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Persona y educación en Mounier

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Academic year: 2021

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Persona

y

Educación

en Mounier

Por Alfonso CAPIT AN D IAZ

M ou n i e r es educador ; * todo su pensam i e nto tiende al encuentro perso­ nal de cada hombre e n sí m i s m o ; ser persona y serlo auténti camente , es el fin de la educaci ó n personal i sta ; « l a personal i zación es el b i en s upremo del U n iverso » . « El p rofeta de l a revo l u c i ó n persona l i sta y comun itaria -ha d i cho Lacro ix- se había p ropuesto como m i s ión restitu i r a cada hombre l a pos i b i l idad de una vida persona l » ( 1 ) . « La persona es una forma de s u b­ s i stenci a y de i ndependenc i a . M anti ene ta l subsistencia medi ante u n a ad­ hes i ó n a u n a jerarq u ía de va l o res , l i bremente adoptados , as i m i l ados y vi­ vidos en u n comprom iso responsab l e y en una constante convers i ó n ; u n ifi­ ca así toda s u actividad en l a l i bertad y desarro l l o , además , a i mpulso de actos c readores , s u vocación person a l » (2) . En este un iverso personal , al que a l ude contínuamente M o u n i e r , e l hombre se encuentra , desde q u e na­ ce, abierto a s u rea l i zaci ó n como persona (3) .

La persona, existencia encarnada, sujeto de educación

M o u n i e r i ncard i n a e l origen d e l proceso de personal izac i ó n en l a ge­ n u i na forma de ser hombre , y l o instala a partir de su « existencia encarna­ da » . Yo soy persona desde mi exi stencia más e l ementa l , y l ejos de des-* Emmanuel Mounier ( 1 905-1 950) nace en G renoble; ha sido el principal representante del personal ismo cristiano en Francia. D iscípulo de Chevalier, fundó en 1 932 la revista Esprit, como respuesta cristiana a los problemas de su tiempo y de siempre en torno al hombre ; todos sus escritos, en los que •vigencias schelerianas, marxistas, utópicas y existencial istas • como ha afi rmado recientemente Cruz Hernández (Mounier, a los 25 años de su muerte), se han centrado en la persona y en la comunidad personal . Su pen­ samiento se ha extendido más allá de las fronteras de su país, y ha incidido, aunque con timidez, en las concepciones de o rden social, político, moral , educativo ... de algunos grupos sociales.

( 1 ) Lacroix, J . Mounier, educateur. Esprit (dic. 1 950) , pág. 841 .

(2) Mounier, E. Manifeste an service du personnalisme. Oeuvres l . , pág . 523 . (3) • La formación de la persona en el hombre, y la del hombre según las exigencias individuales y colectivas del un iverso personal , comienza desde el nacimiento • . El Per­ sonalismo. Buenos Aires. Eudeba, 1 962. pág. 64.

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56 Alfonso Capitán Díaz persona l i zarm e , m i existencia encarnada es u n factor esenci a l de m i fun­ damento » (4) . G racias a su cuerpo e l hombre está expuesto al mundo, a l as cosas , a los demás ; es la necesaria « tentac ión de sal i r de nosotros en l a búsqueda afanosa de « l o real » ; aceptarlo, para , después dar com i e nzo a l sentido creador del hombre (5) . Toda s o l u c i ó n que po l arice l a prob l e m á­ tica d e l hombre en l a m ateria, o en e l espíritu , i m p l i ca atentar gravem ente contra la persona . El personal ismo mouneriano rechaza cualquier doctr i n a espi ritua l i sta o materi a l i sta sobre e l hombre , y q u i ere s o l ucionar l os pro­ b l emas hu manos « en toda la ampl itud de la humanidad concreta , desde l a m á s h u m i lde cond i c i ó n m aterial a l a más alta pos i b i l idad espi ritua l » . Aqu í , l a presencia de l a tes i s evo l u c i o n i sta de The i l ard de Chard i n sobre e l « Un i ­ verso persona l ,, (6) y de l a teoría de l a evo l u c i ó n creatriz de Bergson , q u e habría rec i b i d o , probab lemente , a través d e C h a r l e s Peguy, es patente .

El sustrato b i o l ó g i co modu l a e l carácte r y s i g n ifica e l componente fi­ s i o l ó g i co de éste , a l m argen de toda sospecha de dua l i smo en e l que co­ actuasen carne y espíritu en un j uego de i nterferencias vigentes con más o menos i nten s i dad . No. La u n i dad del hombre es más profunda que ta l coactuación. « El hombre es en cada i n stante , y l o uno dentro de l o otro , una compenetrac i ó n de a l m a y carn e , conciencia y gestos , acto y expre­ s i ó n » . M o u n i e r en su Tratado del carácter i ncide una y otra vez en la idea de u n i dad (so l i daridad) de lo b i o-psíq u i c o , como presupuesto antropo lógi­ co d e l proceso de pe rsonal ización : « es e l hombre por entero , espiritual y carna l , que en l a vida personal trasciende l os fenómenos partic u l ares y traduce l a so l i daridad ó rgano-psíq u i c a » (7) . La dec i s i ón de nuestro actuar emerge d e l hombre « todo » y es expres i ó n d e l equ i l ibrio y presencia dia­ gonal de l os datos de orden b i o l ó g i co y psíq u i co que nos definen en cada momento . « Pero si l a decisión i m porta u n equ i l i b r i o , es i nfin itamente más que u n equ i l i b r i o : es u n com i enzo en e l ser y afi rmación de un yo » (8) ; l a fac u l tad de dec i s i ón-resolución d e l carácter constituye l a facultad centra l

(4) El Personal ismo. pág . 1 6.

(5) u Para ello debe negar la natural eza como dada y afirmarla, en cambio como obra, como obra personal y soporte de toda personal ización . Entonces la pertenencia a l a na­ turaleza se convierte en dominación de la naturaleza, y el mundo se anexa a la carne del hombre y a su destino• (El Personalismo). pág . 1 7.

(6) En efecto, Theilard en su ensayo El Universo personal, fechado en Pekín el 4 de mayo de 1 936 afi rm a : • Pues, en verdad, l o espiritual puro es tan inspensable como l o material puro . Igual q u e , en un sentido, el punto geométrico no existe, pero hay tantos puntos estructuralmente diferentes como métodos para engendrarlos a partir de diversas figuras ... así todo espíritu saca su realidad y su natural eza de un tipo particular de sín· tesis un iversal . Cuanto más elevado está un ser en el tiempo , más reune en sí, en su ángulo sólido, una mayor complej idad más íntimamente unificada. La real idad del espí· ritu-materia se traduce inevitablemente y se confirma en una estructura del Espíritu • (ob. cit. Madri d . Narcea, 1 975. pág. 80) .

V más adelante Insiste : ·Así reaparece, no solamente en el fondo, sino por encima de nosotros mismos, la ley de convergencia fundamenta l . La unión nos ha hecho hombres organizando, bajo el control de un espíritu pensante , los poderes confusos de la Mate· ria ... La unión en el i nterio r nos ha personal izado hasta aquí. Ahora es la unión en el ex­ terior la que va a • Supra-personal izamos • (ob. cit. pág . 87) .

(7) Tratado del carácter. Buenos Aires . Ed. Antonio Zamora 1 971 (2.•) pág . 1 09. (8) Ibidem. pág . 407.

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Persona y Educación en Mounier 57 de l a persona, y , es a parti r del aná l i s i s p s i cológico del carácter, de donde M o u n i e r hace transcender a l hombre a l a u n i dad persona l , responsab l e , frente a l m u ndo y a l o s otros hombres (9) .

El hombre resuelto se compromete en todo acto -no en todo hecho­ cons i g o m is m o y con los demás hombres ; y en este contínuo compromiso conforma s u personal i dad en e l marco de l a exi gencia i n d ividual y col ec­ tiva : « as u m i r la dec i s i ó n es formar a la persona l i dad entera » , pues « toda la fuerza del i nsti nto domeñado converge en su efi caci a con todos l os po­ deres de la cultura y de la v i rtud . El hombre que q u i ere es u n producto tan extraord i nario e i nfrecuente como un verdadero hom bre de i nge­ n i o » ( 1 0) . Los térm i nos-cl ave vertidos por Mounier en el estu d i o del carác­ ter, como fu ndamento estructu ral del proceso de personal izaci ó n , apare­ cen con frecuencia referi dos a vo l u ntad , deci sión tota l idad del yo , l i ber­ tad , apertu ra , tens ión d i nám i ca de l a i nti m i dad hacia l a final idad exterior, equ i l i brio, u n i dad ... ( 1 1 ) . M o u n i e r i ncide una y otra vez , a l borde de l a ob­ ses i ó n , en la u n i dad « tensa ,, de la persona : « S ituado entre ambos extre­ mos , el esfuerzo espi ritual de edifi cac ión de la persona representa un co­ nato de reu n i r en torno a un centro y un itinerario a l os frag mentos des­ membrados de la psique, a los estancamientos i ncons c i e ntes , a l as pro­ yecciones mal enfocadas , y a los afanes consci entes . . . ; el equ i l i brio de l a persona l i dad exi g e l a parti c i pación activa de todos l os sectores d e l yo , y com i enza a hacerse evidente que l a vida subconsci ente no es exc l usiva­ m ente i rracional y destru ctora » ( 1 2) .

E l hombre, exi stenc i a incorporada, conecta con l a natu ral eza y e l pro­ ceso de persona l i zación se in-tiende hac i a la trasformación de la natu ra­ l eza d e l hombre, que deja de ser natu ra l eza pura , para deven i r a natura l e­ za h u mana : e l hombre vence a l a natu ral eza , y ésta « se hace » , como obra personal de aqu é l , en u n p roceso no de mera re l ac i ó n , s i no de « re l ación d i a l éctica de i ntercambio y ascens ión ,, ( 1 3) .

(9) Es ésta una d e las ideas axiales del pensamiento d e Mounier: • La resolución del carácter ... escapa a todo anál isis psicológico. Se conoce a sí misma en la prueba dura o azarosa, y se verifica, se acred ita, se gana o se enmienda en el acto responsable, frente a la real idad y frente a los hombres. Nos hallamos aquí en ese punto de tangencia en el que la caracteriología entra en contacto con lo moral ; y donde s i no en el análisis de las esencias por lo menos en la realidad, se confunde con ella hasta l a indistinción • Tratado del carácter. pág . 407.

( 1 0) lbidem. pág . 408.

( 1 1 ) • La genuina voluntad es un poder franco, libre, abierto de par en par, que arranca al hombre a sí m ismo para centrarlo sobre una final idad exterior y superior, a la vez que arraigada en su intimidad .. . La voluntad es por consiguiente l a operación del yo en su totalidad • . Tratado del carácter. pág . 446.

( 1 2) Ibídem. pág . 519.

( 1 3) Mounier cree ver cierta vecindad en este punto entre el marxismo y el cristia­ nismo. · El movimi ento del marxismo, que piensa que la misión del hombre consiste por lo contrario, en el evar la dign idad de las cosas humanizando l a natural eza, está aquí pró­ ximo al del cristianismo, que da a la humanidad vocación de red i m i r por el trabajo, redi­ miéndose, a una natural eza que el hombre arrastró en su caída• El Personalismo. pág . 1 7.

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58 Alfonso Capitán Díaz Dinámica personal del proceso educativo

S a l i d o de c i m i entos e l proceso de persona l i zación « ca m i n a adel ante » e n vi rtud de l a energía viviente y d i námica de l o humano. El d i na m i s m o i nterno de t a l p roceso es d i a l éctica d e d o s mov i m i entos : e l d e expansión y el de interioridad, que proceden de fo rma contínua ; en real idad, ambas a l a vez constituyen l a m i sma raíz de la vocac ión comun itaria de la perso­ n a : « toda exc l u s ividad d e u n movi m i ento por e l otro produce u n desequ i l i­ brio fu ndamenta l en l a s ituac ión de los i n d ividuos y de l as colectivida­ des » ( 1 4) .

Los actos o r i g i n a l es d e l a persona que s i g n ifi can « sa l i r d e s í » , « Com­ prender » , « tomar sobre s í » (asu m i r ) . « d ar » , « Ser fiel » ... d i cen u n afán per­ sonal de comu n i dad . La persona es vocación de comunidad porque tiene su puesto en e l l a , y en e l l a se rea l iza. « Pero basta para defi n i r una pos i c i ó n persona l i sta p e n s a r que toda persona t i e n e una s i g n ificación t a l que no puede ser s ustitu ida en e l puesto que ocupa dentro del u n iverso d e l as personas » ( 1 5) . Y l a vida comun itar i a s ó l o tiene sentido como comu n i dad de personas y no de i n d ivid uos ; el i n d ividua l i smo hace del hombre , un ser egoísta , i rresponsab l e , anón i m o .

M o u n i e r rechaza , p o r esta razó n , « e l persona l i smo pagano, anarq u i sta o fasc i sta » , por ser un pseudo-personal i smo i nd ividual i sta , y reserva e l nombre de com u n i dad " ª l a ú n i ca com u n i dad val edera y sól i da , Ja comuni­ dad persona/ista, que es , más que s i mból i camente , una persona d e perso­ nas » ( 1 6) . « La revo l ución com u n itaria -ha d i cho Carlos Díaz- no puede dejar de s e r persona l i sta . Esto s i g n ifica que en ella l o púb l i co estaría co­ rro m p i do por oponerse a lo p rivad o . Cuando lo privado no coi n c i d i es e con lo p ú b l i c o , habríamos caído o en el renac i m i ento i ndividua l i sta que hay que rehacer , o en e l renac i m i e nto tota l itari sta que hay que rehacer i g u a l mente . E l aprend i zaj e d e l nosotros no puede darse s i n e l aprendizaje d e l yo . Es e l prob l ema d e l equ i l i brio e ntre e l egoísmo de l a sol edad y e l com u n itarismo i n capaz de autoposesión " ( 1 7) .

La educaci ó n d e l a persona h a d e rel egar toda tentativa i n d ividual i sta y reafi rmar la s i n g u l ari dad personal , entre la presencia d e l otro , de l os demás . Comprender a los demás es « dejar de col ocarme en m i p ropio punto de vista para s ituarme en e l pu nto de vista de otro . N o buscarme e n algún otro e l eg i d o semejante a mí. . . s i no abrazar su s i n g u l ari dad con mi s i ng u l ari dad , en u n acto d e acog i m i ento y un esfuerzo de concentra­ c i ó n » ( 1 8) . En una pal abra , « Se r todo para todos s i n dejar de ser, y de ser

( 1 4) Qu'est c e que le personnalisme. Oeuvres 1 1 1 . p á g . 21 1 . ( 1 5) El Personalismo. pág . 30.

( 1 6) Manifeste au service du personnalisme. Oeuvres l . pág. 539.

( 1 7) Carlos D íaz. Personalismo comunitario. (Mounier a los 25 años de su muerte) ob. cit. pág . 28.

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Persona y Educación en Mounier 59 yo » . Más la educación para la com u n i dad no está exenta de l i m itaciones -fracasos, según M o u n i er- que nacen de l a comu n i cación m i s m a entre personas : en la i nti m i dad del d i á l ogo personal s i empre hay « al go » de u no u otro q u e se escapa a l a com u n i caci ó n , porque n i s i q u i era en l a p ro p i a exi stencia d e c a d a uno se l e m uestra todo c o n n ítida transparencia y l a tentación de egocentrismo p u e d e " l evantar una nueva panta l l a entre hom­ bre y hombre » .

E l otro factor d e l a d i na m i c i dad d e l a persona s e defi ne como subjeti­ vidad, interioridad, o s i m p l emente vida interior. Es l a conversión íntima

de l a persona por la que el hombre se rep l i ega en sí m i smo en un movi­ m i ento « Centrípeto » que enriquece l a vida personal y l e d i spone mejor pa­ ra l a com u n i dad con los otros ; no es por tanto , des i sti r de los demás o un fenómeno de flaqueza o de i mpotencia, ni una « tregua » cuando cunde " l a desesperanza ,, frente a los demás , es l a neces i dad que e l hombre tiene de no perder s u i nti m i d ad , porque ello s i g n ificaría i nterru m p i r l a com u n i ca­ ción d e l u n i verso persona l . « Se comprende, pues , que la vida personal esté l igada por natu ra l eza a un c i e rto secreto. Las gentes total m ente vol cadas al exterior, total m ente expuestas , no tienen secreto , ni densi dad , ni fon­ do » ( 1 9) . M o u n i e r i n s i ste en la necesidad de vida íntima o privada como p r i n c i p i o d e l p roceso de person a l i zación : « l a vida personal com i enza con l a capaci dad de romper e l contacto con e l med i o , de retraers e , de domi­ narse con vi stas a reu n i rse en torno a un centro , a unificarse ; l o i m portan­ te no es de hecho el rep l i eg u e , s i no la concentrac i ó n , la conversión de l as fuerzas ,, (20) .

Esta l l amada profu nda e íntima a l a u n i dad personal se l lama vocación; i nteg ra todo lo que acontece en l a persona « ad i ntra » y « ad extra » ; no es un térm i n o q u e se refiera concretam ente a profes ión alguna, s i no a la sin­ gularidad en el u n iverso person a l . La persona neces ita de su intimidad, l a q u e asu m e y desarro l l a u n haz de valores , cuya « conqu i sta » -creación­ l e pertenece por obra y gracia d e l ejerc i c i o de su l i bertad ; l a democracia persona l i sta se opone a cualquier autoritarismo que atente a l a l i bertad persona l ; « en una organización persona l ista hay responsab i l idad por todas partes , creac ión en todas partes , col aboración en todo : no hay gentes pa­ gadas para pensar y otras para ejecutar, y l as más favorecidas para no ha­ cer nada » (2 1 ) . La i nti m i d ad , a su vez , garantiza la vida comun itari a y coad­ yuva a la i n stau ración de un rég i m e n persona l i sta y comun itario (22) .

La educaci ó n personal i sta p retende hacer del hombre u n ser singular y con nombre propio, buceando en su vocación personal ; mas este «

cami-( 1 9) El Personalismo. pág. 2 7 . (20) I b í d e m . p á g . 2 6 .

(2 1 ) Manifeste a u service du personnalisme. pág . 601 .

(22) • La vida públ ica deberá hacerse suficientemente discreta para asegurar a cada persona el círculo de soledad y de meditación, preparatorio a la l ibertad, al que todo hombre tiene derecho, y que n i nguna fuerza en el mundo puede usurpar• . La revolution personnaliste et communantaire Oeuvres l. pág . 41 6. (Usaremos además otras dos edi­ ciones d e esta obra : la de París , 1 935, y l a versión española en Obras completas, 1, de Ed. Laia) .

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60 Alfonso Capitán Díaz nar» o es un eje rc i c i o ascético y creador de va lores o es algo vacío , i nau­ ténti co, i m persona l . Cuando la i nti m i dad es entregarse a l a vida vegetati­ va , o s i g n ifica una reti rada del « Com bate » personal con e l mundo, o es " l u­ gar donde busco la ti b i eza vita l , la pas ividad vegetativa , la dependencia b i o l óg i ca " , entonces e l proceso de person a l i zación se terg ivers a , se i nte­ rrumpe, y la frustraci ó n aparece en el hori zonte personal i nc l uso más a l l á d e l círc u l o privado de cada hombre ; y l a educación , se vacía de conte n i do y su sentido cae en l a nada.

Con frecuenci a , estas y otras actitudes atentator i as a l a i nti m i dad -y por tanto , a l a vocac ión hac i a l a u n i dad personal- son respuestas del hom­ bre a l a pres ión i m p l acab l e que los otros hombres ejercen contra é l . u Po r esto , aún en l a v i d a co l ectiva , e l person a l i s m o dará s i empre e l pri mado a las técn i cas de educación y persuasión sobre las técn i cas de pres i ó n , de astu c i a o engaño : pues e l hom bre s ó l o se h a l l a b i e n allí donde se vue l ca por entero » (23 ) .

E s evidente q u e l a educación se i nsta l a en l a d i a l éctica personal i nte­ rioridad-objetividad , ens i m ismami ento-a lteri dad , « yo i dad »-comunidad (24) , que i m p l i ca creación y comun icación de va l o res personal e s , como dos pers­ pectivas d i nám i cas de una misma rea l i dad . . . (25) . « Estos val ores están en­ carnados en unas personas destinadas a vivi r en una com u n i dad total » (26) . La educación, quehacer en y para la libertad

« Esprit» publ i có los principios de una educación personalista, redacta­ dos por una com i s i ó n de a m i gos de esta revi sta (27) . Uno de estos princi­ p i os , e l segundo , sostiene que l a actividad de l a persona es l i bertad y l a convers ión a l a u n i dad d e u n fin y d e u n a fe y por e l l o l a educación funda­ da sobre l a persona n o puede ser tota l itaria por ser coercitiva .

En efecto , l a educac ión personal i sta parte de l a rea l idad y e l ejerc i c i o de l a l i bertad , porque " l a educación -d ice Lacroix- es una aceptaci ó n progres iva de responsab i l idad " . De ahí que los l ím ites que l a educación soporta l e vienen transferi dos de l a manera de ser l a l i bertad humana.

Que l a l i bertad sea absol uta , para M ou n i e r , es un m ito . « La l i bertad d e l (23) E l Personalismo. pág . 30.

(24) · Es justamente este visceral espíritu dialéctico de Mounier lo que permanece a lo largo de las variantes diacrón icas . Por ello, sus primeros trabajos estuvieron dedi­ cados a l a dialéctica y a la tensión entre los contrarios , buscando la nueva comunidad digna de un hombre nuevo » . Carlos Díaz. Personalismo comunitario. ob. cit. pág .20.

(25) • La palabra existi r indica por su prefijo que ser es abrirse, expresarse. Esta ten­ dencia muy primitiva es en la que, en su forma activa , nos impulsa a exteriorizar nues­ tros sentim ientos en la mímica o la palabra, a dejar l a impronta de nuestra acción en obras visibles, 'ª intervenir en los asuntos del mundo y de los otros » . El Personalismo. pág. 3 1 .

(26) La Revolution personnaliste et communantaire. Oeuvres 1 pág . 2 1 6 . (27) Vid. • Esprit• febrero 1 936. «Pour un statut pluraliste de l 'ecole». (28) Lacroix, J. ob. cit. pág. 848.

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Persona y Educación en Mounier 6 1 hombre e s l a l i bertad de una persona, y de esta persona, constitu ida y s i­ tuada en s í m i s m a de determi nada manera , en e l mundo y ante los val o­ res » (29) . La l i bertad está « Cond i c i onada y l i m itada por nuestra s ituaci ó n concreta » , y es en e l deven i r coti d i ano d e l hacer humano donde se experi­ m enta l a l i bertad como u n a certeza absol uta , aunque no pueda probarse d iscurs ivamente s u exi stencia ( l a i nfluencia de Bergson y de Jaspers es manifiesta) . El proceso de personal izac ión i m p l i ca u n acto contínuo de l i­ bertad y una constante h u i d a de fuerzas i mpersonales que atenazan a l hom­ bre, a l i neándo l o , y lo hacen objeto de s u des p l iegue. « Para que estuvi é ra­ mos l i berados de toda ocas ión de a l i neac i ó n sería necesario que la natu­ ral eza fuese enteramente i nte l i g i b l e , la com u n i ó n permanente , un iversal y perfecta , y tota l l a poses ión de nuestros i d e a l es » (30 ) .

Pero l a l i bertad es a l g o más : l a l i bertad de u n a persona valorizada ; es­ tá « i nvocada » a u n mundo d e va lores que el hombre acepta , crea o « recrea » ; i nsta l arse e n e l m u ndo n o e s s i m p l emente adaptarse a é l , s i no d i a l ogar con é l : la l i bertad es, en este senti d o , compro m i so con los va lores y con el « m u ndo » de personas y cosas , que e l ijo y a los que me adhi ero. Y así se conforma l a autonomía de l a persona, que no cons i ste en « Cerrarse » en s í m i s m o , s i no en e l uso efectivo de l a auténti ca l i bertad ; e l l o i m p l i ca aper­ tura a l m u ndo o « permanencia abierta » por natura l eza .

Es manifi esto q u e l a l i bertad se opone a « pu ro s u rg i m i ento » -s i n com­ promiso a l g u n o ni cond i c iones »- y a a l i n eac ión -negac ión de autonomía personal- y que l a educación en e l hombre es educación de l a persona en y para l a l i bertad en l a com u n i dad , exc l uyendo todo conform ismo o adap­ taci ó n anó n i m a . " La educación -d i ce M ou n i e r- no puede , pues , tener por f i n amoldar a l n i ño a l conform ismo d e u n medio fam i l iar, soc i a l o esta­ ta l , ni se restri nge a adaptarlo a la fu nción o al papel que ha de representar al l l egar a adu lto » ( 3 1 ) .

Fin de la educación: persona y trascendencia

En e l pensam i ento de M o u n i e r e l concepto de trascendencia aparece con c i e rta i n s i sten c i a en el hori zonte intra y extrapersonal: hay una tras­ cendencia espiritual o « su rgenci a » de l a corpore idad en que el hombre está anclado y una trascendencia ontológica, como u n « salto » fuera del ser. N o son dos trascendencias, sino la misma trascendencia, l a ú n i ca tras­ cendenc i a de la persona « que i m p l ica que ésta no pertenece ser a sí m i s­ m a » , y que tiene sentido por l a Trascendencia Divina.

La trascendencia es afi rmac i ó n de l a apertura de l a persona y « nega-(29) El Personalismo. ob. cit. pág . 37.

(30) lbldem. pág . 39.

(31 ) lbidem. pág. 64. En los Principios de una educación personalista, a que nos he­ mos referido anteriormente, se insiste en esta idea : c la educación no tiene por fin amol­ dar al niño al conformismo de un ambiente social o de una doctrina del Estado • (Puede consultarse en ccManifeste au service du personnalisme»).

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62 Alfonso Capitán Díaz c i ó n de sí como un m u ndo cerrado , sufici ente , a i s l ado en su propio s u rg i ­ m i ento . L a persona no es e l ser, es movi m i ento de ser hac i a e l ser, y s ó l o es cons istente en e l ser a l que apu nta » (32 ) . L a personal ización se mues­ tra ahora como « movi m i ento hac i a u n transpersonal » que le i nvita "ª l a experiencia de l a com u n i ó n y a l a de valorizac i ó n » a través de l a creativi­ dad ; la creac i ó n , en tal cas o , i m p l ica un quehacer creador y « ascético » de va lores . M as este movi m i ento hac i a l o transpersonal es combativo ; u l a ex­ peri encia m uestra que no hay valor que no nazca en la l ucha y no se esta­ b l ezca en la l ucha, desde el orden po l ítico a la j usti c i a soci a l , desde e l amor sexu a l a l a u n i dad humana, y para los cristianos a l R e i no de D ios » (33) . E l cam i no de l ucha por l a trascendenc i a , s i n embargo , está l l eno de am­ b i g ü edades -luz y sombra-, de abnegac i ones , de amenazas de muerte , de s i l encios -« D i os es s i l en c i o , y todo l o que va l e en e l mundo está l leno d e s i l enci o »-, de angusti a , de m i edo ... En esta agonía se forja l a « em i nen­ te d i g n i d ad d e l hombre » .

La educación i ntegral d e l a persona pri n c i p i a desde l os valores b i o l ó­ g i cos , y e l hombre ha d e s a l i r « d e l a miseria f i s i o l óg i ca » para acceder a los va lores superiores , pues « e l valor supremo no puede ser l a perfecta organ ización de los va l o res vita l es y económi cos que se des igna general­ mente con e l nombre d e fe l i ci dad » (34) ; y es que l a educación no i mp e l e a l hombre a buscar u n mundo fe l iz , s i no u n mundo humano, es dec i r per­ sonal (35) .

L a formac ión i nte l ectu a l y ci entífica i m p l i ca l a l i beración d e prej u i cios y m itos que pred i sponen m a l a l hombre en l a búsqueda de l a verdad o M o u n i e r rechaza los rad i ca l i smos que nacen de l a con s ideración monopo­ l a r o d e l suj eto cognoscente , i ndeterm i nado , o de l a verdad objetiva (36) . La auténtica objetivi d ad d e l a verdad tiene sentido en su re l ación a l a crea­ tividad de la persona.

La educación moral está acog ida en el proceso m ismo de persona l iza­ c i ó n ; « e l u n iverso personal defi ne al un iverso moral y coi ncide con é l » . Su obj etivo es dob l e : la l i berac ión contínua y l a i nteg rac ión d e l hombre en el u n iverso de « personas morales » , por obra y g rac i a de l a ley -que se l oca­ l iza « entre la i nterioridad absol uta de la e l ección moral y la com u n i cación en l a genera l i dad de l a idea mora l »- y d e l amor. Mounier concede aquí como en otro pasaj e de s u obra u n l ugar pree m i nente a l o mora l ; en e l fon­ d o , qu izás , como ha afi rmado Carlos D íaz , s ó l o haya un ú n i co Mounier, pro­ fu ndamente éti co .

(32) El Personalismo. pág . 4 1 .

(33) lbidem. pág. 44.

(34) lbidem. pág. 44.

(35) « Nuestro fin último no es l a fel icidad , el bienestar, l a prosperidad de una socie­ dad cómoda, sino el realizarse espi ritual del hombre Revolution personnaliste et com­ munantaire. París, 1 935. pág . 28.

(36) «O bien e l i minan rad icalmente al expectador como existente personal y libre , al mantener la fue rza de la idea ... o bien sólo dejan subsistir un expectador «Objetivo • , es decir, indeterm i nado, q u e expl ica todo, comprende todo, admite todo » .

(9)

Persona y Educaci6n en Mounier 63 Tam b i é n l os va l o res estéti cos representan un i mportante pape l en e l u n iverso personal ; M o u n i e r hace su esbozo de una estética persona/ista, porque l os va lores de be l l eza forman parte de « nuestro pan coti d i ano » . El arte es reve lación de l a rea l i dad a l hombre y actitud de éste ante aqué l l a ; d e ahí q u e c o n frecuencia e l arte s i g n ifique « una protesta contra s u men­ tira, e n nombre de l a rea l i dad total d ivi sada en sus experiencias marg i na­ l es » (37) . E l arte , como ejerc i c i o y como forma de vida, es com u n i cación con los seres rea l e s ; y este carácter « real i sta » no exc l uye s u « abstracción » pues l a trascenden c i a de l a real i dad sólo puede com u n i carse por s i g nos i n d i rectos.

Los va lores « h i stóri cos » s u rgen como creac ión l i bre d e l acontecer hu­ mano ; " l a h i sto ria no puede ser s i no una creación en com u n i dad de hom­ bres l i bres , y la l i bertad debe hacerse cargo de sus estructu ras o de su cond i c i onami ento » (38) . La h i stor i a , por tanto , no puede estructu rarse de acuerdo con c i e rto « andam i aj e " previo y "ª priori » , que nos perm ita hablar de «el sentido de l a h i sto ri a » o de « de s i g n i o providen c i a l » ; ello comporta­

ría u n a perspectiva fatal ista , en la que no cabría l a comun idad persona l . F i n a l mente , a los va l o res re l i g i osos , emanados d e l a trascendencia ha­ c i a l a Trascenden c i a , l es reserva Mounier un l ugar decis ivo en su perso­ na l i smo cristiano : " l a confi anza , o i nti m i dad suprema y oscura de la per­ sona con una Persona trascendente i nspi ra y da sentido defi n itivo y final a l a vida. " Ta l vez , s ó l o quien ha penetrado l o bastante adentro en Dios, es capaz de amar a todos los hom bres , en Dios. a l os que conoce y a los que no conoce , a cada uno por s í mismo, y l l egado e l caso a pesar de e l l os » (39 ) . Y e l senti m i ento cristiano d e Mou n i er rezuma con fuerza en s u pensa­ m i ento : « La encarnac i ó n es u n m i to exterior a l a h i storia. M i sterio trascen­ dente a la h i stor i a , se desarro l l a , s i n embargo, en p l ena h i storia. La encar­ nación no es un dato , u n punto , s i no un foco de l a h i storia d e l mundo, s i n l ím ite en e l espac i o y en e l tiempo » (40 ) .

Estructuras y educación

La person a l i zación pertenece sólo y exclus ivamente a cada hombre ; pero e l a m b i ente y l as estructu ras que l o definen pueden coadyuvar o atentar a ta l proceso . La fa m i l i a , l a escue l a , la soci edad y e l Estado están al servi c i o del i ndividuo -en este por tanto , el ú n i co responsab l e de s u educac ión- y aportan u n conju nto de va lores mate r i a l es y espi ritua l es q u e aquél debe uti l izar desde su hacer « Crítico » ; « e l n i ño es sujeto , no es res societatis, ni res fami/iae, ni res Ecc/esiae. S i n em bargo no es sujeto puro , ni sujeto a i s l ad o ; i nserto en col ectividades , se forma en e l l as y pa­ ra e l l as » (41 ) .

(37) El Personalismo. pág . 46. (38) lbidem. pág . 47.

(39) Revolución personalista y comunitaria. Obras l. Barcelona. Ed. 1 974. pág. 226. (40) Liberté sous conditions. París . Ed . du Sen i l 1 946. pág . 73 .

(10)

64 Alfonso Capitán Díaz La fam i l i a , « Co m u n idad natu ral primari a » , es estructu ra carna l y espi­ ritual , q u e proyecta en am bas coordenadas l a vida del n i ñ o ; s u i nf l u e n c i a en l a educac i ó n es esenc i a l , y d e s u equ i l ibrio -autoridad y amor- se d es l iza primari amente l a educación i nteg ral y humana de l a persona. Pero l a estructura fam i l i a r puede comportar anomal ías y s ituaciones no j u stas que atenten contra el proceso educativo de sus m i embros ; sus causas ra­ d ican en la ausenc i a de una o de las dos coordenadas citadas , prop i c i ada cas i s i empre por e l ambi ente socio-po l ítico y económ ico : e l capita l i s m o , e l i nd iv i d ua l i s m o , l a b u rguesía, los s i stemas d i ctatoriales, e l autoritaris­ mo ... i rrumpen en l a vida fam i l i ar atentando g ravemente al proceso de per­ sona l izac i ó n .

L a fam i l i a burguesa, « anárq u i ca y tiránica a l a vez . . . constitu ida en so­ ci adad cerrada , se construye a la i magen del i n d ividuo que le propone e l mundo b u rgués : e l sentido de l a vocac ión y d e l servicio están e n e l l a igual­ m ente ahogados por e l c u i dado i g u a l itario y el espíritu de reivi n d i cación »

(42 ) . En l a fam i l i a b u rguesa se dan cita e l capita l i smo, e l i nd i v i d u a l i s m o y l a « d i ctadu ra i nvis i b l e d e l espíritu b u rgués , de l a avaricia burguesa, de l a

h i pocresía b u rgues a ,, (43) . Este apego a l d i nero d e l g rande y pequeño b u r­

gués hace o lvidar o terg iversar otros va l ores , esenc i a l es en l a educación d e l a person a , y M o u n i e r se escan d a l iza de que tal hecho se dé i ncluso en e l seno de la fam i l i a cristi a n a : " Los cristianos (y l os otros ) han o l v idado cas i compl etamente l a parábo l a de los l i ri os del campo , que se les ha dado

como una norma fu ndamental de vida " (44) .

La Escu e l a es u n i nstru mento educativo , pero no el pri n c i pal , que debe tener como m i s i ón educar, más que i n stru i r , a todos l os ci udadanos , « dán­ doles faci l i dades efectivamente i g u a l es » , pues l a escu e l a , como órgano de l a nac i ó n , no debe ser e l privi l e g i o de una fracc ión de la nac i ó n . M o u n i e r y l a educación personal i sta, propugna l a escuela p/ura/ista como s o l ución d eseab l e a l a d ivers i dad d e criterios y g rupos fam i l i ares d e l pueb l o , cuya principal fu nción será hacer buenos ciudadanos , amantes de su patri a . To­ do rég i m e n « tota l itari o » de la escu e l a frustrará la educac ión de la persona en cu anto que anu l a su l i bertad .

La teoría person a l i sta i ntuye los pe l i g ros de una escue l a menta l ; una escu e l a fu ndada en l a formación i nteg ral de l a persona no puede ser, bás i­ camente , « neutra l » ; s i l a escu e l a enseña a vivi r más que a i n stru i r , no es pos i b l e orientar l a vida i nsta l ándo l a en una neutra l i dad « i mpersonal » ; en otro sentido, i nterpretar l a neutra l i dad como vo l u ntad de enseñar y prote­ ger la verdad contra c u a l q u i e r desviación polémica, de l i berar la enseñan­ za d e l sectarismo (45) , en ta l caso puede contempl a rse la neutral i d ad ; s i n em bargo q u i zás aquí l a expresión « enseñanza neutral " , p o r s u i mprec i s i ó n ,

(42) Manifeste au service du personalisme. Oeuvres l . pág . 565 . (43) Ibidem . pág. 566.

(44) De la propieté capitaliste a la propiete humaine. Oeuvres l. pág . 461 .

(45) Vid. Pour un statut plurali ste de l 'ecole. Esprit. Febrero 1 936 y Manifeste au· service ... Oeuvres l . págs. 481 -649.

(11)

Persona y Educación en Mounier 65

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-debería s ustitu i rse por « educac ión para l a l i bertad » , « aprend izaj e en l a l i­ bertad ,, , « enseñanza p l u ra l i sta » u otros semej antes .

M o u n i e r parte de l a i dea fu ndamenta l de que « El Estado es para e l hom­ bre , no e l hombre para e l Estado » . La persona está i nstituciona l mente ga­ rantizada por e l derecho, cuya objetivac ión constituye e l Estado . La d i syun­ tiva poder-persona d i ce re lación a la proyecc ión soci o-po l ítica de la educa­ c i ó n . Cualqu i e r s o l u c i ó n mon o l ítica de poder o de persona, l i bera l i s mo o anarq u i s m o , olvidan « q u e , estando las personas enraizadas en l a natu ra l e­

za, no se pueden v i o l entar las cosas s i n v i o l entar a l os hombres » (46) ;

cuando e l poder se fu nda en e l destino personal d e l hombre , en e l respeto a la persona y a su promoc i ó n , e l marco soc i o-po l ítico res u ltante es e l adecuado a l a educac i ó n , porque entonces , y s ó l o entonces , el hombre con­ serva « S U soberanía de suj eto » y " l a i n evitab l e a l i enación queda reducida a l máxi m o » .

E n este equ i l i br i o , tenso -q ue no e s conform ismo burgués- se da u n proceso de persona l izac i ó n , recíproco , entre persona y poder (47) ; y e l ord e n , e l auténtico orden , e s « u na eterni dad q u e respl andece » .

E n ta l cas o , l a estructu ra po l ítica deseab l e será l a democracia persona· lista o democrac i a pluralista, porque « real iza la s íntes is entre los derechos absol utos de la persona o lvi dados por los poderes total itari o s , y la necesi­ dad d e co l a borar a l b i e n común m a l entend ido por e l individualismo b u r­ gués y capita l i sta » (48) . E l l o supone u n a auténtica educac ión po l ítica de l a persona, y " l a democraci a deberá suscitar .. . estructu ras nuevas de educa­ ción y de acc i ó n po l ítica correspond i entes al nuevo estado soci a l " (49) , es dec i r , el de u n a soci edad p l u ra l i sta .

En « La revolution personnaliste . . . », M o u n i e r repasa aque l l as s ituac i o­

nes o estructu ras po l íti cas que pervierten e l auténtico proceso de persona­ l ización , y , por tanto l a educac ión del pueb l o : e l total itarismo, i nc l uso e l de l os partidos po l íti cos (50) , e l fascismo despersonal i zante , que es u n « pseudo-h u m a n i s m o despersona l i zante , pseudo-espi ritua l i s mo, que dob l e­ ga a l hombre bajo l a ti ranía de las « es p i ritu a l i dades " más pesadas , y de l as « m ísticas » más a m b i g uas ... ; nuevo material ismo a fin de cuentas , s i el materi a l i s m o es red u c i r y escl arizar, en todos l os pl anos e l superior al súbd ito » ( 5 1 ) .

(46) E l Personalismo. pág . 62.

(47) • Es l a autoridad de una soci edad de personas racionalmente organizada en un orden jurídico; es la soberanía del derecho , que es e l mediador entre las l ibertades y la organización, y persigue mediante trastrueques l a puesta en juego col ectiva de l as l iber­ tades y la personal ización contínua de los poderes • El Paternalismo. pág. 63.

(48) El compromiso de la acción. Madrid 244. 1 967. pág . 67 (nota 2 1 ) . (49) E l Personalismo. pág . 63.

(50) · Hoy día un partido político se establ ece comúnmente a base de l a opresión centralista d e sus miembros : es un Estado total itario en miniatura. No se preocupa d e la real ización de las personas se entregan a él o de l a realización de l as comunidades integrantes que se l e unen • . La revolution personnaliste ... pág . 347.

(12)

66 Alfonso Capitán Díaz

Con ta l es presupuestos soc i o-po l íti cos sobre l a persona, l a teoría per­

sonal i sta d e l a escuela pluralista es una consecuencia i nmed i ata .

* * *

La educac ión perso n a l i sta es hu man i sta, y e l u n i verso persona l soporta un humanismo estructurado en tres n ive l es : civilización, cultura y espiri­ tualidad.

La civi l izac i ó n , como « prog reso coherente » de la adaptación b i o l óg i ca y

soc i a l d e l hombre a s u cuerpo y a su med i o ; l a cu ltura como ejercicio es­

p i ritual y parti c i pación en la manera de pensar d e una época y de un grupo,

y esp i ritua l idad , como descubri m i ento de l a vida profu nda de su persona.

Este es e l hombre nuevo , « ú n i camente u n trabajo que apu nte más arri­ ba del esfuerzo y d e l a producción , u n a ciencia que apu nte por encima de l a uti l i dad , un arte por e n c i m a del p l acer y , final mente , una vida personal entregada por cada uno a una rea l i dad espi ritu a l que l e l l eve más allá d e s í m i s m o , son capaces de sacud i r e l peso de u n pasado muerto y dar a l uz u n orden verdadero nuevo » (52) .

(52) Manifeste au service du personnalisme. pág . 486.

Nota fina l . La educación denominada actualmente personal izada no brota espontánea­ mente ; es un correlato concreto en el quehacer educativo y del aprendizaje, de una ideo­ logía, filosófica y pedagógica, que se define personalista. El personalismo fi losófico de Mounier, de Lacroix, de Maritain ... pueden ser antecedentes, entre otros, de las nuevas concepciones sobre educación personal izada.

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