Y si se sale

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Título Original:

¿Y, sí se sale?

Autor:

P. Daniel Albarrán

Portada: P. Daniel Albarrán Depósito Legal: Escrita en Barcelona-Venezuela Febrero, 2010 e-mail: dalbarranu@hotmail.com Página Web: daniel-albarran.blogspot.com

Impreso en los talleres de Impre Press Calle La Línea, N. 34

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Capítulo 1

La estación de radio transmitía el encuentro de futbol en esa tarde. Era una partida de futbol importante para la selección nacional. De allí dependía su clasificación y el pase a la siguiente ronda.

En ese momento el árbitro había sentenciado un penalty. Todos estaban con los nervios de punta. El mejor jugador estaba detrás del balón, en todo el punto blanco señalado para esas circunstancias, esperando el pitido que saliera de la decisión del juez del encuentro, para salir corriendo y asestarle un puntapié a la pelota, y con ello emparejar las acciones, y mejorar los resultados, que les eran adversos hasta ese momento. El arquero del equipo contrario se movía justo en el medio como para ayudar a que su rival se desconcentrara y errara su objetivo. El arquero movía los brazos, balanceándose de un lado y del otro.

La gente en las tribunas sudaba. El momento era muy tenso. Unos esperaban el gol. Otros deseaban que el arquero atajase el tiro, o que la pelota pasara por un lado de la arquería, y que no entrara a las redes. Unos y otros tenían sus intereses y sus angustias en ese mismo momento, en la misma circunstancia y en el mismo

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lugar, tiempo y espacio. Todos sudaban y transpiraban copiosamente. La realidad era la misma. Unos porque no. Y otros porque si. Unos a favor. Otros en contra. Cada uno de los que estaba en el Stadium había tomado partido, o a favor, o en contra. No había la posibilidad de permanecer indiferente, por lo menos, en ese justo momento del penalty. Imposible quedarse sin querer nada. O se quería que hicieran el gol. O se quería que no se hiciera. A eso se había ido a la cancha de futbol ese día, o a perder con el equipo, o a ganar. Y, en ese momento, todo dependía de uno solo, en ambos lados. De un lado, del que estaba detrás del balón para hacer que tocara la red del equipo contrario. Pero que tocara la red por la parte de adentro, que significaría su gozo y su fiesta, además de la algarabía de los que estaban con él en ese momento. De tocar la red por la parte de afuera, entonces, la algarabía y la fiesta sería para los que estaban con el arquero, que se movía como chimpancés, hacia la izquierda y hacia la derecha de su propio cuerpo a la cadencia del movimiento de sus brazos, en forma de balanza o del sube y baja.

Todos sudaban.

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Capítulo 2

Los que no habían podido ir al Stadium, y que hubiesen querido ir, seguían los acontecimientos a través de la radio. Y también tenían sus aspiraciones. O porque si. O porque no. Por eso seguían la transmisión y no se perdían detalles. Tenían un elemento a su favor, que era su ventaja, pero que era, al mismo tiempo, su desventaja. El elemento era la imaginación. Al escuchar lo que iban diciendo los locutores, se imaginaban muchas cosas, además de las dichas por los profesionales de la estación de la radio y de los expertos del futbol con sus estadísticas. Cada cual se imaginaba lo que decían, por eso se lo imaginaban, y para eso estaba la tarea de la radio; pero, también se imaginaban sus propias cosas de su propio cultivo, porque era imposible no imaginar si se estaba siguiendo la transmisión del partido de futbol. Porque para eso se seguía el

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“lástima” de lo que se están perdiendo. Y así era. Una lástima. Por lo menos, justo en ese momento del penalty.

Algunos de los que estaban siguiendo la transmisión por la radio añoraban estar en las gradas del campo de juego. No era suficiente la imaginación y querían verificar lo que imaginaban, por lo menos, en ese momento en que los resultados dependían de dos jugadores. De uno que acertara. Y de otro, o de que no acertara el primero, o de que atajara él mismo. La suerte del segundo dependía de un 150 por ciento. Mientras que la del primero de un 100.

Y todos sudaban. Transpiraban. También los que estaban escuchando el encuentro de futbol por la radio. Y quizás más, porque la imaginación era doble. Por un lado, de lo que imaginaban de lo que iban diciendo los locutores, y por otro, de lo que ellos mismos imaginaban de lo que iban imaginando. Y transpiraban, quizás, más que todos de los que estaban en el Stadium, que no necesitaban de la imaginación porque estaban viendo las cosas tal como estaban sucediendo. Aunque también sudaban.

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Capítulo 3

El jugador que iba a chutar el balón, para igualar el resultado, estaba frente al balón. O detrás del balón, para darle la patada. Todo dependía de él. No tenía otra obligación. Su responsabilidad era grande. Todos gritaban. No se sabía diferenciar a los que gritaban porque sí, de los que gritaban porque no. Todo era griterío. El jugador sudaba. No necesitaba la imaginación porque tenía una realidad frente a sí. Grande compromiso. No podía imaginar. Tenía que estar concentrado. La imaginación para él, en ese momento, significaría el descuido. Y sudaba.

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Se desesperaba solo por imaginar. Y sudaba mucho más. Más que el que estaba escuchando por la radio, que sí necesitaba la imaginación, y que también sudaba, pero que era distinto en el espacio, en el tiempo y en el lugar, a pesar de la misma circunstancia, que era el penalty.

Sudaba el que estaba frente al balón para chutarlo. Era la oportunidad del equipo.

Sudaba el jugador que tenía la tarea de no dejar que el balón pasara por su dominio, porque para eso estaba ahí.

Sudaba el espectador. También los de la radio. También los oyentes.

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Capítulo 4

La situación era muy tensa.

Todos sudaban. Unos de una manera. Y otros de otra. Con diversas y variadas intensidades. Todos transpiraban. Unos, más. Y otros, menos.

También sudaba el árbitro. Y sudaba porque tenía que correr por toda la cancha para poder cumplir bien su tarea, aunque tenía la ayuda de los dos árbitros auxiliares que corrían por sus respectivas bandas. También corrían y también sudaban. Ahora, los tres árbitros

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valor equivocados. Pero para eso los habían contratado. Para que fueran jueces y tomaran las decisiones que se tuviesen que tomar.

En el caso del penalty cabía la posibilidad de no haber sido justo. Pero tenían esa facultad, de equivocarse. Tal vez no se había equivocado, o tal vez sí. A los que les favorecía el penalty, el árbitro no se había equivocado. Pero, para los que no les favorecía, el árbitro estaba vendido. La rechifla en el Stadium le hacía pensar que se había equivocado. Pero, los aplausos en ese justo momento le indicaban que no se había equivocado. El problema era un problema, porque si pitaba era un problema, y si no, también lo era.

La situación estaba muy complicada.

Muy delicada para el equipo que hasta ese momento iba ganando. Porque cabía la posibilidad, casi cierta, de emparejarse los resultados. Y eso complicaba las esperanzas en el campeonato.

Pero la situación se presentaba, justo en ese momento, y a partir de ahí, como posibilidad, también casi cierta, pero no segura, para el equipo que iba a chutar el penalty. Porque sería pasar de menos a iguales. Y las cosas le favorecerían.

Y todo esto podría ser visto como responsabilidad del árbitro, o porque si; o, porque no.

Situación para sudar. Como todos los estaban en ese momento.

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Capítulo 5

La situación estaba tensa.

Se sentía odio. Porque el penalty podría ser una injusticia. Se sentía alegría. Porque el penalty era el resultado del dominio del equipo que iba a chutar. Por eso había recibido la falta, porque su dominio era muy asfixiante para el equipo que había cometido la falta. Por eso la había cometido. Era el último recurso en ese justo momento. No tenía alternativa. Y si no hubiese cometido la zancadilla al jugador contrario, tal vez, hubiese metido gol. Y de igual manera hubiese empatado los resultados.

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Capítulo 6

La cosa estaba complicada.

El jugador que había cometido la falta se sentía culpable. Por su acción las cosas se iban a poner como estaban a punto de ponerse. Si no hubiese metido el pié como lo metió al jugador que derribó, no hubiesen cantado el foul. Entonces, las cosas no estuviesen como estaban justo en ese momento del penalty.

El jugador que había fauliado sentía que el arquero le reclamaba con su mirada. Miraba a los otros jugadores en la banca, e, igual sentía que le hacían muecas con la boca en señal de reprensión. El director técnico no hacía nada. Estaba con los brazos cruzados. Y eso significaba para el jugador, un reclamo o como un clarito reproche.

El jugador fauliador, en ese justo momento del partido, no tenía confianza para mirar a las gradas. Aquello le apabullaba. Lo intimidaba. El abucheo lo sentía, tanto de los que si, como de los que no. Porque unos estaban descontentos por su comportamiento; y, otros estaban rabiosos por su bajeza.

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Sudaba mucho el jugador que había cometido la falta. Tal vez más que el arquero; o más que el que iba a chutar la pelota.

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Capítulo 7

El árbitro temblaba.

Estaba asustado por la decisión que había tomado. Miraba al jugador fauliador y sentía que lo miraba con odio. Tal vez le estaba diciendo que esa patadita y esa zancadilla, no eran para tanto. Quizás le estaba diciendo que por su culpa, las cosas estaban como estaban.

El árbitro estaba como a punto de palmotearle el hombro al jugador que había cometido la falta. Pero no se atrevía. Perdía la autoridad en el campo. No podía. No debía.

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Capítulo 8

Algunos de los que estaban escuchando la transmisión del partido de futbol, aquella tarde, estaban furiosos. Todo iba bien. La sentencia. La transmisión.

Para otros, todo iba bien. Menos, la sentencia.

La radio, en algunas partes, ya no transmitía. Todo quedaba en suspenso, justo en ese momento del penalty. A rabiar de la rabia y de la impotencia de los acontecimientos, justo en ese momento.

Se había ido la electricidad y no había energía para que los radios transmisores recibieran la señal de la radio que estaba transmitiendo el partido de futbol de esa tarde.

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Capítulo 9

Otros seguían escuchando la radio, justo en ese momento del partido.

Algunos que iban en sus automóviles llevaban la radio encendida. Sus vehículos tenían energía acumulada y renovada por el movimiento de los motores. Todo iba igual. Nada cambiaba.

Todo a punto del penalty.

Y todos iban, o por un si; o, por un no. Muy pocos sufrían de imparcialidad, aunque no les gustara el futbol. Pero se trataba del país. Y el país generaba toma de posturas, o por si; o, por no, justo en ese momento del penalty.

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Capítulo 10

Las cosas estaban un poquito más que complicadas. Estaban en ebullición. A punto de tormenta.

La federación de árbitros tenía que analizar la decisión que el árbitro de ese partido en concreto había tomado. Cabía la posibilidad que el equipo al que le habían decretado la falta, pudiese alegar. Además de alegar, pudiese utilizar influencias y hasta utilizar chantajes. Se movía dinero de por medio.

Se complicaba.

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Capítulo 11

El árbitro pudo haber complicado más las cosas. Pudo haberle sacado tarjeta roja al jugador. Pudo haberlo expulsado.

Se hubiese complicado más. Todo por un penalty. Un jugador menos en la cancha para defender la diferencia que los tenía ganando. O, en caso posible, en defender el empate. Todo, si el jugador que iba a chutar metía el gol. Pero cabía la esperanza que errara el tiro.

Si errara el disparo a la arquería, las cosas serían favorables para unos; y, lamentables para los otros. Unos harían fiesta; y otros, harían duelo. O lo contrario. Pero quedaba mucho tiempo para jugar.

Lo que faltaba para terminar el juego, se presentaría interminable para los que iban ganando. Y demasiado poco para los que iban perdiendo.

Las cosas como estaban, tenían a todos sudando. Y sudaban copiosamente.

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Capítulo 12

El jugador fauliador tenía que estar agradecido del árbitro, a pesar de todo.

Una tarjeta roja hubiera sido un triple golpe. Por una parte, sería expulsado inmediatamente del partido y tendría que salir de la cancha. Se le sumaba a esa posibilidad la chiflada y el abucheo del público. Sería una carga moral muy fuerte, a esas alturas del partido.

Por otra parte, quedaba suspendido para el siguiente partido de futbol en el campeonato. En caso de que el equipo ganara ese encuentro. Pero, por ahora era más que necesario que empatara. Cosa que estaba a punto. Pero, que tal vez no.

La tercera consecuencia era la multa correspondiente que tenía que pagar.

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Capítulo 13

Por otra parte, el fauliador sudaba.

Tenía miedo de que el jugador al que le metió la zancadilla y al que tumbó en la misma acción, tomara represalias contra él.

El fauliado había dado varias vueltas en la grama.

Se había agarrado la pierna. Se la sobaba insistentemente. Se había bajado la media. Se había quitado la canillera. Se sobaba. Por los gestos de su cara, le dolía la pierna.

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Capítulo 14

A lo mejor, no era para tanto.

Y el jugador fauliado había exagerado. Era posible.

Pero el partido a esas alturas del juego lo ameritaba. Las circunstancias del equipo que iba perdiendo, había aprovechado la ocasión para intentar lo que había logrado. Había sido una buena actuación. O era pura pantallería. Y el árbitro había entrado en el juego del juego de la actuación del que se había caído ex-profeso para buscar el foul, que no era, pero que había sido sentenciado. Ese era el objetivo. Lo demás, estaría por verse.

También sudó el jugador fauliado en el momento de la caída. Ya sudaba por la acción de las carreras del juego detrás de la pelota, estuviera la pelota donde estuviera, ya en los pies de los contrarios, ya en los pies de los de su equipo. Sudó un poquito más por la adrenalina al intentar sobre-actuar en la caída. Y si le sacaban tarjeta amarilla, o tal vez roja, por fingir. Si el árbitro, o uno de los

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auxiliares del principal, estimaban que no era verdadero, y no era para tan extremada la metida de la pierna del jugador que había metido la zancadilla.

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Capítulo 15

Cabía la posibilidad que el jugador que había recibido la falta se estuviera riendo y disfrutando. Tal vez un poco más porque había logrado el objetivo. Era el juego y todo era válido. Justo en ese momento.

También era posible que el jugador fauliado sintiera que el que lo había fauliado lo estuviera mirando con odio. Tenía motivos. Tal vez sentiría que se le iba encima a darle su merecido.

El jugador que había recibido la falta sudaba. También sudaba por su acción.

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Capítulo 16

Las cosas estaban realmente complicadas.

Los patrocinadores de los equipos habían colocado las propagandas y los logotipos de sus empresas en las franelas de cada uno de los equipos. Se sentían orgullosos de patrocinar el deporte.

Los jugadores llevaban las marcas de los empresarios en sus camisetas.

Eso hacía que tuvieran apoyo económico. No les faltaba. Pero eso mismo beneficiaba a las empresas porque la gente compraba o adquiriría después, o ya lo habían adquirido antes, las cosas que se vendían en esas empresas que patrocinaban el deporte.

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Capítulo 17

Pero todo se complicaba más y más.

Las empresas que no habían invertido en el futbol sufrían porque sus nombres no estaban en las camisetas. Eso no les generaba ganancias.

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Capítulo 18

Todo estaba a punto.

Todos sudaban. Transpiraban.

Las mujeres disfrutaban del espectáculo en la cancha. Todas miraban al jugador que le inspiraba cosas bonitas. Algunos jugadores tenían piernas musculosas. Otros jugadores eran agraciados. Otros tenían bonitos pompis. Las mujeres buceaban.

Eran 22 hombres los que estaban en la cancha. También los árbitros, que eran 3 más. También, alguna que otra miraba a los árbitros. También tenían sus encantos.

Todos sudaban. A ellas les fascinaba que ellos sudaran.

Ellas también sudaban. Transpiraban. Sus fosas nasales se ensanchaban.

Las circunstancias daban para eso. Todo justo en el momento del penalty. También antes. Y ahora.

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Capítulo 19

Los jugadores sabían que eran admirados. Unos más. Otros menos.

Eran admirados por su futbol.

También admirados por sus atributos.

Entre los jugadores se rivalizaban. El que más. Y el que menos.

Cada uno buscaba llamar la atención. La adrenalina trabajaba a millón. Sudaban.

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Capítulo 20

Se complicaban las cosas. Cada vez más.

Los jugadores rivalizaban. También con los del equipo contrario. Por eso jugaban. Para ganar. No para perder. También en ser más vistos.

Sus vanidades aumentaban. Lógico. Natural.

Rivalizaban. Competían. Ser el mejor era el objetivo. En la cancha. En el juego. En la atención. De ellas. De todos.

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Capítulo 21

El que iba a chutar el penalty tenía la atención de todos. Especialmente de todas. Tenía una ventaja. Era el centro de las miradas. Todo giraba en torno a él. Se sentía grande. Lo era.

Los otros 10 jugadores del equipo al que le favorecía el penalty rivalizaban. También querían llamar la atención. Buscaban ser el centro. Muy normal. También los 11 del equipo contrario.

Algunos de los del equipo que iba a chutar el penalty querían que se metiera el gol. Otros, querían que el jugador lo errara. No atinar a hacer el gol, les favorecía a algunos en su orgullo, pues también eran buenos como el que iba a chutar. Tal vez mejores. O, quizás, tan buenos.

Sólo era cosa de oportunidades. El la tenía justo en ese momento. Ellos no.

Sudaban. Transpiraban copiosamente.

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Capítulo 22

Las chicas en el Stadium también sudaban. Transpiraban. También entre ellas había rivalidades. A unas les llamaba la atención unos jugadores de la cancha. A otras, otros. Y también sudaban.

Estaban de acuerdo. También en desacuerdo. Muy complicada la situación.

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Capítulo 23

El arquero en su puesto. Esperando que el jugador del equipo contrario chutara. Las medidas de la arquería se sentían grandes para el arquero. Pero se veían pequeñas para el que iba a chutar.

Los dos estaban concentrados. No podían pensar distinto. El arquero estaba seguro que iba a para el penalty. Para eso estaba ahí.

El que iba a chutar estaba seguro que iba a meter el gol. Estaba justo ahí por eso.

Pero, cabía la duda. Y ¿si, no? Posible en las posibilidades.

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Capítulo 25

Todo era cuestión de detener la pelota para que no entrara. Y todo seguiría a su favor, a pesar del penalty.

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Capítulo 26

Todo era cuestión de meter el gol. Y todo cambiaría. Se igualaban los resultados. Eso favorecería. Mejoraba la situación.

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Capítulo 27

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Capítulo 28

Faltaba el silbido que saliera del pito del árbitro. Antes no podía ser.

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Capítulo 29

Y era justo así.

Si el jugador chutaba antes, se merecía tarjeta roja. Lo expulsaban.

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Capítulo 30

Si esperaba mucho después del pitido del árbitro, también podría sufrir una tarjeta roja.

Había que esperar. Había que obedecer. Justo en el momento preciso.

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Capítulo 31

El mismo tiempo, espacio y lugar. Exigía concentración.

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Capítulo 32

Los periodistas que estaban cubriendo el momento, estaban atentos.

Los fotógrafos de los reporteros de las noticias estaban a punto.

Las cámaras estaban apuntadas. Algunas. No todas. No se podía esperar. O, ahora; o nunca.

No habría repeticiones. El gol sería gol. Y el no gol, sería no gol. Sin segundas oportunidades de ese mismo momento. Irrepetible.

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Capítulo 33

Los fotógrafos-reporteros tenían que estar muy atentos. Sin descuido.

Los que no habían podido ir al Stadium, esa tarde, y los que no podían seguir la transmisión por la radio, ese día, esperaban enterarse de los resultados al día siguiente por el periódico.

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Capítulo 34

La foto inmortalizaría el momento. Muy importante. Sudaban los reporteros con sus cámaras de fotografía. Muy atentos.

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Capítulo 35

Al día siguiente, muchos se enterarían del partido de futbol, por el periódico.

Muchos se alegrarían. O se pondrían tristes. La historia.

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Capítulo 36

El jugador que va a chutar el penalty, se re-acomoda las medias.

Se estira la camiseta.

No aparta su mirada del balón y del arco, a donde va a chutar. Transpira. Suda. Su respiración está agitada.

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Capítulo 37

El arquero mira a ambos lados de su arquería. Mide bien las distancias.

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Capítulo 38

El arquero mira los pies del jugador que va a chutar. El arquero transpira. Suda.

Se moja los guantes con saliva.

Dispuesto a trabajar. Es su trabajo. Ahí va. Esperando que venga.

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Capítulo 39

Muy emocionante. Todos transpiran. Sudan.

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Capítulo 40

Sudan los fanáticos del Stadium. Los de porque sí; y, los de porque no.

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Capítulo 41

Comienza a hacerse silencio. En las gradas.

Se mandan a callar unos a otros. Atención. Mucha atención. Viene el momento.

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Capítulo 42

Algunos de la hinchada se agarran la cara. Se la oprimen. El momento es tenso.

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Capítulo 43

Otros muchos se muerden los labios. Otros la lengua.

Muchos entrecruzan los dedos. Todos la ligan. Unos porque sí; otros porque no.

El árbitro se lleva el pito a la boca. Los fotógrafos apuntan las cámaras. No voltean. Mucha concentración. Todos sudan.

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Capítulo 44

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Capítulo 45

Sale corriendo hacia el balón el jugador que va a chutar. El arquero se agita. Espera. Se mueve.

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Capítulo 46

Las gentes del Stadium miran. Muy atentos.

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Capítulo 47

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Capítulo 48

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Capítulo 49

Silencio.

El penalty se está cobrando. Llegó el momento. Se sabrá. Hay que esperar lo que resulte. Muy complicado.

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Capítulo 50

Los flashes de las cámaras. Uno, dos, tres... Son muchos... Flash... flash... flash...

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Capítulo 51

El penalty. La patada.

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Capítulo 52

Ahí va el balón. Silencio.

Hay que respirar. Transpirar copiosamente. No se sabe. Ahí va.

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Capítulo 53

El arquero mira el balón. Fue pateado el balón, con mucha fuerza y energía.

Ahí viene.

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Capítulo 54

El balón ahí va. El balón ahí viene. El balón está yendo.

Complicado. Muy complicado. Todos sudan.

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Capítulo 55

El jugador chuteador ya hizo lo que tenía que hacer. Hay que esperar.

¿Qué será? ¿Será gol?

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Capítulo 56

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Capítulo 57

El balón ahí viene.

El arquero está cumpliendo su trabajo. Se mojó las manos con saliva. Está trabajando. Ahí viene el balón.

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Capítulo 58

Suspenso.

Ya todo está hecho. Hay que esperar.

Todos esperan. Unos porque si; otros porque no.

Complicado. Muy complicado, justo en ese momento que ya se cobró el penalty.

Hay que esperar la trayectoria. Silencio.

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Capítulo 59

Ahí va el balón... ¿Y, si no entra? ¿Y, si se sale?

Ahí va el balón. Ahí viene. Todos sudan. Hay que esperar...

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Capítulo 60

Hay que ver las noticias en el periódico al día siguiente.

La historia de lo que fue y de lo que sucedió en el partido de futbol de esa tarde.

Ahora... Todos sudamos...

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Libros del P. Daniel Albarrán 1. La crisis del Rey David

2. Judas Iscariote, uno de los doce

3. Preguntas y respuestas de todo cristiano inquieto 4. Los Dos

5. El Viaje

6. Así en la tierra como en el cielo (reflexiones de poeta sobre el Padre nuestro)

7. En los sueños se dan respuestas de la vida diaria 8. Y comieron del árbol

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18. Por culpa de la tripa (o gracias a ella)

19.La Libertad de los Hijos de Dios 20. Debajo de la matica

21. Chévere, cambur pintón

22. Todavía no ha estirado el rabo la puerca 23. Calzón quitao y Cabeza pelá

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