Trabajo de fin de máster
Experiencias y opiniones del personal sanitario sobre el trabajo con intérpretes. Estudio de caso en centros médicos de Leipzig,
Alemania.
Máster universitario en traducción médico-sanitaria Universitat Jaume I
Autora: Paula Troncoso Correa
Tutora: Profa. Dra. Dora Sales Salvador Curso: 2020/21
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Índice
1. Introducción ... 5
1.1 Definición y justificación del objeto de estudio ... 7
1.2 Objetivos de la investigación ... 8
2. Estado de la cuestión ... 10
2.1 Introducción a la ISP en el ámbito sanitario ... 10
2.2 Marco legal en la UE relativo a los servicios lingüísticos en la atención sanitaria ... 17
2.3 Marco legal y situación actual de la ISP en el ámbito sanitario en Alemania . 20 2.4 Contexto sociológico y estado de la cuestión en Leipzig, Alemania ... 29
2.4.1 Demografía local ... 29
2.4.2 Investigación previa en el ámbito local ... 32
2.4.3 Iniciativas locales ... 33
3. Metodología ... 34
3.1 Población participante ... 37
3.2 Tabla de categorías e indicadores ... 38
3.3 Cuestionario ... 40
3.3.1 Versión en castellano ... 40
3.3.2 Versión en alemán ... 43
3.4 Análisis de los datos ... 46
3.4.1 Relevancia del trato con pacientes con competencia lingüística limitada ... 46
3.4.2 Procedimientos en el trato lingüístico con las pacientes ... 47
3.4.3 Valoración subjetiva de la compresión de las pacientes... 49
3.4.4 Formación específica para la comunicación y el trabajo con pacientes con competencia lingüística limitada ... 50
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3.4.5 Trabajo con intérpretes ... 50
3.4.6 Opiniones y expectativas personales ... 52
5. Conclusiones ... 53
5.1 Propuesta de investigación futura ... 57
6. Bibliografía citada ... 59
4 Nota: Este trabajo se ha redactado utilizando lenguaje inclusivo. Siempre que ha sido posible, se ha evitado utilizar marcas de género mediante el uso de nombres colectivos (p. ej. el estudiantado, la comunidad). En todos los demás casos, se utiliza el femenino genérico para denominar a personas de todos los géneros. Con esta decisión se pretende visibilizar, por un lado, la mayoría de trabajadoras mujeres en las profesiones sanitarias y, por otro, la doble discriminación que sufren las mujeres migrantes, también en el acceso a los servicios públicos. La excepción al uso del femenino genérico la constituyen las citas de otras publicaciones y los nombres de asociaciones o instituciones.
Las citas de textos escritos en inglés se reproducen en el original. En el caso de la literatura alemana, se ha evitado citar literalmente en favor de una paráfrasis en castellano. Entre paréntesis se reproducen en el alemán original los títulos de instituciones alemanas, así como términos culturalmente marcados o adjetivos de traducción ambigua que resultan clave para el significado de una frase. Todas las traducciones, tanto de literatura como del cuestionario usado para la recolección de datos y de las respuestas obtenidas, las ha realizado la autora del trabajo.
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1. Introducción
In times marked by regional wars or by a sharp economic divide between rich and poor countries, resulting in waves of refugees and asylum-seekers, community interpreting turns into a dire necessity. Snell-Hornby (2006: 118).
Language diversity in the EU is a fact, not a problem, and needs to be regarded as a shared heritage that needs to be protected and respected. Angelelli (2015: 5).
El presente trabajo de fin de máster (TFM) presenta un proyecto de investigación a modo de conclusión del itinerario académico de la especialidad investigadora del Máster universitario en traducción médico-sanitaria de la Universidad Jaume I. En concreto, se analizan los resultados de una encuesta que se centra en la experiencia y opiniones de la comunidad sanitaria en Leipzig con respecto al trabajo con intérpretes.
La interpretación en los servicios públicos (ISP) es una rama de la interpretación que
«facilita la existencia de un acceso igualitario a los servicios legales, de salud, educativos, y sociales, proporcionando una total comunicación entre aquellas personas que no dominan las lenguas oficiales del país en el que se encuentran y los proveedores de dichos servicios» (Burdeus Domingo, 2015: 12). La ISP, por tanto, posibilita intercambios comunicativos entre profesionales de los servicios públicos del país en el que ocurre el intercambio lingüístico y una persona migrante que desea acceder o se ve obligada a tratar con los servicios públicos (SS PP) del país de acogida.
Como disciplina de estudio, la ISP ha gozado tradicionalmente de relativamente poco interés formativo e investigador, consecuencia del escaso apoyo económico e institucional para el sector. Esto es especialmente cierto en lo relativo a la ISP en el ámbito sanitario, aún menos investigada que, por ejemplo, la ISP en el ámbito judicial y menos evidentemente necesaria que, pongamos, en los procesos de solicitudes de asilo. Como se verá en mayor detalle en el apartado 2.2, mientras que la Directiva 2010/64/UE regula el derecho a interpretación y a traducción en los procesos penales, no existe hasta la fecha legislación europea que determine en qué términos las pacientes de habla extranjera
6 tienen derecho a asistencia en forma de ISP para poder acceder a la atención sanitaria (Angelelli, 2015: vii).
La falta de base legal, apoyo institucional e investigación tiene como resultado inevitable una realidad profesional heterogénea, con enormes diferencias según el país, la región e incluso la institución sanitaria en la que nos encontremos. Ni siquiera podemos tener la seguridad de que los servicios de ISP en el ámbito sanitario sean prestados por una persona con formación profesional, sino que el trabajo de voluntarias está a la orden del día, cuando no se recurre a familiares de la paciente, o bien a personal extranjero que carece de formación en interpretación y, a menudo, también de formación médica.
Situaciones en las que personal de limpieza de origen extranjero o hijas menores de edad de la paciente hacen las veces de intérprete en una consulta están a la orden del día (Bührig y Meyer, 2009: 109).
Esta situación no solo impide garantizar una atención sanitaria correcta a este segmento de la población cuando acude a un centro sanitario, sino que tiene otras consecuencias, como que la población extranjera tienda a buscar atención médica solo en casos graves.
A más tardar, la reciente pandemia de Covid-19 debería bastar como concienciación de cuán peligroso el diagnóstico tardío de una persona puede resultar para el conjunto de la población. Otra consecuencia de la precaria situación actual del sector parece ser que el personal médico-sanitario menosprecie o incluso rechace a las profesionales de la ISP.
Esta cuestión aparece citada repetidamente en la literatura especializada como obstáculo para la práctica y el desarrollo de la ISP en el ámbito sanitario. Numerosas publicaciones recalcan la incomprensión de las tareas de interpretación por parte de la comunidad sanitaria e incluso reportan conflictos directos o comentarios desdeñosos (Campos López, 2004). Sin embargo, la mayoría de las investigaciones se han centrado en las experiencias y necesidades de la población extranjera y de las profesionales de ISP en el ámbito sanitario, dejando de lado la perspectiva del personal sanitario.
Es importante tener en cuenta que el personal sanitario representa no solo un gran porcentaje de las partes implicadas en la ISP en el ámbito sanitario —una única paciente extranjera tratará con varias enfermeras y médicas durante una estancia hospitalaria o en el proceso de diagnóstico—, sino que es siempre la parte con poder de decisión. Si el personal sanitario colabora de buen grado, no solo será más sencilla la labor de
7 interpretación, sino que las pacientes recibirán una mejor atención y diagnóstico, lo que a su vez evitará que estas procuren mantenerse alejadas del sistema médico.
Debemos aspirar, por lo tanto, a lograr una mejor disposición de la comunidad sanitaria respecto a la ISP. Si bien el corpus de investigación en ISP en el ámbito sanitario es insuficiente en términos generales, si nos fijamos en las tendencias que se observan en los trabajos de TFM que investigan sobre este sector, faltan especialmente estudios que se centren en la perspectiva de la comunidad médica como participante (Valero Garcés, 2013: 82). Las publicaciones de Sanz-Moreno (2018) y Cebrián Sevilla (2004) son dos valiosas excepciones que han inspirado el diseño de la investigación que se presenta aquí.
Para poder desarrollar iniciativas y programas de concienciación y formación para profesionales sanitarios que resulten efectivas, necesitamos primero saber de dónde parten y por qué. ¿Han recibido alguna vez formación sobre el trato con pacientes de habla extranjera? ¿Han tenido malas experiencias con intérpretes no profesionales y por eso rechazan la interpretación de primeras? ¿Disponen de tan poco tiempo por consulta que rechazan todo aquello que requiera tiempo extra? ¿Desconocen el objetivo, funcionamiento y ventajas que ofrece la ISP? ¿O nos encontramos ante puras actitudes de rechazo a la población extranjera, opiniones del tipo «si quieren vivir aquí, que aprendan el idioma»?
1.1 Definición y justificación del objeto de estudio
El trabajo de investigación desarrollado en el marco de este TFM surge a raíz de experiencias y observaciones personales como persona migrante en distintos países europeos y en Canadá a lo largo de la última década. Si bien nunca me he visto en una situación en la que la barrera lingüística haya impedido una atención sanitaria satisfactoria, en no pocas ocasiones habría deseado tener asistencia lingüística profesional. Asimismo, en varias ocasiones en Alemania he tenido la oportunidad de escuchar cómo una intérprete voluntaria, claramente desprovista de formación específica, ayudaba a una paciente a rellenar un formulario de anamnesis o documentos similares en la sala de espera, utilizando términos incorrectos o explicando una enfermedad tan grave
8 como la hemofilia con la frase «Cuando se hace un corte o se da un golpe, ¿sangra usted mucho?».
Mi formación específica en traducción médica, recibida especialmente en el Máster universitario en traducción médico-sanitaria, pero también durante los estudios del Grado en Traducción e Interpretación y la redacción de mi trabajo de fin de grado (TFG), que se centró en la traducción y análisis de un artículo especializado sobre cardiología, me ha hecho más consciente de las dificultades de comunicación que surgen en el ámbito médico y con ello de la peligrosidad de situaciones como la recién mencionada.
La decisión de investigar sobre la ISP en el ámbito sanitario deriva de mi interés profesional por el sector, así como de la conciencia de la precaria realidad de un ámbito en el que una interpretación de calidad es primordial para la salud de las personas migrantes. Si yo misma, como extranjera con un alto nivel del idioma local me siento limitada a la hora de describir cuestiones como el tipo de dolor, o necesito preguntar qué significa un término especializado, cómo se las arreglan pacientes con escasos conocimientos lingüísticos, o procedentes de una cultura radicalmente distinta a la de acogida. Así surge la decisión de centrarme en la realidad de las personas migrantes en mi ciudad de residencia, Leipzig, a la hora de acceder a los servicios sanitarios.
En un primer momento, parecería que el paso lógico fuera entrevistar a intérpretes de ISP que ejerzan en el área local. Sin embargo, una investigación de este tipo solo nos proporcionaría información sobre las situaciones con presencia de una intérprete profesional. Esta sería indudablemente una perspectiva interesante, pero ciertamente también muy limitada, pues excluye todas aquellas situaciones en las que las pacientes no cuentan con asistencia lingüística alguna o solo con asistencia de tipo no profesional.
1.2 Objetivos de la investigación
La investigación aquí presentada persigue un doble objetivo. Por una parte, obtener una visión general de la realidad de la comunidad local en lo que respecta al acceso a servicios sanitarios por parte de pacientes de origen extranjero. Por otra, sentar una base inicial sobre la que desarrollar propuestas de ampliación de la investigación e intervención
9 pedagógica dirigida a la comunidad médica para lograr una actitud más colaborativa con las profesionales de ISP.
La investigación llevada a cabo en el marco de este trabajo es de carácter exploratorio, es decir, no pretende ser una encuesta en profundidad que arroje datos representativos del conjunto de la comunidad sanitaria. Para ello se requerirían plazos más largos y más medios de los disponibles para un TFM. Lo que se persigue aquí es bosquejar, con la base de datos empíricos, un primer fundamento de trabajo adaptado a la realidad local, un primer diagnóstico de situación.
Parece existir un consenso absoluto en la literatura especializada acerca de la necesidad de mejorar la situación del sector de la ISP en el ámbito sanitario. El aumento de ofertas formativas especializadas y la presión por parte de las intérpretes profesionales para una mayor profesionalización son pasos importantes. Ellas son, al fin y al cabo, quienes mejor conocen la realidad y, por lo tanto, quienes mejor pueden hacer campaña de concienciación. Pero para poder llevar a cabo campañas de concienciación que realmente lleven a un cambio de paradigma, deberemos tener en cuenta las perspectivas de todos los actores en la planificación. Para lograr un ambiente óptimo de trabajo, será imprescindible contar con el apoyo y la buena disposición de la comunidad sanitaria.
Como ya se ha mencionado brevemente en la introducción, el personal sanitario no solo representa la mitad del intercambio comunicativo, sino que es también la parte con más poder e influencia. Si procuramos diseñar planes formativos específicos y adaptar la práctica profesional de modo que incorporemos también las necesidades de la comunidad sanitaria, es probable que encontremos una mejor disposición a la hora de trabajar con intérpretes.
La selección del tema de investigación deriva de observaciones personales como las mencionadas en el apartado anterior, así como de los contenidos estudiados en el marco de la asignatura «Técnicas de interpretación en los servicios públicos» de este máster. Al tratarse de una investigación exploratoria, no se persigue confirmar o descartar una hipótesis en forma de afirmación, sino recabar información acerca de las experiencias y opiniones de la comunidad médica de Leipzig, Alemania, con respecto a la ISP en el ámbito sanitario.
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2. Estado de la cuestión
2.1 Introducción a la ISP en el ámbito sanitario
Los seres humanos perciben, organizan e interactúan con la realidad que les rodea mediante el lenguaje, «the foundation from which our experience and knowledge of the world are generated» (Tyson, 2006: 255). Cuando se nos priva de esta herramienta, nos volvemos incapaces de conceptualizar nuestra situación y, en consecuencia, de actuar para cambiarla. En el mundo globalizado actual, que se caracteriza por grandes movimientos migratorios y por la formación de sociedades multiculturales y multilingües, se multiplican los casos de incomunicación que resultan en el aislamiento de ciertos grupos de personas del resto de la sociedad con la que conviven. Quien no habla el idioma oficial del lugar en el que reside, queda excluida no solo de contactos sociales, sino también del acceso a los SS PP y, con ello, del disfrute de los derechos cívicos, pues «el acceso igualitario a los servicios públicos como derecho humano fundamental implica también el derecho a entender y ser entendido en cualquiera de estos servicios» (Sales, 2019: 3). La ISP es, por lo tanto, en primera instancia un mecanismo para paliar la marginalización de colectivos inmigrantes. En palabras de Burdeos Domingo (2018: 128), la ISP surge:
fruto de una necesidad social, promovida por el crecimiento de flujos migratorios que ha ido constituyendo las actuales sociedades multiculturales en que vivimos. En ellas […]
se han hecho habituales las conversaciones entre los proveedores de servicios públicos y los usuarios pertenecientes a minorías lingüísticas, que no siempre presentan un nivel avanzado de la lengua del país en el que se encuentran.
El concepto de «necesidad social» que menciona Burdeus Domingo es clave para entender por qué la ISP se ha ido desarrollando a remolque de los fenómenos migratorios y tendencias socio-políticas relacionadas con los mismos, y cómo esto ha influenciado la evolución de la disciplina. Los flujos migratorios son por naturaleza impredecibles y rápidamente cambiantes, lo que hace imposible prepararse con antelación para su llegada, especialmente en el plano lingüístico. A menudo, los grandes movimientos migratorios
11 derivan del estallido de crisis humanitarias, como puede ser una hambruna o la actual guerra en Siria. Por lo general, esto resulta en la llegada en un breve período de tiempo de grandes números de personas de una nacionalidad concreta a un país cuyo idioma oficial no dominan y en el que las autoridades no han tenido lugar de preparar una red de asistencia social.
Snell-Hornby (2006: 118) señala que la ISP «works with the native languages of the immigrants or refugees, usually those of limited diffusion and varying according to the origin of the people concerned, and the language of the host country». Aun cuando hay voluntad política de atender a las necesidades de estas personas, lo que no se puede dar por sentado, la falta de difusión en el país de acogida del idioma de la nueva comunidad migrante tiene como consecuencia que los SS PP se vean rápidamente desbordados. El término «servicios públicos», sobre todo cuando se tratan cuestiones relacionadas con la inmigración, se asocia a menudo exclusivamente con los servicios sociales.
Erróneamente, pues estos engloban numerosos sectores, desde el sanitario hasta el judicial, pasando por la educación, la policía y la administración del Estado. No es raro que dos o más de estos sectores se vean involucrados en un único caso. La exclusión de los SS PP significa la exclusión de importantes esferas sociales en las que se mueve el resto de la sociedad. Nos encontramos, por lo tanto, ante un amplio abanico de servicios de muy distinta naturaleza, con diversas jergas profesionales y procesos altamente reglados, que se ven confrontados con usuarias con las que no se pueden comunicar.
Esta situación de urgencia es el punto de partida para poner en marcha servicios de ISP a iniciativa de las propias instituciones, no de las profesionales que la practican (Ozolins, 2000: 32). Es decir, se pretende poner solución tan rápido como sea posible a una
«necesidad social» ya existente. En consecuencia, se dispone de poco tiempo y generalmente de poca financiación para asegurar que la ISP se practique en condiciones profesionales por parte de personas adecuadamente formadas. La premura y la sobrecarga de trabajo son dos condiciones que difícilmente contribuyen a implantar mecanismos de control de la calidad de un servicio, o a facilitar la puesta en marcha de proyectos de investigación que analicen la realidad. Abril Martí describe cómo
en el caso de la ISP son a menudo los servicios públicos los que establecen el tipo de
“mediador lingüístico cultural” que necesitan, si es que admiten la necesidad. Son esos clientes los que determinan si requieren personal cualificado a través de una formación y
12 qué tipo de formación sería la adecuada, e incluso con frecuencia la proporcionan. (Abril Martí, 2006: 292)
No debería por lo tanto sorprendernos que este ámbito haya gozado tradicionalmente de limitado interés académico, muy por detrás de otras líneas de especialización dentro de los estudios en traducción e interpretación, y que solo haya «acaparado la atención de gran cantidad de investigadores en las últimas décadas» (Burdeus Domingo, 2018: 128).
Hale (2007: 203-5) ofrece un resumen de los principales estudios sobre ISP publicados entre mediados de los años 80 y mediados de la década de los 2000, centrados especialmente en los ámbitos judicial y sanitario. Al mismo tiempo, la autora subraya que
la investigación ha sido una de las áreas más descuidadas dentro de la Interpretación Comunitaria. El número limitado de cursos universitarios ha influido inevitablemente en la cantidad de investigaciones llevadas a cabo en esta disciplina. […] Gran parte del personal docente de los cursos de interpretación son profesionales con experiencia que no han recibido formación académica basada en la investigación y sólo fundamentan su plan de estudios en la experiencia práctica (Hale, 2007: 201).
La falta de formación, recursos formativos universitarios e investigaciones académicas sobre la ISP es un tema recurrente en las publicaciones especializadas, desde Pöchhacker (1999) hasta Burdeus Domingo (2015). Se hace hincapié en cómo la escasa investigación teórica y la falta de formación específica formal lastran el desarrollo y la profesionalización de la ISP. Existe además una gran heterogeneidad y descoordinación entre los distintos servicios de ISP dentro de un país (Abril, 2006; Martin, 2006; Sanz- Moreno, 2018), lo que presenta dificultades añadidas para el avance del sector, pues dificulta el intercambio de información, la comparación de iniciativas y la creación de titulaciones homologadas. Hale (2007: 201) insiste en la necesidad de involucrar a las profesionales en la investigación y formación académicas, pues se necesitan estudios empíricos sobre la realidad de la práctica profesional para poder formular propuestas de mejora, así como para diseñar planes de estudios universitarios que correspondan a las necesidades del sector. Las reivindicaciones de Hale, sin embargo, pasan por alto que los cursos universitarios de interpretación mayormente se limitan a ofrecer formación en los pares lingüísticos más comunes en el país, que no siempre coinciden con las combinaciones lingüísticas más necesitadas en los SS PP (Abril Martí, 2006: 297). La falta de investigadoras que hablen el idioma de las pacientes, así como el trabajo en
13 contextos de emergencias migratorias internacionales dificultan la puesta en marcha de estudios a largo plazo.
La cuestión de la combinación lingüística es particularmente relevante en la ISP, pues supone una gran diferencia trabajar con turistas o con comunidades de inmigrantes y, dentro del segundo grupo, con inmigrantes desfavorecidas o con aquellas con una buena situación socioeconómica. La gran diversidad entre los grupos migrantes que requieren servicios de ISP dificulta también una investigación extensiva que analice casos o aspectos concretos de la realidad profesional. El trabajo con la comunidad refugiada siria tendrá, probablemente, solo escasos puntos en común con el trabajo con la comunidad alemana «expatriada» en la costa española.
Pese a que la falta de investigación y profesionalización en el sector aparece mencionada en la práctica totalidad de la literatura sobre ISP consultada, también hay motivos para observar el panorama académico actual con optimismo. El grupo de investigación Formación e Investigación de Traducción e Interpretación en los Servicios Públicos (FITISPos) de la Universidad de Alcalá (UAH) organiza desde hace ya siete años un Congreso Internacional sobre Traducción en Interpretación en los Servicios Públicos.
Dicha universidad ofrece también el Máster Universitario en Comunicación Intercultural, Interpretación y Traducción en los Servicios Públicos, el único máster en territorio español especializado en esta disciplina. En Panace@, la revista especializada en medicina, lenguaje y traducción que la Asociación internacional de traductores y redactores de medicina y ciencias afines Tremédica publica desde hace ya 20 años, se encuentran numerosos artículos sobre la ISP en el ámbito sanitario. Precisamente en esta revista publicó Valero Garcés (2013) un artículo recopilatorio de TFMs de egresadas del máster de la UAH que se centran en la ISP en el ámbito sanitario. También la UJI aporta regularmente publicaciones a este sector, en el marco del Máster en traducción médico- sanitaria y de los programas de doctorados. Al menos en España, investigación y práctica profesional parecen estar en vías de acercamiento.
En cualquier caso, una clara e importante consecuencia de la evolución originariamente ajena al campo académico de esta disciplina ha sido el surgimiento de múltiples denominaciones para una misma variedad profesional, dificultando así el intercambio intelectual, tanto dentro de una comunidad de hablantes, como en el plano internacional.
14 En su tesis doctoral sobre la ISP en el ámbito sanitario, Burdeus Domingo (2015: 14-15) menciona más de una decena de denominaciones en lengua inglesa para la disciplina, si bien las más usadas a día de hoy son Public Services Interpretation and Translation en el Reino Unido, y Community Interpreting and Translating en los EE. UU., Canadá, Australia y Nueva Zelanda. En España, «interpretación en los servicios públicos» parece haberse establecido como término de consenso, si bien también se han utilizado diversas denominaciones en el pasado, como, por ejemplo, «interpretación social» (Sales, 2018: 4) o «mediador sociosanitario» (Navaza et al. 2009: 142). La situación del sector varía de país a país, bajo la influencia de diversas posturas frente a la inmigración y al amparo de distintas legislaciones nacionales. Dentro de la UE, Suecia, los Países Bajos y Bélgica tienen la mayor tradición y experiencia en este campo, mientras que en los países del sur la ISP ha merecido históricamente menor atención y apoyo institucionales (Sales, 2008: 79; Sales, 2018: 10 y 18). Fuera de las fronteras europeas, Australia y Canadá destacan en profesionalización y tradición en la ISP (Navaza et al., 2009: 143-144), si bien en ningún país ha alcanzado esta especialidad el estatus del que goza la interpretación de conferencias (Snell-Hornby, 2016: 118).
A la cuestión de la multiplicidad terminológica se añade el desafío de definir con precisión qué tareas comprende la ISP y cuáles no. Las comunicaciones que se dan en el contexto de los SS PP, y aún más en el ámbito sanitario, tratan temas muy personales y sensibles para las afectadas. Los límites de qué constituye la esfera privada y el cómo, con quién y en qué detalle se discute sobre la misma varían enormemente entre distintas culturas. También la organización y funciones de los SS PP varían considerablemente de un país a otro, lo que pueda dar fácilmente lugar a malentendidos. Por último, no podemos pasar por alto la influencia del desequilibrio de poder que se establece entre una profesional de los servicios públicos y una usuaria migrante de los mismos. Estos factores personales y sociales plantean a menudo a la intérprete unas controversias éticas que no surgen en la interpretación de conferencias. La dimensión ética es especialmente relevante al hablar de la ISP en sectores como el judicial o el sanitario. Sales (2018: 5) define la ISP como «intento de equilibrar las relaciones de poder entre el emisor y el receptor cuando éstos se encuentran en situaciones asimétricas». Este planteamiento arroja múltiples preguntas adicionales: ¿cuándo son las situaciones asimétricas? ¿A partir de qué nivel de asimetría se interviene? ¿En qué partes del intercambio comunicativo
15 puede una intérprete intervenir para equilibrar las relaciones de poder? ¿En cuáles no? Y, sobre todo, ¿cómo conciliar la pretensión de situar a ambas partes en una situación de igualdad con las exigencias de imparcialidad, de interpretar con estricta fidelidad lo dicho por las interlocutoras, de mantenerse tan invisible como sea posible en el intercambio comunicativo? Sanz-Moreno (2017: 116) argumenta que «en la ISP, muchas de estas obligaciones adquieren un significado distinto dada la especial naturaleza de la misma», por lo que «es necesario interpretar estos deberes en función de los contextos a los que se enfrentan los intérpretes».
La realidad es que los desafíos específicos de la ISP desbordan las situaciones previstas por los códigos deontológicos de las asociaciones profesionales de intérpretes, como confirmará un vistazo a cualquier recopilatorio de casos prácticos. Si la intérprete no puede realizar correctamente su trabajo sin desviarse de las normas establecidas por sus propias compañeras de profesión, ¿podemos seguir hablando de interpretación? La dificultad de definir las tareas de una profesional de ISP dentro del marco de la interpretación tradicional ha llevado a acuñar una nueva denominación profesional, la mediación interlingüística e intercultural en el ámbito sanitario (MILICS).
El modelo de MILIC, que se ha ido introduciendo en el sector profesional en las últimas décadas, se acerca al ámbito del trabajo social en lo que atañe a la involucración de la mediadora no solo en el intercambio comunicativo y el trasfondo cultural del mismo, sino en el acompañamiento de la paciente en su trato con los SS PP. Esta práctica se distancia de la visión más tradicional de las labores de una intérprete, influenciada por la práctica de la interpretación de conferencias o la interpretación bilateral en el mundo de la empresa. La idea de que la interpretación en el ámbito sanitario se limita a facilitar la comunicación durante una consulta de pocos minutos solo corresponde a una pequeña proporción de la realidad, como demuestra el éxito de iniciativas como la del Harborview Medical Centre de Seattle. El programa Community House Calls, puesto en marcha en la década de los 90, «provide[s] a range of services, including interpretation, cultural mediation, case management, advocacy, follow-up, assistance in accessing ESL classes and citizenship classes, coordination of patient care, health education and home visits»
(Jackson-Carroll et. al, 1998: 7). Las mediadoras culturales del programa organizan por ejemplo presentaciones didácticas para el personal sanitario y las comunidades migrantes con el objetivo de reducir las barreras comunicativas e incentivar un mejor uso de los
16 servicios sanitarios, pero también acuden a los hogares de las pacientes para realizar un seguimiento del tratamiento y detectar y solucionar posibles problemas. Asimismo, el proyecto incluye la creación de una biblioteca de recursos especializados multilingües para intérpretes, personal sanitario y pacientes, de modo que la experiencia y conocimiento acumulados puedan servir en casos futuros. Pese a los positivos resultados que este y otros programas similares han obtenido hasta la fecha, el alto esfuerzo organizativo y financiero que requieren dificulta su puesta en marcha y mantenimiento.
A esto se añade la imposibilidad logística de implantarlas a gran escala, puesto que, para obtener éxito, este tipo de iniciativas necesitan adaptarse a la realidad local en la que se enmarcan.
También en el ámbito español se encuentran cada vez más publicaciones y proyectos que se basan en el concepto de MILIC. Raga Gimeno (2008) defiende una actividad profesional que medie activa y pedagógicamente entre las partes autóctona y alófona, que no se limite a realizar un trasvase lingüístico, sino que también explicite las diferencias culturales relativas a normas administrativas, creencias y costumbres que influencien la comunicación. Este modelo requiere un alto nivel de iniciativa por parte de las mediadoras, para lo que son indispensables profundos conocimientos de la cultura de la persona alófona que permitan intuir qué razones culturales subyacen a los malentendidos verbales. Este enfoque más activo logra una perspectiva más holística del intercambio comunicativo y se centra más en la resolución de conflictos. Al mismo tiempo, trae consigo riesgos distintos a los de la interpretación tradicional. Raga Gimeno (2008) menciona el peligro de caer en el culturalismo y perder de vista al individuo, reduciendo a las personas migrantes a un conjunto de características culturales en las que se busca explicación a toda actitud o rasgo personal. Asimismo, se dan críticas por parte del personal sanitario acerca de un involucramiento «excesivo» de las mediadoras con la situación de las pacientes, pues consideran que el abogar por las pacientes sobrepasa las funciones de la profesional (Burdeus Domingo, 2015: 275-6).
En la literatura especializada abundan las citas de profesionales del ámbito sanitario que expresan quejas similares a la arriba mencionada, acerca de intérpretes o mediadoras que toman partido o abogan por las pacientes con las que trabajan, en lugar de limitarse a realizar un trasvase lingüístico «aséptico». El otro extremo lo representan las profesionales sanitarias que esperan que las profesionales de la ISP asuman también una
17 labor administrativa en lo que atañe a las pacientes a las que acompañan. Campos López (2004: 3) lamenta que «la mayoría del personal de los SS PP desconozca las funciones del intérprete, llegando incluso a pedirle que realice tareas que no se corresponden con su trabajo». Sales (2008: 78) apunta al respecto que «a pesar de que muchos países europeos reconocen sin ambages la importancia de la figura mediadora interlingüística e intercultural, lo cierto es que no existe un título oficial, ni un sistema de formación y acreditación estable. Predominan la improvisación y el recurso al voluntariado».
La alta presencia de voluntarias sin formación formal, sea en forma de estudiantes en prácticas o a través de asociaciones sin ánimo de lucro, contribuye a una limitada profesionalización del sector. Al mismo tiempo, es también consecuencia de las escasas ofertas formativas, los bajos sueldos y la falta de claridad sobre las tareas que comprende la ISP en el ámbito sanitario. Voluntarias e intérpretes ad hoc pueden ofrecer soluciones más o menos ideales para situaciones puntuales, pero no son, ni pueden ser, una solución sistemática.
La interpretación se asocia generalmente con una compleja formación específica y muchas horas de práctica profesional. La mediación intercultural requiere añadir competencias adicionales a las de las intérpretes de conferencias. No es por lo tanto razonable esperar resultados satisfactorios, para ninguna de las partes involucradas, si confiamos el intercambio comunicativo a personas sin formación específica. Sin embargo, apenas existen requerimientos legales que regulen la prestación de servicios lingüísticos en el ámbito sanitario. Las siguientes secciones analizan por qué la realidad profesional en la UE y especialmente en Alemania dista tanto de cumplir con los estándares que plantean investigadoras y profesionales.
2.2 Marco legal en la UE relativo a los servicios lingüísticos en la atención sanitaria
En 2015, la Dirección General de Traducción de la UE publicó un informe coordinado por la Profa. Claudia Angelelli, de la Heriot-Watt University, en el que se analizaba el estado de la ISP en la atención sanitaria intrafronteriza en la Unión Europea. El informe parte de la premisa, declarada en el resumen de la publicación, de que «if patients cannot
18 access healthcare services in a language they fully understand, equal access to safe and high-quality healthcare is not guaranteed» (Angelelli, 2015: iv). Con este planteamiento, se desarrolla una investigación en Alemania, Grecia, Italia, España y Reino Unido acerca de la provisión de servicios lingüísticos a pacientes comunitarias en otros países europeos.
Es importante por lo tanto subrayar que el documento está enfocado específicamente a la asistencia sanitaria transfronteriza, regulada por la Directiva 2011/24/UE, sin centrarse en la realidad de las comunidades migrantes de origen no europeo que residen en los países investigados.
Las personas residentes en la UE con seguro médico tienen derecho a recibir asistencia sanitaria durante una estancia temporal en otro país miembro, e incluso a planificar ciertos tratamientos médicos en el extranjero en las mismas condiciones que las personas aseguradas en ese país. Esta normativa deriva del derecho a libre circulación de la ciudadanía dentro de la UE. No obstante, no existe legislación comunitaria específica sobre la prestación de servicios de traducción e interpretación en el ámbito sanitario ni regulación acerca de qué actores serían responsables de ofrecer servicios lingüísticos a las pacientes en estas circunstancias particulares (Angelelli, 2015: viii), lo que hace de facto imposible la atención sanitaria en igualdad de condiciones.
La legislación europea, sin embargo, sí obliga a los estados miembros a garantizar la prestación de servicios lingüísticos en otras circunstancias, como es el caso del ámbito judicial, regido por la Directiva 2010/64/UE relativa al derecho a interpretación y a traducción en los procesos penales para «todo sospechoso o acusado que no hable o entienda la lengua del proceso penal» con el fin de «salvaguardar la equidad del proceso»
(Unión Europea, 2010: 4). En lo que respecta al ámbito de la salud, por el contrario, «los países de la UE son libres a la hora de establecer sus propias normas sobre derechos a prestaciones y servicios sanitarios» (Unión Europea, 2020). Es decir, los estados miembros de la UE pueden aprobar legislaciones nacionales que regulen la prestación de servicios lingüísticos en el ámbito sanitario, pero la falta de normativa europea que les obligue a ello resulta mayoritariamente en inacción.
De acuerdo con el informe coordinado por Angelelli, el marco legal de la UE no considera esta falta de provisión de servicios lingüísticos como discriminación basada en el idioma:
19 [A]rt 14 of the European Convention [of Human Rights] deals with the prohibition of discrimination on language grounds also. To this end, the provision ensures that the enjoyment of the rights and freedoms under the same European Convention ‘shall be secured without discrimination on any ground’. However, in subsequently listing these grounds which will be protected from discrimination, reference is solely confined to those of ‘sex, race, colour, religion, political or other opinion, national or social origin, association with a national minority, property, birth or other status’. The omission of language from the relevant grounds can only lead to the conclusion that, as things currently stand, this characteristic cannot be regarded as one which may give rise to discrimination, and thus merit protection, according to this specific legal framework.
(Angelelli, 2015: 21).
El documento al que se hace referencia en la cita anterior, el Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales, fue aprobado en 1950 y entró en vigor en 1953. Sin embargo, la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (Unión Europea, 2012) sí recoge específicamente el idioma como característica que debe ser protegida contra la discriminación:
Artículo 21
No discriminación
1. Se prohíbe toda discriminación, y en particular la ejercida por razón de sexo, raza, color, orígenes étnicos o sociales, características genéticas, lengua, religión o convicciones, opiniones políticas o de cualquier otro tipo, pertenencia a una minoría nacional, patrimonio, nacimiento, discapacidad, edad u orientación sexual.
Una interpretación estricta de este artículo sí requeriría que se implantaran mecanismos legales a nivel europeo para evitar la discriminación lingüística en el contexto sanitario, al menos en lo que concierne a hablantes de las 24 lenguas oficiales de la UE. En la práctica, como se puede ver a la luz de lo expuesto en esta sección, el recién citado artículo carece de validez en este particular contexto.
20 2.3 Marco legal y situación actual de la ISP en el ámbito sanitario en Alemania
En el caso de Alemania, el informe comisionado por la Dirección General de Traducción pinta un panorama desolador:
Language provision is not embedded in German health legislation. Consequently, the German healthcare system does not provide language services for speakers of languages other than German. […] [P]roviders are not responsible for successful communication with patients. Rather, patients themselves have to find a way to communicate with healthcare providers by presenting their own documents (already translated) or by bringing their own interpreters (be they paid or unpaid, ad-hoc or professional, trained or untrained). […] For oral briefings on informed consent with patients who do not speak German, healthcare providers may rely on ad hoc interpreters, such as nurses or relatives of the patients, or they may consider the limited proficiency of patients as sufficient for the purposes of the particular conversation. (Angelelli, 2015: 52-53).
Toda la literatura especializada consultada durante la redacción de este trabajo apunta en la misma dirección que Angelelli. Según Barkowski (2007: 21), el personal sanitario considera la falta de conocimientos de alemán de las pacientes como un problema personal de las mismas. Es crucial aquí tener en cuenta la estructura del sistema sanitario alemán, en el que:
[d]ado que ni el Estado ni las cajas de enfermedad poseen consultorios ni centros de salud propios, la asistencia médica ambulatoria pública se presta en las consultas privadas de los propios médicos concertados, en las que los titulares, por regla general, atienden tanto a pacientes del seguro público como del privado. (Parcet, 2011: 289).
Esta forma de organización significa que, para poder atender a pacientes en idiomas distintos al alemán, cada consulta privada deberá gestionar la provisión de servicios lingüísticos por su cuenta. De este modo, es evidente que no resulta factible emplear a intérpretes en plantilla y la gestión de servicios externos para cada caso particular requiere una cantidad de tiempo administrativo del que la inmensa mayoría de consultas no disponen. Asimismo, el sistema de financiación a través de las cajas de enfermedad significa que las consultas cobran por cada paciente, de modo que no es económicamente
21 ventajoso tratar a pacientes que requieren mucho más tiempo de consulta, puesto que no se podrán citar a tantas personas en un día, o bien el personal tendrá que hacer horas extra.
Meyer (2001: 23) postula que, sin dominio lingüístico del alemán, las inmigrantes se ven privadas de acceder por completo a sus derechos como pacientes. La excepción la posan las intervenciones quirúrgicas en hospitales o clínicas, instituciones que «entra[n] en juego cuando un caso no puede ser tratado óptimamente de forma ambulatoria» (Parcet, 2011: 291). En estas situaciones, es obligatorio recurrir a una persona con competencia lingüística en otro idioma siempre que no se pueda asegurar que la paciente comprende las explicaciones del personal médico en alemán (Salman, 2005: 159-160). Sin embargo, la valoración de la competencia lingüística de la persona que ejerce de intérprete queda a juicio del personal sanitario de cada institución, así como la valoración de la suficiencia de los conocimientos de alemán de la paciente en cuestión. Angelelli (2015: 52-53) afirma que, si bien las proveedoras de servicios médicos tienen acceso a hojas informativas en distintos idiomas, estas las publican editoriales comerciales. En consecuencia, las instituciones sanitarias no tienen control sobre la calidad de las traducciones y cada consulta o clínica debe cubrir el coste de dichos materiales, lo que la autora cita como razón para lo lim. El recurso a personal bilingüe o a familiares de las pacientes es práctica habitual en los hospitales, de acuerdo con las investigaciones de Bührig y Meyer (2009: 126), quienes remarcan que la calidad de los intercambios comunicativos mediados por intérpretes ad hoc es muy variable y, a menudo, insuficiente. Esto se refiere tanto a familiares de las pacientes como al personal sanitario bilingüe, quien a menudo solo ha recibido formación médica en alemán y carece por lo tanto de los términos correctos en el idioma de la paciente (Bührig y Meyer, 2009: 109).
Como ocurre también en otros países, la decisión de recurrir a intérpretes ad hoc en lugar de a profesionales no solo está motivada por desinterés o desconocimiento de los múltiples factores que entran en juego en una conversación entre personal sanitario y pacientes, o por la dificultad de contactar rápidamente con personas cualificadas en el idioma que se requiere en cada momento. Un problema adicional es la financiación de los servicios lingüísticos prestados por intérpretes profesionales, que las cajas de salud no cubren, amparadas por una sentencia de la Corte Federal de Asuntos de la Seguridad Social (Bundessozialgericht) (Barkowski, 2007: 22). En el caso de estancias hospitalarias, el sueldo de las intérpretes se puede financiar con cargo a los gastos
22 generales administrativos, pero las consultas privadas no disponen de esta posibilidad (Bundesverband der Dolmetscher und Übersetzer, 2010: 7-8) y las pacientes migrantes por lo general no pueden permitirse pagarlo de su bolsillo (Slapp, 2004: 55). Las asociaciones profesionales de médicas y psicoterapeutas consideran que la situación es especialmente dramática para las personas refugiadas con problemas psíquicos y experiencias traumáticas, de las que apenas un 4 % tiene acceso a tratamiento médico a consecuencia de la falta de financiación para servicios de interpretación (Bühring, 2015: 1873). Si bien existe la posibilidad de solicitar que los servicios sociales asuman el coste de los servicios lingüísticos, se tarda meses en obtener una respuesta, que a menudo es negativa, según denuncian las asociaciones profesionales citadas (Bühring, 2015: 1874).
En una guía publicada por la Federación alemana de traductores e intérpretes (BDÜ) sobre la interpretación en el ámbito sanitario se alerta de que emplear intérpretes ad hoc sin formación específica supone a menudo incurrir en una violación del deber médico de asistencia a las pacientes (Bundesverband der Dolmetscher und Übersetzer, 2017: 3). La BDÜ aboga por incluir por ley la financiación de servicios de interpretación entre los servicios obligatorios de las cajas de salud (Marquardt, 2015) como medida para impulsar la profesionalización del sector. En su guía, la BDÜ también hace mención a la responsabilidad civil, que, en caso de daños y perjuicios derivados de una interpretación incorrecta, no está cubierta por ningún seguro profesional. Resulta llamativa la escasa atención que se dedica en la literatura especializada a esta cuestión, que puede tener serias consecuencias legales y económicas en caso de una demanda judicial.
En el sitio web del Ministerio Federal de Sanidad, en el apartado sobre los derechos de las pacientes, se puede leer que las pacientes tienen derecho a recibir información y asesoramiento suficientes (angemessen) (Bundesministerium für Gesundheit, 2020), sin especificar requisitos que permitan evaluar cuándo la información es suficiente, y sin referencia alguna al idioma utilizado. En el mismo sitio web, en la página sobre la Ley de Derechos de los Pacientes (Patientenrechtegesetz), se habla de la obligación de las médicas de ofrecer información detallada (umfassende Information) sobre los procedimientos propuestos, pero en cuanto a la forma y contenido de dicha información solo se especifica que esta debe incluir todo lo que sea importante para el tratamiento de la persona, tanto en el plano médico (diagnósticos, riesgos, alternativas) como
23 económico, en el caso de que las cajas de enfermedad no cubran los costes del tratamiento o solo parte del mismo (Bundesministerium für Gesundheit, 2014). En el sitio web se incluye también un enlace a un folleto informativo del Ministerio Federal de Justicia sobre los derechos de las pacientes, en el que se puntualiza que la información proporcionada debe ser comprensible (verständlich) para la paciente. En el folleto, sin embargo, esta obligación no parece hacer referencia a que la información se ofrezca en un idioma que la paciente domine, sino a que esta se exprese en un alemán libre comprensible para una persona sin formación médica y no en forma de jerga profesional (Bundesministerium der Justiz, 2013). Es importante señalar que, si bien las fuentes citadas hablan de
«tratamiento» como término general, están formuladas de tal modo que parecen referirse exclusivamente a las explicaciones previas a intervenciones quirúrgicas. Todas estas informaciones están disponibles exclusivamente en alemán, a pesar de que el sitio web del ministerio tiene una versión en inglés, en la que sin embargo no se encuentran todos los contenidos que incluye la versión alemana. Lo más cercano a información en otros idiomas que se incluye es un enlace a la asociación independiente de asesoramiento para pacientes (Unabhängige Patientenberatung Deutschland), cuyo sitio web tiene versiones en turco y ruso, las cuales, no obstante, no incluyen más que una única página y la información de contacto para solicitar asesoramiento personalizado.
Opdenhoff y Hoffman (2004: 73) plantean que el hecho de que los países de habla alemana «no disponen de ningún mecanismo organizado de interpretación para atender a las necesidades lingüísticas de los inmigrantes» deriva del concepto de los «trabajadores invitados» (Gastarbeiter). Este término data de mediados de los años 50 y se refiere a inmigrantes, mayoritariamente hombres, que viajaron a Alemania para trabajar sobre todo en el sector industrial y cuyo permiso de estancia era temporal (Bundeszentrale für politische Bildung, 2010). Si bien el diseño original del acuerdo bilateral alcanzado entre Alemania e Italia, que luego se expandió a otros países, preveía que estas personas volvieran a su país de origen cuando finalizaran sus contratos, la realidad fue que muchas empresas prefirieron extender los contratos, se formaron familias binacionales y se permitió que otras familias se reagruparan en Alemania. De acuerdo con lo planteado en el artículo de Opdenhoff y Hoffman, este modelo de inmigración ha marcado la percepción que se tiene en los países de habla alemana de la población extranjera como personas de paso, en lugar de como parte integral de la sociedad. Como invitadas, se
24 espera de ellas que se adapten a las normas y usos (y al idioma) de su país de acogida.
Frühauf et al. (2000: 217) argumentan que la política alemana se negó durante décadas a definirse como país receptor de inmigrantes (Einwanderungsland), ignorando así la realidad demográfica y sus necesidades.
Este enfoque ha ido cambiando en los últimos años, trayendo consigo las primeras, aunque insuficientes, iniciativas gubernamentales, como la publicación, por parte de la comisaria del gobierno federal para migración, refugiados e integración, de Das kultursensible Krankenhaus, una guía práctica para la «apertura intercultural» en los hospitales (Beauftragte der Bundesregierung für Migration, Flüchtlinge und Integration, 2015). En dicha guía se recomienda, entre otras medidas, la creación en cada hospital de un organismo central que coordine la implantación y desarrollo del proceso de apertura intercultural, además de servir de punto de consulta sobre los temas relativos a la migración, integración y discriminación (Beauftragte der Bundesregierung für Migration, Flüchtlinge und Integration, 2015: 23). En todos los capítulos se incluyen presentaciones de múltiples iniciativas para mejorar el trato a pacientes extranjeras puestas en marcha por distintos hospitales, desde la formación de intérpretes, pasando por jornadas de concienciación del personal sanitario hasta la creación de grupos de autoayuda. En general, se aboga por buscar soluciones individuales que se adapten a la realidad de cada institución sanitaria (Beauftragte der Bundesregierung für Migration, Flüchtlinge und Integration: 2015: 53). Esta recomendación demuestra que se tiene conciencia de las distintas necesidades de cada comunidad, que dependen de factores como el porcentaje de población inmigrante, la edad media de esta, el tiempo de residencia en el país de acogida o la nacionalidad de origen. Sin embargo, también significa que se traspasa la responsabilidad de diseñar, implantar, controlar y financiar iniciativas a cada clínica de atención secundaria, independientemente del tamaño de estas, su carga de trabajo o el número de personal disponible.
La publicación muestra también que aún queda mucho camino que recorrer en lo que respecta al reconocimiento de los servicios lingüísticos. En distintos puntos del folleto se confunden los términos traducción e interpretación. Además, se define la ISP o interpretación comunitaria (Gemeindedolmetscher, como traducción directa del término inglés community interpreter) como la formación de personas legas para interpretar en el ámbito sanitario y psicosocial, una alternativa «considerablemente más barata que los
25 servicios profesionales» (Beauftragte der Bundesregierung für Migration, Flüchtlinge und Integration, 2015: 45). Resulta cuanto menos preocupante que la defensa gubernamental de iniciativas locales para formar a personas de origen inmigrante en la ISP se argumente exclusivamente con cuestiones económicas y, aún más, que se las presente como alternativa a «servicios profesionales». Si bien este modelo nace como solución interina y no debe verse como sustituto de los programas de formación universitarios especializados en ISP, no por ello son las egresadas de este modelo menos profesionales o profesionales de segunda fila. En comparación con las egresadas de programas de formación universitarios que se centran casi exclusivamente en la interpretación de conferencias, es de esperar que las personas formadas en cursos profesionales no universitarios estén mucho mejor preparadas para lidiar con los desafíos específicos de la ISP en el ámbito sanitario.
La falta de concienciación de las dificultades a las que se enfrentan las personas migrantes, junto con la inexistente exigencia legal de ofrecer servicios lingüísticos resulta en escasa demanda de intérpretes profesionales por parte del personal sanitario. Al mismo tiempo, la limitada presencia de la disciplina en un panorama universitario centrado casi exclusivamente en la interpretación de conferencias tiene como consecuencia una carencia de profesionales formadas en MILIC. Ante la falta de soluciones que nazcan en el seno de las instituciones médicas, se han fundado distintas asociaciones y proyectos ciudadanos con la finalidad de formar a profesionales de la ISP en el ámbito sanitario desde una perspectiva más práctica. Abril Martí (2006: 163) presenta en su tesis doctoral una selección de iniciativas de este tipo:
[Los c]entros de medicina intercultural Ethnomedizinisches Zentrum e.V. de Hanover y Bayrischen Zentrum für Transkulturelle Medizin e.V. de Múnich, creados por organizaciones sin ánimo de lucro a principios de los noventa, aunque con subvenciones públicas para sus programas de formación. En la actualidad disponen de aproximadamente 200 intérpretes para más de 50 lenguas y de un servicio de interpretación telefónica que les permite atender a un elevado número de servicios públicos. Seleccionan a sus intérpretes, preferentemente entre las comunidades inmigrantes, exigiendo que hayan vivido al menos diez años en Alemania y en su país de origen, y les proporcionan cursos de formación.
Algunas de estas iniciativas incluso se han expandido a distintas regiones del país, como el proyecto «MiMi- Mit Migranten für Migranten», basado en Hamburgo y gestionado
26 por el ya mencionado Ethnomedizinisches Zentrum e.V. Financiado por distintas autoridades locales, el proyecto oferta formación a personas migrantes en mediación en el ámbito de la integración y salud y está activo en un total de 48 ciudades alemanas, según su sitio web. No se debe pasar por alto, sin embargo, que el curso básico de interpretación que imparten consta de apenas seis sesiones, tres de ellas online. Con un marco temporal tan limitado, difícilmente se puede cubrir más que una introducción a la disciplina. Una instrucción más amplia oferta la asociación sin ánimo de lucro bikup gGmbH, cuyo curso en mediación lingüística y cultural abarca doce meses de docencia presencial a tiempo completo (bikup GGmbH, 2020). Mientras que este modelo presenta la ventaja de formar a profesionales más preparadas, renuncia al mismo tiempo a la principal virtud de cursos como el de MiMi, a saber, el mayor alcance que viene con la posibilidad de acceso a la formación para personas que trabajan o que viven algo más lejos del centro de formación. Todas estas iniciativas tienen además en común el estar basadas en grandes ciudades de al menos medio millón de habitantes, todas ellas además situadas en el oeste de Alemania.
En cualquier caso, los programas e iniciativas recién mencionadas, así como los recopilados en Das kultursensible Krankenhaus, no dejan de ser proyectos aislados. La política de dejar en manos de las pacientes la responsabilidad de una comunicación satisfactoria con el personal sanitario puede ser viable en el caso de consultas rutinarias y programadas, pero difícilmente se puede esperar que una persona enferma, que acabe de tener un accidente o que se haya puesto de parto, gestione la presencia de una intérprete cualificada o tenga a mano documentos traducidos por una profesional. Debido a la estructura descentralizada del sistema sanitario alemán, la información sanitaria de las pacientes no se encuentra recopilada en un sistema informático centralizado como en el caso de la Seguridad Social española, sino que las pacientes deben dan su consentimiento expreso para cada intercambio de información entre hospitales y consultas privadas, que a menudo tiene lugar vía fax. Pongamos como ejemplo a una embarazada, asegurada en una caja de enfermedad pública, que haya ido a las revisiones de su ginecóloga siempre acompañada de una intérprete y que acuda puntualmente a Urgencias. Una vez allí, la ginecóloga de guardia no tiene posibilidad de consultar si a la paciente se le han diagnosticado complicaciones o tiene antecedentes médicos relevantes para la situación, a menos que la paciente se lo comunique.
27 Siendo así, no resulta sorprendente que las investigaciones que se han llevado a cabo hasta la fecha sobre la atención sanitaria a personas migrantes continuamente saquen a la luz dificultades, descontento y conflictos. En un exhaustivo estudio sobre las diferencias en el uso de los servicios de Urgencias de los hospitales berlineses por parte de las pacientes alemanas y las de origen extranjero, las facultativas declaran estar considerablemente más a menudo insatisfechas con la relación con pacientes de origen extranjero que con pacientes alemanas (Borde et al., 2003: 131). En un 21 % de los casos (25 % en el caso de las mujeres), la causa de la insatisfacción son los limitados conocimientos de alemán de las pacientes, especialmente entre aquellas de mayor de edad o de nacionalidad extranjera distinta a la turca (Borde et al., 2003: 132-3). Otra causa de insatisfacción mencionada es el uso incorrecto de los servicios de urgencias, especialmente por parte de la población extranjera (Borde et al., 2003: 132), lo que no es sorprendente si se tiene en cuenta lo complejo que resulta acceder a la atención médica primaria con conocimientos limitados de alemán. De acuerdo con un informe publicado en 2008 por el Robert-Koch Institut, la institución gubernamental alemana responsable del control y prevención de enfermedades, la población de origen migrante hace un uso mucho menor de ciertos servicios sanitarios que la población alemana, particularmente en lo que respecta a la medicina preventiva (Robert-Koch Institut, 2008: 121). Al contrario de lo que ocurre en las consultas privadas, en el caso de una sala de urgencias, el personal no puede negarse a tratar a una persona, aunque esta no traiga a un intérprete consigo. La negación de servicios lingüísticos en el ámbito sanitario repercute así negativamente en la calidad de la atención médica de urgencias al conjunto de la población, al sobrecargar innecesariamente estos servicios.
También tras el diagnóstico o tratamiento inicial se aprecian diferencias entre la población alemana y la población de origen migrante. Así, es menos probable que las personas migrantes acudan a las citas de seguimiento y que tomen la medicación recetada (Meyer, 2009: 142). En otro estudio realizado en un hospital de la mujer berlinés se puso de relieve que las explicaciones dadas por pacientes de origen turco acerca de los diagnósticos recibidos y tratamientos prescritos eran notoriamente menos correctas que las de las pacientes alemanas. En dicho estudio se llega a la conclusión de que el grado de satisfacción de las pacientes de origen turco era menor que el de las pacientes alemanas en todos los aspectos abordados en la investigación. Asimismo, las expectativas de las
28 pacientes migrantes respecto a información, comunicación y asistencia psicosocial durante su estancia hospitalaria tienden a no verse satisfechas (Borde et al., 2002: 476, 480).
A modo de contextualización, en 2019, del total de 83 millones de residentes en Alemania, 11,2 millones de personas eran extranjeras y un total de 20,8 millones tenían orígenes migrantes (Statistisches Bundesamt, 2020a). El término «orígenes migrantes»
(Migrationshintergrund), según la definición dada por la Oficina Federal de Estadística de Alemania, incluye a todas las personas que no posean la nacionalidad alemana por nacimiento (aunque se hayan nacionalizado alemanas) y a aquellas que tengan al menos un progenitor que no poseyera la nacionalidad alemana al nacer (Statistisches Bundesamt, 2020b). Si bien muchas de estas personas han crecido como hablantes nativas de alemán o tienen al menos un progenitor nativo de alemán, también incluye a una considerable población pediátrica cuyos progenitores no son capaces de comunicarse satisfactoriamente con el personal sanitario. En resumen, existe una clara demanda de soluciones lingüísticas para poder atender satisfactoriamente a un sector de la población nada desdeñable, pero faltan soluciones centrales.
Tanto la comunidad sanitaria como la migrante son conscientes de esta realidad y han impulsado distintas campañas e iniciativas para mejorar la situación. Los recursos que se citan a continuación no suponen una lista exhaustiva, sino una breve selección de proyectos de distinta índole que aspiran a mejorar la situación de la ISP en el ámbito sanitario.
Un tipo de iniciativa que parte de las propias profesionales sanitarias son los recopilatorios de material multilingüe, particularmente interesantes para las consultas privadas que se ocupan de la atención primaria y que, como comentábamos anteriormente en esta sección, deben organizar sus propios recursos para atender a pacientes con baja competencia en alemán. Por desgracia, estos tienden a ser compilaciones puntuales, en lugar de bases de datos en continua ampliación. La versión en línea de la revista especializada de medicina interna Der Hausarzt.digital publicó en 2015, en los meses de la llegada masiva de personas refugiadas procedentes de Siria, un completo artículo con múltiples recursos multilingües, desde folletos informativos sobre distintas enfermedades o la toma de antibióticos hasta distintos cuestionarios de anamnesis traducidos, pasando
29 por un enlace a la información de la OMS sobre los calendarios de vacunación en otros países (Dielmann-von Berg, 2015). No obstante, quien acceda al artículo a fecha de hoy tiene muchas posibilidades de verse decepcionada al intentar seguir los prometedores enlaces, pues no pocos de ellos han dejado de estar disponibles, como la guía de ayuda para niñas traumatizadas, que según el artículo estaría disponible en alemán, inglés y árabe.
También la asociación de médicos que trabajan para la Seguridad Social (Kassenärztliche Bundesvereinigung), es decir, profesionales que forman parte del sistema público y concertado, tiene disponible en su sitio web un total de 20 enlaces a materiales informativos para pacientes en distintos idiomas, como por ejemplo, un folleto sobre los chequeos de diagnóstico precoz en la infancia (Kassenärztliche Bundesvereinigung, 2016). Muchas de las asociaciones profesionales de los distintos estados federados ofrecen asimismo sus propios materiales informativos en idiomas extranjeros, especialmente para cuestiones orientadas a las revisiones médicas de personas solicitantes de asilo. Pero mayormente se trata de recopilaciones puntuales, no de bases de datos en continua actualización. Por otro lado, la decisión de buscar, descargar, imprimir y repartir estos materiales queda a discreción de cada consulta privada.
2.4 Contexto sociológico y estado de la cuestión en Leipzig, Alemania
2.4.1 Demografía local
Antes de pasar a ocuparnos de la metodología aplicada y los resultados obtenidos, parece relevante ofrecer algunos datos demográficos que contextualicen la realidad social de la ciudad en la que se ha llevado a cabo la investigación.
Leipzig es la ciudad más poblada del estado alemán de Sajonia, cuya capital es Dresde.
Situada al este del país, Leipzig sufrió una grave crisis sociodemográfica en los años 90 tras la caída del Muro de Berlín y la reunificación de la República Federal de Alemania y la República Democrática de Alemania. Sajonia es una región considerablemente rural, con uno de los índices de envejecimiento más altos de la república federal, pese a tener también una de las tasas de natalidad más altas del país (Bundesinstitut für
30 Bevölkerungsforschung, 2017a). El envejecimiento y decrecimiento de la población se achacan principalmente a la emigración masiva de la población joven hacia el oeste de Alemania, especialmente entre 1990 y 2010 (Bundesinstitut für Bevölkerungsforschung, 2017b). Sajonia es también el estado con el mayor porcentaje de votantes del partido de extrema derecha Alternative für Deutschland (AfD); en las elecciones regionales de 2019, el 28,4 % de los votos fueron a este partido (Statistisches Landesamt des Freistaates Sachsen, 2019), lo que no presagia un panorama particularmente acogedor para las personas de origen migrante.
En los últimos veinte años, Leipzig se ha ganado el apodo de «la nueva Berlín» gracias a un floreciente sector cultural y a la fama de ciudad izquierdista y alternativa. En consecuencia, se ha convertido en ciudad de elección tanto para gran parte de la juventud sajona y de otros estados colindantes que abandonan la zona rural como para comunidades de inmigrantes que se sienten rechazadas en localidades políticamente dominadas por la AfD.
Mientras que entre 1990 y 1998 la ciudad perdió más de un 10 % de la población total, pasando de superar los 500 000 habitantes a alrededor de 437 000 en los primeros años tras la caída del Muro, en 2010 el saldo demográfico se había recuperado hasta alcanzar los 523 000 habitantes. En 2019, la ciudad superó los 600 000 habitantes por primera vez desde los años 50 (Stadt Leipzig, 2019), convirtiéndose así en la octava ciudad con más habitantes del país y en la que más rápido crece, con un incremento poblacional del 13 % en diez años (Statistisches Bundesamt, 2019).
En lo que respecta a la población extranjera, las estadísticas locales registraron en 2019 60 351 habitantes de origen extranjero, algo menos de un 10 % de la población total. Las estadísticas locales sobre migración publicadas en 2018 (Stadt Leipzig, 2018) registran adicionalmente un 4,6 % de población con orígenes migratorios (Migrationshintergrund).
En 2019 se mudaron alrededor de 34 000 personas a Leipzig (Leipziger Volkszeitung, 2020). Los datos de 2017 muestran que el 36,4 % de los nuevos empadronamientos en la ciudad (sin contar los nacimientos locales) eran de origen extranjero (Stadt Leipzig, 2018).
Para el sector sanitario, estas cifras representan un enorme crecimiento de la demanda de servicios bilingües en los últimos años y previsiblemente también en el futuro próximo.