1 Embajada de la República de Bulgaria
DOSSIER DE PRENSA
EXPOSICIÓN DOCUMENTAL
“EL PODER DE LA SOCIEDAD CIVIL DURANTE EL HOLOCAUSTO:
EL CASO DE BULGARIA 1940-1944”
SUMARIO:
1. Nota de prensa – Página 2
2. Apuntes históricos – Página 3
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NOTA DE PRENSA
La exposición fue creada con motivo del 70º aniversario de la salvación de los judíos búlgaros durante la Segunda Guerra Mundial, y presentada por primera vez en noviembre de 2009 ante diplomáticos, representantes de la comunidad judía de Bulgaria, científicos e investigadores de la época. Cuenta con 23 paneles –fotografías, facsímiles y texto– que representan el desarrollo de los acontecimientos en el escenario internacional a lo largo de loa años 1940-1943, la repercusión de los sucesos en Bulgaria, como también la actitud de las autoridades y la respuesta de la sociedad búlgara.
En 2009-2015 la exposición ha sido presentada en varias ciudades de Europa y fuera del continente europeo: Varsovia, Praga, Copenhague, Vilnius, Washington, Nueva York, Toronto, Ginebra, Dublín, Tel Aviv. En España, en el Centro Cefarad-Israel en Madrid (2013-2014), en el marco de la 15ª Jornada Europea de la Cultura Jueva en Palma de Mallorca, Fundació Palma Espai d'Art - Casal Solleric (2014) y en la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo en Sevilla (2015).
La exposición se realiza en colaboración con el Instituto Estatal de Cultura del Ministerio de Asuntos Exteriores de Bulgaria y el Centro de Estudios Judaicos de la Universidad de Sofía San Clemente de Ojrid.
AUTORES
Concepto: Dra. Albena Taneva, Centro de Estudios Judaicos, Universidad de Sofía San Clemente de Ojrid.
Diseño gráfico: Orlín Atanasov.
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APUNTES HISTÓRICOS
Se considera que los primeros judíos llegan a los Balcanes a principios del siglo II d. C., poco después de que los romanos conquistaran la región. A estos judíos se les conocía con el nombre de romaniotas (“los romaniotas” era el sobrenombre de los judíos griegos que se encontraban en Grecia desde la época del Primer Templo). Los judíos se asentaron en estas tierras en la época bizantina. Testimonios acerca de la llegada de los judíos a las tierras de la actual Bulgaria, se remontan al siglo III-VI d. C. Muchos judíos emigraron a Bulgaria de Hungría, después de la expulsión en 1376; otros, de Bohemia y de Baviera, debido a las persecuciones de 1470. Dichos judíos húngaros preservaron sus tradiciones y hablaban idish, pero más tarde poco a poco empezaban a acostumbrarse a las tradiciones de los judíos locales, o sea del resto de los askenazíes y, finalmente, todos adoptaron las costumbres sefardíes y el ladino.
De hecho, la afluencia realmente grande de judíos a los Balcanes comenzó después del año 1492, cuando los judíos sefardíes de España fueron expulsados, conforme al Edicto de Expulsión de los Reyes Católicos. En aquella época, el Sultán turco permitió a los refugiados instalarse en el Imperio Otomano, y fueron aceptados tolerantemente, tanto por las autoridades como por la población de la península en su totalidad.
A partir del siglo XVI comenzaron a llegar numerosos judíos expulsados de Italia, Portugal y España, la mayor parte que hablaban judeoespañol, y también askenazíes, procedentes de Alemania, Austria y Valaquia. Así, a finales del siglo XVII, la influencia de la cultura y lengua de los sefardíes era muy notable en la vida judía búlgara, ya que participaban activamente en la vida social, económica y cultural de este país que estaba subyugado al Imperio Otomano. Más tarde, en el siglo XIX, numerosos judíos de origen sefardí participaron en la lucha por la liberación nacional de Bulgaria para sacudirse del yugo turco. Incluso un rabino sefardí de aquella época, el rabino Gabriel Almozino, salvaría la ciudad de ser incendiada por los turcos al mediar ante la Sublime Puerta para evitar tan dramático final y evitar el suplicio de la población.
De la rica vida cultural sefardí de Bulgaria, hay dos nombres que brillan con luz propia: el escritor Elías Canetti, el único premio Nobel de Literatura que ha nacido en Bulgaria, y el pintor Jules Pascin (Julios Pinkas), que nació en Vdin, a orillas del Danubio. «De la misma ciudad es la familia también de otro judío conocido mundialmente, Stefan Zweig, que según el relato de la cantante Pétar Ráichez le confesado que sus raíces le llevaban a la familia romaniota del rey Iván Shishmán, a quien el gran novelista tenía la intención de dedicar su novela de turno. La Segunda Guerra Mundial y el suicidio en Brasil de Stefan Zweig truncaron sus planes», asegura el periodista y escritor sefardí Samuel Francés.
4 de esta centuria, hay en Bulgaria unos 20 000 judíos, la mayor parte de ellos sefardíes, cultura que era la dominante en las comunidades hebreas, sobre todo en lo que atañe en la liturgia y en la cultura escrita. También hay que reseñar que la Bulgaria de la época es uno de los países menos antisemitas de la región y que, a diferencia de sus vecinos, nunca promulgó medidas antijudías.
El 9 de septiembre de 1909 es inaugurada, en un acto brillante y repleto de glamour, la nueva sinagoga de Sofía por el rey Fernando, hombre abierto y tolerante hacia la cuestión judía. Sin embargo, a partir de los años veinte y treinta del siglo pasado se comienza a resentir una cierta decadencia en la cultura sefardí búlgara, pues apenas quedan medios escritos y una literatura propia, ya que el búlgaro se convierte en la principal lengua de la comunidad. Pese a todo, hay un cierto interés por lo que ocurre en la «madre patria», España, y 16 judíos búlgaros viajarían hasta allí para luchar junto con las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil. En esas fechas, tan sólo existe ya un periódico en judeoespañol: el Boletín del Consistorio Central.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la repentina muerte del rey Borís III en 1943 evitó el envío de miles de judíos búlgaros a los campos de la muerte. Eso nos les privó de sufrir los rigores y excesos de la legislación antijudía decretada en el país a partir de 1939, sobre todo a raíz de la decisión de la monarquía búlgara de colaborar con los nazis y a consecuencias de las simpatías del gobierno búlgaro por los nazis. No obstante, hay que señalar que gracias a la movilización social de miles búlgaros, de la Iglesia ortodoxa búlgara, de muchos intelectuales y diputados del Parlamento búlgaro el régimen monárquico nunca se atrevió a deportar a los judíos a los campos de exterminio. La salvación de los judíos búlgaros durante la Segunda Guerra Mundial es un motivo de verdadero orgullo histórico de la nación búlgara, puesto que se conocen sólo dos casos similares: el de Dinamarca y el de Finlandia.
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