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KIT BÁSICO DE SUPERVIVENCIA EMOCIONAL

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KIT BÁSICO DE

SUPERVIVENCIA

EMOCIONAL

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Prólogo

Nos encanta tener problemas –depresión, estrés, falta de motivación o de entusiasmo, apatía, frustración- y, si son espectaculares y nadie más los tiene, perfecto. ¡Ya has conseguido lo que querías! Como no te permites hacer lo que verdaderamente quieres con tu vida y ser tú mismo/a, como crees que eso es imposible, te has de inventar problemas para llamar la atención.

Tenemos dos alternativas: o te llamas la atención a ti mismo/a –realizas tus deseos y te enfocas en tus objetivos- o tiendes a llamar la atención de los demás. Para mí es casi una ley de la vida. La vida consiste en darte tú la importancia o que te la den. Cuando tú te la das, puedes conseguir lo que llamaremos autonomía emocional. Cuando necesitas que te la den te conviertes en un esclavo/a, dado que dependes de que otros te la den.

Nos encanta tener problemas. En este libro se te dan muchas soluciones para enfrentarte a esos problemas pero te avanzo una cosa. No creerás que tus problemas tengan solución. ¿Sabes por qué? Porque si solucionas tus problemas se te acaba el cuento, ¿con qué nos vas a impresionar ahora?, ¿qué historia te habrás de inventar para que tu vida tenga salsa, para que puedas contar algo a tus amigos? Parece que hablo de un <<culebrón>>, ¿no es verdad?, pero tú te mueres de ganas de que tu vida sea un <<culebrón>> en toda regla, que venda más capítulos que la serie de televisión más cotizada.

En este libro voy a contar que no quieres resolver lo que te produce malestar emocional, que no te da la gana. Sí, soy claro. No quieres resolverlo. Leerás –por lo tanto- este libro, como de reojo, con un pie dispuesto a saltar. Cuando escuches lo más mínimo que te guste, ¡zas!... Dirás que estoy exagerando, que es difícil y que no tiene solución.

Y lo exagerado es que no veas lo que hay detrás de tus problemas: te lo digo para avisarte de lo que voy a contarte en el libro. Detrás de tus problemas está que eres tan manipulador, que eres tan rígido, apegado, egocéntrico y

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soberbio que no te da la gana dar tu brazo a torcer y reconocer que quizás podrías cambiar la manera de ver lo que te pasa.

La causa de tu malestar emocional eres tú y no lo que te sucede. ¿Te hemos de tirar a la basura, entonces? No eso sería otro problema más. Hemos de revisar tu manera de pensar y de enfocar lo que te pasa. Nada más. Pero creo que no estás muy dispuesto a pensar que has estado haciendo algo que no te llevaba a donde querías.

Y yo te digo: lo que es difícil es vivir como vivimos –esclavizados, dependientes, creyendo que los demás nos fastidian, tristes cuando estamos solos, necesitados de compañía, de afecto, de ternura-. Somos como mendigos que buscamos que nos quieran. Esta es la causa de la infelicidad: que crees que necesitas que te acepten, amen o te reconozcan.

Mentira. Nadie necesita que lo acepten. Lo que necesitas es aceptarte tú. Y si como consecuencia de ello la gente te acepta, con eso que te encuentras de regalo. El regalo no es el amor de otros sino tu propia aceptación. Desde mi punto de vista, el resto es escribir la carta de los reyes Magos ilusionado con que te traigan un saco lleno de caricias y abrazos de tus amigos.

A lo mejor dirás que no te crees nada de esto. Perfecto. Eso significa que no tienes tantos problemas como parecía. Que tienes claro lo que piensas, y eso es importante. Entonces encontrarás en estas páginas situaciones que a ti no te afectan pero que puedes ver cómo afectan a los demás, ¿o no tienes curiosidad por saber cómo se amarga la vida la gente? Si te relajas quizás puedes hasta tomarle gusto. Personas que sufren, que no saben cómo salir de los líos en los que se han metido, chicos y chicas que no consiguen lo que quieren, celos, envidias,… ¿Te parece un buen plan para animarte a leer? Podrás ser testigo de lo que a otras personas les preocupa, como en la televisión…

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Si te seduce mi propuesta, entonces, acabas de descubrir que tienes un problema: te encanta observar los problemas de los demás.

El autor

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Introducción

Tras varios años de experiencia con personas de todas las edades en sesiones individuales, en cursos y en grupos de inteligencia emocional he ido reuniendo casos, situaciones y problemas que ponen de manifiesto cómo a veces, nos hacemos la vida imposible sin darnos cuenta.

Curiosamente los adolescentes y jóvenes han reaccionado muy bien al tipo de trabajo en el que creo y que comparto en estas páginas. Mi punto de partida es éste: que si hemos conseguido estar mal también conseguir estar bien.

Para ilustrar mis ideas utilizo una determinada metodología. Como asesor emocional e investigador de cómo podemos llegar a ser nosotros mismos, las técnicas e ideas que maneje constituyen una de los conflictos emocionales que te preocupan. Por lo tanto, lo que planteo a lo largo del libro son sugerencias y pautas de acción que otras personas han utilizado y que, en muchos casos, dicen que les han funcionado.

Personalmente no creo en los milagros ni en las soluciones mágicas. Mi intención al compartir contigo el método de trabajo que empleo es que tú mismo/a descubras qué te va bien, qué te funciona y qué te da resultado. Y las cosas que no te funcionen, a la papelera. Cada persona es responsable de saber cómo puede y quiere sobrevivir emocionalmente. Experimenta contigo. Creo que ésta es la clave primordial. Pero tampoco te conformes con que lo que hoy te funciona, tienes que funcionarte siempre.

Kit básico de supervivencia emocional está dividido en dos partes:

La primera, más corta, pretende ser un recorrido por la utilización de las emociones, que hacemos cotidianamente. El mensaje básico de esta parte es que las emociones de corte negativo surgen como resultado de que las cosas no nos salen como queremos. Se entregan las armas para desentrañar este proceso, describirlo y determinarlo. Con ello presentamos la base de lo que llamaremos

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supervivencia emocional, es decir, situaciones antes las que se hace difícil

sobrevivir de una manera estable si no es a costa de que, lo que nos rodea, sea como queremos que sea o que las personas se comporten como queremos que se comporten. Evidentemente esto es algo que proponemos cambiar o ir más allá. Sencillamente hacemos esta presentación con el objetivo de situar la causa del malestar emocional de hoy en día.

La segunda parte es aplicada y contextual. Da soluciones concretas a lo que se describe como malestar en la primera parte. Propone un modelo sistemático de supervivencia emocional pasando por las diferentes situaciones de la vida que he extraído de casos reales (familia, estudios, tiempo libre, amistades, pareja, trabajo, enfermedades y muerte de otras personas). Se respeta un esquema básico de redacción en donde es la situación (ejemplos concretos) la que sirve para desarrollar la propuesta de soluciones.

La conclusión será la de disponer de un pequeño manual, a modo de Kit, que reúna los elementos mínimos precisos para abordar y afrontar situaciones en las que las personas sienten que han perdido el control emocional y les sobreviene la necesidad de pasar a la acción para restablecer la serenidad personal.

Cada capítulo de la segunda parte te ofrece una pequeña prueba para que midas tu capacidad de supervivencia emocional en ese tema. Así podrás determinar el grado de dependencia o autonomía emocional que tienes ante cada ámbito de la vida.

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LAS EMOCIONES CÓMO FUNCIONAN Y CÓMO SE ALIMENTAN

I. ¡Doctor, doctor, devuélvame mi depresión!

Aunque a primera vista pueda parecer que todo el mundo quiere gozar de bienestar emocional, que lo lógico es tender a sentirse bien y buscar el equilibrio, mi experiencia con clientes es, a veces, todo lo contrario: en infinidad de ocasiones, más que estar bien lo que buscamos es llevar la razón, tener el poder o salirnos con la nuestra. Y a eso le llamamos bienestar.

Pienso que las crisis emocionales reflejan, en el fondo, que nos encanta estar mal, que éste es nuestro firme propósito aunque pueda parecer mentira. ¿Para qué? Para llamar la atención de los demás y la nuestra propia.

Se trata de un mecanismo de desvío de la atención pero sin dejar de llamarla:

Las cosas no son como yo quiero

Me siento mal

Pienso que mi problema no tiene solución (porque la única solución en la que creo es que todo siga como antes, pero ya nada es lo mismo).

[Cuadro 1 Nos encanta quejarnos y estar mal.]

Imagina que se muere el padre de un amigo. Tu amigo se siente fatal. Y como la muerte no tiene solución que tu amigo quisiera –que resucitara- se aferra al sufrimiento, piensa que la vida es injusta y no percibe que la solución no está en que el padre vuelva a vivir, sino que –tarde lo que tarde en aceptarlo—habrá de vivir la vida sin él; se dará cuenta de que ahora las condiciones han cambiado y

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que puede reorientar sus movimientos sin el apoyo del padre. Cueste lo que cueste es lo que hay.

Creo que tenemos incapacidad para aceptar lo que sucede, para pensar en estrategias nuevas para abordar las situaciones que va planteando la vida. Las primeras soluciones que se nos ocurren cuando tenemos una crisis o problema suelen ser siempre retomar y volver a lo que ya teníamos. O sea, nos creemos que estaremos bien consiguiendo las condiciones del pasado –la seguridad- y, sólo después, se nos empieza a ocurrir que podemos cambiar algo. El cambio no es algo para lo que estemos preparados. Mi idea es que solemos vivirlo como un mal que tenemos que soportar.

La sociedad de las emociones

¿A qué solemos llamar <<estar bien>>? A conseguir lo que quiero y, cuando no es así, me siento desgraciado y mi autoconcepto se pierde, se desvanece, no sé quién soy. ¿Por qué? Porque he condicionado mi <<sentirme bien>> a conseguir las cosas que quería. Y, si no se producen, si no las consigo, entonces me parece increíble que pueda estar bien.

Por lo tanto, propongo que más que al propio bienestar emocional a lo que, n el fondo, llamo estar bien es a una manera de dependencia de las cosas o de otras personas. Es como si <<estar bien>> consigo mismo tuviera que ver exclusivamente con el nivel de cosas que consigo, más que con un equilibrio personal en sí mismo. Es más, creo que, más allá de un deseo teórico y superficial de querer estar bien con nosotros mismos, lo que nos hace sentirnos vivos es tener, poseer, lograr cosas o dominar. La esencia de sentirnos bien depende del cúmulo de cosas conseguidas o los caprichos logrados.

Y atención, porque pueden sobrevenir las ganas de juzgar este proceso. De sentir que es malo ser materialista o egoístas sin reconocemos esto. Que estoy exagerando, que hay gente que se siente bien aunque no consiga cosas. Que si esto es así no vale la pena vivir la vida, que es muy triste este proceso, que somos demasiado egoístas y que tiene que haber otra manera de vivir la vida. Y la hay,

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más allá de las emociones. Mi hipótesis es que, cuando nos sentimos de una determinada manera –lo cual no es bueno ni es malo- es porque algo no ha salido como esperábamos. Si el ser humano no sintiera emociones, entonces yo estaría de acuerdo en hablar de otra manera de vivir la vida. Lo cual significaría que estaríamos en otro momento de evolución. Pero actualmente esto no es así. No pretendo criticar cómo vivimos sino proponer una vía para conseguir bienestar emocional. Si deduces de mis palabras que soy radical y exagerado, déjame acompañarte en lo que quiero ilustrar. Mi intención es que consigamos manejar nuestras emociones. Pero para ello la metodología que propongo consiste en poner nombre a las cosas –sin asustarnos- para saber verdaderamente qué es lo que nos quita la paz.

Creo que podemos gozar de autonomía emocional, para sentirnos emocionalmente equilibrados, debemos reconocer la causa de las emociones. Y voy más allá: no hay emoción que sientas que no tenga que ver con lo que consigues o dejas de conseguir. En tanto que la motivación básica del hombre y la mujer de nuestra cultura occidental es la realización de los propios deseos, la causa de nuestras emociones suele tener forma de caprichos inconscientes y frustraciones al no conseguir nuestro objetivo y desarrollar nuestros deseos. Lo cual no es bueno ni malo, es así.

Cómo funcionan las emociones

Una emoción se produce cuando algo te impide realizar lo que quieres o te impones hacer algo que tú tenías previsto: ves un perro en la calle –no lo tenías previsto- y sientes miedo porque puede morderte, no te lo esperabas o no te gustan (imposiciones de la realidad que no tenías calculadas y te conducen a tener que decidir algo que no querías en ese momento). Suspendes un examen: te sientes agobiado porque esperabas aprobar y no lo conseguiste. Te deja tu pareja y quizás sientes frustración, ¿por qué? Porque tal vez tú querías continuar y eso rompe tus planes.

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La emoción salta a la luz, surge cuando se nos presenta algo en la vida que es contrario a nuestros deseos y objetivos.

Para familiarizarnos con un esquema mínimo de emociones concretas te presento el siguiente cuadro (ver Cuadro 2 en la página siguiente). Está adaptado de las teorías de la medicina tradicional china, un enfoque de la medicina que es holístico, es decir, concibe que la mente, las emociones y el cuerpo físico son <<un todo>>, no se pueden separar y se afectan entre ellos. Es más, hay incluso una causa que explica por qué nos sentimos como nos sentimos: son las pautas mentales, los pensamientos e ideas que tenemos de lo que nos seduce.

Como verás hay cinco subcuadros que están divididos en tres niveles: mental, emocional y físico. Localiza primero la emoción (el nivel emocional), por ejemplo, la rabia. Así, cada subcuadro te indica la posible causa de la emoción –el nivel mental en el caso de la rabia sería la intolerancia, la impaciencia o la soberbia- y las posibles consecuencias del mantenimiento de esa emoción en el nivel físico (en el caso de la rabia: problemas asociados al hígado, a la vista…).

También podrás observar que cada subcuadro tiene un nombre de elemento (fuego, tierra, metal…). Esto tiene que ver con los nombres que los chinos dan a ciertos fenómenos de la naturaleza y que representan grandes ciclos de evolución. Pero más allá de esos nombres lo importante son las emociones, sus causas mentales y sus efectos físicos a largo plazo. Atención a no obsesionarte con los efectos físicos de las emociones. No quiere decir que todos los que tengan rabia vayan a sufrir del hígado. Se trata sólo de una referencia para que vayas familiarizándote con la idea de que nuestras decisiones pueden afectar a la propia salud del cuerpo. Esta idea está cada vez más en boga entre nuestros científicos.

También es importante señalar que cada subcuadro indica un aspecto a trabajar. Eso significa que el antídoto para el manejo de la emoción tiene que ver con lo que se te recomienda en ese aspecto a trabajar. Por ejemplo, el aspecto a trabajar y que te recomiendo con la emoción de la ansiedad –cuya causa puede

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ser la indecisión- es la intención. Es decir, tener el firme propósito de hacer algo y, pase lo que pase, ir a por ello.

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FUEGO

NIVEL MENTAL: Inconsciencia, orgullo NIVEL EMOCINAL: Aburrimiento, apatía.

NIVEL FÍSICO: Corazón, intestino delgado, tiroides, pulso, tacto, lengua, cara, voz, sistema circulatorio, sistema nervioso. QUÍMICA: Vitaminas.

aspectos a trabajar: alegría, euforia, deseos MADERA TIERRA

NIVEL MENTAL: Intolerancia, impaciencia NIVEL MENTAL: Indecisión, duda

NIVEL EMOCIONAL: Rabia, cólera NIVEL EMOCIONAL: Ansiedad, preocupación NIVEL FÍSICO: Hígado, vesícula biliar, uñas, músculos, vista. NIVEL FÍSICO: bazo/páncreas, estómago, boca,

gusto, tejido conjuntivo.

QUÍMICA: grasas QUÍMICA: Hidratos.

Aspectos a trabajar: creatividad Aspectos a trabajar: Intención AGUA METAL

NIVEL MENTAL: Desconfianza, incomunicación NIVEL MENTAL: Tristeza, depresión NIVEL EMOCIONAL: Miedo, frustración NIVEL EMOCIONAL: Apego, paralización NIVEL FÍSICO: riñón, vejiga, cabello, huesos, oídos, genitales. NIVEL FÍSICO: pulmón, intestino grueso, vello,

piel, olfato.

QUÍMICA: Agua, sales QUÍMICA: Proteínas

Aspectos a trabajar: propia sabiduría Aspectos a trabajar: voluntad

[Cuadro 2 Los cinco elementos de la medicina tradicional china.]

Los peligros del trabajo emocional

Primer peligro: que nos sintamos mal –culpables- de desear lo que deseamos

Yo no estoy diciendo que hayamos de renunciar a los deseos. Sencillamente propongo que no conseguirlos es lo que produce emociones. ¿Significa eso que, para sentirme bien, tendría que desear cosas? No, pero sí distinguir entre lo que te hace dependiente y lo que no. Es la dependencia la que hace sufrir. Una clave para saber si eres dependiente de un deseo (por ejemplo,

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salir con tal persona) es que, si no lo consigues, te sientes fatal, dudas de ti, crees que no vales nada o que nunca vas a conseguir salir con nadie. Cuando pierdes tu equilibrio porque no consigues lo que quieres, eso es la dependencia.

Mi propuesta, por lo tanto, consiste en conocer bien el mecanismo emocional: obsérvate e introdúcete en un proceso de investigación personal para saber qué cosas y circunstancias hacen que tengas emociones. Es muy simple: son tus pretensiones no realizadas que, sin saber bien por qué, no son como tú esperabas y entonces el resultado no te gusta. Como consecuencia de no gustarte el resultado –porque no coincide con lo que esperabas- tienes emociones.

Segundo peligro: evitar sentir cuando se trata de emociones

negativas

El problema aquí está en que desarrolles tu sensibilidad sobre lo que sientes cuando las cosas no te salen como tú esperabas. No es malo sentir, es necesario que no evites observar tu frustración, tu tristeza, tu rabia o alegría. De las emociones no puedes pasar porque son una información fundamental sobre ti mismo/a; te están marcando tu siguiente paso: date cuenta de que los deseos te cobrarán factura si no te detienes y miras si los has satisfecho o no. Tus decisiones futuras dependen de cómo valores el resultado de tus movimientos para conseguir lo que quieres.

Tercer peligro: rechazar lo que la emoción significa para ti

Toda emoción es una cortina de humo que esconde un mensaje para nosotros mismos. Quien siente aburrimiento quiere permanecer inconsciente de algo; el ansioso, no quiere decidir; el miedoso no quiere desarrollar la confianza…

Vivimos en el área de las emociones, en un momento evolutivo e histórico en el que las relaciones se dan en función de querer conseguir cosas, pero no somos claros a la hora de comunicarlas a otras personas.

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Cuarto peligro: jugar un doble juego que se reconoce

En nuestra cultura existe un doble juego: de un lado se promueve tener cosas y, de otro, tener cosas lo valoramos como negativo pues choca con la moral de la generosidad, la empatía y otros valores que hacen que nos sintamos culpables. Podemos valorar como egoísta y poco humano pensar sólo en tener cosas o controlar personas pero esto es lo que pasa y no lo admitimos. A mí no me parece ni malo ni bueno. Intento describir una realidad. ¿Por qué, si no voy a sentirme deprimido o furioso si mi pareja se va con otro/a? Pues, más claro, agua: porque no me he salido con la mía y estoy fastidiado. Mi hipótesis es que puedes darle más vueltas pero, al final, encontrarás la misma causa: no reconocemos la verdadera razón por la que nos sentimos mal.

¿Existen realmente problemas emocionales?

Las crisis emocionales que más estragos causan suelen tener un denominador común: las cosas no nos salen como habíamos pensado, y no somos conscientes de lo dependiente que somos de ellas. ¿Es malo desear cosas? En absoluto. El malestar emocional no está en desear algo sino en ignorar que estoy condicionando mi bienestar a ello, es decir, que inconscientemente el sentido de mi vida me lo da lograrlo, o sea, que dependo de ello sin darme cuenta.

Depender significa que, cuando no obtengo algo que espero me siento perdido, podría llegar a perder el sentido de la vida, me enfurezco y tiendo a decir que no sé vivir sin ello (ya sea pareja, trabajo, dinero, días libres, tabaco o sexo). Y me identifico tanto con lo que quiero que, si no lo consigo, entro en una profunda rabia o en una galopante depresión.

O sea que llamados problemas emocionales son, en realidad, adicciones no reconocidas, vicios y hábitos que tienen una gran fuerza dentro de nosotros. Y no los admitimos como tales.

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Muchas personas dicen: a mí me da igual si fulano/a me deja, él o ella se lo pierde. ¡No vayas tan rápido! A lo mejor te importa más de lo que te permites reconocer. La dependencia no se quita por dentro ley. Mi hipótesis es que está muy incrustada en todos nuestros movimientos, tanto, que adopta formas insospechadas de las que luego te quieres arrepentir y quizás sientas, entonces, que es demasiado tarde.

Veamos algunas formas e dependencia:

o Carolina siente tanta angustia en su trabajo que necesita urgentemente unos días libres. o Antonio se siente relajado en casa cuando percibe un silencio sepulcral.

o Jaime se siente triste cuando deja a su familia el fin de semana porque ha de viajar por razones del trabajo. o Santiago siente rabia porque ha suspendido la prueba de informática y debe esperar un año más para volver a

examinarse.

o lidia no encuentra el trabajo que desea. está desesperada. o Paco no puede soportar que Laura le haya pedido dejar la relación.

o Marta siente un alivio enorme cuando llega el fin de semana porque no tiene que verle la cara a sus colegas de facultad.

[Cuadro 3 Formas de dependencia que no suelen verse.]

¿En qué se parecen todas estas situaciones? En que imponen una condición para sentirse bien. Lo cual, insisto, no es ni bueno ni malo. Sólo lo describo. Estoy radiografiando lo que considero que es un proceso inconsciente de dependencia como causa de las emociones. ¿Para qué? Para hacerlo consciente. Y, en la medida de lo posible, aumentar nuestra capacidad de elección.

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Veamos las condiciones de estas personas. En cada caso aporto una posible fuente de dependencia:

EMOCIÓN SITUACIÓN ¿DE QUÉ DEPENDE?

Angustia Tranquilidad Tristeza Rabia Desesperación Agobio Alivio en el trabajo en casa al viajar al suspender en búsqueda de trabajo al quedarse sin relación en el fin de semana

de tener días libres del silencio

de estar con la familia de un título

de encontrar lo que le gusta de tener pareja

de evitar a los colegas [Cuadro 4 ¿De qué dependemos?]

Observa que todas las situaciones marcan una condición: para sentir tranquilidad, la condición es el silencio; para sentir alegría la condición es estar con la familia; para sentir estabilidad, un título; para sentir alivio, estar en pareja o evitar a unos colegas…

Vivimos llenos de condiciones. Y ello nos hace percibir que tanto la estabilidad, como el alivio, la tranquilidad o el bienestar dependen de cosas externas a nosotros. Recuerda que esto no es ni malo ni bueno. Funciona así, nada más: condiciono mi estabilidad a tener un título jamás es nada estable. Como no es estable otra persona.

La reflexión que quiero compartir contigo es ésta: en tanto que percibamos que la estabilidad o el bienestar me lo producen las cosas externas mantendré la tendencia a pensar que, sólo consiguiendo lo que digo que me produce equilibrio – lo externo: título, pareja, trabajo, silencio…- podré ser estable, estar tranquilo o tener bienestar. Y eso es depender de lo externo para conseguirlo.

Jamás podrá haber equilibrio en una pareja cuando un miembro percibe que su propia estabilidad se la da el otro. Se le puede llamar equilibrio pero creo

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que es confundir las cosas. Como jamás podrá darte estabilidad un trabajo pensando que es para toda la vida.

El equilibrio, la estabilidad, la tranquilidad… pueden tener esa lectura de lo externo pero, que yo sepa, el equilibrio, o es interno, o entonces se llama apoyo. Por eso te propongo que vayamos más allá de esa sensación.

Centrémonos en la idea que puede tener nuestra sociedad de que estar en pareja proporciona equilibrio.

No es posible que hables de conseguir tu equilibrio condicionándolo a otra persona. Eso no es equilibrio en sí, dado que estás condicionándolo a sujetarte en alguien. Es aparentar que estás equilibrado cuando no lo estás. ¿A quién quieres engañar? Date cuenta de que conseguir el equilibrio a través de otro es un espejismo que te producirá siempre una falsa sensación de estabilidad: porque si el otro no se comporta como tú esperas, te caerás al suelo. Te animo a cambiar el nombre de esta sensación. Más que equilibrio es un robo o una usurpación inconsciente: te aprovechas de lo que el otro te da para sentirte equilibrado, pero, en el fondo, tú sabes perfectamente que no es tuyo. Por eso luego sientes emociones que no te gustan cuando dejas de tener a ese alguien a tu lado: porque se pone de manifiesto que no eres nadie solo, que has robado algo a alguien y, al irse, te sientes traicionado/a, como si te hubieran arrancado un brazo. Se pone en evidencia lo dependiente que eres y esa sensación no te gusta nada y quieres taparla. Porque te compromete a que te busques la vida, a hacerte responsable de ti mismo/a; pero prefieres seguir en la ignorancia, esperando que vuelvan los Reyes Magos para regalarte otra nueva persona sobre la que apoyarte. Y quizás puede volverte a pasarte lo mismo.

En el fondo de esta situación está, acaso, que nunca llegaste a estar equilibrado por ti mismo/a y eso, cuando no se hace consciente, es algo que no puedes soportar. Necesitas la droga que anestesie tu sensación de abandono. Quieres recuperar las muletas que sientes que te apoyaron. Y puede que te produzcan provisionalmente la sensación de equilibrio (como quien se pone

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tacones para parecer más alto/a), pero las muletas te hacen dependiente. Te hacen creer que has conseguido el equilibrio cuando, en realidad, lo que sucede es que lo estás obteniendo porque otro (persona o cosa) te lo está dando. ¿Y cómo puedes saber que esto es así? Porque, cuando se va quien estaba a tu lado, sientes emociones que te hacen sufrir, te desdibujas, no sabes quién eres, sientes pena, resentimiento o angustia, o a lo mejor alegría si deseabas que se fuera y no te atreverías a decírselo. En cualquier caso, la ausencia del otro está poniendo al rojo vivo tu dependencia: dependías del equilibrio que te proporcionaba el hecho de que él o ella estuvieran a tu lado.

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II. ¡Ya no aguanto más! Ventajas e inconvenientes de ser

dependientes de las cosas, las circunstancias o las

personas

¿Es mala la dependencia? No es ni buena ni mala, pero te propongo que la consideres la causa del malestar emocional, siempre y cuando no la hagas consciente te está haciendo creer que el sentido de tu vida, tu autoconcepto, tu valoración personal, tu propia aceptación como persona, no existen si no se dan una serie de condiciones fijas. Si no reconoces la dependencia, sentirás malestar, porque creerás que necesitas muchas cosas –condiciones- para vivir, para sentirte vivo. Cuando sientes malestar emocional esta sensación es sólo un aviso, una alarma de tu dependencia. Ésta te hace creer que las cosas no te salen como tú quieres cuando lo que sucede es que tú no te adaptas a las cosas y estás empeñado en que sean únicamente como tú quieres.

Curioso debate, ¿no te parece?: ¿son las condiciones las que han de darse para que tú te sientas bien o eres tú quien, para conseguir bienestar, puede adaptarse a lo que hay? No niego que es importante movilizarte para satisfacer los propios deseos pero cuidado con vivir tiranizados por éstos. Los deseos son un arma de doble filo. Te animo a entender cómo funcionan en relación con las emociones: cuando tienes un arrebato emocional1 te propongo que esta situación

tiene ver con que no ves más allá de ti mismo y te empeñas en forzar la situación a tu antojo. A veces puedes tener la sensación de que los hechos siguen su curso independientemente de tu voluntad, que por mucho que lo intentas, no consigues lo que quieres. ¿Por qué? Porque observas lo que te sucede desde un solo punto de vista y no ves más posibilidades.

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<<Arrebato emocional>> hace referencia a la explosión que tenemos cuando algo nos molesta o nos saca de quicio. Es irreflexivo, impulsivo y automático.

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En igualdad de condiciones externas, no todas las personas que tienen un accidente en circulación valoran de la misma manera el accidente; no todos los que se quedan sin trabajo o no lo encuentran muestran la misma actitud. Quien recibe la noticia de que tiene un cáncer puede actuar de manera más tranquila que quien le diagnostican una bronquitis. Es decir, no todo el mundo siente ni hace lo mismos hechos. Presuponer que todo el mundo encaja la muerte de una madre de la misma manera es desconsiderar el poderoso valor de las actitudes, el precioso tesoro del ser humano.

Que haya actitudes diferentes ante los mismos hechos de la oportunidad a los seres humanos de descentrarnos de nuestra manera de ver las cosas y nos brinda la posibilidad de entender por qué hay emociones: su causa son las actitudes y enfoques que las personas tienen sobre los mismos hechos.

CONDUCTA (Argumentos normativos)

ACTITUD (Emociones y sentimientos)

[Cuadro 5 La causa de cómo actuamos es que tenemos unas actitudes determinadas]

Puede parecer que es la sociedad en la que vivimos la que marca y otras condiciones: debo de tener un trabajo, coche y casa a una determinada edad y, si no lo consigo, es terrible y entonces seré un bicho raro. Pero llamo la atención sobre el hecho de que los condicionamientos sociales, existe la decisión personal de todos y cada uno de nosotros: si nos damos cuenta de que estas condiciones – aparentemente impuestas socialmente- puedo elegirlas o no, entonces habré empezado a abordar mi propia autonomía como persona. Por lo tanto y, en términos generales, nadie me impone nada que yo no haya elegido. Sólo que, a lo mejor, no soy consciente de ello. Y precisamente esa inconsciencia es la que hace

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que me sienta mal, porque puedo creerme que no tengo otras alternativas, cuando sí las hay.

La necesidad de aprobación es una droga

La causa última que explica lo dependiente que somos es que queremos que nos quieran. Y esto en múltiples modalidades; es decir, queremos ser:

o Reconocidos o Valorados o Apreciados o Alabados o Considerados o Nombrados o Queridos o Amados o Tenidos en cuenta

Ya lo tenemos: la dependencia se alimenta de la comparación. Queremos ser iguales a todos los demás porque deseamos ser aceptados por otras personas.

Te presento, por lo tanto, lo que llamaré el círculo vicioso de las emociones, que sitúa el malestar emocional como producto de una causa primordial: la necesidad de aprobación y de reconocimiento. Este esquema te plantea que, en la medida en que no necesitarás de la aprobación de los demás, podrías reconocerte a ti mismo y no depender de la mirada de los otros para sentir bienestar. Los números hacen referencia a cuándo se produce cada una de estas emociones o fenómenos en un caso que te plantearé a continuación:

Necesidad de aprobación (1)

Venganza consciente culpa (2) o inconsciente (4)

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[Cuadro 6 El círculo vicioso de las emociones]

Da igual la manera personal de perseguir este objetivo de ser aceptados. Cada cual tiene la suya. Puede ser en la familia, en el grupo de amigos, en la pareja o en el trabajo. Y sentimos que la manera de conseguirlo es comportarnos como lo hacen los demás. No soportaríamos ser diferentes. Ser diferentes se confunde con ser rechazados. Te propongo un caso que te puede ayudar a trabajar tus emociones en tus propias situaciones reales:

En un centro de enseñanza, Javier, un joven profesor recién titulado de 23 años, muestra serias dificultades para mantener la disciplina de sus clases de matemáticas. No tiene experiencia docente y, cada vez que realiza una sesión, el ruido que causan los alumnos es ensordecedor para el resto de colegas del centro. El director ha hablado con él para informarle de que la situación no puede continuar así y que ha de tomar serias medidas de control de los grupos de alumnos. Javier, incomodado por el consejo (1), comienza entonces a extremar las normas de la clase (2): envía trabajos adicionales a los alumnos, castiga a toda clase obligándolos a salir más tarde en la hora del patio y hace responsables a todos los alumnos de lo que hacen individualmente cada uno de ellos.

Pero con los días las medidas adoptadas por Javier empiezan a tener eco entre los padres de los alumnos y el presidente de la asociación ha solicitado al director que intervenga en el asunto.

Javier se muestra cada vez más irritado y le dice al director que está actuando a favor de los padres (3), cuando lo que debería un director es apoyarle a él y no darles la razón a aquéllos.

Al poco tiempo Javier empieza a sentirse físicamente muy débil. Se queja de que está muy cansado y llega a ausentarse de clase, obligando a otros colegas a hacerse cargo de su asignatura. Más tarde un médico le diagnostica una anemia severa que ha de empezar a cuidar y, finalmente, la situación llega al extremo de

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pedir la baja. Cuando solicita apoyo psicológico el terapeuta le informa de que tiene todos los síntomas de una depresión (4).

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Discusión del caso

Aunque puede parecer una víctima –que no ha hecho nada para merecer

lo que le sucede- Javier hace lo que hace porque obtiene algo a cambio. No hay nada que Javier haga que no lleve implícita una intención y un beneficio, por extraño que pueda parecer. O lo que es lo mismo, los conflictos siempre tienen un mismo origen: nuestra manera de responder ante las situaciones, sólo que somos inconscientes de las razones por las que nos introducimos en las complicaciones de las que nos quejamos.

¿Para qué mantuvo Javier una situación como ésa? ¿Cuál fue su margen de responsabilidad?

Para empezar Javier <<no se vio envuelto>> sino que creó de alguna manera la situación. La raíz puede hallarse en su necesidad inconsciente de ser aceptado o reconocido (1). La inexperiencia por él percibida puede servir de punto de inicio de lo que luego sucede. La reacción de Javier puede parecer lo más normal del mundo. Pero lo que quiero poner de manifiesto es que, cuando hacemos algo esperando ser reconocidos o aceptados, es cuando el círculo emocional resulta imparable.

Es entonces cuando Javier se siente culpable (2) porque cree que no está acometiendo su función como profesor. Pero lo hace de manera drástica, como queriendo compensar su percepción de falta de autoridad y la urgente necesidad de adaptarse al centro educativo. Una medida de este tipo comúnmente no conlleva sino un resultado contradictorio. De hecho –y según se desprende de la narración del caso- lo que intenta que sea un remedio no es bien acogido por los padres de los alumnos. Y lo peor es que Javier no está preparado para asumir las consecuencias de lo que decide hacer.

Indefectiblemente toda la culpa no consciente lleva al resentimiento (3). En nuestro caso se sitúa en el momento en el que Javier increpa al director porque no está de su lado. Visto así el resentimiento se alimenta de cierta mezcla de

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incapacidad para tomar las riendas de la situación y exceso de orgullo para reconocer que no le sirvió lo que intentó hacer.

Llegados a este punto la reacción básica de Javier es la de justificarse, en vez de actuar correctivamente (que hubiese sido emocionalmente inteligente). Dicho sea de paso, la necesidad de aceptación (1) sigue estando ahí y Javier todavía no la ha visto, con lo que su probabilidad de tomar decisiones de carácter aparentemente irresponsable es muy alta. Depender de los demás nos hace irresponsables ya que esperamos que sean los otros quienes nos resuelvan nuestros problemas.

Y tras el resentimiento, la venganza (casi siempre inconsciente). La manera de vengarse de Javier utiliza es autoinfligida y aparece, primero, como un malestar físico (4) y luego en forma de depresión.

La venganza no es un concepto malo ni bueno en sí mismo sino un automatismo del círculo emocional cuando no se hace consciente: es sencillamente un mecanismo de expresión que vuelve a abrir la herida de la necesidad de que nos quieran. La rueda a abrir le herida de la necesidad de que nos quieran. La rueda de las emociones se abre y cierra con una causa (la necesidad y carencia inconsciente de reconocimiento) que jamás puede encontrar alivio a través der otras personas. O te reconoces a ti o cavas tu propia tumba si utilizas la aprobación de los demás para sentir bienestar.

Como la venganza suele ser algo que, al principio, no se entiende muy bien, paso a darte una serie de preguntas que te darán las pauta de cómo, sin darte cuenta, te puedes estar vengando aun a pesar de que tu voluntad sea otra (ver Cuadro 7 en página siguiente). No te desanimes. Sé crítico/a contigo mismo/a y aprende a no depender de los demás manejando otros mecanismos que no sean la revancha o la venganza. Toda la segunda parte de este libro te ofrece soluciones alternativas que te conducirán a ir manteniendo tu autonomía emocional y mental.

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La venganza es el medio de reacción más automático que tenemos. Veamos algunos ejemplos simples:

o Si alguien no te saluda cuando tú le saludas, tú dejas de saludarle. Si haces eso quizás te estés vengando: te molestó que no te saludará y la causa de no saludarle es tu fastidio y tu intolerancia, por eso te vengas.

o Si alguien queda en hacer algo –y no lo hace como tú quieres- dejas de contar con él.

En el primer caso una alternativa a la venganza sería preguntarle a la persona << ¿por qué no me saluda usted?>>. La venganza es lo contrario de la comunicación y requiere el propio autorreconocimiento. En el segundo caso podrías hablar con esa persona y decirle cómo quieres que te haga lo que estás buscando.

La venganza no es mala ni buena. Su peligro está en que nos hace dependientes de los demás sin darnos cuenta. Por eso, para la supervivencia emocional, este libro te propone alternativas no vengativas: no tienes que decidir nada en función de los demás sino en función de ti mismo/a. Esto requiere una práctica y un entrenamiento continuo porque nuestra primera tendencia suele ser la de exigir el <<ojo por ojo, diente por diente>>.

¿Cómo saber de quién y cómo te has vengado?

o Si has dejado de hacer algo importante para ti o Si has tirado la toalla en algún aspecto o Si has sido infiel a tu pareja y cómo

o Has dejado de llamar a alguien por indignación, desidia o desacuerdo con él o ella o Has dejado de ir a algún lugar por vergüenza

o Si desististe en algún empeño por que presentiste que ya no podías hacer nada o Si has cortado por lo sano una relación, aun a sabiendas de que no era esa la solución o Has hecho daño a alguien

o Si no hablas con alguien desde hace tiempo (padres, hermanos, hijos. colegas, amigos…) o Si no tienes dinero y no sabes cómo conseguirlo

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Yo/ Claves para reconocer las dependencias emocionales

La necesidad de aprobación –cuando no somos conscientes de ella- hace que nos comparemos constantemente: vivimos la necesidad de reconocimiento con rivalidad, es decir, no creemos que haya amor para todos sino que, si mi amigo está con otro amigo, yo sufro porque me comparo y siento que no me querrá a mí.

Veamos, llagados a este punto, cuáles son algunas de las condiciones que hacen que nos estemos comparando inconscientemente. Recuerda: cada vez te que te comparas te haces dependiente. Y ello te hace sentir lo que sientes.

Aunque el objetivo de reconocer las propias dependencias es que encuentres tus propias condiciones, te sugiero la siguiente relación. Se trata de ideas que pueden ayudarte a encontrar las tuyas propias. En cada una de ellas parto de un caso real e identifico la posible condición o dependencia subyacente y elaboro una discusión sobre la misma.

Caso 1. Guzmán siente agobio porque no consigue trabajo en tres meses y cree que debería haberlo hecho en ese tiempo. -Condición: Si no he conseguido trabajo a los 22 años no lo conseguiré nunca.

-Depende de: la rapidez y el éxito inmediato.

Discusión. ¿Quién ha dicho que un trabajo, o se encuentra en tres meses o ya no se encuentra? La emoción de Guzmán

esconde eludir su responsabilidad, su rigidez y su tremendismo fuera de lugar. Quizás no se está enfrentando a la realidad. Prefiere concluir que nunca lo conseguirá antes que hacerse responsable de mirar en otros lugares o cambiar de rumbo. Puede estar utilizando su necesidad de ser rápido para esconder que realmente no quiere trabajar y está motivado por el resultado inmediato. Si no, seguirá buscando, intentando descubrir dónde y cómo mejorar.

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Caso 2. Lourdes siente desolación y ansiedad porque no tiene pareja. Tiene 40 años y piensa que ya es demasiado tarde

para conseguirla.

-Condición: El sentido de la vida es compartirla con alguien. Sin pareja nunca podré ser feliz. -Depende de: estar con alguien para ser feliz y de ser joven.

Discusión. Primero, ¿quién ha dicho que la felicidad consiste en estar en pareja? Segundo, ¿quién dice que no la puede

conseguir a pesar de su edad? Estas dos fuentes de dependencia, aunque puedan ser comunes, propongo trabajarlas desde la obcecación y el miedo. Hay millones de maneras de vivir acompañado sin tener pareja. Si el sentido de la vida es compartirla, ¿por qué no comparte su vivienda? Evidentemente Lourdes esconde otra cosa tras su condición: quizás no le interesa estar con cualquiera sino con alguien tal como ella lo tiene en su cabeza –obcecación y rigidez-, o no está dispuesta a aceptar a muchas personas y por eso está sola. O tiene un miedo atroz a compartir. Además utiliza como excusa su edad. ¿Realmente crees que eres mayor para algo?...

No estoy insinuando que si tienes 40 años empieces a hacer ballet clásico. Pero observa que, en cuestiones afectivas, no hay una edad para nada. ¿Sabes de parejas que se conocen a partir de los 60 años? Pues sí, también existen. Pero Lourdes prefiere evitar reconocer sus dependencias porque probablemente; en el fondo, no quiere pareja, ni la toleraría, ni está dispuesta a aceptarlo.

[Caso 2]

Caso 3. Mario siente ansiedad si no resuelta algún chiste o gracia en una conversación; piensa que pasará por una persona aburrida si no lo hace.

-Condición: Si no resuelto algún chiste no puedo integrarme en el grupo y no contaré para ellos. -Depende de: ser el centro de atención y gustar a los demás.

Discusión. ¿Qué necesidad tiene Mario de ser gracioso si no le sale? La de aliviar un protagonismo que quizás no asume

por otros mecanismos y cree que, haciéndose el gracioso, lo conseguirá. Mario puede depender de su vanidad y de la adulación. Su sensación de pasar por aburrido le hace terriblemente manipulador, poco claro y taimado ya que pretende llamar la atención por un medio (chistes) que fabrica, que no le sale de forma natural. Por eso digo que manipula. Es como un títere o bufón que ni siquiera lo es pues ha de fabricarlo. Se compara con otros porque quizás no soporta pasar desapercibido.

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Caso 4. Ángel se siente culpable de jugar al fútbol los fines de semana porque su pareja se queda sola en casa.

-Condición: Si hago lo que quiero soy egoísta y no estoy cumpliendo con mi rol de pareja. -Depende de: complacer a su pareja y sentirse imprescindible…

Discusión. ¿Por qué el espacio de pareja se convierte, a veces, en una excusa para renunciar a lo que decimos que

queremos? Bajo la falsa razón de la generosidad podemos estar obviando nuestra necesidad personal. Y eso, tarde o temprano, se cobra en forma de resentimiento hacia el otro o desmotivación personal. No es malo ni bueno hacer lo que queremos, ni en pareja, ni en familia, sencillamente porque siempre hacemos lo que queremos por razones que no contemplamos. Acaso Ángel quiere ser imprescindible para su pareja y necesita contarse el cuento de que, si dejará el fútbol su pareja estaría más contenta. ¿Y quién le ha dicho a él, que su pareja quiere que sea él la fuente de su contento? A lo mejor ella es feliz los fines de semana cuando él se va a jugar. La sensación de culpabilidad, de sentirnos egoístas pone sobre la mesa un tema fundamental: hace que nos sintamos mártires, redentores de personas que, gracias a nosotros, son felices… Por nuestra causa los demás se sienten mejor. Como ves, todas estas sensaciones, en el fondo, son tremendamente egoístas… O sea, pretendemos evitar hacer lo que queremos cuando, en realidad, lo hacemos o conseguimos para igualmente sentirnos bien; no por los demás, sino por nosotros mismos.

Conclusión: no te asustes de lo que voy a decir. Todo lo hago egoístamente –en el sentido de para sentirme bien yo, sea por la razón que sea- sólo que la palabra egoísmo suena mal e induce a sentirme culpable de ello. Nadie conoce mis necesidades como yo mismo y yo soy el primer interesado en satisfacerlas. Mi felicidad es responsabilidad mía y no de mi vecino. Ser egoísta sólo quiere decir aceptar esa responsabilidad. No te engañes pretendiendo ser generoso/a de manera forzada. Así sólo te convertirás en una persona manipuladora, que exige recibir pero no se lo reconoce.

[Caso 4]

Resúmenes de las condiciones y dependencias que hemos tratado en los casos expuestos

CONDICIÓN

1. Si no he conseguido trabajo a los 22 años no lo conseguiré nunca

DEPENDENCIA

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2. El sentido de la vida es compartirla con alguien. Sin pareja nunca podré ser feliz.

3. Si no resuelto algún chiste no puedo integrarme en el grupo y no contaré para ellos.

4. Si hago lo que quiero soy egoísta y no estoy cumpliendo con mi rol de pareja.

Como puedes observar en la columna de la derecha, es el concepto de necesidad el que da la pauta de las dependencias. Seamos realistas: ¿crees verdaderamente que necesitas hacer algo de lo que en esa columna se expone para estar bien contigo mismo/a? Si vuelves a mirar con detenimiento irás observando que ser trata de exigencias muy estrictas que, quizás, más que necesitarlas, esconden profundas ganas de llamar la atención. Para mí aquí está la clave de las dependencias: que digo que las necesito cuando, en realidad, podría prescindir de ellas pero no quiero dejar de prescindir de las mismas porque, renunciar a ellas, me hace sentir un don nadie.

Vayamos a la segunda creencia, por ejemplo; ¿realmente consideras –si es éste tu caso- que, para ser feliz y estar satisfecho/a, necesitas estar en compañía de una pareja? ¿Y que sólo los jóvenes tienen posibilidad de estar en pareja, porque, cuando se llega a una determinada edad, ya no hay nada que hacer? No tengas reparos en observar bien estas condiciones tan exageradas.

DEPENDENCIA

2. Necesidad de estar con alguien para ser feliz y ser joven

para estar con alguien.

3. Necesidad de ser el centro de atención y gustar a los

demás.

4. Necesidad de complacer a la pareja y sentirme

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Veamos otras exageraciones similares:

o Si no tengo una casa y un piso a los treinta años he fracasado en la vida. o Si no salgo los fines de semana no podré ligar.

o Si no dejo propina no se me atenderá igual la próxima vez.

o Si no me sacrifico por alguien no estoy demostrando lo mucho que lo quiero. o Si me enfado es que soy una persona destructiva.

o Si no encuentro mi pareja ideal es que no sé lo que es el amor. o Si no cuido a mis padres es que soy un mal hijo.

o Si me va mal en la vida es preferible no vivir.

[Cuadro 8 Condiciones que nos hacen dependientes de las cosas o las personas.]

Así funcionamos, sacando de quicio las cosas, radicalizando, generalizando, haciendo un drama de asuntos que no son los que son y, de esta manera, nunca llegamos al verdadero fondo de las cosas. Cuando alguien dice que no puede ser feliz si no encuentra pareja… ¿qué está queriendo decir realmente? Mi hipótesis es que tiene que haber un trasfondo. Si no, estarían inevitablemente condenados a ser felices todas las personas que no tienen pareja. Y eso no es verdad: hay personas que no tienen pareja. Y eso no es verdad: hay personas sin pareja que pueden ser felices y otras que no lo son. Pero la causa del bienestar o malestar no es estar en pareja. Como tampoco lo es necesitar ser joven para estar en pareja. Se trata de otra excusa. Estamos escondiendo algo tras esas exigencias. ¿Qué?

Tras tus condiciones para sentirte bien, lo que se esconden son tus problemas y carencias personales no resueltos. Y es un problema que así sea porque, mientras no te des cuenta de que escondes algo, creerás que gozar de bienestar es cuestión únicamente de obtener aquello que dice necesitar. Y esto, desde mi experiencia, no es así. Es sólo una tapadera, una distracción, una cortina de humo para no ver lo que hay en el fondo.

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En el siguiente capítulo abordaré cómo, tras el aparente malestar emocional, escondemos pequeñas o grandes manipulaciones. Estas manipulaciones explican por qué nos sentimos como nos sentimos.

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III. Malestar emocional y supervivencia emocional

¿Tenemos derecho a estar mal? Sí, pero también a estar bien y eso se nos olvida. Estamos tan centrados en lo que nos preocupa que no nos ocupamos de lo fundamental:

o Que somos responsables es nuestro y de nadie más. Te fastidie o no, eres tú quien lo tiene.

o Que si no haces nada por manejar tu malestar el malestar seguirá.

Cuando estamos amargados por algo, como es una sensación desagradable y quisiéramos no tenerla, sin darnos cuenta nos volvemos manipuladores. Manipulación quiere decir que no somos claros y, en vez de detectar lo que nos pasa, exigimos cosas a otras personas y sometemos a las personas a nuestras mortíferas emociones. Estamos tan fastidiados que queremos llamar la atención de otros. Nos volvemos reclamantes, mendigos, necesitados de ayuda y de apoyo, unas pobres víctimas de las circunstancias. Y ambiguos porque no somos claros en lo que queremos.

Manipulaciones, mentiras y el camino de hacerse la vida imposible

Tomando como referencia las condiciones que aparecen en el cuadro 8 del capítulo anterior te animo a revisar lo que se esconde tras diferentes casos de malestar emocional. Como irás observando mi propuesta es que las emociones nos informan de lo taimados, falsos, corruptos y poco directos que somos. Como no nos atrevemos a decir verdaderamente lo que queremos, preferimos sentir emociones y manipular. Pero quien se manipula, en el fondo, eres tú porque llegará un momento en el que no sabrás lo que quieres.

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Condición A

Si sientes malestar porque…

o Si no tengo una casa y un piso a los treinta años he fracasado en la vida. …es porque crees que, si tienes el piso a los treinta, es que controlas la situación.

Propuesta de problema de fondo

No es el piso en si lo que te preocupa sino tu afán de controlar, de conseguir lo que quieres. Eres dependiente del logro.

Condición B

Si sientes ansiedad al pensar que…

o Si no salgo los fines de semana no podre ligar. … es porque quizás no te relacionas con honestidad durante la semana.

Propuesta de problema de fondo:

No es salir los fines de semana, por lo tanto, lo que te preocupa sino tener trofeos en forma de <<ligues>>. Dependes del cúmulo de personas más que la calidad de los encuentros.

Condición C Si te preocupa que…

o Si no dejo propina no se me atenderá igual la próxima vez.

… es porque probablemente crees que es necesario dar dinero para recibir un trato justo. Propuesta de problema de fondo:

Tras el dinero lo que puede clamar por salir a la luz es tu necesidad de ser considerado. Porque tú no te consideras a ti mismo y necesitas rodearte de un mecanismo –el dinero- para sentirte tú mismo/a. Depende de comprar la consideración

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Condición D

Si te hace sentir inquietud que…

o Si no me sacrifico por alguien no estoy demostrando lo mucho que lo quiero.

… es que tal vez estás dando sin recibir, pero necesitas recibir. Por eso tiendes a pregonar tu acción, para que se note que te sacrificas.

Propuesta de problema de fondo:

Tras la necesidad de mostrarte abnegado/a para una gran insensibilidad: necesitas grandes sacrificios y cruzadas para que se note que amas. No te enteras de que amar es simple, sencillo, sin ornamentos. Dependes de recibir lo que das y no

te estás enterando. Tu amor es condicional y nada gratuito, lo cual no es malo, es tu necesidad. Acéptala.

Condición E Si te preocupa pensar que…

o Si me enfado es que soy una persona destructiva

… es porque quizás crees en la perfección, que existe una manera ideal de ser, cuando el enfado, si es esporádico, no tiene por qué ser destructivo.

Propuesta de problema de fondo:

Tras tu aparente necesidad de no mostrarte como destructivo/a puede haber una gran irresponsabilidad personal dado que esperas ser perfecto/a para tomar decisiones. No toma decisiones quien es perfecto sino quién está vivo, aun a riesgo de

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Condición F

Si sufres porque piensas que…

o Si no encuentro mi pareja ideal es que algo falla en mí … es a lo mejor, porque esperas un ideal que no existe.

Propuesta de problema de fondo:

Puedes estar ocultando tu horror a aceptar a las parejas con las que has estado o estás y te cuentas el cuento del ideal para nunca llegar a conseguirlo. O sea que, en el fondo, no es verdad que quieras una pareja ideal sino cargarte tus parejas exaltando un amor ideal que no se halla en ninguna parte. Dependes de la perfección para no comprometerte

verdaderamente con alguien.

Condición G

Si te hace sentir angustia pensar que… o Si no cuido a mis padres es que soy un mal hijo

… es porque quizás temes que a ti no te cuiden otras personas cuando seas mayor. Propuesta de problema de fondo:

Lo que, en el fondo, te puede estar preocupando es que no recibas lo que no estás dispuesto/a a dar en este momento. Dependes de que te ves frágil y eso te hace tremendamente chantajista.

Condición H Si percibes que…

o Si me va mal en la vida es preferible no vivir

… es que quizás no te salen las cosas como quieres, no te conformas porque el capricho te ciega y decides vengarte inconscientemente.

Propuesta de problema de fondo:

Tras lo mal o bien que te vaya en la vida observa que son tu orgullo o tu soberbia los rasgos que están explicando cómo te sientes. Si eres honesto/a verás que, tras las ganas de quitarte de en medio lo que hay es una intolerancia sublime a que

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Resumamos:

A. Tras la sensación de fracaso por no tener un piso a los treinta lo que, en el fondo, puede esconderse, es tu afán de control, y no tanto el fracaso por no tener piso. Tu emoción salta porque te fastidia no controlar y no porque no tengas piso.

B. Tras la sensación de ansiedad por no salir para ligar lo que puede causar tu malestar es, más bien, que no puedes alardear de la enorme lista de <<ligues>> que te exiges conseguir para sentirte bien. Tu emoción se produce porque te fastidia no aumentar la lista y no porque no salgas el fin de semana.

C. Tras la preocupación de dejar propina es tu afán de controlar lo que está en juego y no tanto dar al camarero dinero por su buen servicio. En el fondo lo que te preocupa es comprar el trato justo que sientes que no puedes conseguir si no es a través del dinero.

D. Tras la inquietud por demostrar amor mediante el sacrificio lo que puede haber debajo es tu necesidad de que se te devuelva lo que das. Eres un chantajista empedernido y lo ves. Y lo que es peor, utilizas el amor como excusa para descubrir tu chantaje.

E. Tras la necesidad de que no se note tu enfado escondes tal vez tu intolerancia a los errores de los demás y a los tuyos propios. Ello puede llevarte a crear, poco a poco, una tendencia a no intervenir, a quedarte en la retaguardia, contándote el cuento de que el enfado es destructivo. En el fondo quizás eres muy cómodo/a y te conviene inventarte la historia de que el enfado es malo para justificar tu <<escaqueo>>.

F. Tras la necesidad de la pareja ideal puede haber una tendencia a no querer mezclarte con según qué personas y una negativa inconsciente a compartir. Te justificas en el amor perfecto para eludir que no quieres cuestionarte, que no quieres renunciar a tus comodidades de soledad y que tienes un miedo atroz a comprometerte con otra persona.

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G. Tras tu temor a parecer mal hijo por no cuidar a tus padres lo que tal vez está en el fondo es tu temor a no conseguir lo que quieres en el futuro. Si te permitieras mostrarte como realmente eres podrías ver que hay personas generosas que no condicionan cuidar a otros a nada. Pero tú necesitas justificarte porque te sientes culpable de ser egoísta.

H. Tras tu angustia porque te va mal y prefieres imaginar la muerte, son tu soberbia o tu orgullo los que están heridos. ¿Todavía no te has dado cuenta de lo caprichoso que eres? Observa cómo el problema no está en que las cosas te vayan mal sino que no tienes el coraje para enmendar tu camino. No eres lo suficientemente humilde como para aceptar tus errores ni lo suficientemente responsable como para cuestionar tus elecciones y tomar otra decisión.

Como verás todas estas situaciones de fondo no salen a la primera, no las dejamos ver sino tras un análisis. Lo cual quiere decir que tendemos a actuar de manera encubierta, y ello –como he indicado- nos hace manipuladores. <<Manipulación>> quiere decir que decimos que nos sentimos mal por una razón cuando hay otra de fondo. Manipular no es bueno ni malo, es lo que hasta la fecha hemos aprendido y así hemos vivido años y años: sintiendo que son los demás o las circunstancias las causas de nuestro malestar, sin saber que son nuestras condiciones y exigencias las verdaderas responsables de nuestro malestar y lo revestimos de razones que involucran a los otros. Necesito que me quieran, tener un piso para tener madurez o tener pareja para ser feliz… Mentiras… Cuando reconocemos los verdaderos motivos de nuestras acciones podemos creer – falsamente- que las causas de nuestras emociones son cosas externas cuando, insisto, hay otra posibilidad: son nuestras carencias internas las causas de que sintamos malestar. Y, hasta que no las reconozcamos plenamente, seremos dependientes de conseguir cosas externas para sentirnos bien.

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Cómo funciona la manipulación inconsciente

Existe por lo tanto, otra manera de abordar tu bienestar: considerar que, aquellas cosas de las que sientes que dependes, son condiciones que te crees que son necesarias –cuando no lo son forzosamente- y que impones al mundo bajo un falso concepto de sentirte bien.

El reconocimiento de que la causa del malestar emocional son tus carencias te convierte en una persona poco clara y, desde este contexto, manipuladora: inconscientemente empiezas a actuar como los niños pequeños quienes, al no conseguir inmediata y directamente lo que quieren, utilizan otras vías para llamar la atención de los padres o los adultos. No pretendo descalificar a los niños, sencillamente llamo la atención de cómo funcionan a veces. Observa el siguiente caso:

Jaime, Pedro, Rosa y Carlos son cuatro niños que han acabado de comer en este instante. Son hijos de dos parejas que hoy se han reunido para comer juntos. Por cierto, la comida fue copiosa, abundante y los niños comieron de todo hasta la saciedad. Los padres aún están comiendo el postre pero los niños, que tienen entre 4 y 7 años, se han ido a jugar a otra habitación de la casa.

Tras diez minutos de juego los padres escuchan que Jaime está llorando pero no van a la habitación. Cinco minutos después Jaime entra en el comedor, llorando a viva voz. Se acerca a su madre pero esta no la presta mucha atención. Jaime se va un momento y vuelve llorando, esta vez acercándose al padre… Tampoco éste le hace mucho caso, así que, cinco minutos después Jaime se acerca a la madre y le dice: <<Mamá tengo hambre>>. Su madre, ante esto, presta súbitamente toda la atención a su hijo y le dice: <<Pero, ¿cómo?, ¿no comiste bien?>>… Y el niño responde: <<Tengo hambre, mamá>>. La madre, toda preocupada, le prepara un bocadillo y se lo da. Cinco minutos después Jaime deja el bocadillo encima de la mesa y se va a jugar otra vez.

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Su madre, enfadada, le pregunta: << ¿No decías que tenías hambre?>>. Y él contesta: <<ya se me ha pasado>>… y se va.

Lamentablemente la madre de Jaime ha caído en la trampa de la manipulación inconsciente de su hijo: Jaime no tenía hambre, sencillamente, como no consiguió llamar la atención de sus padres cuando lloraba, desvió sus esfuerzos hacia un tema en donde la madre sí que le iba a prestar atención: el tema de la comida. Quizás Jaime sabía inconscientemente que su madre reaccionaría ante el tema de la comida. Y precisamente este es el efecto que causó en ella. Enseguida, su madre, se inquietó –quizás se sintió culpable de pensar que su hijo no había comido lo suficiente- y ello causó que se levantara inmediatamente, dedicara unos minutos a Jaime –lo que el pequeño deseaba con toda su alma- y le preparara el bocadillo. Pero la prueba de la manipulación es que Jaime no tenía hambre sino necesidad de ser consolado, cogido en brazos, atendido y, al no conseguirlo con el llanto, utilizó inconscientemente otro mecanismo que le llevó al mismo resultado.

¿Es bueno o malo este mecanismo? Mi objetivo no es juzgarlo sino describirlo. Y además propongo que los adultos funcionamos exactamente igual: sustituimos nuestras necesidades con justificaciones y motivos falsos, bajo una frenética necesidad de llamar la atención de otras personas. Pero el proceso es, en la mayoría de los casos, inconsciente. Si Jaime hubiese tenido palabras para definirlo podría haber dicho a sus padres que necesitaba cinco minutos de consuelo. Pero, al ser pequeño, utilizó otra vía. El problema es que nosotros, los llamados adultos, aun teniendo la posibilidad de utilizar el lenguaje como mecanismo, a veces tendemos a usar vías manipuladoras para intentar conseguir lo que queremos. Es una herencia de nuestro pasado de la ignorancia que tenemos sobre cómo sentirnos enteros y nosotros mismo.

Otras manipulaciones posibles serían siguientes:

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o Para conseguir que un amigo te acompañe, en vez de decirle claramente que te gustaría que te acompañara, dices que se lo pasará, que será bueno para él…

o Tu amigo te dice que quiere salir contigo y tú le dices que para qué, que seguro que él está muy ocupado. La verdadera razón es que a ti no te apetece y no eres capaz de decirlo.

o Alguien te pide participar en una actividad –salir el fin de semana- y tú dices que hará frío, que lo dejarías para otro momento. En el fondo, no te apetece pero no lo dices con claridad.

o Hacer regalos para conservar una amistad que te conviene tener aunque ya no haya amistad.

¿Por qué no somos claros? Porque tenemos que cuando la otra persona nos escuche quizás pueda dejar de salir con nosotros o dejar de contar con nuestra presencia. Como temes perder algo –lo quieres todo para ti- te vuelve manipulador, no lo dices y llega un momento en el que te crees que así son las cosas. Pero las cosas no son así; así las haces tú porque no quieres hacerlas de otra manera, querido manipulador.

Propongo que los mecanismos más usuales de intercambio entre adultos son tres: la venganza, el vampirismo emocional –necesitar que nos quieran y sentirnos queridos a costa de los demás- y el chantaje. La segunda parte del libro está repleto de casos y situaciones que utilizan estos mecanismos.

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Supervivencia emocional aplicada

Para reconocer, aplicar y explicar cómo funciona la supervivencia emocional en cada uno de los ámbitos de la vida, esta segunda parte del libro utiliza casos y experiencias de una familia a la que irán sucediendo cosas.

Aprovecho para presentártelos:

Ana y Juan son los padres. Roberto y Laura son los hijos.

Ana, la madre, trabaja como directora de promociones en una agencia de publicidad. Tiene 48 años. Juan, el padre, es representante en una empresa de embutidos. Tiene 50 años.

Roberto, tiene 20 años, vive con sus padres porque aún estudia. Está en segundo de derecho.

Laura tiene 22 años. Ha dejado los estudios de informática para dedicarse a estudiar piano. Está en cuarto y asiste al conservatorio.

Cada tema que trataremos consta de las siguientes partes, aunque hay algunas variaciones en algunos capítulos:

1. Un caso que presenta una situación de emergencia emocional. 2. Las emociones posibles de la/s persona/s que aparece/n en el caso. 3. Discusión sobre el caso.

4. Alternativa emocional inteligente: la segunda oportunidad. 5. Condiciones para la supervivencia emocional.

6. Otros casos y situaciones relacionados. 7. Conclusiones finales.

Referencias

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