De cambios y continuidades: notas sobre la estructura del ayuntamiento de la ciudad de México después de la Independencia

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De cambios y continuidades:

notas sobre la estructura del

ayuntamiento de la ciudad de

México después de la

Independencia

Sonia Pérez Toledo

*

n la historiografía mexica- na sobre el siglo xIx es lu-

E

g a r c o m ú n q u e la inde- pendencia aparezca como un par- teaguaa, es decir, como un aconte- cimiento que marca de manera fundamental el inicio de una sene

de

cambios que modificaron drás- ticamente la evolución social, econ6mica y política del país. Ne- gar la importancia de los efectos del movimiento revolucionario que llev6 a la independencia sería, IZTAPALAPA 32

sin duda, un gran error. No obs-

tante, al menos desde hace una dé- cada los estudiosos de esteperio- do han empezado a destacar la ne- cesidad de retroceder al siglo xvin para comprender y explicar satis- factoriamente el impacto del movi- miento que llev6 a la emancipaci6n de la colonia española así como las primeras décadas de la etapa “nacional”.’ Explicar la forma en que se imbricaron elementos de diversa naturaleza (económicos,

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.«ciales. políticos y culturales asícomo internos y

extei'ncis a l espacio colonial) resulta desde luego fun- danicnlal para la coniprensión de este pr»ccso, sin eni- harto. tratar de hacerln en el espacio de que dispongc)

sería cii extremo prctcnsioso.

De

ahí que del amplio canipo de análisis

e

invcsti-

gaciiiii que daría lugar al estudio de este periodo, en

ius siguientes páginai shlo intento esbozar la lorma eii que los cambios de la época incidieron en la orga- nizacidii y cl funcionamientn interno del ayuntamien. t o de lit ciudad de México. En este sentido, conside-

rando que el estudio de esta entidad políticci-adiriinis- irativa llevaría a una investigation muy vasta y re-

quicrc UII espacio inis grande que el de un artículo (ya que sus [unciones y atribuciones eran muy amplias), result;i iiiás perlinenie mostrar la evolución del Cdhil- do cn una de sus iacetas. Para cl caso. a través de su

relaciiiii con los artesanos y Ins gremios durante los últiiiios años del siglo xviii y las primeras dCcadas del siglo X l X .

L 4 CIlII1AI) üb MhXICO SOCIEDAD Y

AL)MLNISTKACI~N DM FSPACIO

Alejandro de Humboldt. quien visiti, la ciudad de Mé- xico

en los

primeros años del siglo XIX. dejó una va-

liosa descripción de la entonces capital dcl virreinato. AI c0nipaI"dS l a capital de Nueva España con «Vas ciudades, destacaba ésta -según las palabras del via- jero alemán- por su extensión, por el nivel unihrnie del suelo que OcUpdba. por la regularidad y anchura dc sus calles y por lo grandiosn de las plazas púhli- a s : ILa ciudad del siglo XVIII, la que vio el viajera

tenia que ver con el trazo colonial, pero distaba mu- ch» de la conccpcih original que le dio el conquista- dor. Ya n« sólo se trataba de un habitat para los e s p ñolcs, pues enél convivian la opulencia y la iiiendici-

dad, los españoles y Las castas. Era una ciudad quc

había crecido

en

espacin y población y en la cual. por lo misnio, se enfrentaba un sinnúmero de problemas de niuy diverso orden.'

Lns efectos de la administración de los Borboncs cn la ciudad de finales del sigh xvill han sido d e w - - 10s por diversos cronistas, quienes elogiaron la aciivi- dad y energía desplegados por el virrey Revillagige- do. Son lugares comunes las reíerencias a los esíuer- 10s que se hicieron en torno a la mejora de las calles. el empedrado. las acequias y el alumbrado de La ciu- dad.

No

obsvante. es necesario indicar que la nueva

organización y administración.del espacio -de la quc enseguida hablaré- no pusieron punto final a muchos de los probleinas derivados no sólo del crecimiento de la ciudad, sino de la gran Iicterogeneidad social.

cconómica y étnica de su pnhlación.

En este seniido. en la ciudiid de México. conin en ioda ciudad del Antiguo Régimen. la posición de

u n

individuo dentro de la jeraquía social dependía de elementos tales

conic

el honor y prestigio. el origeri étnico, e1 sexo. la posesihn de un cargo

o un

oficio, así conio por eleiiicntos de naturaleza económica que,

cn conjunto, incidían en favor de la diversidad de su población. Tal heterogeneidad daba como resultado una scxiedad caracterizada por una prnnunciada di- versidad interna con una notable y coinpleja jerarqui-

/.¿cion social llena de contrastantes extreirios de po- breza y riqueza.' Un parámetro

para

medir la desi- gUd1dad y esUatifiCdCi6n SOckdl de la ciudad de

Méxi-

(3)

El

ayuntamiento de la ciudad de México ... 153

co lo constituye, por ejemplo, la distribución de la propiedad.

En

1813, como lo ha moslrado Dolores Morales, la concentración de

una

propiedad en

un

grupo reducido de

41

grandes propietarios urbanos contrastaba con el elevado porcentaje del (98.6%) de la población que no tenía acceso

a

la propiedad de

su

vivienda.’ Sin embargo, el análisis de la distribución de la propiedad no permite observar la compleja je- rarquización y gradación interna de los diversos sec- tores de la sociedad urbana del periodo colonial

y

de laprimera mitad del siglo XIX.‘

Esta gradación interna resulta evidente

aun

en el amplio sector que no tenía propiedad inmueble algu- na. Desde luego existía una gran diferencia entre el que era propietario de

sus

medios de trabajo

o

de sus

conocimientos técnicos, como el artesano, y el que realizabauna actividadpara la cual no se requeríauna mayor especialización. Asimismo, la posibilidad de acceder a

un

empleo coniribuía

a

establecer diferen- cias entre la población “decente” y aquellos indivi- duos cuya vida estaba entregada ai “ocio”, ai “vicio”

o actividades reprobadas por los cánones morales de la época. La apreciación que dejó Guillermo Prieto en

sus memorias

a

mediados del siglo XIX patentiza con

claridad estas diferencias7

En

relación con la organización y administración del espacio urbano, vale la pena apuntar que durante la segunda milad del siglo XVIII las autoridades virrei-

nales, imbuidas del espíritu reforinador y de la in- iluencia de la Ilustración de la que los Borbones eran tieles represenfantcs, se dieron a la tarea de sanear y embellecer la cdpital. El esiucrzo se encaminó hacia la búsqueda dc una nueva organización para dotarla de una mayor y mejor administración de justicia a

través de la división del espacio urbano en cuarteles

o entidades

y

jurisdicciones más pequeñas, pues ade- más de que “muchas antiguas

casas

estaban convert- idas en ruinas, el piso de la Plaza Mayor y otras pla- zuelas [estaba] defectuosamente nivelado”. Asimis- mo, era necesario combatir la delincuencia

y

los es- cándalos mediante la implantación de medidas de ca- rácter administrativo.’

Si bien es cierto que desde antes de 1753 se intentó la reorganización de la urbe, no

fue

sino años más tarde cuando en términos reales la ciudad de México adquirió una nueva organización que sobrevivió prác- ticamente todo el siglo XIX. Durante el gobierno de Martin de Mayorga, el oidor Baltasar Ladrón de Gue- vara fue comisionado para hacer la nueva división de la ciudad de acuerdo con el crecimiento que ésta ha- bía experimentado, así como el reglamento para de- terminar las funciones de las personas que se harfian cargo de velar por el orden y buen funcionamiento de la urbe.’ El trabajo realizado por el oidor fue aproba- do en 1782 y la real cédula que confirmó las ordenan- zas de la ciudad fue expedida cuatro años después. De acuerdo con estas ordenanzas, la ciudad fue dividida en ocho cuarteles mayores que quedaban bajo el cui- dado de los cinco alcaldes de corte que formaban la Sala del Crimen, el corregidor y alcaldes ordinarios con jurisdicción civil y criminal. Además de éstos, se estableció otro tipo de funcionario: el alcalde de ba- rrio quien, en la Nueva España, era nombrado direc- tamente por el virrey a propuesta del alcalde de cuar- tel. A diferencia de este último, los de barrio no tenían competencia judicial ya que en este aspecto se limita- ban únicamente a la instrucción de sumarias de deli- tos, de tal forma que las funciones que debían desem-

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I54 Soniu Yéri

peiiar caían en el ámbito judicial y lo adniinisvativo.

A

ellos correspondía, entre

otras

tareas’

... llevar un libro de folio para el registro de las casas de. obradores, comercios, mesones, fondai y tigones; le-

vimiar un padrdn de todos los vecinos y sus Iamilias, wlesiásticos y seculares

...

velar por la limpieza de ca- fierías y calks, [además de] discurrir y promover los medios para aumentar y fomentar la industria y las artes, %si como m i r a porque las viudas y huérfanos bc reco- gieran con personas honestas, los impedidos parca traha- jar en los hospicios y los varones donde pudieran

aprender un oficio.’“

En ovas palabras, a los alcaldes de barrio corres- pondía vigilar a la población y asegurarse de que se (xuparan en alguna actividad y, por lo mism«, eran los encargados de fomentar las artes y los oficios. Eran, en s u n u -como se establecía en las ordenanzas- los “padres políticos” encargados de velar y vigilar a la pblaci6n que vivía en su cuartel. Para cumplir

urn

este cometido, los alcaldes contaban con

el apoyo

de sus

auxiliares, un escribano y varios alguaciles.

De este modo, el espacio urbano de los últimos años del siglo XVIII fue dividido en ocho cuarteles maytaes, cada uno de los cuales fue subdividido en cuatro cuarteles menores sumando

éstos

un total de 32. Esta división del espacio urbano. como indiqué antes, sobrevivió

a

los sucesivos cambios y contlictos derivados de la guerra de Independencia y a la orga- n del país en república.” Los funcionarios del ayuntamiento -doce regidores perpetuos, seis regido- res honorariou. dos alcaldes ordinarios más los alcal- des de barrio o regidores- se ocupaban de los diversos

’ I Toledo

asuntos relativos

a

l a administración y policía de la ciudad a través de la formación de comisiones tales

como las de abasto, alhóndiga y pósito, policed, Junta de propios (que incluía asuntos de los gremios, iies-

ras,

repartimiento y asistencia

a

pobres).” LOS asun- tos concernientes a cada una de ellas eran remitidos a las personas que integraban la comisión, y

sus

resoiu-

ción

o,

en su defecto. para someterlos a una nueva discusión.

Las funciones alribuidas a los alcaldes de barrio, al igual que la división de la ciudad en cuarteles, sobre- vivieron a l a Independencia aunque con ligeras va- riantes. El alcade de

barrio (o

de cuartel) era todavía en el siglo XIX el “padre político” de la porción del pueblo que se le encomendaba, y era el que “asegura- ba protección, castigo y ~ o n t r o i ” . ’ ~ LOS auxiliares continuaron ayudando a los alcaldes

en

su cometido aunque, a finales de la cuarta década

del

siglo XM, bajo la denominación de jefes de cuartel

o

de mama- na. Estos jefes de manzana contaron, a su vez, con el auxilio de individuos a quienes se encomendaba vigi-

lar

cada una de las calles.14

Si bien es cierto que la división de la ciudad en cuarteles nrayores y menores, así como el nombra- miento de los hincionarios del ayuntamiento encarga- dos de

su

adminiStrdci6n continuaron prácticamente a lo largo del siglo XIX,

no

es menos cierlo que los acontecimientos de la primera y segunda décadas del whwientos motivaron algunos cambios

cn l a

estruc-

tura

la organización y el funcionamiento interno de la corporación municipal, como se verá d s adelante. El impacto de

1808,

con la desaparición del poder real, provocó

una

crisis fundamentalmente polftica de CiOneS pasaban las juntas de cabildo pard SU aproba-

(5)

El uyuntanziento de In ciudad de México

...

155

gran resonancia en los centros urbanos y , de mayor interés para efecto de este trabajo. alrededor de los ayuntamientos. De esta suerte, fueron estas corpora- ciones las que protagonizaron una de las facetas de la lucha que iievó a ia emancipación de la colonia.” Otras crisis s e presentaron ya en plena insurgencia. Entre 181 2 y 1813 el ayuntamiento y

sus

funcionarios tuvieron que enfrentar los cambios derivados de la adopción del republicanismo monárquico y la pro- inulgación de la Constitución de Cádiz. De hecho, la elección de ayuntamientos constitucionales en 18 12 hie objeto de una importante movilización en la ciu- dad de México.’6

Y

la constitución impuso algunas variantes en la estructura interna de la corporación municipal. De acuerdo con Pa constitución gaditana (promulgada en la capital de la colonia el 30 de sep- tiembre de 1812). en el mes de noviembre se debia proceder ü. la elección de los nuevos ayuntamientos.

Sin embargo. el triunfo de los criollos en la primera fase de las elecciones llevó a que el virrey Venegas suspendiera el proceso electoral y no fue sino hasta abril de 1813 cuando el nuevo virrey Calleja permitió que concluyeran las elecciones y se nOmbrUd a 16 regidores. dos alcaldes y dos síndicos.

Como de costumbre, una vez IIombrddoS los fun- cionarios de la corporacicín municipal se procedió a la formación de comisiones que se encargaran de los

asuntos de la ciudad, tal como lo establecía el artículo 321 de la Constitución de l8l2.”Algunos meses más tarde la “Instrucción para el gobierno económico-po- Iííico de las provincias”. decretada el 23 de junio de 1x13, sehaló que era obligación de los ayuntamientos vigilar la “policía de Sahbriddd y comodidad” por lo que sus funcionarios debían cuidar de la limpieza de

las calles, mercados, plazas públicas, hospitales, cár-

celes y casas de caridad

y

beneticencia, así como velar sobre la calidad de los alimentos de toda clase, verificar que en cada pueblo hubiera un cementerio, hacerse cargo de la desecación

o

de “dar curso a las aguas estancadas o insalubres” y, por último, de “re- mover todo lo que en el pueblo o en su término pueda alterar la salud pública

o

la de los ganados”; asimis- mo,” cumplir con lo que sobre la materia estuviera dispuesto en la Constitución

o

demás “leyes, regla- mentos u ordenanzas municipales,

en

todo lo que no

se

oponga a la presente instru~ci6n”.’~

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156

Sonia

P6rt.r Toledo

Así. la Constitución de Cádiz tanto coni0 la

“ins-

uuccidn” concedían al ayuntamiento, en lo general, las misnias atribuciones que antaño. Estas atribucio- nes continuaron siendo prácticamente las mismas en

los años siguientes, pues la Constitución de 1824 se- ñaló en su artículo cuarto que el gobierno político y económico debía ameglarse de acuerdo

con

la ley de junio de 1813, y los cambios políticos de los años subsecuentes tocaron más el aspecto

de

las elecciones

de

los ayuntamientos que los asuntos de su competen-

cia. Mientras que el decreto del 6 de julio de 1848

s61» suprimid las plazas de alcaldes constitucionales y las sustituyó por las de alcaldes de

manzana,

y la ley del 19 de mayo de 1849 únicamente suprimid estos cargos y en su lugar se nombraron alcaldes de cuartel cuyas atribuciones eran las mismas que las que ha- hídn ejercido los de los ayuntamientos y jefes de man-

Sin embargo.

no

todo había permanecido igual; algunas cosas cambiaron en el ayuntamiento en el (ranscurso de estos años. Un ejemplo de cónio se modificó en aigún sentido la organización y el fiincio- ndmiento interno del cabildo es el que tiene que ver con los gremios de artesanos, tema que se aborda enseguida.

?,I

rand.

EL. AYUNTAE/1IENTO, WS GKEMIOS Y LOS ARTESANOS

En el periodo transcurrido entre los últimos años del siglo XVIII y la primera década del siglo XIX fue c a m biando la base legal que sustentaba

a

los gremios. Algunos sectores de las élites ilustradas veían más a éstos como un obstáculo para el desarrollo de la pro.

ducción manufacturera que como una corporaci6n

útil y beuética y, por lo mimo, buscaron reformar- 1 0 s . ~ ’ EI Y de febrero de 1811 las

cortes

generales y extraordinarias declararon “que los naturales y habi- tantes de América [podían] sembrar y cultivar cuanto la naturaleza y el arte les proporcione en aquellos climas, y del mismo modo promover la industria ma- nufacturera y las artes

en

toda su exten~ión”.~~ Por su parte, la Constitución de 1812 estableció entre otras

COSdS la erección de ayuntamientos nombrados por elección indirecta y la fOrmdCi6nde una comisión de industria para promoverla. Finalmente, las Cortes, el 8 de junio de 181 3. “con el justo objeto de remover las babas que hasta ahorahan entorpecido el progreso de la industria decretan”:

23

.

1. Todos los españoles y los extranjeros avecinda- dos o que se avecinden en los pueblos de la Monar-

quía, podrán libremente establecer las fábricas o

artefactos de cualquiera

clase

que les acomnde, con tal de que se sujeten a

las

reglas de poli& adoptadas o que

se adopten para la saiubridad de tos mismos pueblas. 11. También podrán ejercer libremente cualquiera in- dusüia u oficio útil sin necesidad & examen, titulo o incorporación a los gremios respectivos, cuyas orde-

nanzas se derogan en esta parts.24

Con este decreto, que fue ubücado por el virrey

Calleja el 7 de enero de 1814, culminaba la serie de ataques a los gremios aunque no se prohibía su exist- encia. Los acontecimientos y debates que se dieron en el ayuntamiento en torno

a

estas corporaciones y al demeto

han

sido detallados ampliamente por Dorothy Tdnck y más recientemente

por

Felipe Castro GUM-

(7)

El

uyuniumiento

de

lu

ciudud

de

Mixico.

157

rrez. Cabe destacar sin embargo que aun antes de que las cortes emitieran tal decreto, en el seno del ayunta- miento de la ciudad de México se había discutido en torno a los gremios a causa de un memorial presenta-

do por el gremio de zapateros. En este documento se solicitaba que continuara en vigor una contribución que pagaban 10s oficiales “del medio semanal y real del ángel”. Dicho memorial suscitó el debate del 7 de miiyo entrc el rcgidor Juan Antepara en favor de los gremios q u i e n indicaba que éstos evitaban los frau- des y cngaños al público-, y otros dos regidores, Ra- Fael M;írquez y Francisco Manuel Sánchez de Tagle, conirarios a los gremios y de la opinión de que sc

debía dejar en absoluta libertad

a

los artesanos tanto en la elaboración como en la venta de sus manufactu-

ras. De esa discusión surgii, la propuesta de formar una c o m i s i h que se encargaría de revisar los regla- mentos de los gremios, la utilidad

o

los perjuicios que éstos pudieran tener, así como sopesar la convenien- cia de suprimirlos o reformarlos.26

En agosto de 1813. y una vez que los funcionaios dcl ayuntamiento tuvieron conocimiento

del

decreto de las cortes sobre la libertad de oficio (y antes de que

sc publicara el bando), el vcedor del gremio de car- pinteros elaborí, otro memorial en el que solicitó “se cunipiieran Ius ordenanzas y usos de

su

gremio”, pe- t i c i h que tuvo por respuesta que antes de resolver nada sobre el asunto seroa necesario esperar a la pu-

blicacih del decreto “que se haráde un d h a otro por el supcrior Gobierno”.”

A principios de 1 8 14, al nombrarse las comisiones del ayuntamiento que se ccuparían

de

los diversos asuntos relativos a la ciudad, la comisión encargada dc “promover la agricultura,

la

industria y el comer-

cio” uuedó en manos an Ignacio Vértiz. I :onde

de Reela, Manuel Terán, el coide de la Presa y Rafael Márquez, a quienes fueron remitidos los asuntos de los gremios en tanto que entre estos últimos existía, al parecer, una gran confusión sobre lo que era o no

procedente. Como había sido costumbre cada año, en los primeros días de enero los gremios procedían a la elección de sus representantes,

pero

en el estado de cosas de ese momento parecía que lo más sensato era consultarlo con el ayuntamiento, como lo hizo el al- caide y veedor del gremio de sastres. Tal como se habían presentado los acontecimientos, no resulta sorprendente la respuesta negativa que dio el ayunta- niiento al veedor

del

gremio. El dictamen del ayunta- miento establecía que:

... debían cesar semejantes elecciones en atención a que

Fdtaba ya el objeto de los empleos que en ella se corife- rían [...I todo Io cual no tiene en el día lugar respecto a haherse publicado ya por bando de este mes [el decreto de libertad de oficio por lo] que debían pedirse a los alcaides y veedores de los gremios las cuentas de la$ pensiones que hubiera cobrado para lo que hoy tiene un derecho inconcusoel ayuntamientoporhabersidode su inspección los mismos gremios?R

En 1814 Fernando VI1 regresó al trono y en marzo

de

1815 el monarca reestableció las ordenanzas de los gremios?9 suscitándose nuevamente la consulta sobre la pertinencia de la elecci6n de maestros mayores, alcaldes y veedores de los gremios cuya respuesta se pospuso hasta 1817, indicándose únicamente que los gremios estaban extinguidos, pero que era necesario que se formara un expediente con las disposiciones

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1sx

Sonia Pérez Toledo

sobre los mismos para establecer

un

dictamen acorde con ellas. Este dictamen favorable a la extinción de los gremios hie dado el 27 de junio de 1818, no sin antes provocar una amplia discusión en el cabildo de la ciudad de México.3o Finalmente, en 1820 con el triunfo del pronunciamiento de Riego, se public6 de nueva cuenta el decreto que ponía en vigor la extin- ción de los gremios de acuerdo con lo establecido por

las cortes dc 1813.’’

Tanto en 1815 como en 181 7 y 1818 fechas en que las actas de cabildo aportan información en torno a la polémica sobre la permanencia

o

no del sistema gre- mial, se puede apreciar que -al menos en la corpora- ción municipal- se impuso la concepción negativa que ccinsideraba sin sentido la elección de funciona- rios de los gremios a r d z del decreto. Asimismo, por Esas discusiones se puede apreciar que en el ayunta- miento imperó la idea de que los gremios se habían extinguido.

Así, a partir de ese momento, la junta de gremios y

los jueces, encargados de las elecciones de l o s funcio- narios de las corporaciones gremiales y de dirimir

sus

conflictos, desaparecieron como parte de las comisio- nes que se formaban cada

año

al nombrarse los fun- cionarios del ayuntamiento, con excepción del juez de escuelas. En

1818,

al formarse las comisiones de la corporación municipal, se indicaba que “desde la supresión de los gremios se nombra u n capitular con el título de Juez de Escuelas, antes de gremios”.32

Dos años más tarde, al ponerse nuevamente en vi- gor

ta

Constitución de la monarquía española, y de acuerdo con el decreto del 23 de junio de 1813, que- daba nuevamente establecido que “en la ejecucibn

de

lo que sobre el fondo de la agricultura, la industrid y

el comercio previene la Constitución, midará muy particularmente el Ayuntamiento de promover estos importantes objetos, removiendo todos los obsticulos

y

trabas que se opongan a su mejora y

pro gres^".^'

De tai Suerte, la lista de comisiones nombradas para el ayuntamiento consiitucional incluía U M comisión de-

nominada de Agricultura, Industria y Comercio que se encargaría de los asuntos de la ciudad relativos a

estas a c t i v i d a d e ~ . ~ ~

Esta comisión fue elegida durante los años siguien-

tes, en los que se sucedieron la consumación de

la

independencia, el efímero Imperio de Iturbide. un Triunvirato y la organización del país en república federal. con la Constitución de 18%.3’ No obstante

pard 1827 desapareció la comisión de Agricultura. Industria y Comercio de la lista de comisionados

y

apareció otra,

a

saber: la inspección de Obrajes y

Oficinas Cerradas.” El 5 de enero de 1827, a pro- puesta

de

uno de los síndicos, se aprobó el nombra- tniento de una comisión encargada de cuidar que sc tratara bien

a

los operarios de panaderías, tocinerías, curtidurlas y ~ b r a j e s . ~ ~ Pero ésea no cumplia bas fun- ciones que asignaron las comisiones del periodo co- lonial. además,

la

inspección dejaba de lado

a

una buena parte de los trabajadores y establecimientos iutesanales, lo que muestra cómo el ayuntamiento asumía en la prác:tica una actitud diferente de la que habfid prevalecido antes de la independencia

del

país. Esta comisión funcionó hasta 1831. pues al año

si-

guiente desapareció.

Durante los años siguientes, aun cuando no existió, como se vio línea.. arriba, una comisión dentro del cabildo encargada de asumir las funciones que otrora rediizara el juez de gremios, algunos a & ? S d I I O S Conti-

(9)

.

. , .

El

uvuntcimiento de la ciudud de México ... 159

nuaron recurriendo a la corporación municipal para solicitar examen o permiso para establecer talleres. Las diversas respuestas que dio el ayuntamiento niuestran la falta de claridad que existía

en

la corpo- ración municipal sobre lo que le correspondía autori- zar o no y qué comisión debía ocuparse de estos asun- tos. Un ejemplo de ello son dos solicitudes que arte- sanos de diferentes oficios hicieron llegar a la corpo- ración. En 1x21 los zapateros de la ciudad enviaron un manifiesto al ayuntamiento en el que solicitaban la reforma de lo que calificaban como el “torpe estable- cimiento introducido en el comercio de zapaterka”; la petici6n de los zapateros fue denegada “por ser

opuesta a la libertad actual del sistema”.3*

El 12 de agosto de 1822 los herradores y albéitares de la capital hicieron llegar otro documento

a

las au- toridades.

El

(curso que elaboraron estos artesanos

iba dirigido al jefe político y en él los herradores demandaban el cuniplimiento de la ordenanza de su gremio. AI día siguiente dicho documento fue envia- do a la diputación provincial, instancia en la que per- inaneció sin respuesta durante 10 meses hata que en junio de 1x23 fue enviado al ayuntamiento con el arguniento de que el asunto era de la competencia de

sabe cuál fue la respuesta del ayuntamiento, pues en las actas de cabildo s610 consta que el «curso se pasó

al síndico segundo.’9

Resulta difícil pensar que en los años que siguieron a la consumación de la Independencia el ayuntamien-

to de lri ciudad pudiera permanecer totalmente al mar- gen de la actividad productiva de los artesanos. Es probable que en estos años haya continuado de alguna lorinn vigilando y regulando tanto la apertura de ta- la corporación mUIlkipal; deSdfOfiUndddmente no Se

lleres como el funcionamiento de los ya existentes. La continua referencia a la existencia de talleres “públi- cos” pod& ser un indicio de relación o reconoci- miento por parte del ayuntamiento, aunque sólo exis- ten algunas evidencias al respecto.

en

particular las relativas

a

los herradores.

En 1 0 de mayo de 1822. en sesión de cabildo, se vio un escrito de José Antonio Pdafox, quien preten- día licencia para establecer un banco de herrar en el Callejcín del órgano. La solicitud fue enviada pua su dictamen

a

uno de los regidores. Otra solicitud del mismo estilo fue discutida el 23 de noviembre. En esta ocasión Juan Fonte solicitaba permiso para insta- lar su banco en el costado de la casa o cochera del alamadero, sólo que esta vez se acordó “que pase alos señores jueces de mercados para que regulen la res- pectivapensión y establezcan las condiciones que es- timen convenientes para el permiso que soiicita”.‘”

Un año después las solicitudes de herradores conti- nuaban llegando al ayuntamiento: en un ocurso del 19 de septiembre Antonia Arrkaga pidió que se le refren-

dara la licencia para que su banco de herrar situado en ei Puente de Andyd continuara

operand^.^'

Otros casos de esta misma índole fueron vistos

en

sesión de cabildo durante 1824. El 6 de marzo Dolo-

res Díaz solicitó permiso para trasladar su banco de

herrador de la espalda de la Segunda Ermita del Cal- vario a la calle de San Juan de Letrhl. y la solicitud pasó a manos del regidor

a

cargo del cuartel, quien al no encontrar inconveniente Io informó así al cabildo

y este úitimo autorizó el tras~ddo. En marzo. Carlos Mairet y Tomás Guilló pidieron licencia para poner un establecimiento de curtiduría en San Cosme; el asunto fue enviddo a1 regidor del respectivo cuartel y

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160

Sonia

P h e z Toledo

en abril se vio el informe del señor DoSamantes que indicaba “no encontrar embarazo en que se conceda dicho permiso”.32

En junio y agosto de 1825 el cabildo recibi6 dos solicitudes para el establecimiento de coheterías. La primera fue presentada por Benito Sánchez e iba din- gida al gobernador; el interesado pedía permiso para “abrir tienda pública de cohetería bajo las condicio- nes y circunstancias de todas los demás coheteros”. acordándose que “no hay embarazo en que el intere- sado ejerza su Arte”. L a segunda fue presentada por Manuel Ríos y corrió con la’misma suerte.43 D o s años

después, Isidro Silva solicitó permiso para abrir una cohetería en “la casa de su residencia”; el acuerdo de cabildo del 20 de agosto de 1827 fue que este «curs» pasara a la comisión de Policía.M

Resulta evidente a la luz de la información anterior que lai solicitudes para el establecimiento de talleres

no fueron enviadas

a

la comisión encargada de fo- mentar la agricultura, la industria

y

el comercio. L a revisidn de las actas de cabildo muestra que durante el tiempo que funcionó dicha comisión no se discu- tieron, al menos en las sesiones de cabildo, asuntos relativos a la producci6n manufacturera. Por otra par- te, la documentación del periodo que de alguna mane-

rit hace referencia a los productos elaborados por ar- lesanos tiene que ver más con los conflictos origina- dos entre los comerciantes establecidos en los merca- dos y los vendedores ambulantes de este tipo de mer- cancías. Por ejemplo, en 1824 los zapateros solicita- ban que

se

les concediera permiso para vender

sus

zapatos en el cd&jón de la Plazuela de Jesús, solici- tud que les fue denegada. En ese mismo año los co- merciantes de mantas solicitaron al síndico que pro-

moviera un OCUTSO para que se cumpliera el bando

que prohibía la venta de zapatos, ropa, muebles y

“‘cualquiera

otros

efectos en las calles públicas, y me- nos en las banquetas y esquinas”. Por

su

parte, los vendedores de rebozos establecidos en los mercados buscaron que se impidiera la comercialización de es- tos productos en las calles; el expediente promovido por ellos fue remitido a la comisión de mercados y

ésta respondió que:

... no encuentra [que] sea de sus atribuciones ni arreglado a justicia impedr que cada cual lleve y venda sus mer-

caderías

dondemejorlecumpiaasu vuluntady ventajas;

no siendo de los artículos que pur su naturaleza deban expenderse en puntos fijos para vigilar sobre sn condi- ci6n y

El acuerdo de cabildo result6 favorable para los

“reboceros vagantes”, debido a que se consider6 que

éstos eran en

su

mayoría fabricantes que acostumbra- ban abastecerse de hilo y vender al mismo tiempo sus

productos en

la

zona cercana a Palacio.46 En otras pahbrds, que eran artesanos que se encargaban, como cra costumbre, de la comerciaiización de

sus

produc- tos en la vía pública. Lo que indica que frente al vacío legal que privó en los

años

que siguieron

a

la Inde- pendencia, las costumbres de antaño eran las que con- tinuaban normando algunas de las prácticas de los artesanos.

Por su parte, el OCUTSO presentado por los mercille- ros y rosarieros en el que pedían que se les permitiera continuar vendiendo sus “efectos” en el sitio acos- tumbrado y la respuesta negativa del municipio, en el mismo año en que se favoreció a los reboceros, hace

(11)

El

uyuntamienio

de la ciudad de

México.

evidente que en el ayuntamiento

no

existía una políti-

ca

muy

clara al respecto

y

que muchas de las decisio- nes tomadas en el periodo fueron meramente coyun-

tura~es.”

En los

años

siguientes a 183 1 no aparece registrada la formación de ninguna comisión dentro del ayunta- miento que indique relación alguna con el artesanado. La inexistencia de una comisión encargada de la p o - ducción manufacturera en la corporación de la capital entre 1832 y 1840 bien puede ser el resultado de los continuos cambios y problemas de orden político,

aunque igualmente sugiere la inexistencia de una re- gulación y vigilancia en tomo a la producción

y

pro-

ductores artesanales de la ciudad de México, así como la dispersión de las funciones que antes se encontra- ban a cargo de comisiones específicas.

Finalmente, en 1841

se

instaló de nueva cuenta en el ayuntamiento la comisión de agricultura, industria

y comercio?* pues era deber del ayuntamiento “pro-

mover el adelantamiento de la agricultura e industria” así como “remover cuanto pueda oponerse de algún modo a ese ~ b j e t o ” . ~ ’

E igualmente se creó la “Comisión encargada de promover Cuanto juzgue conveniente a Pavor de los

artesanos pobres nacionales y de todas las personas

miserables”. Esta comisión

se

formó todos los

anos

a panir dc 1841 y funcionó al menos hasta 1856, fecha que excede los límites temporales de este trabajo.5o Sin embargo.

es

necesario indicar que

no

correspon- dió a esta comisión la autorización para establecer talleres manufactureros ni asumió las funciones que

eran propias al ayuntamiento colonial en relación con los artesanos

y

los gremios.51

161

NOTAS

1 Lynch, 1986 Anna, 1987; Hamnitt, 1990; Guedea. 1992; Rodríguiz, 1992; Vázquez, 1992.

2 Humboldt, 1984, pp. 118-119.

3 “El perímetro de la traza original, que separaba el recinto español de los bmios indígenas, estaba por completo des- bordado:.. aunque persistía la imagen de aquella división primaria.. el resto de la capital crecía con menos reguiari- dad”, Báez, 1967, p. 412.

4 Esta caractenstica no ea exclusiva de la ciudad de México,

para el caso francés véase Scwell, 1987, pp. 18-19; Soboul,

1971,pp. 11-14 y 1983,pp. 3840; Chevalier, 1973; ypara

el caso mexicano Di Telia, 1972 y Moreno, 1981 5 Morales, 1976, pp. 363-402; Moreno, 1981, pp. 304-305. 6 Alejandra Moreno indica que “la división de la pohlación

entre los qui algo poseeny los nopropietanos” siguió siendo válida en los albores del siglo XIX, y que esta percepción

está en la base de muchos de los escritos de Lucas Alamán.

Moreno. 1981,~. 305.

7 “El pueblo tenía sus jerarquías, su nobleza, su aristocracia. Un oficial barbero mira con tanto desdén a un peón albañil

como e1 más rico agiotista l o haría con un meritorio de

oficina. De la clase de léperos salen los albañiles, los tocine-

ros, los cargadores, los conductores de carros públicos, los

veleros, los curtidores. los empedradores de calles”. Guilla- mo Pneto, Memorias de

mis

tiempos. citado por Moreno,

1981, pp. 305-308. 8 Báez, 1967, pp. 409-410.

9 Véase “Bando del virrey Martín de Mayorga en que divide laciudad ...”, AGNM, Impresos Ofíciales, vol.XII1, exp. 16. fs. 61-63.

10 Báez, 1969. pp. 57-58.

(12)

2X V i a i e , AHCM, A.yuntumiento Comisiones. vol. 406. A l . -

tus de Cubildo Originales. vol.l 33, pp. 3. Y y 1 I

20 "A condición de que las Juiilas de Comercio y Monida las

exiuninariln p m d qiic. c m 12 apruhación tlc Las corpumciw

ncs. se camhiaraii las reglas q u i fueran 'pir;udicialalfi?incii~ ti> de las attic y... it uiia prudcntc liherrad' ... con rxcepciiiii lie 'tudo lo q u i p w d a causar monopolio por los riel grcmio. q u i sea per.intlicial al progresu de la urtw y lo qui impida

iil,iuxtA libertad qui todos timen il ejircer su industria ...".

Ilorothy Tanck indica q u i no existcn indicios <IC quc C S ~ C

documento Iligdr'¿ u lucra publicado i n la Nucva Erpah,

Tarick. 197Y. p. 320.

3 0 A H C M . Arms de Cubiido fJn~inules, vol. 137-A: Tanck.

il Tanck. iY7Y.p.3??:Castro. lYX6,p..!36.

32 V h i . AHCM. ~?uiitumienin-((>niisionrs. vol. 40h. inp. 11: Tanck. 1984.

33 Duiilin y i.nrario. IXXh. limo I. 1pp 41.3-421

34 AHCM. Avuritrrmirrzto-i'uiriisiorres. vol. 406. exp. 12.

35 Ihmthy Tanck plaited que iu consiiluciirii de 1824, al

gurar 18 lihertad i igualdad citjil. Iiacía qui el "grin~io. como < ii-giiiiiziiciOii cxi.oníimica de jmiducción y cornti institucióii ,jrrarquizadii'. ccsiiril "te6iicaicnti: de tcnir iibjcto". Tanck

i h AHCM. A~irntumi~nro-CuniislorrL.\. vol. 406, cxp. 1 .I c?! adclanle c~inispondicntcr a IOI a ñ r n 1827. 1828. 1 X2Y. I Xi0

lY7Y. pp. 320-322: Castro, IYXh. pp. 135-l1h.

iYX4.p ?Y

y 1x31.

17 AHCM. Ar.m dr Cubildo Orf,gfnalex. vol. 147-A. 1'. b.

38 AHCM, Idern.. vol. 141-A. 13 ilc tclrrerii di 1x21

IY AHC,W. Idem.. vol. 142-A. p. 423.

40 AHCM. Idem. vol. 142-A. pp. 244 y 620 corrcspondienirs

al IO di iniiyir y 23 de noviembre dc 1 X22.

(13)

El

ciyitntaniiento de la ~cii<d~id de Mixico.. 153

4 2 AH(iM./denr., vol. 144A.pp. 142(hdeinarzo). 171 y 183

(26 (IC ~ m r 7 < > y 2 <IC iihril respectivamente).

43 AHCM, Idem., vol. 145-A. O C U ~ S O S prcsintiidos CI 14 de iunio y el 9 de agosto pp. 338 y 471. respictiviimente.

44 AHCM. Idem., vol. 147-A, 20 de agosto de 1827.

45 AHCM. Ident. vol. 144-A. pp. 57, 126-127.182 y200. 4 6 AHCM. Idem., vnl. 144-A. pp. 57, 326-127. 1x2 y 2 0 0 . 47 El acuerdo de cahildo Sue simple y llanamente "Que no h s

"Ocurso de los mercilleios y rosariiros ..."

s de Cubildo OriKinule,s, vol. 144-A. p. 350.

48 AHCM.Ayuntamiint<i-Coin~.~iones. vol. 406. exp. 51. 49 "Representación del Ayuntamiento de esta Capital i n defeii..

sa de la Iiiduatria Agiículii y Fabril". México, Imprenta de

Ignacio Cumplido. f i h r a o 7 de 1841. AHCM. Comercio e

Indrrslriu. vol. 522, exp. 5.

S O En diferentes iiioincntoi pasaron por esta coiiiisih Antniiio %crecerii. Manano Kiva Palacio. Juan d i Dioa Lorciino. I ~ n u c i o Taglr y Valentín Góiner Farías. entre otros. AHCM.

A~irntuniipnir~-Coniisii~nes, vnl. 406. exps. 55 a 74. 5 1 Aii lo indica l a inlormación de Its il

en adelante,

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(14)

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