27 Agosto 2015
Pese a ello los envíos siguen cayendo
Mayor parte del sector exportador opera con tipo
de cambio sobre equilibrio de largo plazo
Los tópicos cambiarios han pasado a tomar nuevamente fuerte protagonismo. El último episodio de gran envergadura fue en 2011, en que varios factores convergieron en un desplome del dólar: un vertiginoso ascenso del precio del cobre por sobre los US$ 4 por libra, la intensificación de la crisis de deuda en la zona Euro y el lanzamiento del segundo programa de compra de activos de la Reserva Federal (QE3). En el mercado local el tipo de cambio se derrumbó a menos de $ 500 por dólar, gatillando la intervención del Banco Central.
En esta oportunidad los vectores han cambiado radicalmente de dirección: el precio del cobre se hunde en medio de enormes incertidumbres en China; EEUU se prepara para subir sus tasas de interés y finalizar su extenso programa monetario y la Eurozona deja atrás la fase más compleja de su recuperación. En Chile el dólar observado rompe la temida barrera de los 700 pesos, superando en más de 40% el precio medio de 2013. Este acelerado ascenso del dólar apunta de lleno a robustecer la competitividad real de los sectores exportadores. Ha sido lo suficientemente profundo como para compensar la caída en los precios internacionales de la mayor parte de los productos exportados por Chile y también para compensar los aumentos en los costos locales de producción. Con la actual cotización del dólar, cercana a $ 700, la mayor parte de los sectores exportadores se encuentra operando con un tipo de cambio real superior al de equilibrio de largo plazo ($ 634) y enfrenta un mayor atractivo en la actividad exportadora.
En efecto, nuestras estimaciones apuntan a que, para estar en un estado de equilibrio de largo plazo, los productos industriales requerirían de un tipo de cambio de $ 689, la industria de chips de madera, de $ 675 y los productos frutícolas, de $ 637.
La minería del cobre, en tanto, requeriría de un tipo cambio de $ 677, inferior a los 700 pesos que marca la cotización actual, pero que se compara negativamente con los $ 361 que el equilibrio de largo plazo requería en 2011. Ese año el precio del cobre se situaba en torno a los US$ 4,2 por libra, el doble de la cotización actual, dando cuenta del deterioro competitivo sufrido en los dos últimos años, que deriva en el aumento del tipo de cambio de equilibrio de largo plazo.
La harina de pescado, por otra parte, presenta actualmente el tipo de cambio más competitivo, ya que requiere un dólar de tan solo $420 para operar en el equilibrio de largo plazo. En este particular caso la mejoría del dólar observado se acopla a una mejoría importante en los precios internacionales, y que en junio último marcaron un avance de 24% en 12 meses.
El aumento del tipo de cambio ha dejado también en posición competitiva a otros sectores exportadores que operaban en años anteriores con mayores dificultades, como la industria alimenticia, la maderera y la frutícola. Sólo permanecen en la actualidad con algún déficit competitivo la industria metálica y los productos químicos, además de la industria de celulosa y papel, que no ha podido recuperar los niveles de precios que tuvo antes de la crisis global de 2008-09. Con todo, de acuerdo a nuestros cálculos, el 87% de la canasta exportadora enfrenta actualmente un tipo de cambio por sobre el equilibrio de largo plazo, lo que ratifica el fortalecimiento del atractivo económico del sector externo.
Según nuestras estimaciones, en su conjunto, el sector exportador chileno requiere un tipo de cambio de 634 pesos para situarse en equilibrio de largo plazo. Esto significa que el dólar observado estaría situado en torno a $ 60-70 pesos por encima del valor del tipo de cambio de largo plazo para la economía chilena. Esta estimación considera los valores de cierre del dólar observado de la tercera semana de agosto.
Porqué ha subido el tipo de cambio de equilibrio de largo plazo
El crecimiento del tipo de cambio de equilibrio de largo plazo, desde los $522 que registraba en 2013, a $ 550 en 2014 y $ 634 en la actualidad está fundamentalmente explicado por la caída en los precios internacionales de la canasta exportadora de Chile. Significa que con menores precios de exportación, se requiere un tipo de cambio más alto para operar en un equilibrio promedio de largo plazo, de manera de compensar la menor cantidad de dólares recibidos por nuestras exportaciones (en términos simples, menos dólares, más pesos por cada dólar).
En efecto, el panorama externo en materia de precios es contundente. No sólo han caído los precios de los productos mineros, sino también los industriales y agrícolas. El retroceso de precios medido al segundo trimestre de 2015 es de -11,5% en 12 meses, y de -12,1% en el primer trimestre. Lo productos industriales en particular, que aíslan el efecto del descenso del precio del cobre, marcan una caída de -9,3% en junio, completando tres trimestres consecutivos de caídas. Los productos silvoagropecuarios registran un descenso interanual del orden de -6% promedio a lo largo de los últimos dos trimestres. El índice de precios externos relevante para Chile presenta una caída de más de 9% interanual a lo largo de todo el segundo trimestre.
Las razones de este pronunciado deterioro del frente externo se relacionan con la apreciación del dólar en los mercados internacionales, y también con la debilidad que presenta la economía china, importador clave de productos minerales y alimenticios. Las recientes minidevaluaciones del Yuan contribuyen en la misma dirección, presionando a la baja a los precios en dólares y a alimentar la fuerte caída en la inflación internacional. El régimen de tipo de cambio flexible de la economía chilena permite que estos cambios en la arquitectura del comercio internacional se hagan visibles a través de un aumento del dólar observado, que contrapesa la caída de precios y el deterioro de ingresos que esto genera a las actividades de exportación.
El aumento del tipo de cambio por sobre los valores de equilibrio de largo plazo representa una ganancia de competitividad absoluta que robustece al sector exportador.
Efectos del alza de tipo de cambio en las exportaciones
Los efectos esperados de un aumento importante y sostenido del tipo de cambio como el que se ha observado en Chile se relacionan con el aumento de los quantum exportados y un impacto positivo en el PIB. No obstante, nada de eso ha ocurrido por ahora. Los quantum exportados -no cobre- cayeron en -10,7% en junio, el mayor descenso desde la crisis de 2009 y las exportaciones industriales en particular, retrocedieron en -13,4%. Estos antecedentes dejan a la vista que por ahora el sector exportador no está respondiendo al mayor atractivo del frente exportador, lo que tiene diversas causas:
En primer lugar, la debilidad por la que atraviesan importantes destinos de las exportaciones chilenas, como es el caso de Asia -particularmente China-, y América Latina, regiones que en conjunto concentran el 54% de nuestros envíos industriales. De las exportaciones silvoagropecuarias, estas mismas dos regiones reciben el 30% y 10% respectivamente. Tanto Asia como Sudamérica están ancladas por el ciclo de commodities, y nuestras exportaciones están fuertemente orientadas hacia ambas.
Gran parte de nuestros mercados de destino también están experimentando una mayor debilidad de sus monedas frente al dólar, lo que los dota de mayor competitividad cambiaria en otros mercados en los que compiten con Chile, y que al mismo tiempo desincentiva sus importaciones, incluyendo las provenientes de nuestro país.
La debilidad de la economía chilena y la falta de respuestas en términos de inversiones y creación de empleos afecta transversalmente a todos los sectores productivos, lo que se relaciona, entre otros muchos aspectos, con la caída de expectativas y diversos focos de incertidumbre que afectan a la actividad empresarial.
Todos estos antecedentes plantean un desafío relacionado con capitalizar el nuevo potencial del sector exportador ante el radical cambio en los precios relativos en la
economía chilena. Estos cambios no parecen ser transitorios, como los que vimos en los episodios anteriores de crisis. Una respuesta efectiva en la economía chilena permitiría mitigar los efectos en inflación y crecimiento, pero para ello es punto de partida un fortalecimiento en los pilares internos de confianza y expectativas.