Contenido
INTRODUCCIÓN ... 3
OBJETIVOS ... 6
OBJETIVO GENERAL: ... 6
OBJETIVOS ESPECÍFICOS: ... 6
PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA. ... 7
PREGUNTA PROBLEMA: ... 7
JUSTIFICACIÓN ... 9
METODOLOGÍA ... 10
CAPÍTULO I ... 14
1. UNA APROXIMACIÓN A LA REALIDAD... 14
1.1 INSTRUMENTOS DE RECOLECCIÓN DE LA INFORMACIÓN: REALIZACIÓN DE ENCUESTAS. ... 14
1.2 RESULTADOS DE LAS ENCUESTAS. ... 15
1.2.1 ¿Qué piensa con respecto al sufrimiento humano? ... 15
1.2.2 ¿Tiene algún valor o utilidad el sufrimiento? ... 17
1.2.3 ¿Piensa que el sufrimiento es un castigo de Dios por el pecado? ¿Por qué? ... 18
1.2.4 ¿Ha cuestionado a Dios por su situación, o ha dudado de la existencia de Dios? ... 20
1.2.5 ¿Qué piensa cuando ve un crucifijo? ... 21
1.2.6 ¿Se puede ser feliz en esa situación? ¿Cómo?... 22
1.2.7 ¿Que piensa acerca de la eutanasia? ... 24
1.3 CONCLUSIONES GENERALES DE LAS ENCUESTAS. ... 26
CAPÍTULO II ... 28
1. UN ANÁLISIS DE LA REALIDAD ENCONTRADA, A LA LUZ DE LA FE. ... 28
2. EL SUFRIMIENTO EN LA ENFERMEDAD, A LA LUZ DE LA SAGRADA ESCRITURA. ... 32
2.1 ANTIGUO TESTAMENTO ... 35
2.1.1 Job y el sufrimiento del Justo. ... 36
2.1.2 Los profetas. ... 37
2.2 NUEVO TESTAMENTO ... 37
2.2.1 Colosenses 1, 24. ... 38
3. CARTA ENCÍCLICA SOBRE EL SENTIDO CRISTIANO DEL SUFRIMIENTO HUMANO SALVÍFICI DOLORIS DE JUAN PABLO II ... 40
CAPÍTULO III ... 45
1. HACIA UNA PASTORAL SAMARITANA EN CLAVE PEDAGÓGICA. ... 45
2. UNA NUEVA ACTITUD ANTE EL SUFRIMIENTO EN LA ENFERMEDAD... 48
3. ACOMPAÑAMIENTO EN MOMENTOS DE CRISIS ... 57
4. PRIMEROS AUXILIOS PARA LA FE Y LA ESPERANZA DE QUIEN SUFRE. ... 61
CONCLUSIONES ... 69
BIBLIOGRAFÍA: ... 71
ANEXO: Instrumento de encuestas aplicado: ... 73
1
EL SENTIDO CRISTIANO DEL SUFRIMIENTO EN LA ENFERMEDAD, A PARTIR DE LA REFLEXIÓN DEL TEXTO DE COLOSENSES 1,24, EN EL CONTEXTO DE
UN GRUPO DE PERSONAS DE LA PARROQUIA SANTA RITA DE CASIA DE BETÉITIVA.
JHON JAIRO TAPIAS OROZCO C.C. 74.345.024
AMDG
PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA FACULTAD DE TEOLOGÍA
LICENCIATURA EN TEOLOGÍA BOGOTÁ D.C.
2021
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EL SENTIDO CRISTIANO DEL SUFRIMIENTO EN LA ENFERMEDAD, A PARTIR DE LA REFLEXIÓN DEL TEXTO DE COLOSENSES 1,24, EN EL CONTEXTO DE
UN GRUPO DE PERSONAS DE LA PARROQUIA SANTA RITA DE CASIA DE BETÉITIVA.
JHON JAIRO TAPIAS OROZCO C.C. 74.345.024
Trabajo presentado como requisito para optar al título de Licenciado en Teología
Director:
Profesor Carlos Alberto Briceño Sánchez
PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA FACULTAD DE TEOLOGÍA
LICENCIATURA EN TEOLOGÍA BOGOTÁ D.C.
2021
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INTRODUCCIÓN
Hay grandes misterios en el mundo que todavía no se han podido resolver, pues son cuestiones abiertas y uno de esos misterios es la realidad palpable del sufrimiento, realidad de la cual, ninguna persona en el mundo podrá escapar. Desde el mismo vientre materno, hasta el final de la vida, experimentamos situaciones difíciles, que nos hacen sufrir, más aún, se puede decir que el dolor es nuestro amigo y compañero de viaje, que inclusive nos alerta cuando algo está funcionando mal, para ayudarnos a recuperar nuestro bienestar, como cuando es necesaria una cirugía o un tratamiento complejo.
Y ante esta realidad podemos asumir distintas posturas o actitudes que pueden tomar rumbos inesperados, como rebelarse contra Dios, contra la familia o la sociedad y pensar en el suicidio, la eutanasia etc., o bien, podemos descubrir desde la fe y la esperanza, un camino de purificación y santificación, no solo a nivel personal o familiar, sino de la Iglesia y de toda la humanidad, cuando asumimos nuestro dolor y nuestro sufrimiento como lo hizo Jesús, uniendo nuestro sufrimiento al Suyo (Cfr. Col 1, 24), para ser sus instrumentos, como Simón de Cirene, en el proceso de la redención y salvación de todos los seres humanos.
En el presente trabajo, aplicando el método latinoamericano, o de revisión de vida, y el aprendizaje significativo de Ausubel, nos acercaremos a la realidad del sufrimiento en un grupo de 10 personas, residentes en la Parroquia Santa Rita de Casia de Betéitiva, para formar, a partir de su experiencia un relato de vida. En el segundo capítulo, buscaremos iluminar esa realidad, desde la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, especialmente desde la carta Encíclica “Salvífici Doloris” de San Juan Pablo II, para aportar elementos que ayuden, en el contexto de la fe y la esperanza, en la búsqueda de una respuesta y un sentido al mismo sufrimiento.
En el tercer capítulo, se propone una perspectiva de trabajo pastoral, la propuesta de una Pastoral Samaritana, que suscite en los hermanos, un compromiso de vivir la caridad y la misericordia, especialmente para con los más necesitados, como oportunidad de salvación para toda la familia, pues socorrer a un enfermo es socorrer al mismo Cristo; en un segundo momento, acompañar a nuestros hermanos enfermos, ayudándoles a asumir una nueva
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actitud, en medio del sufrimiento, de valentía, de misericordia para con los pecadores y ofrecer el dolor, unido al dolor de Cristo, en reparación del pecado de todos, intercediendo por el milagro de la conversión sincera de la humanidad.
En la definición de enfermedad, encontramos que es una alteración más o menos grave de la salud, bien sea física o psicológica1, que puede alterar nuestro estado de ánimo, o limitar nuestras funciones, produciendo situaciones que requieren una intervención y el asumir las actitudes correctas. La Organización Mundial de la Salud, dice que la enfermedad ha de ser definida en relación a la salud, la cual es el “estado completo de bienestar físico, mental y social”2, por lo cual, es necesario iluminar esta realidad, desde la Palabra de Dios, y la enseñanza de la Iglesia, para tomar los caminos adecuados y aprovechar esa situación como una oportunidad de madurez y crecimiento.
La palabra redención, etimológicamente, significa rescatar o sacar de la esclavitud a una persona mediante el pago de un precio3 y por antonomasia la obra que Jesucristo realizó, pagando con su sangre, para rescatar al género humano de la esclavitud del mal, del pecado y de la muerte. Como dice San Pedro: “Y Sabed que no habéis sido rescatados de la conducta necia heredada de vuestros padres con algo caduco, con oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, cordero sin tacha y sin mancilla” (1Pe 1,18-19).
Jesús se entregó como víctima de expiación, librando a todos los hombres, del pecado, de la lejanía de Dios, de la desesperación, y de la muerte; obra llevada a cabo por Dios mediante la su acción salvífica4, y de una manera especial, ha querido hacernos partícipes de su obra, la cual, es la más sublime que un ser puede realizar, para hacernos coprotagonistas de esa gran misión, por lo que dice: “Os exhorto pues hermanos, por la misericordia de Dios, a que os ofrezcáis a vosotros mismos, como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Tal debería ser vuestro culto espiritual” (Rm12,1), de esta forma nos hacemos colaboradores de esa magnífica empresa de Dios.
1 Real Academia Española. “Diccionario De La Lengua Española” T. I. p. 911.
2 Vidal, Marciano. “Diccionario De Ética Teológica”. Estella (Navarra): Editorial Verbo Divino. 1991. p. 534.
3 Real Academia Española. “Diccionario De La Lengua Española” T. II. p. 1921.
4 La Soteriología, entendida como doctrina de la redención, se analiza en dos perspectivas, la objetiva (realizada mediante la encarnación del Logos y el sacrificio expiatorio vicario de Cristo en la cruz) y la subjetiva (según la apropiación de esa obra por los creyentes) En: Cfr. Müller, Gerhard Ludwig. “Dogmática.
Teoría y Práctica de la Teología”. Barcelona (España): Herder. 1994. p. 372.
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Un elemento fundamental dentro del trabajo, es la esperanza en la Salvación, que se puede entender como un librar de un riesgo o peligro, poner en seguro y rescatar de la muerte5, y desde nuestra fe, es la consecución de la gloria y bienaventuranza eternas en el cielo, la visión beatífica de Dios en compañía de los Ángeles y los Santos en la eternidad y de forma específica, como dice el libro del Apocalipsis, vivir en la Nueva Jerusalén, donde reina la paz, el júbilo, la armonía plena; donde no hay hambre, ni sed, ni frío ni calor extremos, donde no hay enfermedad, vejez, o cansancio y donde la muerte será exterminada (Cfr. Ap 21,4)6.
Reavivando nuestra esperanza, podremos soportar con resiliencia, los embates más duros de la vida, sin quebrarnos, más aún, con alegría, como lo vivió San Pablo (Cfr. Col 1,24a), con la plena certeza de unir nuestros dolores a los de Cristo, para que esa experiencia, que de todo modos vamos a tener que afrontar, adquiera un nuevo significado de sentido, al saber que somos copartícipes de la obra redentora de Cristo por participar en sus padecimientos (Cfr. Flp 3,10).
5 Real Academia Española. “Diccionario De La Lengua Española” T. II. p. 2017.
6 Cfr. León-Dufour, Xavier y Colaboradores. Vocabulario de Teología Bíblica. Barcelona (España): Herder. 20ª Reimpresión, 1ª Edición. p. 825-830.
6 OBJETIVOS OBJETIVO GENERAL:
Orientar sobre el sentido cristiano del sufrimiento en la enfermedad, desde la vivencia de un grupo de personas de la Parroquia Santa Rita de Casia de Betéitiva, desde Colosenses 1, 24, como un camino de Salvación y Redención, a través del método latinoamericano y el Aprendizaje Significativo de Ausubel.
OBJETIVOS ESPECÍFICOS:
1. Indagar la forma como se comprende y se afronta la realidad del sufrimiento en la enfermedad, de unas personas, residentes en la Parroquia Santa Rita de Casia de Betéitiva, a través de la realización de una encuesta.
2. Analizar críticamente los datos obtenidos en la encuesta, iluminándolos desde la Palabra de Dios, especialmente Colosenses 1,24, desde los aportes encontrados en la “Carta Apostólica Sobre el Sentido Cristiano del Sufrimiento Humano, Salvífici Doloris” de Juan Pablo II.
3. Proponer una Pastoral Samaritana, en clave pedagógica,, que suscite en las comunidades, el compromiso de acompañar a las personas que sufren, viviendo la fe en la caridad y orientando a quien sufre en medio de la enfermedad, aportándole elementos que le ayuden a fortalecer la fe y la esperanza, de tal modo que se afronte y asuma el sufrimiento en la enfermedad, como un camino de Salvación y Redención, tanto a nivel personal, familiar, eclesial y mundial.
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PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA.
PREGUNTA PROBLEMA:
¿Cómo orientar pedagógicamente a un grupo de personas en situación de enfermedad, como un camino de Redención, de tal manera que se pueda asumir la realidad del sufrimiento de forma asertiva, con resiliencia7, desde la fe, aportándole un nuevo sentido para no caer en la desesperación, el fatalismo o una visión inadecuada de Dios y de la vida?
El sufrimiento es una realidad inevitable en todo ser humano, sin distinción de raza, sexo, creencias, edad, estatus social o condiciones económicas, donde el dolor se convierte en el compañero inseparable de todo ser humano, que más que atormentar, busca alertar y avisar que algo está mal, para poder tomar decisiones necesarias y urgentes.
En ese contexto nos encontramos la realidad de personas que ante esta situación asumen una actitud negativa, que les lleva a pelear con Dios o a rebelarse contra Él, llegando a blasfemar o maldecir en contra de Él, de la vida, o llegando a ver a Dios como un ser malo que goza con el sufrimiento del ser humano o que es vengativo y se desquita por las malas acciones y pecados; sin mencionar que muchas personas, en el momento de la prueba, dudan de la misma existencia de Dios, de su amor o de la veracidad de la Sagrada Escritura, por lo cual se ha visto el dolor como la “roca del ateísmo”8.
No podemos olvidar que Dios mismo, se ha hecho partícipe de nuestro sufrimiento y por lo tanto nos comprende, que nos conoce y nos ama, con un amor sin límites, que siendo inmortal, asume nuestra naturaleza mortal, para mostrarnos un camino de Santificación y Redención para todo el género humano y al subir a la Cruz, le da un sentido pleno al sufrimiento, y mucho más, cuando vemos que quien sufre es un inocente, que se ofrece por los culpables.
En este trabajo, se hará una aproximación muy somera a este misterio insondable que interpela a todo ser humano y que toca las fibras más sensibles, sin pretender dar respuestas universales, a problemas que están envueltos en la gran realidad del misterio, el cual no se
7 La resiliencia, partiendo del concepto de Boris Cyrulnik, es entendida como “la capacidad de superar nuestras dificultades para continuar nuestros proyectos vitales”. En: Rodríguez Arenas, María Estella. “La Resiliencia Como Vivencia de Reino de Dios”. 1 ed. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana. 2015.
p. 9.
8 Cfr. Grenshake, Gisbert. p. 30-36.
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entiende como algo oscuro, sino como un exceso de luz (en la concepción cristiana de misterio). Solamente reflexionar acerca de esta realidad que interroga toda la humanidad, en mirar a brindar una palabra de aliento a quien sufre.
De manera específica, se busca reflexionar acerca del sufrimiento que se produce especialmente en la situación de la enfermedad y en la realidad concreta de unas personas pertenecientes a la Parroquia Santa Rita de Casia de Betéitiva, buscando propiciar un ambiente de reflexión y construcción de conocimiento, a partir del aprendizaje significativo de Ausubel, con las ideas anclaje o subsumidores9 que brotan de la Sagrada Escritura, para afrontar esa realidad con resiliencia, valentía y amor.
Cuando vemos personas enfermas sufriendo, nos preguntamos: ¿Dónde está Dios? O ¿Por qué Dios permite el sufrimiento? Pero encontramos la respuesta en la cruz de Jesús, pues Dios no está lejos, como si no le importara, o no se hubiera enterado, sino que Él mismo experimentó el dolor y hasta la misma muerte, para darle un nuevo sentido y ofrecernos la posibilidad de colaborarle a Él, en la Misión de redimir el mundo como se expresa en Colosenses 1,24: “Ahora me alegro de los padecimientos que soporto por vosotros, y Completo en mi cuerpo lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo que es la Iglesia”, lo cual no significa que la obra salvífica de Cristo sea incompleta, sino que se sigue realizando en un eterno presente, dejando abierta la posibilidad de colaborarle y, aunque una persona enferma ya no puede ayudar físicamente a su familia y a la sociedad, sí puede hacerlo espiritualmente, uniendo su dolor al dolor y el sufrimiento de Cristo en la cruz.
Contemplando a Cristo sufriente, encontramos un camino de felicidad y plenitud, inspirado y motivado por el amor, que además de edificar a las nuevas generaciones, puede llevarnos a nuestra propia santificación y a la redención de todos los seres humanos.
9 Rodríguez Palmero, Mª Luz (Org). “La Teoría del Aprendizaje Significativo en la perspectiva de la Psicología Educativa”. Barcelona: Editorial Octaedro. P. 11.
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JUSTIFICACIÓN
El sufrimiento humano es una realidad palpable en todo en el mundo, en todas las épocas y en todas las culturas, es la realidad de la cual ningún ser humano puede escapar y que exige una seria reflexión de parte de todos y especialmente de la Iglesia que es especialista en humanidad, ya que ella misma es humana y participa de todas las angustias y triunfos de la humanidad10.
Hay distintas clases de sufrimientos, desde las catástrofes naturales, el sufrimiento físico y emocional, como el dolor, la enfermedad, la depresión, etc., y el sufrimiento moral y espiritual; y si bien no es exclusivo del ser humano (puesto que también existe el sufrimiento animal), pues como dice San Pablo la misma creación sufre “dolores de parto”
(Cfr. Rm 8,22), es una realidad que afecta al ser humano en sus raíces más profundas, desde la gestación hasta la muerte.
En el contexto actual, debemos reconocer que, ante la Pandemia causada por el Coronavirus, encontramos posiciones que van desde la idea del castigo divino y cumplimiento de las profecías del Apocalipsis, hasta la postura de no brindarle la adecuada atención, diciendo que es una simple “gripita” sin importancia, con consecuencias nefastas, que se ven reflejadas en las estadísticas.
Cuando no se encuentra la interpretación correcta, se ve el sufrimiento como una realidad negativa, fatalista, que incluso le lleva a cuestionar a Dios o rebelarse contra Él, o tomar caminos de muerte y desesperación; pero visto desde la fe se convierte en un camino de Salvación y Redención, pues como dice la Sagrada Escritura: “Todo lo que te sobrevenga, acéptalo y en los reveses de tu humillación sé paciente. Porque en el fuego se purifica el oro y los que agradan a Dios, en el horno de la humillación” (Si 2,4-5).
La realidad del sufrimiento es inevitable para toda la humanidad y como lo expresó San Juan Pablo II, la Iglesia tiene una Misión y es la de ser Sal y Luz en el mundo para dar un sentido nuevo a esa realidad, pues “cada hombre es el camino de la Iglesia”11 y más cuando encontramos en el mundo una tendencia a buscar nuevos modelos de comportamiento
10 Cfr. Iglesia Católica. Concilio Vaticano II. “Constitución pastoral Gaudium et Spes”, sobre la Iglesia en el Mundo de hoy. No. 1.
11 Cfr. Juan Pablo II. “Carta Encíclica Redentor Hóminis” Bogotá D.C.: Ediciones Paulinas F.S.P., Séptima edición 1993. No. 14
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basados en el utilitarismo, el hedonismo y el materialismo entre otros, con la tentación de rechazar el sufrimiento y el dolor, anulando en ese intento hasta la misma vida, promoviendo la eutanasia, el aborto e implícitamente el suicidio.
Dios nos ha enseñado en su Palabra que Él mismo es “El camino, la verdad y la vida” (Cfr.
Jn 14,6), por qué debemos defender la vida en toda circunstancia, desde la fecundación hasta la muerte natural, la cual es “Sagrada”, pues compromete directamente la acción creadora de Dios12 y sabiendo que cada dolor del ser humano es el dolor del mismo Dios, que conoce y comprende a quien sufre, porque Él mismo pasó por el crisol del sufrimiento, dándole así un sentido nuevo, como es la Redención del mundo, pues Su Sangre fue derramada para el perdón de los pecados (Cfr. Mt 26,28) y así mismo quien ofrece su dolor, unido al dolor de Cristo, beneficia a su familia y toda la humanidad.
METODOLOGÍA
En este trabajo se usará el Método Latinoamericano o de Revisión de Vida, complementado con los aportes del Teólogo Bernard Lonergan, buscando que la teología no sea una teoría vacía, sino que sea una acción práctica, con grandes elementos de cambio y transformación social, de modo que el quehacer teológico dé respuesta a situaciones concretas de la sociedad que sufre el drama de la pobreza, el hambre, la desigualdad social, la injusticia, la corrupción generalizada, la precariedad de los sistemas de salud y como consecuencia, la escases de recursos médicos, de elementos tecnológicos, de profesionales de la salud, entre otros, especialmente en nuestros países latinoamericanos.
A nivel pedagógico, seguiremos las indicaciones del Modelo pedagógico del Aprendizaje Significativo de Ausubel, y el método de Investigación Acción Participativa, sabiendo que la historia es lugar “Teológeno”13, (o sea generador de la teología), siguiendo la Sagrada Escritura, el Magisterio de la Iglesia, la vida de fe de la Iglesia, como texto hermenéutico para interpretar la situación, en miras a su verdadera liberación, que es la liberación del
12 Cfr. Pablo VI. “Carta Encíclica Humanae Vitae, sobre la regulación de la natalidad”. Bogotá: Paulinas. 1968.
No. 13.
13 Cfr. Vélez Caro, Olga Consuelo. “El Quehacer Teológico Y El Método De Investigación Acción Participativa:
Una Reflexión Metodológica”. En: Theologica Xaveriana. Vol. 67 no. 183. Ene.-jun. 2017 Bogotá, Colombia.
ISSN 2011-219X. p. 200.
11
pecado, no solo del personal sino del que se convierte en pecado generalizado en la sociedad, más conocido como pecado estructural14.
Una de las realidades más duras que enfrentamos es la realidad del dolor y el sufrimiento, que en muchas ocasiones nos lleva a pelear con Dios y a dudar de su existencia o por lo menos de su amor y su bondad y encontramos una gran cantidad de personas pensando en acabar con su vida, en cifras alarmantes como por ejemplo que cada minuto, 60 personas en el mundo están intentando suicidarse y nos preguntamos: ¿Qué podemos hacer desde la teología? o ¿cómo podemos responder los grandes cuestionamientos que surgen desde nuestros hermanos más humildes?.
Seguiremos el método latinoamericano o de revisión de vida, que es un proceso con tres etapas, la primera, es el Ver, donde se busca conocer la realidad circundante (en nuestro caso concreto, a partir de unas encuestas), con una mirada crítica y reflexiva, centrándonos en el contexto de la enfermedad y las limitaciones de la vejez, como tema de gran interés y campo de acción inevitable para todas las entidades encargadas de la salud pública, a nivel físico, mental y espiritual.
En segundo lugar, se procede a Juzgar, al confrontar críticamente la realidad encontrada, con la Sagrada Escritura, el Magisterio de la Iglesia y de manera específica con la Carta Encíclica “Salvífici Doloris” de San Juan Pablo II, para aportar nuevos elementos en la comprensión de este misterio inacabado y siempre nuevo del sufrimiento y el porqué de su existencia en nuestro mundo, pues nadie está exento de enfrentarse un día a esta realidad.
Y en un tercer momento viene el Actuar, en la tarea de elaborar una propuesta y emprender un camino pedagógico de forma concreta para el cambio de mentalidad, y así poder asumir un compromiso, tanto a nivel personal como a nivel comunitario, en una Pastoral Samaritana, a imagen del Buen Samaritano Cristo Jesús, en primer lugar, para revisar nuestra vivencia de la caridad y las actitudes que hemos asumido ante el dolor del hermano, pues muchas veces, nuestra vida ha estado marcada por la situación de la indiferencia, que es más dolorosa que la misma enfermedad, de tal manera que se suscite el compromiso de acercarnos al dolor y al sufrimiento de los hermanos y tener compasión.
14 Cfr. Muñoz Pedroza, Jaime. Pbro. “Teología de la Liberación y Pecado”. Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana. Facultad De Teología. Colección Teología Hoy No. 42. 2002. p. 130.
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Además de acompañar a quien sufre, se busca propiciar un ambiente de reflexión, para generar un crecimiento espiritual del enfermo y el anciano, en la gran Misión de santificarse en la experiencia del dolor y el sufrimiento, convirtiéndose en un instrumento de redención, al unir sus sufrimientos a los sufrimientos de Cristo en la Cruz, como dice la Sagrada Escritura en Colosenses 1,24, en favor de la comunidad eclesial y del mundo entero.
Se ha querido integrar el método teológico con el proceso de Investigación Acción Participativa, teniendo en cuenta las indicaciones de Clodovis Boff, que estructura el método teológico, señalando en primer lugar sus fundamentos (al desarrollar la fe como palabra, como experiencia y como práctica, consideradas fuente del quehacer teológico); en segundo lugar, presenta los procesos en el acercamiento a la Sagrada Escritura, la Tradición y el Dogma, y por último, las articulaciones con la filosofía y otras ciencias, para evitar el peligro de la sociologización de la Teología15, dando primacía a la fe y su vivencia, que es fundamental en una Teología de la acción humana.
Además, reconociendo el valioso el aporte del Doctor Alberto Parra, S. J. acerca del proceso metodológico de la teología, resaltando la importancia del compromiso cristiano con la realidad y el polo fundante de la fe16.
Con respecto al estado del arte, encontramos que en la actualidad, el tema del sufrimiento no es un tema que vaya en aumento en el pensamiento de los teólogos, más aún, hay como una especie de silencio en torno al tema, por el mismo temor de ser descalificados o de revivir la crítica de volver a la Teodicea17, en una especie de defensa de Dios, justificándolo ante el tribunal de la razón humana, teniendo en cuenta la opinión de Emmanuel Kant en su escrito “Sobre el fracaso de todos los ensayos filosóficos en teodicea”18, buscando conciliar la idea de un Dios bueno y amoroso con la existencia del mal en el mundo, donde se ve más
15 Cfr. Vélez Caro, Olga Consuelo. “El Quehacer Teológico Y El Método De Investigación Acción Participativa:
Una Reflexión Metodológica”. En: Theologica Xaveriana. Vol. 67 No. 183. Ene - Jun, 2017. Bogotá, Colombia.
ISSN 2011-219X. p. 198 -199.
16 Cfr. Ibíd. p 199.
17 Cfr. Grenshake, Gisbert. “¿Por qué el Dios del amor permite que suframos? Breve ensayo sobe el dolor”
Salamanca: Ediciones Sígueme. 2008. p. 26.
18 Ibíd.
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bien una tendencia a utilizar ese argumento para negar la existencia de Dios o afirmando que si existe, es un ser malo o sádico, que se goza en el sufrimiento19.
Como este tema confronta la existencia del mal, se prefiere evadirlo, para que la discusión no se vea enfrascada en la búsqueda de la respuesta a lo que corresponde a un misterio, en todo el sentido de la palabra.
Es un gran aporte para este trabajo la postura de Gisbert Greshake mostrando una postura de contemplación del misterio, desde una mirada atenta en la obra de un Dios de amor, que asume el sufrimiento con valentía, desde la perspectiva de la salvación de todos los seres humanos, como el precio del amor20.
Otros trabajos van encaminados a la pedagogía, en el contexto de la educación para profesionales de la salud, como es el trabajo “Modelos Pedagógicos para la Aplicación en Salud”, realizado por los estudiantes: Yenni Andrea Bravo, Edisson Darión Moreno, Mónica Cristina Erazo, Mónica Marcela Mera y Elizabeth Rosero, de la Universidad de Nariño en la Facultad de Ciencias de la Salud en el 2012, donde presentan los modelos como el constructivismo, el aprendizaje significativo, y el “modelo en creencias en la salud” (Becker y Rosenstock en 1974), analizando su aplicación y su respectiva evolución.
19 Cfr. Varone, François. “El dios ‘sádico’ ¿Ama Dios el sufrimiento?” Cantabria (España): Sal Terrae. 1988. p.
15.
20 Cfr. Greshake, Gisbert. “¿Por qué el Dios del amor permite que suframos? Breve ensayo sobe el dolor”. p.
30.
14 CAPÍTULO I
1. UNA APROXIMACIÓN A LA REALIDAD.
1.1 INSTRUMENTOS DE RECOLECCIÓN DE LA INFORMACIÓN:
REALIZACIÓN DE ENCUESTAS.
Para este trabajo se han seleccionado 10 personas de la comunidad, que están atravesado situaciones difíciles y a las cuales se ha brindado acompañamiento, de forma que la experiencia de ellos nos aporta elementos muy valiosos para la realización de esta investigación, es necesario tener en cuenta que muchos de los aportes que enriquecen la investigación, que no se ven reflejadas en las encuestas, han brotado en el contexto del sigilo sacramental, por lo cual se oculta el nombre de las personas.
En la Parroquia Santa Rita de Casia de Betéitiva, en el proceso de acompañamiento Pastoral a personas en situación de vejez y enfermedad, se ha vivido un camino de crecimiento, tanto para las personas a las que se atienden, como para los servidores y misioneros que nos hemos comprometido con el servicio de la Palabra, especialmente con personas en situación de vulnerabilidad.
En necesario mirar en primer lugar el concepto de la enfermedad: Es una alteración más o menos grave de la salud, bien sea física o psicológica21, que puede debilitar, quitar firmeza, menoscabar la integridad de una persona. También es una pérdida de las facultades, causada por la vejez o alguna situación de limitación física por accidente o problemas genéticos o en la gestación. La Organización Mundial de la Salud, dice que la enfermedad ha de ser definida en relación a la salud, la cual es el “estado completo de bienestar físico, mental y social”22.
La experiencia de acercamiento a la realidad del sufrimiento, es una fuente de sabiduría, pues se puede ver todo desde otra perspectiva, al descubrir lo fugaz de la existencia y al confirmar lo que dice la Sagrada Escritura: “Guardaos muy bien de toda codicia, porque las riquezas no garantizan la vida de un hombre, por muchas que tenga” (Lc 12,15).
Cuando hablamos con personas en diversas situaciones, incluyendo personas de escasos recursos y otras con más facilidades, económicamente hablando, analizamos que el
21 Real Academia Española. “Diccionario De La Lengua Española” T. I. p. 911.
22 Cfr. Vidal, Marciano. “Diccionario De Ética Teológica”. Estella (Navarra): Editorial Verbo Divino. 1991. p.
534.
15
sufrimiento no hace distinción de clases sociales, sexo, edad, nivel académico, etc., sino que llega a todos por igual en algún momento de la vida y ese sufrimiento se puede convertir en una gran oportunidad de redención personal, familiar, eclesial y social.
Esta experiencia nos recuerda lo que dice el Salmista: “Señor, dame a conocer mi fin, para que comprenda lo caduco que soy, me concediste un palmo de vida, mis días son nada ante ti” (Salmo 89) y esto lleva a las personas a adquirir sabiduría, pues lo más importante ya no va a ser el trabajo o la diversión, sino el pensar en la eternidad y el gran compromiso de ser santos, ya que dice la Palabra de Dios: “Busquen la paz con todos y la santidad, sin la cual, nadie puede ver a Dios” (Hb 12,14).
La enfermedad, cuando se vive según Dios, se convierte en un camino de perfección (Cfr.
Hb 2,10) y purificación que lleva a la conversión sincera y a la santidad, pero que debe ser orientada, pues también hay personas que ven en la enfermedad una especie de venganza de Dios y terminan en contra de Él, o pensando que Dios se goza en el sufrimiento, pero si vemos todo desde el punto de vista de Dios, encontramos una fuente de paz y de serenidad, así como la oportunidad de unirnos a los sufrimientos de Cristo, en favor de la Redención de los hermanos, según el texto de Col 1,24.
A continuación, se hace una recopilación de experiencias de personas en diferentes situaciones de enfermedad y de vejez, que nos aportarán elementos muy valiosos para nuestra investigación:
1.2 RESULTADOS DE LAS ENCUESTAS.
Ante las preguntas, que se enumeran a continuación, surgieron varios tipos de respuestas que transcribiremos de forma anónima. Lo que caracteriza a la mayoría de las personas encuestadas, es la realidad de la vejez y la enfermedad, ya son personas cuya edad oscila entre los 35 y los 78 años; son hombres y mujeres que han querido dar su opinión y testimonio voluntariamente.
1.2.1 ¿Qué piensa con respecto al sufrimiento humano?
“Pienso que el sufrimiento es por diferentes motivos: físicos o emocionales y cada persona tiene sus diferentes sufrimientos”.
“Es aquel dolor que experimenta una persona en determinada situación”.
16
“No es bueno sufrir, porque el dolor afecta principalmente el organismo o cuerpo físico”.
“Por lo general el sufrimiento es causa de las cosas que hacemos mal. Es necesario, porque del sufrimiento aprendemos, aunque no sea fácil y nos produzca dolor”.
“Es necesario, para darnos cuenta realmente, que sentimos y necesitamos la presencia de Dios en nuestras vidas para resguardarnos y confiar en Él”.
“El sufrimiento humano se vive de diferentes maneras, como seres humanos no tenemos confianza, no amamos a Dios, a veces ni nosotros nos amamos y nos complicamos y no asumimos el sufrimiento con alegría sino con resentimiento”.
“Que es parte del proceso natural de la vida”.
“Pienso que el sufrimiento humano cada quien nos lo buscamos, porque actuamos mal con los vecinos y con nosotros mismos”.
“Para mí, el sufrimiento humano nace de las consecuencias de nuestros actos”.
“Es una enseñanza, que aunque dolorosa es muy necesaria, ya que a partir del sufrimiento surgen en el ser humano, sentimientos de esperanza y alegría en su diario vivir”.
Algunas personas, ven el sufrimiento humano como consecuencia de sus actos, como algo natural, como algo necesario y otros como algo malo, que nos afecta profundamente, a causa del pecado, y al mismo tiempo como una experiencia de purificación y reparación.
En las personas que ven las cosas positivas de la enfermedad, vemos la obra evangelizadora de muchos sacerdotes y misioneros que, en la historia de la parroquia han acompañado a los enfermos y se encuentra una forma de pensar concorde al evangelio, sobrellevando la cruz de la enfermedad o la ancianidad con amor, con valentía y con la esperanza de que todo ese sufrimiento les purifica y les asegura una eternidad feliz.
Se puede apreciar el gran valor que tiene el trabajo pastoral con estas personas que llegan a encontrar paz en medio de la tormenta, pues su vida se siente realizada y llegan a vivir ese proceso desde Dios, con fortaleza y valentía, hasta alcanzar cierta madurez, crecer en espiritualidad y avanzar en el camino de la santidad.
17 1.2.2 ¿Tiene algún valor o utilidad el sufrimiento?
“No creo que tenga algún valor, al contrario, el sufrir trae muchas consecuencias para la salud, incluso, hasta llevar a la persona a quitarse la vida. Hay que saber superarlos, comprenderlos”.
“Quizás el valor de hacernos reflexionar sobre algunas situaciones”.
“A través del sufrimiento nos purificamos, aprendemos cosas buenas para seguir adelante y no volver a cometer los mismos errores. En ocasiones, nos ayuda a cambiar actitudes o estilos de vida, por lo tanto, tiene un valor muy alto, aunque no lo entendamos o aceptemos”.
“El sufrimiento enriquece la inteligencia, ya que nos ayuda a reflexionar, a llegar al fondo de muchas cuestiones que nunca no habríamos planteado”.
“Lo valoramos cuando realmente lo estamos viviendo o pasamos por una situación y es ahí donde corremos a Dios nuevamente”.
“Para las personas que amamos a Dios, sí nos enseña a valorarnos como seres y a fortalecernos en la vida cristiana y aprender a cada día ser mejores seres humanos y hasta podemos dar testimonio de vida”.
“Sí, porque por medio de él, aprendemos muchas cosas y nos volvemos personas más sensibles y humanitarias”.
“Sí, tiene valor, porque con él, reparamos nuestros pecados”.
“Sí, porque al sufrir las consecuencias tomamos conciencia y podemos corregirnos”.
“Sí, es bastante útil, porque este nos ayuda a entender el sufrimiento de los demás y así nos ayuda ser conscientes del servicio que debemos prestar a quien lo necesita”.
En la opinión de casi todas las personas encuestadas, el sufrimiento sí tiene un valor muy grande pues se convierte en una ocasión para la reflexión, el arrepentimiento y el acercamiento a Dios, para entrar en camino de conversión y de manera especial, para la reparación y la purificación del pecado.
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Una persona considera que el sufrimiento carece de valor y no tiene utilidad, pues piensa que trae muchas consecuencias para la salud y lleva a tomar malas decisiones, como el quitarse la vida.
Cuando la espiritualidad no es muy fuerte, el sufrimiento se vuelve una carga pesada que puede desestabilizar emocionalmente a una persona, tanto que podría llevarla a pensar que una solución a sus problemas sería acabar con su vida. Podemos ver que en la actualidad la cifra de suicidio ha ido en ascenso, la cultura de la muerte ha tomado fuerza en una sociedad en la que la vida ha perdido sentido y el sufrimiento carece de valor. El dolor y el sufrimiento pueden ser vistos fácilmente como un fracaso que lleva a la frustración y a la desesperanza, y finalmente, a tomar una mala decisión.
Cuando nosotros le damos un nuevo sentido al sufrimiento, al dolor, a la enfermedad y descubrimos su valor desde la Sagrada Escritura, las cargas se hacen tolerables, mucho más cuando las llevamos de la mano de Dios, que como lo muestra la encuesta, marca un precedente fundamental, ya que si se encuentra una razón por la cual luchar y se encuentra un porqué llevar esa cruz, se encontrará un cómo llevarla, y con alegría.
Un elemento que vale la resaltar, es que la situación del sufrimiento despierta una gran sensibilidad ante las personas que sufren, pues al vivir la misma situación, comprende al hermano que ha pasado por momentos difíciles, pues se pone en sus zapatos y puede compadecerse, de tal manera que puede ayudar a los demás que pasan por momentos de dolor, tomando conciencia de la necesidad de salir de la indiferencia y vivir la solidaridad, sabiendo que hoy puede ser un vecino, pero mañana podemos ser nosotros.
1.2.3 ¿Piensa que el sufrimiento es un castigo de Dios por el pecado? ¿Por qué?
“No, porque el sufrimiento son cosas que nos pasan en la vida, cometemos pecados y Diosito siempre nos perdona, pues cuando hacemos la cosas mal y sabemos que están mal, no es porque sea culpa de Dios”.
“Pienso que no”.
“No es castigo de Dios, es por causa de nuestro pecado o para el bien de nosotros, aunque no lo veamos así, porque nos produce dolor y falta de esperanza en ocasiones”.
“No, porque el castigo se lo busca uno mismo, depende de los actos que realice”.
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“Es el resultado de nuestras acciones directas o indirectas, así mismo volver a ver el porqué de las cosas”.
“No, el sufrimiento forma parte de la vida y nos enseña a aprender a resolver dificultades, y a ser humildes”.
“No, porque los seres humanos somos libres y actuamos autónomamente y no podemos culpar a Dios de todo lo que, de una u otra forma, nosotros buscamos en cada situación de la vida”.
“El sufrimiento no es castigo de Dios. Es por el mal actuar de nosotros”.
“No es castigo, Él no castiga, Él enseña, da amor, y Él en su Palabra, que al vivir, fomentar aceptar, el pecado en muchas enfermedades y trae consecuencias nefastas para nosotros mismos”.
“No, Dios no castiga, el sufrimiento es consecuente con nuestras acciones, por ende, es resultado de las decisiones del mismo ser humano”.
Al analizar las respuestas, vemos en los encuestados, la clara convicción de que la realidad del sufrimiento es una consecuencia natural de sus pecados, y se ve el sufrimiento no tanto como un castigo, sino como una corrección de Dios, un llamado de atención que es para nuestro bien, pues la realidad del pecado está presente en todos nosotros y al ponernos en el lugar de Dios, sería apenas comprensible, que cada acto tenga su consecuencia, pues Dios es un juez justo que está justamente irritado, detesta el pecado y nos invita a nosotros mismos a aborrecer el mal.
La situación de ver a Dios como un padre que corrige a sus hijos es clave en esta comprensión de la enfermedad, aunque muchas personas llegan a pelear con Dios, a reclamarle o en muchos de los casos a renegar contra Dios, a quien ven como un enemigo a la puerta o alguien vengativo que se desquita y esa es una realidad constatable en nuestro mundo, aunque en nuestros encuestados no se ve reflejada esta realidad, y en parte, se debe a la misma evangelización que se ha realizado con el paso del tiempo.
Especialmente hay ocasiones en que el dolor y el sufrimiento llegan a un nivel muy alto, y muchas personas llegan a pensar que Dios se ha olvidado de ellos, que no los escucha, que
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no son importantes para Él o que simplemente no existe, pues claman a Él y no encuentran respuesta a sus peticiones.
1.2.4 ¿Ha cuestionado a Dios por su situación, o ha dudado de la existencia de Dios?
“No lo he cuestionado por lo que me ha pasado y tampoco he dudado de Él, siempre pongo todo en manos de Dios”.
“Quizás cuando nos encontramos lejos de Dios se permite dudar de Dios. No lo he cuestionado, al contrario, fue misericordioso y dio la vida por nosotros”.
“En momentos extremos de desesperación, en ocasiones cuestionamos a Dios por las situaciones de sufrimiento, pero nunca he dudado de su existencia”.
“Nunca he dudado, porque con la fe es todo posible”.
“Sí, realmente el causante es uno mismo, ya que a veces cometemos errores inconscientemente y andamos por la vida excusándonos y buscando culpables”.
“No, yo considero que Dios ha estado conmigo en todo momento y he sentido la presencia de Él”.
“Sí, algunas veces, pero cuando uno está más cerca de Dios, va comprendiendo que si hacemos las cosas bien, Dios nos da su recompensa y que es la voluntad de Él”.
“Nunca he cuestionado a Dios por mi situación, al contrario, estoy agradecido por la vida que nos ha regalado. No he dudado de la existencia de Dios, porque sin Él no seríamos nadie”.
“No, he reconocido ante Él mi condición humana, como un ser imperfecto, débil y desobediente, nunca he dudado de Él y que Él es creador de vida y Padre de toda creatura”.
“No, porque no es quien ha decidido sobre lo que hago o dejo de hacer”.
Se reconoce en general, que la enfermedad es fruto de nuestras decisiones, por nuestros errores y abusos, en pleno ejercicio de nuestra libertad, donde Dios no tiene la culpa, y que si Dios la permite es para algún bien mayor para la vida espiritual, y que todo está en los planes de Dios, que son perfectos.
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Es evidente que muchas personas, en algún momento, sí llegan a dudar de la existencia de Dios, de su amor o su poder, o el cuestionar a Dios por su situación, y surge en muchas personas esa pregunta por la existencia del mal, o por lo menos de preguntarse el porqué del sufrimiento de las personas justas y porqué a las personas malas les va bien.
Cuando la enfermedad se lleva de la mano de Dios, todo se ilumina y se encuentra un nuevo sentido a la cruz de la enfermedad y del sufrimiento, llegando la concepción de ser un instrumento de Dios para la reparación del pecado, como el siervo doliente que se ofrece por el pecado de muchos (Cfr. Is 58), sabiendo que Dios en su bondad, permite todo ello para el bien de los que le aman, pues siendo Padre amoroso, quiere y busca lo mejor para nosotros.
Es por eso que algunos pensadores, han dicho que el sufrimiento es la “roca del ateísmo”, pues toca la esencia misma de la bondad de la creación, como si Dios creara el mal, o como si Él no existiera realmente, pues, si es bueno, por qué permite el mal y que los buenos sufran, cuando quisieran ver a los malos sufriendo, ante esa tendencia a tomar justicia por su propia mano.
1.2.5 ¿Qué piensa cuando ve un crucifijo?
“Mucho respeto, pues ahí está Jesucristo, nuestra compañía siempre”.
“Tranquilidad, respeto, esperanza, amor, sentirse más segura y protegida por Dios. También símbolo de respeto, credibilidad y paz”.
“Son muchos sentimientos; de tristeza, al ver todo lo que padeció por nosotros; angustia porque seguimos pecando y le causamos daño; agradecimiento por haber dado su vida por mi salvación, de motivación y fortaleza para afrontar mi sufrimiento y ver que el de Jesús fue mayor”.
“Dolor por ver a Jesús crucificado por el pecado del mundo y siento que es bueno hacer lo correcto para no seguir crucificando al Señor”.
“Arrepentimiento y culpa, por los pecados que se han cometido día a día”.
“Un inmenso respeto a Dios, porque veo en Él, la imagen de nuestro Señor, y a veces pienso en las heridas que tiene la imagen y sé que fueron verdaderas”.
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“Su sufrimiento tan grande por nosotros y me siento triste porque le pagamos mal a Él, después de que nos salvó”.
“Pienso que Dios es muy especial con nosotros, porque dio su propia vida para el perdón de los pecados de toda la humanidad”.
“Pienso que por nuestros pecados, Jesús fue crucificado para salvarnos, siento tristeza, que por mi culpa fue crucificado y muriendo en la cruz”.
“La forma como nuestro Señor Jesucristo murió por mí y por toda la humanidad”.
“Alegría, ya que en ella veo la constante compañía de Jesús para conmigo, mi familia y todos los seres humanos”.
Las personas encuestadas, expresaron que cuando ven un crucifijo, encuentran alivio a su dolor, un aliciente para seguir adelante, una nueva fuerza para llevar su propia cruz al ver que Cristo sufrió mucho más que ellos y que Él conoce y comprende el sufrimiento humano, aportándole un nuevo sentido, pues la realidad de la vida y de la muerte se iluminan de una manera sublime, al ver que si Dios mismo sufrió es porque en el sufrimiento hay un valor escondido, que Dios nos quiere enseñar, no sólo con su Palabra sino con su vida, que vale la pena entregar la vida por los hermanos.
El misterio de la cruz, siempre ha sido un punto de contradicción, pues como San Pablo lo dice, es un escándalo para los judíos, una necedad para los griegos, pero para los llamados a la salvación, es fuerza de Dios y sabiduría de Dios (Cfr. Rm 1,23).
Es interesante, que en muchas personas, se ve con tristeza que, Cristo murió por nuestros pecados, pero que nosotros, aún no dejamos de pecar y se encuentra con nuestra ingratitud, olvidando lo que él hizo por nosotros.
1.2.6 ¿Se puede ser feliz en esa situación? ¿Cómo?
“Pues yo pienso que es difícil, pero sí se puede, porque tiene uno que aprender a aceptar las cosas, a perdonar, y a pasar los obstáculos que se le estén presentando, orando y confiando mucho en Dios”.
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“Claro que sí, porque el sufrimiento nos permite reflexionar para posterior mejorar como ser humano. Además, la vida está rodeada por altibajos y siempre existirá el valor de la vida y saberla vivir”.
“Pienso que es muy difícil ser feliz en medio del sufrimiento, porque no tengo la santidad, la fe, ni la sabiduría necesaria para aceptar el sufrimiento como lo que es, una manera de reparar y purificarme. Pero sí hay personas que lograron ser felices en medio del sufrimiento”.
“Tratando de olvidar qué pasó y pedirle a Dios que me dé la fuerza de seguir adelante”.
“No, pero somos irresponsables y no aprendemos a llevarlo día a día con nosotros”.
“Yo diría que sí, ej: Si no tengo lo necesario para vivir, con lo poco que tenga, vivir con alegría. Si tengo deudas, dejarlas en manos de Dios. Dejándolo todo en Dios, aprendiendo que Dios está conmigo y Él sabe mis necesidades”.
“Sí, ofreciendo ese sufrimiento en reparación de los pecados y llevando esa carga con paciencia y pensando que si Dios nos envió eso, es para bien de nosotros”.
“Sí puedo ser feliz en medio del sufrimiento, orando y ofreciendo el sacrificio en reparación de mis pecados”.
“No: Sería masoquista, Dios nos enseña que nos prueba, pero que su misericordia es más grande, y nos invita a vivir alegres, agradecidos y felices”.
“Sí, orando, confiando y sobre todo aceptando que mi sufrimiento tendrá fin, en tanto Dios provee todos los medios para que así sea”.
La gran mayoría de los encuestados, expresa que se siente feliz, pues ha asumido una actitud de fe y de esperanza, con respecto a la enfermedad y al sufrimiento, como algo que se puede aprovechar y que es una fuente de felicidad, especialmente, cuando se ofrece por amor a Dios, pensando en el bienestar y la conversión de sus familias, lo cual es fruto de la misma evangelización hecha por sus familias y las personas de la pastoral que les visitan, lo que muestra la gran importancia de acompañar a estas personas.
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Una persona expresa que no se puede ser feliz en esa situación, de lo contrario sería masoquismo, pues considerar el sufrimiento como algo buscado, no tiene sentido, pues hasta el mismo Cristo, quiso asumir el dolor como una demostración de Su amor, pero no como búsqueda del dolor por sí mismo, lo que hace la diferencia es la motivación que le llevó a cargar la cruz, que fue el amor por nosotros.
Acerca del cómo vivir esta situación con serenidad, inclusive con alegría, indudablemente, encontramos ese elemento fundamental que es la presencia de Dios y especialmente la vida espiritual, pues Dios nos va conduciendo a una morada eterna y cuando lo vemos como Padre amoroso, aunque no entendamos nada de momento, podemos vivir la alegría de compartir sus sufrimientos en favor de nuestra familia y del mundo entero.
Un elemento predominante en las respuestas, es la dimensión de la reparación por el pecado, que es un elemento clave en nuestro proceso investigativo.
1.2.7 ¿Que piensa acerca de la eutanasia?
“Pienso que cada ser humano, debe morir a la voluntad de Dios, sin necesidad de que le quiten la vida, hasta que Dios tenga a la persona con vida, hasta ese momento”.
“Quizás ante los ojos de Dios, no está bien visto, pero cada ser humano vivencia cada situación personal, que sería responsable de los actos y pensamientos ejecutados, igualmente respeto el pensamiento de cada quien, así no esté bien encaminado con la Palabra de Dios”.
“A pesar de las situaciones de dolor, sufrimiento y angustia, nunca se debe ni siquiera pensar en esto, solo Dios, quien nos dio la vida, es quien también puede quitárnosla, porque Él es el único dueño de mi existencia”.
“Pues de mi parte está mal, ya que le quitan la vida a un ser que no tiene la culpa de venir a este mundo”.
“Está mal hecho y es un pecado mortal y una traición a Dios, que nos da la vida y es Él quien nos puede pedir cuentas y juzgarnos”.
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“La eutanasia es como un crimen, le están quitando la vida a una persona, antes que Dios diga y pienso que a veces por dos días, tres días más de vida lo desconectan, cometen este crimen, sin pensar en lo que están haciendo”.
“La muerte es el paso de la vida terrenal a la vida eterna y nosotros no somos nadie para disponer de la vida de otro”.
“No está bien ni estoy de acuerdo porque el único dueño de la vida es Dios, nuestro Padre.
“Que son leyes de hombres. Dios nos da la vida, Él es el único que tiene derecho a quitarla”.
“Es sinónimo de suicidio, ya que lo llevan a cabo, quienes se dejan vencer por su sufrimiento, tanto quien la pide, como quienes la aprueban, no estoy de acuerdo, ya que va en enemistad radical con la vida misma”.
En la gran Mayoría de encuestados, está la conciencia de que atentar contra la vida es pecado, pues la Palabra de Dios nos ha enseñado, que Él es el único dueño de la vida, por lo tanto, sólo Él, es quien decide si ya es el momento de morir, sin importar que el dolor oprima nuestra vida.
Solamente una persona considera que se debería poder elegir, que está mal, pero que se debería poder elegir, lo cual, muestra que el momento del dolor, si no se lleva con la ayuda de otras personas, se puede convertir en una ocasión para tomar caminos que no son de Dios.
La vida, como don supremo de Dios, y como regalo gratuito, debe ser protegida y asumida con amor, así sea en medio del dolor y las necesidades, propias de la enfermedad o cualquier el sufrimiento, lo que no le quita su dignidad o su valor, al contrario, nos lleva a vivir con sabiduría, con sobriedad.
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1.3 CONCLUSIONES GENERALES DE LAS ENCUESTAS.
En la gran mayoría de las personas encuestadas, se encuentra una actitud positiva en torno a la enfermedad y el sufrimiento que brota de ella, para llegar a vivir inclusive felices en medio de los dolores o las limitaciones de la enfermedad, con el temor de Dios, que va guiando para tomar buenas decisiones, y vemos que ellos se convierten en un testimonio para las nuevas generaciones, las cuales los ven como santos en este mundo, pues sufren con paciencia, con valentía, con amor y todo lo ofrecen por la conversión de todos los pecadores del mundo entero y en reparación de los propios pecados.
Cuando la cruz se lleva con amor como Jesús, se encuentra un camino de plenitud y de una paz que el mundo no puede dar, pues al saber que nuestros dolores tienen valor, ya no se sufre por sufrir, como si le hubiera tenido mala fortuna, o que esté siendo castigado por Dios, sino que reconoce que si sufre, es consecuencia necesaria de los pecados, y que puede participar de los sufrimientos de Cristo, que nos abrió la posibilidad de ayudarle en la Misión de salvar y redimir el mundo (Cfr. Col 1,24), y además alcanza una perfección y purificación que le garantiza al entrada al Reino de los cielos, en compañía de su familiares, y que al ofrecer sus dolores por la conversión de su familia, los va llevando a todos por el camino correcto y que al morir los va a encontrar en la eternidad.
En las personas que se cierran a la fe, o que no creen totalmente en lo que nos ha enseñado el Señor en su Palabra, llegan al fatalismo o a una forma de llevar la existencia que se vuelve una carga pesada que quisieran quitarse, aunque sea acabando con su vida, lo que pone en riesgo la salvación y genera un sentimiento de culpabilidad en la familia, sentimiento que siempre les va a acompañar, pensando en las cosas que les faltó hacer;
muchos llegar a pelear con Dios o rebelarse en contra de Él o alejarse de todo lo que les lleva a la salvación.
Cuando una persona reconoce que su sufrimiento es la participación de los sufrimientos de Cristo, las cosas cambian radicalmente, pues se siente útil, se sabe copartícipe de una misión extraordinaria que llega a la salvación del género humano y que tiene una excelente oportunidad para purificarse, santificarse y alcanzar la perfección como Cristo Jesús (Cfr.
Hb 2,10).
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El sufrimiento de la enfermedad, se puede aprovechar como una excelente oportunidad de crecimiento espiritual, Redención y Salvación para todas las personas, al unir los propios sufrimientos a los de Cristo23, y para ello es totalmente necesario acompañar adecuadamente los distintos procesos en que las personas sufren, especialmente el duelo por la enfermedad y las pérdidas o los fracasos de la vida, como una prioridad de la teología de la acción humana, pues de esto depende el poder llevar una vida llena de felicidad y armonía en medio de las situaciones difíciles y así evitar que muchas personas tomen malas decisiones, que afecten a la familia de una forma muy negativa.
Bien sabemos que “la creación entera sufre con dolores de parto y no porque a ello tendiese de suyo, sino por culpa del hombre que la sometió, con la esperanza de verse a su vez liberada” (Rm 8, 20-21a), pues sufre como consecuencia lógica del pecado, pero es alentador ver al Hijo de Dios restaurando todas las cosas, y haciéndolas nuevas a través del sufrimiento y de su sacrificio, pues dice: “Porque esta es mi Sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados” (Mt 26,28), para redimir a la creación, de tal forma, que el sufrimiento, que era considerado una maldición según el Antiguo Testamento, se convierte ahora en Bienaventuranza24 como lo predica el Señor:
“Bienaventurados los sufridos, porque ellos serán consolados” (Mt 5,5).
Todas las situaciones extremas de nuestra vida como la soledad, la depresión, la ansiedad, el abandono, todo tipo de enfermedad, dolor físico, emocional, espiritual e inclusive la muerte, entre otras, se iluminan cuando Dios entra en nuestro mundo y asume nuestro dolor con alegría, para redimirnos. En este proceso, influye demasiado la formación que cada uno recibió en su casa, desde muy pequeño, para formar una mentalidad según Dios, para que nunca se llegue a negociar con los valores o a desviarse del camino correcto en busca de beneficios pasajeros, así como el proceso de acompañamiento que podamos ofrecer desde la misericordia, como buenos Samaritanos, pues hay personas que nunca han recibido una asesoría para entrar en camino de salvación y al hacer esto estamos salvando vidas y brindando una verdadera calidad de vida.
23 Cfr. Juan Pablo II, “Salvífici Doloris. Carta Sobre el Sentido Cristiano del Sufrimiento Humano”. Del 11 de febrero de 1984. Bogotá: Paulinas. No. 2 y 5.
24 Cfr. León-Dufour, Xavier y Colaboradores. Vocabulario de Teología Bíblica. Barcelona (España): Herder. 20ª Reimpresión, 1ª Edición. 2005. p. 873.
28 CAPÍTULO II
1. UN ANÁLISIS DE LA REALIDAD ENCONTRADA, A LA LUZ DE LA FE.
La Sagrada Escritura toma en serio el sufrimiento y no lo minimiza, lo compadece, profundamente y ve en él, un mal que no debería haber, recogiendo los gritos del sufrimiento, en medio de las derrotas y las calamidades, pero alienta la esperanza de la Era mesiánica, donde terminen esas realidades negativas, en la consumación de los siglos, en la nueva Jerusalén.
En el Nuevo Testamento, se abre una nueva dimensión y es el sufrimiento voluntario en sentido ascético y paulino25. Se ve el sufrimiento como una purificación, como el fuego que separa el metal de las escorias (Cfr. Jr 9,6; Sal 65, 10), además de un valor educativo, a manera de una corrección fraterna, (Cfr. Dt 8,5; Prov 3,11s). En Jesús encontramos la ofrenda de su vida en sentido redentor, el don expiatorio de su vida (Cfr. Mt 20,28), revelando así, la gloria del Hijo (Cfr. Jn 17,1; 12,31), cumpliendo los designios del Padre (Cfr. Hch 3, 18), y enviando a sus discípulos a seguirlo, con la cruz cotidiana (Cfr. Lc 9,23) y configurándose con Él (Cfr. Flp 3,10)26.
En la cruz de Jesús se encuentra la clave de la vida y no sólo de este mundo, sino del futuro, pues en ella se manifiesta el amor más grande, que se entrega y se ofrece por todos y que se convierte en el camino a seguir cuando Jesús dice: “El que quiera seguirme, niéguese a sí mismo, cargue su cruz cada día y sígame” (Mt 17,24), por lo tanto, si queremos seguir a Jesús, necesariamente tenemos que tomar nuestra cruz de cada día y decidirnos por seguir el camino de la cruz, por ello dice san Pablo: “Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo;
pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte” (2Co 12,10).
Cuando nos encontramos con semejantes situaciones de sufrimiento, se requiere una intervención de verdaderos hermanos, que vivan la caridad y la misericordia, evangelizadores, que vayan iluminando esa realidad desde la Palabra de Dios, para brindar esperanza donde no la hay, mostrando el camino de la misericordia e iluminando con la luz
25 León-Dufour, Xavier y Colaboradores. Vocabulario de Teología Bíblica. Barcelona (España): Herder. 20ª Reimpresión, 1ª Edición. p. 873-877.
26 Ibíd.
29
de la fe, haciendo ver que la enfermedad, se puede ver como una oportunidad de Santificación y de Redención para todo el género humano.
Un Sacerdote nos predicada en una Santa Eucaristía, que en un campo de concentración Nazi, unos prisioneros que hallaron unas armas viejas y oxidadas, que ya ni servían, y con las cuales pretendían defenderse, fueron encontraron y les aplicaron la pena de muerte, ahorcándolos delante de todos, a manera de un escarmiento, y uno de ellos que era más liviano se demoró más en morir, sufriendo más que los otros y ante esa escena tan cruel, una persona preguntó: ¿Dónde está Dios en este momento? y otra persona contestó que Dios estaba siendo ahorcado en esa persona.
En la experiencia del Doctor Víktor Frankl, en su libro “El Hombre en busca de sentido”, expresa lo que él vivó en un campo de concentración Nazi, y nos cuenta que las personas que sobrevivieron a esa situación tan difícil, lo lograron a través de la fe, además de pensar que no se trataba de lo que esperaban de la vida, sino de lo que la vida esperaba de ellos27; precisamente él recuerda haber visto a un judío sacar de su bolsillo el texto del primer mandamiento: “Escucha Israel, el Señor es solamente Uno y amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser y con todas las fuerzas” (Dt 6,4-5), para mantenerse en pie en medio de la prueba, sabiendo que Dios siempre está presente y de una manera especial en los momentos más difíciles.
Si caminamos solos, el camino se hace más largo y pesado, pero si el camino lo andamos de la mano de Dios, se hace corto y llevable llegando a la meta de forma satisfactoria, recordando aquellas palabras que Dios nos dirigió cuando dijo: “Vengan a mí los que están cansados y agobiados que yo los aliviaré, carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontrarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera” (Mt 11,28-30). Además, nos dice: “Dichoso el que no se siente defraudado por mí” (Mt 11,6), pues de su mano, hasta lo imposible se puede realizar, si tenemos fe (Cfr. Mt 17,20).
La gran mayoría de los encuestados tiene claro que el amor de Dios no falla, pues la Sagrada Escritura nos dice: “Más la prueba de que Dios nos ama, es que Cristo, siendo
27 Cfr. Frankl, Víctor. “El Hombre en Busca de Sentido”. Barcelona (España): Editorial Herder. 1962. p. 40.
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nosotros todavía pecadores, murió por nosotros” (Rm 5,8), por lo que es una oportunidad de oro, para llegar a vivir ese amor y sentirse amado, aún en medio de las pruebas, pues si Jesús sufrió, siendo el Hijo amado, es porque hay un plan maestro, que aunque no lo comprendamos, está escondido en el plan amoroso de Dios.
Al mismo tiempo, al reconocer ese amor de Dios, nos abre la puerta para que nosotros amemos como Él amó y podamos colaborarle en el proceso de la Redención del género humano, ofreciéndonos a nosotros mismos como una “víctima viva, santa, agradable a Dios” (Rm 12,1).
Una constante que encontramos, al acercarme a personas en situación de enfermedad, es que la Palabra de Dios llega como la llovizna sobre el césped y trasforma esa realidad, de una manera tal, que todo reverdece en abundancia y en el contexto de la enfermedad, cuando se ha llegado a ese proceso del encuentro personal con ese Cristo vivo, que nos comprende y nos ama, iluminados por su palabra, podemos dar unos frutos de conversión sincera y de santidad, que son admirables, llegando a ser luz en medio de la oscuridad y un testimonio de la acción de Dios que toca y sana los corazones aunque los cuerpos estén debilitados y disminuidos por la enfermedad.
En cambio, cuando falta ese acompañamiento, y más aún, si se camina sin Dios, sin su Palabra, el fatalismo visita la puerta de nuestra casa y la amargura inunda el corazón, llegando a pelear con Dios a negarlo o alejarse de Él; por ello, en medio de la noche oscura al rechazar la luz de la fe, podemos sumirnos en caminos de desesperación, de ansiedad, de estrés, rebeldía, hasta llegar incluso a la muerte a la desesperanza y a la condenación.
Es necesario ser buenos Samaritanos o buenos Cireneos, que ayuden a llevar la cruz pesada de los hermanos y no dejarlos solos, pues el enemigo quiere que nos aislemos, o que no pidamos ayuda, pues así consigue hacernos vulnerables, pues cuando estamos unidos, con Dios y entre nosotros, somos más fuertes y podemos llevar las cargas más pesadas, pero si nos quedamos solos, nos hundimos en el sinsentido, en la tristeza y podemos tomar malas decisiones, por ello el juicio final va a ser sobre el amor, sobre las obras de caridad, pues en ese momento podemos alcanzar la meta de nuestra salvación, de lo contrario, por nuestra indiferencia, nuestra desidia, nuestro egoísmo y nuestro individualismo, podemos perdernos para siempre.