ORDENA TU MUNDO DIGITAL
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Sumario
11
Introducción
15
¿Qué es el orden o minimalismo digital?
23
Déjate de excusas y prepárate para el frío
29
Elige tu propia aventura
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35
Ruta de reconocimiento
Caminar con Laura y detox digital
45 TENER
Siete rutas para organizar tu espacio 47
Ruta 1 · Ruta 4 para Laura
Un lugar para cada cosa en el ordenador
61
Ruta 2 · Ruta 6 para Laura
Prioridades claras en el e-mail
73
Ruta 3 · Ruta 8 para Laura
Armonía en las aplicaciones del móvil
87
Ruta 4 · Ruta 10 para Laura
Organiza los archivos del móvil
95
Ruta 5 · Ruta 12 para Laura
Espacios de almacenamiento externo impolutos
107
Ruta 6 · Ruta 15 para Laura
Coherencia en las redes sociales
121
Ruta 7 · Ruta 18 para Laura
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131 HACER
Siete rutas para recuperar tu tiempo
133
Ruta 8 · Ruta 2 para Laura
Crea un «Oasis de Claridad»
141
Ruta 9 · Ruta 1 para Laura
Sincroniza el horario de las pantallas
149
Ruta 10 · Ruta 7 para Laura
Diversión, ocio y pantallas
157
Ruta 11 · Ruta 3 para Laura
Noche oscura, noche sin pantallas
165
Ruta 12 · Ruta 13 para Laura
Recupera las mañanas
175
Ruta 13 · Ruta 17 para Laura
Dieta informativa
187
Ruta 14 · Ruta 19 para Laura
Uso de pantallas en la infancia y la adolescencia
205 SER
Siete rutas para cultivar la atención
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207
Ruta 15 · Ruta 9 para Laura
Miedo a perderte algo
215
Ruta 16 · Ruta 5 para Laura
Vida más allá del móvil
227
Ruta 17 · Ruta 11 para Laura
Baños de verde
235
Ruta 18 · Ruta 14 para Laura
Mantén a raya los desbloqueos
243
Ruta 19 · Ruta 16 para Laura
Zona conocida
251
Ruta 20 · Ruta 20 para Laura
Tiempo, muerte y vida
259
Ruta 21 · Ruta 21 para Laura
Diseña tu plan de acción
273
Cuento de «des-conectar»
277
Conclusión
281
Recursos
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Introducción
Las pantallas llevan en nuestro día a día tanto tiempo que la ma- yoría de nosotros no tenemos edad para recordar cómo era la vida sin ellas. En los años setenta del siglo pasado la del televisor se hizo un hueco en la mayoría de los hogares, y esa única pan- talla empezó a ocupar horas de nuestro día. Pero no fue hasta la irrupción de los ordenadores personales, para uso profesional y doméstico, cuando muchos empezamos a pasar la mayor parte de nuestro tiempo delante de una pantalla.
Desde ese momento, que puede situarse a partir del año noventa, y en apenas dos décadas, se suceden una serie de hi-
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tos tanto tecnológicos como sociológicos que contribuyen a au- mentar exponencialmente nuestro tiempo de uso y dependen- cia de las pantallas: la aparición de los teléfonos inteligentes, las UHGHVVRFLDOHVHOZLÀODWUDQVPLVLyQGHGDWRVPHGLDQWH8076
(Universal Mobile Telecommunications System, el famoso 3G,
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A través de las pantallas, las nuevas tecnologías nos prome- WHQHVWDUPiVFRQHFWDGRVVHUPiVHÀFLHQWHV\GLVSRQHUGHDFFHVR
a recursos antes inalcanzables para la inmensa mayoría de per- sonas.
Las pantallas son vehículos que democratizan opciones que antes estaban destinadas a un pequeño grupo de privilegiados.
Gracias a los dispositivos que las incorporan puedes acceder on- line, y de forma gratuita, a formaciones de las universidades más prestigiosas del mundo o realizar una videollamada a ese fami- liar que vive en otra ciudad o incluso en otro país.
Pero no es oro todo lo que reluce. Estamos más conectados que nunca y, al mismo tiempo, han aumentado los índices y la percepción de soledad. De hecho, algunos autores tan importan- tes como el doctor Vivek H. Murthy —médico de medicina inter- na en el Brigham and Women’s Hospital y en el Harvard Medical School— se atreven a hablar de una auténtica «epidemia de la soledad»1.
Las pantallas son como sentar delante de la televisión a un niño inquieto: funciona durante un tiempo, pero no es más que un parche. De este modo, se convierten en el remedio y en la
1. Murthy, Vivek H., Juntos. El poder de la conexión humana, Editorial Crítica, Barcelona, 2021.
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enfermedad al mismo tiempo. Nos dan y nos quitan nuestra co- nexión. Son elementos que, por un lado, nos facilitan la vida y, por otro, la hacen más miserable.
Tenemos en nuestras manos una bendición que puede con- vertirse en maldición dependiendo del uso que hagamos de ella.
Y el desafío se presenta porque la barrera es tan sutil que, en la mayoría de los casos, pasamos de un lado al otro de la frontera casi sin darnos cuenta.
¿De qué depende que sean nuestro elixir o nuestro mayor veneno? Única y exclusivamente de nuestra atención.
Nos sentamos ante nuestro ordenador para enviar un correo electrónico y, casi sin darnos cuenta han pasado veinte minutos, y ¡ni siquiera hemos escrito ese correo!
¿Y si te dijera que la media de tiempo que una persona de- dica a diario a las redes sociales es de dos horas? Esas dos horas al día suponen 730 horas al año, más o menos la duración media de un máster.
Pero vayamos un paso más allá. Extrapolemos el tiempo que dedicamos a las redes sociales. Si la esperanza de vida media es de 80 años y una persona empezase a usarlas a los 15 —aun suponiendo, contra todo pronóstico, que no haya un aumento medio del uso en ese largo periodo—, en esos 65 años habría dedicado un total de 47.450 horas de su vida a revisar las redes sociales. O lo que es lo mismo, habría pasado 1.977 días, más de cinco años completos de su vida. Cinco años sin comer ni dormir, delante de una pantalla, mientras pasan imágenes, se reprodu- cen vídeos o se comparte contenido.
¿Se te ocurre algo mejor que hacer con cinco años de tu vida?
Las pantallas tienen el potencial ambivalente para ser ese cataliza-
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dor que expande nuestra percepción del tiempo y sus posibilidades o ese ladrón que nos roba minutos a través de actividades banales.
Y al ser conscientes de esta dualidad y querer enfrentarnos a ella es cuando nos va a resultar útil una propuesta como Ordena tu mundo digital. Este libro nos permitirá examinar nuestro uso de las pantallas a todos los niveles. Por un lado, revisaremos nues- tros espacios de almacenaje; por otro, nuestros hábitos y rutinas y, por último, pondremos foco en la parte más interna y en las causas emocionales y mentales. Y este objetivo, de hecho, es bas- tante ambicioso pues tiene como meta recuperar nuestro espacio, nuestro tiempo y nuestra atención.
El uso que hacemos de las pantallas afecta directamente a nues- tra vida y a nuestras relaciones. Si estás ante estas líneas es porque has decidido que ha llegado el momento de discernir cuál es ese uso consciente, el que te aporta valor, para priorizarlo, y dejar ir el uso inconsciente, el que te roba el tiempo y, por tanto, tu vida.
Para lograrlo, este libro puedes leerlo de diversos modos.
3RGUiVLGHQWLÀFDUWXVQHFHVLGDGHV\OHHUORVFDStWXORVTXHWHLQWH- resen. Podrás acompañar a Laura, la protagonista, en su proceso de revisión, una revisión profunda que te incluye a ti. O podrás leerlo en el orden natural de sus páginas para seguir las etapas del tener, el hacer y el ser.
Creo de corazón que el mundo digital, cuando lo usamos con atención, tiene el potencial de cumplir sus promesas: facilitarnos el día a día, ser una herramienta de autoconocimiento, devolvernos nuestro tiempo y ser un instrumento plural de conexión.
Decidas el modo de lectura que decidas, te deseo que disfru- tes de este camino.
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¿Qué es el orden o minimalismo digital?
Antes de nada, quiero aclarar que en este texto usaré los térmi- nos orden y minimalismo como sinónimos de un mismo concep- to que va más allá de cualquiera de ellos.
Cuando pensamos en orden tenemos una visión concreta, PXFKDVYHFHVUtJLGDHLQÁXLGDSRUORTXHKHPRVYLYLGRHQFDVD
o lo que creemos que un agente externo determina. Cuando usa- mos la palabra minimalismo ocurre algo similar solo que con características algo diversas: nos imaginamos espacios blancos y muy pocos objetos. Tanto en uno como en el otro siempre hay alguien fuera que marca las pautas a través de las cuales nos po-
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tienes un número concreto de pertenencias puedes estar en el clan de los minimalistas, pero si tienes más no puedes disfru- tar de ese reconocimiento. Si tu casa tiene una organización con- creta de los objetos puedes considerarte una persona ordenada;
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nombre. Lo que tienen en común el rechazo que podemos sentir ante estos conceptos es que siempre hay un ente externo que es el que puede juzgar que seas una persona minimalista u ordenada, según unos parámetros generales que se aplican indistintamente a cualquiera.
Piensa en tu vida durante unos segundos. Me atrevo a va- ticinar que los objetos que necesitabas hace diez años no son los mismos que los que necesitas ahora.
Nuestra vida cambia, y es coherente que el concepto de or- ganización personal, de orden o de minimalismo evolucionen.
Tener una visión rígida no solo es contraproducente, sino que es imposible porque, si ni siquiera puede atender a los cambios de una misma persona a lo largo del tiempo, cómo va a responder a las distintas necesidades de diversos individuos con situaciones vitales tan dispares.
Es por ello que uso estas palabras combinadas para generar XQQXHYRVLJQLÀFDGRHOVLJQLÀFDGRGHORUGHQPLQLPDOLVWDXRU- GHQFRQVHQWLGR8QDSURSXHVWDÁH[LEOHTXHVHDGDSWDDWRGDVODV
personas y realidades sin exclusión. No eres tú quien se adapta para convertirse en una persona minimalista u ordenada, sino TXHVRQORVFRQFHSWRVORVTXHFREUDQVXVLJQLÀFDGRDOHQFRQWUDU- VHFRQWLJR(ORUGHQPLQLPDOLVWDHVPROGHDEOH\QRVLJQLÀFDOR
mismo para todas las personas. Vamos a verlo con detalle.
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La Tierra se formó hace aproximadamente 4.600 millones de años. Si condensamos todo ese tiempo en tan solo un día, ¿a qué KRUDFUHHVTXHQDFHUtDHOSULPHUVHUKXPDQR"3XHVPX\DOÀQDO
del día: los primeros homínidos bípedos aparecerían a las 23 ho- ras, 59 minutos y 23 segundos, y tan solo a falta de tres segundos para la media noche aparecería el ser humano moderno.
Si en este paralelismo los humanos llevamos apenas unos segundos de vida en el planeta, nuestro uso de la tecnología es algo similar a una pequeña fracción de un parpadeo.
Aunque las pantallas aparecieron hace poco tiempo han pa- sado de ser algo inusual, o incluso elitista, a un elemento impres- cindible sin el que pareciera que ya no podríamos desenvolver- nos en nuestra vida diaria.
Es impensable que hoy en día un adolescente no tenga telé- fono, pero cuando yo lo era, en la primera década de este siglo, no lo tenía y no pasaba nada, mi vida era completamente normal.
Los tiempos han cambiado y las pantallas llegaron pisando fuerte y con la clara intención de quedarse. Del mismo modo que ya no imaginamos nuestro día a día sin vehículos motorizados, es complejo visualizar un futuro que no incluya de forma coti- diana el uso de las pantallas.
Esta es una realidad que el orden digital no pretende negar u obviar, ni nos invita a volver a la edad de piedra, al telégrafo o a esos móviles ladrillo, simplemente te lanza preguntas para que cuestiones tu forma de relacionarte con el mundo digital.
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haces actualmente de la tecnología, ¿te sientes una persona más plena? ¿Eres una persona más productiva? ¿Te cuesta más o me- nos concentrarte? ¿Están ordenados tus espacios digitales?
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Ya lo dice el refrán, no todo el monte es orégano. Quizá te apor- tan valor los mensajes con tus amigos o las videollamadas con tu familia, pero no te aporta valor ver tres o cuatro vídeos en YouTube.
Quizá te aporta valor el correo electrónico, pero necesitas mejorar el sistema que usas para organizarlo. Quizá necesitas hacer espacio en tu día a día para ese proyecto que llevas tiempo aplazando...
Recuerda que, en el fondo, no estamos hablando de tecno- logía, sino de recuperar nuestros bienes más preciados: nuestro espacio, nuestro tiempo y nuestra atención.
Al ser un minimalista digital asumes que las nuevas tecno- logías de la comunicación tienen el potencial de mejorar nuestras vidas y de acortar distancias, y al mismo tiempo sientes que in- cluyen el riesgo de convertirse en un foco distractor al que recu- rrimos muchas veces como forma de evasión.
En un viaje en tren, en el metro o en la cola del supermerca- do podemos empezar a sentir esa sensación incómoda que parece aburrimiento o inquietud y que muchas veces esconde el miedo a estar a solas con nuestro interior. Pareciera que Blaise Pascal, el IDPRVRÀOyVRIR\FLHQWtÀFRGHOVLJORXVI, hablase de nuestra época cuando apuntaba que «Todas las desgracias del hombre se deri- van del hecho de no ser capaz de estar tranquilamente sentado y solo en una habitación».
Dentro de cada uno viven diversas voces que en muchas ocasiones son las responsables de un uso inconsciente de las pantallas. Una de ellas es una voz que susurra, que nos guía en la vida y nos señala cuándo nos hemos alejado de nuestro cami- no. Es esa voz que te avisa cuando una relación no funciona, que te invita a empezar un proyecto o a tener esa conversación que llevas tiempo aplazando. A través del uso de pantallas y otros
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distractores podemos evitar escucharla y sentirnos mal con una realidad que se nos ha quedado pequeña, pero sin la cual cree- mos que no podemos vivir.
Otra de esas voces nos grita, comparte problemas, juicios y autocríticas. Suele estar ocupada porque en su repertorio tam- bién encontramos comparaciones, preocupaciones y suposicio- nes. Muchas veces buscamos acallar esta voz a través de distrac- ciones tales como la alimentación —aunque ese es otro tema— o las pantallas. Pero este remedio no es efectivo: genera aún más ruido y no logra acallar los gritos, que brotarán de nuevo en cuanto aparezca algo de silencio. Y puede suceder, además, que la parte de autocrítica surja con más fuerza si cabe, sobre todo si tenías algo importante que hacer y en vez de eso has perdido el tiempo con el teléfono, la televisión o el ordenador.
El orden minimalista digital se ofrece como alternativa a esa JUDWLÀFDFLyQLQVWDQWiQHD3RGHPRVOOHJDUDFUHHUTXHFRQFHGHU- nos esos caprichos representa una forma de amor propio, lo que puede ser cierto en algunos casos, y es que el momento de ma- yor claridad se da, normalmente, cuando terminamos de usar las pantallas porque es entonces cuando, si hemos hecho un uso in- consciente de ellas, sentimos una sensación de vacío. Si usamos las pantallas para evadirnos, para evitar tomar esa decisión que nos apremia o dedicarle tiempo a ese proyecto que nos inspira, al ÀQDOGHOGtDDODSR\DUODFDEH]DHQODDOPRKDGDVHQRWD
No se alimenta el amor propio ni se consigue mayor satisfac- ción personal con el uso inconsciente de las pantallas. Este placer DFRUWRSOD]RGHO©À[ªDUUHJORTXHHVFRPROODPDQDODVGRVLV
de droga, es volátil, y cuando el efecto pasa la realidad vuelve, implacable, para mostrarnos aquello que no queremos ver.
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El camino de vuelta a casa, a un uso consciente, encuentra su antídoto en las decisiones tomadas con coherencia e integri- dad, que son aquellas que nos aportarán sus mayores frutos a largo plazo y que, a corto, muchas veces resultan incómodas.
Desde luego, esta segunda opción puede llegar a ser más di- ItFLOSRUTXHSDUHFHDPSOLÀFDUHVDVYRFHVTXHQRTXHUHPRVHVFX- char, pero es el único camino para, en vez de rechazar la realidad, empezar a responsabilizarnos de nuestro ruido interior.
Según un estudio de Microsoft, utilizamos nuestro smartphone al menos 80 veces al día. En los casos más severos este número aumenta hasta las 150 veces. El 90 % de las personas lo consultan en los 15 primeros minutos tras haberse despertado. Además, siete de cada diez personas duermen con su smartphone a menos de tres metros de distancia, e incluso uno de cada tres usuarios lo utiliza cuando va al baño. Y estos datos crecen de manera expo- nencial año tras año. Cada vez hay más profesionales tratando el uso de las pantallas como se hace con otras adicciones.
Desbloquear nuestro teléfono 80 veces al día implica consul- tarlo cada doce minutos, suponiendo que destinásemos tan solo siete horas a dormir. Estas interrupciones constantes debilitan a la larga nuestra capacidad para mantener el foco y la concen- tración, las dos virtudes más importantes que necesitamos en la vida para realizar con presencia cualquier tipo de tarea, ya sea regar las plantas, escribir un libro o cuidar de nuestros hijos.
Estos datos pueden parecer dramáticos, e incluso resultar- nos lejanos. Sucede que muchos seres humanos adolecemos de un sesgo cognitivo que nos lleva a pensar que estamos por enci- ma de la media: ante la observación de unos datos siempre cree- mos estar en mejores condiciones con respecto a ellos de lo que
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realmente estamos. Así, es muy posible que al ver estos números hayas pensado que tú no miras tanto el móvil, que no consultas tanto las redes sociales y, por supuesto, que no tienes un proble- ma con las pantallas.
¡Y eso me decía yo a mi misma! Desde hace años trabajo aplicando el orden y minimalismo en las casas y en las vidas de las personas, con lo que veo a diario a mucha gente con un uso de las pantallas más elevado que el que yo hacía, lo que me ge- neraba una falsa sensación de satisfacción. Si otros están peor quiere decir que no estoy tan mal. Esta perspectiva alimentaba mi resistencia al cambio y a reconocer que tenía un problema con las pantallas.
Seguro que has hecho alguna vez una mudanza y te has preguntado, ¿de dónde han salido todas estas cosas? Pues es lo mismo que suele ocurrir con las pantallas: hasta que no hacemos una revisión profunda y bien estructurada no somos conscientes de todo lo que hay.
Evidentemente, tu uso de las pantallas irá acorde a tu estilo de vida. Una persona que vive una vida nómada necesita menos cosas que alguien que vive una vida sedentaria. No tendría sen- tido comparar el volumen y cualidad de los objetos de ambas y decidir que una es mejor que la otra.
Así, la propuesta de orden minimalista digital no te va a plantear unos números concretos con los que tengas que trabajar y nunca va a proclamar que quien use menos el móvil es mejor.
Aquí la única persona a la que rendir cuentas es a ti mismo, y los únicos números relevantes son los tuyos. No importa tanto la cantidad, sino la coherencia con tu vida.
Al hacer este cambio de visión fui consciente de que tenía
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un problema con las pantallas, de que muchas veces las usaba como forma de evasión y de que estaban robando tiempo a as- pectos de mi vida que eran importantes. Yo estaba por debajo de la media, y aun así tenía un problema con las pantallas.
Así que, piénsalo detenidamente y dime: ¿cómo está tu mundo digital? ¿Está ordenada tu bandeja de entrada? ¿Cuánto tiempo pasas delante de una pantalla consumiendo contenido?
En este libro vamos a atender tanto a la parte del tener, con el orden físico, como a la parte del uso y de nuestra atención. Si sumas el tiempo que dedicas a las redes sociales, al correo elec- trónico, a las compras online, a ese blog que sigues, a una serie o algún programa que te detengas a ver o, simplemente, el que XWLOL]DVFXDQGRUHFLEHVXQDQRWLÀFDFLyQRTXLHUHVYHUODKRUDHO
resultado puede sorprenderte. A mí me pasó.
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Déjate de excusas y prepárate para el frío
¿Cuáles son las excusas que te pones?
Busca todos tus «es que yo…».
Yo anoté los míos:
• «Es que trabajo online».
• «Es que si no me conecto a las redes voy a perder segui- dores, voy a perder el contacto con mi comunidad, voy a perder mi negocio».
• «Es que si elimino mi cuenta de Facebook voy a perder el
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contacto con personas que, de otra forma, no sé si voy a poder encontrar».
¿Cuáles son tus excusas?
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más consciente, pero para nada lo hacen con la mayor parte del uso que hacemos de las pantallas.
Vale, quizá tienes miedo de perder el contacto con tus seres queridos, pero… ¿de verdad todo el uso que haces de las panta- llas es por ese motivo?
El orden minimalista digital, como ya hemos dicho, no va VREUHTXLWDUDTXHOORTXHQRVDSRUWDYDORUVLQRVREUHLGHQWLÀFDU\
dejar ir lo que no lo aporta. Es posible que una parte de tu uso de las pantallas esté destinada a eso que pones como excusa, pero
¿qué pasa con el resto? ¿Usas las pantallas antes de ir a dormir?
¿Qué tipo de consumo haces? ¿Es un consumo que te conecta o más bien que te desconecta?
Puede que revises tu Instagram antes de irte a dormir, que hagas un repaso a los estados de WhatsApp o que te descubras saltando de una noticia a otra sobre temas que realmente no son relevantes en tu vida. Este tipo de consumo no te aporta valor. Al contrario, es posible que te vayas a dormir con la sen- sación de que deberías estar haciendo más o de que el mundo está mal.
Y existe un motivo fundamental que potencia este tipo de consumo: nuestra incapacidad para estar a solas. Una incapaci- GDGTXHQRVPRUWLÀFD\TXHTXLHUHHYLWDUDWRGDFRVWDTXHQRV
encontremos con nuestros pensamientos. Fingimos que no están e intentamos acallar la voz que no para de hablar dentro de nues-