Ventajas de la independencia y la libertad

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A fondo

ENVEJECER SOLO NO SIGNIFICA

VIVIR EN SOLEDAD

La soledad nos puede llevar a la tristeza, el aislamiento, a la depresión e incluso a la desesperación. Pero también, si sabemos gestionarla, al gozo de la independencia, la libertad y el conocimiento de nosotros mismos

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Texto: Francisco Gavilán, escritor y psicólogo

¿TE ASUSTA PASAR EL RESTO DE TU VIDA SOLO?

¿Te encuentras a menudo telefoneando a alguien sin ningún motivo? ¿Pones la televisión aunque no tengas intención de mirarla? Estas preguntas podrían ser par- te de cualquier test que pretenda averiguar la capaci- dad que tiene una persona de estar sola. Para muchos, la vida entera no es otra cosa que una lucha constante para huir de la soledad. Pero es en la vejez cuando se intensifica más el miedo a padecerla.

El aumento progresivo de la población mayor de 60 años es una característica de nuestros tiempos. Y, a medida que se envejece, a las personas que viven en familia, o en pareja (o que recién acaban de perderla), les asaltan pensamientos recurrentes del estilo ¿Cómo será eso de vivir sola? ¿Qué haré si me siento aislada?

Ventajas de la independencia y la libertad

¿Quién cuidará de mí? Por eso, uno de los miedos, entre otros, que han de afrontar las personas mayores es el de la soledad. Aprender a vivir en soledad es para ellas una nueva situación que a menudo desencadena un profundo sentimiento de aislamiento y tristeza en la que, con bastante frecuencia, pueden aparecer sínto- mas de depresión. Y es que pocas personas piensan que la soledad puede ser también ¡la mejor compañía!

Pero la soledad, contra lo que pudiera parecer, no está ligada necesariamente a la relación matrimonial, o de pareja. Vivir solo y ser infeliz no es una ecuación cierta.

Vivir solo no siempre conduce a la soledad, así como vivir con otros no siempre es una garantía de felici- dad o bienestar. Muchas personas están rodeadas de familia o amigos y se sienten solas. Otras, no tienen

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“Según estadísticas sociológicas, vivir solo por voluntad propia es un fenómeno social que no cesa de incrementarse”

a nadie y son razonablemente feli- ces. Tener hijos tampoco es un aval de que no te vas a quedar solo: na- die puede asegurarte que quieran estar contigo cuando te enfrentes a las circunstancias existenciales por las que casi todos los seres humanos tenemos que pasar. To- dos pertenecemos al mismo grupo sanguíneo: el de la soledad.

En un esfuerzo por cuantificar la soledad, esto es, la sensación de no tener contacto significativo con otras personas, especialistas ge- riátricos de la Universidad de San

Francisco (California), preguntaron a 1.604 adultos de 60 años y más sobre la frecuencia con la que se sentían aislados, abandonados, o echaban en falta compañerismo, el 62 por ciento de los que informa- ron ¡estaban casados! Por lo tanto, sentir la soledad no está vinculado necesariamente a la presencia o ausencia de un entorno familiar o social, aunque en muchos casos la pérdida de un ser querido pue- de ser el principal desencadenante.

Otros, como Chejov, aprendieron muy pronto a no preocuparse por la soledad: “Del mismo modo que

“Vivir solo no

siempre conduce a

la soledad, así como

vivir con otros no

siempre es una

garantía de felicidad

o bienestar”

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A fondo

estaré solo en mi tumba, vivo esen- cialmente solo”. Todo lo contrario del que anunciaba que en su tumba iba a poner “Wifi Gratis” para que algu- nos fueran a visitarle a su tumba.

SOLITARIOS VOCACIONALES, VIVIENDO COMO EN UN ISLA Aunque el hecho de vivir en so- ledad por voluntad propia puede atribuirse a diversos factores (ca- rácter introvertido, extrema sensi- bilidad, individualismo, creatividad, deseos de libertad e independen- cia, de recuperar la tranquilidad tras un trabajo estresante, o de dis- frutar al máximo de intimidad), sea por el motivo que sea, y por duro que pueda parecer la soledad de- seada a los que se califican de “so- ciables”, hay numerosas personas que eligen este estilo de vida tan

personal: disfrutar de la compañía de quien más estiman: la suya pro- pia. Sin que ello suponga conside- rarlo algo patológico. Ni tampoco renunciar a una compañía, aunque eligen no estar con cualquiera.

De hecho, y según estadísticas so- ciológicas, vivir solo por voluntad propia es un fenómeno social que no cesa de incrementarse. El número de hogares unipersonales ha aumenta- do muy significativamente en las últi- mas décadas, tanto los formados por un solo hombre o por una sola mujer.

Son personas que deciden asumir la responsabilidad sobre su salud, sus bienes materiales, y su bienestar, así como establecer sus propias y bien elegidas conexiones con el mundo.

Descubren que “estar solo” no es necesariamente “sentirse solo”

SOLITARIOS POR OBLIGACIÓN, SIN VIVIR AISLADOS

Lo primero que debemos tener en cuenta es que la soledad obligada es una emoción negativa a la que hay que prestarle la debida aten- ción. Las personas mayores creen que, a partir de que empiezan a vivir en soledad, ya no habrá na- die en la casa para, si sufre algún accidente doméstico, llamar a ur- gencias; que no habrá nadie sen- tado a la mesa para conversar o tener compañía, que el aislamien- to por sus circunstancias vitales le puede reducir su capacidad de pensar o reaccionar hasta incluso llegar a deprimirse. Son ideas que pueden influir en su comporta- miento acentuando sus miedos y ansiedades.

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Sin embargo, los servicios sociales y médicos actuales aumentan por mucho tiempo la capacidad de que los mayores puedan seguir siendo independientes y vivir solos muchos años, sin sentirse solos. Porque exis- ten numerosos elementos tecnoló- gicos y personales para reducir los riesgos de vivir en soledad. Aunque, en este sentido, también hay un prejuicio extendido entre muchas personas mayores al creer, errónea- mente, que el “aceptar alguna ayuda externa es, de algún modo, el inicio de una pendiente resbaladiza que las conduce a la dependencia y les hace perder el control de su vida”.

Pero esto no es así. Las ayudas ex- ternas no son un signo de debilidad, sino de seguridad, que no hay que subestimar. ¡No cometas el error de pensar que no necesitas ayuda!

Vivir solo tiene muchas ventajas. Te descubre que el espacio que te rodea ilumina perspectivas que nunca habías vislumbrado antes, viviendo con la familia o con amigos. Paradójicamente, viviendo en soledad te permite comprender que en el mundo hay mucho más de lo que percibes en compañía. Aparecen ante ti una profusión de nuevas opciones: maneras de pensar y sentir, de actuar, de ir o viajar donde quieras, de hacer muchas cosas y saber muy bien cuáles son las que te interesan o de arriesgarte a embarcarte en otras nuevas experiencias, de ser realmente “uno mismo”, de desarrollar la capacidad de pensar por ti mismo (no por dos o tres), de concentrarte en tu más íntimo yo, libre e independiente, sin dejar de gozar de la compañía de amigos o de nuevas amistades. Hasta te sorprenderás de no entender porqué no habías advertido hasta ahora todas esas oportunidades que ofrece la soledad. Se teme a la soledad porque no se la conoce, pero cuando se acepta tiene muchas y buenas compensaciones. Probablemente,

una de las más sabrosas de la vida…

Sin embargo, para una persona que ha vivido 60 años o más con un determinado estilo de vida, no es fácil cambiar el modo de vida cuando de repente se encuentra en una situación (in)esperada como una separación, un divorcio, el fallecimiento de su ser querido o

cuando los hijos con los que convivía abandonan el nido.

DISFRUTAR DE LA SOLEDAD

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A fondo

PAUTAS PARA VIVIR SOLO SIN SENTIRSE SOLO

1. No te aísles del mundo: Estar en contacto es tan vital e impor- tante como la atención médica.

Cuando vives solo existe la ten- dencia de encerrarte en tu pe- queño mundo. Abriendo tu hogar al mundo te ayudará a mantener los problemas en perspectiva y te recordará que incluso aunque a veces te sientas solo, en reali- dad no lo estás. Saluda a tus ve-

cinos, charla con ellos, y con los desconocidos que encuentres en la cafetería, el club social del barrio. Cítate con viejos o nuevos amigos. Pero procura hablar con alguien cada día y salir diaria- mente, o al menos varias veces a la semana. Y si un día hace mal tiempo o no tienes ganas de salir, contempla el mundo desde tu te- rraza. No sólo desde el telediario 2. Repite rituales sociales: Co-

mienza el día realizando una llamada telefónica (o Whatsapp) diaria a un familiar, hijo, amigo, vecino, si antes no lo ha hecho tu receptor. Ello estimula tus ju- gos sociales, valida tu existen- cia, y también actúa como un control de seguridad. Una de las maneras de no sentirte solo es invitando a gente, periódica u ocasionalmente, a tu casa. No es necesario que sea una comida o cena formal, sino, simplemente a

tomar té o café. Un motivo para jugar a las cartas, conversar, echar unas risas, o ver televisión juntos.

3. Convive con un(a) estudiante:

Infórmate a través de familiares o personas de confianza (tam- bién por medio de un anuncio) de algún estudiante que nece- site una habitación para llegar a un acuerdo y, como contrapres- tación, te realice algún servicio doméstico (limpieza, compras, hacer recados, sacar el perro a pasear, etc.) Y, dependiendo de los gustos o necesidades mu- tuas, el estudiante puede con- vertirse en una compañía para compartir comidas o ver la te- levisión, como si de un familiar más se tratara.

4. Atrévete a vivir nuevas expe- riencias: Es difícil sentirse solo cuando tratas de hacer algo nuevo o adquirir una nueva ha-

“Ocupar el tiempo en actividades creativas es un

buen método

para combatir la

soledad”

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bilidad o practicar alguna afición; estudiar una ca- rrera o un idioma, pintura, taller literario, cine, teatro, coro, conferencias, biblioteca, voluntariado, deporte, caminatas con amigos, exposiciones, centro de ma- yores, viajar… Cuando se trata de evitar la soledad, una de las maneras más productivas de hacerlo es ocupar tu tiempo en actividades que sean enrique- cedoras, emocionantes y creativas, junto a personas que sientas afines. Recuerda que, en este sentido, lo importante es la calidad, no la cantidad.

5. Las mascotas son importantes. Tener un perro, por ejemplo, es un buen complemento para la soledad.

Los animales son grandes compañeros para sentir compañía e incluso hablar con ellos. La interacción con otro ser vivo te puede ayudar a sobrellevar me- jor la vida y no sentirte solo. Si puedes, contrata a alguien para que lo saque a pasear, en el caso de que no te resulte factible hacerlo personalmente.

La soledad ha perdido su estigma para pasar a ser un valor positivo. Así que no debes dejar que este miedo a vivir solo te impida disfrutar de una de las mejores fases de la existencia humana. Tanto si vives solo por elec- ción, como si lo haces obligado por las circunstancias, vivir en soledad tiene pequeñas/grandes ventajas.

VENTAJAS DE VIVIR EN SOLEDAD

Improvisar planes, sin avisar a nadie, sin que nadie te reproche nada o se interponga en ellos

Ser tan ordenado o desordenado como quieras porque nadie te juzgará

Ir a W.C. sin necesidad de cerrar la puerta Elegir el programa de TV que quieras, sin temor de que alguien se abalance sobre el control remoto

Vestir en casa como quieras, pues no esperas a nadie

Hablar solo

Ocupar siempre el sofá y confirmar lo que siempre habías sospechado: este mueble no está hecho para sentarte sino para estar tumbado

Hacer cualquier actividad sin pensar por dos Dormir solo aunque estés enamorado:

dispones de más espacio y no sientes la falta de sueño que provoca dormir con alguien Realizar el montón de cosas que siempre

quisiste hacer y ahora las puedes hacer cuando quieras, como quieras y al ritmo que quieras

Cocinar lo que más te guste o te convenga, sin importarte el gusto de los demás y comer a las 16 horas, por ejemplo…

Tener relaciones sexuales. Este deseo no desaparece con la edad (la sociedad parece ignorar esto) Y la soledad no debe suponer una renuncia a esta práctica, por mucha diferencia de edad que exista con tu nueva compañía

Quedarte en casa un viernes noche sin necesidad de disculparte, si te apetece terminar el libro que estás leyendo,

continuar pintando, o dar rienda suelta a tu creatividad acompañado de…¡una botella de vino!

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