R E V I S T A S A R G E N T I N A S (i)
Revista de la Universidad de Cór- doba.
Córdoba.
Año XXXIII, núms.'3-4, 1946.
S. PÉREZ, Felipe: La Constitución na-
• cionál y él nuevo derecho social. (Pági- nas 843-870.)
«La noción moderna del derecho polí- tico—escribe el doctor Felipe S. Pérez—
presupone la vida social.» Esta va íntima- mente unida al fenómeno, económico que se ha venido estudiando a partir del Re- nacimiento como un fenómeno aislado desligado totalmente del mundo moral.
La concepción liberal de la economía que ha presidido el último estadio de la vida de la Humanidad está en pugna.por ello con los preceptos sociales de la Iglesia Católica, ya que aquella concepción es eminentemente pagana. Para el catolicis- mo, la economía debe llevar consigo xm fondo visible de ética, tanto en la for- ma de conquistar les bienes materiales como en la manera de utilizarlos. Las nuevas concepciones del derecho público
•—frente a las tesis individualistas—se en- cuentran saturadas de principios so- ciales. La fuerza de los hechos ha im- puesto al derecho una función social, a un de dar satisfacción a las exigencias de Ia solidaridad humana, que reclaman un control de la teoría individualista sobré ta cual se afirman las garantías del hom- bre.
Esta función social ha de ser impuesta P°r el Estado que por medio de su po-
der de policía, cuya existencia se ha le- gitimado en todo tiempoj garantiza los intereses sociales y económicos de la co- lectividad. «Específicamente — escribe el articulista—ningún artículo de la Cons- titución (Argentina) define el poder de policía.» Pero este puede ser definido como aquel que trata de poner en prác- tica el bien común garantizado por la Constitución nacional. El -poder de poli- cía es fuente no sólo de las leyes de emer- gencia, sino de todo el mundo jurídico económico-social. Por ello, el Estado ha podido intervenir en el contrato de tra- bajo e influir decisivamente en el naci- miento, desarrollo y extinción de las re- laciones laborales. Si la carta constitu- cional no da lugar de manera explícita a la aparición del derecho social, éste surge por medio de la interpretación de las normas constitucionales efectuada por los jueces y los tribunales en el recto cumplimiento de su función.
La nueva conciencia jurídica que sur- ge de las ruinas de la guerra de 1918 dio paz a la aparición preponderante del derecho social, que fue acogido triun- falmente por las Constituciones de Es- tonia, Weimar, Polonia, Yugoslavia y otros países. Pero este espíritu social no fue recogido por la Constitución argen- tina, que continúa detenida en el mismo estado individualista en que la colocaron los legisladores del xix. D<Í aquí que siempre exista el peligro de aue una nueva jurisprudencia derribe el edificio social levantado por los jueces y Tribu- nales argentinos y dé paso a una inter- pretación individualista de los preceptos- constitucionales. «La frase famosa—escri-
«i15- ,R e niltinios al lector a los índices que, para facilitar la lectura, publicamos al final de eata lección.
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be el articulista—de su preámbulo (de la Constitución) «promover el bienestar ge- neral», siempre tendrá solo la amplitud que le dé el espíritu que la interprete, esto es, según esté con los nuevos tiem- pos o según quede mirando al pasado so- lamente. En consecuencia: bastaría que mañana' los jueces de la Corte Suprema considerasen que la Constitución prote- ge nada más que los derechos individua- les para que toda la legislación que ha dado el Gobierno de la Revolución que actualmente gobierna el país fuera decla- rada anticonstitucioral.» Por ello Felipe S. Pérez propugna que se incluyan en la Carta Política cláusulas de carácter eco- nómico y cláusulas reconociendo el nue- vo derecho social.—(J. A. C.)
PIZARRO, Doctor Néstor A.: Influencia de la Universidad de Córdoba en él
•pensamiento político y civil del país.
{Págs. 871-890.)
«La Universidad de Córdoba—escribe el doctor Pizarro—ha unido siempre las enseñanzas de la especulación docente con la realización práctica* de los principios civiles y políticos, y ha influido decisiva- mente en la .trayectoria .histórica de Ar- gentina.» El articulista cita a varios dis- cípulos y profesores de la Universidad Cordobesa que dejaron una profunda hue- lla en el paisaje político del país. Entre ellos nombra al deán Funes, autor del Reglamento"político de 1811, .de la refor- ma constitucional de 1815 y del Mani- fiesto que precede a la 'Constitución de 1819; a Pedro Ignacio Castro Barros, redactor del Reglamento de 1817; a Fa- cundo Zuvila, Presidente de la Consti- tución de 1853; a Juan Bautista Alberdi,
«figura representativa del espíritu, de las necesidades y del pensamiento argentino a través de las enseñanzas universitarias de Córdoba»; al doctor Baigorri, autor del Reglamento provisorio de 1821; a Je- rónimo Cortés; a Salvador María del Ca- rril, autor de la Carta de mayo de 1825, y # otros insignes políticos argentinos.
Fuera "del orden político se destacaron también como alumnos de la Universidad de Córdoba: Vélez Sarsfield, redactor del Código civil, y Acevedo, autor con Vélez Sarsfield del de Comercio, y los docto- res Segovia, Machado y Llerena, autores de los comentarios más imDortantes al Código civil.—{J. A. C.)
Año XXXIII, núm. 5, noviembre-diciem- bre 1946.
FEKREIRA, Enrique A.: La doctrina ar- gentina en Derecho internacional aéreo.
(Págs. 1497-1518.)
Trata el artículo de la doctrina inter- nacional en Derecho aéreo que después de la firma del Convenio argentino-in- glés de 17 de mayo de 1946 está susci- tando algunos comentarios en el mundo.
Argentina, que después de organizar • las Sociedades Mixtas de Aeronavegación pa- ra servir sus servicios nacionales, creó la Flota Aérea Mercante Argentina (F. A.
M. A.) para el tráfico internacional, ha buscado siempre amoldar sus actos ai Derecho. A lograr el imperio de éste en el dominio del aire, han tendido: el Men- saje sobre organización del transporte, aéreo internacional, presentado por el Se- cretario del Aire inglés en el Parlamento en octubre de 1944 y la Conferencia re- unida en Chicago en noviembre de 1944?
pero ésta no logró los objetivos apuntados,
•y por ello siguió en el dominio aéreo la competencia entre los diversos Estados.
El Tratado argentino-británico de aerona- vegación suscrito él 17 de mayo de 194&
es sólo una parte del plan de expansión inglés, que lógicamente ha,bía de luchar con el norteamericano, con el cual con- certó una especie de acuerdo, en las Ber- mudas, el i r de febrero de 1946. Pero allí no se tuvieron en cuenta los intereses de los países menores que sentían amena- zados los derechos que emanaban de su soberanía, no obstante haber sido reco-, nocida.ésta en todas las convenciones in- ternacionales : sólo se decía que la adap- tación del tráfico de la «quinta libertad»
tenía que hacerse de acuerdo con los re- querimientos de tráfico entre el país de origen y los .de último destino, y con los requerimientos . de tráfico de la zona a través de la cual pasa la línea, después de considerar los servicios locales y_re"
gionales. Estas reservas no son suficien- tes ni están exentas de posible crítica.
La doctrina argentina se apoya en la justicia que existe para restablecer la igualdad frente a los abusos de la liber- tad; está de acuerdo con los principios del Acta final de la Conferencia de Las.
Bermudas, pues pretende la distribución de los beneficios del tráfico, el respeto 544
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por tos intereses de los terceros. Por ello:
i) todo Estado debe tener la oportuni- dad de hacer tráfico; 2) cada Estado debe disponer d e su propio tráfico; 3) co- mo todo tráfico se realiza entre dos Es- tados, si cada uno sólo puede disponer de lo propio, lo justo es que ambos se lo repartan equitativamente; 4) el tráfico de nación a nación es una unidad, un to- tal; en él no puede decirse que una na- ción se beneficie más que otra, porque las dos tienen motivo de interés para co- merciar entre sí, por más que sean dis-- tintas sus respectivas poblaciones o ri- quezas; 5) la fórmula más equitativa es, por eso, dividir por partes iguales el vo- lurneií de tráfico existente entre dos Es- tados; 6) de ahí resulta que la quinta li- bertad no puede ni debe ser concedida por un país a otro, porque involucra un menoscabo de los derechos que tienen los terceros al tráfico que sé origina o termina dentro de sus territorios; Sólo mientras dure la incapacidad de un ter- .cer país para transportar al exterior su propio tráfico, y con su consentimiento esa quinta libertad puede ser aceptada u otorgada por otros dos Estados contra- tantes. Este sistema de reparto da un in- centivo suficiente para el progreso, sin recurrir a la competencia ilimitada.
En resumen: Argentina presenta una fórmula conciliadora, basada en la adhe- sión a las dos primeras libertades, con reciprocidad; a la tercera y a la cuarta, igualmente, aspirando a que_ no se con- ceda la quinta, sin conocimiento y con- sentimiento de los países afectados. Su fin es respetar los intereses de todos los países, sin recurrir a la fórmula suicida de la competencia internacional.—(?. M.a G. E.)
Año XXXIII, núm. 5, noviembre-diciem- bre _ 1946.
PÉREZ, doctor don Felipe S.: La nueva economía social. (Págs. 1.297-1.320.) En esta conferencia—dicha con ocasión de la inauguración de la Facultad de Cien- das Económicas dé Córdoba—reconoce el doctor S. Pérez que frente al concep- to clásico de la economía, con su única aspiración al lucro, se alza la briosa fuer- za de la economía de los consumos. Es- tamos en un período de transición, com-
plejísimo, en el que nada vale la pre- visión de <da filosofía política» ni de la económica. Los hechos económicos es- tán estructurando nuevas doctrinas. A este nuevo orden se oponen viejos espí- ritus, cuyo lema es «volver a la nor- malidad», sin darse cuenta de que una época distinta está sustituyendo a la su- ya. Hoy, la economía se orienta, fatal- mente, a la satisfacción del bienestar ge- neral.
Sombart no se había equivocado al.
acusar a quienes compararon la teoría de la gravitación universal de Nevrton con la vida económica humana, a la que consideraban encuadrada en un orden universal. Sin embargo, esta vida eco- nómica es una creación filosófica hu- mana.
La doctrina individualista, en econo- mía—-Stuart Mili, David Ricardo—se ca- racterizaba por conceder a los individuos igualdad de condiciones en su lucha dia-- ría; todos emprendían la lucha sin nin- guna ventaja sobre los otros; sólo darían ventaja las condiciones subjetivas de ca- da individuo, pero -todos salían del mis- mo punto de partida. Mas, ¿cuál era ese punto de partida? Eso es lo difícil:
precisarlo. «Porque es un problema de acción: normativo», por lo tanto, 210 tie- ne solución propiamente dicha, puesto que para las ciencias sociales no cabe el empleo de este término, que es privativo- de ciencias como las matemáticas, sino elección de tal o cual sistema aplicado a determinada cuestión dificultosa. • Si las cosas sociales tuviesen solución, prác- ticamente no habría problemas socia- les. Moviéndonos, pues, en la línea mar- cada por los padres del individualismo.
económico, para lograr esa paridad en- tre todos los luchadores de la vida, ten- dríamos que dotarles de la misma salud física y espiritual, un relativo margen de educación, de instrucción y de comodi- dad económica indispensable, más el de- recho de habitación. Hecho esto, comen- zaría a funcionar la libertad individual.
Sin embargo, ¡a realidad es que sólo se toma la libertad absoluta, y así vemos que la igualdad inicial no existe y que los trust han enfermado al sistema, que no sé ha podido reponer, a pesar de las medidas gubernamentales en contrario.
Este sistema, que pudo servir para al- guna época, ya no existe en la realidad ni aun en la forma de degeneración. Contra-
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ñámente, el laisser faire, laisser passer ha dejado paso a la intervención en algunos , aspectos de las propias economías. Y io que no era esto se convertía en trust, señor omnipotente, que, para mayor pa- radoja, nació en los sistemas individua- listas. Como consecuencia de esto, surge en el mundo lo que se llama Economía dirigida o Economía intervenida, «tra- ducción de un estado de ánimo colecti- vo». Economía que opone, al orden físi- co de ]a economía liberal, un estudio de la complejidad de las situaciones de la vida diaria. Aquélla es racionalista; és- ta, empírica y realista.
Al mercado que se autocontrola le sus- tituye el monstruo monopolista, que ab- sorbe, a grandes' y pequeños en su ca- rrera de riqueza, de donde se impone una vigilancia que vele por el bienestar co- lectivo, siendo, por lo mismo, actor el, propio Estado, que regula la oferta y la demanda.
Estas tendencias modernas de inter- vención del Estado ante situaciones de perentoria necesidad se han de ordenar en un sistema, a fin de que el conte- nido de su acción tenga un valor per- manente que le haga ser eficaz en cual- quier momento; pero no cayendo en el error de los filósofos del siglo xvín, que alardeaban de haber encontrado la pie- dra filosofal en política, demostrándoles la -realidad cómo no eran válidos para todas las circunstancias sus sistemas, sino que nos preste medidas con las que salvar los momentos difíciles en que nos sitúa esta etapa de* transición. Estas tendencias han hecho al Estado abandonar su aisla- miento en la «torre de vidrio» que lo cobijaba, creada con materiales det sobe- ranía y de majestad — palabras Vacuas hoy día—-, y ahora lo encontramos hasta de gestor de los servicios públicos. Mas tampoco estas' tendencias solas pueden crear sistema si no se apoyan en una sus- tancialidad que guía la intervención del Estado, reconocida su «función social»
hasta por los individualistas más contu- maces. Esta «función social del Estado moderno», que engloba todas las activi- dades y facultades del poder interven- tor del Estado, ha creado una concien- cia jurídica. De ahí arranca la justifica- ción de la Economía dirigida, que el ora- dor ñama Economía organizada, por con- siderar que su misión principal es la de
«organizar la producción, los consumos,
la circulación nacional e internacional».
s. Defiende el doctor S. Pérez estas teo- rías como no totalitarias, pero, sí revo- lucionarias, argumentando por boca del presidente F. D. Roosevelt cuando éste hubo de contestar a idénticos ataques coa motivo de su New Deal, y cuyos basa- mentos se hallan en la National Recove- ry Act, que tenía los siguientes princi- pales puntos:
1. Precisión de aumentar los salarios hasta que cubran el coste de vida.
2. Desbaratar la funesta combinación de los grandes intereses y controles; y 3. Considerar que cada industria es sólo una unidad más en el gran conjun- ' to; la economía debe expresarse en ci- fras de conjunto, no de elementos; él progreso se ha de referir a la nación, no al individuo; abandonar los intereses unipersonales y obrar en beneficio de un restablecimiento nacional perfectamente armonioso.
Las mismas razones vertió reciente- mente el director del periódico técnico inglés The Economist, y que recoge _el doctor S. Pérez para emplearlas él. En la misma línea, el ex ministro de Pro- ducción inglés, al contestar afirmativa- mente a la pregunta de que si convenía la intervención estatal en la economía.
Así, también la ley inglesa de 1944= 1u e
autoriza al Gobierno para designar co- misiones que estudiarían la mejor forma de establecimiento de cultivos en Gran Bretaña; y hasta tal extremo se marca aquí la intervención, que estas comisio- nes inspectoras pueden llegar a despo- seer a los propietarios de sus tierras si los que las trabajan no cumplen lo le- gislado oficialmente 3 esté respecto. El ejemplo de Inglaterra, obrando draconia- namente con su crudo realismo al tra- tarse de adoptar medidas necesarias en beneficio de la nación y reconocida P°r
el propio Adams Smith cuando este país, para lograr el monopolio de los mares, trampolín de su posterior hegemonía co- mercial en el mundo, siguió normas con- trarias a las preconizadas por el teórico economista inglés, oor él alabadas,_ nos lleva a la conclusión de que hay bienes superiores a los del individuo. Estos bie- nes señalan otro aspecto sobresaliente al domprender su superioridad so"bre _»>s
individuales. De ahí cjue la protección aduanera se convierta, por ejemplo, en toda una política social, o cuando se de-
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fiende una región con la implantación de nuevas industrias o se mantienen otras que sostienen a grandes grupos de po- blación, aunque a veces esa política pro- duzca un nacionalismo económico con proyección internacional. Tal es el caso de las islas Filipinas, que han logrado su independencia merced a la guerra hecha por los productores norteamericanos de azúcar y tabaco al representar estos pro- ductos filipinos, exentos de cargas por ser dominio de Norteamérica, una gran competencia en el mercado metropolita- no. Concedida la independencia, vota- da hace más de diez años por la Cama-, ra de Representantes, estos productos fe gravaban con las tarifas aduaneras y se eliminaba la peligrosa competencia.. Otra medida parecida fue la empleada por los rusos para conseguir capital que emplear en sus industrias. Compraban a crédito en los países superproductores y los re- vendían en ei mercado de otros países a precios inferiores. De esta forma pagaban un interés más pequeño y conseguían di- nero para, llevar adelante sus proyectos económicos:
De lo hasta aquí expuesto se deducen varias conclusiones:
El Derecho social significa que los in- dividuos deben ceder parte de sus pre- tensiones y de sus conquistas en bene- ficio de la colectividad. Cuando el de- recho de una persona se halle en pugna con el de la colectividad, ha de ser ésta la beneficiada. Los individuos que han acumulado con su trabajo bienes, no fue por sí mismos, sino ayudados por sus semejantes. Los que triunfan no son siempre los mejores, ni los que quedan rezagados son inferiores en inteligen-- cía, esfuerzo o voluntad; la salud, la oportunidad, o las armas que empleen, muchas veces, dan la medida del triun- fo. Que al • decir Estado no se traté de
«ese nuevo Dios de la Tierra», ' frente al cual el hombre sólo tiene obligacio- nes y ningún derecho. Y que, final- . mente, la Argentina, nación sin prejui- • cios económicos, que no es imperialis- ta ni comunizante, que sólo pretendió beneficios lícitos, que posee una magní- fica propiedad de adaptación en presen- cia de las crisis, se ha de encontrar en condiciones de superioridad respecto EI Viejo Mundo cuando se trate de la adap- tación a las nuevas circunstancias en que el nuevo mundo se organice, y esto será
por su juventud, capaz de resistir las ma- yores .violencias por su falta de prejui- cios, por la Constitución nacional y por las virtudes de un pueblo trabajador y noble, que abre los brazos de su mundo, beneficiado por la gracia de Dios, a quien quiera a él llevar su afán y su inquietud honrados y sinceros.—(J. V. O.)
Balcón.
Buenos Aires.
Núm. 22, i noviembre 1946.
CASADBON, Juan A.: Carácter vial del li- beralismo. (Pág. 2.)
A los democrático-liberales de todos los países se les presenta en el plano ínter- nacional un gran dilema. Si se dedican, en la lucha por el predominio universal con Rusia, a apaciguar a Rusia con con- tinuas concesiones y a disimular o negar el peligro que su expansión por Europa representa, no hacen sino trabajar por el triunfo mundial del comunismo; si se deciden a hacerle frente no serán ellos los que impongan el fervor y las gran- des directrices á la lucha. Imposible fun- dar a partir de entonces la convivencia en normas y leyes descubiertas por la razón; es menester basarla sobre la vo- luntad de los individuos, que práctica- mente es la voluntad de la mayoría de donde nace la democracia moderna. La mayoría de los individuos que por el su- fragio imponen su voluntad, pertenecen a las clases menos cultas y más necesita- das de la sociedad, y tienden a descono- cer el valor de lo que no sea material, a conseguir esos bienes materiales tan apremiantementé necesitados. Por mayori- taria vencedora el triunfo del materialis- mo y del igualitarismo económico absolu- to será un hecho, dándose así el comu- nismo por la vía política.
La vía filosófica es la siguiente: El re- lativismo, agnosticismo v subjetivismo, cuya tradición política en el régimen li- beral extiende 3a duda* y el descrédito de todo lo suprasensible. Aunque dudan teó- ricamente de lo material, esto influye de- masiado brutalmente so'bre el hombre que no consigue apartarse de la convicción de la existencia de lo material. Y en cuanto
REVISTA DE REVISTAS
tenemos a lo material por lo único real, estamos en el comunismo.
La vía social: El liberalismo destruye las asociaciones intermedias entre el in- dividuo y el Estado, por contrarias al mi- to de la «voluntad general». Frente al Estado y frente a los individuos ya no se vincula por tradiciones comunes, sino por la mecánica de las conveniencias in- mediatas y de los apetitos, que trae como consecuencia un Estado omnipotenta rei- nando sobre una masa sin tradición, o sea el comunismo. Podría objetarse que no es excluyente el dilema ni tan negro el por- venir para el liberalismo, en virtud de que la lucha se llevaría en nombre de los principios democráticos, -utilizando a los
«nazis» y «reaccionarios» en la medida conveniente hasta la victoria democráti- ca, en cuyo momento se les eliminaría de la escena, quedando instaurado por los siglos de los siglos un mundo pacífico, feliz y progresivo.
Pero el liberalismo por su misma natu->
raleza no es meta, sino vía. El fin del li- beralismo es precisamente el comunismo.
El comunismo es el reflejo social del ma- terialismo absoluto. El orden tradicional de Occidente no era sino el reflejo social del catolicismo, actitud positiva del espí- ritu que reconoce todo lo real. Dios y la criatura, el espíritu, y la materia, el hecho y la idea. Todo ello dentro de una visión sintética del universo en que cada cosa tiene su ubicación y su por- qué. El liberalismo no es más que el reflejo social del período de duda y de agnosticismo, de eclecticismo;, de re- lativismo, de "semiespiritualismó y semi- materialismo que lleva del catolicismo al régimen comunista.
El autor hace un breve análisis históri- co-filosófico: el orden medieval con las inevitables imperfecciones es un orden sacro—todo venía de Dios y a Dios se ordenaba—roto por causa del averroísmo primero y por el humanismo paganizante después.
Nace entonces una mentalidad forma- da de relativismo, agnosticismo y escep- ticismo, cuyo reflejo en lo social es el ré- gimen liberal, en el cual la tolerancia de todas las opiniones es la característica que lo define. La vía económica procede así:
Duda de toda convicción de cuál sea el régimen económico justo, adecuado a la naturaleza y fin del hombre. Libertad económica absoluta. Acumulación de for-
tunas inmensas a las manos más capaces, de negociar. Universal proletarización. De- fensa de las clases explotadas y paulatina imposición de esta, mayoría numérica por medio del sufragio.—(J. de L.)
Iíineraríiim.
Revista franciscana de cultura católica.—••
Buenos Aires.- Núms. 7-8, 1946.
CHRISTOPHORUS: Itinerario hispánico»
(Del Diario de un viaje.) (Págs. I2-I9-) Se trata del diario de un viaje de un congresista de Pax Romana. Correspon- de "a los primeros días de navegación, y el viajero "tiene cierto escepticismo de los.
frutos del Congreso. «La conversación y la disputa, las dos únicas actividades pro- fanas que dan razón de ser entre los hombres al acto de concurrir a una asam- blea, no creo que lleguen a empeñarse entre nosotros.» Además, hay que «con- tar con los recursos inéditos de un adver- sario que se anuncia entre amenazador y escurridizo, trayendo en su favor la mul- titud de los pusilánimes y Ja timidez de la letra legal».
Es muy interesante recoger los comen- tarios que el autor hace sobre la preten- dida antinomia existente en-Péguy entre la mística y la política. El autor dice que lo que Péguy denuncia es una contradic- ción de hecho entre lo que debiera ser la política y lo que la política es. Pé- guy sabía que el bien de la patria, el bien de la comunidad civil de la patria y de toda la humana comunidad' no es.
materia exclusiva de un ideario político, de isna preocupación, de un programa y de una lucha exclusivamente políticos, sí- no de un plan tan completo, de un es- fuerzo tan abnegado, que sólo puede dar- se en la esfera de lo religioso, donde 1°
humano es cumplido y asumido por l a • Divinidad. En otras palabras: que una política realista, después del hecho de la Encarnación, debe tener cuenta de todo el hombre, y de la pasión de Dios, y "e
la delicia misma de Dios entre los hom- bres redimidos, porque eso, y nada me- nos que eso, es nuestro bien común; es decir, el hombre entero, enteramente;
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unido en Cristo a la Divinidad, perfec- tamente hombre, perfectamente í>ios.
Profunda y claramente expresa Santo Tomás de Aquino esta identificación, ra-
dical de los valores temporales con. los eternos cuando decía: «El mismo impul- so que nos mueve a ser virtuosos nos mueve a vivir en sociedad.»—(A. L. C.)
R E V I S T A S B O L I V I A N A S
Revista de Estudios Jurídicos, Polí-
ticos y Sociales.
Publicación de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales.,Universi- dad de San Francisco Xavier de Chu- qiásaca.—Sucre.
Año VII, núm. 15, 1946.
PROKKING SALAS, Osear: Principios jurí- dicos relativos á la intervención del Es- tado en las relaciones de trabajo. (Pá- ginas 41-48.)
El artículo del catedrático, de la Uni- versidad de San Francisco de Chuquisaca recoge la ponencia presentada por su au- tor en la Cuarta Conferencia interame- ricana de Abogados celebrada en Santia- go de Chile. Las conclusiones de esta po- nencia se pueden sintetizar en los siguien- tes postulados:
1.° La intervención estatal en las re- laciones laborales es una de las funciones reguladoras del Espado «en defensa de la paz social y de la misma estabilidad de- mocrática».
2.0 Esta intervención tiene por fin evi- tar o disminuir las fricciones entre el Ca- pital y el Trabajo, pero se dirige primor- diaknente a proteger a éste último por constituir el elemento humano que merece y demanda la primera preocupación del Estado.
3.° Los derechos y garantías del tra- bajador son irrenunciables.
4.0 La intervención del Estado no se entiende como un intervencionismo diri- gido contra la iniciativa individual, pero es excluyante de la libre iniciativa que hiera los derechos fundamentales del tra- bajador. •
5.° El Estado debe estimular y proveer de garantías el contrato colectivo de tra- bajo y la asociación profesional, al mismo tiempo que debe promover un régimen
de seguridad social en elque el cumpli- miento de las leyes laborales sea inspec- cionado cuidadosamente por los órganos gubernamentales.
6.° Es deber del Estado organizar una rápida y eficiente justicia laboral; y
7.0 El principio jurídico elemental que sustenta y limita la intervención estatal en las relaciones laborables está conte- nido en la propia misión, tuitiva del orden social eme. tiene el Estado.—(f.
A. C.)
RIZZUTO, Antonio: Bolivia entre sus dos fatalidades. (Págs. 49-53.)
Se trata de un ensayo sumamente re- ducido no solamente por sus dimensio- nes materiales, sino por la amplitud de su contenido. Con un lenguaje rico en sus expresiones y correctamente articu- lado, se nos presentan las 'dos corrien- tes que dominan el pensamiento político boliviano.
Los unos, abrumados por 1° 1U* es- timan fatalismo geográfico, piensan- que el aislamiento económico y la falta de co- municaciones marítimas tienen condena- da a Bolivia a una vida confinada en un porvenir siempre angustioso. Los otros, conocedores que la grandeza de los pue- blos no es mero resultado dé los dones que la Naturaleza le. haya prodigado, si- no obra de voluntad, sueñan con un es- fuerzo gigantesco que eleve a Bolivia al más alto nivel de prosperidad que ios pueblos del Continente puedan conse- guir. Que si las fronteras, al encerrar .'a altiplanicie boliviana entre dos grandes murallones, se ha mostrado madrastra, ha compensado con recursos naturales esa inferioridad, dotando a dicho país de in- gentes riquezas, que podrán desparramar- se cuando los dos países hermanos abran de par en par sus accesos marítimos a esta brava nación.—(M. A. N.)
REVISTA D¡{ REVISTAS SALINAS VALDIVIESO, Carlos Alberto:
Dos internacionalistas bolivianos. (Pá- ginas 13-24-)
Consta el artículo de dos partes per- fectamente diferenciadas; en .la primera se hace una exposición biográfica del que fue ilustre jurista Santiago Vaca Guz- mán y en la segunda se ocupa el articu- lista de comentar la obra muy destaca- da en el campo del Derecho internacio- nal público de otro maestro boliviano:
Agustín Azpiazu.
Dos hombres contemporáneos que han vivido juntos y han mantenido en mo- mentos culminantes de la vida boliviana actitudes muy semejantes. Apasionados por los ideales liberales y democráticos de la época, combatieron la •tiranía del presidente Melgarejo, para más tarde gustar de los amargos desengaños de la vida política.
Al pasar los arrebatos juveniles fue- ron variando sus más altos ideales en obras de cultura, haciendo que la digni- dad del hombre al menos tuviera la co- rrespondiente traducción en el campo del Derecho. .Y en este aspecto su aportación al pensamiento jurídico panamericano es muy elogiable. Vaca de Guzmán fue uno .de los americanos que más se dejaron
influir por las doctrinas de Mancini, lo
que explica su actuación decidida en los trabajos de codificación americana: la historia del Congreso de Montevideo de- be muchas de sus mejores páginas a Ja iniciativa de este boliviano. Azpiazu, cuando los trabajos de codificación del Derecho internacional público contaban con pocos entusiastas y parecía loca te- meridad acometer la tarea de unificar las prácticas y usos internacionales en el se- vero articulado de un código, emprendió privadamente aquel trabajo, y en unos cientos de artículos nos presentó un pro- yecto de Código de gran interés para aquel que quiera conocer el punto de vista americano. Dividido en tres sec- ciones, estudiaba el DereclK» de la paz, las leyes de la guerra y el Derecho di- plomático. Creía. Azpiazu, y esto es im- portante de consignar, que el Derecho internacional tiene unos principios dog- máticos valederos para todos los países .y todos los tiempos; algo semejante a lo que los clásicos llamaron «Derecho de gentes necesario», esa- parte debería per- manecer inconmovible a los embates del tiempo, y sólo preceptos que llamaríamos contingentes serían los susceptibles dé . acoger las modificaciones que la historia y la voluntad de los hombres de conti- nuo presentan.—(Ai. A. N.)
R E V I S T A S C O L O M B I A N A S Revista Javcriana,
Publicación dd la Pontificia Universidad Católica Javcriana.—Bogotá.
Tomo XXVI, núm. 127, agosto ig.46:
PACHECO, S. J., J. M.: Francisco de Vi- toria y la conquista de América. (Pá- ginas 66-71.)
Vitoria ocupó la cátedra salmantina de Prima en 1526, poco después que el pa- dre Montesinos lanzara a Diego Colón el apostrofe «Estos (los indios) ¿no son hombres? ¿Con uué derecho y autori- dad les hacen la guerra y los sujetan a servidumbre?» Vitoria meditó desapasio- nadamente sobre el problema, y el fon- do de sus meditaciones fueron sus Re- lectiones de Indis. Ante el asombro ge-
neral planteó. tres problemas: con que derecho los indios habían venido a po- der dé los españoles, qué poder tienen sobre ellos los príncipes hispanos en .10 temporal y qué pueden sobre aquéllos en lo espiritual los príncipes y la Iglesia.
Sus respuestas, como lia dicho Brown Scott, carecen de prejuicios nacionales.
Los indios—afirmó—son dueños de sus personas y tierras. No son incapacitados.
El pecado, no les priva de sus derechos.
Tampoco pueden someterse en virtud de un simuesto derecho emanado del empe- rador "o del Papa. El descubrimiento so- lo otorga derechos limitados. Tampoco se les puede hacer la guerra para pro- pagar la fe. Ni puede decirse que hayan venido voluntariamente al dominio as los españoles.
En cambio, puede emplearse la coac- 550
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ción en defensa de los derechos de libre tránsito, domicilio y comercio. Pero sin desviarse de estos fines. También los cristianos tienen el derecho de propagar ía fe. Complemento de esta doctrina fue la que adoptó para justificar y reglamen- tar el ejercicio de la guerra.
Vitoria no ésp'eeificó si consideraba o no aplicadas sus doctrinas en América.
Vitoria supo anunciarlas con valentía, en- frentándose con los poderes cesáreos, y con ello inculcó en la legislación espa- . ñola el criterio de que el indio era un hermano creyente, para que España crea- ra veinte naciones que la proclaman hoy su madre.—/?. iW.a C. T.)
Ley Nacional de Relaciones del Trabajo en los Estados Unidos. (Pág. 99.) La citada ley se basa en los principios de la política laboral, estadounidense: es- timular el goce y ejercicio de la contra- tación colectiva, proteger el derecho obre- ro a la agremiación'libre y a la designa- ción de representantes propios para la contratación en común, la asociación pa- ra el socorro y auxilio o el pacto colec- tivo, así como la salvaguardia de la li- bertad obrera para tales.'fines.
La ley se aprobó en julio de 1935, y es obra del senador Robert F. Wagner.
Crea una Junta Nacional de Relaciones del Trabajo, compuesta por tres miem- bros designados por el Congreso, como organismo ejecutor de sus preceptos, ins- pirándose en el recuerdo del Consejo In- dustrial que existió en 1917 y de la Ley Ferroviaria de 1926.. La Suprema Corte Federal ha sancionado favorablemente, en 12 de abril de 1937, la constitucionalidad de dicha "ley. Se ocupa ésta en dos ca- pítulos de las «prácticas injustas de tra- bajo» y de la «legítima. representación sindical». Respecto del primer supuesto, la ley prohibe la coacción, obstrucción o restricción del goce de los derechos de asociación; inmiscuirse en la marcha o administración de una organización obre- ra o de su sostenimiento; promover u oponerse a la agremiación mediante me- . didas discriminatorias de empleo; igua- les medidas contra los obreros dirigen- tes sindicales o testificadores en proce- dimientos laborales, y negarse a contra- tar colectivamente con los Sindicatos re- conocidos. Con ello se penan los proce- dimientos violentos que iban desde la
muerte o agresiones a las contrahuelgas, el espionaje laboral y otros semejantes.
Los patronos deben desistir de tales pro- cedimientos buscando términos equitati- vos de contratación y, aceptados por es- crito> observarlos.
Los representantes de la mayoría de los obreros deben personificar a éstos a los efectos de contratación. El patrono no puede negarse a aceptarlos como ta- les, invocando pacto persistente de más de un año de duración; no puede inmis- cuirse en las elecciones, retrasarlas o ne- gar el derecho a votar de los huelguistas.
La^ Junta Nacional, cuando reciba de- nuncias de prácticas ilegales, cita a las partes, examina los alegatos y decide si hay motivo o no para intervenir, pudien- da exigir más pruebas o datos. Si decide afirmativamente, recomienda un arreglo conciliatorio, y en caso de fracasar, en- vía el caso a Washington con un ín- . forme. Un sistema semejante se sigue en el caso de denuncias sobre la repre- sentación sindical, en la que puede inter- venir fiscalizando directamente su prác- tica.—(J. M."- C. T.)
Tomo XXVI, núm. iz8, septiembre de 1946:
EDITORIAL : ¿Dónde está el comunismo?
(¿Nacionalismo o internacionalismo?) (Págs. 129-131.) .
«No hay rincón del mundo adonde no llegue hoy el sismo soviético. Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia, Bulgaria, Al- bania tienen Gobiernos de sello marcada- mente comunista. Los comunistas influ- yen más de lo que representan numéri- camente en Rumania, Finlandia, Austria, Hungría y Alemania oriental. Afectan fuertemente la política de Italia, Norue- ga, Suecia, Holanda y Bélgica. En Chi- na dominan un área habitada por ochen- ta millones, de habitantes. Agitan en Co- rea, Irán y Japón. Penetran en el mun- do musulmán desde la India hasta Egip- to. Se organizan en la América del Sur, principalmente en Brasil, Chile y Cuba.
En tal forma, que apenas escapan al tre- mendo remesón Inglaterra y los Estados Unidos.
»Las gentes se preguntan admiradas por qué Rusia se muestra tan audaz en su política atacando cada, día a diestro y siniestro a sus enemigos reales o ficti-
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dos. Asistimos dé hecho a un término
•de evolución no tan inesperado para quie- nes lo vienen avizorando hace años por obvias razones de economía política y destino geográfico. Rusia estaba llamada desde siempre a pesar en los destinos del mundo. No es simplemente una cuestión de comunismo.
»E1 propio comunismo marxista y su xevolución mundial han debido plegarse a ese destino, logrando con habilidad re- finada convertir los términos de la revo- lución mundial en la lucha del naciona- lismo ruso. Hoy se ha apoderado de la mayoría (no de todos) los jefes rusos un .delirio expansionista arrollador, y eso es lo que en estos momentos están defen- diendo.
»¿Cómo ha, llegado la Rusia Soviética a esta posición interna y cómo ha logrado apagar, al menos por un tiempo, los ím- petus de revolución mundial auspiciada largos años por el Comintern?
»Si examinamos la situación del comu- nismo internacional en estos momentos, advertimos nuevas tácticas que distan es- telarmente de la estrategia de agitación revolucionaria que en diversas etapas sin- tió el mundo y que nosotros experimen- tamos en propia carne en la abortada . revolución comunista de las bananeras.
Ahora ha llegado el momento previsto por uno de los más hábiles estrategas co- munistas, el camarada Dimitrov, cuando decía en el vigésimo aniversario de la re- volución: «En la presente situación in- ternacional no hay ni puede haber «cri- terio más seguro» para determinar quién es amigo y quién enemigo de la causa de la clase trabajadora y el socialismo, que la actitud propia hacia la Unión So- viética.» Ese sentimiento que muy poco a poco va adquiriendo el neófito comu- nista obsesionado por ideales de revolu- ción mundial, se viene formulando cada vez más claramente desde las cátedras in- ternacionales del comunismo. Basta co- nocer un poco la literatura dé los últimos años.
»Esta paradoja sutil escapó a aquellos políticos y pensadores que indicaban que tras la guerra el comunismo internacio- nal sufriría rudo golpe. Recuerdo que un ruso distinguido me decía hace justamen- te diez años que Stalin acabaría por res- taurar el zarismo. Y la paradoja se com- pleta cuando vemos que el Soviet quiere seguir interviniendo en la política mun-
dial cuando parece haber alcanzado Tina de sus metas soñadas con el predominio político en gran parte de Europa. Sin embargo, en realidad, ahora es cuando más necesita el apoyo internacional, por- que, en primer lugar, ese dominio se fun- da en terreno muy movedizo y porque las dificultades de orden interno son bas- tantes para hacer dudar de un afianza- miento inmediato y a largo plazo.
»Una situación compleja y delicada co- mo la que contemplamos pide nuevas tácticas. Mientras la Rusia Soviética, re- cién nacida entre rachas de idealismo re- volucionario mundial, hubiera visto rea- lizados sus más caros sueños si los países que hoy domina hubieran hecho la re- volución en la década del 20 al 30 ó si hubieran entrado de lleno en la lucha de los Frentes Populares contra el fascismo en la década del 30, ante su propia sor- presa ha debido plegarse poco a poco a realidades complejas y gue no dependen del cálculo de los hombres. Poco a poco se vio obligada a pactar con las abomi- nadas democracias, entró en la Sociedad de Naciones y llegó a jugar en la Bolsa del equilibrio europeo la carta más pe- ligrosa cuando se alió con la Alemania nazi para la quinta repartición de Polo- nia en. 1939. Fue ese precisamente el mo- mento culminante de prueba para la fi- delidad del comunismo internacional, y el comunista demostró que había apren- dido la lección más difícil y el más sa- grado dogma del proselitismo moscovita.
»Bastaría el estudio somero de la u- nea seguida por el Soviet en los últimos diez años para comprobar que el hom- bre no es ingeniero de la Historia, y que
está sometido a fuerzas que lo dominan.
Hoy,, la Rusia Soviética, casi sin pensar- lo, se encuentra dueña indiscutida de una zona de influencia que se extiende más allá de lo soñado quizá. Pues bien:
¿se ha verificado la revolución comunis- ta allí donde impera Rusia? ¿Se han re- partido las tierras? ¿Se han nacionaliza- do las industrias? Resulta desconcertan- te el cuadro para quienes no han juraao creer a ciegas en Moscú y tener por bue- no y santo cuanto, haga. La nueva tác- tica que está en marcha tras la cortina de acero es de cuño netamente imperia- lista. Y la lealtad a la Unión Soviética exige que no solamente .se apruebe a lleno esa táctica por más alejada que esi de Marx y de Lenin, sino que como 552
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cuando tramaban las revoluciones inter- nas los comunistas debían clamorear a todos los vientos ideales pacíficos, ahora gritan en todos los rincones contra los imperialismos.
»Detrás de la cortina de acero, al viejo.
slogan de «el Poder exclusivamente para el Soviet», ha sucedido una política de penetración, desde luego, muy sutil y eficaz, pero que soslaya en el gobierno mismo la responsabilidad total. En vez de dar ia impresión de intervenir en la política interna dan a sus incondiciona- les aquellas posiciones que aseguren la máxima influencia con un mínimo de responsabilidad. En Rumania, el primer ministro Groza, jefe del partido agrario comunista; en Bulgaria, el vicepremier Dimitrov, y así en cada país, las respon- sabilidades casi siempre están de tal mo- do repartidas, que, en caso de desastre, no será el comunismo el culpable abso- luto. Mientras en Hungría se reparten las tierras, en Rumania sólo se parcelan caóticamente los latifundios de más de cincuenta hectáreas. En general, la tác- tica consiste en rechazar la socialización total y fomentar la reforma agraria co- mo en Polonia y los Balcanes. La indus- tria ha sido nacionalizada en parte en al- gunos países, y en. otros, no. En gene- ral, las reformas son moderadas, y mu- chas veces de fundamental exigencia.
»Lo que sí es claro y cierto es que en dondequiera, con minorías a veces irri- sorias, están dominando las posiciones claves.
»A1 examinar la situación interna de la Rusia Soviética misma, encontramos que su industria quedó muy quebrantada, y que su reposición resulta tremendamente difícil, dada la-lejanía de las fuentes de abastecimiento y la escasez de buenas co- municaciones. En general, hay la impre- sión de un gran fracaso económico en los
•Planes de Stalin. El descontento, a juz- gar por las recientes purgas y los últi- mos discursos, debe estar creando en es- tos momentos una gran dificultad, sin que por eso los grandes planes de recons- trucción disminuyan.
»De todos modos, la lealtad a la Unión Soviética es en estos momentos el ins- trumento número uno del nacionalismo ruso. Así lo indican los viajes recientes a Moscú de los líderes comunistas de Mé- jico y Cuba, las declaraciones de Prestes, de Foster, de Ribera y la proclamación
de los voceros del comunismo internacio- nal de que al estallar una nueva guerra estarán de parte de "Rusia. La mayor quinta columna de Ja Historia al servi- cio del nacionalismo zarista redivivo.»—.
(E.Al.)
ABANGO, S. J.: Dionisio: ¿Qué piensa Gandhi $él cristianismo? (Págs, 136- I43-)
El autor, misionero jesuíta en la In- dia, empieza explicando la personalidad de mahatma Gandhi valiéndose de las impresiones que sobre el mismo han re- latado diversos autores y especialmente Nehru, su principal biógrafo. La doctri-, na de Gandhi puede ser resumida en una palabra, satyagráha, que significa sin vio- lencia o no violencia. Es una especie da voto que obliga al que lo emite a no ofenderse por ninguna injuria, no usai violencia en defensa propia y no sentir antipatía por nada. Sin embargo, esta
• doctrina no renuncia al coraje, y Gandhi más de una vez ha dicho que sin coraje no hay moralidad, ni religión, ni amor.
A pesar de su horror por todo lo que sea violencia, dice Gandhi que la cobardía es aún, más odiosa que la misma vio- lencia.
•Gandhi ha escrito varios libros, en los que habla algunas veces de Jesucristo y del Cristianismo. Así, en el titulado Las misiones cristianas en la India y su auto-;
biografía titulada Mis experimentos con la • verdad. Como verdadero hindú, G-an- dhi es tolerante para con todas ias reli- giones, ya que, con- arreglo a los libros sagrados de la. India, «todas,las1 religio- nes llevan al hombre al mismo Dios, co- mo todos los ríos llevan el agua a un mismo océano». Sin embargo, muchas veces se ha mostrado intolerante con el cristianismo, a pesar de la favorable im-, presión que le produjo el Nuevo Testa- mento y especialmente el Sermón de la Montaña.
Invitado a abrazar la religión de Je- sucristo por un misionero protestante, Gandhi rehusó,- alegando que no que- ría ser redimido de las consecuencias del pecado, sino del pecado mismo y de su raíz.
Gandhi niega la posibilidad de mila- gros que violen las leyes de la Natura- leza, y se opone a los trabajos de con-
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versión, pues sostiene que la fe no hay que propagarla, sino vivirla. .Además, 3a conversión es sólo obra • de Dios y i;o de un extranjero, y es. inútil tratar de ga- nar almas para Dios mediante la obra de los hombres.
El autor expone a continuación los in- tentos de Gandhi para ver al romano Pontífice en 1931, audiencia que no pudo arreglarse por motivos que se ignoran y que Gandhi consideró como un insulto, tomando ocasión de este hecho sus par- tidarios para atacar a la Iglesia católica.
Muy pocas veces ha tenido Gandhi contacto con- católicos. La más reciente, seguramente,, fue la entrevista con el pro- fesor polaco Krzenski, con el que discu- tió durante algún • tiempo. El profesor dijo a Gandhi que el estudio de todas las religiones del mundo le había con- vencido de que el Catolicismo es la úni- ca religión verdadera. Gandhi contestó con su doctrina, tan frecuentemente re- petida, de que todas las religiones son igualmente verdaderas e igualmente im- perfectas, y que la actitud del profesor era arrogante.
El autor acaba su artículo haciendo vo- tos porque se ruegue por la conversión de la India, que representa una quinta parte de la población mundial, y expo- niendo la necesidad de misioneros san- tos y llenos de celo para la India.—
(J. G. H.)
HENAO HENAO, Daniel: Los partidos so- cialcatólicos en Europa. (Continuación.) (Págs. ¿44-147.)
En esta parte de su artículo, el autor aborda el estudio del partido sódaldemó- crata holandés. Pone de relieve la circuns- tancia de que un católico presida el Go- bierno holandés, que a _ algunos podría parecer extraño, dada la costumbre de asociar protestantismo y raza sajona,- y el hecho de que la reina Guillermina sea protestante.
El partido católico holandés recluta sus principales efectivos en las provincias del Lknburgo y Brabante. Está dirigido por Romme, Tans y Beel, actual je.fe del Go- bierno. El profesor Beel, doctor de ia Universidad católica de Nimega y espe- cialista en cuestiones administrativas, pre- side un Gobierno compuesto de . cinco demócratas cristianos, cuatro socialistas, laboristas y cuatro sin partido.
El programa del partido socialdemó- crata holandés da amplia cabida a la ini- ciativa privada y concibe el Estado como un coordinador de las instituciones_ natu- rales (persona humana, familia, Sindica- to, Universidades, etc., etc.). Preconiza una avanzada política de reformas socia- les, con aumento real de los salarios y seguros y subsidios sociales. Defiéndela nacionalización del Banco de Holanda y de otras industrias y Empresas funda- mentales, aceptando la nacionalización co- mo un remedio excepcional y no como un fin en sí mismo. En materias de rela- ciones exteriores propugna un apoyo de- cidido a la O. N. U. Por lo que se refie- re a las colonias holandesas, se propone estudiar amistosamente las solicitudes de autonomía presentadas por las Antillas y la Guayana. Así como preconiza la au- tonomía de la Indonesia en el cuadro de una Federación colonial holandesa¿ al estilo del Imperio . británico.—(J. G. H.)
OHTIZ MONASTERIO, José: Los católicos y las relaciones interamericanas. (Pá-
• ginas 157-162.)
«Uno de los problemas de la actuali- dad es, indudablemente, el relacionado con la comprensión entre los dos grupos humanos que ocupan el Nuevo Mundo:
el anglosajón y el iberoamericano.
»Durante más de un siglo después der los movimientos que culminaron en la independencia de los países iberoameri- canos, los norteamericanos sólo se inte- resaron en ellos como fuentes de abaste- cimiento de los productos que necesita- ban para su bienestar o que eran indis- pensables para' sostener su gigante es- tructura industrial, quizá también como mercados de relativa importancia para sus exportaciones. • •
»Para quien conoce a fondo la historio de las naciones iberoamericanas^ es evi- dente que las directivas que inspiraron *¿
conducta de los Estados Unidos aaaa ios países iberoamericanos emanaron de a conceptos erróneos: . , -
«Primero. El de que «una Providencia, previsora ha dotado a las instituciones americanas de cualidades especiales que las hacen adecuadas para extendersía los traeblos menos cultos de la Aiec^, particularmente a los del hemisferio oc cidental y sus islas adyacentes».
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«Segundo. El de que «los Estados Unidos de Norteamérica tienen el dere-, cho de expansión para poder otorgar "los beneficios de una civilización cristiana . protestante a las atrasadas naciones ca- tólicas de América y diseminar las ins- tituciones políticas americanas».
»Estos dos conceptos permitirán a cual- quiera entender el porqué y la razón de las relaciones entre los dos grupos hu- manos que ocupan las Américas y la cau- sa de que el buen entendimiento entre ellos, desde el punto de vista humano, 'haya sido un completo fracaso.
»Es increíble el que hombres de la es- tatura política de los que produjo este país eñ la alborada del siglo pasado ha- yan podido cometer tales errores y, ade- más, el que dichos errores hayan sido consistentemente llevados a la práctica, hasta nuestros días, por sus sucesores. Y iodo por el hecho de haber ignorado completa y absolutamente el elemento humano de dichos países.
»Poco nos interesa en este artículo el resultado de los esfuerzos hechos por ex- tender el sistema político norteamericano a todo el Continente; sin embargo, la idea de querer aplicarlo a principios del siglo pasado pone en evidencia la com- pleta ignorancia de las condiciones so- ciales y políticas que existían entonces en aquellos países por parte de aquellos que intentaron imponerlo.
»E1 aspecto del problema que desea- mos estudiar es el humano y, en conse- cuencia, parece nada menos que una Monstruosidad el decidir omnipotente- mente cambiar la religión de los pueblos
<fe veinte naciones únicamente para sim- plificar el problema político que los nor- teamericanos tenían en la mente imponer
e n pro de sus intereses. ¡ Qué poco saben 1° que para nosotros significa el catoli- cismo ! ¡ Nosotros no hemos sido conver- ndos al catolicismo; nacimos en él!
»Para probar nuestro argumento acer- ca del esfuerzo llevado a cabo como de- ducción de los dos conceptos erróneos a que arriba nos referimos, basta traer a
*a memoria los nombramientos de «agen- tes comerciales» de una serie de caballe- ros que fueron enviados a los países del
^ur precisumente cuando acababan de
terminar ja s gue r ras cje independencia.
»El señor Joel Robert Poinsett aparece
«i Argentina y Chile en 1810; el señor Alexander Scott es enviado a Venezuela
en I 8 I I J los señores J. B. Prevost y John M. Forbes van a Chile y Buenos Aires en 1820, y los señores Coaser A.
Rodney, Theodoric Blond, John Gra- ham, Baptist Irvine, Charles S. Todd y muchos otros más son- enviados a dife- rentes lugares, todos ellos llevando con- sigo- órdenes similares.
»Las instrucciones oficiales 'que lleva- ba el señor Poinsett eran las siguientes:
«El objeto real así como ostensible de su misión es el explicar las ventajas mutuas del comercio con los Estados Unidos; el promover reglamentos liberales y perma- nentes y el transmitir informes oportunos sobre estos asuntos.»
«Después de haber terminado su tra- bajo en el Sur, nos encontramos al se- ñor Poinsett como primer agente confi- dencial norteamericano en Méjico, y por el año 1825, como primer ministro de los Estados Unidos en Méjico.
«Conviene recordar que en el año 1812, el ministro español en Filadelfia, señor Luis de Onís, informó a su Gobierno que los Estados Unidos habían resuelto extender sus fronteras hasta el Río Gran- de, al Sur, y hasta el Océano Pacífico, al Oeste, y que los métodos adoptados para la ejecución de ese plan eran de
«seducción, intriga, envío de emisarios para fomentar las disensiones, instigar la guerra civil y suplir armas y municiones a los insurgentes.
«Precisamente ahora — continúa infor- mando el señor Onís—, la Administra- ción ha comisionado a un talentoso licen- ciado de Nueva Orleáns para cultivar las relaciones con los insurgentes dé aquella región.»
»E1 señor Onís añade que el agente' que fomenta la revolución en Méjico es precisamente el señor Joel Robert Poin- sett, quien, como decimos antes, como recompensa de su éxito como agente con- fidencial, fue nombrado en 1825 primer ministro de Estados Unidos en Méjico.
»Lo que el señor Poinsett estaba ha- ciendo realmente en Méjico vamos a sa- berlo por fragmentos de dos cartas oló- grafas escritas por él. La primera, fe- chada el 10 de noviembre de 1826 y di- rigida a su primo, el señor Johnson, dice:
«El partido que se dice haber sido creado por mí, y que es un partido ver- daderamente americano, obtuvo una vic- toria tan completa en las últimas eleccio-
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nes, que ni uno solo de los legisladores del Estado de oposición al partido ha si- do reelegido. Me cabe decir abiertamen- te que lo que yo he hecho aquí ningún otro hombre de Estados Unidos pudo haber hecho, no porque tenga yo ningún talento sobresaliente, sino ' simplemente un verdadero conocimiento de la gente y del país, y porque pocos hay que hubie- sen gastado su hacienda y dedicado to- dos sus esfuerzos e instantes de su tiem- po, tal como yo lo he hecho, al grap propósito de levantar un partido ameri- cano.»
»La segunda carta, fechada el 25 de febrero de 1828, y también dirigida a su primo, el señor Johnson, dice:
«Entre-nous. No me quedaré aqiií por mucho tiempo más, a pesar de que mis amigos quieren que así lo haga, pues mi presencia les parece indispensable. El ge- neral Guerrero, que, si vive3 será el pró- ximo presidente, m í ha hecho grandes ofrecimientos; pero yo no renunciaría a mi país ni para ser emperador de Mé- jico.»
»No terminó allí el señor Poinsett;
continuó plantando la semilla de la dis- cordia en Méjico. Extendió su trabajo de intriga a los Estados Unidos, donde lo- encontramos, con los representantes de]
partido americano formado por él en Mé- jico, asistiendo a una tenida .masónica se-
• creta de la gran logia «La luz» en Nue- va Orleáns, en el año 1827, cuando fue adoptado el siguiente preámbulo y la co- rrespondiente plataforma:
«Convencidos de que el clero, por cuanto se opone a la colonización (de Tejas por los norteamericanos), es un obstáculo permanente a la reforma; de
•que impide la difusión de la luz y pro- voca antagonismo hacia los extranjeros, el rito nacional mejicano adopta en todas sus partes el plan político y programa de reforma propuesto por hombres progre- sistas, que habrá de iniciarse en el Con- greso, tan pronto como sea posible, por los masones que ocupan un lugar en él..., porque, basado' en los principios que enseña la masonería, el rito debe re- doblar sus esfuerzos para hacerlo efec- tivo, de acuerdo con las ideas en que fue concebido.»
»Como resultado de este plan extran- jero de reforma, la secularización de la educación fue llevada a la práctica; to- das las escuelas católicas fueron cerradas,
y la Universidad de Méjico, fundada en
I553, cerró sus puertas; además, las mi- siones de California fueron suprimidas y sus fondos confiscados.
»Unos cuantos años después, el 3> de septiembre de 1835, celebróse otra te- nida masónica secreta en el número 103 de la calle Ursuline, en Nueva Orleáns, cuyo resultado fue el nombramiento del filibustero cubano Mejía como coman- dante en jefe de un ejército .que debía reclutar en el Estado de Luisiana en su camino hacia Méjico.
»Se resolvió también' que Mejía debía mantener su ejército bajo las armas has- ta después de haber capturado la capital de Méjico y hasta que hubiesen sido puestos en vigor los decretos que él im- pondría al Congreso mejicano. Estos de- cretos proclamaban:
»l. Que la Constitución de 1824 sea reformada de acuerdo con las leyes Fa- rías de 1833.
»2. Que todos los obispos y personas eclesiásticas o seculares que sean juzga- das hostiles a la reforma, deben dejar la República inmediatamente.
»3. Que todos los capítulos de las ca- tedrales sean suprimidos y nombrado un gobernador de las diócesis, y que toda la plata y joyas preciosas sean entregadas al Gobierno.
»4. Que todos los conventos de íisi- les y monjas sean secularizados y supri- midos, y que sus propiedades raíces y muebles, píata y joyas, sean puestos ala.
disposición del Gobierno, y los edificios y capillas de los conventos sean Utüiza- dos para asilos, hospitales, cuarteles,^ al- macenes, o vendidos para ser convertidos en sinagogas o templos de otras sectas.
»5. Que todos los mejicanos sean pro- clamados libres de adorar a Dios de la manera que elijan, y que toda correspon- dencia entre el Gobierno y Roma sea su- primida,, aunque los individuos, privada- mente, puedan continuar siendo c a t° ^ "
,cos, siempre que no perturben el orden público o traten de ganar prosélitos.
»6. .Que dos terceras partes de las tierras, propiedades rurales o urbanas sean reDartidas entre los indigentes, a preferencia entre militares, a w s ^ « « » les asignarán tierras y casas - suiicientes para recompensar sus servicios_; y w
»7. Que debe reinar estrecha ü n i o n , alianza con los Estados Unidos del -¡NO- te y sus ciudadanos, particularmente i « 556
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de Luisiana, quienes serán considerados hermanos, admitidos libremente y sin ne- cesidad de pasaporte, y a quienes se les reembolsará una tercera parte de los de- rechos de importación recabados sobre mercancías procedentes de otras nacio- nes.»
s>Hasta aquí con los hechos del señor Jcel Rofoert Poinsett, primer embajador americano en Méjico.
»Unos cuantos años más tarde, y mien- tras que-los discípulos del señor Poin- sett estaban llevando a cabo los planes formulados aquí, en Nueva Orleáns, to- cias las iglesias y catedrales del país fue- roa sacrilegamente despojadas.- El saqueo de la catedral de Morelia duró cinco días enteros. Componían el botín custodias, tabernáculos, cálices, lámparas y joyas de gran' valor artístico. El total de plata robada fue de 4.762.830 gramos; el de oro, 11.500 gramos, y, aproximadamente, medio millón de pesos en piedras pre- ciosas.
»Parte de este. botín fue enterrado en
"una Legación extranjera, según dice Ri- vera en sus Anales mejicanos, textualmen- te: «El 16 de diciembre, cuarenta y seis barras de plata, enterradas a una profun- didad de dieciséis pies y valuadas en se- tenta mil pesos, fueron sacadas de la re- sidencia del ministro de los Estados Uni- dos en Tachaya.»
- »Los hechos históricos aquí presenta- dos ayudarán a explicar la actitud men- tal del pueblo mejicano, que no puede reconciliarlos con la existencia de cató-
ucos en los Estados Unidos.
»Los planes formulados en Nueva Or- feáns y llevados a la práctica por los me- jicanos al servicio de Poinsett y de sus sucesores, tenían por objeto una sola co-
s^: la destrucción completa de la Igle- sia católica; la destrucción de uno de j°s milagros de la Historia llevado a ca- k° por los frailes que vinieron después
^el conquistador,, y que lograron trans- -Orinar las diversas tribus que encontra- ron en_ Méjico en un solo pueblo cristia-
n° , unificado por las prácticas de una fe común y las artes e industrias de una ci-
«uzación autónoma.
»Nada puede darnos mejor idea del progreso de Méjico bajo la dirección de
i a Iglesia católica que las condiciones de
u instituciones culturales.
d 'ñA p r o f e s o r Priestley, de la Univ.ersi- aa-ae California, en su obra The mexi-
can_ nation, nos informa que, hasta el año 1775, la Universidad de Méjico ha- bía conferido unos treinta mil grados de ' bachiller en artes, un buen número de grados de maestro en artes y, aproxima- damente, unos mil doctorados; esto un siglo antes de que la Universidad de Har- ward confiriese su primer grado de maes- tro en artes, que tuvo lugar en 1870, y su primer doctorado, en 1873.
»Otro distinguido historiador norte- americano, el profesor Bourne, en su obra Spain in America, dice que los eru- ditos mejicanos «alcanzaron grandes éxi- tos en algunas ramas de la ciencia, par- ticularmente en Medicina y Cirugía, y lugar prominente en Lingüística, Histo- ria y Antropología».
»Sin duda alguna que esta fue la de- plorable situación que impelió al esta- dista norteamericano «a otorgar los be- neficios de una civilización cristiana pro- testante a las atrasadas naciones catóE- cas de América».
»Como si las fechorías que he presen- tado en este artículo no fueran suficien- tes para explicar y justificar la aversión y desconfianza por parte de Méjico y otros países del Sur hacia los norteame- ricanos, y como un complemento del mo- dus operandi que se había adoptado y sobre el cual Onís informara a su Go- bierno en 1822, se inició en toda la Amé- rica ibera la propaganda protestante.
»Esta propaganda ha antagonizado las tradiciones y sentimientos fundamentales de nuestras nacionalidades y de nuestros pueblos; los católicos de todas partes, con pocas excepciones, nunca han podi- do comprender cómo protestantes inte- ligentes, quienes, sin duda alguna, saben que el catolicismo es una rama del cris- tianismo—y, evidentemente, la más an- tigua de todas—, y más bien debiera es- cribir : es el tronco del cristianismo, pue- dan pretender, desde un punto de vista' religioso, convertir a los cristianos cató- licos en cristianos metodistas o en cristia- nos bautistas.
«Sabemos que la vida religiosa de Ibe- roamérica, tal como la de todos los otros países del mundo, necesita purificarse e intensificarse, para que la religión sea au- ténticamente conocida y puesta en prác- tica, alimentando nuestras vidas.
»Nuestros pueblos ni buscan ni quie- ren cambiar de-religión; lo que quieren es que se les deje libres de ajustar sus
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vidas a los preceptos y reglas insupera- bles del catolicismo.
»Esta ha sido, y sigue siendo, la situa- ción en lo que se refiere a las relaciones entre los norteamericanos y los iberoame- ricanos.
»La única diferencia en los últimos veinte años ha sido que un grupo com- pacto de católicos norteamericanos ha protestado abiertamente contra la perse- cución por sus hermanos en los países del Sur.
»Todavía recordamos' las resoluciones y exposiciones presentadas por miembros del Congreso como Fennerty, Celler, Ksh, Higgins y otros hábiles legisladores de ambas Cámaras, sintetizando las pro- testas que llegaban a ellos de todas las secciones del país y de todos los ele- mentos de su población.
«Entonces, y por primera vez en la His- toria, comprendieron nuestros pueblos * que en la América del Norte hay un gran número de católicos y, lo que es más importante, que la universalidad de nues- tra religión es un hecho incontestable y que los católicos norteamericanos están tan ansiosos como ellos en obtener la más preciada de todas las libertades hu- manas: la libertad de religión.
»Este es, pues, el vínculo más fuerte entre los católicos de Norteamérica y los millones de católicos iberoamericanos.
»Llevemos a la práctica, en todas las maneras posibles, los preceptos cristia- nos, y podemos estar seguros de que, si prevalecen, vendrá con el tiempo el ol- vido de las injusticias e iniquidades su- fridas por los iberoamericanos en el pasa- do. Los norteamericanos anticatólicos fra- casaron, pero los católicos tendrán é;dto.
»Ahora es el tiempo oportuno para lo- grar la unidad de los pueblos que in- tegran las naciones del Nuevo Mundo.
Para obtener esta, unidad los católicos norteamericanos tendrán que convencer a nuestros pueblos de su interés en ayu- darlos a elevar sus condiciones de vida a un nivel verdaderamente humano, de- mostrándoles que las diferencias de fe re- ligiosa y de raza no serán motivo de se- gregaciones injustas y que este país sólo quiere que alcancen Una verdadera demo- cracia negando su apoyo, para ello, a las minorías poco escrupulosas que han ser- vido en el pasado a llevar a cabo una po- lítica egoísta de convivencia. En pocas palabras, que nuestras mutuas relaciones
quedarán basadas en los sencillos pero magníficos preceptos de la' hermandad cristiana.»—{E. M.)
Universidad Pontificia Bolivarfama Publicación bimestral.—Medcüín.
Val. XII, núms, 45-46, mayo-julio 1946.
ARAMBURO RESTREPO, Gabriel: Francis- co de Vitoria. Discurso en el homenaje de la Universidad y de la Academia de Estudios .Internacionales. (Pág. 295.) Al evocar a Vitoria hay que distinguir lo puramente histórico, un poco oscure- cido por el tiempo, y su legado doctrinal, perenne y actual. Pues el humilde domi- nico se enfrentó con la tradición cesaris- ta de la época para defender los dere- chos de los indios. Fue paradójicamente un inconforme con el ambiente jurídico de su época, que rechazó todo dualismo entre la moral y el derecho. Vitoria com*
batió el exclusivismo racialista. «Fue el precursor de la independencia de Amé- rica», que pidió libertad, soberanía y pro- piedad para los indios, reduciendo los derechos de la metrópoli a una especie de protectorado para asegurar los intere- ses mercantiles y los derechos civiles de los españoles. El concibió la guerra como una acción punitiva con un fin pacífico.
Erró, sin embargo, al suponer que el ven- cido sería siempre el agresor. Admitió fuertes sanciones económicas contra el vencido y se dejó influir por los criterios de su época, con arreglo a los cuales hay que juzgarle. Sin embargo, sentó un ver- dadero código democrático con su tesis sobre el derecho de la mayoría.
Aducho se ha hablado sobre sociedad de naciones, posesión, soberanía, Estado,_ ca- pital, nrotectorado, esclavitud y coloniaje, olvidando las doctrinas del insigne escri- tor, cuya conmemoración es una recn ilustre para la humanidad. Quiera la I n - videncia que sus doctrinas traigan •«
mundo un viento de paz y generosidad.
(J. M.a C. T.)
JARAMIIZO VÍXEZ: Francisco de Vitoria (Pág. 304.)
La España de Vitoria fue su adecuado, puesto que marchaba a la ca-