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Temas de género en trabajo infantil

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DE LA OFICINA DEL VICEPRESIDENTE, ECONOMÍA DEL DESARROLLO Y LA RED SOBRE REDUCCIÓN DE LA POBREZA Y GESTIÓN ECONÓMICA

Agosto 2005 Número 100

GENERO

Temas de género en trabajo infantil

Es necesario tener en cuenta las diferencias de género entre los menores que trabajan para desarrollar políticas eficaces contra el trabajo infantil. Este artículo examina la evidencia disponible.

En todo el mundo, se calcula que unos 352 millones de niños entre cinco y 17 años participan en actividades económicas (producción de mercado remunerada y no remunerada; OIT 2002). Sin duda, esta cifra sería mayor si existiera un cálculo aproximado de la participación de niños y niñas en las labores domésticas.

Trabajar largas horas en actividades económicas o del hogar puede afectar gravemente la salud y la educación de los menores (OIT 2004). Para formular políticas eficaces contra el trabajo infantil es necesario comprender las diferencias que género que existen entre niñas y niños que trabajan, ya que:

• Las definiciones estándar de trabajo infantil tienden a subestimar el trabajo de las niñas.

• Las actividades económicas que realizan niños y niñas difieren según el país y la industria.

• Los determinantes del trabajo infantil pueden diferir según el género.

• Las consecuencias del trabajo infantil pueden diferir según el género.

Las definiciones estándar de trabajo infantil tienden a

subestimar el trabajo de las niñas

Las definiciones estándar del trabajo infantil se concentran en las actividades económicas y en las “peores” formas de trabajo infantil (definidas por la Organización Internacional del Trabajo como la participación de menores en trabajos peligrosos, conflictos bélicos, pornografía y similares). A menudo, estas definiciones excluyen las labores domésticas, y por lo tanto, subestiman el trabajo que ejercen los menores. Este factor reviste especial importancia para las niñas de los países en desarrollo, quienes suelen ejercer dichas labores mucho más que los niños. Por ejemplo, en sectores rurales de la India, la tasa de participación en actividades económicas es

mayor entre los niños que entre las niñas (gráfico 1). Sin embargo, cuando se toman en cuenta las labores domésticas, la participación de las niñas aumenta y supera a la de los niños en todas las edades. Debido a que las labores domésticas constituyen una proporción cada vez mayor del trabajo de las niñas a medida que éstas crecen, la subestimación de su trabajo total como resultado de la exclusión de estas actividades también aumenta.

El trabajo realizado por las niñas también se puede subestimar debido a que en las encuestas domiciliarias aparecen más niñas “inactivas” que niños—debido a que no asisten a la escuela ni trabajan. Por ejemplo, en 1998, en zonas rurales de Marruecos, se informó que 38% de las niñas y 19% de los niños estaban reportados como inactivos. Es posible que los niños

“inactivos” en realidad no hagan nada, pero también puede ser que los padres no consideren las labores que realizan sus hijos como un “verdadero” trabajo (Cigno, Rosati, y Tzannatos 2002). Las labores domésticas, en particular, suelen ser ignoradas, lo que explica por qué hay más niñas registradas como inactivas que niños.

FIGURA 1 TASAS DE PARTICIPACIÓN LABORAL DE NIÑOS Y NIÑAS EN LA INDIA RURAL,1994

Niñas: trabajo total (incluye labores domésticas)

Tasa de participación laboral (%)

Niños: trabajo total (incluye labores domésticas)

Niños: actividad económica

Niñas: actividad económica

Fuente: Cálculos del autor a partir de datos de Cigno, Rosati y Tzannatos, 2002.

Edad

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La incorporación de módulos sobre uso del tiempo en las encuestas domiciliarias proporciona información sobre las tareas domésticas realizadas por los menores, y puede ayudar a evitar la subestimación del trabajo total que éstos realizan. Sin embargo, la mayoría de estas encuestas no incluyen dichos módulos.

Las actividades económicas que realizan niños y niñas difieren según el país y la industria

Los cálculos a nivel mundial sobre la participación de niños y niñas en actividades económicas ocultan importantes diferencias nacionales. Los niños son más propensos que las niñas a participar en actividades económicas en países de América Latina como Bolivia y Colombia, mientras que lo contrario sucede en países africanos como Côte d’lvoire y Ghana (Grootaert y Patrinos 1999; Blunch y Verner 2000).

Niños y niñas también tienden a concentrarse en diferentes actividades económicas. En una revisión internacional, Ashagrie (1998) encuentra que los niños se concentran más en el ámbito la manufactura, comercio, hotelería y transporte; mientras que las niñas participan en servicios personales y agricultura. Las diferencias de las actividades económicas realizadas por niños y niñas según país e industria apuntan a la necesidad de recopilar datos y realizar un posterior análisis tanto a nivel nacional como local. También destaca la importancia de identificar las necesidades de los niños y niñas al momento de diseñar políticas de prevención del trabajo infantil.

Los determinantes del trabajo infantil pueden diferir según el género

Las diferencias en la cantidad de labores domésticas y actividades económicas llevadas a cabo por niños y niñas sugieren que los determinantes del trabajo infantil también pueden diferir según el género.

Estudiamos el impacto diferencial sobre niños y niñas del bienestar del hogar (que puede medirse, por ejemplo, por el gasto familiar por cada adulto equivalente), la infraestructura de agua potable, las enfermedades del grupo familiar y el empleo de los adultos. Los datos sugieren que el aumento en el bienestar del hogar puede ser insuficiente para reducir la

carga total del trabajo infantil, e indican que la inversión en infraestructura de agua, salud, y cuidado infantil puede ayudar a reducir el tiempo que los menores, en especial las niñas, dedican a las labores domésticas.

Bienestar del hogar

Existe abundante evidencia empírica que demuestra que las actividades económicas emprendidas por niños y niñas decrecen a medida que aumenta el bienestar del hogar (Dar y otros, 2002). Sin embargo, investigaciones más recientes comienzan a apuntar resultados con diferentes matices.

Por ejemplo, Bhalotra y Heady (2003) utilizaron el tamaño de las parcelas como indicador del bienestar familiar en zonas rurales, y encontraron que en países como Pakistán y Ghana el trabajo agrícola de las niñas en realidad aumenta a medida que mejora el bienestar del hogar, situación que no ocurre con los niños. Por otro lado, Ray (2000) indica que si bien los cambios en el bienestar familiar influyen en la composición del trabajo de las niñas (actividades económicas frente a labores domésticas), no afectan el total de horas trabajadas.

Infraestructura para agua

En muchos países, la recolección de agua es en buena parte responsabilidad de las mujeres y niñas. Por lo tanto, los avances en obras de infraestructura para agua pueden ejercer un papel muy importante en términos de reducción de horas de trabajo infantil, especialmente el de las niñas, lo que permitiría aumentar la asistencia escolar. La conexión a una red pública de agua puede influir de dos maneras en las decisiones de los padres sobre la asignación del tiempo de sus hijos. En primer lugar, se reduce el costo de adquirir agua de sistemas privados, por lo que se liberan fondos del presupuesto familiar para pagar matrículas escolares.

En segundo lugar, se reduce el tiempo destinado a recolectar agua, con lo que disminuyen el costo de oportunidad del tiempo infantil.

En las zonas urbanas de Yemen, la conexión a una red pública de agua redujo la probabilidad de clasificar a las niñas como inactivas en 13 puntos porcentuales y también redujo la posibilidad de que participaran en actividades económicas en 2 puntos porcentuales, además de generar un aumento en la asistencia escolar de 16 puntos porcentuales. Los efectos en los

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niños fueron mucho menores. Estos resultados sugieren que la mayor proporción del aumento de la asistencia escolar corresponde a aquellas niñas que fueron indicadas como inactivas, lo cual sugiere que muchas de ellas cumplían un papel importante en la recolección de agua de (Guarcello y Lyon, 2003).

Enfermedades del grupo familiar

Los choques idiosincrásicos a los que se ve sometido el hogar pueden afectar el uso del tiempo de sus miembros en forma diferente. La falta de investigaciones sobre este tema sugiere que la distribución del tiempo de las niñas puede ser particularmente sensible a la enfermedad de algún familiar. Datos provenientes de Perú demuestran que las enfermedades entre los hijos menores aumentan las labores domésticas de las niñas, pero no de los niños (Ilahi, 2001). Con datos de Indonesia, Pitt y Rosenzweig (1990) encontraron que un alza de 29% en la incidencia de una enfermedad infantil disminuye en 25% la probabilidad de que la hermana mayor participe en la fuerza laboral, reduce en 15% su probabilidad de asistir a la escuela y aumenta en 53% la posibilidad de que participe del cuidado del hogar.

Empleo de los adultos

Cuando ambos padres participan en actividades económicas, los menores, y en especial las niñas, tienden a reemplazar a las madres en la ejecución de labores domésticas no remuneradas. Ilahi (2001) encuentra que en las zonas urbanas de Perú, tanto los niños como las niñas, realizan más labores domésticas cuando aumenta el empleo femenino (adulto), pero el efecto es mayor para las niñas.

Investigaciones sobre el efecto de los cambios en el costo del cuidado infantil sobre la matrícula escolar de las niñas ofrecen más evidencia sobre este efecto de sustitución, aunque de manera indirecta. Glinskaya, Garcia y Lokshin (2000) revelaron que en Kenya, un aumento de 10% en el costo del cuidado infantil disminuye en 3% la matrícula escolar de las hermanas mayores, mientras que los hermanos varones no sufren cambios importantes. Lo anterior indica que el acceso a servicios de cuidado infantil de menor costo podría reducir la cantidad de labores domésticas de las niñas, lo cual tendría un efecto positivo en sus niveles de escolarización.

Las consecuencias del trabajo infantil pueden diferir según el género

Debido a que hombres y mujeres, tanto al comienzo como al final de sus vidas, se involucran en diferentes tipos de trabajo, el impacto del trabajo infantil en los resultados futuros del mercado laboral también será diferente. Investigaciones realizadas en México y Brasil señalan que las sanciones en el futuro en materia de ingresos por haber trabajado desde muy temprano (habiendo o no asistido a la escuela), son más graves para las mujeres que para los hombres (Knaul, 2001;

Gustafsson-Wright y Pyne, 2002). En México, la rentabilidad de una experiencia laboral anticipada puede compensar a los varones por las sanciones asociadas en materia de ingresos, pero no es así para las mujeres.

Quizás estos resultados reflejen la capacidad de los niños de adquirir experiencia laboral reconocida, que pueden utilizar a futuro en sus carreras, mientras que las niñas en general adquieren experiencia como trabajadoras domésticas, misma que no puede transferirse a otros ámbitos. Donde la incursión temprana en actividades económicas es inevitable, las niñas se verán más beneficiadas si adquieren experiencia laboral aplicable a otros ámbitos mientras siguen asistiendo a la escuela.

Las políticas destinadas a combatir el trabajo infantil deben reconocer que existen diferentes causas según el género Implicancias en materia de

políticas públicas

De la información presentada anteriormente se desprenden varias implicaciones en materia de políticas públicas. En primer lugar, la incorporación de módulos de uso del tiempo en las encuestas domiciliarias captaría las tareas del hogar no remuneradas ejecutadas por menores, lo cual permitiría contar con cálculos más precisos sobre el tiempo de trabajo total. Las preguntas de comprobación cruzada para varios miembros del hogar (inclusive los hijos) aumentarán la exactitud de las respuestas y podrían reducir la prevalencia de una aparente inactividad. La diversidad de prácticas de trabajo infantil en los diferentes países e industrias requiere de investigación y recopilación de datos a nivel local y enfatiza la importancia de considerar las necesidades tanto de

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niños como de niñas a la hora de formular políticas públicas.

En segundo lugar, las intervenciones que tratan de reducir el trabajo infantil deben dirigirse a sus causas específicas, y, a la vez, reconocer que estas causas pueden diferir según el género. Los determinantes del trabajo infantil deben ser examinados utilizando análisis de regresión separados para niños y niñas, o haciendo interactuar la variable dicotómica de género con las principales variables explicativas. Con ello, se mejorará el entendimiento de la naturaleza y el tamaño de los efectos diferenciales de género y mejorará la focalización y la eficiencia de las intervenciones en materia de políticas.

En tercer lugar, invertir en infraestructura de agua, proveer servicios de cuidado infantil de bajo costo y mejorar el acceso a centros de atención de salud puede reducir en forma considerable el tiempo que destinan las niñas a las labores domésticas, con lo que aumentaría su asistencia escolar. Mejorar las oportunidades de generar ingresos para los padres y las madres puede reducir la necesidad de que los menores trabajen, pero es necesario impedir una mayor carga de trabajo doméstico no remunerado sobre las niñas mayores si sus madres deben salir a trabajar.

Por último, las intervenciones destinadas directamente a mejorar la escolarización de los menores—tales como proveer subsidios de matrículas, reducir la distancia hacia los establecimientos y mejorar la calidad de la educación—

también tienen la posibilidad de reducir la prevalencia del trabajo infantil y tal como sucede con las políticas destinadas a reducir en forma directa el trabajo infantil, estas intervenciones pueden tener efectos diferenciados por género.

Lecturas recomendadas

Ashagrie, K. 1998. “Statistics on Working Children and Hazardous Child Labour in Brief. ” Organización Internacional del Trabajo, Ginebra.

Bhalotra, S., y C. Heady. 2003. “Child Farm Labor: The Wealth Paradox.” The World Bank Economic Review 17: 197–

227.

Blunch, N. H., y D. Verner. 2000.

“Revisiting the Link between Poverty and Child Labor: The Ghanaian Experience.” Documento de trabajo sobre investigaciones de políticas 2488.

Banco Mundial, Washington, D.C.

Cigno, A., F. Rosati y Z. Tzannatos. 2002.

“Child Labor Handbook.” Documento de trabajo sobre protección social 0206.

Banco Mundial, Washington, D.C.

Dar, A., N. Blunch, B. Kim y M. Sasaki.

2002. “Participation of Children in Schooling and Labor Activities: A Review of Empirical Studies.” Documento de trabajo sobre protección social 0221.

Banco Mundial, Washington, D.C.

Glinskaya, E., M. Garcia y M. Lokshin.

2000. “The Effect of Early Childhood Development Programs on Women’s Labor Force Participation and Older Children’s Schooling in Kenya.”

Documento de trabajo de investigación sobre políticas 2376. Banco Mundial, Washington, D.C.

Grootaert, C. y H. A. Patrinos, eds. 1999.

The Policy Analysis of Child Labor: A Comparative Study. Nueva York: St.

Martin’s Press.

Guarcello, L. y S. Lyon. 2003. “Children’s Work and Water Access in Yemen.” A report from Understanding Children’s Work— Proyecto interorganismos de cooperación e investigación. Florencia.

Gustafsson-Wright, E. y H. H. Pyne. 2002.

“Gender Dimensions of Child Labor and Street Children in Brazil.” Documento de trabajo de investigación sobre políticas 2897. Banco Mundial, Washington, D.C.

Ilahi, N. 2001. “Children’s Work and Schooling: Does Gender Matter? Evidence from the Peru LSMS Panel Data. ” Documento de trabajo de investigación sobre políticas 2745. Banco Mundial, Washington, D.C.

Knaul, F. M. 2001. “The Impact of Child Labor and School Dropout on Human Capital: Gender Differences in Mexico.”

En E. Katz y M. Correia, eds., The Economics of Gender in Mexico—Work, Family, State and Market. Banco Mundial, Washington, D.C.

OIT (Organización Internacional del Trabajo). 2002. “Every Child Counts—

New Global Estimates on Child Labour.”

Ginebra.

———. 2004. “Helping Hands or Shackled Lives? Understanding Child Domestic Labour and Responses to It. ” Ginebra.

Pitt, M. y M. Rosenzweig. 1990.

“Estimating the Intrahousehold Incidence of Illness: Child Health and Gender Inequality in the Allocation of Time.”

International Economic Review 31: 4.

Ray, R. 2000. “Child Labor, Child Schooling, and Their Interaction with Adult Labor: Empirical Evidence for Peru

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and Pakistan.” The World Bank Economic Review 14 (2): 347–67.

Este artículo fue escrito por Alexandra van Selm (Consultora, Unidad de Género y Desarrollo de la Red PREM) con la supervisión de Nayantara Mukerji. La autora agradece a Jean Fares, Anne

Kielland, Estela Rivero-Fuentes, Karen Mason, y Cecilia Valdivieso por los valiosos comentarios.

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Esta serie de artículos pretende resumir las buenas prácticas y los hallazgos clave en materia de políticas sobre temas relacionados con la Red PREM. Las opiniones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la visión del Banco Mundial. Los artículos PREMnotes se distribuyen ampliamente entre el personal del Banco y también están disponibles en el sitio Web de PREM (http://prem). Si está interesado(a) en escribir un artículo PREMnotes, envíe su idea por correo electrónico a Madjiguene Seck. Para conseguir ejemplares adicionales de este artículo, comuníquese con el Servicio de asesorías de la Red PREM en x87736. El diseño de artículos PREMnotes está a cargo de Suzanne Luft.

Preparado para el personal del Banco Mundial

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