Bastenier Miguel Angel - El Blanco Movil Curso de Periodismo

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Miguel Ángel Bastenier

El blanco móvil: Curso de

periodismo Con la

experiencia de la escuela

de El País

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1ª edición: abril de 2001

Prólogo

Lo que no acabamos de ser es lo que somos

Al cumplir la Escuela de Periodismo Universidad Autónoma de Madrid/El País sus quince años de existencia se publica su primer manual de Periodismo. Su autor, Miguel Ángel Bastenier, es uno de sus mejores profesores. Quizá otros docentes pongan pronto por escrito los contenidos de sus clases, por lo demás fundamentalmente prácticas, lo que servirá para ahondar en un tipo de

enseñanza que hemos procurado impartir. En la Escuela siempre se ha

considerado que, en general, el periodismo no dispone de teoría por más que en ocasiones ésta se haya querido inventar de forma artificiosa; el periodismo es, en esencia, una práctica sobre la que, a veces, se puede teorizar. Pero no al revés. Por ello, durante estos tres lustros los casi seiscientos alumnos que han pasado por las aulas de la Escuela -las aulas no son tales; son redacciones como las de cualquier medio de comunicación- se han conformado, o se han sobrado, con los apuntes y las explicaciones verbales de los profesores, en casi todos los casos periodistas en ejercicio, no académicos de Ciencias de la Información.

Este curso de periodismo aparece, además, en un momento-frontera para la profesión. En la intersección de dos siglos se discute con apasionamiento y confusión sobre los contenidos del ser periodista. La multiplicación de medios visuales, digitales, compite con la esencia de los medios analógicos, escritos; y todos, alumnos y profesores, debemos atender a los nuevos contenidos y

herramientas del periodismo, llámese oficio o profesión. Algo tendrá que ver con el hecho de que en 12 9 la última década del anterior milenio fue cuando más ejemplares de diarios se vendieron, y que desde entonces las ventas de la prensa escrita han empezado a disminuir por goteo, pero ininterrumpidamente (la tendencia, para ser indiscutible, necesita más tiempo de experimentación).

Nietzsche dijo: "Somos profundos, volvamos a ser claros". Ésta es la

principal virtud de este curso de periodismo que huye en sus páginas de un falso academicismo que ha desprestigiado tantas veces a las ciencias sociales y a las denominadas ciencias de la información. En muchas ocasiones, algunas de ellas muy cercanas, el descrédito de la enseñanza del periodismo ha venido asociada a una solemnidad falsa, sobrevenida, artificial. Y ello lo tiene presente Bastenier, al que gusta poner las cosas en su sitio; cuando están a ras de tierra, y cuando sobrevuelan por el espacio, también observando irónico los forzados

sobrentendidos que se fabrican circunstancialmente para crear, repito, solemnidades vacías.

No vale la metainformación, dice; cualquier marciano que aterrizase un día en la Tierra debería entender el periódico sin haberlo leído el día anterior, ni algún otro día. O combatiendo los tópicos que nos afligen y de los que somos culpables (españolito de a pie, líder carismático, dar luz verde, crónicas de una muerte anunciada...) los periodistas que buscamos ingenio en voces colectivas, populares, que fabrican sin cesar latiguillos que prenden en el público hasta el aburrimiento.

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Este libro es un diálogo con el lector curioso. Para leerlo, para discutir con su contenido no es necesario ser estudiante de periodismo ni periodista. Tan sólo lector: consumidor de información. El cliente de los medios de comunicación encontrará en él explicaciones a lo que tantas veces se pregunta. Por ejemplo, el texto responderá con suficiencia a la crítica tan frecuente de que los medios sólo publican el lado malo de las cosas y que obvian lo positivo, lo fantástico de lo que sucede: el periodismo no publica buenas ni malas noticias, sino sorpresas, lo que se interrumpe, se rompe, estalla, no el encefalograma plano de la

continuidad. Naturalmente esto es discutible. Como lo es la versión del

periodismo que se aporta, alejada de sinónimo de servicio público. El periodismo como puro cumplimiento de un contenido informativo, "en las antípodas del periodismo salvacioncita de presuntos pedagogos y agentes del bienestar ciudadano". No hay ley de acero que comunique indefectiblemente al periodismo con el bienestar del género humano.

De acuerdo con la definición general, “no hay excepciones para ese no compromiso?, ?no han de tenerse nunca en cuenta las consecuencias inducidas de una noticia publicada (o de una noticia no publicada)? "No hay periodismo neutral, contrapuesto a otro periodismo de toma de posición; sólo hay un periodismo profesional que, partiendo de posiciones de neutralidad, toma posiciones con el respaldo de la información de que dispone", escribe el autor. Pero ?sirve la limpieza de su bisturí mediático, por ejemplo, en coyunturas como la del País Vasco en la que lo que está en juego es la libertad de expresión o, más genéricamente, la libertad de los ciudadanos? ?Vale la descripción de la desigualdad, por ejemplo, en el conflicto árabe israelí? Estas preguntas son en parte retóricas. Conozco los matices de Bastenier porque reconozco su labor profesional en tantos lugares. Pero hay que explicitarlos. Lo que hace es teorizar la objetividad para actuar como Moisés, que sabe que nunca llegará a la tierra prometida, pero que no renuncia a caminar hacia ella. La utopía (la objetividad) nos recuerda que, aunque no haya recetas milagrosas, el periodismo no sólo debe ser administrado, sino cambiado y mejorado. Y ello no debe darnos miedo.

La objetividad. Concepto del que abomina el autor de este texto, pero que utiliza como un cuchillo para dar sus opiniones subjetivas. Si hay un periodista subjetivo (valga la redundancia) ése es Bastenier, que cree que, en el extremo, la objetividad 13 13 significa que todos los medios serían iguales, sin señas de identidad. La objetividad es sólo una palabra, una invocación teórica, un santo y seña; pero que la objetividad no exista no significa que no haya que trabajar con }fair play}, con la honradez del punto de partida, con la ausencia de }parti pris} por parte del periodista.

Con estos puntos de vista ?se puede enseñar el periodismo? Es discutible, tanto como las tesis que se defienden en este manual. Pero lo que es seguro es que se puede aprender. A ello quiere contribuir este libro tan práctico y a la vez tan reflexivo, que polemiza incluso con el propio concepto de periodista. Para poder hablar con propiedad de la existencia de una profesión tienen que darse al menos dos condiciones: el establecimiento de un conjunto de intereses comunes entre los que la practican, y el desarrollo de un programa específico educacional y preparatorio para su ejercicio.

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Muchas veces se puede dudar, en lo cotidiano, de que en España existan las dos condiciones, o incluso una sola de ellas. El autor opina que periodista puede serlo cualquiera, lo que no es equivalente a que cualquiera pueda ser un buen periodista. El periodista se define en negativo. No es sino la suma de lo que no es. No es novelista, sociólogo, historiador, escritor, político, economista, etcétera. Lo que no acabamos de ser es lo que somos.

¿Existen garantías suficientes para los ciudadanos, más allá del ordenamiento legal general, de que los periodistas, tal y como han sido descritos, no van a abusar impunemente de sus poderes? En algún sitio he leído, y lo he utilizado en más de una ocasión, la historia de Noam Chomsky, el lingüista norteamericano, que fue al dentista; el médico, al examinarlo, observó que le rechinaban los dientes. Consultada su mujer reveló que ese rechinar no tenía lugar en horas de sueño. ?Cuándo entonces? Tras un exhaustivo

interrogatorio se demostró que al intelectual le castañeteaban los dientes por las mañanas, cuando leía la prensa. Preguntado acerca de 14 15 cómo era posible tal acto reflejo, Chomsky suspiró, como si viera por adelantado todas las estúpidas perversiones de la verdad que estaba condicionado a seguir leyendo durante el resto de su vida, sacudido cada mañana por furiosos actos de

reprobación. Descritos y analizados los rudimentos de la profesión y su práctica, echo de menos la siguiente reflexión que tenemos pendiente hacer: pasar del periodista individuo al periodista profesión. A sus problemas y deficiencias.

Hace poco tiempo, el periodista polaco Ryszard Kapucinski -uno de los mejores reporteros vivos de nuestro tiempo- hizo unas cuantas reflexiones sobre la adulteración de nuestra profesión, que merecen ser compartidas mientras les damos respuesta:

--El imperativo del beneficio económico ha reemplazado en los medios a las exigencias cívicas prioritarias.

--En los debates sobre los medios se concede una atención excesiva a los problemas técnicos, a las leyes del mercado, a la competencia, a las

innovaciones y a las audiencias, y una atención insuficiente a los contenidos. Cuando los medios hablan de ellos mismos enmascaran los problemas de fondo con la forma; sustituyen la filosofía con la técnica. Se preguntan cómo editar, cómo montar o cómo imprimir y en cambio no cuestionan lo que quieren editar, montar o imprimir.

El problema del mensaje es reemplazado por el del mensajero.

Desgraciadamente, como lamentaba Marshall McLuhan, el mensajero tiene tendencia a convertirse en el contenido del mensaje.

--Las tecnologías punta han provocado una multiplicación de medios. ?Cuáles son las consecuencias? La principal es el descubrimiento de que la información es una mercancía cuya venta y difusión puede proporcionar importantes beneficios. Antaño, el valor de la información iba asociado a diversos parámetros, en particular al de la verdad. Hoy todo ha cambiado. El precio de la información depende de la demanda, del interés que suscita. Lo que prima es la venta. Una información será juzgada sin valor si 15 17 no consigue interesar a un amplio público.

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--Los periodistas puros que antes dirigían los periódicos han sido reemplazados a menudo a la cabeza de las empresas por hombres de negocios.

--Desde que está considerada como una mercancía, la información ha dejado de verse sometida a los criterios tradicionales de la verificación, la autenticidad y el error. Ahora se rige por las leyes del mercado. Esta evolución es la más significativa entre todas las que han afectado al mundo de la cultura. El mercado se ha salido de su espacio natural económico y hace imperialismo con la

información.

--La guerra interna entre los grupos mediáticos es una realidad más intensa que la del mundo que les rodea.

--?Cómo entender el mundo? Hasta ahora se aprendía la historia gracias al saber que nos legaban nuestros ancestros, a lo que contenían los archivos y a lo que descubrían los historiadores. Hoy, la pequeña pantalla es la nueva (y

prácticamente la única) fuente de la historia, destilando la versión concebida y desarrollada por la televisión.

--Vivimos un mundo paradójico. Por una parte se nos dice que el desarrollo de los medios de comunicación ha conseguido unir a todas las partes del planeta (la globalización); por la otra, la temática internacional ocupa cada vez menos espacio en los medios, ocultada por la información local, por los titulares

sensacionalistas, los cotilleos, los personajillos y toda la información mercancía. Completar las reflexiones y los interrogantes de Kapucinski, que muchos nos hacemos, sobre la pérdida frecuente del carácter tradicional de contrapoder del periodismo, es un desafío para la Escuela de Periodismo UAM/El País -que nació para dudar, además de para enseñar- y para futuros manuales sobre nuestra profesión y sus mutaciones.

Joaquín Estefanía, director de la Escuela de Periodismo UAM/El País 16 19

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Introducción

Este libro es un manual, pero no exactamente un manual escolar; este libro es un manual del curso de la Escuela de Periodismo UAM/El País, una materia, esta del periodismo, sobre la que es complejo imaginar que se pueda impartir una enseñanza académica; la pretensión, por ello, de este texto es la de ser a la vez que un diálogo con el alumno, o con el lector interesado, también una exposición, inevitablemente subjetiva, de cómo se practica el periodismo en nuestro entorno cultural; una interrogación aneja sobre qué es o qué puede ser eso del periodismo; y, como itinerario de fondo, un recorrido pormenorizado del trabajo que durante un año, de enero a diciembre, se realiza en la Escuela de este periódico. Sin el concurso, por tanto, de las catorce promociones que han llenado en otros tantos años las instalaciones de Miguel Yuste, 40, este esfuerzo no habría sido posible.

Pero, si la materia prima que hemos de manejar es el periodismo, parecería apropiado que antes tratáramos de establecer unas mínimas

coordenadas para apuntar en qué consiste. El periodismo, ya se ha apuntado, difícilmente se enseña, pero sí se aprende. Y no necesariamente en una escuela o facultad. Es útil, pero en absoluto imprescindible que así sea.

Existe una diferencia esencial entre los estudios de Periodismo y los de cualquiera de las profesiones liberales de todos conocidas. Derecho, Ingeniería, Arquitectura, Medicina, son todas carreras que poseen un contenido positivo, evolutivo por supuesto, pero indiscutible. La sociedad se protege contra los que deseen un día ejercer como abogados, ingenieros, arquitectos, médicos,

etcétera exigiendo que los interesados cursen determinados estudios durante un cierto número de años para que obtengan un papelito enmarcable, en el que se da fe de que 18 21 esa persona ha adquirido, teóricamente al menos, los conocimientos imprescindibles para ganar algún pleito, para que no se le caigan irremediablemente las casas, o para que no sufran indebidamente los enfermos. La sociedad carece, en cambio, de las debidas garantías contra el abuso o mal uso del oficio o profesión -ambos términos me parecen correctos- de periodista, más allá de lo que la protejan las disposiciones del ordenamiento jurídico

vigente. Y siempre a posteriori. ?Por qué? Porque el periodismo carece de corpus, currículo -}pensum}, como lo llaman en Colombia- del conjunto de doctrinas o normas recibidas, que puedan estructurarse a manera de

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compendioguía, más allá de unas generalizaciones que parecen ya un poco desgastadas por el uso. Por eso, este libro no puede ser un auténtico manual escolar, porque es limitado el acervo con el que proceder a una escolarización del aspirante.

No ignoramos que en el caso de las profesiones anteriores, la práctica, el enmarañamiento con la realidad -si es que, como veremos, el término realidad tiene algún significado- va a ser siempre decisiva para que el licenciado pueda considerarse abogado, médico, arquitecto o ingeniero. Pero, aun así, el canon es algo tangible.

¿Qué ocurre, entonces, con el periodismo? El periodista no es un novelista, aunque, inevitablemente, sus materiales contienen un poderoso aliento de

ficción, de creatividad activa sobre lo que percibe; el periodista no es un sociólogo, pero qué duda cabe de que en su trabajo habita una sociología práctica y cotidiana; el periodista no es un historiador, aunque de las

hemerotecas los historiadores extraerán parte de la materia prima con la que trabajen; el periodista no es un político, ni tiene por qué ser un hombre público, pero su cercanía a los corredores del poder puede hacerle creer que es un

agente de la gobernación del país, lo que cabe, por supuesto, que sea, pero sólo de manera indirecta, como en todos los casos anteriores.

El periodista puede entenderse, por tanto, como una suma de todo lo que no es: no es un novelista, no es un sociólogo, no es un historiador, no es un político; luego, la adición de todas esas imposibilidades o insuficiencias,

conforma, de manera muy apropiada aunque especialmente enigmática, lo que sí es. Lo que no acabamos de ser, de una manera múltiple, es lo que somos. Y ese lote es indefinible porque, efectivamente, no existe el corpus doctrinal que exprese semejante suma de negaciones. Por eso, periodista puede serlo

cualquiera, lo que no significa que cualquiera pueda ser un buen periodista; y por esa razón hay que admitir que el único control de acceso a la profesión sea el interés del mercado conjuntamente con el de la sociedad: la aprobación del lector y la decisión del empresario, que otorgará la condición de periodista a quien se dé la oportunidad de serlo.

Todo lo cual por supuesto, no significa que sea inútil tratar de adquirir un bagaje a manera de canon para abrir boca, a través de las instituciones de que se trate. Pero, siempre, resignándose a la evidencia de que en vez de disponer de una teoría que guía nuestra práctica, el trabajo del periodista es una práctica sobre la que, en ocasiones, nos da por teorizar.

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Capítulo I

El estado de la cuestión

No es imposible que estemos viviendo los últimos años de la profesión periodística tal como se ha conocido, al menos, en el último siglo. Los alumnos de la promoción del 2001 de la Escuela UAM/El País, que habrán completado su preparación en diciembre de este año, vivirán todavía una parte de su carrera, pero no necesariamente la mayor, en un contexto básicamente similar al

finisecular, pero van a asistir durante la misma a enormes transformaciones en el ejercicio de la profesión, que es muy probable que desemboquen, a no tantos años vista, en una realidad muy distinta de la que hoy aún conocemos Quizá, los libros de historia del periodismo de dentro de unas décadas reseñarán, a

manera de piadosa elegía, este tiempo nuestro como el del comienzo de la gran mutación.

La tecnología de la fabricación de diarios ha conocido durante el siglo Xx grandes progresos, pero, básicamente, de tipo más cuantitativo que cualitativo. Hemos pasado de la máquina de escribir y del hot type o plomo a las páginas directamente pergeñadas en el ordenador, así como nos valemos también de la transmisión vía satélite para volatilizar y materializar páginas de periódico para su impresión a miles de kilómetros de distancia, y, últimamente, al diario

electrónico, que, aunque dentro de pocos años pueda parecer prehistórico en su tosquedad actual, existe sólo desde que, por razones militares, el Pentágono norteamericano creara en 1993 la }World Wide Web}. El número de }host

computers} conectados a Internet ha crecido de 130.000 en 1989 a cerca de 35 millones a fin del siglo pasado, con lo que, si calculamos unos cinco usuarios por aparato, eran ya cerca de 200 millones los pinchados a la red en el año 2000, con un crecimiento exponencial en perspectiva.

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Todavía hoy, sin embargo, el gran vehículo de la prensa diaria es el mismo que hace cien años. Por muy notables que hayan sido los avances producidos, por mucho que haya cambiado, al mismo tiempo que la tecnología de prensa, la técnica profesional de rellenar diarios, un hecho troncal se ha mantenido: el soporte papel.

Las páginas de los diarios de hace cien o más años son enormemente

diferentes de lo que entendemos hoy por prensa profesional, pero su esencia no ha variado en la relación del lector con el producto: se despliega el periódico a tenor de su formato (universal o }broadsheet}, tabloide y todos los híbridos de ambos); se lee de una manera muy física, muy material, casi con el movimiento de cabeza de quien ve un partido de tenis; se abarca de una ojeada la totalidad de la página, que tiene una arquitectura informativa determinada, cuya

percepción ya es en sí misma una primera interpretación del mundo; el ordenamiento consecutivo en secciones del periódico, su impecable orden interno, con todo lo cual estamos ya tan familiarizados, nos permite, si lo deseamos, comenzar a leer un texto por el final, arrancar en cualquiera de sus párrafos intermedios, o combinar la lectura casi simultánea de varias

informaciones a dosis determinadas por el usuario. Todas ellas son posibilidades de aproximación al periódico que contribuyen a darle a la lectura una

tangibilidad física hasta construir una relación íntima y sensorial con el diario. Todo eso no lo podemos encontrar en la lectura de una publicación virtual. La palabra, escrita pero titilando de manera apenas perceptible sobre una pantalla, es el único nexo de unión de un futuro que ya es presente con un presente que corre el peligro de ser cada día más pasado.

Las estadísticas sólo sirven para explicarse a sí mismas, pero,

probablemente, no es ocioso creer que el estancamiento de cifras de ejemplares de prensa vendidos y el número de publicaciones hoy existentes en el mundo occidental tiene que ver con el desarrollo de esa otra forma de leer pe22 29 riódicos. Redondeando cifras, de algo más de 1.500 publicaciones diarias en los países de la Unión Europea que existían en 1995, hemos pasado a una pérdida neta de unos 50 títulos, mientras que en Estados Unidos, de unas 5.500

publicaciones en idéntica fecha, ha bajado el total en algo menos de un

centenar. Paralelamente, la venta total de diarios en Europa y Estados Unidos es sustancialmente la misma, a comienzos de 2001, que en 1995.

En el desglose por países y zonas culturales, las cifras no tienen, sin embargo, por qué ser uniformes; países menos dados a la lectura, como Portugal y Grecia -por debajo del consumo de 100 ejemplares por 1.000 habitantes- y en menor medida España, con algo más de 100, gozan de un margen de crecimiento potencial mayor que los mejor dotados como Noruega y, en general, el mundo escandinavo, donde el índice oscila en torno a los 500 ejemplares. Es probable, en consecuencia, que hayamos llegado en este tránsito entre los siglos XX y XXI al volumen máximo de venta de diarios, en soporte papel, que el mundo ha conocido o va a conocer. Los que entran, por tanto, este año 2001 en esta antesala de la profesión que es la Escuela de El País o en las Facultades de Ciencias de la Información -en general, llamadas de Comunicación en América Latina- que sepan que el empleo en la prensa de papel, y en

particular en los diarios de información general, es una piel de onagro que se encoge, aunque, como compensación se esté creando un importante volumen

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de empleo en los portales de Internet, que, tras el necesario desbroce del trigo y de la paja, habrá de constituir la fuente de trabajo más pujante en los años

venideros.

El currículo de la escuela

El esquema de trabajo en la Escuela es el siguiente: el curso es de un año natural, a comenzar en enero, poco después de Reyes, con la conclusión 23 31 en diciembre, apenas unas fechas antes de Navidad. La actividad lectiva se divide en tres grandes tramos. Dos cuatrimestres, tan largos que son de casi cinco meses, y un período intermedio de prácticas, de dos, que los alumnos realizan como profesionales formados en alguno de los medios de comunicación del Grupo Prisa incluido El País.

El primer cuatrimestre se consume inicialmente con un corto período de familiarización con el aparataje tecnológico, que es exactamente el mismo que el del diario, y una preparación teórico-práctica, con mucho más acento en lo segundo, distribuida en dos grandes áreas: el conocimiento específico de las diferentes secciones del periódico en materias individualizadas, que se limita a ese primer cuatrimestre, y un planteamiento troncal que llamamos }

reporterismo y redacción}, cuya duración abarca todo el año, y que, como denominación, es sólo uno más de los nombres de la rosa para designar cómo se hace un diario. También tratamos de las publicaciones no diarias, como es el caso de los semanarios, pero nuestro material de base es lo que llamamos, erróneamente, periódicos, cuando son diarios. Las páginas que siguen se

ocuparán exclusivamente de este último transcurso, con el acento en el “qué” y el “porqué”. El segundo cuatrimestre es exclusivamente práctico, como en su momento veremos. Pero, aún hay que dar cuatro pasos por las nubes antes de meternos en las vías de hecho.

Sobre la objetividad y otros ensueños

Todavía se repite como un mantra la famosa declaración de que }los

hechos son sagrados y las opiniones libres}, entre otras cosas porque los hechos cuestan el dinero de ir a buscarlos y opinar puede hacerlo cualquiera sentado en su despacho.

Eso está bien, si no se nos sube a la cabeza. Efectivamente, lo que es la opinión del periódico, en forma de editoriales no firmados, o artículos 24 33 firmados que expresan una valoración para subrayar que }esto es mejor que eso, yo recomiendo tal cosa, me gustaría que pasara aquello o lo de más allá}, etcétera, son un tipo de textos que deben estar claramente diferenciados en su presentación gráfica de lo que comúnmente llamamos }información}, para que el lector sepa a qué atenerse, dónde hay narración de hechos presuntamente ocurridos, y dónde se hallará lo que ha de ser un comentario valorativo de los mismos. Pero suponer, realmente, que es posible separar los hechos de la opinión es pura fantasía. No ha habido jamás un solo texto, por desnudo que pueda parecer a nuestros ojos, que no contenga alguna carga de opinión en

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primer grado, siquiera que sea por la colocación que ha merecido en las páginas del periódico.

La objetividad es sólo una palabra, una invocación, un santo y seña al que encomendarnos, porque eso que llamamos la “realidad”, o bien no existe o no tenemos ninguna posibilidad de aprehenderla por la vía del conocimiento. Contaba un día Fernando Sabater que el escritor José Bergamín solía ironizar diciendo que si él hubiera nacido “objeto” sería “objetivo”, pero como nació sujeto era “subjetivo”. La objetividad no existe y no hace ninguna falta que exista, porque si fuera así todos los diarios, al menos los que cumplieran con sus objetivos profesionales, darían siempre prácticamente la misma versión de los hechos, todo habría ocurrido de forma inapelable, al margen de que luego se editorializara de la forma que fuese.

Tomemos un hecho aparentemente diminuto. Un ciudadano del norte de África, por tanto emigrante, ha dado muerte a puñaladas a un madrileño en una de las calles adyacentes a la Puerta del Sol. Exactamente los mismos elementos narrativos (filiación de víctima y victimario, lugar, hora, informe forense,

declaraciones de testigos presenciales) dispuestos en el periódico de formas distintas (página, posición, número de columnas) contarán también historias esencialmente diferentes y, en principio, igual de válidas y comparativamente tan “objetivas” unas como otras.

Pero, más aún, incluso manteniendo inalterables las condiciones anteriores, si comenzamos la historia escribiendo en el primer párrafo "un

emigrante" -no digamos ya un "norteafricano"- estaremos haciendo esa cosa tan horrible que es guiñarle un ojo al lector, diciéndole como quien no quiere la cosa -que es la peor forma de querer algo- “alerta los pueblos, que los asesinos de fuera están entre nosotros”; si damos, en cambio, ese dato como cierre de la información, como una coletilla casi de cariz administrativo en el último párrafo, pero siempre con el mismo fraseo a lo largo de la información, estaremos

haciendo mucho menos o ningún hincapié en la peligrosidad del “sujeto”. Obviamente, si en aras de una versión de lo que hoy muchos consideran políticamente correcto, llegamos a la conclusión de que no hay que “fichar” al homicida, basándonos en que cuando un español mata a otro español no hacemos mención de nacionalidad alguna, es que estamos ya entonces en mundos diametralmente opuestos. Y, en cualquier caso, uno u otro tipo de diario, según su visión del mundo, preferiría también diferentes versiones de lo sucedido.

Es cierto que, jugando con las palabras, podemos establecer diferentes cánones terminológicos, a condición de que nos atengamos a ellos. Si en vez de opinión, queremos decir -y querremos- que las diversas visiones antes

reseñadas contienen diferentes “interpretaciones”, porque el término opinión lo reservamos para más altas misiones -y lo reservaremos- no hay tampoco

inconveniente. Algún grado de valoración o interpretación -u opinión- es siempre inseparable de eso que con gran fantasía por nuestra parte llamamos “los

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El policía veterano de aquella famosa serie de televisión “Canción triste de Hill Street” (Hill Street Blues), que daba cada mañana sus órdenes a los agentes patrulleros antes de que éstos salieran a la calle, concluía invariablemente su breve parlamento diciendo: "And take care, out there" ("Y tengan cuidado, ahí afuera"). Harían bien los periodistas en seguir esa indicación porque ese “ahí afuera” es la realidad, algo radicalmente ajeno a toda capacidad humana de reproducción por medio de lo escrito. Cabe decir del periodismo, o de su vana tentativa reproductora, algo parecido a lo que teóricos contemporáneos dicen de la narración histórica.

El pensador norteamericano Hayden White (1), como los franceses Paul Ricoeur y Roland Barthes, entre otros, niega radicalmente la posibilidad de reproducir los hechos; es decir, que los hechos no tienen más existencia que la puramente lingüística, porque nadie sabe lo que son, dónde empiezan y dónde acaban. Son tan reales como la famosa nariz de Cleopatra, sobre la que

ironizaba, y que, supuestamente, había cambiado el curso de la historia. De una forma muy explícita el sociólogo francés Duverger nos pone en guardia: "Antes que buscar una objetividad o una neutralidad, inaccesibles, el sociólogo debe ser consciente de la imposibilidad de prescindir de las ideologías en las que vive, a fin de limitar la definición que resulte de todo ello. Y esto implica de salida que sea consciente de su propia ideología y que lo confiese. Y acto seguido, tener en cuenta no sólo su ideología, sino la de los otros para construir sus hipótesis y sus teorías (3)".

Sólo hace falta sustituir sociólogo por periodista, que ya hemos visto que lo es en alguna forma sin necesidad de tener conciencia de ello, ideología por puntos de vista o preferencias personales, y los otros por el mundo alrededor, para que la cita sea tan impecable como implacable. La realidad puede que exista o no, puede que seamos o no capaces de definir en qué consiste, pero lo que sí es seguro es que ese conjunto magmático que se ofrece al periodista integrado por ruidos, colores, ráfagas de luz, partículas de polvo, radiaciones en suspensión y hasta sentimientos que se cortan con un cuchillo de los de matar es irreproducible, irreconstruible, no extrapolable; y no sólo, a causa de las obvias dificultades que presenta su comprensión, por la existencia de variados y muchas veces contradictorios puntos de vista hasta para mirar un cuadro, como subrayaba un gran decano de la prensa italiana, Eugenio Scalfari, en una lección inaugural del curso de la Escuela, sino porque lo que ocurre }ahí afuera} y lo que ocurre }aquí adentro} no tienen ninguna relación entre sí que permita la transcripción de un medio a otro.

La palabra escrita, o hablada, es una realidad en sí misma, un medio que no tiene nada en común, ningún área de superposición, con los hechos que se supone que está describiendo. Es sólo una convención la que hace que creamos que determinados signos en el papel reproducen fielmente lo que ha pasado; contrariamente a ello, no reproducen nada, pero sí son una representación de eso que decimos que ha ocurrido, dentro de su propia materialidad intelectual, distinta pero equivalente a lo que decimos que ha sucedido. Estamos, por lo tanto, creando una nueva realidad que es una narrativa, entre muchas posibles e igualmente válidas, del “out there”. Pero, significa eso que si Dios no existe, como dijo Karamazov, todo está permitido? Por supuesto que no. Si la

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objetividad no existe, ni es deseable en sí misma, lo que sí existe, en cambio, es lo que los anglosajones llaman el “fair play”; la honra desde del punto de

partida, la ausencia de “parti pris” por parte del periodista. Cuando nos

aproximamos a lo que hay por ahí, cuando lo oímos, vemos, tocamos, nos dirige la palabra, e interaccionamos con ese mundo exterior, hemos de obrar con la más estricta neutralidad, o combatir con nosotros mismos para que así sea, puesto que hay que partir de la radical imposibilidad de la objetividad en nuestro trabajo.

En un seminario organizado por la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano de Gabriel García Márquez, que se celebró en noviembre de 2000 en Cartagena de Indias (Colombia), uno de los asistentes, académico de Oxford, sin duda con la mejor buena fe, reaccionó ante un alegato de uno de los periodistas presentes, que defendía ese periodismo de la }neutralidad}, con una sentida loa a un periodismo que calificaba enigmáticamente "de los valores", en contraposición a la ausencia del “parti pris” que mencionamos y que le parecía poco menos que un atentado a las buenas costumbres, la Escolástica y santo Tomás de Aquino; y, sin embargo, es una posición fundamental de este libro que sólo en la neutralidad residen los auténticos valores profesionales; el no preferir ni a Hitler ni a la Virgen María, sino aspirar a dar la mayor y mejor información posible a la sociedad, siempre actuando con honradez y siguiendo las reglas del “fair play” con el objeto de la información.

Esa imposible objetividad y esa necesidad de neutralidad se oponen frontalmente a otra concepción muy extendida del periodismo como algo más que el puro cumplimiento de un cometido informativo para facilitar a la sociedad un mejor conocimiento de sí misma.

En las antípodas de la visión de un periodismo salvacionista propio de presuntos pedagogos y agentes del bienestar ciudadano, este libro sostiene que nuestra profesión no puede ser una extensión del ministerio de Obras Sociales, ni el brazo más o menos armado de la obra del Padre Pío. La misión de procurar que la sociedad se conozca a sí misma, y, quizá, por ese 29 43 camino, como cuestión de hecho pero no como objetivo superior, contribuir al bienestar de todos es ya un esfuerzo suficientemente gigantesco como para que no haya necesidad de añadirle el pastoreo de las almas, la alfabetización del que no sabe, el socorro al que no tiene y demás tareas propiamente apostólicas, pero en absoluto periodísticas.

No hay ley de acero alguna que comunique indefectiblemente el

periodismo con el bienestar del género humano; más aún, es perfectamente concebible la situación en la que la publicación de una noticia relevante y de interés general cause algún daño, al menos a corto plazo, a la apariencia de ese bien común, como ocurriría cuando, por ejemplo, la revelación de algún secreto de la cosa pública favoreciera a los partidarios de uno u otro terrorismo. En esas circunstancias, no hay que dar por sentado tampoco que el periodista esté

obligado, por encima de todo, a servir a una diosa abstracta e implacable de la información publicando lo que sea, puesto que habrá que reconocerle siempre el ejercicio de su libre albedrío, en virtud del cual podrá abstenerse de publicar aquel material tan grávido por simple temor o respeto humano; pero, lo que sí estoy diciendo es que tiene derecho a tirar adelante con esa publicación,

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cualquiera que sean las consecuencias que se deriven de ello, si cree que debe hacerlo.

No hay un periodismo neutral, contrapuesto a otro periodismo de toma de posición; sólo hay un periodismo profesional que, partiendo de una posición de neutralidad, toma posiciones con el respaldo de la información de que dispone.

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Capítulo II

Primera aproximación a los géneros: la información seca

No hay nada establecido de manera irrefutable en cuanto a géneros; ni cuáles deben ser, ni cuántos, ni para qué, aunque la variedad de

aproximaciones al problema es infinita; de ahí que se derive una gran confusión, o, simplemente, un uso tan libre como legítimo de una u otra terminología. Aquí no seremos diferentes, pero sí se tratará de huir de las vaguedades

literaturizantes en la utilización de unos epígrafes inevitablemente genéricos, siempre de la manera más precisa y coherente posible.

La primera pregunta que hay que hacerse es la del porqué de los géneros. ¿Es inevitable que existan?, y, por tanto, ¿qué nos perdemos si no procedemos a su previa codificación? La respuesta es que seguramente no nos perdemos nada irreparable, y que el periodismo es perfectamente capaz de existir sin necesidad de que nadie se pare a determinar en qué está escribiendo, como aquel que decía de alguien que hablaba en prosa y no lo sabía. Eso no significa, sin

embargo, que no sea interesante establecer un mapa previo de lo que llamamos la realidad, de todo aquello que es posible enfocar a priori como asunto

periodístico, con unos determinados objetivos e instrumentos de trabajo, de forma que todos los quehaceres informativos se puedan enfocar desde un ángulo teórico previo.

Circulan por ahí definiciones de “género” que nos remiten a la vaguedad celestial más completa. Se dicen y se escriben cosas como que la “crónica” es un texto con un mayor contenido literario que la información o la noticia -cuando noticia sólo es la materia prima, no la forma de trabajar con ella-, en la que el presunto cronista dispone de unos recursos expresivos que van más allá de lo que sería necesario para una información. Todo eso no quiere decir nada, porque nadie sabe dónde empieza o dónde acaba la literatura en el quehacer periodístico, ni qué son eso de mayores o menores recursos expresivos. En esta Escuela se han ido destilando unos puntos de vista acerca de los géneros,

partiendo de la base de que la terminología es aleatoria, y lo que aquí puede llamarse “crónica” en el chiringuito de al lado puede recibir un bautismo

totalmente diferente, y no por ello pasa nada si estamos hablando del mismo o similar tipo de cosa. Lo que se ha intentado, por tanto, es sentar lo más

claramente posible unos criterios de los que se deduzca que estamos

escribiendo, al menos predominantemente, en uno u otro género. Y el punto de vista que yo he adoptado para establecer una parcelación en géneros del

trabajo periodístico es el de la perspectiva del autor, de forma que su relación, llamémosle de propiedad, con el texto, sea el principal criterio para determinar qué es lo que tenemos entre manos.

Estableceremos, así, tres géneros troncales, que denominamos por orden de aparición en escena: a) Seco o informativo puro, b) crónica, c) reportaje; de manera que a medida que vamos avanzando en la “generificación” del material informativo, irá aumentando también la personalización del mismo, la atribución creciente, por las razones que en su momento veremos, de la propiedad

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un derivado o subgénero de la crónica, se halla el análisis (news analysis en la prensa anglosajona), y del reportaje, la entrevista, con todas sus eventuales variantes.

El siguiente sería el diagrama que expresa el recorrido desde el punto de mínima personalización, el género seco, pasando por el género intermedio de la crónica, para llegar al grado máximo de intervención personal, allí donde el autor es más propietario de lo que escribe, que se da en el reportaje. O, mejor aún, dibujemos la gráfica de la relación que sostienen entre sí los géneros en forma de círculos concéntricos sucesivos. A partir de un núcleo central, que sería la información seca, dibujaríamos ésta dentro de otro círculo, que representaría la crónica, y, finalmente, este círculo intermedio estaría contenido dentro del círculo más exterior, el correspondiente al reportaje. Esta representación es, posiblemente, la más precisa porque, como veremos en la explicación de cada uno de los géneros, la crónica incorpora todo lo que contiene el género seco, y el reportaje, a su vez, está integrado por todos los recursos expresivos que encontramos en los dos anteriores, crónica y género seco. La posición relativa del análisis y la entrevista, como derivados o integrantes, respectivamente, del planeta-crónica y del planeta-reportaje, no exigen aquí representación

individualizada.

Alcance y utilización del género seco

No existe el grado cero de la escritura más que en el sentido en que lo decía Roland Barthes cuando hablaba de crear precisamente "una escritura blanca, una escritura inocente, una escritura de periodista"

Pero, entendiendo lo periodístico de una manera obviamente distinta a como lo hacía el distinguido sabio francés, sabemos que es imposible hallar textos en los que no se dé algún grado de opinión, de interpretación, de visión del mundo. Pero lo que sí cabe es tratar de enunciar solamente eso que

llamamos “hechos”, sin deslizar opiniones o interpretaciones explícitas, en cuyo caso aspiraremos al grado ya mencionado de despersonalización máxima de lo narrativo, de menor apropiación intelectual por parte del autor. Y para cerrar el círculo de esta primera aproximación, definiremos como “hechos” cualquier tipo de acontecimientos que pueden verse, escucharse, y tocarse, y, por ello,

parcelarse; y trataremos de establecer un modo representativo de los mismos en forma de elementos o unidades narrativas de la manera que el autor crea más conveniente para la mejor comprensión del texto.

Todo ello significa que para redactar un texto en género seco no podremos escribir "la multitud corre despavorida", porque no es posible ver la condición de "pavor". Diferentemente, para cumplir las exigencias de este género, habrá que escribir, por ejemplo, que "la multitud corrió en todas direcciones"; es posible que añadamos "gritando", o, en todo caso, de forma que la descripción del comportamiento de la multitud se lleve a cabo sin una valoración que vaya más allá de lo físico, de lo que se está viendo y oyendo. Como vemos, todo ello es algo más complejo que aquello de "escribir sin adjetivos", como si fuera posible describir nada sin recurrir al adjetivo.

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Este género seco es el habitualmente utilizado por las agencias en los cables que no aparecen firmados. ¿Por qué gran parte del material que distribuyen las agencias está redactado en ese estilo deliberadamente átono? Porque no es un material exclusivo, porque se suministra a un gran número de publicaciones abonadas, que, por ello, puede darse el caso de que publiquen la misma o virtualmente la misma información sobre un hecho o acontecimiento determinado.

La agencia parte en esas piezas no firmadas del supuesto de que el que tiene que pensar, el que tiene derecho a darle un enfoque interpretativo u opinativo a la información es el periódico, que se sirve de los cables de agencia -que hoy llegan directamente a los ordenadores de la redacción- de una gran variedad de formas, pero que si es un verdadero periódico profesional, y no tiene nada que añadir a la historia narrada en los cables, se limitará a

publicarlos a lo sumo dándoles una mayor coherencia por medio de su

reescritura, pero tan carente ésta de enfoque interpretativo específico como el de la propia agencia.

Los grandes diarios, aquellos que aspiren con arrogancia luciferina a explicar el mundo al mundo, están actuando por debajo de sus pretensiones teóricas si se ven obligados a contar historias básica o exclusivamente

construidas con material de agencia, por mucha reescritura que se le dé al asunto, y, aunque todo esto es, naturalmente, sólo un canon convencional que no pretende decir la última palabra sobre nada, parece razonable decir que los diarios no deberían manipular ese material más allá de lo necesario para hacerlo inteligible, lo que puede ser obligado porque, normalmente, se habrá tenido que trabajar con una multitud de cables, de los que cada uno cuenta sólo una parte de la historia, y entre todos habrá que componer una narración unitaria. Ningún gran diario, por otra parte, deberá conformarse con contar historias sólo a través del teletipo, por la sencilla razón de que esa información no es suya, se deberá publicar con el debido crédito a la agencia, y la propiedad o personalización que sus redactores hayan podido darle al asunto será próxima a cero.

El periódico no está sirviendo en el caso anterior un producto exclusivo al lector. Una de las claves, en cambio, en el caso anterior de lo que en la prensa francesa llaman "la fidelización" de los lectores es el senti35 55 miento de que el usuario sólo encontrará un cierto tipo de material en su periódico, aunque los grandes asuntos de los que la publicación informe inevitablemente coincidan con los que trate la competencia.

La prensa británica no emplea directamente el material de agencia, salvo en informaciones brevísimas y muy complementarias. Eso no significa, por supuesto, que los periódicos, grandes, pequeños o medianos puedan prescindir de este material. Claro que lo necesitan. Los cables funcionan como una red de seguridad, una estructura que permite a la redacción disponer de una narración de acontecimientos casi en bruto, para poner en marcha sus estrategias

informativas, distribuir las fuerzas de la redacción, hacer el mapa diario de lo que se quiere destacar, y, también, completar el texto de los periodistas que van a redactar una información, puesto que no es descrédito que uno no haya visto, oído o asistido a la totalidad de la representación teatral que suelen ser los “hechos”.

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Los periódicos son, evidentemente, muy libres de adoptar estrategias diversas de cara al lector, en consonancia con los medios de que dispongan o que asignen a determinados cometidos. En la prensa de Barcelona de los años setenta -tiempos de recuperación paulatina de un periodismo en libertad en publicaciones desaparecidas la mayoría con la transición-, el autor de este libro desplegaba con algunos esforzados compañeros el mayor ingenio de que era capaz para }romancear}, es decir, reescribir enriqueciendo -pero sin firmar los textos, puesto que estamos hablando de Internacional y de lugares distantes que no había visitado el anónimo redactor de la información, por lo que su firma habría sido tan chocante como inapropiada- para hacerlos más explicativos, más digeribles, completando con mucho contexto background, en la parla local- la aridez del material de agencia.

Esa técnica o esa trapacería bienintencionada podía ser tolerable en aquella época y en aquellas circunstancias, pero o tenemos autoridad 36 57 -palabra que, no por casualidad, viene de autor- sobre el material informativo y entonces debemos responsabilizarnos del mismo con nuestra firma, o la

alternativa sólo puede ser ceñirnos a una reescritura seca de los cables.

Y, todo ello, sin olvidar que el objetivo del periódico no puede ser nunca el de reescribir, sino el de escribir directamente sobre nuestro conocimiento

personal de los hechos informativos.

Algunos ejemplos del paradigma seco

Veamos en la prensa española del 2000 y del 2001 cómo son de secas las informaciones que, según nuestro canon, deberían indiscutiblemente serlo. Tomado de un diario español, y firmado sólo por agencia:

El hijo mayor del ex presidente socialista francés, François Mitterrand, Jean-Christophe, que fue detenido el pasado jueves por su }presunta} vinculación en un asunto de venta de armas a Angola, reconoció ayer (viernes) a través de su abogado, que recibió 1,8 millones de dólares (350 millones de pesetas, y 2,1 millones de euros) de la compañía de venta de material militar Brenco

International, pero que esa cantidad la obtuvo por medio de operaciones legales.

De acuerdo con la declaración del abogado, Jean-Pierre Versini Campinchi, su cliente recibió "esa suma de dinero porque había intervenido en distintas

operaciones de financiación bancaria que nada tienen que ver con el tráfico de armas".

Mitterrand fue arrestado con el objetivo de someterlo a un interrogatorio como parte de la investigación judicial que se lleva a cabo por una supuesta venta ilegal de armas a la ex colonia portuguesa en África durante los años 90. El } espectacular giro} que han dado las investigaciones }ha consternado bastante a los franceses, muy sensibles en los últimos tiempos por la supuesta co37 59 rrupción del actual presidente, Jacques Chirac.

Dejando aparte algunos peculiares }giros}, no ya de la opinión francesa sino de la redacción de la noticia, observemos que casi toda ella está escrita en

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género seco, que todo en los dos primeros párrafos es algo que puede haberse visto u oído, e incluso el uso de }presunto} se supone que es el formalismo con el que la fiscalía francesa ha facilitado la información sobre la situación legal de Mitterrand junior. Pero, en el tercer párrafo vamos más allá de lo que

corresponde al género. Los }giros} no hay forma seca de saber si son }

espectaculares} o no, pero, sobre todo, lo que es absolutamente }húmedo} es que haya "consternado bastante" -ni poco ni mucho- "a los franceses, muy sensibles en los últimos tiempos, etcétera".

Medir una consternación ya es difícil, pero determinar que lo es "bastante" sobre todo es una tontería.

Veamos otro ejemplo, tomado de los periódicos y firmado sólo por agencia, del extremo al que se puede llegar en una información exclusivamente hecha de cables, en la que la manipulación del material por la redacción, o un trabajo menos que profesional de la agencia, hace decir cosas no se sabe muy bien a quién, y que no tienen padre ni madre.

Título:

Crisis de liderazgo en el separatismo de Quebec

La información relata cómo Lucien Bouchard, líder del partido separatista de Quebec, que perdió en 1995 por escasísimo margen un referéndum sobre la independencia de la provincia de lengua francesa en el Canadá anglófono, presenta su dimisión. En el segundo párrafo se describe la crisis de liderazgo que ello plantea a la formación política, con la enumeración de una serie de aspirantes a la sucesión de Bouchard. Y se dice en el tercero:

Más preocupante, a largo plazo, es que los sondeos de opinión muestran que la mayoría de los jóvenes quebequeses no están tan interesados en el

separatismo como las viejas generaciones, ni comparten la opinión de que un solo Quebec independiente puede garantizar la supervivencia de su cultura en un mundo predominantemente anglófono.

?Por qué -lo que le plazca a la juventud quebequesa- ha de ser preocupante? ? A quién le preocupa? ?A la agencia? Si eso es así, está claro que el periódico ha hecho un mal trabajo, porque las preocupaciones las ha de poner la propia

publicación, no un servicio colectivo, que ni se preocupa ni se despreocupa de lo que pueda pasar en Quebec. ?Es, entonces, el periódico el preocupado? Si fuera así, debería haber una firma, o algún tipo de acreditación para que supiéramos quién es ese sujeto que se preocupa tanto.

I Geología del }breve}

Hay quien dice, con el grado justo de hipérbole, que el }breve} es el }género} esencial del periodismo; no es un género según nuestro canon, pero sí puede verse como el comienzo de todas las cosas; también hay quien dice que el que sabe hacer un }breve}, sabe hacerlo casi todo. Puede que hasta sea verdad. Y, en cualquier caso, el género seco, que se ha sucintamente descrito, va a

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Pero, antes de que miremos al microscopio a ese humilde soldado de infantería con que amueblamos los periódicos, son necesarias algunas reflexiones

generales.

Todas las informaciones, cualquiera que sea su extensión, han de entenderse como unitarias, como una totalidad, lo que en esta Escuela yo llamo la }

completud}. El hecho de que una información sea minúscula en extensión, no significa que pueda permitirse el lujo de ser parcial; al contrario, ha 39 63 de ser siempre completa; lo que ha de ocurrir para que una información sea igual de completa tanto si es larga como cortísima, es que, según los casos, varíe la perspectiva y con ello la distancia del que narra la historia con respecto al objeto de la información.

Tomemos un ejemplo. Un astronauta curioso deambula por el espacio, y desde no sabemos cuántas órbitas tiene que describir el globo de la tierra, que no ha visitado nunca anteriormente. A esa fenomenal distancia distinguirá únicamente una forma más o menos esférica, algunos colores en la superficie del objeto, quizá partes sólidas, otras menos densas, protuberancias diversas en la piel de la cosa.

De lo que ve a esa lejanía elegirá tres o cuatro características, tan de bulto como esenciales, y redactará para el diario de a bordo una información, presumiblemente de género seco, porque no conviene pasarse con tan parca observación como materia prima.

Anticipemos que eso será un }breve}.

Si el navegante del espacio se aproxima a una distancia ya sólo estratosférica del objeto y gira en torno al mismo, distinguirá muchas más cosas, como el achatamiento del globo por los polos; el color azul o verde de una superficie que parece rodear una serie de grandes o pequeñas parcelas de color castaño, que serán islas; también verá cómo las protuberancias pueden ser muy extensas y picudas, con puntas que se destacan aisladamente; y con esos nuevos materiales podrá hacer una descripción de mayor extensión, que incluirá todo lo ya conocido en la primera aproximación, y que podrá ser, quizá, un texto de una columna. Si seguirá o no componiendo su información en

género seco o en alguno de los subsiguientes, que apenas hemos puesto en el mapa, no es ahora cuestión relevante, puesto que ya volveremos sobre el particular.

En una tercera toma de temperatura, el piloto se encuentra ya colgado a la altura de vuelo de avión sobre aquella realidad sólida, de la que percibirá o atravesará barreras diversas de agua condensada, que sabrá o no que se lla40 65 man nubes, apreciará concentraciones de habitáculos, que son las ciudades, detallará formas serpenteantes de la misma materia que rodea los continentes, curiosamente próximas a los abarrotamientos urbanos, que, según su

experiencia previa, quizá ya sabe que son los ríos. Todo parece indicar que el astronauta podrá ya componer un texto de alguna extensión, quizá ya en formato de crónica de media o más de media página.

Y si tanto baja como para poner pie en aquel apasionante mundo, comprobará la existencia de seres humanos como él mismo, con los que es posible que entable conversación. Aquel mundo habla, y con esos materiales el astronauta podrá llenar periódicos enteros de lo que deberán ser ya crónicas y reportajes, amén de análisis y entrevistas. Pero, volvamos a la astral perspectiva de los } breves}.

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El narrador describirá en primer lugar el planeta tierra ateniéndose al número de características que le parezcan esenciales, que en cada momento perciba. En esa instancia, la tierra será rotunda, escasa, indiscutible, siempre tajante, y esa información, ese }breve}, será tan completo y unitario como cualquiera de las visiones correspondientes a las instancias siguientes, aunque sean éstas mucho más detalladas. Por eso, no hay }breves} cortos ni largos, más o menos

completos, sino de la extensión adecuada, 10 o 12 líneas de composición, según el consenso más extendido entre los profesionales, que deberán servir para contar la totalidad, la }completud} de una historia, y no sólo, como se oye decir en las redacciones, lo que "nos ha cabido de ella". El porqué de esa }

completud} podemos examinarlo desde otro ángulo, que aquí se denomina la Teoría del Marciano.

Imaginemos un marciano que desembarca en la tierra con un perfecto conocimiento de los idiomas del planeta, más los conocimientos medio-altos sobre historia, política, economía, etcétera que correspondieran a una persona razonablemente informada de nuestro mundo, pero que no hubiera leído jamás un periódico terrícola. Ese 41 67 lector novísimo tendría derecho, con su nivel de estudios e información, a entender absolutamente todo lo que leyera en un diario terrícola; es decir, sobrentendidos, abstenerse; solamente los que están implícitos en el texto, y, como veremos, ni uno más.

Nuestro lector es también el marciano del cuento, puesto que no tiene ninguna obligación de habernos leído el día anterior, ni ningún otro día, y, sin embargo, sí tiene el derecho, por el precio que sea (en España, 150 pesetas, los laborables, a comienzos de 2001), de que se nos entienda todo lo que publicamos. Ello

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plantea la exigencia, no ya sólo en los }breves}, sino en cualquier pieza

periodística, de hacer de cada elemento informativo del texto una unidad en sí misma. Así escribiremos: "José María Aznar, presidente del Gobierno", etcétera, aunque Aznar sea, en el cambio de siglo, el más conocido de los personajes de la política española. Pero eso se hará solamente la primera vez que se lo

mencione, con lo que ya quedará suficientemente protegido de la incomprensión del lector.

Nada debe darse gratuitamente por sobrentendido, ni recurrir a ese alegato aún tan frecuente en las redacciones del estilo de: "Pero, si esto ya lo contamos cada día".

Veamos, a la luz de todo lo anterior, un }breve} aparecido en un periódico español, con sus instrucciones de uso.

Chile Lagos confirma que, a su pesar, convocará al Cosena

Santiago (Agencia). El presidente chileno, Ricardo Lagos, confirmó ayer, en el transcurso de una entrevista televisiva, que en los próximos días convocará al Consejo de Seguridad Nacional (Cosena), pero reiteró que esta instancia no es "para debatir" fallos judiciales.

Impecable pero insuficiente estilo seco, firma de agencia, data de país, y concisión absoluta. Demasiado absoluta. La }completud} de este texto 42 69 sería la correcta si con la convocatoria del organismo chileno mencionado, fuera razonable suponer que se estaba dando una información que fuera

autosuficiente, que se explicara a sí misma. Pero no parece que sea así. Aunque la expresión "para debatir" fallos judiciales nos pone en la pista de que estamos tratando del general golpista Augusto Pinochet, de su eventual procesamiento por el juez Juan Guzmán, y lo del Cosena insinúa que en el ejército chileno no reina la paz de los espíritus, no basta con esa metainformación por alusiones para alcanzar la }completud}.

Desde un punto de vista técnico argumentaríamos, por añadidura, que el título, aun siendo de dos líneas -y muchos periódicos exigen para el }breve} la

concisión del título a una sola línea-, no es suficientemente explicativo, puesto que el Cosena raramente le ha sido presentado a los lectores españoles. En el título, además, se contiene una afirmación, "a su pesar", de la que no se da noticia en el texto, lo que es inaceptable, puesto que no hay nada peor que crear una expectativa de lectura no realizada. Así es, más o menos, cómo Alexis de Tocqueville -por no dar al pueblo lo que el pueblo esperaba- explica la

Revolución Francesa (6). Mencionemos, también, como discutible, la costumbre de anteceder el título con la palabra, por ejemplo, }Chile}, puesto que es mejor, como se ha hecho en este caso, que en el propio título se hallen los elementos de reconocimiento de lugar y situación. El presidente chileno

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Ri-cardo Lagos sí que parece, en cambio, que le ha sido ya presentado al lector español razonablemente interesado.

Por todo ello, quizá, }Lagos convocará a los militares} podría optar, al menos en la versión de una sola línea, a sustituir al título publicado. El título, en cualquier caso, ha de ser tan seco como el propio texto que encabeza, junto a lo que también hay que tener en cuenta que no es nada reco

(6) Alexis de Tocqueville, }El Antiguo Régimen y la revolución}, Guadarrama, 1969.

43 71 mendable titular en negativo, como en: Lagos reitera que el Cosena no debatirá fallos judiciales

porque los periódicos, escritos en el género que sea, están pensados para contar lo que sucede, no lo que no sucede, quién o qué se ha impuesto, no quién o qué no se ha impuesto, lo que no significa que no pueda haber excepciones, cuando, realmente, la sorpresa, la noticia, consista en lo que no ha ocurrido, como en: Ayer no salió el sol

Por lo que respecta al contenido, podríamos decir que Lagos convoca al Cosena, organismo militar, para tratar del caso Pinochet, describiendo brevísimamente a continuación cuál era la situación procesal del general golpista. Así, el }breve} podría quedar de la forma siguiente:

I

Lagos convocará a los militares

Santiago (Agencia). El presidente chileno, el socialista Ricardo Lagos, confirmó ayer que convocaría al Consejo Nacional de Seguridad, Cosena, integrado por la cúpula militar, para tratar el caso del general Pinochet, procesado por crímenes cometidos durante la dictadura. Lagos reiteró que el organismo no es competente para debatir fallos judiciales.

En la nueva versión hemos pasado de siete a nueve líneas, pero de un título de dos a una línea, con lo que, gráficamente, ocupamos virtualmente el mismo espacio, y de 49 a 56 palabras, que es un crecimiento perfectamente válido dentro de las dimensiones que corresponden a los }breves}.

Al mismo tiempo, la versión primitiva contiene los siguientes elementos o unidades informativas diferenciables:

1) Lagos, presidente chileno, convocará el Cosena.

44 73 2) La convocatoria será inminente. 3) Lo hizo en una comparecencia televisiva.

4) Y que esa instancia carece de competencias judiciales. En la versión corregida, los elementos son éstos:

1) Lagos, presidente chileno, es socialista, (dato que contrasta con el carácter político del organismo que va

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a convocar).

2) El Cosena es de composición militar, dándose por sentado que la convocatoria, puesto que se anuncia, debe ser inminente.

3) Se va a tratar [lo que es sabido, aunque no lo diga el cable] el caso Pinochet, encausado por los crímenes de una dictadura anterior.

4) Y que el organismo convocado carece de competencias judiciales.

Por lo tanto, sólo se deja fuera el hecho de que hizo el anuncio en televisión para privilegiar otros aspectos de la información, en esta exigente concisión del }breve}.

Es cierto que el lugar o las circunstancias en las que se produce la noticia no suelen ser irrelevantes.

Hay una diferencia profunda en el interés que ésta pueda tener para el público a tenor del tipo de apropiación de la noticia que pueda hacer el periodista. El hecho noticioso, por ejemplo, puede llegar a conocimiento de los medios a través de una declaración pública por escrito, es decir, para todos por igual; por medio de una alocución pública personal, que sigue siendo de todos, pero cuya fórmula de presentación le da un relieve mayor; por medio de una rueda de prensa, que no deja de ser algo colectivo, pero con el valor añadido de la

comparecencia personal del que hace el anuncio; por medio de una declaración hecha sólo a uno o varios periodistas, lo que hace resaltar cada vez más el hecho; y, finalmente, por medio de un anuncio facilitado únicamente a un periódico, o a título personal en una entrevista, que es cuando alcanza el máximo interés. Se ha podido obviar, en este caso, que la declaración se produjera por televisión precisamente porque el carácter masivo de la misma reducía la 45 75 necesidad de señalar el medio en que se desarrollaba. Y, por último, se ha completado el texto añadiendo:

a) que Lagos es socialista; b) que el Cosena es un organismo militar, de cuya contraposición en los términos vive en lo esencial la noticia; c) que se va a tratar del caso Pinochet; y que éste se halla acusado de crímenes cometidos durante una dictadura anterior.

El }breve} ha de ser un organismo totalmente autosuficiente, completo, unitario, que imaginamos como una esfera, liso y bruñido, de manera que no haya resquicio alguno en él, que no se le pueda meter el dedo por ninguna fisura; con todo lo que le hace falta y nada que le sobre. Su utilidad principal será la de completar el diagrama informativo diario, lo que sería el clásico servicio del récord, tan tradicionalmente propio de los diarios de referencia que se precian de no olvidar jamás ningún tema del día que pueda ser, en ese momento o en el futuro, significativo; de otro lado, también puede utilizarse para cometidos de continuidad, para que una cuestión no desaparezca totalmente y durante un tiempo prolongado de la actualidad, de forma que cuando recuperemos esa historia de nuevo con alguna extensión,

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no haya que remontarse a la noche de los tiempos para recordarla, sino que pueda estar relativamente fresca en la mente del lector.

Todo eso no significa, sin embargo, que el }breve} sea un mandato inapelable; puede haber periódicos que renuncien a ese complemento, y, en cualquier caso, la existencia de la Red, con su volumen y su celeridad imbatibles para acumular y renovar las noticias, está haciendo crecientemente discutible el obligado cumplimiento del }breve} informativo. Pero partidarios o no del mismo, éste será, dentro del género seco y de una perspectiva de alejamiento del objeto que sólo nos permitirá verlo de forma elemental, con trazo grueso y concluyente, la línea más corta entre dos puntos. La línea recta de la informa45 77 ción. El género seco podrá emplearse, sin embargo, también en piezas de mayor extensión, por ejemplo, la media columna o la columna, donde continuaremos moviéndonos en el terreno de la información inducida, la que habitualmente nos facilitan los cables. Y, si en el }breve}, aquellas pocas palabras con las que tendremos que persuadir al lector a seguir adelante, casi tienden a confundirse con la totalidad del texto, en esas piezas de mayor extensión, de entre 50 y 100 líneas, podremos distinguir sucesivamente en el recorrido narrativo: }lead} y/o entradilla, conceptos que pueden o no coincidir, como inmediatamente veremos; nudo o desarrollo; y, finalmente, remate o cierre de la información.

Trabajemos con el siguiente ejemplo tomado de El País en los últimos días del año 2000.

El ejemplo que utilizamos es una columna de cuatro quintos de página, 25 centímetros de altura, título de cuatro líneas, texto de ocho párrafos, 66 líneas y 323 palabras.

El título:

Los atentados del Ramadán se cobran más de 250 vidas en Argelia Miércoles 27 de diciembre de 2000

Los atentados del Ramadán se cobran más de 250 vidas en Argelia

Argel El mes sagrado musulmán del Ramadán, que comenzó en Argelia con relativa tranquilidad el pasado 27 de noviembre, terminó ayer con un trágico resultado de 250 muertos a causa de la violencia integrista. Este número de víctimas, establecido por informaciones publicadas en la prensa local, incluye integrantes de los servicios de seguridad, civiles y miembros de los grupos armados integristas.

El final del mes de ayuno y oración estuvo marcado por ataques a localidades aisladas, atentados con bomba, emboscadas y falsos controles de carretera en las regiones de Cabilia y Ain Defla, Chlef y Medea.

46 79 Los miembros del Grupo Islámico Armado (GIA) y los de la organización rival Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC)

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protagonizaron emboscadas contra los diferentes cuerpos de los servicios de seguridad en los que murieron al menos 40 guardias comunales y militares. El principal objetivo de estas acciones era al parecer el de apoderarse de las armas de las víctimas, que en casi todos los atentados eran despojados de sus equipos e incluso de sus uniformes.

En Medea, a unos 120 kilómetros al sur de Argel, el ataque lanzado contra el internado de un instituto en la plena noche del pasado día 16 se cobró la vida de 16 estudiantes, que fueron sorprendidos mientras dormían.

El 17 de diciembre un autobús fue ametrallado en el centro de la localidad y 17 pasajeros fueron asesinados.

Otras 22 personas pertenecientes a tres familias murieron poco después.

Ante la degradación de la seguridad en el país y el extraño mutismo mantenido por el presidente, Abdelaziz Buteflika, se han elevado voces entre las

asociaciones, los partidos de oposición e incluso ciertas formaciones de la

coalición de Gobierno en demanda de protección a la población más expuesta a la violencia.

Algunos partidos han exigido incluso la dimisión del jefe del Estado, a quien hacen responsable del fracaso de su política de perdón y concordia hacia los islamistas integristas.

El título de una columna, para un periódico formato tabloide o similar, de cinco columnas de ancho, debe tener entre dos y cuatro líneas. Ello es así porque buscaremos siempre un equilibrio espacial entre la mancha gráfica del título y el texto que encabeza; de esa forma, un título de una sola línea mancharía poco, y uno de más de cuatro posiblemente sería excesivo, como una cabeza demasiado grande para un cuerpo mediano; de igual manera, los títulos han de tener un mínimo y un máximo de tamaño (cuerpo) de letra, a fin de que no sólo haya una proporcionalidad de espacios, sino de que el 46 81 bulto de los mismos

domine, }pese} lo suficiente para }disciplinar} el texto al que precede. Veamos el contenido de ese título.

Si decimos "del Ramadán" parece que estamos diciendo que esos atentados pertenecen al mes de ayuno y oración de los musulmanes, durante el cual debe observarse una especial pasividad en las horas de luz, cuando, en realidad, esos atentados se han producido durante "el" Ramadán. Pero también cabría

argumentar que esa lasitud de origen religioso hace que los terroristas elijan muy propiamente ese período de tiempo porque su acción, aunque las fuerzas de seguridad tampoco se sienten embarazadas por preceptos coránicos, puede desarrollarse con menores dificultades. Seguimos prefiriendo "en", pero

aceptaremos "del".

Más problemas nos presenta "se cobran". Uno de los enemigos mortales del periodista es esa voz anónima, colectiva, popular, que repite y fabrica latiguillos sin cesar, porque prende en el público una expresión que inicialmente hasta habría podido parecer ingeniosa. Puede tratarse de una sola

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palabra, como }carismático}, auténtica plaga del ingenio de los repetidores, y que le cae a los personajes más insospechados, como la temporada en que le tocó al general ruso Alexander Lebed; o construcciones como }dar luz verde}, cuando lo que se quiere decir es }dar permiso} para algo; }villa y corte}, referido a Madrid, que, aunque lo sea la capital de España, no pasa de ser un casticismo trasnochado y maloliente.

En estos casos, se aconseja aplicar la más drástica actitud de perogrullo, que a la mano cerrada llamaba puño, en vez de dejar que ese coro externo nos dicte con imágenes de baratillo cómo tenemos que escribir. Un intelectual francés dijo en una ocasión que el primer hombre que comparó a la mujer con una flor era un poeta (aunque un tanto machista), y los 400.000 siguientes, unos majaderos. El periodista ha de hablar, incluso en el género seco, con una voz no prestada por el coro universal de los lugares comunes, pero tampoco que se distinga con 48 83 los giros personales que sólo corresponderían a un texto firmado. Es una voz precisa y ordenada, pero mucho más del periódico que suya propia. Y en este caso parece que hay una cierta impostación de voz cuando decimos "se cobra", donde, en realidad, nadie cobra nada. Finalmente, está bien que hablemos de "más de 250 vidas", porque sabemos que la cifra rebasa esa mortandad, pero evitemos expresiones como }al menos}, que parece que nos hacen desear que hayan sido más los muertos.

}Last}, pero no }least}, tengamos en cuenta lo que cabría llamar las

afinidades naturales entre las palabras; aquellos términos que, mentalmente, leemos de una sola vez, como si estuvieran unidos. Hablamos de los artículos con sus sustantivos, en parte de los adjetivos también con los sustantivos, las conjunciones, adverbios, preposiciones con los términos a los que modifiquen o completen el sentido, etcétera. Pues bien, de nuevo, según estudios de

legibilidad, es conveniente, para facilitar la lectura y aun darle su pleno sentido, que aparezcan esos términos afines en la misma línea gráfica. Así, será lo

adecuado leer, como en la versión publicada, "Los atentados" en la misma línea, pero mucho menos "se cobran" con cada palabra en líneas diferentes, y, por último, "250 vidas", todavía peor, con "250" en la tercera y "vidas" en la cuarta línea.

En consecuencia, propondríamos la siguiente redacción del }breve}, título y texto:

Más de 250 muertos en enfrentamientos en Argelia durante el Ramadán Para comenzar, preferiremos "enfrentamientos" a "atentados", porque si leemos el primer párrafo, veremos que entre los muertos se hallan integrantes de los servicios de seguridad, civiles, y miembros de grupos armados integristas; es decir, que contrariamente a lo que afirma el primer título no sólo los

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