Tan Solo Es Jazz

Texto completo

(1)

Tan solo es jazz.

Una serie de Alex Calderón sobre la música y sus consecuencias.

Con una sola nota que te sorprenda, te atrape, te encante, te conmueva es suficiente...Tan solo es Jazz.

(2)

Hace mas calor que en las puertas del infierno, el ventilador girando tan rápido como puede, el techo sin pintar refleja la luz que se cuela por las rejillas de la persiana entrecerrada, él tendido en la cama sudoroso, la mujer desnuda a su lado boca abajo, ambos agotados y saciados. Una radio antigua se esfuerza por ser fiel a la voz de Ella que suena llenando de terciopelo el aire enrarecido....a lo lejos el cañaveral susurra mecido por la brisa....esto solo es Jazz.

(3)

Tanto el piano como el vestido conocieron tiempos mejores, también su cara reflejaba en surcos heridas del alma sin curar. Detrás del micrófono escondía su fragilidad ahora convertida en desdén. La sala vacía, solo el camarero y el pianista borracho que apestaba a derrota y licor de garrafa. Ella le miró y le dijo: No pares. Él sin entenderlo repitió el estribillo por enésima vez....esta noche tampoco vendría el misterioso hombre del sombrero que le regaló flores. Acaba la canción, se apagan las luces, el pianista tambaleándose sale del club, ella espera en la puerta bajo una tenue lluvia por si su ilusión se ha retrasado...tan solo es Jazz

(4)

Despertó con un ligero dolor de cabeza, le costaba recordar la noche anterior, pero tenía la sensación de haber amado con pasión exagerada. Desnudo se incorporó buscando en el aire el rastro del aroma de ella. La cama a su lado ya estaba fría, la mujer se había marchado dejando tras de si un vaso volcado en el suelo con restos de Bourbon y carmín. Sonrió solo hasta comprobar que su cartera y las llaves del coche habían desaparecido. En el espejo del baño un corazón dibujado con lápiz de labios y una disculpa...tan solo es Jazz.

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El asfalto mojado había cambiado las sombras por reflejos, el taxi amarillo dejaba tras de si un reguero de notas cantadas por Anita O'day, escupidas con furia por una radio demasiado alta. El conductor palmeaba el volante intentando llevar el ritmo cuando vio a la mujer en la esquina, estaba empapada, vestía una gabardina gris que se confundía con el cielo. Él deseó que ella levantase la mano para detenerse, pero permaneció inmóvil recreándose en la sensación de ser bañada por esa lluvia primaveral....El taxista esbozó una sonrisa y bajó la ventanilla, gotitas frescas golpearon su brazo izquierdo...Tan solo es Jazz.

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Llevaba el aroma de su piel impregnado hasta en el alma, se habían amado hasta la extenuación y deseaba seguir haciéndolo, la contempló a su lado, adoraba la mariposa tatuada en el pecho de ella. Dormía plácidamente y él recreó la vista en el cuerpo que yacía a su lado...no pudo (Ni quiso) reprimir la incipiente excitación que le invadía de nuevo, con besos medidos en su cuello la despertó...ella sonrió y extendió los brazos hasta abarcar al hombre por completo, en la mesita de noche dos invitaciones que guardarían como recuerdo de sus bodas de oro....tan solo es Jazz.

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Desde principio de curso él llegaba puntual a clase, se sentaba en el mismo lugar y esperanzado contemplaba la puerta por si ella entraba. Invariablemente ella tomaba asiento a su lado, jamás se miraron a los ojos, pero de alguna manera sentían el vinculo creado entre ambos. Aquel día era especial, empezaban las vacaciones de verano y seguramente no volverían a verse. A ella le extrañó que el nombre de él no estuviese en la lista de calificaciones. Andaba por el pasillo cuando le vio, estaba rodeado de profesores que le trataban con familiaridad. Uno de ellos le dijo : Eres el primer alumno que veo repetir curso cuando lo tiene aprobado desde hace un año. Él se sonrojó al verla por el rabillo del ojo y el profesor lo entendió de repente....Tan solo es Jazz.

(8)

Sabía que ese momento podía llegar, no lo deseaba, pero casi. La incertidumbre de su futuro era siempre lo que mas le inquietaba. Tampoco estaba seguro de que sus nervios pudiesen aguantar mucho tiempo más. Aquella mañana el cielo estaba nublado y eso nunca era una buena noticia, antes de marcharse puso la radio, la orquesta de Glenn Miller sonaba en directo a cientos de millas de distancia. Él no acababa de entenderlo, pero se sentía cerca de casa. Al poco de despegar el canal de la Mancha reflejaba un azul intenso bajo sus alas. Por un momento miró hacia abajo, ese fue el segundo que necesitó el piloto enemigo para ponerse a su cola, la ráfaga le pilló por sorpresa. Mientras contemplaba sus manos rojas de sangre entendió que su tumba sería azul, cerró los ojos mientras el aparato se precipitaba y comenzó a silbar la última canción que escuchara....Tan solo es Jazz.

(9)

Toda una vida cabía en la pequeña maleta que llevaba en la mano, mientras la columna de vapor del tren a lo lejos anunciaba su inmediata presencia él echó una última mirada atrás. Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que ella jamás había merecido su absoluta devoción. El ferrocarril se acercaba con un traqueteo tranquilo, monótono en su rutina. El hombre dejó la maleta en el suelo, cerca de unas plantitas que luchaban por nacer en una nueva primavera. Elevó los ojos al cielo y dio dos pasos hasta situarse en medio de las vías...tan solo es jazz

(10)

La barra estaba vacía, vasos rotos, botellas derramadas, aroma a pólvora por todas partes y un tocadiscos que repetía una y otra vez el estribillo de Lili Marlene, en su Texas natal no entenderían que la paz se habría de construir después de la guerra. Se levantó de la silla donde descansaba. Dejó el casco y el Garland en el suelo sin cuidado. Le dio una palmada al aparato y cerrando los ojos escuchó la canción. Afuera la población acarreaba sus pertenencias en hatillos desesperanzados. Una escuadrilla de aviones sobrevolaba el cielo en formación desparramando ilusiones de reconstrucción a la zona liberada. Él no había hecho ni un solo disparo, por eso se sentía feliz...Tan solo es Jazz

(11)

El calor ominoso, agresivo le golpeó al salir del casino. El aire de Luisiana en verano más parece sólido que gaseoso. La humedad de una tormenta próxima le hacía sudar hasta dejarle empapado. Llevaba una melodía de Armstrong en la cabeza mientras se entretenía dando patadas a una lata...silbaba despreocupadamente improvisando arreglos que solo él conseguiría tocar, había perdido todo su dinero y se sentía feliz, ahora podría comenzar de nuevo. El camino de tierra de repente se vio salpicado de gotitas de agua que levantaban polvo y dejaban pequeños cráteres aquí y allá. Agradecido miró al cielo y se alejó caminando, con una mano en el bolsillo y la chaqueta colgando del hombro, de lo que había sido toda su vida....Tan solo es Jazz.

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Estaba sentada en el suelo, con la espalda apoyada en el sofá, la lluvia dibujaba lágrimas en la ventana que se proyectaban sobre su rostro. A lo lejos una sirena indicaba que un coche de policía o tal vez una ambulancia acudía a alguna parte. Tenía las luces del salón apagadas, a su lado una botella medio vacía de Bourbon era testigo de su estado. No podía llorar más, hipaba profundamente mientras cerraba los ojos empeñada en recordar su rostro. Se había marchado para siempre. Levantando la botella se la llevó a los labios, pero antes brindó por él, por lo que quedaba de él, tan solo una pequeña urna al lado de su clarinete encima de la chimenea....Tan solo es Jazz.

(13)

No había sido una buena persona, jamás había sentido compasión por alguien, incluyéndose a si mismo. Por eso entendía y aceptaba lo que le estaba ocurriendo. Entendía que no había nada personal, que solo eran unas circunstancias de las que nadie podía escapar. Ellos cumplían con su trabajo y él por primera vez les facilitaría la faena. Engrilletado de manos y pies, con un mono naranja daba sus últimos pasos. Se esforzaba por mantener los ojos bien abiertos en fijar en la memoria cada detalle, sonrió, ya no tendría mucho tiempo para ordenar sus ideas. Había rechazado el consuelo espiritual, en su lugar pidió que le acompañase en sus postreros minutos la voz de Billie Holliday. Un hombre se acercó a él justo antes de que le tendiesen en la camilla en forma de cruz. Le mostró dos CD's, el escogió el de la derecha y pidió el tercer tema “Travelin light”. Cuando el reloj estaba a punto de dar la hora fatídica la voz de Lady inundó la cámara y él cerró los ojos, ya podían hacerle lo que quisiesen...Tan solo es Jazz.

(14)

Aquel saxo no sonaba como siempre, ella había acudido al club como siempre hipnotizada por el calor de aquel instrumento. Pero esa noche era diferente. En las notas mas agudas el hombre cerraba los ojos y alzaba sus notas al cielo inclinándose hacia atrás. Normalmente sus espectadores hacían lo mismo contagiados por el influjo de sus melodías fascinantes. Pero todas las miradas estaban fijas en él. A nadie parecía importarle la música, solo la intensidad con la que el músico interpretaba, con una vehemencia mayor que nunca. Por sus mejillas rodaban lagrimas mientras desgranaba nota a nota la composición más triste. Ella le había dado la noticia, la peor noticia, pero él no quiso que la definitiva ausencia de su vocalista llenase con su vacío su lugar al lado del piano. Esa noche tocaría por ella, por eso el saxo apuntaba al cielo, por eso esto es …...Tan solo Jazz.

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Nevaba y hacía un frío de mil diablos, el pilluelo de los periódicos ya no voceaba las nuevas con la energía de cada día. No se atrevía a sacar las manos de los bolsillos por miedo a que se congelasen. Aún así se las apañaba para abordar a los parroquianos y conseguir vender algún ejemplar. Las noticias sobre la prohibición alegraban a unos y entristecían a la mayoría que veía en el whisky un modo de descongelar sus almas frías después del crack del año anterior. El vapor del aliento del muchacho se mezclaba con las fumarolas procedentes de las alcantarillas. El suelo nevado presentaba un aspecto sucio fruto de las rodadas de los coches y de los excrementos de los caballos. En nada se parecía la ciudad al Manhattan de las postales, era más bien un lugar desapacible y hostil. El chico, aterido se sentó en un portal y sacó su armónica, cuando empezó a tocar creyó ver en los transeúntes una sonrisa. No vendió más diarios aquel día, pero supo lo que quería hacer a partir de aquel momento. Sin importarle ni el frío ni sus botas rotas caminó por la quinta avenida llenando de notas las aceras...Tan solo es Jazz.

(16)

Desde hacía un par de años que acompañaba a la banda como chico de los recados y ocasional chófer, se las había apañado para recuperar un clarinete desechado, en secreto, con paciencia y mimo lo había arreglado y hasta conseguido hacerlo revivir, cuando por la noche sus jefes dormían, él salía al jardín del motel de carretera de turno e improvisaba sobre melodías que no había escuchado nunca. Moviendo el pie imaginaba al batería marcándole el ritmo. Antes de empezar a tocar hacía inevitablemente reverencias al publico invisible, se dirigía a la banda ausente y esperaba ese “un, dos tres” que le permitía empezar....Bailaba sujetando el instrumento por un escenario imaginado, con un telón rojo de terciopelo y tablas brillantes. Casi se sentía deslumbrado por las candilejas, tan intensa era su fantasía, pero aquella noche al terminar de tocar su primera pieza escucho aplausos de verdad. Tras él toda la banda ovacionaba al muchacho, no había conseguido ocultar sus sueños. Muchos de los músicos llevaban el instrumento en la mano, bajo las estrellas los grillos enmudecieron a ritmo de Swing, había nacido otro clarinetista....Tan solo es Jazz

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El primer golpe no lo esperaba, pero el segundo le dolió de verdad. Jamás ganaría esa pelea, él lo sabía y su rival también. Solo los 500$ de bolsa le obligaban a estar allí. La gran depresión le dejó sin un centavo y con ese dinero podría mantener a su familia algunos meses. Cada puñetazo encajado era un plato en la mesa....si pudiese aguantar por lo menos 4 asaltos como le había exigido el promotor....Pero era el segundo y todo le daba vueltas. Se esforzaba en mantener la guardia alta, pero los guantes pesaban tanto...La campana sonó. Un round más se dijo, uno más y se acabó. Pensaba en ello mientras se dirigía al centro del ring. Su contrincante le recibió con un directo de derecha que le envió a la lona....uno, dos, tres...las luces se apagaban....a lo lejos escuchó a una mujer gritar....siete, ocho....el sabor metálico de la sangre en la boca anulaba a todos sus sentidos...nueve...Tan solo es jazz.

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Cada día al levantarse miraba la foto. En ella se la veía cantando apoyada en un piano, aunque la foto era en blanco y negro recordaba con precisión ese vestido rojo de escote interminable. De eso hacía unos años, fue antes de verse deslumbrada por el dinero y los lujos prometidos por su actual esposo. Dejó el club y se casó. Al principio él le pedía que cantase alguna vez en las fiestas que daban en su mansión de las colinas de Beverly Hills con vistas al valle, pero poco a poco fue dejando de hacerlo. Tenían un piano carisimo en el hall, pero jamás nadie lo tocó y ella añoraba apoyarse en él, subirse en él, notar como la llenaba con sus notas con mayor intensidad que cuando su marido le hacía el amor. Después de ducharse y arreglarse un poco salió de la casa, sus pasos hacían crujir la gravilla, en su mano una maleta y encima de la cama una nota de despedida....Tan solo es Jazz.

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La vieja Underwood llenaba el edificio con un repicar irregular, desacompasado, él inclinado sobre ella no podía parar de pulsar las teclas compulsivamente, como enloquecido, los personajes se agolpaban en su cabeza pidiendo paso, las historias brotaban una tras otra como fotos viejas en una caja olvidada esperando su turno para ser escritas. Podían haber apagado aquella triste bombilla sucia de polvo que hacía lo que podía por iluminar su cuarto, tan absorto estaba que no lo habría notado. Las paginas de su novela se amontonaban a su lado, seguramente desordenadas. No importaba mucho, cuando sus dedos añoraban el contacto con la maquina no había nada que hacer. Aquella era la noche esperada, por fin pondría el punto final, mientras las lineas se sucedían no podía evitar sentir una profunda tristeza, se despedía de aquella historia que tantas horas de sueño le había robado. Se dio cuenta de que sus ojos se humedecían ante la inminencia de la conclusión. No era feliz, era consciente de a partir de aquel momento tendría que buscar el éxito sin mas armas que un montón de folios en una carpeta de cartón....Hoy no sería el día....tal vez jamás la terminase, era novelista, prefería soñar....Tan solo es jazz.

(20)

Aquella mañana ella estaba de mal humor, aún así le beso en los labios antes de que se marchase a trabajar, al tiempo que le daba la fiambrera. Después se puso el abrigo y como cada mañana se dirigió a la iglesia. Él tomó el tranvía como cada día desde que le contrataron para la construcción del edificio Chrysler. No podía evitar estar enfadado, no entendía a su mujer, desde que trabajaba allí el sobre llegaba a casa con dinero suficiente como para no pasar estrecheces. Se suponía que debería estar contenta. Al llegar al pie del rascacielos miró hacia arriba, una maraña de vigas de hierro parecía sujetarse por un incomprensible milagro. Allá en las alturas unos hombres caminaban sobre ellas sin mas protección que la buena suerte y algún santo o amuleto en el bolsillo. Ese era su destino, remachar las vigas de la planta 54, hoy sería un buen día estaba seguro. Cuando abordó el ascensor ya se había pertrechado con sus herramientas, que colgaba del cinto. Eran 36 en el turno y la mayoría permanecía en silencio mientras ascendían planta a planta. Era una mañana de esas en las que febrero parece haber perdido el norte y quiere convertirse en abril. A las 12 se sentó en una de esas vigas para almorzar, a sus pies Manhattan le ignoraba por completo iluminado por un sol poco corriente. Abrió la fiambrera, dentro su plato preferido, y una nota empapada en lagrimas “por favor, ten cuidado y vuelve a casa”...Tan solo es Jazz.

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Ellas ríen con el clarinetista, hablan con el pianista, admiran el vigor del batería, sienten el profundo latir del contrabajo....pero se acuestan con el saxofonista....Tan solo es Jazz.

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Aunque hacía mas de 60 años que la esclavitud había sido abolida él continuaba trabajando en la misma plantación en que lo hicieran su padre y su abuelo. Había cambiado el amo por el patrón, pero solo de nombre. Si bien es cierto que ya no usaban el látigo les retiraban la exigua paga si por algún motivo consideraban que no rendían lo suficiente. En el fondo no era tan distinto como antes de la abolición, había algunas máquinas, si, pero el trabajo duro continuaba haciéndose a base de brazos. Después de una jornada agotadora bajo el inclemente sol de Luisiana, llegó a casa, le esperaban como siempre sus tres hijos y su esposa, que se ganaba la vida haciendo la colada para una familia de la ciudad. La cena era frugal, tampoco había para mucho más, él preguntó a sus vástagos por el colegio, y después de una charla vacía y rutinaria los acostó con un beso. Su mujer fregaba los platos y preparaba la comida que habría de llevarse al día siguiente. Él salió al porche, se sentó en la desvencijada mecedora, encendió un cigarrillo, tomó la guitarra y dejó que brotasen los desgarrados acordes del blues mas triste iluminado por la pálida luna del sur...Tan solo es jazz.

(23)

Las interminables rectas hacían que la carretera fuese aburrida y monótona. Tanto a derecha como a izquierda el desierto no era mas que una intuición negra y profunda que los faros de su automóvil rompían por un segundo. En la radio Etta James sonaba como siempre profunda y torturada. En otras circunstancias se hubiese sentido bien, la soledad le gustaba, tanto que odiaba llegar a su destino. En dos días partiría hacia Vietnam, sabía bien que tal vez no regresase nunca y eso a los 22 años le parecía injusto. Tenía miedo, un miedo que le nacía en la columna y se derramaba por todo el cuerpo. Se detuvo a la derecha, reclinó el asiento y mirando al cielo de Nevada subió el volumen....Tan solo es Jazz.

(24)

Tenía 13 años y se pasaba la mayor parte del tiempo castigada, invariablemente cuando su madre la mandaba a la compra ella se detenía ante el cristal de la discográfica dejando pasar las horas sin darse cuenta. Casi siempre podía entrever a alguien grabando un disco, a veces eran grupos de Rock & Roll, otras solistas, en ocasiones un trío o un cuarteto de Jazz. Ella prefería la elegancia de esas mujeres que entraban acompañadas de hombres con sombrero cargados de instrumentos. Cuando por fortuna una de ellas coincidía con la niña, esta hacía lo posible por acercarse, por oler su perfume, por aprender de memoria su modo de andar, por copiar gestos y actitudes, luego en casa se ponía el maquillaje de su madre, sus zapatos y utilizando su cepillo para el cabello como micrófono cantaba hasta que le dolía la garganta. Ella no lo sabía todavía, pero estaba fabricando una estrella....Tan solo es Jazz.

(25)

Estaba delante de la cristalera que daba a la pista de aterrizaje, llovía y la noche parecía precipitarse muy deprisa. Afuera las gotas repicaban contra la enorme cristalera produciendo un sonido que en otras circunstancias le habría tranquilizado. Llegaron las peores noticias, la radio repetía una y otra vez que la guerra en el Pacifico había entrado en un momento crucial, pero por desgracia la torpedera no respondía a las señales de radio. Conocía el procedimiento primero la llamada mas temida, la que convertía al teléfono en enemigo, después la visita del cartero militar. Por suerte esta vez se había librado, dentro del avión que se acercaba iba su esposo. Se sintió culpable por las dos mujeres que le acompañaban, a ellas si les había sonado el teléfono y llegado la fatídica carta. Las miró deseando no encontrarse nunca en su lugar. Una de ellas susurraba “Stormy wheather” mientras sus lagrimas se mezclaban con la lluvia que inundaba el pavimento....Tan solo es Jazz.

(26)

Él esperaba que fuese suficiente con la persistencia, con la paciencia, con el anhelo, pero se equivocaba. Nada podía hacer para activar los resortes del corazón de esa mujer que cada noche se subía al escenario para agitarle con sus gestos y su voz como a un sonajero. Desde su mesa preferida la escuchaba día tras día, invariablemente el camarero le servía su bourbon preferido y él lo hacía durar hasta la pausa del espectáculo, después se acercaba a ella pero siempre se quedaba a unos pasos de distancia. Ella debería darse cuenta de que era el único que no fallaba, el que de verdad acudía a escucharla. Se lamentaba de que las miradas no fuesen suficiente para expresar sus sentimientos, pero tenía la certeza de que si ella no había reparado en su presencia hasta ese día era absurdo seguir intentándolo. Así que aquella noche se quedó en casa, desorientado y triste, pero resignado y determinado a olvidarla.

Cuando ella salió al escenario y vio la mesa vacía notó que algo faltaba. Intentó que su voz fuese la de siempre, pero algo parecido a un nudo atenazaba su garganta. Preguntó al camarero y este solo pudo encogerse de hombros....Tan solo es jazz.

(27)

Se puso el vestido rosa que su madre le escogió, había pasado la tarde en la peluquería y por fin pensó que todo estaba en su lugar. Era el último día en el instituto, esa noche era la fiesta de fin de curso, en una hora pasaría a recogerle su pareja. No era su primera opción ni tan solo la segunda, pero fue el único que se lo pidió mientras esperaba que el chico que le gustaba se decidiese por ella o por Lucy, cuando supo que iría con esta se puso triste, pero se dijo que él se lo perdía. Esa noche estaba dispuesta a dar el paso que la convertiría en adulta. Lo había hablado con sus amigas y las tres pactaron que la última noche sería la primera vez. Lo que no tenía claro es que el chico que la viniera a recoger fuese el adecuado, ni tan solo le atraía demasiado. Les gustaba a sus padres y eso nunca era bueno en una relación adolescente. Mientras escuchaba en la radio a “The platers” se daba los últimos retoques, esperando impaciente a que sonase el timbre de la puerta. Escuchó el motor de un coche detenerse ante al puerta. Ya había llegado. Esperó a que su madre abriese la puerta para descender la escalera despacio, evaluando la reacción del joven al verla. Se quedó pasmado, todo iba bien. Él le entregó una orquídea que ella prendió en el escote y juntos salieron rumbo a la fiesta. Hicieron el trayecto casi en silencio, el muchacho intentó sin éxito empezar varias conversaciones pero ella solo respondió con monosílabos. Cada vez que lo miraba su determinación flaqueaba, no le apetecía nada que su primera vez fuese con él. Estaba convencida de que faltaría al pacto con sus amigas. No era un modo muy elegante de terminar el curso...Tan solo es Jazz

(28)

Desde la silla de ruedas solo podía ver el mar cuando la enfermera se apiadaba de él y lo llevaba al lado del ventanal. Nadie podía entender porqué el hombre siempre sonreía, era incapaz de hablar y de moverse, a sus 98 años el cuerpo le había dicho basta, pero su cerebro se negaba a morir. Pasaba las horas recordando los años dorados cuando en NY tocaba con Basie, Shaw y Miller. Cuando las puertas del Savoy se abrían para su banda y las mejores vocalistas se peleaban por cantar con ellos. Recordaba a Lucciano y Capone sentados en el club, a Hemingway y Baby Ruth, a Rocky Marciano y a Primo Carnera. Había compartido mesa con gran parte de los que hicieron historia y se sentía orgulloso. Lamentaba no haber tenido hijos ni a quien contarle las múltiples anécdotas que almacenaba, pero con esa única excepción su vida había sido plena. Por eso sonreía siempre, se marcharía contento. La enfermera se acercó y le dijo que las chicas de la limpieza iban a fregar el suelo, pero que en cuanto terminasen lo volvería a acercar al ventanal. Él quiso afirmar con la cabeza, pero le fue imposible. Le llevaron al salón de la televisión donde unos cuantos jugaban al dominó y otros permanecían ensimismado en sus pensamientos. Ahí escuchó la noticia, había fallecido Etta James, por primera vez desde hacía años lloró...Tan solo es Jazz

(29)

Al día siguiente tendría la audición, sentada a la mesa era incapaz de cenar nada, por más que sus padres insistiesen, estaba obsesionada por perder esos kilos que le sobraban y que formaban parte de su encanto. Repasaba el repertorio una y otra vez y comprobaba compulsivamente que su ropa estuviese perfecta. No pudo dormir, dio vueltas en la cama una y otra vez, contó estrellas y soñó con ser una de ellas, hasta que irremediablemente amaneció. Cogió su equipaje y se dirigió a la estación. El tren fue puntual. Al llegar a Grand Central y tras cruzar sus puertas la ciudad se le vino encima. La enormidad de los rascacielos la abrumaba y la hacía empequeñecer. Cuando llegó al teatro una larga cola de jóvenes como ella esperaban turno para demostrar su valía. Algunas eran hermosas, otras simplemente preciosas, cantaban y calentaban la garganta en un pasillo saturado de sueños e ilusiones. Ella miró la maleta, entonó una canción y echó una ultima mirada al escenario. Nunca debería haber hecho caso a sus amigas del coro de la iglesia, por fin conocía su lugar, feliz por ese descubrimiento bajó las escaleras con una melodía en los labios...Tan solo es Jazz.

(30)

El motor de ese Mustang no había sonado nunca así. Ya cuando lo sacó del taller le pareció que algo había cambiado. Al arrancar toda la caballería bajo el capó parecía darle la bienvenida. Ella sonrió con satisfacción, le gustaban los coches potentes y ese era el que siempre había deseado. Descapotable, rojo fuego y con el anagrama de Shelby al lado del caballo. No era un automóvil de chica, pero le daba igual, su feminidad no se medía por su vehículo. Era una autentica Pin Up, una mujer preciosa, coqueta y algo picara. Había llegado de Cuba hacía ya 15 años cuando contaba 12 y se había convertido a la cultura americana con asombrosa facilidad. En su casa se escuchaba salsa, pero ella solo se sentía bien cuando Count Bassie o Benny Goodman sonaban en su tocadiscos. Se decía a si misma que había nacido con retraso, entre sus más íntimos deseos estaba ver su rostro dibujado en el fuselaje de un B- 52 e inspirar con su imagen el valor del piloto que sería su prometido. Por desgracia a principios de los 70 los aviones ya no llevaban mujeres dibujadas bajo la cabina y ella, desde luego, no tenía un novio aviador. Conducía sin destino, solo por el placer de viajar y tan ensimismada en sus pensamientos que ni se dio cuenta de que el desvío que debía tomar había quedado atrás. Tomó una autovía mal asfaltada y con un solo cartel en el que pudo leer una cifra 945, el resto era ilegible, aun así decidió seguir adelante.

El Mustang devoraba millas con alegría, mientras recorría la carretera se diría que bailaba al compás de las notas que la radio desgranaba, fue entonces cuando vio el avión. Volaba bajo, los reflejos metálicos de sus alas deslumbraban y las cuatro hélices agitaban el aire claro formando pequeños torbellinos tras ellas. El piloto inclinó la aeronave y ella pudo ver la silueta de una mujer dibujada bajo la enorme cabina de cristal. La radio del coche repetía una y otra vez la noticia del ataque a Pearl Harbour,...cuando quiso apagarla se fijó en que en vez de vaqueros

(31)

llevaba una falda de volantes blanca, no sabía que había ocurrido, pero pisó el acelerador, ahora entendía el cartel, si esa carretera la llevaba a 1945 no quería llegar tarde....Tan solo es Jazz

Sentada al lado del escenario la mujer del vestido rojo escuchaba a su banda tocar, era el preludio a su entrada triunfal. Aquella noche deslumbraría al publico con su maravillosa voz y con su espectacular presencia. Pero antes de pisar las tablas debería dejar de lado el pesar que la atenazaba. Había sufrido una pérdida irreparable hacía poco y su ánimo estaba algo tocado. Tomó un papel y garabateó algo a toda prisa, mientras lo hacía miraba la plaquita metálica que colgaba de su pulsera y que se movía ritmicamente mientras el bolígrafo danzaba en su mano. Toda ella era música, pero esa noche era música triste. Cuando el guitarrista pronunció su nombre ella apareció radiante y sonriente, entre aplausos ocupó su lugar ante el micrófono, pero antes tendió el papel a su pianista, había un cambio en el repertorio, empezarían con una canción distinta, miró al cielo y se la dedicó a su perro...Tan solo es Jazz.

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Estaba sentado frente a la chimenea con el maldito sobre en la mano aún sin abrir, afuera nevaba sin mucha convicción, eran las primeras nieves del año y por primera vez en mucho tiempo no se alegraba al verlas caer. El hombre del sombrero se había marchado y podía verle subir en su viejo Ford. Desde donde estaba veía la entrada de su casa, ese camino entre vallas blancas que tanto le gustaba en primavera. Casi se cruzan los dos coches, ella llegaba pronto. Cuando bajó del automóvil él no pudo evitar recrearse en su belleza. Vestía un abrigo oscuro y un sombrero masculino que le quedaba de maravilla. Sus pisadas rompieron la blancura del sendero mientras se dirigía al porche. Él intentó levantarse, pero no pudo, a sus 72 años las piernas no le respondían como deseaba. La esperó sentado, la joven entró y caminando como solo ella era capaz, casi bailando se acercó al hombre y le dejó un beso en la frente, suave, delicado, tal vez en demasía para tratarse de su marido. El anciano sonrió y con un gesto disimulado lanzó al fuego el sobre con las fotos que le diera el detective...Tan solo es Jazz.

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Atenazado por lo nervios se escondía hasta de si mismo, dando vueltas tras el telón cerrado no estaba seguro de querer escuchar su nombre en labios del presentador. Tenía 14 años y en contra de la opinión de su padre, un estricto pastor luterano, había frecuentado la compañía de los jóvenes de color que se reunían a tocar tras los muros de la vieja fabrica de conservas. Al principio no entendía nada de aquel galimatías musical, donde cada uno entraba y salía de la melodía sin orden aparente, pero le gustaba, le atraía como ver los muchachos bailaban, reían y disfrutaban haciendo algo que él no alcanzaba a comprender, bajo la batuta de aquel viejo calvo con sombrero, vestido siempre de negro y con un saxo enorme colgado del cuello. Una tarde, después de mas de un mes de permanecer sentado día a día a distancia prudencial encima de unas cajas de fruta, el hombre le hizo una señal para que se acercase. El muchacho estaba nervioso, jamás había hablado con un hombre de color y era victima de los prejuicios de sus padres. Pero algo en la sonrisa del viejo le hizo acercarse. En la mirada de aquel hombre descubrió la bondad y la libertad de la que estaba privado en su casa, también encontró la magia de esa música que desde hacía tiempo se había convertido en una obsesión. No tardó mucho en dominar la trompeta que el anciano de diera. Era algo innato en él, diríase que por fin se habían encontrado el instrumento y el joven después de una larga búsqueda. Así que cuando en el instituto hicieron el concurso de talentos, sin pensarlo se inscribió. Ahora estaba arrepentido, sus padres estaban entre el publico pero no sabían que haría. Cuando por fin pisó el escenario, tímidos aplausos le recibieron. Cerró los ojos y dejó que la melodía brotase de sus labios sin que le importase nada más, cuando dio la última nota esta fundió con una ovación entusiasta, el chico buscó con la mirada y allí estaban sus padres, en pie y con lagrimas en los ojos...Tan solo es Jazz.

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