1 RESIGNIFICAR EL BOSQUE:
FORESTERÍA COMUNITARIA Y RESILIENCIA EN EL GUAVIARE
Autor: Daniel García Sánchez Directora: Cindy Córdoba Vargas Resumen
La investigación Resignificar el bosque, se pregunta cómo la forestaría comunitaria incide en la resiliencia socio-ecosistémica en El Capricho, Guaviare, luego de la firma del acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y la antigua guerrilla de las FARC en 2016. Este pacto representa una ventana de oportunidad para el desarrollo regional. Sin embargo, en los últimos años el aumento de la deforestación, ha afectado las conexiones ecosistémicas, los ciclos naturales y las interacciones sociales. Se utilizó una metodología cualitativa con un estudio de caso etnográfico, como método complementario se usaron medios audiovisuales1. Los resultados concluyen que la forestaría comunitaria fortalece la resiliencia socio-ecosistémica, ahora bien, son necesarios cambios estructurales que impidan regresar a un estado inicial de violencia y marginalidad.
1. INTRODUCCIÓN Y JUSTIFICACIÓN
Desde la firma del Acuerdo de Paz entre el gobierno colombiano y la antigua guerrilla de las FARC en 2016, se han presentado transformaciones sociales y ecosistémicas. Por una parte, el fin del conflicto armado representa una ventana de oportunidad para un desarrollo sostenible con el medio ambiente, una economía incluyente y una sociedad más equitativa. De otro lado, desde la firma del acuerdo se ha incrementado el acaparamiento de tierras, los cultivos ilícitos, el asesinato de líderes sociales, la deforestación (ver grafica1), entre otros (Linares, 2019; Amador, Yepes, & Cardona, 2018). Guaviare es uno de los departamentos más afectados por los recientes cambios, con una ubicación estratégica en términos ecosistémicos y con una población resistente y emprendedora. La presente investigación busca conocer ¿cómo la forestería comunitaria incide en la resiliencia socio-ecosistémica de la población Guaviarense de El Capricho?
La resiliencia más allá de la capacidad de absorber los cambios y adaptarse a ellos para regresar a un equilibrio o normalidad (Holling, 1973), o de reorganizar el sistema conservando sus estructuras (Carpenter et al., 2001), se plantea en este trabajo, como la posibilidad de aprovechar los cambios para lograr transformaciones radicales que superen inequidades y fortalezcan relaciones sostenibles con el medio ambiente (Pelling
& Navarrete, 2011). En este sentido, esta investigación pretende conocer desde un estudio de caso, cómo la forestería comunitaria incide en la resiliencia socio- ecosistémica, aspecto esencial en la gestión de cambios que estimulen el desarrollo regional, mejorado la calidad de vida de los ciudadanos y la salud del medio ambiente.
1 Resignificar el Bosque, video documental: https://youtu.be/W9rHPVZ8zSI
2 Así bien, esta investigación brinda recomendaciones para los hacedores de política pública y demás stakeholders, sobre la gestión de las transformaciones en un momento crucial para la población y el medio ambiente. En este sentido, la resiliencia tiene el poder para gestionar las transformaciones socio-ecosistémicas permitiendo conservar el ambiente y mejorar la calidad de vida de los guaviarences.
Gráfica 1. Deforestación por año, Fuente IDEAM (2020)
1. BASESTEÓRICO-CONCEPTUALES
Resiliencia socio-ecosistémica
Desde el paradigma de los sistemas complejos es impensable desligar la dimensión socio-cultural de la naturaleza; ya desde los años 70 del siglo XX, se reconoce la dependencia social a los ecosistemas (Gómez-Baggethun et al., 2010). Asimismo, se plantean discusiones sobre la gestión de los recursos naturales reconociendo su carácter común y finito, precisando un aprovechamiento sostenible; artículos como “La tragedia de los bienes comunes” de Garret Hardin (1968) o “Límites del crecimiento”
(Meadows, 1974) del Club de Roma, plantean dilemas éticos, sociales y ecológicos, sobre la libertad, el crecimiento poblacional, la regulación y el uso de los bienes naturales comunes.
Lejos de la concepción utilitarista de la naturaleza como un Servicio Ecosistémico (MEA, 2005), un “Capital Natural” (Schumacher, 1975), un valor de cambio (Solow, 1974) o una mercancía (Commodity) (Arsel & Büscher, 2012), un socio-ecosistema resiliente integra aspectos socio-culturales que fortalecen transformaciones radicales del sistema (Walker et al., 2004a), como: aprender a vivir con el cambio y la incertidumbre, alimentar la diversidad, mantener la memoria socio- ecológica, gestionar el conocimiento y, crear oportunidades para la auto-organización (Berkes y Seixas, 2005); desarrollar la gobernanza (Lebel et al., 2006), la equidad (Ravera et al., 2016) y la agencia (Pelling & Navarrete, 2011).
El pensamiento resiliente se caracteriza por una visión dinámica del mundo en donde el ser humano y la naturaleza establecen una relación estrecha e interdependiente ante las
10.569
6.892
9.634
11.456
38.221
34.527
24.220
0 5.000 10.000 15.000 20.000 25.000 30.000 35.000 40.000 45.000
2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019
Deforestación en hectáreas
Año
Deforestación anual departamento de Guaviare
3 transformaciones; la persistencia y la transformación coexisten en los sistemas vivos incluidas las sociedades humanas (Folke et al., 2011). Ahora bien, las aproximaciones conceptuales a la resiliencia, son heterogéneas y variantes según el marco epistemológico desde el que se defina.
Desde la física, la química y la ingeniería, la resiliencia es la capacidad de un material para resistir fuerzas o perturbaciones externas y recuperar su estado natural (Herlihy, 2014), de esta forma, su característica primordial es la estabilidad y la normalidad. En oposición, la ecología comprende la resiliencia como la capacidad que tiene un sistema para absorber las perturbaciones y reorganizarse mientras experimenta cambios, reteniendo esencialmente la misma función, estructura, identidad y retroalimentación (Walker et al., 2004a); en esta misma línea, para la psicología, resiliencia es el resultado positivo en el desarrollo de una persona a pesar del estado de alto riesgo o estrés y la recuperación del trauma (Herlihy, 2014), lo que quiere decir que un individuo resiliente es capaz de adaptarse a un medio adverso o superar perturbaciones de su entorno.
La complejidad de la resiliencia se agudiza cuando se aplica a sistemas complejos como los ecosistemas, las sociedades o más aún los socio-ecosistemas (Adger, 2000; Berkes et al., 2003). Los ecosistemas, por ejemplo, son dinámicos y adaptativos desde las estructuras tróficas hasta las relaciones de productividad y los flujos de nutrientes constituyen interacciones entre sus componentes (Levin, 1998). Es así como, la característica determinante de un sistema complejo es la interdefinibilidad y mutua dependencia de sus funciones y elementos (Garcia, 2013). Siendo así, los sistemas complejos tienen propiedades emergentes, como la resiliencia, que son el resultado de saltos cualitativos y no de las sumatoria de estas propiedades aisladas (Córdoba-Vargas et al., 2019).
Desde la ecología Crawford Holling (1973) define la resiliencia como la capacidad de un sistema de absorber las perturbaciones sin trascender a otro régimen; algunas de sus características constitutivas son: i) la relación entre el sistema social y el ecológico (Adger, 2000; Berkes et al., 2003; Walker & Salt, 2006), cualquier cambio en uno de ellos afecta necesariamente al otro, ii) la adaptabilidad y capacidad de reorganización de los sistemas (Carpenter et al., 2001; Turner et al., 2003) y iii) los cambios no son lineales ni predecibles (Folke et al., 2010). Este acercamiento conceptual se centra en la capacidad de adaptación (IPCC, 2001)
Siendo así, la resiliencia es un concepto paradójico, ya que refiere a la capacidad de un sistema de no cambiar sustancialmente, aun cuando el cambio es su atributo permanente (Escalera & Ruiz, 2011). Ahora bien, si los sistemas cambian estructuralmente no desaparecen, se comportan de manera diferente, con retroalimentaciones nuevas y se estructuran de forma distinta (Walker & Salt, 2006). En este sentido, un socio- ecosistema resiliente puede adaptarse, cambiando algunos componentes o transformarse radicalmente, generando un nuevo sistema (Walker et al., 2004a). Es precisamente la resiliencia como transformación, el paradigma desde donde parte la presente investigación.
Es claro que las acciones humanas inciden profundamente en el sistema, esta es la génesis misma del Antropoceno. En esta medida, es ideal establecer una relación
4 sustentable con el medio ambiente y resiliente en su conjunto; sin embargo, la agencia humana encuentra sus límites en los intereses de jerarquías planetarias que pretenden imponer sistemas para la protección de biomas claves sin atender o entender las relaciones de las sociedades con el ambiente. Esto quiere decir que en innumerables escenarios la resiliencia significa generar transformaciones radicales para superar condiciones sociales, económicas y políticas preexistentes, marcadas por relaciones de poder desiguales, inequidad en el acceso a recursos e injusticias sociales (Béné et al., 2012; Córdoba-Vargas et al., 2020; Ensor et al., 2015).
Forestería Comunitaria
La forestería comunitaria se refiere a la gestión sustentable del bosque que beneficie a la comunidad local y al ecosistema (Charnley & Poe, 2007), nace como una iniciativa del Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura - FAO hace más de 40 años, inicialmente se adopta el término de silvicultura comunitaria para referirse a cualquier situación que involucre la población local en una actividad forestal (Gilmour, 2016). Sin embargo, el término silvicultura usualmente excluye a los pequeños productores; así bien, las prácticas forestales que involucran directamente a los usuarios del bosque en la toma de decisiones y en la implementación de actividades forestales, se denomina forestería comunitaria (Maryudi et al., 2012). Este concepto, tiene en cuenta el vínculo de las personas con el bosque (Agrawal, 2002), la búsqueda del bienestar de la comunidad y de la sostenibilidad ecológica por medio de la gestión comunitaria los bosques (Arnold, 1991; Charnley & Poe, 2007; Gilmour, 2016;
Schusser, 2016a; Shrestha, 2006).
La promoción de la forestería comunitaria se ha realizado desde finales de los años 1970 por organismos internacionales como el Banco Mundial y la FAO (Gilmour, 2016), modelando algunas características de los proyectos según los objetivos de desarrollo priorizados en el momento. Siendo así, durante la década de 1970 el objetivo fue la protección contra la erosión, el suministro local de productos forestales y la generación de ingresos rurales. Durante la década siguiente, se buscó cumplir con los objetivos de desarrollo y conservación del bosque, por medio de la promoción de la gestión forestal, y desde 1990 se ha orientado en la reducción de la pobreza y la conservación ambiental con énfasis en reformas regulatorias, construcción de capacidades y el desarrollo de la pequeña y mediana empresa (De Jong et al., 2010).
Si bien la forestería comunitaria tiene características propias según el contexto social, cultural y ambiental donde se adelante, se pueden identificar algunas características necesarias para su implementación, como: i) la comunidad debe tener acceso a la tierra y a sus recursos, ii) los residentes deben participar en las decisiones sobre el manejo el bosque y iii) la comunidad empieza por recuperar y conservar el bosque (Brendler, T.,
& Carey & Carey, 1998). Igualmente, se identifican algunos objetivos comunes como, i) aliviar o prevenir la pobreza, ii) el empoderamiento de la comunidad y iii) mejorar las condiciones del bosque (Maryudi et al., 2012). Como factores imprescindibles en la forestería comunitaria se destacan, la capacidad de toma de decisiones, la representatividad y la equidad (Pagdee et al., 2006).
Sobre la forestería comunitaria se han realizado múltiples investigaciones y
5 evaluaciones, se destacan estudios longitudinales encomendados por FAO como el de Arnold (1991; 2001) o Gilmour (2016), meta análisis como los de Maryudi et al. (2012) o Pagdee & Daugherty (2006), entre otros. Numerosos autores reconocen las bondades de la forestería comunitaria en el cumplimiento de sus premisas es el caso de investigaciones como las de Carey (1998), sobre el papel de la forestería en la protección de la biodiversidad (Beukeboom et al., 2010), sobre la acción colectiva y los liderazgos (Schusser, 2016a) o la relación entre forestería comunitaria y resiliencia (RECOFTC, 2016).
Las bondades de la forestería en el fortalecimiento de la resiliencia socio-ecosistemica son ampliamente reconocidas por evaluaciones e investigaciones como el reporte de los cuarenta años de la forestería comunitaria, en el que FAO asegura que ésta práctica mejora la resiliencia y reduce las vulnerabilidades ante la crisis (Gilmour, 2016), en esta misma línea RECOFTC (2020) reconoce a la forestería comunitaria como una oportunidad para fortalecer la resiliencia nacional ante el cambio climático.
Paralelamente, estudios plantean la apremiante necesidad de realizar cambios en los modelos de forestería comunitaria para así ajustar aspectos como la participación comunitaria (Flint et al., 2008), los desequilibrios de poder entre actores (Schusser, 2016a), la equidad de género (Agarwal, 2001), los resultados económicos marginales (Maryudi et al., 2012), la eficacia (Gilmour, 2016), por nombrar algunos de ellos. Por otro lado, existen planteamientos más críticos que cuestionan la posibilidad de lograr la gestión sostenible del medio ambiente al mismo tiempo que se mejora la calidad de vida de las comunidades (Kellert et al., 2000).
Así bien, la presente investigación pretende aportar al conocimiento sobre forestería comunitaria, como alternativa al fortalecimiento de la resiliencia socio-ecosistémica, y en la gestión comunitaria del bosque; aproximación innovadora y pertinente en el contexto colombiano.
2. OBJETIVOSYMETODOLOGÍA
El objetivo de esta investigación es conocer cómo la forestería comunitaria puede ser una alternativa para fortalecer la resiliencia socio-ecosistémica en un momento de cambio, asimismo, se busca aportar a la discusión sobre la necesidad de un desarrollo sostenible e incluyente para esta región.
Contexto del estudio
El departamento del Guaviare, Colombia, está ubicado sobre el escudo Guayanés, una de las formaciones rocosas más antiguas del planeta con más de 2.500 millones de años;
esta región es una de las más prístinas de la tierra, con amplia biodiversidad y con los bosques más intactos del mundo (Jiménez, 2019). El Guaviare es la puerta de la Amazonía colombiana, en donde transitan los ecosistemas de las sabanas tropicales de la Orinoquia y las selvas húmedas tropicales de la Amazonía. El presente estudio se realizó en El Capricho, corregimiento del municipio de San José de Guaviare, ubicado entre la Serranía de la Lindosa y la zona de amortiguamiento del parque Chiribiquete, declarado patrimonio natural y cultural de la Unesco.
6 El corregimiento tiene una población de 12 mil habitantes, se divide en 34 veredas (Alcaldía San José, 2020), organizadas en 26 Junta de acción comunal (Alcaldía San José, 2016). Los equipamientos básicos en servicios públicos y educación son limitados; por ejemplo, solo un colegio brinda educación completa (11º) y para muchos habitantes está demasiado lejos de sus veredas. En salud, el corregimiento cuenta con un puesto de salud sin dotación ni profesionales (Montero, 2020). Las veredas están comunicadas por vías terciarias en mal estado, por las que transitan motocicletas y automóviles todoterreno.
Los habitantes naturales de las selvas del Guaviare fueron desde tiempos inmemoriales pueblos indígenas nómadas quienes han visto diezmada su población desde el siglo XVI hasta nuestros días. Empezando por el genocidio de conquistadores y evangelizadores europeos durante los siglos XVI y XVII, la esclavización de las empresas caucheras durante el siglo XIX, la evangelización de los estadunidenses Misión Nuevas Tribus durante el siglo XX (Arcila, González & Salazar, 1999) y por los posteriores choques con colonos colombianos quienes forjaron el término “Guaviar” o “Cuiviar”, relativo a cazar indígenas (Gómez, 1998)
En 1968 el Gobierno implementó un proyecto de colonización rural dirigida, (Arcila et al., 1999), en esta misma época llegan a El Capricho campesinos desde el interior del país, huyendo de la violencia política o con la esperanza de poseer tierras para su sustento; como lo relata “Chepe” Corba uno de los fundadores del corregimiento (comunicación personal, 2020). Las dinámicas poblacionales de esta región se relacionan estrechamente con bonanzas económicas extractivistas; como lo fue el caucho, a inicios del siglo XX; las pieles (tigrilleo), en la década de 1960; la marihuana, en los años 1970, y la coca.
Tras la caída en 1977 del precio de la marihuana por la poca demanda por parte de los estadunidenses, quienes podían abastecer su mercado con plantaciones internas, muchos campesinos guaviarenses quebraron, se vieron obligados a vender sus fundos y emprender una nueva colonización selva adentro (Arcila, González & Salazar, 1999) deforestando nuevas zonas. Quienes resistieron la crisis, encontraron en el naciente negocio de la coca su subsistencia. A partir de 1978 la economía de la región se centraba en el cultivo de la hoja de coca (Acosta, 1993), y en la transformación de la hoja a base de cocaína, proceso realizado por los mismos campesinos en rudimentarios laboratorios, la pasta base (clorato) se vendía a un tercero que la transformaba en cocaína (clorohidrato) y la exportaba, ese eslabón de la cadena fue ocupado por la guerrilla de las FARC (Arcila et al., 1999)
Las dinámicas poblacionales, las economías ilegales y la influencia que tuvo la guerrilla de las FARC, y que hoy tienen sus disidencias, son aspectos fundamentales para comprender la resiliencia de las comunidades guaviarenses. Las FARC ejercieron control en la región desde aproximadamente 1984 hasta su transformación en partido político en 2016 gracias al acuerdo de paz con el gobierno; durante su vigencia como movimiento armado, la guerrilla impuso una Rebelocracia, un orden social donde los grupos armados intervienen más allá de la seguridad o de los impuestos (Arjona, 2016), controlando también, la economía, el ejercicio de la justicia, la tenencia de tierra, la deforestación, entre otras.
7 Metodología
La investigación se fundamenta en un paradigma pragmático, intentando recoger múltiples interpretaciones de la realidad (Creswell, 2007), esta aproximación filosófica reconoce las relaciones complejas del mundo social, las transformaciones, las consecuencias y los procesos de solución de problemas. Se utilizó una metodología cualitativa, favoreciendo un análisis inductivo que reconozca las perspectivas e interpretaciones individuales; adicionalmente, se realizó una ponderación cuantitativa de indicadores de resiliencia. El método de investigación usado fue el estudio de caso etnográfico (Stake, 2005), realizado en siete veredas del corregimiento del Capricho, Guaviare. Los instrumentos de investigación empleados fueron entrevistas semi- estructuradas (Bernard, 2006) y observación participante (Guber, 1991). Igualmente, se revisaron fuentes secundarias.
Se usó como método de investigación complementario el audiovisual, beneficiándose de los aportes de la antropología audiovisual (Grau Rebollo, 2002), la cual es un medio de comunicación del conocimiento, de representación de la realidad social y cultural, y un instrumento metodológico dentro de la investigación (Ardevol, 2006), para los fines del presente estudio se usará como apoyo metodológico y como forma para presentar los resultados (Asch et al., 1973). Cabe anotar, que el audiovisual es además útil en el proceso de devolución de la información que como lo planteó Fals Borda (1987) consiste en el regreso de los resultados de investigación a las comunidades, de una forma sistemática y ordenada, teniendo en cuenta los lenguajes utilizados (simplicidad de la comunicación).
Para comprender la resiliencia de las comunidades participantes en el proyecto de forestería comunitaria ante los cambios socio-ecosistémicos, se aplicaron instrumentos de recolección de información para cada grupo de interés. Siendo así, se realizaron 23 entrevistas semi-estructuradas, a usuarios de la estrategia de forestería comunitaria, coordinadores del proyecto, expertos, excomandantes de la guerrilla de las FARC, líderes comunitarios y campesinos no participantes en forestería comunitaria; es preciso aclarar que se solicitó a los entrevistados, autorización para el uso de sus nombres e imágenes.
Se evaluó la resiliencia socio-ecosistemica usando 6 indicadores con una ponderación numérica de 1 a 5, los indicadores resultaron de la adaptación de instrumentos de medición utilizados anteriormente por Carpenter et al., (2001), Bergamini, Blasiak, &
Eyzaguirre, (2013), del Mar Delgado-Serrano et al., (2018) y Córdoba et al., (2020). La ponderación porcentual y puntuación numérica de cada indicador fue realizada por el investigador y validada con 10 participantes del estudio. Cabe anotar que las puntuaciones numéricas corresponden al cumplimiento de las condiciones enunciadas para cada indicador en el instrumento (Anexo 1).
Adicionalmente, se recopiló información en un taller realizado en El Capricho con 60 usuarios de forestería comunitaria y en el primer foro regional de la Gran Alianza Contra la Deforestación, que contó con 200 participantes, entre campesinos, líderes comunitarios, estudiantes y expertos nacionales. Asimismo, se realizaron notas de
8 campo resultado de la observación adelantada en las 7 veredas del municipio del Capricho durante 2 semanas. Toda la información recolectada fue codificada y categorizada para facilitar su interpretación.
Fue primordial para la investigación poder establecer una relación dialógica entre los conceptos y las realidades sociales, por lo que se realizó un esfuerzo por comprender las percepciones de los participantes, y que ellos comprendieran la interpretación del investigador sobre sus realidades. Para ello se realizó un ejercicio de validación de los indicadores de resiliencia, con 10 participantes del estudio.
La zona de estudio fue escogida por ser el lugar donde se adelanta el proyecto de Forestería Comunitaria Diversificada. En esta área convergen varias figuras de ordenamiento territorial como: i) Veredas, ii) Reserva Forestal Amazónica (Ley 2, 1959), iii) Distrito de Manejo Integrado - DMI (Decreto 2372, Julio 2010), iv) Zona de Reserva Campesina (Resolución 054, diciembre 1997) y la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete (ver mapa 1).
El proyecto de forestería comunitaria diversificada, tiene como finalidad mejorar la calidad de vida de las comunidades y el estado de conservación de ecosistemas estratégicos (SINCHI, 2020), se busca proteger y aprovechar los recursos naturales de forma sostenible, con una visión empresarial que genere beneficios económicos, ecológicos y sociales (FCDS, 2018). Esta iniciativa cuenta con el apoyo de Corazón de la Amazonía, cuenta con recursos del Banco Mundial, es liderada por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible e implementada por el la Fundación Conservación y Desarrollo, Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas, Corporación para el Desarrollo Sostenible del Norte y Oriente Amazónico, Parques Nacionales Naturales y Asocapricho, tiene un periodo de ejecución de 2017 a 2022 (The World Bank, 2020).
El proyecto se desarrolla con 110 familias pertenecientes a las veredas, Caño Nilo, Caño Pescado, Chuapal, La Tortuga, Manaviri, Paraíso y Retiro - Caño Lajas, la zona de impacto está compuesta por un área privada de 42.495 hectáreas (424,96 Km2) y una zona de bosque sin dominio de 800ha (800 Km2), para un total de 43.295 ha. La extensión de cada predio familiar va de 10ha a 800 ha, de las cuales 17.662,45ha son bosque, lo que corresponde a un 40,8% del área total intervenida (Montero, 2020). Cabe anotar, que la Unidad Agrícola Familiar - UAF establecida para la zona es de 61,5ha (INCORA-1996).
9
Mapa 1. Área de Forestería Comunitaria (Montero, 2020)
3. RESULTADOS
La información recolectada durante la investigación fue categorizada y codificada, lo que permitió comprender las dinámicas de población de El Capricho, el contexto socio- ecosistémico lo que viabiliza una comprensión mayor sobre las condiciones de cambio y la pertinencia de la forestería comunitaria en este territorio. En este aparte se presentan los principales resultados de contexto, para continuar con los hallazgos resultantes de la aplicación de los indicadores de resiliencia.
Según los participantes del estudio el poblamiento del Capricho se da a partir de la década de 1960, lo que corresponde con la creación del Instituto Colombiana de Reforma Agraria (INCORA), desde ese momento se establecen economías extractivas y puntas de colonización, afectando así el entorno ambiental. Ahora bien, la actividad económica más importante entre la década de 1980 y el 2016 fue el cultivo de coca.
Cabe anotar, que todos los campesinos entrevistados abandonaron el cultivo de coca y están implementando alternativas de ingreso como la ganadería, los cultivos agrícolas o la forestería comunitaria.
Los recientes cambios en las economías locales han afectado los ingresos de los guaviarenses, los cultivos de maíz, plátano y yuca no generan los recursos suficientes.
La ganadería en pequeña escala ha sido una de las alternativas de subsistencia, pese a su correlación con la deforestación (Armenteras et al., 2006). Es preciso anotar, que la ganadería se reconoce como una fuente de ahorro, así lo expone el coordinador del programa de forestería, “en la región la ganadería es como un banco, saben que tienen una plata ahí que no se pierde y va rentando. Es una rentabilidad muy baja pero tienes
10 para alguna calamidad o una emergencia” (Montero, M, Comunicación personal, marzo 2020).
Al indagar sobre las actuales causas de la deforestación, la infraestructura vial, el cultivo de palma africana, la ganadería y el creciente mercado de la tierra, son las causas principales, y en menor medida el cultivo de coca. Paralelamente, la expectativa minera representa un riesgo latente de deforestación. En este sentido, se presume que grandes capitales están incentivando la tala y quema del bosque, el exgobernador Nebio Echeverry y dos alcaldes fueron multados por permitir la deforestación (Semana, 2019), igualmente el señor Echeverry, ha sido llamado por la fiscalía por presuntos nexos con paramilitares y terratenientes, responsables de despojo de tierras y deforestación (Insight Crime, 2020).
Resiliencia socio-ecosistémica en El Capricho
Es preciso preguntarse, resiliencia ¿ante qué?, ¿para qué?, ¿para quién? Y, con ¿qué propósito? (Córdoba-Vargas, 2016; Cutter, 2016; Friend & Moench, 2013). Para responder estos interrogantes, se analiza la resiliencia ante un evento específico de cambio socio-ecosistémico, el tratado de paz de 2016. Sin embargo, los resultados dan cuenta de las capacidades y habilidades adquiridas por la población y el ecosistema en respuesta a más de un siglo de transformaciones. La resiliencia para poder transformar condiciones socio-ecosistémicas que permitan conservar el bosque y mejorar la calidad de vida de los campesinos, quienes deben ser los principales beneficiados de la resultante transición.
La evaluación de resiliencia socio-ecosistémica se realizó por medio de 6 indicadores cualitativos, estableciendo una valoración cuantitativa de 1 a 5, siendo el valor de mayor resiliencia el 5, y el menor 1; cada indicador se ponderó por el investigador con base en la información recolectada, los resultados se validaron con algunos participantes del estudio. La resiliencia socio-ecosistémica se ponderó con una puntuación general de 3,0 (ver tabla 1).
El primer indicador analizado fue el de Ecosistemas y Biodiversidad, integrado por dos componentes: i) Áreas protegidas por sus importancias culturales y ecosistémicas y, ii) Biodiversidad y producción sostenible. La protección y delimitación de áreas tiene un impacto favorable en la conservación de los bosques (Cuenca et al., 2016), aspecto esencial para la resiliencia, en este sentido existen zonas delimitadas legalmente, como Reserva forestal, Distrito de manejo integrado y Parques Nacionales Naturales (ver mapa 1).
Por otro lado, el programa de Forestería comunitaria ha incentivado el cuidado de los cuerpos de agua y la protección de zonas de bosque en territorios públicos y parcelas privadas, así lo relata una habitante de La Tortuga: “…de mis 40 hectáreas dejé 10 hectáreas de bosque, si yo hubiera sabido hace 5 años atrás su importancia no había tumbado la selva” (Gaitán, F. Comunicación personal, Marzo 2020). Así bien, la valoración del componente de áreas protegidas fue de 3 puntos, ya que si bien existen áreas delimitadas se traslapan entre si y el control de su uso no es efectivo.
11 La biodiversidad contribuye a la resiliencia de la comunidad y el paisaje al proporcionar servicios ecosistémicos, que son sostenidos o degradados por las prácticas e instituciones que regulan el uso de los recursos naturales (Bergamini, Blasiak, &
Eyzaguirre, 2013); es así como, el segundo componente del indicador, evalúa algunas prácticas que favorecen la biodiversidad. La ponderación asignada por los participantes del estudio fue de 4 puntos; la razón de esta alta puntuación se debe a que en la zona de estudio existe una producción agrícola diversificada para autoconsumo y comercialización, con espacios de bosque y biodiversidad conservados con usos para el consumo (Carne de monte, leña y madera), rastrojos rotativos delimitados y fuentes hídricas protegidas.
La resiliencia también depende de la capacidad y eficiencia de una infraestructura social que responda a las necesidades de la comunidad, aspectos como salud, educación y comunicaciones son esenciales (Bergamini, Blasiak, & Eyzaguirre, 2013). La valoración de este indicador fue de 1 punto, dado que las veredas no cuentan con agua segura, manejo de residuos ni disposición de aguas residuales, la cobertura de la red eléctrica y de comunicaciones es mínima y las carreteras están en pésimo estado. Las siete veredas cuentan con educación básica primaria, una de ellas con educación hasta 9º y en la cabecera del corregimiento, hasta 11º. En salud existe un puesto de atención sin dotación ni personal (Montero, 2020).
El tercer indicador evaluado fue el de medios de subsistencia, con una valoración de 3 puntos. Es deseable para la resiliencia contar con medios de subsistencia (Stanford et al., 2017), estos medios comprenden las capacidades y activos que la personas necesitan para vivir (Chambers & Conway, 1992), se analizó si la comunidad cuenta con soberanía alimentaria (Manuel, 2019), posibilidad de decidir sobre su sistema productivo, diversidad de fuentes de ingreso y aprovechamiento económico del bosque (Bergamini, Blasiak, Eyzaguirre, et al., 2013). Los habitantes del Capricho reconocen que producen el 80% de los alimentos que consumen, sin embargo, no cuentan con diversas fuentes de ingreso y todavía no obtienen beneficios económicos del bosque, lo que se espera cambie con el avance de la forestería comunitaria.
El indicador de gobernanza y equidad, se dividió en dos componentes, i) gestión Estatal y de la Autoridad Ambiental, ii) Mecanismos de participación y deliberación. La gestión Estatal se refiere a la capacidad de gobernabilidad (Kooiman, 1993) institucional, se tuvo en cuenta el cumplimiento de las funciones legislativas, ejecutivas y de administración de justicia, relacionadas con el ambiente. La puntuación obtenida fue de 2 puntos, se evidenció un grado de desconfianza en la administración de justicia por parte del Estado, como lo expresa un campesino de Caño Lajas: “las multas son solo para el pobre, aquí viene un rico compra tierra barata, la tumba y paga una pequeña multa o nada” (Caño Lajas, comunicación personal, marzo 2020). En cuanto a las responsabilidades de la autoridad ambiental, se percibe un aumento en la confianza gracias a la implementación del proyecto de forestería comunitaria.
En el componente de Mecanismos de participación y deliberación se analizan la gobernanza, como un proceso más o menos institucionalizado de toma de decisión e interacción entre actores públicos, privados y sociales que tiene como fin la realización de metas colectivas ( ern ndez, 201 ). Por consiguiente, se reconoce como elemento
12 clave para la resiliencia la capacidad de organización, gestión y toma de decisiones (Berkes et al., 2003).
Otro aspecto esencial evaluado en el componente de participación es la contribución efectiva de las mujeres en la toma de decisiones, aspecto trascendente para el fortalecimiento de la resiliencia socio-ecosistémica (Agarwal, 2001; Ravera et al., 2016). La puntuación obtenida fue de 2 puntos, si bien el proyecto de forestería ha impulsado mecanismos de deliberación, toma de decisión y participación activa de las mujeres, todavía existe gran dificultad en la organización autónoma y no existe paridad entre los participantes.
El conocimiento, aprendizaje y la innovación son aspectos sustanciales para la resiliencia socio-ecosistémica, incorporar y combinar diferentes tipos de conocimiento en la gestión y en la toma de decisiones son aspectos vitales para afrontar el cambio (Berkes et al., 2000). La valoración de este indicador fue de 4 puntos, se midió la capacidad de aprendizaje, la disponibilidad para cambiar de oficio y la gestión del conocimiento. Si bien la comunidad cuenta con pocos canales de información, la gestión del conocimiento es fluida, y la capacidad de aprendizaje es alta.
El último indicador y uno de los más importantes, la agencia, mide la capacidad de la comunidad en reducir su vulnerabilidad (Bohle et al., 2009), la habilidad de las personas en generar acciones colectivas que permitan transformar relaciones de poder e inequidades (Córdoba et al., 2020) aspectos claves para la resiliencia. Se evaluó la cooperación, la capacidad de asociatividad y trabajo cooperativo. Igualmente, se analizó la capacidad de autonomía en el uso de los recursos naturales. El puntaje obtenido fue de 4 puntos. Se evidencio un buen nivel de cooperación y capacidad de asociatividad, esto puede ser por la historia de organización comunitaria en Juntas de Acción Comunal, pese a esto, son evidentes los retos en la organización propia, aspecto que se está trabajando con las acciones de forestería comunitaria.
Tabla 1. Resultado, indicadores de resiliencia.
Indicadores de resiliencia socio-ecosistémica Nª Indicador Componente Características óptimas
Referencias Puntaje
obtenido % Puntaje Total
1
Ecosistema y Biodiversidad
Áreas protegidas por su importancia cultural y ecosistémica
(5) Áreas delimitadas por su importancia como conexiones ecosistémicas y por su valor cultural, zonas protegidas por las comunidades y el Estado.
(Cuenca et
al., 2016) 3/5 8,3 0,25
Biodiversidad y producción sostenible
(5) Producción agrícola diversificada para el autoconsumo, conservando espacios de bosque y biodiversidad. Mantenimiento de conexiones ecosistémicas. No hay ganadería extensiva.
(Bergamini
et al., 2013) 4/5 8,3 0,33
2
Infraestructura, salud y educación
(5) Las veredas cuentan con: i) saneamiento básico, ii) servicios de electricidad, iii) educación completa (básica, secundario, técnica y universitaria), iv) acceso a salud, v) carreteras en excelente estado, vi) mercados, vii) sistemas de comunicación (teléfono e internet)
(Bergamini et al., 2013)
1/5 17 0,17
3 Medios de subsistencia
(5) Las poblaciones cuentan con: i) Seguridad alimentaria, ii) diversidad de fuentes de ingreso, ii) producen 80% de los
consumidos, iii) aprovechamiento económico y sostenible del bosque.
(CONPES 113, 2008), (Declaration
of Nyéléni, 2019)
3/5 17 0,68
13
Indicadores de resiliencia socio-ecosistémica Nª Indicador Componente Características óptimas
Referencias Puntaje
obtenido % Puntaje Total
4
Gobernanza y equidad
Gestión Estatal y de la Autoridad Ambiental (SDA)
(5) El Estado tiene la capacidad i) de cumplir con sus funciones legislativas, ejecutivas y de administración de justicia. ii) la Autoridad Ambiental (CDA) cumple con sus funciones (ejecutar planes ambientales, hacer cumplir la normativa ambiental, intervenir en los conflictos ambientales, otorgar licencias ambientales, administrar distritos de manejo integrado reservas etc.)
(Ravera et al., 2016), (Kooiman, 1993), ( ern ndez,
2018)
2/5 8,3 0,166
Mecanismos de participación y deliberación
(5) Existen varios mecanismos de participación, deliberación y toma de decisiones que todos los ciudadanos de las veredas pueden participar. Las mujeres participan equitativamente.
2/5 8,3 0,166
5
Conocimiento, aprendizaje e innovación
(5) Existen i) varios canales de acceso a la información, ii) el conocimiento del bosque es amplio, iii) existen relaciones culturales con el bosque, iv) gestión del conocimiento alta, v) gran facilidad para aprender nuevos oficios.
(Berkes et al.,2000)
4/5 17 0,68
6 Capacidad de agencia
(5) Alta cooperación entre campesinos, ii) Capacidad de asociatividad y trabajo cooperativo, iii) alta incidencia política y toma de
decisiones, vi) autonomía en el uso de los recursos naturales, vii) capacidad en la gestión colectiva del bosque, viii) capacidad de cambiar las relaciones económicas con el bosque, ix) participación de la mujer en las decisiones comunitarias.
(Bohle et al., 2009)
4/5 17 0,68
Total 100,0 3,0
4. DISCUSIÓN
Los resultados soportan que la forestería comunitaria representa una ventana de oportunidad para fortalecer la resiliencia socio-ecosistémica en tiempos de cambio socio-ecosistémico en el Guaviare, a continuación, se hace un recuento de los aspectos en lo que la forestaría contribuye a construir resiliencia.
Incidencia de la forestería comunitaria en la resiliencia socio-ecosistémica
El proyecto de forestería en la zona de estudio empezó en 2017, con el fin de “mejorar la calidad de vida de las comunidades y el estado de salud del territorio” (FCDS, 2018).
Así lo explica Martín Montero, coordinador de la iniciativa: “el principal objetivo es detener la deforestación y la frontera agrícola, a través de cosechar el bosque… obtener beneficio económico, generar un valor social y tejido social” (Montero, M.
comunicación personal, marzo-2020). El fortalecimiento del tejido social y la capacidad de organización, representan, la posibilidad de entablar redes comunitarias de cooperación aumentando la resiliencia frente a situaciones inesperadas (Maclean et al., 2014). Olmes Rodriguez asegura que si bien no es fácil ponerse de acuerdo, con la constitución de una empresa comunitaria para extraer productos del bosque quienes no están convencidos de asociarse lo harán (Comunicación personal, marzo-2020).
La relevancia de la forestería comunitaria en el mantenimiento de los servicios ecosistémicos es indudable; la conservación de los bosques y sus conexiones ecosistémicas influyen en los servicios de soporte, esenciales para la producción de otros servicios ecosistémicos (Bouma & Van Beukering, 2015). Los servicios de soporte regulan ciclos biológicos como el del agua, así lo explica el biólogo Gustavo Garzón, “el agua de la Amazonía irriga el rio Amazonas y el Orinoco, y desde la atmosfera gracias los vientos alisios van a nuestras cordilleras, donde se estrella y se acumulan los páramos para drenar el agua, Bogotá que se siente tan ajena de la Amazonía, debería estar muy preocupada por su despensa de agua” (Garzón, G.
14 Comunicación personal, marzo de 2020). Servicios ecosistémicos de provisión permiten a las comunidades la obtención del alimento y con la implementación de la forestería comunitaria el acceso a productos comerciales del bosque.
En la medida que los bosques guaviarences se conserven, las poblaciones soportaran efectivamente eventos catastróficos como, inundaciones o sequías, gracias a los servicios ecosistémicos de regulación, que interfieren en el clima, la calidad de aire, el control de plagas, la polinización, entre otros. Por otro lado, la naturaleza provee servicios culturales, expresados en las relaciones simbólicas, espirituales, recreativas y cosmogónicas entre el ambiente y las personas. Es así como, los esfuerzos por la conservación del bosque realizados por la forestería comunitaria pueden generar beneficios locales y globales, como el aumento o mantenimiento de las reservas de carbono (Paudyal et al., 2017) lo que contribuye a la regulación climática.
La forestería comunitaria aporta a la consolidación del tejido social y nutre la agencia comunitaria, permitiendo a las personas usar su libre determinación para responder ante los cambios socio-ecosistémicos, incorpora aspectos como el empoderamiento y autoeficacia, y fortalecer la capacidad para gestionar situaciones y eventos futuros que los afecten (Cinner & Barnes, 2019). Así mismo, la estructura social es esencial en la construcción de modos de gobernanza equitativa y participativa, para alcanzar metas colectivas aprovechando las transformaciones socio-ecosistémicas. En consecuencia, el valor social de la forestería comunitaria fortalece la resiliencia, en las dimensiones de gobernanza y capacidad de agencia, ahora bien como lo expresa el coordinador de forestería en el Capricho “representa un reto consolidar base social ya que queremos pasar de una cultura individual a una asociativa” (Montero, M. comunicación personal, marzo-2020)
Por otra parte, la equidad es una de las bases de la resiliencia, las desigualdades de las mujeres y niñas quebrantan su resiliencia y por consiguiente la de sus hogares y comunidades (Le Masson, 2016); siendo así, el proyecto de forestería propende por una participación equitativa, así lo reafirma Rubi Chavez “venimos a empoderarnos de la selva” (Ch vez, R. Comunicación personal, marzo-2020), la señora Flor recalca que
“somos pocas las que participamos, a las mujeres les da mucho miedo, pero pueden salir adelante y hablar en las reuniones, yo era muy miedosa, pero va uno bregando quitarse el miedo” (Gaitán, F. comunicación personal, marzo-2020). Igualmente, la participación de ellas en la toma de decisión es reconocida “Si no tuviera voz y voto no estaría ac ” (Martha Galeano, comunicación personal, marzo-2020). Estos esfuerzos por la inclusión y participación fortalecen la resiliencia ante los cambios.
El proyecto de forestería comunitaria, reconoce las relaciones interdependientes entre naturaleza y la sociedad dentro del sistema (Adger, 2000; Berkes et al., 2003; Folke et al., 2010; Brian Walker et al., 2004). Está apropiado entre los participantes del proyecto, la necesidad de recuperar el ecosistema “la idea principal es reforestar, sembrar árboles, cuidar los nacederos y cuidar los caños” (Norberto Rojas, comunicación personal, marzo-2020). En adición, el valor cultural del bosque es una constante, por ejemplo, para la señora Rubi: “El bosque para mi es vida, es algo que yo amo, que adoro, encuentro alimentos, me ha dado casa porque está hecha del bosque y me dio la fuente de sanación para mi hijo” (Chávez, R. Comunicación personal, marzo-2020). En
15 definitiva el valor cultural del bosque (Maryudi et al., 2012), evidenciado en la relación simbólica que tienen los habitantes con él (Daniel et al., 2012), aporta al cuidado del entorno, lo que significa el sostenimiento de la biodiversidad (Rawat & Agarwal, 2015) aspecto que fortalece la resiliencia.
La biodiversidad es el sostén de la mayor parte de los bienes y servicios ecosistémicos (Thompson, 2011), lo que es esencial para el bienestar de los habitantes del bosque; la forestería, propende por el aprovechamiento de esos servicios de manera sostenible obteniendo beneficios económicos y permitiendo la diversificación de la alimentación y de los medios económicos. Se espera constituir en El Capricho una empresa comunitaria capaz de comercializar seje2, asaí3, chuapo4, cacay5, entre otros, Estas acciones acentuarán la resiliencia generando diversidad de ingresos para la población, José Munar de Caño Nilo, resalta este aspecto: “es necesario sacar varios productos, que no sea sólo ganado, o como antes que era sólo la coca, que haya diferentes fuentes de ingresos… y también del bosque” (Munar, J. Comunicación personal, marzo 2020).
Ahora bien, el camino hacia la materialización de estos objetivos representa un gran reto, las figuras de ordenamiento territorial son confusas, la tenencia de la tierra no se ha legalizado y la deforestación continúa en aumento.
Es esencial para la resiliencia socio-ecosistémica la capacidad para aprender, innovar y gestionar conocimientos. Así mismo, el cúmulo de conocimientos, prácticas y creencias sobre los ecosistemas o Traditional Ecological Knowledge (Berkes et al., 2000) juega un papel fundamental en la gestión del cambio. En las comunidades existe algún conocimiento cultural y material sobre el bosque, sin embargo, dado que la población ocupó las tierras selváticas hace relativamente poco tiempo, el conocimiento profundo del bosque es limitado, lo que no ocurre con las comunidades indígenas de la zona. Sin embargo, es evidente la transmisión de conocimientos entre algunos participantes: “yo andaba mucho por la selva amazónica y al lado de los indígenas uno aprende mucho (Castro, J. Comunicación personal, marzo-2020).
Ahora bien, la forestería comunitaria estimula la gestión y adquisición del conocimiento, utilizando intercambios de experiencias, una pedagogía de campesino a campesino, lo que es muy valorado por los protagonistas; esto en oposición, a los innumerables proyectos del Estado o de ONGs con resultados limitados, como lo reconocen los entrevistados: “llegan muchos a capacitarnos en un tablero, nos hacen firmar una planilla para cobrar y no vuelven” (Campesino Capricho, comunicación personal, Marzo-2020) las dificultad en las pedagogías genera frustración y desconfianza sobre los resultados propuestos por los programas, lo que se podría llamar desesperanza programática, en concordancia con el concepto de desesperanza aprendida (Seligman et al., 1978)
Otro aspecto que se ve fortalecido por la forestería comunitaria es la capacidad de agencia, de tomar decisiones para lograr metas comunes que favorezcan la comunidad y al ecosistema. En el contexto estudiado la agencia no debe estar en función de la
2 Oenocarpus bataua
3 Euterpe precautoria Mart
4 Iriartea deltoidea
5 Caryodendron orinocense
16 adaptación a los cambios para continuar con inequidades y dinámicas de poder jerarquizadas, donde se adapte el sistema de la rebelocracia al dominio de terratenientes y políticos corruptos. Es necesaria una agencia para la transformación y la superación de injusticias e inequidades.
Ante una transformación como la actual, es vital la resiliencia y en ese sentido analizar estrategias que permitan aprovechar los cambios para crear un nuevo paradigma social y económico, basado en una sostenibilidad a largo plazo de territorios desarrollados y una distribución más equitativa de la riqueza (Clerici et al., 2019); La forestería es una oportunidad, sin embargo existen problemas estructurales identificados en investigaciones y plasmados en el Acuerdo de paz, que son apremiantes.
En este sentido, es necesario implementar un conjunto de medidas que estimulen la resiliencia socio-ecosistémica, y brinden las condiciones necesarias para la protección ambiental y el bienestar de la comunidad. Por lo pronto los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (Gobierno Colombia, 2016) son instrumentos de planeación ajustados a las necesidades del territorio, sin embargo tres años después de su implementación, los avances son limitados, el 4% de las acciones propuestas se ha completado, el 10% tiene un avance intermedio, el 56% tiene un progreso mínimo y el 31% no han iniciado (KROC, 2020).
Adicionalmente, desde el gobierno local el Plan de Desarrollo (2016-2019) planteó mejorar la calidad de vida, la economía, conservar el ambiental y construir paz, sin embargo, realizando un balance de su complimiento es curioso que por ejemplo la meta en salud aparezca con un complimiento del 98% (DNP, 2020) y el centro de salud del Capricho no esté en funcionamiento. En este sentido, es preocupante que las metas no estén ajustadas a las necesidades de la comunidad y al carácter de sostenibilidad ambiental plasmado en los documentos de política pública. Ahora bien, vale reconocer el gran esfuerzo de Corazón de la Amazonía, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, la Fundación Conservación y Desarrollo, el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas, la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Norte y Oriente Amazónico, Parques Nacionales Naturales y Asocapricho, están realizando con la iniciativa de Forestería comunitaria diversificada.
Por un Capricho Resiliente
La forestería comunitaria fortalece la resiliencia socio-ecosistémica, sin embargo no es suficiente, existen factores estructurales que impiden una adecuada gestión del cambio, el primero de ellos es la dificultad del Estado para la gestión del territorio, si bien se han aumentado las zonas de reserva forestal, los gobiernos no logran hacer cumplir la ley, e incluso actúan en contra de las propias políticas estatales. Habitantes que llevan más de dos décadas en el territorio todavía no cuentan con títulos de propiedad, esto limita su acceso a créditos o beneficios de conservación y facilita el acaparamiento de tierras por grandes terratenientes, quienes sí logran legalizar los predios.
Sin un control del territorio por parte del Estado es imposible limitar fácticamente la vocación de la tierra, lo que trae consigo, afectaciones socio-ambientales; así mismo, la falta de apoyo para un desarrollo económico ajustado a la amazonia, obliga a la
17 población a implementar prácticas como la ganadería extensiva o la quema del bosque.
En esta misma línea existe incumplimiento en los programas de sustitución de cultivos ilícitos “Nos comprometimos a dejar la coca y no nos han cumplido” (Campesino El Capricho, comunicación personal, marzo-2020), la creciente presencia de disidencias de las FARC, presagia el regreso de la economía de la coca y posiblemente un incremento en la violencia, por los choques entre narcotraficantes por el control del territorio.
Igualmente, la precaria infraestructura, el estado de las carreteras, el poco acceso a la salud y la educación, limitan la gobernanza y la agencia, en consecuencia la resiliencia.
Así mismo, la falta de alternativas de subsistencia dificultan la gestión del medio ambiente y limitan el bienestar social (White, 2010). Paralelamente, la visión de desarrollo de los últimos gobernantes parece estar en contravía con la sostenibilidad, el exgobernador pidió al presidente incentivos para la expansión de la ganadería y el cultivo de palma de aceite, un conjunto de medidas para incrementar la destrucción de la Amazonía (Rodriguez, 2019).
5. CONCLUSIONES
Ante un cambio socio-ecosistémico derivado del proceso de paz entre las FARC y el gobierno colombiano, se abre la oportunidad de una transformación que mejore la calidad de vida de los habitantes y mantenga ecosistemas estratégicos para la vida del planeta. En este sentido, la forestería comunitaria fortalece la resiliencia socio- ecosistémica en aspectos esenciales como la capacidad de agencia, la gestión del conocimiento, los mecanismos de participación y la gobernanza; e incentiva la protección del medio ambiente y su sostenibilidad.
La gestión comunitaria del bosque permite la construcción de resiliencia. La producción diversificada de alimentos en áreas delimitadas permite que se mantengan las conexiones ecosistémicas y aporta a la seguridad alimentaria de la población. De este modo, la extracción de frutos del bosque con alto valor nutritivo y con gran potencial comercial, permite aumentar y diversificar las fuentes de ingresos para los habitantes del bosque; un ejemplo de esto, son productos como el aceite de seje o sus palmitos, las propiedades antioxidantes del asaí, o las cualidades alimenticias de chuapo o el cacay.
Ahora bien, la forestería comunitaria en El Capricho debe encaminar sus esfuerzos en afianzar la asociatividad, incentivar la formación empresarial, haciendo énfasis en la implementación de procesos pedagógicos prácticos y adaptados a los contextos rurales.
De igual forma, las cadenas productivas y de valor deben ser claras, atendiendo aspectos como tiempos de producción, distribución, transformación y comercialización de los productos del bosque. Adicionalmente, es pertinente continuar con la formación en liderazgos, mecanismos de gestión comunitaria y equidad de género, lo que se traduce en gobernanza ambiental y capacidad de agencia. Las anteriores son condiciones que aumentan la resiliencia socio-ecosistémica.
Por otro lado, se identificaron aspectos que limitan la resiliencia socio-ecosistémica y que la forestería comunitaria no puede solucionar. Es indispensable que el Estado garantice la gestión del territorio con figuras de ordenamiento territorial claras, y planes de desarrollo que representen las necesidades de la población y estén acordes con los
18 usos ambientales del territorio. Se hace necesario mejorar la infraestructura en salud, educación y comunicaciones, legalizar la tenencia de tierras, delimitar las áreas protegidas en predios públicos y privados, articular programas y proyectos, y garantizar la presencia del Estado en todo el territorio.
Es concluyente que el pensamiento resiliente es esencial para afrontar los cambios actuales. Ahora bien, no es deseable una resiliencia para regresar al estado inicial (Holling, 1973) de rebelocracia y marginalidad. Tampoco es viable la adaptación ante algunos cambios sin pasar a otro régimen (B Walker & Salt, 2006b), conservando inequidades sociales y el deterioro ecosistémico; es necesaria la resiliencia para afrontar una transformación radical que equilibre las relaciones de poder y genere bienestar para los habitantes (Pelling & Navarrete, 2011) manteniendo el ecosistema.
En suma, el fortalecimiento de la resiliencia socio-ecosistémica es vital para afrontar cambios en el departamento, en el país y en la región. La construcción de un pensamiento resiliente necesita de entornos adecuados en los que se estimule la innovación, el aprendizaje, la equidad y la gobernanza; por lo pronto, los proyectos de forestería comunitaria están aportando para lograr estas condiciones.
6. RECOMENDACIONES
La gestión comunitaria del bosque es una alternativa para la sostenibilidad, es así como la forestería comunitaria representa una oportunidad para el desarrollo sostenible del Guaviare. Con base en los hallazgos obtenidos en este estudio se pueden identificar algunas acciones que permiten la continua cualificación de la forestería comunitaria y, en consecuencia, fortalecer la resiliencia socio-ecosistémica. Se debe continuar con los esfuerzos por generar capital social en las comunidades, lo que en términos de Bourdieu y Wacquant (1994), se concreta con la suma de los recursos acumulados por la comunidad para tener redes duraderas de relaciones, de conocimientos y reconocimientos mutuos. Por lo tanto, los procesos pedagógicos y de gestión del conocimiento deben ser integrales, eficientes y con metodologías apropiadas.
Para asegurar el beneficio económico en la comercialización de bienes del bosque, las cadenas de valor deben estar definidas y validadas. De la misma forma, la empresa comunitaria debe contar con todas las cualidades de una organización formal para lo cual se requiere formación empresarial para sus agremiados. Por otra parte, se deben afianzar relaciones entre los productores y el mercado a través de estrategias de comunicación capaces de posicionar los productos del bosque en los mercados nacionales e internacionales.
Adicionalmente, la forestería comunitaria debe centrar su foco en los procesos de capacitación entre pares, en la gestión del conocimiento y la creación de condiciones para la equidad y paridad de género. También, se hace necesario adelantar procesos de comunicación dentro de las comunidades que permitan superar imaginarios negativos entorno a la forestería y resaltar sus beneficios. Dichas acciones pueden ser complementadas con alianzas estratégicas con centros de formación y universidades que permitan a los habitantes del bosque desarrollar competencias para emprender e innovar con negocios sostenibles con el medio ambiente como el turismo comunitario o tal vez,
19 postularse a los Mercados Voluntarios de Carbono. De igual modo, es plausible la articulación con programas de pago por servicios ambientales como familias guardabosques.
Los resultados del estudio, invitan a investigadores y planeadores de política pública a continuar construyendo conocimiento con una visión integral y sistémica de los problemas ambientales y sociales. Es valioso continuar analizando la resiliencia en territorios tan dinámicos socialmente y ante cambios ambientales crecientes.
Igualmente, la investigación aporta instrumentos para la medición de la resiliencia socio-ecosistémica que pueden ser adaptados a otros contextos.
Territorios excluidos y estigmatizados como el Guaviare se están abriendo a Colombia y al mundo cómo paraísos turísticos y laboratorios de investigación biológica, artística y cultural. Cabe resaltar el valor de la interdisciplinariedad y las relaciones dialógicas, resaltando la responsabilidad ética que tienen los investigadores en acercarse a las comunidades respetuosamente para co-construir, evitando repetir dinámicas extractivas y aportando al desarrollo propio de la región.
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