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J.M. Redmann - Micky Knight 08 - El banco del tiempo.pdf

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J. M. Redman

El banco de

El banco del ti

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Micky Knight 08 Micky Knight 08 ePub r1.0 ePub r1.0 Editor Editor23.04.13

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Título srcinal: El banco d el tiempo J. M. Redman

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Capítulo Uno

La vida está llena de momentos estúpidos, la mayoría de ellos no los escogemos.

Ya saben lo que quiero decir –quejarse sobre una compañera de trabajo, sin darse cuenta de que ella está a dos pies detrás de ti. Tratar de encontrar tus gafas de sol cuando las tienes sobre tu cabeza. Dar un giro y darte cuenta de que todos los coches vienen hacia ti. Dejar las llaves en un lugar seguro que luego no puedes recordar.

"Hey, dame tu dinero", él murmuró.

Estaba oscuro y lluvioso, la profunda mordedura del frío de invierno, mi cabeza había estado abajo mirando el piso mojado y resbaladizo y no me había dado cuenta de que había otra persona en la calle.

De vez en cuando lo estúpido se vuelve trágico. Sobre todo cuando pagamos lo que yo llamo impuesto estúpido –regresar a la tienda de comestibles para conseguir la única cosa que olvidamos, pararse en la fila y pagar para reemplazar la licencia perdida, esperar en la lluvia por el amigo con la llave de repuesto. Hay un montón de momentos estúpidos en el mundo, tanto los nuestros como los de otros, y tropezamos con ellos todos los días.

Hoy había sido un momento estúpido en esteroides.

El clima se suponía que iba a afectar a los delincuentes, también. Al menos esa había sido m teoría cuando decidí salir por la noche para recoger alimentos hechos por alguien que no fuera yo.

Había sido un largo –me atrevo a decirlo – y estúpido día. Personas que prometieron volver a llamar y no lo hicieron. El tráfico que incluía un coche que circulaba por encima del límite de velocidad en el carril izquierdo en Claiborne con el pasajero abriendo su puerta para vomitar en el carril de la derecha, lo cual me dejó esperando que la lluvia limpiara lo que sea que se quedó en mis neumáticos. Una clienta que cambió de opinión sobre que yo siguiera a su marido para ver si él tenía una novia adicional. Mayormente evito los casos domésticos sucios y sólo había tomado éste como un favor a un amigo. Me tomó una estúpida y exasperante cantidad de tiempo explicarle que aún me debía por las horas que había pasado en su caso. Su llamada llegó justo cuando yo había regresado a mi oficina después de una mañana infructuosa tras dicho marido. Y encima de todo, yo no lo había cogido en nada, pero él era un jugador, demasiado coqueto con sus sonrisas y miradas a todo lo femenino, entregó una tarjeta a la chica joven en la caja de la cafetería. Los hombres

felizmente casadosno merodean de esa manera.

Si la esposa no quería saber -bueno, quería saber pero no quería pruebas que le hicieran admitir que lo sabía- ese era su asunto, no el mío. Ella volvió a llamar tres veces pidiendo un descuento ya que no había terminado el caso.

Webster, cuando tú actualices tu diccionario, tengo la imagen perfecta para molesto.

El día había comenzado en verano, actuando como si el calendario no dijera algo totalmente diferente, soleado y en los setenta grados, y las temperaturas habían caído treinta grados desde que salí ésta mañana mal vestida en pantalones ligeros y una camiseta mucho antes de la primera molesta llamada de la esposa. El invierno aquí es una de las razones por las que la gente con fobia a la nieve se muda a ésta parte del mundo, rara vez la temperatura se pone por debajo de cero, e incluso cuando lo hace, no se queda ahí. Sí, Minnesota, te estoy hablando a ti. Pero, como quedó

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demostrado hoy, puede pasar de molestamente caluroso a desagradablemente frío en un lapso de tiempo demasiado corto.

Nueva Orleans es una ciudad húmeda, ubicada entre un poderoso río y un gran lago, con salida al agua al oeste y al este. En el verano, la humedad se convierte en un baño de vapor, en el invierno, en un frío húmedo que sopla a través de cada grieta de un edificio o de la ropa.

Cuando por fin llegué a casa estaba fría hasta los huesos, demasiado enojada por los acontecimientos del día para estar cansada, y demasiado cansada para follarme a mí misma y estar de un mejor estado de ánimo. La casa estaba fría y oscura. Ningún gato, ninguna persona, ningún ser vivo para saludarme. Rápidamente apagué los ventiladores y encendí la calefacción –odio los días cuando tengo que hacer eso- me puse una sudadera raída y una chaqueta porque estaba demasiado fría para quitarme la ropa o para pasar tiempo buscando lo que aquí llamamos ropa de invierno.

Conocer el contenido de mi refrigerador se convertiría en un experimento científico en cualquier momento, tuve que decidirme por una rápida visita al Barrio Francés, con su densa población d posibilidades de alimentos y esperaba que la casa estuviera más cálida para cuando regresara.

Y ahora yo estaba de pie en un área oscura de la Avenida Esplanade con un joven punk en frent de mí exigiendo mi dinero.

Era delgado, con una de esas caras que podrían haber estado entre los catorce y los cuarenta, sombreado como estaba por la débil luz al final del bloque y el ala de su gorra. Vaqueros.

Atacada por un maldito fanático de los Vaqueros de Dallas. Su rostro era delgado y largo, una rala barba en su barbilla. Llevaba una sudadera con capucha, fina y descolorida, no lo suficiente gruesa para el frío y no había pensado en ponerse la capucha en la cabeza. Supongo que decidió que la maldito gorra de los Vaqueros era suficiente disfraz. Una de sus manos estaba colgando a un lado, y la otra estaba oculta en el bolsillo de la sudadera, una protuberancia indicaba que podría ser un arma de fuego. O sus dedos en una pose de arma.Era el barrio francés, yo era una mujer sola. Él probablemente supuso que yo era una turista que se había perdido en los edificios antiguos y que había olvidado que ésta era una ciudad real y no un patio de juegos fabricado para los visitantes.

La mayoría de las veces lo estúpido es al azar. De vez en cuando lo elegimos.

Yo sabía lo que tenía que hacer, estar tranquila y no amenazante, calmar la situación y en silencio darle mi dinero.

También sabía que no iba a hacerlo.

En cambio yo iba a hacer algo estúpido que podría hacer que me maten. No me importaba un bledo. Yo estaba cansada de ser civilizada y educada y quería patear a alguien, y éste pobre chico sólo me habían dado una excusa.

"Tranquilo", le dije en voz baja. "Estoy sacando mi billetera." Usando dos dedos, traté de sacarla de mi bolsillo delantero, pero estaba fría y húmeda y no pude conseguir un buen agarre. Finalmente logré sacarla, pero justo cuando estaba por ofrecérsela a él, cayó de mi mano a la acera.

"Lo siento," murmuré, agachándome para recogerla. Busqué por un momento en la calle mojada. Igual que una estúpida turista lo haría.

Pero yo no era cualquier tipo de turista.

Le lancé la cartera en su rostro, siguiendo de inmediato con una patada en la mano de la pistola. Mi pie golpeó carne, no metal. Le di otra patada, esta vez en la entrepierna.

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Lo único que había cambiado era mis zapatos, de mocasines de poca altura a un par de destartaladas y viejas botas de vaquero. Mucho más cálidas que mis zapatos anteriores, con tacos punta hechos para patear.

Él cubrió el área pateada con la mano buena y cayó de rodillas por el dolor. Tiré de la capucha, jalando con fuerza alrededor de su cuello.

Tosió, y dijo: "Oye, déjame respirar."

"Tú me asaltas y se supone que debo ser buena?"

Cogí su gorra de los Vaqueros y la arrojé en un charco, aterrizando sobre los huesos de pollo frito grasiento.

"Hey, ese es una buena gorra." Luchó por levantarse.

Le di una patada a su pie y él dio un vuelco hacia abajo sobre sus rodillas. Tiré la capucha, tirando de él hacia abajo, su cara a pocos centímetros de su gorra y la comida podrida."Era mi buen dinero el que estabas tratando de robar."

Sin su gorra y así de cerca, pude ver que era joven y debería haber estado estudiando en casa en lugar de estar robando. Su pequeña barba era probablemente el único pelo que le crecería.

Utilicé mi rodilla para empujarlo hasta el piso, siendo tan amable de no poner su cara en el charco. Con la rodilla en su espalda, una mano sosteniendo su sudadera, rápidamente le di unas palmaditas con la otra mano. Sólo porque no tenía un arma de fuego no era prueba de que él no tuviera otras armas desagradables como un cuchillo o nudillos de acero.

Había un montón de protuberancias bajo su sudadera, pero todas tenían forma de cartera. El nene había estado muy ocupado esta noche.

Los ladrones -y también muchas otras personas- parecen vivir de la experiencia inmediata. Si lo hicieron y no los atraparon, entonces ellos no serán atrapados. Mi joven ladrón había estado presionando a su suerte.

Como yo estaba empujando la mía. Él se estaba recuperando de la patada en la entrepierna. Yo era todavía una mujer, peor, una de cabello color gris. Su ego no estaba contento con la situación.

De repente luchó debajo de mí, tratando de empujar hacia arriba con las manos y las piernas, retorciéndose debajo de mí. Yo le escuché murmurar: "Puta de mierda."

Tiré con fuerza de la capucha, pero él tiró de la cremallera y liberó su cuello. Él podía haber sido delgado, pero era fuerte. Y estaba desesperado.

Yo había sido demasiado agradable y no había pateado la pistola de mentira lo suficientemente duro. Él la utilizó para agarrarme el tobillo. Mi otra pierna estaba plantada en su espalda, por lo que era mi único apoyo.

No más ser amable. Había empezado a sentir lástima por él porque era joven. Y estúpido, pero eso ni que decirse. La mayoría de los ladrones son estúpidos. Los inteligentes trabajan para los bancos. Apoyé mi peso sobre él, así que estaba casi plano contra su espalda, empujando su cara en la acera.

Tal vez una táctica efectiva, pero no agradable. Él olía como un perro mojado sin bañarse. Pero yo no tenía tiempo para preocuparme por los olores desagradables. Él todavía estaba luchando para tirarme al piso. Soltó mi tobillo, y usó la mano como palanca para levantarse a sí mismo.

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Yo había querido una pelea. No había querido una que fuera a perder.

No ser amable, me recordé a mí misma. Puse una mano en la parte posterior de su cuello, con la esperanza de mantenerlo el tiempo suficiente para averiguar cómo demonios salir de esto.

Sé amable, devuélvele su gorra. Estiré la mano sobre su hombro hasta el charco y la alcancé unos pocos huesos de pollo cayeron en su cara.

Él farfulló y, como esperaba, usó sus manos para agarrar la apestosa gorra. Me empujé a m misma a una posición de pie, apuntando una patada entre las piernas en el camino. Entonces otra, cuando ya estuve de pie totalmente.

Él gritó y se dejó caer a distancia, lo suficiente como para caer en el charco. Dejó que el agua lo distrajera, claramente no entrenado lo suficiente para saber que en una pelea, nada importa, no importa mojarte o ensuciarte o ser golpeado; tienes que centrarte intensamente en ganar.

Lo pateé de nuevo en la entrepierna. Esta vez él se acurrucó en posición fetal, sin preocuparse por el charco o los huesos de pollo, el dolor era su único punto focal.

Un último insulto. Él había estado tirado por lo menos durante un minuto o dos. Yo rebusqué bajo la chaqueta las billeteras robadas, agarré tantas como pude. Una mano débilmente intentó detenerme.

"No te muevas o te pateo de nuevo. Y otra vez. "

Su única respuesta fue un gruñido. Metí las carteras en mi chaqueta como él las tenía en la suya luego me alejé rápidamente.

Mientras llegaba a la esquina, brevemente miré hacia atrás. Todavía estaba en el suelo.

Seguí caminando, moviéndome tan rápido como pude, sin correr. Yo no quería correr con un montón de carteras robadas.

Está bien, no soy perfecta -tuve una breve discusión conmigo acerca de quedarme con el dinero. Había una alta probabilidad de que la señora Yo-cambié-de-opinión fuera lenta, muy lenta para pagarme, pero tenía otros casos y algunos de facturación activa. Tal vez sería suficiente para cubrir las cuentas.

Había una estación de bomberos en la esquina de Frenchmen y Esplanade, cerca del río. Pero los bomberos harían preguntas. Había un lugar donde proveían los servicios de VIH cruzando la calle Yo arrojé las billeteras detrás de su puerta de hierro. Perfecto. Los bienhechores harían lo correcto.

Hay ventajas de ser mujer. Nadie presta mucha atención cuando estás de pie delante de un lugar cerrado y tiras cosas a través de la abertura de la puerta. Al menos cuatro grupos diferente de personas caminaban cerca pero ninguno de ellos me miró.

Me dirigí hacia el barrio en busca de alimento.

Enfrentarme a ese chico había sido una gran estupidez. Lo que me asustaba era que no me arrepentía.

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Capítulo Dos

Encontré un rincón tranquilo en un lugar de pizza en Decatur. Mi plan era conseguir algo para llevar y regresar a casa. Pero la casa no me llamaba, me di cuenta de que quería las distracciones de las luces, observar a la gente pasar, el ritual de hojear un menú, la espera por la comida. También quería un montón de tiempo para que el estúpido ladrón se levantara y se fuera a casa. La mayor parte de las otras mesas eran parejas o grupos. Eran bulliciosos, gente que andaba de fiesta.

Yo estaba sola en mi pequeño mundo. Alimentos, entrar en calor, era lo único en lo que pensaba. Y tal vez no hacer nada estúpido en el camino a casa.

Por lo general, traigo un libro, pero esto no fue planeado, así que no estaba preparada. Me d cuenta que si no tengo algo para distraerme, fácilmente caigo en el modo de investigadora privada, mirando cuidadosamente, tratando de encontrar la pista en la habitación. Entonces tengo que recordarme a mí misma que sólo estoy aquí por una pizza, no para corregir los errores del mundo.

Revisando el menú, ni siquiera me molesté en mirar las ensaladas. Esta noche era comida cómoda: queso, grasa, carne y pasta. Añadí champiñones por el pepperoni y queso extra. Eso cuenta como mi vegetal de la noche.

Eché un vistazo alrededor de la habitación -tres parejas homosexuales, cuatro heterosexuales, una chica en su noche de fiesta, dos grupos de hombres a la caza, lo suficientemente joven como para ni siquiera fijarse en mí, un par de grupos mixtos. En su mayoría lugareños, ya que éste era el otro extremo del barrio, lejos del bullicio turístico de la calle Canal. Un grupo de cinco estaba sentado a mi lado, tomando las sillas extra de mi mesa.

Yo los inspeccioné por costumbre, tres hombres y dos mujeres. Un grupo de trabajo o socios. Una de las mujeres era mayor que los hombres y llevaba un traje pantalón sencillo, del tipo que se viste para una conferencia. La mujer más joven se sentó a su lado en la banqueta, con su chaqueta marcando el espacio entre nosotros. No estaban en una cita, ni eran locales por sus acentos. La mujer más joven me dirigió una mirada de soslayo, como si pudiera ser una amenaza para su chaqueta de cuero.

Cambié mi mirada lentamente, como si estuviera sólo mirando alrededor del restaurante y a nadie en particular. La prisa fue notable. La mantuve lo suficiente en la periferia de mi visión para saber cuándo se volvió hacia sus compañeros.

Entonces me recordé a mí misma que estaba aquí sólo por la comida y el calor. Eran extraños que nunca volvería a ver.

Ignorándolos, me distraje con el juguete de la era moderna, el teléfono, como si hubiera algo más vital que el clima de mañana.

Tengo que admitir que después de ver las temperaturas en Dakota del Norte, me sentí much más cálida. Nuestra temperatura más alta de mañana sería más bien congelante, ellos estarían cálidos solamente comparados en comparación con cero Kelvin.

La comida fue colocada en frente de mí. El queso derretido y empalagoso no resuelve todos los problemas del mundo, pero soluciona los del estómago. Desenredé los hilos de mozzarella y deslizó un trozo humeante en mi plato.

"Wow, eso huele bien", dijo la mujer en la mesa de al lado. Ella estaba comentando sobre m pizza, pero no me hablaba a mí.

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Si tú comentas sobre mi comida, yo miro hacia ti. Tomé un bocado y miré en su dirección. Ella no era tan joven como parecía, mediados a finales de los treinta años, incluso unos bien conservados cuarenta años. Su cabello no era gris, así que supuse que se lo teñía. Era rojizo castaño, probablemente muy cerca de su color srcinal. Ojos verdes, resaltados por su jersey verde oliva. Un puñado de pecas sobre la nariz y las mejillas, piel clara. Su nariz pequeña no se equilibraba perfectamente con su boca, que era un poco demasiado grande para su cara.

"Lo siento", le dije. "Trataré de mantener mis aromas para mí misma."

Ella se volvió hacia mí y me sonrió. Tenía una gran sonrisa. Las líneas de su sonrisa en sus ojos habían ganado.

"No es tu culpa", dijo. "Si no fuera la tuya, sería otra pizza. Y no vine a Nueva Orleans para come calorías en algo que puedo conseguir en cualquier parte".

"Esta no es exactamente una ciudad italiana," añadió uno de los hombres más jóvenes.

Consideré corregirlo -no era Cajun quien inventó el sándwich muffuletta. Hubo un tiempo en que, el barrio francés era una zona degradada de la ciudad, tan llena de inmigrantes sicilianos era conocida como Pequeña Italia. En un capítulo oscuro de la historia de la ciudad en 1891, onc hombres italianos fueron sacados de la cárcel y linchados después de ser absueltos por el asesinato del jefe de policía. Fueron los inmigrantes no-estadounidenses de la época.

Volví a mi pizza y el tan interesante clima en mi teléfono y los dejé con sus mitos turísticos. Justo cuando la camarera me estaba entregando una caja para llevar, uno de los hombres de la mesa vecina dijo: "Una escopeta en el estómago resolverá eso ".

"Mel, baja la voz", dijo la mujer mayor. "Este no es el lugar para hablar de cosas como esas. " Un par de botellas de cerveza delante de él explicó su boca floja.

Me concentré en meter la pizza en la caja, como si no hubiera oído nada fuera de lo común. Una mano se posó en mi antebrazo.

"No es lo que parece", me dijo la mujer más joven. "No estamos tramando un asesinato." "Así que, mis restos de pizza están seguros?"

"No puedo prometer eso. La ensalada en realidad no está hecha para mí." Ella sonrió con esa hermosa sonrisa suya.

"Eres bienvenida a tomar una rebanada", le dije. Le devolví la sonrisa, era difícil no hacerlo. "A Mel le gusta pensar como un criminal. Él dice que le ayuda a saber lo que ellos hacen ". "Son policías?", Le pregunté. No los había catalogado como profesionales, imaginé que estaban en la ciudad para una convención de cirugía plástica. Si esto hubiera sido algo más que comer pizza -como un verdadero caso- habría sido un desliz importante.

"Inmigración". "Yo nací aquí".

Ella se echó a reír. "No te preocupes, no estoy trabajando. Y aunque lo estuviera tendría que tener una causa probable. Comer pizza a mi lado no califica ".

¿Ella estaba coqueteando conmigo? O sólo cayendo en las maneras amigables de Nueva Orleans donde hablas con la gente en la calle como si te conocieran toda su vida? E incluso si lo estuviera, era la última cosa que necesitaba. Yo estaba sobre mi cuota de estupidez del día. Y del año.

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"No, estamos trabajando." "Pero ustedes no son de aquí." "Conoces a todo el mundo por aquí?"

"No, pero sus ropas no son las adecuadas. Sus chaquetas y suéteres son demasiado gruesos para el clima local. Dudo que puedan comprar nada de eso aquí. "

Ella me dio una mirada evaluadora. "Increíble. Te das cuenta de esas cosas? " "Gajes del oficio. Me pagan para darme cuenta y es difícil apagarme". "¿Cuál es tu ocupación? ¿Y por qué darse cuenta es gajes del oficio? "

Saqué mi licencia de investigadora privada. Ella la tomó de mi mano, dejando que sus dedos rozaran los míos.

Después de mirarla por un momento, ella dijo: "Eres local?" "Esta es la chaqueta más gruesa que tengo."

"Asumo que es un sí." Ella me dio otra mirada, menos coqueta y más apreciativa. "Podríamos usar un poco de ayuda local. "

"¿No deberían los chicos fronterizos hacer la jugada?"

"Ellos deberían", dijo suavemente, "pero no les gusta pensar que este puerto es el tamiz que nosotros pensamos que es. Todo se junta, drogas, bienes robados. Tráfico de personas ".

"¿Es eso en lo que están trabajando?"

"Sí, eso es lo que nos trajo aquí. Dispuesta a ayudar? " "No puedo ir a los lugares donde ellos pueden."

"En realidad pagaremos por tu tiempo," dijo con otra sonrisa deslumbrante. "No estamos pidiendo un favor."

"Menos mal. Creo que usé mi cupo de favores el día de hoy." A los policías locales no les gustan los detectives privados en su territorio. Especialmente los policías estúpidos y / o corruptos. Y no estaría de más mantenerme alejada de las mujeres con ojos bonitos.

La camarera me entregó la cuenta. Era una noche muy concurrida y ella necesitaba la mesa otra vez. Puse suficiente dinero sobre la mesa para cubrir la factura y dejar una propina generosa.

Me levanté para irme.

Ella puso su mano en mi brazo. "¿Cómo me pongo en contacto contigo?"

Tomé una tarjeta de visita de mi cartera y se la di a ella, luego salí a través del restaurante lleno de gente.

Tal vez ella llamaría, tal vez no.

Tal vez yo quería que lo hiciera. Y tal vez no.

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Capítulo Tres

El desayuno fue pizza fría. Tomé dos bocados. Yo había estado bien en el restaurante. Una cerveza con la pizza. Pero para el momento en que llegué a casa, el viento de la noche me había enfriado y abrí la botella de whisky que me había prometido que no abriría, y tomé un trago. Y otro.

La pizza fría no me iba a cortar la resaca. Tal vez la grasa caliente ayudaría. O podía pretender que sería de ayuda con la esperanza de convencer a mi estómago revuelto.

Había llegado a odiar a los fines de semana. Durante mucho tiempo, había volado o conducido hasta Houston, sólo para regresar exhausta de la habitación de hotel más económica o por una espera impotente.

Entonces, de repente, eso se acabó. Los fines de semana se extendieron hasta el punto de la ruptura.

La única cosa que había aprendido es lo rápido que las cosas pueden salirse de control. Un paso en falso, un error que cae en cascada con consecuencias nunca esperadas.

Consecuencias que me dejaron aquí con la pizza fría y una resaca.

Y qué si era fin de semana? Yo trabajaba para mí, así que todavía podía ir a trabajar. Me puse una chaqueta -aunque no tenía ni idea de si todavía hacía frío. El cambio climático global había provocado devastadores huracanes -los más grandes- y los días de invierno podían comenzar con unos 70 grados y caer hasta los 30 o viceversa.

Una ráfaga de aire frío entró por la puerta al abrirla para salir. Y un sol radiante me hizo entrecerrar los ojos, incluso después de ponerme mis gafas de sol.

No había nadie, a excepción de un pequeño puñado de personas que parecían estar vestidas con todas las piezas de ropa que poseían. Es la forma en que nos ocupamos de las explosiones ocasionales de frío que se nos presentan. Mis amigos del norte -especialmente los odiosos de la región central que parecen vivir sólo para poder alardear de la cantidad de nieve que han paleado y vestir chaquetas de invierno cuando están por debajo de cero grados- se burlan de nuestros inviernos. Rara vez nos congelamos. Pero vivimos en un lugar diseñado para los veranos de baños de vapor. La alta humedad realmente no deja filtrar el frío en los lugares que deseas mantener el calor.

No había ningún caso importante llamándome a la oficina. Yo sólo quería la distracción de ir hasta allí, salir de la casa, algo para pasar el tiempo.

Por costumbre revisé el correo electrónico y el contestador automático, pero yo ni siquiera había conseguido otra llamada de la esposa molesta que no quería pagar la factura. Decidí ser optimista esperar que eso significara que pagaría.

Sin embargo, sólo para asegurarme de que todo funcionaba, llamé a mi número del trabajo desde mi teléfono celular. Eso ayudó a pasar un par de minutos más y demostró que el contestador estaba en plena forma. Suficiente correo electrónico no deseado me había llegado para saber que mi email seguía funcionando.

Estás aquí, podrías hacer algo, me dije. A menos que algo más estuviera presionando, me había hecho devota de dedicar al menos una mañana a la semana para aburrirme con el papeleo. Apestaba, pero no apesta tanto como tratar de ponerse al día después de un par de meses. Sin embargo, siempre hay más que hacer. Primero me puse al día con mi facturación –incluida la de la

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señora Esposa Enojada. Luego, las archivé.

Quité el polvo. Limpié el cuarto de baño. Salí y conseguí algo para el almuerzo. Comí lentamente mientras leía las noticias en línea.

Después barrí las escaleras hasta llegar a la planta baja, decidí que había trabajado lo suficiente por el día. Hora de hacer una lista de compras. Eso requería hacer búsquedas en línea para las recetas interesantes. ¿Qué hacíamos para pasar el tiempo antes de Internet? En realidad ir a la tienda de comestibles podía esperar. Todavía había una rebanada de pizza en casa, después de todo.

La mujer de la noche anterior no había llamado. Yo estaba algo decepcionada sólo porque yo deseaba la distracción. Cada parte de mí pensaba que era estúpido involucrarme en algo así. Mayormente lo que hago es encontrar personas desaparecidas -desde empleados que se han dado a sí mismos bonos no aprobados y un boleto a algún lugar cálido hasta padres que buscan a sus hijos fuera de control. Algunos de ellos se convierten en los casos de tráfico de personas, por lo general una adolescente fugitiva que conoce a la persona equivocada cuando baja del autobús. Mi papel es por lo general localizar al niño y hacer lo que pueda para conseguir que regrese con sus padres. O s los padres resultan ser parte del problema, llevarlos a algún lugar donde puedan obtener ayuda. Conozco unas cuantas trabajadoras sociales. Algunas veces eso incluye pagar la fianza de un niño con cargos de prostitución. Ahí es donde se pone complicado. Si estás vendiendo tu cuerpo, estás participando en el trabajo sexual, incluso si has sido forzado a ello, todavía estás violando la ley. Si llevo el caso a la policía, me arriesgo a que la persona que estoy tratando de encontrar sea arrestada y puesta en prisión. La mayoría de las veces he logrado resolverlo, sobre todo si puedo aportar pruebas suficientes de que ellos voluntariamente no eligieron esto. Pero hay idiotas por todas partes, algunos piensan que cualquier mujer en esa situación hizo algo para merecerlo. He tenido que pasar lo suficiente para tener cuidado de involucrar a otras autoridades además de los pocos buenos trabajadores sociales.Probablemente era algo bueno que la mujer con los ojos verdes no fuera seria. Trabajar con lo que yo creía eran los federales alrededor de los lugareños no era la mejor manera de hacer amigos e influir en las personas.

Por supuesto, desde que estaba en el modo de perder el tiempo, hice una búsqueda en línea para obtener información acerca de cualquier redada local que pudiera ocultar actividades de trata de personas. Hubo algunos casos, pero la mayoría de ellos eran de poca monta , un hombre tentando a una adolescente para que se prostituya. Louisiana había actualizado sus leyes en el 2005 para dar penas más severas a las personas condenadas por tráfico sexual. Pero no pude encontrar nada que indicara que Nueva Orleans era un importante centro de tráfico. Lo cual no quería decir que no lo fuera. Somos una ciudad portuaria y que siempre abre la puerta a más vicios. También somos una ciudad turística, con una reputación de una ciudad de fiesta para adultos. Alguien mucho menos cínico que yo podía adivinar que muchas mujeres son traídas a la ciudad para eventos como el Mard Gras.

Pero esos son casos sucios y no el tipo de cosas en las que se involucraría una detective privada solitaria.

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Capítulo Cuatro

El domingo pasó, cocinando y limpiando la casa y ejercitándome en el gimnasio. No abrí la botella de whisky. Tampoco la vertí en el desagüe.

El lunes por la mañana requería unos pocos recados, las cosas emocionantes que sólo se pueden hacer en días de trabajo, como ir a la oficina de correos. Me detuve y me compré una gran taza de café en un lugar local. Los lunes no se puede tener demasiada cafeína. Era un poco después de las diez, cuando llegué a mi oficina.

Me di cuenta de que la luz del contestador automático parpadeaba. Probablemente la Esposa Enojada se había tomado el fin de semana libre y empezaba la nueva semana de trabajo con la llamada de "yo no quiero pagar". Yo la ignoré, en su lugar me senté en mi escritorio a hacer cosas importantes como inyectarme cafeína y azúcar -por cortesía del croissant relleno de arándanos.Revisé mi correo electrónico mientras estaba comiendo y sorbiendo. No, yo no tengo disfunción eréctil, ni quiero chatear con sexys damas rusas.

Tiempo de la máquina contestadora.

"Hola, espero que no esté llamando demasiado pronto," dijo la voz de la máquina. Definitivamente no era la Esposa Enojada. Demasiado educada para ella. La hora, indicaba que había llamado un poco después de las nueve. La voz continuaba: "Tú podrías no recordarme, hablamos brevemente mientras las dos estábamos cenando. La pizzería?"

"Te recuerdo", le dije a la máquina.

Me ignoró y continuó: "Sería muy útil tener a alguien local en nuestro equipo. Me gustaría que nos reuniéramos y habláramos sobre eso". Ella dejó su número de teléfono. Luego añadió: "Oh, l siento, mi nombre es Ashley West. Siempre olvido lo fundamental".

Tomé más café. Devolverle la llamada o ignorarla? Involucrarme en algo profesionalmente no tan inteligente?

Cogí el teléfono y marqué su número. Ella contestó al primer timbrazo.

"Hola, soy Michele Knight, devolviendo tu llamada telefónica."

"Hey, es grandioso saber de ti." Su voz tenía la sonrisa que recordaba de la otra noche. "¿Qué puedo hacer por ti?"

"Tengo que admitir que no suelo abordar a las mujeres en los restaurantes", dijo ella. Coqueteando? Me pregunté. Ella continuó: "Pero yo estaba impresionada con lo que tú notaste, la forma en que observaste a la gente. Mi equipo es bueno, pero este no es nuestro patio trasero. Realmente necesitamos a alguien de aquí para asegurarnos de no perdernos en un pantano".

"Si no dice Audubon Zoo y ves un cocodrilo, corre."

"No hay compromisos, pero podemos reunirnos y hablar de ello?"

Hablar es barato, pensé. No hay nada malo en hablar con una mujer de hermosos ojos verdes. "Claro, podemos reunirnos en mi oficina, si quieres. A menos que prefieras otro lugar." Ir a su habitación del hotel parecía un poco arriesgado. Mi oficina ha visto su parte justa de la escoria de los bajos fondos. Teniendo en cuenta lo lejos que estaba el centro, incluso tendría tiempo para limpiar hasta que ella llegara aquí.

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estoy aquí".

A pesar del muy reciente croissant, rehíce mi estómago. Podríamos quedar para comer.

Acordamos reunirnos, dándome tiempo para digerir el tardío y saludable desayuno. Nosotras, sobre todo yo, escogimos un lugar en el Marigny en la calle Frenchmen, cerca del Barrio Francés.Se estaba volviendo un poco sofisticado para mi gusto, pero sería bueno mostrarlo a una forastera.

Para pasar el tiempo, hice un poco más de búsqueda en Internet sobre el tráfico de personas. Pronto Nueva Orleans sería el caos, no sólo por el Mardi Gras, el Super Bowl también sería jugad aquí. Encontré un par artículos donde decía que la policía pensaba que estos dos eventos podían causar un aumento en la prostitución. Sí, el Papa usa un vestido?

Eso añadió un toque de legitimidad a esto. Era posible que más de los habituales tipos de seguridad estuvieran husmeando en este momento. Además correr detrás de la brigada anti vicios podría no ser glamoroso –quien quiere decirle a alguien en la ciudad de las fiestas que algunas fiestas no están permitidas?

E incluso si se trataba de una tarea yo podría decir que no al final, el sol brillaba y yo tendría la distracción de almorzar con una mujer guapa que parecía estar coqueteando conmigo.

Excepto que yo no estaba segura de si quería que ella coqueteara conmigo. Tal vez eso era una complicación demasiado grande.

Para, me dije a mi misma. Yo estaba perdiendo el tiempo y la energía y la angustia en un almuerzo de negocios. Preocúpate por cosas que si realmente suceden. Hasta entonces, disfruta del paseo. Puedes bajarte en cualquier momento que desees.

Ella no iba a coquetear delante de sus compañeros de trabajo y era una buena apuesta que habría por lo menos algunos de ellos a lo largo de esto.

Salí un poco después de las 12:30. Debió ser suficiente tiempo, pero incluso en un lunes frío, aparcar en esa parte de la ciudad podía ser un reto.

Los dioses del aparcamiento eran las perras típicas que yo esperaba. Unas cuantas vueltas a la cuadra me hicieron desistir del aparcamiento gratis y me planté en un parquímetro. Me consolé diciéndome que era un gasto de negocios y podría declararlo.

Me olvidé de mi enojo por el aparcamiento cuando la vi de pie en la esquina. Sola. Tal vez el resto de su equipo ya estaba en el restaurante.

Ella sonrió cuando me vio. Incluso me saludó. Le devolví la sonrisa. El sol estaba brillando.

"Hey," dijo mientras me acercaba. "Me alegro de que hayas podido venir en tan poco tiempo." "Los lunes no son mis días ocupados. A los malhechores les gusta dormir hasta tarde de su desenfreno del fin de semana".

Segura detrás de mis gafas de sol, le di una buena mirada. El brillante sol era más revelador que la luz de la tarde. Definitivamente mediados a finales de los años treinta, tal vez incluso los cuarenta años. Había indicios de líneas de su sonrisa en sus ojos, un leve pliegue en su frente. Lo suficiente mayor para conocer los matices de cómo dejar caer pistas de Interés -si ella estaba coqueteando era porque tenía la intención de hacerlo. Ella era de estatura mediana, varios centímetros más baja que yo, probablemente cinco o seis. Cabello corto, justo por debajo de las orejas. El sol sacó el brillo en su espeso cabello rojizo. Piel clara, las pecas resaltadas por el sol, salpicadas a través de la nariz. Una

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gran sonrisa.

"Entonces tengo que apreciar tu pereza." La luz brillante sacó toques de amarillo-oro en sus ojos verdes. "Qué es bueno por aquí?"

"¿Qué te apetece?", Le pregunté. Era un hermoso día, un poco de coqueteo no podría lastimar. "Es Nueva Orleans. ¿Cuáles son mis opciones? "

"¿Nos reuniremos con el resto de tu equipo?"

"No, sólo nosotras. Tuvieron un poco de fiesta anoche y están descansando hoy". "¿Cómo es que sobreviviste?"

"Mejor constitución, supongo. Y no tan tonta como para mezclar mis bebidas".

"Un movimiento inteligente." Le di una lista de los posibles lugares de comida. Ella no había probado una ostra po-boy aún, de manera que nos decidimos por eso.

Al mirar el menú ella dijo: "¿Pensarías que soy decadente si tomo una cerveza con el almuerzo?" "No. Esta es una ciudad con bares las veinticuatro horas. Incluso las monjas toman cerveza con el almuerzo." Me daría una excusa para tomar una también.

Ella no parecía tener prisa para ir al grano; hablamos sobre qué hacer y ver en Nueva Orleans, lo detalles superficiales de nuestras vidas. Sí, yo crecí aquí. Ella era del estado de Nueva York, pero creció por todas partes, familia militar.

Después de que nos habían servido los alimentos -ostras po-boy y Abita Ámbar- y comido un buena parte de ella, le pregunté: "Entonces, ¿cómo crees que te puedo ayudar?"

"Hay un montón de maneras en que podrías ayudarme," dijo ella, tomando un sorbo de cerveza, "pero yo supongo que deberíamos comenzar con lo profesional". Metió la mano en su bolso y sacó una foto. Sin decir nada, ella me la dio.

Era pequeña, blanco y negro, de una chica joven. Se veía feliz, sonriente, en el límite de la infancia. No dije nada, haciendo una pregunta con mi cara."Kimmie Fremont. Vista por última vez por su madre cuando tenía trece años. Ella debe tener alrededor de diecisiete ahora." Otro sorbo de cerveza. "Si ella todavía está viva."

"Nunca la encontraron?" En realidad no era una pregunta, era más para mover la conversación. "No. Todavía no. Pero ... aun cuando los años pasan y tú sabes que es probablemente imposible, conservaré su fotografía para recordarme a mí misma que debo seguir buscando".

"¿Hay alguna posibilidad que ella esté aquí?", Le pregunté.

"No, no hay razón para pensar así. Era de un lugar cercano a donde yo nací. Algunos pueblos más adelante. Eso hace que sea más personal. Yo recorrí las calles que ella pisaba. Podría estar en cualquier parte, pero es más probable que ella fuese traficada hasta una de las grandes ciudades -Nueva York, Boston".

Le devolví la foto. "Entonces, ¿con quién estás?" "¿Con quién estoy?"

"¿Qué agencia?"

"Ah, pensé que me estabas pidiendo tener una cita." "Poco personal para el almuerzo y sólo una cerveza."

"¿Deberíamos tomar otra cerveza?" Preguntó. Luego continuó: "Equipo multidisciplinar. Estamos con varios organismos diferentes".

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"Deseas centrarte en negocios, ¿verdad?" Ella me dio una sonrisa torcida. Le devolví la sonrisa. "Dejar las cosas aburridas fuera del camino."

"Me gusta una mujer que puede mantenerse concentrada. Estoy con I CE-US. Inmigración Cumplimiento de Aduanas. Otros miembros del equipo son del FBI, Servicio Secreto, DEA y ATF".

"Servicio Secreto?"

"Fraude y delitos monetarios. Ellos se iniciaron srcinalmente para hacer frente a la falsificación de dinero. Estamos rastreando una red bastante grande, principalmente el tráfico de personas, pero el contrabando a menudo sigue el mismo camino, por lo que es probable que tropecemos con alcohol, drogas, armas ilegales, y billetes falsos de cien dólares".

"Suena como una gran operación. ¿Por qué involucrar a una pequeña detective como yo?" "Porque no estamos seguros si podemos confiar en la policía local."

"Tengo algunos amigos en el cuerpo policial, puedo dar fe de ellos y si lo deseas--"

"No", me interrumpió. "Esto tiene que ser lo más silencioso posible. Realmente apreciaría que no hablaras con nadie aparte de mí o de mi equipo".

"Está bien", le dije lentamente. "Explícame por qué dejas entrar -a una extraña que conociste en un bar- pero no a los policías locales?"

Ella me miró bruscamente, como si no estuviera acostumbrada a ser interrogada. Hacer preguntas menos que educadas es mi pan de cada día, así que si ella me quería dentro tendría que acostumbrarse a ello.

"Confía en mí, fuiste investigada a fondo antes de concertar ésta reunión. Tú eres lo que estamos buscando. Una buena e inteligente detective privada, alguien que ha estado trabajando aquí por un tiempo y conoce la ciudad, lo suficiente independiente y obstinada para hacer lo correcto, no implicada en la escena local".

"Y puedo desviar las balas con mis pulseras." Por su mirada confusa dije, "Mujer Maravilla.Uno de sus súper poderes".

"Ah. Ha pasado un tiempo desde que vi comics. Sería un buen poder". "Así que, ¿qué quieres de mí?"

Ella me dio una larga mirada de evaluación, una que decía que ella tenía más que un interés profesional.

"Muéstranos el lado de la ciudad que los turistas no ven. ¿Dónde están los lugares para encontrar lo que estamos buscando?" Ella cubrió mi mano con la suya. "No te preocupes, no te vamos a poner en peligro".

"No estoy preocupada por eso. Yo puedo cuidar de mí misma."

Ella retiró su mano, tomó un sorbo de cerveza, y dijo: "Es bueno saberlo. Aun así, nos dejas el trabajo sucio a nosotros ".

"Suena como un buen trato."

Terminamos nuestras cervezas y trabajamos en los detalles –cuánto tiempo ellos podrían necesitar, cuánto cobraría y cuándo comenzar.

Mañana.

El almuerzo había terminado. Ella tenía que ir a algún lugar.

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su cabello.

Éste caso es fácil, pensé mientras volvía a mi coche. Un poco de turismo de los lugares de menor interés turístico. El dinero era decente. No tenía otros casos que necesitaran atención.

Y tal vez ya era hora de salir de mi amargo y cínico estado: el-amor-es-simplemente-cuatro-letras. Yo juré que nunca me iba a enamorar de nuevo, nunca involucrarme con alguien, nunca, nunca permitir que lastimaran mi corazón.

Yo no estaba planeando retroceder en ese juramento. Ella no era de aquí. Podríamos tener una pequeña aventura agradable y luego ella se iría por su camino y yo por el mío.

Por lo que sabía, su aparente coqueteo no era más que otra manera de obtener mi cooperación, sólo parte de su trabajo y algo que pudiera dejar de lado cuando se fuera a casa. Ella había sido vaga acerca de su vida personal. Tal vez había dos niños gritando y un marido en segundo plano.

Este es sólo un trabajo, decidí. Sería su decisión si llegaba a ser más que eso. Entré en mi coche. Por lo menos el sol todavía brillaba.

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Capítulo Cinco

Mayormente en invierno la temperatura se acerca a los cuarenta. Hoy ha sido un día así. Mis amigos del norte se ríen y nos llaman cobardes, pero la alta humedad pone un frío penetrante en el aire y las casas diseñadas para mantenerte fresco en el verano no son buenas para mantener el frío afuera. Lo que significa que no puedes entrar en calor en el interior o en el exterior. Tal vez en el coche, después de que enciendes la calefacción.

Tuve que forzarme para salir de la cama, cerrando la puerta del cuarto de baño mientras me duchaba para mantener el escaso calor adentro.

No era un día propicio para llevar a las personas en un recorrido por la parte inferior de la ciudad, pensé mientras me vestía a toda prisa.

Corrí a través de la lluvia hasta mi coche. El dinero era un problema. Ella me había dejado la casa -y la hipoteca. Tomado la mitad de nuestra cuenta conjunta--y los gatos. Pero -yo terminé en el mismo lugar, deseando desesperadamente estar enojada, y sabiendo que a lo mejor, ninguna de nosotras podría haber cambiado nada. En el peor de los casos, yo fui quien falló.

Era más fácil concentrarse en conducir bajo la lluvia. Yo tenía un trabajo que hacer y gente que me distrajera.

Habíamos acordado reunirnos en el parque Audubon. Yo no lo pedí. Era su gira. Tal vez alguien quería correr bajo la lluvia.

Llegué primero allí. Supongo que el trotar había sido cancelado debido al mal tiempo.

O tal vez ellos se habían perdido. Nueva Orleans es una ciudad labrada y retorcida por el rí Mississippi, y sus contornos se muestran en nuestras calles.

Eché un vistazo a mi reloj. Eran las 10:15. Nuestra hora de la reunión era a las diez, bastante tarde por la mañana. Tal vez estaban tomando ventaja de estar en el campo, y -en el cumplimiento de su deber, sin duda- chequear los lugares donde los traficantes de sexo podrían pregonar sus mercancías, como Bourbon Street. En lo que a mí me concernía, yo había sido puntual, y al sentarme a esperar estaba ganando dinero.

A las 10:25, un todoterreno negro se detuvo junto a mi coche. La ventana del lado del pasajero bajó y Ashley apareció. Las ventanas estaban tintadas y yo no podía distinguir a los demás en el coche.

Bajé mi ventana.

"Perdón por llegar tarde", ella dijo. "Quedamos atrapados en el tráfico."

"Está bien, he estado sentada aquí disfrutando del clima.", Haciendo acopio de una sonrisa. "¿Por qué no me uno a ti en tu coche y podemos seguirte por ahí?"

"Lo que más te convenga."

Ella salió y uno de los hombres tomó su lugar en el asiento delantero del pasajero. La mujer de más edad que había visto en el restaurante estaba sentada en el asiento trasero. No se hicieron presentaciones. Ya fuera por el clima o porque eran unos Yankees descorteses.

"Maldición, hace frío," Ashley dijo mientras se deslizaba en mi coche.

"Cuando baja la temperatura una ciudad húmeda se vuelve fría" ella era una forastera; decid dejarla entrar en nuestros secretos. "Estamos rodeados de agua. El río, por un lado, el lago hacia el norte, los pantanos en el este y el oeste. La humedad es una constante. Hace más calurosos los

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veranos y los días frescos los vuelve fríos en el invierno".

Ella se estremeció mientras se abrochaba el cinturón de seguridad. "¿Qué estás interesada en ver", le pregunté.

"¿Qué crees que deberíamos ver?"

"Dame una pista sobre lo que te gustaría. ¿Quieres un recorrido general de la ciudad con m cínico comentario, o hay algo en lo que te gustaría centrarte?" Sonreí mientras lo decía, pero sentada en mi coche en el frío no era un gran comienzo para el día.

"Apenas lo suficiente", dijo ella, sonriendo con una pizca de disculpa. Ella tenía una sonrisa agradable. "¿Qué hay de las partes aburridas, aparentemente normales ".

"Serían los suburbios."

"Ah, no hay interés allí. ¿Qué tal una excursión cínica en general con un paseo por los sitios conocidos para el tráfico de sexo?"

"¿Quieres incluir la residencia suburbana de uno de nuestros senadores? Aunque los rumores son que prefiere los burdeles del Barrio Francés".

"Saltémonos los suburbios. Quedémonos con la ciudad por hoy. Sé educada, ellos están escuchando" Ella tomó su teléfono celular de su bolso, lo puso en el altavoz, y llamó a alguien en el otro coche.

Tiempo para ser una guía turística. Puesto que ya estábamos en la parte alta de la ciudad, empecé con un paseo alrededor de Tulane y Loyola, pasando por las casas de fraternidad en Broadway (sí, Nueva Orleans tiene un Broadway). Desde allí hasta la calle Oak por todos los restaurantes. Sí, ellos querían ver las áreas de tráfico sexual, pero tenían que comer, también. Además yo quería que vieran las cosas buenas de Nueva Orleans, es fácil ver el lado sórdido de l ciudad -cualquier ciudad- si eso es todo lo que se exhibe.

"Esta es más una zona de drogas", le dije mientras girábamos en la calle Oak y conduje a travé de Holly Grove, un pobre enclave en la avenida Carrolton.

"Wow, algunas de estas casas son muy pequeñas", dijo Ashley. Ella estaba mirando una casa angosta, tal vez a lo sumo cuatro metros de ancho.

"Una sencilla. Hubo un tiempo en que los impuestos a la propiedad se basaban en cuán grande era la parte delantera de la casa. Así que las casas se hicieron largas y angostas. Muchas de ellas son dobles -dos casas separadas construidas como una sola. Mi actual casa solía ser de tres metros por veinticinco metros antes de que la convirtiéramos en una sola".

"¿Nosotros? Tienes una pareja? "

"Tenía. A tu derecha es donde obtenemos nuestra agua potable. Viene del Mississippi ". "¿Debería beberla?"

"Tú puedes". "¿Y tú?"

"En su mayor parte no. Tiene más que ver con el Katrina que con el Mississippi. Había tanto daños en las tuberías que tuvieron que mantener la presión lo suficientemente alta para evitar cualquier flujo entrando por las partes rotas".

"Eso no suena bien."

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ahora. Pero... Bueno, volviendo al tour. Estamos cruzando Claiborne, y en una o dos cuadras s convierte en la autopista Jefferson en el límite del distrito".

"Distrito?"

"Tú lo llamarías un condado. Nosotros vamos camino al Código Napoleónico, por lo que aquí so distritos. Este lado es Orleans, ese lado es Jefferson".

"Más conocido como los suburbios."

"Sí. Pero no te preocupes, no iremos allí." Corté por las calles secundarias para darles una idea del barrio.

"Muchas casas con puertas y ventanas cubiertas con tablas. Wow, sostenidas por las enredaderas", dijo, señalando a una casa inclinada con la enredadera verde cubriendo la mayor parte del techo. "¿Se inunda aquí?"

"Se inundó la mayoría de los lugares. Sólo el área cerca del río no se inundó. Los vecindarios adinerados se recuperaron. Otros todavía están luchando".

Rodamos en silencio durante unos minutos, dejándola mirar las pequeñas casas, algunas limpias y ordenadas, flores en el jardín. Otras estaban cayendo a pedazos, patios cubiertos de maleza, la pintura desvanecida. ¿Qué derecho tenemos a observar y juzgar vidas que nunca viviremos?, me pregunté mientras conducía.

"Mucha gente no pudo regresar", dije en voz baja. "El lugar en el que vivieron toda su vida, desechado por las fallas en los diques, volaron a otro lugar, Houston, Atlanta. Encontrándose apenas de pie allí y sin tiempo y dinero suficiente o la esperanza de volver aquí. Si tienes un trabajo en Houston y puedes apenas pagar el alquiler allí, la casa de aquí se quede atrás".

Ella me tocó la mano. Brevemente, un pincel de punta de los dedos, y luego tomó el teléfono celular en esa mano, como si nos recordara que el otro coche todavía estaba escuchando.

"Bulevar Earhart. Es una de las principales vías a través de la ciudad ", le dije mientras salíamos de la calle a un camino ancho. A partir de ahí me enganché a la izquierda en Carrollton, otra de la calles principales, teniendo cuidado de ir lo suficientemente lento para no perder el todoterreno.

Señalé el principal interés, Universidad Xavier, una de las pocas universidades Católica históricamente negra, el desorden de la I-10.

Tomé a la derecha en la avenida Tulane.

"Ahora estamos oficialmente en un lugar de trabajo del sexo. El área está cambiando," dije en voz lo suficiente alta para que la gente en el teléfono celular escuchara. "Es un área de desarrollo hay una serie de nuevos edificios, incluyendo residencias, pero siempre ha sido conocida por los hoteles baratos y damas de la noche desempeñando su vocación". Señalé con mi dedo a una mientras pasábamos. Había demasiado llovizna y luz del día para que hubiera mucha acción.

Cerca de Tulane y Broad señalé la prisión distrital de Orleans y los edificios de los tribunales. "Creo que he contado al menos cinco moteles", dijo Ashley.

"Como puedes ver, esta no es una parte pintoresca de Nueva Orleans." "Y supongo que no está cerca del barrio francés."

"No tan lejos, en realidad. Un poco de caminata, a unos dos kilómetros, pero se puede ir andando de aquí para allá. La mayor parte del resto de Tulane se ha convertido en una obra de construcción, están construyendo dos grandes instalaciones médicas aquí, el nuevo hospital y el reemplazo del Hospital Charity", le expliqué mientras continuábamos hacia el río. Los moteles de

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clase baja estaban en su salida.

La avenida Tulane también es conocida como la autopista 61, famosamente construida por Hue Long como una ruta directa desde el capitolio en Baton Rouge hasta su bar favorito en Nuev Orleans. Literalmente termina a media cuadra del Hotel Roosevelt y su conocido bar.

Hice un giro a través del CDB, también conocido como el Distrito Central de Negocios, bajand Poydras con sus altos edificios, a continuación, giré a la derecha y conseguí echar un buen vistazo al casino. Convenciones y casinos probablemente rozaban con el comercio sexual, al menos cuando los bibliotecarios estaban en la ciudad, más con los bautistas -quién lo hubiera imaginado. A continuación, una rápida vuelta en U para regresar al vecino Distrito de Warehouse, más cerca del río y de una sección vieja, lo adivinaste, almacenes que habían sido convertidos en condominios, en restaurantes de moda y bares.

El regreso en coche había sido bastante tranquilo, tanto que estaba empezando a sospechar que habían apagado el teléfono y hablaban entre ellos -pero después que pasamos el Museo de la Segunda Guerra Mundial ellos preguntaron por el almuerzo.

Eché un vistazo a mi reloj. Era cerca de la una de la tarde. Yo estaba empezando a tener hambre. "¿Qué les gustaría?" Le pregunté al teléfono celular.

Escuché un revoltijo confuso de respuestas, que iban desde hamburguesas hasta cocodrilo. En otras palabras, a menos que se tomaran en serio el cocodrilo, dependía de mí escoger un lugar que satisficiera a todos. Le pedí ayuda a Ashley.

Ella miró el teléfono. Les pidió que repitieran. Las mismas respuestas con algunas observaciones como "no donde comimos antes", "no demasiado caliente" o "algo local." Útil. No.

Ella se encogió de hombros.

"El aparcamiento es un dolor en esta parte de la ciudad, así que vamos más al centro. A unos diez minutos ", añadí para las masas hambrientas.

No es que importara, pero lo expliqué por qué iba por el barrio francés en lugar de a atravesarlo. Ashley asintió e incluso se rió de mis comentarios sobre los carruajes de burros lentos, calles de un solo sentido, turistas borrachos que no estaban seguros donde terminaba la acera y comenzaba la calle, turistas sobrios que parecían pensar que en un barrio histórico como el Barrio Francés n debería permitirse coches (apuesto que ellos estarían molestos si el camión de cerveza no conseguía llegar). "Y no me refiero a chicos de la fraternidad."

Luego llegó el momento de mostrarles otra área de trabajo sexual, la calle Rampart. Es la línea divisoria entre Treme y el barrio Francés, con un buen número de bares y algunos buenos negocios entre los bloques. Estaría ocupado más tarde.

Nos dirigimos al centro a un lugar en el Bywater, lejos de las hordas de turistas y la concentración de trabajadores en el CDB. Tenían praliné de tocino, eso haría felices a todos.

Mientras estacionábamos, Ashley puso brevemente su mano en mi rodilla y dijo: "Ésta es l verdadera razón por la que te contratamos, que nos diriges lejos de las trampas turísticas habituales." Fue un ligero y rápido toque. El todoterreno estacionó detrás de nosotros. Eran más de las 13:00, lo bastante tarde para que el restaurante no estuviera lleno.

Además del momento apresurado en el parque, cuando Ashley salió, esta era la primera vez qu podía ver quién había estado escuchando mi narrativa. La mujer de más edad, una mujer mucho más

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joven que no había visto antes, y dos de los tres hombres de la pizzería. La lluvia y el frío nos empujaron adentro antes de que nadie dijera nada.

Mientras esperábamos a que nos sentaran, le dije: "Hola, soy Micky", sobre todo a la joven, y que era la persona que nunca había visto antes.

Miró al hombre más joven antes de contestar: "Yo soy Sandy." Entonces ella lo miró de nuevo. "Olvidé que no hemos sido presentados adecuadamente", dijo Ashley. "Micky, éstos son Cara, John y Jack. Todos, Micky Knight, la persona que nos está salvando de almorzar en los lugare turísticos aburridos."

Todos hablaban a la vez, un murmullo de "Encantada de conocerte" (la mujer mayor, creo), "hola, cómo estás?'", todo en un murmullo confuso que podría haber sido cualquier cosa, desde "un gusto conocerte" a " Yo sé dónde Jimmy Hoffa está enterrado." Parecía ser una costumbre de ellos, no había jerarquía en las respuestas.La camarera nos llevó a la mesa.

Yo había estado allí antes, así que sabía lo que iba a pedir, pero los demás estaban hojeando sus menús. Los observé mientras lo hacían. Eran un grupo heterogéneo de servidores de la ley. La mujer mayor estaba probablemente a mediados de sus años cincuenta y lucía cada día de ellos. Tenía el pelo rubio ceniza, un trabajo de tinte que necesitaba un retoque. Ella tenía ojos tristes, casi perdidos en las patas de gallo y las bolsas bajo los ojos. Su cintura se había espesado, y ella no se movía, como si solo se sentara en un escritorio en el día y en frente de la televisión por la noche. Su voz era baja ronca, ya fuera por un resfriado o por años de fumar. Yo suponía que el trabajo de campo no era su tarea habitual, por lo que tal vez ella tenía algo de experiencia que la hiciera útil para que viniera. O tal vez ella estaba lo suficiente alto en la jerarquía para poder acompañarlos a los lugares que ella quería ir, como Nueva Orleans.

El hombre mayor, probablemente estaba a mediados de sus años cuarenta, y otra vez, se veía como alguien que necesitaba comer mucho más brócoli y menos hamburguesas y papas fritas. El músculo estaba empezando a recurrir a la gordura, pero todavía era un imponente hombre grande, como alguien que jugó su último partido hace diez años y ha pasado demasiado tiempo en los bares con sus ex compañeros de equipo. Su cabello corto era marrón, salpicado de manchas grises. Sus ojos eran oscuros, pequeños y estaban escondidos debajo de un pliegue de sus cejas. Su voz era un rumor sordo, un acento que arrastraba las palabras y podría haber sido de cualquier lugar, desde Filadelfia hasta Nueva Jersey. Si se tratara de una pandilla, él sería el músculo.

Los dos más jóvenes me fastidiaban. Casi leían como una pareja. Sandy estaba mirando por encima del mismo menú mientras Jack (¿o era John?) en lugar de leer el suyo. Incluso si eran novios, deberían mantenerlo fuera del lugar de trabajo.

O tal vez me estaba convirtiendo en el tipo de persona que en cualquier momento iba a empezar a gritar a los niños para que se mantuvieran fuera de mi jardín.

Jack (John?) era bien parecido. Grueso, cabello castaño ondulado, un poco largo y el estilo de punta que requiere mucho trabajo lograr a menos que despiertes con ese aspecto. Sus ojos eran de un color gris azulado, situados en una cara con una fuerte mandíbula y pómulos altos. Él tenía unos bien conservados veinte o treinta años. Yo suponía que Sandy estaba en sus tempranos veinte o incluso más joven. Su nombre hacía juego con su cabello marrón arenoso. Ella era convencionalmente bonita, y habría sido aún más bonita si no se esforzara tanto en ello, el exceso

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d e maquillaje, sus ojos eran casi un anillo negro de maquillaje. Sus cejas estaban demasiado depiladas, parecían arrancadas, no en forma. No había una sola arruga en su cara, un poco de grasa de bebé todavía en sus mejillas.

Como sospechaba, el praliné de tocino fue un éxito. Ashley y yo fuimos las únicas que no lo ordenamos, aunque Sandy sólo estaba compartiendo un pedido con Jack.

Cara, la mujer mayor, pidió una ensalada. Y el praliné. Como si ella supiera que tenía que mejorar su dieta, pero no pudiera lograrlo del todo. John, pidió una hamburguesa con papas fritas. Y una cerveza. Jack pidió un par de aperitivos, ostras y tomates verdes fritos, además del praliné. Sand pidió un sándwich vegetal, como para demostrar que ella siempre sería flaca y hermosa. O tal vez sólo le gustaban las verduras.

Ashley ordenó gumbo y una ensalada con camarones.

Yo tomé la ostra po-boy. Como las ensaladas en casa y guardo las cosas fritas para comer fuera.Tenía la esperanza de que hablarían sobre su trabajo aquí, pero la conversación derivó del clima a los deportes. Mayormente Jack y John hablaban, con Sandy escuchando atentamente, mientra Cara chequeaba los mensajes de su teléfono. Yo estaba sentada entre ella y Sandy y ninguna de las dos parecía dispuesta a charlar conmigo.

Ashley estaba al otro lado de la mesa junto a John. Él habló más y más fuerte, por lo que sólo consiguió decirme un par de comentarios a mí, sobre todo acerca de la comida. Nuestra conversación más sostenida fue sobre el clima y cuándo podría entrar en calor.

Me recordé a mí misma que éste no era un almuerzo con amigos, me estaban pagando. También me recordé a mí misma que yo estaba viendo más el lado social que el lado profesional de estas personas. Tal vez eran expertos en lo que hacían y muy competentes cuando necesitaban serlo. Hasta ahora no estaba impresionada, pero poco importaba lo que yo pensara.

Me gustaba Ashley. Ella parecía inteligente y agradable. Y era posible que porque a mí me gustaba ella, yo quería estar haciendo algo además de ser chaperonada por otros cuatro compañeros de trabajo. Yo quería hacer más preguntas sobre quiénes eran y cuál era su propósito aquí, pero entendía que la charla banal sobre el clima y los deportes podría ser más apropiado en un lugar público.

Y tenía que admitir, yo quería hablar de negocios para demostrar que sabía lo que estaba haciendo, para lucirme. Para probarle a Ashley que había acertado al contratarme. El trabajo era lo que me sostenía, los pequeños triunfos al resolver un caso, encontrar a una persona que otros no lo hicieron, los elogios de mis clientes. Quería ver la admiración en sus ojos. Me castigué a mí misma, no es que me importara tanto, lo necesitaba mucho. Aparte de los Saints, no me importa much mantenerme al tanto de los deportes y habíamos agotado el tema del clima. Era probable que lloviera mañana también, pero más seco y cálido durante el fin de semana.

Cara pagó la cuenta, usó dinero en efectivo. Recordé tomar el recibo por ella, estaba ya a medio camino de la camioneta cuando la alcancé.

Ella y John decidieron que tenían suficiente del paseo y querían regresar al hotel. Jack, y por lo tanto Sandy, todavía querían ver más de la ciudad. Así es que ellos y Ashley se amontonaron en m coche. Dado lo pequeño que era el asiento de atrás, era algo bueno que ellos fueran muy amigables. Puesto que ya estábamos bastante lejos del centro, los llevé a la Lower Ninth Ward. Por debajo

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del Canal Industrial. Su lado del dique falló durante el Katrina y el agua de otros canales más bajos también fluyó adentro, haciéndola una de las zonas más destruidas en la ciudad.

No era una zona de tráfico sexual, había sido un barrio de clase trabajadora antes de la tormenta, y todavía estaban luchando para recuperarse. Yo les llevé allí porque la gente debe ver y saber lo que sucedió; saber que se necesitan años y años después de que las cámaras se han ido para recuperarse.

Otra vez jugué a la guía turística, explicando dónde estábamos, lo que estábamos viendo. Jack parecía interesado, y tanto él como Ashley hicieron preguntas inteligentes.

Vi en el espejo retrovisor que él y Sandy estaban tomados de la mano. Más bien, Sandy estaba agarrándolo y él la dejaba hacer.

Después de Ninth Ward, los llevé de vuelta a través de Bywater en el Marigny.Conduje lentamente a lo largo de la calle Frenchmen, un lugar con una gran cantidad de bares restaurantes, lleno de gente como en cualquier fin de semana por la noche. Era más una zona local que turística, pero incluso los locales compran sexo.

Luego nos dirigimos a través del Barrio Francés y Ashley se dio cuenta que yo no estab exagerando (mucho) acerca de los carros tirados por burros lentos y los turistas borrachos. Sandy, incluso empezó a preguntar acerca de las tiendas y los bares en la calle Decatur. Ella preguntó s podíamos ir por la calle Borbón y yo tuve que decirle que si no estaba cortada al tráfico, había tanta gente deambulando -y borrachos tropezando- que era mucho más lento conducir que caminar.

Jack prometió llevarla allí esa noche.

Ellos se alojaban en uno de los hoteles cerca de la calle Canal. El tráfico era pesado. Tuve que meter mi coche entre dos taxis para poder dejarlos salir.

"Te llamaré," Ashley dijo mientras salía. Luego la bocina del taxi sonó y las palabras fueron inútiles.

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Capítulo Seis

Ya era bastante tarde en el día que no me molesté en volver a mi oficina y me dirigí a casa. Estaba más cerca de todos modos.

Después de entrar, miré mi teléfono. Ella dijo que me llamaría. No habíamos mencionado nada sobre el trabajo de nuevo. Tal vez esta excursión era todo lo que ellos querían, aunque no me hubieran pagado todavía. Yo metí el teléfono en el bolsillo y subí las escaleras hasta el dormitorio para ponerme unos pantalones de chándal y una camiseta -y lo más importante, ni sujetador ni zapatos.

Mantuve el teléfono conmigo, algo que no suelo hacer. Tengo tanto un celular y un teléfono de ca sa. M is amigos me conocen lo suficientemente bien como para saber que, a diferencia de la generación más joven, yo no mantengo mi celular unido a la cadera y que pueden llamarme al teléfono real. Sin embargo, Ashley sólo tenía mi número de celular.

Caminé hacia la cocina. Debería empezar la cena, pero me entretuve. Tal vez ella llamaría y quisiera salir a comer.

No, me dije, no la conoces lo suficiente como para preocuparte de esta manera. Si llama, llama. Me di cuenta que no se trataba de ella, sino de mí. Ashley era una mujer bastante agradable, pero hasta ahora no había nada excepcional o interesante acerca de ella más allá de un coqueteo suave. Y coqueteos leves son, para parafrasear, sólo coqueteos leves.

Era sobre mí. Yo estaba entre tiempos, a la deriva en el cambio, tanto es así que cualquier cosa que flotara cerca era algo a qué aferrarse. El verdadero interés por Ashley era que ella era alguien nuevo, alguien con quien podía dejar atrás el pasado y pretender que no había ocurrido.

Si tan sólo pudiera pretender eso conmigo misma. La tormenta de nieve no fue mi culpa.

El alcohol y olvidarme de poner mi alarma la noche anterior si lo fue.

Cordelia, la mujer que yo pensé que iba a estar para siempre conmigo, tenía cáncer. Nueva Orleans estaba todavía, incluso a muchos años de recuperarse del Katrina. Una de las áreas más afectadas fue la atención médica. Tomamos la dura decisión difícil de que ella no podía obtener el mejor tratamiento aquí, así que se trasladó a Houston.

Cuándo cambió? No podría decirlo, parecía un borrón.

Ella había heredado dinero, pero el tratamiento y la distancia lo recortaron rápidamente. Traté de aguantar, equilibrando mi trabajo y viajar para estar con ella. Ella era médica, aunque nunca se interesó en ser una altamente pagada; ella tenía un salario decente cuando estaba trabajando. Pero ella no estaba trabajando, y yo tuve que recortar los casos que podía tomar. Estar en Houston cada fin de semana hacía imposible tomar nada que no pudiera ser tratado en un horario de nueve a cinco. Eso recortó mis ingresos.

Parece tan trivial ahora, el dinero. Pero la verdad era que no había más que suficiente para estirar y satisfacer todas nuestras necesidades. El más importante, conseguir su mejor tratamiento, estaba cubierto. Pero eso dejaba los gastos diarios, desde la hipoteca hasta la comida para gatos y volar a Houston cada semana. Yo no estaba haciendo lo suficiente para cubrir todos esos gastos y era reacia a pedir ayuda a Cordelia porque necesitaba el dinero de la herencia para cubrir los gastos médicos. Tuvimos suerte, incluso teníamos unos cien mil en el banco, un fondo de emergencia, pero me

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resistía a tocarlos una vez que vi lo rápido que sumaban las facturas, y los costes adicionales inesperados. Entre mi viaje y sus gastos médicos, fácilmente podíamos gastar diez mil por encima de nuestras cuentas normales en un mes.

Traté de conducir en lugar de volar, pero eso sólo cortaba el tiempo que podría estar ganando dinero y al final ahorraba poco o nada. Tenía que cortar mis horas de los Viernes para conducir seis horas hasta Houston, era lo mismo al volver, salir domingo por la tarde o muy temprano el lunes por la mañana. De cualquier forma, eran doce horas en un coche en tres días. Un domingo por la noche casi me salí de la carretera porque estaba demasiado cansada. No llegaba hasta después de la media noche, porque tenía que parar cada hora o más para tomar café.

Las semanas y los meses se convirtieron en un borrón agotador. Trabajaba tantas horas como podía mientras estaba en Nueva Orleans, a menudo llegaba a medianoche y comenzaba de nuevo a las seis de la mañana, a empujones a el aeropuerto para un vuelo el viernes por la noche o la madrugada del sábado, en constante búsqueda de ofertas de hoteles para ahorrar dinero, comer barato, mala comida, para ahorrar dinero. Luego, en el avión otra vez la noche del domingo o la madrugada del lunes, realizar llamadas telefónicas y hacer el papeleo en el aeropuerto porque era la única manera que podía mantenerme al día.

El tiempo voló como si fuera perseguido por un alma en pena. Cordelia había comenzado allí en un julio caluroso y de repente estaba temblorosa en el aeropuerto porque era octubre, y el frío había llegado.

Y ahora yo estaba aquí. Pronto llegaría la primavera de nuevo, como si el calor y el nuevo verde del brote de las hojas podrían hacer la diferencia. Parecía imposible haber llegado tan rápidamente de escarbar por unos minutos de quietud, deseando un lugar de descanso en el que nada se exigiera de mí, a este lugar de adormecimiento pasando por las rutinas del día, porque ¿qué otra cosa podía hacer? Había conseguido salvajemente lo que había deseado -todo se detuvo, nadie necesitaba de mí, ninguna demanda tras demanda acumulándose hasta el agotamiento.

Unas pocas semanas, ahora un mes, dos, levantándome, yendo a mi oficina. N o importaba si tenía un caso o no, era la sensación de movimiento. Hacer el trabajo que había que hacer o buscar la manera de que el tiempo pasara. Invierno a la primavera. Entonces la primavera al verano.

Ashley rompió la rutina y me dio algo en que pensar aparte de lo mucho que yo había fastidiado mi vida, de manera que nunca sería capaz de solucionar.

Me llevó de ser una mujer de cuarenta y tantos años, con nada más importante que preguntarse si otra mujer a la que apenas conocía me iba a llamar.

No lo hizo.

Un día pasó. Y otro.

Yo había renunciado a ella. Me había levantado, una vez más movida por las rutinas del desayuno, había ido a mi oficina. A esta hora de la mañana las llamadas telefónicas son por negocios. Iba por mi tercera taza de café cuando sonó el teléfono.

"Hey, Micky, gracias por el paseo. Nos dio una buena idea de la ciudad".

"Eres amable. Probablemente podrías haber obtenido la misma información de los guías turísticos habituales y mucho más barato".

Referencias

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