• No se han encontrado resultados

YouCat Confesión.pdf

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "YouCat Confesión.pdf"

Copied!
90
0
0

Texto completo

(1)

Confesión

Confesión

Update!

Update!

E S P A Ñ O L E S P A Ñ O L Klaus Dick Klaus Dick Rudolf Geh Rudolf Gehrrigig Bernhard Meuser Bernhard Meuser Andreas Süß Andreas Süß

(2)
(3)
(4)
(5)

2 3

CONFESIÓN

UPDATE!

Klaus Dick

Rudolf Gehrig

Bernhard Meuser

Andreas Süß

Traducido del original alemán por Pablo Cervera Barranco E S P A Ñ O L

(6)

Índice

1. ¡CONFIÉSATE!

2. IN & OUT

BUENAS ORACIONES

PARA LA CONFESIÓN

EL SACRAMENTO DE

LA CONFESIÓN

¿Cómo se hace ahora? ¿Qué se necesita para ello?

¿Cómo lo puedo hacer?

Página 27 

¿Por qué es importante buscar la reconciliación con Dios? ¿Cómo se hace?

Página 9

Un examen de conciencia diferente

Página 21 Página 35 Los símbolos y su significado: Cita literal Informaciones  y consejos Cita de la Sagrada Escritura Preguntas del Youcat 

(7)

4 5

3. CONFESARSE:

YES, I CAN!

Página 45 � � � � � � � � �

¿Confesionario o confesión en un lugar informal?

Página 68

� � � � � � � � � �

Preguntas sobre la confesión

Para todos aquellos que quieran saber exactamente qué es

Página 72

© Ediciones Encuentro, S.A., Madrid, 2016

Primera edición: octubre de 2016 Segunda edición: noviembre de 2016

Título original de la edición alemana: Rudolf Gehrig (ed.), YOUCAT Update! Beichten!

© 2015 de la edición alemana: YOUCAT Foundation gGmbH, Königstein im Taunus El socio único de YOUCAT Foundation es la asociación pontificia internacional «Ayuda a la Iglesia Necesitada» (AIN) con sede en Königstein im Taunus, Alemania.

Todos los derechos reservados. El uso de la marca YOUCAT ha de

hacerse con la conformidad de YOUCAT Foundation. YOUCAT® es una marca

(logotipo y nombre) reconocida y pro-tegida internacionalmente. Número de registro 011929131.

Maquetación, diseño e ilustraciones: Alexander von Lengerke, Colonia.

Traducción del alemán de Pablo Cervera Barranco.

Con la aprobación eclesiástica del

Obispado de Augsburgo el 06/07/2013, monseñor Harald Heinrich, vicario

general.

Traducción y adaptación española con las debidas licencias del Arzobispado de Madrid (26 de septiembre de 2016). ISBN PDF 978-84-9055-709-9 D.L. M-32923-2016 www.edicionesencuentro.com Í    N  D  I    C   E  

(8)

A MODO

DE PRÓLOGO

Cuando tenía 15 años todavía no había podido experimen-tar mucho el verdadero efecto liberador de la confesión. Sin embargo, desde entonces han pasado muchas cosas. Actual-mente soy sacerdote y me alegra poder mostrar a los jóvenes la belleza del amor y de la misericordia de Dios en el sacra-mento de la reconciliación, y que ellos mismos una y otra vez lo experimenten en la propia confesión. He podido escuchar  ya innumerables confesiones de jóvenes y es para mí muy conmovedor ver cómo Dios nos libera de culpas, cura heridas  y nos posibilita una nueva vida a través de su perdón.

Antes de la JMJ 2005 no habría imaginado que los jóvenes se reunieran durante seis horas para rezar y cantar y, además,

(9)

6 7

confesarse. Pero ese fue exactamente el deseo de un grupo de jóvenes en Bonn que quería continuar sus experiencias de la JMJ y de diversas comunidades espirituales. Hoy el con-cepto se conoce con el nombre de «Nightfever». Y funciona en todas partes. En cada «Nightfever», ocho o diez sacerdo-tes se sientan en un lugar visible en las naves laterales de la iglesia (y a una distancia suficiente para que no se pueda oír nada). Delante de ellos luce un cirio y un letrero indica lo que ofrecen: «Conversación, bendición, sacramento de la reconciliación». Ante estos carteles se forman largas colas con bastante rapidez. ¿Por qué? Porque en la confesión re-cibimos la fuerza liberadora de la reconciliación y un nuevo comienzo con Dios. Y la alegría de esta experiencia es real-mente visible. Una noche inesperadareal-mente vino a hablar conmigo una señora. Ella había visto cómo una joven salía de la confesión completamente liberada y feliz. Se palpaba con las manos qué peso se había quitado de encima. La mujer se dirigió a mí y me dijo: «Yo querría también eso». Ella no sabía exactamente cómo confesarse, pero había visto lo que pasaba. Por eso puedo aconsejar de todo corazón:

¡Comienza de nuevo! ¡Confiésate!

Andreas Süß

Director espiritual de Nightfever

A  M   O  D   O  D  E   P   R   Ó   L    O   G   O 

(10)
(11)

8 9

Bernhard Meuser 

¿Qué es lo primero en la lista de lo que no nos gusta? ¡Evi-dentemente ir al dentista! Pero después del dentista viene enseguida la confesión.

¿Contar lo peor de mí a un perfecto desconocido? ¡Ni que estuviera loco! ¿Y luego ir a un sacerdote y decirle que he ro-bado, engañado, mentido? ¿Que he deseado a mi compañero de mesa que se fuera al infierno, y que he pasado la mitad de la noche navegando en internet por páginas poco recomen-dables? ¡Eso ni hablar! ¡Lo que pensará de mí! ¡No le podría volver a mirar a los ojos!

De acuerdo, es cierto. Hace falta mucha valentía para ello, también para vivir en el lado oscuro de la vida.

1   . �    C    O  N  F   I   É     S   A  T   E    !  

¿Por qué es importante

buscar la reconciliación

con Dios?

(12)

De alguna manera,

todos queremos

ser los más

Pero todos sabemos que

también hacemos el

mal

.

Queremos brillar, queremos ser admirados.  Y ciertamente tenemos mucho de admirable

en nosotros.

+ Uno es un genio en matemáticas; + el otro es un deportista genial;

+ y otro es simplemente un superamigo, daría

por ti su última gota de sangre.

Durante un tiempo uno puede esconder su lado oscuro. Pero un día se descubre que el maravilloso trabajo que llevé a cla-se fue un corte y pega. Se nos pilla en una mentira y alguien nos plantea: «¡Eh, me has mentido desde hace años!». Te-nemos que reconocer que la costumbre de mentir nos tiene pillados. Entonces ponemos cara compungida.

(13)

10 11

«Sí, eso fue así.

He metido

increíblemente

¡Por favor, perdóname!»

la pata

.

En la mayoría de los casos, la valentía de la confesión com-pensa. Pero a menudo también queda una sensación de in-quietud. Una vez tuve que decirle a un amigo estas duras palabras: «¿Puedes volver a perdonarme?». Y esto es lo que dijo mi amigo: «¡De acuerdo, te puedo perdonar, pero no po-dré olvidarlo nunca!». ¿Qué perdón es ese? Entonces yo, en un alarde de osadía, le dije a mi amigo: «¡La verdad, preferi-ría que no me perdonaras, pero que lo olvidaras!».

Los cobardes buscan entonces disculpas y excusas. Quien tiene valor, dice:

1   . �    C    O  N  F   I   É     S   A  T   E    !  

(14)

¡Hola, Dios!

¡Aquí estoy,

¡Otra vez estoy aquí!

perdóname!

Hace un par de días volví a confesarme.

¡Hola, Dios, otra vez estoy aquí! He metido bastante la pata. Me he apartado del camino.

Sé exactamente por qué. Todo pecado, cualquier falta de amor, TE afecta. ¡Solo tú eres Dios! Solo tú puedes perdonarme.

A pesar de que en mi vida ya me he confesado cientos de veces, siempre tengo que hacer un esfuerzo. Y eso que sé que cinco minutos después, cuando salgo del confesionario, voy

(15)

12 13

¡Dios, que es Amor,

no solo te

 perdona

tus pecados, sino que

incluso, en cierto sentido,

los

olvida

.

a estar tan contento como después de darme un baño en el mar.

+ Hay paz en mi alma.

+ Podría cantar y bailar de alegría.

+ No todos tienen esa alegría espontánea, pero para mí es

así.

Bien, yo quería hablaros de esta confesión especial: des-pués de haber confesado mis pecados, me dijo el sacerdote unas palabras que produjeron en mí el efecto de un bálsamo: «Cuando, en nombre de Jesús, perdono tus pecados, enton-ces puedes realmente volver a empezar de nuevo. Imagínate: ¡Totalmente nuevo! Sí, empieza la vida para ti, una vida que comienza ahora desde el principio. Y te digo todavía más:

¡Uff, habría podido abrazar a aquel hombre!

1   . �    C    O  N  F   I   É     S   A  T   E    !  

(16)
(17)

14 15

(18)

Sí, eso creo yo a veces también de mí: ¡Oh, Dios, cómo he podido merecer yo que tengas tal interés por mí! ¡Tú me co-noces! Realmente no tengo tantas cosas maravillosas que mostrar.

Pero es evidente que eso a Dios no le interesa. Su amor es inquebrantable. ¿Y qué hace eso en mí? Yo me rindo. Voy a correr hacia Él como el hijo pródigo en el evangelio. A ve-ces no puedo creer que el Padre del cielo abre nuevamente sus brazos y me acoge sonriendo. Yo balbuceo como el hijo pródigo: «¡Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo!» (Lc 15,21).

No puedo imaginar cómo reacciona Dios conmigo, pecador arrepentido. Normalmente se debería decir: ¡Él me dice ahora todo! ¡Su mirada severa me aniquila! Tendría que decir algo así como: «¡Lárgate! ¡Desaparece de mi vista!

¿Cómo es Dios?

(19)

16 17

Algunos dicen: «He hecho demasiadas

obras malas, Dios no puede perdonarme». Esto es una vulgar blasfemia. Significa poner límite a la miseri-cordia de Dios. Pero esta no los tiene: es ilimitada. Nada ofende tanto al buen Dios como dudar de su misericordia.

SAN JUAN MARÍ A VIANNE Y �CURA DE A RS�

¡No quiero volver a verte nunca, nunca, nunca!». ¡Pero preci-samente eso Dios no lo hace! Él está plenamente feliz de que  yo le haya encontrado. Él ha preparado una fiesta para mí.

¡Todo de lo más exquisito! 1   . �    C    O  N  F   I   É     S   A  T   E    !  

(20)

update

mantenimiento

+ La confesión es como

un periódico

en mi vida. Si dejo escapar este update, todo mi software se viene abajo un día. Mi ordena-dor portátil está expuesto a ataques de virus  y troyanos.

+ La confesión es como el 

del coche. A más tardar, cada 30.000 kiló-metros, el coche tiene que ir al taller; de lo contrario, la cosa no marcha y el motor se estropea. La Iglesia dice: al menos una vez al año, preferiblemente antes de la Pascua, todo católico debe confesarse.

¿Qué es la

(21)

18 19

ducha

viaje de un

kamikaze

.

¿Seguro que quieres saber exactamente lo

que en ti no va bien (o es totalmente erróneo)?

Trabaja las próximas páginas con atención. Se trata de un examen de conciencia.

+ La confesión es como una

tras una larga caminata.  Regresas muerto de cansancio a casa. El polvo de la calle se ha mezclado con tu sudor. Apestas, es imposible ir así entre la gente. Sin embargo, después de una ducha te sientes como nuevo. Tu piel pue-de volver a respirar. Vuelve el ánimo. Te pones ropa limpia y fresca.

Pecar es como conducir en sentido contrario. Si quieres evitar un choque frontal, solo tienes una oportunidad: ¡para el coche y da la vuelta! ¿Se te ocurren otras comparaciones?

+ La confesión es como el final feliz del

1   . �    C    O  N  F   I   É     S   A  T   E    !  

(22)
(23)

20 21

Un examen de conciencia diferente

Si quieres examinar tu conciencia —ya sea al final de un día, ya en vacaciones, o porque quieres confesarte ahora—, te ayuda el denominado «examen de conciencia». Impres-cindibles para el examen de conciencia son naturalmente los diez mandamientos y el doble mandamiento del amor a Dios y al prójimo (que encontrarás en las guardas de este libro). Puedes encontrar un examen de conciencia en inter-net (www.corazones.org/sacramentos/penitencia/examen. htm) y otro en el YOUCAT Confirmación.

En las páginas siguientes tienes un esquema para examen de conciencia bajo la forma de una lista

IN & OUT

. Dichas listas son generalmente cuestión de gusto. Lo que hoy es in, mañana es out . He aquí una lista

IN & OUT

 que puede dar algunas indicaciones. Lo más importante en este examen de conciencia es la palabra «amor». El amor es siempre in: ayer lo era así, hoy lo es y mañana lo será. Sin amor, todo se derrumba: el Estado, la familia, tu propia vida. Quien ama de verdad va sin rodeos por el camino hacia Dios, que no es otra cosa que amor. Esta lista

IN & OUT

 es un examen de conciencia que no solo enumera pecados. Debajo de in  encuentras cosas realmente actuales. Para amar es mil veces más importante buscar practicar el bien y hacer siempre lo mejor que fijarse en los pecados (out ) para no cometer ningún error. Debes ser alguien que ama mucho y no un pedante que siempre está pendiente de no cometer un pecado.

2   . I   N   &   O   U  T  

(24)

A

IN

Dar a Dios

el primer puesto en la vida. Mostrarse como cristiano.

Tener en la habitación una cruz, un icono, un póster

de la Biblia o un signo de fe.

Reservar a Dios el primer pensamiento

de la mañana y de la noche. Ir a Misa los domingos.

Defender a Dios,

cuando los demás blasfeman contra él.

Invocar a Dios, pidiéndole que se comunique en mi vida. Buscar a Dios y su voluntad en

la Biblia y en la Iglesia. Informarse y perfeccionarse

en la fe.

Examinar diariamente la conciencia, confesarse con

regularidad.

OUT

Posponer

la relación con Dios. Considerarse a uno como el mejor de todos.

Amar a alguien o a algo más que a Dios.

En vacaciones

hacer «pausa de Dios». Ser supersticioso,

ser un veleta y creer en los horóscopos.

Ir a divertirse

sin tener tiempo para Dios. Avergonzarse de

la propia fe.

Blasfemar contra Dios, maldecirle o desafiarle.

Propagar prejuicios contra la Iglesia

acríticamente.

Creerse mejor (o peor) que otros pecadores.

(25)

22 23

OR

OUT

Vivir exclusivamente para el propio placer.

Dejar el mundo a su suerte.

Alimentarse solo con comida basura y producir

permanentemente desperdicios plásticos. Trabajar solo para el propio

bolsillo.

No ofrecer resistencia alguna contra la codicia.

Contaminar el medio ambiente.

Maltratar a los animales. Explotar la tierra, la mano de obra, el amor de los otros

 y el propio cuerpo.

Esconderse, enterrar los pro-pios talentos y dones. Holgazanear, echar a perder

las cosas.

Murmurar, cr iticarlo todo, ser un pesimista. 2   . I   N   &   O   U  T  

IN

Vivir con alegría. Dar gracias a Dios por las cosas bellas de la vida, pero también por las difíciles.

Comprometerse e

involucrarse activamente en la política, en la sociedad,

en la Iglesia, asumir

responsabilidades por otros. Estar atento: leer el perió-dico, ver las noticias, visitar

portales de noticias, escribir cartas al director,

publicar en foros.

Cantar, bailar y hacer deporte. Cocinar algo bueno y

compartirlo con otros. Salir al campo.

Hacer el propio entorno más acogedor.

Maravillarse ante la creación de la creación, admirarse de la estrellas. Escuchar y componer música. Comer chocolate. AL PRÓ JIM O

(26)

� � � � � � � � �

Ser agradecido.

Ser verdaderamente un buen amigo, al que se puede llamar

de día y de noche.

Perdonar a otros de corazón,  y uno mismo pedir perdón. Alegrar la vida de los otros. Soportar con paciencia a las

personas irritantes. Actuar con elegancia y ser «noble» e idealista.

Rezar por los demás. Llamar a la injusticia por su

nombre.

Ayudar a las personas mayores  y a los minusválidos.

Alegrarse con los demás, tener compasión.

Emplearse a fondo con los marginados.

Tratar con respeto

a las personas del otro sexo. Ser sincero, sin ofender.

Ser cien por ciento fiel.

Blasfemar, cotillear  y destruir a los otros. Plagiar propiedad ajena en

internet.

Engañar, hacer trampas, mentir, ceder a presiones y

tejer intrigas.

Manipular a otros, usarlos para conseguir los propios

objetivos.

Revelar secretos a terceros. Mirar a los otros por encima

del hombro. Seducir a alguien

para utilizarlo sexualmente. Envidiar a los demás. Callar cuando los amigos

consumen drogas. Hacer falsas promesas. Ser intransigente, no querer

ver las propias faltas.

Ser un peligro para los demás en carretera.

Colaborar en un aborto o aprobarlo.

(27)

24 25

Crecer en la fe, construir una verdadera relación con Dios. Nunca dejar de trabajar sobre

uno, de formarse, de querer ser mejor.

Reconocer las propias fuerzas  y debilidades.

Aceptarse como Dios le acepta a uno, y contemplarse con

buenos ojos.

Cuidar del propio cuerpo de forma razonable: buscar el sol,

tomar el aire y hacer ejercicio. Ser capaz de esperar

hasta el matrimonio. Ser capaz de reírse de uno

mismo; no darse excesiva importancia.

Perdonarse a uno mismo. Disfrutar de la comida.

No irritarse con todo. Diferenciar lo importante de

lo secundario.

Cuidar la propia conciencia.

Ignorar síntomas físicos, no ir al médico.

Estimular un culto fanático del cuerpo. Fumar, consumir drogas,

emborracharse. Consumir pornografía,

masturbarse.

Sacrificarlo todo por la propia carrera. Mendigar compasión. Minusvalorar o minimizar manías y dependencias. Explotar abusivamente el propio cuerpo, trabajar en exceso, desmedidamente. Ser egoísta. Dejarse dominar por malos hábitos.

2   . I   N   &   O   U  T  

IN

OUT

OR

� � � � � � � � �

(28)

CONFESIÓN

EL

SACRAMENTO DE LA

¿Cómo se hace ahora?

¿Qué se necesita para ello?

¿Cómo lo puedo hacer?

(29)

26 27 26 27

En primer lugar, necesitas

arrepentimiento.

2   . I   N   &   O   U  T  

Por lo tanto, tienes que arrepentirte de lo sucedido. Realmente no es suficiente

hacer-lo de boquilla sohacer-lo porque leíste en alguna parte que eso y eso otro es pecado.

Tienes que estar convencido de que hiciste algo equivoca-do, de que has herido o manchado a otros o a ti mismo, de que olvidaste a Dios y confundiste el orden divino de la exis-tencia. La conciencia depende del aire si no se orienta por los mandamientos (en la guarda posterior del libro encuen-tras los «Diez Mandamientos» y el «Doble mandamiento del amor»). Antes de que pongas en movimiento tu conciencia debes saber algo: «No mentirás» (octavo mandamiento). Pero atención, nos gusta mucho engañarnos a

nosotros mismos y decimos: «¡Eh, lo hice cons-cientemente! ¡Asumo la responsabilidad!». Apelando a la conciencia se miente, se en-gaña y se asesina. Si en un determinado asunto no estás seguro, pregunta al sacer-dote: él te puede ayudar a confrontar tu conciencia con los mandamientos de Dios.

1 Jn 1,8

¿Se puede formar la conciencia?

(30)

Del arrepentimiento forma parte también el

propósito

de enmienda.

Puede suceder que uno caiga. Solo es imperdonable no levantarse.

WINSTON CHURCHILL

Es decir, tienes que tener intención verdade-ramente de no volver a cometer estos peca-dos que le cuentas al confesor.

Ahora podrías decir: «¡Eso no funciona! Sé que tarde o temprano volveré a recurrir a las drogas. Simplemente no lo consigo». Esto habla de tu realismo. Es probable que no consigas de inmediato decir adiós a las drogas para siempre.

Pero si tienes la verdadera intención de hacer todo lo posible, debes confiar en que Dios está contigo por medio del minis-terio del sacerdote y te da el perdón y la paz. Verás: en la confesión recibes una fuerza sobrenatural para el bien, que también denominamos «gracia». Tal vez un día tengas nue-vamente el impulso de caer en el mal y no puedas resistir la tentación. ¡Entonces vuelve a confesarte! ¡Y otra vez! Puedes venir mil veces con la misma historia. Eso no cambia en nada la misericordia de Dios, absolutamente en nada.

Él es siempre el Padre que te acoge con los brazos abiertos. ¡Y Él ha preparado nueva-mente una fiesta para ti! ¿Increíble? ¡No!

(31)

28 29 Entonces necesitas la

confesión.

2   . I   N   &   O   U  T   * Sobre este tema lee las preguntas sobre la confesión: pecados «graves» (p. 81) y poder de perdonar los pecados (p. 73).  Jn 20,23

Eso significa que no basta con que tengas en tu corazón una pequeña lista de tus pecados y faltas, y la repases una vez por semana cuando te preparas para ir a dormir. Es verdade-ramente importante realizar con regularidad un breve exa-men de conciencia.

Pero si realmente quieres tener un sólido perdón de los pe-cados (o debes tenerlo, porque has cometido un pecado gra-ve que te separa de Dios), entonces solo ayuda la confesión con un sacerdote.

Jesús dotó a los apóstoles y a sus sucesores de un poder in-creíble: «A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les

quedan retenidos». Solo Dios puede perdo-nar pecados. Jesucristo confía ahora esta maravilla a la Iglesia. El amor de Dios que-ría que las cosas fueran muy concretas. Si tú quieres empezar de nuevo, no necesitas gritar al cielo tus recriminaciones. Vas a un sacerdote y dices: «Así y así están las cosas. Me arrepiento de esto delante de Dios». Y cuando el sacerdote vea que realmente lo dices en serio te concederá el perdón de Dios.

¿Quién puede

perdonar pecados?

(32)

Asumamos que te decides por el confesionario y no por la con-fesión en un lugar informal*, que antes has hecho examen de conciencia, que has preparado quizá la confesión escribiendo una lista con tus pecados**, que has invocado al Espíritu San-to*** para que te conceda una buena confesión, ¡ya está! El confesionario está ahora con la luz verde (o cualquier señal de que no hay otra persona confesando en ese momento). ¡Por tanto, entra!

El sacerdote te saluda. Después es tu turno. Haz la señal de la cruz y di:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Entonces, con estas palabras u otras parecidas, dice el sacer-dote:

Dios, que ha iluminado nuestro corazón, te conceda un verda-dero conocimiento de tus pecados y de su misericordia.

Tú respondes:

 Amén.

¡Así, pues, es muy fácil!

¡VE ENTRANDO!

(33)

30 31

Ahora tienes tiempo para tu confesión, por tanto, tiempo para acusarte de tus faltas. Suena estúpido, pero es intencionado. De-bes reconocer tu culpa, no explicar tu inocencia. ¡Por tanto una verdadera acusación personal! Uau, hace falta valor para eso. Debes decir simplemente a qué reconocimiento has llegado tras haber analizado tu vida en la presencia de Dios. Hay dos cuestiones fundamentales, ambas igualmente importantes. La primera es la siguiente:

¿Qué he hecho mal ?

 Y la segunda:

¿Qué obras buenas he dejado de hacer ?

Un pequeño consejo: a veces pecamos más por lo que no hace-mos que por lo hacehace-mos. Tenlo en cuenta en caso de que no te acuerdes de tus pecados.

 Y siempre puedes utilizar tu hoja de confesión como ayuda**. Al final de tu confesión debes decir algo con lo que expreses tu arrepentimiento. Por ejemplo:

Estos son mis pecados.

Lo confieso con arrepentimiento y humildad.

* Lee el apéndice: «¿Confesionario o confesión en un lugar informal?», página 68

** Sobre este tema lee también la página 51

*** ¡Mira algunas oraciones que ayudan a preparar la confesión!, página 35  R  I   T    O  D  E   L   A   C    O  N  F   E    S   I    Ó   N  E   N  T    R  A  N  D   O 

(34)

¡Ahora es

¡Ahora es el turno del sacerdote!el turno del sacerdote!

Él te puede formular

Él te puede formular alguna pregunta; pero lo hará con todoalguna pregunta; pero lo hará con todo

cuidado y amabilidad. El sacerdote no pretende inves

cuidado y amabilidad. El sacerdote no pretende investigarte.tigarte.

Es tu confesión. El confesor ejerce en ti

Es tu confesión. El confesor ejerce en ti un ministerun ministerio divino.io divino.

Quiere ayudarte

Quiere ayudarte a que reconozcas bien tus pecados y a que reconozcas bien tus pecados y puedaspuedas

expresarlos correctamente en palabras.

expresarlos correctamente en palabras.

Luego te da un consejo espir

Luego te da un consejo espiritual, es deciritual, es decir, te dice a qué co-, te dice a qué

co-sas le debes prest

sas le debes prestar especial atención.ar especial atención.

El sacerdote te impone en este m

El sacerdote te impone en este momento una pequeña «peni-omento una pequeña

«peni-tencia» que, generalmente, se trat

tencia» que, generalmente, se trata de un detera de un determinado tipominado tipo

de oración que deberás hacer tras l

de oración que deberás hacer tras la confesión. Esto debe sera confesión. Esto debe ser

un pequeño signo de un pequeño signo de

reparar

reparar

penitencia

penitencia

la ofensa que infligiste a Dios con tu pecado. Esta

la ofensa que infligiste a Dios con tu pecado. Esta

repara-ción forma parte del sacramento de la penitencia. También

ción forma parte del sacramento de la penitencia. También

forma parte del sacramento que des lo mejor de ti para

forma parte del sacramento que des lo mejor de ti para

re-parar los daños ocasionados por tus falt

parar los daños ocasionados por tus faltas. Por tas. Por tanto, si hasanto, si has

robado algo debes devolverlo (esto puede hacerse de forma

robado algo debes devolverlo (esto puede hacerse de forma

anónima). Si has herido a alguien debes, al menos, pedir

anónima). Si has herido a alguien debes, al menos, pedir

disculpas.

disculpas.

por tu parte que e

(35)

32 32 33 33

absolución:

absolución:

Después el sacerdote te puede conceder la

Después el sacerdote te puede conceder la

Dios, Padre miser

Dios, Padre misericordioso,icordioso,

que reconcilió consigo

que reconcilió consigo al mundoal mundo

 po

 por r la la mumuererte te y y la la rresesururrrececcición ón de de su su HiHijojo

 y

 y dederrrramamó ó el el EsEsppírírititu u SaSantnto o paparra a la la rrememisisióión n de de lolos s pepecacadodos,s,

te conceda, por el minister

te conceda, por el ministerio de la Iglesia,io de la Iglesia,

el perdón y la paz.

el perdón y la paz.

Y yo te absuelvo de

Y yo te absuelvo de tus pecadostus pecados

en el nombre del Padre †, del Hijo

en el nombre del Padre †, del Hijo

 y

 y dedel l EsEsppírírititu u SaSantnto.o.

T

Tu respuesta u respuesta es:es: Am Aménén..

Para concluir, dice el sacerdote:

Para concluir, dice el sacerdote:

El Señor ha perdonado tus pecados. Vete en paz.

El Señor ha perdonado tus pecados. Vete en paz.

 R   R  I   I   T   T    O   O  D  D  E   E   L   L   A  A   C    C    O   O  N  N  F   F   E   E    S    S   I   I    Ó    Ó   N  N  E   E   N  N  T   T    R   R  A  A  N  N  D  D   O   O 

(36)

BEICHTEN?

BEICHTEN?

3

3

.

.

BUENAS

BUENAS

ORACIONES

ORACIONES

PARA LA

PARA LA

CONFESIÓN

CONFESIÓN

(37)

34

34

35

35

Algunos piensan que cuando se trata de pecado y confesión

Algunos piensan que cuando se trata de pecado y confesión

hay mucho que hablar

hay mucho que hablar consigo mismoconsigo mismo. Error. Error. Es mejo. Es mejor que en-r que

en-ciendas una vela, hables con Dios, contemples un crucifijo,

ciendas una vela, hables con Dios, contemples un crucifijo,

un icono. En el diálogo con Dios se clar

un icono. En el diálogo con Dios se clarificarán muchas cosasificarán muchas cosas

sobre ti mismo. Una buena confesión siempre se acompaña

sobre ti mismo. Una buena confesión siempre se acompaña

de buenas oraciones. Puedes orar libremente, pero también

de buenas oraciones. Puedes orar libremente, pero también

puedes utilizar estas

puedes utilizar estas oraciones:oraciones:

limpia mi pecado.

limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,

Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado.

tengo siempre presente mi pecado.

Contra ti, contra ti solo pequé,

Contra ti, contra ti solo pequé,

cometí la

cometí la maldad que aborrecesmaldad que aborreces..

Lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,

Hazme oír el gozo y la alegría,

que se alegren los huesos quebrant

que se alegren los huesos quebrantados.ados.

No me arrojes lejos de tu rostro,

No me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu.

no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegr

Devuélveme la alegría de tu salvación,ía de tu salvación,

afiánzame con espír

afiánzame con espíritu generosoitu generoso..

Amén. Amén. Del SALMO 51 Del SALMO 51

Lava

Lava

del todo

del todo

mi delito,

mi delito,

B  B   U   U  E   E   N  N  A  A   S    S    O   O   R   R  A  A   C    C   I   I    O   O  N  N  E   E    S    S   P  P  A  A   R   R  A  A  L   L   A  A   C    C    O   O  N  N  F   F   E   E    S    S   I   I    Ó    Ó   N  N 

(38)

Oración para un buen examen de conciencia

Oración para un buen examen de conciencia

Una oración al Espír

Una oración al Espíritu Santo para una buena confesiónitu Santo para una buena confesión

Señor, como mi maestro,

Señor, como mi maestro,

cada día te necesito.

cada día te necesito.

Dame la claridad de la conciencia,

Dame la claridad de la conciencia,

que solo puede alcanzar

que solo puede alcanzar

tu Espíritu.

tu Espíritu.

Mis oídos son sordos,

Mis oídos son sordos,

no puedo oír tu voz.

no puedo oír tu voz.

Mi vista está empañada,

Mi vista está empañada,

no puedo ver tu signo.

no puedo ver tu signo.

Solo tú puedes afinar mi oído,

Solo tú puedes afinar mi oído,

aclarar mi mirada

aclarar mi mirada

 y

 y lilimpimpiar ar mi mi cocorarazózón.n.

Enséñame a sentar

Enséñame a sentarme a tus pies,me a tus pies,

 y

 y a a esescucuchchar ar tu tu papallabrabra. a. AmAménén..

JOHN HENRY NEWMAN

JOHN HENRY NEWMAN

dame la

dame la gracia de reconocer mis pecados,gracia de reconocer mis pecados,

de arrepentirme seriamente,

de arrepentirme seriamente,

de hacer una confesión sincera y honrada

de hacer una confesión sincera y honrada

 y  y de de memejojorrar ar veverdrdadadereramamenentete. . AmAménén..

Te necesito

Te necesito

a ti,

a ti,

Ven,

Ven,

Espíritu Santo,

Espíritu Santo,

(39)

36 37

Oraciones de arrepentimiento

me pesa de todo corazón haber respondido tan mal a todo tu amor por mí.

Me duele el alma porque he pecado con mis palabras,

mis pensamientos, mis actos y omisiones contra tu infinita misericordia.

Perdóname, Señor.

Mírame, cómo vengo a ti,

tan imperfecto y con las manos vacías. Ten compasión de mí.

Creo que quieres acogerme de nuevo como tu hijo.

Buscando tu amor y tu perdón infinito. Estoy determinado a hacer penitencia, a no volver a caer en el pecado

 y a evitar las ocasiones de pecado. Cúrame y sáname

por tu pasión y muerte  y dame la gracia

de responder mejor a tu amor. Amén.

Dios mío,

B   U  E   N  A   S    O   R  A   C   I    O  N  E    S   P  A   R  A  L   A   C    O  N  F   E    S   I    Ó   N 

(40)

siento mucho

haberte fallado otra vez.

A veces la tentación es demasiado grande, yo mismo demasiado débil

o mi confianza en ti demasiado pequeña. Te agradezco que una y otra vez

hayas querido perdonarme

 y te prometo que, fortalecido con la

confesión, comenzaré una lucha por una vida nueva, una vida como a ti te agrada. Te ruego: fortaléceme para todas las

luchas que vendrán,

 y dame la conciencia de que te tengo a mi lado como compañero de lucha.

Estoy contento de que cuentes conmigo

 y más todavía por los planes que tienes para mí. No permitas, Dios mío, que me desanime

por las desilusiones que te causo. Amén.

RUDOLF GEHRIG

(41)

38 39

es, Padre bueno,

que no podamos caernos de tus manos. Están debajo de nosotros cuando caemos; están junto a nosotros si vacilamos,

están sobre nosotros en el peligro.

BERNHARD MEUSER

cuando tropiezo en todos los obstáculos  y fallo en todas las pruebas

 y, en cualquier caso, caigo  y finalmente soy apartado

cuando ya no me puedo levantar:

entonces estás tú ahí, en lo más hondo del barro, a mi lado y en mi fe. BERNHARD MEUSER

Qué bello

Dios,

B   U  E   N  A   S    O   R  A   C   I    O  N  E    S   P  A   R  A  L   A   C    O  N  F   E    S   I    Ó   N 

(42)

a que te conozca mejor  y te ame más

para que te siga con determinación.

SAN IGNACIO DE LOYOLA

(43)

40 41

toma todo de mí, lo que me aleja de ti.

Señor mío y Dios mío, dame todo lo que me lleva a ti. Señor mío y Dios mío, tómame contigo y date

totalmente a mí.

NIKLAUS VON DER FLÜE

me abandono a ti.

Haz de mí lo que quieras.

Lo que hagas de mí te lo agradezco, estoy dispuesto a todo, lo acepto todo. Con tal que tu voluntad se haga en mí 

 y en todas tus criaturas, no deseo nada más, Dios mío. Pongo mi vida en tus manos.

Te la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón, porque te amo, y porque para mí amarte es darme, entregarme en tus manos sin medida,

con infinita confianza, porque tú eres mi Padre.

CHARLES DE FOUCAULD

Señor mío y

Dios mío,

Padre mío,

B   U  E   N  A   S    O   R  A   C   I    O  N  E    S   P  A   R  A  L   A   C    O  N  F   E    S   I    Ó   N 

(44)
(45)

42 43

(46)

CONFESARSE:

YES, I CAN!

Rudolf Gehrig terminó el bachillerato en 2012. Actualmente trabaja en la parroquia en Senden (Iller), para descubrir la vo-luntad de Dios sobre su vida. Últimamente, desde las últimas  Jornadas Mundiales de la Juventud, la «confesión» es un tema

importante para él.

(47)

44 45 44 45

Se suponía que era un simple juego de ni-ños. Disparé en clase una goma al aire, re-botó en el marco de la puerta ¡y aterrizó en la cara de la profesora! Debido a esto, re-cibí una reprimenda y en todos los recreos tuve que ir al patio a recoger la basura con un saco y unas pinzas. ¡Estupendo! ¿Tie-nes una idea aproximada de cuántos chi-cles pueden quedar pegados en el patio de recreo? Ahora ya lo sé. En cualquier caso, aunque trabajara durante todos los recreos no sería suficiente para limpiar la totali-dad del patio. Incluso los sitios que había limpiado estaban al día siguiente tan su-cios como antes.

Demasiada basura en mi vida

Una cáscara de plátano necesita —según la temperatura y humedad— casi un año para pudrirse; una bolsa de plástico tarda de mil a tres mil años en descomponerse; el ura-nio-238 se desintegra a la mitad tras 4.468 millones de años. Sin embargo, todo esto no es nada en comparación con la basura que nunca se descompone: el pecado. En un de-terminado momento he entendido que pecar produce una basura especial, que es «muy tó-xica» porque afecta a todo el mundo, influye en nuestra vida y puede destruir. Ensucia mi

 3   .  C    O  N  F   E    S   A   R   S   E    :  Y   E    S    , I    C   A  N   !  

(48)

paisaje interior. El pecado no tiene ningún período de descomposición, no se desintegra, pero existe una posibilidad de librarnos de toda esa inmundicia acumulada: la confesión.

¡Empezar todo de nuevo!

La confesión, por lo que he entendido, es una cosa muy sencilla. Dios me dice: «Has pecado, pero porque estás sinceramente arrepentido y porque te amo, yo te perdo-no». Rompe mi pagaré y aprieta el botón de resetear; vacía la papelera de reciclaje  y pulsa «empezar». Me regala una nueva

oportunidad, un nuevo comienzo.

Con todo, no empiezo exactamente «desde cero». No es como en el «hombre-no-te-en-fades», donde la figura debe volver al punto de partida y realizar de nuevo todo el camino. Se parece más a un circuito de carreras: mis pecados acumulados, con el paso del tiempo, me lanzan hacia el exterior de la pista en la curva. Dios toma mi coche y me pone nueva-mente en la pista. No debo volver al princi-pio, sino que simplemente puedo continuar en la misma posición donde me salí. Estoy otra vez en la carrera, recién lavado, con el depósito lleno. ¡Eh, a partir de ahora conduzco con un juego de

neumá-ticos nuevos! ¿Cómo sabemos que Dios es misericordioso? 314 En caso de que nos condene nuestro corazón, Dios es mayor que nuestro corazón y lo conoce todo.

(49)

46 47 El modo más incómodo de locomoción es ir hacia dentro de uno mismo. KARL RAHNER

No quiero, pero después vuelve a ocurrir.

Desde el pecado original de Adán y Eva es así: esto sucede constantemente con el pe-cado, al margen de lo mucho que me esfuer-ce por combatirlo. Y si llegara el día en que pudiera decir: «Bravo, lo he conseguido, ya no estoy en situación de pecar», entonces estaría o bien muerto o tan cegado por la soberbia de creer haber alcanzado tal madu-rez que ya no sería necesaria la confesión.

¿Cómo fue tu día?

Todas las noches, antes de dormir, ha-blo con Dios. Dejo que Dios me pregunte: «Eh, joven, ¿qué has hecho hoy de bueno? ¿Dónde has metido la pata?». Así evito que determinados pecados se hagan habituales  y que mi conciencia, lentamente, se haga insensible. C.S. Lewis comparó la concien-cia con una piedra puntiaguda clavada en el corazón; cuando pecas se clava en tu corazón. Si pecas continuamente de modo que esta piedra permanece en contacto permanente con la pared de tu corazón, este último forma un callo hasta que llega un momento en el que no notas absoluta-mente que pecas.

¿Pecado original? ¿Y qué tenemos que ver nosotros con el pecado original de Adán  y Eva? 68  3   .  C    O  N  F   E    S   A   R   S   E    :  Y   E    S    , I    C   A  N   !  

(50)

Necesito un sistema de alerta

En algunas cosas es evidente que estoy en el camino equivocado. En otras me falta visión de conjunto. Pero para ver claro también aquí me ayudó una vez el sacerdote con el que me confesé (mi «confesor»). He conse-guido comprender muchas cosas también al leer la Sagrada Escritura o el Catecismo.

Tengo un mecanismo fijo mediante el cual, de forma inconsciente, llego al carril equi-vocado:

He pegado a mi hermano pequeño. En reali-dad yo no quería, en absoluto, pues es un chico muy majo. Sin embargo, ¿cómo  sucedió eso? Está bien, allí estaba el tema de los dos euros colocados enci-ma de mi escritorio y que de repente desaparecieron. Aunque mi hermano lo ha negado y ha vaciado su hucha  para demostrarme que él no había cogido mis dos euros, a pesar de ello, no estoy totalmente convencido de  su inocencia. A continuación, en el desayuno, ha cogido el último pane-cillo, a pesar de que yo tenía hambre  pero, por cortesía, quería esperar,  por si mamá o papá lo querían. Pero

El amor comienza hoy. Hoy sufre alguien. Hoy hay alguien en la calle.

Hoy alguien tiene hambre. Hoy tenemos que empezar. Ayer ya pasó. Mañana

todavía no existe. Solo hoy podemos dar a conocer a Dios, amando, sirviendo, alimentando a hambrientos, vistiendo a los desnudos, procurando un techo a los pobres. ¡No esperes a maña-na! Mañana estarán muertos si hoy no les damos nada.

SANTA TERESA DE CALCUTA

¿Cómo sabe un hombre que ha pecado?

(51)

48 49

al hermano pequeño se le permite todo, no le riñen nunca. Ofendido, he visto con asombro como él mostraba muy orgulloso a nuestros  padres su dibujo y mamá lo colocó ensegui-da en la puerta de la nevera. Luego entró tres veces en mi habitación sin haber llamado, y cuando le pillé después con mi móvil, cuyos  SMS acababa de curiosear, le di un bofetón. Él entonces se fue llorando en busca de mamá; me arde la mano y me duele muchísimo, y te  pregunto qué me tendrá preparado la próxima

vez.

Descubrí que, con frecuencia, las cosas pe-queñas llevan a la catástrofe cuando se acumulan. El sistema de alerta funciona. Consigo controlarme a tiempo y evitar de-terminadas ocasiones de pecado. Si yo sé que es mejor no entrar en el dormitorio con el ordenador, entonces lo dejo fuera. Es me- jor que a la mañana siguiente caiga de ro-dillas delante de Dios y le pida perdón para no tener que chapotear en el barro hasta el amanecer.

Las tenta-ciones son como los vagabundos: cuando se las trata con ama-bilidad, vuelven  y traen a otros

consigo.

MARK TWAIN

Si os

indignáis, no lleguéis a

pecar; que el sol no se ponga sobre vuestra ira. EFESIOS 4,26  3   .  C    O  N  F   E    S   A   R   S   E    :  Y   E    S    , I    C   A  N   !  

(52)

¡Yo también lo tengo que querer!

Un amigo mío, al que se ve que le gusta comer bien, inició, seis semanas antes de Navidad, una dieta bastante radical y ya llevaba cinco  semanas. Luego llegó un paquete de su tía. Permaneció un rato sobre su mesa. Él sabía muy bien lo que había dentro: todo un car- gamento de galletas caseras. Mi amigo sabía  perfectamente que si abría ese paquete y veía las galletas se las comería, pues no tenía au-todominio. Miró todavía un poco el paquete, lo abrió y fue demasiado tarde: la dieta llegó a su fin.

Incluso si tengo un sistema de alerta, no me sirve de nada si mi voluntad es débil. Para hacer algo contra el poder destructivo del pecado en mi vida necesito no solo enten-dimiento, sino también una buena dosis de voluntad. Y, por supuesto, un juicio claro que distinga el bien y el mal.

Haz lo que puedas, pide lo que no puedas y Dios te dará para que puedas.

SAN AGUST ÍN

¿Cómo puede un hombre distinguir si sus actos son buenos o malos?

(53)

50 51

Pequeña nota para una «lista de confesión»…

¡Sí, sí, está claro que no hay que anotar los propios pecados si uno quiere confesarse! Nadie que recibe frecuentemente el sacra-mento de la reconciliación con Dios lo hace. Alguien me dijo una vez: «Para una buena confesión, las hojas de confesión  y el exa-men de conciencia  son como una muleta para la izquierda y la derecha. Cuando un día consigues andar, prescindes de ellas». Pero ¡eh, aún no estoy tan adelantado! Utilizo las dos cosas mientras las necesito. Quiero tomarme mi relación con Jesús total-mente en serio.

Un examen de conciencia me ayu-da mucho. Porque «sin él» solo me creo que no he matado a nadie y tampoco he robado ningún banco. ¡Eso es un inicio genial! Pero des-pués necesito «la lista», que me re-cuerda en concreto que no se trata solo de las cosas malas que yo no he hecho, sino de lo que yo realmente

he dejado de hacer: las cosas buenas de las que soy culpable ante Dios, ante los demás  y ante mí mismo.

Al buen D ios le gus t a ser moles t ado. SAN JUAN MAR ÍA V IANNE Y �CURA DE ARS �  3   .  C    O  N  F   E    S   A   R   S   E    :  Y   E    S    , I    C   A  N   !  

(54)

No te lamentes de lo que no se puede cambiar, cambia lo que es de lamentar. WILLIAM SHAKESPEARE Para cono-cer la voluntad de Dios se exigen tres cosas: orar, esperar y aconsejarse.

SAN JUAN BOSCO

 Trabajar la lista de faltas

Porque todavía estoy aprendiendo, recurro a un examen de conciencia. Lo recorro punto por punto. Como un mecánico de la inspec-ción técnica de vehículos (ITV) examina un coche con una lista de puntos a verificar, así aplico cada punto que corresponde a mi «lista de faltas». La sensación de profundo desaliento que surge al llegar al final de una lista (que se ha hecho larga) es el «arrepen-timiento» que necesito para que Dios me perdone mis pecados. Pongo en primer lugar las «partes difíciles» para tenerlas presen-tes en la confesión y no tener la tentación de omitir estos puntos por sentimiento de vergüenza.

¡Ras, ras, ras!

La lista tiene un simbolismo especial. Tras haber cumplido su propósito, la rompo en trozos pequeños: ras, ras, ras. Todo lo que

(55)

52 53

me separa de Dios desaparece como por en-canto. Lee lo que Pablo escribió en la carta a los colosenses: «¡Él (Cristo) canceló la nota de cargo que había contra nosotros!».

Todavía una cosa más: no envío mi lista por SMS, ni la publico en Facebook, ni la escri-bo en el cuaderno de matemáticas. Simple-mente la anoto en una hoja de papel y no lo hago hasta un día antes de la confesión. Un minuto después de recibir la absolución se convierte en minúsculos pedacitos de papel que el viento se lleva o que consumen las llamas. Col 2,14  3   .  C    O  N  F   E    S   A   R   S   E    :  Y   E    S    , I    C   A  N   !  

(56)

¡Algunos también exageran cuando analizan sus pecados! Toda su vida cristiana y de oración solo consiste en la loca búsqueda de nuevos pecados que hayan podido cometer. Piensan que Dios solo les amará si se muestran ante él lo más feos y pequeños posible. Su vida está como refrenada. No corren riegos pues podrían hacer algo equivocado. En lugar de alabar la grandeza de Dios piensan permanentemente en sus propias debilidades. Siempre están diciéndole a Dios lo horribles que son sus pecados.

Se les llama escrupulosos  («es-crúpulos» = falsas inhibiciones). Un famoso confesor, el santo francés Juan María Vianney, cura de Ars (1786-1859), tenía que tratar a menudo con «escrupulo-sos». Quien se confesaba con él, «debía evitar todas las acusa-ciones inútiles, todos los escrú-pulos que nos hacen decir cien

STOP!

¡Lo más importante

es el amor!

(57)

54 55

veces la misma cosa, que llevan al confesor a perder el tiem-po e irritan a las personas que esperan para confesarse». El santo cura de Ars recomendaba: «... lo que es dudoso, confesarlo como dudoso, y lo que es cierto, como cierto». Para él era importante «que nada fuera inventado: debéis traer vuestro corazón en vuestros labios. Podéis engañar a vuestro confesor, pero nunca al buen Dios, que ve y conoce mejor vuestros pecados que vosotros mismos».

Que quede bien claro: debemos hacer el examen de conciencia

siempre. Pero, por favor: ¡objetivo, corto y rápido! Al santo cura de Ars le gustaban las confesiones breves, sinceras y de pocas palabras.

+ Dios perdona y «olvida» los pecados. + ¡Olvídalos tú también!

+ ¡No te ancles en el pecado!

+ ¡Contempla a Dios, que es amor!

La señal de los cristianos debe ser la alegría.

BERNHARD MEUSER

Dios no quiere que deambules

como un tipo depresivo, que

mira permanentemente solo en

el abismo de la propia alma.

�   L    O  M  Á    S   I   M  P   O   R  T   A  N  T   E   E    S   E   L   A  M   O   R   !  

(58)

Busco un sacerdote.

Sé que algunos prefieren hablar de sus pe-cados directamente con Jesús en la oración de la noche, abrir su corazón a su mejor ami-go y recibir la absolución de un autómata. Sin embargo, Jesús concedió a la Iglesia el poder de perdonar pecados. Fue Jesús quien creó las reglas del juego. Por lo tanto, le creo y busco un sacerdote para volver a empezar de nuevo.

Mientras que a partir de una determinada hora no se puede hacer ruido en la calle, siempre se puede ir al sacerdote. No se debe abusar de este a no ser que sea una urgen-cia (por ejemplo, estoy en un avión que cae en picado y, sentado frente a mí, hay un sa-cerdote que duerme como un bebé: ¿le debo despertar?). Si no es esta la situación, uti-liza los horarios que cada comunidad ha de-terminado para la confesión. Puedes obte-ner esta información en internet, en la hoja parroquial o preguntando al párroco.

He reflexionado sobre qué es mejor: confe-sarme con un sacerdote al que conozco bien o con uno con el que no tengo nada que ver habitualmente. En realidad, hago ambas cosas, pero creo que la segunda variante es más ventajosa. No debemos actuar los dos como si no existiera el sacramento, que por ¿Quién puede perdonar pecados? 228 ¿Puede un sacerdote contar a otras personas algo que haya conocido en la confesión?

(59)

56 57

un momento derriba todos los muros exis-tentes entre él y yo.

¿Con qué frecuencia me confieso? La regla me parece evidente: quien ha cometido un grave pecado debe confesarse y no puede ir previamente a comulgar. De lo contrario: una vez al año, especialmente antes de la Pascua, todo católico debe ir a confesar, aunque no tenga conciencia de haber co-metido un pecado grave. Y yo, ¿con qué fre-cuencia me confieso? Algunas veces al año. Creo que debería aumentar el número de ve-ces que me confieso. Pero existe un diablillo que contraría mis planes...

¿Confe-sionario o confesión en un lugar informal? ¿Qué es mejor? Página 68 ¿Cuándo hay obligación de confesar los pecados graves? ¿Con qué frecuencia hay que confesarse? 234  3   .  C    O  N  F   E    S   A   R   S   E    :  Y   E    S    , I    C   A  N   !  

(60)

Piensa que antes de entrar en la Tierra Prometida tienes que atravesar el Mar Rojo y el desierto.

SAN JUAN BOSCO

¡No volverse loco!

De repente, me vienen a la mente miles de cosas que me impiden llevar a cabo en serio el encuentro con Dios en el confesionario. De repente recuerdo que tengo que limpiar otra vez mi habitación, que aún no he llama-do por teléfono a mi novia o que tengo que cambiar urgentemente el carburador de mi moto. Además me doy cuenta de que no soy tan malo como pensaba, que al párroco no le interesan en absoluto mis pecados y que me resulta penoso haber creído esta tonte-ría del perdón de los pecados y haber escri-to una nota. Ok, no quiero eludir la propia responsabilidad, pero de alguna manera al-guien trabaja desde el otro lado en mí, odia a muerte mi reconciliación con Dios. ¿Crisis de nervios, sudoración, taquicardia, presión arterial alta, incontinencia urinaria? ¡Al médico! O al confesionario. ¡Ahora o nunca! Antes de acercarme al confesionario, hago una pausa durante un momento y hablo con Dios. Le pido una buena confesión. Cuan-do estoy en el confesionario y la puerta se cierra detrás de mí, posiblemente mi cora-zón comienza a latir más fuertemente que en la primera cita con una chica: ¡no es de Puedes encontrar buenas oraciones de preparación a la confesión en las páginas 35 a 41.

(61)

58 59

extrañar, porque finalmente me encuentro con alguien que es más potente e imponente que cualquier otra persona en la tierra!

El sacerdote es solo «oído»...

Después de la introducción inicial, empiezo a hablar. ¡Simplemente descargo todo fuera! Recorro mi lista, punto por punto. A veces me olvido del papel y utilizo cada punto so-lamente como referencia. El sacerdote que me escucha lo hace en lugar de Jesús. Él es el «oído»: el resto es secundario. Hablo con Jesús, Él me conoce. No es de extrañar que en el último rincón de mi corazón remueva incluso una bolsa de basura que casi había olvidado ya. Él conoce cada rincón oscuro de mi alma y se alegra de que finalmente deje que entre la luz.

Después de haber dicho mis pecados a Je-sús, sigue ahora la oración de arrepenti-miento. No es nada complicado; después de todo solo significa que a la frase «Rompí el cristal de la ventana» añado: «... y siento haberlo hecho». Basta si digo: «¡Estos son mis pecados! Los reconozco y me arrepiento de ellos!».

Para saber cómo discu-rre la confesión exactamente puedes ver una descripción en las páginas 30 a 33.

¿Qué debo hacer en una confesión? 232  3   .  C    O  N  F   E    S   A   R   S   E    :  Y   E    S    , I    C   A  N   !  

(62)

He necesitado un tiempo para entender que Dios no está en absoluto enojado conmigo a causa de mis pecados. Él sabe que soy una criatura débil. No necesito darme aires de inocencia para ablandar su corazón y apla-carlo. Ante todo mis pecados entristecen a Dios, pero no le amargan. Me imagino cuán-to se alegra cuando, con cuán-todo mi corazón, me arrepiento y le pido perdón. ¡El arrepen-timiento es muy importante! ¡Si no estoy arrepentido, no debo ir a confesar!

Dios, a lo largo de la historia de la huma-nidad, no ha rechazado a nadie que le haya pedido perdón. Esto no es obvio si piensas cómo reaccionarías si, por ejemplo, un ami-go, una y otra vez, comete contigo la misma estupidez. Te pide disculpas, le perdonas, lo vuelve a hacer: en cierto momento uno se harta.

Dios no. A los que

aman a Dios, todo les sirve para el bien.

También sus

errores y caminos equivocados. Dios los permite para convertirlos en bien.

SAN AGUST ÍN

El perdón es una única cau-sa, el perdón es un estilo de vida. MART IN LUTHER KING ¿Cómo sabemos que Dios es misericordioso? 314

(63)

60 61

¡Ya se ha pagado por ti!

Me imagino que estoy en el banco. Tengo mi pagaré conmigo. Voy a la ventanilla. Hay un señor amable, con una bonita corbata. Todo mi cuerpo tiembla mientras él ve mi pagaré. A continuación debo admitir que, lamenta-blemente, no puedo pagar mi deuda. Hasta el final... ¿Qué hace el hombre en la venta-nilla? Mira hacia arriba, me mira a los ojos con simpatía y rompe el pagaré hasta que solo quedan pequeños pedacitos de papel. «No importa», dice, «ya han pagado por ti». La confesión funciona así: «Ya se ha pagado por ti»: ¡Jesús pagó por mí! Sí, es realmente inconcebible, pero Dios tenía todo esto en mente hace dos mil años: comprar nuestra deuda.

Dios está más dispuesto a perdonar a un pe-cador arrepentido, que una madre a salvar del fuego a su hijo.

SAN JUAN

MARÍA VIANNEY �CURA DE ARS�

(64)

Cuando una empresa de camisetas paga la equipación de un equipo de fútbol, el di-rector sin duda quiere que el nombre de la empresa aparezca en la equipación. De esta manera, aumenta la difusión y el beneficio de la empresa. Dios piensa de una forma to-talmente diferente. Dios hace esto por amor. Dios es amor. Y el amor no es calcular ni bus-car solo el propio beneficio.

El sacerdote es el hombre en el mostrador de la vida, nombrado para romper mi pagaré en nombre de Dios. Es triste ver cómo muchos fuera dan vueltas desesperados, utilizando métodos salvajes y supuestas «ofertas para una cura» para deshacerse de su pagaré, en lugar de ir simplemente al hombre del mos-trador para que les rompa ese documento. ¿Cómo somos salvados? 337 Aunque vuestros pecados sean como escarlata, quedarán blancos como nieve;

aunque sean rojos como la púrpura, quedarán como lana.

(65)

62 63  3   .  C    O  N  F   E    S   A   R   S   E    :  Y   E    S    , I    C   A  N   !  

(66)

Jesús en el confesionario no es una lavandería. [La confesión] se trata más bien de un encuentro con Jesús. Él nos espera y nos toma tal como somos.

PAPA FRANCISCO

Otra historia extraordinaria

Conozco una historia tremenda: Había una vez un hombre que había hecho de todo en su vida y se distanció completamente de Dios. Un día fue por diversión a confesarse para tomarle el pelo al sacerdote. Le contó sus salvajes historias y, al final, se burló del sacerdote diciendo que no se arrepentía lo más mínimo de ello y se rió de la aparente ingenuidad del cura.

Por supuesto que el sacerdote no podía absolver sus pecados, pero dijo al joven: «Si verdaderamente tienes valor, ve a la cripta y ponte ante el crucifijo. Entonces, contempla a Jesús y di diez veces en voz alta: “Me da igual que hayas muer-to por mí”». Lleno de orgullo, el hombre siguió realmente las instrucciones del sacer-dote. Fue a la cripta, se puso ante el crucifijo y dijo: «Me es igual que hayas muerto por mí». Repitió la frase varias veces. De re-pente, rompió a llorar y se arrojó al suelo sollozando. Luego volvió al confesionario. Esta vez se confesó correctamente. Esta vez recibió la absolución de sus pecados. A partir

(67)

64 65

de ese momento se convirtió; el amor de Dios lo había sobrecogido.

El sacerdote es solo el instrumento de Dios. Por eso el sacerdote no podía absolver al  joven de esta historia, porque estaba claro

que no estaba arrepentido de sus pecados. Al verdadero arrepentimiento pertenece la voluntad de evitar el pecado y cambiar la conducta. Está claro que es difícil cambiar realmente nuestro comportamiento y, en el futuro, dejar por completo de hacer el mal. Sin embargo, tengo que actuar con esa de-terminación. Dios me ayudará. Después de la absolución, el sacerdote nos impone una penitencia, que normalmente es una ora-ción. Muchos piensan que la palabra «pe-nitencia» es como una especie de castigo terrible que la Iglesia ha inventado para intimidar a la gente. Sin embargo, se trata más bien de ofrecer a Dios un signo de repa-ración y gratitud . De esta manera, muestro mi disponibilidad para reparar los daños causados.

Una vez me sucedió que me confesé con un religioso del sur de Tirol y conversábamos tan amistosamente que, al final, se le olvi-dó lo que quería ponerme como penitencia. Me entró un gran susto cuando dijo: «Está

No hay un momento en nuestra vida en el que no podamos tomar un nuevo camino. CHARLE S DE FOUCAULD ¿Qué es la penitencia? 230  3   .  C    O  N  F   E    S   A   R   S   E    :  Y   E    S    , I    C   A  N   !  

(68)

bien, como penitencia, tienes que subir el Everest de rodillas...». Al final, gracias a Dios, todo quedó en una oración.

Después de la confesión...

Estoy increíblemente feliz, ¡libre! Me han corrido lágrimas de alegría por las meji-llas. También me ha sucedido ya que tras una confesión no siento nada especial. Le pregunté a un sacerdote si había hecho algo mal. Me dijo: «No has hecho nada mal. Tu confesión tuvo efecto. En el sacra-mento de la reconciliación no se trata de que sientas que se te han perdonado los pecados, sino que se te ha perdonado. Si después experimentas eso mismo, ¡tanto mejor!». ¡Vaya! Realmente me quitó un peso de encima.

¿Y si vuelvo a caer en mi antigua vida?

Sí, puedo darme de bruces, en la medida en que vuelva a la lucha. Parece que, en un momento de distracción, me olvido de que mantengo un combate de boxeo con el mal  y recibo de lleno un golpe que me tira al suelo. No es malo si caigo al suelo. El árbi-tro empieza a contar. Ahora es seguro. Dios Los pecados contra el sexto manda-miento no son en absoluto los peores, pero sí los más viscosos. SANTO TOMÁ S DE AQUINO ¿Qué efectos positivos tiene la confesión? 339

(69)

66 67

me ayudará. ¡Me recupero! Por lo tanto, no tiene ninguna relevancia el número de veces que caigo, mientras quiera luchar y me vuel-va a levuel-vantar.

Puedo vencer, porque creo en Dios. Y porque Él cree en mí.  3   . B  E   I    C   H  T   E   N  � Y   E    S    , I    C   A  N   !   Entonces Jesús dijo a la mujer adúltera: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más». JUAN 8,11

(70)

El

confesionario

  te permite mantener el anonimato. El confesor no parece tanto un amigo y conse- jero comprensivo que te escucha con paciencia y te habla. Aquí se hace más clara su tarea de confesor como juez que escucha tus pecados, toma en serio tu arrepentimiento y lue-go te absuelve.

Este es un aspecto importante porque debes saber que, te-niendo en cuenta lo que puede hacer en ti la confesión, no es relevante si el confesor que te escucha es un santo o una persona de trato difícil. Incluso si fuera un criminal, te ab-solvería de tus pecados con todo el poder de Cristo. Y seamos sinceros: a veces esperamos que el sacerdote, en una conver-sación comprensiva, haga nuestros pecados más pequeños: «¡Eh, pero eso no es tan malo!». A veces me molesta cuando un sacerdote me dice algo parecido. Estoy delante de Dios  y si mi conciencia me acusa, no quiero oír: «¡Oh, pobrecito,

ciertamente tuviste una terrible infancia».

A PÉ N D I C E  I

¿Confesionario o

confesión en un

lugar informal?

(71)

68 69

Personalmente, como regla general, prefiero ir al confesio-nario. Lo hago cada cuatro semanas, y antes de ir me pre-paro bien, así no nos lleva mucho tiempo: de cinco a siete minutos. Cuando, de vez en cuando, quiero tener una con-versación acerca de mi vida, la confesión no es el marco más adecuado. Entonces me siento con un sacerdote en su des-pacho. Y después de haber dicho todo, toma su estola, se la impone (se convierte en ministro del sacramento de la re-conciliación) y terminamos la conversación abierta con una confesión formal.

El posible problema del confesionario es que todo se reduzca a disparar los pecados. Soltar rápidamente algunos peca-dos, bendición y vuelta a la práctica cotidiana. La ventaja de la confesión consiste en mantener el anonimato. Pero, independientemente de confesar en el confesionario o en un lugar informal, el secreto de la confesión se mantiene ínte-gramente.

Hace poco un amigo mío me contó algo de una confesión en Washington. Fue a un confesionario en la catedral. Una luz

 �    C    O  N  F   E    S   I    O  N  A   R  I    O   O   C    O  N  F   E    S   I    Ó   N  E   N   U  N  L    U   G  A   R  I   N  F    O   R  M  A  L    ?  

(72)

verde indicaba que el sacerdote estaba den-tro esperando al si-guiente penitente. El confesionario estaba oscuro y no se podía reconocer el aspecto del sacerdote detrás de la rejilla. Mi ami-go comenzó a relatar detalladamente la situación de su vida. Cuánto tiempo lle-vaba casado, cuán-tos hijos tenía, su profesión y lo que le preocupaba es-pecialmente en ese momento. De repente, desde el fondo del confesiona-rio resonó una voz grave: «¡Nada de historias, por favor! ¡Confiésese!». Una historia increíble. Me solidarizo con este hombre de Dios de Washington. En la confesión no debemos charlar demasiado, sino, con firmeza, ir directamente al gra-no. Cuando tenemos dudas aquí y allá, debemos preguntar. Pero el confesionario no es ningún quiosco informativo ni ningún diván de psicólogo, sino el lugar donde me encuen-tro con Dios a través de su minisencuen-tro.

(73)

70 71

Hacer una

confesión en un lugar

informal

 es una maravillosa oportunidad para ex-perimentar el amor y la misericordia de Dios de una manera concreta. Tengo algunas fotos delante de mis ojos. En Tai-zé, adonde voy a menudo, cada semana hay una «Vigilia de la luz». A lo largo de la noche, varios hermanos están de pie, en bóvedas alternas. Con algunos podemos hablar sobre nuestra vida y nuestro camino con Dios. Otros visten su esto-la para demostrar que son sacerdotes católicos. Podemos ir a ellos y solicitar confesión. A menudo, los jóvenes hacen una larga cola para recibir el sacramento de la reconciliación. Es realmente contagioso, parecemos empujados por una co-rriente: «¡Hey! ¡De hecho, deberías también poner tu vida en orden con Dios!». Un espacio que está lleno de anhelos, paz y belleza. Dios trabaja aquí. Él cambia a la gente en lo más profundo de su corazón.

Confesarse en un lugar informal es una cosa maravillosa, porque si no estamos seguros de qué es pecado o si quere-mos añadir a nuestro proceso de cambio de vida una petición de «orientación para el camino», sólo necesitamos tiempo y diálogo con alguien que escuche con paciencia divina y que nos ayude, tomando como punto de partida la Palabra de Dios.

Pero una confesión en un lugar informal también tiene cier-tos riesgos: podría degenerar en charla. Y el sacerdote po-dría ser simplemente un tipo simpático con quien podemos hablar relajadamente. La confesión es una acción santa, no podemos trivializarla. BERNHARD MEUSER A  P  É    N  D  I    C   E   I    �    C    O  N  F   E    S   I    O  N  A   R  I    O   O   C    O  N  F   E    S   I    Ó   N  E   N   U  N  L    U   G  A   R  I   N  F    O   R  M  A  L    ?  

(74)

Preguntas sobre

la confesión

Para todos aquellos que quieran

saber exactamente qué es

Hay muchos jóvenes de Colonia y alrededores que tienen un con- fesor especial: el obispo auxiliar Dr. Klaus Dick  (*1928). El buen

anciano sacerdote, ahora emérito, se ha convertido en la persona de confianza de gente que tiene sesenta años menos que él. Es una  gran suerte para ambas partes. A los jóvenes les gusta su paternal manera de ser, que facilita el «volcado de todo» sin restricciones. No es de extrañar que los jóvenes le hayan buscado precisamente como director espiritual. Rudolf Gehrig le ha preguntado todo lo que tiene en su alma sobre el tema de la confesión.

Referencias

Documento similar