La reforma del pri
Una mirada desde Sinaloa
La reforma del pri
Una mirada desde Sinaloa
7 D.R. © Fundación Colosio Sinaloa, A. C.
D.R. © Sergio Jacobo Gutiérrez (Coordinador) D.R. © Andraval Ediciones, S. A. de C. V.
Juan de la Barrera 1927, Tierra Blanca, 80030, Culiacán (Sinaloa). Maritza López, editora ISBN: 978-607-7860-76-1 Editado y hecho en México
Prohibida la reproducción parcial o total de la presente publicación por cualquier medio sin la previa autorización por escrito de los propie- tarios de los derechos reservados.
Los textos aquí reunidos son opiniones personales y exclusivas de quienes escriben y no representan ninguna línea de esta casa editorial.
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Para la Fundación Colosio Sinaloa es motivo de gran satisfacción po-ner en manos de la militancia priista y de toda la sociedad este libro colectivo que busca contribuir al debate sobre la necesaria e inapla-zable reforma del Partido Revolucionario institucional.
Los resultados del proceso electoral de julio del 2018 fueron su-mamente adversos para el pri y han colocado a esta fuerza política ante la urgencia de emprender un cambio a fondo y sin simulaciones.
El pri tendrá futuro y podrá seguir ocupando un espacio re-levante en la vida política de México sólo en la medida en que sepa escuchar el mensaje contundente e inequívoco que enviaron los ciu-dadanos en las urnas el pasado 1 de julio.
Ha llegado la hora de abrir un gran debate nacional, para que no sólo la militancia priista, sino todos los ciudadanos interesados, expresen libremente sus propuestas sobre la reforma del pri.
El libro que ponemos en manos de los lectores representa una visión regional sobre este tema. Desde distintas experiencias políti-cas y perspectivas teóripolíti-cas, un conjunto de personalidades de la vi-da pública e intelectual de Sinaloa aportan ideas para esclarecer este difícil camino de la reforma del pri.
Con obras como ésta, la Fundación Colosio Sinaloa contribuye a promover los principios y valores de la cultura política democrá-tica, alentando el debate razonado de los temas cruciales de nues-tra vida pública.
Dip. Sergio Jacobo Gutiérrez
Presidente de la Fundación Colosio Sinaloa, A.C.
Presentación
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Contenido
Presentación ... 7 Miradas a corto plazo: La derrota ...11 Presente, pasado y futuro político del pri, hacia una
regeneración de la militancia priista
Juan S. Burgos Franco ... 13 El malestar ciudadano y el futuro del pri
Ernesto Hernández Norzagaray ... 25 PRI: La hora del cambio
Sergio Jacobo Gutiérrez ... 39 La derrota del pri: una lectura desde Sinaloa
Ronaldo González Valdés ... 47 Giro a la derecha. El pri ante su única posibilidad
de recuperación
Aarón Sánchez ... 53 pri: La catástrofe que lo amenaza y cómo combatirla
Miradas a corto plazo:
La derrota
Miradas históricas: hacia una transformación del partido ...73 Pensar al pri. Los problemas de hoy, los
retos y las perspectivas de su porvenir
Heriberto M. Galindo Quiñones ... 75 De invencible a su cuarta transformación revolucionaria
David Rubio Gutiérrez ... 89 El pri frente a la cuarta transformación
Óscar Lara Salazar ...103 Miradas con perspectiva de género...113 La violencia política contra las mujeres en razón
de género: ¿de qué estamos hablando?
Emma Karina Millán Bueno...115 La reforma del pri desde el enfoque de género
Diva Hadamira Gastélum Bajo ...125 Participación política de las mujeres en la historia
del Partido Revolucionario Institucional
Reyna Araceli Tirado Gálvez ...133 Miradas desde las nuevas generaciones ...147 El que desatiende la paga
Luis Alfredo Brambila Soto ...149 Política y Economía, el punto medio
Jesús Homobono Rosas ...157
Miradas a corto plazo:
La derrota
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A estas alturas, no es novedad para nadie el descalabro que recibió el Partido Revolucionario Institucional (PRI), como instituto políti-co, como fuerza política y como partido dominante. Lo interesan-te es que tampoco fue sorpresa para un gran número de personas en México. Lo malo, para el PRI, es que dicho descalabro fue y sigue siendo causa de júbilo y alegría. El PRI terminó siendo reducido a un verdugo en desgracia y la gente lo celebra.
Introducción
El PRI no es una masa política homogénea. Desde su fundación, el Partido Revolucionario Institucional fue diseñado para que dentro de sus filas estuvieran distintas ideologías, maneras de pensar y vi-siones de país. Eso fue su fortaleza durante décadas, la inclusión de distintas voces políticas que en lo privado deliberaban de forma ague-rrida, pero en lo público se presentaban como un bloque monolítico que se movía al mismo tiempo y bajo las instrucciones del líder del partido que, hasta 1994 con la sana distancia de Ernesto Zedillo, era el Presidente de la República. En ese año y posteriormente con las reformas políticas que se fueron cocinando para dar espacio a una mayor pluralidad política en el país, el PRI sufrió cambios profundos.
Presente, pasado y futuro político del pri, hacia
una regeneración de la militancia priista
14 Juan S. Burgos Franco
Cambios que hoy no pueden ser directamente señalados culpables de la debacle política que hoy sufre como partido, pero que sin du-da establecieron bases y condiciones para que esa fuerza monolítica del partido perdiera inercia, y se pudieran alcanzar a ver las grietas y fracturas del interior.
Los últimos años se han cometido varios errores sistemáticos no sólo de parte de los gobiernos priistas, sino también de los legislado-res, representantes y autoridades del partido, todos ellos son verda-deros culpables de que hoy el PRI esté reducido a una tercera fuerza política en el país. El diagnóstico no es necesario. Podemos hablar desde la pérdida de la Presidencia de la República, el cambio radical de tener 204 diputados y 48 senadores hasta el 2018, a tener 45 dipu-tados y 14 senadores. La pérdida de votos y de escaños no sólo es es-candalosa, es impresionante para cualquier democracia. El abando-no que sufre el PRI en esta elección, después de prácticamente haber dominado la elección del 2012, no es algo que se vea todos los días en las democracias del mundo. Si bien es un evento sintomático, tie-ne un significado muy poderoso, mismo que fue transmitido en el voto de millones de ciudadanos.
He platicado con decenas de priistas. Es natural que en lo pú-blico no se expresen con la libertad o crudeza que lo hacen en pri-vado, pero veo que muchos de ellos se encuentran aún en la nega-ción. Como dicen comúnmente «aún no les cae el veinte». Algunos dicen que la razón del fracaso del PRI fue la guerra sucia en contra de Peña Nieto, algunos otros dicen que fue la información falsa en redes sociales, muchos les echan la culpa a los villanos favoritos del sexenio: Los Duartes y Borge. Se lamentan cómo la gente, «el pue-blo ingrato» nunca le reconoció a Peña el haber encarcelado a esos malos bichos de la política, cuando nunca se habían metido a tantos gobernadores a prisión por cargos de corrupción.
Aún no he platicado con un priista que acepte —de acuerdo a mi muy personal y particular manera de ver las cosas— la realidad del desastre priista; es una realidad que tiene varios componentes. Anteriormente los llamé errores sistemáticos, ¿a qué me refiero con errores sistemáticos? Errores que empezaron a acarrearle costos
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Presente, pasado y futuro político del pri... ticos al pri, que se evidenciaban con mucha facilidad, que eran parte de fuertes y evidentes reclamos, y que muchos priistas —principal-mente en las altas esferas tanto del partido como del gobierno— de-cidieron ignorar o simplemente pasar por alto.
En este ensayo analizaré esos errores sistemáticos y sugeriré de forma pragmática qué tendría que hacer el PRI para intentar reme-diarlos. Aunque, confieso, es probable que ya sea tarde para el partido.
De la simulación política y otros males
Uno de los errores que cometió el PRI es abusar de la simulación po-lítica. Ésta es un elemento presente en todo instituto político; la ad-ministración de la percepción resulta a veces un arte. Hemos sido testigos de los mejores simuladores políticos dentro de las filas del PRI y los gobiernos emanados del partido.
México es un país que ha crecido mucho en los últimos 50 años. Mismos 50 años en que el PRI, de forma muy lenta, impulsó la crea-ción de instituciones, en algunas ocasiones presionado por la opo-sición, en otras por la convicción de un mejor país. Eso puede darle espacio a muchos priistas a sentirse parte de lo que ayudó a impulsar el México moderno que hoy tenemos y, por lo tanto, esperar la grati-tud de la gente, no es así; la memoria de la gente es muy corta. El go-bierno siempre va a ser malo, ingrato, insuficiente. El político siem-pre va a ser ratero, oportunista, gandalla. El pueblo, por el otro lado, siempre va a ser bueno, abusado, sufrido, víctima (Pedro Infante nos enseñó esto último).
Una clase política experta en la simulación, la clave para la de-bacle; se simuló todo; se simuló el interés en la gente; se simuló la vocación de servicio; se simuló la intención de servir; se simuló el interés en México. ¿Qué se privilegió? El beneficio personal. Resul-ta ofensivo ver cómo políticos (aunque es justo señalar que no sólo del pri), después de tres, seis o diez años de dedicarse tiempo com-pleto a la actividad política, se enriquecen y aumentan considerable y evidentemente su nivel de vida. No les da pena demostrar que están
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nadando en la abundancia; se simuló el interés en México, se privile-gió el beneficio personal; se simularon elecciones; se simularon pro-gramas y apoyos de gobierno; se simuló la obra pública; se simuló en salud; se simuló todo. La gente se dio cuenta. Evidencia disponi-ble desde la más pequeña de las comunidades.
Los resultados estuvieron a la mano: Políticos ricos que simula-ban su apoyo e interés, el mensaje que se amplificó gracias a las redes sociales. El sexenio de Enrique Peña Nieto será recordado como el sexenio de la corrupción, violencia e impunidad. Un recuerdo hasta cierto punto injusto, pero también certero en un diagnóstico objetivo de país. Sí, sin duda hay aspectos positivos de la administración de Peña Nieto. La economía está en orden. Las finanzas del país están en buen estado. La dependencia fiscal ya no está en una sola fuen-te de ingreso; las reformas están empezando a funcionar, pero eso no es relevante para el pueblo. Lo importante es ver cómo tu vecino, que hace seis años no tenía en qué caerse muerto, remodeló y am-plió su casa y ha comprado seis distintos autos en los últimos cuatro años, a pesar de que sólo es director de área de una dependencia del gobierno federal. Ejemplos como éste podríamos encontrar miles, quizás decenas de miles, pero uno basta para crear una percepción negativa generalizada.
Hace no mucho platiqué con un amigo de la familia. Vamos a llamarle don Pablo, tiene 87 años, alto, pelo cano, piel morena, arru-gada y maltratada por los años, sombrero, fumador con tos insisten-te. Don Pablo me dijo algo que me dejó pensando:
Mira m’hijito... antes, a los políticos como tu papá sí les impor-taba la gente. Sí iban a ver qué necesiimpor-taban. Sí gestionaban para la gente. Era gente de vocación. Gente de servicio. Sí había pi-llos, siempre los ha habido. Pero eran los menos en aquel enton-ces. Luego vino una segunda generación de políticos jóvenes. Con mucha hambre de dinero. Pero eran discretos. No demos-traban lo que robaban. Y a veces hasta pecaban de austeros. La gente sabíamos, ¡hombre!, lo que se estaban llevando, pero ha-cían más o menos su trabajo y no nos restregaban su dinero.
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Presente, pasado y futuro político del pri... Pero luego vino esta nueva generación de políticos modernos. Que salieron más ratas y pillos que los peores pillos que había-mos visto. Y no son tímidos en había-mostrarnos el dineral que es-tán ganando. Pero aparte de eso, ni el trabajo hacen bien. Dijeras tú, «bueno, pues sí roban, pero están haciendo mucha obra y de calidad», pero ni eso, m’hijo. Me he llegado a enterar de cons-tructoras que tienen que entregar hasta el 50 % de comisión a quien se las da. Son chingaderas, así cómo no va a estar la gen-te tan encabronada...
Uno de los errores del PRI fue permitir que sus integrantes simu-laran un interés en el país y en el servicio, para luego servirse ellos. Permitir tanta impunidad, fue permitir el enriquecimiento de algu-nos, quizás muchos otros esperando su turno. La gente entendió que el pri, al final la cara del gobierno de Peña Nieto, no sólo no había cambiado, había regresado con mayor apetito de riquezas y con ma-yores dosis de cinismo, arrogancia e indiferencia de la que se tenía remembranza del viejo pri. El PRI terminó siendo el PRI.
La inhibición de la opinión
El disenso es condenado en el PRI actualmente. El partido nunca apren-dió a ser verdaderamente democrático; el adn priista quizás no lo permites. Alguien con una opinión distinta hacia el interior del PRI es marginado, rechazado y dejado fuera del curso político de las cosas. Alguien con una opinión distinta en el pri, con una visión distinta es prácticamente aventado a las filas de otros partidos políticos donde, de manera sorpresiva, logra ganarle elecciones al mismo pri.
La autocensura y la censura son ejercicios de constricción típicos priistas. «¿Cómo te atreves a publicar eso?», la pregunta más común ante las publicaciones disidentes priistas en redes sociales.
Lo más interesante es que, ante la anulación de liderazgos naturales y la generación de liderazgos, la disidencia priista creció enormemente durante los últimos 20 a 30 años. Muchos liderazgos
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que pudieron haber sido relevantes encontraron un mejor lugar en la oposición al PRI que en el instituto político que los vio nacer, li-derazgos con fuerza propia, que ponían en riesgo los planes e inten-ciones de los que querían seguir simulando con el partido y en el po-der. Esos liderazgos que pudieron haber sido priistas, se convirtieron en liderazgos de oposición al PRI.
Elección tras elección, el PRI fue perdiendo líderes y con ellos sus ideas; se fueron, huyendo de la simulación política priista, hacia la formación de pequeños o grandes movimientos políticos. Algu-nos de ellos inerciales, otros de ellos de largo aliento. De pronto el PRI vio ganar ideales que pudieran haber sido propios, con las siglas de otros partidos, esos que querían debatir, que querían democrati-zar —realmente— los procesos partidistas, esos liderazgos incómo-dos para los que estaban muy contentos simulando con el partido y con la militancia, ideales y líderes que entendieron que lo que quería la militancia era la atención del político, la empatía, el buen trato an-tes de la gestión, la despensa o las láminas de cartón. Líderes natura-les que superaron sin mucho esfuerzo a los líderes sintéticos que la militancia recordaba como priistas, pero ante el desprecio de la si-mulación, respondían con una más dolorosa donde aceptaban todos los regalos, pero terminaban votando por el líder que sí los atendió. Con el tiempo y en una forma de migración hormiga, el PRI empe-zó a nutrir las filas de los demás partidos políticos. Regresando a la gran diversidad priista, al ser el PRI un partido que no tiene clara-mente definida una ideología específica, de derecha o de izquierda y ubicándose más en el centro de las discusiones ideológicas, en sus filas encontrábamos prácticamente integrantes de todas las ideolo-gías en el país. Los primeros en abandonar el partido fueron los de izquierda. En los ochenta, la más importante escisión que el PRI ha tenido dio pie al nacimiento del PRD y luego del Movimiento de Re-generación Nacional (MORENA).
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Presente, pasado y futuro político del pri... Militancia asistencialista
Los gobiernos priistas tienen la mala costumbre de caer en el asis-tencialismo. Tienen la necesidad de sentirse relevantes si y sólo si llegan a las colonias populares con despensas, láminas, juguetes o cualquier otro tipo de regalo. Esto pudrió a la militancia, una mili-tancia que creía en el partido, una milimili-tancia que esperaba la señal del líder para accionarse e ir a pelear batallas ideológicas en la calle. Los priistas eran los eternos gestores del gobierno. Entre los se-senta y los ochenta, cuando la oposición era prácticamente testimo-nial, pertenecer al PRI era algo muy distinto a pertenecer al PRI de hoy en día, entonces eras parte de una élite política que no sólo te-nía acceso al gobierno, sino que también podía ayudar y gestionar necesidades básicas.
La militancia reconocía eso. Existía una simbiosis entre la ges-tión y la militancia partidista que durante muchos años ayudó a me-jorar las condiciones de los más necesitados. Había liderazgos en dis-tintos niveles, constituidos de respeto y admiración. Obviamente no todo era perfecto, pero la «maquinaria» funcionaba bien. Electoral-mente era imposible de parar, no sólo por los números que signifi-caban, sino porque durante todo el año esa militancia era atendida tanto con gestiones del priismo, como con servicios sociales y hasta mesas de deliberación política. Donde, a nivel de cancha, ahí en las colonias y comunidades, los liderazgos discutían el futuro del país, del estado, del municipio con esos militantes que en un futuro, vol-verían a salir a votar por ellos. De la militacia no sólo se obtenía el voto, se obtenía la opinión. Y los liderazgos no sólo entregaban ges-tiones, entregaban atención.
Con el tiempo la clase política priista fue alejándose de este siste-ma, de esta simbiosis. Empezó a responder primero y principalmen-te a sus inprincipalmen-tereses (la simulación que párrafos atrás describo), lo que llevó a que se empezaran a empujar perfiles no necesariamente pro-venientes de liderazgos, sino más bien imposiciones políticas que la militancia empezó a rechazar en silencio; que empezó a hacerlos ale-jarse del partido, liderazgos sintéticos, artificiales, que se alejaron de
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los militantes, aunque que cada elección los volvían a buscar. Los mi-litantes sintieron esta simulación, la entendieron y empezaron tam-bién a simular. Empezaron a buscar la manera de obtener mayor be-neficio de las gestiones que —cabe señalar— para estas alturas se les había hecho entender que no eran ningún favor del pri.
Los liderazgos artificiales empezaron a reaccionar en conse-cuencia. Primero en especie, luego en efectivo. Las movilizaciones dejaron de ser por convicción política y se convirtieron en convic-ción mercantilista. Un negocio insostenible que cada año, con cada elección, se encarecía más; un negocio donde nadie ganaba, aunque se ganara la elección; un negocio chiquito y eventual para unos, pero con un costo cada vez más grande para el PRI. Un movimiento polí-tico que se convirtió en una masa mercantil insostenible.
Es importante señalar el desgaste que trae consigo gobernar. Hay casos donde excelentes gobernantes priistas han enfrentado la derrota en las urnas. Un buen gobierno no es ya una garantía de con-tinuidad política, por la percepción pública, positiva o negativa; la que carga el PRI en estos momentos ha sido definitiva en lo que hoy estamos viviendo como partido. Esto no descarta, sin embargo, los tres errores sistemáticos descritos anteriormente. Lo bueno, rara vez fue reconocido, lo malo, rara vez fue dejado a un lado. La ingratitud de los gobernados, la frialdad del voto.
En resumen, son tres los errores sistemáticos que el PRI ha venido cometiendo desde hace más de 30 años y que son hoy culpables de re-ducir al otrora partido dominante a la tercera fuerza electoral del país: la simulación política, el clientelismo militante y la falta de disenso. Nadie dijo nunca nada; algunos lo señalaban en lo privado, pero a la primera oportunidad de ser parte de la manada, hacían como si na-da estuviera pasando. Los que lo señalaron con fuerza fueron margi-nados e invitados a salir del PRI y buscaron cobijo en otros partidos políticos. Lo hicieron y ganaron, le ganaron poco a poco los espacios que el PRI dejaba. Era inevitable: el PRI fue cooptado por el mismo PRI. Una inercia de la cual muchos salían, pero los pocos que entra-ban trataentra-ban de mantenerla; inercia que terminó por destruir lo que por muchos años fue construido.
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Presente, pasado y futuro político del pri... El futuro del pri ¿qué sigue?
Es difícil saber qué traerá el futuro para el PRI. En el 2012, casi el 40 % de los mexicanos le dio al partido, con Peña Nieto, una se-gunda oportunidad. Más aún que fue, en términos políticos, abso-lutamente desaprovechada. Para muchos que pusieron algún tipo de esperanza en el PRI de Peña Nieto, los últimos seis años fueron una traición. Muchos se sienten traicionados por esos que les di-jeron que sí sabían gobernar; por esos que prometieron que ahora no serían corruptos; por esos que dijeron que eran una nueva ge-neración de priistas.
Cuando se tiene una mala experiencia con una marca, y esa mala experiencia es una traición a la confianza o la esperanza. Esa marca está herida de muerte. El proceso que tiene que hacer para recuperar la confianza no siempre resulta exitoso, por más largo y complejo que sea.
Lo primero que tiene que hacer el PRI, como instituto político, es replantearse ¿qué es el pri? No se tiene claro, no hay una definición. Resulta complicado definirlo, sobre todo cuando en la percepción pú-blica los partidos políticos son un lastre social. Un partido político tiene que ser un movimiento; los movimientos, necesitan tener una razón, un motivo, una bandera de lucha. ¿Cuál es esa razón dentro del PRI? ¿Qué es eso que va a defender? ¿Qué puede ofrecerle a Mé-xico como instituto político? Son preguntas que se tienen que plan-tear seriamente, sin simulación, permitiendo el disenso, pero, sobre todo, escuchando a la militancia.
Es precisamente la atención a la militancia priista la que va a fortalecer al PRI, hay militancia priista, a pesar de todo, 9 millones de personas decidieron votar el PRI en el 2018. Hubo estados, como en el nuestro, en que los candidatos priistas superaron la votación que se había obtenido para el PRI anteriormente. Algo queda. Al-go de militancia aún ha decidido perdonar la simulación, el clien-telismo y la falta de disenso. Es fundamental que se recupere esa militancia; que se les haga los protagonistas de la historia; que sean ellos quienes tomen las decisiones de largo plazo; que sean de ellos
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los liderazgos. Es una gran oportunidad para retomar eso que ha-cía grande e invencible al PRI.
Los acercamientos con la militancia tienen que ser acompaña-dos, sin duda alguna, de ayuda social, pero no de clientelismo. Debe haber un momento donde el PRI (y quizás todos los partidos políti-cos) entiendan que el regalar «cosas» a cambio de lealtades es un sis-tema que no funciona. Sin embargo, si se regala conocimiento (cla-ses de inglés, cursos de cocina, consejos de limpieza, etc.) y bienestar (cortes de pelo, limpieza de uñas y dientes), la militancia se fortale-ce. Las cosas se desvanecen; el conocimiento perdura.
Se tiene que hablar de política con la militancia. Las tertulias, las reuniones y las asambleas con los militantes son muy relevantes. Se tienen que discutir los temas, se tienen que idear las soluciones. Conocimiento colectivo, se tiene que empoderar la decisión del lí-der por medio de las opiniones de los militantes, se tiene que hacer una costumbre, donde cada tanto tiempo el partido se acerque con los militantes a platicar, sentarse en mesas redondas, no sólo para escuchar los lamentos, carencias y necesidades de las militancias, si-no para explicarles qué está pasando en el país y qué repercusiones tienen las decisiones de los gobiernos. Cómo pueden ellos influir en esas decisiones, cómo se pueden organizar, junto con el PRI —ahora en el papel de oposición— para que esas decisiones sean tomadas de la forma más adecuada posible.
El PRI se tiene que desdoblar para recuperar lo que perdió en su militancia; el PRI tiene que estar presente, siempre. Tiene que ser una idea, una lucha y un movimiento. Esto lo pueden definir los mi-litantes. Tiene que ser secundado por las dirigencias.
Resulta complicado el día de hoy pensar si esto al menos es po-sible. Los vicios e inercias al interior del PRI pueden estar, hoy más que nunca, consolidados en la manera de ser y de ver las cosas. Mu-chos priistas saben que esto es necesario. MuMu-chos priistas saben tam-bién por qué esto que es necesario no se hace. Dejar de un lado los liderazgos sintéticos será una tarea mayor. Se requiere de mucho más que voluntad política.
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Presente, pasado y futuro político del pri... Actualmente podríamos diagnosticar a un PRI en agonía, cuyo fin está cada día más cerca. La estocada electoral puede haber sido de muerte. Pero aún queda un poco de militancia que quiere resca-tarlo..., quizás valga la pena intentarlo.
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Ernesto Hernández Norzagaray
En este ensayo sobre los resultados electorales del pasado 1 de ju-lio y sus efectos nos proponemos responder las siguientes pregun-tas introductorias en un tema más vasto sobre la nueva correla- ción de fuerzas políticas: ¿Qué explica el realineamiento electoral a favor de los candidatos de la coalición Juntos haremos historia? ¿De qué tamaño es este realineamiento y que tan consistente en nuestro sistema de partidos? ¿Cuál es la naturaleza de este cambio en el com-portamiento electoral y cuáles son las posibilidades de persistencia de triunfo en las siguientes elecciones? y siendo el Partido Revolu-cionario Institucional (pri) el principal partido derrotado en esta contienda, ¿su derrota es definitiva o tiene posibilidades de recu-peración en el mediano plazo? Vamos, ¿qué tendría que hacer para volver a la senda ganadora?
Realineamiento electoral
La explicación del triunfo avasallante del Movimiento de Regenera-ción Nacional (MORENA) y sus aliados sobre el resto del sistema de partidos se encuentra principalmente en el bajo rendimiento del go-bierno de Enrique Peña Nieto y la percepción de fracaso de la alian-za estratégica que establecieron el PRI, el Partido Acción Nacional
26 Ernesto Hernández Norzagaray
(PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), a través del llamado Pacto por México para aprobar y poner en marcha las re-formas del cambio estructural, rere-formas que teóricamente pondrían al país al día en el concierto internacional y traerían inversiones que en el mediano plazo se traducirían en beneficios distributivos entre todos los mexicanos.
Esta narrativa fracasó rotundamente y se ha extendido la percep-ción de que los beneficios colectivos no terminan de llegar a las mesas de los hogares, los bolsillos, los consumos. El resultado no fue el espe-rado y para muchos mexicanos se amplió la brecha entre pobres y ri-cos: vieron pasar los bienes públicos a manos privadas, percibieron un gobierno frívolo y derrochador y, en el último tramo, un gobierno dis-puesto a saltar la ley para proteger a los suyos, aun cuando hay eviden-cia clara de actos de corrupción que deberían estar siendo juzgados en los tribunales. La percepción entonces se traduce en irritación. Ésta al-canzó paulatinamente a amplios sectores de la población que vieron reducida además de su capacidad de consumo sus niveles de calidad de vida por la espiral de violencia que prácticamente alcanzó todo el territorio nacional. La máxima de que los priistas «sí sabían cómo con-trolar al crimen organizado» y eran capaces de reducir los niveles de violencia tampoco se cumplió pese a la detención de capos importan-tes. Las cifras oficiales indican que los homicidios dolosos per cápita superaron los del gobierno de Felipe Calderón.1 Las expectativas de
millones de jóvenes que buscaban un mejor estatus a través de la edu-cación no se cumplieron y fue este sector, quizás, el más crítico de las reformas estructurales principalmente a través de las redes sociales.
El insumo de los actos de corrupción pronto se transformó en escándalos políticos potentes muy a pesar de la acción defensiva del propio gobierno. Gracias a una prensa libre e independiente, o mejor dicho con intereses distintos a los que tradicionalmente marcaron la 1 «Este sexenio sumó más muertos ya que el de Calderón. Peña bien, de viaje, en una feria en Alemania», Sin Embargo, 21 de abril de 2018, con-sultado el 20 de octubre de 2018. http://www.sinembargo.mx/21-04-2018/3410194
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El malestar ciudadano y el futuro del pri relación entre gobierno y medios de comunicación, pudimos cono-cer de todos ellos. Justamente por esa labor paciente se ventiló como nunca el lado turbio del poder. Por ejemplo, las motivaciones políti-cas que llevaron en 2013 a la detención de Elba Esther Gordillo por apropiación y desvío de los recursos del Sindicato Nacional de Tra-bajadores de la Educación (SNTE) hacia cuentas privadas; el tráfico de influencias que dejó entrever que los beneficios llegaban hasta la pareja presidencial por el caso de la llamada Casa Blanca; la Estafa Maestra que canalizó recursos públicos hacia un conjunto de univer-sidades que desaparecieron en empresas fantasma o el escandaloso
affaire latinoamericano de la empresa constructora brasileña
Ode-brecht que, con el fin de ganar contratos multimillonarios en obras, sobornó a altos funcionarios públicos mexicanos a los que se les vin-cula también con el financiamiento ilegal de la campaña presiden-cial de Peña Nieto.
En las ciencias políticas el escándalo se asocia regularmente con aquellas conductas contrarias al interés público cometidas por indi-viduos que tienen responsabilidades institucionales y que obtienen beneficios personales o grupales que alteran las normas vigentes, el sistema de valores o los códigos morales colectivos.2 El escándalo político sólo es posible en una democracia donde existen medios de comunicación independientes del gobierno, tales como los que ter-minaron por difundir estos actos no éticos en la función pública de los últimos años.
La mecha de la corrupción en contextos de exclusión social son un insumo poderoso para aumentar el malestar colectivo, la protesta social y la organización contra el abuso en la esfera pública, sea a tra-vés de organizaciones civiles o partidarias o simplemente en la deci-sión de voto. Así aconteció el 1 de julio de este año: los ciudadanos de-cidieron retirar su apoyo y lealtad a los partidos tradicionales puesto que si una cosa marcó el gobierno de Peña Nieto es la serie de escánda-los de corrupción que se vivieron a lo largo del sexenio; esa mala señal terminó por minar el capital político, «la legitimidad de origen» para 2 Jiménez, 1994; Thompson, 2001; Castells, 2009.
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decirlo en palabras de Max Weber, y dificultó la acción del gobierno. Atrás quedaba el triunfo electoral holgado en 2012 y la firma del Pac-to por México que rápidamente se tradujo en reconocimienPac-to inter-nacional. Aquella que le ganó la portada de la revista norteamerica-na Times con la imagen impoluta y sobria de Peña Nieto descansando sobre la frase de Saving México (Salvar a México). Esa frase de mar-keting, fríamente calculada, buscaba que fuera interpretada como re-conocimiento de los propios y más claro del mundo de los negocios por su decisión de completar la esperada apertura comercial especial-mente en materia de energía. Sin embargo, paradójicaespecial-mente, en me-dio de esa euforia que se vivía en el gabinete y en el entorno presiden-cial, la simpatía por el presidente Peña empezó a caer en las encuestas de percepción, al punto que en los últimos meses de su gestión esca-samente alcanza el 18 %.3 Inexplicable cuando el gobierno gastó como
nunca en comunicación gubernamental. Así lo demuestra el hecho de que al cierre del quinto año de gobierno se había destinado a este re-glón la exorbitante cantidad de 38 mil 247 millones de pesos4 por en-cima de lo autorizado en la política de egresos de 2019.5
Nunca terminó de entender el entorno de Peña Nieto que la le-gitimidad del voto se renueva todos los días con las acciones de go-bierno. La publicidad no construye legitimidad, en el mejor de los casos la envuelve, adorna las buenas decisiones. Vamos, no puede hacerse nada cuando todos los días existe un nuevo caso de corrup-ción política. Esa fue la tónica del sexenio de Peña Nieto donde el poder judicial escasamente hizo su tarea en los casos más escanda-3 http://consulta.mx/index.php/estudios-e-investigaciones/evaluacion- de-gobierno/item/1077-evaluacion-23-trimestres-mexico Consultado 20 de octubre de 2018. 4 https://adnpolitico.com/mexico/2018/09/20/el-gasto-de-pena-nieto- en-publicidad-bajo-la-lupa-de-la-auditoria-superior Consultado 20 de octubre de 2018. 5 https://vanguardia.com.mx/articulo/el-gasto-de-pena-en-publicidad-rompe-record-10725-millones-en-2017-200-mas-de-lo-autorizado Con-sultado 20 de octubre de 2018.
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El malestar ciudadano y el futuro del pri losos. ¿Cómo intervenir y juzgar en los casos espinosos de la Casa Blanca u Odebrecht cuando pudiera estar involucrado el presidente de la República? Si bien la existencia de corrupción no significa au-tomáticamente algún tipo de castigo, puesto que esto depende de la existencia de instituciones judiciales autónomas y profesionales, co-mo tampoco hay sociedad sin descontento, si es cierto que sólo se traducirá en acción colectiva si los descontentos cuentan con recur-sos organizativos y comunicativos que les permitan desafiar al po-der establecido, para po-derrocarle o negociar con él.
En este renglón interviene el llamado empresario político, es de-cir un núcleo organizativo normalmente procedente de la clase me-dia educada, que va a proporcionar al movimiento las destrezas co-municativas precisas para hacer valer sus demandas.6 López Obrador
en los ya lejanos años ochenta, cuando todavía era priista, empezó su andadura para capitalizar el descontento que existía sobre todo entre los sectores que eran excluidos de los beneficios de la explota-ción de la riqueza nacional. Le llevó décadas y dos derrotas en elec-ciones presidenciales, sin embargo, con un discurso parsimonioso pero constante, cultivado día a día, municipio tras municipio, logró transformarlo en votos para aportarlos a la coalición que lo postuló a la presidencia de la República.
Su discurso antisistema permeó todas las capas sociales y rompió lo que quedaba de las lealtades partidarias tradicionales. Primero fue en los comicios de 2016 cuando morena participaba por primera vez en elecciones estatales posicionándose en varios estados, luego el año siguiente se documentó un gran fraude electoral contra su candi-data en el Estado de México para que el pri conservara la gubernatura.7 Eso sería quizá la antesala de lo que vendría en 2018 y la explicación de por qué se produjo el llamado tsunami electoral Andrés Manuel.
6 Ludolfo Paramio. «Gobernabilidad democrática, violencia y desigual-dad en América Latina», América latina, núm. 8 (1994): 15 a 19. 7 Bernardo Barranco. El infierno electoral: El fraude del Estado de
30 Ernesto Hernández Norzagaray El tamaño de la mudanza
El triunfo de la coalición Juntos haremos historia sólo tiene compara-ción con los abrumadores que tenía el PRI en el periodo del sistema de partido hegemónico.8 Sólo que con una diferencia sustantiva: mien-tras aquellos triunfos priistas ocurrían en un sistema de partidos sin competencia y con un partido de Estado vigoroso, omnicomprensivo y omnipotente, el de morena sucede en un sistema competitivo que fue el producto de luchas sociales y políticas y de un largo proceso de liberalización política y democratización que redujo sensiblemente los márgenes de actuación del partido en el gobierno.
Esta tendencia favoreció ampliamente la diversidad y la alter-nancia en el poder, normalizando la necesaria incertidumbre en los comicios para elegir cargos de representación popular o para decir-lo en términos concluyentes de Adam Przeworski «la democracia es certeza de reglas, incertidumbre de resultados».9
Lo ocurrido en las elecciones de julio es la continuación de un proceso virtuoso de distribución del poder, donde persiste la alter-nancia y donde los que perdieron en esta elección mañana pueden volver a ganar. La Izquierda variopinta alcanza la presidencia de la República a través del liderazgo y popularidad de Andrés Manuel López Obrador y un sistema eficaz de alianzas federales y locales sin precedente, más allá de identidades ideológicas o políticas se impu-so el valor de la confianza en la perseverancia frente a la adversidad.
López Obrador obtuvo 30 millones 113 mil 483 votos que equi-valen al 53.19 % de la votación emitida; mientras sus adversarios Ri-cardo Anaya, el candidato de la coalición Por México al frente sólo logra acumular 12 millones 610 mil 120 votos (22.27 %); José Anto-nio Meade, candidato de la coalición de Todos por México, 9 millo-nes 289 mil 853 votos (16.40 %) y Jaime Rodríguez alcanzó 2 millomillo-nes 8 Giovanni Sartori. Partidos y Sistemas de Partido. Madrid: Alianza
Edi-torial, 2005.
9 Adam Przeworski. Democracia y mercado: Reformas Políticas y Econó-micas en la Europa del Este y América Latina. Barcelona: Akal, 2003.
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El malestar ciudadano y el futuro del pri 961 mil 732 sufragios (5.23 %).10 Es decir, ni sumando todos los votos
de sus contrincantes era suficiente para derrotar a Andrés Manuel. Así mismo, la coalición Juntos haremos historia en el Senado de la República alcanzó 70 de los 128 senadores;11 en la elección de
di-putados federales, 313 de los 500 que integran la cámara baja;12 de las 9 gubernaturas en competencia morena y sus aliados obtienen 5 de ellas: Ciudad de México, Veracruz, Morelos, Chiapas y Tabasco. Y en lo que se refiere a los congresos locales la coalición de izquierda ob-tuvo la mayoría en 19 congresos locales de los 27 en disputa, con lo que controlará la mayoría del Poder Legislativo en el ámbito local y federal.13 Además, esta oferta política obtuvo el triunfo en 252
ayun-tamientos entre los que destacan la Ciudad de México, La Paz, Morelia, Toluca, Culiacán, Mazatlán, Ahome, Hermosillo, Oaxaca y Puebla.14
Naturaleza del cambio
Los ingredientes de ese coctel que la cotidianidad política elaboró pa-ciente y silenciosamente para estallar en los comicios del 1 de julio tie-nen una naturaleza muy singular: el hartazgo político, que visto en una perspectiva sociológica es un estado de animosidad y malestar generalizado y, como todo enojo, individual o colectivo, busca sa-lidas que en lo público llega a tener diversas manifestaciones. Éstas han ido desde actos violentos como sucedió en distintas regiones 10
https://www.animalpolitico.com/2018/07/ine-termina-computo-elec-cion-presidencial/ Consultado 20 de octubre de 2018.
11 http://www.senado.gob.mx/64/senadores/integracion Consultado 20 de octubre de 2018.
12 http://sitl.diputados.gob.mx/LXIV_leg/info_diputados.php Consulta-do 20 de octubre de 2018.
13 http://www.24-horas.mx/2018/07/09/morena-acapara-mayo-ria-en-19-congresos-locales-infografia/ Consultado 20 de octubre de 2018. 14
32 Ernesto Hernández Norzagaray
contra precandidatos y candidatos de las distintas coaliciones y par-tidos en competencia por los votos hasta muestras más sutiles que llegan a conformar verdaderos torrentes electorales. La historia elec-toral del país tiene un cimiento violento que en las últimas eleccio-nes estatales ha sido especialmente notoria en Guerrero, Michoacán, Jalisco, Guanajuato, Estado de México o Chiapas, pero también otro cívico poderoso que ha tenido expresión en la preparación de la elec-ción y la defensa del voto.
En las pasadas elecciones, con tanto malestar social, no podría ni debía haber tenido otro desenlace que no fuera el civilizado, el de los votos, el de las instituciones, no obstante, la zozobra estuvo pre-sente en varios estados. Los asesinatos por motivaciones políticas no estuvieron ausentes, por el contrario, literalmente se dispararon. Estas elecciones han sido consideradas las más violentas de la historia con 523 asesinatos entre funcionarios y precandidatos y candidatos.15 No hubo un solo estado que no haya tenido al menos un crimen con es-tas características durante el proceso electoral. En muchos de ellos se hizo presente la narcopolítica, buscando alterar la voluntad popular y los cacicazgos que no quieren perder privilegios. Incluso, no fueron pocos los que alertaron sobre un posible atentado contra Andrés Ma-nuel López Obrador quizá rememorando el sucedido en 1994 contra Luis Donaldo Colosio, lo que felizmente no sucedió. Un hecho como ése hubiera terminado mal para todos, el sistema político se hubiera colapsado y la ingobernabilidad se hubiera hecho presente.
Entonces, primero el malestar se canalizó ordenada y demo-cráticamente a favor de la estabilidad y la democracia, así como por la oferta de cambio, de terminar con el insumo del hartazgo social; ahora la respuesta a la demanda está en la cancha del próximo go-bierno que está obligado a responder a las expectativas de sus votan-tes, de la sociedad completa sin distinciones de ningún tipo. El gran desafío del gobierno que impulsa la cuarta transformación es cum-plir con una agenda progresista que dé respuesta a problemas añe-15 https://aristeguinoticias.com/1007/mexico/añe-152-politicos-asesinados-elec-
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El malestar ciudadano y el futuro del pri jos en materia de seguridad pública, de lucha contra la corrupción y por la transparencia, el desarrollo económico, el empleo, la calidad de los servicios públicos y elecciones con un diseño que garantice la representación en la diversidad.
Hay un debate en curso sobre lo que definirá el próximo gobierno al que no le faltan los calificativos. Van desde los señalamientos contra López Obrador de ser un político «populista», neopriista, echeverrista que aparece abierta o subrepticiamente en muchas de las críticas a sus políticas redistributivas. Lo cierto es que estamos ante un nacionalista moderado. No ha puesto en su gabinete económico a un marxista uni-versitario, como tampoco en la política exterior a un bolivariano y en educación está un personaje que no se caracteriza por ser un miem-bro o simpatizante de la Coordinación Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). No, más allá de los discursos estridentes de cam-paña que llegaron a alimentar esa percepción en franjas de la socie-dad, visto con serenidad hay elementos para prefigurar un gobier-no cuidadoso que evite la inestabilidad económica y política. Eso sí, pudiera ser radical en algunos temas que son el basamento del pro-yecto de la oferta de una cuarta transformación, la lucha por la aus-teridad en la función pública y contra la corrupción en el gobierno. Lo cierto es que si López Obrador fracasa en esos temas, que es don-de están sostenidas algunas don-de sus políticas sociales, los márgenes don-de actuación estarían aun más acotados y tendrían que elevar los im-puestos o ir al endeudamiento público.
En definitiva, la persistencia en las próximas elecciones depen-de mucho depen-de las depen-decisiones que se tomen en los temas sensibles y los efectos que puedan traer a las grandes mayorías del país. Un axioma en procesos de alternancia son las altas expectativas que se generan con la llegada de un gobierno distinto al que se va y la inequívoca rea-lidad que termina por imponerse en sus márgenes de actuación por razones constitucionales o reglamentarias, recursos económicos esca-sos, capacidades y aptitudes en el ejercicio de gobierno, empatías entre los grupos de poder en el equipo gobernante o, simple y llanamente, la presión social y mediática.
34 Ernesto Hernández Norzagaray ¿Adiós al PRI?
El pri fue el gran perdedor de las elecciones generales de este año, así lo indica su pérdida de representación en todos los niveles y no pare-cería estar en condiciones para levantar el vuelo en el mediano pla-zo, aun conservando una docena de estados luego de haber perdido Jalisco y Yucatán, sin embargo, esto no debe llevar a una percepción catastrófica, su derrota debe ser matizada por razones democráticas y porque existe el antecedente en el año 2000: el PRI perdió la Presi-dencia de la República y la recuperó en el 2012.
La eventual recuperación va a depender mucho del balance que se haga de las derrotas que se han acumulado desde 2016. Ya lo decía Manlio Fabio Beltrones en su renuncia a la Presidencia del Comité Directivo Nacional, luego de las siete derrotas en otros tantos esta-dos, «lo que los gobiernos hacen, sus partidos lo resienten»,16 ahí ra-dica el punto de partida de la discusión que el PRI tiene que dar, las políticas y el desempeño de Peña Nieto como gobernante no fue la mejor. No se supo leer el mensaje que dieron los resultados electora-les de 2016 y por lo tanto no se corrigió el rumbo, sino fue una suer-te de fuga hacia adelansuer-te, que suer-terminó en varios fracasos electorales.
López Obrador logró atraer a las filas de MORENA a muchos priistas y panistas incluidos entre ellos exdirigentes nacionales y es-te factor de atracción puede incrementarse conforme se ines-tegre el gobierno para los próximos seis años. Los dirigentes del PRI todavía no tienen claro lo que habrán de hacer para sobrevivir ante un go-bierno que se levanta de la marginalidad, esgrimiendo la deuda so-cial que han dejado como partido (y en el fondo, recuperando mucho del viejo ideario priista, sobre todo aquello que tiene que ver con un estado de bienestar, redistributivo, que nada tiene que ver con las po-líticas neoliberales).
16 http://www.eluniversal.com.mx/articulo/nacion/2016/06/20/manlio-fa-bio-beltrones-presenta-su-renuncia-la-presidencia-del-pri Consultado el 21 de octubre de 2018.
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El malestar ciudadano y el futuro del pri Recordemos que luego de la llegada del PAN a la Presidencia de la República se abrió un debate entre Jorge Castañeda, Secretario de Relaciones Exteriores, y Ernesto Derbez, Secretario de Economía y posteriormente también Secretario de Relaciones Exteriores, sobre qué había que hacer con el PRI derrotado. Reducirlo a su mínima ex-presión era la postura de Castañeda; o contemporizar con él, como sostenía Derbez. Al final se impuso la posición de este último, y eso le permitió tomar aire y que la recuperación fuera menos costosa.
Ahora, la pregunta es si esta idea se encuentra en la perspecti-va de López Obrador: reducir al PRI a su mínima expresión o con-temporizar con su antiguo partido. El flujo de priistas hacia MORE-NA es probable que continúe, lo que podría significar el traslado de sus cuadros más capacitados, esto es lo que ha provocado que hoy se hable de la refundación del PRI en MORENA, que significaría en par-te el «perdón», el borrón y cuenta nueva del tabasqueño, pero no se puede olvidar que en MORENA habría quienes comparten la tesis de Castañeda para que muera de inanición.
En esta ambigüedad que entraña personajes de MORENA y que los medios de comunicación lo ponen a flote, está la influencia de lí-deres de opinión que exigen castigo contra todos aquellos que hayan cometido delitos desde la función pública, y sentencian que no pue-de soslayarse en el ánimo pue-de establecer una calma «chicha». Quizá, pue-de esta decisión dependerá mucho el futuro del PRI, porque, si se apli-ca la ley, tendrían que rendir cuentas desde el presidente Peña Nie-to para abajo, y eso explica el trámite del amparo solicitado ante una autoridad judicial, insólitamente, desde Los Pinos contra cualquier orden de aprehensión, no del futuro gobierno de MORENA, sino del que encabeza Javier Corral en el estado de Chihuahua.
El 2021, prueba de fuego
Mientras eso se define, el 6 de junio de 2021, estarán en juego ade-más de la renovación de la Cámara de Diputados, 15 gubernaturas, con sus respectivos congresos y 1 772 alcaldías. Una verdadera prueba de
36 Ernesto Hernández Norzagaray
fuego para morena que buscará conservar y ampliar su poder en el territorio nacional, y también para la oposición priista y panista que buscará regresar por sus fueros ganadores.
El diseño de la reforma electoral de 2007 estaba diseñada para crear un sistema bipartidista; en 2021 habrá de favorecer a morena y al Partido del Trabajo (PT). La reforma electoral de aquel año, re-cordemos, contemplaba la homologación electoral en todo el terri-torio nacional. Se buscaba conciliar las elecciones federales, estata-les y municipaestata-les, pero también, teóricamente, ahorrar recursos a los contribuyentes, lo que no sucedió por la fórmula rígida que se apli-ca en la determinación del monto de costo de apli-cada elección y lo que se le entrega a cada uno de los partidos en función del porcentaje de votos obtenidos en la última elección de diputados, hoy se gasta mu-cho más dinero en las elecciones que hace diez años. El otro objeti-vo era privilegiar los acuerdos para no estar en permanente disputa electoral, que tampoco sucedió, hoy los tribunales atienden una ma-yor cantidad de litigios poselectorales.
El acuerdo entre el PRI y el PAN favorecía un sistema bipartidista, en perjuicio de los partidos pequeños ya que la reforma además de la fórmula de asignación contemplaba que no hubiera contratación de espacios en los medios de comunicación y, por lo tanto, tendrían que utilizarse los tiempos fiscales del Estado donde, por la propor-cionalidad en recursos y tiempos en medios de comunicación, le to-ca más al partido que consigue más votos. Esto signifito-ca que si en las elecciones pasadas el PRI y el PAN eran los partidos que tenían más dinero y tiempos, ahora será MORENA el que se lleve el mayor por-centaje de estos recursos.
Con el triunfo apabullante de MORENA aquella idea del bipar-tidismo quedó hecha añicos y tenemos un partido en crecimiento. López Obrador en 2021, a la par de las campañas, buscará hacer la consulta nacional popular para «que el pueblo decida si él se va o se queda», lo que en los hechos será una campaña paralela a la que rea-licen los candidatos morenistas y sus aliados, buscando, claro, obte-ner beneficios políticos.
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El malestar ciudadano y el futuro del pri En estas circunstancias adversas para los otrora grandes par-tidos, sus márgenes de actuación están en función del rendimiento que tenga MORENA en los tres niveles de gobierno más el plus que cada uno de ellos pueda imprimir donde gobiernan. O sea, las po-sibilidades de recuperar lo perdido en 2018 se reducen y lo que es previsible es que busquen una nueva reforma electoral. Ésta tendría como objetivo echar abajo lo votado en 2007. Pero los números del PRI y el PAN no son suficientes para modificar lo que hoy favorece a MORENA y al contrario este partido podría hacer la reforma que le garantice la permanencia en el poder.
En definitiva, si el PRI busca regresar está obligado a hacer una fuerte autocrítica que pasa necesariamente por la neoliberal, de ma-nera que de ella resulte una estrategia de mediano plazo que le per-mita revisar lo que está detrás del retiro de los apoyos, incluso de sus propios militantes, para desde esa plataforma construir un pro-grama viable en un escenario de juego democrático donde la alter-nancia llegó para quedarse y los que pierden hoy pueden ser los ga-nadores de mañana.
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Pequeña crónica de una derrota (anunciada)
El domingo 1 de julio nos levantamos muy temprano. Desayunamos en familia y nos trasladamos a Navolato para ejercer nuestro dere-cho al voto. Al llegar a la casilla nos topamos con la primera gran sorpresa de esta histórica jornada: una muy alta concurrencia a las urnas. Mal presagio para el Partido Revolucionario Institucional y sus candidatos, que la mayoría de las veces han sido castigados por el voto masivo de los ciudadanos.
Votamos y nos regresamos inmediatamente a Culiacán para concentrarnos en el Comité Directivo Estatal del Partido Revolucio-nario Institucional (PRI). Los primeros reportes que llegan hablan de largas filas de electores en las mesas receptoras de todos los munici-pios. Esa será la constante a lo largo de toda la jornada.
Al mediodía se recibe el primer corte de las encuestas de salida. Los resultados son adversos en la elección de presidente de la Repú-blica, senadores y la mayoría de los distritos federales y municipios. Se enciende la alarma en la dirigencia priista. Carreras y llamadas desesperadas por aquí y por allá. El ambiente es de tensión y angustia. La preocupación aumenta porque el dispositivo informático no fun-ciona adecuadamente. Se cayó el sistema de información partidista.
PRI: La hora del cambio
Sergio Jacobo Gutiérrez40 Sergio Jacobo Gutiérrez
A estas alturas, todos los esfuerzos son infructuosos. Los datos que siguen llegando confirman la tendencia inicial: el PRI enfrenta una verdadera debacle electoral. A las 6 pm del centro de la Repúbli-ca (5 pm hora loRepúbli-cal) las televisoras difunden los resultados de sus en-cuestas de salida, que dan triunfos contundentes a los candidatos de la coalición Juntos haremos historia en las gubernaturas de Chiapas, Morelos, Tabasco y Veracruz, así como en la Jefatura de Gobierno de Ciudad de México. Por su parte, la coalición Por México al frente se alza con la victoria en Guanajuato.
A las 8 pm del centro (7 pm hora local) los medios dan a cono-cer la encuesta de salida para la elección de presidente de la República. El triunfo de Andrés Manuel López Obrador es apabullante. Prácti-camente a la misma hora, José Antonio Meade, candidato de la coa-lición Todos por México, dirige un breve y emotivo mensaje en el que admite que las tendencias no le favorecen, reconoce el triunfo de An-drés Manuel López Obrador y le desea el mayor de los éxitos al nue-vo gobierno. Sin duda, este es el mejor momento de Meade en toda su campaña electoral. Se revela como un auténtico demócrata; como un político con categoría y altura de miras. La intervención oportuna de José Antonio Meade, y el tono de la misma, contribuyeron a bajar la presión y a crear una atmósfera más estable para la alternancia política.
Comienzan a llegar las candidatas y candidatos locales a la sede del Comité Directivo Estatal del PRI. Casi todos con los rostros desen-cajados y la derrota a cuestas. El ambiente es de molestia y desolación, pero también de perplejidad y dudas. La pregunta recurrente es ¿qué fue lo que sucedió? Se pensaba que muchos candidatos locales tenían la victoria asegurada. Hay lamentos y lágrimas. Se confirma que en política y en elecciones nada es más doloroso que la derrota.
¿Este resultado fue sorpresivo? Podemos decir que no en lo re-ferente a la elección de presidente de la República, y sí en lo que tie-ne que ver con los cargos locales. La derrota de José Antonio Meade estaba más que cantada. Así lo anunciaban prácticamente todas las encuestas. Lo inesperado, en todo caso, fue la magnitud del triun-fo de Andrés Manuel López Obrador y la notable caída en la vota-ción del PRI.
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pri: La hora del cambio Sorpresivo sí fue el resultado en la elección de senadores, dipu-tados federales, presidentes municipales y legisladores locales. En el priismo sinaloenses se tenía la confianza en que el buen trabajo del gobernador del estado y de los presidentes municipales que busca-ban la reelección, las intensas campañas y la estructura partidista, podrían contener el efecto Andrés Manuel López Obrador. Pero no fue así. Aquí también nos arrolló el tsunami.
Voto retrospectivo y prospectivo... y algo más
¿Por qué los ciudadanos acuden a las urnas y votan por un determi-nado candidato o partido? No es sencillo responder a esta interro-gante que reviste una enorme complejidad. Para explicar el compor-tamiento electoral, la teoría política ha propuesto centralmente dos enfoques: el voto retrospectivo y el voto prospectivo.
Sufragar con un criterio retrospectivo, significa que los ciu-dadanos evalúan la trayectoria y el trabajo de gobiernos, partidos y candidatos, y a partir de ello deciden premiar con su voto a una determinada opción política por su buen desempeño, o bien optan por emitir un voto de castigo por sus malos resultados. Por el con-trario, el sufragio prospectivo implica que los electores respaldan a un partido o candidato, calculando los beneficios que ello le puede traer en el fututo, desde el punto de vista personal o como miembro de una comunidad.
El comportamiento de la mayoría de los mexicanos y sinaloen-ses en los comicios del pasado 1 de julio, en parte se explica a partir de una mezcla de criterios restrospectivos y prospectivos.
No es muy complicado explicar la derrota nacional del PRI. En-tre las causas, podemos citar el desgaste de la marca partidista, la im-posición de liderazgos, el alejamiento de las demandas sociales, los malos resultados en el gobierno, los escándalos de corrupción, los go-bernadores en la cárcel y las críticas al presidente Enrique Peña Nieto. Ayotzinapa, la casa blanca, la estafa maestra, el caso Odebrecht, los problemas de inseguridad no resueltos y los gasolinazos llevaron
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a una aprobación del 17 % del presidente Enrique Peña Nieto. Esto re-presentó un gran hándicap para el PRI y su candidato José Antonio Meade, que no logró convertirse en una opción atractiva para la ma-yoría de los mexicanos.
Realmente, la candidatura de Meade tuvo inconvenientes de ori-gen. No se construyó previamente. El candidato provenía del área ha-cendaria, una de las más cuestionadas por la reforma fiscal y el incre-mento de los combustibles. Un amigo me comentó: sólo al PRI se le ocurre nombrar como candidato a un cobrador de impuestos. Otro problema fue la narrativa de la campaña. Primero se presentó a José Antonio Meade como una opción ciudadana. Esto generó un efecto contraproducente: los priistas lo vieron como un candidato distan-te. Finalmente, como la estrategia no dio los resultados esperados, Meade se refugió en el priismo tradicional. Pero fue demasiado tar-de, como también fue a destiempo el relevo en la dirigencia nacional.
José Antonio Meade no ofreció nada nuevo. Su repertorio de propuestas era más de lo mismo. Nunca pudo deslindarse del actual gobierno y de toda su controvertida herencia. Por ello, en este proceso electoral el pri y su candidato presidencial nunca lograron convertir-se en una alternativa convincente y prometedora para la mayoría de los electores. No generaron expectativas, entusiasmo, ni certidum-bre de futuro. Por el contrario, Andrés Manuel López Obrador des-pertó entusiasmo y esperanza; conquistó la confianza y la fe de los ciudadanos. El criterio prospectivo actuó en favor del abanderado de la coalición Juntos haremos historia. Más de 30 millones de mexi-canos creyeron en Andrés Manuel López Obrador para atender y re-solver sus problemas.
Ahora bien, en esta elección no sólo imperó la racionalidad del voto retrospectivo y prospectivo, sino también la emoción. Este es el resorte que siempre ha movido a muchos ciudadanos al momen-to de sufragar. Y ahora no fue la excepción. La mayoría de los mexi-canos votó con rabia y hartazgo. Parafraseando al periodista y escri-tor angloindio Pankaj Mishra, podemos decir que el 1 de julio privó el voto de la ira.
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pri: La hora del cambio Junto al descontento, el enojo, la desesperanza, la impotencia y la frustración, en esta elección se hicieron también patentes los ras-gos más constantes, profundos y arcaicos de la cultura política de los mexicanos: el nacionalismo, el paternalismo estatista, el populismo, el iliberalismo y, sobre todo, la entrega masiva e incondicional, casi ciega, a un liderazgo fuerte y caudillista.
El escenario sinaloense
El 1 de julio, el priismo sinaloense sufrió la peor derrota de su historia. Fue vencido en la elección de presidente de la República, senadores, en los 7 distritos federales, en 10 de los 18 municipios y en 21 de los 24 distritos locales. Se trata de una verdadera catástrofe.
En este resultado, sin duda influyó de manera determinante el fenómeno Andrés Manuel López Obrador. En los últimos comicios federales, se produjo el efecto de «arrastre» de la elección presiden-cial, un tema ampliamente estudiado por la ciencia política. La evi-dencia empírica ha demostrado, que cuando se llevan a cabo elec-ciones simultáneas, el votante mayoritariamente se pronuncia a favor de un mismo partido o coalición a nivel presidencial y legislativo. En este caso, el contagio fue impresionante, porque se extendió a los co-micios locales. Andrés Manuel López Obrador tuvo tanto respaldo, que en Sinaloa y en todos los estados de la República le dio votos e hizo a ganar a candidatos desconocidos, muchos de los cuales ni si-quiera hicieron campaña.
Las elecciones del 1 de julio han sido las más grandes de la his-toria. Los ciudadanos se enfrentaron a un universo impresionante de partidos y candidatos. El votante mexicano, dado su perfil, no es altamente sofisticado y le resulta difícil discriminar ente tantas opciones. Por ello, en estos comicios se votó por la marca. El su-fragio lineal favoreció a los candidatos de la coalición Juntos
hare-mos historia.
Pero si toda la explicación del revés electoral la remitimos al efec-to Andrés Manuel López Obrador, nos quedaríamos muy corefec-tos en
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el diagnóstico. Hay otros factores que también gravitaron en el resul-tado de manera importante. Aquí podemos referir, para el caso de Si-naloa, la debilidad de sectores y organizaciones partidistas, divisiones en municipios, el impacto de las reelecciones y el exceso de confianza de algunos candidatos.
Ahora bien, es conveniente puntualizar que en los comicios del 1 de julio en Sinaloa el PRI mantuvo su voto duro. Incluso, algu-nos candidatos superaron los sufragios con los que anteriormente habían triunfado. El problema fue que los votantes nuevos y los que migraron se inclinaron masivamente hacia otra opción política. Se ha confirmado, una vez más, que el voto duro ya no es suficiente para ganar las elecciones.
En Sinaloa, el PRI cuenta con un valioso capital político. Exis-te una corrienExis-te electoral fuerExis-te, importanExis-tes liderazgos municipa-les y una estructura sólida. El gobernador Quirino Ordaz Coppel tie-ne una muy buena evaluación, sin cuestionamientos.
A partir de estos elementos, el priismo sinaloense debe formu-lar una nueva estrategia política que lo reposicione ante los ciuda-danos y lo ubique en condiciones de competitividad para las elec-ciones venideras.
De hecho, la mayor fortaleza que le queda al Partido Revolucio-nario Institucional está en las entidades federativas. Desde Sinaloa y los demás estados de la República, debe venir el impulso de la refor-ma que requiere el pri; una reforrefor-ma muchas veces anunciada, pero siempre aplazada; una reforma hoy más que nunca indispensable y urgente, de la que depende la sobrevivencia del priismo.
¿Tiene futuro el pri?
Durante mucho tiempo se dijo que al perder la presidencia de la Re-pública el Partido Revolucionario Institucional se extinguiría. El año 2000 ocurrió la primera alternancia y el PRI no desapareció. Al tener una nueva derrota en los comicios del 2006, los enterradores del priis- mo de nuevo celebraron anticipadamente sus exequias.
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pri: La hora del cambio Sin embargo, para sorpresa de muchos, en las elecciones del 2012 el PRI gana los comicios federales y recupera la presidencia de la Re-pública. Diversos factores se conjugaron para ello: el rápido desgaste del panismo en el gobierno, los miles de muertos que dejó la guerra declarada en contra del narcotráfico, la presencia de un candidato muy bien posicionado y la fragmentación de las fuerzas opositoras.
Aquí, lo que importa destacar es que el Partido Revolucionario Institucional recuperó la presidencia de la República sin haber con-cretado una reforma interna sustantiva. Durante los años en que fue oposición, el PRI no cambió su nombre, ni su emblema y colores, mu-cho menos su ideario, programa y políticas.
La situación es ahora diferente. El Partido Revolucionario Ins-titucional no tiene muchos anclajes. Es la tercera fuerza política, con el 16 % de las preferencias electorales. Se quedó con sólo 12 guber-naturas. Su representación es raquítica en la Cámara de Diputados y el Senado de la República, y se perdió el control de muchos con-gresos estatales.
Es cierto que la normalidad democrática nos ha enseñado que los triunfos y las derrotas electorales no son permanentes. Pero lo que debe quedar claro, es que el reposicionamiento del PRI no pue-de pue-depenpue-der pue-de los errores y el inercial pue-desgaste pue-de la nueva fuerza en el gobierno.
El PRI puede tener futuro, pero a condición de que impulse y concrete exitosamente una profunda reforma interna, que le permi-ta corregir los errores cometidos durante décadas. Como dice Jac-ques Attali, «para comprender cómo puede ser el futuro, es preciso tener presente la historia del pasado». En el priismo, tiene que ha-ber un serio y genuino ejercicio de autocrítica; no como simple ca-tarsis o autoflagelación, sino para cambiar lo que se ha hecho mal o lo que ya no funciona.
Modificar el nombre, emblema y colores me parece secundario. Una reforma que se limite a estos elementos sería bastante epidérmi-ca. El cambio de fondo implica que el PRI se convierta en un partido moderno, actualice su ideario político, democratice su vida interna, empodere nuevos liderazgos, se abra a los ciudadanos y encabece las
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demandas de la sociedad. ¿Será posible una reforma de esta enver-gadura? No podemos ahora predecirlo, pero sí ser enfáticos en que se vuelve urgente y necesaria y que solamente con un cambio audaz y visionario podemos aspirar a un mejor horizonte. Dejemos que el tiempo nos brinde la respuesta.
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No voy a abundar en las causas más generales de la derrota sufrida por la coalición Todos por México, conformada por el Partido Revo-lucionario Institucional (PRI) y sus aliados del Partido Verde Eco-logista de México (PVEM) y el Partido Nueva Alianza (PANAL). En buena medida, son las mismas que explican también la debacle de la coalición Por México al frente, integrada por el Partido Acción Na-cional (PAN), el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Mo-vimiento Ciudadano (MC). Una ola de inconformidad antisistémica que golpeó las estructuras de las partidocracias y las clases políticas, la fractura de los puentes de relación entre la ciudadanía y los par-tidos políticos, problemas de exclusión y corrupción, de una defi-ciente procuración e impartición de justicia, de seguridad pública y víctimas agraviadas por doquier, entre otros, son parte de esa expli-cación de la que se han ocupado —y seguirán ocupándose— los es-tudiosos en México.
Resulta de mayor utilidad hacernos cargo de las causas regiona-les de los resultados de los comicios del 1 de julio pasado. Intentaré sa-lirme del gran reflector y llevar mi pequeña vela a iluminar rincones en los que anidan las causas íntimas del revés sufrido por los candi-datos del PRI en Sinaloa.
La contienda federal «jaló» a la local, la subordinó y condicio-nó de una manera casi inercial. Debo decir que fui en principio, de
La derrota del pri: una lectura desde Sinaloa
Ronaldo González Valdés48 Ronaldo González Valdés
quienes apostaron por la posibilidad del voto cruzado en las eleccio-nes concurrentes recién culminadas. Desde luego, esto no ocurrió. La coalición Juntos haremos historia, encabezada por el Movimiento de Regeneración Nacional (morena) en alianza con el Partido En-cuentro Social (PES) y el Partido del Trabajo (PT), literalmente barrió en la disputa de los cargos federales y locales en juego. Sinaloa fue la entidad del norte de la República que mayor porcentaje de sufra-gios aportó al candidato presidencial Andrés Manuel López Obra-dor, pero además aquí se alzaron con el triunfo la fórmula de mayoría al Senado y los aspirantes a las siete diputaciones federales de la co-rriente lopezobradorista, en tanto que en el Congreso del Estado di-cha coalición obtuvo una indiscutible mayoría, saliendo victoriosa además en seis municipios, entre ellos Culiacán, Mazatlán, Ahome y Guasave, los principales centros urbanos de la región.
Toda vez que la candidatura presidencial del PRI fue polémica desde que se decidió la reforma de los estatutos para hacer posible una postulación no partidista, tendría que haberse ajustado la es-tructura y, sobre todo, potenciar la presencia de los aspirantes a las presidencias municipales, las diputaciones locales y, en la medida de lo posible, sincronizarlas con las campañas de los aspirantes al Se-nado y las diputaciones federales en la entidad. Sin embargo, esto no ocurrió. No se entendió la importancia de lo local en el proce-so electoral, inclusive para fortalecer desde abajo las candidaturas federales, y particularmente la de la presidencia de la República. A diferencia de lo que ocurría con morena y López obrador, nunca se vio que el factor Meade pudiera jugar como remolque de los can-didatos a las senadurías, las diputaciones federales, las presidencias municipales y las diputaciones estatales.
Los candidatos locales que mejor top of mind tenían y que de-bieron aportar una mayor votación, venían desde el inicio marcados con la etiqueta de la «reelección». Los resultados lo dicen muy clara-mente: la intentona de reelección inmediata de aspirantes a diputa-ciones locales y alcaldías fue un verdadero fracaso. La decisión de buscar la reelección de inmediato a los cargos que apenas habían de-jado para optar por la participación electoral, fue mal vista por la