudiera tener el director de cada área protegida por atraer más visitantes o mejorar sus servicios, ya que dichas acciones no significarán recibir una mayor asignación presupuestal y sí, en cambio, implicarán mayor trabajo, mayores servicios y gastos de mantenimiento más elevados. Es evidente que si nuestros parques nacionales y otras áreas protegidas han de tener una situación económica más saludable, deberán implantarse mecanismos alternativos que propicien un efectivo autofinanciamiento.
Esta situación podría alcanzarse, en primer lugar, mediante el establecimiento de cuotas de entrada para los visitantes, sugiriéndose la fijación de tarifas diferenciales para estudiantes, ancianos, nacionales y extranjeros (éstos últimos con una mayor cuota, ya que los mexicanos ya están contribuyendo, a través de sus impuestos, a la operación y mantenimiento de las áreas protegidas) y a través del otorgamiento de mayores concesiones a la iniciativa privada - dando preferencia a la población local - bajo un control y reglamentación estrictos (operación de albergues, restaurantes, pequeños comercios, paseos en lancha y a caballo, guianza, etc.). Un cambio en la presente legislación podría permitir que la administración de cada parque pudiese quedarse con estos ingresos directos, aplicándolos a gastos de operación y mantenimiento (con los controles contables apropiados). Este tema se toca con mayor amplitud en el Capítulo 15.
Adicionalmente al turismo internacional que ya empieza a visitar nuestras áreas protegidas, el turismo doméstico hacia éstas se viene incrementando, sobre todo el consistente en visitas de las clases media y baja urbanas a los parques nacionales durante los fines de semana y días festivos (normalmente como "días de campo"). Este tipo de turismo o visitación quizá no tenga aún una gran significación a nivel económico nacional, pero sí puede tener un impacto considerable a los niveles local y regional y, además, puede constituir el germen de un mecanismo de educación ambiental y concientización ecológica del pueblo mexicano.
La revista norteamericana Buzzworm publicó en 1993 un directorio donde se enlistó un total de 113 operadores ecoturísticos - en su mayoría de EU y Canadá - que en su conjunto realizan viajes por todo el mundo. De estas 113 empresas, sólo 17 anunciaban explícitamente viajes ecoturísticos a México, no obstante nuestra cercanía con EU y Canadá (vs. 24 a varios destinos en Africa - a pesar de la lejanía -, 22 a Alaska y 19 a Costa Rica). Hay que
señalar que la mayoría de estas excursiones ofrecidas a México tiene un componente de "aventura" (descenso de ríos, montañismo, kayakismo en ríos y mar, etc.). Sólo en tres o cuatro casos se enfatiza la observación de la naturaleza propiamente dicho (sobre todo la observación de ballenas en Baja California y la observación de aves). Los destinos explícitos más frecuentes de dichas excursiones son: Barranca del Cobre, 7; Baja California y Mar de Cortés, 6 (sobre todo, observación de ballenas); Mundo Maya, 4. Es decir, a nivel internacional prácticamente no se están reconociendo aún los numerosos destinos ecoturísticos adicionales (además de los tres o cuatro mencionados aquí) que posee nuestro país. En la Sección 16 se identifican los circuitos y regiones de mayor significado ecoturístico en México.
En los últimos años han empezado a surgir diversas iniciativas en nuestro país que de alguna manera u otra tienen vinculación (al menos potencial) con el ecoturismo. Los orígenes de dichas iniciativas se encuentran en la iniciativa privada y entre las ONGs.
En 1981 se crea PRONATURA (Asociación Mexicana para la Conservación de la Naturaleza, A.C.), fungiendo como Presidente Fundador el Arq. Héctor Ceballos Lascuráin. Desde sus inicios, PRONATURA promueve el ecoturismo en diferentes partes de México, reconociéndose por vez primera en nuestro país su importancia potencial en cuanto a instrumento de conservación y de desarrollo sostenible. Destacan particularmente las actividades llevadas a cabo en Celestún, Yucatán (a favor de la conservación del flamenco y del desarrollo sostenible de los pescadores locales, labor que continuó con gran éxito el capítulo Yucatán de PRONATURA) y en Lagunas de Chacahua y Playa de la Escobilla (labores de concientización entre las poblaciones locales para conservar las tortugas marinas y promoción de un ecoturismo comunitario). En la actualidad PRONATURA es la OMG conservacionista más importante en México y, en coordinación con sus diferentes capítulos en el país, está involucrada en la promoción de varios proyectos de ecoturismo (Mar de Cortés, Celestún, Calakmul, etc.).
Hay otras ONGs que han mostrado interés en México por el ecoturismo como mecanismo de conservación, tales como la Fundación Mexicana para la Educación Ambiental, A.C., WWF-México, el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza, A.C. y Conservation International-México. La Fundación Miguel Alemán, A. C., llevó a cabo en 1990 un Concurso Nacional sobre Turismo y Ecología y Ecoturismo, en el cual participaron más de 50 concursantes.
En 1984 se creó en México la primera empresa operadora de viajes dedicada exclusivamente al ecoturismo, Turismo Ecológico Mexicano, S.A. de C.V. (Ecotours), fundada por el Dr. Richard Wilson y el